La evolución del hombre en una ilustración utilizada por Thomas Huxley, firme defensor de Darwin en su época. — ARCHIVO

Se cumplen este año 150 años de la publicación de uno de los libros más influyentes de Charles Darwin, 'El origen del hombre', posterior a y menos conocido que el pionero 'El origen de las especies'.

 

Se cumplen este año 150 años de la publicación de uno de los libros más influyentes de Charles Darwin, El origen del hombre, posterior a y menos conocido que el pionero El origen de las especies. Con sus aciertos y sus errores, esta obra, con la que culminaba la exposición de su teoría de la evolución, tuvo un gran peso en el desarrollo de las modernas teorías científicas en esta área y tres de sus más importante enunciados han sido reforzados por la ciencia, recuerdan varios especialistas siglo y medio después.

Se confirma, por ejemplo, que los seres humanos compartimos muchas características (ahora se sabe que entre ellas está el 96% del material genético) con los simios antropoides como el gorila y el chimpancé, de los que nos separamos evolutivamente hace entre 8 y 6 millones de años. Además, los humanos tenemos la habilidad de un alto nivel de cooperación, reforzado por las normas morales y sociales. Por último hemos ampliado mucho la capacidad de aprendizaje social que vemos en otros primates. Es lo que dicen el conocido etólogo y primatólogo Frans de Waal y sus colegas Peter Richerson y Sergey Gravilets, en la revista Science al evaluar la situación actual a la luz del aniversario.

Para Darwin estaba claro que los humanos actuales eran animales, vertebrados, mamíferos y primates, descendientes de un ancestro común, y que constituyen una misma y única especie, lo que refutaba la teoría racista de que existían varias especies humanas. Darwin también creía que la cultura y la evolución cultural son especialmente importantes para el progreso y constituyen la fuente principal de variación, que se trasmite por la imitación y la educación. La selección natural queda así en un segundo plano. Finalmente aseguraba que la cooperación y el sentido moral, "la mejor y superior diferencia entre el hombre y los animales inferiores", evolucionaron a partir de las tendencias a la ayuda mutua y la abnegación que son "comunes a la mayor parte de los animales sociales", algo revolucionario para su época. De hecho, solo bastante recientemente la ciencia ha estudiado y confirmado tanto esto como la existencia de cultura animal.

Además, Darwin pensaba que era más probable que nuestros antepasados vivieran en África que en cualquier otro lugar, aunque no lo pudo probar, frente al eurocentrismo de muchos de sus colegas de la época. También eso se ha confirmado. Lo que no pudo llegar a ajustar en su teoría es la pregunta que cualquiera se hace: "¿Por qué nosotros?", respecto al salto que representa la gran diferencia mental (y de tamaño cerebral) entre humanos y sus parientes más cercanos. A esa pregunta resulta que todavía no existe una respuesta aceptada de forma general, reconocen De Waal y sus compañeros, aunque hay muchas teorías interesantes.

Entre los cambios evolutivos que emergieron en el desarrollo de la especie humana sobresalen los que llevaron a la aparición de sistemas sociales para apoyar a las madres cuyos bebés nacían sin poderse valer por sí mismos y tenían luego un lento desarrollo, al contrario que en la mayoría de las especies. Esa evolución dio por fruto un alargamiento sustancial del intervalo entre nacimientos y una vida más larga. Asimismo, el lenguaje es un rasgo característico del Homo sapiens y todavía se desconoce cómo surgió.

En El origen del hombre, sin embargo, también hay sombras, o errores cuando se contempla desde nuestros días. "Es un texto del que aprender, pero que no hay que venerar", dice Agustín Fuentes, de la Universidad de Princeton, en la misma revista. Darwin se mostró como representante de su época, al apoyar una visión racista y sexista de la humanidad sin basarse en datos. Despreció a los indígenas de América, Australia y África como menos capaces que los europeos a pesar de que ello contradecía sus propias teorías, y llegó a justificar los imperios, el colonialismo e incluso el genocidio por "la supervivencia del más apto", aunque estaba en contra de la esclavitud. También consideró inferiores a las mujeres blancas respecto a los hombres blancos, nuevamente con argumentos pseudocientíficos que todavía resuenan, asegura Fuentes, quien aboga por una actitud crítica respecto a la importante obra de Darwin y por avanzar hacia una ciencia de la evolución de los humanos, no del "hombre".

madrid

25/05/2021 07:30

Por Malen Ruiz de Elvira

Hay unos 50 mil millones de aves en el mundo, revela nuevo estudio

Madrid. Un estudio de big data, basado en observaciones de la ciencia ciudadana y en algoritmos detallados, sugiere que hay unos 50 mil millones de aves en el mundo, unos seis pájaros por ser humano.

La investigación de la Universidad de Nueva Gales del Sur y publicada en PNAS indica además que pertenecen a 9 mil 700 especies diferentes, incluidas las no voladoras como los emús y los pingüinos.

"Los seres humanos hemos dedicado un gran esfuerzo a contar los miembros de nuestra especie, los 7 mil 800 millones de personas. Este es el primer esfuerzo exhaustivo para contar un conjunto de otras especies", afirma Will Cornwell, profesor asociado y ecólogo de la UNSW Science y coautor del estudio.

