Miércoles, 23 Diciembre 2015 06:36

Una fórmula electoral impensada

Una fórmula electoral impensada

En Perú, el candidato del oficialismo, Daniel Urresti, está acusado por un caso de violaciones a los derechos humanos. Su compañera para la vicepresidencia, Susana Villarán, es una dirigente de izquierda y ex alcaldesa de Lima.


En las elecciones peruanas ya nada parece imposible. Los enemigos de ayer –como el ex presidente Alan García y la derechista Lourdes Flores– se convierten en aliados, y viceversa. Se arman las alianzas más impensadas. La última es la del general en retiro Daniel Urresti, ex ministro del Interior y procesado judicialmente por violaciones a los derechos humanos, y la ex alcaldesa de Lima, Susana Villarán, hasta ayer una reconocida activista en la defensa de los derechos humanos. Ambos postularán por el oficialismo en las elecciones de abril de 2016: Urresti como candidato a la presidencia y Villarán como su vicepresidenta.


El candidato presidencial del oficialismo está siendo procesado por un tribunal por el asesinato del periodista Hugo Bustíos, ocurrido en noviembre de 1988, durante los años de la guerra interna que dejó cerca de 70 mil muertos y más de 15 mil desaparecidos. Bustíos, corresponsal en Ayacucho de la revista Caretas, fue asesinado por una patrulla militar cuando cubría información en un paraje rural de esa zona andina, epicentro de la guerra interna. El entonces capitán Daniel Urresti era el jefe de la inteligencia militar en la zona. Testimonios lo acusan de haber dirigido la patrulla militar que mató al periodista.


La prensa denunció en su momento el asesinato de Bustíos, pero, como era la norma en esos años, el crimen quedó en la impunidad. El asesinato del periodista se convirtió desde entonces en uno de los casos emblemáticos de violaciones a los derechos humanos. Pasaron cerca de veinte años para que el caso llegue a los tribunales. En el año 2007, dos militares, los mayores Víctor La Vera y Amador Vidal, fueron condenados a 17 y 15 años, respectivamente, pero solamente cuatro años después ambos salieron de prisión. Cuando todavía estaba en la cárcel, Vidal acusó ante la fiscalía a Urresti como uno de los autores del crimen del periodista. Vidal asegura que Urresti dirigió la patrulla que cometió el asesinato. Otros testimonios respaldan esa versión. Urresti lo niega. Como jefe de inteligencia, Urresti formaba parte del comando que ordenaba los operativos militares, como el que dio muerte al reportero. Con el testimonio del mayor Vidal comenzó la investigación judicial a Urresti. Esto mucho antes de que el hoy candidato presidencial ocupara el cargo de ministro del Interior, en julio de 2014, y se convirtiera en una figura política.


Durante el juicio a Urresti, la campesina Isabel Rodríguez no solamente testificó haberlo visto en la patrulla que mató al periodista, sino que lo acusó de haberla violado en dos ocasiones en esos años. La violación a las pobladoras de las zonas que ocupaban era una práctica extendida entre los militares. Mientras la campesina daba su relato entre sollozos ante el tribunal, Urresti reía y se burlaba de ella. Luego la acusó de terrorista. La prensa ha revelado testimonios que vinculan a Urresti con otros casos de violaciones a los derechos humanos en esos años que estuvo en Ayacucho.


Susana Villarán fue alcaldesa de Lima entre 2011 y 2014, cargo que obtuvo al ganar las elecciones encabezando una coalición de izquierda. Antes de eso, había sido secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos e integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Por su trayectoria en defensa de los derechos humanos, su aceptación de postular a la vicepresidencia secundando a un ex militar como Urresti, procesado judicialmente por el asesinato de un periodista y que ha atacado a los organismos de derechos humanos acusándolos de defender terroristas, ha sorprendido a todos y ha indignado a muchos, comenzando por los organismos de derechos humanos y los familiares de las víctimas.


Villarán, que también postulará al Congreso, ha justificado su respaldo a Urresti diciendo que confía en su inocencia. Los testimonios y evidencias parecen decir otra cosa. La familia del periodita Bustíos ha emitido un comunicado en el que señala que el apoyo de Villarán a la candidatura presidencial de Urresti "insulta, veja e indigna a los familiares de víctimas de graves violaciones a los derechos humanos que venimos luchando contra la injusticia, la impunidad y el olvido" y califica esa alianza como "una vergüenza". "Jamás en la historia de América latina se había dado el caso de un acusado por crímenes de lesa humanidad asociado políticamente con una ex integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos", dice este pronunciamiento. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, de la cual Villarán ha sido secretaria ejecutiva, respaldó el comunicado de la familia del periodista Bustíos.


El oficialismo espera explotar la figura de Villarán para intentar lavar el pasado de violaciones a los derechos humanos de su candidato, que, según las encuestas, tiene solamente dos por ciento de respaldo. Está por verse el resultado de esa operación.

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Alcanzar la investidura en dos meses, misión poco menos que imposible

Llegó la cruda después de un domingo electoral de mucho ruido y muchas nueces. Tanto y tantas que las fuerzas políticas españolas y nacionalistas –léase catalanas y vascas– hacen esfuerzos denodados para digerir unos resultados que, salvo a Pablo Iglesias, de Podemos, y Ada Colau, la carismática alcaldesa catalanista de Barcelona, las dejaron descolocadas.


Resultados engañosos como nunca desde la transición que llevó a cabo el fallecido Adolfo Suárez, el hombre que siendo hijo del franquismo entendió la necesidad de cambiar de tercio. Contó para ello con dos personajes singulares, ambos de izquierda. Santiago Carrillo, líder histórico del Partido Comunista, y Felipe González, el hombre que se adueñó de la sala de controles del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde la clandestinidad.


Entre los tres parieron los históricos Pactos de la Moncloa. Ese acuerdo que dejó insatisfechas a las fuerzas nacionalistas vasco-catalanas es hoy un modelo fuera de foco, inservible. Los votantes dijeron ayer que están cansados de las mismas caras y de una corrupción que, en mayor o menor medida, afecta a los dos partidos que capitalizaron la mentada y nunca terminada transición española.


La irrupción de Podemos a nivel nacional y de Colau –más o menos asociada con Podemos– a nivel catalán, es un mensaje para navegantes. Hay que caminar por las calles de la guapa Madrid para escuchar las conversaciones ciudadanas.


Este domingo entró con fuerza lo nuevo, pero lo viejo ahí sigue, con achaques, pero ahí está, en una silla de ruedas si se quiere, pero está. Los partidos más dañados, PP y PSOE, esbozaron este lunes explicaciones que tal vez sirvan para atemperar el desánimo de sus bases, si acaso. Lo mismo sucede con el cascarón llamado Ciudadanos, la joven derecha liderada por Albert Rivera que, soñándose casi en La Moncloa, acabó en el vagón de cola.


Y eso no quiere decir que la izquierda española se renueve y se fortalezca. No va por ahí el cuento. Es perder el tiempo pontificar sobre el significado del 20D. Apenas se abre un nuevo teatro político. El PP de Rajoy dispone de dos meses para ser investido como presidente, y a tenor del ánimo prevaleciente hoy, eso será poco menos que misión imposible.


En ese caso, como ya vaticinan los grandes bancos europeos, habrá nuevas elecciones tan pronto como en 2016. Ningún partido quiere apuntalar a un PP que hace aguas y finge demencia ante la corrupción interna. Es una derecha en retirada, desacreditada por el uso y abuso del poder que le dieron las urnas hace cuatro años.


El drama de la derecha política española es que las huestes de Ciudadanos se llevaron el pasado domingo un trancazo inesperado. Lo fiaron todo a la cara bonita y acartonada de Rivera y creyeron que con eso era suficiente para dar atole con el dedo al electorado de centro derecha. No funcionó el invento. A sus electores potenciales no les gustó ese atole.


Tampoco por la izquierda pintan las cosas de color rosa. La pica en Flandes colocada por Podemos tiene sus bemoles a tenor del comportamiento ciudadano ante las urnas. Si patinan serán pasados a cuchillo sin misericordia. Sucede que los electores pusieron el listón casi en las nubes para todos los partidos. La ciudadanía, como nunca antes, tiene la seguridad de que su voto es importante, y cuenta y pesa.


