Lunes, 10 Febrero 2014 06:22

El camino boliviano

Acaban de cumplirse ocho años de la asunción del primer presidente de origen indígena en Bolivia, que marcó el inicio de la conformación de un Estado Plurinacional. Fernando Mayorga, uno de los principales analistas de este proceso, explica cómo fue posible su construcción, cuáles son los nuevos actores de la escena política y de qué manera se amplió la democracia participativa. Las tensiones entre nacionalismo e indigenismo. Los dilemas que enfrenta ahora el gobierno de Evo Morales.

Por El 22 de enero de 2006, Evo Morales se constituyó en el primer presidente indígena de Bolivia. Años después, la instauración de un Estado Plurinacional, con la nueva Constitución sancionada en 2009, fortaleció los niveles de democratización y participación de la ciudadanía. El reconocimiento del pluralismo atravesó los ámbitos jurídico, lingüístico, económico y político. Sin embargo, la relación Estado-ciudadanía no quedó librada de contradicciones. Reivindicando la consolidación de una democracia representativa, participativa y comunitaria, el politólogo boliviano Fernando Mayorga dialogó con Página/12 sobre los dilemas que arrastra la construcción del modelo estatal boliviano y la tensión existente entre nacionalismo e indigenismo en el marco de este proceso.


–¿Qué rasgos caracterizan el proyecto político que se abrió con el gobierno de Evo Morales? ¿Qué lo diferencia de los anteriores?


–Es un proyecto político que se despliega desde el año 2005, y particularmente desde el 2009, cuando se aplica la nueva Constitución. Es un proyecto político que está tendido en una contradicción entre nacionalismo e indigenismo. En el 2009, la Constitución instauró el Estado Plurinacional, reconociendo a diversas naciones y pueblos indígenas originarios campesinos. En términos discursivos, se construyó un nuevo sujeto portador de derechos colectivos. Es una palabra bien complicada.


–¿Por qué?


–Son catro términos para designar a un sujeto en el reconocimiento del pluralismo en diversos órdenes. Pluralismo jurídico, pluralismo lingüístico, pluralismo económico y pluralismo político.
–¿En qué se expresan?


–El pluralismo jurídico se expresa en el reconocimiento de dos jurisdicciones, una ordinaria y otra indígena, con el mismo rango. Las prácticas, procedimientos y costumbres de las comunidades indígenas son formalizados como mecanismos de resolución de conflictos. El pluralismo económico se expresa en el reconocimiento de cuatro formas de propiedad: privada, pública, cooperativa y comunitaria.


–¿En qué se diferencia la comunitaria de la cooperativa?


–En que la cooperativa no tiene base territorial indígena, tiene lugar en el nivel urbano. Existe particularmente en el sector de la minería, donde los ex trabajadores mineros que fueron despedidos en el período de la caída de precios de los minerales o con las políticas de privatización, se asociaron para la explotación minera y formaron cooperativas en condiciones paupérrimas, de supervivencia. En Bolivia, hay 400 mil de esas cooperativas. Esto significa el reconocimiento a un sector que fue muy importante en las movilizaciones sociales y políticas que llevaron a Evo Morales al poder. En cambio, la comunitaria es más rural y campesina. Es una economía basada en la reciprocidad, en la circulación de ayuda comunitaria para la producción agrícola más que en la producción dirigida al mercado, y tiene fuertes rasgos culturales tradicionales.


–¿Cuáles son esos rasgos?


–La producción comunitaria está ligada a una forma de organización del poder interno con rotación, la toma de decisiones se da mediante asamblea. Eso que siempre fue parte de la economía boliviana ahora está formalizado. El tema es que con esta revolución democrática todo ese mundo indígena ahora pasa a formar parte del orden constitucional del país, en términos reales y legales. El problema lingüístico se expresa en el reconocimiento de más de tres decenas de lenguas nativas que ahora son idiomas oficiales, junto con el español. No solamente el quechua y el aymara, que corresponden a los grandes conglomerados indígenas, sino también otras treinta lenguas de tierras bajas. El pluralismo cultural supone un reconocimiento de las culturas originarias en todas sus facetas, de manera que se pueda expresar la bandera indígena tanto en tierras bajas como en las que no lo son, que está incorporada como símbolo oficial.


–¿Y el pluralismo político en qué se expresa, concretamente?

–El pluralismo político tiene una expresión particular. A diferencia de Ecuador y Venezuela, que han incorporado en sus constituciones a instituciones de la democracia representativa para ampliar la democracia participativa, en Bolivia, además de incorporar esas formas de democracia participativa –como el referéndum– se ha incorporado también la asamblea, el cabildo y la consulta previa.

–¿Qué características tienen esas instituciones? ¿En qué se diferencian de la democracia participativa?


–Además de la democracia representativa y participativa, también se reconoce la democracia comunitaria. A esa combinación de las tres la denominamos "modelo de democracia intercultural". En tanto que modelo de democracia, el correlato del Estado plurinacional es la democracia intercultural. Consiste en que el cinco por ciento de los diputados es indígena. De hecho, la discusión es si ello debería incrementarse a quince o a treinta y seis.


–¿Quiénes están dando esa discusión?


–Los indígenas. Se ha hecho el nuevo censo de población y vivienda el año pasado y sobre ese mapa demográfico se va a discutir esa proporción. Es un tema de decisiones políticas. El punto es que tú tienes un porcentaje de diputados que son elegidos por su pertenencia identitaria. Punto. Lo importante es que se hace eso sin provocar una situación de dualismo representativo. Bolivia tiene el Parlamento bicameral, en diputados tenemos este porcentaje de indígenas, hay nueve gobiernos departamentales, en las asambleas departamentales hay cuotas étnicas que pueden ser de cinco, diez o quince por ciento. En algunos casos, elegidos por usos y costumbres. Tú tienes representación vía identidad étnica en el Parlamento, en Diputados y en las Asambleas departamentales. En todo. A nivel municipal, se da desde mucho antes, desde 1995. Además, hay tres niveles de gobierno subnacional: el departamento, el municipio y la autonomía indígena. De los 367 municipios, en quince se votó en referéndum su transformación en autonomía indígena: ganaron 11.

–¿Dónde reside la dimensión nacionalista en este nuevo esquema de la democracia boliviana?

–Está en este retorno del Estado como protagonista, que se nutre de una experiencia nacionalista que viene de la revolución de los años '50. En Bolivia, la ideología más poderosa es el nacionalismo revolucionario surgido de la revolución de 1952. Es tan poderosa que de allí nació el campesinado y el sindicalismo campesino, donde se inserta Evo Morales. En esta figura de naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, tú tienes la combinación de tres movimientos.


–¿Cuáles?


–El movimiento indígena de tierras altas del Altiplano, relacionado con el imperio incaico y el tiahuanacota. Los indígenas de tierras bajas, los de la Amazonia que son nómadas, cazadores y recolectores en su gran mayoría, se llaman a sí mismos "pueblos indígenas". Son campesinos propietarios privados con acceso a la tierra desde el '52, cuando tuvo lugar la revolución agraria. Una vez que se empieza a implementar la Constitución política, que reconoce derechos colectivos, empiezan a aparecer las tensiones, las contradicciones

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–En el marco de esta ampliación de la democracia en Bolivia, producto de reivindicaciones sociales que consolidaron el triunfo de Evo Morales, ¿cómo ve hoy la relación entre Evo y esos sectores?


–En el caso "Tipnis" (la marcha indígena contra la construcción de una carretera) aparece una contradicción entre un objetivo estatal de integración territorial –y, por tanto, de ejercicio de soberanía estatal– y un derecho colectivo de los pueblos indígenas que dicen: "respeten nuestro territorio". O ¿quién decide sobre el uso del territorio? Ahí el MAS opta por la vertiente nacionalista: privilegia lo estatal respecto del derecho colectivo indígena.

–¿Por qué?


–Por una cuestión muy simple: en ese proyecto político prevalece una lógica de construcción estatal. En Bolivia tienes el reconocimiento de derechos colectivos de los pueblos indígenas, que incluye el autogobierno, y derechos que se ejercen territorialmente. Con el siguiente panorama: la mayoría de la población es campesina indígena, con casi dos tercios del territorio bajo demanda de conversión en territorio indígena, dado que un tercio de los municipios tiene mayoría indígena y, además, las tierras comunitarias de origen donde son privilegiados los indígenas. Si haces prevalecer esos derechos colectivos sobre sus territorios, estaríamos en una situación de soberanía estatal que no tendría potestad ni autoridad sobre dos tercios del territorio boliviano. Entonces, prevalece la razón de Estado, la idea de nación. Allí es donde se producen estas contradicciones. El movimiento indígena promueve la Asamblea Constituyente, un nuevo orden constitucional, logra que se reconozcan los derechos colectivos, amplía la ciudadanía con sistemas de derechos, están en el centro de todo el ordenamiento jurídico boliviano. Sin embargo, entran en contradicción. Una tendencia común a cualquier Estado que busca la unificación.


–En su libro Dilemas, usted habla de los "dilemas" que enfrenta hoy el gobierno de Evo. ¿Podría nombrar los más importantes?


–El dilema general que cruza el discurso político del MAS se relaciona con la orientación del propio proceso de construcción del modelo estatal, se da entre nacionalismo e indigenismo. Cuánto de nacionalismo –es decir, cuánto de Estado– y cuánto de indigenismo –de la vigencia de los derechos colectivos–, que ha sido parte medular de la nueva Constitución y son la razón de ser del Estado. Esto tiene varias consecuencias.

–¿Como cuáles?


–Por empezar, sobre la organización vertical del Estado, toda vez que la Constitución reconoce un Estado descentralizado políticamente a través de gobiernos subnacionales que tienen autonomía y asambleas legislativas de la misma categoría. El Estado boliviano reconoce autonomía departamental, autonomía municipal, autonomía regional y autonomía indígena. El dilema reside en que el diseño de descentralización para la gestión está concentrado.


–¿En qué sentido?


–En el sentido de que refuerza el centralismo gubernamental, porque el MAS concentra el poder político e impide que se vaya implementando el régimen de autonomías más rápidamente. El presidente Evo Morales ha definido una estrategia del modelo de desarrollo que es muy sugerente: la Agenda Patriótica del Bicentenario plantea trece metas de desarrollo. Las tres primeras son las más importantes, porque se relacionan con rezagos históricos y estructurales de la sociedad boliviana: eliminación de la pobreza absoluta, acceso universal a servicios básicos y seguridad alimentaria. Allí hay un dilema para el proyecto, porque un sector del gobierno ha propiciado un discurso muy centrado en la descolonización, asumiendo que las distintas formas de Estado antes del 2009 correspondían al Estado colonial. Sobre ello, el discurso del MAS en la Asamblea Constituyente se basó en la idea de una refundación de Bolivia. Cuando Evo Morales dice "Agenda Patriótica del Bicentenario 2025", está afirmando la necesidad de una mirada de continuidad histórica, es decir, se pone una meta que se cumpliría en 2025 para recordar el nacimiento de la república. Eso significa una modificación en la visión respecto del intento de revisión histórica que negaba el pasado como negativo, como manifestación del colonialismo interno.


–¿Por qué se da este cambio idiosincrático?


–Porque se aferra cada vez más al nacionalismo revolucionario para definir la reorientación del modelo estatal. El nacionalismo revolucionario implica no solamente una visión del Estado o un tipo de interpelación al pueblo, sino además una interpretación del proceso histórico. Entonces se recupera una idea basada en la dicotomía Nación y anti-nación.


–Cuando mencionó la Agenda Patriótica, usted aludió a una revisión histórica.


–Claro, al definirla como prioridad de su gestión y poner como horizonte el 2025, está recuperando la idea de continuidad histórica que antes no tenía. Para cumplir esas metas, el MAS debe propiciar el fortalecimiento de las autonomías, sobre todo las departamentales, que tienen las atribuciones y están habilitadas para cumplir esas tareas. El gobierno central no puede hacer esas tareas. Es una idea centralista que debe convivir con una agenda patriótica que exige fortalecimiento de la descentralización política. Ese nivel subnacional departamental es donde el MAS tiene menor fuerza; en algunas regiones ha perdido las elecciones. Allí observo otro dilema, ya que propiciaría espacios favorables a la oposición, lo que tendría una consecuencia en el proceso político boliviano.


–¿Cuál cree que es la concepción de pluralismo que tiene el MAS?


–Para el MAS, el pluralismo que reconoce la Constitución se da en términos de manifestación de la diversidad étnico-cultural. La Constitución reconoce pluralismo jurídico, económico, lingüístico, cultural y político. Los cuatro primeros están clarísimos, además se traduce en instituciones. En cuanto al pluralismo político, ellos consideran que se expresa en lo que se denomina "democracia intercultural": la convivencia de instituciones de la democracia representativa, de la democracia participativa y de la democracia comunitaria. En Bolivia hay una tensión entre el grado de ampliación de la democracia con concentración de poder.


–¿En qué se traduce esa tensión?


–Buena parte del derrumbe de los sistemas de partidos en Bolivia, Venezuela y Ecuador tuvo que ver con la pérdida de legitimidad. Vinieron nuevos liderazgos. En Bolivia se trató de un nuevo liderazgo y nueva fuerza política, con la incorporación de nuevos actores y nuevas demandas en la política. Hay una profunda renovación que amplía la legitimidad. Eso va acompañado por una concentración del voto que permite que el proceso decisional esté en manos del MAS. En esta fase de la construcción del Estado plurinacional estamos bajo esa figura: el MAS controla las dos cámaras, tiene el control en siete de nueve gobernaciones y el 85 por ciento de los municipios.


