Venezuela: para que haya paz, poder al pueblo

Desde hace un año, diferentes acciones impulsadas por amplios sectores del pueblo de a pie y acompañadas por Maduro vienen a confirmar el rumbo estratégico asumido por la Revolución Bolivariana. En el marco de una coyuntura compleja -marcada por el intento golpista de la ultraderecha-, millones de personas se proponen continuar el legado de Chávez, en un momento clave para América Latina y el Caribe. Es Comuna o nada.


No sólo Venezuela está pendiente de las circunstancias que enfrentan abiertamente a los dos proyectos en disputa: el de construcción del socialismo bolivariano, basado en la democracia participativa y protagónica; o el de restauración de un capitalismo completamente subordinado a las trasnacionales, que implica al mismo tiempo la vuelta al poder de los sectores dominantes durante el Pacto de Punto Fijo. Es que el resultado de este partido tendrá impacto en todo el continente.


Un triunfo del chavismo empujará con más fuerza la integración entre los pueblos. Estados Unidos, por el contrario, intenta garantizarse las mayores reservas de petróleo del mundo, pero además terminar con el mal ejemplo que supone un pueblo que se organiza y percibe que tiene crecientes cuotas de poder político en la sociedad. Paradójicamente, este es uno de los elementos más desconocidos fuera del país, aunque le aporta la mayor radicalidad al proceso venezolano.


Un oído en el pueblo, para entender el proceso


Acostumbrados a mirar exclusivamente hacia arriba, a derecha o izquierda se hacen análisis de la situación de Venezuela donde el gran ausente es el protagonista principal, aquel que "se acrece en las dificultades", como lo muestra la historia reciente del país, al menos desde el contragolpe popular de abril de 2002.


A pesar de este ninguneo internacional, es allí donde se encuentra la causa de la resistencia prolongada, ante una ofensiva que incluye ataques de todo tipo, desde la utilización de francotiradores como "apoyo" de manifestantes identificados con la etiqueta de estudiantes pacíficos –que sin embargo asesinan personas con alambres e incendian autobuses y universidades- hasta la agresiva diplomacia del Departamento de Estado. Todo suficientemente cubierto por las matrices de los medios hegemónicos, capaces de penetrar a escala planetaria en la mayoría de las conciencias, incluso de las gentes que creen estar informadas por leer las tapas de los grandes periódicos. No es casual, en este contexto, que la construcción de las Comunas no ingrese en "la agenda", que condiciona lo decible sobre la Revolución Bolivariana.
Por eso el tema tampoco es asumido por medios progresistas o de izquierda, que en la mayoría de los casos reducen el proceso revolucionario a lo que sucede a nivel de gobierno, sin observar la profundidad de algunas propuestas que involucran al Estado -desde ya- pero en interacción dialéctica con las organizaciones de base.


Este proceso hunde sus raíces en el programa de gobierno vigente (el Plan de la Patria 2013-2019) y en el Golpe de Timón de Chávez, que plantea la necesidad de avanzar hacia el Estado comunal, con el objetivo de superar el Estado liberal burgués.


En los últimos doce meses, más de 630 comunas han sido registradas por el Estado en transición. Muchas otras se encuentran en construcción, con el horizonte de consolidar 3 mil en los próximos seis años. Esta novedosa forma jurídico política de nuevo tipo recoge la tozuda aspiración del pueblo de avanzar en el autogobierno, en vínculo con organismos del gobierno central y no pocas veces con indiferencia -o con la sorda oposición- de los niveles intermedios, gobernaciones o alcaldías, incluso las chavistas.


Así es que en medio de las guarimbas, que tanta prensa han recogido a nivel mundial, distintos acontecimientos indican que por abajo crece el poder popular. Por lo dicho, este es un dato insoslayable para comprender qué está pasando. Y también para proyectar de qué le sirve al resto de los pueblos que la heterodoxa experiencia bolivariana continúe resistiendo

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Organizarse para ser libres


En marzo, mientras el gobierno impulsaba Conferencias de Paz con distintos sectores, unos 300 delegadas y delegados comuneros se reunieron en Las Casitas, Estado Zulia, a debatir un plan de acción para profundizar la organización popular.


Dos meses después, el 17 de mayo, cerca de 20 mil personas colmaron el Poliedro de Caracas para encontrarse con el ministro de Comunas, Reinaldo Iturriza y con el presidente Nicolás Maduro. Allí presentaron los acuerdos de Las Casitas, que incluyeron propuestas en temas políticos, económicos y comunicacionales hacia la paz y la convivencia.


La jornada llevó el nombre de "Comunas productivas hacia la ofensiva económica por la paz y por la vida" e hizo hincapié en el aporte que la organización comunal puede hacer a la superación del modelo rentista petrolero. Un modelo caracterizado por importar la mayoría de los bienes básicos -entre ellos, los alimentos- y por lo tanto débil ante la guerra económica, el arma más importante de los sectores interesados en derrocar al gobierno.


Los comuneros y las comuneras destacaron el trabajo realizado por el ministro Iturriza y propusieron "avanzar en el encadenamiento productivo, mediante la construcción de redes socioproductivas a partir de la unidad nacional de las comunas".


También pidieron a Maduro que continúe "resteado" con las comunas y celebraron la resistencia ante las protestas violentas, inexistentes en los barrios populares. "Este pueblo comunero se hace respetar con organización, ética y alegría", dijeron, para señalar la ofensiva mediática contra la Revolución Bolivariana. "Las empresas privadas de comunicación se han encargado de potenciar una matriz alejada de nuestra realidad. (...) Medios de comunicación: vengan a nuestras comunidades y digan la verdad".


Siguiendo a Chávez, recordaron que "para que haya paz, debe darse poder al pueblo. Ni en esta Patria ni en ninguna otra habrá paz si se mantiene el sistema capitalista".

.Potenciar la unidad comunal


Además de anunciar la transferencia de recursos para la economía comunitaria, Maduro levantó la apuesta y propuso crear un Consejo de Gobierno Comunal, que agrupe a los organismos de autogobierno a nivel nacional y tenga interlocución directa con Presidencia.


"Ustedes me hacen las propuestas, yo las articulo con las políticas y me hacen llegar las críticas de las fallas que tiene el Gobierno Bolivariano. ¡Que viva la crítica popular! Aprendamos a alimentarnos de la crítica. No le tengamos miedo a la verdad, ese es el método de Hugo Chávez", dijo el presidente entre muchos aplausos.


En este mes que comienza -y que se anuncia como de suma importancia, ante otros escenarios de desestabilización-, se realizarán nuevos encuentros. Uno de ellos será "La fiesta de los saberes comunales", que se está desarrollando estos días en Caracas, para intercambiar y mostrar el conocimiento presente en la organización social. De acuerdo a lo expresado por el ministro Iturriza, el desafío es "crear las condiciones para que no dependamos en ninguno de los momentos del ciclo productivo del capitalismo". Tamaño desafío. Por ahí andan los debates del pueblo venezolano, bajo acecho, pero insistiendo en la construcción del socialismo.

Por Fernando Vicente Prieto, desde Caracas – @FVicentePrieto
Artículo publicado en Notas.org.ar el 6 de junio de 2014 (http://notas.org.ar/venezuela-para-que-haya-paz-poder-al-pueblo/)

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Gatoflorismo izquierdista y pensamiento estratégico

Primas hermanas, las artes de la guerra y la política no son bellas. Y la realidad social tampoco. Por esto los luchadores que buscan cambiarla saben distinguir y relacionar las partes con el todo. De lo contrario, carecerían de brújula, y sólo les restaría el consuelo de la fuerza moral... sin estrategia.


No es verdad que todos los políticos y gobernantes burgueses carecen de vuelo propio, o que cualquier ciudadano tiene su precio. Bastaría la excepción para que una golondrina haga verano. Por lo demás... ¿en qué tipo de sociedad las personas serían distintas?


Bien: en una sociedad más justa. Pero luego, habrá que sopesar qué va primero: si el buey o la carreta. En todo caso, junto con el feroz clasismo racial de sus derechas, la geografía política de América Latina destaca por ser la más injusta y desigual del planeta.


No sólo eso. También empieza a tornarse crónico el oportunismo de las izquierdas gatofloristas que, con visceralidad más enjundiosa la que les suscita el capitalismo, embisten contra los gobiernos reacios a ser peones de las derechas y el capital financiero global.


Ambas posiciones giran en torno a un solo eje: su desdén por lo que un estadista de ojos achinados llamó contradicciones en el seno del pueblo. Falencia que, a más de evidenciar serios trastornos de bipolaridad, alucina con la posibilidad de pueblos sin contradicciones y un mundo purgado de violencia y maldad.


Sin poner las barbas en remojo, las derechas de otras épocas atacaban los procesos de transformación porque sus medidas eran dictatoriales. Pero hoy, cuando son democráticos, igual cargan contra ellos. Con lo que, por encima de adjetivos mediáticos, queda claro que lo sustantivo es la derrota política de todas las izquierdas, sean o no reformistas.


No se equivocan las derechas que justifican el derrocamiento de los más que tibios y reformistas presidentes de Honduras y Paraguay, Manuel Zelaya y Fernando Lugo. Se equivocan las izquierdas que en Argentina, Venezuela, Ecuador o Bolivia sugieren memorizar el canon de la revolución universal, aunque sin aclararnos en cuál traducción.


Poco antes de morir, un ex gobernante argentino aseguró a la revista española Cambio 16 que "...el rechazo de la ciudadanía a los procederes dictatoriales de la presidenta Cristina y sus secuaces les hará morder el polvo, y esperemos que esta vez sea para siempre" ( Cambio 16, 12/2/13).

Palabras del general genocida Jorge Rafael Videla, quien al menos fue un fascista coherente. Y palabras que, con gran incoherencia, repiten el gatoflorista Frente Unitario de Izquierda y los Trabajadores (FIT), que en días pasados se sumó a la huelga general, convocada por la derecha sindical y las patronales oligárquicas argentinas.


