Restos óseos de mamut en Tultepec. EFE

El descubrimiento representa un hito en el estudio de la Prehistoria por ser la primera vez que se prueba esta forma de cacería, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano

 

Tultepec se ha convertido oficialmente en tierra de mamuts. El municipio, a unos 40 kilómetros al norte de Ciudad de México, ha visto el hallazgo de 824 huesos pertenecientes a 14 mamuts. El descubrimiento se produjo en febrero cuando trabajadores del municipio intentaban construir un basural y, al excavar unos cinco metros, dieron con restos óseos. “Son de hace aproximadamente 15.000 años”, ha anunciado este miércoles Luis Córdoba, investigador de la Dirección de Salvamento arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), a cargo de la excavación. Los más de diez meses de trabajo por parte de los arqueólogos han revelado algo inédito: por primera vez han sido encontrado huesos de mamuts dentro de trampas excavadas por cazadores. Una novedad que cambia la forma en la que se ha pensado la relación entre los humanos y estos paquidermos.

“En la primera visita ya encontramos varios restos de mamuts”, cuenta Córdoba en un vídeo publicado por el Gobierno mexicano. Junto a unos enormes colmillos aún medio enterrados, como quien muestra una preciada colección, el arqueólogo mexicano exhibe los ocho cráneos, las cinco mandíbulas, las 179 costillas, entre otros cientos de huesos. Él ha participado en el rescate de al menos 22 esqueletos de estos enormes paquidermos en México. Uno de ellos fue en diciembre de 2015, también en Tultepec, cuando la construcción de un drenaje sacó a la luz una enorme osamenta, hoy atracción turística expuesta en el Museo del Mamut de ese municipio.

Después de ese primer hallazgo, la misión de recuperar estos nuevos esqueletos fue nombrada Tultepec II. La gran cantidad de huesos en ese sitio ha abierto ahora la puerta a México para ingresar en la lista de Megasitios de Mamut, donde se encuentran países como Rusia o Estados Unidos, en los que se han hallado cientos de restos óseos.

El descubrimiento revelado este miércoles “representa un parteaguas” en el estudio de la Prehistoria, ha asegurado Pedro Sánchez Nava, coordinador de Arqueología del INAH, en un comunicado. Las excavaciones hablan por primera vez de la forma en la que los pobladores de hace 15.000 años se relacionaban con estos animales, cómo los cazaban con el fin de alimentarse.“Este hallazgo cambia esa escena azarosa y eventual que los libros de texto manejaban sobre la caza del mamut: la de un animal al que se atacaba únicamente cuando caía en un pantano”, celebra Sánchez Nava.

Los restos de estos 14 mamuts han sido hallados en fosas que, según el equipo de arqueólogos, fueron utilizadas por los “cazadores recolectores” como trampas. “Hasta ahora se pensaba que los espantaban para que cayeran en un pantano o que esperaban a que murieran, pero nunca se sugirió un ataque directo”, asegura Córdoba, “aunque aquí está la prueba de que sí hubo ataques directos”.

Efecto del cambio climático

Los arqueólogos que aún trabajan en el lugar afirman que los restos datan del período conocido como Máximo Glacial, una época en que la aridez llevó a los lagos de la región a secarse. “Estos cambios climáticos ocasionaron que mucha del agua de todo el mundo se concentrara en los polos y en las altas montañas, y muchas áreas se volvieran más secas, ese fue el caso de la cuenca de México”, explica Córdoba.

“Se nota que el lago de Xaltocan [que estaba en Tultepec en esa época] bajó de nivel y su fondo quedó expuesto en forma de una llanura muy grande. Ahí es donde aprovecharon los cazadores recolectores para excavar las trampas, en el fondo de lo que había sido el lago”. La composición de la tierra alrededor de los restos fue lo que dio la clave a los investigadores para determinar qué parte de la excavación era formación natural y cuál había sido modificada por el hombre.

La hipótesis de los investigadores sugiere que las trampas halladas de los cazadores recolectores no son intentos aislados, sino “un conjunto [de trampas] en línea muy bien planteado por los cazadores”. “Todo ese esfuerzo debió ser utilizado durante muchos años, por eso la cantidad de restos de mamuts”, dice Córdoba. El INAH incluso ha detallado que han recibido información de al menos otros tres sitios en los alrededores de Tultepec en los que podría haber más restos. Todo a 10 kilómetros de la base aérea de Santa Lucía, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador ha empezado a construir la mayúscula obra del aeropuerto internacional de la capital mexicana.

Por Georgina Zerega

México 8 NOV 2019 - 04:30 COT

Describen el árbol evolutivo de las plantas verdes más completo

Con datos genéticos de mil 147 especies, un equipo internacional de investigadores describe en Nature el árbol evolutivo para las plantas verdes más completo hasta la fecha.

En la actualidad, hay más de 500 mil especies de plantas en el mundo y todas evolucionaron de un antepasado común. Cómo sucedió este salto en la biodiversidad aún no está claro.

La historia y la evolución de las plantas se remontan a unos mil millones de años. Las algas fueron los primeros organismos en aprovechar la energía solar con la ayuda de cloroplastos. En otras palabras, fueron los primeros organismos vegetales en realizar la fotosíntesis.

El objetivo del nuevo estudio fue desentrañar los fundamentos genéticos para este desarrollo. "Algunas especies comenzaron a emerger y evolucionar hace varios cientos de millones de años. Sin embargo, en la actualidad tenemos las herramientas para mirar hacia atrás y ver qué sucedió en ese momento", explica el profesor de fisiólogos de plantas Marcel Quint, del Instituto de Ciencias Agrícolas y Nutricionales en Martin-Luther-Universität Halle-wittenberg (MLU).

Quint lidera un subproyecto con el bioinformático Ivo Grosse, también de MLU, como parte de la Iniciativa de los mil transcriptomos de la planta, una red global de unos 200 investigadores. El equipo recogió muestras de mil 147 especies de plantas terrestres y algas para analizar los patrones de expresión génica (transcriptoma) de todo el genoma de cada organismo.

Con esa información, los investigadores reconstruyeron el desarrollo evolutivo de las plantas y la aparición de especies individuales. Se centraron en especies de plantas que, hasta el momento, no se han estudiado a este nivel, incluidas numerosas algas, musgos y también de las que tienen flores.

