Yo fui una de las primeras personas en Facebook y no debería haber confiado en Mark Zuckerberg

Cuando era estudiante de Harvard, mis amigos y yo oímos hablar de una nueva web que mejoraría nuestras vidas. Catorce años más tarde, veo lo equivocados que estábamos

La verdad es que el gran valor de Facebook ha nacido de haber logrado que todos nosotros perdiéramos el control

 

 

Hace catorce años, dos meses y ocho días, cometí un error. Igual que muchos errores que uno comete siendo muy joven en la universidad, esto tuvo que ver con fiarme de un hombre en quien no debería haber confiado. Y este error me afecta hasta el día de hoy.

 

No, Mark Zuckerberg no me contagió herpes. Pero tras el escándalo de Cambridge Analytica, he estado reflexionando sobre mi decisión de unirme a thefacebook.com el quinto día de su existencia, y me impresionan las similitudes entre la creación de Zuckerberg y un virus molesto (aunque mayormente benigno). Facebook no me va a matar, pero ha afectado a todas mis relaciones personales, me ha hecho contagiar a otras personas y nunca lograré deshacerme del todo de él.

 

La semana pasada, Zuckerberg tuvo que asumir ciertas consecuencias. Durante los dos días en que tuvo que responder las preguntas del Congreso, Zuckerberg buscó asegurar a la población que nosotros, y no él, tenemos un "control absoluto" de nuestras relaciones en Facebook. Repitió esta garantía una docena de veces, volviendo una y otra vez a la idea de que los usuarios pueden controlar la información que Facebook tiene sobre ellos.

 

Sin embargo, el Zuckerberg de 2018 sonaba muy parecido al "Mark E Zuckerberg ’06" que fue entrevistado sobre su nueva web el 9 de febrero de 2004 por el periódico universitario Harvard Crimson. Fue gracias a este artículo que mis amigos y yo decidimos confiar en este extraño detrás del ordenador y darle las claves de nuestra identidad: nombres, fechas de nacimiento, fotografías, correos electrónicos, y mucho más.

 

"Hay muchas opciones de privacidad", dijo en ese momento al entrevistador. "La gente tiene mucho control sobre quién puede ver su información".

 

"En Facebook, tienes control sobre todo lo que compartes", dijo al senador Dean Heller justo después de no poder responder con seguridad si Facebook alguna vez registró el contenido de las llamadas telefónicas de sus usuarios. "Tú puedes decir ‘no quiero que esta información esté allí’. Tienes acceso total a comprender todo, cada pequeña información que Facebook tiene sobre ti, y puedes borrarlo todo".

 

Zuckerberg mintió en aquel momento y miente ahora también. No tenemos "control absoluto" y nunca lo hemos tenido, como lo prueba el hecho de que incluso personas que nunca han tenido una cuenta de Facebook tienen "perfiles en sombra" creados sin su consentimiento.

 

Hace 14 años, dos meses y ocho días que se sale con la suya con el mismo cuento. Mientras lo miraba desarmarse delante del Congreso, no podía evitar verlo como uno de esos muchachos de Harvard de rostro juvenil que pasaban con gracia de su instituto de la zona de Nueva Inglaterra a las universidades de lujo de la Ivy League y lograban mantener contacto visual con el profesor mientras opinaban sobre libros que no habían leído.

 

Todavía recuerdo la emoción y la curiosidad por esta nueva web que prometía mejorar y reemplazar los anuarios universitarios que Harvard entregaba a los estudiantes de primer año. Aquellos volúmenes delgados de tapa dura solían ser una fuente de información útil y entretenimiento picante. Solíamos estudiar el anuario en detalle, intentando encontrar el nombre de un chico de la clase o de aquella chica del sábado por la noche, juzgando por las fotos de los estudiantes y generalmente ejerciendo un poco de ciberacoso precibernético: intentando saber cosas de otras personas sin tener que preguntarles directamente.

 

La web de Zuckerberg lanzó a Facebook a un nivel desconocido. Durante los primeros meses y semanas, fuimos testigos del poder de Facebook para redefinir las relaciones sociales. Con Facebook, erais amigos o no; tenías una relación, eras soltero, o "es complicado"; la popularidad era fácilmente cuantificable; aquellos que decidían no estar en Facebook se definían como abstemios, lo quisieran o no. Todo lo hermoso y doloroso que son las interacciones humanas quedaba reducido a datos en un gráfico social.

 

Recibimos este reajuste de las relaciones sociales sin pensar en quién o qué estaba detrás. Pasamos de juzgar a las personas por su foto del anuario a juzgar a las personas por su perfil de Facebook y sus hábitos en Facebook. Ahora me avergüenzo de mi decisión, nacida de mi propio sentimiento de ser muy guay, de que sólo aceptaría las solicitudes de amistad de otros pero no pediría amistad yo, como si esto fuese una forma significativa de autodefinirme.

 

Me gustaría poder decir que me detuve a pensar en las motivaciones del hombre que estaba detrás de la pantalla del ordenador, pero estoy segura de que no fue así. Incluso si hubiera querido asignarle una palabra, o incluso un valor, a la idea de que yo debería tener control sobre la información que otros utilizan para conocerme y juzgarme –creo que a esto llamamos "privacidad"–, seguramente me habría creído las palabras de Zuckerberg en aquella primera entrevista en la que aseguraba que su web era perfectamente segura.

 

La verdad es que el gran valor de Facebook ha nacido de haber logrado que todos nosotros perdiéramos el control. Sí, podemos decidir qué fotos y actualizaciones de estado y datos biográficos lanzamos a las enormes fauces de Facebook. Pero el verdadero valor está en la información que ni siquiera sabíamos que estábamos entregando.

 

Facebook sabe lo que leo en internet, dónde me voy de vacaciones, si me quedo despierta hasta tarde por las noches, las publicaciones de quiénes paso por alto y las de quienes me detengo a leer. Sabe que viajé a Montana, Seattle y San Diego, aunque nunca permití que me siguiera el GPS. Sabe el número de móvil de mi padre, aunque él nunca ha aceptado ser parte de la red social, porque yo fui lo bastante tonta como para compartirlo con mis contactos una vez hace varios años.

 

Sabe todas estas cosas que, en mi opinión, no le incumben en absoluto.

 

Si algo he aprendido de Mark Zuckerberg es que el conocimiento más valioso sobre otras personas es saber aquellas cosas que no te contarían sobre sí mismas.

 

Así que esto es lo que yo sé sobre Mark Zuckerberg. Durante esas primeras semanas de la existencia de Facebook, mientras él aseguraba a los estudiantes universitarios que podían confiarle sus identidades, Zuckerberg tuvo una conversación privada por Instant Messenger con un amigo suyo. Esa conversación luego se filtró y fue publicada en el Silicon Valley Insider. Y es la siguiente:

 

- ZUCK: vale, pues si alguna vez necesitas info de cualquier persona de harvard

- ZUCK: solo pídemela

- ZUCK: tengo más de 4.000 correos, fotos, direcciones, sms

- AMIGO: ¿qué? ¿Cómo lograste eso?

- ZUCK: la gente me la entregó

- ZUCK: no sé por qué

- ZUCK: "confiaron en mí"

- ZUCK: gilipollas

 

En los años siguientes, supe que Zuckerberg cuida tanto su privacidad que tiene guardias de seguridad que revisan su basura, que compró las cuatro casas que rodeaban su propia casa para no tener vecinos, que demandó a cientos de hawaianos que reclamaban tener derechos sobre pequeñas parcelas de tierra en su gigantesca propiedad en Kauai, y que armó mecanismos secretos para impedir que mensajes privados de su pasado reaparecieran y le trajeran problemas.

Lo que no he visto es que haya cambiado de opinión sobre la inteligencia de sus usuarios. Este es el mundo de Zuckerberg, y todos nosotros somos una banda de gilipollas viviendo en él.

Sujetos felizmente manipulados, no gracias

Un punto de partida para comprender el alcance de la masiva fuga de datos de usuarios de Facebook y su uso político es centrarnos en la oscura relación entre las empresas y las agencias de inteligencia.