El equipo de investigación llegó a sus cifras al reunir casi mil millones de avistamientos de aves registrados en la base de datos en línea eBird. A partir de esos datos, y de estudios de casos detallados cuando se disponía de ellos, desarrollaron un algoritmo para estimar la población mundial real de cada especie.

Sólo cuatro especies pertenecían al club de los mil millones: el gorrión común (mil 600 millones) encabeza el grupo, que también incluye al estornino europeo (mil 300 millones), la gaviota de pico anillado (mil 200 millones) y la golondrina común (mil 100 millones).

Nuevo estudio pone en tela de juicio la asentada teoría del origen de los vertebrados

Un nuevo estudio de la Universidad de Chicago, el Museo Canadiense de la Naturaleza y el Museo de Albany puso en tela de juicio una asentada teoría del origen de los vertebrados.

Sostenida desde hace tiempo, se suponía que las larvas ciegas y filtradoras de las lampreas modernas son un remanente del pasado lejano, parecido a los ancestros de todos los vertebrados vivos, incluidos los seres humanos.

Los nuevos descubrimientos fósiles indican que las antiguas crías de lamprea se parecían más a las adultas modernas, y eran completamente diferentes de sus larvas modernas, según publican investigadores en la revista Nature.

Las lampreas, criaturas inusuales sin mandíbulas, parecidas a anguilas, han proporcionado durante mucho tiempo información sobre la evolución de los vertebrados, explicó Tetsuto Miyashita, autor principal del estudio, ex becario en la Universidad de Chicago y paleontólogo en el Museo Canadiense de la Naturaleza.

"Las lampreas tienen un ciclo de vida absurdo. Una vez eclosionadas, las larvas se entierran en el lecho del río y filtran el alimento antes de eventualmente metamorfosearse en adultos chupadores de sangre. Son tan diferentes de los adultos que los científicos originalmente pensaron que eran un grupo de peces totalmente distinto", agregó.

Miyashita señaló que "las larvas de lamprea modernas se han utilizado de modelo de la condición ancestral que dio lugar a los linajes de vertebrados. Parecían lo suficientemente primitivos, comparables a los invertebrados gusanos, y sus cualidades coincidían con la narrativa preferida de la ascendencia de los cordados. Pero no teníamos pruebas de que una forma tan rudimentaria se remontara al comienzo de la evolución de estos últimos", destacó, citado por EurekaAlert.

Cambio en la historia

Pero los fósiles recién descubiertos en Illinois, Sudáfrica y Montana están cambiando la historia. Conectando los puntos entre docenas de especímenes, el equipo de investigación se dio cuenta de que se habían conservado diferentes etapas del ciclo de vida de la lamprea antigua, lo que permitió a los paleontólogos rastrear su crecimiento desde la cría hasta la adultez.

En algunos de los especímenes más pequeños, del tamaño de una uña, la preservación del tejido blando incluso muestra los restos de un saco vitelino, lo que indica que el registro fósil había capturado estas lampreas poco después de la eclosión.

Los investigadores dicen que estos resultados desafían la narrativa evolutiva de 150 años de que las larvas de lamprea modernas ofrecen un vistazo de las condiciones profundas de los vertebrados ancestrales. Al demostrar que las lampreas antiguas nunca pasaron por la misma etapa ciega de alimentación por filtración que se observa en las especies modernas, los investigadores han modificado este preciado modelo ancestral.

Fósil de dickinsonia, animal de la era Ediacara.Foto Mary Droser/ UCR

inguna tenía cabeza o esqueleto // Muchas parecían alfombras de baño tridimensionales en el fondo del mar, explican

Las criaturas oceánicas de 555 millones de años del periodo Ediacara comparten genes con los animales actuales, incluidos los humanos, según un estudio de la Universidad de California en Riverside.

 

"Ninguno tenía cabeza o esqueleto. Muchos probablemente parecían alfombras de baño tridimensionales en el fondo del mar, discos redondos que sobresalían", afirmó en un comunicado Mary Droser, profesora de geología en esa casa de estudios.

"Estos animales son tan extraños y tan diferentes que es difícil asignarlos a categorías modernas de organismos vivos con sólo mirarlos, y no es como si pudiéramos extraer su ADN, no podemos", agregó.

Sin embargo, los registros fósiles bien conservados han permitido a Droser y Scott Evans, principal autor del estudio y recién graduado de doctorado de la Universidad de California en Riverside, vincular la apariencia y los comportamientos probables de los animales con el análisis genético de los seres vivos actualmente. Su investigación sobre estos enlaces se publicó recientemente en la revista Proceedings, de la Real Sociedad B.

Para su análisis, los investigadores consideraron cuatro animales representativos de las más de 40 especies reconocidas que se han identificado desde la era Ediacarana. Estas criaturas variaban en tamaño desde unos pocos milímetros hasta casi un metro de longitud.

Las kimberella eran criaturas en forma de lágrima con un extremo ancho y redondeado y otro estrecho que probablemente raspaba el fondo del mar en busca de comida con una trompa. Además, podrían moverse usando un "pie musculoso", como los caracoles de ahora. El estudio incluyó a dickinsonia plana, de forma ovalada con una serie de bandas elevadas en la superficie, y Tribrachidium, que pasaron sus vidas inmovilizados en el fondo del mar.

