Tras un experimento de la sonda Chang’e-4, una semilla de algodón fue la primera en brotar en la Luna

En un contenedor enviamos diversas especies, huevos de la mosca de la fruta y levaduras para formar una minibiosfera simple, explicó científico



Chongqing. Una semilla de algodón, llevada a la Luna por la sonda china Chang’e-4, es la primera en brotar en el satélite natural de la Tierra, de acuerdo con científicos que realizaron un experimento de minibiosfera.


Después de llevar a cabo un descenso suave en la cara oculta de la Luna, la misión Chang’e-4 concretó el primer experimento de minibiosfera sobre su superficie.


La sonda llevó, en un contenedor instalado en el módulo de aterrizaje, semillas de algodón, colza, papa y arabidopsis, así como huevos de la mosca de la fruta y algunas levaduras, para formar una minibiosfera simple, según Xie Gengxin, director de diseño del experimento, que depende de la Universidad de Chong-qing, en el suroeste de China.


Las imágenes enviadas por la sonda mostraron que un brote de algodón ha evolucionado bien, aunque no revelaron el crecimiento de otras plantas.


El contenedor tiene forma cilíndrica y mide 198 milímetros de alto, 173 de diámetro y tiene una masa de 2.6 kilos. Está hecho de una aleación de aluminio. Contiene agua, tierra, aire, dos pequeñas cámaras y un sistema de control térmico, detalló Xie.


Las cámaras sacaron más de 170 fotografías y las enviaron a la Tierra, señaló el equipo.


A la pregunta de por qué se eligieron estas especies, Xie respondió que las patatas pueden ser un muy importante alimento para los viajeros espaciales del futuro. El periodo de crecimiento de la arabidopsis, una pequeña planta floral de la familia del repollo y la mostaza, es corto y fácil de observar. Las levaduras podrían permitir regular el dióxido de carbono y el oxígeno de la minibiosfera, y la mosca de la fruta, como consumidor, aportaría al proceso de fotosíntesis.


Los investigadores usaron técnicas biológicas para mantener en estado latente las semillas y los huevos durante los dos meses durante los que la sonda pasó por las revisiones finales en el centro de lanzamiento y los 20 días de viaje por el espacio.


Tras el aterrizaje, el 3 de enero, el centro de control de Tierra ordenó a la sonda que regara las plantas para empezar el proceso de cultivo. Un tubo dirige la luz natural de la superficie de la Luna al contenedor para permitir el crecimiento.


Modo de reposo


La sonda entró en “modo de reposo” el domingo con la llegada de la noche lunar, durante la cual la temperatura puede caer hasta 170 grados bajo cero. La vida en el contenedor no sobreviviría a la noche lunar, explicó Xie.


El experimento ya ha finalizado. Los organismos se descompondrán de forma gradual en el contenedor, perfectamente aislado, y no afectarán al entorno lunar, indicó la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA, por sus siglas en inglés).


Aunque los astronautas de la Estación Espacial Internacional ya habían cultivado plantas y en el laboratorio espacial Tiangong-2 se plantó arroz y arabidopsis, esos experimentos se realizaron en órbitas terrestres bajas, a una altitud de unos 400 kilómetros. El entorno lunar, a 380 mil kilómetros de la Tierra, es más complejo.


“No teníamos experiencias similares y no podíamos simular elementos del entorno lunar como la microgravedad y la radiación cósmica”, apuntó Xie.


Los investigadores confían en que el experimento les aporte conocimientos para construir una base lunar y una residencia en la Luna en el largo plazo.


Xie dijo que el experimento quiso inspirar el entusiasmo de los jóvenes por la exploración espacial y popularizar conocimientos científicos, como el de la fotosíntesis.


El público, en especial la juventud, ha sido animado a participar en la misión Chang’e-4. La CNSA, el Ministerio de Educación, la Academia de Ciencias de China, la Asociación para la Ciencia y la Tecnología de China y otras agrupaciones organizaron un concurso entre estudiantes de toda China en 2015, en el que pidieron ideas sobre qué introducir en el contenedor. La minibiosfera lunar fue el experimento elegido entre los más de 250 propuestos.

El alunizaje de Chang’e-4, el 3 de enero, fue captado en el Centro de Control Aeroespacial de Pekín.

El robot Conejo de Jade despertó ayer tras cinco días de hibernación; deberá tomar una foto a la nave



Pekín. La sonda lunar Chang’e-4 realiza tareas de investigación científica para varios países y organizaciones desde que aterrizó en el lado oscuro de la Luna, el pasado 3 de enero, reveló este jueves la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA).


En un comunicado, la dependencia destacó que entre otros análisis, la sonda china comenzó experimentos para Alemania, Suecia, Países Bajos y Arabia Saudita, además de intercambiar información con expertos de Rusia, Estados Unidos y la Agencia Espacial Europea (ESA).


Según la CNSA, un detector de radiación de neutrones a bordo del módulo de aterrizaje, desarrollado por Alemania, y un detector de átomos neutros en el vehículo explorador, desarrollado por Suecia, ya han sido encendidos para sus operaciones de prueba.


“Sus datos serán transmitidos a la Tierra por medio del satélite de renvío Queqiao (Magpie Bridge), lanzado en mayo pasado para entablar comunicación entre la Tierra y el otro lado de la Luna, y fue estudiado conjuntamente por científicos chinos y extranjeros”, indicó.


La misión de la Chang’e-4,incluida la sonda Queqiao, y un microsatélite en órbita alrededor de la Luna, está equipada con cuatro cargas útiles desarrolladas por medio de la cooperación internacional, lo que brinda más oportunidades a los científicos para combinar la experiencia humana en exploración espacial.


Instrumento radioastronómico


La agencia china señaló que la Queqiao lleva un instrumento radioastronómico de baja frecuencia desarrollado por los Países Bajos, y la fuente de calor del radioisótopo, producto de un trabajo de colaboración entre científicos chinos y rusos, según la agencia de noticias Xinhua.


La Queqiao, agregó la declaración de la CNSA, apoyará la sonda durante la noche lunar, la cual es equivalente a unos 14 días en la Tierra, cuando la temperatura pueda descender a menos 180 grados centígrados.


Además, la estación terrestre que China construyó en Argentina ha desempeñado un papel importante en la vigilancia y control de la misión, y las estaciones terrestres administradas por la ESA también ofrecerán apoyo.