 

Si hay una figura que se destaca por ser el héroe de nuestro tiempo es Christopher Wylie, un canadiense gay vegano que, a los 24 años, se le ocurrió una idea que llevó a la fundación de Cambridge Analytica, una empresa de análisis de datos que tuvo un rol clave en el referéndum en el que ganó la separación del Reino Unido de la Unión Europea. Más tarde, Wylie se convirtió en una figura clave en las operaciones digitales durante la campaña electoral de Donald Trump, creando la herramienta de guerra psicológica de Steve Bannon. Su plan era irrumpir en Facebook y cosechar los perfiles de millones de usuarios en Estados Unidos y usar su información privada y personal para crear perfiles psicológicos y políticos sofisticados, y luego llenarlos con anuncios políticos destinados a trabajar en su maquillaje psicológico. En cierto punto, Wylie estaba realmente asustado: “Es una locura. La compañía ha creado los perfiles psicológicos de 230 millones de estadounidenses. ¿Y ahora quieren trabajar con el Pentágono? Es como Nixon con anabólicos”.


Lo que hace que esta historia sea tan fascinante es que combina elementos que generalmente percibimos como opuestos. La derecha alt-right se presenta como un movimiento que se dirige a las preocupaciones de la gente común, blanca, profundamente religiosa y muy trabajadora que representa los valores tradicionales simples y odia las excentricidades corruptas como homosexuales y veganos pero también a nerds digitales, y ahora nos enteramos que sus triunfos electorales estaban dirigidos y orquestados precisamente por uno de esos nerds que representa todo a lo que ellos se oponen... Hay más que un valor anecdótico en este hecho: es evidentemente una señal de la vacuidad del populismo de la derecha alternativa que tiene que depender de los últimos avances tecnológicos para mantener su atractivo provinciano. Además, disipa la ilusión de que ser un nerd informático marginal significa automáticamente una posición antisistema “progresiva”. A un nivel más básico, una mirada más cercana al contexto de Cambridge Analytica clarifica cómo la manipulación fría y el cuidado del amor y del bienestar humano son las dos caras de la misma moneda.


En el nuevo complejo militar-industrial de grandes volúmenes de datos Psy-Ops, que apareció en The New York Review of Books, Tamsin Shaw aclara “las empresas privadas desempeñan un papel en el desarrollo y despliegue de tecnologías de conducta financiadas por el gobierno”; el caso ejemplar de estas compañías es, por supuesto, Cambridge Analytica:


“Dos jóvenes psicólogos son fundamentales en la historia de Cambridge Analytica. Uno es Michal Kosinski, que concibió una aplicación con un colega de la Universidad de Cambridge, David Stillwell, que mide los rasgos de personalidad analizando los “me gusta” de Facebook. Luego fue usado en colaboración con el Proyecto de Bienestar Mundial, un grupo del Centro de Psicología Positiva de Pennsylvania que se especializa en el uso de datos para medir la salud y la felicidad para mejorar el bienestar. El otro es Aleksandr Kogan, quien también trabaja en el campo de la psicología positiva y ha escrito ensayos sobre la felicidad, la bondad y el amor (según su currículum, un artículo anterior se tituló ‘Down the Rabbit Hole: A Unified Theory of Love’ ‘Adentro del agujero del Conejo: Una Teoría Unificada del Amor`). Dirigió el Laboratorio de Prosicialidad y bienestar, bajo los auspicios del Instituto de Bienestar de la Universidad de Cambridge”.


Lo que debería atraer nuestra atención aquí es el “cruce bizarro de investigación sobre temas como el amor y la bondad con los intereses de defensa e inteligencia”: ¿por qué esta investigación provoca tanto interés de las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses y contratistas de defensa, con la ominosa Darpa (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del Gobierno de Estados Unidos) siempre acechando en el fondo? El investigador que personifica este cruce es Martin Seligman: en 1998, “fundó el movimiento de psicología positiva dedicado al estudio de los rasgos y hábitos psicológicos que fomentan la felicidad y el bienestar auténticos, generando una enorme industria de libros populares de autoayuda. Al mismo tiempo, su trabajo atrajo el interés y la financiación del ejército como una parte central de su iniciativa de resiliencia del soldado”.


Por lo tanto, este cruce no está impuesto externamente a las ciencias de conducta por manipuladores políticos “malos”, sino que está implícito en su orientación inmanente: “El objetivo de estos programas no es simplemente analizar nuestros estados de ánimo subjetivos, sino descubrir los medios por los cuales podemos ser “empujados” en el sentido de nuestro verdadero “bienestar” como lo entienden los psicólogos positivos, que incluyen atributos como la resistencia y el optimismo”. El problema es que, por supuesto, este “impulso” no afecte a individuos en el sentido de superar sus “irracionalidades” percibidas por la investigación científica: las ciencias contemporáneas de conducta más bien “intentan explotar nuestras irracionalidades en lugar de superarlas. Una ciencia que está orientada hacia el desarrollo de tecnologías de conducta seguramente nos verá como sujetos manipulables más que como agentes racionales.. Si estas tecnologías se están convirtiendo en el núcleo de las operaciones cibernéticas militares y de inteligencia de Estados Unidos, parece que tendremos que trabajar para evitar que estas tendencias afecten la vida cotidiana de nuestra sociedad democrática”.


Tras el estallido del escándalo Cambridge Analytica, todos estos acontecimientos y tendencias fueron ampliamente cubiertos por los medios de comunicación progresistas, y la imagen general que se desprende de ello, combinado con lo que también sabemos acerca de la relación entre los últimos avances en la biogenética (cableado del cerebro humano , etc.), proporciona una imagen adecuada y aterradora de las nuevas formas de control social que convierten el buen “totalitarismo” del siglo XX en una máquina de control bastante primitiva y torpe. Para comprender todo el alcance de este control, se debe ir más allá de la relación entre las empresas privadas y los partidos políticos (como es el caso de Cambridge Analytica), a la interpenetración de las empresas de procesamiento de datos, como Google o Facebook y las agencias de seguridad del Estado - Assange tenía razón en su libro clave extrañamente ignorado en Google: para entender cómo nuestras vidas están reguladas hoy, y de qué manera esta regulación se experimenta como nuestra libertad, tenemos que centrarnos en las relaciones oscuras entre las empresas privadas que controlan nuestros bienes comunes y las agencias secretas estatales. No deberíamos escandalizarnos ante China sino ante nosotros mismos que aceptamos la misma regulación y creemos que conservamos plena libertad y medios solo para lograr realizar nuestras metas (mientras que en China las personas son plenamente conscientes de que están reguladas).


El mayor logro del nuevo complejo cognitivo-militar es que la opresión directa y obvia ya no es necesaria: los individuos están mucho mejor controlados e “impulsados” en la dirección deseada cuando siguen experimentándose como agentes libres y autónomos de sus propias vidas ... Pero todos estos son hechos bien conocidos, y tenemos que dar un paso más.


La crítica predominante procede en forma de desmitificación: debajo de la investigación que parece inocente sobre la felicidad y el bienestar, se discierne un oscuro y oculto complejo gigantesco de control y manipulación social ejercido por las fuerzas combinadas de corporaciones privadas y agencias estatales. Pero lo que se necesita urgentemente también es la movida opuesta: en lugar de preguntar solamente qué contenido oscuro está oculto debajo de la forma de investigación científica de la felicidad, deberíamos enfocarnos en la forma misma. ¿El tema de la investigación científica sobre bienestar humano y felicidad (por lo menos en la forma en que se practica hoy en día) es realmente inocente, o ya está permeable al control y la manipulación?.¿Qué pasa si las ciencias no están siendo utilizadas incorrectamente, qué pasa si encuentran aquí precisamente su uso adecuado? Deberíamos cuestionar el crecimiento reciente de una nueva disciplina, “estudios de la felicidad” - cómo es que en nuestra era de hedonismo espiritual cuando el objetivo de la vida está directamente definido como la felicidad, la ansiedad y la depresión están explotando? Es el enigma de este autoboicot de la felicidad y el placer lo que hace que el mensaje de Freud sea más actual que nunca.


Como sucede a menudo, Bhután, un país en vías de desarrollo del Tercer Mundo, explicó las absurdas consecuencias sociopolíticas de esta noción de felicidad: hace dos décadas, el reino de Bután decidió centrarse en la Felicidad Nacional Bruta en lugar del Producto Bruto Interno; la idea fue creación del ex rey Jigme Singye Wangchuck, quien buscó dirigir Bhután al mundo moderno, mientras preservaba su identidad única. Ahora con las presiones de la globalización y el materialismo creciendo, y el pequeño país listo para sus primeras elecciones, el inmensamente popular nuevo rey de 27 años educado en Oxford, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, ordenó a una agencia estatal calcular cuántos entre los 670.000 habitantes del reino son felices. Los funcionarios dijeron que ya habían llevado a cabo una encuesta a unos 1000 personas y hecho una lista de parámetros para ser feliz, semejante el índice de desarrollo que lleva a cabo las Naciones Unidas. Las principales preocupaciones fueron identificadas como bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, niveles de vida, vitalidad comunitaria y diversidad ecológica... esto es imperialismo cultural, si alguna vez lo hubo.