–En el marco de esta concentración del poder, usted mencionó cambios en las pautas de participación, una ampliación de la participación de, por caso, las mujeres.


–Se concentra el poder en el MAS, que es el partido hegemónico. Ahora, dentro del MAS como partido de gobierno hay una renovación de las elites políticas en Bolivia, donde sobresale la presencia del campesinado indígena y las mujeres, muy claramente. En los dos casos, hay reglas que promueven e incentivan eso. En el caso de las mujeres, se ha pasado de la igualdad a la equidad de oportunidades. Actualmente, hay mujeres que son presidentas de las cámaras de Diputados y Senadores, se ha llegado a tener la mitad de ministras mujeres, algunas de ellas, también campesinas e indígenas. La presencia campesina es muy evidente en las esferas gubernamentales y en los espacios de representación. Esos son los actores que más visiblemente han ingresado en la política y, además, lo hicieron como actores decisivos.


–¿Con qué instrumentos cuenta hoy el Estado para regular el mercado, otra dimensión también en tensión?


–La capacidad regulatoria del Estado es muy débil. Lo que tiene, sin embargo, es un manejo adecuado de la estabilidad macroeconómica, relacionado con la generación de excedente económico por la exportación de hidrocarburos y minerales. Eso sostiene la economía boliviana y le da al gobierno de Evo Morales la capacidad de disponer de recursos para ejecutar políticas redistributivas. Hay problemas con la atracción de mayor inversión, no tanto por la política, como era antes, sino por la propia debilidad y falencias del Estado boliviano. En algunos casos le fue imposible regular el mercado. Un ejemplo ilustrativo fue el intento de elevar el precio de la gasolina, en diciembre de 2010. Ese intento de regular el mercado para eliminar una subvención derivó en una protesta popular que incluyó a los aliados del gobierno. Por lo tanto, esa medida no fue posible hasta la fecha. Además del gasolinazo, se dio el movimiento indígena con la famosa carretera del Tipnis, ocurrió con el sector de salud ante la pretensión del gobierno de ampliar la labor de los médicos de 6 a 8 horas. Todos esos episodios implicaron la apertura de espacios de negociación o búsqueda de soluciones de otra índole.

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Lunes, 10 Febrero 2014 06:10

¿Qué pasó?

En las calles de Harlem, afroestadunidenses, latinos y anglos bailaban; en Chicago un espléndido mosaico masivo de gente escuchaba palabras que provocaban lágrimas de alegría, y jóvenes, muchos por primera vez, pensaban que veían el alba de algo nuevo que permitía recuperar la esperanza, mientras por todo el país, de hecho por todo el mundo, se hablaba de un cambio histórico largamente esperado en la nación más poderosa del planeta. Todo porque Barack Obama había ganado la elección presidencial con la consigna de cambio real y el lema sí se puede.
Cinco años después nadie baila, llora o habla de un momento histórico, y muchos de los que estallaron en júbilo hace tan pocos años más bien lamentan que no se pudo. ¿Qué pasó?


Parte de la respuesta es que la lista de las promesas y expectativas no cumplidas es cada vez más larga.


Aunque la invasión de Irak se llevó a su conclusión, la guerra más larga en la historia del país, en Afganistán, continúa. Guantánamo sigue operando. Se amplía la presencia militar estadunidense en Asia, se multiplica el uso de nuevas tecnologías y tácticas militares, incluidos los asesinatos en otros países por medio de drones, y el presupuesto militar sigue en niveles estratosféricos.


La impunidad por crímenes de guerra así como por el mayor fraude financiero de la historia, sigue imperando. Nadie acusado de tortura, o de haberla ordenado, ha sido sujeto a proceso judicial. Ningún alto ejecutivo de los bancos más grandes está en la cárcel por el fraude financiero que detonó la peor crisis económica desde la gran depresión.


La promesa de una reforma inmigrante no se ha cumplido, mientras el gobierno de Obama marca récord de deportaciones: casi 2 millones en 5 años.


Obama, quien prometió el gobierno más abierto y transparente, es percibido por muchos defensores de derechos humanos y libertades civiles como líder de un régimen que ha ampliado las operaciones secretas y ha acusado con base en la Ley de Espionaje a más del doble de funcionarios (entre ellos Chelsea Manning y Edward Snowden) que todos sus antecesores desde 1917. Periodistas (incluido el Comité para la Protección de Periodistas) consideran a su gobierno como uno de los más hostiles contra la prensa en asuntos de seguridad nacional.


La lista de la desilusión continúa con organizaciones ambientalistas por su tibio esfuerzo en torno a la crisis del cambio climático; por millones de maestros y padres de familia que al apoyar a Obama no pensaban que votaban a favor de continuar con las políticas de la llamada reforma de educación de modelo empresarial implementadas por Bush; víctimas de la violencia incesante con armas de fuego, y sus familiares, aún no entienden cómo no ha logrado imponer mayores controles en el país más armado del mundo; opositores a las políticas de libre comercio (sindicatos, ambientalistas, organizaciones de protección del consumidor, granjeros y más), ante la promoción de más de lo mismo por esta Casa Blanca, y muchos suponían que habría una reforma penal en el país con más encarcelados del planeta (y la muy documentada disparidad racial en ese sistema), así como un cambio ante el fracaso de la guerra contra las drogas de los últimos 40 años.
La Casa Blanca y defensores de Obama subrayan que no es por falta de voluntad que no se haya logrado mucho

más, y señalan un Congreso dividido, donde los republicanos se dedican a derrotar casi toda iniciativa del presidente. Otros indican que la cultura política de Washington también logró imponerse sobre las buenas intenciones del presidente para estancar o limitar cualquier cambio a fondo. A la vez, resaltan que la reforma de salud –logro máximo del presidente– es uno de los avances de política social más ambiciosos en tiempos recientes; sin embargo, el propio Obama no ha logrado convencer de eso a la opinión pública hasta ahora.


La sabiduría convencional, como le dicen, es que 2014 es el último año que le queda al presidente para definir su legado, ya que a partir del próximo año se empezará a debilitar día con día al aproximarse al fin de su mandato y el arranque del ciclo electoral presidencial de 2016.
Aparentemente Obama ha decidido enfocar el fin de su mandato sobre la creciente desigualdad económica (sin precedente desde antes de la gran depresión), a la que llama el tema definitorio de nuestros tiempos, como su gran tema para concluir su mandato. Esto en medio de las ganancias empresariales más altas desde la Segunda Guerra Mundial, la mayor concentración de riqueza en el 1 por ciento más rico y una dramática brecha entre ellos y todos los demás, tendencias que se han acelerado durante la presidencia de Obama.


En su extenso perfil del presidente, David Remnick, el director de The New Yorker, reporta que en una de las cenas anuales con historiadores estadunidenses a las que convoca Obama en la Casa Blanca, solicitó al grupo que lo ayudara a buscar el vocabulario para abordar el problema de la creciente desigualdad económica sin ser acusado de promover la guerra de clases.


El economista Paul Krugman, en su columna en el New York Times, recordó recientemente que Franklin Delano Roosevelt, en un famoso discurso en 1936, habló del odio que enfrentaba por parte de las fuerzas del dinero organizado y cómo esa clase lo denunciaba. Respondió: le doy la bienvenida a su odio.


Krugman comenta que desafortunadamente Obama no ha hecho nada cercano a lo de Roosevelt para ganarse el odio de los no merecedores ricos. Aunque señala que sí ha logrado más de lo que algunos de sus críticos progresistas le conceden, aconseja que Obama y los progresistas deberían, en general, darle la bienvenida a ese odio porque es una señal de que están haciendo algo bien.
Tal vez si Obama dejara de preocuparse por las acusaciones de los ricos y defensores de más de lo mismo, y decidiera atreverse a dar la bienvenida al odio de aquellos que se oponen a mayor igualdad, menos guerras, a los derechos de los inmigrantes, el futuro ecológico del planeta y más, la gente tal vez bailaría de nuevo en las calles al final de su mandato.

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Viernes, 07 Febrero 2014 06:25

La militarización democrática

La militarización democrática

El reciente informe de Oxfam Gobernar para las élites muestra con datos fehacientes lo que venimos sintiendo: que la democracia fue secuestrada por el uno por ciento para ensanchar y sostener la desigualdad. Confirma que la tendencia más importante que vive el mundo en este periodo de creciente caos es hacia la concentración de poder y, por tanto, de riqueza.


El informe señala que casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de uno por ciento de la población, que se ha beneficiado de casi la totalidad del crecimiento económico posterior a la crisis. Acierta Oxfam al vincular el crecimiento de la desigualdad a la apropiación de los procesos democráticos por parte de las élites económicas. Acierta también al advertir que la concentración de la riqueza erosiona la gobernabilidad, destruye la cohesión social y aumenta el riesgo de ruptura social.


Lo que no dice Oxfam es que la concentración de riqueza va de la mano con la militarización de las sociedades. Para defender la gigantesca concentración de riqueza, los de arriba se están blindando, militarizando cada rincón del planeta. Una de las recomendaciones dirigida a los miembros del Foro Económico de Davos suena demasiado ingenua: No utilizar su riqueza económica para obtener favores políticos que supongan un menoscabo de la voluntad de sus conciudadanos.


Vivimos en sociedades cada vez más controladas y militarizadas, ya sea en el norte o en el sur, bajo gobiernos conservadores o progresistas. Estamos ante una tendencia global que no puede ser revertida, en el mediano plazo, en los escenarios locales. Oxfam asegura que la desigualdad ha disminuido en América Latina en la última década. Ciertamente. Pero se trata de la región más desigual del mundo y se compara con la década de 1990, cuando la desigualdad llegó a un pico tan elevado que provocó estallidos sociales y levantamientos populares.

Entre los países donde la desigualdad ha disminuido destacan Brasil, México, Argentina y Colombia. En todos los casos la reducción se debe a razones similares (fiscalidad progresiva, servicios públicos y políticas sociales). Quiero destacar que existen tendencias de fondo, más allá de qué corrientes políticas ocupen el gobierno. Algo similar puede decirse de Europa: la crisis la pagan los trabajadores, tanto bajo gobiernos de derecha como de izquierda.


Me interesa destacar la tendencia a la militarización. El secuestro de los derechos. La criminalización de la protesta. Los de abajo vivimos en un estado de excepción permanente, siguiendo la máxima de Walter Benjamin. La militarización no es ni transitoria ni accidental, no depende de la calidad de los gobiernos ni de su discurso ni de su signo ideológico. Se trata de algo intrínseco al sistema, que ya no puede funcionar sin criminalizar la resistencia popular.


El Ministerio de Defensa de Brasil acaba de difundir (parcialmente por cierto) el Manual de garantía de la ley y el orden (GLO), en el que se define la intervención de las fuerzas armadas en la seguridad interna (http://www.defesa.gov.br/arquivos/File/doutrinamilitar/listadepublicacoesEMD/md33_m_10_glo_1_ed2013.pdf). El GLO tuvo dos versiones: la primera, de diciembre de 2013, fue pulida en la publicada a finales de enero y se quitaron (o se enviaron a las páginas en blanco) los aspectos más chocantes. Por ejemplo, que las fuerzas armadas van a intervenir para restaurar el orden contra fuerzas oponentes.


Cuando el manual define cuáles son esas fuerzas, puede leerse: movimientos u organizaciones; personas, grupos de personas u organizaciones actuando de forma autónoma o infiltrados en movimientos. Cuando detalla las principales amenazas, se dice: bloqueo de vías públicas; disturbios urbanos; invasión de propiedades e instalaciones rurales o urbanas, públicas o privadas; paralización de actividades productivas; sabotaje en los locales de grandes eventos. En suma, buena parte del repertorio de acción de los movimientos sociales.


Es un buen ejemplo de militarización y de criminalización de la protesta. En rigor, el GLO es la actualización de un conjunto de normativas que figuran en la Constitución y se han ido reglamentando desde la década de 1990. Lo sintomático es que se actualiza luego de las masivas manifestaciones de junio cuando se celebraba la Copa FIFA Confederaciones, y cuando una parte del movimiento popular anuncia nuevas acciones durante la próxima Copa Mundial de Futbol. Por eso se considera como sabotaje cualquier movilización durante grandes eventos. Esa es la disposición de ánimo de un gobierno como el de Dilma Rousseff, que pasa por ser más democrático que los de México y Colombia, por ejemplo.


El problema no es que el gobierno de Brasil haya cambiado, sino que el Estado siente la necesidad de responder al desafío de la calle y lo hace como cualquier Estado que se aprecie: garantizado el orden a costa de los derechos. De lo que se trata en este caso es de asegurar que una de la más corruptas multinacionales, la FIFA, pueda celebrar su actividad más lucrativa sin ser molestada por acciones colectivas de protesta. Insisto: es apenas un ejemplo, no quiero focalizar en Brasil.


Ante la escalada de militarización que atraviesa el mundo, los de abajo organizados en movimientos estamos lejos de tener algún tipo de respuesta. Más aún: nuestras estrategias, nacidas en periodos de normalidad, están mostrando límites en momentos de crisis y caos sistémicos. En primer lugar, necesitamos ser conscientes de esos límites. En segundo, debemos aprender a defendernos.


