Un millonario japonés compra el primer billete comercial a la Luna

Yusaku Maezawa viajará a bordo de la nave BFR, de SpaceX, la compañía con la que Elon Musk quiere contribuir a que el ser humano se convierta en una especie multiplanetaria

 Yusaku Maezawa se ha convertido en el primer ser humano en comprar un billete a la Luna. El empresario japonés, de 42 años, fundador de las compañías de comercio electrónico Start Today y Zozotown, tiene un billete para el primer viaje tripulado privado al espacio, previsto para el año 2023, a bordo de la nave BFR, de SpaceX, la compañía con la que el multimillonario Elon Musk quiere contribuir a que el ser humano se convierta cuanto antes en una especie multiplanetaria.


Maezaewa, según ha informado él mismo esta noche en la sede de SpaceX en Los Ángeles, no viajará solo. El empresario, coleccionista de arte, que en las subastas del año pasado pagó 110,5 millones de dólares por una obra de Basquiat, ha tenido la idea de invitar a bordo de la nave a entre seis y ocho destacados artistas de todo el mundo, aún por elegir. Un pintor, un escultor, un músico, un arquitecto, un director de cine, un fotógrafo y un diseñador de moda. “Artistas que representen a la Tierra en su viaje a la Luna”, ha explicado. Pasarán una semana en el espacio con todos los gastos pagados y, a su regreso, crearán una obra inspirada por la experiencia. “¿Qué sentirán al ver la Luna y la Tierra desde el espacio? ¿Y qué crearán?”, se preguntaba el empresario. El proyecto se llama Dear Moon (Querida Luna), y ya cuenta con una página web que se ha lanzado esta noche.

“Desde que era un niño, he amado la Luna”, ha asegurado Maezawa. El empresario, dueño de una riqueza estimada en 2.900 millones de dólares, según Forbes, ha irrumpido en el escenario, con una camiseta de Basquiat diseñada por Comme des Garçons, y ha dicho: “¡He elegido ir a la luna!”. Ha comprado, de hecho, todos los billetes. Con la cantidad aportada, previsiblemente tan astronómica como el viaje y que no han querido revelar, Maezawa contribuye a financiar el sueño espacial de Musk, que prevé otras vías de ingresos como la puesta en órbita se satélites comerciales.

BFR (Big Falcon Rocket) es el nuevo cohete de SpaceX, la compañía de Musk que cumple ahora 10 años y que ya ha mandado al espacio una nave que portaba un coche Tesla. BFR, que esta noche se ha presentado con cierto detalle técnico y que está previsto que empiece a realizar pruebas el año que viene, es el prototipo en el que el empresario basa su proyecto de lograr llevar la vida humana de manera permanente a Marte y con el que quiere llegar a la Luna (sin alunizar) medio siglo después de la última misión Apolo.


Un cohete aún no probado

Esta no es la primera vez que Musk ha prometido enviar turistas a la Luna. El año pasado, dijo que dos turistas pagarían por orbitar la Luna en 2018, pero esos planes no se materializaron, informa AFP.


El viaje se llevará a cabo a bordo del Big Falcon Rocket (BFR), que hasta ahora solo se ha mostrado en diseños e imágenes. Mientras la expectativa crece sobre el cohete, Musk tuiteó tres imágenes, mostrando que tendrá una primera parte con motores y sistemas de combustible, y una segunda con la nave en la que viajarán los pasajeros. Musk estimó que su construcción podría tener un costo de unos 5.000 millones de dólares.


Al igual que en los cohetes desarrollados antes por SpaceX, el Falcon 9 y el Falcon Heavy, la primera parte puede separarse del resto del cohete y regresar a la Tierra para un aterrizaje vertical. La nave continuará hacia la Luna, impulsada por sus motores.


La forma del BFR es una reminiscencia de los transbordadores espaciales, las naves que llevaron a los astronautas al espacio 135 veces desde 1981 hasta 2011. Musk ha dicho que quiere que el BFR tenga capacidad para unas 100 personas. El volumen de su área presurizada interior sería comparable a la de un Airbus A380, algo que nunca se ha hecho. También sostuvo que el sistema de lanzamiento podría algún día ser utilizado para colonizar la Luna y Marte, a fin de hacer de los humanos una especie "multiplanetaria", aunque esos destinos tienen distinta complejidad: mientras que un viaje a Marte puede llevar de dos a seis meses, ir a la Luna suele demandar unos tres días.

Washington 18 SEP 2018 - 03:41 COT

El Cairo tiene los días contados como capital de Egipto

El proyecto de nueva capital, una megaurbe construida de la nada en el desierto y a la que solo los más pudientes tendrán acceso, es el último sueño faraónico del mariscal Abdelfatah al-Sisi, el hombre fuerte del país desde el golpe de Estado de 2013.

A El Cairo, que en árabe significa “la victoriosa”, esta vez le ha tocado perder. Dentro de aproximadamente un año, se añadirá a la mítica lista de excapitales de Egipto, junto con Alejandría, Tebas o Menfis. Sin embargo, todavía no se sabe el nombre de la ciudad que la reemplazará.

De momento, la nueva capital es solo un conjunto de esqueletos de hormigón, rodeados de hendiduras y grúas, plantados en medio del desierto. El proyecto es el último sueño faraónico del mariscal Abdelfatah al-Sisi, el hombre fuerte del país desde el golpe de Estado de 2013. Aunque hay quienes se muestran escépticos sobre la posibilidad de cumplir el calendario previsto, el Gobierno egipcio ya sorprendió a todos con la edificación en tiempo récord de una ramificación del Canal de Suez en 2016.


