Nuevas formas de vida en una futura mina submarina

El estudio del fondo del mar en una zona del Pacífico rica en minerales halla especies nuevas para la ciencia

 

Una llanura inmensa de cantos rodados que contienen una docena o más de minerales diversos, muchos de gran demanda, parece un sueño minero. Solo hace falta recogerlos. Si la llanura está en el fondo del mar, a gran profundidad, el tema se complica pero tampoco es ya imposible.

Por eso existen planes para explotar los yacimientos de los fondos marinos, en los que se hallan las mayores reservas de minerales de la Tierra. Conocer la vida que hay en ellos es un requisito indispensable antes de proseguir con los planes de explotación.


La zona más importante de esta nueva frontera en la actualidad es la de Clarion-Clipperton, en el Pacífico Ecuatorial, casi tan grande como Estados Unidos. En el extremo este se ha hecho el primer estudio biológico de una futura mina “a mar abierto” minera para la que tiene un permiso de exploración la empresa británica UK Seabed Resources.

Estos estudios son obligatorios, según las normas de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), una organización bajo el paraguas de la ONU que regula las actividades en los fondos oceánicos fuera de las áreas de jurisdicción nacional. Estos fondos, que no son de ningún país, suponen casi el 50% de la superficie emergida terrestre, aunque muchos Estados están reclamando una ampliación de su plataforma continental para tener derechos sobre los fondos marinos ahora adyacentes.


Lo que ha encontrado el equipo de investigación es que existe una considerable y hasta ahora ignorada diversidad de animales mayores de dos centímetros (megafauna abisal) y que su abundancia parece estar relacionada directamente con la de los nódulos polimétálicos, que es el nombre técnico de las piedras ricas en minerales del fondo del mar.


Los científicos, de la Universidad de Hawai, utilizaron robots submarinos operados a distancia para explorar cinco zonas de la concesión minera a alrededor de los 4.000 metros de profundidad y caracterizar así la abundancia y diversidad de los ecosistemas.


“Las mayores sorpresas fueron la gran diversidad, el alto número de nuevas especies y el hecho de que más de la mitad de las especies observadas parece depender de los nódulos, la parte de su hábitat que se extraerá si se explota la zona”, explica Diva Amon, que ha dirigido el estudio.

Se han observado 180 formas de vida diferentes en los vídeos pero se cree que existen más. Las especies más abundantes son de cnidarios (que comprenden medusas, anémonas y corales) y de equinodermos (erizos, pepinos y estrellas de mar), de los que ya se conocen miles de especies. La nueva investigación confirma que hay todavía más especies, ya que se extrajeron para su estudio 18 ejemplares de esponjas, corales y anémonas, entre otros, que representan 12 especies, más de la mitad de las cuales eran desconocidas hasta ahora. También es de resaltar que la cuarta especie más abundante observada, el octocoral Abyssoprimnoa gemina, pertenece a uno de los géneros más recientes descritos.

El estudio también ha servido para evaluar la abundancia de los nódulos en el fondo del mar, que en algunas zonas cubre el 50% de la superficie a simple vista. Los nódulos contienen sobre todo cobre, níquel, cinc, cobalto y manganeso, además de tierras raras.

No son el único objetivo de la exploración minera, aunque sí el más accesible. También están las chimeneas de sulfuros polimetálicos, en las que hay asimismo oro, plata y platino y las costras de ferromanganeso de algunas montañas submarinas, que son ricas en cobalto.

El estudio, publicado en Scientific Records, forma parte del proyecto internacional Abyssline, en el que participan seis países, que publicará próximamente más resultados sobre la misma zona. Se ha hallado una gran diversidad de macrofauna (crustáceos, gusanos, moluscos y otros invertebrados entre los dos centímetros y los 3 milímetros de tamaño), que se detallará en un estudio de próxima publicación.

