Estados Unidos acusó a Rusia por el mega hackeo

El secretario de Estado Mike Pompeo dió por seguro

El secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo aseguró que está "bastante claro" que Rusia se halla detrás del devastador ciberataque a varias agencias gubernamentales de Estados Unidos, que afectó también a objetivos de todo el mundo. Microsoft afirmó el jueves que había notificado a más de 40 clientes afectados por estos programas malignos, que según los expertos en seguridad permitieron a los atacantes un acceso sin restricciones a sus redes.

 

"Hubo un esfuerzo significativo para usar un programa de terceros para incrustar esencialmente código dentro de los sistemas del gobierno de Estados Unidos", dijo Pompeo la noche del viernes al programa televisivo The Mark Levin Show. "Creo que ahora podemos decir que es bastante claro que fueron los rusos los que participaron en esta actividad", agregó, según reporta la agencia de noticias AFP. Alrededor del 80% de los afectados están localizados en Estados Unidos, afirmó el presidente de Microsoft, Brad Smith, en una publicación de blog, en la que identificó también víctimas en México, España, Bélgica, Reino Unido, Canadá, Israel y Emiratos Árabes Unidos. 

Para los analistas, estos ciberataques suponen amenazas a la seguridad nacional debido a la infiltración en importantes sistemas de gobierno. "Es seguro que la cantidad y localización de las víctimas continuará creciendo", reconoció Smith, uniéndose a las alertas expresadas ya por los funcionarios estadounidenses sobre la seriedad del ataque.

"Esto no es 'espionaje como de costumbre', incluso en la era digital", valoró el presidente de Microsoft, sino que."evidencia un acto de imprudencia que creó una seria vulnerabilidad tecnológica para Estados Unidos y el mundo".

John Dickson, de la firma de seguridad Denim Group, dijo que varias compañías del sector privado que podrían ser vulnerables luchan ahora para reforzar su seguridad, hasta el punto de considerar incluso reconstruir sus servidores y otros equipos.

"Todo el mundo está realizando ahora evaluación de daños porque esto es enorme", aseguró Dickson y agregó que "es un duro golpe para la confianza tanto en el gobierno como en la infraestructura crítica".

La amenaza procede de un ataque de largo recorrido que, según se cree, inyectó programas nocivos en las redes de computadores que usaban un software para la gestión de empresas creado por la compañía de tecnología basada en Texas SolarWinds, y tendría el sello de un ataque nacional.

Biden expresó de su lado una "gran preocupación" por la infiltración informática, mientras el senador republicano Mitt Romney culpó a Rusia y criticó lo que calificó de "silencio inexcusable" de la Casa Blanca. 

James Lewis, vicepresidente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo que el ciberataque podría acabar siendo el peor sufrido en Estados Unidos, por encima del que afectó a los registros de personal del gobierno en 2014, y que se sospechó entonces como una infiltración china.

"La escala es abrumadora. No sabemos lo que se han llevado, esa es una de las tareas para los forenses", destacó Lewis. 

Ante este panorama, la Agencia de Seguridad Nacional pidió una mayor vigilancia para prevenir el acceso no autorizado a los sistemas clave militares y civiles.

Para los analistas, estos ciberataques suponen amenazas a la seguridad nacional debido a la infiltración en importantes sistemas de gobierno, lo que puede generar riesgos también para el control de sistemas de infraestructuras clave como las redes de energía eléctrica. 

La Agencia Estadounidense de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructuras (CISA) afirmó que las agencias gubernamentales, entidades de infraestructuras críticas y del sector privado fueron objetivo de lo que calificaron como un "avanzado y persistente actor amenazante". 

CISA no identificó quién está detrás de estos ataques con malware, pero Pompeo sí lo hizo, luego de que las empresas de seguridad privadas señalaran a hackers ligados al gobierno ruso. 

El presidente electo, Joe Biden, expresó de su lado una "gran preocupación" por la infiltración informática, mientras el senador republicano Mitt Romney culpó a Rusia y criticó lo que calificó de "silencio inexcusable" de la Casa Blanca. 

En este contexto, el Departamento de Estado dijo a los legisladores la semana pasada que el país cerraría permanentemente el consulado en la ciudad rusa de Vladivostok y suspendería temporalmente las operaciones en el de Ekaterimburgo, según el reporte. El aviso se envió al Congreso el 10 de diciembre, pero recibió poca atención en ese momento, agrega el informe. La notificación llegó tres días antes de la publicación de noticias sobre una importante intrusión informática en el Gobierno de EEUU.

La embajada rusa en EEUU desestimó los informes de la prensa que acusaban a los piratas informáticos rusos y los calificó como infundados Si se concretan los cierres, la única instalación diplomática que Washington tendrá en Rusia será la embajada en Moscú, agrega el texto.

Publicado enInternacional
El juicio a Julian Assange: Un ataque a la libertad de prensa 

El lunes, Julian Assange fue llevado al Old Bailey para continuar su lucha contra la extradición a Estados Unidos, donde la administración Trump lanzó el ataque más peligroso contra la libertad de prensa en al menos una generación al acusarlo de publicar documentos del gobierno estadounidense. En medio de la cobertura de los procedimientos, los críticos de Assange inevitablemente han comentado sobre su apariencia, los rumores de su comportamiento mientras estaba aislado en la embajada ecuatoriana y otros detalles procaces.

Estas distracciones predecibles son emblemáticas del lamentable estado de nuestro discurso político y cultural. Si Assange es extraditado para enfrentar cargos por ejercer el periodismo y exponer la mala conducta del gobierno, las consecuencias para la libertad de prensa y el derecho del público a saber serán catastróficas. Sin embargo, en lugar de abordar seriamente los importantes principios que están en juego en la acusación sin precedentes de Assange y los 175 años de prisión que enfrenta, muchos preferirían centrarse en perfiles de personalidad intrascendentes.

Assange no está siendo juzgado por andar en patineta en la embajada ecuatoriana, por tuitear, por llamar a Hillary Clinton un halcón de guerra o por tener una barba descuidada cuando fue arrestado por la policía británica. Assange enfrenta la extradición a Estados Unidos porque publicó pruebas incontrovertibles de crímenes de guerra y abusos en Irak y Afganistán, avergonzando a la nación más poderosa de la Tierra. Assange publicó pruebas contundentes de "las formas en que el primer mundo explota al tercero", según la denunciante Chelsea Manning, la fuente de esa evidencia. Assange está siendo juzgado por su periodismo, por sus principios, no por su personalidad.

Probablemente hayan escuchado el estribillo de críticos bien intencionados: "No tiene por qué agradarles, pero deben oponerse a las amenazas de silenciarlo". Pero ese estribillo pierde el sentido al reforzar los motivos manipuladores desplegados contra Assange.

Cuando se sienta un precedente gravemente peligroso, los gobiernos no suelen perseguir a las personas más queridas del mundo. Se dirigen a aquellos que pueden ser retratados como subversivos, antipatrióticos o simplemente raros. Luego, distorsionan activamente el debate público al enfatizar esos rasgos.

