Viralizar la exploración interior y explorar lo viral en tiempos de kairós

Ciertamente vivimos, aunque de formas diferenciadas, una suerte de kairós, a menudo llamado “crisis” con un tono alarmante. Kairós, antiguo dios griego, se distingue de Cronos en que sus poderes hacen alusión a un tiempo cualitativo, imposible de contener en la fragmentación y sucesión cronológica donde nos acostumbramos alojar. Vivir en kairós significa habitar la incertidumbre, allí lo viejo no perece y lo nuevo no ha nacido. Se trata de experimentar eones enteros revueltos en un instante. Cronos suele aparecer como una fuerza avasallante, inevitable, al punto que lo solemos convertir en destino: “debía suceder”. Pero la hiperbolización de Cronos no es nada distinto al engañoso efecto producido por la obliteración cotidiana de Kairós. A fin de cuentas, desde la inmensidad del coliseo romano quién iba a pensar que el imperio no era eterno.

Al habitar el kairós experimentamos un momento sublime. Las categorías del entendimiento intentan capturar, sin éxito, aquello que acontece. No basta un nombre, pero tampoco un saber ni una sola sensación. Todo transcurre como si n vidas vivieran la vida propia,… Y así es. ¿Crisis sanitaria, crisis ecológica, crisis capitalista? Sí y no, eso y mucho más: kairós. De ahí que no necesitemos tecnócratas instruidos o gobernantes iluminados, sino panales u hormigueros de médicos, veterinarios, biólogos, teólogos y chamanes. Kairós, como momento de la experimentación que experimenta de formas desiguales con nos/otros, con lo que hay en nosotros, exige afinar la atención, un poco a la manera del Buda meditativo que, en medio de la vorágine ontológica, encuentra paz. Porque kairós es caos, pero también armonía.

Sin embargo, no se trata de descalzarse y cerrar los ojos en la tranquilidad de nuestro aislado departamento, ya que el Buda, el “iluminado”, puede ser cualquier homeless urbano, selvático, marino o rural. De hecho, a menudo la pobreza económica se ha identificado con la riqueza de espíritu, y también de virus y bacterias. Aquella atención puede exigir quietud o aceleración cinéticas: dime cuál es tu cuerpo y te diré qué política necesitas. El objetivo es acometer desplazamientos en intensidad y no en mera extensión. ¿Qué forma más hábil tendríamos de esquivar cada autoridad, cada voz teorética, por muy práctica que se presente, en tiempos en que los ejércitos de expertos, o legos devenidos expertos, quieren ver el rostro de Cronos en Kairós a través de una crisis incesantemente adjetivada?

Ahora bien, no en virtud de la desapropiación constitutiva de kairós este tiempo presente/ausente, fantasmagórico, deja de ser asimismo crisis. Kairós, como los sofistas ya afirmaban en su época, la cual no deja de ser nuestra, también es el “momento oportuno”. No se medita para alcanzar un nirvana extra-terrestre parecido a un sencillo “morir en paz”, a la manera de los últimos hombres sobre la Tierra, que suelen ser los mismos que fantasean con terraformar Marte y patentar la píldora de la vida eterna, sino con el fin sin teleología de organizar las fuerzas y componer los cuerpos. Kairós puede ser aterrador, pero también fuente inagotable de alegría o esperanza sin espera. No obstante, todo depende del lugar en el que nos encontremos. En el horizonte entonces sobresale una precaución: Buda no quiere huir de su cuerpo hacia un lugar sin lugar y un tiempo uniforme, homogéneo, sino localizar(se) (en) las fuerzas que lo recorren y desbordan, allí donde esté, sea cruzado de piernas sobre la alfombra mágica o pedaleando como domiciliario expuesto a las inclemencias del tiempo, es decir, a la contaminación de los cuerpos que para él o ella no podrán llamarse nunca “ajenos”.

Te propongo, así, sin más, un viaje al centro de la Tierra allí donde te encuentres,… En tiempos de kairós.

Margarita Porete, mística beguina de finales del siglo XIII, fue asesinada por la Iglesia Católica tras haber hecho un viaje al centro de la Tierra, o luego de percatarse, afectivamente, de que el verdadero mensaje de Cristo no es otro que el de la mundanidad de Dios. Porete descubrió, a través de sus prácticas cotidianas, que todo lo existente, cualquier ente, humano o no, es expresión de una misma substancia divina, de una misma fuente de vida. La vida eterna siempre ha estado “bajo nuestros pies”, Dios ha sido el nombre imperfecto para esa energía común, inagotable, que se expresa infinitamente de diversos modos, en diversos cuerpos. Primera ley de la termodinámica. Nuestra muerte es la vida de otros, es expresión del devenir de una Vida sin nombre ni finalidad, pero perfecta, armónica en su andar. El Buda y los viajes chamánicos lo confirman: somos el fluir del agua, el águila sobrevolando y el jaguar acechando. La vitalidad, la potencia de nuestros cuerpos es solo una cantidad intensiva de la energía infinita de Dios, que en Porete vendría a ser lo mismo que decir “Tierra”.

Substancialmente hablando, todos los existentes, trátese de máquinas, humanos, cristales, virus, hongos o bacterias, somos expresión de un mismo impulso vital. La Tierra, esa Diosa de Porete, es a la vez caos y cosmos, orden y desorden. Nuestro viaje al centro de la Tierra nos permite percibir sus múltiples estratos infinitesimalmente organizados, pero también su necesaria esquizofrenia que todo lo revuelve, despedaza y pone a aparear. La Tierra es la Gran Sodomita Universal que pone en contacto reinos disímiles, que nos recuerda constantemente la farsa llamada “identidad”. Antonin Artaud, el actor de la Vida y poeta demente, propuso un nombre para esa Vida que nos vive, para ese cuerpo no endurecido que también somos: CsO o “cuerpo sin órganos”. Años más tarde un par de muchachos franceses popularizarán la idea de Dios o la Tierra como gran CsO, a la par que una abuela yanqui comenzará a pensar lo que luego llamaría Chthuluceno: ese espacio a/morfo, rizomático o tentacular donde todo lo existente se des/compone, a la manera de un baile eterno o del fuego de Heráclito que no cesa de jugar consigo mismo.

