Hallan en Galápagos tortuga de especie que se creía extinta desde hace un siglo

Vigilantes ecuatorianos y una organización conservacionista estadunidense hallaron una tortuga cuya especie se creía extinta desde hace un siglo en una de las islas del archipiélago de Galápagos.

De acuerdo con un comunicado del Ministerio del Ambiente de Ecuador, la tortuga Chelonoidis phantasticus, hembra de más de cien años, fue encontrada en una zona de vegetación de la isla Fernandina. El hallazgo fue realizado por una expedición conjunta entre la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la organización estadunidense Galapagos Conservancy.
El equipo trasladó al quelónido en una lancha hasta el Centro de Crianza de Tortugas Gigantes en la isla Santa Cruz.


Los investigadores piensan que habría más tortugas de esa especie, porque han encontrado huellas y excremento en otras áreas de la isla Fernandina, la tercera más grande de Galápagos.


El archipiélago de origen volcánico acoge especies únicas en el mundo y endémicas, en especial tortugas gigantes, iguanas marinas, pingüinos, cormoranes no voladores y leones marinos. Fue declarado patrimonio natural de la humanidad en 1979.

Secuencian genoma del tiburón blanco; aporta claves para la salud humana

Detectan mecanismos contra el desarrollo de cáncer, para la curación de heridas y coagulación

En un paso científico importante con implicaciones en la salud humana, investigadores decodificaron el genoma completo del gran tiburón blanco, depredador icónico.

Un equipo liderado por científicos del Centro de Investigación de Tiburones de la Fundación Salvemos Nuestros Mares, de la Universidad Nova del Sureste (UNS) y el Instituto de Investigación Guy Harvey (GHRI), el Colegio de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell, y el Acuario de la Bahía de Monterey, en Estados Unidos, completaron el genoma de ese animal y lo compararon con los de una variedad de otros vertebrados, incluyendo el tiburón ballena gigante y el ser humano.

Los hallazgos se detallan en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. La decodificación del genoma reveló su enorme tamaño (una vez y media el tamaño del genoma humano), así como una gran cantidad de cambios genéticos que podrían estar detrás del éxito evolutivo de los tiburones de gran cuerpo y larga vida.

El gran tiburón blanco es una de las criaturas marinas más reconocidas en la Tierra, generando una gran fascinación pública y atención de los medios. Posee características notables, como su tamaño de 6 metros y peso de cerca de 4 toneladas, además del buceo a unos mil 200 metros de profundidad. También son una gran preocupación para la conservación, debido a su número relativamente bajo en los océanos del mundo.

Los investigadores encontraron sorprendentes cambios específicos que indican adaptación molecular (también conocida como selección positiva) en numerosos genes con funciones importantes en el mantenimiento de la estabilidad del genoma, los mecanismos de defensa genética que contrarrestan la acumulación de daño al material genético de una especie, por tanto, conservando su integridad.

Esos cambios de secuencia adaptativa se hallaron en genes íntimamente relacionados con la reparación, respuesta al daño y tolerancia a éste del ADN, entre otros. El fenómeno opuesto, la inestabilidad, que resulta del daño acumulado en el material genético, se conoce bien por predisponer a los humanos a cánceres y enfermedades relacionadas con la edad.

"No sólo hubo un número sorprendentemente alto de genes de estabilidad del genoma, sino también un enriquecimiento de varios de ellos, destacando la importancia del ajuste genético en el tiburón blanco", afirmó Mahmood Shivji, director del Centro de Investigación de Tiburones de la Fundación Salvemos Nuestros Mares. Dirigió el estudio con Michael Stanhope, de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cornell.

Genes saltarines

También fue notable que el genoma contenía un número muy alto de "genes saltarines" o transposones, y en este caso un tipo específico, conocido como LINE.

"Se sabe que los LINE causan inestabilidad genómica al crear rupturas de doble cadena en el ADN. Es plausible que la proliferación de ellos represente un agente selectivo fuerte para la evolución de mecanismos de reparación eficientes, y se refleja en la selección positiva y el enriquecimiento de tantos genes de estabilidad", sostuvo Stanhope.

El equipo de investigación, que incluyó a científicos de las universidades Estatal de California, de Clemson, y de Oporto (Portugal), así como del Centro Theodosius Dobzhansky de Bioinformática Genética, Rusia, encontró que muchos de los mismos genes de estabilidad del genoma en el gran tiburón blanco también estaban bajo selección positiva y se enriquecieron con el tiburón ballena de gran cuerpo y larga vida.

El descubrimiento de que el tiburón ballena también tenía estas adaptaciones clave de la estabilidad del genoma fue significativo porque, en teoría, el riesgo de desarrollar cáncer debería aumentar tanto con el número de células (cuerpos grandes) como con la vida útil de un organismo: existe un apoyo estadístico para una relación positiva del tamaño del cuerpo y el riesgo de cáncer dentro de una especie. Curiosamente, esto no tiende a resistir entre especies.

