Pésimas noticias sobre la vida en el planeta

En lo que va del año se han publicado informes nada alentadores sobre lo que sucede en la Tierra. Por un lado, dos prestigiosos investigadores (el español Francisco Sánchez-Bayo y el belga Kris A. G. Wyckhuys), denunciaron los enormes daños que la acción humana causa a un segmento muy importante y poco conocido de la biodiversidad: los insectos. Lo hicieron en la revista Biological Conservation, fundada en 1968.

Ambos especialistas trabajan en la Universidad de Sidney, Australia, y como parte de sus estudios han visitado diversas regiones del planeta.


Sánchez-Bayo y Wyckhuys sostienen que, de no cambiarse la actitud destructiva que distingue a ésta y las próximas generaciones, 40 por ciento de los insectos desaparecerán en unas cuantas décadas.


Según datos recientes, se han podido clasificar alrededor de 915 mil insectos y se calcula que 1.7 millones todavía no lo están. Entre los que figuran en peligro hay ejemplares de abejas, mariposas, luciérnagas, abejorros, escarabajos y miles más que contribuyen al bienestar humano, a conservar la biodiversidad. Las abejas, por ejemplo, fabrican miel y cera y son las polinizadoras por excelencia, una tarea fundamental en la actividad agrícola. Sin embargo, igual que otros insectos, son víctimas de los agroquímicos esparcidos en los campos de cultivo so pretexto de combatir las plagas y obtener cosechas abundantes.


No sólo los agroquímicos diezman a los insectos. También la introducción de especies exóticas en su hábitat natural; el cambio de los suelos agrícolas y forestales a urbanos; la contaminación del suelo y el agua, la cual llega a rincones apartados en los que se pensaba que los insectos estarían a salvo; y de remate, el cambio climático.


Sánchez-Bayo y Wyckhuys coinciden con otros expertos en que las zonas tropicales son las más expuestas a perder esa parte fundamental de la biodiversidad. Es el caso deMéxico, donde se ¬calcula que viven cerca de 98 mil variedades de insectos. De ellas, se han clasificado unas 48 mil. No está de más reiterar que somos de los países más vulnerables al cambio climático.


Por otro lado, nada bueno sucede con el resto de las especies. En el más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre la biodiversidad del planeta se destaca que animales y plantas se extinguen a un ritmo sin precedentes. Un millón de los ocho que aún existen de especies animales y vegetales, están en situación de desaparecer. Nuevamente la causa central son las actividades humanas. En el informe, elaborado por un selecto grupo de científicos, se realza que es un declive no visto en la historia de la humanidad y afecta a la economíay la salud pública, además de ocasionar severos desequilibrios en el medio ambiente global. Ejemplo de ello es la erosión de los suelos: redujo en una cuarta parte la productividad del sector agropecuario y forestal. En contraste, se destaca cómo las comunidades indígenas (las menos atendidas por los gobiernos) son las que mejor conocen las propiedades de la flora y la fauna de los territorios donde habitan. Y las que con mayor celo cuidan el entorno.


Y para seguir con malas nuevas sobre el futuro del planeta, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual México hace parte, señala las consecuencias de la sexta extinción masiva: menos posibilidades de garantizar la seguridad alimentaria, reducir la pobreza y asegurar un crecimiento económico y social menos injusto.
En los estudios de Francisco Sánchez-Bayo y Kris A. G. Wyckhuys sobre los insectos, al igual que en los informes de las Naciones Unidas y la OCDE, se recalca la urgencia de revertir la pérdida de biodiversidad. Algo que no entiende un siniestro personaje, Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. Abrió las puertas para la destrucción de la Amazonia y otras áreas que conforman el pulmón verde del planeta. Es tan grave el asunto, que todos los ex ministros del Medio Ambiente que ha habido desde que concluyó la dictadura militar, denunciaron las políticas de Bolsonaro por ser incompatibles con el desarrollo económico y social de Brasil y el planeta. En la tarea de destruir el medio ambiente, Donald Trump ya tiene funesta compañía.

Publicado enMedio Ambiente
El filósofo Will Kymlicka con Sue Donaldson, coautora del libro 'Zoópolis, una revolución animalista'

 


Kymlicka ha ofrecido en el CCCB de Barcelona la charla Derechos de los animales. El fin de la supremacía humana, sobre la teoría que ha desarrollado con Sue Donaldson en su célebre libro Zoópolis, una revolución animalista, publicado recientemente en España por la editorial errata naturae: no basta con reconocer el estatus moral de los animales si no encontramos la manera de otorgarles un estatus político


Publicamos una entrevista con el filósofo, precedida de una reseña de Zoópolis

 

Zoópolis es probablemente una de las más deseables apuestas de traducción a la lengua castellana sobre temática animalista. El libro constituye el primer intento sistemático de transferir el debate sobre la consideración moral de los demás animales a un marco estrictamente político. Esto no implica, al contrario de lo que pueda parecer, una ruptura con la teoría de los derechos animales tal y como se ha hecho hasta el momento. Kymlicka y Donaldson aceptan la premisa básica del planteamiento de los derechos de los animales como una extensión natural del concepto de igualdad moral entre individuos. Los animales no humanos, en función de su condición sintiente, deben ser reconocidos como titulares de ciertos derechos inviolables.


Sin embargo, les autores consideran que este planteamiento ha sido, en gran parte, ineficaz, permaneciendo a día de hoy injustificadamente marginal en el ámbito político. Esta es la razón por la que necesitamos “una teoría ampliada sobre los derechos de los animales” que, reconociendo, como hasta ahora, los derechos básicos universales de todos los animales sintientes -en particular, “a no ser poseído, asesinado, confinado, torturado o separado de la propia familia”-, añada a la ecuación la existencia de deberes positivos hacia los individuos de las demás especies. En particular, deberes de cuidados, alojamiento o reciprocidad acorde a las relaciones generadas entre humanos y no humanos. La propuesta política de Zoópolis es, así, mediante la teoría de la ciudadanía, diseñar un mapa antiespecista que, en función de coordenadas geográficas e históricas, acomode derechos y responsabilidades diferenciados hacia los no humanos, desde los que se encuentran bajo cuidado humano hasta los que viven distantes e independientes en el medio salvaje. En la práctica, ampliar los derechos animales vía la teoría de la ciudadanía conlleva el reconocimiento de ciudadania para los animales domesticados, cuasi-ciudadania para los animales liminales y soberanía para los animales salvajes.


Zoópolis constituye una oportunidad excelente para repensar viejas cuestiones sobre las relaciones entre humanos y no humanos, pero sobre todo llena un vacío moral importante en lo que toca a nuestras obligaciones hacia un número abrumador de animales que han sido hasta la fecha prácticamente ignorados por la teoría tradicional de los derechos animales. Estos son, quizás de forma sorprendente para muches, animales libres de explotación humana, aunque no libres del sufrimiento que implica la vida en los límites de las comunidades humanas o en la precariedad de la naturaleza. Y aunque Zoópolis sea un libro que en ocasiones peque de optimista, sobre todo en lo que toca al nivel de bienestar global de las poblaciones de animales que viven en la naturaleza (según determinadas posiciones, más bien caracterizados como “estados fallidos”), es encomiable el esfuerzo intelectual y el compromiso ético que exige escribir un libro así. Un libro que no solo pone al descubierto el prejuicio especista de prácticamente toda la filosofía política contemporánea, sino también de prácticamente toda la teoría de los derechos animales.


Son razones más que fuertes para leerlo de inmediato, y nos impulsaron a entrevistar para El caballo de Nietzsche a uno de sus dos autores, Will Kymlicka, quien el pasado 5 de noviembre ofreció una charla en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).


