Manifestantes palestinos durante los enfrentamientos con las fuerzas israelíes al este de Jan Yunes en el sur de la franja de Gaza.Foto Afp

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuiteó ayer que conversó por teléfono con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sobre la posibilidad de avanzar en "un tratado de defensa mutua" que fortalecería las posiciones estadunidenses en Medio Oriente, una anuncio que podría afectar a las elecciones parlamentarias israelíes, del próximo martes.

"¡Espero seguir con esa conversación tras las elecciones israelíes, cuando nos reunamos este mismo mes en Naciones Unidas!", añadió Trump en su mensaje. Apuntó que el acuerdo "anclaría aún más la tremenda alianza" entre ambos países y podría retomarse a finales de este mes durante la 74 asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York, que se celebrará entre el 17 y el 24 de septiembre.

Estados Unidos mantiene una ayuda militar anual de 4 mil millones de dólares a Israel. Ambos gobernantes también mantienen una estrecha relación personal, al grado de que el magnate estadunidense aparece en los carteles de la campaña electoral del político israelí.

La intervención en estos comicios de Trump podría ser crucial, ya que las encuestas pronostican un empate virtual entre el partido de Netanyahu y la formación Azul y Blanco, liderada por el ex jefe del estado mayor Benny Gantz.

Con un tuit, el premier israelí agradeció a su "querido amigo" Trump: "El Estado judío nunca ha tenido un mejor amigo en la Casa Blanca. Espero nuestra reunión en la ONU para avanzar en un histórico tratado de defensa entre estados Unidos e Israel".

Gantz consideró la propuesta como un "grave error" y argumentó: “Un acuerdo así sería un grave error para la seguridad del Estado de Israel, porque un tratado de defensa mutua nos obligaría a coordinar nuestra seguridad con Estados Unidos.

"Eso no es lo que queremos. No hemos pedido a nadie que muera por nosotros. No hemos pedido a nadie que luche por nosotros y no hemos pedido a nadie que asuma el derecho a defender al Estado de Israel", añadió.

Los comentarios de Trump se producen en momentos en que la comunidad internacional espera la difusión del plan de paz para Medio Oriente de Washington.

Desde su llegada al gobierno, el 20 de enero de 2017, la asistencia de Estados Unidos a los palestinos se ha recortado fuertemente, al tiempo que Washington ha hecho grandes concesiones a los israelíes, incluido el reconocimiento formal de Jerusalén como capital de Israel y el traslado de la embajada estadunidense a esa ciudad.

La Autoridad Nacional Palestina cortó todo contacto formal con el régimen de Trump, a quien no reconoce como intermediario en las negociaciones con Israel.

El Departamento de Estado indicó que Estados Unidos es actualmente miembro de siete tratados de defensa colectiva, incluyendo la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la Organización del Tratado del Sureste Asiático, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y un tratado de defensa con Australia y Nueva Zelanda, además de tratados bilaterales con Japón, la República de Corea y Filipinas.

En este contexto, un total de 46 palestinos resultaron heridos tras enfrentarse con militares israelíes en la localidad de Al Azariya, en la Cisjordania reocupada, reportó la vocera de la Media Luna Roja en Palestina, Erab Fuqaha, a la agencia de noticias Sputnik.

El viernes pasado 55 palestinos sufrieron lesiones durante los choques con el ejército israelí en la franja de Gaza. En 1967, durante la llamada guerra de los seis días, Israel ocupó los territorios de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, que según la ley internacional pertenecen a los palestinos.

Publicado enInternacional
Una investigación de las fuerzas de seguridad de Estados Unidos apunta a que Israel está detrás de la colocación de dispositivos de espionaje en teléfonos celulares en el área de la Casa Blanca, reportó Politico, citando a "tres ex altos funcionarios de Estados Unidos con conocimiento de la materia". El premier israelí, Benjamin Netanyahu (en la imagen con John Bolton), negó las acusaciones.Foto Afp

El comentario más cuerdo salido esta semana con respecto al más reciente fandango en el asilo de lunáticos de Washington provino de Irán.

Al solicitarle una respuesta oficial al asesinato político de John Bolton –estas matanzas estilo Ricardo III, en las que los personajes son asfixiados o acuchillados a tuitazos, son, después de todo, rutinarios hasta el punto del absurdo–, el ministro iraní del exterior respondió pausadamente que no "interfiere en los asuntos internos de Estados Unidos". Fue una maravillosa respuesta dada con cara de póker al teatro trumpiano, cada vez más escandalosamente cómico.

Cierto, los diversos líderes supremos y menos supremos de Teherán ejecutaron una pequeña danza de júbilo por la despedida de Bolton, el "belicista", pero por lo menos la descripción dio en el blanco.

Sin embargo, los normalmente cuerdos corresponsales de Occidente llevaron a cabo su propia rutina: aunque todos han admitido (bastante tarde, pero muchas veces) que Trump está deschavetado, recurrieron a su usual circo blando de informes de "tensiones" en el manicomio Trump, como si en verdad hubiese una "política" de Bolton o de Trump en Medio Oriente. Este es el nuevo tipo de periodismo, en el que se ha abandonado la tinta y los reporteros tienen que llenar sus plumas con mercurio… y escribir.

Una vez más empezamos (en este caso, una gran agencia occidental) a dar la vuelta a la perinola de clichés sobre la "política exterior" trumpiana. Según esto, Trump enfrentaba “una cascada de… retos globales” a la vez que experimenta “un momento tirante… en la escena mundial”, y Bolton se oponía al deseo de su presidente de hablar con "algunos de los actores más desagradables del mundo".

Después del gran líder norcoreano, en nombre del cielo, y del segundo líder supremo iraní y el heroico talibán, ¿con quién querría Trump charlar ahora? ¿El gran líder sirio, quizá?

Dejaré a los lectores saborear el adjetivo "desagradable" –que los expertos occidentales jamás usarían en referencia a los señores Al Sissi (con sus 60 mil presos políticos egipcios) o Mohammad bin Salman (con fama de cirujano) o varios otros demócratas en Brasil y otras partes. Pero los clichés de "etapas" y "actores" revelaban de manera inocente de qué se trataba todo. La política exterior ya no existe en muchas capitales del mundo. Solo quedan las ruinas fantasmales del teatro.

Pensemos en ese infame buque petrolero iraní que nuestros bravos muchachos capturaron en la costa de Gibraltar. Liberado después que los iraníes se robaron un buque tanque de bandera británica de la costa de Hormuz, el misteriosamente rebautizado Adrian Darya 1 zarpó hacia el ocaso, supuestamente hacia Grecia, pero inevitablemente hacia Siria, donde Bolton –en uno de sus últimos actos– afirmó que iba a descargar su petróleo en Tartús, donde Rusia tiene una base naval. No estuvo mal, pero nadie fumaba un puro.

En realidad, según un contacto sirio de mi entera confianza (le doy a mi fuente una precisión de 90 por ciento), el buque ya había despachado la mitad de su carga hacia el puerto sirio de Banias (no tan romántico como Tartús, pero igual de eficiente) para cuando Bolton hizo esa declaración.

Y ahora, ya a nadie le interesa el buque. Trump difícilmente podría bombardearlo –de todos modos, ya está vacío– ahora que su belicista en jefe se ha hundido bajo las aguas del Potomac. Y, dada la comedia shakespereana que se representa en el propio manicomio de Downing Street, podemos estar tranquilos de que la Marina Real de su majestad imperial tampoco intervendrá.

Y ese es el verdadero problema. Irán sabe todo acerca de líderes dementes y está muy complacido de que el mundo –o "la escena mundial"– sepa que ha entregado el petróleo a su leal aliado árabe en Damasco. Y Assad estará más que contento de que sus enemigos sepan que Irán mantiene su palabra cuando los sirios hacen filas de kilómetros y días en las gasolineras. Así que esperemos a que el próximo buque tanque pase echando humo por La Roca, sin el menor "impedimento u obstáculo" por parte de nuestros muchachos.

Volviendo por un momento al reino de los lugares comunes, la sumersión de Bolton fue atribuida naturalmente por mi agencia noticiosa favorita a los planes de Trump, inevitablemente eliminados, de platicar con los chicos del talibán, quienes iban a ser importados a Estados Unidos para gozar de un poco de hospitalidad. Para Bolton, eso fue, se dijo –escuchen esto–, "extender el puente un poco demasiado lejos". Quién sabe por qué se habrá metido en esto el magnífico libro de Corneliuis Ryan sobre Arnhem (y el igualmente brillante filme épico de la misma batalla de la Segunda Guerra Mundial), pero el "puente demasiado lejos" no estaba ahora en Campo David, sino en Jerusalén.

