Martes, 26 Enero 2016 17:29

Un movimiento por construir

Un movimiento por construir

Desde inicios del 2016 ganan audio voces de ciudadanos inconformes con los aconteceres políticos y económicos de final de año e inicio del nuevo. El aumento del salario mínimo, la venta de Isagen y la inminente reforma tributaria –con incremento del Iva del 16 al 19 por ciento–, son algunos de los factores de su inconformidad, y las principales razones para las concentraciones en que han terminado sus reclamos e inconformidad.


Concentración novedosa. El pasado 24 de enero tomó forma su propuesta extendida a la sociedad colombiana para congregarse en protesta contra el actual gobierno. Propuesta circulada a través de redes sociales.


En Bogotá, algunos miles de quienes la pueblan, se encontraron en su principal plaza, la de Bolívar, a una cuadra del sitio donde habita quien firmó las medidas motivo de rechazo. A los reclamos ciudadanos fue agregada la pretendida venta –privatización– de la Empresa de Teléfonos de la ciudad, así como la Transportadora de Gas Internacional.


El encuentro capitalino


A partir de las 9 am empezaron a llegar hombres, mujeres, niñas y niños, personas a pie o en bicicleta; se presentaron algunos gremios sindicales pertenecientes a la Central de Trabajadores de Colombia y de la Confederación General del Trabajo, así como pequeños grupos representantes de partidos políticos, mayoritariamente de izquierda, aunque el evento tuvo un matiz apartidista y más bien cívico.


Con el pasar de las horas la conglomeración tomó más cuerpo, organizándose las personas presentes en círculos de discusión, con espacio para que cualquiera tomara la palabra y diera su opinión, esto con el propósito de identificar las incertidumbres comunes y lograr un sentido de malestar social colectivo que oriente el avance de esta confluencia social. También fue levantada una tarima, abierta a la concurrencia, con un micrófono para que cualquiera expusiera sus puntos a tratar y propusiera acciones.


Al final de dominical encuentro, como conclusión del mismo, fue acordada una nueva concentración para el miércoles 27 de enero a las 5 pm, esta vez en el Parque Nacional, en la que se buscará pactar un nuevo orden político que permita fijar un rumbo favorable a los principales intereses de las mayorías nacionales.


Juventud crítica y política


Los jóvenes hicieron parte activa de la movilización. Desde Abajo habló a través de uno de 26 y otro de 27 años; ellos cuentan: "Se conformaron círculos para discutir fundamentalmente por qué seguir peleando e identificar las cuestiones de mayor acento. Las conclusiones fueron llevar esto hacia un movimiento por defensa de lo público, del agua, del territorio común, de las empresas públicas, por un aumento salarial justo, demandar la participación ciudadana en la planeación territorial, que podamos crear espacios de diálogo ciudadano para seguir discutiendo. Se quiere volver esto un movimiento incluyente hacia un paro cívico nacional, seguir fortaleciendo formas de democracia directa, territorial, asamblearia". A este evento se unieron grupos juveniles de todo tipo, afirman los jóvenes: "mucha gente joven; anarquistas, socialistas, comunistas, pero la mayoría ciudadanía muy consciente de no querer gobiernos de congresistas ni de políticos. Se agitaron cosas como la revocatoria del Senado y de la presidencia. Había de todo".


Una propuesta desde la juventud que quiere participar.


Le preguntamos a un compañero por sus percepciones de lo acontecido y por alguna propuesta de cara a lo que se viene a mitad de semana, a lo que respondió: "me parece más importante lo que se pueda sintetizar de los diálogos colectivos; hubo mucha iniciativa allí que es mejor analizar con calma. Pero diría, como principio, que esto siga, que podamos pasar de la indiferencia a la indignación y de ésta al inconformismo generalizado, organizar movimientos que desaten la iniciativa ciudadana, buscar articulación con los movimientos del campo, lo étnico, movimientos territoriales, de mujeres, intelectuales artísticos y buscar, como mínimo, una renovación política en el país y un cambio social que ofrezca mejores condiciones de participación democrática, mejorar siempre el nivel de vida de la población. Pero por el momento inmediato, que pueda constituirse como un movimiento unido, capaz y propositivo, con procederes ofensivos contra el régimen para convertir esta crisis económica –que ya se va mostrando como crisis de gobierno– en una crisis de régimen que desate iniciativas de carácter social o político que sea más como una llave que abra posibilidades destituyentes".


Qué dijeron las y los bogotanos
La exigencia de revocatoria del alcalde Enrique Peñalosa fue la arenga más popular. Muchas son las personas que están inconformes con lo que hasta ahora ha demostrado el político en su proceder ejecutivo. Del metro, ya proyectado en su primer tramo y del que ya se tenía el presupuesto acordado con el gobierno nacional, nada empieza, por el contrario opta por realizar nuevas investigaciones sobre algo ya estudiado, y en lo que la ciudad ha invertido cientos de miles de millones de pesos, y en vez de un metro subterráneo planea la construcción de uno elevado, según él más económico. ¿Negocio de por medio?


Pretensiones privatizadoras: además de la firme intención de vender la Empresa de Teléfonos de la ciudad, también pretende feriar Transporte de Gas Internacional (TGI), empresas que hasta ahora dejan grandes réditos para la ciudad. De esta manera, la visión de gran empresario –proyectada como candidato a la alcaldía y que fue la que convenció a la mayoría de los y las bogotanas para votar por él–, hoy no parece ser más que una simple promesa de una politiquería neoliberal que nada bueno ha dejado para nosotros, los de abajo. Además de los recortes del 40 por ciento en el presupuesto para la salud, y el cambio de sentido de la carrera 11, la urbe continúa siendo la misma, de la Bogotá que todos queremos, muy poco o nada avanza.


Lo que deja el 24 de enero


Aunque la convocatoria realizada por las redes sociales prometía una movilización mayor, salieron a las calles unas 7 mil personas, por lo menos en lo que a la capital se refiere. No obstante, y a pesar de la tímida muestra de indignación, es alentadora la reacción que las y los colombianos mostraron ante los problemas sociales que se avecinan. Poco tenemos que perder quienes poco tenemos, el único camino es el encuentro y el diálogo con vecinos, amigos y desconocidos, para a través del intercambio de opiniones conocernos y romper la pared invisible que nos separa, a pesar de vivir y padecer iguales dificultades diarias, a pesar de aspirar y soñar con una vida mejor. Dialogar para superar temores, para dejar atrás el temor a la inseguridad, con la que nos aíslan y nos hacen sentir extraños y hasta enemigos. Encontrarnos para dejar atrás el miedo a lo inevitable, el cambio, el que está presente en todas las fibras del mundo que habitamos, sin que sea la excepción el cuerpo social. Nosotros, los de abajo, somos la energía para que tome forma.

Publicado enColombia
Repunte de la acción popular contra el neoliberalismo santista. Hacia el paro cívico nacional.

Con la generalización de la crisis económica y fiscal de la sociedad y el Estado; con las medidas de recortes, austeridad, más impuestos y privatizaciones de bienes públicos; y con la arremetida oficial para implantar a rajatabla una segunda fase neoliberal, la inconformidad y protesta social repuntan como herramientas para defender y proteger los derechos de la población más débil y vulnerable.

Mientras avanza el proceso de paz y se aproxima la firma segura de un acuerdo definitivo que ponga fin a la lucha armada y la violencia política, la oligarquía dominante reafirma el modelo neoliberal como protocolo de funcionamiento del aparato económico y de organización sociopolítica.

No obstante, volcarse a la conquista de la paz no significa replegarse ni abandonar la inevitable acción colectiva emancipadora y transformadora.

Consideremos estos dos planos de la coyuntura, dibujados claramente en las primeras semanas del mes de enero del 2016.

 

La arremetida neoliberal.

 

No obstante que la superación del conflicto social y armado, mediante las conversaciones en la Mesa de La Habana, organizada por el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y las Farc, ha elaborado un repertorio de coincidencias en temas agrarios, democracia ampliada, erradicación de cultivos ilícitos, de los derechos de las víctimas y la terminación del conflicto armado, cuyo alcance y sentido permiten caracterizar una dimensión de justicia social y progreso, la elite dominante persiste en canalizar los logros del proceso para relegitimar la hegemonía neoliberal y rebobinar su esquema de control político del Estado y la sociedad.

La casta santista, acosada por la descomunal crisis económica y financiera global (http://bit.ly/1Pwf66A), huye hacia adelante y pretende encauzar a Colombia en una segunda fase neoliberal mediante la apropiación masiva de territorios y tierras de la Orinoquía y otras regiones y con estrategias de expansión del gran capital en Colombia de grandes dimensiones. El desalojo de millones de campesinos mestizos, afros e indígenas del campo, adecua condiciones para repetir la experiencia de otras áreas del planeta, específicamente en el pacífico.

Los planes de inversión en infraestructura, turismo, apropiación del mercado interno, nuevas áreas mineras, nuevos puertos, maquilas de nuevo tipo aprovechando las zonas francas, aprovechamiento de la biodiversidad amazónica, son de una gigantesca magnitud en la proyección de la expansión del capitalismo y sus redes de producción.

La segunda generación del neoliberalismo, luego de la formula gavirista de los años noventa y de su afianzamiento político con la seguridad democrática de Uribe Vélez, reúne nuevos enfoques sobre el emprendimiento personal así como recortes en el gasto público, venta generalizada de bienes públicos y consolidación del Estado securitario.
Hay que salir a como dé lugar del atolladero, sin importar los daños sociales y el agravamiento de las desigualdades sociales, parece ser la idea del grupo gobernante.

Pero la apreciación de diversos observadores indica que, superados los fenómenos de la guerra y la violencia, tal como viene ocurriendo en los meses recientes, ocurrirá un repunte vigoroso de la acción colectiva, la movilización social y la protesta popular.

 

Los movimientos sociales.

 

El 2016 será un año bastante agitado en materia de protestas y movimientos sociales.

Según los seguimientos que desde hace 40 años llevan diversos centros académicos sobre esta fenomenología, el 2013 ha sido el año en que la protesta social se ha expresado más intensamente e con un poco más de 1.000 acontecimientos de protesta en sus diversas manifestaciones: marchas, paros, invasiones, huelgas, bloqueos de vías, tomas de entidades, etc., organizadas por toda clase de agrupaciones sociales en el campo y la ciudad.
Tal como se presentan las cosas, es muy probable que en este año se superen estas cifras, porque se están reuniendo en un explosivo coctel factores exógenos tales como la crisis petrolera y la desaceleración de la economía, o la sequía producida por el fenómeno de El Niño, con decisiones políticas como las privatizaciones de empresas públicas o los inevitables nuevos impuestos, e intensos debates públicos como la aprobación de los acuerdos de paz.

El campo laboral empezó el año agitado por el aumento del salario mínimo por debajo de la inflación registrada para los estratos bajos, y se va a complicar por los despidos o la reducción de beneficios en los sectores petrolero y minero, y por el ajuste fiscal que implicará recortes en las contrataciones de personal en el sector público, tanto a nivel nacional como regional.

También despega intensa la reacción contra las políticas públicas por el amplísimo consenso nacional en contra de la absurda y precipitada venta de Isagén, y de seguro se intensificará si el alcalde Peñalosa lleva a cabo sus planes de privatizar las empresas públicas de Bogotá, o si el gobierno acoge la recomendación de los expertos de aumentar el IVA y extenderlo a productos de la canasta familiar, con la reforma tributaria que ya cocinada.

El fenómeno de El Niño, observa Cabrera, va a propiciar movimientos de protesta: en el campo, los agricultores por las pérdidas de sus cosechas que ocasionará la intensa sequía; en las ciudades, los consumidores por el aumento de los precios de los alimentos y los ciudadanos por los forzosos racionamientos de agua; en todo el, país los ambientalistas contra la minería y demás actividades que aumentan la deforestación y aceleran el desastre del cambio climático, como se prevé en Ibagué donde ha sido organizada una consulta ciudadana para pronunciarse sobre el proyecto mega minero de la Colosa en Cajamarca y la Cordillera Central (http://bit.ly/1lIFXVr).

De otro lado, las víctimas del conflicto, fortalecidas con la esperanza de que ahora si van a tener reparación, protestarán contra la mediocridad de los resultados. Por último, la guerrilla volcada en la movilización política iniciará su participación en el espacio público intentando mostrar que tiene apoyo en la población civil, y que más allá del conflicto armado subsisten las causas profundas del conflicto social (http://bit.ly/1lIFXVr).

Los movimientos sociales lograran un gran protagonismo social e incidirán ampliamente en el curso del nuevo ciclo político que se proyecta con un acuerdo final para la paz (http://bit.ly/1PMGq4w).

A propósito de esta nueva realidad traigo a consideración algunas reflexiones de Raúl Prada y Antonio Antón sobre los movimientos sociales, sus impactos y nuevas referencias de interpretación.

Lo hago para enriquecer el debate que se abrió con los acuerdos de La Mesa de La Habana sobre la participación política, la democracia ampliada y las garantías para los movimientos sociales y la protesta popular.