Pero basta de referencias grandilocuentes, esta es nuestra primera y última estación de viaje. Nadie logrará arrebatárnosla. Las indicaciones, como es de esperarse, se vuelven confusas. En kairós no se sabe sobre qué estrato de la Tierra nos hallamos. Somos niños vagabundos en busca de un hogar perdido. Gamines ontológicos. Sin embargo, una vez alcanzada la demencia o esquizofrenia característica de la meditación del Buda, es posible discernir cada estrato imbricado sobre el otro en la Gran Sodomita Universal:

El estrato físico-químico, con moléculas jugando y librando batallas entre ellas, componiendo y descomponiendo preciosos cristales.

El estrato orgánico, con sus danzas incansables entre nucleótidos (ADN y ARN) y aminoácidos, fuente de las proteínas y, por ende, néctar de la organización de toda la vida biológica sobre la Tierra.

El estrato aloplástico o antropomorfo, esa suerte de tecnoceno caracterizado por ser una fuerza capaz de modificar radicalmente su medio, su exterior, a través de lo que a menudo se denomina lenguaje y técnica, cuestión que se suele identificar con lo humano, pero lo cierto es que lo humano y lo no humano son quienes lo habitan, aunque a veces lo humano pretenda pastorearlo o domesticarlo.

Y en medio de esa pretensión se forman otros dos estratos: el faloceno y, según enseña Cronos, el más reciente capitaloceno.

Si no poseyéramos la distinción y claridad del Buda confundiríamos los estratos aloplástico, faloceno y capitaloceno con el llamado “Antropoceno” o Época del Hombre, en la cual una indiferenciada humanidad ha devenido fuerza geológica (¡¿cuándo no lo ha sido?!). Tampoco podríamos discernir que todo acontece en el gran Cuerpo sin Órganos de la Tierra y reintroduciríamos las envejecidas dicotomías naturaleza/cultura, humano/animal, masculino/femenino y otras aberraciones “antinaturales” por el estilo que, como demonios espectrales, no dejan de condicionar nuestras vidas diarias. Porque, en efecto, esa naturaleza que no es la Tierra se tiende a ver como una fuerza arrolladora que castiga al ser humano dado su brío posesivo y dominador. ¿No suena esto a un típico castigo del Dios Padre judeo-cristiano, pero invertido? “Pachamama, no los perdones porque saben lo que hacen”, así reza la inversión perfecta, la voluntad agustiniana del siglo XXI, el neoconservadurismo de todos los días. No, los desastres “naturales”, virus y bacterias no son la expresión de una madre colérica ante la rebeldía de sus hijos. Madre que en realidad es la madre del Padre, su contracara o envés.

Tomemos el caso de un virus, uno cualquiera, sin corona ni soberanía. Un virus es la máxima expresión del cruce entre los estratos físico-químico y orgánico en el CsO de la Tierra. No se encuentra ni vivo (orgánicamente hablando) ni muerto. No es una célula, pero tampoco un cristal. Es información (ADN o ARN) en continua mutación con una protoestructura lipídica (grasosa) y de proteínas, esencialmente obtenida de las células a partir de las cuales se replica. Los virus son los culpables, en buena parte, de la diversidad genética que compone los cuerpos orgánicos, sean humanos o no, lo cual ha posibilitado, a su vez, su adaptación. No son existencias arcaicas, fósiles vivientes, sino acorazados paquetes de información que respetan algunos de los principios de la biología evolutiva sin ser entes orgánicamente vivos.

Los virus no son “parásitos”, como los biólogos acostumbran interpretar. Desde el punto de vista de cada virus, él simplemente busca componer su cuerpo con el cuerpo de cierta célula para replicar nuevos cuerpos que, a su vez, difieren de sí mismos. Algunas células rechazan la cópula sodomita, pero otras no se resisten a sus encantos, frenan la apoptosis (muerte programada) y hacen un cuerpo común. A través de ese nuevo cuerpo viro-celular la célula se reproduce y los virus se replican o iteran, es decir, se alteran en la continua repetición. En el caso del virus rey por estos días, el coronavirus SARS-CoV-2, esos nuevos cuerpos resultan entrar en relaciones de descomposición con los demás cuerpos que componen el cuerpo humano, pero no necesariamente es así. Los virus han sido para los humanos, al igual que las bacterias (por ejemplo, las que constituyen la flora bacteriana), fuente de potencia, de vitalidad. El baile de la Vida es en buena parte impredecible, pero sin el caos no habría cosmos posible.

Ahora bien, ¿qué cuerpos mueren y qué cuerpos sobreviven a las bacanales entre el Sars-CoV-2 y las células que no se resisten a su llamado de amor? Cuerpos con particularidades físico-químicas y orgánicas, por supuesto, pero también aloplásticas, falocénicas y capitalocénicas. El Sars-CoV-2 no se replica solo en dos estratos, lo hace en un mundo donde los animales llamados silvestres y domésticos se producen y circulan guiados por la ley del Capital, que no es otra cosa que la continua reorganización de cuerpos y de límites entre la vida y la muerte dada la prisa por inaugurar nuevos ciclos de acumulación o proliferación indefinida de valor. En otras palabras, el Sars-CoV-2 no se puede abstraer de los dispositivos especistas que actualmente se encuentran al servicio del Capital y que tienen un papel activo en la proliferación de esta y muchas otras epidemias y pandemias: “gripe porcina”, “gripe aviar”, “vacas locas” (causada por priones), Ébola, VIH, etc. Pero tampoco se puede abstraer del faloceno o estrato patriarcal, el cual inauguró, de diversos modos, la producción de “naturalezas baratas” y la posibilidad de su posesión, empezando por los cuerpos de las mujeres y extendiéndose a todos los seres históricamente “naturalizados”: niños, indígenas, proletarios, dementes, perversos, lumpen, animales, plantas, ríos y bosques. Faloceno y Capitaloceno son los estratos de Dios Padre, en ellos mueren prematuramente, sobre todo, los de siempre, y se genera la ficción de que las propiedades aloplásticas (técnicas) no son sino instrumentos para el control de la Tierra. No es casual, pues, que las tecnologías de disciplinamiento y control adquieran un papel protagónico en estos tiempos de “crisis”.

Este viaje, de repente, se ha tornado demasiado largo, algo pesado y tedioso, temo no poder retornar. Ya no estoy en capacidad de continuar. La voz teórica se empieza a apropiar de la experiencia en medio del kairós y de eso ya tenemos bastante, lo cual está muy bien. Te propongo que inicies tu propio viaje al centro de la Tierra, y que juntos organicemos las fuerzas y compongamos las alegrías para el presente por-venir.