Por la misma época, el lúcido analista estadunidense Mark Weisbrot escribió en su columna del periódico brasileño Folha de Sao Paulo (20/4/13): Obama ha intensificado su estrategia de cambio de régimen contra los gobiernos latinoamericanos ubicados desde el centro hacia la izquierda del espectro político, promoviendo el conflicto de una manera no vista desde el golpe militar que Washington apoyó en Venezuela en 2002.
En Argentina, una de esas maneras no vistas consiste en la entusiasta acogida del terrorismo mediático a los desplantes ultristas de las izquierdas gatofloristas.


En enero pasado, por ejemplo, los diarios La Nación y Clarín aseguraban que los días de Cristina Kirchner estaban contados a causa de la terrible inflación (25 por ciento anual). Y recordaban la del año en que cayó Isabel Perón (719 por ciento anual, 1976), aunque sin apuntar el sangriento accionar homicida de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).


Asimismo, olvidaron el golpe de los mercados contra el presidente Raúl Alfonsín, orquestado por el llamado Consenso de Washington tras varias asonadas golpistas. ¿Qué si el peronismo, como dicen los gatofloristas de izquierda y derecha, sería la madre de todos los males?
En homenaje a la verdad, convengamos que en los años de Carlos Menem (10 años de destrucción que acabaron en el famoso corralito de 2001), Estados Unidos y todos los antiperonistas de Argentina y América Latina andaban felices.


El nudo del asunto, entonces, pasa por la pugna distributiva. Pugna en la que los unos quieren concentrar la riqueza y los otros defender el derecho al trabajo, la educación, la salud, la seguridad social, el respeto a los derechos humanos, el juicio y castigo a los genocidas, y la soberanía nacional frente al imperialismo.


En mayo de 2013, en Buenos Aires, Lula habló frente a un grupo de intelectuales, políticos, economistas y empresarios convocados en la embajada de Brasil por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

El embajador Enio Cordeiro le advirtió: Presidente, en este grupo nadie piensa como el otro. Lula habló dos horas y concluyó: "No es lo importante... Pero sin pensamiento estratégico, vamos a perder lo que construimos".

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“Sin pensamiento estratégico vamos a perder lo que construimos”

Lula cerró su visita a la Argentina con una reunión en la Embajada de Brasil. El periodista de este diario Martín Granovsky, uno de los 40 invitados, cuenta cómo y por qué el ex presidente se comprometió a empujar la integración sudamericana.


Un presidente nunca dice que se angustia. Si no, qué queda para los gobernados. Un ex presidente sí se puede dar ese lujo. El resultado es apasionante si el ex se llama Luis Inácio Lula da Silva y tiene una capacidad única de transmisión intelectual y emotiva.

 

Por ejemplo: “O crecemos juntos o nos quedaremos pobres todos juntos”.

 

Por ejemplo: “Cuando le entregué el mandato a Dilma le dije que necesitaría muchos Doberman. Le dije que a cada decisión importante suya tenía que ponerle un perro detrás, porque si no no habría ningún resultado”.

 

Lula habló en la embajada de Brasil en la Argentina, que organizó un encuentro con 40 intelectuales, políticos, economistas y empresarios junto con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y el Instituto Lula de Brasil. Fue el viernes a la tarde y los asistentes hicieron decir al embajador Enio Cordeiro: “Presidente, en este grupo nadie piensa como el otro”. Antes, el presidente que gobernó Brasil durante ocho años desde el 1º de enero de 2013 recibió ocho doctorados honoris causa. “Para el Guinness”, bromeó el senador y ex ministro de Educación Daniel Filmus, coordinador de los doctorados junto con Pablo Gentili, secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

 

El ex presidente brasileño estaba acompañado por Luiz Dulci, ex secretario general de la Presidencia durante su gobierno y secretario del Instituto Lula. Dulci, que acaba de publicar un libro sobre los diez años de gobierno encabezado por el PT, Un salto hacia el futuro, dijo que el Instituto está firmando acuerdos con organismos multilaterales y que trabajará cada vez más en una doctrina de la integración. “No se trata de sustituir a los Estados, pero a veces es difícil para los Estados avanzar en determinados temas.”

 

Lula explicó que el instituto antes se llamaba Instituto de la Ciudadanía. “El programa Hambre Cero lo diseñamos allí”, contó sobre el trabajo previo a las elecciones victoriosas del 2002. Dijo que algunos contactos excedían el marco del PT y que por eso recibía gente en el instituto. Es decir, una preparación completa para el gobierno que se vendría. Sobre el futuro, Lula reforzó la promesa de Dulci y la amplió hacia el Africa. “Durante mi gobierno visité siete países de Oriente Medio, todos los países de América latina y el Caribe y 33 países africanos en 39 viajes.” Lula no tocó el tema, pero además de Sudamérica la gran base de votos para que el brasileño Ricardo Azevedo ganase la dirección de la Organización Mundial de Comercio fue Africa.

 

De traje oscuro y corbata a rayas con los colores brasileños y argentinos, Lula pasó más de tres horas debatiendo, de a ratos sentado y de a ratos parado. Antes de abrir el espacio a comentarios y preguntas, se las hizo a sí mismo. “Hay que crear una doctrina de la integración. ¿Qué es la integración? ¿Es comercial? ¿Es comercial y social? ¿Involucra a las universidades? Todavía no está todo claro para nosotros. Cada vez que Hugo Chávez hablaba de la espada de Bolívar yo le decía: ‘Chávez, ya no necesitamos la espada de Bolívar, sino un banco de desarrollo, carreteras, puentes...’.”

 

Lula mencionó muchas veces a Chávez. Lo hizo con cariño y con picardía. Un muerto no puede quejarse por la revelación de secretos que, por otra parte, sirven para entender qué dificultades enfrenta un presidente incluso cuando tiene legalidad, legitimidad y popularidad. Como estaba presente el ex canciller Jorge Taiana, Lula lo tomó de compinche. “Tal vez un día Taiana, Enio y yo podamos contar cómo son las reuniones presidenciales y las secuencias de las decisiones. Firmamos un acuerdo, un protocolo de intenciones y cuando termina el mandato de cuatro o cinco años, no se hizo nada. Porque cuando esa reunión terminó, viene otra reunión y otro protocolo, y a veces además no hay mucha gente interesada en hacer el seguimiento de las decisiones. Taiana sabe bien cómo se quejaba el pobre Chávez. Casi todas las reuniones terminaban con Chávez peleándose con el pobre Maduro. ‘No voy firmar el documento porque no lo leí.’ Y miraba a la cámara de Telesur. ‘¿Por qué los burócratas no me dieron el documento antes?’ Entonces yo me levantaba y le contaba mi angustia.” Y ahí fue que le contó su idea de los Doberman.

 

En verdad, y aunque no apareció en la reunión de la embajada brasileña, el que se acercó a un sistema de Doberman fue el presidente chileno Ricardo Lagos. Su jefe de asesores Ernesto Ottone enviaba a cada reunión de Lagos un funcionario que luego se encargaría del seguimiento. En otro estilo, para algunas decisiones Kirchner llamaba por teléfono en el acto a toda la cadena de funcionarios que se haría responsable por el cumplimiento de una decisión suya.

 

“Una vez con Chávez estuvimos a punto de despedir juntos a los presidentes de Petrobras y de Pdvesa, porque no había llevado a la práctica un acuerdo al que habíamos llegado”, dijo. “Lo mismo sucedió con la Argentina, y lo mismo con otros países. Cuando los presidentes están dispuestos y convencidos, las cosas deben cerrarse delante de ellos y no después de la reunión. No se puede trabajar en la integración si uno cede a las presiones de un grupo.”

 

La falta de resultados tiene un problema, que Lula tocó. “Cuando llegás al gobierno y no conseguís hacer las cosas que se esperan de vos, la gente se aleja. Pero muchos, en cambio, cuando algo no nos sale perseveramos.”

 

Pensamiento propio

 

Y las reuniones como la del viernes, ¿sirven? “Hay una carencia motivacional”, dijo Lula. “Aparecen buenos diagnósticos y buenas propuestas, pero después deben ser tomados por los políticos.”

 

El ex presidente aprovechó ese momento para levantar un libro en el aire. Es de tapas rojas y el título traducido dice así: Lula y Dilma. Diez años de gobiernos posneoliberales en Brasil. Es una compilación de 21 trabajos realizada por Emir Sader, ex secretario de Clacso antes de Gentili, que escribió el capítulo educativo porque, como dijo Lula, “es un argentino importado a Brasil”. Para que no queden dudas del margen que Lula quiere para decisiones que no son de gobierno sino de análisis hecho por gente con pensamiento propio, dijo: “Lo único mío en este libro es mi nombre en el título, porque los autores trabajaron con toda libertad”.

 

A Lula parece preocuparle el callejón sin salida que se produce cuando los funcionarios y los políticos no se acostumbran a vivir dentro de la contradicción. “Si las divergencias fueran un problema, el PT no existiría. No hay nada que tenga más divergencias que el PT.” También luce preocupado por las profecías autocumplidas según las que nada distinto será posible. “Nací en una región donde muchos niños mueren antes de los cinco años y yo no me morí. Cuando entré al sindicato me dijeron que no podría hacer nada porque la estructura sindical de Brasil era una copia fiel de la Carta del lavoro de Benito Mussolini. Sin que la ley se modificara una línea, en sólo tres años cambiamos la vida sindical. Después nos dijeron que no había espacio para un partido político. En tres años creamos el PT, que nació en 1980. Que llegara un obrero metalúrgico a la presidencia era impensable. Lo logramos. Por lo tanto, podemos producir una doctrina para que nuestros presidentes piensen estratégicamente. Es el compromiso que asumo. No sé si lo cumpliré, pero lo voy a intentar.”