“Durante la segunda mitad del próximo año, está previsto que se trasladen todos los ministerios. El llamado ‘barrio administrativo’ es el más avanzado. En 2021 ya se habrá completado toda la primera fase”, afirma confiado Khaled Husseini, un militar que ejerce de portavoz del proyecto. Es decir, que en apenas cinco años, Egipto habrá construido una nueva capital de la nada a unos 50 kilómetros al este de El Cairo. Además de los edificios oficiales —el Parlamento, el palacio presidencial , embajadas, etc.—, la flamante ciudad albergará un distrito financiero y a aproximadamente un millón de personas. “Tenemos un sueño —proclama Khusseini, parafraseando a Martin L. King—. Daremos una gran imagen de lo que es el Estado de Egipto”.


EMPORIO MILITAR


Las cifras del plan, una vez culminadas sus tres fases, provocan vértigo: más de cinco millones de habitantes, un parque con un tamaño el doble de grande que el Central Park de Nueva York, un río artificial que atravesará la ciudad, más de 600 clínicas y hospitales... y todo ello en una enorme extensión de 700 km2, la misma que Singapur. También se levantará una veintena de rascacielos, incluido el más alto de toda África, con 400 metros. En las maquetas expuestas en su página web, la nueva urbe parece una mezcla de Dubái y Vancouver, y se insiste en que será una “ciudad totalmente inteligente”.


Las Fuerzas Armadas disponen del 51% de las acciones de la ACUD, la sociedad constructora, mientras que el resto corresponde al Ministerio de la Vivienda. Desde que Al-Sisi comenzó a gobernar el país con mano de hierro, la huella de los militares en el Gobierno y la economía, que ya era bien visible, se ha hecho omnipresente. No obstante, es imposible conocer las dimensiones exactas del emporio militar egipcio, un auténtico tabú. El presupuesto del Ministerio de Defensa es un secreto de Estado blindado por la Constitución. Esta opacidad también cubre las cifras de la nueva capital.


“No está muy claro quién está pagando estos proyectos. No hay mucha transparencia”, lamenta el economista Amr Adly, que se muestra crítico con los llamados “proyectos nacionales”, una serie de obras faraónicas, como el nuevo Canal de Suez, con las que el Gobierno pretende estimular la economía. “El problema es que no se han hecho sobre la base de estudios de viabilidad rigurosos... Atraen muchos recursos a corto plazo bajo la promesa incierta de ganancias futuras”, agrega.


El portavoz Husseini reconoce que no existe un presupuesto final definitivo, si bien en un primer momento se habló de 40.000 millones de dólares. “De momento, hemos puesto unos 20.000 millones de libras —1.300 millones de euros—, y confiamos en que el resto lo pondrán inversores egipcios y extranjeros. Ya hay compañías de los Emiratos y chinas implicadas en la financiación de la primera fase, y estamos en negociaciones con otras”, afirma el oficial.


El objetivo central de la nueva capital es descongestionar El Cairo, una megalópolis de unos 22 millones de almas, con un tráfico cercano al colapso y una contaminación que supera con creces los límites recomendados por la ONU. Este no es el primer plan para ganar terreno al desierto construyendo barrios a las afueras de El Cairo. Y su herencia no es precisamente positiva. La urbe está circundada de urbanizaciones llenas de edificios dejados a medias, testigos silenciosos de una ruinosa política pública. Desconectadas de las redes de transporte público, a menudo, solo se trasladaron allí algunas élites.
Obviamente, lo mismo podría pasar con la nueva capital, que difícilmente atraerá los cinco millones de habitantes estimados. “Su lógica deriva de la existencia de un sector de la construcción muy especulativo en las afueras de El Cairo en el que vender parcelas de desierto puede ser muy lucrativo”, critica David Sims, un urbanista que en su libro Egypt’s Desert Dreams documenta el fracaso de 40 años de planificación urbanística en el desierto. “Además, en lugar de descongestionar El Cairo, agravará sus problemas para que se promueva el uso del vehículo privado. La mejor alternativa era haber invertido en transporte público”, añade.


Uno de sus principales problemas de sostenibilidad será el despilfarro de agua que acarreará en un momento de previsiones de creciente escasez para Egipto a causa de la construcción de uno de los mayores embalses del mundo en Etiopía. Basta con echar un vistazo a los anuncios de los apartamentos en la nueva capital, que ofrecen todo tipo de lujos, como piscina y spa compartidos, además de amplios jardines en mitad del desierto. Su precio mínimo es de unos 60.000 euros, un precio prohibitivo para la mayoría en un país donde un funcionario raramente cobra más de 200 euros al mes. Según Husseini, las autoridades se están planteando reservar 20.000 apartamentos para viviendas sociales, una cifra claramente insuficiente.


FILOSOFÍA CLASISTA


Con todos estos datos sobre la mesa, es difícil ignorar la marcada filosofía clasista que impregna el proyecto. El Estado dedica ingentes recursos públicos en edificar una “ciudad inteligente” adornada con todo tipo de lujos y últimas tecnologías de la que solo podrán disfrutar las clases adineradas, mientras aplica el durísimo plan de ajuste pactado con el FMI. En los últimos meses, el régimen ha retirado buena parte de las subvenciones a servicios públicos como el agua, la electricidad o los transportes, además de a los combustibles, con aumentos de hasta un 50%. Encima, la brusca devaluación de la libra egipcia en 2016 situó la inflación por encima del 30% durante más de 15 meses consecutivos.