*Una Anémona de Mar, Año 0 d.C.

 

Periódico desdeabajo Nº267, pdf interactivo

 

 

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Viralizar la exploración interior y explorar lo viral en tiempos de kairós

Ciertamente vivimos, aunque de formas diferenciadas, una suerte de kairós, a menudo llamado “crisis” con un tono alarmante. Kairós, antiguo dios griego, se distingue de Cronos en que sus poderes hacen alusión a un tiempo cualitativo, imposible de contener en la fragmentación y sucesión cronológica donde nos acostumbramos alojar. Vivir en kairós significa habitar la incertidumbre, allí lo viejo no perece y lo nuevo no ha nacido. Se trata de experimentar eones enteros revueltos en un instante. Cronos suele aparecer como una fuerza avasallante, inevitable, al punto que lo solemos convertir en destino: “debía suceder”. Pero la hiperbolización de Cronos no es nada distinto al engañoso efecto producido por la obliteración cotidiana de Kairós. A fin de cuentas, desde la inmensidad del coliseo romano quién iba a pensar que el imperio no era eterno.

Al habitar el kairós experimentamos un momento sublime. Las categorías del entendimiento intentan capturar, sin éxito, aquello que acontece. No basta un nombre, pero tampoco un saber ni una sola sensación. Todo transcurre como si n vidas vivieran la vida propia,… Y así es. ¿Crisis sanitaria, crisis ecológica, crisis capitalista? Sí y no, eso y mucho más: kairós. De ahí que no necesitemos tecnócratas instruidos o gobernantes iluminados, sino panales u hormigueros de médicos, veterinarios, biólogos, teólogos y chamanes. Kairós, como momento de la experimentación que experimenta de formas desiguales con nos/otros, con lo que hay en nosotros, exige afinar la atención, un poco a la manera del Buda meditativo que, en medio de la vorágine ontológica, encuentra paz. Porque kairós es caos, pero también armonía.

Sin embargo, no se trata de descalzarse y cerrar los ojos en la tranquilidad de nuestro aislado departamento, ya que el Buda, el “iluminado”, puede ser cualquier homeless urbano, selvático, marino o rural. De hecho, a menudo la pobreza económica se ha identificado con la riqueza de espíritu, y también de virus y bacterias. Aquella atención puede exigir quietud o aceleración cinéticas: dime cuál es tu cuerpo y te diré qué política necesitas. El objetivo es acometer desplazamientos en intensidad y no en mera extensión. ¿Qué forma más hábil tendríamos de esquivar cada autoridad, cada voz teorética, por muy práctica que se presente, en tiempos en que los ejércitos de expertos, o legos devenidos expertos, quieren ver el rostro de Cronos en Kairós a través de una crisis incesantemente adjetivada?

Ahora bien, no en virtud de la desapropiación constitutiva de kairós este tiempo presente/ausente, fantasmagórico, deja de ser asimismo crisis. Kairós, como los sofistas ya afirmaban en su época, la cual no deja de ser nuestra, también es el “momento oportuno”. No se medita para alcanzar un nirvana extra-terrestre parecido a un sencillo “morir en paz”, a la manera de los últimos hombres sobre la Tierra, que suelen ser los mismos que fantasean con terraformar Marte y patentar la píldora de la vida eterna, sino con el fin sin teleología de organizar las fuerzas y componer los cuerpos. Kairós puede ser aterrador, pero también fuente inagotable de alegría o esperanza sin espera. No obstante, todo depende del lugar en el que nos encontremos. En el horizonte entonces sobresale una precaución: Buda no quiere huir de su cuerpo hacia un lugar sin lugar y un tiempo uniforme, homogéneo, sino localizar(se) (en) las fuerzas que lo recorren y desbordan, allí donde esté, sea cruzado de piernas sobre la alfombra mágica o pedaleando como domiciliario expuesto a las inclemencias del tiempo, es decir, a la contaminación de los cuerpos que para él o ella no podrán llamarse nunca “ajenos”.

Te propongo, así, sin más, un viaje al centro de la Tierra allí donde te encuentres,… En tiempos de kairós.

Margarita Porete, mística beguina de finales del siglo XIII, fue asesinada por la Iglesia Católica tras haber hecho un viaje al centro de la Tierra, o luego de percatarse, afectivamente, de que el verdadero mensaje de Cristo no es otro que el de la mundanidad de Dios. Porete descubrió, a través de sus prácticas cotidianas, que todo lo existente, cualquier ente, humano o no, es expresión de una misma substancia divina, de una misma fuente de vida. La vida eterna siempre ha estado “bajo nuestros pies”, Dios ha sido el nombre imperfecto para esa energía común, inagotable, que se expresa infinitamente de diversos modos, en diversos cuerpos. Primera ley de la termodinámica. Nuestra muerte es la vida de otros, es expresión del devenir de una Vida sin nombre ni finalidad, pero perfecta, armónica en su andar. El Buda y los viajes chamánicos lo confirman: somos el fluir del agua, el águila sobrevolando y el jaguar acechando. La vitalidad, la potencia de nuestros cuerpos es solo una cantidad intensiva de la energía infinita de Dios, que en Porete vendría a ser lo mismo que decir “Tierra”.

Substancialmente hablando, todos los existentes, trátese de máquinas, humanos, cristales, virus, hongos o bacterias, somos expresión de un mismo impulso vital. La Tierra, esa Diosa de Porete, es a la vez caos y cosmos, orden y desorden. Nuestro viaje al centro de la Tierra nos permite percibir sus múltiples estratos infinitesimalmente organizados, pero también su necesaria esquizofrenia que todo lo revuelve, despedaza y pone a aparear. La Tierra es la Gran Sodomita Universal que pone en contacto reinos disímiles, que nos recuerda constantemente la farsa llamada “identidad”. Antonin Artaud, el actor de la Vida y poeta demente, propuso un nombre para esa Vida que nos vive, para ese cuerpo no endurecido que también somos: CsO o “cuerpo sin órganos”. Años más tarde un par de muchachos franceses popularizarán la idea de Dios o la Tierra como gran CsO, a la par que una abuela yanqui comenzará a pensar lo que luego llamaría Chthuluceno: ese espacio a/morfo, rizomático o tentacular donde todo lo existente se des/compone, a la manera de un baile eterno o del fuego de Heráclito que no cesa de jugar consigo mismo.