Y apenas si provocó un párrafo de emoción en nuestros expertos en Medio Oriente –excepto el viejo asno de la ONU, desde luego– cuando Benjamin Netanyahu anunció que anexaría virtualmente toda la Cisjordania palestina ocupada a la soberanía israelí si ganara las elecciones de la semana próxima.

Esto significaría que nunca habría un Estado palestino… jamás. Por supuesto, todos estamos acostumbrados a líderes nacionales que amenazan con anexarse los países de otros pueblos para una expansión nacionalista, pero eso estaría en la escala de un despojo colonial inimaginable hace apenas 10 años.

Pero no más. "Es una oportunidad histórica", afirmó Netanyahu. Trump, cuyo malhadado "plan de paz" supuestamente va a provocar una derrama de dinero (árabe) sobre los palestinos después de la eliminación de sus esperanzas de tener un Estado, no dijo nada. Tampoco nuestro orate equivalente en Londres, que estaba demasiado ocupado con sus propias tonterías constitucionales para preocuparse por la aniquilación de las esperanzas de un pueblo, ya no digamos de su constitución.

Esto es lo que ocurre cuando los desequilibrados toman el poder en países democráticos; los orates andan sueltos y millones pagan el precio.

Fue de algún modo apropiado que un periódico turco intentara relanzar una "exclusiva" sobre el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi, incluyendo sus "últimas palabras", aunque ya habían sido reveladas en público en un excelente documento de Naciones Unidas hace varios meses. Es de suponer que se trató de un intento del gobierno turco por recordar a la "escena mundial" que el mes próximo marca el aniversario del destripamiento del consulado saudita en Estambul. Olvidamos que ya habíamos leído todo eso antes.

En otras palabras, el sultán Erdogan solo deseaba volver a aterrar a sus adversarios sauditas. Fue un gesto en verdad otomano.

Y, de manera extraña, el Enfermo de Europa –como los rusos y luego los británicos llamaban a Turquía por su gradual impotencia ante las demenciales decisiones políticas y militares tomadas durante la Primera Guerra Mundial y después de ella– ha sido remplazado por otro Enfermo de Europa y otro Enfermo de Estados Unidos.

Así es como se disuelven los imperios: cuando los sátrapas siguen tomando en serio a sus falsos califas, hacen caso omiso de sus incurables trastornos mentales y no prestan atención a la escandalosa conducta de los funcionarios que los asisten. Adiós a los pobres y a las masas acurrucadas. Después de eso, los chicos malos llegarán y se burlarán de todos.

Por Robert Fisk, The Independent

Traducción: Jorge Anaya

Publicado enInternacional
Viernes, 13 Septiembre 2019 06:01

Asfixiar al ahogado

Para conseguir una garrafa de gas muchas veces es necesario recorrer a pie grandes distancias / Foto: Afp, Yuri Cortez

Un vistazo a la economía venezolana de los últimos años indica que, lejos de ser la razón de la crisis actual, las sanciones sirven de excusa al gobierno de Maduro para desviar la atención de sus graves errores. Al mismo tiempo, complican aun más el ya difícil acceso de los venezolanos a medicinas y alimentos.

Venezuela tiene actualmente la crisis más severa en la historia de América y una de las más destructivas en la historia del capitalismo. Las estimaciones más moderadas calculan la caída del Pbi, para el período comprendido entre 2013 y el primer trimestre de 2019, en alrededor de 60 por ciento. Una destrucción sin precedentes. Para tener una idea, entre 1939 y 1943 la Polonia devastada por la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial sufrió, según historiadores como el británico Mark Mazower, una contracción del 43 por ciento del Pbi. En medio de este hórrido panorama, se yerguen una serie de sanciones financieras y económicas, impulsadas por Donald Trump, que buscan atizar los efectos de la crisis hasta el extremo y completar la tarea de devastación.

Por motivos de espacio no se podrá detallar el complejo devenir de la crisis venezolana, la totalidad de sus razones y causas, ni ver en profundidad la ristra de sanciones y asfixias económicas que Estados Unidos ha impuesto con inusual ferocidad al país caribeño.1 Ahora se buscará, más bien, explicar las principales interrogantes que este tema suscita: ¿La crisis de Venezuela se debe a las sanciones? ¿Cómo afectan estas a la población venezolana? ¿Son útiles para impulsar el cambio político en el país? Veamos.

EL AUGE Y DESPLOME DEL CHAVISMO Y LA CRISIS RENTÍSTICA.

En 1998 el chavismo surge como alternativa política con base en un discurso nacionalista que retrotrae al imaginario de la Gran Venezuela, de los tiempos de Carlos Andrés Pérez. Con una retórica popular y patriótica, el proyecto bolivariano se vendía como una esperanza de regreso a los años de esplendor de la economía.

El período dorado del gobierno bolivariano fue entre 2004 y 2008. La primera crisis puramente económica (la crisis de 2002-2003 fue completamente política) se desarrolló entre 2009 y 2010, motivada por la caída en los precios del petróleo como efecto de la crisis mundial de 2008 y por una gestión económica que no ahorró durante los tiempos de bonanza rentística. En 2014 y 2015 el precio del petróleo empezó a caer otra vez. El ritmo incrementado de gastos del gobierno y la hipertrofia en las importaciones hicieron que precios del petróleo cinco o seis veces más altos que los observados a inicios de la década del 2000 –según cifras de 2016 del Banco Central de Venezuela (Bcv)– luzcan ahora como “pequeños”. En 2014 y 2015 empezó la contracción de las importaciones, la caída en la oferta de bienes y servicios, y comenzaron a reflejarse los resultados de un proceso de desindustrializaciónque, en favor de un entusiasmo importador, llegó a traer leche líquida, cemento, gasolina, plástico, e incluso obreros (desde China) para construir viviendas.

La caída estrepitosa de la producción y de la productividad hizo más patente la escasez de bienes, con lo que se agudizó el incremento en sus precios. La enorme impresión de dinero inorgánico, componente útil para la expansión del gasto y la cobertura de déficits fiscales, se vio reflejada en un aumento de la base monetaria en más de 125 mil por ciento (desde enero de 1999 a enero de 2017). Todo ello incrementó, para 2015, las tasas de inflación a casi el doble de las más altas de la historia del país, registradas en 1996. En Venezuela, apenas acaece un descenso de la renta, parece inhibirse la producción agrícola e industrial y tiende a diluirse el salario, como bien lo explica el estudioso del sector petrolero venezolano y ex representante de los gobiernos chavistas ante la Opep, Bernard Mommer, en su libro Petróleo global y Estado nacional.

LA CRISIS: HIPERINFLACIÓN, FUGA DE CAPITALES Y DESTRUCCIÓN ECONÓMICA.

Por quinto año consecutivo, según la Asamblea Nacional (AN), el país exhibirá la inflación más alta del mundo, estimada por la AN, ya para 2018, en 1.698.488,2 por ciento. Aunque puede considerarse la estimación de la AN como exagerada, la cifra oficial para el año pasado ofrecida por el Bcv –130.060 por ciento– parece quedarse muy corta debido a que la metodología empleada subestima los precios de muchos bienes, al tomar sólo las versiones “reguladas” por el gobierno nacional.

Según la Comisión de Finanzas de la AN, la economía se contrajo en un impresionante 50,61 por ciento en el breve período que va desde 2013 hasta 2018. La estimación oficial del Bcv no se queda muy lejos de esa cifra y ubica la contracción en un 47,7 por ciento. El colapso es innegable. El valor del dólar paralelo (que sirve para fijar casi todos los precios de la economía) se incrementó en más de 88 mil por ciento en 2018, lo que ha desintegrado por completo el poder adquisitivo. El salario real medido en divisas descendió, en el período 2013-2018, un 95 por ciento.

El corazón del asunto de la crisis estriba en la vertiginosa exportación de la renta petrolera ingresada al país. Ello se realizó a través de una hipertrofia importadora y de una fuga de capitales vigorosa. Las importaciones entre 2003 y 2012 se multiplicaron por cuatro veces y media, y la fuga de capital se conjetura en alrededor de 600.000 millones de dólares si consideramos bajo ese concepto las importaciones fraudulentas. Si vamos a los términos de intercambios aplicados a las exportaciones no petroleras, podemos ver que el precio pagado por cada quilogramo exportado de mercancías subió en apenas 11 por ciento en el período 1998-2014, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (Ine), lo que no justifica un aumento tan fuerte en los precios de las importaciones.