Algunas de las antenas del complejo ALMA, en los Andes chilenos sobre el fondo de las Nubes de Magallanes. /ESO/C. MALIN

Primeras imágenes del complejo nacimiento de un sistema estelar binario, el más común en el Universo.

Si cada día viéramos dos soles en el cielo en vez de uno estaríamos en uno de los sistemas estelares más comunes del Universo, el de una estrella binaria. Son dos astros ligados gravitacionalmente, que ejecutan una compleja danza guiados por las leyes de la mecánica celeste. Pero cómo llega a formarse este tipo de estructura es algo que nunca se había visto en detalle y por eso las primeras imágenes que se han obtenido de dos estrellas que se están formando en su nube natal suponen una gran noticia.

En las imágenes, filamentos de polvo y gas en forma de espiral salen de un disco de material (disco de acreción) que rodea las dos jóvenes estrellas de masa similar, y que las alimenta a través de una estructura compleja y dinámica que recuerda a los pretzel. El proceso tiene dos etapas. El disco se conecta mediante estos filamentos a otros dos más pequeños que rodean las estrellas nacientes y de los cuales se alimentan. El sistema se va equilibrando de forma que al final las estrellas tienen una masa muy parecida, lo que cumple la teoría sobre la formación de sistemas binarios.

Para obtener las imágenes, un equipo internacional utilizó el observatorio ALMA, que está en Chile, para observar un grupo de jóvenes estrellas en la curiosa nebulosa oscura de la Pipa, a más de 600 años luz de la Tierra. ALMA es un conjunto de 66 radiotelescopios, situado a 5.000 metros de altura, en el que participan el Observatorio Europeo Austral (ESO),que es la gran institución astronómica europea, e instituciones de Chile, Estados Unidos y Japón.

“Vemos dos fuentes compactas, que interpretamos como discos circunestelares alrededor de las dos jóvenes estrellas”, explica Felipe Alves, del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE), que dirigió el estudio. “El tamaño de cada uno de estos discos es similar al del cinturón de asteroides en nuestro Sistema Solar y su separación es de 28 veces la distancia entre el Sol y laTierra”. El disco que rodea las dos protoestrellas tiene una masa total de unas 80 veces la de Júpiter.

“Hemos conseguido por fin observar la compleja estructura de estrellas binarias jóvenes, con los filamentos de alimentación que conectan el disco principal con sus discos”, afirma por su parte Paola Caselli, directora del instituto y coautora del estudio, que se publica en la revista Science y que se ha representado en una animación. En el trabajo ha participado el investigador José Miguel Girart, del Instituto de Ciencias Espaciales (CSIC), quien señala que gracias a la potencia del observatorio ALMA se ha conseguido distinguir mejor el complejo sistema de las jóvenes estrellas binarias y comprender que en ese ambiente sería posible la formación de planetas rocosos como es la Tierra.

Se estima que la velocidad a la que aumenta la masa de los discos circunestelares es de solo una décima parte de la masa de Júpiter por año y esto también está de acuerdo con las predicciones teóricas. Además, el objeto menos masivo de los dos está “engordando” su disco circunestelar más rápidamente que el otro en la observación, aunque los astrónomos reconocen que hacen falta más observaciones similares para apuntalar los modelos.

En el caso de la Tierra, en el Sistema Solar solo hay una estrella y por eso nos parece normal, pero la mitad de las estrellas cercanas al Sol vienen de dos en dos. Su origen parece estar en la fragmentación del disco protoestelar debido a inestabilidades gravitatorias, bastante comunes si nos atenemos a los resultados. En este caso los raros somos nosotros.

15/10/2019 07:38 Actualizado: 15/10/2019 08:00

Premian con el Nobel de Física el aporte de tres científicos a la cosmología

El trabajo de James Peebles reveló que sólo se conoce 5 por ciento del universo // Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron en 1995 el primer planeta fuera del sistema solar

 

El canadiense-estadunidense James Peebles y los suizos Michel Mayor y Didier Queloz ganaron este martes el Premio Nobel de Física de la Academia Sueca de Ciencias por sus trabajos en cosmología.

El premio "es mitad para el físico James Peebles por descubrimientos teóricos en cosmología" relativos a los inicios del universo y la otra mitad para el físico y astrónomo Michel Mayor y el astrónomo Didier Queloz por el descubrimiento del primer exoplaneta, anunció Göran Hansson, secretario general de la Academia Real de Ciencias de Suecia.

Los tres investigadores contribuyeron a "una nueva comprensión de la estructura y la historia del universo. Sus trabajos han cambiado para siempre nuestras concepciones", añadió la academia.

Las investigaciones de Peebles, de 84 años y titular de la cátedra Albert Einstein en Princenton, nos remontan "a la infancia del universo" mediante la observación de los primeros rayos luminosos, casi 400 mil años después del Big Bang, ocurrido hace 13 mil 800 millones de años.

"Sus trabajos revelaron un universo en el cual sólo se conoce 5 por ciento de su composición, la materia que forma las estrellas, los planetas, los árboles y nosotros. El resto, o sea 95 por ciento, está constituido de materia y energía oscuras. Es un misterio y un desafío para la física moderna", subrayó la Academia.

Pese a teoría comprobada, siguen los misterios

"Aunque la teoría esté completamente probada, hay que admitir que la materia y la energía oscuras siguen siendo misteriosas", señlaló Peebles en una entrevista poco después del anuncio del galardón.

"Podemos estar seguros de que esta teoría no es la respuesta final", afirmó.

Por su lado, Mayor, de 77 años, profesor honorario del Observatorio de la Universidad de Ginebra, y su doctorante Queloz, de 53, descubrieron en 1995 el primer planeta en órbita alrededor de otra estrella, concretamente de 51 Pegasi B, a 50 años luz de la Tierra.

"No estoy preparado para esto. Esta mañana era un profesor de Cambridge, y de repente mi vida sufrió un vuelco", declaró Queloz a periodistas en Londres, donde estaba para dictar una conferencia.

Bautizado luego como Dimidio, el primer exoplaneta –en la actualidad son más de 3 mil 500– es de un tipo llamado "Júpiter caliente": planeta de gran tamaño, como Júpiter, pero que orbita muy cerca de su estrella.

"Nadie sabía si los exoplanetas existían", recordó Mayor, según un comunicado difundido por la Universidad de Ginebra. “Los astrónomos los buscaban en vano.

“De repente, hemos enriquecido nuestro ‘zoológico’ con otros sistemas planetarios: es como la medicina cuando miramos a otros animales para comprender mejor al ser humano. Fue una revolución”, explicó François Forget, planetólogo del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia.

