Jueves, 26 Noviembre 2015 05:36

Cayó el líder del PT en el Senado

Cayó el líder del PT en el Senado

La Policía brasileña detuvo ayer al líder del oficialismo en la Cámara Alta, Delcídio Amaral, por su supuesta implicación en las corruptelas en la estatal Petrobras. El gobernante PT pidió que la detención del senador petista no paralice la actividad en el Parlamento.


Amaral, uno de los más destacados dirigentes del partido gobernante, fue detenido ayer por la policía acusado de intentar obstruir las investigaciones sobre las corruptelas en Petrobras, que según la policía salpican a medio centenar de políticos. Decenas de policías allanaron despachos en el Congreso en Brasilia, donde fueron bloqueados los ascensores para permitir el rastrillaje en las oficinas de Amaral.


Según la acusación de la fiscalía, el legislador intentó sobornar a uno de los detenidos por la corrupción petrolera para evitar que colaborase con la Justicia. El magistrado Teori Zavascki, miembro de la Corte Suprema y quien ordenó el arresto del senador, dijo que los intentos de sobornos fueron comprobados por la Procuraduría General y suponen un claro intento de "obstruir la acción de la Justicia". Según la fiscalía, Amaral entró en contacto con el ex director de Petrobras Nestor Cerveró después de que éste fue detenido por sus implicaciones en la corrupción petrolera, y le ofreció 50.000 reales (unos 13.300 dólares) por mes a cambio de que no lo nombrase en el marco de un acuerdo de cooperación judicial que ya había aceptado.
La detención fue posible gracias a la grabación filtrada por el hijo del ex presidente, Bernardo Cerveró, que recibió la oferta y del director de BTG Pactual. Además del pago para anular la acusación, los mismos ayudarían a Cerveró en una huida por Paraguay o España, ya que el ex líder de la petrolera disfruta de la doble nacionalidad brasileña y española. "El camino a seguir sería salir a Venezuela y después, en barco o avión, ir para España", afirmó el abogado de Delcídio en la conversación filtrada por Bernardo Cerveró. En la charla, además de concretar los valores del soborno y los detalles de la huida (incluso el modelo del avión privado que usarían), cuentan cómo convencerían al Tribunal Supremo Brasileño para que concediera al hábeas corpus a algunos acusados al anular el mecanismo de la acusación premiada.


Alrededor del mediodía, el jefe del Gabinete, Jaques Wagner, encabezó una reunión con ministros en el Palacio del Planalto, sede del Ejecutivo, donde fue analizado el impacto de la crisis causada por el arresto de Amaral. Luego del encuentro, la Presidencia informó a los medios que aguardará la evolución de los hechos antes de nombrar a un sucesor de Amaral al frente de la bancada oficialista en el Senado.


El senador Humberto Costa, jefe del grupo del gobernante PT en el senado, pidió que la actividad legislativa no se detenga a causa del arresto. "El Parlamento tiene temas de muchísima importancia y de interés del país, por eso debe continuar trabajando". Costa aseguró que, aunque Amaral se desempeñe como líder del PT en la Cámara Alta, no hay nada que implique al gobierno de la presidenta Dilma Rousseff en el asunto.


En la operación realizada ayer por la policía, que forma parte de las investigaciones sobre la red de corrupción en Petrobras, también fueron detenidos el jefe de gabinete del senador, Diogo Ferreira, y el banquero André Esteves, consejero delegado del banco de inversión BTG Pactual.


Hace tres años, Esteves entró en la lista de las veinte personas más acaudaladas de Brasil, con una fortuna calculada en unos 3.000 millones de dólares. La Procuraduría Federal (fiscalía) solicitó el arresto de Esteves por supuestamente haber prestado ayuda financiera a Amaral para su intento de soborno a Cerveró. El banco BTG Pactual divulgó una nota en la que dijo desconocer los motivos que llevaron a la detención de uno de sus socios, pero se mostró dispuesto a prestar toda la colaboración necesaria a las autoridades judiciales.


El presidente de la Cámara alta, Renán Calheiros, que también es investigado por la Procuraduría General por los delitos de corrupción en Petrobras, anunció que convocará a una sesión extraordinaria para analizar el caso, incluso porque, según la Constitución, la detención de un legislador activo debe ser refrendada por el Parlamento.

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Miércoles, 25 Noviembre 2015 07:27

Cuando los votos pueden más que las balas

Cuando los votos pueden más que las balas

El pasado 7 de noviembre, en Myanmar (antes Birmania), el partido oficial, respaldado por el ejército, que hasta hace poco ejerció una brutal dictadura, fue aplastado por los votos de la oposición encabezada por la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, privada de libertad por años. Su partido, la Liga Nacional para la Democracia, ya había ganado en ocasiones anteriores, pero los militares burlaron su triunfo.


Ahora, a pesar de que el tribunal electoral estaba presidido por un general de la vieja guardia, los votos fueron contados como se debe, y le dieron a la Liga 387 escaños del parlamento contra apenas 42 para el oficialismo. Un poeta, Tin Thit, también preso por años, le ganó el escaño a otro poderoso general, U Wai Lwin, antiguo ministro de Defensa. Cuando su triunfo fue declarado, el poeta dijo algo que no será novedoso, pero es verdadero: Los votos pueden más que las balas.


En América Latina las balas, o sea los golpes de Estado y las dictaduras militares, van quedando para la historia, como acaba de demostrarse en las elecciones presidenciales de Argentina. La democracia, con todas las complejidades que allí tiene, hace que el poder se dilucide en los recintos electorales, y no en los cuarteles.


El peronismo, un fenómeno de masas dentro del que se mueven distintas corrientes, parecía imbatible hasta que se abrió la segunda vuelta electoral, y Mauricio Macri, candidato liberal de derecha, ahora electo presidente, se puso en las encuestas delante de Daniel Schioli, del peronismo oficial. Conversé hace poco en Buenos Aires con amigos de ambas fuerzas contendientes, en un ambiente polarizado, como en toda campaña electoral, y cada quien creía por supuesto en las cualidades de su propio candidato; pero lo que nunca escuché fueron dudas acerca de los votos. Un fraude electoral parecía a todos un asunto de otro planeta.


Ahora nos tocará vivir dentro de poco la prueba de Venezuela, con las elecciones que se celebrarán el 6 de diciembre para renovar la totalidad de los escaños de la Asamblea Nacional. En medio de la profunda crisis social y económica, las encuestas auguran la victoria de la oposición, conglomerada en la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que desplazaría del dominio del poder legislativo al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fundado por el comandante Hugo Chávez, y que es ahora el partido del presidente Nicolás Maduro.