“Para poder gestionar de forma efectiva este área y mitigar el impacto ambiental de la minería a gran profundidad en Clarion-Clipperton, es esencial el conocimiento básico de la abundancia, diversidad y rango de las especies de megafauna, un componente clave de este ecosistema”, dice Craig Smith, director científico del proyecto. Hasta ahora la ISA ha concedido una docena larga de concesiones mineras, todas ellas en Clarion-Clipperton. UK Seabed Resources es una filial de la multinacional Lockheed Martin.

Sábado, 11 Junio 2016 07:35

Reacción mutagénica en cadena

Reacción mutagénica en cadena

Genes dirigidos a engañar la evolución natural que pueden extinguir especies enteras. No son transgénicos solamente, se trata de ingeniería de ecosistemas y poblaciones enteras. La técnica se inventó el año pasado pero ya está en la polémica mundial, para algunos por los altos riesgos que conlleva, para otros –las trasnacionales de agronegocios, farmacéuticas, biotecnología y defensa– por los negocios que avizoran.

Los conductores genéticos (gene drives en inglés) son una forma de burlar leyes naturales de la herencia y forzar a que los genes introducidos se traspasen a toda una población. Si son genes que inhabilitan la especie, es un método de extinguirla. Las especies que se reproducen sexualmente –plantas, animales, humanos– heredan 50/50 genes de cada progenitor, algunos dominantes, otros recesivos que en próximas generaciones tienden a desaparecer. Con conductores genéticos –que se construyen usando la técnica de biología sintética CRISPR/Cas9– los genes insertados llevan la instrucción de eliminar el gen correspondiente del otro progenitor no modificado, trasmitiéndose en 100 por ciento a la progenie. Repiten el acto en cada cruza, por lo que en pocas generaciones están en toda la población. Sus creadores lo llaman reacción mutagénica en cadena. En experimentos con mosquitos y moscas en la Universidad de California en 2015, en dos generaciones el gen modificado estaba en 97 por ciento de la población, contra 37 por ciento y tendencia a disminuir, sin usar conductores genéticos.

Esto causó que Kevin Esvelt, inventor de la técnica, llamara a una moratoria a su liberación y a un amplio debate público sobre la misma, ya que significa modificar especies completas para siempre.

Otros que usan la misma tecnología no tienen esos escrúpulos. Publicaron sus experimentos como algo fantástico que según ellos podría terminar con especies dañinas, plagas, vectores de enfermedades, etcétera. Hay muchos problemas con esta visión mecanicista de la naturaleza y las enfermedades. Por ejemplo, ¿quién define qué es dañino o plaga? Para la agricultura industrial todo lo que esté vivo en un campo, menos el cultivo que se quiere cosechar, es dañino. ¿Qué consecuencias tiene la eliminación de una especie entera de un ecosistema que ha coevolucionado con ella, o incluso la ha favorecido en reacción a otros desequilibrios? ¿Qué pasa con otros organismos que se alimentan de esa especie? En el caso que pudieran eliminar insectos vectores de enfermedad, está ampliamente demostrado que si las causas y ambiente de una enfermedad persisten, encontrará otros vectores de trasmisión que podrían incluso ser peores. Podría inducir la mutación más rápida de los agentes infecciosos. Además de la arbitrariedad de que un grupo de técnicos o empresas se arroguen el derecho de eliminar o modificar irreversiblemente especies y ecosistemas. Los transgénicos de cultivos ya contaminan y son un problema, pero hay que plantarlos cada estación, y las plantas no modificadas conservan sus defensas naturales.

El 8 de junio 2016, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó un extenso informe sobre conductores genéticos, en forma extraordinariamente rápida para sus estándares. Entre sus principales conclusiones afirman que la tecnología no se debe liberar al ambiente, porque no hay suficiente conocimiento sobre sus impactos, que serían muy significativos. Señalan que están diseñados para modificar intencionalmente especies silvestres y que su acción será inevitablemente transfronteriza. Por los impactos en biodiversidad, llaman a consultar y escuchar al público y comunidades, incluyendo consideraciones éticas y no técnicas, ya que serían modificaciones irreversibles de amplio alcance. Pese a sus propios argumentos, abren la posibilidad de experimentar, pero en laboratorio, con normas de confinamiento de extrema seguridad, inclusive en islas.