Estas técnicas no son nuevas. Después de que Daniel Ellsberg filtró los Documentos del Pentágono a los periodistas para exponer las mentiras del gobierno de Estados Unidos sobre Vietnam, los "Plomeros de la Casa Blanca" de la administración Nixon irrumpieron en la oficina del psiquiatra de Ellsberg en busca de material que pudiera usarse para desacreditarlo. El denunciante de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) Edward Snowden fue retratado falsamente como colaborador de los chinos y luego de los rusos. La obsesión por la salud mental y la identidad de género del analista de inteligencia militar Manning era omnipresente. Al demonizar al mensajero, los gobiernos buscan envenenar el mensaje.

La fiscalía estará muy feliz cuando la cobertura de la audiencia de extradición de Assange se convierta en tangentes y difamaciones irrelevantes. Poco importa que la barba de Assange fuera el resultado de la confiscación de su kit para afeitado, o que se haya probado que los informes de que Paul Manafort lo visitaba en la embajada eran inventados. Para cuando estas pequeñas afirmaciones sean refutadas, el daño estará hecho. En el mejor de los casos, el debate público sobre los problemas reales se descarrilará; en el peor de los casos, la opinión pública será manipulada a favor del establecimiento.

Al desviar la atención de los principios del caso, la obsesión por la personalidad resalta la importancia de las revelaciones de WikiLeaks y hasta donde los gobiernos han ocultado la mala conducta a sus propios ciudadanos. Destaca cómo las publicaciones de Assange de 2010 expusieron 15.000 víctimas civiles previamente no contadas en Irak, bajas que el Ejército de Estados Unidos habría enterrado. Destaca el hecho de que Estados Unidos está intentando lograr lo que los regímenes represivos solo pueden soñar: decidir qué pueden y qué no pueden escribir los periodistas de todo el mundo. Destaca el hecho de que todos los denunciantes y el periodismo en sí, no solo Assange, están siendo juzgados aquí.

*Copresidentes de AssangeDefense.org

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12

Traducción: Celita Doyhambéhère

Publicado enSociedad
Los periodistas han allanado el camino de Assange al Gulag de EE.UU.

La muerte del periodismo

 

Esta semana han comenzado las audiencias en un tribunal británico para dictaminar sobre la extradición de Julian Assange. Las vicisitudes de más de una década que nos ha llevado hasta el punto en que nos encontramos deberían horrorizar a todo aquel preocupado por la creciente fragilidad de nuestras libertades.

Un periodista y editor ha sido privado de libertad durante diez años. Según los expertos de Naciones Unidas, Assange ha sido arbitrariamente detenido y torturado la mayor parte de ese tiempo mediante un estricto confinamiento físico y una presión psicológica continuada.  La CIA ha pinchado sus comunicaciones y le ha espiado cuando estaba bajo asilo político, en la embajada de Ecuador en Londres, vulnerando sus derechos legales más fundamentales. La jueza que ha supervisado las vistas tiene un grave conflicto de intereses (su familia está muy relacionada con los servicios de seguridad británicos) que no ha declarado y que debería haberla impedido hacerse cargo del caso.

Todo indica que Assange será extraditado a Estados Unidos para enfrentarse a un juicio amañado frente a un gran jurado dispuesto a enviarle a una prisión de máxima seguridad para cumplir una sentencia de hasta 175 años de prisión.

Todo esto no está pasando en una dictadura de pacotilla del Tercer Mundo. Está teniendo lugar bajo nuestras narices, en una gran capital occidental y en un Estado que dice proteger los derechos de la prensa libre. Está ocurriendo no en un abrir y cerrar de ojos, sino a cámara lenta, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año.

La única justificación para este ataque implacable a la libertad de prensa –dejando de lado la sofisticada campaña de ataque que los gobiernos occidentales y los medios de comunicación sumisos han llevado a cabo  contra la personalidad de Assange– es que un hombre de 49 años publicó documentos que mostraban los crímenes de guerra de EE.UU. Esa es la razón –la única razón– por la que Estados Unidos pretende su extradición y por la que Assange ha estado languideciendo en confinamiento solitario en la prisión de alta seguridad de Belmarsh durante la pandemia del covid-19. La solicitud de libertad bajo fianza promovida por sus abogados fue rechazada.

Una cabeza en una pica

Mientras toda la prensa le abandonaba hace una década, y se hacía eco de los comentarios oficiales que lo ridiculizaban por su higiene personal y el tratamiento a su gato, Assange se encuentra actualmente en la situación que predijo en su día que estaría si los gobiernos occidentales se salían con la suya. Está a la espera de su entrega a Estados Unidos para ser encerrado el resto de sus días.

Dos son los objetivos que Estados Unidos y Reino Unido querían lograr mediante la evidente persecución, reclusión y tortura de Assange.

En primer lugar, la inhabilitación de el propio Assange y de Wikileks, la organización de transparencia que fundó con otros colaboradores. El uso de Wikileaks tenía que ser demasiado arriesgado para potenciales denunciantes de conciencia. Esa es la razón por la que Chelsea Manning (la soldado estadounidense que filtró los documentos sobre crímenes de guerra de Estados Unidos en Irak y Afganistán por los que Assange se enfrenta a la extradición) también fue sometida a una rigurosa reclusión. Posteriormente sufrió repetidos castigos en la prisión para forzarla a testificar contra Assange.

El propósito era desacreditar a Wikileaks y organizaciones similares y evitar que publicaran nuevos documentos reveladores, del tipo de los que muestran que los gobiernos occidentales no son los “chicos buenos” que manejan los asuntos del mundo en beneficio de la humanidad, sino matones globales muy militarizados que promueven las mismas políticas coloniales de guerra, destrucción y pillaje que siempre han aplicado.

Y, en segundo lugar, había que sentar ejemplo. Assange tenía que sufrir horriblemente y a la vista de todos para disuadir a otros periodistas de seguir sus pasos. Sería el equivalente moderno de colocar la cabeza del enemigo en una pica a las puertas de la ciudad.

El hecho evidente –confirmado por la cobertura mediática del caso– es que esa estrategia promovida principalmente por EE.UU. y Reino Unido (con Suecia jugando un papel secundario) ha tenido un enorme éxito. La mayor parte de los periodistas de los grandes medios siguen vilipendiando con entusiasmo a Assange, ahora al ignorar su terrible situación.

 Una historia oculta a vista de todos

Cuando Assange se apresuró a buscar asilo político en la embajada de Ecuador en 2012, los periodistas de todos los medios convencionales ridiculizaron su afirmación (ahora claramente justificada) de que intentaba evadir la iniciativa de EE.UU. para extraditarle y encerrarle de por vida. Los medios continuaron con su burla incluso cuando se acumularon pruebas de que un gran jurado se había reunido en secreto para redactar acusaciones de espionaje contra él, y que dicho jurado actuaba desde el distrito oriental de Virginia, sede central de los servicios de seguridad e inteligencia estadounidense. Cualquier jurado de la zona está dominado por el personal de seguridad y sus familiares. No tenía ninguna esperanza de lograr un juicio justo.