Los fraudes electorales en estas latitudes son prácticamente imposibles, y si se dan es a niveles ínfimos. Nada que ver con historias harto conocidas en México y en otros países de América Latina y de otras latitudes. Hasta las televisoras están sujetas al ojo crítico ciudadano. Lo que no gusta no se ve ni se oye.


Por eso el pasado 20 de diciembre pasó lo que pasó. Habló la calle y las urnas reflejaron ese estado de ánimo.


Comicios españoles: ¿hacia una gran coalición?


Joan Martínez Alier

En escaños y más todavía en votos, ha ganado claramente la izquierda. Sus fuerzas son en teoría suficientes para formar gobierno. El Partido Popular (PP, derecha tradicional española) con sus 123 escaños más los 40 de Ciudadanos (centro derecha), suman solamente 163 escaños en el Parlamento, que tiene 350.


En cambio, los 90 escaños del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), los 69 de Podemos y sus aliados regionales, los nueve de Esquerra Republicana de Cataluña, los dos de Izquierda Unida (que malgastó muchos votos porque solamente entró en alianza con Podemos en Cataluña y Galicia), y los dos de Bildu, del País Vasco, suman 172. Los 15 que faltan hasta 350 son ocho diputados de la centro-derecha catalana, seis del PNV vasco y uno de Canarias.


La mayoría en el Parlamento son 176, o sea que un gobierno PSOE-Podemos con 172 votos dependería de la abstención de Ciudadanos o de varios de esos 15 diputados. Los ocho catalanes y los seis vascos seguramente se abstendrían en la investidura de presidente de gobierno, les sería difícil por el contrario apoyar un gobierno del PP con Ciudadanos.


Por tanto, si el PSOE no ensaya un gobierno con Podemos es porque no quiere. Seguramente la aritmética le permitiría incluso prescindir de los cuatro incómodos votos favorables de Bildu e IU. Pero sí que haría falta negociar la abstención de Ciudadanos o, más coherentemente, conseguir los nueve votos de Esquerra Republicana a cambio de una promesa de eventual referendo de independencia en Cataluña, algo que está en el programa de Podemos, pero difícil de digerir por el PSOE.


Podemos, en estas elecciones, ha tenido éxito particular en Cataluña, Valencia, Galicia y el País Vasco. Puede ser que la estructura interna de Podemos se encamine hacia una especie de confederación de izquierdas políticas más o menos autónomas, con grupos de este tenor también en Aragón y Castilla, y en Adalucía, donde el PSOE continúa triunfando por ahora.


Ha ganado la izquierda. La posibilidad aritmética de un gobierno de PSOE y Podemos realmente existe, y ese gobierno podría desarrollar en lo económico un programa un poco contrario a la austeridad de Merkel, podría aliarse al nuevo gobierno de izquierda de Portugal. Así el PSOE podría hacerse perdonar despacito su alianza con el PP para modificar el artículo 135 de la Constitución (al inicio de la crisis económica y por exigencia exterior) imponiendo como prioridad del presupuesto nacional el pago de la deuda. Sacar a Mariano Rajoy del poder podría también llevar a más rápido castigo de los casos de corrupción del PP y a que se olvidaran un tanto los del PSOE.


La prensa internacional conservadora más bien recomienda otra vía. Como el deseado gobierno PP más Ciudadanos no tiene escaños suficientes (suman solamente 163, les faltan 13) y como el PP y sobre todo Ciudadanos son anatema, por españolistas, para los partidos catalanes y vascos moderados, la alternativa conservadora es una gran coalición entre el PP y el PSOE, cambiando algunos de los líderes. No me gusta nada esta alternativa, pero me parece probable. Una gran coalición como en Alemania, elogiada por la Comisión Europea y que al tiempo intente poner coto a la rebelión catalana y relegue a Podemos a su papel de oposición juvenil y simpática.


El PP y el PSOE juntos tienen 213 escaños, tres quintas partes del parlamento; ambos son partidos monárquicos, hicieron juntos la transición de la cual los franquistas salieron tan bien librados. Ese eventual gobierno de coalición a los veteranos socialistas como Felipe González les parece muy bien, en comparación con una peligrosa aventura del PSOE con los muchachos de Podemos. Esa gran coalición apartaría el riesgo de que se ponga en duda las virtudes de la gloriosa transición del franquismo a la monarquía (que incluyó la autoamnistía que se concedieron los franquistas con la aquiescencia del partido socialista de Felipe González y del partido comunista de Santiago Carrillo). Esa gran coalición ampararía mutuamente el pasado y el presente de PSOE y PP ayudando a encubrir sus numerosos delitos. Con el tiempo, otros cuatro años, se iría tal vez olvidando el mal manejo de la economía por ambos partidos durante la burbuja inmobiliaria que duró ocho años y que explotó en 2008, y su cruel gestión de la austeridad posterior. Una Gran Coalición dejaría a los muchos emigrantes jóvenes varados allá donde estén y, como ha ocurrido en estas elecciones, con posibilidad escasa de votar.


Sería la continuación del bipartidismo más allá del bipartidismo; sería un bipartidismo monogubernamental durante cuatro años y después ya se vería.


Esta alternativa dejaría a Podemos aparcado en la oposición. Su prestigio y sus votos aumentarían con el tiempo. ¿Quién sabe? Son jóvenes profesionales, son profesores politólogos, pueden esperar cuatro, ocho años, preparándose para sus futuros años en el gobierno, madurándose y ¬moderándose.

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Lunes, 21 Diciembre 2015 07:35

España, modelo para armar

España, modelo para armar

El PP venció, aunque sin mayoría absoluta, los socialistas se ratificaron como segunda fuerza y los partidos Podemos y Ciudadanos quedaron en tercer y cuarto lugar, con un papel clave en la búsqueda de pactos para el nuevo Ejecutivo.


El bipartidismo perdió el mando de la política española y el Partido Popular (PP) perdió su mayoría absoluta, pero el grupo de Mariano Rajoy ganó las elecciones y el Partido Socialista (PSOE) se reafirmó como segunda fuerza. Nada es blanco o negro tras las elecciones presidenciales de este domingo en España. La pluralidad que ya modificó las reglas de juego durante la campaña electoral se ratificó en las urnas y el Congreso a partir de hoy se verá fragmentado como nunca. El partido encabezado por Mariano Rajoy obtuvo la victoria con 123 escaños y un 28,7 por ciento de los votos, el PSOE resultó segundo, con el 22 por ciento de los votos y 92 escaños, Podemos quedó en tercer lugar, con 69 diputados y Ciudadanos se convirtió en la cuarta fuerza con 40 parlamentarios, protagonizando una de las sorpresas de la noche tras meses de encuestas que le auguraban un ascenso mucho mayor.


Dado que ninguna agrupación consiguió la cantidad de escaños suficientes (176) para hacerse con la mayoría absoluta requerida para investir al nuevo presidente, la única salida es la búsqueda de pactos. Los partidos de centroderecha (PP y Ciudadanos) consiguieron juntos tan solo un diputado más (163) que los de izquierda (PSOE, Podemos e Izquierda Unida), lo cual implicará no sólo sentarse a negociar sino también hacerlo alrededor de una mesa más grande. Tanto el hipotético frente de izquierdas como el de derechas necesitarán incluir a otros partidos afines para formar gobierno, y las agrupaciones que también obtuvieron representación parlamentaria en estos comicios son la izquierda independentista catalana, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y los secesionistas de centroderecha Democràcia i Llibertat, con 9 escaños cada uno; los nacionalistas vascos PNV (6 diputados) y EHBildu (2 diputados), y Coalición Canaria (1 parlamentario).


Se abre así un abanico múltiple de posibilidades que deja al país ante las elecciones más inciertas de su historia. Todos hacen sus apuestas pero recién a partir de hoy los partidos empezarán a reunirse para plasmar en la realidad sus ofertas e intentar investir presidente antes de que se cumpla el plazo de dos meses marcado por la ley. Si eso no ocurre, el rey firmará un decreto y convocará nuevas elecciones.