El reporte reconoce los riesgos que implica la técnica para biodiversidad y que no es un tema confinado a los científicos, pero deja de lado otros impactos y usos potenciales muy graves de esta tecnología. El Grupo ETC señala otros tres aspectos de alta preocupación: el uso bélico y hostil contra humanos, contra el medio ambiente y contra la seguridad alimentaria. (http://etcgroup.org/es/content/ detengamos-la-bomba-genetica)

La tecnología podría usarse para desequilibrar ecosistemas, exterminar cultivos, enfermar o debilitar poblaciones humanas. Podría dirigirse, por ejemplo, a reconocer y modificar microbiomas humanos, que son específicos a cada individuo pero comunes en muchos elementos al área donde viven. La Convención de Armas Biológicas ya comenzó a discutir las implicaciones de los conductores genéticos. Es también una tecnología que podría modificar el ambiente de forma irreversible, por lo que debe tratarse en ENMOD, la Convención de Naciones Unidas que prohíbe la modificación ambiental con fines hostiles.

Pese a que la presentan como cura para enfermedades, la patente WO2015105928 sobre conductores genéticos, otorgada a la Universidad de Harvard, cubre el uso en 50 hierbas para hacerlas susceptibles a más de 200 agrotóxicos, lo cual es de gran interés para las trasnacionales de transgénicos, como Monsanto y Syngenta, que han tenido que cambiar sus semillas porque las plantas que consideran malezas se adaptan a sus venenos e invaden los cultivos. El estudio menciona específicamente una especie de amaranto y el riesgo de que si se elimina esa variedad, el gen conducido podría pasarse a las especies de amaranto que se usan para consumo.

Por los enormes peligros al ambiente, biodiversidad, salud, alimentación, económicos, bélicos, urge establecer una moratoria internacional contra toda liberación de conductores genéticos. El Convenio de Diversidad Biológica, que se reúne en Cancún en diciembre (CDB Cop13), ya tiene en su agenda la biología sintética y debe tomar esa importante decisión.

*Investigadora del Grupo ETC

Científicos británicos construyen un arca de Noé congelada

Como un arca de Noé moderna, la Frozen Ark conserva en Inglaterra el ADN y las células de especies antes de que desaparezcan, justo cuando la Tierra vive su sexta gran extinción por culpa del cambio climático.


"Muchas especies desaparecerán antes incluso de que hayamos descubierto su existencia. La idea de la Frozen Ark (arca congelada) es hallar y conservar" su ADN y células para las generaciones futuras antes de que sea demasiado tarde, explicó el profesor John Armour, de la Universidad de Nottingham, que alberga el proyecto.


La red Frozen Ark, creada hace algo más de 10 años por una pareja de científicos británicos –Bryan Clarke, fallecido en 2014, y su esposa Ann–, cuenta con 22 centros asociados en el mundo, entre ellos zoológicos y universidades, que han reunido 48 mil muestras de 5 mil 500 especies.


En Nottingham mismo, en el norte de Inglaterra, hay 705 muestras, que vienen, por ejemplo, del tigre de Siberia o el leopardo de Amur.


Algunos consideran derrotista lo que hacemos. Los más hostiles a nuestro proyecto son los conservacionistas, para los que todos los esfuerzos deberían concentrarse en salvar especies en peligro, dijo el profesor Ed Louis, uno de los responsables del proyecto.


Pero nosotros no estamos aquí para sustituir lo que hacen ellos, sino para ofrecer una salvaguarda en caso de extinción de una especie, aseguró.


Con un poco de suerte llegaremos a salvar el patrimonio genético de casi todo, estimó, al tiempo que expresó su esperanza de que se acelere la recaudación de fondos para el proyecto.