En medio de muchas y graves acusaciones contra el sistema, la historia electoral de Venezuela bajo el chavismo resulta impecable. Es el país de América Latina donde más elecciones se han dado en los años recientes, y aunque el órgano electoral se halla bajo el control oficial, es poco lo que puede alegarse hasta ahora en contra de la transparencia a la hora de contar los votos.


Los reparos están en cómo el gobierno, desde los tiempos de Chávez, ha asumido sus derrotas, despojando de sus poderes a los funcionarios electos, gobernadores y alcaldes, quitándoles facultades mediante maniobras legales o medidas de hecho, o metiéndolos simplemente a la cárcel. El desafío de las elecciones de diciembre es por tanto muy serio, pues de ganar la oposición, tal como señalan las encuestas, el presidente Maduro perdería el control de la aprobación de las leyes, y del andamiaje legislativo depende buena parte del poder que ejerce.


Sólo para empezar, de acuerdo con la Constitución Bolivariana, la Asamblea Nacional puede delegar en él la autoridad de dictar leyes y decretos por periodos prolongados, en una larga lista que incluye asuntos financieros, tributarios y energéticos, seguridad ciudadana y jurídica, seguridad pública y defensa, ordenación territorial, infraestructura, transporte y servicios. Es decir, todo.


En unas nuevas circunstancias en que la oposición controlara los dos tercios de la mayoría parlamentaria, como parece que podría ser, esta transferencia absoluta de poderes al presidente, que deja prácticamente en receso a la Asamblea Nacional, ya no podría darse, y sobrevendría entonces un conflicto institucional. Acomodar una situación semejante corresponde a los mismos mecanismos de la democracia, y lo que a ojos vistas debería imponerse es un diálogo de convivencia, para que el país no siga descarrilándose.


Pero las declaraciones del presidente Maduro no barruntan lo mejor. Aunque ha dejado claro que el gobierno, y su partido, respetarán los resultados electorales, también ha dicho que de perder estas elecciones, Venezuela entraría en una de las más turbias y conmovedoras etapas de su vida política y nosotros defenderíamos la revolución, no entregaríamos la revolución y la revolución pasaría a una nueva etapa; y que gobernaría con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico militar.


Son unas afirmaciones difíciles de entender a la luz del funcionamiento de un Estado democrático. Dice que todo eso lo haría con la constitución en la mano para echar adelante "la independencia de Venezuela cueste lo que cueste, como sea... quien tenga oídos que entienda, el que tenga ojos que vea clara la historia, la revolución no va a ser entregada jamás, escuchen".
Surgen preguntas inquietantes: ¿Qué significa no entregar la revolución, si la mayoría legítima de los votantes pone a la Asamblea Nacional en manos de la oposición? ¿Una nueva etapa de la revolución significa más radicalización, y pérdida de más libertades ciudadanas? ¿Qué significa gobernar con el pueblo, si es que el pueblo ya ha votado en contra del partido oficial? Y peor de todo, ¿qué significa gobernar en unión cívico militar? ¿Qué pito tocan los generales y los coroneles a la hora en que los votos dilucidan el asunto del poder? Eso me recuerda al poeta birmano Tin Thit cuando dice, con tanta razón, que: los votos pueden más que las balas.


Maduro también ha dicho que si su partido gana las elecciones legislativas, llamará a un diálogo nacional. Es lo que debería hacer también si las pierde. Y lo que debería hacer la oposición si gana. El diálogo es un instrumento de la democracia, y de un poder irreductible.


Guadalajara, noviembre de 2015
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Miércoles, 25 Noviembre 2015 07:22

Brasil y la otra cara de la crisis

Brasil y la otra cara de la crisis

En los nueve primeros meses de 2015 –un año política y económicamente perdido– la banca brasileña alcanzó resultados astronómicos. Gracias a las altísimas tasas de interés, el estatal Banco do Brasil vio cómo su lucro acumulado aumentó 43,5 por ciento en relación con los nueve primeros meses de 2014. El Itaú-Unibanco, mayor banco privado del país, obtuvo un lucro 20 por ciento superior al del mismo período del año pasado. El Bradesco, 15,7 por ciento más. Y el Santander, que tuvo un 2014 muy malo, ahora contabiliza un aumento de increíbles 268 por ciento en sus lucros.


Sin embargo, el sector da claras muestras de que sabe muy bien cuál es el verdadero escenario del país. Y exactamente por esa razón se amplió, mucho, lo que llama de "reservas y provisiones", o sea, el volumen de dinero para cubrir huecos causados por la morosidad de préstamos tomados tanto por empresas como por clientes individuales. Porque uno de los factores que ayudan los bancos a aumentar sus ganancias es el mismo que ahoga empresas y ciudadanos: los intereses siderales aplicados en Brasil.


Las tarjetas de crédito, por ejemplo, tienen sus facturas financiadas: el consumidor paga un 20 por ciento y financia el otro 80. Detalle: lo hace con una tasa media de 16 por ciento al mes. Sí, ¡al mes!


Con el desempleo aumentando de manera consistente –solamente en los primeros nueve meses del año fueron cerradas alrededor de 820.000 plazas– y con deudas impagables gracias a los intereses, el número de brasileños morosos creció de manera exponencial en los últimos doce meses.


La reacción de la banca demuestra que las proyecciones para el futuro inmediato son bastante pesimistas. A fines de noviembre, se constata que los bancos tienen reservados dos reales para cada real de préstamo moroso (se considera moroso, en Brasil, un retraso superior a 90 días). Al mismo tiempo, se intensifican de manera sin precedentes las renegociaciones de las deudas, tanto de empresas como de clientes individuales. Faltando poco más de un mes para que termine el año, 5,2 por ciento de los préstamos concedidos están con sus pagos retrasados en al menos 90 días. Es el nivel de morosidad más alto en trece años, y los indicios muestran que la tendencia es seguir creciendo: el desempleo dejó de ser un fantasma amenazador para transformarse en algo concreto, palpable. Sin empleo, el deudor no tiene como pagar lo que debe.


La suma de recesión y desempleo, dos aspectos que –todo indica– se mantendrán a lo largo del año que viene, provoca desastres. Muchas de las conquistas alcanzadas a lo largo de las últimas dos décadas, especialmente entre la llegada de Lula da Silva al poder (en 2003) y la mitad del primer mandato de su sucesora, Dilma Rousseff (2011-2014), enfrentan riesgos reales y crecientes.