Dice Prada que necesitamos hablar de movimientos sociales en su singularidad. Un movimiento social no responde a regularidades, a analogías, aunque las pueda generar. El movimiento social emerge de una problemática también singular. Hay que encontrar el nacimiento de este movimiento social en esa problemática, en su estructura, su composición, su propia complejidad. Son sospechosas las teorías de los movimientos sociales, pues parten de un modelo, de una idea, si se quiere de un paradigma, desde el cual se decodifica e interpreta a los movimientos sociales. Las aproximaciones a los movimientos sociales se diferencian precisamente por el paradigma del que se parte. Quizás por corrientes teóricas, quizás también por periodo, de cuando se ha elaborado esa teoría. Nadie dice que las teorías sobre los movimientos sociales no hayan ayudado a comprenderlos. Lo han hecho. Sin embargo, ya no se trata de identificar, rasgos, características, condiciones, formas de organización y formas de desplegarse y de difundirse. Formas de mutar en el tiempo, además de formas y procedimientos de lucha, de convocatoria. Convertir estos rasgos, esas características, las condiciones, las formas, en signos de una interpretación, que se convierte en una narrativa que describe y explica el movimiento (http://bit.ly/1ZXE3Dd).


Ahora, se trata de comprender la dinámica de la complejidad singular del movimiento social.

Esto parece que se puede lograr si desciframos la problemática de donde emerge el movimiento social, las conexiones, articulaciones, participación en esa problemática. También lograr comprender la experiencia social en esa problemática, las interpretaciones colectivas de la problemática, de retener esa experiencia en la memoria social. Entonces podremos pasar a las formas de la acción, del despliegue de su movilización, del despliegue de su discurso, de su interpelación. Entonces podremos hurgar en el proceso de su politización. También entender sus relaciones con el resto de la sociedad, sus contradicciones y antagonismos con el Estado.

No se necesita olvidar las teorías de los movimientos sociales, lo que nos han enseñado, en sus investigaciones, en sus descripciones, en sus explicaciones, incluso en sus modelos construidos. Son parte de la memoria del análisis complejo. Están incorporados en este análisis; sin embargo, el análisis complejo se diferencia de esas teorías por la mirada, mejor dicho, la percepción integral del movimiento social, que se desplaza y articula distintos planos y espesores de intensidad, del mundo que constituye y que lo constituye. Las teorías de los movimientos sociales han privilegiado algunos planos de intensidad, no necesariamente articulados, menos integrados. Conciben estos planos de intensidad como dimensiones donde aparece el movimiento social, donde deja su huella; la que es estudiada, para describir este despliegue. Sin embargo, esta dimensión o dimensiones, en las que se desplaza el movimiento social, no es un espacio exterior donde la inscripción del movimiento social deja su huella. Ningún plano de intensidad es pasivo, tampoco exterior, así que no puede ser tomada como una dimensión. El plano de intensidad emerge de los cuerpos mismos del movimiento social; son los cuerpos los que pliegan y despliegan esos planos de intensidad. Los planos de intensidad atraviesan los cuerpos porque los cuerpos tejen, precisamente esos planos de intensidad.

Un movimiento social no es exactamente la multitud que la compone, no se resume en la masa en movimiento, no es la cantidad desplazada o si se quiere, de manera cualitativa, no es la intensidad o la fuerza del movimiento, en tanto capacidad de movilización y alcance.

 

El movimiento social es la vibración, las vibraciones, en el tejido social.

 

La pregunta es cómo el movimiento social, las cuerdas del movimiento social, afecta a las otras cuerdas del tejido social. Si sus vibraciones afectan a las otras vibraciones. Se necesita comprender la comunicación del movimiento social con el resto de la sociedad; si se da o no. ¿Depende de la capacidad de convocatoria del movimiento social? ¿Depende de la capacidad de recepción del resto de la sociedad? ¿Depende del momento, si este es apropiado para las resonancias o no? ¿Depende de las tonalidades de las notas que emite el movimiento social? ¿Depende de la sensibilidad perceptiva del resto de la sociedad? ¿Cuándo la sociedad abre sus poros perceptivos y decodifica las vibraciones emitidas por el movimiento social?

No podríamos aproximarnos a todo esto, a todas estas preguntas, sino comprendemos, antes la problemática. ¿Las demandas del movimiento social que problemática enfrentan? No confundamos esto con reducir la problemática al objeto de las demandas, a la clasificación de las demandas, al significado de las demandas. Eso no es la problemática, son listas, que son recogidos en los planteamientos o en los pliegos petitorios. La problemática se configura en los órdenes de relaciones que afectan a los miembros del movimiento social. ¿De qué modo estos ordenes de relaciones constriñen a los componentes de movimiento, lo agobian, lo despojan, lo afectan? Entonces, también, al revés, ¿cómo las cuerdas, múltiples cuerdas del tejido social afectan a las cuerdas del movimiento social; en este caso, no lo dejan vibrar a gusto?

Entonces, el movimiento social es parte del tejido social. Hay que leer entonces ese tejido, el juego de sus hilos, la composición de su textura, el juego de colores, de figuras que conforman los hilos en el tejido. No se puede estudiar el movimiento social; aislarlo como objeto de estudio. No hay movimientos sociales aislados, como una especie adelantada de la sociedad, la que actúa. El movimiento social es como una composición del mismo tejido social; nace en el tejido social, resuena en el tejido social, quiere tejer en el tejido social, cambiar composiciones, asociaciones y combinaciones sociales. Es aquí donde se puede conmensurar o dimensionar el alcance, la intensidad, del movimiento social.

A veces, no muchas, los movimientos sociales logran vibrar intensamente en todo el tejido social, logran hacer vibrar también a las otras cuerdas, múltiples y plurales, del tejido social. Es cuando se ocasiona una sinfonía social, que conmueve a todo el tejido, logrando mover, mutar, transformar las composiciones sociales. En la modernidad, se han llamado a estos acontecimientos, revoluciones. Como todos sabemos, este acontecimiento no es pan de cada día; se da muy de vez en cuando. Acontece cuando hay una conmoción en todo el tejido social; cuando las vibraciones de las cuerdas alcanzan intensidades fuertes, además de lograr en conjunto algo así como una explosión y su irradiación expansiva.

Sin embargo, lo que estudian las teorías de los movimientos sociales son los movimientos que no llegan a ocasionar ese acontecimiento mayúsculo, denominada revolución. Estos acontecimientos son estudiados por los historiadores o los analistas de la política, los estudiosos de la política. Los sociólogos de los movimientos sociales estudian los movimientos que aparecen con sus demandas, se movilizan, interpelan al Estado, al gobierno, a las autoridades pertinentes; pero, no necesariamente se prolongan hasta convertirse en un acontecimiento político. Desde la perspectiva de los historiadores, podrían interpretarse estos movimientos como truncados, por no haberse realizado como revolución o no tener efecto estatal. Aunque, dependiendo del carácter del movimiento pueden tener efecto cultural. Sin embargo, visto de otra manera, estos movimientos pueden, mas bien, interpretarse, como flujos permanentes de la misma sociedad, como parte de sus acciones, prácticas, de carácter, mas bien, alterativo, aunque puntuales, incluso imperceptibles. En otras palabras, los movimientos sociales pueden interpretarse como las pronunciaciones vitales de la sociedad. Entonces, más que movimiento social distinto, un tanto aislado, diferenciado de la sociedad, mas bien, es la sociedad misma en su dinámica, en su bullente actividad. Desde esta perspectiva, en tanto movimientos sociales circunscritos, acotados, singulares, la movilización social no es escaza, es, mas bien, proliferante.

Prada nos sugiere estudiar las sociedades no desde la mirada institucional del Estado, sino desde la capacidad alterativa de las sociedades. Entonces, no se trata de la contradicción de la sociedad movilizada o parte de ella con el Estado, el gobierno, que la encarna, sino, al revés, la sociedad es desde ya alterativa, siempre, es su forma de vivir; es el estado el que se defiende de la sociedad en movimiento; por eso, prohíbe, norma, regula, administra, reprime, usa la violencia.

Consideramos que las teorías de los movimientos sociales se han equivocado en esto; por estudiar los movimientos sociales desde la mirada estatal, como con el estudio de la sociedad desde el enfoque estatal, deducen las contradicciones, hasta antagonismos, de los movimientos con el gobierno, con el Estado, con las autoridades. Sin embargo, no es así, no ocurre así, desde la perspectiva de la alterabilidad. Son las instituciones fijadas, ancladas, sin capacidad de movilidad, flexibilidad, ductilidad, mutación y cambio, las que resisten el embate constante de los flujos sociales.

Desde esta perspectiva, hay que hablar, mas bien, del análisis de las sociedades alterativas, no institucionalizadas, aunque una parte de la sociedad lo esté, la representada y reconocida por las instituciones estatales. Todas las sociedades son alterativas, sino fuera así, no podrían ser sociedades, es decir, constante asociación, constante composición, constante combinaciones de composiciones y asociaciones. Lo que pasa es que se ha invisibilizado, por el enfoque estatalista, de las ciencias sociales modernas, a la sociedad alterativa.

Desde esta otra mirada, se observa que las teorías sociales, incluyendo a las teorías de los movimientos sociales, forman parte de la legitimación del poder, aunque haya teorías que se reclamen, mas bien, de críticas, denunciantes, interpeladoras, hasta revolucionarias. El problema no está en que no lo quieran ser, mas bien, quieren que sea así, además su crítica apunta a cuestionar el Estado, el gobierno, el sistema. Pero, no se trata de buenas intenciones, de voluntad de cambiar, de, incluso, teorías críticas; el enfoque estatalista, que no quiere decir que necesariamente defiendan el Estado; pueden, mas bien, cuestionarlo; sino se trata que el enfoque estatalista observa la sociedad desde los ojos estatales, desde las clasificaciones institucionales, desde los estereotipos estatales, también desde los prejuicios estatales. Sin quererlo, mas bien, queriendo hacer lo contrario, el enfoque etatalista lleva a legitimar el poder, precisamente porque permite hacer, permite que lo cuestionen, hasta interpelen. Con esto no se dice, de ninguna manera, que no vale la pena hacer críticas, denunciar, interpelar, sino que estas actividades, disposiciones, posicionamientos, devela solo parte de los planos de intensidad, parte de la problemática. No logra ver la integralidad de la complejidad misma que hace al movimiento social.

Por eso, hay que desplazarse, hay que dar lugar a enfoques no estatalistas, enfoques que partan de las percepciones sociales, de sus experiencias y memorias, sobre todo, de su alterabilidad. Hay que ver lo que no ven los enfoques estatalistas, hay que descubrir los espesores intensos que se entrelazan en el tejido social.
Alteridades y alternativas en la movilización prolongada.

Hay diversas maneras de aproximarse a los movimientos sociales. Puede ocurrir desde la perspectiva del marxismo crítico y la perspectiva de las teorías nómadas. Más recientemente se da un acercamiento desde el pensamiento complejo, lo que se denomina episteme compleja.

Los nuevos enfoques sobre los movimientos sociales pretende desplegar un análisis sobre los mismos, ahora, desde la perspectiva del pensamiento complejo. Volvemos entonces al acontecimiento de la movilización prolongada, empero, desde el enfoque de la complejidad.

Los movimientos sociales no solamente se conforman por la iniciativa de los y las movilizadas, sino también por resistencia – usando resistencia no como se acostumbra, atribuyendo, mas bien, esta acción, a los movimientos sociales, a estrategias sociales, a pueblos - del Estado a los movimientos. El Estado se constituye como resistencia fija, institucional, al constante, permanente, desborde social; cuando estallan movimientos sociales, refuerza esta actitud, esta perseverancia institucional, hasta tal punto que recurre a sus dispositivos de emergencia, a la represión, incluso puede llegar a dar batalla. Esta acción y represión estatal y gubernamental en contra de los movimientos sociales también define el perfil, la forma, la consistencia de éstos. El enemigo social es estigmatizado por el Estado; se lo define, se lo califica, se lo clasifica, se lo nombra, se le atribuye anomalías, incluso se le señala por estar manejado por conspiradores, subversivos, radicales. Estas acusaciones, en vez de alejar a los simpatizantes del movimiento, los aproxima más, incluso puede expandir la simpatía social hacia el movimiento. Paradójicamente, la reacción gubernamental, convierte al movimiento social, que puede haber sido local, provincial, departamental, o si se quiere, sectorial, en un tema nacional. Está en la agenda, además de aparecer en las noticias.

El movimiento social singular se ha transformado; siente, percibe, que esta experiencia en la lucha social concreta lo transforma, lo madura, lo templa. Esta maduración se transmite a sus discursos, a sus concepciones, a sus acciones. Los discursos tienden a ser más elaborados, tienden a construir una narrativa, que ya supone una memoria social del movimiento, memoria trabajada para lograr una interpretación estructurada. Al convertirse en un tema nacional, el movimiento social comienza a hacer propuestas nacionales, propuestas políticas, incluso convoca a la sociedad entera a participar en la solución de problemas que la aquejan. Es cuando el movimiento social adquiere características de contra-gobierno, puede llegar a convertirse en contra-Estado si sus formas asambleístas, participativas, si sus formas comunitarias, si sus formas autogestionarias, se proyectan como alternativas al gobierno, incluso al Estado.

Muchos de los movimientos sociales no llegan a vivir este proceso; algunos resuelven sus demandas temprano, otros después de haber insistido durante un tiempo; otros, quizás, por abandono de los mismos componentes, desalentados. Los movimientos que llegan a vivir el proceso de politización se transforman, devienen proyecto político. El proyecto tiene como un intervalo de opciones, donde en un extremo, en lo que podemos considerar el círculo vicioso del poder, se reproduce el poder al formularse un proyecto de Estado; en el otro extremo, abriendo el intervalo, se apertura, mas bien, un proyecto autogestionario.