Deberíamos arriesgarnos un paso más y preguntar sobre el lado oculto de la noción de la felicidad misma, ¿cuándo exactamente puede la gente decir que es feliz? En un país como Checoslovaquia a fines de las décadas de 1970 y 1980 la gente efectivamente ERA feliz. Se cumplían tres condiciones fundamentales para la felicidad entonces. (1) Sus necesidades materiales estaban básicamente satisfechas –no demasiado satisfechas, ya que el exceso de consumo puede generar infelicidad en sí mismo–. Es bueno experimentar una breve escasez de algunos bienes del mercado de vez en cuando (sin café durante unos días, luego sin carne, luego sin televisor): estos breves períodos de escasez funcionaron como excepciones que le recordaban a las personas que debería alegrarse de que los productos estuvieran generalmente disponibles; si todo está disponible todo el tiempo, la gente toma esta disponibilidad como un hecho de la vida y no apreciarían su suerte. La vida, por lo tanto, se desarrolló de manera regular y predecible, sin grandes esfuerzos ni sorpresas y uno se retiraba a su propio nicho privado. (2) Una segunda característica muy importante: existía el Otro (el Partido) a quien culpar por todo lo que estaba mal, de manera que uno no se sentía realmente responsable -si había una escasez temporaria de algunos bienes, aún si una tormenta causaba un gran daño, era “su” culpa. (3) Y, por último pero no menos importante, había un Otro Lugar (el Occidente consumista) sobre el que a uno le era permitido soñar, aún visitar a veces –este lugar estaba a una distancia correcta, no demasiado cerca, tampoco demasiado lejos–. El deseo era la fuerza que impulsaba a la gente a ir más lejos y terminar en un sistema en que la gran mayoría es definitivamente menos feliz...


La felicidad es por lo tanto en si misma, (en su mismo concepto, como Hegel lo hubiera dicho) confusa, indeterminada, inconsistente - recuerden la respuesta proverbial de un inmigrante alemán a los Estados Unidos cuando le preguntaron “¿Es usted feliz?”, contestó: “Si, si estoy muy feliz aber gluecklich bin ich nicht…”. Es una categoría pagana: para los paganos, el objetivo de la vida es vivir una vida feliz, (la idea de vivir “felizmente toda la vida” es ya una versión cristianizada del paganismo), y la experiencia religiosa o la actividad política mismo son consideradas la más alta forma de felicidad (ver Aristóteles)- con razón el Dalai Lama tiene tanto éxito recientemente rezando por el mundo su evangelio de felicidad y con razón está encontrando la mayor respuesta precisamente en Estados Unidos, el último imperio de la búsqueda de la felicidad..


La felicidad consiste en la incapacidad o la poca disposición del sujeto para confrontar las consecuencias de su deseo: el precio de la felicidad es que el sujeto permanece atrapado en la inconsistencia de su deseo. En nuestra vida diaria, (pretendemos) desear cosas que realmente no deseamos, de manera que, en última instancia, lo peor que puede pasar es que obtengamos lo que “oficialmente” deseamos. La felicidad es intrínsecamente hipócrita: es la felicidad de soñar con cosas que realmente no queremos.


¿No encontramos un gesto similar en gran parte de la política de izquierda?


Cuando un partido radical izquierdista pierde por poco las elecciones y la toma del poder, uno a menudo detecta un oculto suspiro de alivio: gracias a Dios que perdimos, quién sabe en que problema nos hubiéramos metido si hubiéramos ganado... En el Reino Unido, muchos izquierdistas admiten en privado que la casi victoria del Partido Laborista en las últimas elecciones es lo mejor que les pudo pasar, mucho mejor que la inseguridad que podría ocurrir si el gobierno laborista hubiera tratado de implementar su programa. Lo mismo vale para la perspectiva de una eventual victoria de Bernie Sanders en Estados Unidos: ¿cuáles hubieran sido sus oportunidades contra la arremetida del gran capital? La madre de esos gestos es la intervención soviética en Checoslovaquia que aplastó la Primavera de Praga y su esperanza de un socialismo democrático. Imaginemos la situación en Checoslovaquia sin la intervención soviética: muy pronto el gobierno “reformista” tendría que confrontar el hecho que no había una posibilidad real de un socialismo democrático en ese momento histórico, de manera que tendría que elegir entre reafirmar el control del partido –por ejemplo, estableciendo límites claros a las libertades y permitiéndole a Checoslovaquia convertirse en uno de los países capitalistas liberal– demócratas de Occidente. De alguna manera, la intervención soviética salvó la Primavera de Praga, salvó a la Primavera de Praga como un sueño, como una esperanza que, sin la intervención, una nueva forma de socialismo democrático hubiera emergido.... ¿Y no ocurrió algo similar en Grecia cuando el gobierno de Syriza organizó el referendo contra la presión de Bruselas para que aceptaran las políticas de austeridad? Muchas fuentes internas confirman que el gobierno estaba secretamente esperando perder el referéndum, en cuyo caso debían bajarse y dejar que otros hicieran el trabajo sucio de ajuste. Como ganaron, esta tarea les tocó a ellos y el resultado fue la autodestrucción de la izquierda radical en Grecia.. Sin ninguna duda, Syriza hubiera sido mucho más feliz si hubiera perdido la consulta.
Entonces, volviendo a nuestro punto de partida, no solamente somos gente “feliz” controlada y manipulada que secretamente e hipócritamente exigen ser manipulados por su propio bien. La verdad y la felicidad no van juntas: la verdad duele, trae inestabilidad, arruina el fluir de nuestras vidas diarias. La elección es nuestra: ¿queremos ser felizmente manipulados o exponernos a los riesgos de la creatividad auténtica?

* Filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal). Próximamente Territorios inexplorados. Lenin después de octubre (Akal).
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Sábado, 14 Abril 2018 09:24

Facebook ya no es amigo de la democracia

Facebook ya no es amigo de la democracia

Facebook, la gigante red social con fines de lucro, recopila grandes cantidades de datos de cada uno de sus 2.000 millones de usuarios en todo el mundo. Este paquete de información le da a Facebook un poder comercial inigualable. También resulta cada vez más evidente que le da la capacidad de influir en importantes acontecimientos, como elecciones presidenciales y otro tipo de elecciones en diferentes partes del mundo. Las revelaciones sobre el papel de Facebook en la explotación de información de usuarios por parte de una empresa llamada Cambridge Analytica, que usó esa información para apoyar la campaña presidencial de Donald Trump, así como en el resultado del “Brexit”, el referéndum que llevó a Reino Unido a abandonar la Unión Europea, ha generado una demanda de leyes más estrictas en torno al resguardo de la privacidad de la información.

El multimillonario Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Facebook, compareció por primera vez ante el Congreso estadounidense esta semana. Entre quienes lo interrogaron el martes en la primera de las dos audiencias programadas se encontraba el senador demócrata de Illinois, Dick Durbin. Así fue el intercambio que tuvieron:


Sen. Durbin: “¿Se sentiría cómodo de compartir con nosotros el nombre del hotel en el que se alojó anoche?”


Mark Zuckerberg: “Ehh… no”.


Durbin: “Si le ha mandado mensajes a alguien esta semana, ¿compartiría con nosotros los nombres de las personas a las que le ha escrito?”


Zuckerberg: “Definitivamente no, senador. Preferiría no hacer pública esa información aquí”.


Durbin: “Creo que de eso se trata todo esto: del derecho a la privacidad, de los límites del derecho a la privacidad y de cuánto cedemos en el Estados Unidos moderno en nombre de, cito, ‘conectar a las personas en todo el mundo’”.


Estas audiencias sin precedentes del Congreso generaron mucha polémica pero poca claridad, tal como lo predijo Zeynep Tufekci, profesora de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill. Tufekci es una de las investigadoras más agudas en lo que respecta a Facebook y al desarrollo de nuestro panorama digital. La profesora expresó: “Realmente no necesitamos que Mark Zuckerberg explique los conceptos básicos de Facebook a un grupo de senadores que ni siquiera parecen entender del tema. Necesitamos sentarnos y preguntarnos: ‘¿Cómo nos manejamos con los nuevos recursos de información? ¿Cómo nos manejamos con la nueva esfera pública tal como funciona ahora? Mucha gente piensa erróneamente que Facebook vende los datos de uno. Pero Facebook no vende tus datos; Facebook te vende a ti”.