Mucho se avanzó, es indudable. Pero es mucho lo que todavía falta. Brasil sigue siendo un país de enormes y profundas desigualdades. Un país de contrastes impresionantes entre las regiones más pobres y las más desarrolladas. En el Norte, solamente 21 por ciento de los hogares cuentan con servicios de agua y desagüe. En el Noreste, la situación mejora bastante: 41 por ciento. Pero en el Sureste, ese porcentual es de 88 por ciento. Y en el Sur, 62 por ciento.


Diez millones de hogares brasileños –lo que corresponde a 44 millones de habitantes, poco más de 20 por ciento de la población– carecen de servicios de agua y desagüe. Pero solamente 4 por ciento de los hogares, es decir, unos 16 millones de brasileños, no cuentan con telefonía celular. Entre los nuevos desempleados, 75 por ciento tienen menos de 24 años. Y entre los jóvenes cuyas edades van de 18 a 24 años, solamente 30 por ciento estudian.


A fines del año pasado, había 7 millones 300 mil brasileños desempleados. Una población equiparable a dos veces y media la de Uruguay. Más que todos los habitantes de Bogotá. Ahora, ese número ascendió a 8 millones 500 mil. Algo así como medio Chile desempleado. Como 80 por ciento de la población de Cuba sin trabajo.


Es verdad que los gobiernos del PT lograron hacer que 42 millones 800 mil brasileños abriesen por primera vez en la vida una cuenta corriente en los bancos (antes, los pobres sólo tenían libretas de ahorro). Una Argentina entera. También es verdad que Brasil, en los 12 años de Lula da Silva y Dilma Rousseff, salió del mapa mundial del hambre. Pero la desigualdad sigue siendo una llaga abierta, y los contrastes sociales permanecen como señales de alerta sobre lo mucho que queda por hacer. Y esa, quizá, sea la principal amenaza que el país enfrenta: gracias a un Congreso mediocre e irresponsable, a una oposición golpista y a un gobierno que no logra contar con la lealtad de los aliados, se perdió todo un turbulento año.


Lo que se logró en tiempos recientes –que no es suficiente, pero no es poco– corre el riesgo de desaparecer. Millones y millones de brasileños fueron conducidos al umbral de una vida mejor. No pudieron, por cierto, adentrarse en el sacrosanto terreno de la clase media, pero sí contemplar sus bondades.


Volver atrás, perder lo que conquistaron, podrá causar una explosión social. Pero nada de eso parece preocupar a los honorables miembros de la más mediocre y vergonzosa Legislatura desde el retorno de la democracia, hace 30 años. Ni convencer a la oposición de que el resultado de las urnas debe ser respetado. Ni motivar a una mandataria que se niega, determinada, a aprender una lección milenaria: un dirigente debe saber oír.


Atónitos, los brasileños miran un escenario de pesadilla. El otro, el del sueño, parece haber sucumbido.

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Martes, 24 Noviembre 2015 06:55

¿Quién ganó?

¿Quién ganó?

El que haya escuchado con atención los discursos del futuro presidente, Mauricio Macri, puede percibir un recurso habitual y bastante notable. Es el de la desintegración de la noción de pueblo, que no era el sujeto de sus interpelaciones. Se dirige a vecinos, familias, personas que "quieren progresar un poco más cada día" y a todos los países en general, "con los que queremos tener una colaboración permanente". Demasiadas abstracciones, ausencia de entidades sociales específicas, una atmósfera permanentemente angélica de deshistorización y deliberada falta de reconocimiento a los ostensibles nombres que definen el estado complejísimo del mundo contemporáneo. Su vaga idea de la inmigración que trajo a su padre italiano al país también peca de un sentido generalizador y etéreo, y no puede definir de ninguna manera a la población nacional y su cuerpo complejamente estratificado. Su acto en Humahuaca y su repentino "indigenismo" se ve que no caló hondo en él y que fue flor de un día de campaña. Entonces, ¿por qué produjo un sacudón de tamaña envergadura en la sociedad nacional? Las clases populares, a las que él mismo consideraba atomizadas e históricamente inertes, lo votaron en generosa proporción, acompañando a los tradicionales sectores pudientes y a los representantes –digamos el concepto– del "capitalismo financiero". ¿Un frente de clase de troquel derechista? ¿La coalición de los que estaban "hartos"? No nos apresuremos.


La amalgama que por poco más de dos puntos llevó a Macri al gobierno es de gran heterogeneidad, y se vio encarnada en esos conocidos rostros que ocuparon el escenario macrista, la noche de la victoria electoral. Podríamos llamarla como propia de un populismo de nuevos contornos. El verdadero populismo, que siempre fue más amorfo –salvo el gran populismo del campesinado ruso–, pudo ser dirigido muchas veces por figuras empresariales –del lumpen empresariado, digamos, si nos ponemos excesivamente ortodoxos en el empleo de antiguas terminologías–, y contó con la fuerte movilización de pensamientos –seguimos muy clásicos– que llamaríamos prepolíticos.


El país que protagonizó la vibrante campaña política que nos envolvió a todos tuvo un fuerte componente prepolítico bajo cuyo manto turbador apareció casi exclusivamente la política. El mundo prepolítico, que en general puede ser considerado como el "mundo de vida", contiene una dimensión no declarada de pensamientos virulentos, formas ancestrales de la reflexión punitiva, amenazas potenciales que al pasar a su estado público hacen asomar apenas su costado larvado. Es cierto que el "mundo de vida" tiene prestigio filosófico, pero cuando se encuentra con los instrumentos comunicacionales que caracterizan una supuesta dispersión de la razón comunicativa y obtiene movimientos propios, como el que hoy se denomina "viralización", se pierde en una marea ponzoñosa cuyo análisis sereno nos llevaría mucho tiempo, pero que aquí podemos considerar bajo varias modalidades. Modos implícitos de propagar contenidos muy machucados por la ausencia de conceptualización pública, frente a los cuales lo que antes llamábamos "periodismo sensacionalista" queda hecho un poroto. Las "sensaciones" son ahora capas de signos que, con efectos múltiples, recelosos, arbitrarios y desde luego, a veces muy imaginativos, impregnan toda una ciudad y la definen.


