Durante las excavaciones en el yacimiento arqueológico de Shum Laka, en Camerún.Foto Pierre de Maret

Realizan nuevo análisis de secuencias de ADN de cuatro niños hallados en sitio de Camerún

Un nuevo análisis de secuencias de ADN humano antiguo sitúa el origen de la humanidad en al menos cuatro linajes ancestrales que vivieron en África hace entre 200 mil y 300 mil años.

El trabajo, que ha contado con la participación de científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que aparece publicado en el número más reciente de Nature, refuerza el argumento formulado por arqueólogos y genetistas de que los humanos modernos proceden de cuatro poblaciones africanas divergentes y separadas geográficamente.

África es la cuna del Homo sapiens y alberga la mayor diversidad genética humana del planeta. Sin embargo, los estudios de ADN antiguo de yacimientos arqueológicos africanos siguen siendo escasos, en parte debido al desafío que supone extraer material genético de esqueletos degradados en contextos tropicales.

Para este trabajo, los científicos han examinado el ADN de cuatro niños enterrados en el yacimiento arqueológico de Shum Laka, en Camerún, hace unos 8 mil y 3 mil años, durante la transición entre la Edad de Piedra y la Edad de los Metales. Por primera vez, han recuperado secuencias genéticas antiguas del oeste y centro de África. Algunas de ellas son las más antiguas recuperadas en los trópicos africanos.

Shum Laka, excavado por un equipo belga y camerunés hace más de 30 años, es un abrigo rocoso situado en la región montañosa de los Grassfields de Camerún, lugar que los lingüistas consideran desde hace mucho tiempo la cuna de las lenguas bantúes. Los hallazgos publicados ahora aportan pistas sobre este grupo extendido y diverso de lenguas habladas en la actualidad por más de un tercio de los africanos.

“La expansión de las lenguas bantúes y los grupos de poblaciones que las hablaban a lo largo de los pasados 4 mil años es una explicación a por qué la mayoría de los que ahora viven en el centro, este y sur de África están estrechamente emparentados entre ellos y con los africanos del centro y el oeste”, explicó Carles Lalueza-Fox, investigador del CSIC, que trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del primero y la Universitat Pompeu Fabra).

Los nuevos hallazgos aportan datos sobre las múltiples etapas que conforman la historia antigua del Homo sapiens.

Cazadores recolectores

Los investigadores examinaron el ADN de los niños de Shum Laka al tiempo que analizaron el de antiguos cazadores recolectores del este y sur de África, así como secuencias de diferentes grupos que viven en el continente. Una combinación de todos estos datos ha hecho posible reconstruir el pasado del ser humano atendiendo a un modelo de diferentes linajes divergentes.

Los cuatro niños analizados están más emparentados genéticamente con los actuales cazadores recolectores centroafricanos que con las poblaciones que hoy día hablan lenguas bantúes.

El cráneo que está cambiando lo que creíamos saber sobre la evolución

El reciente descubrimiento de una calavera de 3,8 millones de años carente de mandíbula inferior se ha convertido en el tema de conversación por excelencia entre los paleoantropólogos. Pero se encuentran fósiles todo el tiempo, así que ¿por qué es tan importante la calavera de este viejo hombrecillo? Pues resulta que el descubrimiento está cambiando cómo creíamos que evolucionaron las primeras especies de homínidos a partir de las cuales surgieron los humanos. Comencemos por el principio para entenderlo mejor.

En 1995, los investigadores encontraron en Kenia varias mandíbulas parciales, así como dientes y huesos de extremidades sueltos de entre 4,2 y 3,9 millones de años y los asignaron a una nueva especie: el Australopithecus anamensis. Encontraron todos estos fósiles en los sedimentos asociados a un antiguo lago o “anam”, que significa lago en el idioma local. Después se encontraron otros cuantos especímenes más en Etiopía que, según se cree, pertenecen a la misma especie.

Los rasgos primitivos del A. anamensis nos han llevado a pensar que esta especie es el antepasado del Australopithecus afarensis, un homínido más joven de Tanzania, Etiopía y quizás Kenia que vivió hace entre 3,8 y 3 millones de años. El fósil más emblemático de A. afarensis probablemente sea el esqueleto parcial que conocemos como Lucy y que, durante mucho tiempo, fue considerado el antepasado del ser humano más antiguo del que teníamos constancia.

