Domingo, 18 Agosto 2019 05:48

Últimas noticias del cerebro

Últimas noticias del cerebro

 Cómo la actividad de las neuronas produce la sensación única y global de estar vivo

Hace 2.500 años, mientras los babilonios tomaban Jerusalén, el reino de Wu capitaneado por Sun Tzu machacaba a las fuerzas de Chu y Tales de Mileto vaticinaba un eclipse deteniendo así una guerra cruenta, un joven discípulo de Pitágoras llamado Alcmeón de Crotona propuso por primera vez que el cerebro era la sede de la mente. La idea se enfrió después porque Aristóteles, muy en su línea de equivocarse, dictaminó que la sede de la mente era el corazón, y que el cerebro era un mero sistema para enfriar la sangre. Hoy sabemos que Alcmeón tenía razón. Pero, como Aristóteles, seguimos ignorando cómo funciona el cerebro, y por tanto en qué consiste la naturaleza humana.

Nadie niega que entender el cerebro es uno de los dos o tres grandes desafíos que la ciencia tiene por delante y, al menos desde Cajal, la investigación ha sido intensa, brillante y caudalosa. Sabemos hoy que la clave de nuestra mente es la conectividad entre neuronas, la geometría de sus circuitos. Conocemos los mecanismos intrincados por los que una neurona decide mandar por su axón (su output) el resultado de un complejo cálculo que ha hecho integrando la información de sus 10.000 dendritas (su input). Comprendemos los refuerzos de esas conexiones (sinapsis) que subyacen a nuestra memoria, y utilizamos las ondas de alto nivel, resultantes de la actividad de millones de neuronas, para diagnosticar enfermedades mentales e investigar con el grado de consciencia de los voluntarios.

Pero seguimos sin entender cómo el cerebro genera la mente. Quien diga lo contrario es un ignorante o una trama delictiva.

Pese a los repetidos y denodados intentos de asociar la especificidad humana a uno u otro trozo de cerebro radicalmente nuevo, con una arquitectura original e inusitada en la historia del planeta, los datos nos muestran con tozudez que todas nuestras pretendidas peculiaridades —el lenguaje, las matemáticas, la moralidad y la justicia, las artes y las ciencias— hunden sus raíces en las profundidades abisales de la evolución animal, un proceso que empezó hace 600 millones de años con la aparición de las esponjas y las medusas.

Fueron las medusas, precisamente, quienes inventaron los ojos. Hay un gen llamado PAX6 que se ocupa de diseñar el primitivo ojo de estos cnidarios, y su conexión con las primitivas neuronas que andaban por allí. Ese mismo gen, que inicialmente se descubrió en la mosca, es también el responsable del diseño del ojo humano, y sus mutaciones leves causan enfermedades congénitas como la aniridia o ausencia de iris, y otra docena de anomalías en el desarrollo del ojo y sus neuronas asociadas. En un sentido genético profundo, nuestros ojos y nuestro cerebro visual se originaron en las medusas hace 600 millones de años.

Y eso es solo el principio de la larga, larga historia de nuestra conexión con los orígenes de la vida animal. Del lóbulo óptico de los animales primitivos, que es precisamente el dominio de acción de PAX6, proviene nuestro cerebro medio (o mesencéfalo), esencial para la visión, el oído, la regulación de la temperatura corporal, el control de los movimientos y el ciclo de sueño y vigilia. Y de otro de nuestros sentidos, el olfato, que también ancla sus orígenes en la noche de los tiempos de la vida animal, proviene nuestro córtex (o corteza), la capa más externa del cerebro, que en las especies más inteligentes —nosotros, los delfines, las ballenas, los elefantes— ha crecido tanto que no nos cabría en el cráneo de no haberse arrugado hasta producir esa fealdad abyecta que nos sentimos, de manera comprensible, reacios a aceptar como nuestra mente. Y que sin embargo lo es.

Del córtex y sus asociados, esos frutos evolutivos del ancestral cerebro olfativo, emanan todas las asombrosas aptitudes de la mente humana, todo aquello que nos hace tan diferentes y de lo que estamos tan orgullosos. Esa capa exterior y antiestética del cerebro genera –o, más exactamente, encarna— nuestras sensaciones del mundo exterior, nuestras órdenes voluntarias para mover la boca o los brazos, y un enjambre de “áreas de asociación” donde se integran los sentidos, los recuerdos y los pensamientos para producir una escena consciente única, el tejido del que está hecha nuestra experiencia.

Todo el cerebro es un enigma, pero si hubiera que elegir un problema supremo en esa jungla, ese sería el misterio de la consciencia. Y hay una historia científica que es preciso contar aquí. Uno de los grandes científicos del siglo XX, Francis Crick, estaba verdaderamente preocupado de adolescente porque, cuando él hubiera crecido, todo habría sido ya descubierto. Cuando creció, la primera misión del joven Crick fue diseñar minas contra los submarinos alemanes.

Acabada la guerra, sin embargo, Crick se paró a pensar qué grandes problemas quedaban por solucionar en la ciencia. Resolvió que los enigmas esenciales eran dos: la frontera entre lo vivo y lo inerte, y la frontera entre lo consciente y lo inconsciente. Su primer enigma quedó resuelto de manera satisfactoria con la doble hélice del ADN que descubrió con James Watson en 1953. Y el segundo nunca llegó a averiguarlo —eso le habría convertido en el mayor científico de la historia—, pero sí fue capaz de estimular a investigadores más jóvenes y a los gestores de la financiación de la ciencia norteamericana para que se concentraran en ese pináculo pendiente del conocimiento. El principal de sus colaboradores en esta exploración fue Christof Koch, actual director del Instituto Allen de biociencia, en Seattle.

Quince años después de la muerte de Crick, Koch sigue cautivado por el problema de la consciencia. ¿Cómo la actividad de las neuronas individuales, y de los circuitos que forman miles o millones de ellas, produce la sensación única y global de ser consciente, de haber despertado, de estar vivo? Esa convicción de que somos distintos de una medusa, de que somos una entidad trascendente, capaz de entender el mundo y distinta de todo lo anterior. Veamos el estado actual de esta línea de investigación crucial. Es ciencia básica. Las aplicaciones siempre vienen después del entendimiento profundo, como demuestra la historia de la ciencia.

“La consciencia es todo lo que experimentas”, escribe Koch. “Es la canción que se repite en tu cabeza, la dulzura de una mousse de chocolate, la palpitación de un dolor de muelas, el amor feroz por tu hijo y el discernimiento amargo de que, al final, todos esos sentimientos se acabarán”. Hay dos campos científicos que aspiran a, o no pueden evitar, competir con los poetas en la interpretación del mundo: la cosmología y la neurología. Tiene toda la lógica. Una buena ecuación sintetiza una inmensa cantidad de datos en un centímetro cuadrado de papel, igual que un buen verso.