También se analizaron los ikaria, animales descubiertos recientemente por un equipo que incluía a Evans y a Droser. Tenían aproximadamente el tamaño y la forma de un grano de arroz y representan los primeros bilaterianos: organismos con un frente, un dorso y aberturas en cada extremo conectados por un intestino.

Evans sostuvo que es probable que ikaria tuviera bocas, aunque no se conservaron en los registros fósiles, y se arrastraron a través de la materia orgánica "comiendo a medida que avanzaban".

Los cuatro animales eran multicelulares, con células de diferentes tipos. La mayoría tenía simetría en sus lados izquierdo y derecho, así como sistemas nerviosos y musculatura no centralizados.

Además, parecen haber podido reparar partes dañadas del cuerpo mediante un proceso conocido como apoptosis. Los mismos genes involucrados son elementos claves del sistema inmunológico humano, lo que ayuda a eliminar las células precancerosas e infectadas por virus.

Estos animales probablemente tenían las partes genéticas responsables de las cabezas y los órganos sensoriales que generalmente se encuentran allí. Sin embargo, aún no se había logrado la complejidad de la interacción entre estos genes que daría lugar a tales características.

"El hecho de que podamos decir que estos genes operaban en algo que se ha extinguido durante 500 millones de años es fascinante para mí", concluyó Evans.

Cabeza de ornitorrinco australiano. — Archivo / ENVIRONMENT.SA.GOV.AU

El primitivo animal con pico de pato y 10 cromosomas sexuales es un rompecabezas de ave, mamífero y reptil.

El origen del ornitorrinco, uno de los animales más raros del mundo y no solo por su aspecto, está ya un poco más claro, tras completarse el análisis de sus genes, que da pistas muy interesantes sobre su evolución y, de paso, sobre la de todos los mamíferos. Su mapa genético explica la mezcla de ave, reptil y mamífero que le convierte en ese animal semi acuático de pico de pato que pone huevos pero también da de mamar a sus crías y que además tiene nada menos que 10 cromosomas sexuales, en vez de los dos que tienen, por ejemplo, los humanos.

Se puede considerar al ornitorrinco una quimera biológica, un experimento de la evolución de los vertebrados que produjo una criatura viable que consiguió adaptarse ecológicamente antes de que los demás mamíferos aparecieran siquiera en el panorama de la vida. Lo que queda claro es que es muy antiguo y primitivo, porque el análisis genómico indica que ha cambiado poco a lo largo de la historia.

Uno de los tres linajes de mamíferos en zoología está dedicado exclusivamente al ornitorrinco y a los equidnas, similares a los erizos, lo que indica lo especiales que son. Es el de los monotremas, de los que ya solo quedan una especie de ornitorrinco (en el este de Australia, donde es todo un atractivo turístico y tiene problemas para sobrevivir) y tres especies de equidnas (en Australia y Nueva Guinea).

Los investigadores que han compilado el genoma completo de ornitorrinco y equidna creen que los 10 cromosomas sexuales, cinco X y cinco Y (los equidnas tienen nueve), proceden de un anillo original de estos cromosomas, más parecidos a los de las aves que a los de los mamíferos, que luego se fue rompiendo en los diferentes caminos de la evolución.

Por otra parte, han encontrado que tiene un solo gen que le permite producir las proteínas de los huevos (mientras que los pollos tienen tres) pero que esto no es importante para su supervivencia porque como también sus genes le permiten ser lactante (a través de un extraño complejo de glándulas en la piel) puede alimentar a sus crías tras eclosionar. El que produzca leche convierte al ornitorrinco en una especie de puente entre dos estrategias de reproducción, la puesta de huevos y la vivípara de todos los demás mamíferos. "Nos informa de que la producción de leche en todas las especies existentes se ha desarrollado con el mismo conjunto de genes derivados de un ancestro común que vivió hace más 170 millones de años, al tiempo que los primeros dinosaurios del periodo Jurásico", explica Goujie Zhang, coordinador del amplio equipo de cinco países que ha secuenciado y analizado el genoma. Zhang es investigador en la Universidad de Copenhague y en varias instituciones chinas.

Con los datos ahora disponibles, se estima que los monotremas divergieron de los terios (marsupiales como los canguros y placentarios como los humanos) hace unos 187 millones de años y que ornitorrincos y equidnas se separaron hace 55 millones de años. "Comparar los genomas de monotremas y humanos nos puede informar sobre nuestro ancestro común y lo que ha cambiado en estos millones de años en ambos", explica Jenny Graves, de la Universidad La Trobe. Además, se ha visto que el ornitorrinco perdió genéticamente el desarrollo de los dientes hace unos 120 millones de años. Ahora usa unas placas en el pico para triturar su comida (es carnívoro).

Todo esto se explica en los resultados publicados en la revista Nature. Hasta ahora se disponía del genoma incompleto de un ornitorrinco hembra y en él no se incluyeron los cromosomas Y. El ahora secuenciado es macho y entre los dos se ha obtenido un genoma mucho más completo.