Al contrario de lo que se espera, los animales de cuerpo muy grande no padecen cáncer con más frecuencia que los humanos, lo que sugiere que han desarrollado capacidades superiores de protección contra esa enfermedad. Las innovaciones genéticas descubiertas en los genes de estabilidad del genoma en el tiburón blanco y la ballena podrían ser adaptaciones que faciliten la evolución de sus grandes cuerpos y su larga vida útil.

"Decodificar el genoma del tiburón blanco es proporcionar a la ciencia un nuevo conjunto de claves para descubrir misterios persistentes sobre estos depredadores: por qué han prosperado durante unos 500 millones de años, más que casi cualquier vertebrado en la Tierra", afirmó Salvador Jorgensen, del Acuario de la Bahía de Monterey, coautor del estudio.

Además, el genoma reveló otras adaptaciones evolutivas. "Encontramos genes vinculados a algunas de las vías más fundamentales en la curación de heridas, incluso en un gen clave de coagulación", destacó Stanhope.

Los investigadores dicen que acaban de explorar la "punta del iceberg" respecto del genoma del tiburón blanco. "La inestabilidad del genoma es un tema muy importante en muchas enfermedades humanas graves. Ahora descubrimos que la naturaleza ha desarrollado estrategias inteligentes para mantener la estabilidad de los genomas en estos tiburones de gran cuerpo y de larga vida", explicó Shivji.

La OIT, cien años después, trata de definir qué es el trabajo

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) inauguró las festividades que marcarán su centenario a lo largo de este año 2019 y dio a conocer las bases del informe que con el objetivo de medir los desafíos que se avecinan encomendó hace dos años a una Comisión de expertos independientes sobre el futuro del trabajo.

Lo que sorprende del trabajo comenzado es que en la ausencia del mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, el informe naufraga con recomendaciones con un mundo que ya no existe, todo resumido en un fondo de emergencia ambiental


Inicios y presente


Tal vez sea un hecho poco conocido, que la organización del trabajo nació en Versalles. De hecho, la Conferencia de Paz estableció una Comisión sobre el derecho internacional del trabajo y le ordenó que desarrollara la Constitución de una organización internacional permanente. El contexto era por entonces importante para dar una respuesta creíble a la "cuestión del trabajo", aunque el objetivo apenas velado estaba dirigido en particular para contener el riesgo de la internacionalización de la revolución comunista de 1917 que parecía instalarse en Alemania.


Un siglo después, el contexto es totalmente diferente. Con el fin de medir los desafíos que se avecinan, la OIT encomendó a una Comisión de expertos independientes hace dos años que pensara en el futuro del trabajo.


Copresidida por el mandatario de Sudáfrica Ciryl Ramaphosa y el primer ministro de Suecia Stefan Löfven, la Comisión propone una visión de un programa centrado en las personas, basado en la inversión en las capacidades de los individuos, las instituciones laborales y en el trabajo decente y sostenible. Entre las diez recomendaciones se encuentran:


• Una garantía universal de empleo que proteja los derechos fundamentales de los trabajadores garantice un salario que permita un nivel de vida digno, horas de trabajo limitadas y lugares de trabajo seguros y saludables.


• Una protección social garantizada desde el nacimiento hasta la vejez que atienda las necesidades de las personas a lo largo de su ciclo de vida.


• Un derecho universal al aprendizaje permanente que permita que las personas se formen, adquieran nuevas competencias y mejoren sus cualificaciones.


• Una gestión del cambio tecnológico que favorezca el trabajo decente, incluso a través de un sistema de gobernanza internacional de las plataformas digitales de trabajo.
• Mayores inversiones en las economías rurales, verdes y del cuidado.


• Una agenda transformadora y mensurable a favor de la igualdad de género.


• La reestructuración de los incentivos a las empresas a fin de estimular las inversiones a largo plazo.


Este informe es el resultado de un examen realizado a lo largo de 15 meses por los 27 miembros de la Comisión Mundial, constituida por destacadas personalidades del mundo empresarial, laboral y académico, grupos de reflexión y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. 

 

La contracara del informe


Aquellos que esperaban una visión ambiciosa se decepcionarán. El genio de cada experto parece haber disminuido, por no decir silenciado, en este trabajo grupal, ya que el punto de partida y el estado de la realidad están ausentes del informe. Como resultado, el texto flota en la ambigüedad de las buenas intenciones y se hace evidencia misma la falta de cemento en el hormigón del trabajo humano a comienzos del siglo XXI.