Como señala el historiador chileno Gabriel Salazar: El poder popular es la única forma de tener una verdadera democracia. Un pueblo que tiene derechos pero no tiene poder no es nada. El derecho no vale sin poder. Los sistemas comunitarios de defensa nos enseñan algo sobre la construcción de poder entre los de abajo. El movimiento obrero tuvo una vasta experiencia, hasta el ascenso del nazismo, sobre formas de autodefensa. Puede ser el momento de refrescarlas

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Jueves, 06 Febrero 2014 06:29

Deconstruyendo el llamado milagro alemán

Deconstruyendo el llamado milagro alemán

Es la cuarta economía mundial, la segunda exportadora del planeta, locomotora de la Unión Europea y modelo a imitar en el mundo desarrollado. En medio de la larga crisis de la Eurozona, Alemania ha seguido creciendo. En medio del desempleo generalizado, tiene una tasa de desocupación del 6,9 por ciento. El presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, que suele despotricar por lo bajo contra la canciller Angela Merkel, es el primero en querer emular la reforma laboral germana. Con contadas excepciones casi nadie habla de la otra cara de la moneda. Unos 7,4 millones de trabajadores alemanes sobreviven con miniempleos que ofrecen un máximo de 15 horas semanales y remuneraciones que no pasan de los 450 euros mensuales. Según cifras oficiales, más de un 16 por ciento de la población se encuentra en "riesgo de pobreza". Los bancos de alimentos se han triplicado entre 2002 y la fecha: hoy hay más de 900 en todo el país. Hasta desde el punto de vista del Producto Interno Bruto, el milagro deja que desear: entre 2002-2012 la economía germana creció un 1,2 por ciento de promedio. Página/12 dialogó con el jefe de investigación del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Hans Kundnani, sobre el modelo alemán.


–Los datos sociales de Alemania registran un claro retroceso. Que en Alemania se hayan triplicado los bancos de alimentos suena escandaloso.

–Esto tuvo que ver con la transformación económica que experimentó Alemania a partir de la llamada Agenda 2010, una reforma que impulsó el socialdemócrata Gerard Schröder. Alemania estaba considerada en ese momento como el enfermo de la economía europea con creciente desempleo y crecimiento nulo. Schröder introdujo una serie de reformas al Estado de Bienestar que bajó los beneficios sociales y flexibilizó el mercado laboral. El reto de fondo era la globalización y la competencia de China y los tigres asiáticos. Tales reformas ayudaron a los empresarios a ser más competitivos, pero el impacto fue incrementar la disparidad entre ricos y pobres, y aumentar la franja de alemanes pobres, sobre todo en lo que era Alemania oriental. Hasta ese momento Alemania se percibía a sí misma como una sociedad sin clases donde las disparidades eran mínimas. Hoy esta imagen ya no existe.


–El modelo alemán de la posguerra se basó en acuerdos entre empresarios y sindicatos avalados por el gobierno. Acá parecería que los empresarios forzaron la mano de los sindicatos.


–Los empresarios alemanes comenzaron a externalizar su producción en Hungría y Eslovaquia para abaratar costos. Esto forzó a los sindicatos a aceptar una moderación salarial para no perder más empleos. El resultado es que tampoco los que tienen trabajo se han beneficiado de este llamado "segundo milagro" alemán. De manera que los que no trabajaban vieron una caída de su nivel de vida por la reforma de la Seguridad Social, los que sí trabajaban tuvieron que moderar sus aspiraciones salariales y un tercer sector, los flexibilizados, mejoraron las cifras de empleo, pero crearon una nueva franja de pobreza. Esto explica en parte la reacción negativa que ha habido en la población alemana a los rescates a otros países europeos.


–Se supone que a pesar de los recortes fiscales, la Seguridad Social alemana sigue sirviendo para evitar niveles escandalosos de pobreza.

–El sistema de seguridad era muy generoso, pero hubo una fuerte reforma. Aun así, el sistema es más generoso que en el sur de Europa, pero los recortes se hicieron sentir. Otra cosa que hay que tomar en cuenta es que el costo de vida en Alemania es mucho más alto que en otras partes. De manera que si en términos absolutos puede parecer que con el Sistema de Seguridad los alemanes no están tan mal, en términos concretos el impacto es claro en el nivel de vida de la gente, en el aumento de la desigualdad y en la aparición de grupos de excluidos sociales. Los jóvenes están siendo particularmente afectados por esto.


–Este abaratamiento del costo laboral alemán ha tenido además un fuerte impacto en la Eurozona.


–En efecto. Se generó una creciente brecha entre el costo laboral de Alemania y el de otros países. En Alemania había una moderación salarial que no se daba en otros países, sea Italia o Francia. Pero además los empresarios alemanes se vieron favorecidos por la introducción del euro porque el marco alemán era mucho más fuerte. El euro funcionó como una devaluación que volvió a las empresas alemanas automáticamente más competitivas que otros países europeos.


–Muchas veces estos cambios son presentados como un resultado de la globalización, es decir, como algo que no tiene alternativa, una suerte de adaptarse o morir. Al mismo tiempo, aun suponiendo que ésta sea una realidad incontestable, lo cierto es que la gente está peor.

–Las economías en desarrollo son el gran desafío, en especial China y los llamados tigres asiáticos, todos países que pueden competir por el lado de los precios. Como Alemania sigue siendo una economía manufacturera y exportadora, esta competencia le era vital. Pero Alemania se concentró en competir demasiado por el lado de los precios, lo que requería abaratar costos, más que por el lado de la innovación. Este es un dilema que enfrentan todas las economías de-sarrolladas en la medida en que los países en desarrollo empiezan a competir a nivel internacional por los mismos mercados. Es decir, se podría haber usado la inversión para añadir valor agregado en términos de educación, innovación, etc. Esto no ha sucedido. La inversión es relativamente baja en Alemania. Esto se ve cuando se analiza la productividad de los países. El aumento de la productividad en Francia es mucho mayor que en Alemania.


–¿Qué pasa con esta población crecientemente marginalizada? ¿Estamos ante un problema social o ante algo que se puede convertir en un tema político?


–No creo que haya un riesgo inmediato de rebelión social en Alemania, pero está claro que estamos ante una sociedad mucho más desigual.

–Con el nuevo gobierno y la inclusión de los socialdemócratas en coalición con los demócratas cristianos de Angela Merkel, se está impulsando un salario mínimo y ciertas reformas sociales. ¿Cree que esto puede ayudar a revertir la situación?


–Con estas medidas por primera vez los trabajadores van a disfrutar del éxito de los empresarios. Como consecuencia de esto podrían incrementar su consumo, algo que beneficiaría al resto de la Unión Europea, siempre y cuando éste sea el resultado de esta mejora salarial, porque hay una fuerte tendencia al ahorro en Alemania y además no se puede garantizar que los consumidores elijan productos europeos. Por supuesto, por el lado de la derecha se han criticado estos cambios diciendo que con el salario mínimo la industria alemana es menos competitiva y se terminarán perdiendo puestos de trabajo.

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"Lo más importante que estamos haciendo es la revolución educativa"

"El sol se fue volteando sobre las cosas y les devolvió su forma", diría Juan Rulfo. Después de tanta oscuridad el amanecer se manifestó único, hace unos siete años, sobre ese paraje diverso cruzado por el paralelo cero, y la luz que irradia un hombre llamado Rafael Correa Delgado se hizo esperanza. Fue un Cotopaxi -uno de los volcanes más activos del mundo- frente al trazado de colonización heredado. Era su destino ser presidente y fundar una Revolución Ciudadana, que cual Chimborazo descuella en todo el planeta y se sostiene con el mismo grado de persistencia que la fauna endémica de las Islas Galápagos; conserva la esencia sociocultural de modelo autóctono hecho al andar -el hombre por encima del capital-, para que, como en el espejo de agua del río Napo, las generaciones del mañana puedan mirarse agradecidas.


Tras la muerte de Hugo Chávez, aliados y adversarios estiman que emergió como el nuevo líder de la región. Aunque la oligarquía mediática lo tacha de nuevo caudillo, no persigue el liderazgo; "buscamos -me dice- ser útiles para nuestra patria y la Patria Grande, ni siquiera ser necesarios. Si eso requiere liderar algo, ahí estaremos, para denunciar un orden que considero no solo injusto, sino inmoral".


Para muchos, Correa sintetiza el carisma y las fortalezas históricas de Eloy Alfaro, Velasco Ibarra y Jaime Roldós. Porta en sí mismo las identidades de las cinco regiones del Ecuador. Sus más cercanos colaboradores reconocen en él esa voluntad indomable y un pragmatismo que no eclipsa el idealismo que lo define como un estadista de este tiempo. Tal vez, asumen algunos, el ejercicio del poder ha hecho mella en la cautivadora ironía que sedujo a tantos mientras se desempeñaba como ministro de Economía, el más joven que ha dado su país. Fue cuando empezó a revelarse contra el modelo artesano de tanta pobreza y exclusión. Entonces el mundo comenzó a escuchar sus ideas a prueba de balas. Lo creían, como ahora, capaz de enfrentarse al sistema, y ganarle.

-Usted goza de un respaldo ciudadano que lo privilegia por encima de una veintena de jefes de Estado en la región. ¿A qué debe esta confianza?


-A la autenticidad. Hemos cometido errores pero el pueblo ecuatoriano sabe que somos gente trabajadora, sacrificada, como ellos, que podemos equivocarnos, pero jamás traicionar. Precisamente por ese inmenso apoyo popular, por el éxito de nuestras políticas, somos más peligrosos, porque creen que una política que desafía al sistema no puede tener éxito.
-¿Cuán difíciles han sido estos siete años de gobierno?


-Siempre liderar un país como Ecuador, ser presidente, es más difícil que gobernar EE.UU., que hasta con un Bush funciona solito. Nosotros trabajamos siete días de la semana, 16 horas diarias, con un extraordinario equipo -no somos tan inútiles- y no alcanzamos. Son procesos y problemas más complejos. Han sido años duros, con desilusiones muy grandes, pero con la inmensa satisfacción de servir a nuestro pueblo, y tal vez dejarle a las futuras generaciones un país mejor del que encontramos.


-¿Sobre qué se sustenta esa esperanza que afirma se ha recuperado en estos años de Revolución Ciudadana?


-Sí, lo dije el 24 de mayo, al asumir mi último mandato, tras la reelección en febrero. Encontré un país destrozado. En diez años habíamos tenido siete presidentes. En el 99 tuvimos probablemente la peor crisis de la historia. No éramos un país con gran tradición migratoria y salieron cerca de dos millones de personas en cuatro o cinco años. Es fácil hablar en números, pero en la provincia de Chimborazo más del 50 por ciento de los niños se crían sin sus padres. Empezó el suicidio infantil porque papá y mamá estaban en España y no podían regresar porque no estaban legalizados. Fue una tragedia nacional. Servicios públicos de pésima calidad, falta de educación, de salud, de carreteras. Nos habían convencido de que así tenía que ser, porque éramos inútiles, ¿no? En estos siete años hemos demostrado que puede ser diferente. El pueblo se ha despertado, ha recuperado la fe en ellos mismos, la esperanza, la cohesión social. Hay un proyecto nacional. Ese cambio de actitud es más importante que toda la obra física.


-Ha depositado mucha confianza en los jóvenes...


-Tal vez por mi trayectoria como educador. Cuando fui presidente de la federación (de estudiantes), en una universidad de derecha, una de las cosas que me criticaron fue que no había dejado relevo. Siempre se me quedó grabada esa crítica. Hemos sido muy cuidadosos, no en designar un relevo, pero sí en crear cuadros que puedan tomar la punta. Estoy muy esperanzado, veo jóvenes brillantes que pueden hacer las cosas mucho mejor que nosotros.


-Quizás por eso apuesta por una sociedad del conocimiento como clave del futuro, respaldada con una gran inversión.


-Lo más importante que estamos haciendo es la revolución educativa. Sin educación, Cuba bien lo sabe, no hay presente ni futuro. Además, es un objetivo estratégico. Sabemos que los recursos naturales se agotan. No vamos a caer en el infantilismo de la izquierda boba de creer que superar el extractivismo es no explotar el petróleo. Volveríamos a la economía recolectora. Superar la economía extractivista es movilizar los recursos para desarrollar otros sectores, sobre todo la economía del conocimiento, del talento humano, de las ideas, la única que se basa en recursos ilimitados. Enfatizamos desde la educación inicial hasta maestrías. Tenemos más de siete mil jóvenes becados alrededor del mundo.

-Nuestra América está urgida de un modelo de desarrollo alternativo al neoliberalismo. ¿Cuáles son esas nuevas nociones que ensaya el "socialismo del buen vivir"?

-Es un nuevo concepto de desarrollo. El mundo en el siglo XXI vive el imperio del capital, los ciudadanos de EE.UU. piensan que esto se evidenció en la crisis, perdían los ciudadanos pero no perdían los bancos, las transnacionales. El año pasado el creador de Facebook ganó más de dos mil millones de dólares. El socialismo del siglo XXI defiende la supremacía del ser humano por encima del capital, y donde el poder no es de una élite sino de las mayorías. Uno de los errores del socialismo tradicional fue negar el mercado. Una cosa es el mercado gobernando sociedades, y otra, las sociedades gobernando el mercado; ese es el socialismo del siglo XXI: una vía alternativa, que no la acumulación por acumular. Se necesitan condiciones materiales para el buen vivir, dignidad, libertad, armonía con otros seres humanos, con otras culturas.