Prada concluye indicando que el análisis de los movimientos sociales anti-sistémicos, desde la perspectiva del pensamiento complejo, supone la matriz dinámica de la sociedad alterativa, a diferencia y en contraposición al supuesto de las ciencias sociales y la teoría de los movimientos sociales, que parten de la sociedad institucionalizada, desde la perspectiva estatalista. La sociedad alterativa es constante devenir, desborda los promontorios fijos de las mallas institucionales del Estado. En este sentido, se puede decir, que es el Estado el que se defiende, resiste, al desborde creativo de la sociedad alterativa. Los movimientos sociales anti-sistémicos forman parte de la vitalidad, de los ciclos vitales, de la sociedad alterativa. Aparecen intermitentemente, cuando las alterabilidades dispersas, múltiples y plurales, diseminadas en el tejido social, se congregan, convocadas por la crisis. Los movimientos sociales son singulares, es decir, únicos. Los movimientos sociales son distintos, experimentan distintos ritmos y procesos, además de alcances, que pueden ser limitados o, en contraste, radicales, cuando logran completar su propio ciclo, en forma de politización irradiante. La movilización prolongada boliviana, de características autogestionarias y radicales, anti-estatalistas; predisposición afectiva, subjetiva y voluntaria, que sostuvo el proceso constituyente, el poder constituyente, y la escritura de una Constitución de un Estado en transición Plurinacional Comunitario autonómico, no pudo materializar su proyecto descolonizador, emancipatorio y libertario radical, en un contexto institucional estatalista, que se preservó, a pesar del sismo, en un sistema-mundo capitalista, que permite márgenes de maniobra, en un orden mundial imperial, que puede permitir, aunque sea a regañadientes, gobiernos populares, con tal que no crucen la línea civilizatoria de la modernidad y de las estructuras y diagramas de poder globales.

De otro lado, Antonio Antón, nos plantea un nuevo marco interpretativo de la protesta social.

Los actuales procesos de indignación ciudadana, particularmente en España y el sur de Europa, y de movilización social progresista presentan algunos rasgos particulares, diferentes a los anteriores movimientos sociales (http://bit.ly/1SGtShJ).

Dos aspectos tienen importancia para contrastar la experiencia pasada y las teorías convencionales: 1) su doble componente democratizador y socioeconómico, con una dimensión más global o sistémica; 2) los mecanismos y procesos que intervienen en su configuración, condicionan su influencia y su futuro, y que exigen una nueva interpretación.

Este movimiento ciudadano es una respuesta al deterioro de la situación socioeconómica para la mayoría de la sociedad provocada por el sistema económico y financiero, y agravada por una gestión política regresiva y con déficit democrático.

Ambas dinámicas han sido consideradas injustas por la mayoría de la sociedad, que se ha reafirmado en una cultura cívica democrática y de justicia social. Ante, por un lado, el bloqueo o la colaboración gubernamental (y otras instituciones europeas e internacionales) con esas políticas, y, por otro lado, la existencia de distintos agentes sociopolíticos progresistas, la indignación ciudadana se ha convertido y dado cobertura y legitimidad a una acción colectiva de sectores populares relevantes (incluida la irrupción última de un electorado indignado).
Por tanto, son unilaterales las interpretaciones que ponen el acento solo en su carácter democratizador (o frente al sistema político o a aspectos más concretos como la ley electoral), desconsiderando sus contenidos, motivos o demandas socioeconómicos (frente al sistema económico o a aspectos particulares como los recortes sociales, el paro, los desahucios o las reformas laborales). En sentido inverso, son también unilaterales las versiones interpretativas que señalan a este movimiento popular como exclusiva reacción frente a las graves consecuencias de la crisis económica, el papel especulativo de los mercados financieros o la desigualdad social producida por la política de austeridad; excluyen las estrategias y la gestión regresivas de las élites dominantes e instituciones políticas, con rasgos autoritarios y un fuerte deterioro de su legitimidad democrática. Los dos 'sistemas', económico y político, están interrelacionados y los pilares de ambos, su carácter antisocial y oligárquico, se han cuestionado por la ciudadanía indignada. Todo ello, junto con una amplia protesta social y la emergencia de nuevos sujetos sociopolíticos, requiere una revisión crítica de las principales teorías sociales y un nuevo esfuerzo analítico.

A partir del análisis de las particularidades de este nuevo fenómeno, se exponen los criterios básicos para una explicación dinámica de la pugna sociopolítica y cultural de los sujetos en este contexto. Se trata de favorecer una mejor comprensión de este movimiento social progresista y el consiguiente refuerzo de sus posiciones normativas.
En primer lugar, se señala la falta de adecuación de los esquemas interpretativos de los nuevos movimientos sociales para analizar el actual ciclo de la protesta social en España.

Para precisar la singularidad de este nuevo y heterogéneo movimiento social, se alude a algunos elementos comparativos. En el plano histórico y teórico se había realizado una clasificación: viejos movimientos sociales (sindical, vecinal...) de carácter 'socioeconómico' y 'redistributivo'; nuevos movimientos sociales (feminista, ecologista, derechos civiles...) basados en la exigencia de 'reconocimiento' de nuevos derechos y actores, y poniendo el énfasis, en algunos casos, en su carácter 'cultural'.

No es adecuada la clasificación convencional (típica de la sociología estadounidense) por su supuesto carácter o identificación de 'clase': a los primeros se les adjudica su carácter 'obrero' o de clase trabajadora, cuando el movimiento sindical, aparte de los técnicos, expertos y altos negociadores de su aparato, entre su afiliación y su base electoral tiene importantes segmentos de las clases medias profesionales –enseñanza, sanidad, sector financiero...; los segundos no son solo de 'clase media', y entre sus componentes hay personas de clase trabajadora, particularmente jóvenes ilustrados pero precarios. Si hacemos referencia a sus dirigentes, su estatus y su posición social se asemeja más a la clase media profesional o con cualificación superior que a trabajadores y trabajadoras precarios o con poca cualificación. En resumen, respecto de su composición y el grueso de sus objetivos o intereses que defienden, ambos tipos de movimientos son interclasistas, de clases trabajadoras y clases medias, aparte de exigir demandas más generales o universalistas.

Podemos englobarlos en la experiencia más general de tres tipos de pugna sociopolítica frente al poder: procesos de cambio (político) democrático, contra el autoritarismo y la dominación y por la ampliación de las libertades políticas y la participación popular; de cambio social y económico de distintas dinámicas de desigualdad social, de transformación de la estructura socioeconómica y las relaciones de dominación sobre las capas populares y subordinadas; de cambio sociocultural frente a la discriminación en diversos campos y distintos sectores sociales.
Los tres procesos se pueden combinar desde la perspectiva de una democracia política, social y económica más avanzada y frente a las relaciones de dominación u opresión que imponen las élites y capas privilegiadas o dominantes.

Pero, en las contiendas políticas y sociales, normalmente, aparecen por separado tres tipos de movimientos: movilizaciones o revueltas (solo) 'políticas' o democráticas, sin cuestionar el sistema económico y la desigualdad social; movimientos económicos (sindicales o redistribuidores), de defensa de derechos sociolaborales, sin cuestionar el régimen político y su déficit democrático o infravalorando otros tipos de injusticias; nuevos movimientos sociales, con dinámicas de cambio cultural pero que también apuntan a diversas desigualdades u opresiones (de mujeres, étnicas...) dentro de las relaciones sociales, incluidas las internacionales (amenazas de guerra o inseguridad y de cooperación o solidaridad) y del medio ambiente.

 

El actual proceso de movimientos sociales.

 

Pues bien, el actual proceso de movilización no encaja en ninguno de los tres, es una combinación de ellos pero con una nueva dimensión global o sistémica, aunque vinculada también a realidades y reivindicaciones muy concretas y locales. Se basa en la percepción y la confrontación con la situación de sufrimiento popular y la nueva 'cuestión social', se enfrenta al autoritarismo político, se fundamenta en una cultura cívica de los derechos (humanos) sociales, civiles y políticos y apunta a una dinámica social más democrática y liberadora. Este deseo de cambio 'universalista' se ha ido combinando y nutriendo con exigencias particulares e inmediatas.

En segundo lugar, podemos destacar la interrelación entre diversos procesos: el agravamiento de las condiciones materiales de la mayoría de la población (no solo del 'contexto', como realidad exterior a las personas); la conciencia social de los agravios e injusticias (enjuiciadas desde unos valores democráticos y de justicia social, opuestos al discurso de la austeridad); el bloqueo institucional y el carácter problemático o insuficiente de la clase política gobernante como representante, regulador o solucionador de los problemas y demandas de la sociedad, y la necesidad de una acción popular que va creando una identidad colectiva diferenciada de las élites dominantes.

La causa del inicio y el desarrollo del proceso no es 'externa' a la propia gente indignada. Es la situación, la 'experiencia' y la ausencia de perspectivas (institucionales, económicas) de solución (más bien de su agravamiento), contrastadas con su propia cultura democrática y de derechos sociales, lo que genera la indignación, la oposición y la resistencia social de una amplia capa de la sociedad. La indignación es un proceso acumulativo a la situación anterior a la crisis, pero cobra un fuerte impulso con los dos acontecimientos y etapas de mayor impacto: primero, con el comienzo de la crisis económica y sus graves e injustas consecuencias, con un fuerte y masivo descontento popular; segundo, a partir del año 2010 se produce un paso cualitativo y se añade el desacuerdo popular y la oposición sociopolítica a las políticas de austeridad y sus gestores gubernamentales y europeos. Al malestar socioeconómico y la exigencia de responsabilidad hacia los mercados financieros y el poder económico, se añade la indignación por la gestión regresiva de las principales instituciones políticas, la clase gobernante y sus incumplimientos democráticos. Esa doble indignación de una amplia corriente social, al valorarla desde valores democráticos e igualitarios, refuerza una actitud progresista de oposición ciudadana y exigencia de cambios, favoreciendo y legitimando la acción colectiva de una ciudadanía más activa.

Existen factores externos o de contexto que acentúan la gravedad de la situación socioeconómica y el autoritarismo político... pero no se puede decir que (mecánicamente) son 'condiciones favorables' (o desfavorables) para la acción colectiva.

El nivel y el sentido de su impacto entre la población dependen de otros mecanismos institucionales, culturales y sociopolíticos.

En particular, la transformación de la 'situación' (sufrimiento) en 'experiencia' (subordinación con malestar añadido por su injusticia) está mediada por la actitud concreta de esa mayoría social (y sus agentes representativos) que vive el retroceso y la política regresiva como 'indigna' o injusta.
Interviene lo que en algunos círculos académicos se llama proceso de 'enmarcamiento', para dar significado a los hechos sociales.

De la indignación, crítica pero más o menos pasiva en el plano individual o colectivo, una parte de la ciudadanía pasa a una participación más activa, con una respuesta colectiva (progresista). Se vence por un lado, la resignación, el fatalismo, el miedo o la impotencia, y por otro lado, la simple actitud reactiva y la pugna competitiva individual o intergrupal. Se reafirma la 'cultura' cívica, social y democrática de la mayoría de la sociedad y sus principales actores, que se contrapone con la situación de 'injusticia'; genera, con la mediación de los mecanismos y oportunidades existentes, los motivos y las demandas de la indignación, su arraigo entre la sociedad y las iniciativas de movilización popular.

La movilización cívica, la protesta social, no se genera (automáticamente) por condiciones y medidas económicas o políticas 'externas' a la situación directa y real de las personas.

La 'causa' del movimiento social no es una 'estructura' o un 'contexto', ni siquiera una agresión o un mayor sufrimiento (ante los que se puede reaccionar con miedo, sumisión, resignación o adaptación). En ese caso, la movilización popular, su origen, dimensión, carácter y continuidad dependería fundamentalmente de esos factores externos, estaría dependiente de ellos y sus agentes: a mayor sufrimiento, mayor resistencia; a mayores agresiones, mayores respuestas; o bien, lo contrario, a mayores 'oportunidades' (debilidad del poder) o 'expectativas' (elección racional), mayores movilizaciones. Es el conflicto entre los distintos sujetos sociales (o actores económicos y agentes sociopolíticos), el (des)equilibrio en la pugna entre ellos, lo que configura el proceso de la contienda sociopolítica o cultural, incluida la propia formación de cada sujeto social.

El avance o el retroceso dependen de la relación de fuerzas entre ambos (o diversos) actores. No es, por tanto, el aspecto unilateral del grado de 'oportunidad' o debilidad que ofrece el poder, o bien su carácter agresivo y amenazante, lo que explica el carácter y la dimensión del movimiento social. Tampoco, la gravedad de las agresiones o retrocesos materiales, económicos o sociales.

La explicación de la indignación y la protesta social pasa por la combinación relacional e histórica de las dos (o más) dinámicas en pugna. El impulso decisivo es la actitud de la mayoría de la sociedad y sus principales actores, confrontada a 'su' situación y la actuación de las clases dominantes. Se trata de comparar la fuerza 'interna' existente en la sociedad y sus sectores más activos o avanzados frente a la fuerza 'externa' del establishment, según su poder, cohesión y legitimidad. Esa capacidad popular de protesta y de cambio está condicionada por su posición social, por su 'experiencia' respecto a esa problemática y su percepción como injusta, al contrastarla con su cultura cívica, sus valores éticos y democráticos. Y para evaluar su capacidad movilizadora también hay que contar con sus recursos disponibles, sus formas expresivas, su apoyo social y sus expectativas de resultados en distintos planos.