¿SON LAS SANCIONES CULPABLES DEL COLAPSO ECONÓMICO?

El profundo colapso económico en que está sumido el país no tiene nada que ver con las sanciones. Como ya se ha explicado, la crisis estalló en 2014, varios años antes de las primeras sanciones económicas de importancia. Desde el año 2004 se han venido llevando a cabo políticas que facilitaron e incentivaron la exportación de la renta petrolera. Puntualmente, la sobrevaluación de la moneda, la expansión importadora estatal y privada, la fuga de capitales a través de elementos financieros y la tríada endeudamiento externo-sobrefacturación importadora-sobreprecios en la importación. Todo ello condujo a la destrucción del aparato productivo tanto industrial como agrícola, ya que una importación artificialmente barata hacía imposible que la producción a nivel nacional fuese rentable. Así las cosas, la producción y la productividad cayeron en picada tan temprano como 2009. Otro auge petrolero permitió entonces estirar la dilapidación rentística de capital, gracias a que el precio del petróleo subió a niveles nunca antes vistos. Pero ya en 2013 la crisis que se estaba gestando era muy grande y el endeudamiento externo muy severo y costoso. La caída en el precio del petróleo y la disminución en el ritmo de su extracción (por la falta de inversiones en el mantenimiento industrial de esa actividad) evidenciaron que el modelo era insostenible. En 2014 aún se estaba a tiempo para frenar esa avalancha, pero, a falta de renta petrolera para mantener el gasto hipertrofiado, se recurrió a la emisión excesiva de dinero inorgánico para tratar de dar la impresión de que el Estado podía gastar más, aún cuando la sociedad producía menos. Con esas gestas vino la hiperinflación y la producción intensificó su caída. De nuevo, todo ello sucedía al margen de las primeras sanciones de cierta importancia, que llegaron en agosto de 2017.

¿AFECTAN LAS SANCIONES A LA POBLACIÓN VENEZOLANA?

Para setiembre de 2019 las sanciones han alcanzado su punto más alto, luego de su acumulación importante sobre diversos sectores, desde el armamentístico hasta el petrolero, pasando por las finanzas y la economía. El verdadero efecto de las sanciones económicas recién está manifestándose, ya que las sanciones financieras de agosto de 2017 sólo habían venido a refrendar legalmente una imposibilidad cierta: nadie desea adquirir bonos de Venezuela y de Pdvsa, y los tenedores actuales se niegan a negociar una reestructuración. El impacto real arrancó con las sanciones económicas de finales de 2018, mientras que las sanciones petroleras (sin dudas las más fuertes y destructivas de todas) apenas se han iniciado en enero de 2019 (contaron, además, con “licencias generales”, emitidas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que ofrecieron ciertas excepciones hasta mediados de julio de 2019). Por ende, el real efecto de estas vigorosas sanciones recién está asomando su rostro, con consecuencias considerables, pero lejos de ser la razón de la crisis.

Los connotados economistas Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs argumentan, en su trabajo para el Centro de Investigación en Economía y Política (Cepr), de Washington, “Sanciones económicas como castigo colectivo: el caso de Venezuela” (abril de 2019), que, gracias a esas medidas de Estados Unidos, Venezuela ha perdido el crédito internacional necesario para su desarrollo. El asunto es que la gravedad de los problemas económicos ya habían alejado a los prestamistas internacionales, que desde 2016 ven imposible que Venezuela pueda cancelar sus compromisos de deuda. Así las cosas, desde hace casi cuatro años el Banco de Desarrollo Chino no le presta más a Venezuela, tampoco el Banco de Asia.

El “embargo” de Citgo2 es gravísimo, pero no es la causa de la caída en la producción de petróleo, como de alguna manera aseveran Weisbrot y Sachs. Si bien Citgo llegó a comercializar, en tiempos relativamente recientes, hasta 580 mil barriles diarios de Pdvsa, las cantidades que esta ya no puede enviar a Citgo se pueden colocar en otros mercados. Los diluentes y el petróleo liviano también se pueden adquirir en otros espacios (aunque a un precio mucho mayor, lo que reduce el beneficio). Lo cierto es que este “embargo” no puede justificar la caída de alrededor del 70 por ciento en la producción petrolera venezolana ocurrido entre 2008 y 2019. Dicha caída se puede apreciar como un tobogán que arranca ya en 2009, como lo señalan en un trabajo conjunto el economista y ex ministro de Planeamiento de Venezuela Ricardo Hausmann y el investigador Frank Muci (Americas Quarterly, 2-V-19), casi nueve años antes de las sanciones petroleras. De hecho, ya para 2016 y según el Atlas de Complejidad Económica (Oec), la exportación de petróleo crudo había caído un imponente 68 por ciento. La caída en la producción petrolera tiene múltiples factores causales por completo ajenos a las medidas de reciente data contra Pdvsa. Entre ellos, la reducida inversión efectiva, la escasez de fuerza de trabajo calificada generada por los bajísimos salarios, la enorme corrupción en los manejos de la empresa, el insuficiente ingreso interno al “regalar”la gasolina, expropiaciones y problemas con transnacionales contratistas y el endeudamiento exagerado para captar divisas, que posteriormente eran regaladas en el mercado interno a un precio irrisorio.

¿CÓMO INFLUYEN LAS SANCIONES EN LA CRISIS?

De 2014 a 2016 la economía se había desplomado ya en casi 25 por ciento –según el informe de marzo de 2017 de la consultora económica venezolana Ecoanalítica– al sufrir, por primera vez en su historia, una caída sostenida de 12 trimestres. Las sanciones financieras irrumpieron recién en agosto de 2017. En los primeros dos trimestres de ese año, la economía había disminuido en alrededor de un 8 por ciento adicional. Por tanto, cuando las sanciones ingresaron al escenario financiero, la economía ya estaba en una gravísima senda de destrucción acumulada.

Ahora bien, como dice el director de política internacional del Cepr, Alexander Main, las sanciones “incrementan” el sufrimiento del pueblo venezolano (Nacla, 17-V-18). Estas sanciones encarecen y dificultan la importación de alimentos y materias primas. De hecho, imposibilitan los procesos necesarios para que empresas estatales o privadas puedan generar divisas con las que adquirir medicinas y alimentos.

Según una extensa investigación realizada en 2017 por el entonces investigador de la Universidad de Mánchester Dylan O’Driscoll, en la mayoría de los casos las sanciones no alcanzan el resultado deseado, y cuando se combinan con el sufrimiento humano que provocan, a menudo pueden ser comparables a intervenciones armadas, aunque sin la misma “tasa de éxito” a nivel de cambios de régimen. En otro estudio, publicado en 2015 en el European Journal of Political Economy por Matthias Neuenkirch y Florian Neumeier, se ha comprobado que en 67 países sancionados entre 1976 y 2012, las sanciones han tenido un impacto muy severo en el crecimiento económico. El impacto observado ronda, en promedio, un 2 por ciento de caída del Pbi per cápita interanual.

¿LAS SANCIONES SON DETERMINANTES PARA EL CAMBIO POLÍTICO?

Como explica el estudio Targeting autocrats: Economic sanctions and regime change, del profesor de economía internacional de la Universidad de Lucerna Manuel Oechslin, en el que se examinó países sancionados entre los años 1914 y 2000, sólo en el 21 por ciento de los casos las sanciones colaboraron en provocar una transición de gobierno. En el 65 por ciento de los casos las sanciones fueron abandonadas sin apenas conseguir sus objetivos. Aún el 14 por ciento de esas naciones seguía teniendo sanciones sobre sus espaldas en el año 2000, sin producir cambio político alguno.

Las sanciones son ideológicamente muy útiles a los gobiernos que las sufren. Al ser, en efecto, medidas que buscan destruir la economía del país afectado, asfixiarlo económicamente, sirven de excusas geniales para culpabilizar al “enemigo externo” de los propios errores locales. Ello permite moralizar a las bases de adeptos y victimizar al gobierno local, que empieza a gastar ingentes recursos en propaganda contraria a las sanciones.

