Los humanos fueron superdepredadores durante 2 millones de años, revela su dieta

Se analizó la memoria del cuerpo, metabolismo y genética para reconstruir su alimentación, explican

 

Los humanos fueron superdepredadores durante unos 2 millones de años, según se desprende de una nueva investigación que reconstruyó la nutrición de nuestros ancestros de la Edad de Piedra.

Sólo la extinción de animales más grandes (megafauna) en varias partes del mundo y el declive de las fuentes de alimentos para ellos hacia el final de esa etapa, llevaron a los humanos a aumentar gradualmente el elemento vegetal en su nutrición, hasta que tuvieron que volverse agricultores.

Es la conclusión de una nueva investigación, publicada en el Anuario de la Asociación Estadunidense de Antropología Física por Miki Ben-Dor y Ran Barkai, de la Universidad de Tel Aviv, junto con Raphael Sirtoli, de la Universidad de Minho de Portugal.

"Hasta ahora, los intentos de reconstruir la dieta de los humanos de la Edad de Piedra se basaron principalmente en comparaciones con las sociedades de cazadores-recolectores del siglo XX", explicó Ben-Dor.

“Es una comparación inútil, porque hace 2 millones de años esas sociedades podían cazar y consumir elefantes y otros animales grandes, mientras las actuales no tienen acceso a tal abundancia. Todo el ecosistema ha cambiado y las condiciones son distintas.

"Decidimos utilizar otros métodos para reconstruir la dieta: examinar la memoria conservada en nuestros cuerpos, metabolismo, genética y constitución física. El comportamiento humano cambia rápidamente, pero la evolución es lenta. El cuerpo recuerda", destacó el experto.

En un proceso sin precedente en su extensión, Ben-Dor y sus colegas recolectaron alrededor de 25 líneas de evidencia de alrededor de 400 artículos de diferentes disciplinas científicas, que abordan la pregunta central: ¿Eran los humanos de la Edad de Piedra carnívoros especializados u omnívoros generalistas? La mayor parte de la evidencia se encontró en investigaciones sobre biología actual, genética, metabolismo, fisiología y morfología.

"Un ejemplo destacado es la alta acidez del estómago humano en comparación con la de los omnívoros e incluso otros depredadores. Producir y mantener una acidez fuerte requiere grandes cantidades de energía, y su existencia es evidencia para consumir productos animales. Brinda protección contra las bacterias dañinas que se encuentran en la carne, y los humanos prehistóricos, que cazaban animales grandes suficientes para días o incluso semanas, a menudo consumían carne vieja que contenía importantes cantidades de bacterias", sostuvo Ben-Dor.

Otro indicio de ser depredadores es la estructura de las células grasas. En los cuerpos de los omnívoros, la grasa se almacena en una cantidad relativamente pequeña de células grandes, mientras en los depredadores, incluidos los humanos, es al revés: tenemos una cantidad mucho mayor de células grasas más pequeñas.

La evolución también se ha encontrado en nuestro genoma. Por ejemplo, los genetistas han concluido que “áreas del genoma humano se cerraron para permitir una dieta rica en grasas, mientras en los chimpancés se abrieron áreas del genoma para permitir una dieta rica en azúcar, señaló el especialista.

Identifican gen que facilitaría a las plantas soportar el calentamiento global

Modificar la reacción a la temperatura con la finalidad de garantizar el futuro de nuestro suministro de alimentos, el propósito, señala investigador

 

Un nuevo gen sensor de calor identificado por científicos de la Universidad de California en Riverside puede ser la respuesta a la necesidad de que plantas soporten el calentamiento global.

Para 2050, la subida de calor podría reducir el rendimiento de los cultivos en un tercio. Las temperaturas más cálidas indican a las plantas que se acerca el verano. Al anticipar menos agua, florecen temprano y luego carecen de energía para producir más semillas, por lo que los rendimientos de los cultivos son menores. Esto es problemático, ya que se estima que la población mundial aumente a 10 mil millones de humanos, con mucha menos comida disponible.

"Necesitamos plantas que puedan soportar temperaturas más cálidas, que tengan más tiempo para florecer y un periodo de crecimiento más largo", señaló Meng Chen, profesor de botánica y ciencias de las plantas en Riverside, en un comunicado.

"Pero, para modificar las respuestas de temperatura de las plantas, primero hay que entender cómo funcionan. Por eso es muy importante identificar ese gen que permite la respuesta al calor."

El nuevo gen, descrito en Nature Communications, es el segundo que han encontrado involucrado en la detección de temperatura.

Localizaron el primero, llamado Hemera, hace dos años. Luego hicieron un experimento para ver si podían identificar otros genes involucrados en el control del proceso de detección de temperatura.

Por lo general, las plantas reaccionan a cambios de incluso unos pocos grados en el clima. Para este experimento, el equipo comenzó con una planta de Arabidopsis mutante completamente insensible a la temperatura, y la modificaron para volver a ser reactiva una vez más.