Ese primer exoplaneta conocido "nadie imaginó que podría albergar vida, pero fue el primero de un amplio grupo, del cual algunos están en la zona habitable alrededor de su estrella", señaló Vincent Coude du Foresto, astrónomo del Observatorio de París.

El hallazgo enriqueció el panorama y extendió la búsqueda de vida en el universo.

Antes de 1995, "se habían hallado otros exoplanetas, pero giraban alrededor de púlsares, estrellas muertas", sostuvo Du Foresto.

"Estimamos que en la galaxia hay al menos tantos planetas como estrellas, es decir, alrededor de 100 mil millones", según el astrónomo.

Dimidio es gaseoso e hirviente (alrededor de mil 200 grados Celsius). Orbita alrededor de una estrella de tipo solar.

"Era muy extraño y para nada situado donse habría esperado", recordó el suizo Queloz.

Se halla más cerca de su estrella de lo que lo está Mercurio del Sol y tarda un poco más de cuatro días en dar la vuelta.

"Hasta entonces, creíamos que para que un planeta gigante se creara, tendría que hacer frío y, por tanto, estar lejos de su estrella", explicó François Forget, planetólogo del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia.

Es difícil observar un planeta cercano a una estrella debido a su fuerte luminosidad.

Mayor desarrolló una técnica que no permite ver directamente el planeta, pero sí detectar su presencia a través de la perturbación que su gravedad inflige a la estrella.

Este instrumento ultrapreciso, llamado Elodie, detectó el planeta desde el Observatorio de Alta Provenza del CNRS. "Los datos recolectados explicaban la historia que sólo podía ser la de un planeta", señaló Queloz.

El hallazgo fue una sorpresa, porque no pensaban lograrlo tan rápido. El anuncio tuvo lugar el 6 de octubre de 1995 en Florencia.

"El hallazgo cambió la visión que teníamos de nuestro lugar en el universo", según David Clements, del Colegio Imperial de Londres. “Inauguró una nueva era para la cosmología", subrayó Stephen Toope, de la Universidad de Cambridge.

Es, por tanto, "un nuevo paso hacia el aspecto fascinante sobre la detección de pruebas de vida", según Martin Rees, de la Universidad de Cambridge.

Los investigadores recibirán el premio el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel.

Lunes, 30 Septiembre 2019 05:47

Las mujeres de la tabla periódica

Las mujeres de la tabla periódica

La historia de la clasificación de docenas de elementos en una tabla periódica no se ciñe a una persona ni a un momento en el tiempo. Los científicos habían clasificado y predicho la existencia de los elementos antes de que Dimitri Mendeléiev propusiera su esquema en 1869, y siguieron haciéndolo después. Fueron muchos los que trabajaron para descubrir y explicar el comportamiento de las nuevas sustancias. Los gases nobles, la radiactividad, los isótopos, las partículas subatómicas y la mecánica cuántica todavía no se habían descubierto a mediados del siglo XIX.

Para celebrar el Año Internacional de la Tabla Periódica, dedicamos este artículo a algunas de las mujeres que revolucionaron nuestra concepción de los elementos. Marie Curie es la más famosa, por sus investigaciones sobre la radiactividad y el descubrimiento del radio y el polonio, que le valieron el Nobel en dos ocasiones. La mayoría, sin embargo, son poco conocidas. Tampoco suele apreciarse la tenacidad y diligencia que requiere el trabajo experimental, la valoración de datos y la reconsideración de las teorías vigentes.

Demostrar la existencia de un nuevo elemento no es tarea fácil. El primer paso consiste en detectar una actividad inusual; un comportamiento químico o una propiedad física (las emisiones radiactivas y las líneas espectrales, por ejemplo), que no se corresponda con la de ningún elemento conocido. Luego hay que aislar el nuevo elemento, o un compuesto de él, en cantidades lo suficientemente grandes como para poder pesarlo y convencer a la comunidad científica.

Descubrir y ordenar

Marie Curie no andaba a la búsqueda de nuevos elementos cuando inició su tesis doctoral sobre los «rayos del uranio», en 1897. Quería explorar la radiactividad, un fenómeno descubierto por Henri Becquerel en 1896. Pero sospechó de la existencia de otros elementos al observar que la radiactividad de la pechblenda, un mineral de uranio, era superior a la que cabía esperar de su contenido en uranio. Su marido Pierre se incorporó entonces a las investigaciones.

En 1898 identificaron las líneas espectrales de dos nuevos elementos: el radio y el polonio. Sin embargo, les llevó más de tres años pulverizar, disolver, hervir, filtrar y cristalizar toneladas de pechblenda para extraer tan solo 0,1 gramos de un compuesto de radio. La extracción del polonio sería aún más difícil, porque su vida media es más breve. En 1903, Pierre y Marie Curie compartieron el premio Nobel de física con Henri Becquerel por el descubrimiento de la radiactividad, y en 1911 Marie recibió un segundo Nobel por el descubrimiento del radio y el polonio y por la concentración y el estudio del radio.

Ubicar un elemento en la tabla periódica requiere establecer su peso atómico y sus propiedades químicas. El radio, por ejemplo, se comporta de modo muy similar al bario, pero su peso atómico es mayor, así que se sitúa justo debajo del bario. Determinar el peso atómico es difícil porque exige disponer de sustancias puras.

Cuesta distinguir elementos de peso y carácter similares. Poco después de elaborar su tabla, Mendeléiev propuso a la química rusa Julia Lermontova refinar los procesos de separación de los metales del grupo del platino (rutenio, rodio, paladio, osmio, iridio y platino), como paso previo a su ordenación. Solo sabemos de su trabajo a través del archivo y la correspondencia de Mendeléiev. Lermontova estudió química en Heidelberg con Robert Bunsen (descubridor del cesio y el rubidio en 1860, junto con Gustav Kirchhoff, con el espectroscopio que acababan de inventar), y fue la primera mujer que obtuvo un doctorado en química en Alemania, en 1874.

Establecer el peso atómico era, asimismo, crucial para identificar las series de desintegración radiactivas y distinguir entre nuevos elementos y las variedades de elementos conocidos. El concepto de isótopo solucionó el problema planteado por el descubrimiento de numerosos elementos para los que en apariencia no había espacio en la tabla periódica. Aunque el químico británico Frederick Soddy introdujo el concepto en 1913, fue la médica Margaret Todd quien propuso el término, que en griego significa «el mismo lugar».