Además, al incrementar notablemente las limitaciones para importar y conseguir alimentos, las sanciones potencian en muchos casos la efectividad moral y material de los programas de asistencia social clientelares del gobierno sancionado. En situaciones de miseria como la actual, la caja de alimentos que reparte el gobierno venezolano mediante comités chavistas de abastecimiento (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), mayoritariamente distribuida con criterios políticos, ha pasado a ser mucho más importante que el salario, al que incluso ha llegado a superar por ocho veces. Las sanciones potencian, así, la efectividad clientelar de una dádiva que en la actual situación de pobreza extrema es, prácticamente, el único sustento de muchos.

13 septiembre, 2019

* Economista, magister scientiarum en ingeniería industrial y director del Centro de Investigación y Formación Obrera de Venezuela (Cifo).

  1.   He realizado dicho trabajo en extenso en Impacto y naturaleza real de las sanciones económicas impuestas a Venezuela, Provea, 2019.
  2.            Empresa estatal venezolana con sede en Estados Unidos, dedicada a refinar petróleo y a comercializar allí sus derivados (N de E).
Publicado enInternacional
Grupo en la OEA busca abrir la puerta a una intervención armada en Venezuela

Washington. Doce países integrantes del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) votaron ayer en favor de convocar a los cancilleres de las 19 naciones signatarias para que aborden la crisis venezolana, durante una sesión del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), lo que abre la puerta a una intervención armada regional a la república bolvariana, que a su vez consideró "nula" la decisión.

Varios países que no integran el TIAR se pronunciaron contra invocar el tratado. Bolivia se retiró de la sala y México y Uruguay dijeron que el TIAR es inapropiado para responder a una crisis interna como la venezolana. Más aún, México rechazó de forma "rotunda" la propuesta al argumentar: "consideramos que no hay un conflicto armado en el continente que amerite" su aplicación.

La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, tuiteó que su país "repudia" la infame pretensión de un reducido grupo de gobiernos belicistas de la OEA que pretenden alterar la paz de nuestra patria y la región valiéndose de un írrito instrumento para satisfacer la ansias de Estados Unidos por derrocar al gobierno de Venezuela”.

Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Guatemala, Haití, Honduras, El Salvador, Estados Unidos, Paraguay, República Dominicana y Venezuela, representada por el emisario de la oposición Gustavo Tarre, aprobaron que los cancilleres del TIAR se reúnan durante la segunda mitad de septiembre, sin precisar sitio ni fecha. Trinidad y Tobago, Uruguay, Costa Rica, Panamá y Perú se abstuvieron y Bahamas se ausentó.

El secretario estadunidense de Estado, Mike Pompeo, señaló que la convocatoria demuestra que el gobierno de Nicolás Maduro tiene una "influencia desestabilizadora" en la región.

El TIAR prevé opciones que van desde la negociación, la ruptura de relaciones diplomáticas, la suspensión de comunicaciones económicas, de transporte terrestre, marítimo, aéreo, comunicaciones radioeléctricas, radiofónicas y la opción de acciones coercitivas de carácter militar.

Publicado enInternacional
 Imagen del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York la mañana del 11 de septiembre de 2001.Foto Ap

Nueva York. Ayer se conmemoró el 18 aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre, pero aunque los ritos solemnes anuales procedieron aquí y en el Pentágono, imperó la sombra de una Casa Blanca disfuncional que, además de las mentiras cotidianas, ha expulsado ya a un número sin precedente de sus más altos funcionarios desde que Donald Trump empezó su estancia.

El despido, según Trump, o renuncia, según John Bolton, de su asesor de Seguridad Nacional, es el tercero en ese puesto en menos de tres años. También han sido cesados –o huyeron– dos previos asesores de seguridad, dos jefes de gabinete, un secretario de Estado, otro del Tesoro, uno de Defensa, uno de Seguridad Interna, otro de Trabajo, una más de Salud, otro del Interior, un procurador general y un director de la FBI, y otros más de segundo y tercer niveles; por lo menos 51 altos funcionarios en total.

El fin de Bolton no fue sorpresa, y la forma en que se hizo, por tuit, ya no es novedad. Se sabía, como lo declaró el presidente, que había marcadas diferencias de opinión entre los dos, y de la guerra cada vez más abierta entre el famoso bigote blanco y el secretario de Estado Mike Pompeo (quien ayer no lograba ocultar su sonrisa al hablar de su ex contrincante).

Aunque los analistas y observadores se han enfocado mucho en estas diferencias "ideológicas", con Bolton como un halcón tan extremo que el propio Trump bromeaba acerca de que si fuera por decisión de su asesor, "estaríamos en cuatro guerras más" y que él era quien tenía que moderar a Bolton, todo indica que el fin fue por algo más sencillo y común en este régimen: el presidente se hartó de alguien que no estaba de acuerdo en todo lo que el jefe quería.

Ahora el debate es si la ausencia de Bolton cambiará la política exterior de Trump. Se sabía que Bolton favorecía estrategias de “cambio de régimen –incluso a través de invasiones y guerras– en Irán, Venezuela, Cuba, Siria, Corea del Norte y otros lugares. Por su parte, Trump minaba esto con frecuencia, indicando que estaba dispuesto a reunirse con el liderazgo de Irán, por ejemplo, y mantener una relación amistosa con el líder norcoreano.

Trump comentó ayer que "estaba en desacuerdo con la actitud de Bolton sobre Venezuela. Pensé que estaba muy fuera de lugar", reportó Eli Stokols, de Los Angeles Times.

También se sabía anteriormente que Trump estaba irritado y frustrado con el tema de Venezuela porque Bolton y otros le habían asegurado que el gobierno de Nicolás Maduro estaba por caer ante un levantamiento popular y militar interno que nunca se produjo.

Pero estas disputas y desacuerdos sobre política no necesariamente son lo que determinan las decisiones internas de este régimen bajo el manejo errático de Trump. Con un presidente que se proclama como el más inteligente –"un genio muy estable"– que su gabinete, sus asesores, sus generales y los jefes de inteligencia, el fin de Bolton parece ser sólo otra decisión de una percepción de insuficiente lealtad y elogio o por razones de vanidad.

De hecho, esa vanidad se expresa sin falta cada día. Al ofrecer un discurso referente al 11 de septiembre, Trump repitió ayer una afirmación que carece de evidencia y parece ser otra exageración, engaño o mentira, entre las ya más de 10 mil que ha dicho desde que llegó a la Casa Blanca (según conteo del Washington Post). Insistió en que después de que vio el ataque contra las Torres Gemelas desde un edificio en Nueva York, pocos días despues “fui a la zona cero con hombres que trabajan para mí para intentar ayudar de cualquier manera que pudiéramos”. Sin embargo, nadie recuerda su presencia ni que haya ofrecido apoyo alguno.

En este aniversario tampoco se habló mucho de la guerra en Afganistán que se lanzó como "respuesta" a los atentados y que ahora es la más larga de la historia estadunidense, y menos sobre la de Irak y sus secuelas en la región. Más bien, los últimos días han estado repletos de disputas sobre realidades alternativas inventadas por el presidente, o por afirmaciones que preocupan por falta de coherencia.

Tal vez lo más increíble es que los temas que imperan en Washington no fueron el 11 de septiembre ni las guerras o política exterior –hasta lo de Bolton se está desvaneciendo– sino cómo Trump, con un plumón y una serie de declaraciones, insistió en encubrir un error que cometió al afirmar en un tuit que el huracán Dorian podría impactar al estado de Alabama.

Por más de una semana esto ha sido un gran debate, y continúa con la revelación del New York Times, de que el secretario de Comercio Wilbur Ross, bajo instrucciones del jefe del gabinete Mick Mulvaney, amenazó con despedir a funcionarios del Servicio Nacional Meteorológico –el cual está dentro de su secretaría– si no apoyaban la falsa afirmación del presidente.

Ayer, Trump, después de ofrecer su discurso por el 11 de septiembre en el Pentágono, donde recordó con toda la retórica patriótica y superpoderosa a los casi 3 mil que fallecieron ese día y advirtió que su país respondería a un nuevo intento parecido con una fuerza militar "nunca antes utilizada", retomó el tema del huracán.

De regreso en la Casa Blanca, a una pregunta sobre la versión del Times, Trump declaró que él nunca giró instrucciones para amenazar a los encargados del servicio meteorológico y que eso era otro ejemplo de fake news.

Una encuesta de CNN registró ayer que seis de cada 10 estadunidenses opinan que Trump no merece un segundo periodo y 71 por ciento no confía y en la información oficial difundida por la Casa Blanca.