Para filósofos como Daniel Den­nett, el problema de la consciencia es inseparable del enigma de los qualia: lo que sentimos como la rojez del color rojo, la dulzura de un dulce, la sensación de dolor que nos produce un dolor de muelas. Estos filósofos creen que el enigma de los qualia no puede ser resuelto, ni siquiera abordado, por la ciencia, porque esas sensaciones son privadas y no pueden compararse, aprenderse ni medirse por referencias externas. Esta idea, sin embargo, contradice el principio general de que la mente equivale al cerebro, como ya avanzó hace 2.500 años Alcmeón de Crotona.

Si todo lo que ocurre en nuestra mente es producto de —o más bien es idéntico a— la actividad de ciertos circuitos neuronales, la consciencia no puede ser una excepción, o de otro modo volveríamos al animismo irracional, a la creencia en un alma separada del cuerpo, a los fantasmas y a los ectoplasmas. Crick y Koch decidieron saltarse el supuesto enigma de los qualia para concentrarse en buscar los “correlatos neurales de la consciencia”, es decir, los circuitos mínimos suficientes para que se produzca una experiencia consciente. La estrategia ha sido fructífera.

Tomemos el efecto bien conocido de la rivalidad binocular. Con un sencillo montaje, puedes presentar una imagen al ojo izquierdo de un voluntario (un retrato de Pili, por ejemplo) y otra al ojo derecho (un retrato de Juanma). Podrías pensar que el voluntario vería una mezcla chocante de las dos caras, pero si le preguntas verás que no es así. Ve un rato a Pili, luego de pronto a Juanma, después otra vez a Pili y así. Los dos ojos rivalizan por hacer llegar su información a la consciencia (de ahí “rivalidad binocular”). ¿Qué cambia en el cerebro cuando la consciencia flipa de una cara a la otra?

Los experimentos de este tipo, combinados con las modernas técnicas de imagen cerebral, como la resonancia magnética funcional (fMRI), apuntan una y otra vez a la “zona caliente posterior”. Está compuesta por circuitos de tres lóbulos (partes del córtex cerebral): el temporal (encima de las orejas), el parietal (justo encima del temporal, en todo lo alto de la cabeza) y el occipital (un poco por encima de la nuca). Esto es en sí mismo una sorpresa, porque la mayoría de los neurocientíficos habrían esperado encontrar la consciencia en los lóbulos frontales, la parte más anterior del córtex cerebral, y la que más ha crecido durante la evolución humana. Pero no es así. La consciencia reside en zonas posteriores del cerebro que compartimos con la generalidad de los mamíferos.

Otro descubrimiento reciente es que las áreas implicadas en la consciencia —la zona caliente posterior— no son las que reciben las señales directas de los ojos y los demás sentidos. Lo que ocurre en esas áreas primarias no es lo que el sujeto ve, o es consciente de ver. La consciencia está en áreas que reciben, elaboran e interconectan esa información primaria, tanto en la vista como en los demás sentidos.

Una práctica quirúrgica tradicional nos ofrece más pistas valiosas. Cuando los neurocirujanos tienen que extirpar un tumor cerebral, o los tejidos que causan ataques epilépticos muy graves, toman antes una precaución bien lógica: a cráneo abierto, estimulan con electrodos las zonas vecinas para ver exactamente dónde están en el mapa del córtex, y hasta dónde conviene llegar (o no llegar) con el bisturí. Fue así, de hecho, como se cartografió elhomúnculo motor, esa figura humana deforme que tenemos encima de la oreja y controla todos nuestros movimientos voluntarios. Estimula aquí y el paciente mueve una pierna; estimula allí y moverá el dedo medio de la mano izquierda, o la lengua y los labios.

Cuando lo que se estimula es la zona caliente posterior, el paciente experimenta todo un abanico de sensaciones y sentimientos. Puede ver luces brillantes, caras deformadas y formas geométricas, o sentir alucinaciones en cualquier modalidad sensorial, o ganas de mover un brazo (pero esta vez sin llegar a moverlo). En su forma normal, este parece ser el material con el que se teje nuestra consciencia. Cuando parte de la zona caliente resulta dañada por una enfermedad o un accidente, o extirpada por los cirujanos, el paciente pierde contenidos de la consciencia. Se vuelven incapaces de reconocer el movimiento de cualquier objeto o persona, o el color de las cosas, o de recordar caras que antes le resultaban familiares.

La neurociencia, por tanto, no solo ha demostrado la hipótesis de Alcmeón de Crotona —que el cerebro es la sede de la mente—, sino que también ha encontrado el lugar exacto en que reside la consciencia. Entender cómo funciona ese trozo de cerebro es una cuestión mucho más difícil, que algún día merecerá un Premio Nobel. Pero la mera localización de la consciencia en la parte posterior del córtex cerebral tiene una implicación nítida. El sello distintivo de la evolución humana es el crecimiento explosivo del córtex frontal. El córtex posterior, incluida la zona caliente, lo hemos heredado de nuestros ancestros mamíferos y de más allá. Muchos animales, por lo tanto, deben ser conscientes: tienen una mente en el sentido de Alcmeón. Es una idea perturbadora, pero tendremos que aprender a vivir con ella y a gestionar sus implicaciones.

Entender el cerebro es sin duda uno de los mayores retos que tiene planteada la ciencia actual. Se trata del objeto más complejo del que tenemos noticia en el universo, y la tarea resulta formidable. Pero la recompensa será grande para la investigación y el pensamiento. Quizá no falte tanto para ello

Por Javier Sampedro

17 AGO 2019 - 17:00 COT

La crisis de la expansión del Universo se agudiza

Nuevas medidas ahondan las discrepancias sobre la constante de Hubble y sugieren un nuevo modelo cosmológico

 

 

El Universo se expande desde hace miles de millones de años, tras su origen en la Gran Explosión, pero ¿a qué velocidad lo está haciendo ahora? Ese es el problema importante que tienen los astrónomos y los cosmólogos e ignorarlo no sirve de nada si los datos disponibles, como sucede en este caso, son tozudos pero diferentes según el método de medida. Hay algo que se escapa a los científicos y podría ser algo crucial, que indicara que el modelo de evolución del Universo no es correcto en su totalidad.

Hace unos días se hicieron públicos los resultados de uno de los últimos estudios sobre el valor de la constante de Hubble, que representa el ritmo al que la velocidad de expansión del Universo varía con la distancia, un estudio liderado por la prestigiosa Wendy Freedman que había creado expectación en el sector. Sin embargo, el hecho es que este trabajo y otros recientes no han resuelto nada. El valor que ha obtenido el de Freedman para la constante está entre los dos más aceptados obtenidos antes, lo que complica todavía más las cosas.