La química polaco-judía Stefanie Horovitz, del Instituto de Radio de Viena, aportó la prueba experimental de la existencia de isótopos. Un elemento tan común como el plomo presentaba distintos pesos atómicos, según si procedía de la desintegración radiactiva del uranio o de la del torio.

También era problemática la naturaleza de una curiosa «emanación» del radio. ¿Era una partícula o un gas? La física canadiense Harriet Brook resolvió el problema junto con su director de tesis, Ernest Rutherford, en la Universidad McGill de Montreal. En 1901, Brooks y Rutherford mostraron que la emanación se difundía como un gas pesado y aportaron la primera prueba de que la desintegración radiactiva producía nuevos elementos. En 1907, William Ramsay sugirió que el gas, al que se denominaría radón, pertenecía al «grupo de los elementos del helio», que hoy conocemos como gases nobles.

En 1902, Rutherford y Soddy anunciaron su teoría de la desintegración radiactiva, según la cual los átomos se transmutan espontáneamente en nuevos átomos con la emisión de radiación. Si bien Rutherford obtuvo el Nobel de química de 1908 por estas investigaciones, la crucial contribución inicial de Brooks apenas ha sido reconocida. Tras publicar conjuntamente un primer artículo, el siguiente, en Nature, lo firmó Rutherford, que se limitó a indicar en los créditos la asistencia de Brooks. Como mujer de ciencia, Brooks tuvo dificultades, especialmente tras casarse, para obtener puestos estables y desarrollar sus investigaciones.

Al fondo de la materia

A todo esto, no dejaban de producirse avances en la comprensión del núcleo atómico. En 1918, la física Lise Meitner y el químico Otto Hahn descubrieron en Berlín el elemento 91, el protactinio. Meitner era austríaca y, tras completar su doctorado, había buscado en Alemania una oportunidad profesional. En 1907 fue admitida como colaboradora no remunerada de Hahn en el departamento de química de la Universidad de Berlín. Tuvo que trabajar en el sótano porque las mujeres no podían acceder al edificio principal. En 1913, cuando Hahn se incorporó al Instituto Emperador Guillermo de Química en Berlín-Dahlem, Meitner fue nombrada «asociada» del instituto.

Hahn y Meitner descubrieron el protactinio en el curso de una investigación sobre la «sustancia madre» de la serie de desintegración del actinio. Otros científicos perseguían el mismo objetivo e, inevitablemente, se produjeron disputas de prioridad. El descubrimiento fue atribuido a Meitner y Hahn porque concentraron el nuevo elemento en mayor cantidad y lo caracterizaron de forma más completa que sus competidores.

También el renio (elemento número 75) fue descubierto conjuntamente en 1925 en Berlín por la química alemana Ida Noddack y su marido, el también químico Walter Noddack, junto con Otto Berg, de la empresa de ingeniería eléctrica Siemens–Halske. Ida Tacke, que adoptaría el apellido de su marido, dejó un puesto en la industria química para ir a la caza de elementos. En 1925 se incorporó en calidad de investigadora no remunerada al Instituto Físico-Técnico Imperial de Berlín, donde Walter Noddack dirigía el departamento de química. Los Noddack tuvieron que emplearse a fondo para producir cantidades ponderables de renio, así denominado por el Rin. Es uno de los elementos más raros de la Tierra y no es radiactivo.

Los Noddack reclamaron asimismo el descubrimiento del elemento 43, al que denominaron masurio por la región de Masuria, en Polonia. Pero no consiguieron replicar las líneas espectrales ni aislar la sustancia. Las técnicas de la «química húmeda» no eran apropiadas para la identificación de este elemento, el primero en ser producido artificialmente, en 1937, y que recibiría el nombre de tecnecio.

A diferencia de Marie Curie, cuyas contribuciones fueron reconocidas y que tras la muerte de Pierre ocupó su cátedra en la Universidad de París, Ida Noddack trabajó como invitada en el laboratorio de su marido durante la mayor parte de su carrera. Esta es una de las razones por las que no se tomó en serio su sugerencia, en 1934, de que el núcleo podía partirse, un proceso que hoy denominamos fisión.

Los descubrimientos del neutrón, en 1932, y de la radiactividad artificial, en 1934, abrieron una nueva línea de investigación: la fabricación de elementos en el laboratorio mediante el bombardeo de átomos con partículas. En 1934, el físico Enrico Fermi y sus colaboradores en la Universidad de Roma anunciaron que habían producido los elementos 93 y 94 tras bombardear uranio con neutrones. Ida Noddack señaló en un artículo en Angewandte Chemie que Fermi no había demostrado que no se hubieran producido elementos más ligeros. «Es concebible», argumentó, «que el núcleo se haya dividido en varios fragmentos grandes». Los físicos la ignoraron.

Sin embargo, en 1938, Meitner y Hahn demostraron que el bario se encontraba entre los productos de las reacciones estudiadas por Fermi y que el núcleo se había partido. Para entonces, a falta de meses para que estallara la Segunda Guerra Mundial, Meitner, de ascendencia judía, había huido a Suecia. Pese a que sus cálculos habían convencido a Hahn de la fisión del núcleo, este no la incluyó como coautora al publicar los resultados en 1939, y en 1945 no aprovechó el discurso de aceptación del Nobel de química de 1944 para reconocer el papel de Meitner.

La mayoría de estas pioneras colaboraron con colegas masculinos, y no es fácil distinguir sus contribuciones. La física francesa Marguerite Perey es una excepción: se la considera la única descubridora del elemento 87, el francio, en 1939. Se incorporó al instituto de Marie Curie en París a los 19 años como técnica de laboratorio, bajo la dirección de Irène Joliot-Curie y André Debierne. Ambos le pidieron, independientemente, que midiera con precisión la vida media del actinio 227. En el curso de este delicado procedimiento técnico, identificó el nuevo elemento. Al no ponerse de acuerdo sobre quién dirigía a Perey, ninguno de ellos pudo reclamar un papel en el hallazgo. Perey acabaría dirigiendo el departamento de química nuclear de la Universidad de Estrasburgo, y en 1962 se convirtió en la primera mujer escogida como miembro correspondiente de la Academia de las Ciencias francesa. Pese a que no había ninguna regla que excluyera la elección de mujeres, la Academia no admitiría una mujer como miembro de pleno derecho hasta 1979.