 

Cómo avanzar

 

Lula alertó contra “las peleas entre nosotros”. Citó el caso de la Ronda de Doha, que concluyó en 2008 sin resultados. Estuvo discreto: omitió apuntar que las diferencias esenciales sobre el final se produjeron entre Brasil y la Argentina. “Allí no avanzamos, pero no sucederá más. Si no construimos un pensamiento estratégico vamos a perder incluso lo que ya construimos. Y no es cuestión de defectos. Todos los tenemos. Los tuvimos los presidentes de aquel momento: Néstor Kirchner, Hugo Chávez, Ricardo Lagos, Tabaré Vázquez, yo... Pero si analizamos nuestras relaciones tal como estaban en el 2000 y vemos cómo son ahora, vamos a ver que avanzamos extraordinariamente.”

 

Lula suele hacer un contrapunto permanente entre el rescate de lo bueno, porque es un obsesivo de la autoestima colectiva, y el planteo de desafíos, porque se muestra optimista, pero no tiene la noción fanática de que las cosas, las malas pero también las buenas, son inexorables. “Si no consolidamos los avances como política de Estado, creando parlamentos e instituciones multilaterales, cualquier gobernante de derecha puede terminar con todo. Sobre todo en Brasil. Estén seguros de que ese presidente brasileño le dará la espalda a América del Sur, porque su cabeza está colonizada por Europa y los Estados Unidos.” Y siguió Lula, parado, micrófono en mano y mirando hacia cada lado, moviendo las manos como el orador sindical que fue o que es, confesando que hoy ve cosas que no veía cuando era presidente. “Cosas en las que podríamos haber avanzado y no avanzamos. ¿Por qué no avanzamos en la ONU? Egipto y Nigeria querían ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad, pero no lo dijeron. La Argentina, Brasil y México también. No discutimos lo esencial: el que sea, cuando sea, no puede investir una representación individual sino colectiva, del continente. Pero nunca profundizamos esa discusión. Y son 10 años míos y de Dilma, 12 de Chávez, 10 de Néstor y Cristina. Media generación creció sin que discutiéramos el tema. Con el comercio, lo mismo. Es importante porque genera desarrollo, ganancia, empleos.”

 

Gripe o neumonía

 

En su intervención, el tablero del mundo siempre estuvo presente. Para él, en Europa “una gripe se convirtió en neumonía”. Según Lula, “es ridículo que Europa culpe a Grecia o Chipre mientras ningún banquero está preso”.

 

La industria también. “Tenemos que aprovechar el tipo de personas que hoy están en los distintos gobiernos para hacer lo que hay que hacer. No es malo exportar commodities cuando el precio está bien. Es malo cuando el precio está bajo. Pero a nivel internacional debemos discutir el valor de los productos. Por qué la comida vale tan poco y un chip vale tan caro. En la década del ’70 los Estados Unidos decidieron llevar el cuerpo de las industrias a China y quedarse con la cabeza, con los servicios. Ahora, con esta crisis, se dieron cuenta de que la cabeza sin el cuerpo no es un ser humano, es un busto. Así que discuten cómo reindustrializar a los Estados Unidos.”

 

El animador

 

Un fantasma, a veces, es el papel de Brasil, el gigante de la región. Incluso es un fantasma cuando ya nadie repite disparates sobre hipótesis de conflicto bélico. Como Lula quería desmontarlo, abordó el punto. “Brasil no puede crecer solo. Y Brasil tiene más responsabilidad que el resto. En la crisis del 2008 llamé al presidente del Banco Central y al ministro de Hacienda y les dije que destinaran dinero a Uruguay y a la Argentina. No lo hicimos. Lo hizo China. Pero Brasil no necesita 400 mil millones de dólares de reservas. Hoy podríamos usar ese dinero para financiar la integración aquí y en el continente africano. Pensemos, imaginemos. A veces me da la impresión de que los intelectuales de América latina dejaron de pensar después de la caída del Muro de Berlín. Hay menos canciones, menos libros... Me acuerdo de una charla con Fidel. Un día me dijo de haberle enseñado a su pueblo la historia equivocada. Era la historia rusa, con sus buenos que de golpe se convertían en malos y sus malos que de un día para otro se transformaban en buenos. ‘Sabes, Lula’, me dijo Fidel. ‘Estoy arrepentido de no haberle enseñado a mi pueblo la historia de América latina’. Yo digo: hagámoslo. Trataré de ser el animador y el provocador para que pensemos de nuevo en nosotros.”

 

Los comentarios

 

Antes de la última intervención de Lula en el seminario, varios de los participantes preguntaron o hicieron comentarios.

 

Taiana dijo que hay un punto delicado: “Hemos alcanzado un cierto tope en la integración, estamos entrando en una meseta, cuando hay dificultades la reacción natural es retraerse ante el miedo y lo que no avancemos significará que vamos a retroceder”.

 

El consultor Rosendo Fraga dijo que el Mercosur y la Unasur demostraron “gran eficacia frente a los imprevistos como los que se produjeron en Venezuela, Colombia y Ecuador, pero cierta ineficacia para enfrentar los conflictos históricos”. Citó que Chile y Perú hayan recurrido a La Haya y lo mismo Bolivia y Chile. Lula agregaría que tampoco el conflicto de las pasteras entre Uruguay y la Argentina se resolvió en el marco sudamericano. Fraga se quejó de que en la Argentina “no se puede ver por cable un canal brasileño y no tenemos una radio que transmita en portugués”.

 

Félix Peña, ex subsecretario de Guido Di Tella y hoy en la Universidad de Tres de Febrero, pidió un “Informe Lula” sobre cómo trabajar en Sudamérica.

 

El consultor de Poliarquía Sergio Berenztein sugirió para Mercosur un avance por pasos. “Incremental, minimalista”, dijo.

 

El rector de la Universidad de Cuyo, Arturo Somoza, hico centro en la necesidad del intercambio cultural y el peso de las decisiones políticas.

 

El ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, que revistó con Fernando de la Rúa, dijo que la integración y los derechos humanos “son políticas de Estado en los últimos 30 años”. Recomendó “fortalecer el diálogo Pacífico-Atlántico para ponernos en la dinámica de la negociación global, porque vamos a enfrentar tensiones y ya las estamos enfrentando, y Brasil tendrá dos sombreros”.

 

Rafael Follonier, colaborador de Néstor y Cristina Kirchner con rango de secretario de Estado y ahora a cargo de investigar los crímenes en Venezuela contra seguidores del chavismo en la última campaña electoral, dijo que “el posicionamiento de Brasil como actor global se dio en el marco de la última etapa del proceso de integración sudamericana”. Pidió “un fortísimo relanzamiento de Unasur” y afirmó: “Vendría bien que Lula nos ayudara a resolver la próxima etapa del organismo que creó con el resto de los presidentes”.

 

El ex presidente de la Unión Industrial Argentina y ex ministro de Eduardo Duhalde José Ignacio de Mendiguren llamó a “no dejar pasar el tiempo y tentarnos con el canto de sirena de la primarización de la economía, porque a pesar del enorme período de crecimiento la participación industrial en el PBI de los dos países disminuyó”.

 

El rector de la Untref, Aníbal Jozami, pidió formar “un grupo de delirantes que discuta una unión con Brasil”.

 

Alberto Ferrari Etcheberry, ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de Raúl Alfonsín y uno de los negociadores de entonces para lograr la integración con Brasil, además de ser quien invitó a Lula a su primera visita a la Argentina en 1999, recordó qué es la ciudadanía entre los vecinos. “Con la Constitución de 1988 y con la presencia decisiva del PT, esencial para la caída de Fernando Collor de Mello, surgió la democracia de masas por primera vez.” Añadió Ferrari: “Con Lula terminaría la historia de los Braganza en Brasil. Lula fue el primer Silva. Y después vino Dilma, que también se llama Silva”. Para Ferrari, entre los dos países “no se ha avanzado lo suficiente en conocerse y, sobre todo, en conocer las diferencias”.

 

El uruguayo Gerardo Caetano dijo que “para esta nueva etapa, más de lo mismo no basta”.

 

Pino Solanas lamentó que “en diez años no hemos resuelto ni el Banco del Sur” y dijo que “América latina no puede ser el paradigma de un consenso sobre los commodities”.

 

El diputado de Unidad Popular Víctor de Gennaro advirtió que “el genocidio dejó la idea de que, por miedo, hay que evitar lo peor y ser sobrevivientes” y opinó que “tenemos derecho a vivir felices”.

 

Pablo Gentilli, como organizador, expresó su compromiso de seguir ayudando a la coordinación de centros de estudio, políticos e investigadores.

 

Filmus, otro de los organizadores de la visita de Lula y miembro del Consejo Académico de la flamante Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, se autocriticó “el escaso esfuerzo legislativo para trabajar en forma conjunta, el déficit de diplomacia parlamentaria y el avance lento en la enseñanza de portugués y español, al punto de que científicos argentinos y brasileños se comunican en inglés”.
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Miércoles, 22 Agosto 2012 15:07

Unidad, tan deseada, tan esquiva

Unidad, tan deseada, tan esquiva




Tres sucesos de la semana del 6 al 12 de agosto, todos relacionados con el favor o el entorpecimiento de la unidad de los sectores sociales alternativos en Colombia, preocupan y llaman la atención.

I


El primero, de inmensas implicaciones para el presente y el futuro de lo que se denomina “campo popular”, tuvo como origen el Polo Democrático Alternativo (PDA). Su Comité Ejecutivo Nacional, en sesión del 9 de agosto, tomó la decisión de expulsar de esa organización política al Partido Comunista. El motivo que adujo: “la práctica de doble militancia”, la base argumentativa para semejante determinación, además de una lectura cuando menos polémica –si no leguleya– de los estatutos de la organización, “la Ley 1475 de 2011, reglamentaría de la actividad política en Colombia y la Sentencia C-490 de 2011 de la Corte Constitucional”.