De momento, lo que sí se puede afirmar en base a los resultados de estos comicios es el final de una era política marcada por el bipartidismo. El PP perdió 63 diputados respecto a 2011, quedándose con 123 muy lejos de la mayoría absoluta que ostentó durante su última legislatura. El PSOE, la otra gran fuerza tradicional, también bajó en 19 escaños con respecto a los que sacó en las anteriores elecciones y el porcentaje de votos obtenido fue cinco puntos menor. En cambio, dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, irrumpieron con fuerza en el Parlamento convirtiéndose en pieza clave para la formación de un nuevo Ejecutivo.


"Hoy ha nacido una nueva España que pone fin al sistema del turno", afirmó Pablo Iglesias, líder de Podemos, al valorar los resultados en la sede de Madrid. Con más de cinco millones de votos y 69 escaños en el Congreso de los Diputados, el partido heredero del movimiento indignado se situó como tercera fuerza política, a 400.000 votos del PSOE. El apoyo en las urnas se vio reflejado, principalmente, en territorios clave como Cataluña y el País Vasco, donde son primera fuerza; y en antiguos bastiones del Partido Popular como Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra, Baleares y Madrid, donde ocupan ahora el segundo lugar.


En su comparecencia, Iglesias condicionó cualquier acuerdo con otros partidos a que se reforme la Carta Magna y a tres puntos que, para su formación, son "inaplazables e imprescindibles": el blindaje en la Constitución de los derechos sociales, la reforma del sistema electoral y el revocatorio ciudadano a mitad del mandato si el presidente no cumple su programa. Según fuentes del partido, la intención es esperar a después de las fiestas para negociar y pensar con calma una decisión que los coloca en una seria encrucijada. Los números de escaños instan a Podemos a investir a Pedro Sánchez para no permitir la continuidad de Mariano Rajoy al mando del país pero eso significaría un suavizamiento –aún mayor del que ya vienen haciendo– de su discurso. Iglesias, consciente de ello, quiso tomar distancia de esta posibilidad y recordó que el PSOE "ha obtenido el peor resultado de toda la democracia".


Cierto es que los socialistas, con 90 escaños y el 22,02 por ciento de los votos, consiguieron el número más escaso de diputados en toda su historia –muy por debajo de los 110 que logró en 2011 con Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato– pero, pese a todo, Pedro Sánchez logró mantenerse a flote dentro del partido y seguir siendo la segunda fuerza más votada. Y no solo eso. El líder del PSOE sería, de momento, la opción más probable para encabezar un Ejecutivo progresista en la nueva legislatura. Sánchez asumió, sin embargo, la victoria del Partido Popular e instó a la formación que dirige Mariano Rajoy a buscar su investidura. "España quiere izquierda y quiere cambiar, pero los españoles hoy (por ayer) han decidido que la primera fuerza política sea el PP. Por eso felicito a Mariano Rajoy y al Partido Popular y corresponde a la primera fuerza política intentar formar Gobierno", afirmó ante los más de trescientos simpatizantes que llenaron la sede socialista de la capital.


El PP fue el partido más votado pero a su cabeza de lista, Mariano Rajoy, le será muy complicado formar una mayoría que le permita gobernar. "Voy a intentar formar un Gobierno estable", aseguró el hasta hoy presidente de los españoles en un breve discurso desde el balcón de la sede de su grupo en Madrid. Sin embargo, los resultados de ayer no respaldan su optimismo. Además de perder 63 escaños y más de 4,5 millones de votos frente a los de las elecciones generales de 2011 –cuando Rajoy obtuvo el mejor resultado del Partido Popular, 186 escaños– el PP cuenta con un posible aliado mucho menos poderoso de lo que parecía. El desinfle de Ciudadanos, que prometía alcanzar el segundo puesto y se quedó en el cuarto, hizo que entre los dos juntaran un número de diputados insuficiente para la mayoría absoluta y necesiten buscar nuevas alianzas.


Albert Rivera, líder de Ciudadanos, evitó calificar lo sucedido e hizo hincapié en "la nueva etapa de esperanza e ilusión, una nueva etapa política que empieza en España". Rivera proclamó que "se acabó la resignación", puesto que "vamos a participar del cambio político de este país con 40 mujeres y hombres valientes que van a pensar en el futuro de los ciudadanos". Y advirtió que el cambio se llevará a cabo de forma conjunta con los 350 diputados de las Cortes Generales: "Van a ser nuestros compatriotas y no mis enemigos", aseguró, a la vez que incidía en el papel "decisivo" de su agrupación "para formar unas mayorías para gobernar este país".


Aunque el partido emergente "naranja" se postuló durante toda la campaña como la verdadera "llave de gobierno" y las encuestas, sobre todo al principio, parecían corroborarlo, el grupo de Rivera no voló tan alto y la clave pasó a manos de formaciones regionales que son, en su mayoría, nacionalistas. Ante la mínima diferencia que aleja al posible grupo de centroderecha conformado por PP y Ciudadanos del de centroizquierda de socialistas, Podemos e Izquierda Unida, la única forma que tienen ambos bloques para que las cuentas cierren y puedan conseguir mayoría es aglutinar otros partidos con representación en el Parlamento.


Entre estos grupos, el PP cuenta con muy pocos amigos. Su gobierno en solitario durante los últimos cuatro años lo apartaron del diálogo con otras fuerzas políticas y más aún con representantes de opciones independentistas, aunque estas sean también conservadoras, como Democràcia i Llibertat –la nueva marca de Convergència, el partido de Artur Mas en Cataluña–, que sacó 5 escaños, y el Partido Nacionalista Vasco (PNV), con otros 6.


Por el lado de la hipotética coalición de izquierdas, el acuerdo se presenta algo más factible dado que los grupos secesionistas de Cataluña y País Vasco (ERC y EHBildu) podrían apoyar a Podemos si este mantiene la que hasta ahora fue una de sus condiciones infranqueables: la celebración de un referéndum de autodeterminación.


La izquierda se renueva y se fortalece

Por Emir Sader


Junto con España, la izquierda española también ha cambiado. Esa es la diferencia esencial respecto de las elecciones nacionales anteriores. Del marco bipartidista, con el PSOE igualmente comprometido con la austeridad junto al PP y con Izquierda Unida incapaz de capitalizar el descontento de amplios sectores –especialmente jóvenes– de la población, al marco actual, mucho ha cambiado y Podemos ha sido el gran responsable del cambio.


El fenómeno más marcado de las elecciones ha a sido la irrupción de Podemos. Conquistar más de 5 millones de votantes y 69 parlamentarios –que serían varios más, si no fuera por la injusta repartición de los escaños–, volverse la primera fuerza en Cataluña y en el País Vasco –por medio de una hábil política de alianzas– es un hecho inédito en la vida política española. Renueva y refuerza a la izquierda, con un programa claramente de rechazo a las políticas de ajuste.


La subida de Podemos en el tramo final de la campaña ha sido el resultado de la militancia política de la organización, pero sobre todo del brillante desempeño de su líder, Pablo Iglesias, en los debates públicos. Todas las encuestas le dieron ganador con amplísima ventaja.


En su discurso de anoche, Iglesias destacó que Podemos es la única fuerza que puede dar solución a los problemas territoriales de España, justamente por su triunfo en Cataluña y en el País Vasco. Los otros puntos recalcados por él podrían ser incorporados por el PSOE, en caso de que el partido se propusiera gobernar con un frente de izquierda, al estilo de Portugal. Pero las posiciones radicalmente opuestas de los socialistas y de Podemos respecto de Cataluña bastan para impedir que esa vía hoy aparezca como posible.


La probable crisis de gobernabilidad a la que se adentra España a partir de los resultados electorales de ayer, deja a Podemos en una posición expectante. Con su trayectoria ascendente, debe ser un factor que inhiba a los partidos tradicionales –ambos en curvas descendentes– de apelar a nuevas elecciones en pocos meses. Mientras la crisis afecta también a Izquierda Unida, que casi ha desaparecido, los buenos resultados de Podemos animan a su militancia política frente a las enormes responsabilidades que se le plantean en la nueva fase histórica en la que ha ingresado España.