Zoópolis. Una revolución animalista, libro que usted co-escribió con Sue Donaldson, ha sido traducido recientemente al castellano. Se podría decir que el libro explora, como ningún otro hasta la fecha, la idea de que necesitamos pasar de la teoría moral a una teoría realmente política de los derechos de los animales. ¿Por qué cree que este cambio de perspectiva es necesario?


La idea de que los animales tienen un estatus moral es ahora un debate cada vez más extendido y está cada vez más aceptada, pero esto aún no ha tenido ningún impacto en la forma en la que pensamos y hablamos sobre conceptos políticos, como democracia o soberanía. Los animales todavía son invisibles en las teorías contemporáneas de la democracia y de la autodeterminación, como si fuera inconcebible que los animales pudieran tener un interés legítimo en ser representados en los procesos democráticos o en ejercer sus propias formas de soberanía. Reconocer el estatus moral de los animales tendrá poco impacto en sus vidas si no encontramos una manera de otorgarles un estatus político.


Necesitamos vincular los derechos de los animales con debates más amplios sobre el significado de la democracia, de la representación y de la autoridad legítima. Creemos que esta perspectiva más política no solo sería más eficaz a la hora de garantizar la justicia para los animales, sino que también ayudaría a aclarar lo que de hecho exige la justicia. Las teorías morales de los derechos animales han tendido a centrarse exclusivamente en lo que les debemos a los animales en virtud de su estatus moral intrínseco, pero diferentes categorías de animales tienen diferentes relaciones con las comunidades políticas humanas, y estas relaciones son importantes. Del mismo modo que tenemos diferentes obligaciones hacia ciudadanos y extranjeros, aunque todos los humanos tengamos el mismo estatus moral intrínseco, también tenemos diferentes obligaciones con los animales domesticados y con los animales salvajes, aunque tengan el mismo estatus moral intrínseco. Un enfoque político puede dar cuenta de estas obligaciones diferenciadas.

Zoópolis examina por primera vez de forma sistemática uno de los temas más descuidados en la teoría de los derechos de los animales: nuestras obligaciones positivas hacia los animales salvajes. ¿Por qué cree que es importante introducir los animales salvajes en el enfoque antiespecista?

La teoría de los derechos de los animales ha dicho tradicionalmente que nuestra obligación con los animales salvajes es simplemente "dejarlos estar", es decir, respetar sus derechos negativos a no ser capturados o asesinados. Pero para que los animales salvajes puedan desenvolverse [ flourish], necesitan derechos positivos; por ejemplo, derechos territoriales y derechos de movilidad. Necesitamos reconocer que parte del territorio les pertenece a ellos, no a nosotros, y que tienen el derecho de pasar por áreas de asentamientos humanos. Esto, a su vez, nos obliga a pensar en nuestras relaciones con los animales salvajes en términos más políticos: ¿qué se considera una división justa del territorio, cómo se deben trazar los límites y qué se considera una distribución justa de los riesgos (dado que les imponemos riesgos y viceversa)?


Este es el tipo de preguntas que surgen en el derecho internacional en el caso humano y sugerimos que nuestras relaciones con los animales salvajes pueden considerarse relaciones con "otras naciones" u "otros pueblos". Un principio fundamental del derecho internacional es el respeto por la autonomía de otras naciones/pueblos, por lo que, en general, no debemos interferir con las formas de vida de los animales salvajes, pero también puede haber casos en los que pueda estar justificada algún tipo de "intervención humanitaria” para reducir su sufrimiento, si esto puede hacerse sin violar sus derechos al territorio y a la autonomía. Para abordar estos problemas difíciles sobre territorio, riesgo e intervención, necesitamos ir más allá de las consignas sobre "dejarlos estar”.

A pesar de la amplia acogida que el libro ha tenido en el mundo académico, me parece que no ha recibido la atención que merece en el activismo común en defensa de los animales. ¿Cree que esto es así y que les defensores de los animales podrían beneficiarse de su lectura?

Muchas personas que defienden a los animales se centran en campañas urgentes para prohibir ciertas prácticas opresivas en zoológicos, laboratorios médicos o granjas. Nuestro libro no ofrece muchos argumentos nuevos sobre por qué estas prácticas son injustas: las teorías tradicionales sobre los derechos de los animales ya han hecho un buen trabajo al explicar por qué el cautiverio, la experimentación y la ganadería son injustos. En cambio, nuestro libro se centra en una pregunta a largo plazo: si rechazamos la idea de que los animales existen para servirnos, ¿cómo debemos relacionarnos con ellos? ¿Qué tipo de relaciones deberían sustituir a los zoológicos, los laboratorios y las granjas? Algunos activistas creen que especular sobre estas relaciones futuras es un lujo que no pueden permitirse dada la urgencia de sus campañas inmediatas. Entendemos perfectamente esa reacción.


Pero según nuestra experiencia, hay activistas que están interesados en esta pregunta a largo plazo y que piensan que puede ayudar a la defensa de los animales. Por ejemplo, algunos teóricos de los derechos de los animales han defendido que, dado que la domesticación implica la cría de animales para fines humanos, los animales domesticados son inherentemente degradados, serviles y antinaturales. Esto tiene el efecto perverso de reforzar los prejuicios populares contra los animales domesticados, y hace imposible pensar en ellos como seres capaces de llevar una vida buena. Para contrarrestar estos prejuicios contra los animales, debemos imaginar un mundo en el que los animales domesticados sean agentes y coautores de sus relaciones con nosotros. Muchos defensores de los animales sienten la necesidad de encontrar formas de hablar sobre los animales que van más allá de presentarlos como víctimas que sufren, al igual que varios movimientos de justicia social en el caso humano han necesitado ir más allá de marcos de victimización en el sufrimiento.

Uno de los desafíos más fuertes a los que se enfrenta el antiespecismo proviene de lo que algunas personas consideran tensiones insuperables entre los intereses no humanos y los derechos de ciertas “minorías". ¿Cómo responde a esta preocupación en el contexto de su trabajo más general en filosofía política?


La percepción de que las “minorías” (no occidentales) maltratan a los animales tiene una historia específica de la que debemos ser conscientes. En los siglos XIX y XX, los europeos utilizaron el tratamiento de los animales como una señal de "civilización". Los colonizadores europeos consideraban las prácticas animales no europeas como "atrasadas" o incluso "bárbaras", mientras que presentaban sus propias prácticas como "civilizadas". Por lo tanto, la caza indígena era "bárbara", mientras que la caza británica del zorro o la caza de trofeos era "civilizada". Esto era completamente hipócrita: las prácticas europeas implicaban con frecuencia imponer un sufrimiento mucho mayor a los animales por beneficios humanos más triviales, y ha dejado una percepción en gran parte del mundo de que la preocupación por los animales es una cortina de humo que los grupos dominantes utilizan para justificar la marginación y estigmatización de los pueblos y las culturas no occidentales.


Desafortunadamente, esto no es sólo un fenómeno histórico. Incluso hoy vemos ejemplos de grupos de derechas que luchan contra el sacrificio ritual, no porque se preocupen por los animales sino porque quieren hacer perjudicar la vida de los musulmanes. El movimiento de defensa de los animales debe tener mucho cuidado con esto. Ningún grupo étnico o religioso debe estar inmune a la crítica por la forma en la que tratan a los animales, pero la crítica nunca debe formularse de una manera que se base en o reproduzca los estereotipos colonialistas de culturas civilizadas frente a culturas bárbaras. Y la mejor manera de asegurar esto es enfocar nuestras energías en las prácticas del grupo dominante. En todas las democracias occidentales, la gran mayoría de los daños injustos que se causa a los animales son cometidos por la mayoría, dentro de las instituciones convencionales, como granjas, laboratorios y zoológicos. En otras palabras, la verdadera tensión insuperable a la que nos enfrentamos es entre los intereses no humanos y las prácticas de la mayoría.