Esta decisión deja libre el camino para la hegemonía dentro del empaque del PDA, para otros partidos. La decisión se toma en el marco de un enfrentamiento reinante dentro del PDA y los partidos que lo conforman, por el apoyo que brinda el PC a la organización de carácter político social Marcha Patriótica. Un primer choque por este apoyo tuvo sus roces durante la más reciente reunión del Foro de Sao Paulo (Caracas, 4-6 de julio), en la cual el PDA negó su aval para que la Marcha fuera aceptada como miembro pleno del Foro. Los ecos de tal negativa repercutieron en los debates de las organizaciones sociales y políticas del país, que exteriorizaron malestar por la conducción predominante en el PDA, alejada de las organizaciones de base, de origen territorial, e inclinada ante la agenda legislativa.

La decisión del PDA y su argumentación, apoyada de manera asombrosa e incomprensible en leyes oficiales y sentencias de la Corte Constitucional –sin reparar en un debate acerca de las prioridades de la política en la actual coyuntura, el método para profundizar la unidad social-popular y los retos para recuperar el dinamismo del propio partido–, no hacen más que refrendar que el PDA optó por una vía leguleya, exclusivamente parlamentaria. De discurso, de imagen permitida en los medios, que lo alejan crecientemente de las agendas sociales más sentidas por las mayorías nacionales.

El ambiente ya estaba tenso. Esta contradicción no dejó de notarse en el seminario ideológico que realizaron los polistas (27-29 de julio), cuando Carlos Gaviria aludió de manera polémica a la Marcha Patriótica, y en las discusiones de pasillo, donde ya se anunciaba –aunque en público se negara– la decisión que finalmente tomó el Comité Ejecutivo.

II


El segundo suceso tuvo como origen el Encuentro de la Unidad Popular, que sesionó en Bogotá entre el 11 y el 12 de agosto, y que, según sus organizadores, reunió no menos de 116 organizaciones y 300 delegados. Como es de suponer, el Encuentro con los propósitos de “unidad” cargó con el antecedente de la decisión ya mencionada del Comité Ejecutivo del PDA. Tal hecho tensionaba sus sesiones y redujo el propósito del evento mismo a decisiones de procedimiento, a coordinaciones para actos puntuales, minimizando los efectos positivos y el impacto que, como convicción de suma de voluntades y no de distancias del mismo, pudiera tener.

Llama la atención que dentro de las propias organizaciones convocantes del Encuentro, y de sus voceros, varias de ellas integran el PDA, así como algunos de sus voceros, que incluso son de su dirección nacional. La situación es incómoda para unas y otros, por supuesto, sin saber qué hacer ante una decisión que lanzó al carajo la palabra “unidad” con una reducción mayor del horizonte del PDA. Es una realidad amarga. Y lo es porque este tipo de encuentros ‘unitarios’ no se construyen desde una metodología en proceso, con claridad del reacomodo y la iniciativa que por largos años están en la acción contra las fuerzas sociales alternativas.

Aquella realidad es amarga porque no se consideran pasos mínimos pero sólidos que estimulen el abordaje, en el curso de varios meses, de los debates más acuciantes para una agenda teórica y práctica de carácter popular, con la cual dilucidar los interrogantes fundamentales para configurar una propuesta alternativa, social y política, además de construir una agenda de acciones comunes que permitan hacer pública, sustentada y atractiva, otra visión de país. Sin proceder de este modo, la ‘consigna’ o la tarea de “unidad” queda reducida a una palabra sin energía, sin sentimiento; a una rutina formal para mencionar la “unidad” que no rompe las fronteras que la ideología y las prácticas dispares de lo popular han sentado en el escenario político alternativo.

III


El tercer suceso acaeció el 8 de agosto en Medellín y tuvo como epicentro la reunión de personalidades, en su mayoría ex (magistrados, alcaldes, gobernadores, senadores), y algunos académicos e investigadores. Dada la pérdida de magnetismo político del PDA, sin constituir una alternativa coherente con las necesidades sociales, es una iniciativa que marca distancias con las necesidades oficiales y sus intentos por una plena cooptación de sectores académicos y de personalidades que tiene su pivote con Angelino Garzón. De acuerdo a la declaración que hizo circular el “colectivo de ciudadanos y ciudadanas demócratas”, que “piden la palabra”, “lo que necesita el país no es la reconciliación de personalismos sino la reconciliación de la política con las aspiraciones de la ciudadanía”.

En su pretensión política electoral, que aún no exteriorizan en su totalidad, aseguran que el “desafío es garantizar la inclusión e igualdad real y difundir los beneficios de la economía y de la sociedad del conocimiento a todos los colombianos y colombianas”.

Y “no se pueden aplazar más las soluciones al desarreglo institucional del Estado, permeado por el clientelismo y la corrupción. Para ello es indispensable elevar el nivel ético e intelectual de la política en todas las instituciones públicas, en primer lugar en el Congreso de la República”.

Por ello, y para ello, dicen: “Nos proponemos recorrer el país, incluir más voces y escuchar todos los ángulos. Consolidar una plataforma de diálogo y acción política ciudadana que persevere en traducir estos propósitos en acciones que influyan decisivamente en el rumbo de nuestra sociedad, nuestras instituciones y la política, a través de todos los caminos que contempla nuestra democracia”.

La declaración, que retoma expresiones como “indignados”, pretendiendo situarse en el ambiente de cambio del mundo actual, no deja de ser contradictoria, toda vez que reclama como objetivo principal de su acción “recuperar el sentido […] representativo de la política”, desconociendo con ello una de las demandas de los indignados y de los movimientos de nuevo espíritu que emergen por doquier: el gobierno directo, la autorepresentación, y, bajo este criterio, una crítica abierta o velada al pilar del Estado liberal, con su soporte en los tres poderes fundantes, parte sustancial de la crisis sistémica en curso.

A la vez, es llamativo que todos estos ex (magistrados, gobernadores, alcaldes, senadores) que tienen micrófono casi siempre que se lo proponen, que han tenido bajo su responsabilidad el destino de millones de personas, reclamen “pedir la palabra”. Para ser consecuentes con su aspiración, como mínimo tendrían que explicarle al país nacional para qué sirve el poder local y la participación en ministerios.

Una vez constituidos deberían aclarar hasta dónde es posible afectar el poder real desde esas instancias, en las cuales se termina actuando de manera cómplice con el poder real. Igualmente, hacer unas precisiones necesarias sobre el porqué, a pesar de la gestión de algunos de ellos en los destinos de las ciudades gobernadas, de los ministerios dirigidos y de los códigos que estuvieron bajo su vigilancia, sin embargo, tales instancias y enunciados quedaron intactos o no sufrieron cambios sustanciales. Por tanto, deben aportar en cómo proceder para romperle el pulso al poder real, al marco en que la gente, la que nunca tiene voz, pueda por fin no sólo llenar planillas de asistencia sino además tomar decisiones sustanciales sobre su presente y su futuro.

***


Con esta tríada de sucesos, es válido llamar la atención sobre el repetir de los personalismos y la marcada persistente de los aprendices de caudillos que estimulan las divisiones e impiden superar la atomización que por décadas ha caracterizado la acción política alternativa en Colombia. Un proceder así, además, no toma en cuenta la crisis que vive el capital en el nivel internacional, en las nuevas formas de lucha y de protesta que se abren campo en varios países, y en la posibilidad/y necesidad de coordinaciones para salir avante en la coyuntura que ahoga al poder tradicional.

Como decían nuestros antepasados, “el palo no está para cucharas”, y la mezquindad debe darles paso a la imaginación, a la renovación, a la política incluyente, a los grandes atrevimientos, y dejar a un lado el vanguardismo, que tiene olor a naftalina, que perjudica y desmotiva la irrupción con fuerza de nuevos luchas. No se puede proceder de otra manera: Los intereses de las pequeñas cúpulas no tienen por qué entorpecer la acción social y popular. El 99 por ciento de quienes abocan este compromiso no debe depender de un simple uno por ciento, ni siquiera si se dice su hermano. Por tal motivo, la base del Polo debe demostrar que el movimiento es de ellos y no de quienes se autodesignan como sus tutores.

Estos son los sucesos y los retos. Por tanto, con los hechos vistos, y con las agendas en curso, es un deber preguntar: ¿Es posible la unidad desde una agenda electoral? ¿Es factible desde una coordinación en el límite para concretar acciones de protesta que no van de menos a más? ¿Para qué el gobierno local si con su ejercicio y su responsabilidad ni se intenta ni se quiebra el modelo vigente, pero tampoco se abren unas compuertas hacia la movilización y el liderazgo social ni se aplica la máxima de “mandar obedeciendo”?

Luego de la experiencia que arroja en estos años de vida el PDA, de sus éxitos electorales, de sus errores, del cuestionamiento por parte de amplios núcleos al pragmatismo que antepone conveniencias de voto a identidades de sociedad deseada; que permite en su seno el cabalgar del clientelismo y la corrupción, y luego de estos años en cuyo tiempo se profundizó el divorcio entre el “arriba” y el “abajo”, es necesario reclamar un sentido debate que identifique los aspectos sustanciales de programa que hagan factible una unidad real. Urge abordar que en la izquierda no predomine el criterio o la máxima de obtener hegemonías particulares, ideológicas, y de partido y grupo, ¡antes que lograr la conquista de gobierno y de poder!