El argumentador clásico aquí pierde la partida y queda convertido en "una pequeña secta de ilustrados", a la que curiosamente se refirió Macri en su discurso de Humahuaca y en su Noche Triunfal. ¿Cómo? ¿Entonces no era el populismo rampante (que nosotros supuestamente representábamos) el que se burlaba de la "ilustración"? Pues no, una pieza populista central, que es el ataque a la "minoría" cultivada y "de espaldas al pueblo", ha sido incorporada por los laboratorios de Macri, pero ya con el específico sentido de vulnerar a la vida política clásica y sus legados correspondientes. En este caso, el pueblo, y lo popular como procuración incesante de sentido, sería apenas un evento producido por la viralización de numerosas dimensiones tácitas en la expresividad común: primero, el modo civil de estilo pastoral del futuro presidente, luego, el modo reticular en que se diseminan "contenidos" en general basados en mensajes truculentos o anónimos, y después, en algunos casos (que ojalá el candidato desmienta como ajenos a su pensamiento actual), bajo el modo nocturnal. Este modo es el más oscuro y se reveló hace unos días en las pintadas amenazantes en los institutos de derechos humanos del país. El editorial de La Nación, a la mañana siguiente de la elección rechaza la venganza pero deja toda la impresión de que la quiere.


¿No debería el presidente, que lo será de aquí a pocos días, aclarar lo que ocurre en sus alrededores y acaso en su propia conciencia? ¿Eso mismo que sucede por las noches mientras él charla tranquilamente –según ha contado– con sus amigos y su familia? ¿No debería decir que su campaña diurna, vistiendo alegres ponchos regionales, nada tiene que ver con la campaña nocturna, que acepta el indumento de la intimidación clandestina sin condenarla? Parco de conceptos, sin embargo, ya ha dicho mucho, además del mimetismo por el cual durante meses tomó temas del "progreso personal" susceptibles de transmutarse en "definiciones progresistas". Como un reverso de las teorías de Laclau, "articuló" más "cadenas de equivalentes" que el candidato al que nosotros votamos. Pero virtió hacia la derecha, irónicamente, unas tesis preparadas para los movimientos populares del mundo. Algunas definiciones macristas pertenecían al acervo de los progresismos genéricos, otras directamente eran tomadas del arsenal social del kirchnerismo, y la mayoría –las de derecha– apenas insinuadas en su media lengua. Es por lo tanto una derecha nueva y con una gran votación. Pero ya se vio: una cosa es la Noche y otra la Mañana. Y otra la Mañana siguiente.


Cambio de época: el giro del país hacia la Alianza del Pacífico es la semántica maestra de un conjunto de mutaciones que tendrán incómodos correlatos económicos, sociales y culturales. Efectivamente, no se equivoca al decir "cambio de época", pues ello siempre es más que la "alternancia" por la que siempre bregaron los radicales y que tanto entusiasmó a Gerardo Morales en su gran noche. Eminente tema: hay cambios de época sin alternancia, alternancia con cambios de época, y cambios de época que se imponen sobre los efectos, más débiles, de la alternancia que ellos mismos proponen. Al punto que la alternancia, en su sentido literal, es Scioli quien iba a encarnarla. Esto es otra cosa: una conversión ideológica, geopolítica y cultural de amplísimas características. Si no escuché mal, el candidato ganador dijo "fundacional". Perdón si me equivoco, pero esa palabra, que tanto se le reprochó al kirchnerismo (que fue y es un populismo democrático-republicano) al aparecer ahora en el macrismo, revela el tamaño del viraje que, desde ya, se deberá discutir con los mejores argumentos y lejos de la "episteme chicanera" que rige como norma política en el país, tal si fuera ley nacional del Parlamento. Los populismos se consideran fundacionales: Macri no sería la excepción. Con ese espíritu que nada tiene que ver con la alternancia, sino con una antropología política completa de las derechas mundiales, se lanza a la exclusión de Venezuela del Mercosur, aún como chispazo postrero de campaña. Sustituir el pensamiento por la viralización lleva a estas decisiones, en vez de discutir seriamente el estatuto histórico del latinoamericanismo, que es una complejísima forma de la unidad en la diversidad, y no una aplanadora de mercado de la globalización sobre nuestro subcontinente (hay que buscar aquí también un mejor nombre).


Una característica que atraviesa las últimas cuatro décadas de historia nacional es la creación de una zona franca de ideas donde el peronismo en sus rebordes y el neoliberalismo en los suyos se entrelazaban mutuamente. Esa es la estructura de época de la que solo sale beneficiado el neoliberalismo, convertido en un nuevo sentido común que lo único que aprendió en serio durante este largo período es que precisaba una interpretación cribada de algunas versiones del populismo. Lo que ocurre ahora no es novedad, salvo el lenguaje abstracto con que Macri expone esta nueva coalición; cuando le tocó hacerlo a Menem se utilizó solo la picaresca trasnochada, porque esa amalgama todavía no estaba enteramente preparada. Será interesante ahora para el estudio de los politólogos. Ignoro, o más bien creo lo contrario, que sea provechosa para millones de sus propios votantes.


¿Quiénes son ellos? No podemos decir que fueron manipulados por un espurio recurso a una democracia que, en vez de tener conjuntos sociales autodeliberativos, se deja desmenuzar por un ideal de individuo apremiado por las "corporaciones mediáticas". No, eso hubo siempre. Aunque ahora el modelo dialógico que funda el nuevo orden comunicacional trabaja para esta noción de individuo posesivo que se halla despojado de la idea de mediaciones colectivas. Aun así, no se trata de conjeturar que la votación de Macri no surgió de un acto de la democracia, sino que el concepto clásico de democracia ha cambiado dramáticamente porque el votante ya es portador de otra conciencia, no la de la "ley Saénz Peña", ni siquiera la de la época de "Braden o Perón". Eran ésas conciencias cívicas con autonomía relativa. Hoy el juego de las creencias subjetivas convive con toda clase de tramas, valoraciones y éticas sobrentendidas de origen mediático, vulgarizadas hasta chocar enteramente con lo que antes denominamos el mundo prepolítico.


Pues ahora se compone de lógicas persuasivas que encubren de libertad los actos de servidumbre y de actuación interactiva los dominios técnicos más condicionados por poderes que no declaran su nombre. Así, un ideal de transparencia ad usum populorum crea un nuevo individuo asociado tan solo espalda contra espalda y no con literalidad grupal. Este nuevo individualismo, que consume el fácil pasto del ultraje, acepta ser movilizado por una fuerte sospecha en torno a las instituciones públicas y los organismos de Estado. Estas conciencias salen de unas neodemocracias viralizadas que habrá que definir mejor.


Macri tomará el Estado pero se cuida (por lo anteriormente dicho) de decirse un político de Estado. En su nítida biografía, él preguntó, tocó timbres, se informó de lo que quería el vecino, y está allí para "ayudarlo". Para él, "no quiere nada". ¡Este es el cambio de época! Pensemos si cualquier político clásico aceptaría, sin desmedro de su ética personal, definirse de esta manera. ¡Vine solo a "ayudar"! No estoy denunciando encubrimientos. Son nuevas culturas políticas, nuevos "manuales de estilo", nuevas formas no del sujeto que consume sino de sujetos consumidos.