“Una cámara de microimágenes de Arabia Saudita a bordo del microsatélite, que se lanzó junto con la Queqiao, orbita la Luna y envió una foto en junio pasado, en la que capta a la Tierra y la Luna juntas”, agregó.


La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) de Estados Unidos también ha discutido la cooperación en exploraciones del espacio lunar y en el espacio profundo con CNSA. “Las dos partes han colaborado en el estudio del aterrizaje de la sonda”, precisó.


“La NASA ha ofrecido los datos orbitales de su Sonda de Reconocimiento Lunar y la parte china ha proporcionado datos del momento y la ubicación del aterrizaje”, concluyó.


“La siesta de la tarde terminó”


Por otra parte, el robot chino Yutu-2(Conejo de Jade) reanudó su actividad este jueves en la cara oculta Luna, tras despertarse de una hibernación de cinco días, anunció su web oficial en las redes sociales.


“La siesta de la tarde terminó, desperté y me puse en movimiento”, publicó el Conejo de Jade-2 en la red Weibo, la Twitter china.


El sábado, el todoterreno entró en modo standby para protegerse de las bajas temperaturas, que llegan a -200 grados centígrados, señaló el programa de exploración lunar chino de la agencia nacional CNSA.


El vehículo robot teleguiado, de unos 140 kilogramos de peso, reanudó sus actividades, lo que incluirá tomar una fotografía del frente del módulo de descenso Chang’e-4 (llamado así por la diosa de la Luna en la mitología china; Conejo de Jade era su mascota preferida).


Luego del alunizaje del Chang’e-4, Conejo de Jade se puso en marcha y se alejó. La nave está equipada con varios instrumentos, algunos alemanes y suecos. En particular realizará prospecciones del suelo lunar y estudiará las radiaciones cósmicas, así como la interacción entre el viento solar y la superficie del satélite, según Xinhua.


Pekín está invirtiendo sumas millonarias en su programa espacial dirigido por el ejército, con la esperanza de contar con una estación tripulada para 2022 y, eventualmente, enviar luego seres humanos a la Luna.


Ésta es la segunda sonda china que aterriza en la Luna, tras el Yutu-1 en 2013, que estuvo activo durante 31 meses.

 

El enigma de las señales cósmicas que llegan cada 131 segundos

Dos estudios aclaran el comportamiento de los agujeros negros, los objetos más violentos del universo

 

Durante 500 días, unas potentes señales de rayos X llegaron a la Tierra desde una remota galaxia. Lo más sorprendente es que eran periódicas. Se repetían exactamente cada 131 segundos. Para alcanzar esa galaxia y conocer el origen de esas señales habría que viajar durante casi tres siglos a 300.000 kilómetros por segundo —la velocidad de la luz— algo totalmente imposible con la tecnología actual. Ahora, gracias a varios telescopios espaciales, un equipo de astrónomos ha conseguido explicar el fenómeno y, de paso, aclarar cómo se alimentan los agujeros negros.


La teoría de la relatividad de Einstein predice la existencia de estos cuerpos, cadáveres de grandes estrellas cuya enorme masa se concentra en una superficie esférica reducida de forma que nada que cruce su umbral puede escapar a la fuerza de gravedad, ni siquiera la luz. Son invisibles a los telescopios, pero gracias a la observación de su entorno puede conocerse mejor las diferentes clases de agujeros y su comportamiento.


En noviembre de 2014, varios telescopios captaron un estallido de rayos X llegado desde un agujero negro con una masa un millón de veces superior a la del Sol que está en el centro de la galaxia en cuestión. Es un cuerpo similar al que hay en el centro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. El destello se produjo cuando el agujero engulló una estrella que cruzó el horizonte de sucesos, el límite más allá del cual nada puede escapar a su atracción.


“Un evento como este sucede solo una vez cada 50.000 años en una galaxia”, resalta Dheeraj Pasham, físico del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en EE UU. Su equipo ha analizado las observaciones de este agujero negro hechas por los telescopios espaciales XMM Newton de la Agencia Espacial Europea y Chandra y Swift de la NASA. Todos captaron la misma señal pautada de rayos X que llegaba justo desde el horizonte de sucesos.


Gracias a estas señales el equipo ha podido estimar por primera vez la velocidad de rotación de un agujero negro: 150.000 kilómetros por segundo, es decir, la mitad de la velocidad de la luz, según explican en un estudio publicado hoy en Science y presentado en el congreso de la Sociedad Astronómica de EE UU, que se celebra en Seattle.


La hipótesis del equipo es que parte de la estrella no fue devorada, sino que se desintegró en una nube de gas y polvo que quedó orbitando justo en el horizonte del agujero. Los pulsos periódicos se deben a que hay otra estrella en la misma órbita, una enana blanca, que arrastró consigo la nube de polvo y produce las emisiones periódicas de rayos X. Se trata de un fenómeno extremadamente raro que durará solo unos cientos de años antes de que el agujero se trague a este otro astro, explican los responsables del estudio.


El trabajo de Pasham permitirá explorar regiones del cosmos imposibles de visitar y aclarar la evolución de este tipo de agujeros negros, fundamentales para la evolución de las galaxias que se forman a su alrededor. “Usando estos mismos principios”, explica Pasham, se podría inferir la rotación de otros agujeros negros supermasivos e incluso crear “una función de distribución para explicar cómo han evolucionado los agujeros negros supermasivos desde el principio del tiempo hasta ahora”, explica. Sobre los pulsos periódicos, tal vez no se vuelva a saber más. “La señal estuvo activa durante 500 días. Después el brillo disminuyó radicalmente y ya no es detectable con ningún telescopio”, explica el astrofísico. Solo se conoce otro caso de este tipo de señales, añade.


El año pasado se captó otro potente estallido de rayos X llegado de un lugar a apenas 10.000 años luz de la Tierra. Era un agujero negro de 10 masas solares que acababa de engullir una gran cantidad de polvo y gas que provenían de una estrella cercana. Un equipo de astrónomos de EE UU y Europa recurrieron al experimento Nicer, que comenzó a funcionar el año pasado a bordo de la Estación Espacial Internacional, para cartografiar el agujero negro en base a sus emanaciones de luz. Alrededor de estos cuerpos se forma un disco de gas y polvo a cientos de miles de grados sometido a la gran velocidad de rotación, lo que acaba descomponiendo los átomos. Los protones y los neutrones quedan en este disco de acreción mientras que los electrones forman una nube justo encima del agujero que recibe el nombre de corona. El estudio, publicado en la portada de la revista Nature, ha captado cómo esta corona se contrae decenas de kilómetros cuando el agujero se pega un atracón de materia estelar y escupe los potentes estallidos de rayos X.