El examen de los genes de esta planta mutada dos veces reveló el nuevo, RCB, cuyos productos trabajan en estrecha colaboración con Hemera a fin de estabilizar la función de detección de calor. "Si anula cualquiera de los genes, su planta ya no es sensible a la temperatura", destacó Chen.

Se requiere que tanto Hemera como RCB ajusten la abundancia de un grupo de reguladores genéticos maestros que cumplen múltiples funciones, reaccionan a la temperatura y a la luz y hacen que las plantas se vuelvan verdes. Estas proteínas se distribuyen a dos partes diferentes de las células vegetales: el núcleo y los orgánulos llamados cloroplastos.

Chen indicó que en el futuro su laboratorio se centrará en comprender cómo estas dos partes de la célula se comunican y trabajan juntas para lograr el crecimiento, el enverdecimiento, la floración y otras funciones.

"Cuando cambia la luz o la temperatura, los genes tanto en el núcleo como en los cloroplastos cambian su expresión. Creemos que Hemera y RCB están involucrados en la coordinación de la expresión génica entre estos dos compartimentos celulares", explicó el científico.

En última instancia, el objetivo es modificar la respuesta a la temperatura para garantizar el futuro de nuestro suministro de alimentos.

"Estábamos emocionados de encontrar este segundo gen. Es una nueva pieza del rompecabezas. Una vez que entendemos cómo funciona todo, podemos modificarlo y ayudar a los cultivos a afrontar mejor el cambio climático", concluyó el experto.

Este modelo se ha asociado con la constante cosmológica, desarrollada por Einstein en 1917. Imagen ilustrativa.

Científicos de la Universidad de Copenhague presentaron un nuevo modelo que sugiere que la expansión del universo se debe a una sustancia oscura con una especie de fuerza magnética, lo que podría significar que la energía oscura no existe, informan los especiaistas en un comunicado.

Según el modelo comúnmente aceptado de distribución de la energía del universo, un 5 % se correspondería con materia normal, un 25 % con materia oscura y un 70 % con energía oscura.

Este modelo se ha asociado con la constante cosmológica, desarrollada por Einstein en 1917, que puede ser atribuida a la presencia de una energía del vacío diferente de cero. Sin embargo, debido a que la energía oscura no se puede medir directamente, numerosos investigadores, incluido Einstein, han dudado de su existencia, sin poder sugerir una alternativa viable.

Por su parte, en el nuevo modelo, se le otorgan cualidades especiales al 25 % de la materia oscura, lo que hace que el 70 % de la energía oscura resulte redundante. En otras palabras, el modelo reemplaza la energía oscura con una materia oscura en forma de fuerzas magnéticas.

“Si lo que descubrimos es exacto, arruinaría nuestra creencia de que lo que pensamos que constituía el 70 por ciento del universo, en realidad, no existe. Hemos eliminado la energía oscura de la ecuación y hemos añadido algunas propiedades más para la materia oscura. Esto parece tener el mismo efecto sobre la expansión del universo que la energía oscura", explicó Steen Harle Hansen, el autor del estudio.

“Desarrollamos un modelo que funcionó a partir de la suposición de que las partículas de materia oscura tienen un tipo de fuerza magnética e investigamos qué efecto tendría esta fuerza en el universo. Y resulta que tendría exactamente el mismo efecto en la velocidad de expansión que conocemos de energía oscura”, comentó Hansen.

Sin embargo, los investigadores destacan que este mecanismo debe ser revisado con mejores modelos que tomen más factores en consideración.

“Honestamente, nuestro descubrimiento puede ser solo una coincidencia. Pero si no lo es, es realmente increíble. Cambiaría nuestra comprensión sobre la composición del universo y sobre el porqué de su expansión” , añadió el científico.

3 abril 2021

(Con información de RT en Español)

El mundo poscovid, ¿unos ‘nuevos años veinte’?

Lo cierto es que no fue una época especialmente 'feliz' para muchos. Todos los elementos que dieron pie a la violencia política de los años treinta y el auge del fascismo se encontraban ya presentes en la década anterior.

 

En «MoneyBart», el tercer episodio de la vigésimo segunda temporada de Los Simpsons, Lisa se propone multiplicar sus actividades extraescolares para poder ser admitida en Harvard. “Cariño, podrías ir a McGill, el Harvard de Canadá”, trata de consolarla su madre. “Algo que es el ‘algo’ de ‘algo’ en realidad es el ‘algo’ de ‘nada’”, responde Lisa. Ya sabrá disculpar el lector la referencia pop para comenzar este artículo, pero resulta más accesible que desmontar, una vez más, la genealogía que ha llevado a la frase con la que Karl Marx abre El 18 de brumario de Luis Bonaparte –“Hegel observó en algún lugar que todos los hechos y personas de la historia mundial se repiten, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de añadir: la primera como tragedia y la segunda como farsa”– a convertirse en un recurso retórico vacío o, peor aún, una suerte de dictum para marxistas escolásticos.