Si bien la definición de trabajo adoptada por la OIT abarca toda actividad relacionada con la producción de bienes, servicios individuales y colectivos, el texto de la Comisión sólo se ha centrado en el trabajo remunerado. Deja por fuera dos universos socioeconómicos importantes: por un lado, trabajo remunerado en otros contextos como salarios (independiente e informalidad) y el trabajo que tiene lugar sin (plena) remuneración directa – como el trabajo doméstico.


Recordemos que el trabajo doméstico tan importante en volumen como el trabajo remunerado,– según la OIT, estimaba a 67 millones de personas – es otro aspecto en que la Comisión no aborda realmente, excepto cuando habla del mundo rural en los países en desarrollo. Este silencio tal vez sea menos sorprendente porque esta actividad escapa a toda estadística seria de trabajo, de la misma forma que es ignorada por las estadísticas de producción.


Las estadísticas de la OIT demuestran que, a nivel mundial, la ganancia salarial es menos de la mitad del trabajo remunerado. Si corresponde al 85% de los "puestos de trabajo" (en sentido estadístico) en los países de ingresos altos, la proporción recae en el 25% en los países menos adelantados, donde el servicio público es el principal proveedor de este tipo de trabajo.


El resto es responsabilidad de los trabajadores autónomos y de los miembros de la familia. Incluso si la Comisión pide la ampliación del diálogo social, el aprendizaje permanente, la cobertura universal de la seguridad social, las condiciones de trabajo decente y la garantía de un salario digno para todos, es una brecha abismal en el contexto actual de la locura capitalista.


El 82% de la riqueza mundial generada durante 2018, fue a parar a manos de 26 multimillonarios, el 1% más rico de la población mundial, mientras que el 50% más pobre – 3.700 millones de seres humanos- no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento, según el reciente Informe de Oxfam.


En realidad, el informe de los expertos propone la ampliación al mundo de un modelo que se está agotando en la mayoría de los países como resultado de la "uberización" y la fragmentación del trabajo.


Aunque esté plenamente comprendida en la definición de la labor adoptada por la propia OIT, la Comisión del centenario de la OIT no agota (y lejos está de hacerlo) el problema del futuro del trabajo. Destaca además que la inteligencia artificial, la automatización y la robótica darán lugar a una pérdida de empleos, en la medida que las competencias se volverán obsoletas.


Sin embargo, muchos son los que piensan que estos mismos avances tecnológicos, junto a la ecologización de las economías, también crearán millones de empleos, si se aprovechan las nuevas oportunidades.


Este tipo de diálogo social “puede contribuir a que la globalización nos beneficie a todos”, declaró el primer ministro sueco y copresidente de la Comisión Mundial, Stefan Löfven. “El mundo del trabajo experimenta grandes cambios que crean numerosas oportunidades para más y mejores empleos. Pero los gobiernos, los sindicatos y los empleadores necesitan trabajar juntos a fin de hacer que las economías y los mercados laborales sean más inclusivos”, añadió.


Todo este tufillo de las festividades del centenario de la OIT tiene mucho sabor a la conciliación de clases, cuesta aun admitir, sin tratarnos de trasnochados, que la lucha de clases es un fenómeno que se refiere al eterno conflicto entre las dos clases sociales existentes, entre los que producen y los que no producen, entre los que sin trabajar se adueñan de la producción y excluyen a los que trabajan.


Es la lucha entre explotadores y explotados; entre esos 26 multimillonarios, que destacan los informes, entre ese 1% más rico de la población mundial, que abarca la misma riqueza de 3.700 millones de seres humanos.


La lucha de clases, es decir, la lucha entre el trabajo y el capital no es en absoluto un concepto que pertenece al pasado. En un mundo de creciente desigualdad, es una realidad más pertinente que nunca.


Con la victoria del neoliberalismo, los gobiernos han dejado de actuar como mediadores entre el capital y el trabajo con el objetivo de mitigar la desigualdad. Por lo tanto, los sindicatos que todavía sólo se basan en la idea de asociación, a menudo son incapaces de librar luchas ofensivas. En el mejor de los casos, luchan por mantener el statu quo y, aun así, la mayoría de las veces no tienen éxito.


Por ello se genera un sentimiento, cuasi una necesidad urgente de que se escuchen otras voces en 2019 y puedan proporcionar a la organización con sede en Ginebra otros análisis y otras hipótesis de trabajo con el fin de enfrentar el mundo real de la informalidad, la fragmentación del empleo y el trabajo no pagado directamente, todo en un fondo de emergencia ambiental. Inteligencia Artificial si, robotización sí, …pero aquello de la justicia social, ¿dónde queda?