Es la primera vez que se observa algo así en un agujero negro cercano y de pequeño tamaño, los más violentos. Los científicos creen que pueden utilizar estos cuerpos como análogos de los agujeros supermasivos para estudiar sus efectos en la evolución de galaxias distantes. El equipo ha captado ya otros cuatro eventos similares con el instrumento a bordo de la ISS, según Phil Uttley, coautor del estudio. “Estamos a punto de conseguir descubrimientos rompedores”, asegura.



¿QUÉ HAY DENTRO DE UN AGUJERO NEGRO?


En el universo hay dos grandes clases de agujeros negros. “Los de masa estelar tienen el tamaño de una ciudad y masas de hasta 10 soles y nacen de explosiones de estrellas enormes”, escribe Daryl Haggard, del Instituto del Espacio de la Universidad McGill, en Canadá, en un comentario publicado por Nature. “Los agujeros supermasivos tienen el tamaño del sistema solar, concentran millones o miles de millones de veces la masa del Sol y residen en el centro de las galaxias”. Lo que aún es imposible de saber es qué sucede con lo que cae en un agujero. “Según la teoría de la relatividad de Einstein ninguna información puede escapar del interior de un agujero negro, porque para ello tendría que viajar más rápido que la luz [y la relatividad deja claro que nada puede ser más rápido que la luz]”, explica Teo Muñoz Darias, del Instituto de Astrofísica de Canarias. Solo gracias a nuevas teorías aún por demostrar como la gravedad cuántica se podría comenzar a responder esta pregunta.

Por NUÑO DOMÍNGUEZ
10 ENE 2019 - 03:11 COT

Recreación de la nave 'Chang'e 4' en la Luna. En vídeo, animación de cómo fue el alunizaje. ADMINISTRACIÓN NACIONAL ESPACIAL; VÍDEO: ATLAS

El éxito de la misión supone un paso más en el ambicioso programa espacial del país asiático

China ha logrado por primera vez en la historia alunizar una nave en la cara oculta de la Luna. La sonda Chang'e 4, que fue lanzada el 8 de diciembre, tocó el suelo del satélite este jueves a las 10.26 hora local, según informó la Administración Nacional del Espacio de China. El éxito del alunizaje, que no se anunció de forma oficial hasta aproximadamente dos horas después de haberse producido, supone un hito más para el ambicioso programa espacial del país asiático, aún lejos del de Estados Unidos en financiación pero convertido en una prioridad absoluta para las autoridades chinas.

La nave no tripulada ya había entrado en órbita lunar elíptica durante el pasado domingo, con el punto más cercano al astro a unos 15 kilómetros de su superficie y el más lejano a unos 100 kilómetros, según informó la Administración Nacional del Espacio de China. Desde entonces se buscó el momento idóneo para posar la sonda en la superficie lunar, porque la parte no visible del astro tiene periodos de día y noche que duran unos 14 días terrestres y se necesitaba la luz solar para que tanto el módulo de aterrizaje como el vehículo móvil de exploración funcionaran como estaba previsto.

Entretanto, los ingenieros verificaron el buen funcionamiento de la sonda y del satélite Queqiao, que sirve de enlace para comunicar este vehículo explorador con la Tierra. El hecho de que la comunicación con la sonda no pueda ser directa —la propia masa de la Luna lo impide— es uno de los principales obstáculos técnicos de la misión. Finalmente la sonda tocó superficie sin problemas en el cráter Von Kárman, de 186 kilómetros de diámetro, situado en la cuenca Aitken (en el Polo Sur), que a su vez es uno de los mayores cráteres de impacto conocidos en el sistema solar y uno de los más antiguos de la Luna. "Se ha abierto un nuevo capítulo en la exploración lunar por parte del hombre", dijo la agencia espacial china en un comunicado.

El objetivo de la sonda Chang'e 4 es principalmente analizar la composición del terreno y el relieve de la zona, lo que podría dar pistas sobre los orígenes y evolución del satélite. Esa cara lunar, invisible desde la Tierra, es muy distinta de la que sí conocemos. Si la cara vista muestra "mares" llanos de basalto y relativamente pocos cráteres, el otro lado está lleno de éstos y su composición parece diferente. La misión china podría recabar datos sobre la evolución y la geología de este área desconocida del satélite.


La nave china ha completado así un nuevo hito de la exploración espacial, que esta semana ha asistido a otros dos logros. La sonda Osiris-Rex de la NASA descendió hasta el asteroide Bennu y lo orbitó a apenas un kilómetro y medio de la superficie. Esta complicada maniobra depende de la fuerza de microgravedad que ejerce la roca, de apenas 500 metros de diámetro.

El año arrancó con el paso de otra sonda estadounidense —New Horizons— junto a Ultima Thule, el cuerpo más lejano del Sistema Solar que se haya visitado.

En la nueva carrera por la exploración lunar participan las seis agencias espaciales de todo el mundo (China, Europa, India, Japón, Estados Unidos y Rusia). Hace casi medio siglo que las misiones Apolo pusieron a Neil Armstrong en la superficie de nuestro satélite. Las muestras que se obtienen son un tesoro científico para entender el origen del sistema solar y los principios generales de la formación de los planetas.

Chang'e 4 toma el nombre en honor a una diosa que, según la mitología china, habita en la Luna. Tras el alunizaje, está planeado que se despliegue un vehículo de exploración que empezará a recorrer este desconocido paisaje lunar y a transmitir datos que permitan esclarecer algunos de los principales interrogantes sobre la cara oculta del satélite.


La nave es hermana de la Chang'e 3, que en 2013 aterrizó en la cara visible de la Luna con el explorador lunar Yutu a bordo. La misión se consideró un éxito, aunque Yutu (que significa liebre de jade en mandarín) apenas logró recorrer 110 metros antes de que sus sistemas fallaran sin reparación posible.