Los resultados de la contienda sociopolítica y la pugna cultural dependen de esa correlación de fuerzas en presencia. Vencer un poder débil, ilegítimo y dividido, o cambiar aspectos parciales y no sistémicos (de la estructura económica y de poder) puede ser suficiente a través de un movimiento popular menos potente, con menores aliados y con limitado apoyo social o presencia institucional. Al mismo tiempo, un movimiento social más consistente puede fracasar al tener enfrente a un poder más fuerte o aspirar a objetivos más ambiciosos (aunque pudieran derivar en otras ventajas reivindicativas, sociopolíticas, organizativas y de legitimidad ciudadana). El éxito o el fracaso de una dinámica de indignación y protesta social se deben medir en una doble dimensión: conquista reivindicativa a corto plazo; avances y retrocesos de las fuerzas en presencia, de sus capacidades y legitimidad, manifestados también de forma concreta e inmediata, y que favorecen o perjudican las transformaciones a medio plazo. Por tanto, los resultados en los dos planos dependen de la interacción de tres elementos: la envergadura de los objetivos planteados; la relación entre, por un lado, la capacidad, cohesión y apoyo social del movimiento y, por otro lado, la fortaleza económica e institucional y la legitimidad del bloque del poder, y los cambios en los equilibrios entre esos dos campos.

También debemos incorporar en el análisis las profundas transformaciones en la relación entre lo individual y lo global, su influencia en los movimientos sociales y la construcción de identidades complejas y el reconocimiento de un yo como agente. Estas nuevas realidades hay que interpretarlas de forma rigurosa, superando los conceptos y el lenguaje referidos a otras épocas y que hoy, por su carácter esquemático, idealista o determinista, confunden más que clarifican. Supone un esfuerzo teórico y crítico para renovar la teoría social e interpretar mejor las nuevas realidades sociales.

Es fundamental la mediación sociopolítica/institucional, el papel de los agentes y la cultura, con la función contradictoria de las normas, creencias y valores. Junto con el análisis de las condiciones materiales y subjetivas de la población, el aspecto principal es la interpretación, histórica y relacional, del comportamiento, la experiencia y los vínculos de colaboración y oposición de los distintos grupos o capas sociales, y su conexión con esas condiciones. Supone una reafirmación del sujeto individual, su capacidad autónoma y reflexiva, así como sus derechos individuales y colectivos; al mismo tiempo y de forma interrelacionada que se avanza en el empoderamiento de la ciudadanía, en la conformación de un sujeto social progresista. Y todo ello contando con la influencia de la situación material, las estructuras sociales, económicas y políticas y los contextos históricos y culturales.

Por tanto, desde las ciencias sociales, contamos como muchas ideas razonables y hay que partir de ellas. Pero el acento hay que ponerlo en su renovación y en la superación de sus principales errores y límites; es decir, en el análisis concreto y la elaboración de una nueva interpretación de los hechos sociales actuales. Ese esfuerzo teórico, interpretativo y crítico, cuyo enfoque se ha apuntado aquí, todavía es más perentorio para interpretar la nueva realidad sociopolítica, en particular, el proceso de indignación y protesta social, y favorecer su conversión en un poderoso movimiento popular por un cambio progresista, así como su expresión electoral.

En definitiva, se apuesta por una interpretación basada en la interacción entre estructuras y sujetos, por un paradigma social, relacional e histórico que parte del conflicto social, de la conformación de procesos de movilización social y cambio sociopolítico. Se trata de la revalorización del papel de la propia gente, de su situación, su experiencia y su cultura, así como de los sectores más activos y su representación social y política, es decir, de los sujetos sociopolíticos.

 

Una bibliografía básica sobre los movimientos sociales y la protesta social.
Raul Prada nos propone consultar la siguiente bibliografía sobre los movimientos sociales como un aporte para profundizar en el conocimiento de los mismos (http://bit.ly/1ZXE3Dd): F. ALBERONI, Génese(Bertrand Editora, Lisboa 1990). FRANCESCO ALBERONI, Movimiento e institución: Teoría general (Editorial Nacional, Madrid 1984). TILMAN EVERS, Identidade: a face oculta dos novos movimentos sociales.NOVOS ESTUDOS. Cebrap. São Paulo. V. 2, 4:11-23 (abril 1984). JOSEPH GUSFIELD, Estudio de los Movimientos Sociales. In: DAVID L. SILLS (Dir.), Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales.V.7 (Aguilar, Madrid 1974), pp. 269-273. RUDOLF HEBERLE, Tipos y funciones de los Movimientos Sociales. In: DAVID L. SILLS (Dir.),Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales. V.7 (Aguilar, Madrid 1974), pp. 263-268. 6. J. CRAIG JENKINS, La teoría de la movilización de recursos y el estudio de los movimientos sociales. ZONA ABIERTA. Fundación Pablo Iglesias. Madrid. 69:5-41 (1994). A. MELUCCI, ¿Qué hay de nuevo en los "nuevos movimientos sociales"? In: LARAÑA-GUSFIELD (Edit.),Los movimientos sociales(CIS, Madrid 1994), pp. 119-149. ALBERTO MELUCCI, Las teorías de los movimientos sociales(UNAM, México D.F. 1985). JOACHIM RASCHKE, Sobre el concepto de movimiento social. ZONA ABIERTA. Fundación Pablo Iglesias. Madrid. 69:121-134 (1994). JORGE RIECHMANN-FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY, Redes que dan libertad. Introducción a los nuevos movimientos sociales (Paidós, Barcelona 1995). ALAIN TOURAINE,El regreso del actor(EDUBA, Buenos Aires 1987). También de Charles Tilly: The Vendée: A Sociological Analysis of the Counter- revolution of 1793.(1964) "Clio and Minerva.", inTheoretical Sociology, edited by John McKinney and Edward Tiryakian. (1970); "Collective Violence in European Perspective.", in Violence in America,edited by Hugh Graham and Tedd Gurr. (1969). "Do Communities Act?" Sociological Inquiry. (1973). An Urban World.(ed.) (1974). The Formation of National States in Western Europe(ed.) (1974). From Mobilization to Revolution.(1978). As Sociology Meets History(1981). Big Structures, Large Processes, Huge Comparisons.(1984). The Contentious French.(1986). Coerción, Capital, and European States, AD 1990-1992.(1990). European Revolutions, 1492–1992.(1993). Cities and the Rise of States in Europe, A.D. 1000 to 1800.(1994). Roads from Past to Future(1997) Work Under Capitalism(with Chris Tilly, 1998). Durable Inequality(1998) Transforming Post-Communist Political Economies.(1998). Dynamics of Contention(withDoug McAdamandSidney Tarrow). (2001). Contention & Democracy in Europe, 1650-2000.(2004). Social Movements, 1768-2004(2004). From Contentions to Democracy.(2005). Identities, Boundaries, and Social Ties(2005). Trust and Rule.(2005). Why?(2006). Oxford Handbook of Contextual Political Analysis.(2006). Contentious Politics(withSidney Tarrow). (2006). Regimes and Repertoires.(2006). Democracy.(2007). Charles Tilly: Los movimientos sociales. Desde 1768-2008.https://rfdvcatedra.files.wordpress.com/2014/07/charles-tilly-los-movimientos-sociales-1768-a-2008.pdf.

Publicado enColombia
Martes, 26 Enero 2016 06:39

Izquierda, Constitución y hegemonía

Izquierda, Constitución y hegemonía

Si algo se puede afirmar con alguna certeza acerca de las dificultades que están pasando las fuerzas progresistas en América latina, es que tales dificultades se asientan en el hecho de que sus gobiernos no enfrentaron ni la cuestión de la Constitución ni la cuestión de la hegemonía. Con la primera me refiero al conjunto de reformas constitucionales o infraconstitucionales dirigidas a reestructurar el sistema político y las instituciones para prepararlos ante posibles embates de los proyectos de democracia de bajísima intensidad. Por hegemonía entiendo al conjunto de ideas sobre la sociedad e interpretaciones del mundo y la vida que, cuando son altamente compartidas, incluso por los grupos sociales perjudicados por esas ideas, permiten que las élites políticas gobiernen más por consenso que por coerción, aun cuando gobiernen en contra de los intereses objetivos de grupos sociales mayoritarios.


En el caso de Brasil, el resultado de no haber enfrentado estas cuestiones es particularmente dramático. Y explica en parte que los enormes avances sociales de los gobiernos de Lula sean ahora tan fácilmente reducidos a meros expedientes populistas y oportunistas, incluso por parte de sus beneficiarios. Explica también que los muchos errores cometidos (para empezar, el haber desistido de la reforma política y la regulación de los medios de comunicación, entre otros, dejan heridas abiertas en grupos sociales importantes, tan diversos como los campesinos sin tierra ni reforma agraria, los jóvenes negros víctimas del racismo, los pueblos indígenas ilegalmente expulsados de sus territorios ancestrales, pueblos indígenas y quilombos con reservas homologadas pero arrinconadas, militarización de las periferias de las grandes ciudades, poblaciones rurales envenenadas por agrotóxicos, etc.) no sean considerados como errores, sino que sean omitidos y hasta convertidos en virtudes políticas o, al menos, sean aceptados como consecuencias inevitables de un gobierno realista y desarrollista.


Las tareas incumplidas de la Constitución y de la hegemonía explican también que la condena de la tentación capitalista por parte de los gobiernos de izquierda se centre en la corrupción y, por tanto, en la inmoralidad y en la ilegalidad del capitalismo, y no en la injusticia sistemática de un sistema de dominación que se puede realizar en perfecto cumplimiento de la legalidad y la moralidad capitalistas.


El análisis de las consecuencias de no haber resuelto las cuestiones de la Constitución y de la hegemonía es relevante para prever y prevenir lo que puede pasar en las próximas décadas, no solo en América latina, sino también en Europa y otras regiones del mundo. Entre las izquierdas latinoamericanas y las de Europa del sur ha habido en los últimos veinte años importantes canales de comunicación, que están todavía por analizarse en todas sus dimensiones. Desde el inicio del presupuesto participativo en Porto Alegre (1989), varias organizaciones de izquierda en Europa, Canadá e India (de las que tengo conocimiento) comenzaron a prestar mucha atención a las innovaciones políticas que emergían en el campo de las izquierdas en varios países de América latina.


A partir del final de la década de 1990, con la intensificación de las luchas sociales, el ascenso al poder de gobiernos progresistas y las luchas por asambleas constituyentes, sobre todo en Ecuador y Bolivia, quedó claro que una profunda renovación de la izquierda, de la cual había mucho que aprender, estaba en curso. Los trazos principales de esa renovación fueron los siguientes: la democracia participativa articulada con la democracia representativa, una articulación de la cual ambas salían fortalecidas; el intenso protagonismo de movimientos sociales, de lo que el Foro Social Mundial de 2001 fue una muestra elocuente; una nueva relación entre partidos políticos y movimientos sociales; la sobresaliente entrada en la vida política de grupos sociales hasta entonces considerados residuales, como los campesinos sin tierra, pueblos indígenas y pueblos afrodescendientes; la celebración de la diversidad cultural, el reconocimiento del carácter plurinacional de los países y el propósito de enfrentar las insidiosas herencias coloniales siempre presentes. Este elenco es suficiente para evidenciar cuánto las luchas por la Constitución y la hegemonía estuvieron presentes en este vasto movimiento que parecía refundar para siempre el pensamiento y la práctica de izquierda, no sólo en América Latina, sino en todo el mundo.


La crisis financiera y política, sobre todo a partir de 2011, y el movimiento de los indignados, fueron los detonantes de nuevas emergencias políticas de izquierda en el sur de Europa, en las que estuvieron muy presentes las lecciones de América latina, en especial la nueva relación partidomovimiento, la nueva articulación entre democracia representativa y democracia participativa, la reforma constitucional y, en el caso de España, las cuestiones de la plurinacionalidad. El partido español Podemos representa mejor que cualquier otro estos aprendizajes, incluso cuando sus dirigentes fueron desde el principio conscientes de las diferencias sustanciales entre los contextos político y geopolítico europeo y latinoamericano.
La forma en que tales aprendizajes se irán a plasmar en el nuevo ciclo político que está emergiendo en Europa del sur es, por ahora, una incógnita. Pero desde ya es posible especular lo siguiente: si es verdad que las izquierdas europeas aprendieron con las muchas innovaciones de las izquierdas latinoamericanas, no es menos cierto (y trágico) que éstas se "olvidaron" de sus propias innovaciones y que, de una u otra forma, cayeron en las trampas de la vieja política, donde las fuerzas de derecha fácilmente muestran su superioridad dada la larga experiencia histórica acumulada.


Si las líneas de comunicación se mantienen hoy, y siempre salvaguardando las diferencias de contextos, quizá sea tiempo de que las izquierdas latinoamericanas aprendan también de las innovaciones que están emergiendo entre las izquierdas del sur europeo. Entre ellas destaco las siguientes: mantener viva la democracia participativa dentro de los propios partidos de izquierda, como condición previa a su adopción en el sistema político nacional en articulación con la democracia representativa; pactos entre fuerzas de izquierda (no necesariamente solo entre partidos) y nunca con fuerzas de derecha; pactos pragmáticos no clientelistas (no se discuten personas o cargos, sino políticas públicas y medidas de gobierno), ni de rendición (articulando límites que no pueden ser cruzados con la noción de prioridades o, como se decía antes, distinguiendo las luchas primarias de las secundarias); insistencia en la reforma constitucional para blindar los derechos sociales y tornar al sistema político más transparente, más próximo y más dependiente de las decisiones ciudadanas, sin tener que esperar elecciones periódicas (refuerzo del plebiscito); y, en el caso español, tratar democráticamente la cuestión de la plurinacionalidad.