 

Por Eduardo Camín,  Periodista uruguayo, miembro de la Asociación de Corresponsales de prensa de la ONU. en Ginebra. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la
Rebelión
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La Tierra recibió elementos para la vida de la colisión que creó la Luna

Un estudio de la Universidad Rice, en Houston, Texas, Estados Unidos, sostiene que la Tierra probablemente recibió la mayor parte de su carbono, nitrógeno y otros elementos volátiles esenciales para la vida, de la colisión planetaria que creó la Luna hace más de 4 mil 400 millones de años.

“Desde el estudio de los meteoritos primitivos, los científicos han sabido que la Tierra y otros planetas rocosos en el sistema solar interior están agotados por la volatilidad”, señaló el coautor del estudio Rajdeep Dasgupta. “Sin embargo, el momento y el mecanismo de la entrega volátil se han debatido acaloradamente. El nuestro es el primer escenario que puede explicarlo de manera consistente con todas las pruebas geoquímicas”, precisó.


La evidencia se recopiló a partir de una combinación de experimentos de alta temperatura y alta presión en el laboratorio de Dasgupta, que se especializa en el estudio de reacciones geoquímicas que tienen lugar dentro de un planeta bajo un intenso calor y presión.


En una serie de experimentos, el autor principal del estudio y estudiante graduado Damanveer Grewal reunió elementos para probar una teoría de largo plazo de que los volátiles de la Tierra llegaron de una colisión con un planeta embrionario que tenía un núcleo rico en azufre. El contenido es importante ya que a la desconcertante variedad de evidencia experimental sobre el carbono, el nitrógeno y el azufre que existen en todas las partes de la Tierra que no sean el núcleo.


“El núcleo no interactúa con el resto de la Tierra, pero todo lo que está por encima, el manto, la corteza, la hidrosfera y la atmósfera, están todos conectados”, sostuvo.


Una idea de larga duración acerca de cómo la Tierra recibió sus volátiles fue la teoría del chapado tardío, que los meteoritos ricos en esos elementos, trozos sobrantes de materia primordial del sistema solar exterior, llegaron después de que se formó el núcleo del planeta. Mientras las firmas isotópicas de esos materiales coinciden con objetos primordiales, conocidos como condritas carbonáceas, la proporción elemental de carbono a nitrógeno está desactivada.


El material no central del globo terráqueo, que los geólogos llaman “la Tierra de silicato a granel”, tiene alrededor de 40 partes de carbono por cada una de nitrógeno, aproximadamente el doble de la proporción 20-1 que se ve en las condritas carbonáceas.


Los experimentos de Grewal probaron la idea de que un núcleo planetario rico en azufre podría excluir el carbono o el nitrógeno, o ambos, dejando fracciones mucho mayores de esos elementos en el silicato a granel en comparación con la Tierra.

 

Descubren una "fascinante" y prolífica vida intraterrestre

Washington. Cerca de 70 por ciento de los microbios de la Tierra vive en las profundidades; en rocas que fueron consideradas estériles, pero donde abundan bacterias y organismos unicelulares, según varios científicos que, por primera vez, han estimado la magnitud de esta vida "intraterrestre".

En la cumbre estadunidense de geofísica, en Washington, cientos de investigadores internacionales del programa Deep Carbon Observatory publicaron ayer la suma de sus trabajos, según los cuales la vida profunda representa una masa de entre 15 mil y 23 mil millones de toneladas de carbono.

Esto nunca había sido cuantificado, ya que antes la comunidad científica no disponía de observaciones puntuales.

Los participantes de esta colaboración internacional, que se efectuó durante 10 años, hicieron cientos de perforaciones en continentes y océanos. Un barco japonés perforó 2.5 de kilómetros bajo la placa oceánica, capturando microbios que nunca habían sido observados y estaban en una capa de sedimentos de 20 millones de años.

"Viven por todas partes en los sedimentos", dijo a Afp Fumio Inagaki, de la Agencia japonesa para Ciencias Marinas y de la Tierra. "Están ahí y esperan... todavía no entendemos sus mecanismos para sobrevivir a largo plazo", apuntó.

Dichos organismos habitan varios kilómetros debajo de la superficie, en la corteza terrestre y aparentemente han evolucionado con total independencia de la vida superficial.

"Son nuevas ramas del árbol de la vida que existen en la Tierra desde hace miles de millones de años, sin que nunca las hayamos tenido en cuenta", dijo Karen Lloyd, de la Universidad de Tenesi.

Se trata principalmente de bacterias y microorganismos unicelulares; algunos son zombies, pues utilizan toda su energía para sobrevivir, sin ninguna actividad, en áreas aisladas de la superficie desde tiempos inmemoriales, hace decenas de millones de años o más.

Sometidos a una presión extraordinaria y privados de nutrientes, algunos no se reproducen y carecen de actividad metabólica para recuperarse.