El pasado día 5 usted ofreció una charla en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) titulada Derechos de los animales. El fin de la supremacía humana. ¿Puede exponer brevemente sus argumentos?


Para muchas personas, la idea de "derechos humanos" está ligada a afirmaciones de supremacismo humano: se nos deben estos derechos básicos precisamente porque los seres humanos son superiores a los animales. De hecho, eso se afirmó de manera bastante explícita cuando la ONU adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Pero existe una tradición alternativa que defiende los derechos humanos sin ningún compromiso con la supremacía humana. Desde esta visión alternativa, debemos tener derechos humanos porque somos sujetos encarnados vulnerables, y en la medida en que los animales también son sujetos encarnados vulnerables también pueden merecer tales derechos básicos. En mi charla, trato de trazar la batalla entre estas dos formas enfrentadas de entender los derechos humanos, desde 1948 hasta hoy. También sostengo que la visión alternativa es mejor, no solo para los animales, sino también para los seres humanos. Existen cada vez más evidencias de que vincular los derechos humanos con las ideologías del supremacismo humano en realidad empeora, en lugar de mitigar, los prejuicios hacia los grupos humanos marginados.


¿En qué está usted trabajando en este momento y cuáles considera que son los temas más importantes en los que enfocarse quienes quieran seguir una carrera académica en la teoría de los derechos de los animales? De igual modo, ¿cuáles cree que son las áreas más apremiantes en las que enfocar el activismo en defensa de los animales?


¡Hay tantos temas en los que debemos trabajar! Por ejemplo, a medida que los humanos se apoderan más y más del planeta, hay cada vez menos espacios donde los animales salvajes pueden evitar el contacto humano, y así cada vez más animales se están convirtiendo en animales "liminales" que viven entre nosotros, en lugar de animales "verdaderamente salvajes” viviendo en la naturaleza apartados de los seres humanos. Esta amplia y creciente categoría de animales no domesticados que sin embargo viven entre nosotros plantea muchas preguntas que no están siendo bien abordadas por las teorías tradicionales, que generalmente operan en función de una dicotomía simplista entre animales “salvajes” y animales “domesticados”. Estos animales liminales a menudo se ven como "plagas" que no tienen lugar entre nosotros, por lo que son sometidos a exterminio. Necesitamos, por el contrario, desarrollar nuevos modelos de convivencia. Así que ese es un vasto terreno que necesita de exploración intelectual real, así como de estrategias prácticas de activismo.
Sin embargo, como la mayoría de los activistas por los animales, Sue y yo diríamos que un tema central para el movimiento sigue siendo el tratamiento de los animales de granja, ya que sufren la mayor parte de la opresión humana. Y así, en nuestro trabajo, tratamos de pensar más en lo que la justicia requiere de nosotros en nuestra relación con los animales de granja y, en particular, qué tipo de relaciones (si las hay) quieren tener estos animales con nosotros en un futuro más allá de la ganadería. También estamos interesados en el papel que los santuarios de animales de granja pueden jugar como lugares para explorar estas nuevas relaciones y para construir una verdadera "comunidad multi-especie”. Todavía tenemos mucho que aprender sobre cómo los animales quieren relacionarse con nosotros, si es que realmente lo quieren, y los santuarios son de los pocos lugares donde podemos hacer esta pregunta.

 

Publicado enSociedad
Acabamos en 100 años con las especies que a la naturaleza le tomaría 10 mil

En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”


El impacto del humano en el planeta a lo largo del último siglo es tal que podemos responsabilizarlo de la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra, indicó Gerardo Ceballos, director del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UNAM.


En uno de sus trabajos más recientes, el académico calculó la tasa de desaparición usual de vertebrados —la que ocurre todo el tiempo— y determinó, que hace dos millones de años (durante el Pleistoceno) debían pasar 10 décadas para que, de cada cinco mil especies presentes, desapareciera una.


“Después contrastamos este estimado con lo que está pasando en la actualidad y vimos que dicho ritmo se ha elevado hasta en un centenar de veces, es decir, el hombre ha acabado en sólo un siglo con las especies que a la naturaleza, en condiciones normales, le tomaría 10 mil años extinguir”.


Para el investigador del Instituto de Ecología, este problema es tan grave que, de no tomarse las medidas requeridas, la civilización podría colapsar en tres o cuatro décadas. “Ya hay indicios de que vamos por ese camino: dos mil millones de personas alrededor del planeta no tienen acceso continuo al agua potable y mil 800 millones no pueden comer todos los días. De no hacer nada todos estos conflictos hoy locales, mañana tendrán un alcance global”.


A fin de evitar el agravamiento de estos escenarios —advirtió— es preciso actuar de manera inmediata, pues las plantas y animales silvestres son la base de los servicios ambientales; de ellos depende la combinación adecuada de los gases de la atmósfera, la calidad y disponibilidad hídricas o la fertilidad del suelo, entre muchos otros aspectos esenciales para el buen desarrollo de la vida en la Tierra.


Los estudios del doctor Ceballos señalan que estás afectaciones han generado una suerte de efecto dominó que, además de incidir en el número de variedades desaparecidas, ha mermado las existentes. “Tras analizar 27 mil 600 especies de vertebrados (mamíferos, aves reptiles, anfibios y peces) vimos que más del 30 por ciento de sus poblaciones está decreciendo, y hablamos de todo tipo de animales, desde los comunes como la golondrina, hasta los muy raros o amenazados. La variedad y abundancia biológica están en peligro”.
Sobre si estamos siendo testigos de una extinción masiva, el universitario explicó que se les dice así a aquellas que cumplen con tres requisitos: son catastróficas (eliminan 70 por ciento, o más, de la biodiversidad); son causadas por un desastre natural, y son relativamente rápidas (tardan decenas o cientos de miles de años).


“Todo eso está pasando y es resultado de la actividad humana. En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”.


Antropoceno, la era en que el hombre es un peligro


Los periodos geológicos se clasifican a partir de la huella de alguna actividad que afecta a todo el planeta; debido a su impacto, algunos científicos comparan al hombre con un desastre natural y argumentan que, desde mediados del siglo XX, no estamos más en el Holoceno, sino en una nueva época llamada Antropoceno.


“El autor de esta propuesta es Paul J. Crutzen, ganador del Premio Nobel junto con Mario Molina, quien descubrió que después de 1952 es posible detectar la huella radioactiva del ser humano — producto de la detonación de bombas atómicas — en los estratos terrestres”.


Aunque aún hay quienes no aceptan este término, para Ceballos resulta adecuado, pues alude al daño antropogénico y lo señala como la causa principal de muchas de las características físicas, químicas y biológicas hoy observadas en el planeta. “Llamarle Antropoceno nos ayuda a entender la magnitud del problema”

.
Y es que, en palabras del biólogo, la situación es ya insostenible: algunos cálculos revelan que, de 1970 a la fecha, se han perdido tres quintas partes de todos los animales silvestres. ¿Qué significa?, que tenemos un 60 por ciento menos de hipopótamos, rinocerontes, venados, ballenas y demás seres no domesticados. En medio siglo perdimos todo esto debido tan sólo por la actividad humana, dijo.