Todo esto marca lo que el propio presidente ha empezado a bautizar como "la Edad de Trump".

Publicado enInternacional
Nicolás Maduro: "Pretenden crear un conflicto con Colombia" 

El presidente Nicolás Maduro finalizó la alocución al frente de la reunión del Consejo de Defensa de la Nación denunciando la existencia de una amenaza y escalada militar contra el país. “Tenemos las pruebas de cómo se pretende crear un falso positivo para crear un conflicto armado entre Colombia y Venezuela”.

La reunión del lunes a la noche se dio luego de un día de alta tensión diplomática. En primer lugar, el ministro de comunicación Jorge Rodríguez, presentó pruebas de cómo fueron falsificados y difundidos a través de la prensa colombiana, en particular la revista Semana, documentos para intentar acusar al gobierno venezolano de colaborar con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el sector de la Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia (FARC) que regresó a la lucha armada.

Luego, en horas de la tarde, tuvo lugar una rueda de prensa del canciller venezolano, Jorge Arreaza, y el Rodríguez, donde fue convocado el cuerpo diplomático acredito en el país, para darles “información precisa de los actos terroristas que desde la República de Colombia se planifican bajo el amparo del gobierno neogranadino”.

Fue en horas de la noche que Maduro se reunió con el Consejo de Defensa de la Nación, donde participaron representantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en todos sus niveles, de los poderes públicos, y el gabinete nacional.

“He entregado como jefe de Estado al Consejo de Defensa de la Nación la conducción colectiva de esta coyuntura de amenaza real, de violencia, de conflicto armado y de ataque de parte del gobierno guerrerista y criminal de Colombia”, afirmó el mandatario, siguiendo, explicó, el artículo 232 de la Constitución.

Durante la alocución denunció los diferentes actos encubiertos -42 acciones en tres meses, detalló- que se han venido realizando desde el gobierno de Colombia. Una de ellas ha sido y es el intento de “captación de oficiales y suboficiales venezolanos con la intención de atacar el sistema de defensa aéreo y misilítstico venezolano, apoyados por un grupo de venezolanos”.

El presidente venezolano también se refirió a la alerta naranja decretada días atrás y el inicio de los las operaciones fronterizas “Venezuela soberanía y paz” que se llevarán adelante desde este martes 10 de septiembre hasta el 28 del mes.

“A poner a punto todo el sistema de defensa nacional, afinar todos los mecanismos del despliegue de la capacidad militar de nuestro país para poner a punto la defensa terrestre, antiaérea, la defensa integral del territorio nacional”, afirmó Maduro.

De esta manera la tensión entre ambos países alcanzó su punto máximo desde la nueva escalada que inició el 29 de agosto. Ese día un sector de las FARC anunció su regreso a la lucha armada, lo que fue seguido por la acusación del presidente Iván Duque hacia Venezuela al afirmar que el gobierno de Maduro les brindaba apoyo dentro de su territorio.

Dos días después, el 31 de agosto, Jorge Rodríguez había denunciado la detención de quien iba a detonar explosivos en puntos céntricos de Caracas, y la presencia de tres centros de entrenamiento militar en Colombia, cerca de la frontera con Venezuela, donde, explicó, fue entrenado, junto a otras personas, y enviado al país.

No fue la primera vez que el gobierno venezolano denunció la presencia de centros de formación militar en Colombia para atentar contra Venezuela: el caso anterior había sido con el intento de asesinato del presidente Maduro el ocho de agosto del 2018.

El escenario actual se enmarca dentro de una nueva ofensiva en el intento de derrocamiento del presidente Maduro. Las declaraciones han venido en escalada en las últimas semanas, en particular desde el decreto firmado por Donald Trump el 6 de agosto para agudizar el bloqueo económico y financiero, lo que trajo, en consecuencia, la decisión de Maduro de suspender las negociaciones en Barbados.

En ese contexto, y con un cuadro de desmovilización de la oposición a nivel nacional, tomó fuerza la variable Colombia en el esquema de asedio al gobierno venezolano. Iván Duque no se pronunció el lunes acerca de las declaraciones hechas desde el Palacio de Miraflores.

Por último, el lunes también tuvieron lugar tres hechos relevantes. En primer lugar, el informe leído por la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, que reiteró su preocupación por las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, a la vez que reconoció el impacto negativo del bloqueo y la violencia opositora.

En segundo lugar, tuvieron lugar las palabras de Elliot Abrams, enviado especial norteamericano para el caso venezolano, quien, desde Bruselas, acusó a la Unión Europea de no tomar mayores sanciones contra el gobierno de Maduro y de ser permisiva con sus dirigentes.

Por último, se supo que la Organización de Estados Americanos -de la cual el gobierno venezolano se retiró- debatirá el próximo miércoles el pedido hecho por el autoproclamado Juan Guaidó de que se active el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, una carta que pone sobre la mesa la posibilidad de conformar una coalición internacional contra Venezuela.

Queda por delante la Asamblea General de Naciones Unidas que tendrá lugar el 27 de este mes, y será un nuevo escenario de la confrontación diplomática. Los tiempos han vuelto a acelerarse.


Colombia-Venezuela, ¿tan sólo tambores de guerra?

Álvaro Verzi Rangel

Estrategia.la

Los analistas venezolanos, colombianos e internacionales coinciden en que ven como muy remota la posibilidad de un enfrentamiento militar entre Colombia y Venezuela, aunque el tono guerrero de algunos altos funcionarios colombianos y el reciente anuncio de Nicolás Maduro de desplegar un sistema de misiles antiaéreos y ordenar ejercicios militares en la frontera, dan lugar a temer por la paz regional.

Las amenazas de guerra no son nuevas en la historia de ambos países, surgidos de la misma raíz de la Gran Colombia. Muchas veces sirvieron para distraer la atención de los problemas internos.

Por un lado sirve para invisibilizar las conversaciones entre gobierno y oposición venezolanos que adelantan con auspicio noruego y por el otro, ocultar el juicio que se le sigue al expresidente colombiano Álvaro Uribe, en momentos en que se larga la campaña electoral para gobernadores y alcaldes,

Funcionarios colombianos tienden a desestimar las capacidades militares de las Fuerzas Armadas Bolivarianas (venezolanas) –sus equipos y armamentos no han recibido mantenimiento ni se adaptan a una confrontación con su vecino del sur y oeste, dicen- y agregan una especulación con tufo a fakenew a la ecuación explosiva: la supuesta alianza de disidencias y guerrillas colombianas con el gobierno de Caracas

A principios de semana, denunciando una «escalada guerrerista» desde el país vecino, Maduro volvió a elevar el tono contra el gobierno del ultraderechista Iván Duque, a quien suele acusar de estar detrás de planes de Estados Unidos para derrocarlo, asesinarlo o desencadenar hechos de violencia en Venezuela.

«En los últimos tres meses se ha intentado desde la inteligencia del gobierno colombiano, captar suboficiales y oficiales venezolanos para afectar el sistema de radares, el sistema de defensa aérea y sus aviones, el sistema defensa antiaérea y el sistema misilístico venezolano», indicó Maduro en una cadena de radio y televisión.

“Colombia no será jamás un país agresor, y si llegáramos a ser agredidos, que Dios quiera que esa hipótesis jamás se produzca, pues sabemos que también tendríamos no solamente nuestra capacidad de defensa sino la reacción de nuestros aliados en la comunidad internacional”, afirmó la vicepresidenta colombiana Marta Lucía Ramírez.

El Gobierno colombiano, reveló Ramírez, busca activar todos los mecanismos a nivel hemisférico para evitar cualquier tipo de agresión armada. “Colombia está activando todos los instrumentos que existen en la región para evitar cualquier tipo de acción militar y cualquier tipo de provocación”, apuntó.

Juan Guaidó, el autoproclamado presidente interino de Venezuela, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos, calificó como una “distracción” las acusaciones de Nicolás Maduro sobre Colombia. “La clásica estrategia del enemigo externo, el enemigo interno, el enemigo anterior, antes le echaban la culpa a la Cuarta República, a los bachaqueros, a la guerra económica, ahora la culpa es de un país hermano”, dijo Guaidó, quien reiteró que trabajará de la “mano con el gobierno colombiano” para dar con el paradero de los disidentes de la Farc.