El tema ha sido el principal que se ha debatido, y acaloradamente, en una reunión de alto nivel a finales de julio en California, organizada por el Instituto Kavli de Física Teórica. La constante de Hubble lleva el nombre de Edwin Hubble, el astrónomo que en los años 20 del siglo pasado descubrió que cuanto más lejos se observa en el espacio a más velocidad se alejan las galaxias del observador por el aumento del espacio entre ellas.

A poco que cualquiera piense, medir la velocidad a la que se expande el Universo en cada punto no es fácil, pero durante los últimos 100 años los expertos se han dedicado a intentar identificar unidades de distancia. Primero lo hicieron con las estrellas cefeidas y llegaron a un valor de 74 para la constante (el Universo se expande ahora unos 74 kilómetros por segundo más deprisa por cada megapársec o 3,26 millones de años luz de distancia). Ese valor se mantiene muy aproximadamente en estudios mucho más finos y actuales, basados en las tradicionales supernovas algunos pero en cuerpos celestes distintos, como máseres y cuásares, otros. Varios de ellos se acaban de presentar.

El estudio de Freedman, por su parte, se basa en estrellas gigantes rojas y el valor obtenido se acerca mucho a 70. "La constante de Hubble es el parámetro cosmológico que establece la escala, el tamaño y la edad absolutos del Universo. Es una de las formas más directas que tenemos de cuantificar cómo evoluciona", recuerda la astrofísica.

Pero hay que recordar que hace muy pocos años, en 2014, estalló una bomba en este tema, figuradamente. Con los avances tecnológicos en los que la cosmología y la astrofísica siempre están en vanguardia, se pudo obtener un mapa preciso del fondo cósmico de microondas, el eco del Big Bang. Es la radiación emitida muy poco tiempo después de esta gran explosión, que persiste modificada y puede ser medida en cada punto que se observe. El satélite Planck, diseñado para observar esta radiación, dio unos datos supuestamente incontestables que fijaron la constante de Hubble en 67 y la edad del Universo en 13.800 millones de años.

La diferencia (de 74 a 67) era tan grande que la guerra de cifras entre los astrónomos y los cosmólogos estaba servida. Desde entonces, el problema no ha hecho más que agudizarse porque ha aumentado la precisión de las medidas astronómicas y por tanto ha bajado el margen de error. En California, los asistentes hablaron ya de crisis y algunos se lanzaron a especular sobre las posibles razones de esta discrepancia. "La comunidad ha empezado a tomarse este problema muy en serio", declaró Daniel Scolnic a Science News. Scolnic forma parte del equipo de SHOES, liderado por el premio Nobel Adam Riess, que ha presentado uno de los últimos estudios astronómicos sobre la constante de Hubble (les da 74).

Dado que las estimaciones de la expansión del Universo que se basan en sus primeros tiempos, (como es la radiación de microondas) suelen ser más bajas que las que se basan en el Universo cercano y más moderno (como las estrellas), una de las especulaciones es que algo misterioso pasó en los primeros tiempos, como que actuó una energía oscura primitiva, que alteró el ritmo de expansión. Es decir, que los datos cosmológicos no valdrían para estimar la constante de Hubble. A los cosmólogos esto no les gusta mucho porque creen que el modelo estándar del Universo, basado en la teoría de la relatividad de Einstein, es sólido. Y algunos astrofísicos piensan que a partir del año que viene las frecuentes observaciones de ondas gravitacionales con los observatorios LIGO permitirán resolver el problema de una vez por todas.

Otros recuerdan simplemente que esto forma parte de una larga historia de resultados incongruentes en el intento de revelar los secretos del Universo. Hace muy poco (1998) se tuvo que recurrir a la introducción en la ecuación cósmica de una importantísima nueva y misteriosa variable, la energía oscura, para explicar que se había observado que se está acelerando la expansión del Universo. Para los que intentan comprender el lugar en que vivimos la energía oscura representa una incógnita todavía más problemática que la constante de Hubble. Lo seguro es que no se van a quedar sin trabajo pronto.

 

06/08/2019 08:51 Actualizado: 06/08/2019 08:51

Por MALEN RUIZ DE ELVIRA

La imagen muestra los resultados de la reconstrucción en 3D del cráneo de Apidima 2, descubierto en una cueva griega.Foto Afp

Más temprano y más lejos: el Homo sapiens no africano más antiguo descubierto hasta ahora era griego y data de 210 mil años, según un estudio publicado este miércoles, que adelanta en más de 150 mil años la llegada de la especie a Europa.

 

Apidima 1, como lo bautizaron los científicos, es “más viejo que todos los otros especímenes de Homo sapiens hallados fuera de África”, explicó Katerina Harvati, de la Universidad de Tübingen en Alemania, coautora del estudio divulgado en la revista Nature.

 

Hasta ahora, se contaba con un fragmento de mandíbula de Homo sapiens hallado en una cueva de Israel y que remontaba a un periodo de entre 177 mil y 194 mil años. Los otros más antiguos tenían entre 90 mil y 120 mil años. En Europa, el más viejo fechaba de 70 mil.

 

Reconocimiento tardío

 

Se trata de un reconocimiento tardío para Apidima 1. Había sido hallado a finales de los años 70 por el Museo de Antropología de la Universidad de Atenas en una cavidad del macizo de Apidima, en el Peloponeso, pero en la época había sido catalogado como un preneandertal.

 

Sin embargo, las técnicas modernas de datación y de imágenes permitieron a Harvati y a su equipo revelar una "mezcla de características humanas modernas y arcaicas", que hacen de él un Homo sapiens precoz.

 

Sin embargo, los arqueólogos sólo hallaron la parte trasera de su cráneo y “algunos podrían sostener que el espécimen está demasiado incompleto para que su estatuto de Homo sapiens sea inequívoco”, precisó Eric Delson, del Colegio Lehman de Nueva York, en un comentario publicado con el estudio.

 

“Apidima 1 muestra que la dispersión del Homo sapiens fuera de África no sólo tuvo lugar antes de lo que se pensaba, hace más de 200 mil años, sino que llegó hasta Europa”, afirmó Harvati.

 

El Homo sapiens, llamado igualmente hombre moderno, apareció en África. Los más antiguos representantes conocidos de nuestra especie fechan de 300 mil años y fueron hallados en Jbel Irhud, en Marruecos.

 

Durante mucho tiempo, se estimó que habían dejado su "cuna" africana mucho más tarde, hace unos 70 mil años, durante una ola migratoria de envergadura.

 

Sin embargo, desde hace varios años, los hallazgos no cesan de cuestionar esta teoría, avanzando cada vez más la fecha de las primeras migraciones y extendiendo la zona de sus dispersiones.