Quimiosíntesis, en lugar de energía solar

Otras bacterias, por el contrario, tienen una cierta actividad y fascinan a los biólogos porque funcionan en un sistema que no tiene nada que ver con la superficie terrestre, donde toda la cadena alimenticia depende de la fotosíntesis, que hace crecer a las plantas y permite nutrirse a un conjunto de organismos.

"Su fuente de energía no es el sol y la fotosíntesis", señaló Bénédicte Menez, responsable del equipo de geomicrobiología del Instituto de Física del Globo de París. "Aquí lo que hace funcionar a las comunidades es la quimiosíntesis, es decir, obtienen su energía de las rocas cuando éstas se alteran".

El récord de las observaciones lo ostenta un organismo unicelular bautizado Geogemma barossii, que ha sido hallado en fuentes hidrotermales en el fondo de los océanos: vive, crece y se reproduce a 121 grados centígrados.

La vida profunda sigue siendo un misterio científico formidable. ¿Cómo se propagan los microbios bajo tierra? ¿Descienden de la superficie o se generan en el interior de ella? ¿Hasta que profundidad hay vida? ¿Cuáles son sus fuentes de energía principales? ¿Metano, hidrógeno, radiaciones naturales...?

"Todavía no se sabe cómo afecta la vida subterránea a la superficial y viceversa", dice Rick Colwell, de la Universidad del Estado de Oregon.

Los humanos acumulan proyectos de explotación del subsuelo profundo para almacenar, por ejemplo,dióxido de carbono o para enterrar proyectos nucleares, pero hasta ahora esos planes consideraban que las profundidades eran "globalmente estériles", dijo Bénédicte Menez. Sin duda las interacciones han sido subestimadas.

Ahora "hay una verdadera toma de conciencia de este impacto de la vida en las profundidades de la Tierra", añade.

El descubrimiento cambia también nuestra percepción sobre otros planetas; por ejemplo, Marte, donde sabemos desde hace años que hay agua líquida pero seguimos buscando indicios de vida.

Saber que a niveles de presión y de temperatura extremos viven algunos microbios "puede ayudarnos a buscar mejor en otros planetas", explica Rick Colwell, quien enseña astrobiología en Oregon.

Halladas herramientas de la primera cultura humana de hace 2,4 millones de años

El descubrimiento, en Argelia, aleja la visión del este de África como cuna exclusiva de la humanidad

 Hace un año, un hombre barbudo con una túnica blanca típica de los salafistas se encaramó a la estatua de una mujer desnuda en una fuente de la ciudad de Sétif, al norte de Argelia. Con un martillo y un cincel, el fanático destruyó la cara y los pechos de la escultura, un monumento emblemático de la urbe desde 1898. Semanas después, en medio de la polémica, una diputada islamista, cubierta con un velo, exigió tapar la estatua con un pañuelo o esconderla en un museo. “Lo que hay que meter en un museo no es la escultura, sino a las personas que sugieren una idea semejante”, sentenció el ministro de Cultura, Azzedine Mihubi.

En el museo de Sétif, efectivamente, no se custodia la estatua de la mujer desnuda, que sigue en la fuente pública, sino un hallazgo que encaja muy mal con las creencias ultrarreligiosas, ya tengan a Alá o a cualquier otro dios como protagonista. Se trata de piedras talladas y huesos de animales con marcas de cortes, que demuestran que ya había humanos arcaicos con herramientas toscas en el norte de África hace 2,4 millones de años, 600.000 antes de lo que se pensaba. El descubrimiento dibuja un escenario evolutivo muy complejo, cada vez más alejado de la tradicional visión de África oriental como cuna exclusiva de la humanidad. “Toda África fue la cuna de la humanidad”, opina el arqueólogo argelino Mohamed Sahnouni , del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos.


Las piedras talladas comenzaron a aparecer en 2006 en el yacimiento de Ain Bucherit, un barranco situado a unos minutos en coche de Sétif. Son cantos de río que los primeros miembros del género Homo golpearían para lograr bordes afilados con los que descuartizar animales similares a antílopes y a cebras. Es el origen de la conducta humana. “Ahora la gran pregunta es quién fabricó estas herramientas”, reflexiona Sahnouni , director del proyecto de investigación de Ain Bucherit. Su hallazgo se publica hoy en la revista Science.
Durante décadas, África oriental se ha considerado la cuna exclusiva de la humanidad y el lugar de invención de las primeras herramientas de piedra. Allí hay yacimientos con cantos tallados de hace entre 2,6 y 1,9 millones de años, como los de Gona, Omo y Hadar, en Etiopía, y los de Turkana Occidental y Kanjera, en Kenia. La primera cultura humana, la Olduvayense, caracterizada por estos cantos tallados, se llama así por la Garganta de Olduvai (Tanzania), nido de estas herramientas de piedra.