La máquina fatal del neoliberalismo continúa produciendo miedo a gran escala y, siempre que falta materia prima, trunca la esperanza que puede encontrar en los rincones más recónditos de la vida política y social de las clases populares, la tritura, la procesa y la transforma en miedo. Las izquierdas son la arena que puede atajar ese aparatoso engranaje a fin de abrir las brechas por donde la sociología de las emergencias hará su trabajo de formular y amplificar las tendencias, los "todavía no", que apuntan a un futuro digno para las grandes mayorías. Por eso, es necesario que las izquierdas sepan tener miedo sin tener miedo del miedo. Sepan sustraer semillas de esperanza a la trituradora neoliberal y plantarlas en terrenos fértiles, donde cada vez más ciudadanos sientan que pueden vivir bien, protegidos, tanto del infierno del caos inminente como del paraíso de las sirenas del consumo obsesivo. Para que esto ocurra, la condición mínima es que las izquierdas permanezcan firmes en las dos luchas fundamentales: la Constitución y la hegemonía.

Publicado enPolítica
Lo que está ocurriendo en Haití es una auténtica rebelión popular antiimperialista

23 de enero 2016.- Puerto Príncipe y otras ciudades de Haití son hoy el escenario de la más grande rebelión popular de las últimas décadas de la sufrida nación haitiana. Decenas de miles de manifestantes se han lanzado a la calle para demostrar su repulsa contra el actual gobierno presidido por Michell Martelly, que había decidido, contra el pensamiento de la gran mayoría, mantener la fecha del domingo 24 para realizar una "mascarada electoral", tal cual la califican los partidos opositores. Sin embargo, un griterío ensordecedor comenzó a subir desde los rincones más pobres de la ciudad e incluso invadió con inusitada violencia las calles residenciales de Petion-Ville: es es pueblo en toda la magnitud de su capacidad de resistencia, haciendo honor a sus orígenes independentistas y anti-esclavistas de 1804, que se ha puesto de pie para generar una ofensiva antiimperialista y escribir en las páginas de su propia historia un descomunal: "¡¡Basta!!".

-Basta de utilizar el territorio haitiano como un laboratorio invasivo por parte de Estados Unidos y sus aliados.
-Basta de tropas invasoras de la Minustah, que muy por el contrario de lo que enuncian sus promotores cuando hablan de "ayudar al pueblo haitiano y ejercer una misión humanitaria", todo lo que ha dejado su accionar es represión, ocupación, violación de niños y niñas por parte de soldados entrenados para matar, transmisión del cólera, cuya epidemia causó decenas de miles de muertos.
-Basta de complicidad latinoamericana con las tropas invasoras de las Naciones Unidas.
-Basta de la burla e hipocresía internacional, derivada de las vergonzosas "misiones de ayuda", encabezadas por el genocida norteamericano Bill Clinton, que solo persiguen afianzar aún más los lazos de dependencia y dominación del pueblo haitiano.

Es por ello que durante las últimas semanas Haíti se fue convirtiendo en un escenario claramente pre- revolucionario, produciéndose estos últimos días una masiva rebelión popular. Frente a la tozudez criminal de Martelly y sus secuaces de querer que el acto electoral se realizara de todas maneras, y la tibia y epistolar respuesta de la partidocracia opositora (salvo honrosas excepciones), miles de jóvenes decidieron tomar el futuro en sus manos y en grandes oleadas comenzaron a recorrer las calles, primero pacíficamente, levantando consignas contra el Consejo Electoral y pidiendo la renuncia del Presidente. Frente a la brutal represión policial y de las tropas de la Minustah, quienes se movilizaron comenzaron a ejercer, en respuesta, la lógica y necesaria violencia popular. Esa que cuando surge, en las circunstancias límites (y esta, vaya si lo es) siempre provoca reacciones de repudio en los sectores oligárquicos y pequeño burgueses (incluso en algunos sectores de cierta izquierda boba) que no pueden comprender que la paciencia de los pueblos tiene límites muy claros.
En el Haití de hoy, todo lo que haga el pueblo en su autodefensa, frente a políticos venales y uniformados invasores, está más que justificado.

Los ejemplos de estas últimas horas son contundentes: Estudiantes, trabajadores y luchadores de todas las generaciones atravesaron a la carrera el bulevard La Saline. luego irrumpieron en el barrio Bel-Air y en la ruta Delmas, al grito de "Martelly se tiene que ir. Nosotros somos el gobierno". En la plaza Saint-Pierre la policía y no pocos cascos azules de la Minustah atacaron a la multitud con gases, balas de goma y chorros de líquido irritante para la vista y la piel, pero los jóvenes no cedieron y comenzaron a levantar barricadas y a encender neumáticos en los cortes de calle. Las bombas molotov, las piedras y otros objetos similares, eran la respuesta a la violencia de los uniformados que convirtieron en pocos minutos el clima irrespirable por los gases en un verdadero pandemónium. Coches incendiados, locales del partido oficialista destruidos y el boca a boca advirtiendo que "nadie abandone las calles, somos el poder popular".
Cuando un grueso de los manifestantes invadieron con sus cantos y protestas el bastión "martellista" de Petion-Ville, los comerciantes cerraron sus puertas y algunos energúmenos ligados al partido de Martelly golpearon a un joven, que fue defendido rápidamente por otros, mientras la ira popular se desató en toda su magnitud contra vehículos y algunos establecimientos oficiales.

Fue en ese preciso momento, que una noticia recorrió cada una de las manifestaciones como un reguero de pólvora: "el gobierno ha decidido no realizar los comicios el 24 por razones de seguridad". El estallido de alegría atronó en todo el territorio, y se redoblaron las consignas que exigen que Martelly abandone el cargo. "Mientras él no renuncie, nadie se irá a su casa", gritó subido al techo de un vehículo uno de los luchadores haitianos. Y miles de brazos se levantaron haciendo la V de la victoria.

Así está el panorama por estas horas, a pesar del ninguneo y la tergiversación mediática, en una nación a la que América Latina y el Caribe le deben tanto. Entre otras cosas: los vientos libertarios de 1804 que iluminaron las luchas independentistas posteriores. Ahora, lo que hace falta, es que en cada uno de los países donde los malos gobiernos impulsaron invadir Haití con tropas latinoamericanas, se haga todo lo posible para que esa vergüenza concluya de una buena vez. Y que a cambio, las organizaciones populares del continente eleven su solidaridad concreta con quienes en las calles están peleando con todos los medios a su alcance por la definitiva independencia.

Videos sobre estos acontecimientos

https://youtu.be/F2iw8sNFpZc?list=PL8E0EE625818362FE

https://youtu.be/b0bbw5merzM?list=PL8E0EE625818362FE

https://youtu.be/F2iw8sNFpZc?list=PL8E0EE625818362FE

Publicado enInternacional
Viernes, 22 Enero 2016 06:58

Entre barras y estrellas, la caída

Entre barras y estrellas, la caída

Las consecuencias sociales y culturales del dominio del 1 por ciento son devastadoras, sobre todo en su cuna, Estados Unidos. Lo novedoso es que las políticas ultraliberales no están afectando sólo a las minorías y a los pobres sino, como relata un reciente informe, a las capas medias que sostenían el sistema.

 

De la crisis se retorna, en no pocas ocasiones, con fuerzas renovadas y horizontes despejados. La decadencia, en cambio, cierra perspectivas y muestra la carencia de recursos para enfrentar los desafíos. Suele decirse que las crisis son oportunidades y que las superan aquellos que saben aprovecharlas. En la decadencia, sin embargo, no hay otra que contemplar el paso demoledor del tiempo que convierte la ruina en esclerosis mortal.


Cuando se analiza la decadencia de Estados Unidos, tras un siglo de reinado, suele focalizarse el debate en las relaciones internacionales, en el tránsito doloroso y en curso de su hegemonía unipolar a la necesidad que tiene ahora de compartir el mundo con las llamadas potencias emergentes que, en realidad, son potencias muy anteriores a la estadounidense. Pocas veces se mira hacia adentro, hacia las relaciones humanas y sociales de un país que, hace poco más de medio siglo, se ofrecía como la tierra de la libertad cuando el nazismo arrasaba Europa.


En la primera década y media del siglo, el país que supo atraer a la flor y nata de la intelectualidad europea (pintores, poetas, físicos, novelistas, arquitectos y urbanistas, entre muchos otros), donde pudieron desarrollar talentos que eran perseguidos tanto en la Alemania de Hitler como en la Italia de Mussolini, por no mencionar la España de Franco y la Unión Soviética de Stalin, se encuentra en franca regresión, según varios indicadores y reflexiones difundidas en las últimas semanas.


De tierra de la libertad se convirtió en país sombrío, rechazado en medio mundo y aceptado a regañadientes en el otro medio. Su otrora rutilante democracia ya no encandila; muestra signos inequívocos de agotamiento, de haberse convertido en una oligarquía del dinero que está vaciando al país más poderoso del planeta.


CAMINO AL TERCER MUNDO.


El economista Paul Craig Roberts fue subsecretario del Tesoro en la administración de Ronald Reagan, fue editor y columnista de The Wall Street Journal y de la revista Business Week (desde 2010 rebautizada como Bloomberg Businessweek). En suma, es un conservador, un hombre del sistema. Sin embargo, es un crítico feroz de la política exterior estadounidense desde la invasión a Irak, y rechaza la política de aislamiento a Irán.


Cree que Estados Unidos se encamina a ser un país del Tercer Mundo. Los datos que aporta se focalizan en la desigualdad, que se profundiza constantemente. La Oficina del Censo difundió en setiembre cifras sobre los ingresos de los cinco quintiles de la población. Todos perdieron. El quintil más pobre tuvo un descenso del 17,1 por ciento desde el pico en 1999. Los quintiles siguientes tuvieron caídas del 10,8 por ciento desde 2000, del 6,9 y del 2,8 por ciento respectivamente. Incluso el quintil superior tuvo una reducción del 1,7 por ciento, pero desde 2006. Sólo el 1 por ciento tuvo un aumento en los ingresos (Consortiumnews, 29-X-15).


Según Roberts, algunos tramos muestran ingresos similares a los de fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970. Hay 93 millones de estadounidenses en edad de trabajar que no están en la fuerza de trabajo, un récord histórico. Si se incluyera a los trabajadores desalentados en la medición de la desocupación, el índice treparía al 23 por ciento, muy por encima del oficial del 5,2.


Las razones, sostiene, se deben a la deslocalización de la producción, ya que las grandes empresas trasladaron sus fábricas al extranjero, donde pagan menos y obtienen mayores ganancias, aumentando el valor de las acciones y las retribuciones de los gerentes. Mientras los puestos de trabajo más calificados se crean lejos del país, en Estados Unidos "la economía crea puestos a tiempo parcial y mal pagados, como camareras, vendedores al por menor y servicios de atención médica ambulatoria". En consecuencia, la mitad de los jóvenes de 25 años vive con sus padres porque no pueden independizarse, frente a un 25 por ciento que sí lo hacía en 1999.


El peso del sector financiero en el Pbi se ha duplicado desde 1960. La demanda no crece ni es capaz de impulsar la economía por los bajos ingresos de los asalariados. "La infraestructura económica y social se está derrumbando, incluyendo la propia familia, el Estado de derecho y la responsabilidad del gobierno", estima Roberts. Cree que el colapso de la Unión Soviética fue perjudicial para su país, ya que creció la arrogancia de los neoconservadores, y los países más poblados como India y China abrieron sus fuerzas de trabajo al capital occidental, "acelerando la decadencia económica estadou-nidense y dejando a su economía en dificultades para soportar la enorme deuda de las guerras".


SIN DERECHOS.


La revuelta de Baltimore, el pasado 25 de abril, en respuesta a la muerte de un joven negro que estaba bajo custodia policial, es, para David Goldman, un punto de no retorno. Su reflexión es demoledora: "Seis años después de la elección del primer presidente afroestadou-nidense, las perspectivas de los estadounidenses negros parecen más sombrías que nunca desde la Primera Guerra Mundial, cuando comenzaba la migración masiva desde los campos del sur hacia las fábricas del norte" (Asia Times, 28-IV-15).


Goldman es un economista estadounidense que asegura escribir "desde una perspectiva judeocristiana", con análisis centrados en factores demográficos y económicos de larga duración y volcado a la comprensión del ascenso y caída de las naciones. En los ochenta se desempeñó como director general de fondos de inversión en organismos como el Credit Suisse y el Bank of America, entre otros. Actualmente publica sus columnas en Asia Times bajo el seudónimo Spengler.


Los datos demográficos que vierte para explicar la situación de la población negra son sorprendentes. El 72,5 por ciento de los niños negros nace en hogares monoparentales. Lo mismo sucede con el 53 por ciento de los hispanos y sólo el 29 por ciento de los niños blancos.