Esta antigüedad biológica necesita ayuda para sobrevivir y el genoma mejorará el control de la población y su reproducción en cautividad. Además, se ha creado en Australia una web a través de la cual los ciudadanos pueden comunicar avistamientos, ya que son animales predominantemente nocturnos. Protegido asimismo en la reserva de Kangaroo Island, en Australia del Sur, su Gobierno recuerda que el ornitorrinco tiene pico de pato, cola de castor, pelaje de nutria y patas palmeadas. No es extraño que cuando los primeros especímenes se enviaron a Inglaterra en el siglo XVIII los científicos pensaran que se trataba de un compuesto de varios animales y que les intentaban engañar. Y además se ha descubierto recientemente que su piel es fluorescente y que las patas traseras de los machos tienen espuelas venenosas. Sigue dando sorpresas.

12/01/2021 07:29

Por malen ruiz de elvira

Lanzada la campaña #PrimeroElSerHumano

Este lunes 20 de abril, a treinta días de iniciado el encierro “voluntario” en Bogotá, para el caso de Colombia, y tras más de cien días del estallido de la crisis de salud pública en China y que ha llevado al capitalismo a una desaceleración nunca imaginada, aunque sí deseada y propuesta por el ambientalismo crítico, con miles de muertos en Italia, España, Alemania, Francia, Estados Unidos, Brasil, Ecuador y otros muchos países, y una evidente crisis del sistema de salud en todo el mundo producto evidente de un capitalismo depredador y anti natura, el equipo humano con asiento en Colombia y que hace posible el periódico desdeabajo, con el apoyo desinteresado de compañeras y compañeros de diversidad de países ha subido a la red global el mensaje central de la campaña: #PrimeroElSerHumano.

Desde el mismo momento en que el gobierno local bogotano tomó la decisión de enclaustrar a quienes habitan esta parte de Colombia y el mundo, con extensión posterior al gobierno nacional de este país, en desdeabajo nos cuestionamos por la pasividad con que los actores sociales recibieron la decisión oficial, destacándose de manera sorprendente el silencio que siguió a la orden, así como las actitudes individuales antes que las colectivas frente a la misma.

Por ello este llamado acude al slogan ampliado por doquier: “Quédate en casa”, pero únete y reclama #PrimeroElSerHumano. Es decir, desde un primer momento, sin llamar a la gente a que ponga en juego su vida, está la deuda con la acción común por un cambio en las circunstancias de nuestro mundo, el presente y el futuro, en el cual, con equilibrio ecológico, debemos procurar una realidad totalmente diferente a la vivida hasta ahora por el ser humano. Proceder que no puede ser individual.

Y así debe ser pues de lo contrario un efecto tal vez no consciente de lo hasta ahora mandado por el poder real en cada uno de los países en pro de controlar el Covid-19, así como en lo global, el encierro, la acción individual, el disciplinamiento, termina desmovilizando a esa misma sociedad, local y global, en su proceder por una realidad cotidiana radicalmente diferente a la hasta ahora vivida. Una reacción individual, pasiva, complaciente, que termina por legitimar el poder global y local, el mismo que ha llevado a la humanidad a la situación que hoy padece.

Pretenden con esta campaña, las mujeres y hombres que hacen posible a desdeabajo, así como todas aquellas personas que desde otros países facilitan y potencian su existencia, por tanto, que levantemos una voz común, un grito de esperanza y sueño en un futuro a favor de la humanidad y del conjunto de la naturaleza, hermanados en fraternidad y respeto por un derecho que debe ser común al conjunto de especies y formas de vida que habitamos en esta parte del universo.

Es una voz colectiva, un grito, desprendido tras una primera enseñanza evidente de esta crisis acelerada por el Covid-19: Otro mundo ¡sí es posible!, Otra democracia ¡sí es posible!, Una sociedad entre iguales ¡sí es posible!, Una sociedad fraternizada ¡sí es posible!, Una sociedad que no siga destruyendo la naturaleza ¡sí es posible!, Un mundo sin explotación a ninguna escala ¡sí es posible!

Pero para hacerlo posible, necesitamos actuar en unidad plena, sabiendo que los muchos y muchas del mundo, así como el conjunto de la naturaleza, vivimos en exclusión y negación, padeciendo las decisiones de un poder que está en manos del 1 por ciento, el mismo que concentra riqueza, poder militar, poder político, poder mediático, tierra, ciencia y tecnología, redes para el flujo incesante de sus riquezas, ahora conectadas vía financiarización del capital y de la economía global.

El Covid-19, a la par de la crisis que desató, en unos casos, y en otros, a la par de las crisis que aceleró, abrió una oportunidad para el 99 por ciento de quienes habitamos esta parte del universo, y el reto está ante todos y todas, un reto para cambiar el curso que llevamos como especie: ¡No lo desaprovechemos!

 

Publicado enSociedad
Los hipopótamos del narco Escobar, ¿especie invasora o restauradores del ecosistema?