En este caso, ha precisado el responsable del programa de exploración lunar chino, Wu Weiren, en una rueda de prensa en agosto, el vehículo espacial se ha diseñado con una "mayor adaptabilidad" a los terrenos abruptos. El artefacto, según Wu, es "el más ligero del mundo de su tipo", con 140 kilos de peso. Aunque se había anunciado que su nombre se decidiría por votación popular en octubre, hasta el momento no se ha hecho público el apodo con el que se conocerá a este vehículo. Sí se ha dado a conocer que tiene seis ruedas y está dotado de una cámara panorámica, radar y un espectrómetro de imágenes infrarrojas, entre otros equipos.

La nave espacial, a su vez, cuenta también con cámaras para grabar el alunizaje y las imágenes del terreno, y un espectrómetro de baja frecuencia. La Administración del Espacio de China ya ha publicado las primeras fotografías enviadas por la sonda durante el alunizaje.

La misión, además de analizar los datos de la superficie lunar, también incluirá otros experimentos científicos. Chang'e 4 lleva a bordo huevos de gusano de seda, semillas de patata y de flores para observar la germinación, crecimiento y respiración en las condiciones de baja gravedad en la superficie lunar.

El año próximo China tiene previsto enviar una nueva sonda a la Luna, Chang'e 5, que tendrá como misión recoger muestras del suelo y traerlas de regreso a la Tierra.

El programa espacial chino ha logrado enormes progresos en la última década. Aún está muy por detrás en cuanto a tecnología y presupuesto respecto al de Estados Unidos: se calcula que está dotado con 6.000 millones de dólares, frente a los 40.000 de la agencia espacial estadounidense. Pero cuenta con la ventaja de recibir el respaldo inequívoco del Gobierno chino. Encaja perfectamente en la estrategia de crecimiento económico que se ha fijado Pekín, que quiere primar la innovación y el desarrollo tecnológico; contribuye a su seguridad nacional y, por añadidura, sirve como herramienta diplomática y de soft power.

Si ya ha dado los primeros pasos para construir una estación espacial, la Tiangong-3, que se espera que pueda estar lista para 2022, para 2030 China se plantea enviar una misión tripulada a la Luna, un objetivo al que EE UU renunció con el fin del programa Apolo.

Viernes, 21 Diciembre 2018 08:35

David Harvey: el espacio como una clave

David Harvey: el espacio como una clave

I) ¿El mensaje central de la obra de David Harvey (davidharvey.org)? “En el principio era –y sigue siendo– el espacio” (véase: Space as a keyword, en: Spaces of global capitalism, 2006, p. 117-148). Después de contribuir al desarrollo de su disciplina madre reconceptualizando el espacio como algo relativo (Explanation in geography, 1969), Harvey –un geógrafo y economista político inglés desde hace décadas afincado en EU– inauguró toda una disciplina aparte: la geografía marxista. Redescubriendo la problemática espacial contenida en Marx cuyo análisis de la dinámica capitalista se asentaba en la producción del espacio –algo que pocos, como por ejemplo, Henri Lefebrve, notaron (véase: D. Harvey: a critical reader, 2006, p. 121-142)– y rellenando sus lagunas ( Limits to Capital, 1982), llevó el espacio al seno del materialismo histórico, aunque –en sus propias palabras– parecía más fácil llevar el marxismo a la geografía, que la geografía al marxismo (bit.ly/2QnA9VP).

 

II) Para él, desde sus orígenes, el neoliberalismo fue un proyecto político a fin de restaurar el poder de la clase alta (bit.ly/2aclki6). Anclado en el espacio y dedicado a su producción –urbanización, privatización de tierra, neoextractivismo, nuevo cercamiento de bienes comunes– siempre ha sido malo en crear la riqueza, pero bueno en redistribuirla hacia arriba mediante la acumulación por desposesión, abriendo nuevos mercados y despojando a la gente (A brief history of neoliberalism, 2005). Todos estos rasgos resaltan hoy en el afán de su relegitimación –como señala Harvey apuntando a una conexión incómoda neoliberalismo-extrema derecha (bit.ly/2EpyEzZ)–, emprendido por Trump o Bolsonaro (“cuyo principal asesor económico es un ‘ Chicago Boy’ que quiere hacer lo mismo en Brasil que se hizo en Chile durante la ‘primera ola neoliberal’”: bit.ly/2zUWL5P) quienes para asegurar las óptimas condiciones para la acumulación empoderan a las élites, suprimen las conquistas sociales y abren nuevos espacios para el capital: tierras federales estadunidenses y/o Amazonia brasileña (bit.ly/2CabsUc).

 

III) Haciendo de la ciudad uno de sus principales objetos de interés (Social justice and the city, 1973) y siendo fiel a la premisa marxiana que “el capitalismo anihila el espacio a fin de asegurar su sobrevivencia”, Harvey apunta a la urbanización como la clásica salida de la crisis de sobreacumulación, señalando a la vez sus limitaciones (temporales): el aumento de la deuda y la generación de más crisis. Así fue la historia de la producción del espacio urbano en Francia decimonónica (Paris, the capital of modernity, 2003) y en EU –¡los suburbios!– después de la Segunda Guerra. Tratando a las urbes como el principal espacio del conflicto social –y siguiendo otra vez a Lefebrve– ve en la ciudad (¡”a la que todos tenemos un derecho”!) también un importante espacio de resistencia (Rebel cities: from the right to the city, to the urban revolution, 2012) y concientización de clase, el papel que antes cumplía la –no tan extinta– fábrica (bit.ly/2SeMLM1).

 

IV) Centrada en los modos en que el capital estructura los turbulentos paisajes que nos rodean, la mirada harveyana es necesariamente selectiva. Si bien Harvey logró ampliar el campo de la teoría y práctica marxista, en su obra hay también varios espacios faltantes. El alcance de su geografía –como él mismo lo admite (New Left Review, 8/2000, p. 75-97)– se limita al Norte y a las zonas urbanas, algo que se observa también en sus teorizaciones del imperialismo (The new imperialism, 2003) donde el Sur permanece oscurecido. Lo mismo se puede decir de las cuestiones de raza o género –cuya irrupción en las pasadas décadas aumentó el campo de la crítica– aunque Harvey no está completamente ciego a ellas apuntando por ejemplo al componente racial en la crisis de vivienda en EU (Socialist Register, Vol. 48, 2012) o subrayando que no era una casualidad que la segunda ola del feminismo viniera de los suburbios.