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Elecciones en España: mucho ruido y pocas nueces

Nunca en estos 40 años de monarquía parlamentaria los medios de comunicación han jugado un papel tan determinante en el proceso electoral. Han condicionado –hasta el extremo de ignorar candidatos, coaliciones, formaciones políticas e invisibilizar opciones– para favorecer una visión manipulada e interesada de quienes se jugaban ser alternativa de gobierno. En este sentido ninguno de ellos constituye una amenaza para el sistema. Los cuatro están de acuerdo en lo fundamental y gozan del beneplácito de los empresarios, la banca y las instituciones europeas, más allá de los discursos estridentes.


Por hacer memoria. En el plazo de un año de vida Podemos ha pasado de promover el sí a la renta básica, el impago de la deuda, la salida del euro, la nacionalización de las compañías eléctricas, las telecomunicaciones, la banca, los transportes, el sector sanitario, a un no sin paliativos. Ya no defiende la jubilación a los 60 años y se suma a la reforma laboral del PSOE y del PP.


Asimismo, del no a la OTAN pasa a un sí. Igualmente, de rechazar las empresas de trabajo temporal a reconocer su valía. Y en política internacional no ha sido menos su transformación. No es de extrañar que el presidente de la Cámara de Comercio y la presidenta del consejo de administración del Santander señalen que no hay por qué temer a Podemos. Ahora ellos mismos han pasado a definirse como nuevos socialdemócratas, continuadores de la labor progresista de los primeros gobiernos de Felipe González y Rodríguez Zapatero.


En otro orden de cosas, tampoco habíamos asistido a una mentira construida para hacer creíble un discurso falaz y maniqueo: presentar la realidad política de España como un sistema bipartidista, imperfecto, pero al fin y al cabo bipartidismo. En España nunca ha existido tal situación; cuestión diferente es la existencia de partidos hegemónicos, Partido Popular y Partido Socialista. Ambas organizaciones, en momentos determinados, han conseguido la mayoría absoluta, lo cual les ha permitido gobernar en solitario.


No es lo mismo partidos hegemónicos que bipartidismo. Mientras uno de los dos partidos gozó de la mayoría absoluta, aplicó la política del rastrillo. Así aprobaron recortes, la guerra del Golfo, privatizaciones, rescates bancarios y concesiones de soberanía y seguridad, sin olvidar las leyes mordaza y de restricción a las libertades ciudadanas.


Sin embargo, cuando tal situación no se ha producido, Partido Popular y PSOE han sido obligados a pactar, negociar, llegar a acuerdos y construir legislaturas abiertas y con coaliciones de coyuntura. Para estos fines han servido las minorías vasca, catalana, navarra o partidos regionales con uno o dos diputados.


La situación que hoy se presenta como novedad no lo es tanto; la diferencia estriba en la emergencia de nuevos actores que sustituyen a otros o, mejor dicho, expresan nuevas voluntades, que en nada suponen desestabilizar el régimen, más bien lo apuntalan. Bien es cierto que parte de los votos de los partidos hegemónicos han ido a parar, mayoritariamente, a sus hermanos de sangre: Podemos, con respecto al PSOE, y Ciudadanos, en relación con el Partido Popular. En este sentido los datos son elocuentes: con 96.2 por ciento de los votos escrutados, según cifras oficiales del Ministerio del Interior, el PP logra 123 diputados y el PSOE 90. Entre ambos conservan 50 por ciento de los votos emitidos, el equivalente a 13 millones de votos de los 25 millones que acudieron a las urnas (73.6 por ciento de participación).


Por otro lado, Ciudadanos alcanza 13.9 por ciento, 3 millones y medio de votos, y 40 diputados; Podemos se sitúa con 12.6 por ciento de los votos y 42 diputados. Constituye una manipulación mal intencionada concederle como suyos los diputados electos pertenecientes a las coaliciones de las cuales forma parte junto con movimientos sociales y partidos de izquierda. Anove, en Galicia; Compromis, en Valencia, e Izquierda Unida, Iniciativa, PSUC e independientes, en Cataluña. Lo cual no supone desconocer un porcentaje mayor si fuese posible desagregar a quienes votaron a Podemos dentro de las coaliciones. En otras palabras, no todos los diputados electos de estas listas pertenecen a Podemos.


Lo cierto es que el mapa electoral se rediseña y un gobierno de coalición se advierte como resultado de la fragmentación del voto. Pero no será viable a cuatro bandas. Se intuye una legislatura inestable, a lo cual hay que agregar una hipotética convocatoria de elecciones anticipadas a medio plazo. Salvo sorpresas de última hora, acuerdos a tres bandas, entre los cuatro primeros más votados, se antojan improbables. Unos y otros han mostrado su reticencia bien a Podemos, al Partido Popular o Ciudadanos. Recordemos que el congreso lo conforman 350 diputados, situándose la mayoría para formar gobierno estable en 176 curules.


La casi desaparición de la izquierda política en el parlamento, por el descalabro de Izquierda Unida, acosada por una campaña espuria llamando al voto útil para traspasarlo a Podemos y el PSOE, le hace perder 800 mil votos. Ayer, con dos diputados, alcanza 3.7 por ciento de los votos. Unión Progreso y Democracia (UPD) desaparece. La que sí mantienen su fuerza con altos y bajos es la derecha vasca y catalana. El voto nacionalista se decanta mayoritariamente hacia el PNV, Ezquerra Republicana y la nueva derecha salida de la ruptura de Convergencia y UPD, con el proyecto independentista.


En conclusión, mucho ruido y pocas nueces. No habrá crisis de régimen, gobiernos de izquierda, cambios constitucionales de gran calado o un cuestionamiento de la casta. Ahora se antoja un tiempo de espera en el cual, lo más probable, será una restructuración de los dos grandes partidos hegemónicos bajo la atenta mirada de Estados Unidos, la Troika y el Ibex 35.

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Domingo, 20 Diciembre 2015 06:51

Brasil: intentar entender la crisis

Brasil: intentar entender la crisis

Para Brasil 2015 quedará en la memoria como un año con muchos más de 365 días, todos vacíos. Un año de crisis sin tregua ni sosiego, con un gobierno acosado e inerte, un Congreso –especialmente la Cámara de Diputados– saboteador y paralizante, un aumento asombroso en los índices negativos de la economía, en el crecimiento del desempleo, la corrosiva amenaza sobre las conquistas sociales de la última década y media.


Brasil tiene una importancia geopolítica indiscutible. Es el más poblado país de América Latina. Su economía, la mayor de la región, está –pese a todo– entre las ocho o nueve mayores del mundo.


Hasta hace un par de años, las conquistas alcanzadas, especialmente a raíz de los programas sociales implantados por el mismo PT, que sigue en el gobierno, eran mencionadas como ejemplo para todos.


¿Qué pasó? ¿Cómo se puso todo eso en riesgo? ¿Dónde se fracasó?


Aparte de las inepcias y la escasísima habilidad política de Dilma Rousseff, y los equívocos de la propuesta económica de los dos últimos años de su primer mandato (2011-2014), ¿cómo se llegó a semejante panorama de casi ruina?


¿Será todo por culpa de Dilma y del PT? ¿Ese océano de denuncias de corrupción que ahoga al país empezó con el PT? ¿Cómo gobernar un país dentro de tamaña confusión? ¿Por qué Dilma y su partido eligieron de manera tan desastrada sus aliados, que traicionan con la misma facilidad con que respiran?


Si para los brasileños esas son preguntas cuyas respuestas son difíciles de encontrar, para los lectores extranjeros mucho más complicado será.


Brasil vive un régimen presidencialista, acorde a su Constitución. Ocurre que solamente en el Congreso, mientras escribo, existen nada menos que 27 partidos. Y digo mientras escribo porque a cualquier momento puede surgir otro.
Hace poco, fue creado el PMB, Partido de la Mujer Brasileña. Su bancada cuenta con 20 diputados, de los cuales, 18 son hombres y dos mujeres.


O sea, gracias a la flexibilidad de las leyes para que cualquiera invente un partido político y llegue al Congreso, aunque sea con un solitario representante, será imposible que un presidente sea electo con una mayoría en el Congreso que le permita gobernar.
No le quedará otra que estructurar una alianza, que jamás será programática, sino siempre pragmática. Es decir, las alianzas se darán a cambio de cargos, puestos y presupuestos. Con semejante pulverización de partidos, será imposible armar una alianza con coincidencias ideológicas, políticas o programáticas.