-A pesar de los avances constitucionales, ¿cuánto queda por hacer respecto a la violencia de género?


- Mucho, pero eso no se resuelve solamente con leyes y decretos, sino con educación, con ejemplo. Hay atavismos culturales centenarios que debemos superar rápido: inequidad de género, violencia intrafamiliar. Los avances son enormes. Hay espacios que los están ocupando las mujeres. En nuestra Asamblea tenemos la presidenta más joven de Latinoamérica y hasta del mundo. Tenemos la única corte nacional de justicia con estricta equidad de género. A nivel de gabinete mantenemos 40 por ciento de participación de la mujer. Son cosas emblemáticas que implican un cambio cultural.


- Su gobierno enfrenta el desafío de la pobreza y diversificación de la matriz productiva. En ese desvelo el Parque Nacional Yasuní alberga la llave para el desarrollo. La decisión de explotar la zona fue, dijo, una de las más difíciles de su mandato. También lo es para los pueblos que han padecido la explotación extractivista y exigen la consulta popular. ¿Ha valorado la posibilidad del diálogo con las organizaciones sociales involucradas?


-No. Porque del ciento por ciento, el diez serán auténticos, los demás son los oportunistas de siempre que se han opuesto a todo, a la reforma educativa, de salud, y ni siquiera conocen el Yasuní. Apenas han reunido la tercera parte de las firmas que necesitan. Probablemente la decisión del Yasuní haya sido la más dura de mi vida, (pero) no estoy para contentar a todo el mundo sino para cumplir con mi responsabilidad, y no podemos ser tontos útiles. Los países hegemónicos sí nos venden hasta el conocimiento y quieren que nos muramos de hambre pero no toquemos nuestra selva. ¿Cuánta selva virgen tiene EE.UU.? Que no exijan al resto lo que ellos nunca hicieron. En todo caso la intervención del Yasuní será menos del uno por mil. No es que nos da la clave para salir de la pobreza, pero sí importantes recursos para superarla, pues la pobreza también afecta al medioambiente. La principal fuente de contaminación de nuestra agua dulce no es el petróleo, ni la minería; son las aguas servidas de la ciudad, y para resolver eso necesitamos miles de millones de dólares que nos puede dar la explotación responsable del Yasuní.


- Ecuador se ha revelado abiertamente contra las transnacionales. Si bien la mano sucia de Chevron es una verdad irrefutable, ¿cree posible juzgar al capital?


-Es casi imposible. El juicio moral lo hemos ganado. En la Haya probablemente nos destrocen, tenemos la verdad de nuestro lado pero eso es un detalle irrelevante en estos tribunales que no fueron creados para defender a los Estados, todo está en función del gran capital. Es una de las cosas de las que tiene que liberarse América Latina. Hacerlo individualmente sería un suicidio, pero en conjunto seremos nosotros quienes pongamos las condiciones. Es una de las labores urgentes de la integración.


- Organizaciones sociales muestran preocupación de que el país pierda su soberanía productiva, cognitiva, alimentaria, económica y política, a partir de un acuerdo comercial con la Unión Europea. ¿Cómo negociar para que el acuerdo propenda a un comercio justo y no a un libre comercio?


-Como los estamos haciendo: poniendo líneas rojas que no estamos dispuestos a traspasar. Hasta ahora no hemos comprometido nada. Ha habido flexibilidad de la Unión Europea, veremos el resultado final; si nos conviene, firmamos. No estamos negociando un tratado de libre comercio. También las acciones dependen no solo de lo que uno hace, sino de lo que hagan los vecinos. La principal producción no petrolera del Ecuador es el banano, y con la firma de libre comercio entre Colombia y la Unión Europea el banano colombiano entra más barato que el nuestro.


-¿Qué lectura se desprende de la renuncia al Tratado de Preferencias Arancelarias (ATPDEA) con EE.UU., su principal socio comercial? ¿Cuál fue el costo económico?


-Ecuador a estas alturas no va a aceptar chantajes de nadie. El ATPDEA significaba 50 millones anuales, que puede cubrir el país. En el inicio fue una compensación por la lucha antidroga, como siempre en el camino se pervirtió y derivó en un instrumento de chantaje: te portas bien o te quito las preferencias arancelarias. Ecuador no es limosnero de nadie. Es más, rehusamos el ATPDEA cuando nos amenazaron si le dábamos asilo a Snowden, que es nuestro derecho soberano. Dijimos: quédense con sus 50 millones, y si quieren le damos esa cifra para capacitarlos en decencia, derechos humanos y derecho internacional

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- La injerencia en el país quedó manifiesta con el financiamiento por la National Endowment for Democracy de una agencia de noticias. Entre las modalidades desestabilizadoras le ha tocado lidiar contra el poder mediático que se pronuncia en nombre de la libertad de expresión...


-Para ellos la libertad de expresión es CNN. Estas máquinas de destrucción masiva llamadas medios de comunicación son una extensión del imperio del capital. Lo de la National Endowment for Democracy es una prueba más de todas las infiltraciones que tenemos. Miren qué insulto recibir cooperación, léase para oponerse a los gobiernos progresistas y mantener el status quo. ¿Cómo actuaba la USAID? Asesoraban a la Asamblea para crear leyes. ¿Qué se creen? Nosotros también le vamos a mandar programas para fortalecer la democracia en EE.UU., que es un sistema terriblemente imperfecto, unipartidista. ¿En qué se diferencia el partido demócrata del republicano? Estos son los peligros que enfrentamos los que queremos una América libre, soberana y no inclinamos la cabeza.


-¿Cómo podrían los medios contribuir al desarrollo?


-Muchísimo. Ellos conforman la opinión pública; eso define la concepción de sociedad, la cohesión, el apoyo a un gobierno. Igual pueden destruir reputaciones, vidas, sociedades. Lo mejor que puede tener una sociedad es una buena prensa que cumpla con su labor de comunicación. Imagínese la contradicción: negocios proveyendo un derecho a la información sin que nadie lo controle, porque sería atentar contra la libertad de expresión. La sociedad tiene el derecho de controlar todo poder, más el mediático. El problema de base está en la propiedad privada de esos medios. Debe haber otras formas: propiedad comunitaria, pública, etc.


-Su país acomete una modernización militar al margen de la Casa Blanca. ¿A qué responde este rearme?


-Cuidado, no es rearme. Ha aumentado el gasto militar y es motivo de preocupación, pero sobre todo por sueldos, salarios, mejores condiciones de vida para nuestros soldados. Hemos hecho estudios y creemos que podemos garantizar la defensa nacional con menos efectivos. Se han recuperado cosas que no teníamos, no funcionaban los radares, por eso Uribe nos pudo bombardear impunemente con la CIA en marzo de 2008.
-Me refería específicamente al dron de alto valor tecnológico y estratégico que acaban de adquirir.


-Eso es parte de una política integral, de desarrollo de ciencia y tecnología y diversificación de la matriz productiva. Cuando llegué al gobierno había un solo helicóptero que volaba. ¿Se imagina? El 40 por ciento del territorio nacional es selva y no existía fuerza aérea. Ya se han comprado y arreglado helicópteros, tenemos un escuadrón de 18 Super Tucano, aviación supersónica contra el narcotráfico, compramos doce Cheetah de segunda mano a Sudáfrica; esas han sido las inversiones gruesas.


-¿Cómo materializar hoy la declaración de América Latina "Zona de Paz" aprobaba por la CELAC?


-Muy contundente la declaración. Es un gran paso, pero no nos equivoquemos. La paz no es solo ausencia de guerra, imposición de la fuerza militar. Otras fuerzas se imponen día a día: las de las élites, los sistemas perversos y excluyentes. También es violencia la intolerable contradicción entre ricos y pobres. Debemos entender la paz como presencia de justicia, equidad, dignidad, y ahí nos falta mucho por trabajar. No se va a resolver con una declaración, sino con el trabajo cotidiano y la integración latinoamericana.


-¿Cuáles son a su juicio los errores de la izquierda latinoamericana y el rol de los movimientos sociales?


-Yo diría la supuesta izquierda, la que pervierte todo. Ahora ser de izquierda es ser proaborto. O sea que si el Che Guevara, que era médico, estaba contra el aborto, ¿era de derecha? Es absurdo. En las urgencias de América Latina nos desgastamos en lo del aborto, el matrimonio gay, cuestiones morales, o el ecologismo infantil. Quieren que la gente se muera de hambre para mantener intactos nuestros recursos y no se dan cuenta de que así no somos funcionales. Los bienes ambientales son públicos. El aire puro que produce la selva amazónica lo disfruta todo el planeta y lo consumen los contaminadores globales que destruyen esos bienes. Ellos producen conocimiento, que también es un bien público, de muy fácil acceso, pero si quiero un software debo pagarlo porque hasta puedo ir preso. Ponen barreras institucionales, pero no se comprometen con nada, y hay gente que los apoya ingenuamente. Mucha de esa izquierda infantil colabora con este onegecismo financiado desde el exterior que nos impone: no talen, muéranse de hambre, cuando ellos destruyen la naturaleza sin compensarnos en nada. Imagínese que sea la izquierda la que le exija a los gobiernos no aprovechar los recursos; es condenarnos al fracaso y de paso ser funcionales a la derecha.


Respecto a los movimientos sociales, un término muy general, los hay absolutamente auténticos, pero ahora cualquiera que pierde una elección arma una fundación financiada desde el extranjero, y ya es un movimiento social, representante de la sociedad en sí mismo, hace política, pero sin escrutinio popular. No hay control sobre sus fondos. Hay que separar a esos verdaderos movimientos sociales de luchas históricas del onegecismo neocolonialista que está inundando nuestros países. La derecha hace rato infiltró y creó nuevos movimientos en función del gran capital, del colonialismo cultural.


-La alta participación de mandatarios en la II Cumbre de la CELAC demostró el fracaso de EE.UU. en su política de "divide y vencerás". ¿Cómo mantener esa correlación de fuerzas?


-No nos engañemos con expectativas más allá de la realidad. La hegemonía de EE.UU. se ha debilitado, pero sigue siendo muy poderosa. Crear la CELAC fue un claro ejemplo de que América Latina busca su liberación, de que esa hegemonía no puede controlarlo todo, pero todavía habrá que ver los frutos que da. La diversidad es buena, pero puede haber países que se sientan más identificados con el Norte. CELAC es un foro multilateral, mientras UNASUR es ejecución de políticas e infraestructuras, consejos de defensa, aunque se ha desacelerado un poco; hemos tenido grandes pérdidas: Hugo Chávez, Néstor Kirchner. También está la Alianza del Pacífico para contrarrestar a UNASUR y MERCOSUR. Hay reacción de los sectores de siempre para neutralizar estos procesos de integración. Se ha avanzado, pero falta mucho por recorrer y se puede perder lo avanzado.


-Cuba y Fidel, ¿qué le inspiran?


-Muchísimo. Fidel es una leyenda viviente, un constante aprendizaje para las nuevas generaciones.
-¿Cómo le gustaría que lo recordaran?


-Como un buen tipo. Un buen padre de familia, un buen amigo, un buen ciudadano, un buen patriota que dio todo lo que pudo por tener una patria grande mejor.

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Mauricio Funes: "La oligarquía tiene que aprender a convivir con el FMLN"

A Mauricio Funes le duele la espalda. "Tengo una hernia discal, entre la lumbar cuarta y la quinta". El presidente de El Salvador dice que no se operará hasta después de las elecciones. Mientras tanto, se apoya en un bastón de aluminio plegable.


Funes ganó las elecciones de 2009 con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Fue la primera vez que la antigua guerrilla convertida en partido político subía al poder desde los Acuerdos de Paz que cerraron la guerra civil en 1992. El próximo domingo, el Frente, favorito en los sondeos, tratará de volver a ganar las presidenciales con un nuevo candidato –el excomandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén– frente al partido tradicional de la derecha, Arena, al que desbancó en las anteriores elecciones, aunque se prevé que ninguno logre mayoría suficiente y que haya segunda vuelta en marzo.


Es la una y media de la tarde del miércoles 22 de enero y el presidente acaba de llegar a su despacho de un acto en un hospital de San Salvador. Se sienta y deja el bastón a un lado. En un momento determinado, en la televisión empiezan a dar las imágenes recientes del acto del hospital. Funes, periodista de oficio, concentra su atención en mirar en la pantalla su propio discurso. A continuación aparece en la tele el odontólogo Norman Quijano, actual candidato de la derecha, diciendo que el presidente "brinda protección" a los pandilleros.


–Mentiroso –le dice Funes a la pantalla.


La violencia entre pandillas ha sido el mayor reto de su gobierno. El problema se ha rebajado desde que en marzo de 2012 los líderes de las bandas acordaron una tregua a cambio de beneficios penitenciarios. La cantidad de homicidios bajó desde entonces de alrededor de 70 asesinatos por cada 100.000 habitantes a los 39 por 100.000 de media en 2013. Pero el efecto positivo de ese hecho ha tenido un reverso delicado para la imagen del presidente. La derecha lo acusa de haber pactado con criminales. Funes responde que el acuerdo fue una decisión que tomaron entre ellos los dirigentes de las pandillas y que lo único que hizo su gobierno fue "facilitar" el proceso porque se consideró que ayudaría a refrenar la epidemia descontrolada de muertes.