A juicio de Sahnouni , los artefactos argelinos de 2,4 millones de años sugieren una rápida expansión por el continente o incluso “un origen múltiple de la cultura humana” en diferentes puntos del norte y el este de África. Los humanos modernos, los Homo sapiens, surgieron mucho después, hace unos 300.000 años. Los restos fósiles más antiguos se han encontrado, precisamente, en el norte de África, en el yacimiento de Jebel Irhud (Marruecos).

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Premian con el Nobel de Química a especialistas que recrearon en el laboratorio los principios de la evolución

Allanaron el camino para producir biocarburantes más limpios y terapias innovadoras

 El premio Nobel de Química se otorgó este miércoles a dos estadunidenses y un británico que se inspiraron en los principios de la evolución y de la selección natural para modificar las propiedades de las enzimas con fines terapéuticos e industriales.

El Nobel premia, con la mitad de la dotación, a la estadunidense Frances H. Arnold, de 62 años, profesora del Instituto Tecnológico de California (Caltech). Es la quinta mujer que recibe el galardón en esta categoría desde 1901.

La otra mitad es para el estadunidense George P. Smith, de 77 años, profesor en la Universidad de Misuri, y el británico Gregory P. Winter, de 67, de la Universidad de Cambridge.

Los tres científicos galardonados "dominaron los principios de la evolución" y allanaron el camino para la producción de nuevos materiales o biocarburantes más limpios, así como a terapias innovadoras, señaló la Real Academia de Ciencias de Suecia.

"Han reproducido los principios de Darwin en probeta. Se han basado en la comprensión de la molécula, que extraemos de los procesos de la evolución, para recrearlos en el laboratorio", precisó en rueda de prensa Claes Gustafsson, presidente del comité Nobel del premio.

La evolución dirigida es un conjunto de tecnologías que permite mejorar una proteína o un ácido nucleico al reproducir artificialmente el proceso natural de la evolución, aunque buscando orientarlo en una dirección elegida.

"Ya podemos explotar los mecanismos de la evolución para producir cosas que el hombre no sabe concebir", afirmaba en 2016 Frances Arnold, cuando recibió el premio Millenium Technology en Finlandia.

"Los descubrimientos de Frances Arnold han permitido crear enzimas que hacen la química más eficaz y ecológica", declaró Göran Hansson, secretario general de la Academia.

Efectos sobre la medicina

Por otro lado, "los descubrimientos de George Smith y Greg Winter tienen un efecto enorme, especialmente sobre la medicina con anticuerpos, con mucho menos consecuencias secundarios y son más eficaces", agregó.

Smith es el padre del método llamado phage display, que desmenuza el funcionamiento de los bacteriófagos –virus que infectan a las bacterias– y el rol de las proteínas en la infección.

En declaraciones a The Associated Press, Smith reconoció la contribución de sus predecesores a sus investigaciones.

"Muy pocos avances en la investigación son novedosos. Casi todos se basan en trabajos anteriores. Es casualidad. Eso ocurrió con mi estudio", señaló. "La mía fue una idea en una línea de investigación que se construyó de forma muy natural sobre líneas de investigación previas".

Smith afirmó que se enteró del premio de madrugada tras recibir una llamada telefónica desde Estocolmo. "¡Es una broma estándar que alguien con acento sueco te llame y diga: has ganado! Pero había mucha carga estática en la línea, sabía que no era uno de mis amigos", señaló.

Gregory Winter utilizó luego esos descubrimientos en ingeniería genética para codificar de forma diferente las proteínas y producir anticuerpos eficaces.

"Estoy conmocionado y contento. Pero sobre todo conmocionado", afirmó Gregory Winter, entrevistado por la agencia de prensa sueca TT. "Espero que hayan hecho buena elección", bromeó.

"Yo era la persona adecuada en el momento adecuado", declaró George Smith, ahora jubilado.

Antes de Frances Arnold, solamente otras cuatro mujeres habían sido galardonadas con el Nobel de Química: Marie Curie (1911), Irène Joliot-Curie (1935), Dorothy Crowfoot Hodgkin (1964) y Ada Yonath (2009).

La medicina abrió el lunes el baile de los Nobel 2018, con el premio a un dueto de investigadores nipo-estadounidenses, James Allison y Tasuku Honjo, honrados por sus trabajos sobre la capacidad del cuerpo a defenderse de los cánceres virulentos, como el de pulmón o el melanoma.

El martes, la canadiense Donna Strickland se convirtió en la tercera mujer en recibir el Premio Nobel de Física, compartido con el francés Gérard Mourou y el estadunidense Arthur Ashkin.

Fueron premiados por haber revolucionado la técnicas de los láser usados en el estudio de lo infinitamente pequeño y en la cirugía ocular.