Le pasó a Fernando Henrique Cardoso en sus dos presidencias (1995-2002), igual que a Lula da Silva (2003-2010), y le pasa ahora a Rousseff.


Tenemos, entonces, la primera puerta de entrada al caos. Mientras la legislación electoral sea tan blanda como es, aceptando una treintena de partidos sin ninguna barrera de reconocimiento de representatividad (un mínimo, por ejemplo, de 3 por ciento de votos en plan nacional), ningún presidente electo logrará armar alianzas confiables. Lo que significa que ningún mandatario estará inmune al chantaje.


La coalición de Rousseff cuenta con más de una decena de partidos. Entre ellos, bancadas ultraconservadoras, controladas por autonombrados pastores evangélicos, y también el Partido Comunista de Brasil. Y, lo más grave, integrada por el PMDB, que desde el retorno de la democracia jamás dejó de integrar un único y solitario gobierno: su lema no es aprovechar oportunidades, sino hacer imperar el oportunismo.


Esa es una de las raíces de toda turbulencia: lo que se llama presidencialismo de coalición, desde la elección del socialdemócrata devenido en neoliberal Fernando Henrique Cardoso, que en sus dos mandatos presidenciales (vale repetir: 1995-2002) hizo lo que pudo para controlar el Congreso.


En esa época hubo corrupción (compra de votos parlamentarios para cambiar la Constitución y poder relegirse, por no mencionar los procesos de privatización de paraestatales a precio de banana), y se estableció el esquema que, hoy por hoy, sofoca al país. Más que gobierno de coalición existe un presidencialismo de cooptación. No hay coincidencias, hay trueque.


La otra raíz del caos. Las campañas presidenciales en Brasil cuestan más que las de Estados Unidos. Ninguna de las que han ganado costó menos de cien millones de dólares.


Las campañas en Brasil no son exactamente políticas, son publicistas. No se dan a conocer al electorado las ideas y propuestas de los candidatos, se venden productos, como si los aspirantes fuesen jamón o jabón.


Aécio Neves, un playboy provinciano, mentía al hacerse pasar por un tipo del pueblo. Dilma Rousseff mentía al decir lo que no haría e hizo tan pronto fue declarada vencedora.


Las campañas son financiadas por las llamadas donaciones. ¿Los mayores donantes? Bancos, frigoríficos (Brasil es un gran exportador de carnes), y principalmente los gigantes de la construcción. ¿No sería más honesto decir inversiones en campañas?
No se elige un diputado nacional por menos de un millón de dólares. En sus cuatro años de mandato, él no ganará semejante suma. ¿Cómo pagará sus deudas electorales? Defendiendo los intereses de sus financiadores de campaña. Ni modo.


Ahí está la fuente de la corrupción. En la fragmentación absurda de la representación parlamentaria, la generación de alianzas espurias. Y en la financiación por empresas que prestan servicios a los gobiernos.


Hay, claro, otras raíces más para los males que mi país padece. Pero con esas dos ya nos bastaría...

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Sábado, 19 Diciembre 2015 06:46

Por ahora

Por ahora

No hubo derrota popular más dura que el 27 de febrero de 1989. Al rebelarse contra el paquete económico del Fondo Monetario Internacional, millares fueron asesinados en las calles, sin que izquierda ni oficialidad patriótica pudieran coordinar esfuerzos para defenderlos.

Casi tan grave como la precedente fue la derrota del 4 de febrero de 1992. Ni masas ni izquierda lograron organizar movilizaciones en su apoyo; decenas de militares patrióticos perdieron vidas o carreras; el triunfo de la derecha parecía definitivo.

Por ahora.

No nos engañemos. La disputa por el poder político en Venezuela es sólo un medio para el control de la quinta parte de los hidrocarburos del planeta.

En esa lucha la oposición acaba de obtener 112 de 167 escaños en la Asamblea Nacional. Tres de ellos corresponden a representantes indígenas, a quienes el bolivarianismo concedió más derechos que a cualquier otro gobierno. Son más de 2/3 y 3/5 partes que la Constitución exige para medidas de gravedad extrema. No corresponden a un crecimiento de la derecha, que en la elección presidencial de 2013 obtuvo 7 millones 363 mil 980 sufragios y ahora junta 7 millones 707 mil 322, apenas 4.22 por ciento más. Se trata de una abstención del voto bolivariano ante la inacción del gobierno contra corruptos, acaparadores y especuladores.

En Los cuentos del Arañero, narra Hugo Rafael Chávez que Fidel le dijo: "Mira, una conclusión que he sacado, tu dijiste en el discurso...". Y peló por el discurso, el discurso mío lo tenía completico, y un resumen, y analizado por su propia letra, notas y números. Me dijo: "Tu dijiste en tu discurso una frase, una cifra, que hace 10 años había en Venezuela 600 mil estudiantes universitarios, hoy hay 2 millones 400 mil". Eso es cierto, un crecimiento de 400 por ciento. Pero él tenía una lista larga de avances en educación, salud, todo lo que hemos logrado, los avances sociales en estos 10 años. Y me dijo: "He sacado una conclusión, Chávez. Ninguna revolución que yo conozca, ni la cubana, logró tanto por su pueblo en lo social, sobre todo en tan poco tiempo como la revolución bolivariana". ¿Saben cuál es la segunda? Así me lo dijo: "He concluido que ustedes no quieren sacarle provecho político a estos avances sociales".

Como en tantas otras cosas, Fidel tenía razón. En Venezuela arrastramos una tremenda carencia de formación ideológica. No ha habido experiencias consistentes de escuelas de formación de cuadros. Se ha entregado al pueblo todo: atención médica gratuita, alimentos, medicinas y combustible subsidiados y 900 mil viviendas equipadas en los últimos años, 350 mil pensiones, millares de taxis nuevos, computadoras para los cursantes de educación primaria y tablets para los estudiantes de educación superior, la cual es casi toda gratuita. Por falta de una campaña educativa, una parte del pueblo ha llegado a creer que todo eso cae del cielo, que no presupone un arduo trabajo ni hay que defenderlo, que podrá superarlo el primer demagogo neoliberal que cambie promesas por votos.

A la abstención del gobierno de combatir corruptos, especuladores y acaparadores correspondió la abstención del pueblo de votar.

Pero la ultraderecha trabaja incesantemente con sus errores en favor de la izquierda. Falta un año para las elecciones de gobernadores y asambleas legislativas de los estados.

Durante ese año escaso la derecha proseguirá su ininterrumpida acción de 17 años para la destrucción del poder bolivariano. Alegará que la derrota de los bolivarianos es plebiscito que debe obligar a la renuncia del Presidente; convocará contra éste a un referendo revocatorio; destituirá vicepresidentes y ministros mediante votos de censura; negará la sanción para la Ley de Presupuesto y créditos adicionales; derogará la Ley Habilitante y todas las que consagren beneficios sociales; negará la autorización para celebrar contratos de interés nacional; negará permiso para designar a los jefes de las misiones diplomáticas permanentes. Nombrará nuevos miembros del TSJ, nuevos rectores del CNE y nuevos fiscal general, contralor y defensor del pueblo, en cuanto venza el periodo de los actuales titulares o éstos sean destituidos con cualquier pretexto. Legislará la restitución a sus cargos con salarios caídos de la nómina mayor de Pdvsa que intentó destruir la empresa. Dispondrá la reprivatización de todas las empresas estratégicas nacionalizadas. Intentará destituir al Presidente con recursos que no detallamos para no darle ideas.

Pero en el año que falta para las elecciones de gobernadores y asambleas legislativas estadales, la derecha puede ahuyentar todos los votos que ha obtenido con engaño aplicando de nuevo las medidas neoliberales que le quitaron el poder y que no puede dejar de aplicar. Continuará subiendo los precios hasta hacerlos incosteables, acaparando, desapareciendo bienes, especulando. Oportunas leyes anularán las prestaciones sociales de los trabajadores, consagrarán los despidos a capricho del patrón y restablecerán los créditos indexados, con intereses sobre los intereses. Otras normas liberarán precios, alquileres y tasas de interés; aniquilarán progresivamente la educación gratuita; eliminarán subsidios; dispondrán el fin de las misiones y reformularán el presupuesto para reducir en más de la mitad 61 por ciento del egreso público que hoy se dedica a inversión social. Leyes de amnistía devolverán la libertad a terroristas, corruptos, sicarios, delincuentes bancarios y paramilitares. La parapolítica impune pasará a ocupar un sitio normal en el cuadro institucional, lista para crear el cuadro de confrontación violenta que sirva de pretexto para una intervención foránea.