Este último pico de tensión –que trasciende la guerra de micrófonos que tiene varias décadas- comenzó a finales de agosto cuando Duque acusó sin prueba alguna al gobierno venezolano de dar «albergue» y «apoyo» a un grupo disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) que, liderado por Iván Márquez, anunció su rearme.

En respuesta, Maduro decretó una alerta en la frontera común de 2.200 kilómetros y convocó ejercicios castrenses en esa zona entre el 10 y el 28 de septiembre, y el despliegue de un sistema de misiles terrestres y antiaéreos. Asimismo, acusó a Colombia de estar armando y entrenando paramilitares para llevar a cabo en Venezuela atentados contra altos personajes de su entorno.

Duque, acosado por una grave crisis económica, ética y social, bajó el tono y descartó una intervención militar en Venezuela asegurando que «Colombia no agrede a nadie».

‘Guerra’ fue una de las palabras que más se repitió en los medios hegemónicos de comunicación colombiana esta semana, mientras la paz y la esperanza continúan siendo reiterativas en los discursos del pueblo. Las organizaciones sociales, sectores y comunidades no han dejado de preguntarse por la construcción de la paz en los territorios.

Han pasado casi tres años desde que las Farc-EP y el gobierno firmaron en La Habana el Acuerdo de Paz, pero la realidad diaria en las regiones y las ciudades es preocupante: miltarización, persecusión, estigmatización, y hostigamiento continuo; el asesinato sistemático de líderes sociales, la incursión de proyectos extractivistas que atentan contra la naturaleza y las comunidades, el incremento del índice de desempleo; el desplazamiento, tanto al interior del país como hacia el exterior.

Alberto Castilla, senador colombiano de la bancada alternativa, señaló que la diferencia entre la paz que plantea la burguesía y la que planean las comunidades es de carácter estructural; para éstas la paz no se limita a la entrega de las armas o a los Acuerdos logrados con las insurgencias.

“Está bien que haya una negociación del conflicto armado, pero no dejar reducido el concepto de paz a esa situación, sino generar todo lo que signifique mejores condiciones para la población colombiana y ahí si podríamos tener el concepto de paz”, aseguró Castilla. Todo ello, junto al incumplimiento del Acuerdo de Paz, son algunos de los elementos que evidencian que el silencio de los fusiles no es equivalente a la paz.

Las especulaciones guerreristas

La revista colombiana Semana, especuló que Maduro estaría instrumentalizando a estos grupos insurgentes para desestabilizar al gobierno colombiano y estos estarían suministrando información de inteligencia sobre posibles blancos, en especial estructuras energéticas y de seguridad colombianos.

La revista afirmó, en base a supuestos documentos secretos de inteligencia, que el gobierno venezolano tiene las coordenadas y la descripción de decenas de edificios claves para Colombia, incluyendo sedes gubernamentales, militares e infraestructura civil. En los documentos -titulados “Zamora” y “Centauro negro”-, las fuerzas militares del venezolanas diseñaban un plan de defensa ante una supuesta invasión imperialista de Estados Unidos desde Colombia, dice Semana.

Rubén Sánchez, profesor de ciencias políticas y gobierno de la colombiana Universidad del Rosario, descarta completamente ese escenario “porque el problema que tiene Maduro es interno, con su país, su población, la oposición. Además tiene unos aliados que no le pueden ayudar: Rusia está lejos y a China no le interesa. Viendo las condiciones objetivas sería una estupidez”, dijo al diario bogotano El Tiempo.

La analista venezolana Collete Capriles disiente con los colombianos y alerta que el ejército venezolano tiene gran poder de fuego: “ Es muy “respetable” militarmente, como lo reconoció el jefe del Comando Sur hace unas semanas”, dijo, tras reseñar que las declaraciones de ambas partes han ido más bien en la dirección de bajar la tensión.

Capriles también analiza el lado colombiano, dentro de la polarización política que vive el país: estos tambores de guerra “benefician a quienes no quieren una solución negociada a la crisis venezolana. Al menos son esos grupos lo que con más alegría abrazan la hipótesis bélica».

Desde la oposición antichavista se señala que Maduro no tiene cómo sostener una guerra porque no tiene logística, no tiene recursos financieros, y su población está carente de lo más elemental, sobre todo en la frontera. “Todo esto forma parte de la típica reacción chavista de ‘huir hacia adelante’ para hacer creer que están dispuestos a todo, pero en el fondo están pidiendo a Dios que no los tomen en serio”, apuntó Luis Salamanca, docente de la Universidad Central de Venezuela.

Por su parte, el dirigente chavista Pedro Carreño señaló que “Colombia, cual Caín de América, queriendo matar a sus hermanos, se ha prestado para constituirse en un portaaviones de Estados Unidos, de manera tal que desde allí se avance en ataques directos hacia Venezuela”. “Hay que aclarar que aquí hay un plan perverso, criminal y macabro para satanizar, estigmatizar y criminalizar al pueblo y al gobierno de manera tal de generar visiones subjetivas para una escalada de agresiones que termine con el control total de nuestro territorio”, agregó.

La prensa bogotana especula sobre un apoyo ruso al gobierno de Caracas y señala que la guerra híbrida no necesariamente emplea aviones de combate polivalente Sukhoi SU-30 o tanques pesados T-72, sino que se vale de nuevas formas de tecnología y de patrones de relacionamiento sociales, actuando en los espacios radioeléctrico y digital, buscando aliados en el país objetivo, y explotando sus contradicciones y conflictos sociopolíticos.

Mientras, embajadores de la Unión Europea instaron al gobierno de Nicolás Maduro y al jefe de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, a que regresen al diálogo impulsado por Noruega para poner fin a la profunda crisis que encara Venezuela. Tras un encuentro del cuerpo diplomático con Guaidó, el embajador de Francia en Caracas, Romain Nadal, señaló que «hay que negociar, discutir y reanudar el proceso de Oslo, de la mediación de Noruega».

¿Serán tan sólo tambores de guerra haciendo ruido para invisibilizar la realidad? En eso, los medios hegemónicos colombianos y las agencias noticiosas internacionales que difunden estas especies, tienen un largo historial de azuzar conflictos en su prédica de terrorismo mediático.

 Por Álvaro Verzi Rangel es Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Publicado enInternacional
Trump destituye al halcón Bolton mientras busca el diálogo con Irán

El presidente anuncia en Twitter el cese de su tercer consejero de Seguridad en menos de tres años por discrepancias en el acercamiento a regímenes como el iraní o el norcoreano

 

Por su cuenta de Twitter, sin advertir a miembros de su Gabinete y con trifulca mediante, Donald Trump anunció este martes la marcha del consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, la tercera baja de ese crítico puesto desde que comenzó la presidencia del magnate neoyorquino. El presidente explicó que discrepaba de buena parte de las propuestas de Bolton, un veterano halcón de la era George W. Bush muy crítico con los intentos de diálogo con Irán y Corea del Norte, y por eso había pedido su renuncia. El cesado en cuestión replicó que él había ofrecido su dimisión sin que se la pidieran.

La de Bolton fue una de esas marchas accidentadas de la era Trump. Sobre las 11 de la mañana (las 17.00 en la España peninsular), la Casa Blanca actualizó su agenda para convocar una rueda de prensa del consejero de Seguridad Nacional junto al secretario de Estado, Mike Pompeo, y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, un plantel que hacía prever algún anuncio relevante. La noticia del día, sin embargo, la iba a proporcionar Trump tan solo una hora después, cuando anunció la marcha de uno de ellos. Que una hora antes de la comunicación se organizase un encuentro con la prensa da idea del escaso conocimiento que había sobre este movimiento al más alto nivel.

“Informé a John Bolton anoche de que ya no necesitamos sus servicios en la Casa Blanca. Discrepaba en gran medida de muchas sugerencias, igual que otros en la Administración, así que le pedí su dimisión y me la dio esta mañana. Agradezco mucho a John su servicio, nombraré a un nuevo consejero de Seguridad Nacional la próxima semana”, escribió el presidente. Bolton, también a través de su cuenta de Twitter, daría una versión diferente, minutos después, al sostener que él mismo había ofrecido su renuncia por la noche y que Trump le pidió que siguieran hablando al día siguiente. Tras meditarlo, entregó la renuncia este martes.

Las discrepancias entre ambos, en fin, han llegado hasta el último día, sobre el relato de lo ocurrido con la baja. La comparecencia de prensa de Pompeo y Mnuchin tuvo lugar igualmente, pero la conversación giró en torno a la renuncia y el jefe de la diplomacia estadounidense confirmó que, en efecto, él también estaba en desacuerdo con Bolton “en muchas ocasiones”.