Hasta ahí son datos esperables. Pero cuando se discrimina por "color" y empleo, las cosas dan un vuelco dramático: tres mujeres negras tienen trabajo a tiempo completo por cada dos varones negros; para los blancos, las cifras se invierten: hay tres varones blancos empleados por cada dos mujeres blancas. Dos tercios de las licenciaturas concedidas a afrodescendientes son para mujeres. "¿Dónde están los hombres negros?", se pregunta Spengler.


La respuesta es tremenda: por cada cien mujeres negras que no están en la cárcel, hay sólo 83 varones negros en la misma situación. El 17 por ciento restante murió o está preso. La tasa de encarcelamiento de la población negra es alucinante: uno de cada 87 blancos en edad de trabajar está preso, frente a uno de cada 36 hispanos y uno de cada 12 negros (Asia Times, 28-IV-15). Los varones negros tienen una en 21 posibilidades de ser asesinados, frente a una en 131 para los hombres blancos. Si la ira llevó a la población negra a incendiar Baltimore bajo un presidente negro "es porque no hay solución a la vista, síntoma de la decadencia estadounidense", dice Spengler.


Hay 6 millones de personas que perdieron su derecho a votar por haber estado en prisión. La estadounidense es "una de las pocas democracias que privan de derecho a votar a sus ciudadanos cuando entran en la cárcel" (El País, 2-XI-15). Florida, uno de los estados clave en las elecciones, tiene 1,6 millones de personas que no pueden votar. El 23 por ciento de los negros está en esa situación.


Una docena de estados declara ilegal el voto de los detenidos, incluso luego de cumplir condena, mientras en Florida se debe esperar hasta 16 años para poder pedir la restitución de ese derecho. Entre el 80 y el 90 por ciento de los presos pertenece a alguna minoría racial, según Humans Rights Watch.


EPIDEMIA SILENCIOSA.


A medida que el sector financiero se ha ido posesionando de la economía y la política estadounidenses, la sociedad comenzó a resquebrajarse, afectando en particular a las capas medias. Algo de eso revela el reciente estudio de la Universidad de Princeton, que asegura que la mortalidad de blancos de mediana edad se ha disparado en las dos últimas décadas.


Los datos que encontró el estudio, en el que participó el último Nobel de economía, Angus Deaton, revelan que medio millón de personas de entre 45 y 54 años murieron por cirrosis, suicidios, alcohol y drogas (The New York Times, 3-XI-15). Ningún otro grupo demográfico en Estados Unidos o en otro país desarrollado ha tenido un comportamiento similar, con la excepción de la época del pico de la epidemia de sida.


El informe señala que esos datos "invierten décadas de progreso y son únicos de Estados Unidos". Las razones hay que buscarlas en el empeoramiento de la salud física y mental de ese grupo de población, visible en sus dificultades para llevar a cabo tareas diarias, el aumento del dolor crónico y la imposibilidad de trabajar. La tasa de mortalidad de la población blanca de 45 a 54 años venía descendiendo un 2 por ciento anual en Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido y Canadá. Pero a partir de 1998 en Estados Unidos crece medio punto cada año.


Lo llamativo es que las muertes por sobredosis bajaron entre hispanos y negros pero aumentaron entre los blancos a partir de 1999. "En 2006, por primera vez, las muertes por causas relacionadas con el consumo de drogas y alcohol entre blancos superaron a las de negros e hispanos", dice la Universidad de Princeton. Pero lo más estremecedor es la cantidad de personas que dicen sufrir dolor crónico: uno de cada tres blancos de edad media tiene dolor crónico en las articulaciones, uno de cada cinco en el cuello y uno de cada siete en la espalda. También crece el "estrés psicológico serio", las personas que tienen dificultad para "caminar 400 metros o subir diez escalones, estar de pie o sentadas durante dos horas o relacionarse con amigos". Hablamos de personas de 45 a 54 años.


Uno de los secretos que revela el informe, que naturalmente ha causado enorme revuelo, es el aumento del consumo de heroína y medicamentos para paliar el dolor. "El 90 por ciento de las personas que consumieron heroína por primera vez en la última década son blancas", y "tres de cada cuatro optaron por la heroína después de consumir medicamentos recetados por un médico", destaca la revista de psiquiatría de la Asociación Médica de Estados Unidos. Según los autores, el mayor control sobre los medicamentos con opiáceos derivó en que se sustituyeran por heroína.


Se trata de una epidemia silenciosa que incluye uso de medicamentos contra el dolor y drogas (hábitos con fronteras porosas), suicidios y consumo de alcohol. Los autores del informe concluyen señalando que ese grupo de población será "el primero que llegará a la mediana edad y verá que no vivirá mejor que sus padres", en lo que puede ser una "generación perdida". Las razones son dos: las presiones económicas y el nivel educativo.


En los hechos, y más allá de la voluntad de sus autores, el informe es una de las denuncias más potentes y demoledoras contra las políticas neoliberales del 1 por ciento a costa del 99 por ciento, que consisten, entre otras, en un ataque frontal contra la clase media.


AUTORITARISMO NEOLIBERAL.


Henry Giroux es uno de los más importantes pedagogos del mundo, fundador de la pedagogía crítica, y reconocido por la huella que dejaron sus 35 libros. Acaba de publicar un largo artículo titulado "Cultura de la crueldad: la era del autoritarismo liberal", en el que denuncia cómo la pesadilla de George Orwell de una sociedad totalitaria "proyecta una sombra oscura sobre Estados Unidos" (Counterpunch, 23-X-15).


Este nuevo autoritarismo habla de "una experiencia diferente de terror total en el siglo XXI", basada en "un ethos mezquino que clama contra cualquier noción de solidaridad y compasión por los demás". En apoyo de su hipótesis cita varios hechos elocuentes: la democracia se marchita, se registra un asalto continuo y despiadado contra el Estado social, crece la cultura de la supervivencia del más apto y se destruye cualquier vestigio de contrato social. "Los mercados utilizan sus recursos económicos e ideológicos para armar y militarizar todos los aspectos de la vida cotidiana, celebrar una cultura del miedo, una pedagogía de la represión, y una política de la precariedad, el control, y la vigilancia de masas", destaca Giroux.


Los poderosos han impuesto "un mundo de sombras y desorden en su búsqueda implacable de riqueza, indiferente al saqueo de la humanidad y el planeta". Ya no existen espacios seguros al amparo de los acaparadores y de los tentáculos de la vigilancia y el castigo estatales. Sí existe, en cambio, una "tolerancia infinita" a los delitos de los banqueros, y aparecen "zonas de abandono social" en las que las personas son desechables. En esa categoría entran "los jóvenes, los grupos de bajos ingresos y las minorías de clase y color, que están siendo demonizados, criminalizados o simplemente abandonados, ya sea en virtud de su incapacidad para participar en los rituales del consumo debido a trabajos mal pagados, mala salud o necesidades familiares urgentes".


Los jóvenes son los más proclives a sufrir esta situación, que se traduce en crecientes niveles de ansiedad, estrés, depresión y suicidio. Con base en informes oficiales, Giroux señala que "uno de cada cinco jóvenes y uno de cada cuatro estudiantes universitarios sufren de algún tipo de enfermedad mental diagnosticable".


Son demasiados, en resumen, los síntomas de la decadencia como para ignorarlos.


La represión es una consecuencia casi obligada. The Economist informó que "los equipos de Swat (unidades de elite para la lucha contra el terrorismo y operaciones especiales) se desplegaron cerca de 3 mil veces en 1980, pero ahora se utilizan alrededor de 50 mil veces al año". La policía mata cuatro personas por día, según el sitio http://killedbypolice.net/, que lleva una cuenta que crece de año en año.


Giroux concluye asegurando que ninguna democracia puede sobrevivir al tipo de desigualdad en la que "las 400 personas más ricas tienen tanta riqueza como 154 millones de estadounidenses". Y clama por un renacer del espíritu crítico y de la acción de los movimientos antisistémicos.

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Evo celebró su década ganada con un rito aymara

En Tiahuanaco agradeció al pueblo boliviano por acompañarlo tanto tiempo. El festejo continuará hoy con la lectura del informe anual a la Asamblea Legislativa Plurinacional y luego Morales encabezará un acto y desfile popular.

 

El presidente de Bolivia, Evo Morales, celebró 10 años en el gobierno con un ritual en el templo aymara de Tiahuanaco. En la ceremonia, organizada en la mañana de ayer, el mandatario dejó una ofrenda a la Pachamama, madre tierra, conmemoración que continuará hoy con la lectura del informe anual a la Asamblea Legislativa Plurinacional. Morales encabezará luego un acto y desfile popular. La jornada festiva finalizará con una velada artística en un coliseo deportivo en El Alto, localidad vecina a la ciudad de La Paz. "Muchas gracias al pueblo boliviano por su acompañamiento, muchas gracias a nuestros dirigentes sindicales, comunales y sociales de toda Bolivia. Con el pueblo organizado, con el pueblo unido, todo es posible para nuestra querida Bolivia", dijo el jefe de Estado, escoltado por su vice, Alvaro García Linera, sus ministros y los amautas (sacerdotes aimaras) en Tiahuanaco, a 80 kilómetros al oeste de La Paz.


El grupo de amautas acompañó a los mandatarios en el encendido de una "mesa" (ofrenda) a los dioses de la cultura tiahuanacota, que precedió a la civilización inca que dominó en los andes sudamericanos hasta que los españoles llegaron en 1492. "¿No sé cómo han pasado 10 años? Diez años de cambios. Los movimientos sociales garantizan estabilidad política y esto permitió que haya prosperidad económica para Bolivia", afirmó Morales, sorprendido por el tiempo transcurrido desde que llegó por primera vez al gobierno, el 22 de enero de 2006. Y agregó que "esperamos con esta ceremonia, con esta energía que nos da nuestro sol, continuar trabajando por nuestra querida Bolivia".


Una constelación de dirigentes y simpatizantes esperaron a las primeras luces del día para escuchar al mandatario, quien estuvo acompañado por su gabinete en pleno, los presidentes del Senado y el Congreso, las máximas autoridades militares y policiales y dirigentes sindicales, indígenas y de movimientos sociales. Desde su llegada a la presidencia, Morales –dirigente aimara y campesino cocalero, hoy el gobernante más longevo de la historia de Bolivia–, realizó cada año esta ceremonia en el templo indígena más antiguo del continente, antes de rendir cuentas ante el Parlamento y luego al pueblo en general.


La ceremonia de ayer se inició con palabras en lengua aymara pronunciadas por un amauta que bendijo los 10 años de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), y, a continuación, Morales depositó hojas de coca sobre una madera y chicha para alimentar el fuego. Los centenares de personas que presenciaron el ritual recibieron la fuerza del Tata Inti, primeros rayos del sol, con las manos abiertas y alzadas hacia el amanecer.


"¡Jallalla (¡viva! el) presidente Evo! ¡Jallalla Bolivia! ¡Jallalla proceso de cambio!", se escuchó varias veces a través de los megáfonos del acto.


Bolivia incrementó su Producto Interno Bruto (PIB) en un promedio del 5,1 por ciento entre 2006 y 2014, una de las tasas más altas de la región, parte de lo cual fue redistribuido en ancianos, niños y madres solteras, un colectivo de- samparado en el país. En este contexto, Morales catapultó a su país a un auge económico y a una estabilidad política y social inédita, con medidas como la nacionalización de los hidrocarburos, clave en su gestión. Con ella redujo el negocio a compañías como la española Repsol o la brasileña Petrobras que, con todo, continúan operando en Bolivia. La renta petrolera subió de 673 millones de dólares en 2005 a 5530 millones en 2014, y las Reservas Internacionales Netas llegaron a 15.000 millones de dólares, cifra nunca vista en el país.


Los analistas advierten que Bolivia podría verse afectada por el desplome internacional del precio del crudo, algo que el gobierno no comparte. "Si hemos aguantado 80 a 85 dólares de caída, ¿estaremos en posibilidad de aguantar una caída de 20 a 25 dólares? Yo creo que sí", dijo recientemente el ministro de Economía, Luis Arce. A pesar del derrumbe del precio del crudo, Bolivia creció en 2015 un 4,8 por ciento, uno de los índices más altos de la región.


Morales suele regodearse con haber llevado al poder al movimiento indígena campesino y evoca que la generación de su padre, un pastor aymara, tenía vedado el ingreso a la plaza Murillo, centro simbólico del poder político donde se encuentra el Palacio Quemado, sede del Ejecutivo. "Cuando juré como presidente, el 2006, algunos de nuestros opositores ¿qué decían?: 'Pobre indiecito, que se divierta unos 4, 5, 6 meses, no va a poder gobernar y después se va a ir, lo vamos a sacar'", recordó. A dos años de haber comenzado su gobierno, en 2008, sorteó un plan de la derecha que decía: "Creo que este indio se va a quedar por mucho tiempo, hay que hacer algo", rememoró Morales, quien desarticuló entonces a la oposición y expulsó al embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, y a la agencia antidrogas estadounidense DEA. Allí comenzó el auge de los movimientos agrarios, venidos a menos en los últimos meses por un escándalo que involucra a decenas de líderes campesinos, algunos cercanos a Morales, investigados por la defraudación de 2,5 millones de dólares de un fondo de fomento.