Para abordar ese camino, ponemos un énfasis: la primera pregunta por afrontar en el debate es: ¿Para qué la política? O el método para hacer posible la construcción de una nueva sociedad. En dilucidarla, según las muchas experiencias –inclusive las revoluciones triunfantes–, descansa en gran medida el escenario real para asumir de manera colectiva y unitaria la lucha política con un nuevo contenido. Con un quehacer político y de dirección que no devenga en la utilización del poder que, está comprobado, en años o décadas resulta circunstancial, sin perdurabilidad cultural. En fin, abocamos por una práctica que no caiga en los caminos trillados que robustecen la naturaleza por la desigualdad de la institucionalidad existente, y que bajo las cortinas y afanes de poder y de lucro no potencie e imponga liderazgos ajenos a las mayorías.

 

Publicado enEdición 183
Cambios en la estrategia militar de Estados Unidos

A partir de la aplicación de la antropología en los afanes contrainsurgentes de Estados Unidos y de la presencia de científicos sociales como asesores en el terreno de las brigadas de combate de ese país en sus guerras neocoloniales, un numero creciente de profesionales de esta disciplina nos hemos dado a la tarea de estudiar la magnitud, características y consecuencias de este descomunal esfuerzo imperialista por mantener su hegemonía militar para salvaguarda de sus intereses económicos, corporativos y geoestratégicos en el mundo. Así, el colega antropólogo David Vine, quien prepara un libro en torno a las más de mil bases militares estadunidenses en 150 países (a las que hay que sumar las 6 mil bases internas), publicó el artículo "La estrategia del nenúfar”, que tradujo Rebelión (18/7/12), en el que informa sobre la transformación silenciosa que el Pentágono lleva a cabo de todo el sistema de bases militares fuera de territorio estadunidense, lo cual significa una nueva y peligrosa forma de guerra.
 

Acorde con Vine, los militares estadunidenses aumentan la creación de bases en todo el planeta, que ellos llaman nenúfares (esas hojas o plantas que flotan en la superficie de las aguas y que sirven a las ranas para saltar hacia su presa) y que consisten en “pequeñas instalaciones secretas e inaccesibles con una cantidad restringida de soldados, comodidades limitadas y armamento y suministros previamente asegurados… Semejantes bases nenúfares se han convertido en una parte crítica de una estrategia militar de Washington en desarrollo que apunta a mantener la dominación global de Estados Unidos, haciendo más con menos en un mundo cada vez más competitivo, cada vez más multipolar”.
 

Chalmers Johnson, otro académico crítico de su gobierno y estudioso de estos temas, sostiene que “esta enorme red de establecimientos militares en todos los continentes, excepto la Antártida, constituye una nueva forma de imperio –un imperio de bases con su propia geografía que no parece que podría ser enseñada en una clase de una secundaria cualquiera. Sin comprender la dimensión de este mundo anillado de bases en el ámbito planetario–, uno no puede intentar comprender las dimensiones de nuestras aspiraciones imperiales, o el grado por el cual un nuevo tipo de militarismo está minando nuestro orden constitucional.” (“America’s Empire of Bases” en Tomdispatch. com)
 

Johnson plantea que la rama militar del gobierno estadunidense emplea a cerca de medio millón de soldados, espías, técnicos y contratistas civiles en otras naciones, y que esas instalaciones secretas, además de monitorear lo que la gente en el mundo, incluyendo los ciudadanos estadunidenses, están hablando, o enterándose del contenido de faxes y correos que se están enviando, benefician a las industrias que diseñan y proveen de armas a sus ejércitos. Asimismo, “una tarea de esos contratistas es mantener a los uniformados miembros del imperio alojados en cuartos confortables, bien comidos, divertidos, y suministrados con infraestructura de calidad vacacional. Sectores enteros de la economía han venido a depender de los militares para sus ventas”. Durante la guerra de conquista de Irak, Johnson informa que el Departamento de Defensa, mientras ordenaba una ración extra de misiles de crucero y tanques que disponían de municiones con uranio empobrecido, también adquirió 273 mil botellas de un bloqueador de sol que benefició a empresas de esos productos situadas en Oklahoma y Florida.
A diferencia de las grandes bases que parecen ciudades, como las que ocupan las fuerzas armadas en Japón y Alemania, los nenúfares son construidos con discreción, tratando de evitar la publicidad y la eventual oposición de la población local, informa Vine. Se trata de bases operativas pequeñas y flexibles, “más cerca de zonas de conflicto previstas en Medio Oriente, Asia, África y Latinoamérica… Los funcionarios del Pentágono sueñan con una flexibilidad casi ilimitada, la capacidad de reaccionar con notable rapidez ante eventos en cualquier parte del mundo, y por lo tanto algo que se acerque a un control militar total del planeta”.
 

En lo que toca a nuestra América, Vine señala que “después de la expulsión de los militares de Panamá en 1999 y de Ecuador en 2009, el Pentágono ha creado o actualizado nuevas bases en Aruba y Curazao, Chile, Colombia, El Salvador y Perú. En otros sitios, el Pentágono ha financiado la creación de bases militares y policiales capaces de albergar fuerzas estadunidenses en Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Costa Rica, y aun en Ecuador. En 2008, la armada reactivó su Cuarta Flota, inactiva desde 1950, para patrullar la región. Los militares pueden desear una base en Brasil y trataron infructuosamente de crear bases, supuestamente para ayuda humanitaria y de emergencia, en Paraguay y Argentina”. No dudamos que una de las razones del golpe de Estado contra el presidente Lugo fue su negativa a instalar bases en territorio paraguayo.
 

Ahora que muchos científicos sociales han desterrado de la academia el uso de términos “ideologizados” como lucha de clases o imperialismo, por considerarlos demodé, destacó una conclusión clave del colega Johnson en lo que toca a la expresión militar de este último concepto: “Hace algún tiempo, se podía trazar la expansión del imperialismo contando las colonias. La versión estadunidense de la colonia es la base militar. Siguiendo la política de cambio global de bases, se puede aprender mucho acerca de nuestra cada vez mayor posición imperial y del militarismo que crece en su vértice. El militarismo y el imperialismo son hermanos siameses unidos por la cadera”.
 

¿Cuando será el siguiente salto de la rana desde el nenúfar más próximo a la presa?
 

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Martes, 24 Julio 2012 07:19

Posmanifiestos

Posmanifiestos
La crisis, las primaveras, los movimientos estudiantiles, los ocupas, los indignados, plazas y calles llenas de gente, otros movimientos antisistémicos: la situación desde hace tiempo parece turbulenta, pero lejos de ser revolucionaria. ¿Hace falta algún manifiesto para aglutinar las diferentes luchas y darles un fervor necesario?


El Manifiesto del Partido Comunista, de Carlos Marx y Federico Engels, fue publicado en las vísperas de “la primavera de los pueblos” de 1848. Pero en vez de “hacer la diferencia” fue opacado por la dinámica de los hechos y el fracaso del ciclo revolucionario. La revolución burguesa no fue el camino a la revolución proletaria, sino al avance global capitalista. Quedó desapercibido y resurgió sólo décadas después como un importante documento que conservó su relevancia teórica y potencial político.


Es llamativo que nunca hubo un “manifiesto capitalista”, aunque Ayn Rand estuvo cerca de escribir uno y aunque un libro de Walter Rostow –Stages of economic growth (1960), una “biblia del desarrollo”– tiene por subtítulo A non-communist manifesto. Los capitalistas prefieren la práctica, sin teoría (“no saben lo que hacen, pero lo hacen”, es la definición de la ideología de Slavoj Zizek).


Theodor Adorno y Max Horkheimer –otra famosa pareja de intelectuales– pensaban en escribir una nueva versión del Manifiesto que tomaría en cuenta los cambios en trabajo, fuerzas productivas y tecnología, y que “haría justicia a la manera en que las cosas están hoy”. La discusión sobre el tema realizada en 1956 está contenida en un librito, Towards a new Manifesto (2011).


Su diálogo, a veces confuso y enigmático, más que de análisis, está lleno de aforismos. Entre divagaciones sobre la función social del trabajo, tiempo libre, la naturaleza del ser humano, destaca el llamado a la búsqueda de una nueva teoría que refleje la realidad (el propósito de Marx) y su relación con la práctica (para Adorno su separación es ideología). Pero salvo un indefinido llamado al restablecimiento de un “partido socialista”, la política está casi ausente y las referencias a los acontecimientos mundiales son vagas.


Desconfiando del proletariado, ambos lamentaban que, a diferencia de Marx y Engels, no tenían un agente a quién dirigirse y que la situación no sólo no era revolucionaria, sino “peor que nunca”, y que “por primera vez era imposible imaginarse que pudiera mejorar” (sic). Tal vez 1956 estuvo lejos del clima de 1848, pero este pesimismo tenía que ver también mucho con lo particular de la teoría crítica.


En medio de todo es curioso ver a Adorno reivindicando a Lenin, que en su opinión tenía más razón que Marx sobre el enfoque político hacia la sociedad. Su intención de hecho era preparar un “manifiesto estrictamente leninista” (sic).


Al final, quizás por suerte, la idea no prosperó. El pesimismo y la convicción de ambos de que el capitalismo carecía de alternativas podrían resultar en un documento que, en vez de “justicia”, traería más confusión.


En su momento El imperio (2000), de Michael Hardt y Antonio Negri –¡otro dúo!– fue debatido como una suerte del “manifiesto comunista para el siglo XXI”. Sin embargo, a parte de la izquierda le resultó un escrito problemático. Se criticó su negación de Lenin y la visión del imperio sin imperialismo (y colonialismo).


Estudiando las recientes movilizaciones en todo el mundo, los dos publicaron ahora un documento titulado Declaration (2012). Aunque aseguran que “Esto no es un manifiesto”, su lectura es como mirar el cuadro de Magritte Ceci n’est pas une pipe.


Según los autores, los manifiestos y los profetas crean sus propias visiones del mundo y sus propios sujetos, agentes del cambio. Pero los movimientos sociales de hoy ya han revertido este orden, rebasando a los manifiestos y a los profetas. Los agentes ya están en las calles ofreciendo visiones de un mundo nuevo más allá del capitalismo que buscan pasar de la declaración a la constitución.