Sirva este prolegómeno para reflexionar sobre los varios artículos que plantean la llegada de unos “nuevos años veinte” una vez la epidemia de Covid-19 esté bajo control o haya desaparecido por completo. Ésa es la tesis, por ejemplo, de Nicholas Christakis. Según el director del Human Lab de la Universidad de Yale, “típicamente, en períodos de pandemia la gente se vuelve más religiosa, ahorra dinero, le toma aversión al riesgo, tiene menos interacciones sociales y se queda más en casa, dejas de ver a tus amigos”. A esta fase le sigue un “período intermedio, donde el impacto biológico de la pandemia quedará atrás, pero aún tendremos que lidiar con el impacto económico y social”, y, una vez superado éste –el autor calcula ese momento en torno al año 2024–, “como pasó en los locos años veinte del siglo pasado”, la gente “buscará inexorablemente más interacción social”, irá “a clubes nocturnos, restaurantes, manifestaciones políticas, eventos deportivos, recitales”, mientras “la religión disminuirá, habrá una mayor tolerancia al riesgo y la gente gastará el dinero que no había podido gastar”. Después de la pandemia, concluye Christakis, “puede venir una época de desenfreno sexual y derroche económico”.

“¿Hay razones para pensar que el mundo poscovid traerá otros felices años veinte como los que en el siglo pasado sucedieron a las ruinas humeantes de la Primera Guerra Mundial y los millones de muertos de la mal llamada gripe española?”, se preguntaba un artículo El País a propósito de los planteamientos de Christakis. Hay quien ha querido ver un paralelismo entre los avances tecnológicos de aquella década –la expansión de la electricidad, el cine, la radio, el automóvil, el teléfono y el telégrafo– y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación (TIC) de la nuestra. Incluso L’Óreal se ha sumado a esta corriente. “La gente estará contenta por volver a salir, a socializar”, declaró el presidente de la compañía, Jean-Paul Agon. “Será como los felices años veinte, habrá una fiesta con maquillaje y fragancias, utilizar barra de labios será de nuevo un símbolo de retornar a la vida”, añadió. La idea de fondo no solo dista de ser original, sino que es tremendamente superficial y, posiblemente, equivocada. La metáfora de “los nuevos años veinte”, más que aclarar, contribuye a oscurecer nuestra comprensión del presente o el pasado.

Presente continuo

Uno de los rasgos atribuidos por el filósofo estadounidense Fredric Jameson a la posmodernidad, entendida como lógica cultural del capitalismo tardío, es la crisis del pensamiento histórico, o en otros términos, la creciente incapacidad para entender los procesos sociopolíticos históricamente. En El postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado –del que este año se cumple el trigésimo aniversario de su publicación–, Jameson venía a decir que el nuestro es un régimen de presente continuo donde, desarticulado de todo proceso histórico, el pasado se ha convertido en una especie de baúl de los recuerdos del que pueden sacarse los disfraces a conveniencia. Disfraces que, en este caso, han sido confeccionados por el departamento de vestuario de la industria cultural: quien habla de “los años veinte” como lo hace Christakis está pensando en un imaginario construido por el cine estadounidense de bootleggers, flappers y jazz.

Aunque estos artículos no obvian que “los felices años veinte” terminaron con la crisis de 1929, esta se presenta como un accidente histórico y no como consecuencia de las tensiones creadas por el Tratado de Versalles, la hiperinflación alemana, el retorno de las economías occidentales al patrón oro y las políticas de Calvin Coolidge (1923-1929), un conocido partidario del laissez-faire y del principio de mínima intervención gubernamental en la economía. Y se limita geográficamente, en un nuevo ejemplo de colonización cultural, a los Estados Unidos de América: aunque la República de Weimar e incluso la Unión Soviética tuvieron sus propios “felices años veinte” –entre 1924-1929 y 1921-1928, respectivamente, gracias al Plan Dawes y el Plan Young, en el caso alemán, y a la Nueva Política Económica (NEP), en el de la URSS–, lo cierto es que los “felices años veinte” no fueron especialmente “felices” para muchos en ninguno de esos tres países ni mucho menos en otros.

También los veinte fueron el fermento de regímenes autoritarios con la proclamación del almirante Miklós Horthy como regente de Hungría (1920), la marcha sobre Roma de Benito Mussolini (1922), la dictadura de Miguel Primo de Rivera en España (1923) o los golpes de Estado en Portugal y Polonia, ambos en 1926. Aunque las consecuencias económicas del crack del 29 precipitaron los hechos, lo cierto es que todos los elementos que dieron pie a la violencia política de los treinta y el auge del fascismo se encontraban ya presentes en la década anterior.