La apertura de la Administración a buscar entendimiento con los talibanes, con Corea del Norte e incluso con Irán —Trump no descarta reunirse en breve con Hasan Rohaní— puede suponer un cortocircuito para un halcón conservador tradicional como Bolton, que se ha distinguido precisamente a lo largo de su carrera por el discurso de fuego contra estos países. Gran adalid de la invasión de Irak en 2003, defensor de ataques preventivos contra Pyongyang, su llegada a la Administración en marzo de 2018 supuso el retorno del ardor guerrero a la Casa Blanca que, en teoría, iba a consagrarse a la filosofía del “América, primero”. "Yo calmo a John, lo que es bastante increíble", llegó a bromear Trump el pasado mayo.

Los focos de conflicto eran múltiples. El más reciente tuvo lugar con la cumbre secreta que Trump pensaba mantener en Camp David con los líderes talibanes para firmar un acuerdo de paz en Afganistán, y que finalmente fue cancelada, a tan solo unos días del 18º aniversario de los atentados del 11-S, que motivaron la invasión. Acabar una guerra en la que EE UU lleva atrapado 18 años supondría una gran victoria política de cara a la reelección de Trump, pero Bolton consideraba que podría retirar las tropas igualmente sin retratarse junto a los talibanes.

Muchas veces, además, la diferencia de opiniones era pública, como con el caso de Corea del Norte. El consejero criticó con dureza unas pruebas nucleares a las que Trump quitó hierro y, como era un clamor en Washington, se llevaba las manos a la cabeza con las palabras cálidas del republicano hacia Kim Jong-un. También, según fuentes citadas por la prensa nacional, defendía el bombardeo en represalia contra Irán que el presidente asegura que frenó el pasado mes de junio, en el último momento, para evitar 150 muertes. En el caso de Venezuela, usó un lenguaje especialmente duro —advirtió a Nicolás Maduro con Guantánamo, por ejemplo— y, además, deslizó de forma más o menos intencionadas amenazas bélicas: a finales de enero compareció ante la prensa con un blog de notas sin tapa, dejando expuesta la parte escrita hacia el público, con una anotación que decía: “Afganistán. Conversaciones bienvenidas. 5.000 soldados a Colombia”.

Bolton sustituyó como consejero de Seguridad Nacional al general H. R. McMaster, quien a su vez había asumido como relevo imprevisto del general Michael Flynn al poco de echar andar la Administración del magnate neoyorquino, en enero de 2017. Cuando el escándalo de la trama rusa estalló, la prensa reveló que había mantenido contactos polémicos con el Kremlin y que había mentido al Gobierno al respecto. El de la próxima semana será el cuarto consejero de Seguridad Nacional en menos de tres años, contribuyendo a la cascada de bajas que caracteriza la era Trump.

El halcón rendido

YOLANDA MONGE

“Rendirse nunca es una opción”. El título de sus memorias queda hoy empequeñecido a juzgar por cómo el presidente Donald Trump se ha deshecho de él -despidiéndole- y cómo él dice haber salido de la Administración con más bajas de la historia reciente -dimitiendo-.

Cuando John Bolton llegó a la Casa Blanca de Trump lo hizo con las últimas credenciales ganadas, aquellas que le otorgaban el marchamo de belicista en jefe, de adalid de la fracasada invasión de Irak por parte de George Bush hijo. Pero el camino había sido antes largo y constante en su ardor guerrero. Durante las dos décadas anteriores, Bolton se había ganado una trabajada reputación de ser el más firme defensor de la fuerza dentro del Partido Republicano.

Como una declaración de intenciones, lo primero que Bolton colgó en las paredes de su nuevo despacho nada más ser nombrado asesor de Seguridad Nacional fue una copia de la orden ejecutiva de su jefe Trump anulando uno de los logros estrellas de la presidencia de Barack Obama: El acuerdo nuclear de EE UU con Irán, calificado por Bolton como “abominable”.

Nacido en Baltimore en un barrio de clase trabajadora, hijo de un bombero y un ama de casa, Bolton es un neoconservador, un antiguo liberal que respalda una política exterior militarista y de línea dura y que tiene en su agenda la propagación de la democracia en el extranjero.

Bolton estudió con una beca en el último curso de Yale en el que solo se aceptaba a hombres. En sus memorias cuenta que en su época universitaria se sintió “un alienígena” entre tantos jóvenes contrarios a la guerra de Vietnam.

Cuando se graduó, la revolución de Reagan tomaba forma. Bolton se trasladó a Washington con su título en leyes y se sumergió en la causa conservadora que predicaba el actor.

Durante la disputada elección presidencial de 2000, Bolton se instaló en Florida para garantizar que Bush llegaba a la presidencia, lo que le valió el apodo de ser el Atticus Finch del Condado de Palm Beach.

En el pasado, el ya exasesor de seguridad nacional había declarado que el presidente Trump sabía cuáles eran sus ideas y sus intenciones. “Me ha visto opinar en Fox News”, dijo Bolton. “Uno debe de saber de antemano que los puntos de vista del presidente no son siempre los tuyos. Cuando entras en el Gobierno debes de saber que no vas a ganar siempre”, dijo el halcón hoy rendido.

Por Amanda Mars

Washington 11 SEP 2019 - 04:32 COT

Publicado enInternacional
Saeb Erekal

Durante mi visita a Chile en 2015, un buen amigo me llevó a recorrer el monumento a los detenidos de-saparecidos durante la dictadura de Pinochet. Fue un momento de mucha solemnidad. Como palestino, yo también sé muy bien lo que significa tener hermanos y hermanas cuyos cuerpos no han sido devueltos. La emoción poco a poco se transformó en un mayor entendimiento de Latinoamérica y su respeto al derecho internacional y, particularmente, el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es una forma de decir "nunca más". ¿Para qué podría existir el derecho, sino para dar garantías de igualdad a todos, incluidos los más débiles?

Pero la historia también está marcada por sectores que no consideran el derecho como un valor, tampoco la igualdad, sino que ambos se transforman para ellos en una amenaza. Son quienes consideran que el poderoso puede constantemente humillar al débil, y es algo que se da en varios aspectos de la vida, desde las diferencias económicas a las diferencias sociales. Si la política exterior de cada país es una extensión de su política local, entonces no debe sorprender la decisión del presidente hondureño de, en violación flagrante de sus obligaciones bajo el derecho internacional y particularmente de la resolución 478 del Consejo de Seguridad, reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

Son las consecuencias de la era Trump, donde el presidente estadunidense ha levantado a un puñado de populistas de derechas a nivel mundial quienes, de forma consciente o inconsciente, contribuyen a desbancar el sistema internacional. Eso es lo que ha estado haciendo Estados Unidos a través no sólo de sus ataques contra importantes tratados y organizaciones internacionales, como el protocolo medioambiental de París, la Unesco y el Consejo de Derechos Humanos, sino también en contra de principios básicos del derecho internacional. En efecto, reconocer a Jerusalén como capital de Israel –tal como el reconocimiento de las Alturas del Golán, pertenecientes a Siria, como parte de Israel– es un intento de normalizar la adquisición de territorio por la vía armada, una violación flagrante a uno de los principios básicos del derecho internacional humanitario.

Los objetivos cortoplacistas de aquellos populistas se oponen al interés de avanzar en la seguridad y paz mundial, de la misma forma que contribuyen a sentar precedentes tremendamente negativos para el futuro de la humanidad. En Palestina hemos sido víctimas de la falta de implementación de las resoluciones de Naciones Unidas y el derecho internacional, pero eso no quiere decir que el problema sea el derecho, sino la voluntad política para implementar sus principios. Esa misma falta de voluntad que permitió que el Apartheid en Sudáfrica se mantuviese por décadas.

La decisión de Honduras, quien junto con Guatemala se ha querido transformar en paladín de Estados Unidos en Centroamérica reconociendo a Jerusalén como capital de Israel, a pesar de que ambos países han sido llamados shithole countries o "países de porquería" por el presidente Trump, refleja una triste y peligrosa realidad en política internacional: quienes no dan valor al derecho simplemente no dan valor al principio básico que debe guiar las relaciones entre los países: el respeto.