Pero basta de referencias grandilocuentes, esta es nuestra primera y última estación de viaje. Nadie logrará arrebatárnosla. Las indicaciones, como es de esperarse, se vuelven confusas. En kairós no se sabe sobre qué estrato de la Tierra nos hallamos. Somos niños vagabundos en busca de un hogar perdido. Gamines ontológicos. Sin embargo, una vez alcanzada la demencia o esquizofrenia característica de la meditación del Buda, es posible discernir cada estrato imbricado sobre el otro en la Gran Sodomita Universal:

El estrato físico-químico, con moléculas jugando y librando batallas entre ellas, componiendo y descomponiendo preciosos cristales.

El estrato orgánico, con sus danzas incansables entre nucleótidos (ADN y ARN) y aminoácidos, fuente de las proteínas y, por ende, néctar de la organización de toda la vida biológica sobre la Tierra.

El estrato aloplástico o antropomorfo, esa suerte de tecnoceno caracterizado por ser una fuerza capaz de modificar radicalmente su medio, su exterior, a través de lo que a menudo se denomina lenguaje y técnica, cuestión que se suele identificar con lo humano, pero lo cierto es que lo humano y lo no humano son quienes lo habitan, aunque a veces lo humano pretenda pastorearlo o domesticarlo.

Y en medio de esa pretensión se forman otros dos estratos: el faloceno y, según enseña Cronos, el más reciente capitaloceno.

Si no poseyéramos la distinción y claridad del Buda confundiríamos los estratos aloplástico, faloceno y capitaloceno con el llamado “Antropoceno” o Época del Hombre, en la cual una indiferenciada humanidad ha devenido fuerza geológica (¡¿cuándo no lo ha sido?!). Tampoco podríamos discernir que todo acontece en el gran Cuerpo sin Órganos de la Tierra y reintroduciríamos las envejecidas dicotomías naturaleza/cultura, humano/animal, masculino/femenino y otras aberraciones “antinaturales” por el estilo que, como demonios espectrales, no dejan de condicionar nuestras vidas diarias. Porque, en efecto, esa naturaleza que no es la Tierra se tiende a ver como una fuerza arrolladora que castiga al ser humano dado su brío posesivo y dominador. ¿No suena esto a un típico castigo del Dios Padre judeo-cristiano, pero invertido? “Pachamama, no los perdones porque saben lo que hacen”, así reza la inversión perfecta, la voluntad agustiniana del siglo XXI, el neoconservadurismo de todos los días. No, los desastres “naturales”, virus y bacterias no son la expresión de una madre colérica ante la rebeldía de sus hijos. Madre que en realidad es la madre del Padre, su contracara o envés.

Tomemos el caso de un virus, uno cualquiera, sin corona ni soberanía. Un virus es la máxima expresión del cruce entre los estratos físico-químico y orgánico en el CsO de la Tierra. No se encuentra ni vivo (orgánicamente hablando) ni muerto. No es una célula, pero tampoco un cristal. Es información (ADN o ARN) en continua mutación con una protoestructura lipídica (grasosa) y de proteínas, esencialmente obtenida de las células a partir de las cuales se replica. Los virus son los culpables, en buena parte, de la diversidad genética que compone los cuerpos orgánicos, sean humanos o no, lo cual ha posibilitado, a su vez, su adaptación. No son existencias arcaicas, fósiles vivientes, sino acorazados paquetes de información que respetan algunos de los principios de la biología evolutiva sin ser entes orgánicamente vivos.

Los virus no son “parásitos”, como los biólogos acostumbran interpretar. Desde el punto de vista de cada virus, él simplemente busca componer su cuerpo con el cuerpo de cierta célula para replicar nuevos cuerpos que, a su vez, difieren de sí mismos. Algunas células rechazan la cópula sodomita, pero otras no se resisten a sus encantos, frenan la apoptosis (muerte programada) y hacen un cuerpo común. A través de ese nuevo cuerpo viro-celular la célula se reproduce y los virus se replican o iteran, es decir, se alteran en la continua repetición. En el caso del virus rey por estos días, el coronavirus SARS-CoV-2, esos nuevos cuerpos resultan entrar en relaciones de descomposición con los demás cuerpos que componen el cuerpo humano, pero no necesariamente es así. Los virus han sido para los humanos, al igual que las bacterias (por ejemplo, las que constituyen la flora bacteriana), fuente de potencia, de vitalidad. El baile de la Vida es en buena parte impredecible, pero sin el caos no habría cosmos posible.

Ahora bien, ¿qué cuerpos mueren y qué cuerpos sobreviven a las bacanales entre el Sars-CoV-2 y las células que no se resisten a su llamado de amor? Cuerpos con particularidades físico-químicas y orgánicas, por supuesto, pero también aloplásticas, falocénicas y capitalocénicas. El Sars-CoV-2 no se replica solo en dos estratos, lo hace en un mundo donde los animales llamados silvestres y domésticos se producen y circulan guiados por la ley del Capital, que no es otra cosa que la continua reorganización de cuerpos y de límites entre la vida y la muerte dada la prisa por inaugurar nuevos ciclos de acumulación o proliferación indefinida de valor. En otras palabras, el Sars-CoV-2 no se puede abstraer de los dispositivos especistas que actualmente se encuentran al servicio del Capital y que tienen un papel activo en la proliferación de esta y muchas otras epidemias y pandemias: “gripe porcina”, “gripe aviar”, “vacas locas” (causada por priones), Ébola, VIH, etc. Pero tampoco se puede abstraer del faloceno o estrato patriarcal, el cual inauguró, de diversos modos, la producción de “naturalezas baratas” y la posibilidad de su posesión, empezando por los cuerpos de las mujeres y extendiéndose a todos los seres históricamente “naturalizados”: niños, indígenas, proletarios, dementes, perversos, lumpen, animales, plantas, ríos y bosques. Faloceno y Capitaloceno son los estratos de Dios Padre, en ellos mueren prematuramente, sobre todo, los de siempre, y se genera la ficción de que las propiedades aloplásticas (técnicas) no son sino instrumentos para el control de la Tierra. No es casual, pues, que las tecnologías de disciplinamiento y control adquieran un papel protagónico en estos tiempos de “crisis”.