Llevamos ocho años soportando que los grandes medios eludan el fondo del caso y  se dediquen complacientes a atacar su personalidad, lo que ha allanado el camino para la actual indiferencia del público ante la extradición de Assange y ha permitido la ignorancia general de sus horrendas implicaciones.

Los periodistas mercenarios han aceptado, al pie de la letra, una serie de razonamientos que justifican el encierro indefinido de Assange en interés de la justicia –antes incluso que su extradición– y que se pisotearan sus derechos legales más básicos. El otro lado de la historia –el de Assange, la historia oculta a vista de todos– ha permanecido invariablemente fuera de la cobertura mediática, ya sea de la CNN, o del New York Times, la BBC o el Guardian.

Desde Suecia hasta Clinton

Al principio se dijo que Assange había huido para no responder a las acusaciones de agresión sexual presentadas en Suecia, a pesar de que fueron las autoridades suecas las que le permitieron salir del país; a pesar de que la fiscal original del caso, Eva Finne, descartara la investigación contra él por “no existir sospecha alguna de cualquier delito”, antes de que otra fiscal tomara el caso por razones políticas apenas ocultas; y a pesar de que Assange posteriormente invitara a la fiscalía sueca a interrogarle en el lugar donde se encontraba (en la embajada), una opción que normalmente no supone ningún problema en otros casos pero fue absolutamente rechazada en este.

 No se trata solo de que los grandes medios no proporcionaran a sus lectores el contexto de la versión de Suecia. Ni de que se ignoraran muchos otros factores a favor de Assange, como la prueba falsificada en el caso de una de las dos mujeres que alegaron agresión sexual y la negación por parte de la otra a firmar la acusación de violación que la policía había preparado para ella.

Se mentía burda y repetidamente al decir que se trataba de una “denuncia de violación”, cuando Assange simplemente era requerido para un interrogatorio. Nunca se levantaron cargos de violación contra él porque la segunda fiscal sueca, Marianne Ny –y sus homónimos británicos, entre otros Sir Keir Starmer, entonces fiscal jefe del caso y ahora líder del Partido Laborista– aparentemente intentaban evitar la poca credibilidad de las alegaciones interrogando a Assange. Era mucho mejor para sus propósitos dejar que Julian se pudriera en un pequeño cuarto de la embajada.

Cuando el caso sueco se vino abajo –cuando resultó evidente que la fiscal original tenía razón al concluir que no existía prueba alguna que justificara nuevos interrogatorios, por no decir acusaciones firmes– la clase política y los medios de comunicación cambiaron de táctica.

De repente la reclusión de Assange estaba implícitamente justificada por razones completamente diferentes, razones políticas –porque supuestamente había contribuido a la campaña presidencial de 2016 de Donald Trump publicando correos electrónicos, presuntamente “hackeados” por Rusia de los servidores del partido Demócrata. El contenido de esos correos, ocultos por los medios en aquel entonces y muy olvidados en la actualidad, desvelaban la corrupción en la campaña de Clinton y las iniciativas llevadas a cabo para sabotear las primarias del partido y debilitar a su rival para la nominación presidencial, Bernie Sanders.

The Guardian fabrica una mentira

A la derecha autoritaria no le ha preocupado mucho el prolongado confinamiento de Assange en la embajada y su posterior encarcelamiento en Belmarsh por haber sacado a la luz los crímenes de guerra de EE.UU., por tanto la prensa no ha invertido ningún esfuerzo en unirla para la causa. La campaña de demonización contra Assange se ha centrado en temas a los tradicionalmente son más sensibles los liberales y la izquierda, que de otro modo tendrían escrúpulos en tirar por la borda la Primera Enmienda y encerrar a la gente por hacer periodismo.

Al igual que las alegaciones de Suecia, a pesar de que no concluyeran en ninguna investigación, se aprovecharon de lo peor de las impulsivas políticas identitarias de la izquierda, la historia de los correos “hackeados” fue diseñada para distanciar a la base del partido Demócrata. Por extraordinario que parezca, la idea de que Rusia penetró en los ordenadores del partido Demócrata persiste a pesar de que pasados los años –y tras una ardua investigación del “Rusiagate” a cargo de Robert Mueller– todavía no se puede sostener con pruebas reales. De hecho, algunas de las personas más cercanas a la materia, como el antiguo embajador británico Craig Murray, han insistido todo el tiempo en que los correos no fueron hackeados por Rusia, sino filtrados por un miembro desengañado del partido Demócrata desde el interior.

Pero todavía es un argumento de mayor peso el hecho de que una organización de transparencia como Wikileaks no tenía más opción que exponer los abusos del partido Demócrata, una vez que obraron en su poder dichos documentos, fuera cual fuera la fuente.

Una vez más, la razón por la que Assange y Wikileaks acabaron mezclados con el fiasco del Rusiagate –que desgastó la energía de los simpatizantes demócratas en una campaña contra Trump que lejos de debilitarle le fortaleció– es la cobertura crédula que realizaron prácticamente todos los grandes medios del caso. Periódicos liberales como el Guardian fueron aún más lejos y fabricaron descaradamente una historia –en la que falsamente informaban de que el asistente de Trump, Paul Manafort, y unos “rusos” sin nombre visitaron en secreto a Assange en la embajada– sin que ello les trajera repercusiones ni llegaran a retractarse en ningún momento.

Se ignora la tortura de Assange

Todo ha posibilitado lo ocurrido posteriormente. Una vez que el caso de la fiscalía sueca se desvaneció y no existían motivos razonables para impedir que Assange saliera en libertad de la embajada, los medios de comunicación decidieron en comandita que el quebrantamiento técnico de la libertad vigilada era motivo suficiente para su reclusión continuada en la embajada o, mejor aún, para su detención y encarcelamiento. Dicho quebrantamiento se basada, desde luego, en la decisión de Assange de buscar asilo en la embajada motivada por el justificada creencia en que Estados Unidos planeaba pedir su extradición y encarcelamiento.

Ninguno de estos periodistas bien pagados pareció recordar que, según el derecho británico, está permitido no cumplir las condiciones de la fianza si existe una “causa razonable”, y huir de la persecución política entra evidentemente dentro de las causas razonables.

Los medios de comunicación también ignoraron deliberadamente las conclusiones del informe de Nils Melzer, académico suizo de derecho internacional y experto de Naciones Unidas en la tortura, según las cuales Reino Unido, EE.UU. y Suecia  no solo habían negado a Assange sus derechos legales básicos sino que se habían confabulado para someterle a años de tortura psicológica –una forma de tortura, según señalaba Melzer, perfeccionada por los nazis por ser más cruel y más efectiva que la tortura física.

Como resultado, Assange ha sufrido un importante deterioro en su salud  física y cognitiva y ha perdido mucho peso. Nada de ello ha merecido más allá de una simple mención por parte de los grandes medios –especialmente cuando su mala salud le ha impedido asistir a alguna audiencia. Las repetidas advertencias de Melzer sobre el maltrato a Assange y sus efectos han caído en oídos sordos. Los medios de comunicación simplemente han ignorado las conclusiones de Melzer, como si nunca hubieran sido publicadas, en el sentido de que Assange ha sido, y está siendo, torturado. Solo tenemos que detenernos a pensar la cobertura que habría recibido el informe de Melzer si hubiera sido motivado por el tratamiento a un disidente de un Estado oficialmente enemigo como Rusia o China.