“Por ejemplo, cada 15 minutos se mata a un elefante de manera ilegal en África, o en los últimos 10 años perecieron 100 mil orangutanes en Borneo y hoy quedan menos de 50 mil; lo más probable es que ya no veamos más a ninguno de estos animales en sus hábitats naturales en la próxima década. De tal magnitud es nuestra huella”.
Propuestas para lograr un cambio


Y sin embargo, en medio de un escenario tan desalentador Ceballos señala que es posible revertir algo del daño. “Es alentador pensar que, si los humanos estamos detrás de esto, con sólo modificar nuestras acciones podemos reducir el impacto en la naturaleza”.


Con este fin, el académico trabaja en la iniciativa Alto a la Extinción (Stop Extinction) que, de forma similar a los tratados internacionales contra el cambio climático y al Protocolo de Kioto, busca el aval de la mayoría de los países a fin de salvaguardar la biodiversidad.


“Ya hay avances, pero el tema es complicado. Por ejemplo, están las peligrosísimas mafias chinas y del Sudeste de Asia, dedicadas al lucrativo tráfico de especies. Debemos trabajar mucho; las siguientes décadas serán fundamentales y determinarán el derrotero a seguir”.


Sobre Stop Extinction, Ceballos adelantó que está en fase inicial y no será sino hasta el siguiente año cuando se dé información concisa. “Lo que sí podemos decir es que se lanzará en México, pues deseamos que sea un proyecto abanderado por países en desarrollo como el nuestro, a fin de mandar un mensaje firme a gobiernos como el de Donald Trump, en Estados Unidos, que tanto daño hacen con sus políticas a un medio ambiente que nos pertenece a todos”.

27 junio 2018

Publicado enSociedad
Miércoles, 21 Marzo 2018 18:21

¿Qué es la eusocialidad?

¿Qué es la eusocialidad?

Desde la genética hasta la epigenética, la eusocialidad ha sido confirmada una y otra vez poniendo en claro, a plena de luz del día, que las especies se benefician enormemente más de procesos de ayuda mutua antes que de rivalidad.


El modelo básico más generalizado acerca del origen de la vida y la explicación acerca de la lógica de los sistemas vivos es la teoría de la evolución. El mérito de Darwin consistió en haber explicado un problema que llevaba cien años antes de él sin explicación, a saber: explicar la teoría de la evolución. Y la respuesta de Darwin fue el mecanismo de la selección natural. Los organismos y las especies que logran, como sea, superar las restricciones e imposiciones de la selección, logran adaptarse idóneamente y son, selectivamente, los mejores (fittest).


Es sabido que Darwin no emplea el término “evolución” en su obra cumbre, El origen de las especies por medio de la selección natural (1859), sino hasta la sexta edición, y ello debido al peso que ya había logrado el pensamiento de H. Spencer. Es debido a Spencer que a partir de la sexta edición del libro de Darwin que aparece el concepto de “evolución” expresamente en biología.


Ahora bien, al final de la introducción del libro mencionado, Darwin advierte expresamente que el mecanismo de la selección es la forma como él ha logrado explicar la dinámica de lo seres vivos, su origen, su lógica. Pero que no está para nada seguro que sea la única explicación posible de la evolución.


Numerosas otras alternativas aparecieron ulteriormente para explicar la evolución, acaso el concepto arquimédico de toda la cultura y la civilización contemporáneas. Pero la idea quedó en el ambiente: la competencia y la lucha, la exclusión e incluso la violencia fueron las claves para explicar lo que había sucedido desde las escalas más básicas hasta el surgimiento del Homo sapiens. La lucha por el mejor macho o la mejor hembra, por el cuidado de los críos, por el territorio, digamos.


Esta historia ha cambiado radicalmente en años recientes. El paradigma de la evolución, latu sensu, ya no es la selección en manera alguna. Antecedida por la obra de L. Margulis, específicamente la teoría de la endosimbiosis, la teoría más sólida a la fecha acerca de la vida y los sistemas vivos, se funda en la importancia de la cooperación: cooperación, comensalismo, mutualismo. Esta es la eusocialidad.


Desarrollada originariamente por E. O. Wilson, M. A. Nowak y C. Tarnita, la eusocialidad es el término usado que describe cómo, a partir de los insectos sociales y de otras especies animales, la vida consiste en una gran trama de cooperación centrada en los más jóvenes y en el cuidado del nido, el nicho, el hogar. La teoría es desarrollada entre 2004 y 2010, y constituye la mejor aplicación acerca de un hecho básico: la vida no es un sistema de lucha y competencia, sino de ayuda, de altruismo y de cooperación. Es lo que en términos algo más técnicos Margulis expresa como simbiosis y holobiontes.


De esta suerte, la teoría de la evolución cooperativa (= eusocial) pone de manifiesto una explicación multiniveles de la evolución, así: existe una imbricación entre selección individual y selección grupal, que favorece ampliamente, ya desde los invertebrados hasta los mamíferos superiores más complejos, la cooperación y el beneficio mutuo antes que la competencia y la lucha recíproca. Este modelo ha sido sustentado por nuevas matemáticas de sistemas dinámicos no lineales, que arrojan nuevas y refrescantes luces sobre la lógica de la vida.


Ciertamente, el origen de la eusocialidad ha sido raro en la historia de la vida, debido a que la selección de grupo ha sido excepcionalmente poderosa para relajar la fuerza de la selección individual. Desde la genética hasta la epigenética, la eusocialidad ha sido confirmada una y otra vez poniendo en claro, a plena de luz del día, que las especies se benefician enormemente más de procesos de ayuda mutua antes que de rivalidad.


Digámoslo de manera puntual: los sistemas más complejos son aquellos que poseen eusocialidad, esto es, una condición verdaderamente social. La complejidad se funda en la eusocialidad y a su vez la eusocialidad permite formas, dinámicas y estructuras auténticamente complejas.


Como se aprecia, la biología, la ecología y las propias matemáticas han tomado una ventaja selectiva en el panorama de las ciencias y las disciplinas en este plano. Sin la menor duda, las más rezagadas son las ciencias sociales, por ejemplo, la economía, la administración, la educación y la política, las cuales siguen haciéndose ampliamente posibles a la fecha con base en conceptos (erróneos), como “competencia” y “competitividad”. Competencias argumentativas, crecimiento competitivo de la economía, competitividad empresarial, lucha por el poder, por ejemplo.


¿Cabe mencionar aquí que el 97% de la biomasa son plantas? ¿O que la biomasa de las hormigas es esencialmente igual a la de los seres humanos a todo lo largo de la historia? ¿O que la vida se funda esencialmente en la importancia de las colonias bacteriales y que el microbioma es una instancia fundamental para comprender la salud humana? (Ello sin mencionar el significado del viroma).
Existe en el imaginario social y en la cultura en general una idea equivocada; se trata de la creencia de que la vida es un combate incesante y sólo los más fuertes sobreviven; no los mejores, no los más inteligentes, no lo más buenos. Esta creencia errónea tiene enormes consecuencias en numerosos planos. Frente a este imaginario, bien vale una actualización de lo mejor de la ciencia y la investigación. En este caso se trata de la idea de eusocialidad. El origen de la vida en el planeta fue exactamente el origen de procesos de ayuda mutua, de codependencia, de reciprocidad.
La cultura ha conducido a conceptos como “fuego amigo”, “bajas casuales”, “falsos positivos”, “posverdad” y los ya mencionados de “competencia” y “competitividad”, para no elaborar una lista larga. La ignorancia en ciencia se traduce en políticas peligrosas y en creencias falsas.


La eusocialidad, el hecho de que la vida es una gran red de cooperación y ayuda mutua, y en la que la naturaleza carece de jerarquías. Los sistema vivos generan constantemente las condiciones de posibilidad de su propia existencia, y se hacen posibles con base en aprendizaje mutuo y cooperación recíproca. No es difícil.