La falta de sanción para corruptos, especuladores y contrabandistas de extracción puede así acarrear la pérdida de Venezuela y la de América Latina. ¡Qué cara, qué incomparablemente costosa nos está saliendo la impunidad de esos compañeritos!

Antes que preguntarnos qué planea la derecha, resolvamos qué deben hacer las fuerzas progresistas. Primero que todo: ejercer el derecho de veto presidencial contra leyes que destruyan derechos sociales o instituciones indispensables para la soberanía. Segundo: terminar con la impunidad de corruptos, acaparadores, especuladores y contrabandistas de extracción, sancionándolos en forma ejemplar e implacable, para probar al electorado que se abstuvo que no hay complicidad entre esos delincuentes y el gobierno. Tercero, reformar el aparato comunicacional que está en su poder para explicar de manera eficaz al pueblo el verdadero sentido y las ventajas del socialismo, y hacerle patente lo que el neoliberalismo le arrebatará. Cuarto, poner en pie de lucha movimientos sociales, sindicatos y otras organizaciones contra la venidera arremetida neoliberal, que se traducirá en despidos masivos, retiro de derechos laborales y de pensiones. Quinto, hacer valer la disposición constitucional que pauta que las conquistas sociales son irreversibles. Sexto, extremar las medidas policiales y de seguridad contra el paramilitarismo, que ya se perfila como el brazo armado del neoliberalismo. Séptimo, iniciar una profunda restructuración del Partido Socialista Unido de Venezuela y de otras organizaciones del Polo Patriótico para corregir fallas, ineficiencias, burocratismos y usos ventajistas del poder. Octavo, desechar radicalmente la idea de pactos o componendas "pragmáticas" con el empresariado y la derecha, en vista de los resultados catastróficos de la convivencia hasta ahora aplicada. Noveno, reforzar la formación ideológica de los militantes y la del pueblo en general. Décimo, predicar con el más convincente de los argumentos: el ejemplo.

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Sábado, 19 Diciembre 2015 06:36

Bogotá Humana

Bogotá Humana

La alcaldía humana se despide anunciando la futura inauguración de la nueva Cinemateca distrital.

 

La administración del alcalde Gustavo Petro al frente de la capital de Colombia terminará cuando acabe este 2015. Se acaba la etapa de la Bogotá Humana. Habrán sido cuatro años de peleas y luchas por mantenerse al frente de uno de los consistorios más complicados en una de las ciudades más difíciles de gobernar en un siempre dificultoso país.


Un alcalde que ha intentado cumplir el lema de su mandato, "Bogotá Humana", y que ha tenido que lidiar con gigantes y con molinos para lograrlo. Su tarea no ha sido nada fácil (ver "No se va, le echan"). Los poderes, empezando por los medios masivos tradicionales, tanto la prensa, como la radio y la televisión, excepción hecha de Canal Capital, le han puesto todas las zancadillas posibles. Y gran parte de la ciudadanía, increíblemente también en los sectores populares por los que más ha trabajado, no ha terminado de entender el enfoque progresista del burgomaestre.


A ello también ha contribuido, creo yo, una mala política de comunicación distrital.


Tal vez el tiempo, o la historia, como decía Fidel Castro, le absolverá y le reconocerá su labor. Una labor que destaca, sobre todo, en la cultura, en la recuperación del espacio público y en la inclusión social de todas y todos los habitantes de esta macro urbe de casi nueve millones de personas (censo oficioso que nadie sabe a ciencia cierta en qué cifra se encuentra).


En estos últimos días del año, Petro está aprovechando para inaugurar o promover las últimas de sus acciones como alcalde. Hoy, viernes 18 de diciembre, ha presentado la futura nueva Cinemateca distrital "un centro cultural que fomentará la defensa del patrimonio cultural y la evolución integral de la cultura audiovisual, a través del desarrollo de programas de formación, creación, exhibición, investigación y publicaciones y de acciones de preservación, restauración y circulación del acervo audiovisual consignado en su Filmoteca y en su Mediateca."


Este espacio cultural, que será ambientalmente "amigable", al aprovechar la luz solar y canalizar el agua de lluvia, estará ubicado en los terrenos que iba a ocupar el centro cultural de España y que, gracias a la crisis que se vive en Europa, han retornado al consistorio bogotano. Más de veinte mil metros cuadrados en pleno centro de la capital, en la esquina de la carrera Tercera con la calle 19. Ese centro al que esta administración municipal le ha invertido ganas, esfuerzo y plata para revitalizarla.


La cinemateca será el espacio, en palabras de Santiago Trujillo, director del Instituto Distrital de las Artes, "donde se guardará la memoria audiovisual de la sociedad". Una sociedad que necesita tener memoria, que, en estos tiempos de negociaciones de paz, tiene que seguir perdonando sin olvidar.


En el transcurso del acto, en el que también han intervenido la secretaria distrital de Cultura, Clarisa Ruiz, y la responsable de la Empresa de Renovación Urbana, se ha presentado, y entregado un ejemplar a cada una de las personas asistentes, Bogotá Arte Urbano – 80 grafitis 2012 – 2015, una obra recopilatoria de ochenta de los grafitis con los que se ha decorado la ciudad a lo largo de estos cuatro años. En lo que ha sido "la mayor intervención de arte urbano" en una capital que le ha apostado a llenar de color el espacio público, permitiendo que la gente se exprese, haciendo que las paredes comuniquen (ver "paredes que comunican") y narren realidades de una sociedad viva, activa y abierta.


Esperemos que el nuevo gobierno distrital, que entrará en 2016 a la cabeza del yuppie (aunque no tan joven) de Peñalosa, no tire por tierra lo bueno que han hecho las personas del equipo saliente. Los planteamientos de este nuevo alcalde, que ya lo fue en el período 1997-2000 con su "Bogotá, 2.600 metros más cerca de las estrellas", no parecen ir por el camino de la ciudadanía, lo público y la cultura.


Ya ha planteado la paralización de un metro nunca iniciado y también ha avisado de la posible privatización de ETB (la empresa distrital pública de comunicaciones). Malos indicios para la otra Bogotá. Seguramente que se centrará en la que va de la calle 45 hacia el norte, que promoverá la política del concreto (cemento), los bolardos y el carro privado.


La obra para la construcción de la sede del cine se adjudicará el próximo día veinticuatro, pero no se sabe si la iniciativa llegará a buen fin y podrá llenar un espacio público que, en palabras del alcalde, sufrió hace años una tragedia social al desplazar a sus habitantes de entonces, entre ellos el escritor Jairo Aníbal Niño, por intereses mercantiles.


Tanto Trujillo como Petro han manifestado, durante su intervención en la carpa situada en el espacio que ocupará la cinemateca, su preocupación y el riesgo existente de que la siguiente administración no respete los compromisos y este proyecto, tan necesario para una capital como Bogotá y para un país como Colombia que por primera vez ha situado una de sus producciones en la antesala de los premios Oscar del cine, se quede en el aire, en la imaginación de quienes defienden y aman el séptimo arte y todo lo relacionado con la cultura y las artes audiovisuales.


Para Gustavo Petro, la nueva cinemateca contribuirá a "construir una ciudad democrática", lo que supone "evitar discriminaciones". Ha señalado que en sus años de gobierno distrital ha intentado plantear un progreso distinto al del siglo xx, al margen de los bienes materiales. Ha querido explorar lo nuevo, hacer una especie de revolución en la ciudad sin tomar más armas que las de la cultura. Y ha afirmado que el progreso hoy es "acumular sentires". Porque lo que importa es "sentir y ser, el saber y la cultura", promoviendo la producción cultural para "cambiar actitudes", haciendo "arte en la calle para buscar un nuevo equilibrio entre naturaleza y ser humano".