Este viaje, de repente, se ha tornado demasiado largo, algo pesado y tedioso, temo no poder retornar. Ya no estoy en capacidad de continuar. La voz teórica se empieza a apropiar de la experiencia en medio del kairós y de eso ya tenemos bastante, lo cual está muy bien. Te propongo que inicies tu propio viaje al centro de la Tierra, y que juntos organicemos las fuerzas y compongamos las alegrías para el presente por-venir.

*Una Anémona de Mar, Año 0 d.C.

 

Periódico desdeabajo Nº267, pdf interactivo

 

 

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Publicado enEdición Nº267
La NASA instalará taller robotizado de reparaciones afuera de la Estación Espacial Internacional

La NASA diseñó un garaje acondicionado para robots, denominado RiTS (siglas en inglés de Robotic Tool Stowage), que será instalado en el exterior de la Estación Espacial Internacional (EEI).

Es una unidad de almacenamiento de protección para herramientas robóticas críticas, cuyo envío estaba previsto en la misión de reabastecimiento de Space X, fijada para ayer.

Sus primeros residentes serán dos robots diseñados para buscar fugas de la estación, que son capaces de detectar la presencia de gases como el amoníaco. Las herramientas robóticas están a bordo de la estación en este momento, informa la NASA.

“Para cada una de sus herramientas almacenadas, RiTS proporcionará protección térmica y física contra la radiación y los micrometeroides o pequeños objetos de alta velocidad que se precipitan por el espacio”, dijo Mark Neuman, gerente de hardware de RiTS.

El sistema térmico de la unidad de alojamiento mantiene temperaturas ideales para los instrumentos, ayudándolos a mantenerse funcionales, según Neuman. Además, ayudará al brazo robótico de la estación espacial Dextre a localizar, tomar y volver a colocar fácilmente esas herramientas.

La implementación de robots de detección suele llevar mucho más tiempo cuando la herramienta no está almacenada externamente. Una vez fuera de la estación, esos detectores necesitan esperar 12 horas para limpiarse del vapor de agua y otros gases del interior de la terminal.

“Este hardware reducirá significativamente el tiempo y el costo para que la tripulación de la estación implemente capacidades de detección de fugas utilizando Dextre”, dijo Chris Craw, líder de Integración de Sistemas de la NASA.

Después de más de 40 años de viaje y casi 18 mil millones de kilómetros, la nave abandonó la burbuja protectora del Sol para ingresar a la región entre las estrellas, haciendo observaciones valiosas sobre el límite entre estos dos mundos.Foto Afp

Es el segundo aparato humano en hacerlo desde el espacio interestelar

 

Nueva York. La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) recibió el primer mensaje enviado por la sonda Voyager 2 desde el exterior del sistema solar; es el segundo aparato humano que consigue hacerlo desde el espacio interestelar, aunque con datos mucho más detallados que los de su predecesora y nave gemela, la Voyager 1. La señal tardó más de 16 horas en llegar a la Tierra.

"¡Dos señales del espacio interestelar! Un nuevo estudio revela lo que los instrumentos de la nave han hallado tras cruzar la frontera cósmica donde termina el entorno creado por nuestro Sol y comienza el vasto océano del espacio", explicó la NASA a través de su cuenta en Twitter.

Paradas en Urano y Neptuno

La frontera de la heliosfera se encuentra a unos 20 mil millones de kilómetros de la Tierra y el Voyager 2 la alcanzó más de 40 años después de su lanzamiento. La nave partió un mes antes que su gemela, pero salió de la "burbuja solar" seis años después debido a que su ruta tenía paradas en Urano y Neptuno.

"No sabíamos cómo era de grande la burbuja y evidentemente ni si la nave podría sobrevivir lo suficiente para alcanzar la frontera de la burbuja y penetrar en el espacio interestelar", señaló Ed Stone, profesor del Instituto de Tecnología de California (CalTech), quien trabaja en la misión desde antes de su lanzamiento, en 1977.

Tras salir de la heliosfera se dejan atrás las partículas cargadas procedentes del Sol para quedar en un vacío en el que sólo se nota el frío viento interestelar procedente de una supernova que explosionó hace millones de años. Antes se creía que este viento solar se disiparía gradualmente con la distancia, pero la Voyager 1 confirmó que había una frontera definida por una súbita reducción de la temperatura y un incremento de la densidad en las partículas cargadas, el plasma.

La Voyager 2 dará muchos más datos que su gemela, porque un instrumento clave diseñado para indagar las cualidades del plasma que se rompió en 1980 en la sonda pionera. Los resultados se publican en cinco artículos distintos en la revista Nature Astronomy y revelan una frontera de la heliosfera mucho más definida de lo que se pensaba.

Además, apuntan a que "la heliosfera es simétrica, al menos en los dos puntos de cruce de las sondas", según Bill Kurth, coautor de uno de los cinco artículos, lo que alimentaría la hipótesis de una forma esférica frente a los que creen que es más como la estela de un cometa. "Es como observar a un elefante con un microscopio", relató.

El plutonio que alimenta las sondas Voyager se agotará previsiblemente a mediados de la década de 2020, pero seguirán con sus trayectorias. "Las dos naves sobrevivirán a la Tierra. Están en órbita en torno a la galaxia y durarán 5 mil millones de años, o más. La probabilidad de que se estrellen contra algo es prácticamente cero", concluyó Kurth.

Estudios anteriores de otro sistema estelar, el más cercano a la Tierra a unos 4,2 años luz, demostraron que sus planetas no podrían albergar vida debido a la volatilidad de la estrella. Foto: RT.

Investigadores de diversos países de Europa y uno de Chile han presentado evidencias de la existencia de tres exoplanetas posiblemente habitables. Estos planetas se encuentran orbitando a la estrella GJ1061, que es considerado el vigésimo sistema estelar más próximo a la Tierra, informa el portal Phys.org.

Durante su investigación los científicos estudiaron la estrella GJ1061 para determinar si tiene planetas y si estos podrían albergar vida. Estudios anteriores de otro sistema estelar, el más cercano a la Tierra a unos 4,2 años luz y denominado Próxima Centauri, demostraron que sus planetas no podrían albergar vida debido a la volatilidad de la estrella.