El Nobel de la Paz será anunciado el viernes en Oslo, antes del premio de Economía, que cerrará la temporada el lunes.

Por primera vez desde 1949, el anuncio del Premio Nobel de Literatura fue postergado un año por la Real Academia Sueca, afectada debido a divisiones internas y a la retirada de varios de sus miembros, lo que le impide funcionar con normalidad.

Los galaronados recibirán el 10 de diciembre una medalla de oro, un diploma y un cheque por más de 900 mil euros, que puede ser dividido en cada categoría entre tres ganadores como máximo.

Identifican descendiente directo de dos especies humanas extintas

A partir de un hueso de 1.5 centímetros, descubren a hija de una neandertal y un denisovano

 

Érase una vez, hace unos 50 mil años, que una neandertal y un denisovano tuvieron una hija... Un minúsculo fragmento de huesos reveló que estas dos especies de la línea de los humanos, ahora extintas, se reprodujeron.


“Es la primera vez que se identifica un descendiente directo de estos dos grupos”, señaló Viviane Slon, del Instituto Max-Planck de Antropología Evolucionista de Leipzig, en Alemania, coautora del estudio publicado este miércoles.


Los denisovanos y los neandertales se separaron hace 400 mil-500 mil años, convirtiéndose en dos especies distintas del género Homo.


Los neandertales desaparecieron hace alrededor 40 mil años. Se desconoce el motivo exacto. Los denisovanos también se extinguieron, pero no se sabe cuándo.


Sin embargo, pruebas de ADN demostraron que ambos dejaron parte de su herencia al Homo sapiens. Las poblaciones asiáticas y amerindias comparten menos de uno por ciento de su material genético con los denisovanos y los aborígenes de Australia o los papúes de Nueva Guinea hasta 5 por ciento.


Asimismo, todos los humanos modernos, excepto los africanos, tienen en su genoma aproximadamente 2 por ciento de ADN legado por los neandertales, lo que demuestra que se pudieron haber producido cruces entre estas especies en un pasado lejano.


La existencia de un descendiente de estas dos especies fue revelada tras el hallazgo de un hueso de 1.5 centímetros, tan pequeño que los científicos no podían decir a primera vista si pertenecía a un homínido o a un animal.

En las montañas de Altai

Descubierto en 2012 en una cueva de las montañas de Altai en Siberia, cerca de la frontera actual entre Rusia y Mongolia, Denny, como lo llamaron los investigadores, pertenecía a una hembra de al menos 13 años, que existió hace alrededor de 50 mil años.


La cueva donde murió Denny ya era famosa porque ahí se encontraron por primera vez restos fósiles del hombre de Denisova. Se trataba de fragmentos de una falange auricular perteneciente a una niña de unos siete años, que demostraron la existencia de este primo del Homo sapiens.


Al analizar a Denny, los genetistas lograron distinguir los cromosomas que la joven heredó de su padre y de su madre. Para ellos no cabe duda: su madre era una neandertal y su padre un denisovano.


“Al principio pensé que había un error en las pruebas”, admitió Svante Pääbo, investigador del Instituto Max-Planck de antropología evolucionista y coautor del estudio publicado en la revista Nature.


Cuando se fueron de África, los neandertales se dispersaron por Europa y el oeste de Asia, mientras los denisovanos se dirigieron hacia el este de Asia.


“Posiblemente los neandertales y los denisovanos no se vieron muchas veces. Pero cuando ocurría, todo apunta a que no tenían prejuicios los unos con los otros”, afirmó Svante Pääbo, quien identificó por primera vez al hombre de Denisova.


“Seguramente se reproducían con frecuencia, mucho más de lo que pensábamos, si no, no habríamos tenido tanta suerte”, concluyó el especialista.