Por otra parte, esa misma interpretación de los años veinte sesgada y pasada por el tamiz de la cultura de masas permite que genere menos rechazo entre el público que, pongamos por caso, la Rusia de los años noventa. Un período con el que comparte la misma relajación de la moral y rápidas transformaciones políticas y económicas, convulsión social y capitalismo desembridado. Huelga decir que, de ser preguntados por ello, seguramente muy pocos, por no decir nadie, responderán que quieren parecerse a aquella Rusia caótica y en descomposición social, que solo se estabilizó con el cambio de milenio, con el perfeccionamiento del sistema de ‘democracia gestionada’ que supuso la llegada de Vladímir Putin al Kremlin.

La historia de la interpretación de la historia es tan fascinante como la historia misma. En los últimos años hemos visto conjurarse en el discurso político desde la República de Weimar a la Edad Media, uno de los tropos preferidos de la nueva derecha radical. Con el Covid-19 y la incertidumbre que lleva aparejada, estos espectros deambulan más que nunca entre nosotros. Puede que el pronóstico sobre unos “nuevos años veinte” no sea el último que veamos de estas características. “No podemos predecir cómo responderá nuestra palabra”, escribió el poeta ruso Fiódor Tiútchev en el siglo XIX. Habrá que limpiarse bien las lentes para evitar que se empañen de ideología y estar atentos, como siempre, a la evolución de los acontecimientos.

Por Àngel Ferrero, miembro del comité de redacción de Sin Permiso.

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Ajedrez cuántico, la variante con 'piezas fantasma' que complica el juego

¿Cómo se aplica la física cuántica a uno de los juegos más populares de todos los tiempos? Conceptos como el de la superposición o el entrelazamiento se mezclan con las normas tradicionales para multiplicar las posibilidades de las partidas

 

El ajedrez es un juego de prestigio. Los que lo practican a nivel profesional dedican gran parte de sus vidas a mejorar sus habilidades, aprender nuevas jugadas y penetrar en todos los recovecos de las 64 casillas y 32 piezas que componen una partida. Sin embargo, una nueva variante ha llegado para complicar todavía más el ya de por sí complejo deporte. En 2010, Selim Akl, director del Queen's School of Computing de la Universidad de Queen's (Canadá), inventó lo que se iba terminar conociendo como el ajedrez cuántico. En pocas palabras, se trata de una ramificación del ajedrez tradicional, en la que las normas convencionales se combinan con varios principios de la mecánica cuántica, como el de la superposición o el entrelazamiento. Cuatro años después del artículo científico que publicó Alk, Chris Cantwell, un estudiante de doctorado en el Instituto de Tecnología de California, simplificó las normas, aunque mantuvo la superposición como base principal del juego. Pero, ¿qué es la superposición? ¿Cómo es posible que se pueda aplicar la física cuántica al ajedrez? Y, sobre todo, ¿cómo se desarrolla una partida de ajedrez cuántico?

Daniel Alsina es doctor en información cuántica y Gran Maestro Internacional de ajedrez. "Yo he jugado un poco", asegura, "pero hay que decir que todavía no existen unas normas unánimemente aceptadas". Por eso es más útil explicar la lógica que sigue esta variante del ajedrez, que enumerar una por una todas las posibles reglas que puedan llegar a regirla. "Todavía hay varias propuestas encima de la mesa. Yo mismo inventé unas pocas reglas en mi tesis doctoral", bromea. Lo que sí que está claro, no obstante, es que todas esas propuestas tienen como base principios como la superposición, el colapso y el entrelazamiento. En cuanto al primero de los tres, la superposición, ya la definió el profesor Germán Sierra con motivo de un artículo acerca de los ordenadores cuánticos. "Imaginemos que tenemos un electrón", explicaba. "Ese electrón tiene dos estados: el cero y el uno". Hasta ahí, todo es como en la física clásica, pero existe una nueva posibilidad que es la que lo cambia todo y lo convierte en física cuántica, la superposición. "Si superponemos el cero y el uno, eso sería un nuevo estado cuántico". Ahora bien, "cuando volvamos a observar ese electrón, existirá un 50% de posibilidades de encontrar un cero y un 50% de encontrar un uno". Pero, ¿cómo se aplica eso al ajedrez?

Lo concreta el doctor Daniel Alsina. "En un momento dado", apunta, "puedes realizar un movimiento cuántico y mover una pieza a dos casillas distintas simultáneamente". ¿Qué pasa? Que, como señala el principio de la superposición, "cada una de las dos piezas en las que se ha desdoblado, por ejemplo, una dama, tiene el 50% de posibilidades de ser una dama real". Dicho de otra forma, cuando una dama se desplaza mediante un movimiento cuántico, cada una de las dos casillas a las que se desplaza la dama solo tienen un 50% de contenerla de verdad. En la otra casilla, en cambio, no hay nada. Si, más adelante en la partida, esas dos damas volvieran a dividirse, cada una de las cuatro casillas en las que habría una dama solo tendrían un 25% de posibilidades de contener la dama real. Y, precisamente por este principio, tiene el azar un papel tan importante en el ajedrez cuántico. En el momento en que tratemos de matar a una ficha rival con alguna de esas cuatro 'damas cuánticas', es posible que lo hagamos con una que sea una 'dama fantasma'. En ese punto, una aplicación móvil realizará lo que se denomina, también en física cuántica, una medición: mediante una probabilidad, establecerá si la dama con la que queremos matar una ficha rival es real o ficticia. 