Decenas de especies introducidas por los humanos cubren el vacío de las extinguidas hace miles de años

Una de las excentricidades del narcotraficante Pablo Escobar fue montar un zoológico privado en la selva colombiana. Cuando fue abatido por la policía, en 1993, las autoridades recuperaron a casi todos los animales, pero no supieron qué hacer con los cuatro hipopótamos que se había traído de África. Eran demasiado grandes y violentos para moverlos de allí y únicos para sacrificarlos. Casi 30 años después, ya son unos 80 ejemplares. Para la mayoría de los científicos son una especie invasora. Sin embargo, un nuevo estudio sostiene que estos animales y varias decenas de especies forasteras más están ocupando el hueco dejado por los grandes hervíboros extinguidos por los humanos del pasado.

Salvo en África y Asia, apenas quedan grandes herbívoros sobre el planeta. Los mamuts, los zygomaturus, unos marsupiales de 500 kilogramos, o la Hemiauchenia paradoxa, una llama enorme de una tonelada, desaparecieron en paralelo a la gran expansión humana tras la última edad de hielo, en el final del Pleistoceno. Estos animales, ya pastaran o ramonearan, eran parte esencial de todo ecosistema. Además de ser el sustento de los carnívoros, controlaban la vegetación, diseminaban semillas y protagonizaban el ciclo de los nutrientes.

En fechas más recientes, los humanos han introducido muchas especies en nuevos hábitats. Los caballos llevados a América por los españoles, los burros ahora salvajes de Australia o los hipopótamos que Escobar llevó a su Hacienda Nápoles (Doradal, Colombia) son algunos de los 33 ejemplos que han usado un grupo de científicos para comprobar si estas especies cambiadas de sitio ejercen las funciones que desempeñaban las desaparecidas.

“Sin una máquina del tiempo, tenemos que inferirlo apoyándonos en las características del organismo en cuestión, los rasgos que influyen en su impacto sobre el medio”, dice el investigador de la Universidad de Tecnología de Sidney (Australia) y principal autor del estudio Erick Lundgren. “Había muchas especies en América del Sur antes de las extinciones provocadas por los humanos que se parecían, hasta cierto punto, a los hipopótamos. Son más parecidos en todos los rasgos [estudiados] a las llamas gigantes extintas, aunque diferían en el uso del hábitat”, detalla Lundgren. “Existe una gran probabilidad de que si estudiamos los hipopótamos en el contexto de las extinciones del Pleistoceno tardío y según los roles de ingeniería de ecosistemas que desempeñan en África, encontraríamos una historia compleja: que los hipopótamos puede que desplacen a algunas especies nativas, pero que también facilitan otras. Como pasa con todas las especies”, concluye.

El estudio, publicado en PNAS, parte de las especies de herbívoros de más de 10 kilos que había en la parte final del Pleistoceno, unas 430. De ellas, el 35% ya han desaparecido, con porcentajes mucho más altos en América y Australia, donde se han perdido el 65% de las que había y en Europa, donde se han extinguido más de la mitad. Para comparar entre estas especies extinguidas y las 33 introducidas, Lundgren y sus colegas tuvieron en cuenta aspectos como su masa corporal, la forma de alimentarse (pastos o brotes y hojas), las características de su hábitat original y el de destino, su forma de desplazarse o cómo digieren la comida. Todos estos rasgos perfilan las funciones ecológicas que cumple cada animal.

Los resultados de esta investigación sostienen que el 64% de las especies introducidas por los humanos en continentes distintos al del rango original son más parecidas a las extinguidas que a las nativas existentes. Eso habría llevado a que, al menos en su aportación al ecosistema, los herbívoros forasteros han recuperado hasta la mitad de la riqueza biológica perdida en Europa, Australia o en América del Norte. En Sudamérica la recuperación ha sido menor, mientras que en Asia y África apenas había terreno perdido que recuperar.

Para el investigador de la Universidad de Alcalá de Henares y también coautor del estudio Óscar Sansidro, “muchas de estas especies introducidas solapan con parte de la megafauna fósil en continentes como Norteamérica o Europa”. Sin embargo, añade, “que en Sudamérica o Australia ocurre algo distinto: aunque parecen recuperar parte de los roles ecológicos perdidos, ocupan otros nuevos, convirtiéndolos en potenciales problemas”. E incluye aquí a los hipopótamos de Escobar. “Esta población sigue creciendo sin control y su actividad incrementa la productividad de los ríos y lagos donde pasan la mayor parte del tiempo. Esto puede producir crecimiento algal y eutrofización, lo que puede significar dañar gravemente los ecosistemas”.

Tras dos años siguiendo a la descendencia de los hipopótamos del narco, un grupo de investigadores liderados por el ecólogo de la Universidad de California en San Diego Jonathan Shurin publicó en enero pasado sus resultados. Aunque se desconoce la cifra exacta, sus estimaciones apuntan a que ya son unos 80 los hipopótamos que hay en Colombia. La mayoría siguen en alguno de los 70 lagos y embalses que había en las 3.000 hectáreas de la Hacienda Nápoles, hoy reconvertida en parque temático. Pero algunos han sido vistos a 150 kilómetros de allí río Magdalena abajo. De seguir el ritmo de crecimiento de estos años, todo apunta a que habrá unos 780 ejemplares en 2040, que se habrán multiplicado por 10 20 años más tarde.