La calavera que se acaba de descubrir, a la que han apodado “MRD” por su número de registro (MRD-VP-1/1), presenta muchas similitudes con los especímenes de A. anamensis ya existentes, por lo que se asignó a esta especie. Sin embargo, la calavera del MRD estaba lo suficientemente intacta como para permitir que los científicos analizasen por primera vez la cara y el cráneo al completo, y examinasen las partes de la cavidad craneal que faltaban en el registro fósil del A. anamensis.

Los autores descubrieron nuevos rasgos morfológicos en la calavera del MRD que normalmente se consideraban propios de las especies más jóvenes del linaje humano. La profundidad del paladar, por ejemplo, excede la de todos los especímenes conocidos de A. anamensis y A. afarensis e incluso se encuentra entre los paladares más profundos de las especies posteriores de Australopithecus. Esto pone en entredicho la larga y extendida creencia de que la especie de Lucy evolucionó gradualmente a partir del A. anamensis sin ramificarse de la línea evolutiva, un proceso conocido como anagénesis.

Dado que estos rasgos modernos ya estaban presentes en las especies más antiguas, lo más probable es que la especie de Lucy se formase por divergencia evolutiva a partir del A. anamensis, un proceso conocido como cladogénesis. Sin embargo, no se sabe exactamente cuándo experimentó esta divergencia el A. afarensis. Otras pruebas de la cladogénesis proceden de un hueso frontal de 3,9 millones de años procedente de Etiopía y descubierto en 1981. Su forma es diferente a la del MRD, lo que sugiere que este fósil probablemente pertenece al A. afarensis.

En tal caso, debemos revisar la línea temporal de la evolución humana, dado que el A. anamensis habría existido hace de 4,2 a 3,8 millones de años y el A. afarensis de 3,9 a 3 millones de años. Esto supondría que ambas especies coexistieron durante al menos 100.000 años, lo que imposibilita que el A. afarensis haya evolucionado gradualmente a partir de un solo grupo ancestral. De hecho, resulta cada vez más evidente que la mayoría de las especies de nuestro linaje evolutivo probablemente evolucionaron al separarse de los grupos existentes.

Evolución humana

El nuevo descubrimiento también contradice la idea de que la especie de Lucy sea el antepasado de todos los Australopithecus posteriores que finalmente dieron lugar a los humanos.

Tradicionalmente se ha considerado que una curvatura poco pronunciada y ascendente del pómulo es una característica relativamente moderna. Estaba presente en el Australopithecus africanus, que existió hace entre 3,7 y 2,1 millones de años en el sur de África y algunos lo consideran un antepasado directo del linaje Homo; y en el Paranthropus, que vivió hace entre 2,7 y 1,2 millones de años en el sur y este de África, y no pertenece a nuestra línea evolutiva.

El rasgo opuesto, es decir, un pómulo bajo y arqueado, se considera primitivo y está presente en el A. afarensis, en el Ardipithecus ramidus, un homínido más parecido a los simios que vivió hace entre 4,3 y 4,5 millones de años en Etiopía, y en los simios africanos.

Sin embargo, la cresta del cráneo del MRD, que es inesperadamente moderna, ahora cuestiona esta idea. Además, plantea la posibilidad de que la teoría tradicional que consideraba al A. afarensis como el antepasado de todos los grupos Australopithecus posteriores podría haber sido errónea y que, en su lugar, el A. anamensis sería el antepasado de estas especies más jóvenes. Qué homínido primitivo es el antepasado directo de los humanos sigue siendo una cuestión sin resolver.

A todas luces, este último descubrimiento nos ha permitido comprender mejor nuestro pasado evolutivo, pero también ha aumentado la complejidad de las relaciones entre los primeros homínidos. El Plioceno Medio, que tuvo lugar hace entre 5,3 y 2,6 millones de años, de repente se ha llenado de especies diferentes, contemporáneas y extendidas geográficamente.