El jefe de Estado revalidó el cargo, luego de haber obtenido el 64 por ciento de los votos, para dirigir su país en el período 2010-2015, y con 61 por ciento de los sufragios, para la gestión 2015-2020. Ahora está en campaña para lograr la aprobación en referéndum de una reforma constitucional, que tendrá lugar en febrero, y podría permitirle la reelección por cinco años más, a partir de 2020.



Los diez años que cambiaron a Bolivia

Por Agustín Lewit *


Cuando Evo Morales ganó las presidenciales en octubre de 2005, pocos por no decir nadie hubiesen apostado a que una década después seguiría al frente del poder, con la posibilidad incluso de extender su mandato por diecinueve años consecutivos, si es que gana el referéndum del próximo febrero y los comicios de 2019 respectivamente, algo –al menos por ahora– perfectamente posible.


En rigor, sobran los hechos para sorprenderse: en momentos donde el rumbo progresista inaugurado con Chávez en 1998 atraviesa su momento más crítico –con las reciente derrotas electorales en Argentina y Venezuela, sumado el asfixiante acecho de la derecha brasileña a Dilma– el evismo, en términos generales, navega en las aguas calmas de la gobernabilidad. Lejos de la casualidad, la sólida hegemonía que blinda hoy al gobierno de Evo Morales, tras intensos diez años de gobierno, se nutre de tres razones fundamentales: inéditas mejoras sociales de los sectores populares y medios, una exitosa política económica reconocida por propios y extraños, y una buena cuota de astucia para lidiar tanto con la vieja clase política boliviana como con las diversas organizaciones sociales.


Sobre lo primero, las cifras son contundentes: reducción durante la última década de veinte puntos porcentuales de la pobreza extrema, notoria mejoría de los índices de igualdad –en ocho años, el Gini pasó de 0,60 a 0,47– y un desempleo que en 2015 apenas superó el 3 por ciento, todo acompañado de una batería de programas sociales que alcanzan a la mitad de la población y que ha permitido una inclusión por la vía del consumo sin precedentes. Se suma a lo dicho la erradicación del analfabetismo, reconocida por la Unesco en 2014, y algunos avances en materia de salud. La clave de esa matriz reparacionista es similar a la de otros procesos vecinos: la estatización de los recursos naturales –hidrocarburíferos, en este caso– y una redistribución de sus dividendos, en un contexto internacional favorable (hasta ahora).


No obstante los aspectos comunes, el proceso boliviano también desarrolló singularidades. La más notoria, quizás, sea la fuerte estabilidad económica, central en un país en el que aún retumba el trauma que sembró la hiperinflación de 1985. Con una conjugación exitosa entre pragmatismo y rigurosidad, entre heterodoxia y equilibrio fiscal, Bolivia cierra una década con un crecimiento promedio del PIB del 5,1 por ciento –que llevó a triplicarlo en diez años–, una tasa de inflación del 2,78, el mayor nivel porcentual de reservas de la región y una notable reducción de la deuda pública. La obsesión del presidente por apuntalar el crecimiento obligó a una versatilidad no librada de críticas internas: así como Evo es un personaje clave del ALBA, también firma sin sonrojarse acuerdos económicos con Merkel.


Esa capacidad de adaptación se reflejó progresivamente también en la propia praxis política del líder del MAS. Evo ya no es aquél líder indígena y dirigente sindical que llegó al poder traccionado por una revuelta plebeya. Lejos de eso, el ex dirigente cocalero es hoy la máxima figura política de su país con un liderazgo indiscutido. Esa transformación, que implicó superar la fragilidad inicial alimentada de prejuicios y subestimaciones, se logró a fuerza de mostrar una tenacidad inquebrantable algunas veces, pero también gracias a saber negociar en otras tantas, lo que en política supone a menudo saber ceder. La reposición de la justa y sensible demanda marítima a Chile, designando como vocero al ex presidente y referente opositor Carlos Mesa, o ciertas concesiones realizadas a la poderosa Media Luna, donde en la última elección presidencial –a excepción de Beni– logró imponerse cuando hace algunos años no podía siquiera pisar, hablan de cierta maduración política del presidente en el manejo de la realpolitik.


Pero no sólo Evo cambió en estos diez años: en ese entramado complejo que es Bolivia casi no quedan elementos que no hayan sido transformados. El Estado, la Constitución –la primera refrendada popularmente–, incluso el propio nombre del país, que por fin da cuenta de la diversidad, están atravesados por la novedad. Por una novedad potente, transformadora, redentora de un doloroso y prematuro neoliberalismo, pero que sigue teniendo, claro está, numerosas cuentas pendientes. Evo, el ex pastor de llamas, el sindicalista cocalero, el primer presidente indígena, es consciente de ello y de ahí su obsesión por continuar al frente de un proyecto que ya ha transformado al país y a su gente como nunca antes en su historia.


* Investigador del Centro Cultural de la Cooperación-Nodal.

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Miércoles, 20 Enero 2016 19:49

Los retos de la nueva administración

Tasa de desempleo de Bogotá y del país (2001-2014). Fuente: SDH (2015) a partir del Dane

La economía de Bogotá termina el año bien. El desempleo cae, la calidad de vida de los hogares mejora, proceso logrado en un contexto en el que las finanzas distritales mejoran (Alcaldía de Bogotá 2015). No puede afirmarse que durante la administración Petro la economía de la ciudad se deterioró. El nuevo alcalde tiene cuatro grandes retos: consolidar el mercado interno y regional; continuar la lucha contra la pobreza y la segregación; garantizar la sostenibilidad ambiental; fortalecer las finanzas con fuentes alternativas a los impuestos.

 

Dinámica laboral y mercado interno

 

Tanto en el país como en Bogotá la tasa de desempleo va disminuyendo (figura 1), pero la reducción en Bogotá ha sido mayor. En la gráfica se observa la tendencia descendente entre 2001 y 2014. Los datos más recientes del Dane muestran que la caída ya está llegando a su fin, y que la tasa de desempleo a aumentará de nuevo.

Una de las razones por las cuales el desempleo en Bogotá es menor que en el resto del país, es la amplitud del mercado interno. Las transacciones que llevan a cabo todos los días los 8 millones de habitantes de la ciudad, es una de las grandes ventajas del Distrito. El mercado interno se fortalece si, además, Bogotá amplía los flujos comerciales con los departamentos de la región. Las interacciones con Cundinamarca, Boyacá, Meta y Tolima tienen que intensificarse.

El alcalde Peñalosa debe desarrollar políticas económicas que sigan consolidando el mercado interno. Es el momento para impulsar la actividad económica a través de obras públicas. En lugar de austeridad, como dice el ministro Cárdenas, en esta coyuntura recesiva la inversión debe crecer. Afortunadamente, Bogotá está pasando por una situación fiscal muy buena, que le permite elevar la inversión pública. Si este proceso se consolida, el nivel de empleo subirá. Las actividades económicas de la capital, como el comercio y los servicios, son más intensivas en mano de obra que la minería y el petróleo, que en el panorama nacional han sido los sectores de mayor crecimiento en los últimos 10 años.

Las secuencias derivadas de sectores como la construcción son muy diferentes a las desprendidas de la minería y del petróleo. La figura 2 muestra que desde mediados del 2010 la tendencia de la construcción es ascendente. Mientras que en la construcción son claros los encadenamientos hacia adelante y hacia atrás, la minería y el petróleo consolidaron economías de enclave, que ni siquiera tienen un impacto favorable en las zonas donde se desarrollaron los proyectos. La bonanza no se sembró y ahora estamos sufriendo las consecuencias.

Puesto que el mercado interno y regional de Bogotá tienen enormes posibilidades, la devaluación es conveniente porque encarece los productos importados y estimula la producción nacional. El mayor precio de los bienes importados puede reflejarse en un aumento de la inflación, como está sucediendo en Colombia. Si la producción nacional no reacciona frente a la devaluación, la inflación tendrá un impacto negativo en la capacidad de compra de los trabajadores. Las empresas nacionales, sobre todo las pequeñas y las medianas, deben aprovechar la devaluación para mejorar la productividad y ofrecer bienes que sustituyan a los importados. Si este proceso se realiza de manera adecuada, los costos disminuyen y la inflación baja.

 

Logros sociales evidentes

 

Los tres últimos gobiernos de Bogotá avanzaron de manera significativa en la lucha contra la pobreza. Este proceso no se debe frenar y el nuevo alcalde debe conservar los principales programas sociales.

Bogotá realizó dos grandes encuestas multipropósito en el 2011 y en el 2014. Su nombres es multipropósito porque captan la capacidad de pago y las condiciones de vida de los hogares. De acuerdo con estas encuestas, entre 2011 y 2014 la incidencia de la pobreza monetaria (por línea de pobreza - LP) se redujo de 17,3 por ciento a 15,8 (cuadro 1). La pobreza extrema tuvo un ligero crecimiento, y pasó de 4 por ciento a 4,1. A medida que los niveles de pobreza son más bajos es más difícil mantener la tendencia decreciente. Por esta razón es fundamental que la nueva administración realice una política fiscal (impuestos y subsidios) que sea favorable a los más pobres.

Tal y como se observa en el cuadro, las dinámicas son muy diferentes dependiendo de las localidades. En algunas el porcentaje de pobreza aumentó: en Santa Fe pasó de 22 por ciento a 23,2, en Fontibón de 8,8 por ciento a 9,1, en Barrios Unidos de 9,8 por ciento a 10,2, en Teusaquillo de 3,5 por ciento a 4,3, en Puente Aranda de 10,1 por ciento a 12,5. En otras, como Ciudad Bolívar, la incidencia de la pobreza bajó, y pasó de 32,2 por ciento a 29,3. La diferencia entre localidades muestra que Bogotá está llegando a un situación de mucha fragilidad, y si no se toman las medidas adecuadas, la pobreza puede volver a aumentar como ya está sucediendo en el continente. La Cepal (2014) muestra que entre el 2012 y el 2014 el número de pobres en América Latina pasó de 164 a 167 millones.

La lucha contra la pobreza debe ir acompañada de un combate a la segregación de los hogares. Todas las familias que viven en la ciudad deberían tener la misma oportunidad de acceder a los bienes y servicios. Las discusiones sobre los modos de transporte deben ubicarse en este contexto. La movilidad es fundamental porque mejora las condiciones de vida de las personas.

 

El agua, la región y la sostenibilidad ambiental

 

La sostenibilidad ambiental fue una de las principales razones por las cuales fue creada la Región Administrativa de Planeación Especial (Rape), que incluye a Cundinamarca, Tolima, Meta, Boyacá y Bogotá. Además, se busca que los procesos regionales reduzcan las diferencias entre municipios. La Rape debe contribuir a la convergencia entre los municipios de la región.

El nuevo alcalde debe consolidar los avances logrados en materia ambiental. El asunto es neurálgico porque allí radica la sostenibilidad de la ciudad. Las advertencias efectuadas en París, en la última cumbre ambiental, deben ser tenidas en cuenta por la administración distrital. Desde esta perspectiva sería un error echar para atrás los avances logrados en el proceso de consolidación de la reserva Van der Hammen en el norte de Bogotá.

La recuperación de las cuencas de los ríos (Fucha, Tunjuelo, etcétera) debe ser otra prioridad. La descontaminación del río Bogotá es costosa. Comenzar el proceso cuesta $8 billones, y el nuevo alcalde no ha incluido el tema entre sus principales estrategias.

 

Fortalecimiento de las finanzas

 

En Bogotá los ingresos tributarios crecieron a ritmos superiores a la inflación. Durante la administración Petro el esfuerzo fiscal fue evidente. El catastro se modernizó y actualmente su valor es cercano al comercial. Además de continuar con el buen comportamiento fiscal, el nuevo alcalde debe estimular otras fuentes de ingresos: derechos de edificabilidad, plusvalías, valorización, cobros por congestión, cargas, etcétera. Estos recursos se pueden reglamentar de tal manera que sean progresivos, y los ricos paguen porcentajes mayores que los pobres. Debe buscarse, entonces, que las nuevas fuentes de financiación no afecten la capacidad de pago de las familias más pobres.

 



Referencias bibliográficas


Balance de resultados del Plan de Desarrollo Distrital 2012-2016, "Bogotá Humana", a 31 de diciembre de 2015, Alcaldía Mayor de Bogotá, Bogotá, 2015.
Panorama Social de América Latina 2014, Comisión Económica para América Latina, Cepal, Santiago, 2014.
Proyecto de Presupuesto 2016. Bogotá, Distrito Capital, Secretaria Distrital de Hacienda, SHD, Bogotá, 2015.
"Encuesta multipropósito", Bogotá, Ciudad de Estadísticas, Nº 70, Secretaria Distrital de Planeación, Bogotá, 2015.

 

 



Cuadro


Incidencia de la pobreza por ingresos. Localidades de Bogotá (2011-2014)
Fuente: SDP (2015, p. 180) a partir de EM 2011 y EM 2014

Publicado enEdición Nº220
Parafernalia de una Ley que poco tiene de nuevo y que poco solucionará.

El pasado lunes 18 de enero se socializó la Ley que castiga a quienes usen agentes quñimicos para agredir a otras personas. Este tipo de conducta dejó de ser considerado como una simple agresión personal, ahora será procesada como un delito que acarrea penas hasta de 30 años de prisión.

 

Natalia Ponce de León, acompañada de otras víctimas de ataques con ácido sulfúrico, encabezó la comitiva que estaba junto al presidente Juan Manuel Santos al momento de presentar ante el país la Ley que lleva el nombre de esta mujer, atacada con ácido y desfigurada en su rostro, transformada ahora en Colombia en el icono de la violencia contra la mujer.