PUBLICADO: 19 MARZO 2018

En 50 años han crecido 10 veces las "zonas muertas" en océanos

El aumento de la temperatura dificulta la retención de ese elemento

El volumen de agua totalmente privada de oxígeno en los océanos del planeta se ha más que cuadruplicado en los 50 años pasados, según un nuevo estudio. En el medio siglo anterior, el océano abierto ha perdido alrededor de 2 por ciento de su oxígeno disuelto, vital para sostener peces y otra vida marina. También ha habido un incremento de 10 veces en sitios bajos en oxígeno, conocidos como "zonas muertas", en las áreas costeras, durante este periodo.

La saturación de oxígeno es un importante factor limitante que afecta la productividad del océano, así como la diversidad de criaturas que viven en él, y su ciclo geoquímico natural. El nuevo estudio, publicado en la revista Science, representa la visión más integral hasta ahora del agotamiento de ese elemento químico en esos sitios. La contaminación y el cambio climático tienen un papel significativo en la reducción de los niveles de oxígeno, y los autores destacan el papel que los humanos deben desempeñar para hacer frente a estos problemas.

"El oxígeno es fundamental para la vida en los océanos", sostuvo la autora principal del estudio, la doctora Denise Breitburg, ecologista del mar en el Centro Smithsoniano de Investigación Ambiental. "El descenso del oxígeno oceánico se cuenta entre los efectos más graves de las actividades humanas en el ambiente del planeta". El trabajo fue publicado por científicos de la GO2NE –Red Global del Oxígeno Oceánico–, grupo de trabajo de Naciones Unidas creado para investigar el impacto de la pérdida de ese elemento químico en esos mares.

“Los efectos combinados de la carga de nutrientes y el cambio climático incrementan grandemente el número y tamaño de las ‘zonas muertas’ en el océano abierto y aguas costeras, donde el oxígeno es demasiado bajo para soportar la mayor parte de la vida marina”, señaló el doctor Vladimir Ryabinin, secretario ejecutivo de la Comisión Internacional Oceanográfica, la cual formó la GO2NE. Carga de nutrientes se refiere a la contaminación de los desagües y desechos de fertilizantes que contienen nutrientes, los cuales estimulan el crecimiento de algas en el agua. Surgen brotes de algas y, cuando perecen, las bacterias que las degradan consumen el oxígeno presente en el agua.

Consecuencias mortales

El aumento de temperatura de las aguas superficiales que resulta del cambio climático también dificulta que el oxígeno penetre en las profundidades oceánicas. A medida que sube de temperatura, este efecto significa que se puede retener menos oxígeno en su interior. En las zonas muertas los niveles de ese elemento tienden a ser tan bajos que cualquier animal que viva allí se sofoca y muere. En consecuencia, las criaturas marinas evitan esas áreas, lo cual reduce sus hábitats. Incluso en zonas donde la reducción de oxígeno es menos severa, las pequeñas disminuciones en los niveles de ese elemento pueden impactar a los animales en varias formas no letales, entre ellas obstruir su crecimiento y reproducción.

Los investigadores advirtieron que los efectos del agotamiento del oxígeno en los océanos son extensos, y los impactos ecológicos van de la mano con consecuencias directas en los humanos cuya sobrevivencia depende del mar. "Es una pérdida tremenda para todos los servicios de apoyo que dependen de la recreación y el turismo: hoteles, restaurantes, taxistas y todo lo demás", afirmó la doctora Lisa Levin, oceanógrafa biológica del Instituto Scripps de Oceanografía, quien figura entre los coautores del estudio. "Las reverberaciones de los ecosistemas no saludables pueden llegar muy lejos".

Asunto menos atendido

Lyndsey Dodds, jefa de política marina del Reino Unido en el Fondo Mundial para la Naturaleza, añadió: "Esto muestra aún más presiones sobre los océanos. Escuchamos mucho acerca de los plásticos y de la pesca no sustentable, pero este es un tema que parece captar menos atención, pese a su potencial efecto catastrófico".

Sin embargo, los autores del nuevo estudio sostienen que, pese a las cifras dramáticas, es posible enfrentar el problema de la reducción de oxígeno. Ponen de relieve esfuerzos para proporcionar mejor servicio de desagüe en Chesapeake Bay, en el este de Estados Unidos, que han producido incrementos sustanciales en los niveles de oxígeno en el agua. "Es un problema que podemos resolver", señaló la doctora Breitburg. "Detener el cambio climático requiere un esfuerzo global, pero incluso las acciones locales pueden ayudar en cuanto al descenso de oxígeno originado por nutrientes".

 

Por Josh Gabbatiss
The Independent

Traducción: Jorge Anaya

El mundo está ya ante la sexta extinción masiva, advierten expertos

Es el preludio de la desaparición de muchas otras especies y del declive de los ecosistemas que hacen posible la civilización, señala Gerardo Ceballos, investigador de la UNAM, que realizó el análisis junto con especialistas de la Universidad de Stanford

 

La extinción masiva de animales como rinocerontes, gorilas o leones se acelera y apenas quedan 20 o 30 años para atajar esta "aniquilación biológica" que pone en peligro "los pilares de la civilización humana", advirtió un nuevo estudio.

Más de 30 por ciento de las especies de vertebrados están en declive, tanto en términos de población como de reparto geográfico, indicó el estudio, aparecido en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

"Se trata de una aniquilación biológica que se produce a escala global, incluso aunque las especies a las que pertenecen estas poblaciones existan todavía en algún lugar de la Tierra", afirmó Rodolfo Dirzo, profesor de Biología de la Universidad de Stanford y uno de los autores de la investigación.

"La sexta extinción masiva ya está aquí y el margen para actuar con eficacia cada vez es más estrecho, sin duda dos o tres decenios como máximo", escribieron los autores. Se trata de un "ataque aterrador contra las bases de la civilización humana".

La Tierra ha vivido hasta la actualidad cinco extinciones masivas, la más reciente es la de los dinosaurios, que tuvo lugar hace 66 millones de años. Según la mayoría de los científicos, hay una sexta en marcha.

Importantes pérdidas

Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien dirigió el estudio, declaró al diario The Guardian que "la situación se ha vuelto tan difícil que no sería ético no utilizar un lenguaje fuerte".

Estas pérdidas "masivas" en términos de poblaciones y de especies son el "preludio de la desaparición de muchas otras y del declive de los ecosistemas que hacen posible la civilización", advirtió Ceballos.

Los científicos encontraron que una tercera parte de las miles de especies que perdieron poblaciones no se consideran actualmente en peligro de extinción y que ha desaparecido hasta 50 por ciento de todos los animales en las décadas pasadas. Los datos detallados están disponibles para los mamíferos terrestres, y casi la mitad de éstos han perdido 80 por ciento de su población en el siglo pasado.

Hallaron que miles de millones de poblaciones de mamíferos, aves, reptiles y anfibios se han perdido en todo el planeta, lo que les llevó a decir que una sexta extinción masiva ya ha progresado más de lo que se pensaba.

Para los autores del estudio, la extinción ya "llegó más lejos" de lo que se creía hasta ahora, según investigaciones anteriores, que se referían exclusivamente a la extinción de las especies, y no al tamaño y el reparto de las poblaciones.

Animales salvajes

Los investigadores de la Universidad de Stanford y de la Universidad Nacional Autónoma de México se interesaron por las poblaciones de animales salvajes.

Realizaron un mapa sobre el reparto geográfico de 27 mil 600 especies de pájaros, anfibios, mamíferos y reptiles, una muestra que representaba cerca de la mitad de los vertebrados terrestres conocidos.