“El ecosistema ya no se parece en nada al que era, un bosque húmedo tropical convertido en su mayoría en ranchos y plantaciones de palma aceitera”, recuerda Shurin, que no ha participado en el estudio actual. “Esto no tiene nada que ver con la pérdida de los megaherbívoros y todo con el uso de la tierra y recuperar a los grandes animales no revertirá este cambio”, añade. Para el ecólogo estadounidense, los hipopótamos de Escobar “deben ser retirados o contenidos”.

23 mar 2020 - 14:04 COT

Publicado enColombia
Científicos demuestran finalmente una de las teorías de la evolución de Darwin

Los datos arrojados por esta investigación podrían ser utilizados por grupos conservacionistas para determinar dónde enfocar sus esfuerzos y evitar que especies en peligro se extingan.

Un equipo de científicos de Reino unido ha logrado probar una de las teorías de la evolución de Charles Darwin por primera vez, casi 140 años después de su muerte, descubriendo que las subespecies de mamíferos juegan un papel más importante en la evolución de lo que se pensaba, según señala el estudio publicado este 18 de marzo en la revista Proceedings of the Royal Society.

En la obra 'El origen de las especies', Darwin señalaba que las especies estaban "muy marcadas y bien definidas". También advertía que cada una tenía variedades específicas determinadas por territorios, que podían estar muy relacionadas, y que dentro de estas especies podrían estar desarrollándose otras nuevas. Esto lo llevó a desarrollar su teoría de la evolución y selección natural, pero no había sido demostrada científicamente hasta ahora.

Laura van Holstein, estudiante de doctorado de Antropología Biológica en la Universidad de Cambridge, y principal autora de la nueva investigación se basó en el análisis de cientos de años de registros efectuados por naturalistas, incluso de antes de 1859, cuando Darwin publicó su libro, recoge el portal Eurekalert.

La etapa inicial de una nueva especie

Después estudiar la relación entre las especies y subespecies, se logró demostrar que esta últimas "juegan un papel crítico" en la dinámica evolutiva a largo plazo de las especies. "Siempre lo han hecho, que es lo que Darwin sospechaba cuando definía qué era realmente una especie", señala van Holstein. "Las subespecies pueden considerarse una etapa inicial de una nueva especie", afirma.

El nuevo estudio también demostró que la evolución ocurre de manera diferente en los mamíferos terrestres, los mamíferos marinos y los murciélagos debido a las diferencias en sus hábitats. "Por ejemplo, si una barrera natural como una cadena montañosa se interpone, puede separar grupos de animales y enviarlos a sus propios viajes evolutivos. Los mamíferos voladores y marinos, como los murciélagos y los delfines, tienen menos barreras físicas en su entorno", explica.

Evitar la extinción

La investigación actúa como otra advertencia científica de que el impacto humano en el hábitat de los animales no solo les afectará ahora, sino que afectará su evolución en el futuro. Esta información podría ser utilizada por grupos conservacionistas para determinar dónde enfocar sus esfuerzos y evitar que especies en peligro se extingan.

"El impacto en los animales variará dependiendo de cómo su capacidad de desplazarse se vea afectada", concluye van Holstein esperando que los nuevos hallazgos puedan también ayudar a predecir la tasa de especiación de las especies en peligro de extinción y las que no están en peligro.

 

Publicado: 19 mar 2020 07:16 GMT

El Hemiscyllium michaeli es una especie de tiburón caminante que vive en arrecifes de coral en la región de la bahía de Milne, en el este de Papúa Nueva Guinea.

Los tiburones han poblado los mares del mundo durante cientos de millones de años. En ese periodo, muchas especies apenas han cambiado. Cuatro especies de tiburones, del género Hemiscyllium, fueron descubiertas por un grupo de expertos de la Universidad de Queensland, en Australia, según estudio publicado en la revista especializada Marine and Freshwater Research.

Estas criaturas de casi un metro de largo viven cerca de Australia y, como su nombre indica, mueven las aletas pectorales delanteras y las aletas ventrales traseras para caminar lenta y pesadamente por el fondo marino o incluso sobre arrecifes de coral fuera del agua durante la marea baja. Esta movilidad permite que los tiburones se desplacen entre las charcas de marea y diferentes áreas del arrecife para depredar cangrejos, camarones, pececillos o cualquier otra cosa que puedan encontrar.

"Durante la marea baja, se convertían en el depredador apical del arrecife", explica Christine Dudgeon, investigadora de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia.

Un estudio a largo plazo de un equipo de colaboradores internacional ha hallado cuatro nuevas especies de tiburones caminantes desde 2008, lo que eleva el total de especies de tiburones caminantes a nueve. Los investigadores también han demostrado que estas especies han evolucionado en los últimos nueve millones de años.

Según Gavin Naylor, director del Programa de Investigación de Tiburones de la Universidad de Florida, se trata de algo muy insólito, ya que la mayoría de los tiburones evolucionan despacio. Por ejemplo, las cañabotas grises, moradoras de las profundidades, "parecen haberse estancado en el pasado. Vemos animales de hace 180 millones de años con los mismos dientes", afirma Naylor.