Sus teorizaciones pretenden contribuir en ello. Hay puntos interesantes: Declaration identifica cuatro “figuras subjetivas” de la crisis: el endeudado, el mediatizado, el asegurado y el representado, subrayando la importancia de la acción colectiva y apuntando a la figura del comunero que contrarrestará el sistema dominante. Y hay aspectos debatibles: por ejemplo, el énfasis en el trabajo “inmaterial”, cuando el “material” no ha perdido su relevancia, al igual que el proletariado “viejo”.


Una curiosidad: tan hostiles al poder del Estado, Hardt y Negri parecen dar el “beneficio de la duda” a la interesante relación entre gobiernos progresistas y movimientos sociales en América Latina.


En fin: la lección de Adorno y Horkheimer es que fuera del contexto favorable, sin agentes y sin poder imaginarse las alternativas al capital, ni siquiera es posible producir un escrito revolucionario. En este sentido la situación de hoy es perfecta: hay agentes y hay imaginación.


Pero la lección del mismo Manifiesto comunista es que para el cambio no basta un documento (aunque la teoría es necesaria y aquí incluso la aportación de Hardt y Negri es bienvenida).


Lo que hace falta son las estrategias políticas sofisticadas, la construcción de alianzas de clase, disciplina y organización.


Ya lo decía Lenin.


Por Maciek Wisniewski*

*Periodista polaco

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Nueva visión geoestratégica de Brasil, según Ronaldo Carmona (Universidad de Sao Paulo)
En el encuentro 18 del Foro de Sao Paulo, en Caracas, el geopolitólogo Ronaldo Carmona –coordinador del grupo de trabajo temático sobre defensa e investigador de la Universidad de Sao Paulo– me había invitado a su panel, al que por premuras no pude asistir.


El documento matricial de Ronaldo Carmona aborda la “nueva visión estratégica” que se desarrolla en Brasil, en particular, desde el establecimiento de la Estrategia Nacional de Defensa (END) en 2008, que comporta tres aspectos nodales:


“La definición de tres áreas estratégicas de defensa: nuclear, espacial y cibernética”. A mi juicio, este rubro es insuficiente y pertenece a la etapa de la guerra fría; hoy el enfoque debe ser también en los rubros de GNR (genoma, nanotecnología y robótica), sin descuidar la segunda generación informática y, en especial, la ciberguerra y sus “supercomputadoras”, donde Estados Unidos goza una primacía disuasiva.


“La delimitación geográfica mas nítida de las áreas claves de interés estratégico: el Atlántico Sur (SisGAAz, submarino con propulsión nuclear) y la Amazonia, blanco de creciente codicia (Sisfron, desplazamiento de unidades militares de sur a norte)”. Aquí agregaría la Antártida (tan pletórica en materias primas), cuyo control –en la etapa del cambio climático y su descongelación– definiría el dominio geopolítico a los dos lados del Atlántico Sur, lo cual afectaría los intereses de los bloques BRICS, BASIC (unos BRICS sin Rusia) e IBSA (unos BRICS sin Rusia y China).


“El concepto de tomar como base de la defensa de Brasil la identificación de la nación –¡supersic!– con las fuerzas armadas y de las fuerzas armadas con la nacional”. Este concepto debe “multiplicarse en hipótesis de confrontación con una potencia muy superior (nota: ¿será Estados Unidos/OTAN/Israel?) en el esquema de guerra asimétrica”, el cual se volvería “el principal escenario, y cuya victoria sólo es posible en profunda fusión con el pueblo”. Ronaldo Carmona aduce que “en gran medida, se trata de una reiteración del espírito de Guararapes, que forjó la nacionalidad brasileña”.


El significado simbólico y patriótico, casi espiritual, del “espíritu de Guararapes”, según su interpretación por el portal del Ejército brasileño: “El nacionalismo del espíritu de Guararapes es el nacionalismo racional, estratégico, seguro, traducido en la práctica por una Petrobras, una Transamazónica, el decreto de las 200 millas de mar territorial, nuestra política de fletes marítimos y tantas otras realizaciones como Volta Redonda (la Ciudad de Acero), hitos del progreso material de Brasil”.


Sería recomendable que los teólogos neoliberales proponentes de un “espurio modelo Petrobras” en México entiendan sus alcances nacionalistas vinculados a la geopolítica soberana y a la grandeza de Brasil.


Justamente en mi encuentro con Ronaldo Carmona en Caracas coincidimos en que el “espurio modelo Petrobras” de los teólogos neoliberales arcaicos y entreguistas de México no tiene nada que ver con el modelo original brasileño en su quintaesencia nacionalista que han caricaturizado: una desinformación más de los hijos putativos de Televisa.


El taller de defensa que coordina Ronaldo Carmona exhibe la “creciente preocupación de las fuerzas de izquierda en relación con el tema”, como “producto de la tensión cada vez mayor sobre temas como soberanía e independencia, es decir, la cuestión nacional, que rebasan los temas clásicos de la izquierda, como la lucha por la justicia social, la democratización del Estado y la centralidad del desarrollo”.


Comenta que en fechas recientes, “los cuatro partidos de izquierda brasileños que participan en el gobierno de Dilma Rousseff realizaron un seminario en Brasilia sobre la relación entre la política de defensa y el proyecto nacional de desarrollo”, en el que participaron el ministro de Defensa, Celso Amorim, y el ministro de Ciencia y Tecnología, Marco Antonio Raupp.


Por cierto, el anterior canciller Celso Amorim, hoy ministro de Defensa –a mi juicio, uno de los mejores geoestrategas de Latinoamérica (baste comparar con el foxiano Castañeda Gutman)–, explica luminosamente las razones geopolíticas del éxito multipolar de Brasil (ver Bajo la Lupa, 18/1/12). Para mí, “el Brasil de Lula/Dilma” simboliza la esencia del nuevo orden multipolar.


Ronaldo Carmona tiene muy claro el panorama geopolítico y estratégico global: “Vivimos un escenario internacional cada vez más cercano a los pronósticos de las visiones realistas y de la teoría del imperialismo”, y arguye que “existen tres aspectos que ejemplifican las nubes cargadas en la situación internacional”: 1) “redefinición estratégica de Estados Unidos para extender su hegemonía en el tiempo” con “el blanco centrado en la contención de China (sic)”, lo cual rehabilita las tres tesis geopolíticas clásicas (Mahan, Mackinder y Spykman); 2) rehabilitación del “imperialismo humanitario” (intervención en guerras civiles provocadas desde el extranjero: Libia, Siria e Irán, y en países con bajo nivel de cohesión interna, incluso en Sudamérica), y 3) “control de los recursos naturales escasos” que abundan en Sudamérica.


Considera que la “situación en Sudamérica, que busca mayor cohesión y unidad en su pensamiento geoestratégico, es bastante distinta (¡supersic!) a Centroamérica y el Caribe, más pegados (sic) a Estados Unidos” en el área de “su” perímetro de seguridad, o “Mediterráneo americano”, como lo denominó Mahan.


Aborda en forma específica a Sudamérica y su “principal vulnerabilidad”: el “bajo nivel de desarrollo”, que contrasta con su enorme potencialidad, lo cual aboga por un “proyecto de integración regional”. ¿Lo dejará Estados Unidos?


Agregaría otras dos vulnerabilidades para que florezca el desarrollo: finanzas (controladas por la banca israelí anglosajona) y tecnología de punta (Estados Unidos).


Destaca los avances en el “proyecto de integración en defensa de Sudamérica” en la Unasur y apunta al nuevo pensamiento estratégico común del Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) y sus dos tesis: el “enemigo interno” (¡cómo abundan las mulas de Troya!) y “guerra del vecino como enemigo”.


El CDS/Unasur preconiza un escenario de amenazas o búsqueda de sometimiento por parte de las potencias centrales debido a las características sudamericanas de poseer excedentes en bienes estratégicos claves en: a) energía (petróleo, gas, uranio, etcétera), b) recursos minerales, incluso estratégicos o raros, c) excedentes acuíferos, d) biodiversidad, en especial la concentrada en la Amazonia, y e) capacidad de producción de alimentos, y proteína animal y vegetal en general.


Aduce que “la integración común sudamericana exige una actitud de cooperación hacia adentro y de disuasión hacia afuera frente a amenazas de naturaleza extrarregional”.


Concluye que “la presencia de fuerzas extrarregionales en la región sudamericana se convierte en cuestión clave: Guyana ‘francesa’; bases militares o acuerdos para franquear acceso a bases nacionales; presencia marítima en el Caribe y en el Atlántico sur”.


¿Podrá salvar el espíritu de Guararapes a la Sudamérica emergente?


www.alfredojalife.com

@AlfredoJalife

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La nueva estrategia de EU amenaza América Latina
El gobierno de Estados Unidos (EU) lanzó en abril una potente contraofensiva para recuperar el terreno perdido en una región que sigue siendo vital para su dominación global. Nadie en su sano juicio podía imaginar que el imperio dejaría disolver su influencia en América Latina sin jugar todas sus cartas. En el nuevo escenario mundial, pautado por la crisis económica y financiera, y cuando el Pentágono necesita volcarse hacia el Pacífico, su presencia en este continente no puede asumir un perfil solamente militar.


El general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor conjunto, debatió el primero de mayo la nueva Estrategia de Defensa en el Carnegie Endowment for International Peace, señalando que no sólo consiste en "rebalancear" las fuerzas armadas hacia la región Asia- Pacífico, como señaló Barack Obama en enero. Definió la necesidad de "construir una red de alianzas alrededor del globo" para lo que será necesario "resolver los desafíos pendientes, tales como las cuestiones relacionadas con transferencia de tecnología, intercambio de inteligencia y ventas militares al extranjero" (Carnegieendowment.org).