Pregunta. ¿Pero qué significa que lo facilitaron?


Respuesta. Los dirigentes de las pandillas que están en cárceles de máxima seguridad y en otros centros penales toman un día la decisión de no agredirse en la disputa de los territorios y de romper la cadena de venganzas entre pandillas. Yo pienso que llegaron al convencimiento que de que no tenía sentido seguir eliminándose entre ellos. Pero para poder llevar a cabo esto necesitaban tener comunicación con los pandilleros que estaban en la calle, y no podían tener esa comunicación porque tenían medidas especiales de control. Lo que hace el gobierno es provocar el traslado de algunos líderes de pandillas a cárceles donde las restricciones son menores, pero siempre dentro de la ley, y eso les permite establecer una comunicación más directa con sus bases a través de los familiares.


P. ¿Y usted cree que esos líderes deciden la tregua para salvar vidas?


R. Yo creo que caen en la cuenta de ellos estaban pagando la factura mayor.


P. ¿No buscaban beneficios penitenciarios?


R. No les damos beneficios penitenciarios. Aquí se ha dicho, por ejemplo, que el gobierno les permitía un mayor número de visitas íntimas, que les permitía modificar su régimen alimenticio o que les permitía plasmas o televisores para las horas de ocio. Eso lo contempla la ley penitenciaria, existe dentro de la política de rehabilitación la posibilidad de que un reo mejore su régimen alimenticio y tenga acceso al entretenimiento.


P. ¿Así que no fue iniciativa suya la tregua?


R. No, no fue una iniciativa mía ni de las autoridades de seguridad pública.


P. ¿Entonces, lo que provocó un descenso de los homicidios no fue una decisión planificada de su gobierno sino una decisión de jefes criminales desde las cárceles?


R. Pero es que esa decisión de los pandilleros no se hubiera dado en gobiernos anteriores.

P. ¿Por qué?

R. Sencillamente porque ellos no creían en esta posibilidad porque los dos gobiernos anteriores apostaron por la mano dura y por la súper mano dura. El gobierno del expresidente Flores inició el proceso que llamó de mano dura, y el gobierno siguiente, el de Antonio Saca, tenía el lema: A los malacates se les acabó la fiesta, nosotros los vamos a perseguir.


Funes, de 54 años, es un hombre locuaz. Habla largo. De narcotráfico –dice que es un problema pero que El Salvador no lo sufre "en las magnitudes" de otros países–, del debate sobre la regulación de la droga –no está a favor, cree que la clave es que Estados Unidos reduzca su demanda– y de economía. En 2013, la salvadoreña fue la tercera que menos creció de toda Latinoamérica, un 1,7%. Él argumenta que el gobierno anterior les dejó una economía "deprimida" y que además les tocó la recesión de Estados Unidos, su mayor socio comercial.


También habla del candidato de su partido, Sánchez Cerén, vicepresidente durante su gobierno.


P. Dicen de él que es un candidato "bolivariano".


R. No es cierto. Esa es una visión distorsionada de la evolución que ha habido en el FMLN. No cabe ninguna duda de que es un partido identificado con las transformaciones que se han llevado a cabo en Venezuela, pero eso no significa que Sánchez Cerén y su equipo vayan a tomar las decisiones que se están tomando en Venezuela. El FMLN es un equipo pragmático que se ha adaptado a las nuevas circunstancias. Sánchez Cerén es un comandante histórico del FMLN que tiene una formación marxista, pero eso no significa que no haya aprendido a gobernar, sobre todo como vicepresidente de la República. Se ha dado cuenta de lo que es posible hacer y de lo que no se puede hacer.

P. ¿Qué no se puede hacer?


R. No se puede instalar un régimen como el cubano o el venezolano, no podemos tener un enfrentamiento con Estado Unidos siendo que la tercera parte de nuestra población vive allí.


P. El Frente nació como una guerrilla enfrentada a los poderes fácticos privados. ¿Durante su mandato ha notado reticencias del sector empresarial a colaborar con un gobierno de izquierda?


R. Por supuesto. En 20 años de Arena se concibió un Estado corporativo, un Estado que respondía a intereses de los principales grupos económicos. Con mi gobierno perdieron esa posibilidad de incidir sobre el Estado. Yo intenté construir relaciones diferentes con los grupos empresariales, pero ellos no entendieron que no se puede seguir utilizando el Estado para beneficio propio.


P. ¿Sigue teniendo sentido hablar en El Salvador de una oligarquía que oprime a los pobres?


R. Sigue teniendo sentido hablar de una oligarquía que intenta recuperar el poder del Estado para continuar oprimiendo a los pobres.


P. ¿Es posible que El Salvador se desarrolle sin conciliación?


R. Tiene que haber conciliación. La oligarquía tiene que aprender a convivir con el Frente.

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Miércoles, 29 Enero 2014 07:07

"Hemos generado movilidad ascendente"

"Hemos generado movilidad ascendente"

El Estado ecuatoriano era corrupto e ineficiente. A partir de 2007, el gobierno del presidente Rafael Correa se propuso descorporativizarlo y devolverle su capacidad de regulación y control. Así resumió Pabel Muñoz, secretario de Planificación y Desarrollo de Ecuador (Senplades), los siete años de la llamada Revolución Ciudadana, el proceso político que inauguró Correa tras su llegada a la presidencia. "Si no hubiéramos tomado la decisión de disputar las relaciones de poder, y si no hubiéramos tenido la entereza de rescatar al Estado de las elites económicas y políticas, ningún logro habría sido posible", aseguró Muñoz, quien destacó que la economía nacional se ha orientado hacia las necesidades de los ecuatorianos con menos recursos. En diálogo telefónico con Página/12, el funcionario analizó las conquistas y las deudas de esta nueva etapa que vive Ecuador.


"Si comparamos con América latina, mientras la región hizo una inversión pública del 4,5 respecto del PBI en 2012, nosotros lo hicimos en el 12,6 por ciento. Y en 2013 fue del 15 por ciento. Esto se refleja en una disminución de la pobreza, que ha caído 12 puntos en este período de gobierno. Ha habido también una caída de 7 puntos en el coeficiente de Gini con respecto a la desigualdad", afirmó el secretario, que sin embargo calificó de insultante la diferencia de ingresos entre ricos y pobres en Ecuador. A pesar de las cifras, que muestran el buen desempeño de la economía, el gobierno de Correa abordó aún dos problemas que limitan el desarrollo del país: la dependencia del petróleo y la soberanía monetaria.

"La dolarización es el talón de Aquiles de nuestra economía. Al no tener moneda nacional, somos muy vulnerables a los vaivenes del comercio internacional. Hoy no está en ningún escenario la salida de la dolarización. En eso somos enfáticos", explicó Muñoz. Hay una percepción ciudadana con respecto a las ventajas de la dolarización –sostuvo– y una política de sostenerla. Si bien Ecuador estabilizó su economía en los últimos siete años, el secretario dijo que el crecimiento va más allá de la dolarización.


A partir de un modelo impuesto que ha provocado condiciones muy parecidas a las que experimentó la Argentina durante la convertibilidad, el país logró controlar la inflación y evitar la devaluación. "Esta situación nos amputó la posibilidad de tener política cambiaria, hemos ido a un modelo de cambio fijo extremo y eso genera vulnerabilidad en el ámbito del comercio. Perdimos soberanía económica, soberanía monetaria. Sin embargo, adoptar una moneda propia no está en la agenda en el corto o mediano plazo", admitió.


Al mismo tiempo, Ecuador es un país dependiente de la extracción petrolera. En 2012, de los 23.769 millones de dólares que se exportaron, 13.791 millones fueron de petróleo y derivados, según el Banco Central de ese país. El precio del barril en el mercado mundial desalentó en parte un cambio en la matriz productiva. "Esta dependencia nos obliga a ser un país que pueda procesar su propio petróleo. Debemos también fomentar la estructura productiva nacional para poder exportar mercancías con valor agregado", dijo Muñoz. Además señaló que la estatal Petroecuador busca financiar la refinería del Pacífico junto con la empresa China National Petroleum Corporation (CNPC) y la venezolana Pdvsa, a inaugurarse en 2017 y que, se estima, procesará unos 200 mil barriles de crudo diarios. Paralelamente, el gobierno lanzó el año pasado un programa de incentivos para alentar el desarrollo de nuevas ramas productivas, como la reforestación comercial y la industria alimentaria.

 

Pese a estas dificultades, el gobierno encontró otros mecanismos para financiar el Estado e impulsar la inversión social. "Mientras los nueve gobiernos anteriores juntos lograron recaudar 22 mil millones de dólares, nosotros hemos acumulado 60 mil millones de dólares. Esto significa que la recaudación aumentó tres veces desde 2006. Hemos generado una estructura que hoy nos lleva a niveles del 12 por ciento de presión tributaria en el país", apuntó Muñoz.


Cuando asumió su cargo, el sistema de planificación nacional estaba destruido. En 2007, el secretario contó que se encontró con un sistema de planificación liquidado. La planificación fue llevada a su "mínima expresión". La expansión económica –una de las más importantes de América latina–, el incremento de la inversión pública y un buen sistema de planificación sacaron a 1.137.000 personas de la pobreza, según datos de la Senplades. "Hemos generado movilidad social ascendente y 51 de cada 100 ecuatorianos han escalado peldaños sociales", aseveró.


En referencia a un posible sucesor de Correa, en un proceso político que parece consolidarse a partir de sus logros y de su potencialidad, Muñoz prefirió no pronunciarse sobre algún tipo de relevo o liderazgo alternativo concreto. "Nosotros vemos los retos de la continuidad del proceso en la ciudadanía, es decir, apostamos por la consolidación del Estado democrático y por un poder popular. Creemos que el haber desmontado el Estado burgués y rentista consolidó el Estado democrático. Por poder popular entendemos una ciudadanía empoderada y apoderada de las conquistas de estos años. Si bien vemos este proyecto político muy estable, las posibilidades no están tanto en los líderes sino en la ciudadanía", sostuvo.


Entrevista: Patricio Porta.

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El sancocho de las elecciones legislativas

El 2014 llegó a sus primeros días, y con ellos el ambiente preelectoral. Los olores decembrinos quedaron atrás, así como el tiempo político para las probables alianzas electorales y jugadas políticas de camarillas y acuerdos. Desde el primer despertar de enero impera el calendario de las acciones.

 

El cuarto año de la presente década será recordado por quienes tienen posibilidad de votar como el salpicón de las elecciones. En efecto, ellas cubren desde la posible consulta para la revocatoria del alcalde Petro el 2 de marzo, arropan el 9 de marzo las legislativas –que incluyen el Parlamento Andino–, abrigan el 25 de mayo la primera vuelta para presidencia y, seguramente, solo finalizarán en junio con las segunda vuelta, cuando se sabrá si hay nuevo Ejecutivo o la reelección favorece al actual.

 

Asombra el ritmo electoral. Este afán hace olvidar diversidad de críticas, incluso del presidente Santos frente a los ciclos electorales ininterrumpidos, pan de cada día en América Latina. Sin embargo, a trancas y mochas en esa vía son miles los que caminan tras su aspiración de salir electos, y nosotros –que no somos muy de hacerle caso a los análisis oficiales de la política–, vamos a seguir en este escrito la idea de los de arriba, eso sí para tratar de verle la comba al palo.

 

En la eleccionitis de 2014 todos los analistas de la palestra pública, de Claudia López a Alfredo Rangel, todos dicen sin titubear que los comicios importantes son los legislativos, así que acataremos el consejo; entremos en materia.

 

¡Santos vs. Uribe! O dicho en lenguaje electoral ¡Unidad Nacional (UN) vs. Uribe Centro Democrático! (UCD) Esta pareciera ser la pelea estelar el próximo 9 de marzo. Sumémosle a éste pugilato que muchos llaman pesos pesados, la pelea de los pesos medios, del centro y la izquierda, por tratar de conformar una bancada legislativa importante; sus protagonistas no podrían ser otros que el Partido Verde (PV) y el Polo Democrático Alternativo (PDA). No olvidemos por ultimo a los peso pluma, que aunque ni pelean mucho ni son muy rápidos son esenciales para las componendas políticas en el Congreso, es decir el Mira, el Pin e incluso la inmensidad de los partidos minoritarios. Pero detrás de esas siglas de pesos pesados, medios y pluma se esconde un variopinto de fuerzas, nombres e intereses.

 

Arriba y a la derecha

 

Bajo la nomenclatura de un acuerdo programático por sostener el gobierno Santos: liberales, Cambio Radical (CR), el partido de la U y facciones del partido Conservador (PC) asumieron la tarea de sostener la llamada UN. Está maquinaria, aplastante en el 2010, llega maltrecha al 2014, hasta el punto de terminar eclipsada por su verdadera naturaleza: políticos profesionales respaldados por las clases emergentes y terratenientes regionales surgidas de la bonanza del despojo de los años ochenta, noventa y dos mil –lo que hoy es el uribismo–, articulada a la alianza social de poder que desde 1970 domina el país.

 

Entrándole a la letra menuda, señalar que la escisión dentro de la UN significa que en la economía política de Colombia hay una disputa por resolver entre quienes pretenden multiplicar su riqueza, echándole abono a los capitales emergentes del despojo violento, y quienes quieren –además tienen la capacidad– de acrecentar su capital ahondando la monopolización al adentrarse directamente al juego financiero neoliberal mundial, que incrementa capitales a costa de la especulación del todo por el todo, es decir, de la tierra, de la industria, del trabajo, de los ríos y cualquier otra cosa que tenga vida.