Pero es probable que los tiburones caminantes sigan evolucionando en sus aguas tropicales autóctonas en torno a Australia, Papúa Nueva Guinea y el este de Indonesia.

"Quizá sea el único lugar del mundo donde se sigue produciendo especiación en tiburones", afirma Naylor. Estudiar a estos animales ayudará a los investigadores a comprender a los animales y por qué "algunos cambian y otros siguen igual", añade.

Retroceder en el tiempo

Hace unos 400 millones de años, los antepasados de los tiburones y el resto de los gnatostomados divergieron. Desde entonces, solo han surgido 1200 especies de tiburones y rayas. Naylor explica que la mayoría de estos animales presentan una evolución y reproducción lentas y son longevos.

En otras situaciones, esta combinación de rasgos haría que un animal fuera menos flexible y más vulnerable a la extinción ya que, en muchos casos, la evolución continua es necesaria para sobrevivir a condiciones cambiantes.

Por ejemplo, puede decirse que «estos seres deberían estar extintos", afirma Naylor. "¿Cómo existes durante tanto tiempo con una tasa de evolución lenta?".

Obviamente, los tiburones no están extintos y han prosperado, sobreviviendo a otras criaturas acuáticas que han aparecido y desaparecido durante su reinado en los mares. Parece que han dado con un método que funciona pese a los constantes cambios del océano.

Naylor afirma que los abundantes arrecifes de coral del área de distribución de los tiburones caminantes son dinámicos, ya que han cambiado de forma continua en los últimos tiempos conforme el nivel del mar aumenta y desciende, las corrientes varían, los arrecifes florecen y se marchitan y las temperaturas cambian. Es probable que este dinamismo haya sido el motor de su rápida evolución y su diversidad.

"Es un tiburón equivalente a las Galápagos, donde se puede observar la evolución de los tiburones en acción".

Asimismo, estos animales son "hogareños", explica Dudgeon, ya que ponen huevos en los arrecifes y no se alejan mucho del lugar donde nacieron. Esto no favorece el flujo de genes y, al parecer, los obstáculos superables —como tramos cortos de aguas profundas—han proporcionado suficiente separación para que los animales evolucionen de forma única en lugares diferentes.

Caminantes desconocidos.

Hasta 2008, solo se conocían cinco especies de tiburones caminantes. Aunque la mayoría presenta una anatomía similar, la coloración y los patrones son diferentes. El análisis genético más detallado del nuevo estudio revela que en realidad hay nueve especies e indica cuándo divergieron las unas de las otras en el pasado reciente.

Dudgeon colaboró con Gerry Allen, del Museo de Australia Occidental, y con Mark Erdmann, de Conservation International, para tomar muestras de ADN de tiburones de la región, cortando trocitos de las aletas sin perjudicar a los animales. También se usaron muestras de especímenes de museos. A continuación, las secuenciaron y analizaron en el laboratorio de Naylor y las compararon para crear un árbol filogenético, un mapa genético del género de los tiburones caminantes, Hemiscyllium.

Al igual que la mayoría de los tiburones, están amenazados por factores como la sobrepesca y la captura para el mercado de acuarios. Dudgeon afirma que, por consiguiente, algunas de las especies, limitadas a zonas muy pequeñas, son vulnerables.

Como muchas han sido descritas hace poco y apenas se han estudiado, faltan datos; solo tres de las nueve especies conocidas figuran en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Por suerte, por ahora no se cree que ninguna de ellas esté amenazada ni en peligro de extinción, "simplemente no sabemos cuál es su situación", afirma Dudgeon.

"Se ha prestado muy poca atención a estas especies", añade.

18 febrero 2020

(Tomado de National Geographic)

Donna Haraway, la científica contra el Antropoceno cuyo laboratorio es el lenguaje

Dado que la destrucción del planeta no se va a frenar negándola ni minimizando el impacto evidente de sus efectos, la bióloga Donna Haraway sugiere como salida una alianza multiespecies. Lo hace en Seguir con el problema, una suerte de manifiesto fundacional para una nueva civilización en el que hibrida la utopía con el hecho científico y el relato de pequeñas experiencias que apuntan en esa misma dirección.

Un aviso antes de empezar: no resulta sencillo leer a Donna Haraway ni descifrar totalmente lo que plantea en sus indagaciones. Y también una recomendación complementaria: conviene no desistir en el intento, puesto que se trata de una lectura imprescindible por la visión única que aportan sus análisis en los que entrecruza biología, economía, cultura, feminismo y ciencia ficción. Apuntadas las consideraciones preliminares, al lío sin más demora.

En su más reciente título —Seguir con el problema, publicado originalmente en 2017 y traducido ahora al español por la editorial consonni—, la doctora en biología regresa a la actualidad abordando el complejo juego de cómo vivir bien (y morir bien) en convivencia con un planeta que se va a la mierda. Ese problema, el gran problema, requiere según Haraway de múltiples simbiosis entre las distintas especies que lo habitamos, una interdependencia mutua que dibuja como camino a seguir, plagado de complicidades pero no exento de conflictos.