La idea surgió en Clarke por la extinción en libertad del caracol arborícola de Tahití (partula), causada por la introducción de un caracol carnívoro que se suponía tenía que librar la zona de otro invasor gasterópodo.


Mediante la recopilación de estos caracoles en su laboratorio y su envío a varios zoológicos del mundo, el profesor Clarke fue capaz de salvar la especie, cuya reintroducción en la naturaleza se está probando.


Un día nos miramos y pensamos que deberíamos hacer lo mismo con otras especies en peligro de extinción, recuerda Ann Clarke.


Todo depende de los invertebrados. Si desaparecen, desaparecemos nosotros, dice ella.
Los invertebrados son seres esenciales a la Tierra: polinizan los cultivos, reducen los insectos perniciosos y las plagas, filtran el agua y nutren el suelo.


Al igual que el caracol partula, muchas especies están en declive o desapareciendo a un ritmo que ha llevado a los científicos a hablar de la sexta gran extinción en la Tierra. La última provocó la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años.
La actividad humana y el cambio climático tienen un impacto particularmente dramático en los océanos.


Según las predicciones, los arrecifes de coral (el hogar de más de 25 por ciento de todas las especies marinas) podrían desaparecer para el año 2050.


Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), alrededor de 41 por ciento de los anfibios y 26 por ciento de las especies de mamíferos están amenazados de extinción.


¿Resucitar especies extinguidas?


¿Qué se puede esperar del ADN y de las células conservadas? Una gran cantidad de información, sobre todo de los procesos metabólicos, dijo el profesor John Armour.


Así, a medida que los antibióticos son cada vez menos eficaces, la piel de los anfibios está cubierta de pequeñas moléculas que matan las bacterias. Una de las soluciones para una era sin antibióticos sería adaptar estas moléculas para uso médico, añadió el profesor Louis como ejemplo.


"El uso más extremo sería la 'desextinción', es decir, el uso de material preservado para recrear" animales desaparecidos, añadió Armour.


Una hipótesis por ahora fuera del alcance de la ciencia. Algunas personas nos critican por creernos Dios, a lo que siempre respondo que corresponderá decidir a las generaciones futuras, cuando tengan las técnicas disponibles, concluye Ann Clarke.
Si no mantenemos nada, ni siquiera tendremos esa opción, concluyó

Descubierto en Etiopía un nuevo ancestro de los humanos


El 'Australopithecus deyiremeda' convivió en las llanuras de la región de Afar en Etiopía con Lucy. En el hallazgo, publicado hoy en 'Nature', ha participado el el geólogo Luis Gibert, investigador de la Universidad de Barcelona.

 

MADRID.- Australopithecus deyiremeda. Es el nombre de la nueva especie de homínido fósil descubierto en el yacimiento de Woranso-Mille -en la región central de Afar, en Etiopía. El nombre viene de: "Wdia-ihreme-dah" ("pariente próximo" en la cultura oral del pueblo Afar). Vivió hace más de tres millones de años en las extensas llanuras de la región de Afar (Etiopía) y compartió este territorio de Áfria oriental con el Australopithecus afarensis, especie a la que pertenece Lucy, descubierta por el equipo de Donald Johanson, Yves Coppens y Tim White en 1974.

 

El hallazgo ha sido realizado por un equipo científico internacional dirigido por el profesor Yohannes Haile-Selassie (Universidad de la Reserva Case Western, EEUU) y en el que participa el geólogo Luis Gibert, investigador Ramón y Cajal del Departamento de Geoquímica, Petrología y Prospección Geológica de la Facultad de Geología de la Universidad de Barcelona (UB).

 

Durante años, la comunidad científica ha debatido si la especie de Lucy era el único homínido que vivió en la región en esa época. Con los descubrimientos de fósiles como los de Australopithecus bahrelghazali en Chad y los de Kenyanthropus platyops en Kenia se intentó desafiar este paradigma clásico en paleoantropología humana; lo que no fue completamente aceptado por los científicos.