 

Aunque paz y guerra, o lo regional en contra de lo nacional, son los temas de campaña, atrás de ellos se esconde una peligrosa maraña de realidades. Estamos ante la cristalización política de un escenario en el que se disputa cómo gestionar el capital y en manos de quién va a quedar la mayoría de éste. Ninguna de las opciones que ofrece la derecha renuncia al neoliberalismo ni a la alineación internacional bajo el signo norteamericano, de ahí que lo que está en juego en estas elecciones sea la ingeniera legislativa y política que puede llevar al ocaso total de la alianza entre la burguesía emergente y la burguesía tradicional, consolidado en el poder criollo desde la época de los Rodríguez Orejuela y Samper.

 

Un juego de poderes complejo. De una parte la guerra, que implica la idea de perpetuar un estatus de orden público para preservar e incrementar la propiedad privada con fines improductivos, bienes, en su mayoría para la renta y el lavado de activos, a la vez que confirman la existencia de áreas territoriales de control directo por parte de elites emergentes, supeditando todos los poderes públicos a su instrucción directa, y convirtiendo el Estado en botín para saquear a través de la contratación pública –tal y como lo demuestran las decenas de casos de corrupción en mezcla con los parapolíticos en medio de los mandatos Uribe.

 

Mientras tanto, la paz le confiere sentido, confianza inversionista, seguridad jurídica y un clima de acuerdos internacionales a una empresa de especulación financiera en todos los renglones de la economía política: en la agricultura, promoviendo asociaciones alrededor de la palma entre pequeños y mega-productores; en la construcción, con el esquema de los encargos fiduciarios que le dan un espaldarazo a la monopolización de banqueros que también son constructores, al estilo Sarmiento Angulo, entre otra fauna presente en Camacol; en las mega-obras públicas –tanto en ciudades como en vías nacionales– otorgándoselas a contratistas gigantes y transnacionales; en la industria, desmontándola y reconvirtiendo los renglones productivos de la nación en simples intermediarios comerciales para conservar sus ganancias a costa del salario mínimo; en el régimen de salud y pensión, obligando a la inserción de trabajadores independientes y pequeñas empresas a una aparente formalización laboral que solo le entrega más capital a los conglomerados económicos. En fin, ahora todos los capitalistas saben muy bien de qué se trata la especulación financiera, la potencian y se favorecen de ella con el favor del Estado. El juego electoral les brinda mayor o menor espacio para sus propósitos, todo depende de los resultados que obtengan con los candidatos que financian, al fin y al cabo los políticos tradicionales son sus operadores dentro del aparato estatal.

 

Dualidad maléfica que por A y por B perjudica a las mayorías nacionales. La novedad en medio de ella es que Santos ha logrado socavar no solo la alianza de poder para reubicar a Colombia como potencia para la inversión, en el contexto de la crisis capitalista mundial, sino que a su vez ha tenido la perspicacia de negociar con burguesías oligárquicas regionales, involucrándolas a su reinvención, cruzando la avenida del capital financiero, con el beneplácito de compartir parte de la torta del recuso público. Así, los Char, los García Zuccardi, los Chaux, los López Cabrales, los Serpas y Galán, entre decenas de políticos profesionales y grupos económicos de segunda monta, se subieron al bus de la fase superior del neoliberalismo: la monopolización financiera y transnacional total, en un contexto de paz.

 

No hay duda, en el actual escenario nacional guerra y paz son parte de la misma baraja del capital. Por ello, si en estas elecciones legislativas se juega la agenda legal que permitirá el ambiente de construcción y consolidación de la paz, esto sucederá en medio de una disputa entre fracciones de arriba que desean el control del Estado como botín de sus espurios intereses. El futuro de la democracia estará, entonces, de nuevo signado –mayoritariamente– por las pulsiones de capital improductiva vs. capital especulativo.

 

Con el moño en la mano

 

Una vez deshecho este envoltorio, vale preguntar: ¿quiénes y por qué se sienten atraídos? ¿Con quiénes están las burguesías regionales? ¿Hacia dónde apunta el poder en estas elecciones?

 

Interrogantes necesarios de dilucidar ya que en la izquierda se insiste en señalar que la disputa entre los partidos que componen la UN y el uribismo se circunscribe al ámbito de la pugna entre las elites regionales contra las elites nacionales. Sin embargo, la lectura no es tan plana; las listas al Senado de los partidos políticos reflejan un balance contradictorio de estas fuerzas. CR, el Partido Liberal (PL) y en menor media el partido de la U continúan concentrando a los caciques políticos y económicos de las regiones bajo sus mantos, mientras que el UCD ha virado por el voto de opinión tras el expresidente Uribe, acompañado por figuras políticas menores de las regionales, al igual que terratenientes –como Paloma Valencia y María Rosario Guerra de la Espriella–, políticos profesionales de la derecha en cuerpo ajeno –Alfredo Ramos Junior, Jaime Alejandro Amín y Fernando Nicolás Araujo, entre otros–, e "intelectuales" y exfuncionarios del uribismo –que van desde Alfredo Rangel, pasan por José Obdulio Gaviria y terminan con Everth Bustamante.

 

Es bien sabido que desde el Frente Nacional el Estado colombiano ha sedimentado la práctica de manejarse como un todo, en donde las contradicciones entre las ramas del poder público deben ser aminoradas y nunca saltar a la inmovilización de las decisiones del Ejecutivo, he ahí el santo grial de la llamada estabilidad democrática y gobernabilidad colombiana. Pero, hoy estamos ante el final de un ciclo de subsistencia fraterna entre el compacto arriba social, político y económico. Hoy no es día de compartir la ganancia o la potencialidad de la ganancia con los rentistas ganaderos, con terratenientes improductivos, mucho menos con los que le deben todo su prestigio al estamento de la política. Hasta luego Uribe, hasta luego los Valencia, hasta nunca los conservadores uribistas. De esta manera el siguiente periodo legislativo será el calendario para la pugna por depurar el bloque de poder en Colombia, lo que podría resumirse, por boca de Juan Manuel Santos: ¡para nosotros todo, para el resto nada!

 

Los costos de esta traición se expresarán en un Senado lleno de polémica y control político, con una menor iniciativa en proyectos legislativos, llegaremos al eterno retorno del Congreso, a las épocas anteriores a la llamada "violencia", cuando Laureano virulento señalaba al gobierno de López Pumarejo; la única diferencia será la existencia de un centro y una izquierda que sin coherencia plena tratarán de defender los diálogos de paz y hacer un control político distinto, eso sí bajo el rasgo de adaptarse al arriba político y centrar toda su capacidad de aquí en adelante en la lucha electoral, la defensa de la democracia liberal y el civilismo propio de la resignación.

 

A la izquierda y ¿abajo?

 

En julio de 2013 quedó sepultada la posibilidad de construir una tercería que actuara de manera unificada en la apuesta electoral, donde convergiera desde el centro –configurado por el Partido Verde (PV)–, tocara a la UP, a País Común y Mais (fuerzas del movimiento indígena del Cauca), a la Marcha Patriótica (MP), el Congreso de los Pueblos (CP), a las dignidades agrarias, a los Progresistas y el PDA.

 

El epitafio de esta sepultura fue dado en el III congreso del Polo y su posterior comité ejecutivito de la segunda semana de julio, donde los amarillos afirmaron que solo ocurrirían acuerdos electorales sí las demás fuerzas obraban supeditadas al PDA, negándose al mismo tiempo a configurar una reforma política que permitiera las coaliciones interpartidistas para elecciones legislativas y la derrota del umbral del 3% impuesta por la reforma política de 2009. La sorpresa con esta decisión polista fue tal que el recién nombrado presidente del Congreso. Juan Fernando Cristo, le preguntó a Robledo que si tal negativa era en serio.

 

A partir de allí el PDA aceleró la construcción de sus listas al Senado y Cámara –ver infografía–, bajo la hegemonía del Moir, que se levanta como una fuerza electoral importante tras Robledo, quien aspira, como mínimo, a repetir sus 165 mil votos.

 

Por su parte los verdes concretaron su incomoda alianza con los Progresistas, y luego de la debacle ocurrida con Petro integraron a sus listas para el Senado a la UP, quien ya poseía acuerdos con País Común –en cabeza del líder indígena Feliciano Valencia–, al Movimiento por la Constituyente Popular (quien meses después renuncio a este acuerdo) y una serie de agrupaciones sociales y sindicales que transformaron de facto la alianza Verde (AV) en un frente político. Una historia de divisiones, protagonismos, inmediatismos e inmensos costos políticos para las mayorías nacionales.

 

Sin embargo, este balance quedaría corto si apenas llegamos hasta acá. Veamos además las dificultades, contradicciones y paradojas que carga esta izquierda:

 

Primero: En aras de una supuesta coherencia antineoliberal y anti Santista el PDA, sobretodo el Moir se negó a una fuerte autocritica por el fiasco de la alcaldía de Samuel Moreno, por la expulsión del Partido Comunista, los sectores del senador Jorge Guevara y Luis Carlos Avellaneda, la ruptura de sectores como Fuerza Común y el papel burocratizante que juega el mismo Polo en movimientos sociales como la Mesa Amplia Nacional Educativa (Mane) y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).

 

Segundo: En listas dispersas al Senado, aun pudiendo procurar un acuerdo alrededor de la soberanía, contra el Santismo y el Uribismo, y por la paz, la AV y el PDA se van separados a las elecciones al Senado, sabiendo que comparten en buena medida la misma base electoral, produciendo un efecto de competencia por votos allí donde son escasos, con el yunque de un umbral del 3% que ahoga.

 

Tercero: De manera pragmática la AV produjo un acuerdo que solo tiene como capítulos sustanciales ser terceros en los resultados electorales y la defensa de la paz –solo el proceso de paz de La Habana. Pero ni estos objetivos ni otros están desarrollados en esta tolda. Lo cual repite el refrito de personerías jurídicas sin programa ni ideas fuertes que plantear colectivamente al país. Igualmente, la diversidad política de los candidatos –que van desde liberales como Claudia López hasta radicales como Carlos Lozano, obliga a desarrollar estos aspectos con agilidad pues la ley de bancadas obliga a la actuación homogénea en decisiones legislativas.

 

Cuarto: La AV acumula confianza sobre su potencial a partir de la destitución de Petro y la respuesta social despertada por la misma, factor que esperan se exprese en las urnas. Pero, la confección de la alianza como partido es débil mientras que, contrariamente, el alcalde de Bogotá fortalece su liderazgo unipersonal, llegando incluso a descartar el voto partidario.

 

Quinto: La agenda de la mayoría de los movimientos sociales que removieron al país en el último periodo –Dignidad Papera, indígenas del Cauca, estudiantes universitarios– quedaron sometidas a los tiempos de las urnas. Temas como la Asamblea Nacional Constituyente, el paro nacional agrario, el paro cívico nacional quedan, lastimosamente, subordinados al calendario del 9 de marzo.

 

Sexto: Las listas a la Cámara evidencian la dispersión total. Donde hubo AV existe UP, el PDA va por separado. Y en ninguno de los tres casos la mayoría apuntó por tener cabezas fuertes en entidades territoriales, como Bogotá (Ángela Robledo –Alianza Verde–, Navas Talero –PDA–, y el débil Jaime Caicedo –UP–), circunscripción indígena especial del Cauca –lideradas por el sello Mais. La debilidad en estas listas denota la poca caracterización de este escenario, ante un Senado que será para el control político y el debate más que para tomar decisiones. Este factor lo comparten con el uribismo pero contrasta con las copadas listas de la UN.

 

Séptimo: se aproxima la izquierda, muy probablemente, a una debacle electoral, es decir, llegar a una tasa de estabilización del voto de centro e izquierda logrando –en el mejor de los casos– el mismo número de senadores que en el 2006 pero disminuyendo las curules en la Cámara. Como lo ha hecho hasta ahora en el legislativo, la izquierda seguirá concentrada en el control político pero sin incidir en las lógicas de poder político.

Publicado enEdición Nº198
Viernes, 24 Enero 2014 15:46

A la medida del capital

A la medida del capital

Pasadas las sesiones ordinarias de la agenda de la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales y una reunión adicional del día 16 de diciembre, los gremios patronales habían cantado su "ultimo ofrecimiento" del 4% para ajustar el Salario Mínimo Legal (SML) con el que sobreviven cerca de 1.300.000 trabajadores y trabajadoras en el país.

 

Sobreviven, pues es claro para cualquiera que con el equivalente a un Salario mínimo, escasamente se tiene capacidad adquisitiva para solventar la mitad de la Canasta básica familiar de ingresos bajos (Canasta que hoy fluctúa entre $1.200.000 y $1.300.000).

 

Hasta ese momento participó la CUT, central que dejó constancia de que no había equidad ni justicia en ese ofrecimiento y que al Gobierno solo privilegiaba los intereses de gremios y transnacionales, aupando aún más la concentración de la riqueza.