En abril el secretario de Defensa, León Panetta, realizó una gira sudamericana que lo llevó a Colombia, su principal aliado militar, luego a Brasil y finalmente a Chile, donde se acaba de inaugurar la base militar de Concón. "El propósito de este viaje es participar en consultas con varios de nuestros socios en esta parte del mundo e intentar fomentar alianzas de seguridad innovadoras en la región" (http://spanish.chile.usembassy.gov).


La base de Concón, en la provincia de Valparaíso, forma parte de esa política de "innovación". Fue construida en 60 días por el Comando Sur y la armada de Chile como campo de entrenamiento para la guerra urbana, las llamadas Operaciones Militares en Territorios Urbanos (MOUT) contempladas en las misiones "humanitarias" y preventivas. En septiembre de 2011 el ministro de Defensa chileno, Andrés Allamand, había firmado un acuerdo de cooperación que permite "el despliegue de tropas estadunidenses en suelo chileno, ante la eventualidad de que el ejército nacional se vea sobrepasado por alguna situación de emergencia" (El Ciudadano, 3/5/12).


Pero el clímax de la minigira de Panetta sucedió en Brasil, al día siguiente de la entrevista con el ministro de Defensa, Celso Amorim, en la que ofreció amplia transferencia de tecnología si opta por la compra de cazas F-18 Super Hornet de Boeing, en vez de los Rafale de la francesa Dassault. El 25 de abril Panetta ofreció una conferencia en la Escuela Superior de Guerra, en Río de Janeiro, en la que detalló su propuesta de amplia cooperación estratégica entre EU y Brasil.


Se dirigió a las elites militares, empresariales y políticas de Brasil, no al gran público. Comenzó diciendo que ambos países "se encuentran en un punto crítico de la historia común" (Defesanet, 25/4/12). "Es el momento de esforzarnos en el nacimiento de un nuevo acuerdo, simultáneamente fuerte e innovador, basado en los intereses mutuos de los dos países, como potencias occidentales". Insinuó que Brasil podría llegar a ocupar su ansiado asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero no fue claro.


Llamó a establecer un nuevo diálogo para "transformar la relación Brasil-EU en el área de la defensa", involucrando a la nación emergente en las cuestiones militares internacionales y aseguró que las relaciones bilaterales están en su mejor momento desde 1945.


En un párrafo crucial abordó el aspecto más espinoso de la relación bilateral: "Brasil es una potencia económica y la cooperación en alta tecnología, que necesita fluir en ambas direcciones, parece limitada por los controles a la exportación existentes actualmente. Respondiendo a esto, tomamos la decisión de librar 4 mil licencias de exportación para Brasil, un nivel similar al que tenemos con nuestros mejores aliados globales".


Panetta agregó que la compra de los 36 cazas F-18 puede "transformar radicalmente la relación entre ambas industrias de defensa" y concluyó asegurando que "Amorim es esperado en Washington en breve para continuar el diálogo".


¿Cómo debe interpretarse este discurso? Sin duda, se produce en un momento clave y delicado. El triunfo de François Hollande es analizado en Brasil como oportunidad para potenciar la alianza con Francia, mientras la presencia de China en la región no deja de crecer. Amorim aseguró meses atrás que la decisión de la compra de los cazas se tomará antes de mitad de año, pero lógicamente después de las elecciones francesas. Este es el momento. Sin embargo, el imperio no suele ofertar una amplia transferencia de tecnología por la compra de tres docenas de aviones. El objetivo parece más ambicioso: el Pentágono realiza su "generosa" oferta tecnológica y diplomática (el asiento en el Consejo de Seguridad) a cambio de una sumisión militar y estratégica. A mi modo de ver, es un chantaje.


Los cables revelados por Wikileaks señalan que en 2009 EU buscó sabotear la transferencia de tecnología espacial y nuclear de Ucrania a Brasil (Defesanet, 13/5/12), dos aspectos decisivos para la autonomía estratégica del país emergente. Pero Brasil ya está desarrollando tecnología espacial con China y tiene su propio y avanzado programa nuclear. El mensaje es claro: si Brasilia no se subordina, el cerco militar será cada vez más estrecho, como lo demuestra la nueva base militar en Chile.


No es sencillo anticipar el camino que tomarán las elites brasileñas. Por mucho menos, Getulio Vargas fue acorralado hasta empujarlo al suicidio. Las próximas semanas develarán buena parte del enigma: la demorada decisión de la compra de los cazas mostrará el estado de ánimo imperante en el país que se propone unir a la región para hablar con voz propia en el mundo.
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Lunes, 28 Marzo 2011 16:39

Obama: “vine,vidi y no dije nada...

El título de este artículo no es mío,  corresponde al comentario hecho por José Piñera,  hermano del presidente chileno Sebastián Piñera,  y publicado por el diario El Mercurio junto a otros dichos de distintas personalidades al término del discurso de mandatario estadunidense. El texto completo es “Vine,  vide,  vinci, fue el tweet de César a Roma tras una victoria. Vine. vidi y no dije nada, será el tweet hoy de Obama”. Pero José Piñera,  ex ministro del Trabajo y de Minería de Pinochet no es el único que piensa así, aunque su hermano dice estar muy satisfecho. El presidente del partido Socialista dijo que “Los estadunidenses son especialistas en hacer buenos shows y este fue un show, muy pocas nueces para tanto ruido.”
 
El senador demócrata cristiano y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado chileno dijo que lamentaba que Obama “no abordara los temas que esperábamos los latinoamericanos y los chilenos. No hubo propuesta sobre el desafío de avanzar en la lucha contra la pobreza, ni en el problema migratorio, el término del proteccionismo agrícola y la eliminación del embargo a Cuba o un importante mea culpa por los derechos humanos”.
 
Hay muchos otros comentarios similares, como así también artículos de agencias noticiosas internacionales y notas de prensa de otros países. La agencia alemana DPA, por ejemplo,  destacó que Obama propuso a las Américas una alianza,  sin anunciar medidas,  plazos ni comprometer apoyos políticos.
 
La gira, que incluyó a Brasil, Chile y El Salvador fue también muy carrereada debido tanto al desarrollo de los acontecimientos en Libia, como a las acusaciones de que Obama ha violado la constitución estadunidense al apoyar la intervención en ese país, lo que lo obligó a acortar en horas sus estadías en Chile y El Salvador.
 
Pero no es tan efectivo que el mandatario estadunidense no haya dicho nada. Planteó cosas que no explicó, ignoró demandas. lo que es una forma de responder, y no entró en detalles sobre su propuesta de actualizar la Alianza para el Progreso kennediana de los años sesenta, lo que también tiene un significado.
 
Brasil
 
La primera etapa de su viaje fue Brasil y los acontecimientos allí no se desarrollaron armónicamente porque fue desde ahí de donde Obama dio el vamos a los bombardeos sobre Libia, encabezados y dirigidos por su país, como habían acordado con sus aliados.
 
Como se sabe, Brasil se abstuvo en la votación del Consejo de Segundad de l as Naciones Unidas cuando se adoptaron las medidas para establecer la exclusión aérea en Libia, lo que equivale a un operativo de guerra, como dijera hace ya algunas semanas un general estadunidense.
 
Obama tuvo la opción y la excusa para postergar la gira y no lo hizo, presumiblemente estimó que al no estar en su país quedaba, en apariencias,  al margen de esos hechos. Pero los bombardeos a Libia lo acompañaron toda la gira y el “vamos “ que dio desde Brasil tuvo consecuencias. Ese fue el motivo por el cual el ex presidente Lula no fue a la comida que la presidenta Dilma Rouseff le ofreció al visitante.
 
En Brasil hay una importante colectividad árabe. El país fue colonia de Portugal y la nación europea estuvo bajo el dominio árabe durante más de un siglo, detalles históricos que al parecer el departamento de Estado no considera debidamente en sus anáisis,  Talvez por eso Obama dijo después en un discurso que la transición brasileña era un modelo para el mundo árabe. Claro que también dijo en Santiago que la experiencia chilena es un modelo para la región y para el mundo.
 
Chile
 
Ya desde Brasil y a través de un matutino chileno,  el mandatario estadunidense había señalado que en el discurso que pronunciaría en Chile explicaría “nuestra visión para el hemisferio y que se funda en el concepto de alianza igualitaria que he perseguido desde que asumí la Presidencia de Estados Unidos. ”
 
Ya en Chile, inició su discurso diciendo ”We are all Americans. Todos somos Americanos”. Luego se refirió a la unidad alcanzada por los países latinoamericanos y afirmó que esta región “está contribuyendo a la prosperidad y seguridad mundial” y que por lo tanto va a ser “cada vez más importante para Estados Unidos”, afirmación suficiente para encender algunas luces rojas.
 
Siempre en esa línea sostuvo que “En América no hay socios mayores y no hay socios menores, sólo socios iguales”,  de modo que las asociaciones de igualdad “exigen” una responsabilidad compartida, lo que podría parecer democrático si tales asociaciones se establecieran entre iguales, lo que obviamente no ocurre.
 
Esa es la base de su propuesta, cuyos alcances son obvios,  América Latina va bien en los aspectos que a Estados Unidos le interesan, de modo que nos vamos a asociar. Aquí hay petróleo suficiente para todos,  tanto descubierto como por descubrir, una Amazonia y una Antártica con más riquezas y yacimientos enormes de agua dulce.
 
Lo que no explicó el presidente Obama es por qué tendríamos que asociarnos con su país, cuando somos tan capaces y tan ricos. Si fuera por recursos económicos para explotar esas riquezas, en la actualidad hay muchos interesados en aportarlos y posiblemente pongan menos condiciones y exijan menos ventajas.
 