La mentalidad clientelista de quienes justifican al presidente hondureño señalando que a cambio Honduras va a recibir "cooperación" por parte de Israel, no sólo se olvidan de la clase de "cooperación" entregada por Israel a las dictaduras latinoamericanas, sino que simplemente entregan el mensaje de que su política exterior está a la venta. Claramente la política exterior está basada en intereses, pero también en balances. Los intereses, tanto comerciales como de cooperación y políticos, y los principios básicos del derecho internacional, deben ir aliados de forma tal que las relaciones internacionales se transformen en un vehículo que propague la paz y no –como en este caso– un instrumento de un líder populista para acercarse irresponsablemente a esos mismos poderosos que, en el pasado, ya han mostrado el poco valor que asignan a sus relaciones bilaterales.

Latinoamérica sigue representando para Palestina un bloque natural de apoyo. Sus identidades y experiencias entienden la importancia del derecho internacional, particularmente del derecho a la autodeterminación. Al mismo tiempo que, en conjunto con nuestros aliados y particularmente con los miembros de la Liga Árabe, revaluaremos las relaciones como bloque con Honduras, también impulsaremos nuestras relaciones con el resto de la región. La causa de Palestina sigue siendo una causa universal por el respeto de la libertad y la justicia, algo que sin importar lo que haga Trump y sus amigos populistas, no cambiará la identidad de Latinoamérica en defensa de esos mismos valores, ni tampoco la realidad de Jerusalén como ciudad ocupada, ni el derecho de Palestina a existir libre y soberana.

* Secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina y jefe negociador palestino.

Publicado enInternacional
 Un día después de la reunión del G-7, el presidente Emmanuel Macron proclamó el "fin de la hegemonía de Occidente".Foto Afp

Por segunda vez en una cumbre del G-7 Trump trajo a colación la necesidad de reincorporar a Rusia al viejo esquema del G-8.

Días antes del G-7, el presidente galo Macron aceptó un quid pro quo, según The Globalist (http://bit.ly/2NDgTRK), con Trump: reinserción de Rusia al G-8 a cambio de la dilución de las sanciones a Irán, cuyo canciller Javad Zarif se presentó en forma espectacular en Biarritz, al margen del G-7.

Después del histórico discurso de Macron, un día después del G-7, donde proclamó el "fin de la hegemonía de Occidente" y reclamó la reconciliación de Europa con Rusia (http://bit.ly/2MSJMtg), el retorno de Moscú al G-8 no entusiasma al Kremlin.

La reconversión dramática de Macron, anterior funcionario de los banqueros globalistas Rothschild, y su resurrección "humanista" y cultural/civilizatoria, entiende la dinámica geoestratégica del ascenso de Rusia/China/India.

Macron, asustado por la revuelta rural de los chalecos amarillos, captó que el fallido neoliberalismo trastoca el orden político local/regional/global.

El zar Vlady Putin, quien se ha consagrado como un estupendo geoestratega, va más lejos que Trump y Macron y propuso en el V Foro Económico Oriental de Vladivostok, un G-10 con China e India, y quizá hasta un G-11 con Turquía (http://bit.ly/2zYYGWM).

El discurso de Macron llega con un atraso de 12 años al parteaguas de la disertación de Putin que marcó la nueva era global en la Conferencia de Seguridad en Múnich de 2007, que no asimiló el entonces presidente galo Sarkozy (http://bit.ly/2zWIHIq).

Ahora en Vladivostok, Putin recalcó en forma muy elegante que "el liderazgo de Occidente toca a su fin", dándole "crédito" a su homólogo francés.

Putin, dueño de la situación, comentó que no puede "imaginar que una organización internacional sea eficaz sin la participación de India y China".

Putin adujo que el formato del G-7 no se encuentra a la altura para resolver los temas globales. Le asiste la razón cuando se mide el PIB por su poder adquisitivo: China ya desplazó a EU del primer lugar e India –que se acaba de lucir como el cuarto país en alcanzar la luna, después de EU, Rusia y China (http://bit.ly/2UBANxF )– ya lo hizo con Japón en el tercer lugar (http://bit.ly/2AvMnSd).

Según el influyente portal Sputnik, Putin "abogó por incluir a Turquía en un formato más amplio similar al G-7": ahora “Turquía tras adquirir los sistemas rusos S-400 está bien protegida desde el cielo, por tanto su trabajo (…) en el semejante formato podría ser solicitado y apropiado, tomando en consideración su papel en los asuntos internacionales y en la región”.

A la pregunta de si Rusia participaría en la cumbre del G-7 el año entrante en Miami –en lo que ha insistido mucho Trump–, Putin comentó que los líderes del G-7 deberían antes viajar a Rusia donde la cumbre del entonces G-8 debió celebrarse en 2014, antes de la expulsión de Moscú por el contencioso de Crimea.

No dudo que EU, Francia, Italia y Japón –cuatro del G-7– acudan a Moscú. Estuve a punto de escribir a Canossa: la humillación en 1077 del emperador excomulgado Enrique IV ante el Papa Gregorio VII.

Quedarían pendientes las confirmaciones muy negociables de Gran Bretaña y Canadá, y la postura dubitativa de Alemania.

Queda claro que el zar Vlady Putin acepta un G-8, pero en Moscú y bajo sus condiciones: quizá invitando como "observadores", en un inicio, a China, India y Turquía ( http://bit.ly/2zWWVct), lo cual en su conjunto lo entronizarían como el supremo jugador geoestratégico del siglo XXI con sus múltiples vectores euroasiáticos que forman parte del esquema geoestratégico del ideólogo ruso Alexander Dugin y su Cuarta Teoría Política (http://bit.ly/2zW6tEr).

El G-7 ya feneció y el G-8 es resucitado bajo los auspicios de Rusia que busca llevarlo a un G-10 o quizá un G-11 (con Turquía, si no existen demasiadas reticencias "europeas") que significaría el asentamiento de un nuevo orden eminentemente multipolar.

Es curioso que las cuatro superpotencias que han alcanzado la luna sean las que definan el nuevo orden global del siglo XXI.

http://alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Publicado enInternacional
Trump cancela unas negociaciones de paz secretas con los talibanes

El presidente de EE UU anuncia en Twitter que no se puede fiar de quien ha matado a 12 inocentes en un atentado en Kabul

 

A través de su cuenta de Twitter, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este sábado que ha cancelado las negociaciones de paz con los talibanes, después de que el grupo insurgente haya admitido estar detrás de un atentado en Kabul que acabó con la vida de un soldado estadounidense y otras 11 personas. “Sin que casi nadie lo supiera, los principales líderes talibán y, por separado, el presidente de Afganistán, iban a reunirse conmigo en secreto este domingo en Camp David. Llegaban esta noche a Estados Unidos”, informaba el presidente con un tuit esta noche. El mandatario explica a continuación que después de que sus invitados admitiesen que estaban detrás del ataque en Kabul que mató “a uno de nuestros grandes soldados y a otras 11 personas", decidió cancelar "inmediatamente la reunión y las negociaciones de paz”.

“¿Qué clase de gente mataría a tantas personas para aparentemente fortalecer su posición de negociación?”, se pregunta el presidente. “Así no lo han conseguido, ¡sólo han empeorado la situación! Si no pueden acordar un alto el fuego durante estas importantes conversaciones de paz, e incluso han sido capaces de matar a 12 personas inocentes, entonces probablemente no tengan el poder necesario para negociar un acuerdo significativo”, prosigue Trump, que finaliza preguntándose: “¿Cuántas décadas más están dispuestos a luchar?”.

Recientemente los talibanes han lanzado una ofensiva contra la capital de la provincia de Kunduz y han perpetrado dos atentados suicidas en Kabul, uno de los cuales se cobró la vida de un sargento del Ejército estadounidense. Con este ya son 16 los militares de EE UU muertos en Afganistán este año.

El borrador de este acuerdo de paz incluía la retirada de miles de militares estadounidenses a cambio de garantías de que Afganistán no se convertirá en refugio de Al Qaeda, el Estado Islámico o cualquier otra organización que pueda atacar a Estados Unidos y sus aliados. Tras la espantada de Trump, ahora no está claro en qué situación queda la negociación para acabar con la guerra más larga jamás mantenida por EE UU y el retorno de las fuerzas estadounidenses. Según informa el diario The Washington Post, esta cumbre secreta habría supuesto un paso hacia la ratificación de un acuerdo entre Washington y los talibanes que llevaba meses negociándose.

Por Yolanda Monge

Washington 7 SEP 2019 - 21:46 COT

Publicado enInternacional
Página 1 de 226