 

Ahora, un estudio publicado en Nature confirma el hallazgo en el área de Woranso-Mille en Etiopía de otro homínido, Australopithecus deyiremeda, cuyos restos (mandíbula superior e inferior y piezas dentales) se han encontrado a tan sólo 35 km del lugar donde se documentó por primera vez el Australopithecus afarensis.

 

"La nueva especie proporciona, por primera vez, una prueba de que más de una especie de homínidos se superpusieron en el espacio y en el tiempo", explica a Sinc Yohannes Haile-Selassie, investigador en el Museo de Historia Natural de Cleveland (EE UU) y autor principal del trabajo.


Pero Lucy y Australopithecus deyiremeda compartieron más que el territorio: coexistieron al mismo tiempo. Según los investigadores, es probable que el A. Afarensis no fuera el único ancestro que dio origen a todos los homínidos posteriores. "Las evidencias fósiles del área de estudio de Woranso-Mille muestran claramente que, como mínimo, hubo dos especies –si no tres– de ancestros humanos que vivieron en el mismo momento en un área de proximidad geográfica", añade el investigador.


En busca de la tercera especie

 

Esta posible tercera especie, que aún no tiene un taxón asignado, corresponde a los restos fósiles de un pie de homínido datado hace 3,4 millones de años, y descubierto en el área de Burtele por el equipo del profesor Haile-Selassie, y cuyo hallazgo se publicó en la revista Nature en 2012.


"Aunque todavía no se ha podido asociar a ninguna especie en concreto, este homínido fósil es un ejemplar de gran interés científico ya que muestra otros patrones de adaptación a la locomoción de los homínidos hace más de 3 millones de años en esta región de África", subraya Luis Gilbert, investigador en la Universidad de Barcelona, miembro del equipo investigador en Woranso-Mille desde 2010 y responsable de la contextualización cronoestratigráfica y sedimentológica de los fósiles encontrados en los yacimientos de la zona.

 

La morfología de este pie sugiere un modo distinto de locomoción bípeda típica, pero también tenía un dedo gordo torcido hacia dentro para agarrar, similar a la estructura de otra especie: los Ardipithecus ramidu.


A pesar de no existir una asociación clara entre el pie y las mandíbulas y dientes de Australopithecus deyiremeda, "no se puede descartar que estos restos fósiles pertenezcan a la misma especie debido a su proximidad en el espacio y en el tiempo", afirma Haile-Selassie.

 

Un pariente más que cercano

 

Como su nombre indica, Australopithecus deyiremeda era un pariente cercano a los homínidos posteriores, pero sus características morfológicas de las mandíbulas y dientes demuestran que era diferente a otros ancestros de los humanos con los que convivió.

 

"La nueva especie tiene el esmalte dental más grueso y la mandíbula inferior más robusta que el Australopithecus afarensis y que el Kenyanthropus platytops", indica el antropólogo estadounidense. Estas particularidades apuntarían a un patrón de dieta más rico y variado que en el caso de A. afarensis, y probablemente más similar al del género Homo.

 

El estudio recalca además la similitud entre la nueva especie y algunas características morfológicas en mandíbulas y dientes generalmente asociadas con los géneros Paranthropus y Homo, como son el cuerpo mandibular relativamente sólido y el espesor del esmalte dental, que por primera vez aparecen en el registro fósil mucho antes de lo que se pensaba.


"La cronología de los nuevos fósiles de Woranso-Mille está muy bien delimitada por la geología regional, la datación radiométrica y los datos paleomagnéticos", explica Beverly Saylor, experta de la Universidad de la Reserva Case Western y coautora del artículo.

 

La aparición del homínido Australopithecus deyiremeda tiene importantes implicaciones para la comprensión del linaje evolutivo de la especie humana. El hallazgo también plantea nuevas incógnitas sobre el uso del territorio común y los recursos disponibles para las diferentes especies de homínidos en Afar.