“Nunca antes tantos egipcios lo habían pasado tan mal”, comentaba el analista y exdiputado en el exilio Amr Hamzawy ya antes de la última ola de recortes. El días después de que el Gobierno anunciara un incremento de los billetes de Metro en El Cairo del 300%, en diversas estaciones se produjeron concentraciones de protestas espontáneas. Fue una extraña muestra de desafío ante una dictadura que castiga con mucha dureza la disidencia. Por ejemplo, la participación en una manifestación ilegal comporta una pena mínima de tres años de cárcel. Las manifestaciones se acabaron con la toma de las estaciones principales por parte de los antidisturbios. Los egipcios ya no tienen ni siquiera el derecho a la pataleta. Las imágenes de hace siete años de un pueblo empoderado en la Plaza Tahrir parecen ahora muy lejanas. Un espejismo del desierto.

Pot  RICARD GONZÁLEZ

2018-09-11 09:00:00

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Secuencia de la explosión del transbordador Challenger, a 75 segundos de su lanzamiento, el 28 de enero de 1986; Alexei Leonov (izquierda), comandante de la tripulación de la Soyuz, y Thomas Stafford, de Apolo, el 17 de julio de 1975, durante el encuentro de las naves, y Michael Fossum, experto en misiones del Discovery, es retratado por Ronald Garan, otro especialista en viajes al espacio, quien se refleja en el casco del primero, el 3 de junio de 2008, fuera de la EEI.

La falta de recursos, gran problema para volver a la Luna y viajar a Marte

 Hace 60 años, motivado por la competencia con la Unión Soviética, Estados Unidos (EU) creó la Nasa (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio), punto de partida de una aventura que los llevaría a la Luna.

En la actualidad, la agencia lucha por reinventarse en un sector en el que se mezclan cada vez más compañías espaciales internacionales e intereses comerciales.


Desde su creación, la Nasa ha desafiado los límites de la exploración del espacio, pero también ha sufrido estrepitosos fracasos, como la explosión de dos transbordadores, uno en 1986 y otro en 2003, con saldo de 14 muertos.


Su ambición de regresar al espacio profundo tendrá que enfrentar un problema de financiación, que le impediría volver a la Luna en la próxima década y a Marte para 2030.


La Nasa se ha vuelto dependiente del sector privado; tiene contratos con SpaceX y Boeing para enviar astronautas al espacio a partir de 2019, tan pronto como sus naves tripuladas estén listas.
No puede enviar astronautas por su cuenta desde 2011, cuando cerró su programa de transbordadores después de 30 años. Ahora debe pagar 80 millones de dólares por asiento a Rusia para enviar estadunidenses a la Estación Espacial Internacional (EEI) en una Soyuz.


En 1957 la Unión Soviética envió su primer satélite al espacio con Sputnik 1, mientras los intentos estadunidenses, principalmente bajo los auspicios del ejército, fracasaron estrepitosamente.


El presidente para la época, Dwight D. Eisenhower, pidió al Congreso que creara una agencia espacial civil separada. El 29 de julio de 1958 firmó la ley que instituyó la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio.


Los soviéticos ganaron otra ronda en abril de 1961, cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en el espacio. Un mes después, el presidente de EU, John F. Kennedy, anunció planes para enviar a un hombre a la Luna a finales de los años 60. Así surgió el programa Apolo.


En 1962 el astronauta John Glenn se convirtió en el primer estadunidense en colocarse en la órbita de la Tierra, y en 1969 Neil Armstrong entró en la historia como el primer hombre en caminar sobre la Luna.
“Apolo fue una demostración unilateral del poder de una nación”, recordó John Logsdon, del Instituto de Política Espacial de la Universidad George Washington.


“Que Kennedy decidiera usar el programa espacial como un instrumento declarado de competencia geopolítica fue lo que volvió a la Nasa en un medio de política nacional, con una asignación presupuestaria muy importante”, precisó.


En la era Apolo, no menos de 5 por ciento del presupuesto nacional fue para la Nasa. En la actualidad es de 0.5 por ciento del presupuesto federal (unos 18 mil millones de dólares al año), y ya no tiene el mismo peso en la política nacional, dijo.


Momentos de gloria


La agencia vivió otros momentos de gloria en los años 80, como el surgimiento del programa de transbordadores, y luego en 1998, con el inicio de las operaciones de la EEI.


Ahora, el presidente Donald Trump ha defendido el regreso a la Luna, mencionando una pasarela que permita un flujo continuo de naves y personas que visiten el satélite, y que será el punto de partida para un viaje a Marte.


También pidió la creación de una fuerza espacial, rama de las fuerzas armadas que se orientaría a defender los intereses de EU.


La Nasa fue considerada mucho tiempo líder en innovación espacial, pero enfrenta una seria competencia: “unos 70 países de una manera u otra están involucrados en la actividad espacial”, señaló Logsdon.


En lugar de competir, “el énfasis se ha puesto en la cooperación” como forma de reducir costos y avanzar en innovación, afirmó Teasel Muir-Harmony, curadora del Museo Nacional del Aire y el Espacio.


La máxima autoridad de la Nasa, Jim Bridenstine, reiteró hace unos días que quiere trabajar con otros países. Señaló la posibilidad de fortalecer la cooperación con China, e informó que en Israel se reunió con grupos que desarrollan un módulo de aterrizaje lunar.


Con el objetivo de una misión tripulada a la Luna en apenas cinco años, la Nasa planea dedicar unos 10 mil millones de dólares a la exploración lunar de un presupuesto de casi 20 mil millones para 2019.

EE UU anuncia una sexta división del Ejército: la Fuerza Espacial

Trump considera la exploración del cosmos una cuestión de seguridad nacional: "No queremos que China, Rusia y otros países nos lideren"


Tras un largo coqueteo con la idea, Donald Trump finalmente ha ordenado la creación de la Fuerza Espacial. El presidente estadounidense ha anunciado este lunes el dictamen al Departamento de Defensa para para el nacimiento de la sexta rama de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, que se suma así al Ejército de Tierra, Armada, Fuerza Aérea, Cuerpo de Marines y a la Guardia Costera. La decisión, dada a conocer tras una reunión con el Consejo Nacional del Espacio, es una cuestión de seguridad nacional para el mandatario, quien en el pasado definió el espacio como "un dominio de guerra".