 

Apidima 1 fue descubierto frente a otro cráneo, bautizado Apidima 2. Según el estudio, se trataría de un neandertal de 170 mil años.

 

“Nuestros resultados sugieren que al menos dos grupos de personas vivían en el Pleistoceno Medio en lo que es actualmente el sur de Grecia: una población precoz de Homo sapiens y más tarde, un grupo de neandertales”, aseguró Harvati, sugiriendo que los segundos remplazaron a los primeros.

 

Antes de ser a su vez sustituidos por otros Homo sapiens recién llegados, hace 40 mil años, cuando los neandertales desaparecieron por completo.

 

"Quizás una o varias veces, ambas especies se remplazaron la una a la otra", señaló Eric Delson.

 

Este nuevo descubrimiento refuerza la idea de que hubo múltiples dispersiones de seres humanos fuera de África. El movimiento migratorio y la colonización de Eurasia fueron seguramente más enrevesados de lo que se pensaba.

 

"Más que una sola salida de homínidos de África para poblar Europa y Asia, debió haber varias dispersiones, y algunas no dieron lugar a instalaciones permanentes", según Delson.

 

Lo anterior, incluso si todos los grupos que se desarrollaron fuera de África hace más de 60 mil años desaparecieron completamente, sin dejar rastro en nuestro genoma actual.

Sorprende a científicos volver a encontrar metano en Marte

Investigadores datan en hace 4 mil 480 millones de años la "posibilidad real" de vida en el planeta rojo

 

La NASA anunció que Curiosity detectó de nuevo metano en Marte, gas que puede ser emitido por microbios, pero también por las interacciones entre las rocas y el agua.

 

El minilaboratorio químico que tiene el robot, denominado SAM, encontró una concentración de metano de 21 partes por mil millones de unidades, señaló la agencia en un comunicado, lo que representa un "resultado sorprendente".

 

Paul Mahaffy, principal investigador de la NASA para el SAM, sostuvo que "con las mediciones actuales no tenemos manera de decir si el metano es de origen biológico, geológico, antiguo o moderno".

 

El asunto del metano fascina a los científicos del espacio, porque su presencia puede indicar un signo de vida.

 

Curiosity, que se desplaza sobre Marte desde 2012, ha detectado metano varias veces. La sonda espacial europea Mars Express, en órbita marciana desde 2003, fue la primera en hacerlo, pero nunca en ese nivel, alrededor de tres veces más alto de lo que se había registrado.

 

Sinembargo aún hay un misterio que los científicos aún no han resuelto: la sonda europea Orbitador de Traza de Gas, lanzada en 2016 con instrumentos más avanzados, todavía no ha detectado nada.

 

Combinación de resultados

 

“Combinar las observaciones realizadas desde la superficie y en órbita podría ayudar a los científicos a localizar las fuentes de gas en el planeta y comprender cuánto tiempo permanece en la atmósfera marciana. Esto podría explicar por qué las mediciones de metano de la Orbitador de Traza de Gas y del Curiosity difieren tanto”, concluye la NASA.

 

La primera "posibilidad real" de que la vida se desarrollara en Marte ocurrió hace 4 mil 480 millones de años, cuando gigantescos meteoritos que inhibían la vida dejaron de golpear el planeta rojo, según investigadores de la Universidad de Western Ontario

 

El hallazgo, descrito en un estudio publicado en Nature Geosciences, no sólo aclara las posibilidades para el vecino más cercano de la Tierra, sino también pueden restablecer la línea de tiempo para la vida en nuestro planeta hogar.

 

"Los impactos de meteoritos gigantes en Marte podrían haber acelerado la liberación de las aguas tempranas desde el interior del planeta preparando el escenario para las reacciones de formación de vida", explicó Desmond Moser.

 

Bombardeo de meteoritos

 

Este profesor de geografía y ciencias de la Tierra precisó que se sabe que la cantidad y el tamaño de esos impactos en Marte y la Tierra disminuyeron de forma gradual después de que se formaron los planetas. Con el tiempo, se hicieron pequeños y poco frecuentes como para que las condiciones cercanas a la superficie pudieran permitir el desarrollo de la vida. Sin embargo, el tema de cuándo terminó el bombardeo de meteoritos se ha debatido durante mucho tiempo.

 

Se ha propuesto que hubo una fase "tardía" de bombardeo de ambos planetas que terminó hace unos 3 mil 800 millones de años.

 

Para el estudio, Moser y su equipo analizaron los granos minerales más antiguos conocidos de meteoritos que se cree que se originaron en Marte. Grabados a niveles atómicos, casi no han cambiado, ya que se cristalizaron cerca de la superficie del planeta rojo.

 

En comparación, el análisis de las áreas impactadas en la Tierra y su Luna muestra que más de 80 por ciento de los granos estudiados contenían características asociadas con los impactos, como la exposición a presiones y temperaturas intensas.

 

Los análisis de las muestras de la Tierra, Marte y la Luna, que se efectuaron en el laboratorio de fase de accesorios y circonitas único de Western, dirigido por Moser.

 

Los resultados sugieren que el fuerte bombardeo de Marte terminó antes de que se formaran los minerales analizados, lo que significa que la superficie marciana se habría convertido en habitable para cuando se cree que el agua era abundante allí. Para entonces, el agua también estaba presente en la Tierra.

 Nicholas Negroponte, durante la entrevista este miércoles en Madrid. ULY MARTIN

El fundador del Media Lab del MIT vaticina un salto para la humanidad gracias a la bioingeniería, la producción de alimentos artificiales y la irrupción de una energía limpia

 

Tiene motivos para presumir de dones proféticos, porque estuvo en primera fila del despertar digital y vio con claridad lo que vendría después. En los años ochenta y noventa, cuando la mayoría de la población desconocía o empezaba a acercarse a Internet, Nicholas Negroponte (Nueva York, 1943), informático y arquitecto, fundador y director del Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT), vaticinó que íbamos a tener ordenadores en los bolsillos, pantallas táctiles, televisión a la carta como la de Netflix, altavoces inteligentes y hogares conectados. Y entendió que vendrían profundos cambios sociales. Sus artículos en la última página de Wired o su libro El mundo digital (1995) eran seguidos como un oráculo.

El tiempo le ha dado la razón en casi todo. Negroponte conversa en Madrid, donde participa este jueves en la jornada Cruce de Caminos, organizada por Banco Caminos y Bancofar. Sigue confiado en sus visiones del futuro, que hoy suenan muy atrevidas. Claro que también era atrevido lo que decía hace 30 años.

Pregunta. ¿Cuál es el próximo hito para la humanidad?

Respuesta. El mundo digital se ha integrado en nuestras vidas. Lo que vendrá ahora ya no serán extrapolaciones de la informática, como las que hemos visto.