 

"La nueva especie tiene el esmalte dental más grueso y la mandíbula inferior más robusta que el Australopithecus afarensis y que el Kenyanthropus platytops""Siempre que se encuentra un fósil importante, hay un gran debate científico —apunta Lluís Gibert—, y sin duda, este nuevo hallazgo generará nuevas discusiones sobre los orígenes humanos".

 

El genoma más antiguo de nuestra especie aclara el cruce con los neandertales

La historia de nuestra especie es como un queso suizo. Desde la aparición del Homo sapiens en África hace unos 250.000 años, nuestras peripecias por el mundo son un compendio de partes alimenticias y agujeros llenos de nada. Gracias a los restos humanos que se han encontrado hasta la fecha, hay épocas en las que conocemos cómo vivían nuestros ancestros, con qué animales lidiaban e incluso con qué otras especies tuvieron hijos. Luego hay agujeros que abarcan decenas de miles de años de los que desconocemos casi todo. Es como si cerrásemos los ojos un día cualquiera de los felices años veinte y al abrirlos estuviésemos en el Berlín arrasado de 1945.


Hoy un viejo hueso encontrado en Siberia llena uno de los agujeros de ese queso. Se trata del fémur renegrido de un hombre de edad desconocida que vivió hace 45.000 años, los restos más antiguos de nuestra especie que se han encontrado y datado de forma directa en Europa y Asia, según sus descubridores. Un equipo de investigadores en Alemania, Rusia, España, Francia, EEUU, Canadá y Reino Unido ha logrado secuenciar el genoma completo de aquel individuo y aclarar episodios importantes en nuestra historia, como la fecha aproximada del cruce con los neandertales, el origen de la división que dio lugar a los asiáticos y los europeos o incluso el menú de nuestros ancestros poco después de que llegasen a Europa desde África.


La dieta que consumimos deja una marca en los huesos. Se trata de una determinada proporción de isótopos de carbono y nitrógeno que indican qué comía una persona de cinco a 10 años antes de su muerte. El médico e historiador español Domingo Salazar-García ha sido el responsable de analizar los isótopos del fémur hallado en Rusia. "Lo que encontramos es que, además de carne de animales terrestres, también consumían proteínas provenientes de cursos de agua dulce, peces o cangrejos de río, por ejemplo, y esto es algo que no se ha encontrado nunca en restos neandertales", explica el experto. Los datos apuntan a que los humanos modernos supieron adaptarse bien a su nuevo entorno en Eurasia y tener una dieta variada. "Esto en parte puede explicar por qué acabaron teniendo éxito y sobrevivieron, al contrario que los neandertales", señala Salazar-García, que trabaja a caballo entre el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, la Universidad de Valencia y la Universidad de Ciudad del Cabo, en Suráfrica.

El fémur fue hallado al Oeste de Siberia, a las orillas del río Irtish, un gran curso fluvial que nace en China y llega a Rusia tras cruzar Kazajistán. El genoma de aquel hombre, el más antiguo que se ha obtenido de nuestra especie, permite comparar mucho mejor a los humanos que vivían en Europa en aquellos tiempos: sapiens, neandertales y un tercer grupo conocido como denisovanos y cuyos restos también se encontraron en Siberia. Esto ha permitido afinar la fecha en la que los Homo sapiens y los neandertales se cruzaron teniendo descendencia fértil. Fruto de aquel cruce, todos los humanos procedentes de fuera de África tienen en torno a un 2% de ADN neandertal. Según el nuevo estudio, publicado hoy en Nature, el cruce entre ambas especies sucedió hace unos 55.000 años (5.000 años arriba o abajo). En otras palabras, las dos especies se habían cruzado unos 10.000 años antes de que naciera el hombre cuyos restos se encontraron a orillas del Irtish. Hasta ahora la horquilla temporal era mucho mayor, de entre 86.000 y 37.000 años, según ha explicado Chris Stringer, experto en evolución humana del Museo de Historia Natural de Londres.