 

V) La principal premisa de la teoría del desarrollo geográfico desigual de Harvey: el capital se reproduce cambiándose de un lugar del mundo al otro (Spaces of hope, 2000; Spaces of capital, 2001), se condensa mejor en su concepto de solución espacial mediante la cual el sistema busca expandirse: China –para él– es hoy en día “la ‘solución espacial’ global por excelencia”. Empujado por la crisis de sobreacumulación no sólo se perpetúa, sino también reconstruye: destruye espacios en una parte del planeta (la ciudad como Detroit), sólo para volverlos a producir en otra (decenas de nuevas ciudades chinas). También la crisis económica tiene para él –siendo esto una fascinante historia para contar– su distribución geográfica desigual: en su pleno desarrollo unos lugares florecen (Turquía), mientras otros, apenas al lado (Grecia), agonizan (bit.ly/2BhJpk6). “No obstante –enfatiza en otro lugar– ya se nos está acabando tanto el espacio como el tiempo. Y esto es uno de los grandes problemas del capitalismo contemporáneo” (bit.ly/2UYulR5).

 

Publicado enInternacional
Japón logra posar dos naves en un asteroide por primera vez

Los artefactos, gemelos, Hayabusa 2 y Minerva 2, no necesitan paracaídas ni sistema de frenado

 

Discretamente, casi de tapadillo, la agencia espacial japonesa (JAXA) acaba de apuntarse otro avance. El pasado fin de semana, su sonda Hayabusa 2 depositó dos pequeños vehículos móviles en la superficie de un asteroide. Es la primera vez que se consigue algo así.


La Hayabusa 2 lleva varios meses aparcada en órbita alrededor de su objetivo, un pedrusco de alrededor de un kilómetro de diámetro llamado Ryugu. Para los japoneses, este nombre tiene resonancias mitológicas: Es el nombre del mítico palacio submarino del dios del mar, cuyas paredes están hechas de coral. Atentos hasta el último detalle, los técnicos han cambiado el color de fondo del escudo de la misión: del azul original al rojo coral.


La sonda orbita a unos 20 kilómetros del asteroide, una distancia perfecta para ofrecer detalladas vistas. El viernes los técnicos le ordenaron descender hasta solo cincuenta metros del suelo, soltar sus dos rovers en caída libre y volver a elevarse.


Ambos artefactos, gemelos, reciben el nombre de Minerva 2. El primero que llevaba ese nombre iba a bordo de la sonda anterior y debía aterrizar en el asteroide Itokawa, hace de eso 13 años. Por desgracia, falló la puntería y el aparatito erró el blanco y se perdió en el espacio.


Las nuevas sondas Minerva tienen el aspecto y tamaño de unas latas de conserva cilíndricas cubiertas de células fotoeléctricas para alimentar a sus equipos (principalmente, cámaras de televisión y medidores de temperatura). No necesitan paracaídas ni sistema de frenado. ¿Para qué? La gravedad de Ryugu es tan débil que les llevó un cuarto de hora recorrer los cincuenta metros. Durante su caída aún tuvieron tiempo de fotografiar la nave nodriza, que remontaba el vuelo. La imagen aparece movida, no por el movimiento del Hayabusa 2, sino porque los rovers iban girando sobre sí mismos.


Al llegar al suelo, ambos artefactos rebotaron y acabaron descansando a pocos metros de distancia uno de otro. No tienen ruedas ni patas, pero pueden desplazarse; por eso se califican de rovers. En su interior llevan un contrapeso accionado por un motor eléctrico. Cuando este gira, se desequilibran y dan una pequeña voltereta. Así, golpe a golpe, pueden ir de un lugar a otro. Eso sí, sin prisa.


La sonda todavía dispone de tres rovers más, de los que se desprenderá en las próximas semanas. El mayor, de construcción alemana, va provisto de equipos que analizan la composición química del suelo.


Para poder acceder a capas más profundas, que jamás han sido alteradas por la radiación solar, el Hayabusa 2 lleva a bordo una bala de cobre de un par de kilos de peso. Llegado el momento, la disparará contra el suelo, donde impactará a más de 2 kilómetros por segundo. El choque deberá poner al descubierto rocas prístinas… y también proyectar al espacio una gran nube de fragmentos. De hecho, se ha programado una maniobra para que la sonda, una vez eyectado el proyectil, busque refugio rápidamente al otro lado del asteroide para evitar el impacto de esa metralla cósmica.


Por último, la sonda descenderá una vez más hasta rozar el suelo con uno de sus sensores. Otro proyectil —esta vez mucho más pequeño— hará saltar esquirlas que serán recogidas por el propio dispositivo e introducidas en una pequeña cápsula. Luego, el Hayabusa 2 emprenderá regreso a la Tierra adonde, si todo va bien, deberá llegar el año 2020. La cápsula caerá con paracaídas en los desiertos de Australia, donde los técnicos japoneses estarán esperando su llegada.
Rafael Clemente es ingeniero industrial y fue el fundador y primer director del Museu de la Ciència de Barcelona (actual CosmoCaixa).

24 SEP 2018 - 18:35 CEST

 

Un millonario japonés compra el primer billete comercial a la Luna

Yusaku Maezawa viajará a bordo de la nave BFR, de SpaceX, la compañía con la que Elon Musk quiere contribuir a que el ser humano se convierta en una especie multiplanetaria

 Yusaku Maezawa se ha convertido en el primer ser humano en comprar un billete a la Luna. El empresario japonés, de 42 años, fundador de las compañías de comercio electrónico Start Today y Zozotown, tiene un billete para el primer viaje tripulado privado al espacio, previsto para el año 2023, a bordo de la nave BFR, de SpaceX, la compañía con la que el multimillonario Elon Musk quiere contribuir a que el ser humano se convierta cuanto antes en una especie multiplanetaria.


Maezaewa, según ha informado él mismo esta noche en la sede de SpaceX en Los Ángeles, no viajará solo. El empresario, coleccionista de arte, que en las subastas del año pasado pagó 110,5 millones de dólares por una obra de Basquiat, ha tenido la idea de invitar a bordo de la nave a entre seis y ocho destacados artistas de todo el mundo, aún por elegir. Un pintor, un escultor, un músico, un arquitecto, un director de cine, un fotógrafo y un diseñador de moda. “Artistas que representen a la Tierra en su viaje a la Luna”, ha explicado. Pasarán una semana en el espacio con todos los gastos pagados y, a su regreso, crearán una obra inspirada por la experiencia. “¿Qué sentirán al ver la Luna y la Tierra desde el espacio? ¿Y qué crearán?”, se preguntaba el empresario. El proyecto se llama Dear Moon (Querida Luna), y ya cuenta con una página web que se ha lanzado esta noche.