Jueves, 23 Agosto 2018 07:11

A propósito del lenguaje inclusivo

A propósito del lenguaje inclusivo

Entre los muchos datos que la actualidad imprime en el cuerpo social figura sin duda la cuestión del llamado lenguaje inclusivo. Esto es: las propuestas para que el habla reemplace el uso del universal masculino por vocablos cuyas letras no ignoren la diversidad de respuestas frente al enigma de la relación sexual: vaya como ejemplo el uso del todes en lugar del todos. Desde ya la iniciativa ha cosechado apoyos pero también críticas, algunas propias del carácter retrógrado de los nostálgicos del orden patriarcal, pero otras que merecen toda su atención. Por caso quienes opinan que el carácter heteróclito, errático e impredecible de la lengua hace imposible la imposición de cambios surgidos de alguna intencionalidad premeditada por más digna que la misma sea: los cambios –dicen– se dan de manera natural. Argumentos no les faltan, basta recordar la peregrina iniciativa de Gabriel García Márquez: “jubilemos la ortografía, enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites y pongamos racionalidad en el uso de los acentos”, propuesta que por atentar contra la bella irregularidad que los siglos depositaron en la lengua mereció todo tipo de críticas, por cierto muy bien fundamentadas. Sin embargo, quienes dicen que los cambios en la lengua se dan de manera natural olvidan que el reino de lo humano se ha desprendido de la naturaleza precisamente por obra y gracia del lenguaje, esto es: la ley del incesto, ese imperativo moral que al desalojar el instinto hace de la sexualidad humana una incógnita siempre renuente a soluciones definitivas o roles estereotipados. Este y no otro es el motor que empuja la máquina del lenguaje en su errático devenir. Aquí la metáfora del cuerpo social toma todo su alcance: se trata de que una comunidad hablante está compuesta de cuerpos afectados por signos cuya eficacia subvierte las necesidades vitales a manos del goce de la lengua: una tendencia acéfala y caótica de ningún modo ajena al avatar político e histórico de la tragedia humana. Es decir, una voluntad traducida en cuerpos de deseo que violentan el sentido común, desde el seductor e irreverente decir de los poetas hasta los dialectos y modismos que resisten los mandatos de la lengua oficial, para no mencionar las frases lanzadas como si nada que luego, por misteriosas razones, el lenguaje adopta en su cotidiano devenir. De esta forma, lejos de remitirse a la ocurrencia o capricho de algún grupo o institución, el todes –por decir uno de los tantos vocablos inclusivos– bien puede resultar de una voluntad social y política de larga data. Por caso, basta citar el movimiento femenino de Las Preciosas que en la Francia del siglo XVII acuñaran la expresión “me falta la palabra”, testimonio de la inconsistencia del lenguaje para alcanzar el real que sin embargo cierne y altera, a saber: el enigma de la relación sexual que la rica equivocidad de la lengua atesora a pesar del cinismo de tóxicos discursivos como la posverdad. El tiempo dirá si el lenguaje inclusivo se muestra apto para acompañar e incidir en los cambios sociales que la decadencia del orden patriarcal provocan, cae en el olvido, o sucumbe como sinónimo del capricho individualista en que “cada Une hace lo que quiere porque el Otro no existe”.

 

Por Sergio Zabalza, psicoanalista.

Publicado enCultura
Hallan la mitad de la materia ordinaria del universo, tras 12 años de estudios

Hasta ahora había estado perdida; su ubicación era una pregunta abierta para la astronomía. Pero después de 12 años de investigación, un grupo de 21 científicos de seis países encontró entre las galaxias, en forma de filamentos, la mitad de la llamada materia ordinaria del universo con la que está hecho todo lo que vemos, incluidos los seres vivos.

No sabíamos dónde estaba, no se podía haber desintegrado y tendría que estar en algún lado. El estudio fortalece la teoría de la Gran Explosión o Big Bang, que predice cuánta materia ordinaria debió formarse durante el surgimiento del universo, indicó Yair Krongold Herrera, del Instituto de Astronomía (IA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien participó en el hallazgo, publicado recientemente en la revista Nature.


De acuerdo con estimaciones recientes, la materia ordinaria es apenas 4 por ciento de la masa del universo; 23 por ciento está formado por materia oscura y 73 por energía oscura, ambas aún indetectables. Ubicar 50 por ciento de materia ordinaria, hecha de átomos, confirma experimentalmente hipótesis teóricas y ayuda a los astrónomos a tener una pequeña pieza del rompecabezas que describe la estructura cósmica.


Apoyo tecnológico


En su investigación, los astrónomos recurrieron a los telescopios espaciales XMM-Newton, de la Agencia Espacial Europea (ESA), y a Hubble, proyecto conjunto de la estadunidense Nasa y de la primera, así como al terrestre Gran Telescopio Canarias, que opera un consorcio internacional bajo el liderazgo del Instituto de Astrofísica de esa comunidad autónoma española.


Según el experto del IA, hay coincidencia al comparar la cantidad de materia ordinaria predicha por el Big Bang con la información inferida de la luz remanente del universo muy joven (radiación cósmica de fondo); también la hay con la cantidad de materia observada en el universo distante. Pero cuando se trata de distancias más cercanas a nosotros, se pierde paulatinamente evidencia de esta materia.
Además de Yair Krongold, por parte de México participaron Divakara Mayya y Daniel Rosa González, ambos del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica.


La estructura del universo es una telaraña cósmica formada por muchos hilos de gas muy caliente que se entremezclan y a veces se fusionan para crear galaxias. Lo que descubrimos fueron dos filamentos en los que se veía material muy caliente y tenue, explicó.


Se detectaron en rayos X y en ultravioleta. A estas dos miradas desde el espacio, sumaron una tercera desde la Tierra con el Gran Telescopio Canarias.

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