El estudio ha sido dirigido por Svante Pääbo, investigador del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck y también responsable de la secuenciación de los primeros genomas de neandertales y denisovanos. En su estudio han comparado el nuevo genoma con el de 50 poblaciones humanas actuales. El individuo de Siberia parece más emparentado con los actuales europeos y asiáticos que con los africanos, lo que indica que perteneció al grupo humano que abandonó África y llegó hasta Europa. Las comparaciones genéticas con humanos actuales también apuntan a que aquel hombre vivió aproximadamente en el tiempo en el que se separaron dos grandes ramas del árbol humano. Una se dirigió hacia Asia y la otra hacia Europa.

"Puede decirse que era el ancestro de todos los europeos y asiáticos",explica el paleoantropólogo Carles Lalueza-Fox, que trabaja en la Universidad Pompeu Fabra y el CSIC. Lalueza-Fox no ha participado en el estudio, pero fue uno de los revisores del estudio. "Es un trabajo importante porque nos acercamos mucho al momento de la hibridación, de hecho aquel individuo estaba mucho más cerca de ese cruce que de nosotros", destaca. El investigador también encuentra plausible la hipótesis sobre la dieta de los primeros humanos modernos de Europa. "Una de las cosas que siempre se encuentran en yacimientos de humanos modernos son arpones de hueso en zonas donde no había mar, lo que nos indica que pescaban; es algo que nunca se ha hallado en asentamientos neandertales", apunta.

La Tierra nunca había sido tan afectada por una sola especie como por el humano

La gente ha cambiado tanto la Tierra, calentándola y contaminándola, que muchos científicos emplean un nuevo término para referirse a la era geológica en la que vivimos: el antropoceno, la edad de los humanos.


Aunque la mayoría de los no expertos no se dan cuenta, la ciencia describe los pasados 12 mil años como el holoceno, que en griego significa totalmente reciente. Sin embargo, la forma en la que los humanos y sus industrias alteran el planeta, en especial el clima, ha hecho que cada vez más científicos empleen la palabra antropoceno para referirse al momento en que vivimos.

Estamos cambiando la Tierra. No hay duda sobre eso, lo he visto desde el espacio, dijo el astronauta John Grunsfeld, que realizó ocho caminatas y ahora es administrador asociado de ciencia en la Administración Nacional de la Aeronáuticay del Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés).


Grunsfeld dijo que cuando miraba hacia abajo desde el espacio, no veía un lugar del planeta donde los humanos no hubieran dejado su marca. De modo que emplea el término antropoceno, porque somos lo bastante inteligentes para reconocerlo.


El astronauta era parte del público del simposio Viviendo en el antropoceno, celebrado la semana pasada en el Instituto Smithsoniano.
Por su parte, la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia abrió la exposición Fósiles del antropoceno. Este año se han presentado más de 500 estudios científicos refiriéndose al periodo actual como el antropoceno.

Nunca, en sus 4 mil 600 millones de años de historia, la Tierra se había visto tan afectada por una sola especie como ahora por los humanos, dijo W. John Kress, subsecretario en funciones de ciencia para el Smithsoniano. Indicó que para nosotros (el término) combina lo científico y lo cultural en una palabra.


Steffen, uno de los principales líderes del movimiento, señaló en un correo electrónico que la edad de los humanos es algo más que el cambio climático. Incluye pérdida de ozono, interferencias en los ciclos de nitrógeno y fósforo que causan zonas muertas, cambios en el agua, acidificación del océano, alteraciones endocrinas y deforestación.


Steffen afirmó que no hay un consenso científico por el término, pero percibe un creciente apoyo. Para ser oficial, debe ser aprobado por la Unión Internacional de la Comisión de Ciencias Geológicas sobre Stratigrafía.
El jefe de ese comité, Stann Finney, de la Universidad del Estado de California en Long Beach, dijo en una entrevista que se le suele describir el mayor crítico del término. Explicó que si bien no hay duda de que los humanos están cambiando de forma drástica el planeta, establecer un nuevo periodo geológico requiere detallados registros científicos, en su mayoría basados en datos sobre rocas.

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