“Desde que era un niño, he amado la Luna”, ha asegurado Maezawa. El empresario, dueño de una riqueza estimada en 2.900 millones de dólares, según Forbes, ha irrumpido en el escenario, con una camiseta de Basquiat diseñada por Comme des Garçons, y ha dicho: “¡He elegido ir a la luna!”. Ha comprado, de hecho, todos los billetes. Con la cantidad aportada, previsiblemente tan astronómica como el viaje y que no han querido revelar, Maezawa contribuye a financiar el sueño espacial de Musk, que prevé otras vías de ingresos como la puesta en órbita se satélites comerciales.

BFR (Big Falcon Rocket) es el nuevo cohete de SpaceX, la compañía de Musk que cumple ahora 10 años y que ya ha mandado al espacio una nave que portaba un coche Tesla. BFR, que esta noche se ha presentado con cierto detalle técnico y que está previsto que empiece a realizar pruebas el año que viene, es el prototipo en el que el empresario basa su proyecto de lograr llevar la vida humana de manera permanente a Marte y con el que quiere llegar a la Luna (sin alunizar) medio siglo después de la última misión Apolo.


Un cohete aún no probado

Esta no es la primera vez que Musk ha prometido enviar turistas a la Luna. El año pasado, dijo que dos turistas pagarían por orbitar la Luna en 2018, pero esos planes no se materializaron, informa AFP.


El viaje se llevará a cabo a bordo del Big Falcon Rocket (BFR), que hasta ahora solo se ha mostrado en diseños e imágenes. Mientras la expectativa crece sobre el cohete, Musk tuiteó tres imágenes, mostrando que tendrá una primera parte con motores y sistemas de combustible, y una segunda con la nave en la que viajarán los pasajeros. Musk estimó que su construcción podría tener un costo de unos 5.000 millones de dólares.


Al igual que en los cohetes desarrollados antes por SpaceX, el Falcon 9 y el Falcon Heavy, la primera parte puede separarse del resto del cohete y regresar a la Tierra para un aterrizaje vertical. La nave continuará hacia la Luna, impulsada por sus motores.


La forma del BFR es una reminiscencia de los transbordadores espaciales, las naves que llevaron a los astronautas al espacio 135 veces desde 1981 hasta 2011. Musk ha dicho que quiere que el BFR tenga capacidad para unas 100 personas. El volumen de su área presurizada interior sería comparable a la de un Airbus A380, algo que nunca se ha hecho. También sostuvo que el sistema de lanzamiento podría algún día ser utilizado para colonizar la Luna y Marte, a fin de hacer de los humanos una especie "multiplanetaria", aunque esos destinos tienen distinta complejidad: mientras que un viaje a Marte puede llevar de dos a seis meses, ir a la Luna suele demandar unos tres días.

Washington 18 SEP 2018 - 03:41 COT

El Cairo tiene los días contados como capital de Egipto

El proyecto de nueva capital, una megaurbe construida de la nada en el desierto y a la que solo los más pudientes tendrán acceso, es el último sueño faraónico del mariscal Abdelfatah al-Sisi, el hombre fuerte del país desde el golpe de Estado de 2013.

A El Cairo, que en árabe significa “la victoriosa”, esta vez le ha tocado perder. Dentro de aproximadamente un año, se añadirá a la mítica lista de excapitales de Egipto, junto con Alejandría, Tebas o Menfis. Sin embargo, todavía no se sabe el nombre de la ciudad que la reemplazará.

De momento, la nueva capital es solo un conjunto de esqueletos de hormigón, rodeados de hendiduras y grúas, plantados en medio del desierto. El proyecto es el último sueño faraónico del mariscal Abdelfatah al-Sisi, el hombre fuerte del país desde el golpe de Estado de 2013. Aunque hay quienes se muestran escépticos sobre la posibilidad de cumplir el calendario previsto, el Gobierno egipcio ya sorprendió a todos con la edificación en tiempo récord de una ramificación del Canal de Suez en 2016.


“Durante la segunda mitad del próximo año, está previsto que se trasladen todos los ministerios. El llamado ‘barrio administrativo’ es el más avanzado. En 2021 ya se habrá completado toda la primera fase”, afirma confiado Khaled Husseini, un militar que ejerce de portavoz del proyecto. Es decir, que en apenas cinco años, Egipto habrá construido una nueva capital de la nada a unos 50 kilómetros al este de El Cairo. Además de los edificios oficiales —el Parlamento, el palacio presidencial , embajadas, etc.—, la flamante ciudad albergará un distrito financiero y a aproximadamente un millón de personas. “Tenemos un sueño —proclama Khusseini, parafraseando a Martin L. King—. Daremos una gran imagen de lo que es el Estado de Egipto”.


EMPORIO MILITAR


Las cifras del plan, una vez culminadas sus tres fases, provocan vértigo: más de cinco millones de habitantes, un parque con un tamaño el doble de grande que el Central Park de Nueva York, un río artificial que atravesará la ciudad, más de 600 clínicas y hospitales... y todo ello en una enorme extensión de 700 km2, la misma que Singapur. También se levantará una veintena de rascacielos, incluido el más alto de toda África, con 400 metros. En las maquetas expuestas en su página web, la nueva urbe parece una mezcla de Dubái y Vancouver, y se insiste en que será una “ciudad totalmente inteligente”.


Las Fuerzas Armadas disponen del 51% de las acciones de la ACUD, la sociedad constructora, mientras que el resto corresponde al Ministerio de la Vivienda. Desde que Al-Sisi comenzó a gobernar el país con mano de hierro, la huella de los militares en el Gobierno y la economía, que ya era bien visible, se ha hecho omnipresente. No obstante, es imposible conocer las dimensiones exactas del emporio militar egipcio, un auténtico tabú. El presupuesto del Ministerio de Defensa es un secreto de Estado blindado por la Constitución. Esta opacidad también cubre las cifras de la nueva capital.