"Ese cálculo es lo que se correspondería al colapso, otro principio", resuelve Alsina. "En física, es el momento en que observamos una partícula y queremos comprobar si realmente está allí". En ajedrez cuántico, se produce cuando queremos interactuar con una ficha del rival. Queremos saber si nuestra ficha está realmente ahí y, por tanto, podemos capturar a la otra. "Para eso", especifica Alsina, "es necesario un ordenador que lo determine al azar". 

No es posible el jaque mate

Esa superposición de la que habla el doctor Alsina hace imposible, entre otras cosas, que pueda llegar a existir el jaque mate. "Piensa que no podemos tener la certeza de que el rey al que hemos acorralado sea el real", argumenta. Puede ser, en caso de que nuestro rival hubiera llevado a cabo un movimiento cuántico, un 'rey fantasma', por lo que la única forma de ganar la partida es arriesgarse, matar al rey y esperar que el cálculo azaroso declare que era real y que, por tanto, está muerto. Ahora bien, en caso de que fuera un 'rey fantasma', el rey de verdad permanecería vivo y la partida continuaría. En cuanto a otros principios, como el del entrelazamiento, el doctor advierte que son más difíciles de explicar, tanto en física cuántica, como en ajedrez cuántico. Tanto es así, que el propio Albert Einstein definió dicho principio como "una espeluznante acción a distancia". En palabras llanas y aplicándolo al ajedrez, significaría que el estado de una pieza está estrechamente vinculado al de otra y que los cambios en una, comportan cambios automáticos en la otra. "En física", advierte el doctor, "es uno de los principios con más potencial. Podría tener implicaciones, incluso, en la teletransportación".

A efectos prácticos, hoy por hoy es posible jugar al ajedrez cuántico en varias plataformas. Especialmente es Steam, la que ha obtenido una mayor aceptación entre los jugadores, aunque, como avisa Alsina, hay muchas versiones distintas con normas distintas. "Hace unos meses", recuerda, "hubo una competición entre empleados de distintas empresas punteras en el sector". A pesar del incipiente estado en el que se encuentra el juego, el ajedrez cuántico ya despierta el interés de Google, Microsoft o IBM. 

Por Samuel Martínez

29 de marzo de 2021 22:26h

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Esta imagen muestra la vista polarizada del monstruo come estrellas en la galaxia Messier 87 con líneas que marcan la orientación de ese proceso, relacionada con el campo magnético alrededor de la sombra.Foto Afp

Hemos logrado visualizar la región límite donde ocurre la interacción entre la materia que fluye hacia dentro y la que es expulsada, señala científica de la UNAM, institución que colaboró en la iniciativa internacional

 

Los astrónomos que obtuvieron la primera imagen de un agujero negro, gracias a la iniciativa internacional Telescopio Horizontes de Eventos (EHT, por sus siglas en inglés) captaron la luz de sus campos magnéticos, un paso importante para comprender mejor la dinámica de estos fenómenos cósmicos, indica un estudio publicado ayer en The Astrophysical Journal Letters.

Es la primera vez que astrónomos miden la polarización ("firma" que dejan los campos magnéticos) tan cerca del borde de un agujero negro.

De acuerdo con investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), parte de la colaboración internacional del EHT, las observaciones son clave para explicar cómo la galaxia Messier 87 (M87), ubicada a 55 millones de años luz de distancia, puede lanzar chorros de material muy energéticos desde su núcleo.

Laurent Loinard, del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, campus Morelia, indicó que la meta de la colaboración del EHT, además de captar imágenes de agujeros negros, es poner a prueba la teoría de la relatividad general del físico alemán Albert Einstein. Sin embargo, el problema es que cuando se observa este tipo de objetos, "lo que vemos es que combina los efectos de la relatividad, pero también los del gas presente en el entorno" de ellos.

Explicó que el resultado publicado ayer es muy importante, ya que permite caracterizar mucho mejor el gas que hay en el entorno de M87, "de tal manera que gracias a esto vamos a poder trabajar de manera más directa sobre la teoría subyacente de estas observaciones".

En conferencia de prensa, indicó que para estas imágenes se vincularon ocho telescopios de todo el mundo, entre ellos el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, ubicado en Puebla.

Celia Escamilla Rivera, investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares, jefa del Departamento de Gravitación y Teoría de Campos y miembro de la iniciativa internacional EHT, expuso que con estas imágenes "hemos logrado visualizar por primera vez la región límite del agujero negro donde ocurre la interacción entre la materia que fluye hacia adentro y la que es expulsada".

Señaló que todo agujero negro, uno de los objetos astrofísicos más atractivos del universo, tiene una materia que orbita a su alrededor, la cual es absorbida por él. Esa energía que gira recibe el nombre de disco de acreción, estructura compuesta de gas y polvo.