También analizaron el descenso de la población en una muestra de 177 especies de mamíferos, de 1900 a 2015. De éstas, todas perdieron al menos 30 por ciento de las zonas geográficas en las que estaban repartidos, y más de 40 por ciento, más de 80 por ciento de sus áreas.

Los mamíferos del sur y el sureste asiático se vieron especialmente afectados: todas las especies de grandes mamíferos analizados perdieron en esa zona más de 80 por ciento de su área geográfica, indican los investigadores en un comunicado que acompaña el estudio.

Alrededor de 40 por ciento de los mamíferos –entre ellos rinocerontes, orangutanes, gorilas y varios grandes felinos– sobreviven ahora en 20 por ciento, o incluso menos, de los territorios en los que vivían en el pasado.

Consumo excesivo de recursos

El descenso de animales salvajes se atribuye principalmente a la desaparición de su hábitat, al consumo excesivo de sus recursos, a la contaminación o al desarrollo de especies invasivas y de enfermedades. El cambio climático podría estar desempeñando un papel cada vez mayor.

Este alarmante movimiento se aceleró recientemente. "Varias especies de animales que estaban relativamente seguras hace 10 o 20 años, como los leones o las jirafas, ahora están en peligro", según el estudio.

Por ejemplo, el león (Panthera leo) estaba presente en la mayor parte de África, en el sur de Europa y en Medio Oriente, hasta el noroeste de India. "Ahora quedó reducido a poblaciones dispersas por África subsahariana, con una población residual en el bosque de Gir", en el oeste de India.

"Una inmensa mayoría de las poblaciones de leones ha desaparecido", indicaron los autores.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en el mundo quedan 20 mil leones.

Los investigadores llaman a actuar contra las causas del declive de la vida salvaje, especialmente contra la superpoblación y el consumo excesivo.

Los investigadores dijeron que, mientras que esto no se detenga, las perspectivas no se ven bien: "Todos los signos apuntan a agresiones cada vez más poderosas sobre la biodiversidad en las próximas dos décadas, pintando una imagen sombría del futuro de la vida, incluyendo la vida humana".

Hallan huevos de dinosaurio con embriones de 70 millones de años

El sitio del descubrimiento era un pantano que fue tapado por las aguas muy suavemente, lo cual hizo que el sedimento cubriera y ahogara a las crías nonatas, explica funcionaria de Neuquén

 

Buenos Aires/ Neuquén/Londres.


Huevos de dinosaurio con embriones en su interior, de 70 millones de años de antiguedad, fueron hallados en la patagónica provincia argentina de Neuquén por pobladores locales, informaron este jueves medios locales.


Los huevos fueron encontrados por un criador de ovejas en la zona denominada Auca Mahuevo, cerca del paraje Aguada San Roque, 160 kilómetros al noroeste de la ciudad de Neuquén. Son similares a los hallados en 1997 en otro punto de la provincia sureña, precisó la directora provincial del Patrimonio Cultural de Neuquén, Claudia Della Negra, a la agencia estatal Télam.


Auca Mahuevo es un sitio donde aparecen huevos de dinosaurios en nidos, a su vez asociados a esos restos se observa fauna, animales que eran los que comían los huevos, explicó la funcionaria.


La provincia de Neuquén planea crear un parque paleontológico en la zona para exponer el patrimonio arqueológico y paleontológico hallado en el lugar, asociado con el área natural protegida de Auca Mahuida, donde se trabaja con antiguas pinturas rupestres.


Diversos aportes


Las investigaciones recibieron aportes de National Geographic, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y la localidad española de Zaragoza.


El sitio era un pantano que en su momento fue tapado por las aguas muy suavemente y esto hizo que el sedimento cubriera y ahogara a los embriones dentro de los huevos. Se sedimentó porque salió del volcán Auca Mahuida 10 millones de años después, precisó Della Negra.


Material volcánico tapó estos sedimentos y posteriormente la erosión del viento y del agua lo dejó al descubierto. Es lo que ahora podemos disfrutar en las nidadas, destacó.


La funcionaria señaló que se investigan los embriones completos, su piel y dentadura. El parque paleontológico de Auca Mahuevo será parte del Shale Tour-Vaca Muerta planificado por el gobierno de Neuquén para promover las riquezas paisajísticas, culturales y paleontológicas de la formación Vaca Muerta, uno de los principales reservorios de petróleo y gas no convencionales del mundo.


Por otro lado, el estudio de unos fósiles hallados en Tanzania reveló que los ancestros de los dinosaurios tenían cuatro patas, no dos, y se parecían a los cocodrilos. Las conclusiones de la investigación aparecieron en la revista Nature. Durante décadas, los científicos imaginaron a esos antepasados como minidinosaurios del tamaño de un pollo que se desplazaban sobre dos patas, pero eso cambió con el descubrimiento de un Teleocrater rhadinus, carnívoro parecido a un cocodrilo, de 2 a 3 metros de largo, con cuello largo y cuatro patas.


El primer fósil de esta especie fue descubierto en 1933 y estudiado en los años 50 en el Museo de Historia Natural de Londres, pero el esqueleto estaba incompleto. Los nuevos ejemplares hallados en el sur de Tanzania permitieron identificar al Teleocrater como el eslabón perdido entre los dinosaurios y el ancestro común que comparten con los cocodrilos, explicó Ken Angielczyk, del Museo Field de Chicago, uno de los autores del estudio.


¡Sorpresa! Los antepasados de los dinosaurios no se les parecían en absoluto, añadió Angielczyk. “El Teleocrater parece un cocodrilo y ello nos obliga a revisar completamente todo lo que pensábamos de la evolución” de los dinosaurios, subrayó.


El Teleocrater vivió hace más de 245 millones de años, en el periodo triásico.

El jaguar está en mayor peligro de extinción de lo que se pensaba

Proponen a la UICN que no se evalúe a las especies por el total de su población, sino por la situación de cada una de las subpoblaciones, señalan investigadores del Instituto de Ecología

 

Un estudio realizado por investigadores del Instituto de Ecología (IE) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) muestra que el jaguar (Panthera onca) está en mayor peligro de extinción de lo que se pensaba.

Por primera vez se sabe que habitan el planeta alrededor de 64 mil ejemplares, y que hay 34 subpoblaciones –desde el norte de México hasta Argentina–, de las cuales 33 están amenazadas o en peligro crítico de extinción.

Del total, 90 por ciento (57 mil) se coloca en una sola subpoblación: la de la Amazonia (abarca regiones de Brasil, Perú, Ecuador y Colombia); se trata de la única que, por su tamaño, no está considerada en riesgo. Las restantes contienen a sólo 10 por ciento de los ejemplares, es decir, alrededor de 7 mil. En México, según esta estimación, hay menos de 4 mil.

Los resultados del trabajo conjunto de los laboratorios de ecología y conservación de Vertebrados Terrestres y de Fauna Silvestre del IE, a cargo de Rodrigo Medellín y Gerardo Ceballos, respectivamente, fueron publicados en el número más reciente de la revista Oryx. The International Journal of Conservation, lo cual coincide con la publicación del libro El jaguar en el siglo XXI: la perspectiva continental, también coordinado por los científicos y sus colegas, en el que participaron 50 autores de 12 países.

Prioridades de conservación

Mediante la detección de subpoblaciones pequeñas, aisladas, con protección deficiente o densidades de poblaciones humanas muy altas, y al precisar la vulnerabilidad de cada una de ellas, será posible determinar las prioridades de conservación para esta icónica especie.

