Larry Page y James Cameron en empresa que busca sacar provecho de asteroides

Un grupo de empresarios, entre ellos el cofundador de Google Larry Page y el cineasta James Cameron, anunciaron el martes la creación de una nueva empresa, Planetary Resources Inc., que busca explotar minerales preciosos y agua en asteroides que pasan cerca de la Tierra.
 

La extracción de riquezas presentes en estos cuerpos celestes, mucho más accesible con las tecnologías actuales, tendrá múltiples repercursiones benéficas para la humanidad y generará una actividad económica de varias decenas de miles de dólares anuales, según la nueva empresa.

 
Sus actividades permitirán explotar fuertes concentraciones de metales raros presentes en los asteroides para convertirlos en un recursos duraderos para la creciente población del planeta.

 
Un asteroide de 500 metros de largo alberga una cantidad de platino equivalente a toda la cantidad de este metal extraída de la Tierra en la historia de la humanidad, afirman los creadores de Planetary Resources Inc.

 
“Muchos de estos metales y minerales raros en nuestro planeta se hallan en cantidad casi ilimitada en el espacio”, subrayó Peter Diamandis, confundador y copresidente de Planetary Resources Inc.
 

“Al tiempo que el acceso a estos metales crece, no sólo el costo de muchos equipamientos -desde microcomponentes electrónicos hasta baterías- bajará, sino que también van a surgir nuevas aplicaciones”, predijo.

 
Además, los asteroides que pasan cerca de la Tierra son ricos en agua y servirán como “una suerte de oasis” para expediciones de exploración espacial lejanas, brindando las cantidades de agua y combustible necesarias.

 
Estos “tanques de agua” van a revolucionar la exploración espacial y volver los viajes en el espacio mucho más baratos, estimó Eric Anderson, cofundador y copresidente de Planetary Resources.

 
“El agua es sin duda el elemento más esencial en el espacio y el hecho de acceder a asteroides que la contengan facilitará mucho la exploración de nuestro sistema solar”, estimó.

 
“Más allá de la función esencial del agua para la vida, también se puede separar el oxígeno del hidrógeno que la constituyen; el primero permite respirar y el segundo sirve de combustible para los motores de las naves” espaciales, explicó Anderson.


 24 Abril 2012  
(Con información de AFP)
 

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Mi historieta favorita (antes de aficionarme a la Biblioteca Ilustrada de la Guerra) siempre fue Eagle, y mi héroe favorito era Dan Dare, el más valiente e inteligente hombre del espacio, quien desde la primera página del primer número de la revista luchó contra Mekon, una versión de Osama Bin Laden encarnado en una perversa burbuja en forma de huevo del espacio exterior. Me parece recordar que cada nueva entrega de la historieta anunciaba que era “la más emocionante aventura de Dan Dare hasta ahora”, y yo me creía la leyenda como si fuera verdad absoluta. Después de todo, Dan Dare era un hombre del espacio y cualquier cosa podía ocurrir en el espacio.

Sin embargo, existe un nuevo uso frecuente para la palabra “espacio” que me distrae mucho. Los artistas lo utilizan, los gerentes de oficina la usan, así como arquitectos, periodistas y, de manera incomprensible, hasta académicos.

Me encuentro con este miserable término todos los días y empiezo a preguntarme si los escritores creen que es una especie de palabra clave del genio; un indicio de su “pensamiento elevado” que hace que quien la usa parezca educado, al día, plausible, filosófico e impresionante. Es el tipo de palabra usada por escritores de lo que yo llamo los “tink-tanks”*.

Hay muchos otros términos que se me quedan atorados en el cogote. “Percibir” y “percepción” estuvieron de moda hace un cuarto de siglo (el comentarista de noticieros Jonathan Dimbleby siempre lo sacaba a relucir) y el término “Tipping Point” (punto de inflexión) que empezó a circular desde hace unos ocho años me pone de malas.

Pero “espacio” me vuelve loco. “El espacio público es compartido”, dijo uno de mis escritores favoritos el otro día. ¿Por qué no decir simplemente “en público”, que es lo que en realidad quiso decir?

“...Esto no implica que se recurra al reduccionismo o que no haya espacio para un fraseo poético (es decir, escritura poética), leí en una reseña de un libro científico publicada en la edición dominical de The Independent. Otro artículo en el mismo periódico se refería a una “trilogía que explora el espacio interno de una sensibilidad post religiosa”, lo cual me noqueó. ¿Cuál era el propósito?

También está la agencia publicitaria con sede en San Francisco que este mes propuso rentar completo el país de Liechtenstein para que sus visitantes “tengan acceso a espacios exclusivos”. Me noquean otra vez. ¿Significa esto que el amo del palacio de Vaduz abrirá las habitaciones del lugar a la medianoche, o que habrá acceso a la iglesia local a las 3 de la madrugada?

El director de un documental próximo a salir sobre los procesos de paz me solicitó una entrevista. Yo se la hubiera concedido si no me hubiera escrito en su carta que quería “dar espacio a una prolongada visión sobre los conflictos en Israel y Afganistán”. Simplemente no sé a qué se refiere. Creo, y enfatizo en que tan sólo creo, que su intención es dar perspectiva sobre los conflictos, ¿pero espacio? No gracias, yo paso.
En Al Jazeera, un comentarista anuncia que la oposición en Yemen necesita “tiempo y espacio para organizarse”. Qué falsedad. Independientemente de que los terapeutas de pareja usan la misma frase hecha de darse “tiempo y espacio”, ¿qué fue lo que intentó decir? ¿Que la oposición yemenita necesita tiempo para estar sola con el fin de producir una organización coherente?