William Lee Alardín, coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, destacó la importancia de impulsar proyectos de gran envergadura en el país en ciencia básica, que después tiene aportes de todo tipo para la sociedad, en cuanto a conocimiento, tecnología y espíritu crítico.

Vuelta al mundo

El 10 de abril de 2019, la imagen dio la vuelta al mundo: era un círculo oscuro en medio de un disco resplandeciente, que corresponde a un agujero negro supermasivo ubicado en el centro de la galaxia M87. La fotografía era la prueba más directa de la existencia de estos fenómenos tan masivos y compactos que lo absorben todo, incluida la luz.

Dos años después, los científicos del EHT saben más cosas sobre la mecánica de este agujero negro, cuya masa es varios miles de millones de veces superior a la del Sol.

En el artículo publicado en The Astrophysical Journal Letters divulgaron una nueva imagen del objeto bajo una luz polarizada –como a través de un filtro– y que permite "comprender mejor la física detrás de la imagen de abril de 2019", subrayó el español Iván Martí-Vidal, coordinador de los grupos de trabajo del telescopio e investigador de la Universidad de Valencia.

"Observamos la realidad de lo que predecían los modelos teóricos; ¡es increíblemente satisfactorio!", se felicitó Frédéric Gueth, director adjunto del Instituto de Radioastronomía Milimétrica de Francia, cuyo telescopio de 30 metros en la Sierra Nevada española forma parte de la red EHT.

La polarización evidenció la estructura del campo magnético situado en los bordes del agujero negro y permitió producir una imagen precisa de su forma, parecida a un torbellino de filamentos.

Este campo magnético, extremadamente potente, opone una resistencia a la fuerza de gravitación del agujero negro: "Se produce una especie de equilibrio entre ambas fuerzas, como si fuera un combate, aunque al final gana la gravedad", explicó Gueth.

"El campo magnético en el borde del agujero negro es suficientemente potente para hacer retroceder el gas caliente y ayudarlo a resistir a la fuerza de gravedad", detalló Jason Dexter, de la Universidad de Colorado, de Boulder (Estados Unidos).

Aunque no hay materia capaz de salir del agujero negro una vez que ha sido engullida, el objeto cósmico no se traga "ciento por ciento de todo lo que se halla en su entorno: una parte se le escapa", según Gueth.

La fuerza magnética permitiría no sólo extraer la materia, sino también expulsar a velocidades inmensas haces muy potentes, capaces de recorrer miles de años luz.

Estos haces energéticos proceden del núcleo de M87 y son uno de los "fenómenos más misteriosos de esta galaxia", según el Observatorio Europeo Austral.

Puesto que ninguna "información" sale de los agujeros negros, la ciencia nunca podrá observarlos directamente. "Lo que pasa en el interior seguirá siendo un misterio. La clave está en comprender lo que sucede alrededor, porque forzosamente está relacionado", concluye Gueth.

Imagen de emisión difusa de una parte de la red cósmica.Foto R. Bacon et al/Astronomy & Astrophysics

Refuerza la hipótesis de que el universo joven consistía en un gran número de pequeños grupos de estrellas recién formadas, señalan

Astrónomos cartografiaron una parte de la red cósmica sin utilizar cuásares brillantes por primera vez. Los hallazgos se publican en Astronomy & Astrophysics.

 

Los astrónomos asumieron durante mucho tiempo que los miles de millones de galaxias del universo están conectadas por una enorme red cósmica de flujos de gas, la cual en sí es difícil de ver porque casi no genera luz. Hasta ahora, sólo sus nodos se habían mapeado utilizando cuásares.

Se trata de agujeros negros supermasivos en los centros de galaxias cuyo entorno emite enormes cantidades de luz, la cual luego es dispersada por la red cósmica, haciéndola visible alrededor de los cuásares.

Desafortunadamente, los cuásares son raros. Además, sólo se encuentran en los nodos de la red cósmica. Como resultado, brindan una vista limitada.

Por primera vez, los investigadores lograron ver una pequeña parte de la red cósmica sin usar cuásares. Un equipo dirigido por Roland Bacon, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia, enfocó el Telescopio Muy Grande en una parte del icónico del campo ultraprofundo del Hubble durante 140 horas (más de seis noches entre agosto de 2018 y enero de 2019).

Mediante el Explorador Espectroscópico de Unidades Múltiples (MUSE), los investigadores pudieron captar la luz de grupos de estrellas y galaxias que fue dispersada por filamentos de gas de la red cósmica.

Esta es la luz de unos 2 mil millones de años después del Big Bang.

Las observaciones mostraron que potencialmente más de la mitad de la luz dispersa no proviene de grandes fuentes radiantes brillantes, sino de un mar de galaxias antes desconocidas de muy baja luminosidad, que son demasiado tenues para ser vistas de forma individual.

Los resultados refuerzan la hipótesis de que el universo joven consistía en un gran número de pequeños grupos de estrellas recién formadas.