El francio fue el último elemento natural en ser descubierto. Actualmente, el hallazgo de nuevos elementos requiere grandes equipos, aceleradores de partículas e importantes presupuestos [véase «Disputas en la tabla periódica», por Edwin Cartlidge; Investigación y Ciencia, mayo de 2019]. El significado de elemento químico ha cambiado. Si para Mendeléiev era una sustancia estable incapaz de transmutarse, hoy incluye especies isotópicas que existen apenas unos milisegundos.

Mediante esas técnicas, la química estadounidense Darleane Hoffman llevó a cabo un avance monumental a principios de los años setenta. Demostró que el fermio 257 se fisionaba espontáneamente, no solo al ser bombardeado con neutrones. También descubrió el plutonio 244 natural. Fue la primera mujer que dirigió una división científica en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, donde se formaron generaciones de científicas. Una de ellas, Dawn Shaughnessy, es la investigadora principal de un proyecto sobre elementos pesados del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California, en el marco del cual se han descubierto seis elementos (del número 113 al 118).

Usar los elementos

Muchas otras mujeres han contribuido a ampliar nuestro conocimiento sobre los elementos. Tras el aislamiento del flúor por el químico francés Henri Moissan en 1886, un equipo de mujeres (entre ellas, Carmen Brugger Romaní y Trinidad Salinas Ferrer) trabajó con José Casares Gil en la Universidad de Madrid en los años 1920 y principios de 1930 en el estudio de las propiedades terapéuticas y la presencia en las aguas minerales de este elemento. Cuando tuvieron que dejar las investigaciones como consecuencia de la Guerra Civil (1936-1939), el trabajo de estas mujeres fue incorporado a la bibliografía de Casares.

La química Reatha C. King fue la primera mujer afroamericana que trabajó en la Oficina Nacional de Estándares de los Estados Unidos, en Washington. En los años sesenta estudió la combustión de mezclas gaseosas de flúor, oxígeno e hidrógeno. La alta reactividad del flúor sugería su uso en la propulsión de cohetes. Algunas mezclas eran tan explosivas que requerían técnicas y aparatos especiales, que King diseñó y fueron adoptadas por la NASA.

En la década de 1910, la médica estadounidense Alice Hamilton demostró la toxicidad del plomo y los riesgos que entrañaba para la población y los trabajadores de la industria metalúrgica. Su trabajo obligó a las compañías de seguros y a las empresas a adoptar medidas de protección y compensar a los damnificados. También organizó acciones sociales para que se reconocieran las enfermedades laborales relacionadas con otros metales pesados, como el mercurio. En 1919 se convirtió en la primera profesora nombrada por la Universidad Harvard. Ya en 1925 se pronunció contra la adición de plomo a la gasolina.

La técnica japonesa-estadounidense Toshiko «Tosh» Mayeda era en los años 1950 una experta en la medida de los radioisótopos del oxígeno. Había empezado su carrera limpiando los recipientes de vidrio del laboratorio de Harold C. Urey en la Universidad de Chicago, pero pronto se hizo cargo de los espectrómetros de masa. Contribuyó a la medida de la proporción de isótopos de oxígeno en conchas marinas fosilizadas, a fin de deducir la temperatura de los océanos prehistóricos, y extendió el uso de este método a los meteoritos.

Como estadounidense de ascendencia japonesa, Mayeda fue confinada en un campo de internamiento tras el ataque a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941, y tuvo que hacer frente a la discriminación. Contando solo con un título de graduada en química, sus contribuciones podían haber sido invisibilizadas, como las de tantas técnicas. Afortunadamente, Mayeda recibió el apoyo de sus superiores y su nombre apareció en las publicaciones junto al de doctores y catedráticos.

Ampliar la perspectiva

Como ocurre con los descubrimientos científicos, la recuperación de la historia de todas estas mujeres de ciencia ha sido un trabajo de equipo en el que han participado Gisela Boeck, John Hudson, Claire Murray, Jessica Wade, Mary Mark Ockerbloom, Marelene Rayner-Canham, Geoffrey Rayner-Canham, Xavier Roqué, Matt Shindell e Ignacio Suay-Matallana.

El estudio de las mujeres que han contribuido al desarrollo de la química ofrece una perspectiva más amplia del descubrimiento científico y de las personas que participan en él, desde ayudantes y técnicos no asalariados a líderes de grandes laboratorios. En este año de celebración de la tabla periódica, es esencial reconocer los esfuerzos individuales y colectivos que nos han permitido construirla y siguen dándole forma.

17/09/2019

Brigitte van Tiggelen

es historiadora de la química y directora para Europa del Instituto de Ciencia e Historia de Filadelfia

Annette Lykkness

es profesora de didáctica de la química e hisotriadora de la química en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, en Trondheim

Un inusual exoplaneta gaseoso desafía la teoría sobre la formación planetaria

El descubrimiento por parte del equipo internacional liderado por científicos españoles podría arrojar luz sobre el origen y la evolución del Sistema Solar. 

El descubrimiento de un inusual planeta extrasolar (exoplaneta) gigante que orbita alrededor de una estrella enana ha desafiado el modelo actual y la teoría que explica la formación de la mayoría de los planetas. Podría arrojar luz sobre el origen y la evolución del Sistema Solar.

Un equipo internacional liderado por científicos españoles ha detectado el exoplaneta gigante gracias al instrumento "Cármenes" que opera desde el observatorio astronómico de Calar Alto (Almería), y en la investigación han sido decisivos los datos obtenidos y contrastados también por el Observatorio del Montsec (Lérida), el de Sierra Nevada (Granada) y el de El Teide (Tenerife).

El astrónomo Juan Carlos Morales, del Instituto de Ciencias del Espacio y del Instituto de Ciencias Espaciales de Catalunya, ha subrayado que conocer cómo se forman los planetas es "crucial" para explicar cómo se ha formado el Sistema Solar, cuál ha sido su evolución y qué papel juega cada planeta en ese sistema.

En declaraciones a Efe, Morales ha recordado que hasta hace 20 años "solo conocíamos los planetas del Sistema Solar" y ha precisado que descubrir y estudiar exoplanetas "nos permite desentrañar si la arquitectura de nuestro Sistema Solar es común en el Universo o no". "Yendo un paso más allá, podemos intentar descubrir si el surgimiento de la vida también es común o se tienen que dar unas condiciones muy especiales", ha observado el investigador.