La creación de esta nueva división es la primera en 71 años. Hasta ahora la más joven era la Fuerza Aérea, que se sumó a la estructura militar justo después de la Segunda Guerra Mundial. La creación de las ramas se ha hecho en función de los avances tecnológicos.


La orden al Pentágono es comenzar de inmediato el proceso de creación de la rama para contrarrestar los avances de las grandes potencias. "No queremos que China, Rusia, y otros países nos lideren. Siempre hemos liderado", defendió Trump. Los objetivos, de los que no se han revelado muchos detalles, son ambiciosos. "No es suficiente tener simplemente una presencia estadounidense en el espacio. Debemos tener el dominio", adelantó el mandatario. Estados Unidos forma parte del Tratado sobre el Espacio Exterior que impide establecer armas de destrucción masiva en el espacio y las visitas a la Luna pueden ser solo con fines pacíficos.


La idea de crear este nuevo cuerpo militar espacial llevaba meses dando vueltas en la cabeza del mandatario. El pasado 1 de mayo, el republicano reconoció que lo estaban pensando. "Cada vez tenemos más presencia en el espacio, tanto militar como de otro tipo, y estamos pensando seriamente en una Fuerza Espacial", adelantó en la Casa Blanca. En marzo, dejó entrever el motor de la decisión: "El espacio es un dominio de guerra, como la tierra, el aire y el mar", por lo que, dijo, "podríamos tener una Fuerza Espacial".


El anuncio forma parte de una estrategia espacial. Llega seis meses después de que Trump firmara una directiva en la que prometía una “exploración y utilización a largo plazo” en la Luna. La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio está planificando una serie de misiones lunares, según Cheryl Warner, una portavoz de la Dirección de Exploración Humana de la NASA. Aún no se establecen más detalles sobre estas misiones. Lo único que se sabe es que "no solo podremos nuestra bandera y nos iremos", reiteró este lunes Trump. La intención del presidente es establecer una base para una eventual exploración humana a Marte.

Washington 19 JUN 2018 - 03:24 COT


Desde que en 1969 se cumplió el objetivo puesto por el gobierno de John F. Kennedy de enviar a los primeros hombres a la Luna, han sido varios los mandatarios que lo han sucedido que también han querido hacer lo suyo. En 2004, George W. Bush sostuvo que los astronautas volverían a la Luna en 2020 y Barack Obama prometió en 2016 que Estados Unidos enviaría humanos a Marte en 2030. "Durante demasiados años los sueños de exploración y descubrimiento fueron realmente desperdiciados por la política y la burocracia, y no logramos", lamentó Trump. Que en consecuencia con su hiperbólico lenguaje y bajo lo que esconde el lema Make America great again (Hagamos América grande otra vez), afirmó que la creación de esta sexta rama del Ejército iba "a ser algo. Algo muy importante".

 

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Trump afirma que el cosmos es "un campo de batalla" y propone crear una "Fuerza Espacial"

El mandatario estadounidense se pronunció a favor de la militarización del espacio a pesar de que está prohibida por convenios internacionales.

 

El presidente de EE.UU., Donald Trump, propuso la creación en su país de una Fuerza Espacial, una nueva rama militar que utilizaría el espacio exterior como un "campo de batalla". Aparte de eso, prometió que los estadounidenses pronto llegarán a Marte.

"Mi nueva estrategia nacional para el espacio reconoce que el cosmos es un campo de batalla igual que lo son tierra, aire y mar. Incluso podríamos tener una Fuerza Espacial", afirmó el mandatario en un discurso desde la base aérea de Miramar, en California. "Tenemos la Fuerza Aérea, tendremos una Fuerza Espacial", aseguró.

A pesar de que Trump ha promocionado la idea de la militarización espacial en otras ocasiones, no está claro si sus palabras pueden tomarse al pie de la letra: el propio presidente reconoció que sus primera propuestas de la idea "en realidad no fueron en serio".

La reacción a estas palabras desde Rusia ha sido de consternación. Dmitri Rogozin, viceprimer ministro encargado de la industria de Defensa del país, considera que si esta declaración significa un despliegue de armas en el espacio, "EE.UU. ha abierto una caja de Pandora".

EE.UU. forma parte de acuerdos internacionales como el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, que prohíbe la militarización del espacio. Hasta el momento, ningún país tiene una rama militar fuera de la Tierra; por ejemplo, las recientemente creadas Fuerzas Aeroespaciales rusas se limitan a la gestión de satélites, ejecución de alertas y administración de cosmódromos.

 

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Lunes, 18 Diciembre 2017 07:51

Narrar en cien palabras

Narrar en cien palabras

Contar la ciudad en un breve relato.


La capacidad de síntesis para contar algo se ha llamado “Bogotá en cien palabras”. Un concurso de relatos cortos, un máximo de un centenar de vocablos, que tenían que versar alrededor de la vida en la capital colombiana. Organizado por las secretarías de Cultura, Recreación y Deporte y de Educación, el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) y la Cámara Colombiana del Libro junto a la Fundación Plagio de Chile, es una propuesta de participación ciudadana para que la gente cuente su historia y su ciudad de manera breve.


Otras ciudades han promovido iniciativas como ésta. En 2001 fue Santiago de Chile la pionera, convocándose después en otras poblaciones como Valparaíso (Chile), Budapest (Hungría) y Puebla (México).


En esta primera edición de la versión bogotana participaron más de nueve mil relatos, de los que los cien mejores, a juicio de los jurados, serán editados en la colección de libros de bolsillo gratuitos “los libros al viento” de la Alcaldía Mayor de Bogotá. También serán ilustrados y difundidos en espacios públicos los diez más destacados de ese centenar.