Macri actúa así frente a las conciencias pulverizadas que, por la fuerza del nuevo relato triunfante, condenan lo mismo que muchas veces las sostiene, los sistemas de subsidios, jubilaciones sin aportes previos, etc. Esa paradoja derrotó a Scioli, aunque apenas por un mendrugo porcentual. Lo lograron: el Estado social molestó a sus beneficiaros, además de la larga cadena de "hastíos" que hay que tomarse en serio. Aquella tal maravilla han conseguido. De proveer meramente un "relato" se acusaba sistemáticamente al gobierno saliente de Cristina. En verdad, aquello fue en casi todos los casos una ingenuidad de la publicidad oficial, poniendo un Estado realizador como personaje omnipotente, con señorío y voz propia. Esa contundencia podría haber explorado zonas más sutiles, de no tanta literalidad y de tan cargadas liturgias. Lo que consiguieron quienes prepararon al individuo Macri (pues, ¿qué es el neoliberalismo, estrictamente hablando, si no la invención de sujetos abstractos?) es otro "relato" superior, basado en la fuerza de esas abstracciones, que supieron convertirse en microrrelatos concretos, vecinales ("no me importan los 'fondos buitre' sino el 'dealer' de la esquina de casa").


No es que los temas en los que basaron su preponderancia no existieran, inflación, narcotráfico, etc. Pero en vez de conceptualizarlos frente al cuadro de los dominios financiero-comunicacionales a escala mundial, los vieron como una narración folletinesca. Todo ello será materia de nuestras discusiones y aprendizaje: poder enunciar con el poder de lo realmente conceptual (que es lo concreto pensado pero con las necesarias generalizaciones) a estos problemas que se nos escaparon de las manos. Debemos además ganar espesura en nuestras consideraciones sobre los modelos económicos extractivistas, sobre los que tan poco dijimos, y las propuestas de un mero desarrollismo lineal. Que así dichas, no deben ser lo nuestro. Creo que en nombre, si no de éstas, de parecidas reflexiones, deberemos seguir actuando.


Por Horacio González, sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

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Macri gana en Argentina y pone fin al kirchnerismo tras 12 años

El liberal Mauricio Macri (Cambiemos) será el nuevo presidente de Argentina, después de imponerse por una ajustada diferencia al peronista Daniel Scioli (Frente para la Victoria) por 51,4% a 48,6%, al 99% escrutado. Macri ganó por la mínima, menos de tres puntos, poco más de 700.000 votos en un país con 32 millones de personas llamadas a las urnas. Es mucho menos de lo que esperaba. Pero ganó, y no pasó nada, a pesar de que el país se partió a la mitad. Argentina vivió este giro radical al centro-derecha tras 12 años de kirchnerismo con una inesperada calma. Después de una campaña tensa, las elecciones fueron muy tranquilas, mucho más de lo que el ajustado resultado haría esperar. Parecía como si todo estuviera ya decidido desde la primera vuelta, donde se produjo el vuelco real. Macri se convirtió entonces en favorito y no se ha bajado de ese pedestal.


Asumida la victoria de Macri, la única duda que quedaba por resolver era qué distancia lograba con su rival, un dato importante para saber con qué fuerza arrancaba su Gobierno en una situación económica delicada. Ahora se sabe que el margen es mínimo. El kirchnerismo perdió pero resistió con fuerza después del desgaste de 12 años de Gobierno. Los macristas atribuían este recorte final al éxito de la campaña del miedo que promovió Scioli en las últimas semanas y que hizo mella aparentemente en un parte de la población, sobre todo la más pobre. Scioli logró así ganar en la provincia de Buenos Aires, la más sensible a este tipo de mensajes, según los macristas.


Consciente de esa limitación, tanto Macri como su vicepresidenta, Gabriela Michetti, lanzaron mensajes de concordia a los que no les han votado. "Muchos hogares humildes están preocupados. Quiero decirles que no tienen nada que temer", aseguró Michetti. "Les pido a los que no nos votaron que se sumen a este cambio. Esta Argentina no va a ser fruto de un iluminado que tiene todas las soluciones. Eso no existe. Mi tarea es ayudarlos a encontrar el camino", aseguró Macri en un discurso con poco contenido político y centrado en la idea de "unir a los argentinos".


El entusiasmo de sus militantes, que hace pocas semanas no soñaban con esta victoria, era enorme. Las calles de Buenos Aires, la ciudad más macrista, se llenaron de coches que tocaban sus bocinas alegres. Pero Macri y los suyos forzaron una cierta contención a la vista de que el resultado era ajustado. La fiesta terminó muy pronto y aunque el candidato bailó, como es habitual, todo destilaba una voluntad de evitar excesos. "Este cambio no puede detenerse en revanchas ni ajustes de cuentas", remató el nuevo presidente de electo. Un mensaje claro de mano tendida al kirchnerismo. Macri está en minoría en el Congreso y el Senado y va a necesitar mucha negociación para gobernar.


El ganador reivindicó el origen emigrante de este país latinoamericano. Él mismo es hijo de un italiano que llegó a Argentina con 18 años y se hizo millonario. "Nuestros abuelos, nuestros padres cruzaron un océano en barco buscando una oportunidad, sin saber qué iban a encontrar. Nos toca continuar esa posta", sentenció. Macri, que arrancó su discurso con una larga lista de agradecimientos a su familia, colaboradores y amigos, incluida su secretaria, como si hubiera ganado un premio, terminó con un mensaje a los militantes: "Ustedes hicieron posible lo imposible. Pido a Dios que me ilumine para ayudar a cada argentino a encontrar su forma de progresar. Les pido por favor que no me abandonen. ¡Vamos Argentina!".


Mientras, Daniel Scioli reconoció la derrota y también pidió a Dios que ayude a Macri a encontrar el camino para ayudar a los argentinos. En un rasgo más de los muchos que acercan a estos dos políticos, ambos son católicos y practicantes y tienen una posición similar en contra del aborto incluso en caso de violación, por ejemplo. Eso sí, Scioli reivindicó al peronismo como el partido de las clases más pobres y aseguró que él va a "defender a los trabajadores". A su lado las caras de referentes del kirchnerismo como Carlos Zannini mostraban la desolación de la derrota. La mujer y la hija de Scioli vestían de negro, casi de luto. Es un golpe muy duro para quien ha controlado el poder durante 12 años y hasta hace un mes estaba seguro de la victoria.