La empresa Cambridge Analytica, cofundada por el exasesor de Trump, Stephen Bannon, y el multimillonario donante de Trump, Robert Mercer, un ideólogo de extrema derecha, afirmó que podía crear “perfiles psicográficos” de las personas en función de sus datos de Facebook. Un informante de la empresa reveló que habían asesorado a la campaña de Trump en torno a cómo hacer publicidad específica con el fin de favorecer a Trump, así como para desalentar la participación de votantes demócratas.


La explotación masiva de datos personales en todo el planeta tiene consecuencias nefastas. La profesora Tufekci señaló al respecto: “Podríamos entrar en una fase a la que llamo ‘autoritarismo de la vigilancia’, en donde no nos enfrentamos al tipo de modelo orwelliano de la novela ‘1984’, esto es, un totalitarismo abierto, en el que suceden cosas como ser sacado a rastras en medio de la noche y ese tipo de cosas, sino que somos velada y silenciosamente presionados y manipulados, persona por persona, pantalla por pantalla, de acuerdo a nuestras vulnerabilidades individuales”.


Tufekci afirma que la especificidad que brindan los datos de los usuarios de Facebook es escalofriante y da como ejemplo la capacidad de determinar si una persona es bipolar: “Se puede predecir si es probable que una persona entre en una depresión clínica o si es probable que entre en una fase maníaca, si tiene problemas de salud mental, problemas de bipolaridad, antes del inicio de los síntomas clínicos”.
A partir de este seguimiento, se podrían ofrecer vuelos baratos a Las Vegas, por ejemplo, a personas cuya actividad en Facebook indique que están entrando a una fase maníaca. Estas personas podrían ser inducidas a realizar una compra impulsiva con mayor facilidad.


Y también están los niños y las niñas. Esta población se ha convertido en blanco reciente de Facebook con el desarrollo de su aplicación “Facebook Messenger Kids”. Esto permitiría que Facebook reclute usuarios nuevos, más jóvenes que la edad mínima actual de 13 años. Incluso a pequeños de 6 años de edad. La Campaña por una infancia libre de publicidad está tomando medidas para eliminar esta aplicación.


Josh Golin, director ejecutivo de esta campaña, nos dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Hay una gran cantidad de investigaciones que demuestran que las redes sociales son perjudiciales para los adolescentes, que el tiempo excesivo en las redes sociales se relaciona con problemas como la depresión y la infelicidad. Las niñas que están en las redes sociales tienen más probabilidades de sentirse disconformes con sus cuerpos. Facebook tiene conocimiento de estas investigaciones y aun así procura deliberadamente que niños cada vez más pequeños usen su plataforma. Y creemos que es un gran error. En un momento en que la mayoría de los padres ya están preocupados por el tiempo que pasan sus hijos frente a la pantalla, en un momento en que niños y niñas no tienen suficiente tiempo cara a cara con sus amigos, lo último que necesitan los niños es normalizar esta idea de que las relaciones se desarrollan en internet, que las relaciones deben tener lugar a través de un producto comercial”.


Facebook, Google, Twitter y otras plataformas de redes sociales se han convertido en ámbitos centrales de nuestras vidas modernas de interconexión digital. Pero cada vez hay más pruebas de que nuestros “amigos” en las redes sociales, lo que “nos gusta” y lo que compartimos, pueden ser utilizados por grupos malintencionados para atacar a sectores enteros de la población con el simple tecleo de un par de letras. Si la democracia ha de sobrevivir en este (nuevo) mundo feliz, los movimientos sociales tendrán que unirse y organizarse para contener a estos gigantes corporativos y proteger nuestros bienes comunes digitales.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Publicado enPolítica
Jueves, 12 Abril 2018 06:24

“Si los usuarios lo publican...

“Si los usuarios lo publican...

El fundador de Facebook aseguró que los usuarios son responsables del contenido que difunden. Y admitió que la regulación de las redes sociales será “inevitable”, aunque debería estudiarse cuidadosamente.

 

Mark Zuckerberg volvió a defender ayer ante los congresistas estadounidenses el modelo económico de Facebook, a pesar de los casos probados de manipulación y mal uso de los datos personales de sus usuarios, al tiempo que admitió que la regulación de las redes sociales es “inevitable”. “En todo el mundo, la importancia de internet en la vida de las personas está creciendo, y creo que es inevitable que deba haber alguna regulación”, dijo el CEO y fundador de Facebook, aclarando que esto debería ser “estudiado cuidadosamente”.


Antes, había asegurado a los miembros de una comisión de la Cámara de Representantes que los usuarios son responsables del contenido que publican. “Cada vez que alguien decide publicar algo en Facebook elige compartir una imagen o escribir un mensaje. Cada vez, hay un control justo en ese momento”, aseguró.


El empresario de 33 años, que pasó anteayer cinco horas respondiendo las preguntas de los senadores, admitió no haber protegido adecuadamente la privacidad de los usuarios y anunció controles adicionales.


Zuckerberg no deja de pedir disculpas desde la revelación del escándalo de Cambridge Analytica a mediados de marzo, que ha dañado significativamente la imagen del grupo y ha reducido su valor bursátil.


Según Facebook, los datos de unos 87 millones de usuarios –incluidos los de Zuckerberg, admitió él mismo– quedaron en manos de la empresa de análisis de datos antes de que la red social comenzara a introducir restricciones en 2014. La firma británica trabajó para la campaña del candidato presidencial republicano Donald Trump en 2016.


Después de admitir que su compañía había sido “lenta” en identificar compras de publicidad política por parte de Rusia durante la campaña electoral, Zuckerberg aseguró que Facebook estaba haciendo “cada vez mejor” la tarea de eliminar cuentas falsas.


El fiscal especial Robert Mueller, que investiga desde mayo de 2017 una posible alianza entre el equipo de campaña de Trump y funcionarios rusos para influir en las elecciones, cree que internet y en particular Facebook han servido de plataforma para una gran operación de propaganda destinada a promover la victoria del magnate de bienes raíces.


Al comenzar la audiencia, el legislador Frank Pallone calificó la filtración de datos como un “desastre” y exhortó al Congreso a “tomar medidas inmediatas para proteger” la “democracia”. “Las advertencias estaban en todas partes, ¿por qué nadie las veía?”, preguntó.

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Miércoles, 11 Abril 2018 05:58

No quiso decir ni dónde se alojaba

No quiso decir ni dónde se alojaba

El fundador de Facebook dio explicaciones ante el Senado de Estados Unidos sobre la masiva fuga de datos de usuarios. A contramano del uso discrecional de la información, Zuckerberg se negó a decir con quiénes se reunía.

 

El fundador y director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, dijo que había sido su error y que él era responsable del uso ilegal de datos de sus usuarios por parte de la empresa Cambridge Analytica. El joven empresario, de 33 años, se presentó ayer ante el Senado de Estados Unidos para dar testimonio sobre el caso.


En sus primeras palabras en el Congreso, Zuckerberg dijo que Facebook no advirtió el alcance de su responsabilidad. “Eso fue un gran error. Fue mi error”, expresó. Zuckerberg, que cambió el habitual atuendo de remera y jeans por traje y corbata, fue recibido por decenas de fotógrafos en Washington para comparecer como testigo en una sesión conjunta de los comités de Justicia y Comercio del Senado. Los senadores de ambos partidos cuestionaron agresivamente al fundador de Facebook desde privacidad de la información hasta la desinformación llevada a cabo por parte de los rusos. Los legisladores exigieron más detalles acerca de cómo la red social recolecta y usa la información y exigieron garantías de que se implementarían grandes mejoras en la protección de la privacidad de los usuarios, informó The Washington Post.

En uno de los momentos más picantes de la audiencia uno de los senadores le preguntó al CEO de Facebook si estaría dispuesto a compartir el nombre del hotel en que había dirmedo esa noche.


“No,” contestó Zukerberg.


¿Y el nombre de las personas con las que había chateado ese día? Insistió el senador.


“No, tampoco,” volvió a decir el testigo estrella.


“Bueno, de eso se trata esta audiencia,” remató el legislador.


La amenaza de mayores regulaciones –no sólo para Facebook , suno para toda la industria tecnológica– sobrevoló la audiencia.


“Yo inicié Facebook, yo lo conduzco, y soy responsable de lo que pase aquí”, dijo Zuckerberg.


Al comienzo de la audiencia, el titular de la Comisión de Comercio, John Thune, indicó que tal vez sea tiempo de implementar más regulación, en lugar de compromisos unilaterales por parte de las empresas. Y dijo no estar seguro de si los usuarios tienen total comprensión de las consecuencias de entregar sus datos a compañías de internet.