Luego, en la sección de reseñas literarias de la revista Católica Americana me encuentro a una tal Marissa Valeri, quien declara: “Los espacios para que las mujeres jóvenes podamos encontrarnos para reflexionar sobre nuestras experiencias son pocos y alejados”. ¿No habrá querido decir “oportunidades” en vez de “espacios”?

¿Se dan cuenta a qué me refiero? Bueno, esperen. Está la revista de la Universidad Carleton, una institución con excelente nivel de cátedra y que me ha otorgado un título honorario, que publicó una carta en que el autor se queja de que la pantalla de una computadora, con la ayuda de un ratón, “elimina la experiencia táctil y la sensación de espacio de la experiencia de lectura”. Creo que el autor de la carta, Rick Hippolite, tiene razón en cuanto a lo “táctil”, pero agregó la idea del “espacio” porque sonaba más académica, de más alto nivel. En la misma revista, el editorial fue escrito por la vicerrectora de la universidad en que afirma que “necesitamos espacio para el estudio. Necesitamos espacio para leer y refexionar. Todos estos ejemplos tienen en común que señalan la necesidad de espacio adicional”.

La última frase es correcta. Las anteriores veces que habla de “espacios” en realidad debían ser “salones”, o “corredores”, o “bibliotecas”. Pero esto no es nada comparado con una entrevista, en la misma revista, con una arquitecta estadunidense, quien proclama que “en realidad deseamos estar juntos, y los espacios laborales se volverán más críticos en lo que respecta a darnos las respuestas que necesitamos”.

Posteriormente, el entrevistador escribe: “Su empresa diseñó su espacio de trabajo. Es un espacio altamente seguro. Había una necesidad de espacio que no se había programado con anticipación. Su compañía se enfocó originalmente en el espacio de vivienda. Convencida de que los espacios de vivienda y trabajo se estaban volviendo uno solo”. Disculpen amigos, ya me perdí. ¿No habrán faltado las palabras “edificio” o “habitación”?

Debo agregar que los orígenes de miserable uso del “espacio” llevan algún tiempo. En la edición británica del excelente libro Ritos de Sangre: Orígenes e historia de la pasión por la guerra, Barbara Ehrenreich cita al historiador George Mosse, quien en 1993 afirmó que los cementerios militares y memoriales sirven como “espacios sagrados para una nueva religión civil”. Disculpen, seguramente Mosse se refería a simples “lugares” y no a “espacios”.

Y así seguiremos. Acabo de tropezarme con “ese penoso espacio entre la vida real y la muerte verdadera”. Sospecho que el verdadero significado es “penoso momento” o “penoso lapso”.

Hasta en francés se topa uno con el “espacio” La nueva prohibición de que las mujeres se cubran con velos en “public spaces”, lo que significa “espacios públicos”. ¿Qué tiene de malo, por Dios, para los franceses, decir “cubrirse en público”, que es exactamente lo que se quiere decir?.

Supongo que esto es lo que sucede cuando se vive en un mundo en que la secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, queda impune por mencionar una “declaración conclusiva” durante una conferencia de prensa sobre los bombardeos contra Muammar Kadafi en que se refirió también a las sorties aéreas, es decir “salidas” en francés. Ya todo se vale.

Recomiendo a mis lectores que la próxima vez que vean publicada la palabra “espacio”, despedacen la maldita página que tienen en sus manos. A menos, claro, que se trate de una vieja historieta Eagle, y esté inmerso en la más emocionante aventura de Dan Dare.

Por Robert Fisk
The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
* Burla onomatopéyica referente a los “tanques de pensamiento” (Think-tanks)
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Londres, 9 de agosto. La raza humana tendrá que colonizar el espacio en los próximos 200 años si no quiere desaparecer, advirtió el lunes el astrofísico británico Stephen Hawking, en entrevista publicada por el sitio Internet Big think.

Pienso que el futuro a largo plazo de los humanos está en el espacio. Será difícil evitar una catástrofe en la Tierra en los próximos cien años, sin hablar de mil o millones de años, declaró el experto británico en el sitio de Internet, que se describe como foro mundial que relaciona a la gente con las ideas.

El especialista agregó que la raza humana no debería apostar sólo al planeta.

Al mencionar la famosa crisis de los misiles en Cuba, en 1963, dijo: “Veo grandes peligros para la raza humana. En muchas ocasiones en el pasado, su supervivencia fue difícil.

La frecuencia de tales amenazas aumentará probablemente en el futuro. Tendremos necesidad de prudencia y juicio para manejarlas exitosamente. Soy optimista, dijo Hawking.

Según él, “si queremos evitar una catástrofe en los próximos dos siglos, nuestra especie deberá desplegarse en el espacio para salvarse.

Si somos los únicos seres inteligentes en la galaxia, tendremos que garantizar nuestra supervivencia, dijo el científico, luego de considerar que el aumento de la población mundial y los recursos limitados de la Tierra amenazarán cada vez más a la especie humana.

Por eso estoy en favor de hacer vuelos habitados al espacio, indicó.

En abril había advertido que si los extraterrestres existieran, los hombres deberían evitar todo contacto con ellos porque las consecuencias serían devastadoras.

Stephen Hawking, de 68 años, mundialmente conocido por sus trabajos sobre el universo y la gravedad, es el autor de Breve historia del tiempo, uno de los mayores éxitos de la literatura científica.

Afectado desde los 22 años por una esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad degenerativa que provoca parálisis, se desplaza en silla de ruedas y se comunica por medio de una computadora y un sintetizador vocal.

Afp
 
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