El sistema estelar GJ1061, que se encuentra aproximadamente a unos 17,5 años luz de distancia, es considerado como una estrella pequeña, de menor masa y de baja volatilidad, lo que podría apuntar a la existencia de planetas habitables en su órbita.

Haciendo uso de datos obtenidos por el Observatorio Europeo Austral (ESO) ubicado en Chile, el equipo de científicos halló evidencia de la existencia de tres planetas y posiblemente de un cuarto. Para esto utilizaron el método de velocidad radial, que consiste en observar pequeñas oscilaciones en la órbita de una estrella, lo que significa que la gravedad de un planeta tira de ella.

Los estudios demostraron que los tres planetas son un poco más grandes que la Tierra y que orbitan cerca de su estrella. Los científicos se interesaron especialmente en uno de ellos denominado planeta d, y descubrieron que este tardó tan solo 13 días en completar una vuelta alrededor de su estrella, lo que lo coloca en la zona que podría ser habitable.

Sin embargo, explicaron que desafortunadamente este tipo de estrellas tienden a tener una historia volátil. Eso significaría que el planeta d recibió una gran cantidad de radiación por millones de años y probablemente no albergue vida en este momento.

25 agosto 2019 

(Con información de RT)

Fedor fue lanzado al espacio en una nave Soyuz // Pondrá a prueba sus capacidades en condiciones de gravedad muy baja

Rusia envió este jueves al espacio a Fedor, su primer robot humanoide, que efectuará una estadía experimental de 10 días en la Estación Espacial Internacional (EEI) con el objetivo de usar estas máquinas en la exploración.

"¡Vamos! ¡Vamos!", afirmó el robot en ruso en el momento del despegue, evocando una famosa expresión de Yuri Gagarin durante el primer viaje espacial del hombre, en 1961.

Fedor, que lleva el número de identificación Skybot F850, partió este jueves, a las 6:38 horas de Moscú (3:38 GMT), a bordo de un cohete Soyouz, lanzado desde el cosmódromo ruso de Baikonur, en Kazajistán.

En otro video difundido por la agencia espacial Roscosmos se veía al robot a bordo de la nave espacial con una pequeña bandera rusa en la mano.

Fedor debe en principio llegar a la EEI el sábado y permanecer 10 días, hasta el 7 de septiembre.

El cohete utilizado en el lanzamiento está equipado con un nuevo sistema de control digital y motores de nueva generación.

El robot, con cuerpo antropomórfico plateado, mide 1.80 metros y pesa 160 kilos. Fedor es un nombre ruso y también una sigla en inglés que significa Final Experimental Demonstration Object Research.

Fedor dispone de cuentas en las redes sociales Instagram y Twitter, en las que se narra su vida diaria y sus proezas, como aprender a abrir una botella de agua.

A bordo de la EEI, el robot llevará a cabo diferentes labores bajo supervisión del cosmonauta ruso Alexander Skvortsov, quien se unió al equipo de la central el mes pasado, según la agencia de noticias RIA Novosti.

Fedor pondrá a prueba sus capacidades en condiciones de gravedad muy baja. Una de sus principales habilidades es imitar los movimientos humanos, por lo que podrá ayudar a los astronautas a llevar a cabo sus tareas, sobre todo las que tengan que ser realizadas en condiciones muy difíciles.

Tareas secretas

"Deberá llevar a cabo cinco o seis tareas secretas", explicó el miércoles Evgueni Dudorov, responsable de la empresa que creó a Fedor, según la misma fuente.

Sus operaciones lo obligarán a manejar un destornillador y llaves, precisó Alexander Bloshenko, director de programas prometedores en Roscosmos, en una entrevista con el diario Rossiyskaya Gazeta.

En abril de 2017, un video difundido por medios rusos mostraba un prototipo de Fedor que disparaba a una diana con una pistola en cada mano.

Moscú se defendió entonces de querer “crear un Terminator”, aunque reconoció que la "robótica de combate resulta clave para la creación de máquinas inteligentes".

Fedor no es el primer robot que visita el espacio exterior.

En 2011, la NASA envió al espacio a un robot humanoide llamado Robonaut 2, desarrollado en cooperación con General Motors, con el mismo objetivo de ponerlo a trabajar en un entorno de alto riesgo.

Regresó a la Tierra en 2018 debido a problemas técnicos.

En 2013, Japón lanzó un pequeño robot, Kirobo, coincidiendo con la llegada del primer comandante japonés de la EEI, Koichi Wakata.

Kirobo era capaz de hablar, pero sólo en japonés.

Más allá de esta misión específica, las autoridades rusas, para quienes la conquista del espacio es una cuestión estratégica, no esconden sus ambiciones para Fedor y sus futuros hermanos.

Estas máquinas podrían llevar a cabo peligrosas operaciones, como las salidas al espacio, explicó Bloshenko a RIA Novosti.

El patriótico director de Roscosmos, Dmitri Rogozin, mostró en agosto fotos de Fedor al presidente Vladimir Putin, presentando al robot como un "asistente de la tripulación" de la EEI.

NASA: regreso a la Luna en 2024 preludiará la llegada del primer hombre a Marte en 2033

Washington. El regreso de astronautas estadunidenses a la Luna, anunciado recientemente para 2024, estará destinado a preparar la llegada del primer humano a Marte en 2033, informó este martes Jim Bridenstine, administrador de la NASA.

"Queremos arribar a Marte en 2033", declaró en una audiencia en el Congreso estadunidense.

"Podemos avanzar en el aterrizaje en Marte avanzando en el de la Luna, es el banco de pruebas", afirmó el ex parlamentario republicano nombrado por Donald Trump.

La NASA está con prisas desde que la semana pasada el presidente estadunidense, a través del vicepresidente, Mike Pence, adelantó cuatro años el calendario de regreso a la Luna, de 2028 a 2024, último año de un eventual segundo mandato de Trump.

Muchos expertos y legisladores del Congreso dudan de las capacidades de la NASA para cumplir esta nueva fecha límite por los retrasos en el desarrollo del cohete de las misiones lunares, el Space Launch System o (SLS), construido por Boeing.

Una misión para Marte durará al menos dos años a causa de la distancia, ya que solamente el trayecto de ida dura seis meses, frente a los tres días que hacen falta para ir a la Luna.