Natalia Ponce, estaba en el parqueadero de su lugar de residencia cuando el 27 de marzo de 2015 fue atacada de manera sorpresiva y aleve por Jonathan Vega, quien rebosante de machismo se "vengó" de la negativa recibida de parte de Natalia ante su deseo de sostener una relación sentimental.


No todo lo que brilla es oro


Retomando un sentir punitivo nacional, la nueva normatividad presentada ante el país por el Presidente tipifica este tipo de ataque con penas fuertes impuestas según su gravedad. La ley sancionada sube las penas por ataques con ácido de 12 años y 5 meses de prisión a 20 años para los casos donde las víctimas resultan con daños reversibles. Cuando los ataques causen daño permanente en la víctima, como el caso de Natalia Ponce de León, las penas se incrementan hasta en 30 o más años según el perjuicio, y si la víctima es una mujer o un menor de edad, la pena puede alcanzar hasta los 50 años. Antes eran de 20 años y 9 meses. Adicional al encierro, los agresores tendrán que pagar multas entre los 644 y los 1.932 millones de pesos, es decir, un imposible.


Además los sancionados por estos delitos no podrán gozar de ningún tipo de beneficio judicial, por lo que deberán padecer en encierro el total de la pena impuesta. Es decir, y contrario a lo pretendido con el castigo carcelario, acá no hay pretensión de resocialización sino, y con toda claridad, de venganza. ¿Será declarada inconstitucional por esto la nueva Ley, evidenciando sin tapujos que con ella lo que pretendió el Presidente fue, simplemente, valerse del sentimiento punitivo nacional, siempre a flor de piel, y cabalgar sobre él con pretensión de ganar algo de opinión pública?
Otro de los puntos trascendentales de la norma son las sanciones de entre 4 y 12 años para quienes comercialicen ilegalmente estas sustancias. El Gobierno deberá formular una política pública para la asistencia a las víctimas. Aspecto que suena más a un simple eufemismo ya que el ácido sulfúrico lo puede sacar el victimario de una batería de carro, es decir, la opción de la tienda de químicos no es única ni indispensable. Pero, además, como es conocido en el país, este ácido está restringido en su venta pues también lo usan los narcotraficantes para procesar la hoja de coca.


Impunidad multiplicada


Según Medicina Legal, en Colombia los casos de ataque con ácido en contra de mujeres, y no denunciados, suman mil en los últimos diez años, mientras el número de ataques reportados ante las autoridades alcanza los 628 en seis años, de los cuales más del 90 por ciento permanecen impunes.


Lo que se logra con esta ley es que "una persona lo piense dos veces antes cometer un ataque, y que se controle la venta de los químicos empleados", dice Natalia quien se convirtió en la vocera de las víctimas de este tipo de ataques y precursora de la fundación que lleva su nombre. "No sé cuántos casos como estos llevamos en Colombia, pero casi todos están en la impunidad y los agresores siguen por ahí sueltos. El Estado no ha hecho el más mínimo esfuerzo de buscarlos. Cuando a mí me atacaron el 27 de marzo de 2014, se ofrecieron $75 millones por encontrar a Jonathan Vega y lo encontraron en ocho días. ¿Por qué conmigo sí lo hacen y con el resto no?". Aunque la ley responde a una problemática que no puede ignorarse más, el problema de fondo es mucho más complejo, imposible de solucionar simplemente con el aumento de las penas a los delitos. Colombia es un país de tradición machista en el que la violencia contra la mujer es un crimen repetido a diario, llevado a cabo por machos victimarios, pero también invisibilizado por las mujeres que en muchas ocasiones, aún hoy, tal vez por miedo u otras circunstancias, guardan silencio.


Colombia se encuentra dentro de los países que más casos de ataques con ácido son reportados al año. Al nuestro se le unen Pakistán, India, Bangladesh, Irán y otros países de Asia y África.


Es evidente que este tipo de agresiones se torna en una de las formas más crueles de violencia contra las mujeres, pues no solo deja marcas corporales imborrables sino que el daño emocional es casi que irreparable. La razón por la que el agresor decide atacar de esta manera está ligada al machismo, yugo que padecen las mujeres de gran cantidad de países.


Increíble pero evidente. Estos atroces ataques toman forma por sucesos en los que la violentada rechaza una propuesta de matrimonio, o porque no accede a algún requerimiento sexual, por celos, por venganza, o circunstancias similares.


Y a pesar del elevado número de víctimas de ataques con ácido, solo hasta el 27 de marzo de 2014, cuando ocurrió el doloroso caso que afectó a Natalia Ponce de León, fue que esta problemática se tornó en un tema de indignación nacional, a tal punto que se libró una batalla jurídica para que este caso en particular y ningún otro de este tipo, quedara impune, y que aquellas personas que cometieran actos de esta calaña, recibieran castigos mucho más severos. De por sí la causa es justa, lo cuestionable es ¿por qué hasta ahora, por qué –con un claro trasfondo de clase– cuando la victima es una persona adinerada?


Es ante esta realidad y la presión suscitada, por la creciente sensación de inseguridad cotidiana de las mujeres colombianas, y ante la presión de varios sectores sociales, entre ellos los movimientos feministas, defensorías de la mujer y en general de la sociedad colombiana, es que surge el proyecto de ley ahora transformado en tal, una norma eminentemente represiva y que, en últimas, no previene de manera efectiva este tipo de delitos, pues a pesar de las altas condenas aún continúan cometiéndose estos ataques, sin olvidar que esta es solo una expresión de la violencia a la que la mujer colombiana se enfrenta.


Si bien esta medida expresa un pequeño avance en cuanto al reconocimiento de los crímenes de género, no sobra enfatizar que mientras en nuestra sociedad se reproduzca el modelo machista, reflejado en la disparidad de oportunidades laborales, la inequidad en los salarios, la falta de oportunidades de educación para nuestros hijos e hijas –para una formación incluyente e igualitaria– la cotidianidad familiar signada por el dominio del hombre sobre la mujer, la valoración y reproducción y legitimidad social de infinidad de conductas machistas –a través de canciones, chistes, concursos de "belleza", publicidad y mercadeo difundida de manera masiva y cotidiana por los grandes medios que luego exigen elevadas penas de presión para todo tipo de infractor de uno o de otro tipo– difícilmente los crímenes en contra de la mujer dejarán de tener ese trasfondo de violencia de género.

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Mayoría de los bolivianos apoyan Referendo Constitucional

Los resultados de la más reciente encuesta de la empresa Equipos Mori reflejan hoy una ventaja para la opción Sí del 41 por ciento sobre el No, que archiva un 37% hacia el referendo del próximo 21 de febrero.


De acuerdo con el informe la diferencia más notable a favor de la modificación parcial de la Constitución Política del Estado (CPE) que permita al presidente Evo Morales y al vicejefe de Estado Álvaro García Linera a postularse en los comicios de 2019 se observa en el occidental departamento de Oruro, donde el Sí gana con el 64 por ciento al No que alcanza 23%.
Agrega el resumen del sondeo que en la oriental ciudad de Santa Cruz, el Sí aventaja por estrecho margen al No, 36 por ciento por 35, en tanto en el amazónico departamento de Beni, el 47 por ciento de las personas aseguró que votará afirmativamente.


En la ciudad capital, La Paz, el 44 por ciento de los encuestados votó por el Sí, mientras en el central departamento de Cochabamba lo hizo 46%.


Añade el boletín que en el sureño departamento de Tarija se impuso el No con el 54 por ciento de aceptación, mientras el Sí apenas sumó el 22%.


La encuesta de Equipos Mori muestra también la victoria del No en Chuquisaca y en Pando, sin embargo en la llamada "Villa Imperial, el departamento de Potosí, la mayor aprobación se lo llevó el Sí con un 43 por ciento de la intención de los sufragios por el 40% del No.


De manera general en todo el país, refleja la nota, el 11 por ciento de los encuestados se abstuvo y el ocho por ciento respondió que aún está indeciso sobre su voto.


El venidero 21 de febrero el pueblo boliviano irá a las urnas para definir si se modifica o no la CPE para permitir a Morales y a García Linera respostularse en los comicios de 2019.


(Con información de Prensa Latina)

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Lunes, 18 Enero 2016 06:49

Balance imprescindible

Balance imprescindible

"Las ideas son grandes en cuanto son realizables, o sea, en cuanto aclaran una relación real inmanente a la situación, y la aclaran en cuanto muestran concretamente el proceso de actos a través de los cuales una voluntad colectiva organizada da a luz esa relación (la crea) o, una vez manifiesta, la destruye y la sustituye. Los grandes proyectistas charlatanes son charlatanes precisamente porque no saben ver los vínculos de la 'gran idea' lanzada con la realidad concreta, no saben establecer el proceso real de actuación." (Antonio Gramsci, Pasado y presente).


La cita me parece apropiada dado que en toda circunstancia donde se requiere un balance suelen aparecer, junto a las palabras oportunas, que suscitan reflexión, otras que solo manifiestan estados de ánimo o surgen de encuadres incorrectos que hacen desviar la atención de lo que es relevante. Una de las más trilladas es la que se obstina en lamentar que no se hayan tomado medidas decisivas para impedir que el poder real pudiese revertir la situación. Es la más falaz de todas, ya que desprecia el hecho de que la mayor parte de las veces, es precisamente ese poder el que se ingenia para evitar que tales medidas se tomen (aunque alguna vez se pierden oportunidades). El listado es conocido y alude a lo que podría haber hecho un poder popular controlando resortes clave, generalmente de la economía (cuando no del poder represivo o mediático) que hubiesen llevado a que las clases dominantes retrocedieran pidiendo disculpas y solicitando la escupidera.


Suele estar asociado este tipo de lamento al clamor de personajes que solicitan radicalidad y pretenden una revolución anticapitalista en la periferia cuando el siglo XX se cansó de darnos ejemplos de que las tesis de Marx y Engels sobre el papel precursor e ineludible del centro no era un aspecto lateral de su teoría. Sin ir más lejos, la pretensión de suponer que había que seguir los pasos de Venezuela y descalificar al gobierno de los Kirchner por su inconsecuencia ha sido sostenido ayer no más por los que hoy, con el diario del lunes, se suman a los que fustigan la "soberbia" de Cristina y a las vacilaciones de las organizaciones más cercanas a su entorno. Tamaña confusión deviene de la peripecia de empezar de adelante para atrás y no reconstruir los hechos históricos de la manera que se fueron dando. El período que estamos viviendo comenzó con la asonada de un coronel caribeño que después gana las elecciones prometiendo seguir el camino de Tony Blair y que recién a posteriori decide explorar un nuevo "socialismo", diferente de los del siglo pasado. Y nosotros nos sumamos cuando un ala del dividido justicialismo sale segundo en las elecciones con un 22 por ciento, detrás del candidato del mismo partido que había sido considerado paladín del neoliberalismo en la región. Como es sabido, el primero se baja y permite el inicio de este periplo de doce años que a tantos ha sorprendido. Por cierto, en cada uno de los casos se encontraba como sustrato el enorme descontento popular con las arbitrariedades del neoliberalismo.


No hay mucho margen para los sabihondos presumidos. Todo fue aprendizaje. Y si el camino recorrido fue importante se debió a que, como dice el epígrafe, "las ideas son grandes en cuanto son realizables, o sea, en cuanto aclaran una relación real inmanente a la situación". Y de eso se trató. Y la relación de fuerzas dio para este recorrido. No es un razonamiento conformista. Como tantos, he lamentado y señalado desaciertos. Aquí y en Venezuela tenemos que develar todas las limitaciones y errores para que la próxima ola, como nos dice Alvaro García Linera, sea más honda y carcoma en mayor profundidad las defensas de la costa. Pero para eso hay que alinear las ideas de cierta manera, en la perspectiva de afirmarse en lo que hemos avanzado y desde allí ver cómo proseguir. Sin resignación ni voluntarismo. Será lo que permita entrever "concretamente el proceso de actos a través de los cuales una voluntad colectiva organizada da a luz esa relación (la crea) o, una vez manifiesta, la destruye y la sustituye".


De otra manera, la queja alimenta recelos o estimula vanidades que no hacen más que entorpecer. Los candidatos que disputaron la última elección no fueron voluntad antojadiza ni producto del dedo de nadie sino la manera, enrevesada quizá, en que emergió toda esta historia que tiene como actor principal a un movimiento que nació con dos almas desde el primer día y produce estos realineamientos que no van a terminar y a los que no se puede desatender, dado que involucran al grueso de los protagonistas necesarios en la apertura de un nuevo curso. No queda otra que seguir fortaleciendo el ala más consecuente y evitar que "los otros" hagan pata ancha. Sumando por cierto a quienes, desde otras historias, quieren nutrir el campo popular. Para tales multitudes, tales liderazgos. ¿Que alguna vez puede surgir algo nuevo desde otro sitio? Puede ser. Pero no será como consecuencia de la lucidez de un "gran proyectista", sino de algún movimiento formidable que emprendan las mayorías... Y menos cuando existen liderazgos ampliamente reconocidos como al que le dijimos hasta pronto en la plaza el 9 de diciembre. Así ha sido hasta ahora y, si alguien vio algo diferente en algún proceso histórico relevante, no le recomendaron la bibliografía correspondiente.


Por Mario Toer, profesor de Política Latinoamericana (UBA).

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