En la noche electoral, Macri estuvo acompañado en Buenos Aires por Lilian Tintori, la esposa del preso político venezolano Leopoldo López. Esta presencia demuestra que Macri va muy en serio en su intención de pedir en la próxima cumbre de Mercosur, el 21 de diciembre, la suspensión de Venezuela como miembro de bloque por la presunta violación de la cláusula democrática que lo rige. Dependerá del resultado en las elecciones venezolanas del 6 de diciembre y de la actitud de Nicolás Maduro, pero es probable que esta sea su primera gran decisión internacional.


El cambio llegó a Argentina con una sensación de normalidad absoluta, sin denuncias de fraude, sin tensiones, y con una jornada soleada en la capital. Nada que ver con las primarias de agosto, cuando se votó después de una de las peores inundaciones que se recuerdan en la provincia de Buenos Aires y hubo denuncias de todo tipo. Todo apuntaba entonces a una victoria del oficialismo. Pero poco a poco Macri fue ganando terreno y Scioli perdiéndolo, en un ambiente de hartazgo del kirchnerismo que las encuestas no lograron detectar.


Macri logró forzar la segunda vuelta el 25 de octubre con un resultado inesperado — ganó por una distancia ajustada similar a la de esta segunda vuelta, 37% a 34%i— y desde entonces no ha parado de crecer mientras Scioli y el oficialismo cambiaban por completo la estrategia, a la desesperada, para intentar animar el voto anti-Macri y convencer a los argentinos, sobre todo a las clases populares, de que tenían que ir a votar para defender sus planes sociales y los derechos adquiridos en estos años.


Toda la campaña estuvo centrada en la idea de que con Mauricio Macri venía un cataclismo, pero el día en que realmente se votó, no pasó nada. Incluso Daniel Scioli, que durante tres semanas trató de convencer a los argentinos de que su rival es "un peligro", se olvidó ayer de esa guerra e incluso trató de recuperar su amistad con Macri. Ambos eran amigos hace 30 años, pertenecen al mismo círculo de hijos de empresarios millonarios y son de la misma generación, pero en estos últimos días todo parecía roto entre ellos.


Scioli se encargó ayer de recordar que Macri estuvo en su boda y que él estuvo con su rival pocas horas después de que fuera liberado de un durísimo secuestro que sufrió en 1991. Tenían una amistad estrecha. Macri insiste en que Scioli ha sido "una gran decepción" por la campaña durísima que ha protagonizado en los últimos días. "Está lanzando la imagen de que soy una mala persona que va a hacer daño a su país", se quejaba el jueves.


Esta batalla entre dos hombres de la élite económica del país, que vienen de mundos ajenos a la política —Macri del fútbol, como presidente de Boca Juniors, y Scioli de un deporte para millonarios como las lanchas fueraborda— ha llegado a su fin y Scioli busca la reconciliación e incluso habló de la relación de sus mujeres. "Karina conoce a Juliana hace muchos años y esas son las cosas que perduran, la política es una circunstancia", sentenció. Scioli trató de utilizar a su favor la figura del Papa, cercano al peronismo, y volvió a citar las palabras de Francisco: "Voten en conciencia".


Y sin embargo, pese a esta aparente tranquilidad en un país de larga tradición democrática interrumpida por varias dictaduras en el siglo XX, el giro que da Argentina es notable. Sin solución de continuidad se pasa de 12 años de kirchnerismo, en los últimos tiempos girado a la izquierda, y una política económica heterodoxa centrada en un claro proteccionismo para mantener la industria local y los empleos y un control férreo de la venta de dólares, a un candidato como Macri ajeno al peronismo y al radicalismo que viene de la derecha y defiende posiciones liberales, aunque ahora se define como "desarrollista".


El entorno de Macri asegura que él sabe a qué país se va a enfrentar y no va hacer un giro de 180 grados, que mantendrá un cierto proteccionismo y hará las reformas muy despacio, con acuerdo con los sindicatos. Pero lo cierto es que en el mundo económico se asume que vendrán curvas en los próximos meses. El país entra así en una nueva etapa que nunca había explorado, un gobierno ajeno al radicalismo y al peronismo que dominaron los últimos 70 años, aunque Macri tiene algunos componentes de ambos en sus equipos.


Sin sorpresa y con preocupación

Por Eric Nepomuceno

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Desde hace más de una semana, en la agenda oficial de la presidenta Dilma Rousseff el día 10 de diciembre está reservado para un viaje a Buenos Aires. El motivo es obvio: comparecer a la ceremonia de posesión del nuevo presidente argentino.


Al filtrar ayer esa información a la prensa, asesores de la mandataria brasileña destacaban que se trata de un gesto indicativo de la "voluntad de abrir un canal directo de comunicación con el nuevo gobierno, gane quien gane". Es decir: cuando decidió reservar la fecha para saludar al nuevo presidente argentino, Dilma Rousseff ya había sido informada por sus auxiliares directos que difícilmente Daniel Scioli sería el vencedor.


El gobierno y el partido de la mandataria, el PT, siempre dejaron claro que su preferencia sería por el candidato oficialista. Lula da Silva viajó a Buenos Aires para participar de su campaña, y Dilma lo recibió en Brasilia. Macri, a su vez, tuvo que contentarse con una reunión entre integrantes de su equipo y el embajador brasileño en Buenos Aires, Everton Vargas.


Ambos candidatos lanzaron el esperado y protocolar discurso defendiendo el fortalecimiento en las relaciones bilaterales y mayor flujo comercial. Pero ha sido a Scioli que Dilma ofreció alargar las líneas de crédito a los exportadores brasileños, extendiendo, a los importadores argentinos, el plazo para pagar sus compras.
El sutil acercamiento a la campaña de Macri empezó a principios de noviembre. Y desde los despachos del palacio de gobierno, en Brasilia, empezaron a salir tímidos indicios de que una eventual victoria del candidato derechista no encontraría "mayores resistencias" brasileñas.


A partir del momento en que más de 40 por ciento de los votos habían sido escrutados, el equipo de la mandataria brasileña consideró el resultado como irreversible. Algunos integrantes del gobierno de Dilma admitieron, en conversaciones reservadas, que el nuevo tiempo en las relaciones bilaterales empieza plagado de incógnitas, no sólo con relación a algunas medidas internas consideradas inevitables, sino también sobre cuáles serán las nuevas líneas efectivas de la política regional a ser determinadas.


Hace poco, el asesor especial de la Presidencia para asuntos internacionales, Marco Aurelio García, que tiene libre tránsito entre los gobiernos latinoamericanos, admitió, al referirse a los gobiernos de izquierda y centroizquierda de la región, que "seguramente nuestro ciclo ha encontrado un techo". Además de las dificultades enfrentadas en el campo de la economía, Venezuela y Argentina preocupan también en el campo de la política externa y del equilibrio regional.