Los universitarios proponen a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que publica la Lista Roja, guía para políticas y prácticas de conservación, que no se evalúe a las especies por el total de su población, sino por la situación de cada una de las subpoblaciones.

En México se ha perdido más de 40 por ciento de la distribución de la Panthera onca, limitándose a las áreas más aisladas y de difícil acceso en las costas del Pacífico y del Golfo de México, las sierras madre Occidental y Oriental, y el sur-sureste.

Las poblaciones mejor conservadas, refirió Ceballos, están en la península de Yucatán, Oaxaca y Chiapas, con alrededor de mil 800 ejemplares. En Sonora y Sinaloa podría haber alrededor de 400; en la costa media del Pacífico, en Nayarit, Jalisco y Colima, aproximadamente 300, y de Michoacán a Chiapas, 650.

"Si en 10 o 15 años no tenemos una política de conservación sólida y las poblaciones no tienen seguridad, en México podríamos perderlos", afirmó Medellín.

"En cambio, si se articulan los esfuerzos correctamente podemos salvar no sólo a la especie, sino a las selvas y bosques que mantienen casi 45 por ciento de toda la diversidad biológica del país, es decir, a miles de otras especies de plantas y animales", añadió Ceballos.

Ocelotl, en náhuatl; balam, en maya, el jaguar ha sido relacionado con la valentía, el poder, la noche, el inframundo, la fertilidad de la tierra y la muerte. En la actualidad, la especie enfrenta amenazas como la pérdida y fragmentación de su hábitat, la agricultura y ganadería, la cacería, la disminución de sus presas (mamíferos, aves, reptiles y peces) y la expansión de los asentamientos humanos.

"Por ejemplo, de las más de 22 millones de hectáreas de selvas altas que se extendían desde Veracruz hasta Chiapas, quedan menos de un millón, dispersas y con poca continuidad" (El jaguar en México...)

Los humanos “no sólo nos metemos a su casa, sino que la destruimos al talar la selva. También nos comemos su alimento (venado y jabalí). Así, competimos con el jaguar por el espacio y la comida, y además les ponemos enfrente ganado y le decimos: ‘si lo tocas, te mueres’”, destacó Medellín.

"La gente también los caza para colgar su piel en una pared, o porque la hija quinceañera quiere un collar elaborado con los dientes del animal, para sentir la adrenalina de haber matado al felino más grande del continente, o simplemente porque se cruzó en el camino. Es patético", señaló.

Por fortuna, México tiene en el IE de la UNAM el grupo con mayor impacto en conservación y estudios sobre el jaguar en todo el mundo, así como con el compromiso de diversos sectores para la preservación de esa especie, precisó Ceballos.

Bajo el liderazgo del científico se organizó hace unos años la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar, que agrupa a los dueños de las tierras, al gobierno federal, organizaciones no gubernamentales y al sector académico.

Su estrategia, probablemente la más completa que hay en el mundo, consta de varios puntos: el censo nacional del jaguar; el trabajo con los ganaderos; la integración de una sola política de conservación a escala internacional, y la parte legal, de colaboración con abogados para contribuir a que cualquier persona que mate un ejemplar (millonario, político, ejidatario o indígena) vaya a la cárcel, indicó Medellín.

El censo, primero en el mundo para esta especie, se realizó en tres años de planeación y estudios (2008-2010), y abarcó 12 entidades de la República. No sólo estimó el número de jaguares en 3 mil 800, sino que colocó a México como líder en el desarrollo de estrategias de conservación del felino.

En la actualidad, anunció Ceballos, se realiza el segundo censo para determinar si la población se ha mantenido o ha decrecido. De igual modo, con el trabajo de la comunidad científica se ha logrado que el gobierno tome al jaguar como una "especie insignia" y en la COP 13, realizada en diciembre pasado en Cancún, se concretaron acuerdos importantes, como el declarar 2.5 millones de hectáreas más de reservas naturales antes de que acabe este sexenio.

Asimismo, debido a que en la península de Yucatán está la mayor población de jaguares de México, se convino consolidar la reserva de la biosfera de Calakmul y declarar una nueva que va de Cancún a Sian Ka’an y que protegerá 480 mil hectáreas de selva para el jaguar y miles de especies más.

De igual modo, con el apoyo de Semarnat y Sagarpa, se definió una estrategia de trabajo con ganaderos en la que, por ejemplo, éstos se comprometen a no matar jaguares.

Publicado enInternacional
Sábado, 10 Diciembre 2016 07:03

¿Biodiversidad sintética?

¿Biodiversidad sintética?

La biología sintética, una "actualización" de la ingeniería genética que viabiliza nuevas construcciones transgénicas y otras alteraciones en seres vivos, ha atravesado las discusiones en la conferencia global del Convenio de Biodiversidad (CDB) de Naciones Unidas, reunido desde el 4 al 17 de diciembre en Cancún, México.

Desde nuevos riesgos al ambiente y la salud, enormes desafíos de bioseguridad, hasta el tema de la nueva biopiratería digital, pasando por la posibilidad de extinguir especies o construir armas biológicas, nadie se pudo quedar al margen del debate. Para sus promotores, agresivos y muy bien financiados por la Fundación Gates o trasnacionales, se trata de "pequeños cambios, apenas una edición genética, casi como cambiar una palabra en un texto", pero prometen resolver (¡otra vez!) desde el hambre hasta el cambio climático y las enfermedades. Los más osados quieren manipular especies silvestres y hacer ingeniería de ecosistemas, prometen terminar la malaria y hasta revivir mamuts. Curioso que las propuestas de esta nueva raza de "conservacionistas" sea extinguir especies, pero las que ellos decidan que no es preciso conservar.

Apenas comenzada la conferencia, más de 170 organizaciones de todo el mundo, incluidas las mayores redes globales de campesinos, como la Vía Campesina, ambientalistas como Amigos de la Tierra y otras sindicales, sociales y de consumidores demandaron al CDB detener la "tecnología de extinción de especies", refiriéndose a los impulsores genéticos. Se trata de una nueva aplicación de ingeniería genética, que está dirigida a alterar especies silvestres, desde insectos a plantas o animales, para forzar la permanencia de un carácter transgénico a través de generaciones, lo cual podría llevar a la extinción de una especie, dependiendo del carácter que se inserte (http://tinyurl.com/zcrp6c3). El llamado tuvo repercusión en varias delegaciones, principalmente el grupo de países de África, que planteó la necesidad de aplicar un estricto principio de precaución ante estos nuevos riesgos. El tema sigue en consideración.

Según explicó la doctora Ricarda Steinbrecher, de la Federación de Científicos de Alemania, mientras que los transgénicos aplicados a cultivos están construidos para expresarse en semillas que hay que plantar (aunque a través del polen se crucen con cultivos no transgénicos, contaminándolos) con los impulsores genéticos, el objetivo es que se diseminen agresivamente en el ambiente y que persistan a través de muchas generaciones. Cuando la alteración es para que las especies solamente tengan machos en su descendencia, el objetivo es eliminar una población completa. Y aunque no funcione como afirman sus promotores, el desequilibrio genético podría llevar a cambios imprevistos. Eliminar una especie –o una población de ésta– tendrá una cascada de repercusiones en todo el ecosistema: todas las especies son parte de un conjunto complejo de co-evolución y co-adaptación, parte de las cadenas alimentarias y otros procesos. Incluso aquellas que algunos consideran plagas (como ratones o malezas) o que son vectores de enfermedades (como mosquitos), surgen y se desarrollan porque ese sistema crea un nicho para ellas por alguna razón.