“No está muy claro quién está pagando estos proyectos. No hay mucha transparencia”, lamenta el economista Amr Adly, que se muestra crítico con los llamados “proyectos nacionales”, una serie de obras faraónicas, como el nuevo Canal de Suez, con las que el Gobierno pretende estimular la economía. “El problema es que no se han hecho sobre la base de estudios de viabilidad rigurosos... Atraen muchos recursos a corto plazo bajo la promesa incierta de ganancias futuras”, agrega.


El portavoz Husseini reconoce que no existe un presupuesto final definitivo, si bien en un primer momento se habló de 40.000 millones de dólares. “De momento, hemos puesto unos 20.000 millones de libras —1.300 millones de euros—, y confiamos en que el resto lo pondrán inversores egipcios y extranjeros. Ya hay compañías de los Emiratos y chinas implicadas en la financiación de la primera fase, y estamos en negociaciones con otras”, afirma el oficial.


El objetivo central de la nueva capital es descongestionar El Cairo, una megalópolis de unos 22 millones de almas, con un tráfico cercano al colapso y una contaminación que supera con creces los límites recomendados por la ONU. Este no es el primer plan para ganar terreno al desierto construyendo barrios a las afueras de El Cairo. Y su herencia no es precisamente positiva. La urbe está circundada de urbanizaciones llenas de edificios dejados a medias, testigos silenciosos de una ruinosa política pública. Desconectadas de las redes de transporte público, a menudo, solo se trasladaron allí algunas élites.
Obviamente, lo mismo podría pasar con la nueva capital, que difícilmente atraerá los cinco millones de habitantes estimados. “Su lógica deriva de la existencia de un sector de la construcción muy especulativo en las afueras de El Cairo en el que vender parcelas de desierto puede ser muy lucrativo”, critica David Sims, un urbanista que en su libro Egypt’s Desert Dreams documenta el fracaso de 40 años de planificación urbanística en el desierto. “Además, en lugar de descongestionar El Cairo, agravará sus problemas para que se promueva el uso del vehículo privado. La mejor alternativa era haber invertido en transporte público”, añade.


Uno de sus principales problemas de sostenibilidad será el despilfarro de agua que acarreará en un momento de previsiones de creciente escasez para Egipto a causa de la construcción de uno de los mayores embalses del mundo en Etiopía. Basta con echar un vistazo a los anuncios de los apartamentos en la nueva capital, que ofrecen todo tipo de lujos, como piscina y spa compartidos, además de amplios jardines en mitad del desierto. Su precio mínimo es de unos 60.000 euros, un precio prohibitivo para la mayoría en un país donde un funcionario raramente cobra más de 200 euros al mes. Según Husseini, las autoridades se están planteando reservar 20.000 apartamentos para viviendas sociales, una cifra claramente insuficiente.


FILOSOFÍA CLASISTA


Con todos estos datos sobre la mesa, es difícil ignorar la marcada filosofía clasista que impregna el proyecto. El Estado dedica ingentes recursos públicos en edificar una “ciudad inteligente” adornada con todo tipo de lujos y últimas tecnologías de la que solo podrán disfrutar las clases adineradas, mientras aplica el durísimo plan de ajuste pactado con el FMI. En los últimos meses, el régimen ha retirado buena parte de las subvenciones a servicios públicos como el agua, la electricidad o los transportes, además de a los combustibles, con aumentos de hasta un 50%. Encima, la brusca devaluación de la libra egipcia en 2016 situó la inflación por encima del 30% durante más de 15 meses consecutivos.


“Nunca antes tantos egipcios lo habían pasado tan mal”, comentaba el analista y exdiputado en el exilio Amr Hamzawy ya antes de la última ola de recortes. El días después de que el Gobierno anunciara un incremento de los billetes de Metro en El Cairo del 300%, en diversas estaciones se produjeron concentraciones de protestas espontáneas. Fue una extraña muestra de desafío ante una dictadura que castiga con mucha dureza la disidencia. Por ejemplo, la participación en una manifestación ilegal comporta una pena mínima de tres años de cárcel. Las manifestaciones se acabaron con la toma de las estaciones principales por parte de los antidisturbios. Los egipcios ya no tienen ni siquiera el derecho a la pataleta. Las imágenes de hace siete años de un pueblo empoderado en la Plaza Tahrir parecen ahora muy lejanas. Un espejismo del desierto.

Pot  RICARD GONZÁLEZ

2018-09-11 09:00:00

Publicado enInternacional
Secuencia de la explosión del transbordador Challenger, a 75 segundos de su lanzamiento, el 28 de enero de 1986; Alexei Leonov (izquierda), comandante de la tripulación de la Soyuz, y Thomas Stafford, de Apolo, el 17 de julio de 1975, durante el encuentro de las naves, y Michael Fossum, experto en misiones del Discovery, es retratado por Ronald Garan, otro especialista en viajes al espacio, quien se refleja en el casco del primero, el 3 de junio de 2008, fuera de la EEI.

La falta de recursos, gran problema para volver a la Luna y viajar a Marte

 Hace 60 años, motivado por la competencia con la Unión Soviética, Estados Unidos (EU) creó la Nasa (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio), punto de partida de una aventura que los llevaría a la Luna.

En la actualidad, la agencia lucha por reinventarse en un sector en el que se mezclan cada vez más compañías espaciales internacionales e intereses comerciales.


Desde su creación, la Nasa ha desafiado los límites de la exploración del espacio, pero también ha sufrido estrepitosos fracasos, como la explosión de dos transbordadores, uno en 1986 y otro en 2003, con saldo de 14 muertos.


Su ambición de regresar al espacio profundo tendrá que enfrentar un problema de financiación, que le impediría volver a la Luna en la próxima década y a Marte para 2030.


La Nasa se ha vuelto dependiente del sector privado; tiene contratos con SpaceX y Boeing para enviar astronautas al espacio a partir de 2019, tan pronto como sus naves tripuladas estén listas.
No puede enviar astronautas por su cuenta desde 2011, cuando cerró su programa de transbordadores después de 30 años. Ahora debe pagar 80 millones de dólares por asiento a Rusia para enviar estadunidenses a la Estación Espacial Internacional (EEI) en una Soyuz.


En 1957 la Unión Soviética envió su primer satélite al espacio con Sputnik 1, mientras los intentos estadunidenses, principalmente bajo los auspicios del ejército, fracasaron estrepitosamente.