“Facebook está investigando decenas de miles de aplicaciones, y si encontramos cualquier actividad sospechosa, vamos a llevar a cabo una auditoría completa de esas apps para entender cómo están usando los datos y si están haciendo algo inapropiado.”, afirmó Zuckerberg. “Si encontramos que estuviesen haciendo algo inapropiado, vamos a expulsarlos de Facebook y vamos a informar a todos los que hayan sido afectados”, advirtió.


El CEO de Facebook compareció rodeado de sus principales ejecutivos de políticas y asuntos legales y parecía estar bien entrenado, según el diario The New York Times. El empresario respondió a las preguntas de manera directa y sin mostrarse a la defensiva. Señaló que la mayor prioridad de la red social es conectar a las personas, y que eso seguirá siendo siempre más importante que los intereses de los anunciantes. “Al menos mientras dirija Facebook”, enfatizó.


Por su parte, la senadora Dianne Feinstein, la demócrata de más jerarquía dentro del comité judicial, apretó a Zuckerberg en cuanto a la explotación de la plataforma por parte de Rusia durante las elecciones presidenciales de 2016. El empresario admitió que el esfuerzo de la compañía de encontrar y detener las intromisiones rusas fue lento, y calificó a ese error como uno de sus mayores arrepentimientos. “Hay gente en Rusia cuyo trabajo es explotar nuestros sistemas”, dijo Zuckerberg. “Esto es una carrera de armamentos”, añadió. Pero el fundador de Facebook dijo que la compañía desarrolló nuevas herramientas de inteligencia artificial para detectar actividades maliciosas en las elecciones de Francia, Italia y en el Senado de Alabama. Dijo que él creía que la nueva tecnología ayudaría a proteger la integridad de las elecciones alrededor del mundo de la manipulación vía Facebook.


Zuckerberg, antes de la audiencia, hizo uso de su cuenta en la red social más discutida del momento y publicó una foto del edificio del Capitolio rodeado de árboles de cerezo en flor y un mensaje sobre lo que planeaba decir a los legisladores. “Dentro de una hora voy a testificar ante el Senado acerca de cómo Facebook necesita tomar una visión más amplia sobre nuestra responsabildad -no sólo construir herramientas, pero asegurarnos que esas herramientas sean usadas para el bien. Voy a hacer todo lo que pueda para hacer de Facebook un lugar donde todos puedan estar más cerca de sus seres queridos, y para asegurarnos de que es una fuerza positiva en el mundo.”


El empresario se someterá hoy a las preguntas del comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes. Según las declaraciones de varios congresistas en los últimos días, el CEO de Facebook se enfrentará a duros interrogatorios.


La compañía venía tambaleándose desde las elecciones de noviembre de 2016 durante las que se propagaron noticias falsas en dicha plataforma y operadores rusos montaron una campaña para dividir a los votantes estadounidenses, dañando a la demócrata Hillary Clinton y aumentando las chances de elección del republicano Donald Trump.


Facebook parecía estar recuperándose de esas controversias cuando el mes pasado se destapó el escándalo de Cambridge Analytica, una empresa de análisis de datos contratada, entre otros, para la campaña de Trump y otros republicanos. Hace más de cuatro años, el desarrollador de una aplicación de encuestas de personalidad envió ilegalmente informaciones de usuarios de Facebook a Cambridge Analytica. Y no se trataba sólo de los datos de los participantes en la encuesta, sino también de sus contactos de la popular red social.
Así, según Facebook, podrían haberse visto afectados los datos de hasta 87 millones de usuarios en todo el mundo, entre ellos 70 millones de estadounidenses.

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Edward Snowden afirma que Facebook es una “empresa de vigilancia”

Edward Snowden, ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), se ha hecho eco de la reciente polémica por la violación de datos masiva que se realizó por parte de Cambridge Analytica, una firma de análisis de datos para procesos electorales, a través de Facebook, y ha tildado a la compañía de Mark Zuckerberg de ‘empresa de vigilancia’.


A través de su cuenta de Twitter, el también director de Free of the Press Foundation aseguró: Las empresas que ganan dinero recolectando y vendiendo registros detallados de sus vidas privadas fueron una vez descritas claramente como “empresas de vigilancia”. Su rebautizo como “redes sociales” es el engaño más exitoso desde que el Departamento de Guerra se convirtió en el Departamento de Defensa.


Como informamos anteriormente, una publicación realizada por la periodista Carol Cadwalladr, del medio The Guardian, mostró las declaraciones de Christopher Wylie, ex empleado de Cambridge Analytica, quien asegura que esta firma recopiló datos sensibles de los usuarios de Facebook para crear anuncios personalizados en pro de favorecer la tendencia política de Donald Trump durante las elecciones presidenciales de 2016.


Snowden ha aprovechado este histórico robo de información para sugerir que Facebook gana dinero recopilando y vendiendo los registros detallados de la vida privada de las personas. Si tenemos en cuenta que los datos personales de más de 50 millones de usuarios estadounidenses fueron estudiados a nivel psicológico para crear anuncios individuales con el fin de promover una tendencia política, las declaraciones de Snowden no resultan tan aberradas.


Además, Facebook actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recolectar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas sin dar información clara a los usuarios sobre el uso que se le dará a los mismos.


La polémica a la que actualmente se enfrenta Facebook comenzó el pasado viernes, cuando la compañía anunció que la cuenta de Cambridge Analyticaestaba suspendida por violar sus políticas de privacidad. Al parecer, esta firma utilizó sin autorización los datos de los usuarios de la red social para desarrollar un software de predicción de la intención de voto del electorado, con el fin de influir en su decisión final.


La publicación de The Guardian, muestra pruebas de Cambride Analytica y Global Science Research (GSR), pagaron a 270.000 usuarios para hacerse pruebas de personalidad con fines académicos. Pese a ello, ambas entidades recopilaron datos sensibles de los usuarios a través de Facebook, ampliando su alcance a más de 50 millones de usuarios de EE.UU.

Lunes, 19 Marzo 2018 06:40

El fútbol, un arma disuasiva

El fútbol, un arma disuasiva



El ministro de Exteriores británico Boris Johnson amenazó a Rusia con no asistir al Mundial por el caso del ex espía ruso envenenado. Por ahora se confirmaron expulsiones de diplomáticos de ambos países. El juego no se vería afectado.

 