La investigación, cuyos resultados publica este jueves la revista Science, ha involucrado a centros de investigación de todo el mundo, entre ellos el Instituto de Ciencias del Espacio (IEE/CSIC); el Instituto de Ciencias Espaciales de Cataluña (IEEC); el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA/CSIC); el Centro de Astrobiología (CSIC/INTA); el Observatorio de Lund (Suecia) o el Instituto Max Planck alemán.

Un gigante gaseoso

El exoplaneta detectado por los investigadores es un gigante gaseoso, pero las teorías y los modelos actuales sobre la formación planetaria no contemplaban la presencia de este tipo de planetas orbitando alrededor de estrellas pequeñas, han subrayado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Centro de Astrobiología.

Los investigadores han descubierto este anómalo sistema planetario (han confirmado ya la existencia de un planeta, pero podrían ser dos) en torno a la estrella "GJ 3512", una "enana roja" situada a 30 años luz de la Tierra, que llamó la atención de los científicos por su "extraño" comportamiento y porque los datos revelaban la presencia de un "compañero" (el nuevo exoplaneta).

Los datos revelan que la estrella es unas diez veces más pequeña que el Sol y similar a otras ya conocidas que "albergan" planetas de tipo terrestre, pero ninguna de ellas cuenta con planetas gigantes gaseosos como el que acaban de descubrir los científicos.

Algunas estrellas grandes, como el propio Sol, sí tienen planetas gigantes gaseosos, y las estrellas pequeñas (como GJ 3512) suelen tener planetas pequeños como Urano o como la Tierra, ha explicado José Antonio Caballero, investigador del CAB y coautor del estudio. "El planeta gigante de esta estrella ha roto todos los esquemas existentes de formación de planetas y hay que encontrar nuevos modelos que le den una explicación", ha señalado Caballero en una nota de prensa del CAB.

El modelo de acumulación del núcleo

El modelo más aceptado sobre la formación de los planetas es el "modelo de acumulación del núcleo", que se consideraba suficiente para explicar la formación de planetas gaseosos como Júpiter o Saturno en el Sistema Solar, y otros gigantes también gaseosos descubiertos alrededor de otras estrellas, pero nunca tan pequeñas como ésta.

Esa teoría, parte de que los planetas gaseosos se forman a partir de núcleos rocosos que actúan como "semillas" y comienzan a acumular grandes cantidades de gas hasta alcanzar una masa gigante (como la de Júpiter, e incluso mayores), pero este modelo no sirve para explicar el nuevo descubrimiento. "Hemos encontrado lo contrario, un planeta muy grande alrededor de una estrella muy pequeña; esto indica que pueden haber otras vías para formar planetas y apunta que puede haber una población de planetas alrededor de estrellas que hasta ahora no se tenía clara", ha precisado a Efe Morales.

El científico ha detallado que en esta investigación sugieren que el exoplaneta se formó mediante un proceso de "inestabilidad gravitacional". Según han informado el CSIC y el CAB, el nuevo descubrimiento explicaría -a diferencia del "modelo de acumulación del núcleo" que sustentaba hasta ahora la formación de la mayoría de los planetas- que los planetas gigantes gaseosos podrían formarse también directamente a partir de la auto-acumulación de gas y polvo, sin necesidad de un núcleo sólido que actúe como "semilla" de todo el proceso.

26/09/2019 21:57 Actualizado: 26/09/2019 21:57

Revisan la constante de Hubble; el universo es 2 mil millones de años más joven de lo que se estimaba

Una nueva técnica de distancia cósmica ha ofrecido un valor de la constante de Hubble diferente "algo más alto que el valor estándar", lo que hace que el universo sea 2 mil millones de años más joven.

Tamara Davis, de la Universidad de Queensalnd, explicó en la revista Science que las técnicas involucradas para alcanzar esta estimación son valiosas, porque pueden "ayudar a determinar si se necesita una nueva física para explicar la discrepancia (constante de Hubble), o si deberíamos buscar más detenidamente posibles errores sistemáticos en una o más mediciones".

Desde que apareció, el universo se ha expandido a un ritmo descrito por la constante de Hubble (H0). Sin embargo, este valor es objeto de controversia. Alrededor del año 2000, los astrofísicos habían alcanzado el valor de consenso de aproximadamente 70 +/- 5 km/s/Mpc, pero hace poco, también se sugirieron estimaciones a ambos lados de ese valor.

"Esta discrepancia es difícil de explicar por cualquier error sistemático que se haya propuesto", admitió Davis. Los astrofísicos preguntan si deben invocar una nueva física para explicar la discrepancia, y las nuevas mediciones independientes de H0 son útiles para abordar las preguntas relacionadas.

Investigadores de Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Taiwán y Japón estudiaron la luz de galaxias distantes que coinciden directamente detrás de las más cercanas. El campo gravitacional de la galaxia de primer plano distorsiona la luz de la del fondo, doblándola por medio de múltiples caminos con diferentes longitudes.

Esta fuerte lente gravitacional también causa retrasos de tiempo entre las múltiples imágenes. Cualquier variación en el brillo de la fuente de fondo será visible en algunas partes de la lente gravitacional antes que en otras.

Diámetro angular

La medición de este retraso y las propiedades de las estrellas dentro de la galaxia con lente se pueden combinar para determinar el tamaño de la galaxia con lente, lo que a su vez permite medir la distancia del diámetro angular a la lente.

Los investigadores aplicaron esta técnica para medir la distancia del diámetro angular a dos sistemas de lentes gravitacionales y los usó como puntos de referencia para recalibrar una medición existente de H0, que reportan como 82 +/- 8 km/s/Mpc. En ese supuesto, la edad del universo se rebajaría unos 2 mil millones de años sobre los 13 mil 700 millones de años del valor de consenso.

El cráneo que está cambiando lo que creíamos saber sobre la evolución

El reciente descubrimiento de una calavera de 3,8 millones de años carente de mandíbula inferior se ha convertido en el tema de conversación por excelencia entre los paleoantropólogos. Pero se encuentran fósiles todo el tiempo, así que ¿por qué es tan importante la calavera de este viejo hombrecillo? Pues resulta que el descubrimiento está cambiando cómo creíamos que evolucionaron las primeras especies de homínidos a partir de las cuales surgieron los humanos. Comencemos por el principio para entenderlo mejor.