El presidente para la época, Dwight D. Eisenhower, pidió al Congreso que creara una agencia espacial civil separada. El 29 de julio de 1958 firmó la ley que instituyó la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio.


Los soviéticos ganaron otra ronda en abril de 1961, cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en el espacio. Un mes después, el presidente de EU, John F. Kennedy, anunció planes para enviar a un hombre a la Luna a finales de los años 60. Así surgió el programa Apolo.


En 1962 el astronauta John Glenn se convirtió en el primer estadunidense en colocarse en la órbita de la Tierra, y en 1969 Neil Armstrong entró en la historia como el primer hombre en caminar sobre la Luna.
“Apolo fue una demostración unilateral del poder de una nación”, recordó John Logsdon, del Instituto de Política Espacial de la Universidad George Washington.


“Que Kennedy decidiera usar el programa espacial como un instrumento declarado de competencia geopolítica fue lo que volvió a la Nasa en un medio de política nacional, con una asignación presupuestaria muy importante”, precisó.


En la era Apolo, no menos de 5 por ciento del presupuesto nacional fue para la Nasa. En la actualidad es de 0.5 por ciento del presupuesto federal (unos 18 mil millones de dólares al año), y ya no tiene el mismo peso en la política nacional, dijo.


Momentos de gloria


La agencia vivió otros momentos de gloria en los años 80, como el surgimiento del programa de transbordadores, y luego en 1998, con el inicio de las operaciones de la EEI.


Ahora, el presidente Donald Trump ha defendido el regreso a la Luna, mencionando una pasarela que permita un flujo continuo de naves y personas que visiten el satélite, y que será el punto de partida para un viaje a Marte.


También pidió la creación de una fuerza espacial, rama de las fuerzas armadas que se orientaría a defender los intereses de EU.


La Nasa fue considerada mucho tiempo líder en innovación espacial, pero enfrenta una seria competencia: “unos 70 países de una manera u otra están involucrados en la actividad espacial”, señaló Logsdon.


En lugar de competir, “el énfasis se ha puesto en la cooperación” como forma de reducir costos y avanzar en innovación, afirmó Teasel Muir-Harmony, curadora del Museo Nacional del Aire y el Espacio.


La máxima autoridad de la Nasa, Jim Bridenstine, reiteró hace unos días que quiere trabajar con otros países. Señaló la posibilidad de fortalecer la cooperación con China, e informó que en Israel se reunió con grupos que desarrollan un módulo de aterrizaje lunar.


Con el objetivo de una misión tripulada a la Luna en apenas cinco años, la Nasa planea dedicar unos 10 mil millones de dólares a la exploración lunar de un presupuesto de casi 20 mil millones para 2019.

EE UU anuncia una sexta división del Ejército: la Fuerza Espacial

Trump considera la exploración del cosmos una cuestión de seguridad nacional: "No queremos que China, Rusia y otros países nos lideren"


Tras un largo coqueteo con la idea, Donald Trump finalmente ha ordenado la creación de la Fuerza Espacial. El presidente estadounidense ha anunciado este lunes el dictamen al Departamento de Defensa para para el nacimiento de la sexta rama de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, que se suma así al Ejército de Tierra, Armada, Fuerza Aérea, Cuerpo de Marines y a la Guardia Costera. La decisión, dada a conocer tras una reunión con el Consejo Nacional del Espacio, es una cuestión de seguridad nacional para el mandatario, quien en el pasado definió el espacio como "un dominio de guerra".


La creación de esta nueva división es la primera en 71 años. Hasta ahora la más joven era la Fuerza Aérea, que se sumó a la estructura militar justo después de la Segunda Guerra Mundial. La creación de las ramas se ha hecho en función de los avances tecnológicos.


La orden al Pentágono es comenzar de inmediato el proceso de creación de la rama para contrarrestar los avances de las grandes potencias. "No queremos que China, Rusia, y otros países nos lideren. Siempre hemos liderado", defendió Trump. Los objetivos, de los que no se han revelado muchos detalles, son ambiciosos. "No es suficiente tener simplemente una presencia estadounidense en el espacio. Debemos tener el dominio", adelantó el mandatario. Estados Unidos forma parte del Tratado sobre el Espacio Exterior que impide establecer armas de destrucción masiva en el espacio y las visitas a la Luna pueden ser solo con fines pacíficos.


La idea de crear este nuevo cuerpo militar espacial llevaba meses dando vueltas en la cabeza del mandatario. El pasado 1 de mayo, el republicano reconoció que lo estaban pensando. "Cada vez tenemos más presencia en el espacio, tanto militar como de otro tipo, y estamos pensando seriamente en una Fuerza Espacial", adelantó en la Casa Blanca. En marzo, dejó entrever el motor de la decisión: "El espacio es un dominio de guerra, como la tierra, el aire y el mar", por lo que, dijo, "podríamos tener una Fuerza Espacial".


El anuncio forma parte de una estrategia espacial. Llega seis meses después de que Trump firmara una directiva en la que prometía una “exploración y utilización a largo plazo” en la Luna. La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio está planificando una serie de misiones lunares, según Cheryl Warner, una portavoz de la Dirección de Exploración Humana de la NASA. Aún no se establecen más detalles sobre estas misiones. Lo único que se sabe es que "no solo podremos nuestra bandera y nos iremos", reiteró este lunes Trump. La intención del presidente es establecer una base para una eventual exploración humana a Marte.

Washington 19 JUN 2018 - 03:24 COT


Desde que en 1969 se cumplió el objetivo puesto por el gobierno de John F. Kennedy de enviar a los primeros hombres a la Luna, han sido varios los mandatarios que lo han sucedido que también han querido hacer lo suyo. En 2004, George W. Bush sostuvo que los astronautas volverían a la Luna en 2020 y Barack Obama prometió en 2016 que Estados Unidos enviaría humanos a Marte en 2030. "Durante demasiados años los sueños de exploración y descubrimiento fueron realmente desperdiciados por la política y la burocracia, y no logramos", lamentó Trump. Que en consecuencia con su hiperbólico lenguaje y bajo lo que esconde el lema Make America great again (Hagamos América grande otra vez), afirmó que la creación de esta sexta rama del Ejército iba "a ser algo. Algo muy importante".

 

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