Más pronto que tarde podremos evaluar y comparar esas actitudes frente a la administración entrante. Quizá echemos de menos la humanidad bogotana del equipo municipal saliente. Tal vez, cinematográficamente hablando, haya que terminar haciendo como los vecinos de aquella maravillosa cinta de Sergio Cabrera, "La estrategia del caracol", y dejarles a los próximos gobernantes, parafraseando el final de la película, un grafiti que rece "Ahí tienen su hijueputa ciudad, a ver qué hacen con ella".

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Miércoles, 16 Diciembre 2015 07:41

Leaks research

Leaks research

Las filtraciones de documentos de interés público le dan motivo a Juan Pablo Darioli para discutir sobre los flujos informativos con la finalidad de mirar las transformaciones en el mundo de la información.


Las filtraciones se convirtieron en un punto central para estudiar los procesos informativos dado el accionar de personas u organizaciones que priorizan el derecho a conocer libremente los temas de interés público, en oposición a cualquier tipo de intermediación de gobiernos, poderes económicos o empresas mediáticas. Esto nos da la noción de que la pelea por la democratización de la vida pública al día de hoy está más que nunca relacionada con la información y los modos en los que ésta circula. Durante el transcurso del siglo XX, los procedimientos periodísticos se fueron adaptando a los diferentes medios de comunicación sin modificaciones sustanciales, al igual que la actividad receptiva, y los análisis se enfocaron al compás de esta adecuación. Siempre tomando como referencia los roles. En cambio, sí fue sufriendo una modificación significativa la dinámica de los flujos informativos, fraguando en la actualidad en un panorama disruptivo que jaquea el funcionamiento del sistema de medios tradicionales. Al punto de estar obligados a preguntarnos qué significa informar/informarse en un escenario tan fragmentado para el emisor/receptor y qué vigencia tiene sostener la mirada investigativa en roles tan difíciles de dividir. Por eso, la propuesta de estas líneas es centrarse en los flujos para mirar las transformaciones en el mundo de la información. Mucho tienen que ver en esto los episodios protagonizados por las filtraciones de documentos de interés público en el mundo.


Los referentes más importantes del movimiento leaks no sólo han protagonizado filtraciones de información reservada sino que también tienen una lectura política y, por sobre todo, una reflexión deontológica emergente de sus acciones. Julián Assange, alma mater de Wikileaks y refugiado político en la embajada que Ecuador tiene en Gran Bretaña, da cuenta de lo que hemos dicho cuando fue entrevistado por Eric Schmidt y Jared Cohen, ambos directivos de Google, para su libro The New Digital Age (2013). Producto de la malversación que hicieron de sus palabras y la utilización contraria al espíritu de la organización que lidera, Assange transcribió la conversación completa y la publicó bajo el título "Cuando Google encontró a Wikileaks" (2014). Allí el australiano se despacha con una visión sobre la circulación informativa: "En el mundo hay personas que observan diferentes aspectos de lo que les está pasado a nivel local; hay otras personas que reciben información de cosas que no les han ocurrido a ellos directamente; y en el medio se sitúan las personas que están involucradas en el desplazamiento de la información desde los observadores directos a los que posteriormente actuarán en base a esa información. Tenemos, por tanto, tres problemas diferentes relacionados entre sí".


Aquí hay un problema a resolver que es el de un sistema de distribución ine-ficiente y definitivamente obsoleto porque responde a las dinámicas de los medios tradicionales y no al imponente sistema de red que ha penetrado todas las actividades del ser humano. Internet genera una malla por sobre la sociedad con un potencial comunicativo inexplorado en el periodismo y es a donde apunta Assange para refundar los medios en la nueva era. Lo hace desde una perspectiva emancipatoria, tales los valores de Wikileaks, pero sin duda se puede extraer un perfil genérico para plantear el problema de la circulación de información punto a punto respetando criterios de interés, importancia, novedad, etc., entre un extremo y el otro.


En este esquema, también podemos arrimarnos un poco más al mantra del establishment periodístico durante el siglo XX: la objetividad. Se trata de "ver que se introduce en el periodismo ese aspecto tan relacionado con la reputación de la ciencia que es la pregunta: ¿Dónde están los datos? Si no se aportan datos, ¿por qué demonios debería tomarme esto en serio?" La objetividad no como formato noticioso sino como insumo de trabajo, tomando los hechos como punto de inicio para luego complementar con interpretación y opinión, ambos parte del trabajo periodístico. Y en esto, algunas figuras pierden valor y otras aparecen como indispensables: Assange imagina un futuro con menos "gatekeepers" y más "verificadores", rol destinado a reasegurarse de la autenticidad de documentos, en su caso, o datos en sí mismo.


Evidentemente, hay una filosofía subyacente de las acciones de Wikileaks que han sido conceptualizadas por el propio creador de la bestia, quien cierra sus reflexiones con un escenario disyuntivo: se "prevé dos futuros diferentes y complementarios de Internet: uno, una Internet ubicua en una gobernanza corporativa centralizada; y otro, una Internet vibrante y descentralizada, adecuada a la emancipación de la historia y los seres humanos". A la par de este planteo podemos plegar el futuro de la información.


Por Juan Pablo Darioli, licenciado en Periodismo (UNR) y trabajador de Radio Nacional Rosario.

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Lunes, 14 Diciembre 2015 06:01

Claroscuros

Claroscuros

Fascistas, neoliberales, racismo, xenofobia, desempleo, un mar de armas y sangre, bombardeos, tiroteos, angustia, temor/terror, impunidad, fraude, corrupción, hambre y, para acabarla de joder, promesas apocalípticas de fundamentalistas y por el otro, pronósticos apocalípticos hechos por ambientalistas progresistas, y todo esto en el dizque país más rico, poderoso y avanzado del mundo. A veces uno sólo busca la salida de emergencia.


Son tiempos oscuros en Estados Unidos. No necesariamente se nota en la superficie, todos andan en su rutinas ordinarias como si nada. Está toda la escenografía de la temporada: la inaguantable cacofonía de la música navideña, los consumidores en su frenesí comercial, las iglesias preparan los ritos sagrados de estos días, se promocionan regalos poco sagrados, como videojuegos de guerra y operaciones especiales, en los cuales para ganar el jugador tiene que aniquilar a todos (no se habla de esa guerra real en que bombardean, sin mensaje navideño, a pueblos del otro lado del mundo), mientras los mensajes de paz y armonía inundan todo y los noticieros reportan lo opuesto. Todo para festejar a ese pobre inmigrante/refugiado sin techo y sin papeles de una región llamada Medio Oriente, quien seguramente hoy día estaría en la lista no fly y sería interrogado cada vez que cruzara la frontera, y quien sería atacado por políticos y fundamentalistas cristianos que, en su nombre, lo crucificarían por oponerse a sus políticas.


El temor al terrorismo ha regresado a los mismos niveles de justo después del 11 de septiembre de 2001, según las encuestas más recientes, y eso ha llevado a que el tema del terror recupere el primer lugar en el debate político nacional.


Por otro lado, un nuevo informe del Centro de Investigación Pew documenta que la clase media, el pilar de este país, la esencia del sueño americano, la definición oficial de este país (la clase media más grande del mundo, etcétera) se ha desvanecido en las últimas cuatro décadas y ya no es mayoría. Esto, junto al fenómeno clave de los últimos años en este país: la concentración de riqueza más extrema desde los años previos a la gran depresión, y sus consecuencias mortales para cualquier cosa que se pueda llamar democracia, explican mucho el fenómeno de Donald Trump o Ted Cruz, de la demagogia que está llegando a extremos considerados fascistas.


Y esos políticos –utilizando el temor y la angustia económica– alimentan la embestida contra los inmigrantes, sobre todo los indocumentados y las comunidades musulmanas. Según una de las principales organizaciones musulmanas del país (CAIR), los ataques, actos de intimidación y discriminación contra esta comunidad se han multiplicado en días recientes. Una mezquita y un restaurante fueron incendiados, una cabeza de cerdo fue aventada contra otra mezquita; son sólo algunas de las últimas noticias.