En 1995, los investigadores encontraron en Kenia varias mandíbulas parciales, así como dientes y huesos de extremidades sueltos de entre 4,2 y 3,9 millones de años y los asignaron a una nueva especie: el Australopithecus anamensis. Encontraron todos estos fósiles en los sedimentos asociados a un antiguo lago o “anam”, que significa lago en el idioma local. Después se encontraron otros cuantos especímenes más en Etiopía que, según se cree, pertenecen a la misma especie.

Los rasgos primitivos del A. anamensis nos han llevado a pensar que esta especie es el antepasado del Australopithecus afarensis, un homínido más joven de Tanzania, Etiopía y quizás Kenia que vivió hace entre 3,8 y 3 millones de años. El fósil más emblemático de A. afarensis probablemente sea el esqueleto parcial que conocemos como Lucy y que, durante mucho tiempo, fue considerado el antepasado del ser humano más antiguo del que teníamos constancia.

La calavera que se acaba de descubrir, a la que han apodado “MRD” por su número de registro (MRD-VP-1/1), presenta muchas similitudes con los especímenes de A. anamensis ya existentes, por lo que se asignó a esta especie. Sin embargo, la calavera del MRD estaba lo suficientemente intacta como para permitir que los científicos analizasen por primera vez la cara y el cráneo al completo, y examinasen las partes de la cavidad craneal que faltaban en el registro fósil del A. anamensis.

Los autores descubrieron nuevos rasgos morfológicos en la calavera del MRD que normalmente se consideraban propios de las especies más jóvenes del linaje humano. La profundidad del paladar, por ejemplo, excede la de todos los especímenes conocidos de A. anamensis y A. afarensis e incluso se encuentra entre los paladares más profundos de las especies posteriores de Australopithecus. Esto pone en entredicho la larga y extendida creencia de que la especie de Lucy evolucionó gradualmente a partir del A. anamensis sin ramificarse de la línea evolutiva, un proceso conocido como anagénesis.

Dado que estos rasgos modernos ya estaban presentes en las especies más antiguas, lo más probable es que la especie de Lucy se formase por divergencia evolutiva a partir del A. anamensis, un proceso conocido como cladogénesis. Sin embargo, no se sabe exactamente cuándo experimentó esta divergencia el A. afarensis. Otras pruebas de la cladogénesis proceden de un hueso frontal de 3,9 millones de años procedente de Etiopía y descubierto en 1981. Su forma es diferente a la del MRD, lo que sugiere que este fósil probablemente pertenece al A. afarensis.

En tal caso, debemos revisar la línea temporal de la evolución humana, dado que el A. anamensis habría existido hace de 4,2 a 3,8 millones de años y el A. afarensis de 3,9 a 3 millones de años. Esto supondría que ambas especies coexistieron durante al menos 100.000 años, lo que imposibilita que el A. afarensis haya evolucionado gradualmente a partir de un solo grupo ancestral. De hecho, resulta cada vez más evidente que la mayoría de las especies de nuestro linaje evolutivo probablemente evolucionaron al separarse de los grupos existentes.

Evolución humana

El nuevo descubrimiento también contradice la idea de que la especie de Lucy sea el antepasado de todos los Australopithecus posteriores que finalmente dieron lugar a los humanos.

Tradicionalmente se ha considerado que una curvatura poco pronunciada y ascendente del pómulo es una característica relativamente moderna. Estaba presente en el Australopithecus africanus, que existió hace entre 3,7 y 2,1 millones de años en el sur de África y algunos lo consideran un antepasado directo del linaje Homo; y en el Paranthropus, que vivió hace entre 2,7 y 1,2 millones de años en el sur y este de África, y no pertenece a nuestra línea evolutiva.

El rasgo opuesto, es decir, un pómulo bajo y arqueado, se considera primitivo y está presente en el A. afarensis, en el Ardipithecus ramidus, un homínido más parecido a los simios que vivió hace entre 4,3 y 4,5 millones de años en Etiopía, y en los simios africanos.

Sin embargo, la cresta del cráneo del MRD, que es inesperadamente moderna, ahora cuestiona esta idea. Además, plantea la posibilidad de que la teoría tradicional que consideraba al A. afarensis como el antepasado de todos los grupos Australopithecus posteriores podría haber sido errónea y que, en su lugar, el A. anamensis sería el antepasado de estas especies más jóvenes. Qué homínido primitivo es el antepasado directo de los humanos sigue siendo una cuestión sin resolver.

A todas luces, este último descubrimiento nos ha permitido comprender mejor nuestro pasado evolutivo, pero también ha aumentado la complejidad de las relaciones entre los primeros homínidos. El Plioceno Medio, que tuvo lugar hace entre 5,3 y 2,6 millones de años, de repente se ha llenado de especies diferentes, contemporáneas y extendidas geográficamente.

Comprender cómo se relacionaban estas especies, definir su morfología de forma certera y descifrar la compleja e intrincada historia de la hominización no es algo sencillo. Los especímenes de cada nuevo yacimiento representan un punto distinto de la trayectoria evolutiva, pero no es fácil convertir estos hallazgos en las ramas sólidas y fidedignas de un árbol filogenético.

Más especímenes procedentes de períodos históricos y ubicaciones geográficas que actualmente están subrepresentados en el registro fósil podrían ayudar a resolver estas cuestiones, pero también podrían poner patas arriba todo cuanto sabemos.

Los descubrimientos que se han realizado durante la última década en todo el mundo han hecho que nos replanteemos nuestro pasado evolutivo por completo. Estos hallazgos demuestran que los nuevos fósiles no siempre avalan las hipótesis actuales y que debemos estar preparados para cambiar nuestros puntos de vista y formular nuevas teorías basándonos en los datos disponibles.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Estudio de ADN humano antiguo resuelve misterio de las lenguas indoeuropeas

Los resultados de una de las más grandes investigaciones sugieren como clave una migración masiva de pastores de la estepa euroasiática en la edad de Bronce

 

La forma en que las lenguas indoeuropeas llegaron a hablarse desde el sur de Asia hasta las islas británicas ha sido objeto de debate entre investigadores durante décadas.

Ahora, la mayor investigación de ADN antiguo de humanos jamás realizada sugiere que la respuesta podría estar en una migración masiva de pastores de la estepa euroasiática durante la edad de Bronce, movimiento que comenzó hace 5 mil años en dirección oeste hacia Europa y también hacia al este, rumbo a Asia.