La sumisión de los medios de comunicación ante el poder

El año pasado la policía británica –en coordinación con un Ecuador presidido por Lenin Moreno, ansioso por estrechar sus lazos con Washington– irrumpió en la embajada para sacar a la fuerza a Assange y encerrarle en la prisión de Belmarsh. Los periodistas volvieron a mirar hacia otro lado en la cobertura de este suceso.

Llevaban cinco años manifestando la necesidad de “creer a las mujeres” en el caso de Assange, aunque eso supusiera ignorar las evidencias, y luego proclamando la santidad de las condiciones de la fianza, aunque se usaran como un simple pretexto para la persecución política. Ahora, todo eso había desaparecido en un instante. De repente, los nueve años de reclusión de Assange basados en la investigación de una agresión sexual inexistente y una infracción menor de la fianza fueron sustituidos por la acusación por un caso de espionaje. Y la prensa volvió a unirse contra él.

Hace unos pocos años la idea de que Assange pudiera ser extraditado a EE.UU. y encerrado de por vida, al considerar “espionaje” su práctica del periodismo, era objeto de mofa por su inverosimilitud. Era algo tan ofensivamente ilegal que ningún periodista “establecido” podía admitir que fuera la verdadera razón para su solicitud de asilo en la embajada. La idea fue ridiculizada como un producto de la imaginación paranoide de Assange y sus seguidores y una excusa fabricada para rehuir la investigación de la fiscalía sueca.

Pero cuando la policía británica invadió la embajada en abril del pasado año y le detuvo para facilitar su extradición a Estados Unidos, precisamente acusándole de espionaje, lo que confirmaba las sospechas de Assange, los periodistas informaron de ello como si desconocieran el trasfondo de la historia. Los medios olvidaron deliberadamente el contexto porque les habría obligado a aceptar que son unos ingenuos ante la propaganda estadounidense, unos apologistas del excepcionalismo de Estados Unidos y de su ilegalidad, y porque habría demostrado que Assange, una vez más, tenía razón. Habría demostrado que él es el verdadero periodista, y no ellos y su periodismo corporativo apaciguado, complaciente y sumiso.

La muerte del periodismo

En estos momentos todos los periodistas del mundo deberían rebelarse y protestar ante los abusos que ha sufrido y está sufriendo Assange, un fatídico destino que se prolongará si se aprueba su extradición. Deberían estar publicando en las primeras páginas y manifestando en los programas informativos de televisión su protesta por los abusos interminables y descarados del proceso contra Assange en los tribunales británicos, entre otros el flagrante conflicto de intereses de Lady Emma Arbuthnot, la juez que supervisa el caso.

Deberían armar un escándalo por la vigilancia ilegal de la CIA  a la que fue sometido Assange mientras se hallaba recluido en las instalaciones de la embajada ecuatoriana, e invalidar la falsa acusación contra él por haber violado las relaciones entre abogado y cliente. Deberían mostrarse indignados ante las maniobras de Washington, a las que los tribunales británicos aplicaron una fina capa del barniz del procedimiento reglamentario, diseñado para extraditarle bajo la acusación de espionaje por realizar un trabajo  que está en el mismo núcleo de lo que se supone es el periodismo: pedir cuentas al poder.

Los periodistas no tienen por qué preocuparse por Assange ni este tiene por qué caerles bien. Tienen que manifestar su protesta porque la aprobación de su extradición marcará la muerte oficial del periodismo. Significará que cualquier periodista del mundo que desentierre verdades embarazosas sobre Estados Unidos, que descubra sus secretos más oscuros, tendrá que guardar silencio o se arriesgará a pudrirse en una cárcel el resto de su vida.

Esa perspectiva debería horrorizar a cualquier periodista. Pero no ha ocurrido así.

Carreras y estatus, no la verdad

Claro está que la inmensa mayoría de periodistas occidentales no llegan a desvelar un secreto importante de los centros de poder en toda su carrera profesional, ni siquiera aquellos que aparentemente se dedican a monitorizar esos centros de poder. Dichos periodistas reescriben los comunicados de prensa y los informes de los grupos de presión, sonsacan a fuentes internas del gobierno que los utilizan para llegar a las grandes audiencias y transmiten los chismes y maledicencias de los pasillos del poder.

Esa es la realidad del 99 por ciento de lo que llamamos periodismo político.

No obstante, el abandono de Assange por parte de los periodistas  –la completa falta de solidaridad ante la persecución flagrante de uno de ellos, similar a la de los disidentes que tiempo atrás eran enviados a un gulag– debería deprimirnos. No significa solo que los periodistas han abandonado la pretensión de hacer auténtico periodismo, sino también que han renunciado a la aspiración de que cualquier otro lo haga.

Significa que los periodistas de los grandes medios, los medios corporativos, están dispuestos a ser considerados por sus audiencias con mayor desdén de lo que ya lo son. Porque, a través de su complicidad y su silencio, se han puesto del lado de los gobiernos para que cualquiera que pida cuentas al poder, como Assange, termine entre rejas. Su propia libertad les encasilla como una élite cautiva; la prueba irrefutable de que sirven al poder es que no lo confrontan.

La única conclusión posible es que a los periodistas de los grandes medios les importa menos la verdad que su carrera profesional, su salario, su estatus y su acceso a los ricos y poderosos. Como Ed Herman y Noam Chomsky explicaron hace tiempo en su libro Los guardianes de la libertad, los periodistas alcanzan la clase media tras un largo proceso diseñado para deshacerse de aquellos que no están claramente en sintonía con los intereses ideológicos de sus editores.

Una ofrenda sacrificial

En resumen, Assange desafió a todos los periodistas al renunciar a su “acceso” (a dios) y a su modus operandi: revelar destellos ocasionales de verdades muy parciales obtenidas de sus fuentes “amigables” (e invariablemente anónimas) que utilizan los medios de comunicación para marcar puntos a sus rivales de los centros de poder.

En vez de eso, a través de denunciantes de conciencia, Assange desenterró la verdad cruda, sin adornos, plena, cuya exposición a la luz pública no ayudaba a ningún poderoso, solo a nosotros, al público, cuando tratábamos de entender lo que se estaba haciendo y se había hecho en nuestro nombre. Por primera vez pudimos ser testigos del comportamiento peligroso y a menudo criminal de nuestros dirigentes.

Assange no solo puso en evidencia a la clase política, también a los medios de comunicación, por su debilidad, su hipocresía, su dependencia de poder, su incapacidad para criticar el sistema corporativo en el que están inmersos.

Pocos de ellos pueden perdonarle ese delito. Y esa es la razón por la que estarán ahí, alentando su extradición, aunque solo sea mediante su silencio. Unos pocos escritores liberales esperarán hasta que sea demasiado tarde para Assange, hasta que haya sido empaquetado para su entrega, y expresarán en columnas dolientes, con poco entusiasmo y de forma evasiva, que por muy desagradable que se supone que sea Assange no se merecía el tratamiento que Estados Unidos le había reservado.