Comprender cómo se relacionaban estas especies, definir su morfología de forma certera y descifrar la compleja e intrincada historia de la hominización no es algo sencillo. Los especímenes de cada nuevo yacimiento representan un punto distinto de la trayectoria evolutiva, pero no es fácil convertir estos hallazgos en las ramas sólidas y fidedignas de un árbol filogenético.

Más especímenes procedentes de períodos históricos y ubicaciones geográficas que actualmente están subrepresentados en el registro fósil podrían ayudar a resolver estas cuestiones, pero también podrían poner patas arriba todo cuanto sabemos.

Los descubrimientos que se han realizado durante la última década en todo el mundo han hecho que nos replanteemos nuestro pasado evolutivo por completo. Estos hallazgos demuestran que los nuevos fósiles no siempre avalan las hipótesis actuales y que debemos estar preparados para cambiar nuestros puntos de vista y formular nuevas teorías basándonos en los datos disponibles.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Yohannes Haile-Selassie con un fragmento de cráneo.Foto Afp

Hallado en Etiopía, MRD, de 3.8 millones de años, pudo haber coexistido con otras especies

 

Adís Abeba. Un cráneo "notablemente completo" de 3.8 millones de años de antigüedad fue encontrado en Etiopía, descubrimiento que podría hacer cambiar de manera drástica la comprensión de la evolución humana, anunciaron científicos ayer.

El cráneo, designado con la sigla MRD, fue hallado no lejos de donde fue encontrada la joven Lucy –el ancestro más antiguo de los humanos modernos–, lo que demostraría que dos especies distintas habrían coexistido durante unos 100 mil años.

"Es uno de los fósiles más completos de homínido con más de 3 millones de años de antigüedad", destacó el etíope Yohannes Haile-Selassie, reconocido paleoantropólogo del Museo de Historia Natural de Cleveland (Ohio, Estados Unidos), coautor de dos estudios publicados este miércoles en Nature.

"Todo parece indicar que se convertirá en otro ícono célebre de la evolución humana", que se añade a otros grandes hallazgos de homínidos de alto perfil, como los famosos Toumai, Ardi y Lucy, escribió Fred Spoor, del Museo de Historia Natural de Londres, en un comentario que acompaña a los informes.

A título de comparación, Toumai (un Sahelanthropus tchadensis), considerado el primer representante del linaje humano, tiene aproximadamente 7 millones de años. Fue encontrado en 2001 en Chad.

Ardi (por Ardipithecus ramidus, otra especie de homínido), hembra encontrada también en Etiopía, tendría 4.5 millones de años, y Lucy, la famosa australopiteco descubierta en el país africano en 1974, de unos 3.2 millones de años.

Otros fósiles de australopiteco menos conocidos datan de al menos 3.9 millones de años, pero sólo han sido encontrados mandíbulas y dientes. Sin un cráneo "viejo", la comprensión de la evolución de estos homínidos extintos continuaba siendo muy parcial.

Descubierto en febrero de 2016 en el sitio de Woranso-Mille, en la región de Afar (a 55 kilómetros de donde se encontró a Lucy), MRD pertenece a uno de los primeros Australopithecus, el anamensis.

“Creemos que el A. anamensis (MRD) se convirtió en el A. afarensis (Lucy) con el paso del tiempo”, afirmó Stephanie Melillo, del Instituto Max Planck de antropología evolutiva en Alemania, coautora de ambos trabajos.

Paleóntologos excavando en el yacimiento de Denísova./ SB RAS

Una cueva en Siberia es en el único lugar conocido del mundo en el que coincidieron los misteriosos denisovanos, los neandertales y posiblemente los humanos modernos.


Estaban los neandertales y entonces llegaron los Homo sapiens, coexistieron durante muchos miles de años, se amaron o no, se pelearon o no, el caso es el que al final solo quedamos nosotros. Esta versión lineal y popular de la evolución humana en nuestra parte del mundo nunca fue tan simple pero se ha tenido que modificar drásticamente desde hace apenas 10 años por la aparición de unos terceros en discordia del género Homo durante el Pleistoceno, los denisovanos. Serían, junto con los neandertales, los parientes extintos más cercanos a los humanos actuales.