Vagheesh Narasimhan, coautor de un artículo sobre esa investigación publicado en la revista Science, señaló que la migración de poblaciones en los pasados 10 mil años es clave para entender los cambios lingüísticos y la transición de cazadores-recolectores a agricultores.

“Ha habido mucho trabajo de ADN, así como arqueológico, sobre estos dos procesos en Europa”, explicó este profesor invitado de la Escuela Médica Harvard, pero se conoce menos sobre estas transformaciones en Asia.

Un equipo global de genetistas, arqueólogos y antropólogos analizaron el ADN antiguo de 524 individuos de Asia central y el sur de Asia que nunca había sido estudiado, proceso que aumentó 25 por ciento el total mundial de trabajos de genoma antiguo publicados.

Mediante la comparación de esos genomas y los de restos hallados anteriormente y la ubicación de esa información en un contexto histórico mediante registros arqueológicos y lingüísticos, el equipo de investigadores pudo completar los baches que existían en la comprensión de esos fenómenos migratorios.

Un artículo de 2015 señalaba que las lenguas indoeuropeas, que constituyen el mayor grupo de idiomas en el mundo y del que forman parte el hindi-urdu, farsi, ruso, inglés, francés, gaélico y otros 400 más, llegaron a Europa a través de la estepa euroasiática.

Sin embargo, el camino de las lenguas protoindoeuropeas para llegar a Asia estaba menos claro. Una de las escuelas de pensamiento sostenía que las difundieron agricultores de la región de Anatolia, territorio que en la actualidad ocupa Turquía.

En el artículo de Science los investigadores indican que encontraron que los habitantes actuales del sur de Asia tienen poca o ninguna ascendencia que los conecte con los antiguos agricultores de Anatolia.

“Podemos descartar una propagación a gran escala de agricultores con raíces en Anatolia hacia el sur de Asia, lo que constituye la pieza central de la ‘hipótesis Anatolia’”, que sostiene que ese movimiento trajo la agricultura y las lenguas indoeuropeas a la región, precisó David Reich, otro autor del artículo, también de la Escuela Médica Harvard.

“Al no haber ocurrido movimientos sustanciales de personas, es un jaque mate a la hipótesis Anatolia.”

Nuevas pruebas

Existen dos nuevas líneas de pruebas en favor del origen estepario. Primero, los investigadores detectaron similitudes que conectan a hablantes de las ramas indoiranias y baltoeslavas de las lenguas indoeuropeas.

Encontraron que los hablantes actuales de esos dos grupos descienden de un subgrupo de pastores esteparios que migraron en dirección oeste hacia Europa hace 5 mil años, y luego se esparcieron en dirección este hacia el centro y el sur de Asia en los siguientes mil 500 años.

Otra observación en favor de esta teoría: surasiáticos que hablan las lenguas drávidas o dravídicas, principalmente en el sur de la India y el suroeste de Pakistán, tienen muy poco ADN estepario mientras los que hablan lenguas indoeuropeas como hindi, panyabí o bengalí tienen mucho más.

En cuanto a la agricultura, trabajos anteriores han encontrado que se esparció hacia Europa por medio de pueblos de ascendencia anatolia.

Otro artículo publicado en la revista Cell Press por muchos de los mismos autores describe el primer genoma de un individuo de la cultura del valle del Indo (IVC, por sus siglas en inglés), una de las mayores civilizaciones de la antigüedad, contemporánea con las de Egipto y la Mesopotamia.

Gen recién descubierto tiene impacto directo en la cantidad de sueño requerido por el cuerpo

Madrid. La genética de los ritmos circadianos ha sido bien estudiada en los años recientes, pero se sabe mucho menos acerca de otros genes que tienen un papel en el sueño, específicamente los que regulan la cantidad de éste requerido por nuestros cuerpos.

Ahora, al estudiar a una familia con varios miembros que requieren significativamente menos horas de sueño que el promedio, un equipo de investigadores identificó un nuevo gen que se cree que tiene un impacto directo en cuánto duerme una persona.

"Es notorio que sepamos muy poco sobre el sueño, debido a que las personas pasan un tercio de sus vidas durmiendo. Esta investigación es una nueva y emocionante frontera que nos permite diseccionar la complejidad de los circuitos en el cerebro y los diferentes tipos de neuronas que contribuyen al sueño y la vigilia", admitió Louis Ptácek, neurólogo de la Universidad de California, San Francisco (UCSF), y uno de los autores principales.

ADRB1

Según publican en la revista Neuron, la familia cuyo ADN condujo a la identificación de este gen es uno de los varios que Ptácek y Ying-Hui Fu, genetista de UCSF, otra autora principal del artículo, estudian e incluyen varios miembros que funcionan normalmente con sólo seis horas de sueño. El gen, ADRB1, se identificó mediante estudios de enlace genético y secuenciación de exoma completo, que revelaron una variante novedosa y muy rara.

El primer paso para descifrar el papel de la variante genética implicaba estudiar su proteína en el tubo de ensayo. "Queríamos determinar si estas mutaciones causaron alguna alteración funcional en comparación con el tipo salvaje. Descubrimos que este gen codifica para el receptor adrenérgico beta1, y que la versión mutante de la proteína es mucho menos estable, alterando la función del receptor. Esto sugirió que tendría consecuencias funcionales en el cerebro", explicó Fu.

A continuación, los investigadores realizaron experimentos en ratones que portaban una versión mutada del gen. Descubrieron que dormían una media de 55 minutos menos que los normales. Los humanos con lo tienen lo hacen dos horas menos que el promedio. Un análisis posterior mostró que ADRB1 se expresaba a altos niveles en la protuberancia dorsal, parte del tronco encefálico involucrado en actividades subconscientes como la respiración, el movimiento ocular y el sueño.

Además, hallaron que las neuronas ADRB1 normales en esa región eran más activas durante la vigilia y el sueño de movimiento ocular rápido (REM, por sus siglas en inglés). Sin embargo, permanecieron silenciados durante el sueño no REM. Además, descubrieron que las neuronas mutantes eran más activas que las normales, probablemente contribuyendo al comportamiento de sueño corto.

Fu agregó que el trabajo eventualmente puede tener aplicaciones en el desarrollo de nuevos medicamentos para controlar el sueño y la vigilia. "Dormir es una de las cosas más importantes que hacemos. No hacerlo lo suficiente está relacionado con un aumento en la incidencia de muchas afecciones, como cáncer, trastornos autoinmunes, enfermedades cardiovasculares y Alzheimer".

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