Pero eso será demasiado poco y demasiado tarde. Assange necesitaba hace tiempo la solidaridad de los periodistas y de las asociaciones de prensa, así como la denuncia a pleno pulmón de sus opresores. Él y Wikileaks estaban a la vanguardia de un combate para reformular el periodismo, para reconstruirlo como el verdadero control del poder desbocado de nuestros gobiernos. Los periodistas tenían la oportunidad de unirse a él en esa lucha. En vez de eso huyeron del campo de batalla, dejándole como una oferta sacrificial ante sus amos corporativos.

Más información sobre la persecución a Assange (vídeo en inglés): The War on Journalism: The Case of Julian Assange (38’)

Por Jonathan Cook | 09/09/2020 

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/09/04/journalists-have-paved-assanges-path-to-a-us-gulag/

Publicado enSociedad
En la imagen, el director del FBI, Christopher Wray. EFE/Shawn Thew/Archivo

Christopher Wray describió los crecientes esfuerzos de Beijing para apropiarse de los secretos tecnológicos estadounidenses: “en 10 años ha habido un aumento de los casos de espionaje económico"

 

El director del FBI, Christopher Wray, aseguró que los actos de espionaje y robo de información por parte de China representa “la mayor amenaza a largo plazo” para la seguridad de Estados Unidos.

China tiene “preferencias” para las próximas elecciones en Estados Unidos, estimó el martes el director del FBI, al revelar que la institución abre una investigación por contraespionaje en la que está implicada Beijing “cada diez horas”.

La campaña maliciosa de influencia externa de China se dirige a nuestras políticas, nuestras posiciones 24/7, 365 días al año”, declaró Christopher Wray durante una intervención ante el grupo de análisis Hudson Institute en Washington.

Para él “no es una amenaza específica” para las elecciones de noviembre, cuando el presidente republicano Donald Trump buscará un nuevo mandato frente al demócrata Joe Biden.

Esas presiones son “todo el año, todo el tiempo” y “ciertamente eso tiene implicaciones para las elecciones y en verdad ellos tienen preferencias”, añadió el jefe del FBI sin decir más.

Durante su alocución, describió los crecientes esfuerzos de Beijing para apropiarse de los secretos tecnológicos estadounidenses. “En 10 años ha habido un aumento de los casos de espionaje económico que involucran a China”, dijo, refiriéndose a “una de las mayores transferencias de riqueza en la historia de la humanidad”.

Además de los 1.000 casos de este tipo, ha habido más de 1.000 indagatorias relacionadas con el robo de datos personales, intrusiones en investigaciones universitarias o presiones a disidentes que han huido a Estados Unidos, dijo.

Hemos llegado al punto en que el FBI está abriendo una nueva investigación de contraespionaje relacionada con China cada 10 horas”, dijo. “En este momento, China está trabajando para comprometer (...) la investigación estadounidense sobre la covid-19”, dijo.

El gobierno de Donald Trump ha tenido un tono muy crítico contra China en los últimos meses y acusa a ese país de haber ocultado el alcance de la propagación del nuevo coronavirus después de que apareció en el centro del país a finales de 2019.

Por otra parte, el jefe de la diplomacia de Estados Unidos, Mike Pompeo, arremetió el lunes contra los “orwellianos” pasos de China hacia la censura de activistas, escuelas y bibliotecas de Hong Kong basados en una nueva de ley de seguridad.

Autoridades de ese centro financiero ordenaron a las escuelas quitar libros para revisarlos en virtud de la nueva ley, que criminaliza opiniones como los llamados a la independencia o a la autonomía.

Algunas librerías de Hong Kong anunciaron que estaban retirando títulos de activistas prodemocracia. “El Partido Comunista Chino (PCC) prosigue la destrucción del Hong Kong libre”, dijo Pompeo.

Bajo “la represiva ley de seguridad nacional, autoridades locales -en un paso orwelliano- establecieron ahora una oficina del gobierno central nacional, comenzaron a quitar de los anaqueles libros críticos con el PCC, prohíben consignas políticas y exigen a las escuelas que apliquen la censura”, dijo.

Con información de AFP

Publicado enInternacional
Julian Assange reveló que Trump le ofreció indultarlo si lo desvinculaba de la "trama rusa"

Julian Assange denunció que el presidente norteamericano Donald Trump le ofreció un indulto si negaba la denominada “trama rusa” en las elecciones presidenciales de 2016. La revelación vuelve a poner en la mira al titular de la Casa Blanca, quien hace semanas salió airoso de un juicio político por maniobras de abuso de poder y obstrucción del Congreso.

La denuncia fue hecha ayer por los abogados del creador de Wikileaks, quien hace cuatro años año publicó una serie de documentos secretos que revelaron que hackers rusos habían pirateado varios correos electrónicos de dirigentes demócratas con el objetivo de desacreditar a la entonces candidata presidencial Hillary Clinton.

Trump fue vinculado a esa maniobra que luego fue confirmada por los servicios de inteligencia estadounidenses y que le valió a Washington la acusación por un affaire del que el gobierno de Vladimir Putin salió a despegarse.

Lo que Assange denunció ayer fue que Trump le ofreció “un indulto u otra salida” a su situación judicial -por la que podría ser extraditado y condenado a 175 años de prisión- si decía que Rusia no estaba implicada en esa filtración de correos.

Durante una comparencia ante el tribunal británico que resolverá si se lo envía o no a Estados Unidos, Assange aseguró ayer por video conferencia que tiene documentación que probaría que la oferta de Trump le llegó a su abogada Jennifer Robinson a través del congresista republicano estadounidense Dana Rohrabacher.

El documento afirma que el legislador "fue a ver a Assange y le dijo, siguiendo instrucciones del presidente, que le proponía un indulto u otra salida, si Assange (...) decía que Rusia no tenía nada que ver con las filtraciones del Partido Demócrata". El juez lo aceptó como prueba.

Luego de esta revelación, el congresista salió a hablar: "Cuando hablé con Julian Assange le dije que si podía darme pruebas sobre quién le había dado realmente los correos electrónicos del Partido Demócrata, entonces llamaría al presidente Trump para que lo indultara", afirmó en su página web.

Inmediatamente, la Casa Blanca negó ese hecho y prácticamente desconoció a Rohrabacher. "El presidente (Trump) apenas conoce a Dana Rohrabacher, excepto que es un excongresista. Nunca habló con él sobre este tema y prácticamente sobre ningún otro asunto. Es una pura invención y una mentira absoluta", denunció la vocera Stephanie Grisham, en un comunicado.

Assange está detenido en Belmarsh, en el sur de Londres, desde su detención en abril de 2019, cuando el presidente ecuatoriano Lenin Moreno le quitó el asilo por el cual se mantuvo protegido en la embajada de Ecuador en Londres.

Washington solicita su extradición por una filtración de 250 mil mensajes diplomáticos y alrededor de 500 mil documentos confidenciales hecha en 2010, sobre las actividades del ejército estadounidense en Irak y Afganistán.