Aún cuando la diplomacia tiene severas normas de protocolo, un conflicto político entre países puede derivar en situaciones insólitas. El fútbol suele ser empleado como un arma disuasiva para el oponente. Sobre todo si se trata de un Mundial, el evento con la mayor audiencia masiva del planeta. Aunque Inglaterra desmontó una amenaza hacia Rusia de no asistir al torneo en junio –la había pronunciado su ministro de Relaciones Exteriores, el polémico Boris Johnson– el caso del ex espía envenenado Sergei Skripal alimentó la tensión entre las dos naciones de manera notable y vertiginosa. A la expulsión de 23 diplomáticos rusos de la embajada en Londres, el gobierno de Vladimir Putin respondió que una idéntica cantidad de representantes británicos deberá abandonar Moscú.
El tema fue llevado de urgencia al Consejo de Seguridad de la ONU por la primera ministra Theresa May, una medida que cuestionó el representante permanente de Rusia ante el organismo, Vasili Nebenzia. La escalada es difícil de saber dónde terminará.
El grave enfrentamiento diplomático comenzó cuando el Reino Unido acusó a Moscú de haber envenenado al ex espía Skripal, de 66 años, y a su hija Yulia, de 33, con un “agente nervioso de origen militar desarrollado por Rusia”. Ambos están graves y fueron encontrados inconscientes el 4 de marzo en el banco de un parque cerca de un centro comercial de Salisbury, en el sur de Inglaterra.
Químicos expertos señalaron que la sustancia empleada para intentar asesinar a los Skripal sería Novichok. La presunta tentativa de envenenamiento fue atribuida por May a Rusia el 12 de marzo. Dijo que era “muy probable” que fuera responsable. A lo que siguió un ultimátum de 36 horas para que el gobierno de Putin diera una respuesta a semejante acusación.
En medio de esta tensión en progreso, Johnson tiró nafta al fuego. Bocón, extravagante, el ministro de Exteriores declaró citado por la agencia británica Reuters: “Está claro que Rusia, me temo, es ahora una fuerza maligna en muchos aspectos y que el Reino Unido lidera al mundo en tratar de contrarrestar esa actividad”. De paso, y como mediocre periodista que fue –lo echaron del Times londinense en 1988 por inventar la fuente de un artículo y también era columnista del Daily Telegraph–, dejó picando la idea de no ir al Mundial de fútbol. “Será muy difícil imaginar que la representación del Reino Unido en ese evento seguirá adelante de manera normal”, sugirió.
El ministro de Relaciones Exteriores no es la primera vez que derrapa. Nacido en Nueva York, ex alcalde conservador de Londres y renunciante voluntario a la ciudadanía estadounidense, se siente a pleno cuando desafía los límites de la diplomacia formal. Partidario del Brexit, comparó a la Unión Europea con la política expansionista de Hitler y al ex presidente Obama lo criticó cuando sacó un busto de Churchill de la Casa Blanca. Ahora acaba de utilizar al fútbol como motivo de represalia contra Rusia. Acaso porque le gusta más el rugby. Cuando gobernaba Londres, solía mostrarse en público jugando con la pelota ovalada y también la redonda. Populista de manual, sabe el efecto multiplicador que generó su comentario sobre la posibilidad de que Inglaterra no jugara el Mundial.
Más allá de la bravuconada de Johnson, el fútbol es una cuestión de geopolítica que no debería minimizarse. Sobre todo porque Inglaterra perdió la organización del Mundial de este año a manos de Rusia. El gobierno británico se quedó con la espina. En mayo de 2015, cuando estalló el escándalo de las coimas en la FIFA, el ex premier David Cameron le pidió en público la renuncia a Joseph Blatter: “En mi opinión debe irse”. Además dijo que era “impensable que pueda llevar adelante la organización”. El tiempo le dio la razón. Aquellas declaraciones las formuló en Berlín durante una conferencia de prensa conjunta con su colega Angela Merkel. La alemana se había mostrado más cauta.
No es accidental que la disputa por el Mundial haya tensado más las relaciones entre los dos países. Aunque también hay un antecedente grave que explica este presente de tirantez. El de Alexandre Litvinenko, otro ex espía ruso asesinado en 2006 con polonio, una substancia radioactiva. Su viuda Marina recordó hace poco en el Daily Telegraph que el caso de Skripal “parece algo similar a lo que pasó con mi marido”.
El comentario de Johnson sobre la posibilidad de que la selección inglesa no asista al Mundial, parecería que quedó desechado. La Federación de fútbol local no se pronunció sobre el conflicto diplomático. Tampoco la prensa removió el avispero sobre la conveniencia o no de boicotear el torneo en Rusia. El fútbol es un fenómeno geopolítico con autonomía propia. Las leyes con que se rige la FIFA lo demuestran.
Por ahora se confirmaron las expulsiones de diplomáticos, la convocatoria al Consejo de Seguridad de la ONU y una medida simbólica de la Casa Real británica. Anunció que ninguno de sus miembros integrará la delegación oficial al Mundial de Rusia. Los conservadores tampoco mandarán una representación política de alto nivel, como era de esperar. Pero el juego no se verá afectado. El aficionado de a pie, el hincha inglés, está más preocupado en si Harry Kane, la estrella del Tottenham Hotspur y goleador del seleccionado, se recupera pronto para llegar a punto a la competencia que empezará el 14 de junio.
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Sábado, 17 Marzo 2018 06:41

Gina Haspel, “la sangrienta”

Gina Haspel, “la sangrienta”

El lunes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, despidió al secretario de Estado, Rex Tillerson, vía Twitter. A pesar de las decenas de funcionarios del gobierno que han sido destituidos, forzados a renunciar o que simplemente se han ido, Trump aún se las ingenia para dejar una marca indeleble en el gobierno federal: ha designado decenas de jueces conservadores en cargos vitalicios, sigue desmantelando regulaciones logradas con mucho esfuerzo y recortando programas vitales de la seguridad social. En el mismo tuit en que destituyó a Tillerson, Trump anunció dos ascensos: el director de la CIA , Mike Pompeo, sería su nuevo secretario de Estado, y la subdirectora de la CIA , Gina Haspel, reemplazaría a Pompeo en la dirección de la agencia de espionaje. La trayectoria de Haspel en la CIA abarca más de tres décadas. Se desconocen varios aspectos de su trabajo, pero hay dos hechos confirmados: administró una cárcel clandestina de la CIA donde se cometieron torturas brutales y, más adelante, ayudó a encubrir las torturas mediante la destrucción de grabaciones de video, desacatando expresas directivas presidenciales.


Estos hechos deberían ser más que suficientes para desacreditar su nombramiento y para que el Senado niegue su confirmación en el cargo. En un acto de campaña en Ohio en noviembre de 2015, Trump alardeó: “¿Si yo aprobaría el ahogamiento simulado? Ya lo creo, en un abrir y cerrar de ojos”. Trump repitió esa frase durante toda su campaña, y ya como presidente siguió haciéndolo. También sugirió otras técnicas, como ejecutar a familiares de los sospechosos frente a ellos durante los interrogatorios como incentivo para que hablen. Si logra su cometido e instala a Gina Haspel como directora de la CIA , tendrá a su lado a alguien con experiencia directa en la tortura, una de las líderes del tristemente célebre programa de tortura del gobierno de George W. Bush.


En 2002, Gina Haspel dirigió un centro de tortura de la CIA en Tailandia, donde eran llevados prisioneros sospechosos de pertenecer a al-Qaida para ser interrogados. La víctima más conocida de ese sitio es Abu Zubaydah, quien fue sometido a una horrenda gama de técnicas de tortura, todas autorizadas técnicamente a través de una serie de memorandos legales escritos por abogados del gobierno de Bush y Cheney. Se utilizaron torturas tales como el ahogamiento simulado, el confinamiento en una caja del tamaño de un ataúd durante largos períodos, la humillación, la alimentación forzada a través del recto y varios otros procedimientos dolorosos. En 2005, cuando Haspel se desempeñaba como jefa de personal del Centro de Contraterrorismo de la CIA , en ese momento a cargo de José A. Rodriguez Jr., redactó un memorando que Rodríguez firmó, donde se ordenaba la eliminación de 92 grabaciones de video de esas mismas sesiones de tortura dirigidas por Haspel, a pesar de las instrucciones de la Casa Blanca de no destruirlas.


John Kiriakou, un analista de inteligencia que trabajó 14 años para la CIA , denunció el programa de tortura de la era Bush y, por hacerlo, fue encarcelado durante dos años. Hasta el momento, es el único funcionario estadounidense encarcelado en relación con el programa de tortura de Bush. Kiriakou relató en una entrevista para Democracy Now!: “La llamábamos ‘Gina, la sangrienta’. Gina siempre estaba rápidamente dispuesta a usar la fuerza. Había un grupo de oficiales en el Centro de Contraterrorismo de la CIA , cuando yo estaba prestando servicio allí, que… detesto hacer la acusación en voz alta, pero lo voy a decir: que disfrutaban del uso de la fuerza. Todo el mundo sabía que la tortura no funcionaba. Esa ni siquiera era la cuestión. Hay varias cosas que funcionan. ¿Era moral, ético y legal? Creo que la respuesta a esas preguntas es que claramente “no”. Pero Gina y la gente como Gina lo hicieron, creo, porque disfrutaban hacerlo. Torturaron por gusto, no para recopilar información”.


El programa de tortura fue desmantelado tras la elección del presidente Barack Obama. No obstante, quienes lo autorizaron, quienes lo supervisaron y los propios torturadores nunca fueron enjuiciados. Obama declaró al respecto en 2009: “Tenemos que mirar hacia adelante en lugar de mirar hacia atrás”.


“Aquí es donde entramos en escena los europeos”, me dijo el abogado especialista en derechos humanos Wolfgang Kaleck en una entrevista para Democracy Now!. Kaleck es uno de los fundadores del Centro Europeo por los Derechos Constitucionales y Humanos, que el año pasado solicitó a los fiscales alemanes que se emitiera una orden de arresto contra Haspel por su papel en el programa de tortura: “Los casos de tortura deben ser llevados a juicio en todo el mundo. Tenemos varias leyes en Europa, y usamos estas leyes en los últimos 15 años para presentar numerosas denuncias penales en varias jurisdicciones contra los torturadores de Estados Unidos. En algunos casos tuvimos más éxito que en otros. Pero lo interesante es que como resultado del trabajo legal de nuestra red los torturadores estadounidenses ya no son intocables. Deben tener cuidado de adónde viajan”.