En Bogotá, el jurado que ha determinado los premios ha estado compuesto por la escritora Irene Vasco, el poeta y ensayista Hugo Chaparro y el novelista Darío Jaramillo Agudelo. La convocatoria ofrecía un premio a la persona ganadora y tres menciones especiales, un talento y dos honrosas, en cada una de las tres categorías establecidas: infantil, juvenil y adultos.


La ceremonia de premiación tuvo lugar en la Biblioteca Pública Virgilio Barco el pasado 30 de noviembre. El cuento ganador fue el titulado “Gravedad” de J. P. Jiménez, de 27 años del barrio Teusaquillo. Pueden leerlo, junto a los otros nueve destacados, aquí. También pueden leer los otros noventa en este otro enlace. De entre ellos yo elijo uno titulado “La capital”, en el que una mujer de 27 años de la localidad de Chapinero describe su Bogotá, que puede ser la de mucha gente:


“Cansada e intoxicada. Con la frente en alto y el corazón en bajo, con más smog que oxígeno y más carros que personas. Bogotá es la lucha del que rebusca y la apatía del que no necesita. Indolente ciudad, eres la vida que pasa todos los días igual. Eres el calor del rolo y el frío del turista, no dejas mucho que desear cuando te vienen a visitar, sigues siendo el sueño de muchos y la realidad de pocos que han podido progresar. Necesitas que tu gente te haga un favor: que vuelvan a sentirte como una ciudad de amor.”

Yo tenía dos cuentos. En el primero, titulado “Dos mil seiscientos qué”, retrataba un poco la ciudad en noventa y tres palabras. En el segundo, de nombre “El Quijote en Bogotá”, me imaginaba al ingenioso hidalgo cabalgando por las calles bogotanas. Fue el que finalmente presenté, aunque no llego al puerto y se quedó en el camino con los otros cientos. Pero se lo quiero compartir porque así lo acordé con el caballero andante y su jamelgo galopante, protagonistas de esta breve historia acaecida en la capital:
Mira hacia los cerros sabiendo que en algún lugar están esos gigantes que no permiten la utopía. Cabalga la calle 26 y Rocinante gira en la carrera séptima como si supiera su destino. Más de doscientos años de historia le vigilan. Llega a la plaza de Bolívar y se da cuenta que los molinos se han transformado en edificios de los poderes que le niegan la locura y matan sus sueños. Compungido, descabalga y se apoya en la estatua de otro soñador que le tiende sus brazos y le susurra al oído “lucha y sueña, el mundo te necesita.”

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La NASA rescata la Voyager 1 encendiendo propulsores apagados desde hace 37 años

 

A 20.000 MILLONES DE KM DE LA TIERRA

Es la primera nave que ha salido del sistema solar y se adentra en el espacio interestelar

 

La nave Voyager 1 de la NASA, la única que ha salido del sistema solar y ha llegado al espacio interestelar, ha conseguido encender con éxito cuatro pequeños propulsores que habían estado más de 37 años apagados. La operación permitirá que la nave siga enviando datos de la región del espacio donde se encuentra, hasta ahora inexplorada, antes de perder definitivamente el contacto con la Tierra.

Lanzada en 1977, la Voyager 1 exploró Júpiter, Saturno y sus lunas antes de desviarse hacia el norte y alejarse del plano en el que orbitan los planetas. Actualmente está situada a unos 20.000 millones de kilómetros de la Tierra y es la nave que ha llegado más lejos, así como la que se está alejando más rápido. Sus observaciones son útiles para comprender cómo es y qué ocurre en la última frontera del sistema solar, allí donde la presión del viento solar se equilibra con la presión que viene del medio interestelar.

Los ingenieros del centro de control de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en California han advertido que los propulsores utilizados para mantener la nave bien orientada en el espacio se han estado deteriorando desde el 2014. Si la Voyager 1 pierde la capacidad de orientarse, su antena dejará de apuntar hacia la Tierra y se perderá el contacto con ella. Según ha informado la NASA en un comunicado, los responsables de la misión reunieron a un grupo de expertos en propulsión para analizar qué opciones tenían. Consensuaron una solución poco convencional. Intentarían encender otros cuatro propulsores que la nave llevaba a bordo. Los llevaba sólo para ajustar su trayectoria al aproximarse a Júpiter y Saturno y no se habían encendido desde el 8 de noviembre de 1980. Nadie sabía si aún funcionarían.

“El equipo desenterró datos de hace décadas y examinó software que estaba codificado en un lenguaje antiguo”, declara en el comunicado Chris Jones, ingeniero jefe del JPL. Cuando estuvieron seguros de cómo hacerlo, enviaron instrucciones a la nave para que encendiera los propulsores el 28 de noviembre en pulsos de diez milisegundos. Tuvieron que esperar 19 horas y 35 minutos a que las señales llegaran desde la nave a la Tierra.

Cuando vieron que había funcionado, la reacción “fue de alivio, alegría e incredulidad”, explica Todd Barber, ingeniero del JPL. Tras el éxito de la prueba, está previsto enviar nuevas instrucciones a la Voyager 1 para que estos propulsores asuman el control de la orientación de la nave a partir de enero.

“Con estos propulsores que aún funcionan después de haber estado 37 años apagados, podremos alargar la vida de la Voyager 1 entre dos y tres años”, declara Suzanne Dodd, directora de la misión en el JPL.