Publicado enInternacional
Más de sesenta médicos advierten de que "Assange podría morir en prisión"

El fundador de WikiLeaks permanece desde abril interno en una cárcel de Londres esperando a su juicio de extradición a EEUU por filtrar documentos confidenciales. Esta reclusión se une a la vivida en la embajada de Ecuador desde 2012.

 

Los siete años de cautiverio forzoso vividos por el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, le están pasando una dura factura física y psicológica. Así lo defienden más de sesenta médicos en una carta abierta dirigida a la ministra británica del Interior, Priti Patel, en la que solicitan atención médica urgente para él. "Assange podría morir en prisión", aseguran en el manifiesto.

Assange ha pasado sus días desde 2012 encerrado de manera forzosa. Primero en la embajada londinense de Ecuador y desde abril de este año en la cárcel de alta seguridad de Belmarsh, también en Londres. Tras ser detenido al abandonar la embajada, espera el comienzo en el próximo mes de febrero de su juicio de extradición a Estados Unidos, que le requiere por la filtración de miles de documentos confidenciales.

En la misiva divulgada hoy, los médicos –que proceden del Reino Unido, Australia y Sri Lanka, entre otros países– expresan su "gran preocupación" por la salud de Assange, de 48 años, y piden que el periodista sea llevado a un hospital universitario a fin de que sea evaluado y reciba la atención de especialistas.

"Desde el punto de vista médico y ante la evidencia disponible, tenemos una gran preocupación por el estado físico de Assange para afrontar el juicio en febrero de 2020. Lo más importante es que, en nuestra opinión, Assange requiere una evaluación médica urgente sobre su estado físico y psicológico", añaden.

La Fiscalía sueca retiró su investigación por violación

La semana pasada, la Fiscalía sueca decidió cerrar la investigación preliminar por violación contra Assange. La fiscal superior sueca, Eva-Marie Persson, justificó el cierre de la pesquisa contra el periodista por el debilitamiento de las pruebas y la falta de argumentos para la acusación.

EE.UU. acusa al periodista de "conspiración" para infiltrarse en sistemas informáticos gubernamentales. El periodista, que siempre se declaró inocente, estuvo refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres desde 2012 hasta el pasado abril, cuando fue detenido por la Policía británica una vez que el Gobierno de Quito le retiró el estatuto de refugiado.

Assange se había refugiado en la legación diplomática ecuatoriana para evitar ser extraditado a Suecia, que le requería por delitos sexuales, pero, tras la decisión de la semana pasada de la fiscalía de ese país, le queda solo el proceso estadounidense.

MADRID

25/11/2019 10:35 Actualizado: 25/11/2019 11:00

PÚBLICO / EFE

Publicado enInternacional
 El presidente estadunidense, Donald Trump, su esposa Melania y colaboradores guardan un minuto de silencio, el miércoles pasado en la Casa Blanca, en honor de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001.Foto Ap

Politico lanzó una bomba, basado en la FBI, sobre “el probable espionaje de Israel descubierto durante la presidencia de Trump, según altos funcionarios de EU (https://politi.co/2kIzn70)”.

Daniel Lippman enuncia que "el gobierno (sic) de EU concluyó que en los pasados dos (sic) años Israel se encuentra probablemente detrás de la colocación de instrumentos de vigilancia de los celulares que fueron hallados cerca de la Casa Blanca y en otros sitios sensitivos (sic) alrededor de Washington, según tres anteriores altos funcionarios de EU". Peor: "La administración de Trump no increpó al gobierno de Israel y no existieron consecuencias para la conducta de Israel".

Los instrumentos de vigilancia en miniatura, los “StingRays –que pueden capturar el contenido de las llamadas y el uso de datos–, mimetizan las regulares torres celulares para engañar a los teléfonos celulares al proporcionarles locaciones e información de identidad”. Trump fue espiado con sus principales ayudantes y más cercanos asociados como Steve Wynn, Sean Hannity y Rudy Giuliani.

Según Lippman, "funcionarios del Departamento de Seguridad del Hogar (DHS, por sus siglas en inglés) descubrieron los instrumentos de vigilancia en Washington". La FBI y otras agencias de espionaje de EU se basaron en un "análisis forense detallado" y concluyeron que los "agentes israelíes colocaron los instrumentos" cuando "varios de los agentes trabajaron al más alto nivel del espionaje y en puestos de seguridad nacional" de Israel. Para la FBI, la NSA y a veces la CIA, al unísono del DHS y el Servicio Secreto, fue "bastante claro que los israelíes eran responsables".

Dos puntos a considerar, y no es que haga la apología del atribulado Netanyahu ni de Israel ni de sus fétidos métodos de espionaje: 1) el escandaloso reporte de la FBI puede pertenecer al continuo golpeteo de esa agencia en su etapa aciaga de Mueller/Comey/McCabe, pero la convergencia de otras agencias superiores de espionaje –NSA y DHS, además de un sector de la CIA y del Servicio Secreto– concede un alto grado de probabilidad; y 2) ¿para qué desea Netanyahu instalar un riesgoso sistema de espionaje, si tiene de supremo aliado a Jared Kushner, el yerno talmúdico de Trump y pupilo de Kissinger? Ya en 2014, un documento de la NSA –filtrado por Edward Snowden– "acusó a Israel de espiar a EU": los "israelíes son extraordinariamente buenos socios de nosotros" mediante las Señales de Inteligencia (Sigint), pero, por otra parte, "nos espían para conocer nuestras posturas en los problemas de Medio Oriente". Documentos del NSA expusieron en 2013 la estimación de espionaje nacional sobre las amenazas cibernéticas y colocaron a Israel como “el tercer servicio de espionaje más agresivo (megasic) contra EU, solamente detrás de China y Rusia (https://bit.ly/2lMWJZE)”. ¡Qué fuerte!

El atribulado premier israelí se defiende como gato bocarriba y lo niega rotundamente: "el reporte es una fabricación total". El problema con el mendaz Netanyahu es que se la pasa fabricando la inexistente bomba nuclear de Irán (https://bit.ly/2lNvw9a). Trump salió en defensa relativa (sic) de su supuesto aliado y comentó que el reporte era inverosímil, ya que "su relación con Israel ha sido estupenda", pero agregó que “todo es posible (https://bit.ly/2kgBgI5)”. La frase "todo es posible" forma parte del léxico de vida de Trump, quien es congénitamente desconfiado.

Como Bajo la Lupa no cree en Santa Claus, llama poderosamente la atención que el reporte haya sido difundido en sincronía con la humillante defenestración del piromaníaco ex asesor de Seguridad (sic) Nacional de Trump a quien le estaba poniendo en riesgo su relección, como señalé seis días antes a su sonora expulsión (https://bit.ly/2m11hM9). Netanyahu cometió tres graves errores: ligar su suerte a la de Bolton, pasarse de listo y traicionar a Trump quien le toleró todas sus supremacistas anexiones irredentistas: Jerusalén del Este, las Alturas del Golán de Siria y el Valle del Jordán.