 

Finalmente, para el 26 de diciembre, conocimos la noticia del acuerdo concertado entre Gobierno, gremios, las confederaciones CTC, CGT y de pensionados, con estos componentes:

 

• Incremento del 4.5% al SML pasando de $589.500 a $616.027, es decir, un aumento mensual de $26.527 o de $883 pesos diarios. Incremento del 3% al subsidio legal de transporte, pasando de $69.900 a $72.000 pesos.
• Exoneración del 8% para pensionados respecto a la contribución obligatoria en salud, punto a incorporar en la Ley de salud.
• Convocatoria a la Sub-Comisión del Sector Público de la Comisión Permanente (CPCPSL) para rediscutir el Acuerdo salarial 2014.
• Procesos de formalización laboral tripartitos, es decir, Gobierno-Gremios empresariales y Centrales obreras.
• Sobre el segundo punto del acuerdo ya se ha abierto una discusión por cuanto hay quienes interpretan que el ahorro del 8% de contribución por salud es un beneficio para el sector empresarial, no los pensionados quienes siguen obligados a contribuir con el 12% para el concepto de salud.
El contexto y los debates

 

Lo cierto es que de nuevo ha iniciado esa especie de círculo vicioso anual: ajuste salarial-alzas-pérdida de la capacidad adquisitiva salarial. El "Salario mínimo así, es convertido en un verdadero culto a la pobreza", al decir Clara López Obregón, dirigente del Polo.

 

La catapulta alcista no se hace esperar y entierran, inmediatamente, el "generoso" incremento acordado: aumentaron los precios de gasolina y ACPM, matrículas escolares, en las tarifas de la telefonía móvil, arriendos, cuotas de administración en unidades residenciales, entre otras alzas.

 

Con negociaciones salariales amarradas al IPC o la inflación, lejos del referente de las utilidades, no hay ejercicio de redistribución de la riqueza o ingreso generados con el trabajo. Si alguna política económica es perniciosa es la del Banco de la República: el control de la inflación y precios que resulta funcional a la reducción de los salarios, en beneficio, obviamente del empresariado. Veamos la evolución del IPC en las dos últimas décadas (Cuadro 1)

 

Entre tanto, con bombos y platillos, el Gobierno anuncia la creación de 2,2 millones de empleos en sus últimos tres años; cabe preguntarse ¿qué tipo de empleos? ¿Siquiera bajo la noción de trabajo decente de la OIT, que sería lo mínimo? Los sectores que más están empleando son los de servicios y comercio, hotelería y restaurantes: de 22 millones de la Población Económicamente Activa (PEA), ocupan al 47%, pero es en estos sectores económicos justamente donde menos se respeta la formalización laboral, abunda la temporalidad e inestabilidad, hay irrespeto por la libertad sindical y escasean los derechos legales y convencionales.

 

En contraste, la industria pierde participación laboral, ocupa solo a un 11% de la PEA y las "locomotoras" de la construcción y la minería participan ocupando solo al 6% y 4% respectivamente de la población ocupada.

 

Si detallamos hacia afuera, en el contexto global domina la incertidumbre y la crisis, tanto en EE.UU. como en la Unión Europea; algunos analistas advierten que se acabará el ciclo del dólar barato y eso aumentará la deuda de los países. Así mismo, se observa ya una reducción en los precios internacionales de nuestras materias primas (commodities). La deuda de los hogares también asciende: "se debe más y se paga menos" dicta la financiarización, y agrega: "quien no se endeuda, no consigue nada", máxima sentencia del crecer al debe; por ello mismo, consultoras como Raddar Consumer Knowledge Group confirman un crecimiento en las compras de los hogares de un 8,13% en los primeros once meses del año 2013. ¿Cómo consumir más ganando menos? ¡Vía endeudamiento!

 

Un ciclo de nunca acabar. Nuestra clase trabajadora jamás tendrá la capacidad adquisitiva para llevar un modo de vida aceptable ni el aparato productivo nacional la demanda agregada necesaria para despegar y hacerse competitivo en el mundo de la globalización. Los irrisorios aumentos en el salario mínimo legal a que tienen acostumbrados al país, ahora con la anuencia de algunas centrales obreras, no son solo negativos desde el punto de vista humano y social, sino perversa política y económicamente.

 

Sobre los hombros de los trabajadores

 

En la última década, las cuentas nacionales publicadas por el DANE confirman el creciente proceso de concentración de la renta nacional al constatar que la participación de la remuneración al trabajo en el Producto Interno Bruto (PIB) se redujo del 33,7% en el 2002 al 31,6% en el 2011, mientras que aumentaron de manera correspondiente las rentas del capital. Y el índice Ginni también confirma la inequidad y falta de redistribución de la riqueza: Colombia muestra vergonzosamente un 0,58 ubicándose como uno de los países de mayor desigualdad en el mundo y en el continente.

 

Efectos perversos

 

A un año largo del TLC con la USA, el trabajo y el valor remunerativo de éste, sufren las consecuencias del desequilibrio en la balanza comercial: más importaciones que exportaciones, tanto de productos manufacturados como de alimentos que antes producían nuestros campesinos. Esto de traer o dejarse imponer modelos económicos de otras latitudes, ha salido muy caro para el país, en especial para las clases medias y trabajadoras. Como la política de comercio desigual de la apertura económica resultó tan mal negocio para Colombia, los gobiernos cedieron ante las presiones extranjeras y firmaron numerosos Tratados de Libre de Comercio (TLC).

 

Con los datos disponibles, entre mayo de 2012 y marzo de 2013, comparado con igual período para 2011 y 2012, las exportaciones colombianas totales a EE.UU. pasaron de US$22.594 millones a US$21.575, 4,5% menos; y las importaciones provenientes de Norteamérica crecieron de US$13.279 millones a US$15.904 millones, 19,7% más (http://www.census.gov/foreign-trade). El superávit que Colombia tenía comienza a disminuir.

 

En términos sociales, no hay importantes beneficios para el consumidor, pero vendrán secuelas en el empleo. Por un lado, posibles envilecimientos de las condiciones laborales, buscando "oportunidades" en el mercado externo, y por el otro, desempleo en aquellas ramas derrotadas por la competencia.

 

El debate interno sindical

 

En tanto las centrales CTC y CGT, acompañadas por la Confederación de Pensionados, pactaban el nuevo SML, internamente en la CUT se iniciaba el debate con representantes del sindicalismo democrático por cuanto avalaron el acuerdo firmado, argumentando que era beneficioso. Un acuerdo agridulce.

 

Más que señalamientos entre quienes o no estuvieron de acuerdo, el debate debiera enfocarse en torno al esquema o modelo de negociación que año a año se asume frente a este tema:

 

  • Por ejemplo, el de una negociación sin mayor planificación ni movilización.
  • De la representatividad y legitimidad de las centrales como voceros de más de un millón de trabajadores(as) en su gran mayoría NO sindicalizados/as.
  • De la profunda debilidad de nuestro movimiento sindical, estructurado en pequeños sindicatos, tanto de empresa como de industria, que solo alcanza para un poco más de 4% de tasa de sindicalización.
  • De la necesidad de discutir salarios mínimos diferenciales, por rama económica, urbanos y rurales, por región, salarios mínimos de enganche por edades, salarios mínimos profesionales e incluso una discusión en torno a la renta básica ciudadana, entendida ésta como un salario social. Hacer de este punto toda una discusión ciudadana más que sindical.

 

Temas urgentes de abocar, toda vez que las reformas laborales y de la seguridad social en el país, han conllevado a una reducción paulatina de la calidad de vida de la población trabajadora, eliminando puestos de trabajo y precarizando otros tantos. Recuérdese que son muchos más los que ganan menos del mínimo legal que aquellos que están en este rango remunerativo de $616.000 pesos.

 

En un año de elecciones, donde el primer mandatario de la nación puja por ser reelegido, y su bastión principal radica en el actual proceso de paz que se adelanta en La Habana, consensuar este acuerdo con empresarios y la anuencia de las centrales que lo secundaron, le dio un alto matiz de politización al proceso de concertación del SML, ¿un espaldarazo a la reelección?

 

El escenario de las discusiones en torno al SML tampoco escapan al enfoque y al recetario neoliberal avalado por prestigiosos economistas del sistema: El ex presidente César Gaviria, por ejemplo, insistió en la necesidad de eliminar la figura del SMMLV y dejar "que sean los agentes económicos quienes lleguen a una negociación de acuerdo con sus necesidades y disponibilidades", tesis de inspiración del Nobel de economía Ronald Coase, fallecido en septiembre pasado.
Otro Nobel de economía, el chipriota Christopher Pissarides, invitado al Congreso de Asofondos, el gremio de entidades administradoras de pensiones y cesantías, en abril del año anterior, se atrevió a aseverar que "el Salario Mínimo de Colombia es muy alto... este debiera crecer con la inflación... debiera permitirse que este baje gradualmente hasta un 45% del salario promedio..." (ese promedio en Colombia es de unos $818.000). Además, se atrevió a lanzar otra perla: "En Colombia la edad de pensión es muy baja, deberían hombres y mujeres jubilarse por igual, a los 67 años" (El Colombiano, diciembre 24/13).

 

Aprovechando que este mismo diario publicó el día 26 de diciembre (Cuadro 2)un ranking de los mejores y peores salarios mínimos legales en el mundo (al 2012), desvirtuemos de una vez la temeraria aseveración del Dr. Pissarides, Nobel de economía 2010.

 

* Presidente de la Federación de Sindicatos bancarios y de seguros, "Fenasibancol", afiliado a la Uneb.

Fuentes:
– Economía, En tres años se crearon 2,2 millones de empleos, Portafolio, dic. 24/13
– Editorial, El Colombiano, Med. Dic. 27 de 2013
– Fenasibancol, Tercerizacion laboral y evolucion salarial en Colombia, edición 2012, pp. 68 y 69
– Informativo CUT, edición No. 85, diciembre/13
– Rojas, Juan Fernando. El salario minimo en Colombia, en El Colombiano, dic. 24 de 2013

 

Cuadro 1

 

AÑO

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

IPC%

22.60

22.59

19.46

21.63

17.68

16.70

9.23

AÑO

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

IPC%

8.75

7.65

6.99

6.49

5.50

4.85

4.48

AÑO

2007

2008

2009

2010

2011

2012

2013

IPC%

5.69

7.67

2.00

3.17

3.73

2.44

1.94*




Cuadro 2

 

Luxemburgo

US$ 4.089

$ 7.331.577

Noruega

US$ 3.678

$ 6.594.654

Austria

US$ 4.437

$ 6.162.541

Japón

US$ 1.307

$ 2.343.451

EE.UU.

US$ 1.257

$ 2.253.801

Israel

US$ 1.220

$ 2.187.460

Corea

US$ 957

$ 1.715.901

Costa Rica

US$ 509

$ 912.637

Venezuela

US$ 472

$ 846.296

Colombia

US$ 316

$ 566.600

China

US$ 230

$ 412.390

México

US$ 149

$ 267.157

India

US$ 56

$ 100.408

Publicado enEdición Nº198
Una buena ocasión para echarse una siesta. Aunque no podemos verificarlo, esta foto circuló en twitter como auténtica el 15 de diciembre pasado y muestra lo que los resultados y numerosos testimonios confirman.

El pasado 15 de diciembre, en unas lánguidas elecciones que lograron el mayor porcentaje de abstención en la historia de Chile –sólo un 42% de los ciudadanos acudió a las urnas– Michelle Bachelet fue elegida, en segunda vuelta, presidenta del país para el periodo 2014-2018.

 

Esta médica de 62 años, integrante del Partido Socialista (el mismo de Salvador Allende), hija de un general de aviación muerto en 1973 después de ser torturado bajo la dictadura de Pinochet, ya había detentado la primera magistratura en el período 2006-2010. A pesar de enfrentar en ese cuatrienio la masiva movilización de estudiantes secundarios (la "Revolución Pingüina") y después de tener que lidiar con la inconformidad generalizada en la capital por la puesta en funcionamiento de un Transantiago mal diseñado1, terminó su mandato con índices de aprobación del 80%, atribuibles más a su imagen maternal (sostenida en medidas de asistencia social) que a los logros de su gobierno.

 

La calidez de su imagen, sin embargo, aunque contribuyó a darle en las recientes elecciones un 60,9% de la votación, no logró el milagro de una participación masiva del electorado. Al contrario, a pesar de que el 2012 se había aprobado el voto voluntario con el claro objetivo de incorporar a cinco millones de ciudadanos no inscritos a "la fiesta de la democracia", su coalición (rebautizada con el nombre de Nueva Mayoría y recargada con el apoyo del Partido Comunista) obtuvo 250 mil votos menos que ocho años antes: 3.470.055, solamente un 25,57% del potencial electoral. El nuevo voto voluntario desnudó en los sufragios lo que antes se mantenía escondido...

 

...un profundo malestar ciudadano

 

A decir verdad, el malestar ciudadano comenzaba a expresarse con claridad en las calles con la dimensión alcanzada en el 2006 por la "Revolución Pingüina" que rebasó ampliamente el ámbito estudiantil, y posteriormente por el movimiento estudiantil de los años 2011-12, así como por la acción de fuertes movimientos sociales regionales y sectoriales. En particular el movimiento estudiantil, desde el 2011, fue mucho más lejos que cualquier reivindicación puntual, cuestionando los pilares del sistema, entre ellos el criterio del lucro como ordenador social; al hacerlo, logró un alcance social y político profundo, convirtiéndose en una especie de "antena política" de un sentir extendido.