La ida y vuelta a Marte sólo se puede hacer cuando el planeta rojo está situado en el mismo lado del Sol que la Tierra, aproximadamente cada 26 meses.

En 2017, una ley de financiación de la NASA dispuso 2033 como fecha de lanzamiento de la primera misión habitada a Marte, pero la agencia espacial hablaba en general de "los años 2030" en sus comunicaciones de los meses pasados.

La agencia quiere aprender a extraer y explotar las toneladas de hielo que hay en el polo sur de la Luna. "Representa aire para respirar, agua para beber, carburante", aseguró Bridenstine.

Probar que podemos vivir en otro mundo, el objetivo

"El objetivo no es solamente llevar humanos a la superficie lunar, sino probar que podemos vivir y trabajar en otro mundo", agregó.

"De acuerdo, ¿y cuánto dinero necesitaremos?", preguntó Eddie Bernice Johnson, presidenta de la comisión de Ciencias de la Cámara de Representantes.

El jefe de la NASA prometió actualizar su solicitud presupuestaria antes del 15 de abril.

Por otro lado, la agencia espacial advirtió que la prueba realizada por India en el espacio dejó más de 400 piezas de desechos, lo que pone en riesgo a la Estación Espacial Internacional (EEI) y la seguridad de los astronautas que ahí viven.

"Es inaceptable y la NASA debe ser muy clara sobre cual es su impacto en nosotros", afirmó Bridenstine.

El misil lanzado el pasado 27 de marzo por India fue una prueba para eliminar un satélite antiguo, acción que dejó flotando más de 400 piezas de diferentes tamaños, recordó.

Del total, más de 60 piezas tienen un tamaño mayor a los de 15 centímetros, además unos 24 fragmentos quedaron sobre la EEI, lo que representa un peligro para la central.

El primer ministro de India, Narendra Modi, refirió que la Mision Shatki fue un éxito, que sumó al país asiático a la lista de países que han realizado esta prueba, entre ellos Estados Unidos, Rusia y China.

India se volvió una "potencia espacial de élite" al utilizar con éxito el sistema antisatélite. "Hará que la nación sea más fuerte, incluso más segura y promoverá la paz y la armonía", destacó Modi.

De acuerdo con reportes de prensa, los expertos de la India estudiaron antes la prueba para que la explosión no afectara a los otros instrumentos que están en órbita y evitar que los escombros cayeran a la Tierra.

Según la NASA, el riesgo para la EEI aumentó 44 por ciento desde que se realizó la prueba, por lo que Bridestine apuntó que la vida de los astronautas estará resguardada por ellos y que si es necesario la central podría moverse un poco para evitar los escombros.

Spherex: un telescopio para encontrar vida extraterrestre

El telescopio estudiará cientos de millones de galaxias, algunas tan lejanas que su luz ha tardado 10 mil millones de años en llegar a la Tierra.

 


Encontrar vida más allá de la Vía Láctea es el gran objetivo de Spherex, el nuevo telescopio de la NASA que analizará en torno a 300 millones de estrellas en otras galaxias.
El proyecto está pensado para 2023, y su objetivo es el de lanzarse en busca de conocimiento sobre la evolución del universo así como las partículas que forman otros sistemas planetarios

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"Estoy muy emocionado por esta nueva misión", aseguraba el administrador de la NASA y miembro del partido republicano Jim Bridenstine.


El investigador principal de la misión es James Bock, del Instituto de Tecnología de California en Pasadena, California. Caltech trabajará con el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA para desarrollar la carga útil de la misión.


"Esta increíble misión será un tesoro de datos únicos para los astrónomos", dijo Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA. "Proporcionará un mapa galáctico sin precedentes que contendrá desde los primeros momentos en la historia del universo. Tendremos nuevas pistas sobre uno de los mayores misterios de la ciencia: ¿Qué hizo que el universo se expandiera tan rápidamente en menos de un nanosegundo después del Big Bang?".


El telescopio estudiará cientos de millones de galaxias, algunas tan lejanas que su luz ha tardado 10 mil millones de años en llegar a la Tierra. En la Vía Láctea, la misión buscará agua y moléculas orgánicas, elementos esenciales para la vida, tal como la conocemos, en viveros estelares, regiones donde nacen las estrellas del gas y el polvo, y discos alrededor de las estrellas donde podrían formarse nuevos planetas.


El programa Explorer de la NASA, administrado por el Centro Goddard de Vuelo Espacial de la agencia en Greenbelt, Maryland, es el programa continuo más antiguo de la agencia, diseñado para proporcionar acceso frecuente y de bajo costo al espacio utilizando las principales investigaciones científicas del espaciodirigidas por investigadores relevantes para los programas de Astrofísica y Heliofísica en la Dirección de Misiones Científicas de la NASA.


16/02/2019 09:53 Actualizado: 16/02/2019 09:53

El primer sismómetro en Marte, listo para detectar 'martemotos'

La instalación robótica de los dos instrumentos de la sonda Insight permitirá descubrir el interior del planeta rojo.

La exploración robótica de Marte sigue adelante, a medida que nuevas naves, de un nivel tecnológico creciente, sustituyen a las muy exitosas anteriores. La última en llegar a la superficie es Insight, de la NASA, que acaba de terminar la instalación en suelo marciano del primer sismómetro que funcionará allí y dará pistas sobre el desconocido interior del planeta rojo. Primero, el brazo robótico de Insight sacó el sismómetro del interior del módulo de aterrizaje y lo situó en el lugar elegido. Ahora, ha conseguido cubrirlo con la cúpula protectora sin la cual no puede funcionar bien. Es la primera vez que una sonda despliega instrumentos a su alrededor.

Mientras tanto, a unos 600 kilómetros de distancia, el todoterreno Curiosity, que lleva en Marte desde 2012, sigue explorando lenta y minuciosamente algunas zonas. Todavía más tiempo lleva en la superficie marciana el célebre vehículo Opportunity, que el año pasado dejó de funcionar debido a una intensa tormenta de arena y que los técnicos siguen intentando despertar desde la Tierra. Su gemelo para la investigación geológica, el Spirit, dejó de funcionar en 2011, pero en ambos casos su misión puede considerase un éxito total, dado que llegaron en 2004 para una misión de solo tres meses.