¿Arrastra(rá) el cadáver de Bolton a Netanyahu?

http://alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Publicado enInternacional
La deconstrucción del mito Moro justiciero

 Moro sigue siendo popular, aunque haya perdido parte substancial de respaldo en la opinión pública, y depende, más que nunca, de la protección presidencial. El goteo de filtraciones continúa.

 

Al menos dos brasileños – el ex juez y actual ministro de Justicia Sergio Moro, y el fiscal Deltan Dallagnol - difícilmente olvidarán la fecha 9 de junio. En aquel domingo la publicación digital The Intercept Brasil, creada por el periodista norteamericano Glenn Greenwald, reveló mensajes intercambiados, por la aplicación Telegram, entre Moro y Dallagnol, coordinador de la acusación en la llamada "Operación Lavado Rápido" (lava jato). El principal blanco de la pluma de Moro es el expresidente Lula da Silva, preso desde el siete de abril del año pasado.

Se considera en Brasil que la principal razón de la elección del ultraderechista Jair Bolsonaro a la presidencia es que a Lula, favorito absoluto, no se le permitió participar. Las primeras revelaciones de The Intercept abrieron dudas entre juristas sobre la actuación de Moro junto a Dallagnol: quedaba claramente insinuada una especie de alianza tácita entre juzgador y acusador, lo que viola las reglas y normas de la Justicia brasileña. En un primer momento los dos dijeron no haber ninguna irregularidad en el cambio de mensajes.

Pero a lo largo de las semanas siguientes The Intercept pasó a gotear – generalmente en los domingos y jueves – nuevas revelaciones cada vez más comprometedoras. Además de su página en internet, la publicación digital pasó a compartir el material obtenido de forma no revelada con una radio, la Bandeirantes, con el diario Folha de Sao Paulo y la revista semanal Veja, la de mayor tirada en Brasil. Ninguno de los tres medios puede ser considerado como favorable a Lula, y fueron grandes defensores de la "Lavado Rápido", contribuyendo para transformar a Moro en una celebridad nacional y ayudando a construir la imagen de un paladín de la justicia y combatiente sin pausa de la corrupción.

La segunda reacción, tanto de Moro como de Dallagnol, fue acusar Greenwald y The Intercept de haber recibido material confidencial de un hacker. El periodista norteamericano, que se hizo célebre por divulgar los archivos de Edward Snowden de material secreto de agencias norteamericanas de inteligencia – trabajo que le valió el más importante premio de la profesión, el Pulitzer – se niega a revelar su fuente. Moro y Dallagnol no mencionan la hipótesis de que los mensajes, tanto escritos como registrados en audio, hayan sido filtrados a Greenwald por alguna fuente interna de la fiscalía o del juzgado de Curitiba.

La reacción siguiente de Moro fue levantar sospechas sobre la autenticidad del material y aventar la hipótesis de manipulación. Pero los medios ahora asociados a The Intercept aseguran tener pruebas cabales de que se trata de transcripciones auténticas. Otro medio importante, la versión brasileña del diario español El País, examinó parte del material y aseguró su autenticidad a partir de un punto elemental: chequear mensajes de sus reporteros a integrantes de la "Lavado Rápido" y las respectivas respuestas.

Pasado más de un mes desde la primera filtración, el caso Moro-Dallagnol asumió serias proporciones. A estas alturas no hay mucho espacio para dudas sobre la interferencia directa del entonces juez en el trabajo de la acusación. En varios mensajes Moro instruye directamente el fiscal sobre cómo actuar, inclusive indicando a quién interrogar para acusar a Lula. Los defensores del expresidente, que siempre acusaron Moro de ser parcial y de haber condenado al expresidente sin presentar ninguna prueba, afirman ahora que todo lo que dijeron antes quedó comprobado. Los abogados de Lula pidieron, en el Supremo Tribunal Federal, que la actuación de Moro sea considerada irregular e ilegal. Con eso pretenden que el juicio sea anulado y todo empiece otra vez, con otro magistrado y otros fiscales acusadores.

A causa de la crisis desatada – y alimentada a cada semana por nuevas y contundentes revelaciones – la figura de Sergio Moro sufrió un severo desgaste. Si al ser nombrado ministro su imagen del justiciero e íntegro juez sirvió de aval al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, ahora se da la inversa: Moro sigue siendo popular, aunque haya perdido parte substancial de respaldo en la opinión pública, y depende, más que nunca, de la protección presidencial.

Hay presión directa de los grandes medios de comunicación para que Moro renuncie. Algunos de los más respetados juristas brasileños y al menos dos integrantes de la Corte Suprema denuncian su actitud mientras era juez como "violación de la Justicia".A la vez, en las redes sociales controladas por Carlos, uno de los hijos de Bolsonaro, se multiplican los mensajes cada vez más agresivos contra Greenwald. Hay desde pedidos para que sea expulsado del país hasta ofensas homofóbicas: el periodista está casado con David Miranda, diputado federal por el izquierdista PSOL.

La Policía Federal, que actúa bajo el mando del ministerio de Justicia encabezado precisamente por Moro, se niega a confirmar o desmentir que haya pedido un informe de las cuentas bancarias de Greenwald. Tampoco confirma o desmiente que exista alguna investigación contra el periodista.

Greenwald, a su vez, tuvo que cambiar su rutina cotidiana de manera radical. Hay amenazas violentas contra él, su compañero y los dos hijos adoptados por la pareja.Si hasta junio su casa en Río de Janeiro contaba con tres cámaras de seguridad, ahora tiene treinta. Pasó a usar un vehículo blindado y se hace acompañar por guardaespaldas. Reitera, sin embargo, que no dejará de revelar el material del que dispone. Y que hay cosas mucho más graves que las ya divulgadas.

Publicado enInternacional
Jueves, 27 Junio 2019 06:50

Mambrú se va a la ciberguerra

Mambrú se va a la ciberguerra

La amenaza ha pasado por debajo de los radares y con los ecos del último tuit de Mambrú o de alguna modelo encuerada en Instagram, no ha habido tiempo para que las sirenas atraigan demasiada atención. Sin embargo, el fantasma que ahora mismo recorre el mundo y que puede tener impacto en todos sus habitantes es el de la ciberguerra.

 

El cibercomando de Estados Unidos está en zafarrancho de combate. Es el autor de los ataques en línea contra los sistemas informáticos de la defensa iraní, que se produjeron el mismo día en que el presidente Donald Trump suspendió una incursión militar en toda regla contra el país islámico. Los pesos pesados de la prensa estadunidense señalaron también al comando ciberespacial como responsable de inocular sensores en las redes eléctricas rusas, como antes hicieron con las venezolanas.

 

Las alarmas no sólo se han desatado en Moscú y Teherán, aunque el director de Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, Serguéi Narishkin, fue el primero en manifestarse: “las consecuencias de la hostilidad de Estados Unidos en el ciberespacio, no regulado por la comunidad internacional, pueden ser imprevistas y extremadamente destructivas, incluso para los atacantes”.