Pregunta. ¿Es la bioingeniería la próxima revolución?

Respuesta. Esa será una de las grandes cosas que vengan, sí. Tendremos humanos genéticamente modificados y corregiremos los errores de la naturaleza. Será un futuro muy distinto.

P. ¿De verdad podremos vivir 150 o 200 años? ¿Lo haremos nosotros o nuestros descendientes?

R. Eso ocurrirá con seguridad en la próxima generación. Es un poco tarde para nosotros, porque revertir el envejecimiento es más difícil. Pero no hay duda de que sus hijos y mis nietos vivirán hasta los 150 años. Y haremos que los discapacitados puedan andar, luego podremos eliminar las enfermedades raras...

P. Y se alimentará al mundo con comida artificial.

R. Crear carne que no proceda de las vacas es un proyecto maravilloso. Podremos replicar las células de las vacas sin hacer daño a animales, sin el CO2 que emiten, ahorrando agua, cuidando el medio ambiente, y logrando que la gente tenga carne.

P. ¿Nos salvará la tecnología también del cambio climático?

R. La tecnología es la única solución al cambio climático. No hay otra. Tenemos que encontrar la forma de producir energía, no necesariamente de fuentes renovables, como el viento o el sol, sino haciendo que la fusión nuclear funcione. En 50 años tendremos una economía distinta y un mundo mejor gracias a ella.

P. Usted pronostica avances enormes para la humanidad. ¿No teme que las miserias humanas, o los intereses políticos y económicos, impidan que lleguen a beneficiar a la mayoría?

R. Los intereses corporativos suelen frenar algunos avances, pero no por mucho tiempo. Es bien conocido que quienes tienen intereses en el petróleo pueden forzar un retraso en las tecnologías alternativas. Por eso es tan difícil hacer pronósticos sobre cuándo llegarán algunas cosas, porque a menudo los retrasos vienen de fuerzas externas que no tienen que ver con la tecnología.

P. El 5G, el sistema que dominará las comunicaciones móviles, está siendo el centro de esta Segunda Guerra Fría, un campo de batalla entre EE UU y China por esa tecnología. ¿Quién ganará?

R. Hace 15 años que EE UU se ha rendido en las tecnologías de la telecomunicación. Los principales actores ya no son empresas americanas. El repentino interés por el 5G, y en particular por Huawei, me parece increíble. Porque el 5G no es tan importante como están vendiendo. Es solo un cambio incremental sobre el 4G. El hito fue el 3G. Esto no es la fusión nuclear. Si alguien domina la fusión nuclear, cambiará las reglas del juego. El 5G no va a ser rompedor. Y si miramos lo que hace China en áreas como el 5G, está muy por delante de EE UU.

P. Usted representa el optimismo ante los cambios tecnológicos. Pero todo indica que la opinión pública ha ido pasando del entusiasmo al pesimismo.

R. Sigo siendo optimista, pero eso es verdad. Hay un creciente sentimiento en todo el mundo de escepticismo, de que la tecnología ha creado muchos de los problemas que tenemos que arreglar. Si lo miras objetivamente y con perspectiva, la tecnología ha traído muchas soluciones, como en la medicina, y los problemas son sobre todo por cómo usamos la tecnología.

P. Los gigantes de Internet son vistos ahora como un gran oligopolio que hace negocio sin control con nuestros datos. Una especie de Gran Hermano.

R. Pondré otro ejemplo. Cuando las revelaciones de Snowden, muchos americanos como yo nos sorprendimos de que el Gobierno nos estaba vigilando. Si vas a China, y acabo de estar allí, ves cientos de cámaras en la calle haciendo reconocimiento facial y creando una casi perfecta seguridad. Y la gente está satisfecha. Dicen: de acuerdo, quizás se viole lo que vosotros los occidentales consideráis intimidad, pero no tenemos delincuencia. Son cosas que se ven distintas desde cada cultura.

P. ¿Juega China con ventaja en la carrera tecnológica por la falta de garantías para la intimidad? Allí se puede crear una gigantesca base de datos genéticos que en Occidente no sería viable.

R. Europa es quizás el líder mundial en protección de la intimidad. Por otro lado, hay mucha gente que muere en Alemania porque es ilegal compartir datos que permitirían salvarlos. Es un difícil equilibrio. Si me atropella un coche, no quiero que mis datos médicos estén protegidos, quiero que cuando llegue la ambulancia lo sepan todo.

P. ¿Cree que los gigantes de Silicon Valley deben ser divididos como otros monopolios en el pasado, lo que ha propuesto la senadora Elizabeth Warren?

R. No estoy seguro de que dividir a estas compañías garantice asuntos como la privacidad. A nadie le gusta que una empresa crezca tanto y sea dominante, pero lo que tenemos que mirar es qué sacamos de ellos, quién está contribuyendo más al conocimiento y la ciencia. Es sorprendente qué poco aportan muchas de esas grandes compañías. La gente joven quiere ser Mark Zuckerberg, no quieren ser Alan Turing. Es decepcionante. Necesitamos gente que invente y sea imaginativa como Turing.

P. ¿Están afectando las redes sociales a la calidad de la democracia? Allí se expanden ideas extremistas, mensajes de odio…

R. No uso mucho las redes sociales. Soy más un observador. Está claro que están teniendo un impacto. En unas partes, están creando democracia, en otras partes la están debilitando. El balance es probablemente a favor de la democracia.

P. Diversos estudios alertan de la destrucción de millones de empleos por la robotización, incluso en las actividades más intelectuales. Esto está generando ansiedad en la población y abriendo debates como el de la renta universal. ¿Cuál es el futuro del empleo?

R. Es más fácil automatizar la mayoría de actividades intelectuales que la mayoría de empleos en servicios, como preparar comida rápida. Es más fácil tener un robot abogado, o contable. El desplazamiento del empleo no dependerá de las capacidades intelectuales. En algún momento tendremos que repensar el concepto del trabajo. Una parte del concepto tiene que ver con tener un sentido, un propósito. La gente siempre tendrá un propósito, pero puede no ser llevar un salario a casa, que es lo que define el empleo hoy.

P. ¿Vamos a tener algún día una verdadera inteligencia artificial, que tenga conciencia?

R. Esa es la pregunta, la conciencia, y la mayoría de la gente no se la hace. No estoy seguro de que lo vaya a ver en mi vida. Pero antes de eso veremos máquinas que tendrán sentido del humor, y será asombroso. Otra pregunta que no parece interesante es: ¿por qué los hombres apreciamos la música?