Kaleck señaló sobre Haspel: “Decidimos dirigir nuestros esfuerzos particularmente contra ella el año pasado porque, como subdirectora de la CIA , viaja mucho por el mundo. Por lo tanto, creemos que es importante que las autoridades judiciales, en Alemania y otros países europeos, intenten investigar el papel de Haspel en Tailandia y en otros lugares, y que estén preparadas: si Gina Haspel viaja a nuestros países, deberían poder arrestarla. También tendríamos que comunicar que ahora, si es confirmada en el cargo de directora, nuestras oficinas de asuntos exteriores –no solo en Alemania, sino en otros países– deberían declararla persona no grata, para que no sea invitada a nuestros países debido a que es una conocida torturadora y a los torturadores no se les debería permitir viajar libremente por Europa”.


El senador republicano Rand Paul ya expresó que se iba a oponer a la confirmación de Haspel. El senador republicano John McCain, de Arizona, quien fue torturado como prisionero de guerra en Vietnam del Norte, calificó el programa de tortura de Bush como “uno de los capítulos más oscuros de la historia estadounidense”. Todo el senado debería votar contra la confirmación de Gina Haspel y cerrar definitivamente el capítulo de la tortura en nuestro país.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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"El sistema político que tenemos ya no representa a la gente"

"Todos nuestros problemas están personificados en un individuo [Trump], pero el problema es del sistema", dice Chelsea Manning, que ha decidido presentarse como candidata al Senado

 

Unas semanas después de ser liberada de prisión militar, donde cumplió siete años de una condena de 35 por filtrar secretos oficiales, Chelsea Manning se dio cuenta de algo terrible. “Estaba fuera, pero vi que mientras había estado apartada, la prisión se había extendido hasta aquí fuera también. Eso es lo que siento. Me da la sensación de que no he salido, sino que simplemente hemos intercambiado prisiones”.


Esa amarga visión de que incluso en libertad estaba atrapada en una prisión le surgió mientras paseaba un día por las calles de Brooklyn. El barrio neoyorquino tiene fama de hipster moderno, pero le impactó ver a tantos policías fuertemente armados.


“Había una inmensa presencia policial y estaban militarizados. He sido parte de una fuerza ocupante en un país extranjero y sé cómo es. Y eso es justo lo que vi en Brooklyn: una fuerza ocupante”, señala.


Su poderoso temor sobre la evolución de Estados Unidos durante sus siete años de encarcelamiento y su igualmente poderosa determinación por hacer algo al respecto explican el anuncio de Manning la semana pasada de presentarse como candidata al Senado.


Miedo y determinación. Se puede decir que ese ha sido su sello distintivo desde que en 2010 tomó la importante decisión de filtrar un inmenso tesoro de 700.000 documentos secretos cuando trabajaba como analista de inteligencia en una base militar estadounidense en Irak.


En su primera entrevista desde que la joven de 30 años publicó en Twitter los detalles de su candidatura al Senado, The Guardian le pregunta si existe relación entre sus ambiciones políticas de hoy y su conversión en una de las informantes más famosas –y más castigadas– de la historia de EEUU. “Verdaderamente no hay una línea directa”, sostiene. “Ha llovido mucho desde entonces. Soy una persona diferente a la que era hace 10 años”, añade.


Pero hay paralelismos claros entre estos dos acontecimientos. Fue un acto de gran valentía –algunos dirían que estúpida– descargar y transmitir a WikiLeaks informes de guerra, cables diplomáticos, vídeos y documentos de Guantánamo. Es un acto de gran valentía –puede que algunos digan que estúpida– presentarse al Senado estadounidense.


También hay una gran dicotomía entre su arresto en mayo de 2010 y su nueva campaña: si no fuese por el trato en ocasiones brutal que recibió a manos del Ejército de EEUU, ella no tendría el estatus global del que goza hoy en día.


¿Cómo da sentido a estas contradicciones? “No les he dado sentido”, señala. “Y no creo que tenga que haber una explicación. Aprendí muy rápido que mi experiencia en prisión ha formado mi visión del mundo”, añade.


Nos reunimos en su apartamento a las afueras de Washington en el primer aniversario desde que Obama conmutó la sentencia de Manning que aún no había cumplido. Tiene un salón grande con mucha luz, pero está medio vacío y eso le da un toque extraño e impersonal, como si hubiese imitado, aunque de forma más acogedora, la estética austera de prisión. Las paredes están prácticamente vacías, a excepción de unas imágenes de Oscar Wilde y de la anarquista Emma Goldman sobre la chimenea. Y de una copia de la carta de conmutación de pena.


Va vestida de negro, como iba en el vídeo de inicio de campaña, en el que llevaba también una rosa roja como símbolo de resistencia política. Con la luz brillante del salón, destaca el azul grisáceo de sus ojos maquillados con una sombra de color rosa.


Lleva una cadena de plata al cuello con una pequeña almohadilla (el símbolo del hashtag). “Twitter me sacó de prisión”, responde sin dudarlo cuando le preguntan por la cadena.


Decir que Manning ha asumido un duro trabajo al presentarse al Senado en su Estado natal de Maryland es quedarse corto. El actual senador y su rival en las primarias demócratas del próximo 26 de junio, Ben Cardin, es un veterano experimentado que se presenta a su tercer mandato. Es además el líder demócrata en el Comité de Exteriores del Senado y tiene una gran base de votantes leales de centro.


Según ciertas informaciones, Cardin tiene al menos dos millones de dólares para la batalla y la última vez que se presentó a unas primarias, en 2012, ganó a su oponente con un 74% de los votos frente a un 16%. Manning ha recaudado hasta ahora poco menos de 50.000 euros gracias a pequeñas donaciones online y tiene solo dos personas en su equipo, al que quiere mantener reducido –menos de 10 personas– durante la campaña.


¿Cómo piensa competir? “Sabemos que tenemos una gran batalla por delante”, afirma insistiendo en que se presenta para ganar. Aun así, pase lo que pase, no comprometerá sus convicciones por ganar votos. “Queremos ganar, pero si perdemos nuestros principios, entonces ganar no importa”, aclara.


Manning explica que pone su fe en la victoria en los grupos de activistas locales y de estudiantes con los que ha estado estableciendo vínculos desde su liberación. “No estamos haciendo una estrategia de campo centralizada, estamos esperando a que las comunidades locales vengan a nosotros. Yo les escucharé”.


¿Teme estrellarse y quemar su figura como le ocurrió al destacado miembro de Black Lives Matter DeRay McKesson cuando se presentó a las primarias demócratas a la alcaldía de Baltimore en 2016 y quedó sexto con solo un 2% de los votos?


“Baltimore es una ciudad con una comunidad activista muy activa y creo que De Ray no utilizó eso”, contesta. “No voy a criticar a un amigo mío, pero al mismo tiempo estamos hablando con la gente de Maryland y nos estamos tomando el tiempo necesario”, añade.


“Este es mi momento”


El estilo político de Manning ya se deja ver en su cuenta de Twitter. Es vivo y provocador, con frases como #WeGotThis (lo conseguimos), un mantra que desarrolló en prisión para alimentar su espíritu en momentos de desesperación. Manning utiliza un lenguaje directo que compara la agencia federal de inmigración (ICE), con la Gestapo y que dice sin tapujos “que le jodan a la policía”.


La estrategia funciona claramente para sus 323.000 seguidores de Twitter, pero todavía está por ver cómo funcionará en Maryland, un Estado (de seis millones de habitantes) con un gran contingente de funcionarios federales. El centro de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tiene su sede allí.


Manning describe su política como “antiautoritarismo radical”. “EEUU tiene el Ejército más grande y más caro del mundo, pero siempre queremos más. Tenemos el mayor sistema de prisiones del mundo, y aún así queremos más. Tenemos, con diferencia, el mayor y más sofisticado aparato de inteligencia, y seguimos queriendo más. ¿Cuánto es suficiente? Ese es mi momento. Tenemos que parar esto”, explica convencida elevando la voz.


Aunque dice no tener nada contra Cardin –“Le voté dos veces”–, lo ve como parte del problema. Manning señala la L ey Antiboicot de Israel, que él promovió y que ha sido muy criticada por intentar sofocar las protestas contra los asentamientos israelíes.


En su primera declaración de campaña, Manning menciona tres áreas principales de su política: justicia penal, sanidad e inmigración. En cada una de ellas se posiciona claramente a la izquierda de Bernie Sanders. Hay que cerrar las cárceles y liberar a los prisioneros; todos los hospitales tienen que ser gratuitos en el momento de su utilización, sin hacer preguntas; las fronteras estadounidenses tienen que estar abiertas.