Insight, por su parte, llegó a finales del año pasado y es un módulo de aterrizaje mandado para estudiar el desconocido interior del planeta mediante dos instrumentos principales, un sismómetro y un complejo termómetro. Debido a la estabilidad que necesita para captar lo que se puede llamar, por analogía, las constantes vitales del planeta (su pulso y su temperatura), se le hizo aterrizar en la llanura Elysium Planitia.


De hecho, el sismómetro de Insight, llamado SEIS, no es el primero que llega a Marte. Tanto la Viking 1 como la Viking 2, lanzadas en 1975, llevaron allí sismómetros de aquella época. Uno no funcionó y el otro no dio datos útiles por el ruido del viento. Por eso precisamente es tan importante que se haya podido instalar sin problemas la cúpula protectora sobre SEIS, un instrumento con el que Francia contribuye a la misión, en la que también participa el español Centro de Astrobiología (CAB) con los sensores de viento.

La cúpula ahora instalada es un escudo térmico y contra el viento para un instrumento muy sensible que está expuesto a las condiciones meteorológicas. En la Tierra, los sismómetros suelen estar enterrados a un metro de profundidad por lo menos. La diferencia de temperaturas en la zona de Marte donde se posó Insight abarca en un solo día marciano 94 grados centígrados, informa el Jet Propulsion Laboratory (JPL), que gestiona la misión para la NASA. El instrumento tiene además un complejo diseño para aislarlo lo más posible. Por otra parte, la forma aerodinámica de la cúpula y la falda de que dispone impiden que los vientos puedan darle la vuelta o moverlo. La estación meteorológica del Insight permite conocer los datos en cada momento y corregir así los que proporcione el sismómetro.


Todo esto es para conocer mejor la estructura interior y la composición de Marte, sobre los que se sabe todavía muy poco. SEIS detectará martemotos y el impacto de meteoritos y sus datos darán información básica para saber la fuente de las ondas sísmicas y comprender cómo Marte y otros planetas rocosos se formaron y evolucionaron, informa el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES).


Lo siguiente es instalar el otro instrumento de Insight, la sonda térmica HP3, que se introducirá mediante una taladradora hasta 5 metros de profundidad, un récord en suelo marciano. Medirá el calor que procede todavía del interior de Marte para intentar saber de dónde procede, si Marte se formó del mismo material que la Tierra y la Luna y cómo evolucionó. La sonda tardará unas seis semanas en llegar a la profundidad prevista, con pausas previstas para tomar medidas de conductividad térmica.


En la actualidad Marte tiene una atmósfera muy ligera compuesta principalmente de dióxido de carbono. Los ya largos años de exploración del planeta rojo, en su superficie y con sondas en órbita, han mostrado que en la antigüedad era húmedoy siempre queda la esperanza de que albergara vida. Maven, una de las sondas que orbitan Marte actualmente, ha confirmado que la atmósfera marciana perdió continuamente gases como el oxígeno y el hidrógeno (el aire y el agua) a lo largo de miles de millones de años debido al viento solar, que, mediante diferentes procesos, ha transformado el planeta más caliente y húmedo de la antigüedad en el frío desierto actual.


Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA), ha resumido 15 años de exploración de Marte con la sonda Mars Express en un vídeo que recoge las espectaculares imágenes que muestran la historia geológica y la evolución de un planeta que fascina.

 

Voyager 2, sonda lanzada hace 41 años, llegó al espacio interestelar

La nave lleva consigo "cápsulas temporales que un día podrían ser los últimos restos de civilización humana", señala la NASA en un comunicado



Tras 41 años de viaje por el sistema solar, la sonda Voyager 2 llegó a una zona del espacio donde ya no sopla el viento del sol, a 18 mil millones de kilómetros de la Tierra, informó ayer la NASA.

A esta distancia extraordinaria, cada mensaje de Voyager 2 tarda 16 horas y media en llegar a la Tierra mientras, por ejemplo, el tiempo de comunicación a la velocidad de la luz con Marte es de ocho minutos solamente.

La gran noticia es la confirmación de que Voyager 2 salió de la heliosfera, la burbuja protectora de partículas y de campos magnéticos creados por el Sol, y que ya ha atravesado la heliopausa, el límite mas allá del cual ya no llega el viento solar.

Técnicamente, sin embargo, la sonda sigue estando en el sistema solar, cuya frontera está establecida en los confines de la nube de Oort, bastante más allá de Plutón, y que la NASA compara con una "gran burbuja alrededor del sistema solar".

Esta nube, compuesta probablemente por miles de millones de cuerpos helados, se mantiene bajo la influencia de la gravedad del Sol y Voyager 2 necesitaría todavía otros 30 mil años para atravesarla.

Se trata de la misión más larga en activo de la agencia espacial estadunidense, y sus instrumentos siguen enviando observaciones al día de hoy.

Lanzada cuando Jimmy Carter (1977-1981) era presidente de Estados Unidos, sobrevoló Júpiter en 1979, y luego Saturno, Urano y Neptuno en 1989.

Como seguía funcionando después de sobrevolar Neptuno, la NASA continuó con la misión, pero los ingenieros apagaron sus cámaras para ahorrar energía. En 2012 se convirtió en la misión más larga y más mítica de la agencia espacial.

Su sonda gemela, Voyager 1, que abandonó la Tierra 16 días después, llegó al espacio interestelar en 2012 y también siguió funcionando, pero uno de sus instrumentos cruciales para medir el viento solar bautizado Plasma Science Experiment, se estropeó en 1980.

"Ahora es todavía mejor", señaló Nicky Fox, director de la división de heliofísica de la NASA. “Las informaciones enviadas por las Voyager sobre los límites de la influencia del Sol aportan una visión inédita de un territorio verdaderamente virgen.”

Las dos sondas van "muy bien", dijo Suzanne Dodd, directora del departamento que se ocupa de las comunicaciones interplanetarias de la agencia.

Según Dodd, todavía podrían durar cinco o seis años más, ya que su único límite es la pérdida progresiva de capacidad de su generador de radioisótopos, que proporciona la energía necesaria para la desintegración de materiales radiactivos.

Cada una de ellas lleva grabaciones de sonidos e imágenes de la Tierra en unas placas de oro y de cobre, y aunque estuvieran apagadas los aparatos seguirían viajando potencialmente durante miles de millones de años con sus discos, "cápsulas temporales que un día podrían ser los últimos restos de civilización humana", señala la NASA en su comunicado.

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