 

En general, la abstención no es en realidad una sorpresa para las diferentes expresiones políticas en Chile: expresa un escepticismo palpable y extendido. Pero este malestar produce perplejidad a la clase política: según algunas encuestas, las demandas de los estudiantes se acercan a un 80% de aprobación; ¿por qué tanta insatisfacción en un país que es modelo de América Latina y que incluso, según el Banco Mundial, se encuentra entre el grupo de países de ingresos altos (con 20 mil dólares de ingreso per cápita)?

 

La estrategia de la Nueva Mayoría

 

Desde cierta óptica, podría decirse que el programa de gobierno de la nueva presidenta "coge el toro por los cuernos". Según su página web, su programa "tiene como eje central una gran reforma estructural a la educación pública".

 

En efecto, con una reforma tributaria de corto alcance, el próximo gobierno extenderá los subsidios a la educación superior y –sin tocar un pelo su "estructura", y su carácter de negocio– ofrecerá educación gratuita, o sea, subsidiada por el Estado. La dirección de este esfuerzo es evidente: el desmonte del movimiento estudiantil.

 

Pero al lado de estas pequeñas reformas al funcionamiento de la educación superior y a la base tributaria necesaria para adelantarla, hay un tercer eje: la reforma constitucional. Según anuncia, el nuevo gobierno presentará en este sentido un proyecto de ley al Parlamento durante el segundo semestre del año.

 

Aunque podría sonar bastante audaz y progresista, esta propuesta es en realidad conservadora frente a la alternativa de desencadenar un proceso de participación popular hacia una Asamblea Constituyente (AC). La reivindicación de AC fue levantada por varios candidatos presidenciales y agrupaciones políticas (incluyendo sectores dentro de la Nueva Mayoría) en el transcurso de la campaña presidencial, y recoge una convicción extendida de que un nuevo orden constitucional debe levantarse sobre la participación y la voluntad de gente "de a pie" y no sobre una negociación dentro de la clase política.

 

Alrededor de los tres ejes mencionados, la Nueva Mayoría suma ahora al Partido Comunista (PC), que no representa un caudal electoral significativo. Tomando en consideración esta realidad, entonces, ¿Qué razones hay para su incorporación a la antigua Concertación? Una imagen (ver foto inicio) puede explicarlo de manera directa: Bachelet celebra el triunfo en las elecciones parlamentarias de Karol Cariola y nada más y nada menos que de Camila Vallejo, que se transformó en la "estrella de la Corona" del PC con su amplia figuración en el 2011 como dirigente del movimiento estudiantil. Aunque menos mediática, Karol Cariola fue líder destacada del mismo movimiento y se convirtió en la secretaria general de la Juventud Comunista. El interés de la antigua Concertación por los líderes juveniles es claro, particularmente en su propósito de desactivar el movimiento estudiantil2. Y el Partido tiene allí una importante presencia.

 

Estos ejes programáticos, la nueva sociedad con el PC y un arsenal de medidas de un marcado carácter asistencial, configuran no una política de Estado, sino una política de respuesta al movimiento social. Se concentran en desactivar al movimiento estudiantil y cortar el paso a la difusión de la idea cada vez más popular de Asamblea Constituyente, que podría desencadenar un reordenamiento profundo de la sociedad chilena. Pero ¿se podrá desactivar el movimiento estudiantil con medidas concentradas en los costos que un estudiante y su familia tiene que asumir hoy en día? ¿Se podrá debilitar el empuje de la idea de AC con una reforma parcial negociada?

 

La respuesta a estas preguntas apunta al fundamento de lo que los últimos gobiernos han tenido que asistir: la dimensión y alcance del escepticismo del pueblo chileno.

 

El modelo político de la Concertación: el interesante caso de la cooptación masiva

 

Como el gráfico anexo muestra, en los últimos 24 años no siempre hubo apatía electoral. Con el paso a segundo plano de Pinochet, en el año 1989, la población se volcó masivamente a las urnas y dio su apoyo al gobierno que comenzaba. Sin embargo, como también se capta en líneas gruesas en el gráfico, las generaciones subsiguientes no fueron atraídas por la propuesta de la Concertación. ¿Por qué esta propuesta no funcionó con las nuevas generaciones? Establecer por qué sí funcionó con las anteriores puede ayudar a entenderlo.

 

En realidad, la dictadura fue indispensable en Chile para la instalación del modelo económico neoliberal. Este solo pudo insertarse y despegar a sangre y fuego, utilizando la barbarie; no era posible hacerlo rápidamente de otra forma.

 

Pero la brutalidad tenía su límite de agotamiento. Y cuando este límite se alcanzó, los beneficiarios del modelo chileno tuvieron que buscar otra opción política para extender la obediencia y pasividad de la población.

 

Es aquí donde empezó a construirse laboriosamente el modelo de la Concertación, controlado inicialmente desde la Democracia Cristiana (DC). Básicamente consistió en que el poder económico cooptó masivamente al personal político de la izquierda chilena, a sus intelectuales y líderes, con símbolos, imágenes y discursos socialistas incluidos. Suavemente, casi de manera inadvertida, los líderes revolucionarios se convirtieron en "hombres de negocios" y empezaron a codearse con la alta sociedad. Sus bases fueron capturadas con ellos, en cuanto continúan siéndoles fieles hasta el día de hoy. Pero la clave de su eficacia –el recurso ideológico– estuvo y está aún hoy en las lealtades, en los imaginarios y en una tibia reivindicación de los derechos humanos; no precisamente en la movilización política o en la contundencia de sus propuestas.

 

 

Para captar el funcionamiento de este recurso, una anécdota del año 2011 nos puede ayudar. En un programa de televisión de alta sintonía se enfrentan Sergio Bitar, prestante personalidad de la Concertación y Francisco Figueroa, líder estudiantil: "La Concertación y la derecha deben dejar de ser el brazo político de la banca", expresa en medio del debate el dirigente estudiantil, con voz calmada. Bitar, desencajado, vocifera: "Yo fuí ministro de Allende, fuí exiliado, viví en el extranjero, me torturaron... No voy a aceptar que un cabro chico [un "pelao"] como tú me diga..."3.

 

Las declaraciones de heroísmos pasados no bastan para embaucar a las nuevas generaciones y cansan ya a las anteriores. Lo que asoma la cabeza abiertamente es el agotamiento de este recurso para mantener la pasividad y la obediencia del pueblo chileno. Pero esta pérdida de legitimidad de los operadores políticos amenaza algo más de fondo: la viabilidad y continuidad del modelo neoliberal en Chile, precisamente el país en el que éste arrancó a plenitud. Pone en riesgo, además, la continuidad de la propuesta económica y política de Estados Unidos para América Latina. No se trata sólo del escepticismo con la clase política; se trata también de un malestar social que apunta al modelo económico mismo.

 

El "exitoso" modelo chileno

 

Para caracterizarlo en pocas palabras, el modelo neoliberal puesto en práctica en Chile consistió en dejar actuar libremente la lógica del capital, que es la lógica de la ganancia en el terreno de la estrategia económica y del lucro en el terreno personal, social, cultural.

 

Mientras el modelo obtenía acogida en la ideología de la clase media, afín a la aspiración de éxito económico y ascenso social, abrió de par en par las puertas de la economía nacional, eliminando las restricciones de origen político a la voluntad de los grandes capitales transnacionales.

 

Desde un punto de vista económico, esta ideología propone algo muy razonable: que cada país se abra al mundo y dé lo que mejor puede dar. Pero cuando es la lógica del capital (y su criterio supremo, la ganancia) la que establece qué es lo valioso, este país se convierte en una oportunidad de ganancias aprovechada frenéticamente hasta que el país se agota.

 

Así de claro. Si hay una palabra que resuma el comportamiento del poderoso capital transnacional en Chile es "saqueo"; si hay una palabra que sintetice el efecto de esta política en el mismo país, es "arrasamiento". En realidad, lo que mantiene viva a la economía chilena en el concierto internacional no es su "competitividad" o "dinamismo"; es... el cobre, un recurso natural reprivatizado ya en un 75% y que representa el 57% del total de las exportaciones; se suman a éste otros metales, así como la madera y la pesca. Pero la extracción de los recursos sin un sólido control estatal ha producido el agotamiento, ya sea de los recursos mismos, ya sea de lo necesario para extraerlos: agua, electricidad, biodiversidad y... seres humanos4.

 

Y cuando el costo es el ser humano, su cultura y su hábitat (el planeta entero), los indicadores muestran una limitación de fondo, que se capta con claridad en la aguda expresión del poeta Nicanor Parra: "Hay dos panes. Usted se come dos. Yo, ninguno. Consumo promedio: un pan por persona".

 

El saqueo de los recursos naturales y humanos en Chile no se reduce a tres o cuatro rubros. La lista es interminable, pues las posibilidades son infinitas cuando lo que está al mando es una imaginación motivada por el afán de lucro.

 

Es esta realidad que ha generado un profundo malestar en el pueblo chileno la que está detrás de la abstención, la que le dio proyección al movimiento estudiantil más allá de lo reivindicativo y la que le está brindando un formidable impulso a la aparición y desarrollo de nuevas alternativas políticas que superan lo contestario y apuntan a políticas de Estado serias. Sin quererlo, el neoliberalismo y sus operadores ya hicieron el trabajo de reunir en un país, Chile, la esencia de lo que el mundo no debe ser. Cada chileno se da cuenta ya, aunque sólo sea íntimamente, de cómo no deben ser las cosas, de algunos puntos centrales que son completamente inaceptables para la raza humana, para la subsistencia del planeta, para un sentido mínimo de dignidad. No se necesita en este momento profesar una ideología política determinada para darse cuenta de las consecuencias extremas de este modelo.

 

¿Qué viene?

 

Durante este año se pondrá en juego, con toda la decisión y los recursos posibles, la estrategia del gobierno de Bachelet. Este esfuerzo se orientará muy claramente hacia la desactivación de dos movimientos: el estudiantil y la confluencia social por la AC.

 

Si tiene éxito, resultará en el fortalecimiento de la Nueva Mayoría, y particularmente de la nueva sociedad con el PC. Un fracaso de esta estrategia llevará a más tensiones y probablemente a un rompimiento de la Nueva Mayoría con el desprendimiento de un sector importante de la DC y la conformación de una nueva alianza de derecha, excluyendo al pinochetismo militante, o sea, a la Unión Demócrata Independiente (UDI).

 

Por el lado del campo popular, el movimiento estudiantil será afectado en su interior por el enfrentamiento entre el PC (y sus aliados de la Nueva Mayoría) y sectores más radicales dispuestos a profundizar y proyectar la movilización. La opción por la AC se verá desafiada desde el poder, pero será el núcleo de encuentro entre movimiento estudiantil, movimientos sociales y alternativas políticas diversas. Pero ¿qué hay de estas alternativas políticas?

 

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, uno de los hechos más significativos fue el desplome electoral del carismático Marco Enríquez-Ominami –hijo biológico del mítico dirigente del MIR muerto en combate contra la dictadura de Pinochet–, que cuatro años antes había obtenido un prometedor 20% de la votación. Su propuesta, un tanto ecléctica, que había intentado situarse a medio camino entre Concertación y Alianza, se desdibujó frente a las políticas más definidas que desplegadas en el escenario político nacional más recientemente. Sin embargo, Enríquez-Ominami se declara hoy partidario de una Asamblea Constituyente, en contravía de la propuesta del nuevo gobierno.

 

Pero quizás el hecho más interesante fue que a pesar de una votación en apariencia insignificante del 2,76%, empezó a tomar forma una propuesta política inspirada en estas movilizaciones estudiantiles, que logró reunir a decenas de pequeñas agrupaciones detrás de la candidatura de Marcel Claude.

 

Sin recursos económicos y sin una organización sólida de carácter nacional, esta candidatura se fue consolidando casi desde cero en la escena política, y al decir del mismo candidato competidor Marco Enríquez-Ominami, "fue un superproyecto, de impacto, que tuvo el coraje de poner los temas muy por delante y de pelear"5.

 

Entre sus temas, el cuestionamiento del papel del lucro en la regulación de lo público en el país, la necesidad de la refundación del Estado chileno –empezando con una Asamblea Constituyente–, el rescate para lo público de la educación, la salud y las pensiones, la nacionalización del cobre y la defensa de los recursos naturales, hoy a merced del interés privado.

 

De esta manera gana perfil en el campo popular una confluencia entre movimientos sociales y políticos alrededor de la bandera de la Asamblea Constituyente. Queda por ver si la estrategia de Bachelet, con todos los recursos que pondrá en sus manos una nueva reforma tributaria, logra desactivar esta confluencia. Pero el signo de los tiempos no parece tan favorable al gobierno que comienza.

 

1 Sistema de transporte inspirado en el Transmilenio de Bogotá, pero sin troncales.
2 También Giorgio Jackson, destacado dirigente del movimiento del 2011, integrante de una pequeña organización política, Revolución Democrática, fue elegido al parlamento, por el retiro unilateral del candidato de la Nueva Mayoría en su circunscripción.
3 http://www.pressenza.com/es/2011/08/xla-concertacion-y-la-derecha-deben-dejar-de-ser-el-brazo-politico-de-los-bancosx/.
4 Un excelente documental: Chile, zona de sacrificio (https://www.youtube.com/watch?v=T0gOhUWtw8w) muestra el núcleo de este drama.
5 Escuchar programa de radio en http://marco2010chile.podomatic.com/entry/2013-12-18T07_03_12-08_00.

Publicado enEdición Nº198