A la victoria de un conservador duro en Argentina, se suma la previsión de que el gobierno de Nicolás Maduro experimentará una derrota en las elecciones legislativas de principios de diciembre. Tener a un gobierno debilitado en una Venezuela en profunda y seria crisis económica, con brotes de convulsión social, y además un gobierno de derecha en Argentina, podrá resultar en turbulencias en la política regional, prevén los estrategas de Dilma Rousseff.


Macri anunció, en su campaña, que presionará para que Venezuela sea suspendida del Mercosur por haber violado la "cláusula democrática". En Brasilia no habrá sorpresa en caso de que el nuevo mandatario argentino cumpla con la amenaza. De ocurrir, será el primer embate entre Buenos Aires y Brasilia. Pero hay muchísimos otros temas pen

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Domingo, 22 Noviembre 2015 06:09

Los muchos brasiles

Los muchos brasiles

Brasil es una potencia mundial importante –en términos de tamaño, población e influencia. No obstante, de muchas maneras es una combinación de tan diferentes y contradictorias facetas que es difícil para cualquiera, incluidos los mismos brasileños, saber cómo definir las características de Brasil como nación y fuerza en el sistema-mundo.


En la actualidad el rostro más importante de Brasil es el Brasil de Lula (Luiz Inácio Lula da Silva) y su partido, el Partido dos Trabalhadores (PT). Después de tres infructuosas carreras por la presidencia, Lula finalmente ganó en 2002. La elección de un líder sindical de orígenes humildes como presidente representó, cuando menos, la penetración social de una persona y un partido que desafiaron las jerarquías sociales incrustadas en el sistema político.


Lula y el PT prometieron básicamente dos cosas. La primera fue elevar de un modo significativo el ingreso real de los sectores más pobres del país. Y logró hacer esto mediante su programa de Fome Zero (Hambre Cero). Éste se conformó por un complejo de programas federales de asistencia destinados a la eliminación del hambre en Brasil. Incluyó notablemente la Bolsa Família (Bolsa de la Familia), así como acceso a crédito y a aumentos en el salario mínimo.


La segunda promesa fue rechazar las políticas neoliberales de sus predecesores y el cumplimiento de los compromisos de los gobiernos al Fondo Monetario Internacional.


Casi de inmediato, Lula cambió su posición. Nombró como ministro de Finanzas y como presidente del Banco Central a dos personas comprometidas precisamente con las políticas neoliberales y particularmente con la promesa hecha al FMI de mantener un cierto excedente primario de ingresos, que es la porción de los ingresos gubernamentales que no se gasta. Este tipo de política macroeconómica reduce los fondos disponibles para inversiones sociales. Su alardeada virtud es la de estabilizar los gobiernos y evitar la inflación. El FMI exigió de Brasil que mantuviera un excedente de 4.25 por ciento. En la presidencia de Lula, el excedente creció más que nunca a 4.5 por ciento.


Las políticas mixtas de Lula existían dentro de la particular cultura política de Brasil, país con gran número de partidos políticos, ninguno de los cuales excede de la cuarta parte de los escaños en el Parlamento. La cultura política de Brasil hace casi normal que los individuos y aun partidos completos den virajes en sus alianzas con gran frecuencia. Meramente buscan poder e ingresos. Una de las formas en que Lula y su partido se mantuvieron en la cumbre fue el mensalao (las mensualidades pagadas a los miembros de la legislatura. Es probable que el nivel de corrupción de Brasil no sea realmente mayor que el de la mayoría de otros países, pero los rápidos virajes en las alianzas legislativas han hecho esto mucho más visible.


Luego está el Brasil como fuerza geopolítica, el Brasil del BRICS –grupo de cinco economías llamadas emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuya fortaleza se basa en elevar los precios mundiales de las mercancías de exportación básicas. De pronto hubo nueva riqueza en Brasil (como en otros países del BRICS), hasta que colapsó el precio de esas mercancías básicas. Hoy parecería que, económicamente, así como les llegó fácil, así se fue.


Sin embargo, BRICS fue más un intento por incrementar la acumulación de capital. Fueron un intento por afirmar su fortaleza geopolítica. Aquí también hubo inconsistencias. Por un lado, Brasil se volvió la principal fuerza en intentar (en la primera década del siglo XXI) construir una unidad de América Latina y el Caribe independiente de Estados Unidos y de las estructuras que éste ha construido para controlar América Latina. Éste fue el Brasil que encabezó la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y de alojar ahí a países tan disparados políticamente como la Venezuela de Hugo Chávez y la Colombia de Juan Manuel Santos.


El Brasil que fue campeón de la autonomía de América Latina fue también el Brasil que buscó imponerse de muchos modos a sus vecinos, notablemente a Argentina. Fue también el Brasil que deseó crear un grupo lusófono que sirviera a sus intereses económicos. Fue también el Brasil cuyos vínculos más cercanos con China (a través de BRICS ) no se situaban en una estructura de iguales geopolíticos.


Hoy todos esos diferentes brasiles se mueven hacia implosiones internas. La sucesora de Lula como presidenta, Dilma Rousseff, ha tenido un catastrófico descenso en popularidad durante el año anterior. Lula mismo perdió algo de su postura, alguna vez intocable. El régimen está siendo amenazado por un enjuiciamiento a Rousseff. Hay rumores de que el ejército está considerando un golpe de Estado. La negación de tal posibilidad por parte del jefe de las fuerzas armadas parece en sí misma una cuasiconfirmación de tal rumor.


Sin embargo, no hay una clara alternativa, lo que hace del enjuiciamiento y del golpe militar algo poco probable. Decir que hay muchos brasiles es decir algo que puede decirse de muchos países, tal vez de casi todos. Pero de alguna forma eso parece más así en Brasil. Valiente será aquel analista que prediga el Brasil de 2016 o 2017. Pero aunque los detalles exactos sean impredecibles, las fuerzas de Brasil pueden continuar haciendo de Brasil un locus clave del poder mundial.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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Viernes, 20 Noviembre 2015 17:41

El dilema argentino

El dilema argentino

El próximo domingo es el día D. Aunque todo indica que gane quien gane el domingo las políticas que impulsó el kirchnerismo en varios planos no serán continuadas, entre Daniel Scioli y Mauricio Macri hay diferencias.