 

NASA / JPL-CALTECH / MSSS

Científicos de la Nasa descubren evidencia de sedimentos en gran mar de hace millones de años

La actividad volcánica combinada con el líquido estancado propició condiciones que habrían sido similares a las que existieron en el orbe, señala experto del centro espacial en Houston

 

Científicos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa, por sus siglas en inglés) encontraron evidencias de antiguos depósitos hidrotermales de fondo marino en Marte, lo cual podría ofrecer datos sobre el origen de la vida en la Tierra.

Los resultados se dieron luego de que los especialistas analizaran un reciente informe internacional que explora las observaciones del Orbitador de Reconocimiento de Marte (MRO, por sus siglas en inglés) de depósitos masivos en una cuenca en el sur del llamado planeta rojo.

Según la Nasa, los datos son evidencias de que los sedimentos marcianos se crearon por agua caliente de una parte volcánica activa de la corteza del planeta que emergió en el fondo de un gran mar hace miles de millones de años.

Si nunca encontramos evidencias de que ha habido vida en Marte, este sitio puede informarnos sobre el ambiente donde la vida pudo haber comenzado en la Tierra, destacó Paul Niles, miembro del Centro Espacial Johnson de la Nasa en Houston.

Explicó que la actividad volcánica combinada con el agua estancada proporcionó condiciones que eran de forma probable similares a las que existieron en la Tierra aproximadamente al mismo tiempo, cuando la vida temprana estaba evolucionando aquí.

Señaló que según los científicos, los depósitos marcianos atribuidos a la actividad hidrotermal del fondo marino tienen una edad aproximada de tres mil 700 millones de años.

La agencia espacial estadunidense indicó que las condiciones hidrotermales submarinas en la Tierra cercanas a ese mismo tiempo son un parámetro relevante para determinar el lugar y la fecha en que comenzó la vida en nuestro planeta.

A pesar de que el planeta todavía cuenta con dichas condiciones, donde las formas de vida prosperan en la energía química extraída de rocas, sin luz solar, debido a la corteza activa del planeta azul, se tiene poca evidencia geológica directa del momento que comenzó la vida, aclaró.

Sin embargo, apuntó, la posibilidad de actividad hidrotermal submarina dentro de lunas heladas como Europa en Júpiter y Encelado en Saturno, mantienen el interés de buscar vida en los satélites de los planteas.

Refiró que las observaciones realizadas a Marte con el MRO ofrecieron datos para identificar minerales en depósitos masivos dentro de la cuenca Eridania del planeta rojo.

Este sitio nos da una historia convincente de un mar profundo, de larga duración y un ambiente hidrotermal de aguas profundas. Es evocador de los ambientes hidrotermales de alta mar en la Tierra, detalló Niles.

El investigador señaló que similar a los ambientes donde la vida podría ser encontrada en otros mundos, la vida que no necesita una agradable atmósfera o superficie templada, sino sólo rocas, el calor y el agua.

De acuerdo con la Nasa, los científicos estiman que el antiguo mar Eridania tenía cerca de 210 mil kilómetros cúbicos de agua, es decir, casi nueve veces más que el volumen combinado de todos los grandes lagos de América del Norte.

Precisó que la mezcla de minerales identificados que incluyen la serpentina, talco y carbonato, así como, la forma y textura de las capas gruesas del lecho rocoso, condujeron a la identificación de posibles depósitos hidrotermales en el fondo marino.

Agregó que el área también presenta flujos de lava que datan la desaparición posterior del mar, lo que sería una evidencia de que es una zona de corteza de Marte con susceptibilidad volcánica que pudo producir efectos cuando el mar estaba presente.

 

 

LIGO de Louisiana, en la ciudad de LIvingstone.

 

Es un intento de divulgación. Nada nuevo para personas ya puestas en la materia. Me baso en artículos de diarios y de revistas. Algunos de ellos, llevan la firma de Nuño Domínguez. En mi opinión, uno de los mejores divulgadores científicos de nuestros país. También en una nota del físico de la UAM Juan García-Bellido.


Las ondas gravitacionales [OG]

 

Son vibraciones en el espacio-tiempo, el material del que está hecho el universo. En 1916, Albert Einstein predijo que, según su teoría general de la relatividad [TGR], los cuerpos más violentos del cosmos -las explosiones estelares en supernovas, las parejas de estrellas de neutrones, la fusión de dos agujeros negros supermasivos, la fuente más potente de estas ondas- liberan parte de su masa en forma de energía a través de estas ondas “que tienen más energía que billones y billones de bombas atómicas”. El físico con extenso expediente del FBI creyó también, creencia que ahora sabemos que es errónea, que no sería posible detectarlas debido a que se originan en lugares muy distantes. Serían imperceptibles al llegar a nuestro planeta.

Las OG, la metáfora ha sido muy usada, son comparables a las ondas que se mueven en la superficie de un estanque o al sonido en el aire. Deforman el tiempo y el espacio y, en teoría, viajan a la velocidad de la luz. Su paso puede modificar la distancia entre planetas de forma muy leve. Las frecuencias de algunas de estas ondas coinciden con las del sonido.

Las OG abren una nueva era en el conocimiento del universo. Toda la información que tenemos del cosmos -se cree que solo conocemos el 5%- es por la luz en sus diferentes longitudes de onda: visible, infrarroja, ondas de radio, rayos X, etc. Las OG nos dan, digamos, un sentido más y nos permiten saber qué está pasando allí donde hasta ahora no veíamos nada.

También permiten saber si la Teoría General de la Relatividad se mantiene vigente en los rangos de presión y gravedad más intensos que pueden concebirse... O no, por supuesto.

 

LIGO

 

El Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO), en EE UU, captó en 2015 las ondas producidas por la fusión de dos agujeros negros. La primera vez que se captan OG, un siglo después de que Einstein predijera su existencia.