Para Helen Torres, traductora habitual de los trabajos de Haraway, lo novedoso en Seguir con el problema son las preguntas que hace y las respuestas que ofrece sobre el Antropoceno. “Se habla mucho de ello pero nadie lo cuestiona. Haraway lo hace no desde la teoría abstracta sino que habla de proyectos concretos, pequeños. Es un aporte fundamental a nivel político”, explica Torres a El Salto, al tiempo que avanza alguna de las líneas controvertidas que se pueden leer en sus páginas: “También dice cosas que no sé si sentarán bien a todas las feministas, como lo de controlar el nivel de población”.

A Haraway no le gusta el término con el que se nombra los tiempos que vivimos. Acuñada a principios de los años 80 por el ecólogo de la Universidad de Michigan Eugene Stormer, la noción de Antropoceno designa la evidencia de los efectos transformadores de las actividades humanas sobre la Tierra. Ganó relevancia en el año 2000 cuando el premio Nobel Paul Crutzen postuló que había llegado el momento de bautizar con ella la nueva era geológica. Haraway explicita sus objeciones y prefiere denominarlo Capitaloceno, dado que es todo el paradigma económico vigente lo que configura la amenaza a la estabilidad ecológica. Pero ella va más allá y propone un nombre “para otro lugar y otro tiempo que fue, aún es y podría llegar a ser”. Lo llama Chthuluceno, un sustantivo compuesto por dos raíces griegas que “juntas nombran un tipo de espaciotiempo para aprender a seguir con el problema de vivir y morir con respons-habilidad en una tierra dañada”.

A diferencia del Antropoceno (o Capitaloceno), el Chtuluceno que inventa Haraway estaría habitado por “historias y prácticas multiespecies en curso de devenir-con, en tiempos que permanecen en riesgo, tiempos precarios en los que el mundo no está terminado y el cielo no ha caído, todavía”.

En ese mundo, los seres humanos no son los únicos actores importantes puesto que lo que propone Haraway es una red tentacular, un sistema simpoiético, generado con otros, no construido en solitario. “Nos necesitamos recíprocamente en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en pilas de compost caliente. Devenimos-con de manera recíproca o no devenimos en absoluto”, se lee en las páginas del libro.

Tomemos aire. Recurramos de nuevo a Torres para avanzar en la maraña de términos y conceptos generados por ella misma que Haraway emplea. La traductora reconoce la complejidad de su trabajo al pasar de un idioma a otro y destaca el juego y la metáfora como claves sobre las que la investigadora construye sus textos de manera consciente. “Eso es un giro radical que nos hace pensar desde un lugar muy distinto: con Haraway se desmorona esa separación entre la ciencia como lo objetivo y la narrativa como lo subjetivo”, valora Torres. Así, el trabajo con la metáfora y la etimología hace que los escritos de Haraway se ubiquen en un lugar diferente al de los textos científicos, pero también al de la literatura.

 “Importa qué materias usamos para pensar otras materias, importa qué historias contamos para contar otras historias, importa qué pensamientos piensan pensamientos, importa qué conocimientos conocen conocimientos” es un leitmotiv que impregna toda esta indagación acerca de cómo seguir con el problema. Porque el problema persiste y lo que se requiere es, según Haraway, aprender a estar verdaderamente presentes, “no como un eje que se esfuma entre pasados horribles o edénicos y futuros apocalípticos o de salvación, sino como bichos mortales entrelazados en miríadas de configuraciones inacabadas de lugares, tiempos, materias, significados”. Por ello la autora es partidaria de lo que denomina generar “parentescos raros”, una opción que “problematiza asuntos importantes como ante quién se es responsable en realidad”.

Haraway también alude a las dos tentaciones, las dos respuestas que se suelen dar ante el problema. Por un lado, la confianza ciega en la curación por medio de la tecnología; por otro, dar por terminado el juego, la profecía autocumplida por la que no hay nada que hacer. Ella, confiando en el poder de la imaginación, se sitúa en una tercera vía para la que recurre a la narrativa de la ciencia ficción, “tan importante en su pensamiento como el hecho científico”, señala Torres. “Si su laboratorio es el lenguaje —precisa la traductora—, la manera de narrar es fundamental. Escoge la ciencia ficción porque es el terreno en el que podemos imaginar otras realidades”.

Una idea que se repite a lo largo del libro es el significante de múltiples significados S.F., acrónimo de ciencia ficción, fabulación especulativa, hechos científicos, feminismo especulativo o figuras de cuerdas. Este último elemento es básico en lo que Haraway quiere contar en Seguir con el problema ya que una de sus acepciones remite a esas redes de hilo tejidas manualmente que van pasando de manera igualmente manual de unas personas a otras. De nuevo, metáforas que nos piensan.

A mediados de los años 80 Donna Haraway firmó el texto con el que se suele identificar su trabajo. El Manifiesto Cyborg, realizado como una colaboración para la revista Socialist Review, supuso una reflexión sobre la identidad de género en una era dominada por la cibernética que criticaba el esencialismo a la hora de analizar las diferencias entre hombres y mujeres. Más de tres décadas después, Torres considera que Seguir con el problema “tendría que tener una influencia a nivel político como la que tuvo el Manifiesto Cyborg”.

Por Jose Durán Rodríguez

2019-09-01 06:00

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