 

Es sabido que, desde 2009, Estados Unidos cuenta con una unidad informática de élite que comanda a diversos grupos especializados en la ciberguerra, provenientes de cada uno de los cuerpos militares del ejército, con un presupuesto anual superior a 3 mil millones de dólares. Poseen carta blanca para realizar "actividades militares clandestinas" en redes, bajo los auspicios de la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2018 y otras prerrogativas de la Casa Blanca que se mantienen bajo el más estricto secreto y que, en la práctica, permiten ejecutar actos de guerra sin pasar por la aprobación del Congreso.

 

Según The Wall Street Journal, el general Paul Nakasone, jefe del poderoso cibercomando y de la Agencia de Seguridad Nacional, ha articulado una visión de "participación persistente" en el ciberespacio con la intención de obtener acceso a redes de computadoras para planificar acciones y estar listos "con las respuestas apropiadas". Como reveló el oficial de Inteligencia, Edward Snowden, los desvelos de este superejército se deben no sólo a los enemigos. La estrategia está diseñada para mantener múltiples opciones abiertas ante cualquier conflicto con otro país que requiera "ataques cibernéticos perturbadores o destructivos". Incluye acciones ofensivas contra sistemas de radares y de comunicación, además de redes, tan peligrosas o más que lanzar bombas en territorio ajeno.

 

Durante años, la llamada infraestructura crítica –energía, agua, transporte– ha sido un campo de batalla para Estados Unidos. Según The New York Times, las sondas de reconocimiento estadunidense en los sistemas de control de la red eléctrica de Rusia comenzaron a ser inoculadas en 2012. Ahora han pasado al ataque. Los softwares maliciosos potencialmente incapacitantes ya están dentro del sistema ruso en una magnitud y agresividad comparadas con las de la Operación Farewell, ejecutada con éxito por la Agencia Central de Inteligencia contra la Unión Soviética en el verano de 1982, que provocó la explosión del gasoducto euro-siberiano. Lograron introducir una bomba lógica –código malicioso que puede ejecutarse a distancia– en el software canadiense que gestionaba el sistema. El estallido alcanzó una energía de 3 kilotones y partes de las gruesas paredes del gasoducto fueron encontradas a más de 80 kilómetros del lugar.

 

En septiembre de 2010 las centrifugadoras del programa de enriquecimiento de uranio en Irán fueron infiltradas conStuxnet, un troyano desarrollado y fi-nanciado por dos gobiernos: Israel y Estados Unidos. Un año después, durante los ataques aéreos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte contra Libia, la administración Obama consideró bloquear los radares de alerta temprana para ocultar la presencia de los aviones de guerra y silenciar las señales de alarma. El cibercomando tiene expertos en spoofing, una técnica que suplanta la señal de posicionamiento de un artefacto tripulado o no (dron), y permite pilotar aeronaves a distancia con simuladores de vuelo y reemplazar cualquier señal GPS.

 

Hoy se pueden atacar los sistemas de control desde cualquier lugar en el mundo sin dejar rastros del agresor. Que cualquiera pueda ser acusado de criminal, sin otra prueba que la palabra del cibercomando, es idílica para la fábrica de mentiras de John Bolton. El asesor de Seguridad Nacional de Trump y veterano de las falsedades de Irak, reconoció el pasado 11 de junio que Estados Unidos ahora estaba adoptando una perspectiva amplia sobre posibles blancos digitales “para decirle a Rusia o a cualquier otro país que participe en operaciones cibernéticas contra Estados Unidos: ‘tendrás que pagar el precio’”. Tom Bossert, ex asesor de Trump en temas de Seguridad Interna y Ciberseguridad, enseñó aún más las uñas: "nuestro ejército ha sabido por mucho tiempo que podríamos hundir todos los buques de Irán con un margen de menos de 24 horas si es necesario".

 

Así andan las cosas. La táctica es tomar todos los caminos que le permitan a Mambrú atornillarse otros cuatro años en la Casa Blanca, incluso haciendo florecer un término propio de la ciencia ficción, la ciberguerra. Qué dolor, qué dolor, qué pena.

La defensa de Assange: "Este caso es un ataque frontal contra los periodistas"

El equipo de abogados que asiste el fundador de Wikileaks denuncia las restricciones que están sufriendo para poder preparar la defensa contra la extradición a Estados Unidos y el estado de salud de su cliente

 

 

La abogada australiana Jennifer Robinson, una de la letradas que ejerce la defensa del Julian Assange era rotunda a la salida de la vista que se ha celebrado este jueves en un tribunal londinense: “Este caso tendrá un impacto aterrador y afectará a periodistas y editores de todo el mundo que se enfrentan a la posibilidad de ser extraditados a Estados Unidos”.

Porque, como ella misma insistía: “Ningún periodista o editor debería ser nunca extraditado por haber publicado información veraz”.

Es lo que intenta evitar por todos los medios que le ocurra al fundador de Wikileaks por, como ella ha explicado: “Haber publicado pruebas de crímenes de guerra, de ataques a los derechos humanos y de corrupción”.

Pero el proceso ya está en marcha. El gobierno norteamericano tramitó la petición de extradición, el Ministro del Interior británico Salid Javid -uno de los seis aspirantes a suceder a Theresa May- la ha firmado apelando a que “debe hacerse justicia” y ahora son los tribunales de Reino Unido quienes tienen la última palabra: parar la extradición o dar luz verde.

Sólo el haber llegado hasta aquí ya es, en palabras de la defensa de Julian Assange: “Un asalto escandaloso contra la protección a los periodistas” y “un ataque frontal y atroz” contra el derecho a la libertad de expresión.

El proceso comenzará en febrero de 2020 y está previsto que se prolongue durante cinco días. Antes, en octubre de este mismo año, la defensa tendrá que presentar sus pruebas. Y, como ellos mismos denunciaban a las puertas del tribunal de Westminster, no les está resultando nada fácil hacer su trabajo: “No resulta sencillo trabajar en este caso debido a las restricciones a las que está sometido el señor Julian Assange en prisión; nos resulta muy difícil acceder a él, nos impiden poder hacerle llegar documentación y él no tiene acceso a un ordenador para poder preparar su defensa”, denunciaba Robinson.

Por si fuera poco, a ello se suma la situación personal del fundador de Wikileaks: “Estamos muy preocupados por su salud. Se encuentra bajo una gran presión y está teniendo que hacer frente a este caso bajo unas circunstancias muy difíciles”. Y añadía: “No olvidemos que se trata de una persona que todavía está sufriendo las graves consecuencia de su confinamiento dentro de la embajada y ahora en prisión”.

No es fácil hacer especulaciones pero el equipo de la defensa es optimista: “Confiamos en que el gobierno británico no ejecute la extradición a Estados Unidos”. Y preguntada por su gran temor en caso de que Assange fuera finalmente extraditado, Robinson explicaba: “Sólo tenemos que ver las condiciones a las que ha sido sometida Chelsea Manning anteriormente y en la actualidad durante su confinamiento en Estados unidos. No olvidemos que está en prisión indefinida por negarse a aportar pruebas. Eso nos basta para saber las circunstancia de confinamiento a las que tendría que hacer frente Julian Assange”.

Por Cristina Casero

@CrisCasero

Publicado enSociedad
Página 1 de 7