Sólo existían pruebas indirectas de su existencia. En 1978, Rusell Hulse y Joseph Taylor demostraron que un púlsar binario -dos estrellas orbitando juntas, una de ellas un púlsar- estaban cambiando ligeramente su órbita debido a la liberación de energía en forma de OG en una cantidad idéntica a la que predecía la TGR. Ambos ganaron el Nobel de Física en 1993. Las teorías de Einstein dan para muchos premios como vemos.

Diez años después, en 2003, se confirmó que lo mismo sucede con otra pareja estelar, en este caso de dos púlsares.

El LIGO es un gran instrumento óptico de precisión desarrollado por los institutos tecnológicos de California (Caltech) y Massachusetts, (MIT) y la Colaboración Científica LIGO, en la que participan unos 1.000 investigadores de muchos países (España incluida). La instalación consta de dos detectores láser con forma de L. Cada brazo de esa L tiene 4 kilómetros y hay dos detectores idénticos, uno en Luisiana y otro a unos 3.000 kilómetros, en el estado de Washington. LIGO puede identificar variaciones equivalentes, no hay error en la medida, a una diezmilésima parte del diámetro de un átomo. Es la medición más precisa jamás lograda por un instrumento científico.

Se necesitan al menos dos detectores. ¿Para qué? Para evitar los falsos positivos causados por cualquier vibración local como terremotos, tráfico o fluctuaciones del propio láser. Al contrario que todos ellos, este es un punto importante, una OG causará una perturbación exactamente igual en Luisiana que en Washington.

Con la configuración actual, LIGO puede ver-detectar a una distancia de unos 1.000 millones de años luz de la Tierra (1.000 x 1.000.000 * 365* 84.600 * 300.000 kms = 9.263.700.000.000.000.000.000 de km). Se cree que LIGO alcanzará su máxima potencia en 2020.

 

El descubrimiento de la primera señal de OG.

 

Los responsables del LIGO anunciaron en 2016 que habían captado las ondas producidas por el choque de dos agujeros negros. El anuncio se hizo en una conferencia de prensa celebrada en Washington. Los resultados científicos fueron aceptados para su publicación en Physical Review Letters. "Señoras y señores, hemos detectado las ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido", exclamó el director ejecutivo del LIGO, David Reitze. "Hemos tardado meses en ver que realmente eran las OG, pero lo que es verdaderamente emocionante es lo que viene después, abrimos una nueva ventana al Universo".

La primera señal se captó el 14 de septiembre de 2015 en los dos detectores idénticos de este experimento, situados como se dijo a unos 3.000 kilómetros de distancia. La señal venía de una fusión que sucedió hace 1.300 millones de años, fruto del violento abrazo de dos agujeros negros cuya masa era entre 29 y 36 veces mayor a la del Sol. Los dos agujeros “se fundieron en uno liberando una energía equivalente a tres masas solares, que salió despedida en forma de OG en una fracción de segundo”.

Este proceso de masa transformándose en energía en fracciones de segundo lo describe la ecuación más famosa de la historia de la ciencia E=mc2. El hallazgo abre un nuevo camino en astronomía. Estas ondas, como se dijo, son comparables al sonido y permiten estudiar objetos que eran totalmente invisibles hasta ahora.

Nuestros oídos empiezan a escuchar “la sinfonía del universo”.

Este tipo de señales mostrarán si estos violentísimos sucesos ocurren tal y como predice la teoría de la relatividad de Einstein o si debemos buscar otra nueva para entenderlos.

 

La detección de OG gana el Nobel de Física 2017.


Los científicos estadounidenses Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne han ganado el Premio Nobel de Física 2017 por su trabajo en LIGO. El jurado ha reconocido a los científicos por un "descubrimiento que sacudió al mundo", ha señalado Göran Hansson, el secretario general de la Real Academia de Ciencias Sueca, al anunciar el fallo del jurado.

Los tres físicos, junto al resto de la colaboración internacional del experimento, también recibieron este año el Premio Princesa de Asturias por su papel en el Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales.

El jurado de la academia sueca ha reconocido a Rainer Weiss como uno de los pioneros “en el diseño de los primeros interferómetros láser cuyos haces de luz estaban especialmente concebidos para vibrar al paso de una leve onda gravitacional, un trabajo que inició a finales de los años 60 en el Instituto de Tecnología de Massachusetts”. Unos años después, el físico teórico Kip Thorne comenzó a trabajar en el diseño de dispositivos similares en el Instituto de Tecnología de California. “Ambos proyectos quedaron unidos en el actual LIGO, cuya construcción fue aprobada en 1990”. Barry Barish, el tercer premiado, lideró la etapa de edificación y puesta en marcha de los dos grandes interferómetros del proyecto, que están separados, como se comentó, por más de 3.000 kilómetros para maximizar las probabilidades de captar una señal. También fue quien dio al proyecto su actual proyección internacional. Más de 1.000 científicos de 20 países -incluida España a través del grupo de gravitación y relatividad de la Universidad de las Islas Baleares que lidera Alicia Sintes- han contribuido en esta gran hazaña científica.

El físico de la UAM, Juan García Bellido, ha explicado lo sucedido en los siguientes términos:

1. Dos enormes interferómetros en Washington y Luisiana ”detectaron el pasado 14 de septiembre de 2015, por primera vez en la historia, la emisión de ondas gravitacionales generadas en los últimos instantes de la fusión de dos agujeros negros de unas 30 masas solares cada uno, abriendo una nueva era de la astronomía y la cosmología”.

2. El 11 de febrero de 2016 se pudo seguir en directo la rueda de prensa que los fundadores del experimento, “Reiner Weiss, Ronald Drever y Kip Thorne, dieron en Washington, en la sede de la National Science Foundation estadounidense, describiendo la detección de la señal inequívoca, por lo que los investigadores de la colaboración LIGO sabían que estaban ante un hito de la historia de la ciencia”.