Mientras tanto, el fenómeno de la violencia armada dentro de este país, sus expresiones en los cada vez más comunes tiroteos masivos, y las repetidas instancias de la violencia policiaca y judicial contra grupos minoritarios de este país, ya son parte de la vida cotidiana aquí.


Pero entre tantas tinieblas, de repente asoman rayos de luz.


El hecho de que Bernie Sanders, proclamado político socialista, esté compitiendo por la candidatura presidencial del Partido Demócrata con un nivel de apoyo superior al que se registra para el ultraderechista Trump ofrece algo esperanzador. Sanders ya ha logrado que el tema de la desigualdad económica sea uno de los ejes del debate político nacional.


Por otro lado, el surgimiento del nuevo movimiento nacional Black lives matter (Las vidas negras importan) ya ha sacudido partes de la cúpula política tanto a nivel local como nacional, y ha colocado el asunto de la injusticia racial –sobre todo en el ámbito de seguridad pública y judicial– como tema prioritario en el país.


El despertar de estudiantes en universidades públicas y privadas en un movimiento contra la discriminación racial y de género marca un nuevo momento de la disidencia tan vital de la juventud en esta y cualquier coyuntura.


Agrupaciones cristianas, judías y musulmanas han organizado actos de solidaridad en varias ciudades y pueblos a lo largo del país, en repudio a los mensajes xenofóbicos. Agrupaciones de inmigrantes de todos los sectores también se están sumando.
En el ámbito laboral continúan las luchas por salarios y condiciones dignas, desde los campos de jitomate en Florida, y los trabajadores de comida rápida en todo el país hasta los Walmart. A la vez, en los frentes de lucha sobre medio ambiente, en el de vivienda, de educación (contra reformas muy parecidas a las impuestas en México), defensa de libertades civiles, en contra de la guerra, hay señales de vida en el enfrentamiento contra la agenda del 1 por ciento y de su ala derechista.


En el ámbito cultural –cine, televisión, música y artistas de esquinas y calles de la ciudad– también se ofrecen pruebas de que existe suficiente inteligencia y una furia moral necesaria para volver a la luz en medio de tanta oscuridad. De hecho, es tal vez por ahí donde se pueda descubrir una salida de emergencia no para huir de la realidad, sino huir hacia la realidad, como diría Graham Greene. Es ahí donde se puede sentir el pulso de algo que se atreve a enfrentar lo feo, perverso y engañoso con verdad, nobleza y belleza.


Por ahora, el momento en Estados Unidos es claroscuro.


Pero, mientras escribo esto, hay un joven que explica con deleite la filosofía de Derrida y Benjamin, y otro canta una canción de Bruce Springsteen: "donde el camino es oscuro y la semilla está sembrada/Donde la pistola está amartillada y las balas están frías/Donde las millas están marcadas en sangre y oro/Te encontrare más adelante en el camino.... Más adelante sobre el camino/Donde la ruta es oscura y la noche es fría/Una mañana soleada nos levantaremos, lo sé/Y te encontraré un poco más adelante sobre el camino".

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Lunes, 14 Diciembre 2015 05:43

Detrás está siempre la sociedad

Detrás está siempre la sociedad

Se ha firmado un acuerdo mundial sobre el clima en París, al mismo tiempo se espera que se repita un ataque terrorista en alguna parte en medio de la guerra en el Medio Oriente. Esta produce la enorme corriente de refugiados de esa zona y del norte de África sigue sin fluyendo sin pausa; los ajustes económicos han provocado una severa fractura social en los países más desarrollados tras la más reciente crisis financiera de 2008 y los movimientos nacionalistas vuelven a la carga en Europa y, también, los partidos de la extrema derecha.


Y, detrás los registros de la contaminación y del cambio del clima; detrás de los ajustes presupuestales y de las deudas de las familias, empresas y gobiernos; detrás de los desplazados por la guerra y la radicalización del terrorismo; detrás de la creciente desigualdad y la pérdida de beneficios sociales; detrás de los nacionalismos y la xenofobia hay sociedades, siempre están las sociedades. Sin este correlato específico es imposible dimensionar los fenómenos políticos y plantearse formas distintas de encarar los conflictos.


Al respecto, un elemento llamativo es la idea de la fortaleza que tiene Estados Unidos como nación, de la que se desprendería el papel de su gobierno como actor preponderante de la política global. El carácter de las hegemonías a escala mundial se ha alterado de modo significativo desde 1989 con la caída del muro de Berlín y la posterior desintegración de la URSS. El poder unipolar no se estableció y en lo que va de este siglo la reestructuración del predominio político, militar e ideológico está inmersa en una creciente confrontación dentro y fuera de las fronteras nacionales. Los peligros son, a todas vistas, cada vez más grandes.


Estados Unidos es, sin duda, una nación poderosa en lo económico y militar. En cuestiones de política exterior batalla cada vez más por imponer soluciones o establecer acuerdos duraderos. No es una situación en la que el gobierno actual se sienta cómodo y en ocasiones es errático. Sigue contando con el dólar como poderosa herramienta económica. La oposición republicana es vociferante pero poco eficaz en casi cualquier materia. El senador Inhofe argumentó en el recinto de la cámara en Washington, que a pesar de que se dice que 2014 fue el año más caliente que se registra, hace mucho frío afuera. Y entonces sacó una bola de nieve recogida fuera del Congreso y que traía en una bolsa de plástico. La negación por conveniencia o por ignorancia no tiene límite.


Recientemente han aparecido de modo desconectado una serie de datos acerca del rezago social y político que ocurre en ese país. Los salarios crecen muy poco si no es que están estancados. Así, el crecimiento del ingreso medido por la mediana del índice del salario por hora (con base en 1970) es prácticamente plano. En Francia el índice aumentó casi 2.8 veces, en Japón 2.5 y en Reino Unido 1.6 veces en ese lapso.


En materia de salud Estados Unidos tiene el gasto total por habitante más alto del mundo (datos de la OCDE de 2009), alrededor de 6 mil 500 por encima de los 4 mil de Noruega, que le sigue. Sin embargo, la expectativa de vida al nacer, de 78 años, está por debajo de Japón y Suiza (82) o de Italia e Islandia (81).


Otro aspecto llamativo se refiere a la probabilidad de que una ley pase por el Congreso apoyada por el entusiasmo o el temor de la población en general, comparada con la mucho mayor probabilidad de que pase por la presión de las élites económicas y financieras, que también pueden bloquear las leyes que no les favorecen.


En cuanto a la educación, en una lista de 32 países, 13 están por encima de Estados Unidos en los resultados de las pruebas de matemáticas: China la encabeza y le siguen Singapur, Finlandia, Corea y Canadá. En la parte baja de la tabla aparecen Chile, Uruguay, Argentina y Colombia. México no está. En el caso de la ciencia el resultado es muy similar, con Estados Unidos en el lugar 18 (aquí aparecen en la parte baja Costa Rica y Colombia, México no). Hay un indicador en el que Estados Unidos es ganador indiscutible y se trata del crecimiento de la rentabilidad de las grandes empresas.


Y, si en todo esto la sociedad está detrás y no sólo las costumbres políticas osificadas, los registros estadísticos o las comparaciones internacionales, esa presencia es más evidente cuando se consideran los niveles de pobreza. Este es siempre un indicador relativo, en Estados Unidos la línea de pobreza se fija en un ingreso por hogar de 18 mil 850 dólares por año. Una encuesta reciente del Centro de Investigación Pew ubica en este grupo a 23 millones de personas. La encuesta muestra que el grupo de menores ingresos, 31 mil 402 dólares por año por hogar de tres personas creció cinco veces más que la clase media en los últimos siete años. Representan casi 49 millones de adultos frente a 43 millones en 2008, y 21 millones en 1971. En 2104 más de 7 por ciento de los adultos concentraban los ingresos superiores a 200 mil dólares anuales. Una mayor segmentación da cuenta de la alta concentración en la cúspide de la pirámide.


Estos elementos son relevantes para caracterizar la estructura del poder en una era de conflictos abiertos y de escala global. Las fracturas de poder y las pugnas por reconfigurarlo mediante la fuerza no es un asunto nuevo, por supuesto, pero tiene características propias y detrás está siempre la sociedad.

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