Los impulsores genéticos no toman en cuenta ninguna de estas relaciones, solamente pretenden eliminar lo que sus promotores definen como problema, sin tocar las causas, las condiciones ambientales –muchas veces ambientes degradados por otras tecnologías, megaproyectos y alto uso de agrotóxicos– ni las condiciones de salud y socio-económicas de las personas afectadas, que en la mayoría de casos son los principales factores que favorecen lo que se define luego de plaga o epidemia.

Pese a que quizá ni siquiera funcione, los intereses comerciales y la guerra de patentes sobre estas tecnologías son enormes y principalmente para sus aplicaciones en agricultura, pero tratando de evitar el rechazo que tuvieron los transgénicos, sus promotores han tomado otras vías para lograr su aceptación: las presentan como técnicas para enfermedades o conservación.

Por otro lado, la industrialización de la biología sintética plantea toda otra serie de temas. Colocar en Internet los mapas genómicos de muchas especies vegetales, animales, microbianas, permite que las empresas y quienes tengan acceso a las herramientas adecuadas, puedan descargar la información genética y construir artificialmente principios activos y otros genes, para su uso a nivel industrial. Pero también para otros usos, inclusive usos hostiles, como fabricar ciertos virus y bacterias, que pueden dañar cosechas, animales domésticos y hasta humanos. El tema es complejo y la alineación de gobiernos es esperada: la mayoría de países de Norte, que tienen las herramientas, las patentes y son sede de las trasnacionales, no quieren ninguna nueva norma ni discusión, alegan que de esa forma se promueve la "ciencia" porque todos pueden acceder a la información. Si bien este principio sería bueno si se aplicara a todo, no proponen acompañar este supuesto "interés público" de una prohibición al patentamiento, privatización y lucro de resultados que ellos pueden obtener al usar la información. Al contrario, se parece mucho a la biopiratería de siempre, pero digitalizada y con un espectro de usos e impactos mucho mayores.

Por eso, entre los llamados "Premios del Capitán Garfio" 2016, que se entregaron en el marco del CDB se incluyó a Canadá y Honduras (representado por una profesora mexicana de biotecnología), que en estas negociaciones han estado entre los más aguerridos defensores de la industria de la biología sintética.

 

Sábado, 03 Septiembre 2016 06:07

Armas transgénicas para extinguir especies

Armas transgénicas para extinguir especies

Si se pudieran extinguir totalmente especies que una empresa o institución considere dañinas ¿estaría justificado hacerlo?, ¿quién lo decide?, ¿cómo afectará las cadenas alimentarias y los ecosistemas? El arma ya existe y aunque está en prototipo, su desarrollo ocurre a un ritmo vertiginoso, dejando muy atrás cualquier regulación de bioseguridad y consideraciones ecológicas, éticas, sociales o económicas de la gran mayoría.

Para poder avanzar con este enorme riesgo tecnológico, la industria biotecnológica ha cambiado de táctica. Unas pocas ONG internacionales promueven esta nueva biotecnología como medio de "conservación de la naturaleza", que proponen usar para extinguir especies invasoras: ratones, insectos, malezas. Presentaron también una moción al Congreso mundial de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), que se reúne del primero al 10 de septiembre en Hawai, para adoptar la biología sintética como herramienta de conservación.

Frente a esto, 30 personajes del ámbito científico, ambientalistas, abogados, líderes indígenas y otros, publicaron un llamado a poner un alto a estas propuestas y a la tecnología de "impulsores genéticos". Entre los firmantes –que incluyen a Jane Goodall, David Suzuki, Vandana Shiva, Víctor Toledo, Alejandro Nadal– están las presidentas de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, Elena Álvarez-Buylla, de México, y Angelika Hilbeck, de Alemania, de la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER).

La doctora Hilbeck, entomóloga, señaló que “los impulsores genéticos son una tecnología que se propone exterminar especies. Aunque le pueda parecer a algún conservacionista profesional una ‘buena solución’ para situaciones complejas, hay altos riesgos de consecuencias no intencionales, que podrían ser peores que el problema que tratan de resolver” (www.synbiowatch.org/gene-drives-iucn-pr).

Los "impulsores genéticos" o gene drives en inglés, se basan en una tecnología tan nueva que aún no existe traducción acordada. Es una construcción transgénica que "engaña" a la naturaleza para que las especies de reproducción sexual (plantas, insectos, animales, humanos) pasen forzosamente un gen foráneo a todas las generaciones posteriores.

Es una vía biotecnológica para destruir la ventaja desarrollada en la coevolución de las especies en millones de años con la reproducción sexual. Normalmente, la progenie hereda 50 por ciento de la información genética de cada progenitor, lo que en generaciones posteriores facilita a los organismos eliminar genes que no son útiles o le son extraños. Con los impulsores genéticos, el constructo artificial diseñado con tecnología CRISPR-Cas9 corta/inserta nuevas secuencias y elimina el gen correspondiente que aporta el otro progenitor, garantizando así que finalmente el gen introducido esté en toda la especie. (Más información en http://tinyurl.com/hp2gph5)

En caso de que sea una modificación para que la progenie sea de un solo sexo, se extinguiría la especie. Esto es justamente lo que se propone el proyecto GBIRd (Genetic Biocontrol on Invasive Rodents), liderado por el grupo Island Conservation, que desarrollan roedores manipulados con impulsores genéticos para que sólo puedan procrear ratones machos. Pretenden liberarlos en 2020 en islas para eliminar a ratones que dañan a las aves. Otro proyecto que se quiere liberar en Hawai (del grupo Revive and Restore) son mosquitos con impulsores genéticos para extinguirlos por la misma vía, argumentando que trasmiten malaria aviar que afecta aves nativas. Esto a pesar de que las aves han comenzado a desarrollar resistencia natural a esa enfermedad.

El enfoque es estrecho y erróneo, porque no toca las causas, condiciones e interacciones en que se desarrollan las supuestas especies "dañinas" y por tanto, seguirán surgiendo o serán remplazadas por otras con la misma función. En el caso de GBIRd, se trata de manipular ratones comunes, por lo que la cascada de riesgos sobre la especie, sobre otros roedores emparentados y el papel que juegan en diferentes ecosistemas, es de una amplitud enorme e imposible de controlar. Esto no es muy distinto en el caso de los mosquitos; la eliminación de un tipo de mosquito –si fuera posible– abrirá paso a otros que se volverán vectores de enfermedad, quizá mucho más difíciles de controlar.

Por esta y otras razones, 71 gobiernos y 355 ONG que pertenecen a la IUCN, en lugar de apoyar el uso de biología sintética, votaron una enmienda a dicha moción, estableciendo una moratoria de facto dentro de IUCN a el apoyo o respaldo a la investigación, experimentos de campo y uso de impulsores genéticos, hasta que se analicen en profundidad y evalúen sus impactos en la biodiversidad y otros aspectos. (http://tinyurl.com/hht8byo).

El uso de impulsores genéticos no sólo se piensa para conservación, las trasnacionales de agronegocios lo desarrollan como una vía para eliminar malezas, revertir resistencia de hierbas invasoras a los agrotóxicos de los cultivos transgénicos, para aumentar su uso. Que se dé más importancia mediática como instrumento para conservación o prevenir enfermedades, es también una manipulación para evitar que se asocien con el extendido rechazo global a los cultivos transgénicos.

Urge ampliar el debate sobre los usos, riesgos e impactos de la biología sintética y especialmente de los impulsores genéticos, sobre los que se debe establecer una estricta moratoria internacional que prevenga cualquier liberación. Para empezar, aquí puede agregar su firma a la carta mencionada http://tinyurl.com/jm4t6bg.

Por Silvia Ribeiro*Investigadora del Grupo ETC