P. ¿Hay que reivindicar las humanidades, o la filosofía, en una sociedad hipertecnológica?

R. Las humanidades son la cosa más importante que puedes estudiar

Madrid 20 JUN 2019 - 04:39 COT

Sábado, 08 Junio 2019 04:58

La Tierra

La Tierra

El miércoles de esta semana fue el Día del Medio Ambiente, y pasó sin pena ni gloria, como pasan delante de nuestros ojos tantos de los hechos de los que dependen nuestras vidas. Mientras el calentamiento global sigue su curso entre otras cosas porque han logrado convertir incluso la expresión “medio ambiente” en algo neutro, en algo de lo que se ocupan los onegeístas, en algo casi abstracto o lejano. En este tema, como en otros, hay que rasgar con urgencia las vestiduras; no las propias, sino las de esa máscara que el poder global ha colocado sobre algunas palabras para que pierdan su real significado. 

No ha sido una operación ni espontánea ni inocente. Como en todo, pero especialmente en relación el medio ambiente, lo han hecho porque era imprescindible volver inocuo lo atroz, para dejar libres las manos que diariamente firman boletos de compra y venta de enormes territorios, para ser explotados como fueron explotados tantos seres humanos que hasta que el trabajo hizo su retirada, y ahora son directamente eliminados o abandonados a su suerte.


“Si el medio ambiente fuera un banco ya lo habrían salvado”, dijo hace poco Pierre Larrouturou, economista, ingeniero agrónomo, eurodiputado por la coalición de Partidos Verdes de distintos países que tienen como principal punto de lucha el calentamiento global. Larrouturou propuso una medida concreta: la creación de un Banco Climático Europeo destinado a la protección de la biodiversidad. Propuso que cada país disponga de un 2 por ciento de su PBI para avanzar hacia una economía sin emisiones de carbono, es decir, un cambio radical en el modo de producción que privilegie las energías renovables, proteja los suelos y tome las medidas necesarias para impedir las extinciones de especies en cadena que sobrevendrán muy pronto. Es curioso como el ciudadano promedio urbano de esta parte del mundo mira la televisión mientras se viste para ir al trabajo para saber si hará frío o calor. Es curioso que sólo la meteorología haya quedado en la agenda acrítica de los grandes medios, mientras sus causas –las de las largas sequías, las del crecimiento de los cinco océanos, las de los huracanes devastadores y las inundaciones o los maremotos– permanezcan en un misterio insondable que nunca es especificado.


Hace ya tres años, la periodista norteamericana especializada en ciencia Elizabeth Kolbert recibió el Pulitzer por su trabajo, luego best seller, La sexta extinción. Era un análisis de documentos científicos en los que biólogos, paleontólogos y cientistas de otras disciplinas detallaban que el planeta ha atravesado ya cinco extinciones masivas que, cada una en su momento, borró más de la mitad de la vida sobre la tierra. Especies que ya tenían una historia de doscientos mil años sencillamente desaparecieron. Se cree que alguna fue por la caída de un enorme meteorito, otra por el despertar inesperado de distintos volcanes. Pero esta vez, cuando ahora –en el último abril– la propia ONU habla del peligro de la sexta extinción y llama –con esa débil voz que tiene la ONU para hablarles a los dueños del mundo–, el desastre sería el primero provocado no por un cataclismo sino por un modo de producción. Es decir, por un modelo de vida. O mejor: por los réditos que muy pocos sacan de eso.


El problema no pasa lejos, pasa lejos y cerca, pasa en todas partes, y lacera. En Pergamino no hay agua potable porque los agrotóxicos la envenenaron. Las muertes por residuos letales del glifosato tiene nombres y apellidos y hasta tumbas que no han sido fotografiadas en el Litoral. En Rosario el miércoles hubo una marcha de los barbijos, y entre las otras pocas manifestaciones colectivas es destacable la de la Garganta Poderosa, que publicó un posteo titulado “Hacen agua por todas partes”. En él, dice la organización villera que “aprovechando el Día del Medio ambiente”, querían recordarle a Rodríguez Larreta que el 70 por ciento de la villa 21–24 sufre emergencia hídrica por falta de presión, que las viviendas desbordan de líquido cloacal y tienen altos niveles de contaminación en el agua.


Un poco más arriba en el mapa pero muy cerca de nuestra necesidad de supervivencia, la Amazonía se enfrenta a una deforestación nunca vista. La extracción sin control del litio en nuestro norte podría anteceder a una sequía sin fin. En la vida real, en los países vecinos, los líderes sociales son asesinados de igual manera que los defensores de los recursos naturales. Los pobres organizados y las comunidades rurales están contemplados como sobrantes de un sistema que sigue avanzando.


En su libro, Elizabet Korbert escribió bajo dos acápites muy bellos, pero hay que hundirse en ellos para entender la dimensión de la que hablan. El primero era de E. O. Wilson: “Si la trayectoria humana encierra algún peligro, no es tanto en la supervivencia de nuestra propia especie como en dar cumplimiento a la ironía última de la evolución orgánica: que en el momento de alcanzar la comprensión de sí misma a través de la mente humana, la vida haya condenado a sus más bellas creaciones”.
Y la siguiente, de Borges: “Siglos y siglos y sólo en el presente ocurren los hechos”.

Publicado enMedio Ambiente
Un descubrimiento sobre el sistema nervioso humano echa por tierra "uno de los dogmas más básicos de la biología"

Científicos israelíes detectaron, a partir del comportamiento de lombrices parasitarias, una manera desconocida de heredar datos neuronales.


El sistema nervioso humano, al igual que el de gran parte de los animales, no está relacionado con el desarrollo fisiológico de sus células germinales. Por eso, en términos simples, no pueden heredarse ni pensamientos ni formas de pensar. Pero un reciente descubrimiento pone esta afirmación en tela de juicio, y para eso se remite a una particular especie de lombrices microscópicas.


Los nemátodos, esos pequeños gusanos en cuestión, también tienen neuronas. Un grupo de científicos de Israel ha demostrado que la actividad individual de sus células, durante la búsqueda de alimentos, se hereda de una generación a otra. Estos estudiosos, de la Universidad de Tel Aviv, afirman haber identificado mecanismos que permiten transmitir mensajes neuronales a las futuras generaciones, sgún un comunicado publicado este jueves.


En las lombrices Caenorhabditis elegans —especie en la que se centró el estudio—, ciertos filamentos del ARN de libre flotación, generados por las neuronas, proveen esa función hereditaria, que afecta la forma en que las generaciones posteriores olfatean su comida.


Ya antes, hace varios años, investigadores de EE.UU. demostraron, también en nemátodos, que algunos segmentos móviles del ARN de dos cadenas, generados por las neuronas, podrían terminar en las células germinales e incluso 'silenciar' algunos de los genes. Sin embargo, no se demostró entonces ningún cambio significativo en el comportamiento de la descendencia.


El equipo israelí dice ahora que, una vez heredados estos fragmentos del ARN neuronal, ciertas características propias del aprendizaje y el comportamiento aparecen no solo en la siguiente generación, sino en varias posteriores.