Y quiere decir abiertas de verdad. “No deberíamos negar el derecho absoluto a venir a Estados Unidos. Tienes el derecho, todo el mundo lo tiene”, asegura.
¿Qué le diría a alguien de Maryland preocupado por la entrada de terroristas en el país? “Tenemos terroristas nacionales y pueden viajar a donde quieran. Cerrar las fronteras no soluciona el problema”.


Esta posición inicial es tan interesante por lo que omite como por lo que aborda. Manning permanece en silencio sobre políticas transgénero, a pesar de situarse ella misma a la cabeza del movimiento trans. Y Manning tampoco menciona a Donald Trump.


¿Por qué no hace ninguna referencia al hombre que para muchos progresistas se ha convertido en la personificación del mal? “Todos nuestros problemas están personificados en un individuo, pero el problema es del sistema. Nuestro sistema de inmigración fallido no apareció de la noche a la mañana. Es una máquina construida durante décadas por centristas de ambos lados”.


Manning sostiene que pronto comenzará a ir a encuentros públicos invitada por grupos locales. Teniendo en cuenta que su Twitter atrae de manera regular comentarios llenos de odio y amenazas violentas por parte de detractores de derechas y antitrans, ¿no le inquieta su seguridad?


“No me preocupa. Esta gente quiere acabar con la disidencia y nosotros tenemos que contraatacar. No me va a disuadir que alguien me diga cosas horribles”.


Los ataques a los que se enfrentará en la campaña ya han empezado a salir a la luz. La afirmación más predecible es la de que es una traidora a su país, seguida de las teorías que apuntan a que está pagada por los rusos para intentar desestabilizar a un senador demócrata.


Una vez más, Manning permanece impávida. “Hoy en día todo el mundo es un traidor. James Comey, Hillary Clinton, Trump, Obama... la palabra ya no tiene significado. Cualquier forma de ‘no estoy de acuerdo contigo’ se convierte en ‘traición' y en una sociedad así no se pueden tener debates”.


Es seguro que también se invoque en su contra a WikiLeaks y su fundador, Julian Assange, al que le filtró los documentos en 2010. ¿Qué opina ahora de Wikileaks? “En 2010 tomé la decisión de hacer públicos los documentos. Me puse en contacto con The New York Times y The Washington Post, me quedé sin tiempo y esa fue la decisión que tomé. Es algo que no puedo cambiar”, aclara Manning. “Ha tenido algún contacto con Assange desde que le filtró la información? “No. Cero”, contesta.


Puede que la acusación más grave haya venido de la derecha. El Conservative Review escribió que la batalla Manning contra Cardin “beneficia notablemente al Partido Republicano. Enfrentará al ala del establishment demócrata contra las políticas radicales de sus miembros más progresistas”.


La respuesta de Manning es que en esta época febril cualquier apuesta política está fuera de lugar. “Los comentaristas dicen todo tipo de cosas y siempre están equivocados. ¿Recuerdas la noche de las elecciones de 2016? Los tiempos han cambiado. La gente está enfadada. El sistema político que tenemos ya no representa a la gente. Así que sí, necesitamos una lucha”, señala.


Chelsea Manning, que en el pasado fue una persona sin techo, soldado de Estados Unidos, filtradora de documentos y prisionera militar y que ahora es una celebridad de Twitter y mujer transexual, se ha unido a esta lucha. Se abre la veda.

 

Ed Pilkington - Washington
22/01/2018 - 19:44h


Traducido por Javier Biosca y Marina Leiva

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Lobby de los grandes pulpos globales en la OMC

“El comercio electrónico es el futuro. Por eso se necesitan normas simples y modernas, diseñadas específicamente”, señaló Jack Ma, fundador de Alibaba, el portal de comercio electrónico más grande del mundo. Las ONG piden proteger los datos personales.

“El comercio electrónico es el futuro. Se consolidará la relación que va desde el consumidor a las empresas y no al revés. Y será a través de paquetes y no de contenedores. Por eso se necesitan normas simples y modernas, diseñadas específicamente”, señaló ayer Jack Ma, CEO y fundador de Alibaba, el portal de comercio electrónico más grande del mundo. El empresario chino participó del panel de “Facilitación de comercio electrónico”, junto al director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Roberto Azevedo y Richard Samans, del Foro Económico de Davos. Fue en la segunda jornada de la cumbre de la OMC en Buenos Aires. Las grandes empresas del sector (Google, Amazon, Facebook, Apple y Alibaba) buscan forzar la aparición de la regulación laxa de nivel supranacional en la OMC para esquivar potenciales políticas de protección de datos (entre otras) de parte de los Estados nacionales. Las organizaciones no gubernamentales advierten sobre el peligro que existe de la liberalización del flujo de datos electrónicos.


Un rato antes de las 2 de la tarde de ayer una serie de ONGs realizaron una protesta con pancartas en el ingreso del Hotel Hilton (ver página 5). Uno de los puntos de los reclamos fue el tema del comercio electrónico, que motivó también una reunión en el Centro Cultural Kirchner en donde fue analizado el impacto de este fenómeno en la protección de datos personales y el empleo en los países en desarrollo. El clima opuesto se vivió en la conferencia de prensa de Jack Ma, Azevedo y Samans. “En China, todas las normas nos tratan de obstaculizar. Esto tiene que ser al revés. Si les gusta avanzamos, y si no les gusta, también avanzamos”, resumió Jack Ma.


“Estamos hablando de la cuarta revolución industrial. Los gobiernos tienen que ser más ágiles”, pidió Samans. Los cinco grandes jugadores del sector (Google, Amazon, Facebook, Apple y Alibaba) del comercio electrónico buscan instalar en la OMC el comienzo de las negociaciones vinculadas a la actividad. El objetivo es empezar a crear una institucionalidad supranacional en el terreno de los datos y de los servicios online, que es el eje del negocio de estas mega empresas de manejo de datos. Como en el caso de los bienes, la OMC podría cumplir un rol para garantizar la “libertad de empresa” en el rubro de los datos. “Los datos, como el nuevo oro, es un recurso muy valorable. Son utilizados para apuntar a determinados consumidores con anuncios, noticias y bienes y servicios, que a su vez crearán nuevos datos”, explicaron en un comunicado una serie de organizaciones no gubernamentales. De todas maneras, se espera que en esta cumbre de Buenos Aires no se logre el consenso para decidir el comienzo de las negociaciones en el terreno del comercio electrónico.


“El comercio electrónico se ha transformado sustancialmente en dos décadas. Antes se refería a emplear medios digitales para mejorar y armonizar el comercio de bienes materiales. Hoy día se relaciona con el comercio de 'bienes digitales'; fundamentalmente, datos personales extraídos por multiplicidad de sensores”, explica la Fundación Vía Libre, que integra la especialista Beatriz Busaniche. “La libre circulación de los datos sólo debería ser posible en el marco de un sistema armonizado de garantías de protección de los datos personales, que no puede ser inferior al estándar nacional más exigente. En el plano económico, el libre flujo agravará la situación en que un número muy reducido de corporaciones transnacionales monetizan datos que obtienen en todo el mundo, dejando poco o ningún beneficio económico en los países de donde extraen esos datos”. Otro elemento de la agenda del comercio electrónico es la eliminación de tarifas y aranceles y el tratamiento de bien nacional a los bienes comercializados de forma digital. También está la habilitación para las corporaciones para operar y obtener ganancias dentro de un país sin necesidad de tener ningún tipo de presencia, ni física, ni como persona jurídica.


El slogan del lobby del comercio electrónico es que favorece las ventas de las pymes y estimula a los emprendedores. “Los emprendedores pueden dejar atrás grandes dificultades como la distancia física. El objetivo es lograr internet para todos y comercio electrónico para todos los empresarios. Creo que no estamos haciendo lo suficiente para impulsar el comercio electrónico”, indicó Roberto Azevedo. “Este mundo puede modernizarse, simplificarse. Se necesitan políticas de incentivo para el comercio electrónico. Que las pyme paguen menos impuestos si utilizan comercio electrónico. Sí, hay que regular para proteger propiedad intelectual y productos falsificados”, agregó Jack Ma.


“No se trata de promover o no el comercio electrónico, sino de establecer reglas para un sector que todavía no está consolidado en la mayor parte de los países integrantes de la OMC. Imponer estas reglas a esta altura del desarrollo no tendrá ninguna consecuencia positiva para los países en desarrollo y sólo contribuirá a consolidar las altas tasas de concentración en un mercado dominado por un puñado de empresas globales que se reparten el mundo de la economía digital”, considera la Fundación Vía Libre.

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