Final de la "edad oscura"

El coautor Joop Schaye, del Observatorio de la Universidad de Leiden, señaló: “Creemos que la luz que vemos proviene principalmente de galaxias jóvenes, cada una de las cuales contiene millones de veces menos estrellas que nuestra Vía Láctea. Esos conjuntos de cuerpos celestes probablemente fueron las responsables del final de la "edad oscura" cósmica, “cuando menos de mil millones de años después del Big Bang, el universo fue iluminado y calentado por las primeras generaciones de estrellas”.

Michael Maseda, coautor de la investigación e integrante del Observatorio de Leiden, Universidad de Leiden, agregó: “Las observaciones de MUSE no sólo nos dan una imagen de la red cósmica, sino también brindan nueva evidencia de la existencia de galaxias extremadamente pequeñas que juegan un papel tan crucial en modelos del universo temprano”.

En el futuro, a los astrónomos les gustaría mapear partes más grandes de la red cósmica. Por eso trabajan para mejorar el instrumento MUSE a fin de que proporcione un campo de visión de dos a cuatro veces mayor.

Nuevo estudio pone en tela de juicio la asentada teoría del origen de los vertebrados

Un nuevo estudio de la Universidad de Chicago, el Museo Canadiense de la Naturaleza y el Museo de Albany puso en tela de juicio una asentada teoría del origen de los vertebrados.

Sostenida desde hace tiempo, se suponía que las larvas ciegas y filtradoras de las lampreas modernas son un remanente del pasado lejano, parecido a los ancestros de todos los vertebrados vivos, incluidos los seres humanos.

Los nuevos descubrimientos fósiles indican que las antiguas crías de lamprea se parecían más a las adultas modernas, y eran completamente diferentes de sus larvas modernas, según publican investigadores en la revista Nature.

Las lampreas, criaturas inusuales sin mandíbulas, parecidas a anguilas, han proporcionado durante mucho tiempo información sobre la evolución de los vertebrados, explicó Tetsuto Miyashita, autor principal del estudio, ex becario en la Universidad de Chicago y paleontólogo en el Museo Canadiense de la Naturaleza.

"Las lampreas tienen un ciclo de vida absurdo. Una vez eclosionadas, las larvas se entierran en el lecho del río y filtran el alimento antes de eventualmente metamorfosearse en adultos chupadores de sangre. Son tan diferentes de los adultos que los científicos originalmente pensaron que eran un grupo de peces totalmente distinto", agregó.

Miyashita señaló que "las larvas de lamprea modernas se han utilizado de modelo de la condición ancestral que dio lugar a los linajes de vertebrados. Parecían lo suficientemente primitivos, comparables a los invertebrados gusanos, y sus cualidades coincidían con la narrativa preferida de la ascendencia de los cordados. Pero no teníamos pruebas de que una forma tan rudimentaria se remontara al comienzo de la evolución de estos últimos", destacó, citado por EurekaAlert.

Cambio en la historia

Pero los fósiles recién descubiertos en Illinois, Sudáfrica y Montana están cambiando la historia. Conectando los puntos entre docenas de especímenes, el equipo de investigación se dio cuenta de que se habían conservado diferentes etapas del ciclo de vida de la lamprea antigua, lo que permitió a los paleontólogos rastrear su crecimiento desde la cría hasta la adultez.

En algunos de los especímenes más pequeños, del tamaño de una uña, la preservación del tejido blando incluso muestra los restos de un saco vitelino, lo que indica que el registro fósil había capturado estas lampreas poco después de la eclosión.

Los investigadores dicen que estos resultados desafían la narrativa evolutiva de 150 años de que las larvas de lamprea modernas ofrecen un vistazo de las condiciones profundas de los vertebrados ancestrales. Al demostrar que las lampreas antiguas nunca pasaron por la misma etapa ciega de alimentación por filtración que se observa en las especies modernas, los investigadores han modificado este preciado modelo ancestral.

Fósil de dickinsonia, animal de la era Ediacara.Foto Mary Droser/ UCR

inguna tenía cabeza o esqueleto // Muchas parecían alfombras de baño tridimensionales en el fondo del mar, explican

Las criaturas oceánicas de 555 millones de años del periodo Ediacara comparten genes con los animales actuales, incluidos los humanos, según un estudio de la Universidad de California en Riverside.

 

"Ninguno tenía cabeza o esqueleto. Muchos probablemente parecían alfombras de baño tridimensionales en el fondo del mar, discos redondos que sobresalían", afirmó en un comunicado Mary Droser, profesora de geología en esa casa de estudios.

"Estos animales son tan extraños y tan diferentes que es difícil asignarlos a categorías modernas de organismos vivos con sólo mirarlos, y no es como si pudiéramos extraer su ADN, no podemos", agregó.