Para avanzar en sus hipótesis, los investigadores eliminaron un gen clave de la proteína de unión al ARN en el genoma de algunas lombrices. A continuación, pudieron apreciar el papel que desempeña esa proteína ausente en el manejo de fragmentos del ARN, tanto en los nervios como en las células germinales.


Los especímenes genéticamente modificados y su descendencia reaccionaron de forma distinta que el resto de la población ante la presencia de químicos en su alrededor, lo que fue marcadamente visible a diferentes temperaturas. El comunicado de los expertos destaca que este cambio "contradice uno de los dogmas más básicos de la biología moderna", como lo es la ley que establece que la información heredada en la línea germinal debería estar aislada de influencias ambientales.


La versión completa de este artículo científico fue publicada el 6 de junio en la revista Cell.

Publicado: 8 jun 2019 00:54 GMT

Materia orgánica extraterrestre apoya teoría del origen de la vida en la Tierra

Materia orgánica procedente de fuera de la Tierra fue descubierta preservada en una capa delgada de una roca sedimentaria de hace 3 mil 300 millones de años en Sudáfrica.

Este material orgánico extraterrestre está asociado con nanopartículas de espinela de ferrita enriquecidas con níquel y cromo, lo que sugiere un flujo de micrometeoritos durante el periodo Arcaico inicial sobre nuestro planeta.

Los sedimentos, obtenidos de la formación Josefsdal Chert, también contienen materia carbonosa biogénica.

La coexistencia de esas materias en los mismos depósitos sedimentarios resalta los desafíos a los que se enfrenta la investigación para el rastro de vida extinta en Marte, según el estudio, publicado en Science Direct.

El hallazgo, logrado en la formación Gaert Josefsdal en el Cinturón Greestone, de Barberton, apoya la idea de que los productos químicos orgánicos –es decir, basados en carbono– del espacio suministraron algunas de las materias primas para la primera vida en la Tierra.

"Esta es la primera vez que encontramos evidencia real de carbono extraterrestre en rocas terrestres", señaló a New Scientist Frances Westall, del Centro para la Biofísica Molecular del Centro Nacional para la Investigación Científica, institución oficial de Francia.

 

“Si no creamos nuevos antibióticos la gente morirá a los 50 o 60 años, como antes”

La científica alerta de que las resistencias bacterianas provocarán muertes en las edades medias de la vida

La Nobel de Química Ada Yonath se antoja especial nada más verla. Alrededor de la silla de ruedas —el vuelo desde Israel ha maltratado su cadera de cuasi octogenaria— despliega un pequeño caos integrado por un bolso, varios pañuelos de papel, un bastón plegable y una mochila atestada en la que rebusca y que no abandonará ni cuando suba al estrado del encuentro El futuro del envejecimiento, celebrado la pasada semana en Madrid y organizado por la Fundación Ramón Areces. “¿Es que no estás siguiendo la jornada?”, espeta a la periodista, mirando de reojo el monitor donde otros Nobel analizan el gran desafío demográfico del siglo XXI. Sobre esta mujer de ojos de niña cabalga una indómita cabellera rizada gris objeto de debate nacional en su país ante el viaje a Estocolmo en 2009 para recoger el galardón. Todo el mundo quería mandarla a la peluquería. Inevitable pensar en Einstein.

Pregunta. Es usted una mujer pionera...


Respuesta. ¿Puede quitar el término mujer? Soy una científica pionera, pero podría ser un hombre.


P. ¿Ha tenido las mismas oportunidades?


R. No, pero fue porque el proyecto era difícil, no por ser mujer. Durante los 20 años que duró la investigación muchas veces pensamos en dejarlo.


Yonath fue laureada con el Nobel junto a otros dos científicos por el descubrimiento de la estructura y la función del ribosoma, el orgánulo celular que fabrica proteínas al traducir la información del ADN. Desnudó el componente mediante cristalografía, en contra de la opinión de sus colegas. Al año siguiente de publicar el descubrimiento, los equipos que ella dirigía revelaron cómo algunos antibióticos eliminan a las bacterias uniendose a sus ribosomas e impidiendo que fabriquen proteínas. Es una de las cinco mujeres galardonadas entre los 176 hombres premiados en el olimpo de la química.


R. Nunca decidí ser científica. Pasó. Siempre fui muy curiosa. Desde niña, quería saber qué pasaba. Deseaba convertirme en escritora pero sentía que lo que tenía dentro de mí no podía expresarlo bien, así que tiré por la ciencia. Podía pensar y hacer. Más sencillo.


Las becas que la hicieron científica, cuenta con la sorna reconocible en las personas felices, fueron limpiar escaleras, hacer sándwiches o enseñar Matemáticas y Física a sus compañeros de clase en el instituto. Sus padres, inmigrantes polacos en Israel, eran extremadamente pobres.


R. Quería ser profesional, trabajar en una empresa química o dedicarme a la enseñanza. La ciencia era una afición para mí y pensé que nadie iba a pagar por una afición.
P. ¿Sigue siendo una afición?


R. Por supuesto.


P. ¿Qué hace ahora?


R. Lo mismo. En el auditorio dicen que hay una edad para que nos retiremos, pero en Israel hay excepciones y yo soy la excepción.


P. ¿Qué edad tiene?


R. Dentro de un mes cumpliré 21 [risas].


A sus largos 20 sigue nadando y subiendo montañas. Solía celebrar su cumpleaños haciendo regalos a su madre y llevándola a cenar porque considera que era a ella a la que había que honrar. “Ahora que no vive, no haré nada. Será un día normal”. Sigue al frente, a punto de cumplir los 80 años, de un equipo de científicos en el Instituto Weizmann de Israel.


P. ¿Qué tiene que decir sobre la longevidad?


R. La longevidad se disparó gracias a los antibióticos, en la mitad del pasado siglo. Evitó las muertes de quienes no habían cumplido los 50... antes de esa edad murieron Mozart o Kafka... Entonces afloraron las enfermedades relacionadas con la edad como el cáncer o el alzhéimer. Luego se dan fallos de funcionamiento, como la hipertensión que pueden ser controlados. Las farmacéuticas proveen a esos enfermos de medicamentos muy caros que los mantienen con vida. Lo que ocurre es que la gente muere de infecciones. Un tercio de las muertes atribuidas al cáncer en realidad se deben a una gripe normal porque la persona no puede luchar contra ella, ya que su sistema inmune está dañado y los antibióticos no funcionan porque hay resistencias. Los laboratorios no quieren sintetizar nuevos antibióticos, porque son muy caros de fabricar, se venden muy baratos y se utilizan pocos días, no como otros tratamientos caros, como los del cáncer. Y hay resistencias, porque las bacterias son listas, encuentran el camino para sobrevivir.