3. Si el siglo XX fue el siglo de la exploración del universo gracias a las ondas electromagnéticas de todas las frecuencias de radio a los rayos gamma, “este siglo XXI seremos capaces de explorar el universo con una nueva sonda, las ondas gravitacionales. Nos va a permitir explorar la naturaleza de la materia oscura y la energía oscura. En concreto, la emisión de ondas gravitacionales es tan precisa que podemos calibrar las fuentes con nuestros conocimientos de relatividad general y, por tanto, podemos usar estos eventos de fusión de agujeros negros como “sirenas estándar” para determinar con precisión las distancias a las galaxias lejanas, similar a lo que hacemos ahora de forma rutinaria con las supernovas”. De esta manera, prosigue García-Bellido, “es posible deducir el contenido de materia y energía que da lugar a la expansión acelerada del universo, y descubrir, por ejemplo, la naturaleza del campo responsable de dicha aceleración.

4. La precisión de las medidas hechas por estos detectores “es tan extraordinaria que podemos usar estas observaciones para testar la teoría de la relatividad general en régimen de campo fuerte y plantearnos la posibilidad de que en un futuro detectemos pequeñas desviaciones respecto a las predicciones de la relatividad general”. Si fuera así, se tendría la necesidad de buscar una teoría de la gravedad más allá de la actual, “posiblemente con nuevos efectos de gravedad cuántica”.

5. El avance tecnológico que ha sido necesario para llegar a construir el experimento LIGO “será el precursor de desarrollos aún más novedosos, con nuevos materiales y tecnologías, para explorar la detección de ondas gravitacionales a todas las frecuencias posibles, incluso aquellas que podrían darnos información de los primeros instantes del universo y de la naturaleza de la materia oscura”.

Acabamos de entrar en una nueva era científica, en opinión de Juan García-Bellido. Que así sea y que la paz la acompañe, que el armamento nuclear sea destruido y que el humanismo bien entendido sea su guía. ¡Ciencia para la emancipación humana, no para su destrucción!

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

 

Prototipo de la base en la órbita lunar.

 

La instalación pretende ser el puerto de partida para misiones tripuladas a Marte

 

Rusia y EE UU han firmado una declaración de cooperación para crear una estación espacial en la Luna que comenzará a construirse a mediados de la próxima década, según ha anunciado hoy la agencia espacial rusa en un comunicado.

El proyecto Deep Space Gateway —Puerta al Espacio Profundo, en inglés— está abanderado por la NASA y consiste en una estación espacial en la órbita del satélite de la Tierra. El proyecto sería el sucesor de la Estación Espacial Internacional (ISS), que llegó al espacio en 1998 con la colaboración de EE UU, Rusia, Europa, Canadá y Japón y que dejará de funcionar en 2024, según los planes actuales.

El acuerdo muestra una importante sintonía en el espacio entre dos países enfrentados por el espionaje, la guerra en Siria y la proliferación nuclear de Corea del Norte. Las agencias espaciales de Europa (ESA), Japón y Canadá también están embarcadas en el proyecto, que aún está en un punto temprano de desarrollo, según la ESA.

Antes del anuncio de hoy, Rusia había expresado su intención de construir una base propia en la superficie de la Luna para entrenar a sus cosmonautas de cara a futuros viajes a Marte. También China ha anunciado planes para llevar a la Luna su propia estación espacial.

Parte de la declaración, firmada en Adelaida (Australia) durante el Congreso Internacional de Astronáutica, se refiere a las normas internacionales que deben aplicarse en el futuro. "Al menos cinco países están trabajando en la creación de sus propias naves tripuladas", ha dicho Igor Komarov, director general de Roscosmos. "Con el fin de evitar problemas en el futuro en la cooperación técnica, se debería unificar una parte de las normas, por la posibilidad de que los diferentes países trabajen en sus productos y se unan a la estación internacional en la órbita de la Luna", ha añadido. El pacto entre Rusia y EE UU también incluye el uso de los actuales cohetes rusos Proton y Angara en la construcción de la nueva base, así como el futuro cohete de gran tamaño que está construyendo Roscosmos.

"Declaraciones como la firmada con Roscosmos muestran que el concepto de Deep Space Gateway es un buen ejemplo de exploración espacial asequible y sostenible", ha dicho por su parte Robert Lightfoot, director en funciones de la NASA, en un comunicado.

El objetivo final de la nueva estación es ser el puerto de partida para las misiones tripuladas a Marte y otros puntos del Sistema Solar. Estos viajes se realizarían en vehículos reutilizables con propulsión química y eléctrica para ir y volver al planeta rojo, según explica la NASA. La primera fase de construcción consistirá en llevar a la órbita lunar los tres módulos de la estación, uno para generar energía, otro para que vivan los astronautas y un tercero dedicado a laboratorios similares a los de la ISS.

La instalación será una colonia donde los astronautas podrán entrenarse para ir a Marte y donde se probarán todas las tecnologías necesarias para alcanzarlo. También será la nave nodriza de misiones de exploración lunar tripuladas y no tripuladas. El cohete SLS que está construyendo la NASA, el más potente del mundo, será el enlace entre la Tierra y la Luna junto a las cápsulas Orion, cuyos propulsores y sistema de soporte vital han sido construidos por la Agencia Espacial Europea (ESA).

La nueva estación tendrá tres módulos, uno para producir energía eléctrica, otro para que vivan los astronautas y un tercero con laboratorios similares a los de la ISS. Una vez acabada la base, a finales de la próxima década, se realizaría una misión tripulada de un año de duración en esta Puerta al Espacio Profundo para demostrar que todas las tecnologías necesarias para viajar a Marte están listas.

 

 

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