Esto es lo sustancial del discurso, en el cual Obama buscó apoyarse en la imagen de John Kennedy, admitiendo que esa Alianza para el Progreso de 1961 ya estaba superada, si bien lo cierto es que cuando fue puesta en práctica ya lo estaba porque sus metas no conducían al progreso. Cabe recordar que el planteamiento de Kennedy al hacerla pública fue “a nuestros vecinos del Sur les pedimos que den un poco para no perderlo todo” y así fue. Lo que importaba era proponer reformas a medias para contrarrestar la influencia de la Revolución cubana a la que desde la “era Kennedy” se le impuso el bloqueo económico.
 
Y a propósito de Cuba, el mandatario estadunidense aseguró haber hecho muchos esfuerzos para mejorar las relaciones y supuestamente también su economía, pero que Cuba no había correspondido, no se le ocurrió que bastaría levantar el bloqueo para que esa nación desarrolle todo su potencial, del cual ha dado prueba en estos 50 años.
 
De lo que no dijo nada fue de lo que numerosos chilenos,  entre ellos el escritor Ariel Dorfman, que le pidieron públicamente y a través de la prensa,  que se disculpara con los chilenos por el golpe militar de 1973 y las violaciones a los derechos humanos cometidas al amparo y colaboración de Washington.
 
Dorfman, en un artículo en el diario español El País, le señaló que no necesitaba pedir perdón,  ni expresar remordimiento por la intervención estadunidense en Chile,  que bastaría con que visitara la tumba del presidente Salvador Allende y le dedicara “un par de minutos soltarios”,  con lo que enviaría una señal al sur de Río Bravo de que sería posible una nueva relación con Estados Unidos.
 
Nada ocurrió y en un momento los periodistas chilenos que cubrían la visita acordaron preguntarle si su país colaboraría en la investigación de las muertes del presidente Allende y su antecesor Eduardo Frei y si pediría perdón por la participación de su país durante el régimen militar. Obama respondió que considerarían cualquier solicitud.
 
Pero después agregó “debemos aprender de nuestra historia, y entender nuestra historia, pero no sentirnos atrapados por la historia, porque tenemos muchos desafíos hoy, incluso lo más importante, tenemos desafíos para el futuro que debemos poner atención”.
 
El Salvador
 
En la mañana del martes, después de desayunar con el presidente Piñera, el gobernante estadunidense partió a El Salvador, última etapa de su gira. Casi al mismo tiempo que llegaba se produjo un temblor en la nación centroamericana. En la capital salvadoreña había plantones y marchas de protesta, pero al igual que en Chile, no fueron vistas por el visitante, debido al cierre de calles.
 
Allí todo se desarrolló a la carrera. Obama se reunió con el presidente Funes y luego dieron una conferencia de prensa en la que el único anuncio importante fue que Estados Unidos daría 200 millones de dólares para el combate a la criminalidad en América Central a través de un plan que, según trascendió,  se desarrollará fuera de la Iniciativa Mérida suscrita con México.
 
Hecho este anuncio, Obama y el presidente Mauricio Funes fueron a la catedral salvadoreña,  donde se encuentran los restos de Arzobispo Arnulfo Romero, asesinado de un balazo cuando decía una misa. El autor del crimen fue el mayor golpista Roberto D’Abuisson,  del partido Arena,  que gobernó durante varios períodos hasta la elección de Funes. Fue Obama quien pidió ir a la catedral. El Padre Juan Vicente Chopin replicó con un interesante análisis sobre el significado de esa visita, señalando que tendría sentido si se trataba de “un reconocimiento al testimonio de vida que llevó Mons. Romero. Con ello se estaría legitimando su defensa de los derechos humanos”.
 
Agregó que si sólo tuviera un carácter político, Obama estaría buscanso popularidad, pero si en el supuesto político el presidente de Estados Unidos pidiera la derogación de la ley de amnistía que encubre a muchos asesinos, o si pidiera disculpas por los crímenes que cometieron ”soldados entrenados en la Escuela de las Américas” entonces “su discurso sería esperanzador en aras de construir una democracia real y estable”.
 
Obama no dijo nada,  la respuesta la había dado en Chile.
 
- Frida Modak,  periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.
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La reciente cumbre de Lisboa de la OTAN, celebrada el 19 y 20 de noviembre, supone el reconocimiento de que la alianza militar nacida en 1949 para la defensa del espacio euro-atlántico se ha convertido en una fuerza con vocación de intervención global. Los ciudadanos de nuestros países confían en la OTAN para defender naciones aliadas, movilizar fuerzas militares robustas donde y cuando sea requerido para nuestra seguridad, y para la promoción de la seguridad común entre nuestros aliados alrededor del globo, puede leerse en el documento de 11 páginas firmado por los jefes de Estado.

En los hechos, estamos ante una OTAN que se globaliza, como señala Pepe Escobar en una serie de artículos dedicados al tema (Asia Times, 18 y 20 de noviembre). No sólo se trata de mantener a perpetuidad el arsenal nuclear sino de convertirse en policía del mundo, acoplándose al diseño militar del Pentágono de guerra infinita y guerra de espectro total. La OTAN ya está en Asia central y del sur, así como en el noreste de África, interconectada con el Africom del Pentágono, apunta Escobar. Un plan a largo plazo, cuatro décadas según el general David Richards, jefe de la Defensa británica, destinado según el periodista a cercar el corazón de Eurasia, aislar a Rusia, Irán y China. En síntesis, una nueva guerra fría contra los países que pueden hacer sombra a la decadente superpotencia.

En América Latina el Pentágono ha ido moviendo sus fichas en los últimos años: reactivación de la IV Flota, despliegue de nuevas bases militares, ocupación militar de Haití con la excusa del terremoto, golpe de Estado en Honduras, entre las más evidentes. La hipótesis central que barajamos en los últimos años es que en la región se trata de cercar y aislar a Brasil, el único país en condiciones de hacer frente a la nueva estrategia imperial. Pero este país es muy consciente de los desafíos que tiene por delante, como se desprende de la Estrategia Nacional de Defensa y, más recientemente, en las posiciones que ha ido asumiendo ante el nuevo concepto estratégico de la OTAN.

El 10 de setiembre el ministro de Defensa, Nelson Jobim, quien continuará en el cargo en la administración de Dilma Rousseff, participó en la conferencia internacional El Futuro de la Comunidad Trasatlántica, realizada en Lisboa. En el Instituto de Defensa Nacional, Jobim mostró su preocupación por el riesgo de que la OTAN pueda realizar incursiones armadas en el Atlántico Sur, al que definió como área geoestratégica de interés vital para Brasil. El ministro fue claro al señalar que es necesario separar las cuestiones del Atlántico Norte de las del Sur, que merecen respuestas diferenciadas, tanto o más eficientes y legítimas cuanto menos involucren a organizaciones o estados extraños a la región.

Aseguró que las razones por la cuales se creó la OTAN dejaron de existir, ya que desapareció la amenaza que representaba la Unión Soviética. Denunció que la OTAN se convirtió en instrumento para el avance de los intereses de su miembro principal, Estados Unidos, y criticó de modo frontal la extrema dependencia europea de las capacidades militares estadunidenses en el seno de la OTAN, lo que le impide constituirse en un actor geopolítico a la altura de su peso económico.

El 3 de noviembre, en la apertura de la séptima Conferencia de Seguridad Internacional Fuerte de Copacabana, en Río de Janeiro, Jobim volvió sobre el mismo tema. Enfatizó que Brasil y Sudamérica no pueden acepar que Estados Unidos y la OTAN se arroguen el derecho de intervenir en cualquier parte del mundo y, de modo particular de cortar la línea que separa al Atlántico Norte del Sur. Rechazó la idea dee soberanías compartidas sobre esta región que maneja el Pentágono: ¿cuál es la soberanía que Estados Unidos quiere compartir, la de ellos o la nuestra?” Dijo más: No seremos aliados de Estados Unidos para que ellos mantengan su papel en el mundo. Y rechazó conversar sobre el Atlántico Sur con un país que ni siquiera reconoce la soberanía marítima brasileña de 350 millas, reconocida por Naciones Unidas. Allí se encuentran los yacimientos de hidrocarburos que son definidos como la Amazonia azul por la Estrategia Nacional de Defensa.

Sin la menor ironía, la página estratégica brasileña Defesanet destacó que con estos argumentos Jobim había lanzado la idea del Mare Brasilis, en referencia al Atlántico Sur, una zona del mundo que para los militares de ese país es vital por lo menos desde las décadas de 1950 y 1960, cuando el coronel Golbery do Couto e Silva y la Escuela Superior de Guerra definieron las prioridades estratégicas del país. No es casualidad que Jobim sea el preferido de los altos mandos militares para seguir en un cargo desde el cual dotó a las fuerzas armadas de objetivos estratégicos que se están cumpliendo.

Para completar el cuadro habría que agregar dos informaciones. Como parte de la alianza estratégica entre China y Brasil, del 3 al 7 de noviembre una delegación presidida por el comandante de la marina china visitó la flota en Río de Janeiro, con especial interés en conocer el programa militar y el portaviones Sao Paulo. Además, ambas marinas discutieron asuntos estratégicos reservados y elaboraron una estrategia de trabajo conjunta (Defesanet, 12 de noviembre). La segunda es la información publicada el 21 de noviembre por O Estado de Sao Paulo, el día siguiente a la conferencia de Lisboa, que asegura que la marina de Brasil tiene un plan hasta 2047 (fechas similares a las que maneja el concepto estratégico de la OTAN) para dotarse de una flota de seis submarinos nucleares (hasta ahora se hablaba de uno) y 20 convencionales.

A todo ello debe sumarse que Brasil ya domina todo el ciclo de la producción nuclear. En suma, un país de Sudamérica que se está dotando de un aparato disuasorio frente a amenazas extrarregionales, como dijo Jobim, capaz de enfrentar todo tipo de desafíos, diplomáticos y militares, convencionales o no.

Por Raúl Zibechi
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