Sin embargo, los registros fósiles bien conservados han permitido a Droser y Scott Evans, principal autor del estudio y recién graduado de doctorado de la Universidad de California en Riverside, vincular la apariencia y los comportamientos probables de los animales con el análisis genético de los seres vivos actualmente. Su investigación sobre estos enlaces se publicó recientemente en la revista Proceedings, de la Real Sociedad B.

Para su análisis, los investigadores consideraron cuatro animales representativos de las más de 40 especies reconocidas que se han identificado desde la era Ediacarana. Estas criaturas variaban en tamaño desde unos pocos milímetros hasta casi un metro de longitud.

Las kimberella eran criaturas en forma de lágrima con un extremo ancho y redondeado y otro estrecho que probablemente raspaba el fondo del mar en busca de comida con una trompa. Además, podrían moverse usando un "pie musculoso", como los caracoles de ahora. El estudio incluyó a dickinsonia plana, de forma ovalada con una serie de bandas elevadas en la superficie, y Tribrachidium, que pasaron sus vidas inmovilizados en el fondo del mar.

También se analizaron los ikaria, animales descubiertos recientemente por un equipo que incluía a Evans y a Droser. Tenían aproximadamente el tamaño y la forma de un grano de arroz y representan los primeros bilaterianos: organismos con un frente, un dorso y aberturas en cada extremo conectados por un intestino.

Evans sostuvo que es probable que ikaria tuviera bocas, aunque no se conservaron en los registros fósiles, y se arrastraron a través de la materia orgánica "comiendo a medida que avanzaban".

Los cuatro animales eran multicelulares, con células de diferentes tipos. La mayoría tenía simetría en sus lados izquierdo y derecho, así como sistemas nerviosos y musculatura no centralizados.

Además, parecen haber podido reparar partes dañadas del cuerpo mediante un proceso conocido como apoptosis. Los mismos genes involucrados son elementos claves del sistema inmunológico humano, lo que ayuda a eliminar las células precancerosas e infectadas por virus.

Estos animales probablemente tenían las partes genéticas responsables de las cabezas y los órganos sensoriales que generalmente se encuentran allí. Sin embargo, aún no se había logrado la complejidad de la interacción entre estos genes que daría lugar a tales características.

"El hecho de que podamos decir que estos genes operaban en algo que se ha extinguido durante 500 millones de años es fascinante para mí", concluyó Evans.

Los neandertales tenían un "sistema de comunicación vocal tan complejo y eficaz como el lenguaje humano"

Los neandertales tenían un sistema auditivo tan agudo como el Homo sapiens, lo que podría suponer una prueba adicional de que contaban con una capacidad de comunicación tan eficaz como los humanos modernos, según un estudio publicado el lunes.

Si bien algunos expertos defienden la idea de que solamente el Homo sapiens desarrolló la capacidad de concebir símbolos y de comunicarlos mediante el lenguaje, la profesora Mercedes Conde-Valverde, de la Universidad de Alcalá, en Madrid, y responsable del estudio, recordó que la ciencia cada vez aporta más pruebas de "comportamientos complejos de los neandertales".

Por ejemplo, se ha demostrado que esta especie, que desapareció hace unos 40 mil años, inhumaba a sus muertos, sabía ornamentar los cuerpos y fabricar instrumentos sofisticados.

Para establecer si los neandertales podían tener un lenguaje, había que determinar si podían simbolizar conceptos y si tenían la capacidad anatómica necesaria para expresarlos, según el estudio publicado en la revista Nature Ecology and Evolution.

Para ello, reconstituyeron virtualmente los canales auditivos externos y medianos de cinco especímenes que vivieron hace entre 130 mil y 45 mil años.

Después midieron su capacidad para captar sonidos y su gama de frecuencia, puesto que "cuanto más amplia es ésta, más variados son los sonidos y más eficaz la comunicación", sostuvo Conde-Valverde, especialista en bioacústica.

Finalmente, compararon todos esos valores con sendos grupos de humanos modernos y de especímenes de los primeros ancestros de los neandertales hallados en la Sima de los Huesos, en España, y fechados hace 430 mil años.

 

Capacidad auditiva

 

Su conclusión es que esta especie tenía las mismas capacidades auditivas que el Homo sapiens, en especial, la de percibir sonidos de frecuencia más elevada que sus ancestros.

Las altas frecuencias están relacionadas con la producción de consonantes, característica importante del lenguaje humano, que lo distingue del modo de comunicación de los chimpancés y de casi todos los mamíferos.

El estudio subraya que las consonantes son "especialmente importantes para determinar el sentido de las palabras".

Deduce además que si el oído del neandertal se desarrolló para captarlas es porque sabía producirlas y apunta a la existencia de un "sistema de comunicación vocal tan complejo y eficaz como el lenguaje humano".

Según Conde-Valverde, el neandertal "era capaz de transmitir una información oral rápidamente y con una tasa de error muy baja". Cree incluso que "si escucháramos a dos neandertales hablar detrás de una cortina sin poderlos ver, pensaríamos que se trata de dos personas de otro país que hablan una lengua extranjera".

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