Los microorganismos resistentes son los nuevos asesinos en serie. Más de 33.000 europeos mueren al año por ese hecho. Un impacto mayor que el del sida, la tuberculosis y la gripe. En casi la mitad de los casos (39%) las bacterias letales fueron inmunes a los antibióticos más recientes.


R. Algunos laboratorios pequeños están mejorando los antibióticos existentes, pero son muy pocos. En los últimos 20 años solo se han desarrollado tres nuevos. No es nada. El último de ellos, uno completamente nuevo, ya tenía resistencias al año de usarse. Las grandes compañías han dejado de hacerlos, pero deben continuar en ello. La longevidad es algo fantástico, pero puede ser detenida por cosas estúpidas.


P. ¿Qué es lo bonito de la investigación?


R. Que es como una afición. Un juego en el que descubres algo nuevo y se lo regalas al mundo. Existe esa montaña de conocimiento y tú tienes una piedra en ella. Es fantástico.


P. ¿Qué le diría a una niña que quiera seguir sus pasos?


R. ¿Le preocupa la niña? A mí, sus madres. Me preocupa la sociedad, que piensa que las mujeres no deben dedicarse a la ciencia. Tenemos que reeducar a los padres.


P. ¿Se ha sentido sola?


R. No por ser mujer. Me he sentido sola en la comunidad científica porque no esperaban los resultados que conseguí. Aunque dicen que si yo fuese un hombre hablarían de mí de una manera menos desagradable. Ahora son más respetuosos, pero todavía algunos dicen que soy una mujer estúpida. Pienso que hay muchos científicos, hombres y mujeres, mejores que yo.

P. ¿Por dónde tendría que ir la investigación con antibióticos?


R. En mi laboratorio estamos buscando posiciones distintas a las habituales que ocupan los antibióticos en las bacterias. Son dianas para las que podamos diseñar antibióticos que penetren a través de ellas. Antibióticos que sean muy específicos para cada patógeno, incluso para cada cepa, que sean absolutamente biodegradables, de tal manera que no contaminen. Y que sepan distinguir entre bacterias dañinas y las que no lo son, la microbiota. No es fácil. Es lo que estamos haciendo. Los laboratorios me odian. Les digo que están tomando malas decisiones al no diseñar nuevos antibióticos, entiendo que necesitan ganancias para sus inversores pero si más y más personas vuelven a morir a los 50 años o a los 60, ya no van a tener consumidores para los tratamientos caros.


Acaba la entrevista. Yonath va a intervenir. Contará que su laboratorio ya ha identificado 25 puntos diana para atacar a las bacterias. El representante de la Fundación Nobel que la acompaña toma la silla de ruedas:

Madrid 27 MAY 2019 - 01:47 COT 
—¿Salimos?
—¿A dónde, a bailar?

El agua llegó a la Tierra con la formación de la Luna, hace 4 mil 400 millones de años

Planetólogos de la Universidad de Münster (Alemania) demostraron, por primera vez, que el agua llegó a la Tierra con la formación de la Luna hace unos 4 mil 400 millones de años.

La Luna se formó cuando la Tierra fue golpeada por un cuerpo del tamaño de Marte, llamado Theia. Hasta ahora, los científicos habían asumido que este último se originó en el sistema solar interior cerca de nuestro planeta.

Sin embargo, los investigadores de Münster ahora tienen elementos para probar que Theia proviene del sistema solar exterior y que entregó grandes cantidades de agua a la Tierra. Los resultados de su estudio se publican en Nature Astronomy.

La Tierra se formó en el sistema solar interior "seco", por lo que es algo sorprendente que tenga agua. Para entenderlo, tenemos que retroceder en el tiempo, cuando el sistema solar se formó hace unos 4 mil 500 millones de años.

Materiales secos y húmedos

A partir de estudios anteriores, se sabe que el sistema solar se estructuró de tal manera que los materiales "secos" se separaron de los "húmedos": los meteoritos llamados "carbonosos", relativamente ricos en agua, provienen del sistema solar exterior, mientras los meteoritos "no carbonosos", más secos, provienen del sistema solar interior.

Si bien los estudios anteriores han demostrado que los materiales carbonosos probablemente fueron los causantes de entregar el agua a la Tierra, se desconocía cuándo y cómo llegaron, y por tanto el agua, llegó a nuestro planeta.

“Hemos utilizado isótopos de molibdeno para responder a esta pregunta, pues permiten distinguir el material carbonoso y el que no lo es, y como tal representa una ‘huella genética’ del material del sistema solar exterior e interior”, explicó Gerrit Budde, del Instituto de Planetología en Münster y autor principal del estudio.

Las mediciones realizadas por los investigadores de Münster muestran que la composición isotópica del molibdeno de la Tierra se encuentra entre las de los meteoritos carbonosos y los que no lo son, lo que demuestra que parte de ese elemento químico en el planeta se originó en el sistema solar exterior. En este contexto, sus propiedades químicas tienen un papel clave porque, como es amante del hierro, la mayor parte está en el núcleo del planeta.

"El molibdeno, al que se puede acceder hoy día en el manto de la Tierra, se origina en las últimas etapas de la formación del planeta, mientras el de las fases anteriores está completamente en el núcleo", sostuvo Christoph Burkhardt, segundo autor del estudio.

Los resultados de los científicos muestran, por primera vez, que el material carbonoso del sistema solar exterior llegó tarde al planeta.

Pero van un paso más allá. Muestran que la mayor parte del molibdeno en el manto de la Tierra fue suministrada por el protoplaneta Theia. Sin embargo, dado que una gran parte de ese elemento en el manto del planeta se origina en el sistema solar exterior, esto significa que ese cuerpo también se formó allí. Según los científicos, la colisión proporcionó material carbonoso suficiente para dar cuenta de la cantidad total de agua en la Tierra.

“Nuestro enfoque es único porque, por primera vez, permite asociar el origen del agua en la Tierra con la formación de la Luna.

"En pocas palabras, sin el satélite probablemente no habría vida en la Tierra", afirmó Thorsten Kleine, profesora de planetología en la Universidad de Münster.

Evidencia química y física

Por otra parte, por primera vez, un estudio interdisciplinario mostró evidencia química, física y material de la formación de agua en la Luna.

Si bien los descubrimientos recientes de sondas como Prospector Lunar y Satélite de Detección y Observación de Cráteres Lunares sugieren la existencia de hielo de agua en los polos del satélite, su origen sigue siendo incierto.

Ralf I. Kaiser y Jeffrey Gillis-Davis, del Intituto de Geofísica y Planetología de Hawai, diseñaron los experimentos para probar la sinergia entre los protones de hidrógeno del viento solar, los minerales lunares y los impactos de micrometeoritos.
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