Nacidos para la paleontología en base únicamente al análisis genético de unos pequeños fragmentos de hueso y de dientes hallados en Denísova, una remota cueva en Siberia, ahora ya se sabe que los denisovanos o sus descendientes se extendieron por medio mundo antes de extinguirse y que su impronta genética se encuentra en lugares tan lejanos como Papúa-Nueva Guinea. Sin embargo, los fósiles siguen siendo escasos, no se conoce su aspecto, y el hallazgo de un fragmento de cráneo en la citada cueva en la región de Altai se considera un primer paso importante aunque insuficiente en el conocimiento de la especie. El cráneo es la parte del cuerpo humano más buscada por los paleontólogos, ya que da mucha información sobre el desarrollo cerebral, y por eso es noticia la presentación de este descubrimiento en el congreso de la Asociación Americana de Antropología Física en Cleveland (EE UU).


El investigador canadiense Bence Viola presentó un fragmento parietal (partido en dos) hallado en la cueva de Denísova, cuyo análisis genético indica que es denisovano. Esto es importante porque se cree que habitaron la cueva durante centenares de miles de años, además de esta especie, neandertales y al final posiblemente humanos modernos, hasta épocas muy recientes además. “Hasta ahora no se han identificado como denisovanos fósiles de otros lugares y una de las razones es que se conoce muy poco sobre su morfología”, dicen Biola y sus compañeros de investigación, entre los que está el famoso paleogenetista Svante Pääbo. “Este es el primer indicio de su morfología craneal”.


Los denisovanos serían los primos asiáticos de los neandertales, que se extendieron por Europa, pero los análisis más recientes y completos de la ocupación de la cueva desde hace 300.000 años, publicados hace dos meses, indican la presencia allí, alternativa a veces y coincidente en otros periodos, de neandertales y denisovanos hasta hace 50.000 años. Precisamente el hallazgo más espectacular, en 2018, fue el primer híbrido de neandertal y denisovano, una hembra a la que han llamado Denny, de madre neandertal y padre denisovano, que vivió hace 100.000 años allí y cuya existencia para la ciencia deriva del análisis genético de un solo fragmento óseo. También se han encontrado adornos y herramientas de hace unos 49.000 años parecidas a las que hacían los humanos modernos, por lo que algunos creen que el Homo sapiens vivió allí también, aunque los investigadores rusos piensan que fueron los denisovanos, quizás en contacto con el sapiens, los que tallaron estos objetos.


La cueva, un yacimiento que es un verdadero rompecabezas, se ha convertido en el objeto de deseo de paleontólogos de todo el mundo, pero en estos últimos años han surgido también muchos datos nuevos sobre poblaciones asiáticas desconocidas, que podrían ser identificadas en el futuro como denisovanos, o no, dada la complejidad del asunto. También se ha especulado que los fósiles de la famosa Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos), de hace 430.000 años, podrían ser de esta especie. Hasta ahora se atribuyen a Homo heidelbergensis, un preneandertal.


La pared craneal del fragmento presentado ahora es sorprendentemente gruesa y este no se parece a ningún cráneo de otra especie conocida del genéro Homo, dijo Viola, aunque en algunos rasgos presenta similitud con el de neandertales y de la Sima de los Huesos. María Martinón Torres, del University College en Londres (UCL) y directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), en Burgos, comentó en Cleveland lo difícil que resulta atribuir rasgos esqueléticos precisos a poblaciones que se han podido cruzar a lo largo de la historia, informa Science News. Martinón estudia precisamente algunos fósiles chinos y especialmente los dientes, que dan muchísima información a los paleontólogos, y cree que en China se está reescribiendo el relato de la evolución humana.


No todos los especialistas están de acuerdo en considerar una especie de homínido diferente a los denisovanos, sin embargo, y además sobre la única prueba de su análisis genético. De hecho, todavía no tienen nombre científico. Uno de ellos es Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, quien señaló en Cleveland que pueden considerarse primos de los neandertales que divergieron pronto y son genéticamente equidistantes del Homo sapiens y del Homo neanderthalensis. El árbol de la evolución sigue dando sorpresas.

madrid
02/04/2019 08:07 Actualizado: 02/04/2019 08:07
MALEN RUIZ DE ELVIRA