 

"No es miedo, es memoria". Con esta consigna pintada en los muros de Buenos Aires, así como con spots y discursos que van en la misma dirección, el candidato oficialista Daniel Scioli busca recordar a los argentinos las principales definiciones tomadas durante los últimos seis años por su rival del domingo, que tras encarnar sin ambages a la nueva derecha fue moderando progresivamente su discurso. Pretende también desmentir que esté tratando de infundir miedo, como lo han acusado sus adversarios. Lo cierto es que Scioli ha buscado polarizar al máximo la elección, en un contexto en el que su rival pretendió aparecer como abanderado de la moderación y de la tolerancia. Los tres puntos que le sacó a Macri en la primera vuelta fueron escasos para lo esperado y encendieron las alarmas en el entorno del candidato K. Confrontar, fue lo que le aconsejaron sus asesores.


Los sondeos no son unánimes respecto al posible ganador del domingo. La Universidad de San Martín, la ignota Fundación para la Dignificación del Hombre en el Trabajo y Hugo Haime y Asociados le dan ventaja a Scioli, pero las tres tienen algún vínculo con el oficialismo. Poliarquía, Raúl Aragón y González Valladares apuestan por Macri, pero son las consultoras que en los últimos tres comicios más erraron en sus proyecciones.


El tan esperado debate del domingo pasado en la Facultad de Derecho no aclaró nada. Más que debate fue una sucesión de monólogos, en los que Scioli apuntaba a dejar claro que un eventual triunfo de Macri representaría el retorno de lo más rancio del liberalismo de los noventa y Macri a demostrar cómo Scioli había dejado de ser aquel muchacho honesto del que había sido amigo precisamente en épocas menemistas para convertirse en puro producto kirchnerista. "Parecés un panelista de 678" (un programa ultra K de la televisión), "¿Qué te hicieron, Daniel? Estás desconocido", fueron algunas de las chicanas que Macri utilizó contra su adversario.


LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO.

El eje central en torno del que giran todas las definiciones políticas y sociales del macrismo es la economía. Siete son los hombres que eligió el líder del Pro para esa área. Carlos Melconián, su referente mayor, viene del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina, cuna de los liberales capitaneados por Roque Fernández, ministro de Menem en su última etapa. Melconián trabajó como jefe del departamento de Deuda Externa en el Banco Central apenas asumió el presidente Raúl Alfonsín y desde allí condonó la deuda contraída durante la dictadura por empresas como Renault, Esso, Bridas, Pérez Companc y Sideco Americana, la constructora de la familia Macri. Cuando Menem se postuló a la presidencia en 2003 –y perdió– presentó a Melconián como su candidato a ministro de Economía.


Fruto de la alianza con los sectores liderados por Elisa Carrió, Alfonso Prat Gay desembarcó en el equipo económico macrista pocas semanas antes de las internas de agosto. Es egresado de la Universidad Católica, tiene buena relación con el Opus Dei, años de trabajo en la banca JP Morgan en Nueva York y fue presidente del Banco Central desde la asunción de Eduardo Duhalde en 2002 hasta la negociación de la deuda iniciada por Néstor Kirchner en 2004. Renunció entonces por desacuerdos con la política económica K y hoy defiende una devaluación encubierta a través de aumentos de precios y liberación del tipo de cambio. Otro economista liberal, aunque también outsider dentro del mundillo financiero porteño, es José Luis Espert, que integraba la mesa chica de gurúes de la City que los días martes se reunían con el ultraliberal Domingo Cavallo. Los tres son los extrapartidarios incorporados desde el establishment al núcleo duro macrista.


Federico Sturzenegger, hijo de un economista liberal de la Ucr, y Rogelio Frigerio, nieto del ex hombre fuerte del presidente Arturo Frondizi en 1958, son a su vez los dos macristas en estado puro que, junto al ministro de Desarrollo Económico de la ciudad de Buenos Aires Francisco Cabrera, ex gerente del diario La Nación, completan el equipo de economistas del empresario. Sturzenegger fue director jefe de Ypf bajo la gestión del privatista José Estenssoro, y tras su incorporación al Pro de Macri fue presidente del Banco Ciudad y diputado nacional, además de docente en universidades privadas. Frigerio sucedió a Sturzenegger en el Banco Ciudad y fue secretario de Programación Económica al cierre del ciclo menemista.


Semejante equipo económico liberal le da letra a Macri para generar un choque de confianza entre el sector empresarial. Mientras los asesores externos como Prat Gay y Melconián apuntan a un dólar libre, regulado por el mercado financiero y estabilizado sobre los 16 pesos, los hombres del riñón macrista prefieren dejar la idea de topes máximos o mínimos sin arriesgar cifras. Todos pretenden eliminar el cepo cambiario.


En materia de salarios, Macri habla de congelarlos y terminar con los aumentos periódicos, poniendo en riesgo la política de paritarias entre gremios y empresarios. Las jubilaciones y pensiones tampoco tendrán un aumento bianual, como ocurre desde 2009, y los economistas del actual intendente porteño rechazan incorporar nuevos jubilados al sistema producto de un blanqueo.


Las retenciones impositivas a la producción agropecuaria son otro caballito de batalla del macrismo, que promete eliminarlas de un plumazo, salvo para la soja, en la que la reducción sería gradual. El modelo uruguayo de exención impositiva es el ejemplo a seguir. Tres de las cuatro entidades ruralistas –Sociedad Rural Argentina, Coninagro y Carbap– apoyan abiertamente a Macri. En la Unión Industrial Argentina hay un pequeño sector que reivindica lo actuado por los K y en la Asociación de Bancos Argentinos los extranjeros van con Macri sin tapujos, en busca de eliminar las tibias trabas impuestas en estos años a la transferencia de ganancias a sus casas matrices en Europa y Estados Unidos. La semana pasada la agencia de noticias financieras Bloomberg aseguró que una devaluación del peso sería un golpe duro a las multinacionales que no pudieron girar sus remesas al exterior, pero al mismo tiempo la consideró "necesaria para recuperar la salud de la economía".
Las excepciones en estos terrenos son la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas y la Federación Agraria Argentina, que nuclean a pequeños propietarios pero concentran casi dos tercios de las fuentes de trabajo de la industria y del campo, que en los últimos dos años apoyaron las políticas K.


Mientras Macri considera sencillo bajar la inflación, otro de los problemas para los candidatos, Scioli asegura que lo hará en cuatro años para no enfriar una economía en la que desde 2007 el motor es el mercado interno. La ministra de Economía confirmada por el candidato K es la actual titular de esa cartera en la provincia de Buenos Aires, Silvina Batakis. Preocupada en atraer inversores, Batakis ya marcó diferencias con el actual ministro Axel Kicillof, pero también es una defensora de cuidar las reservas del Banco Central, precisamente para sostener el dólar y generar confianza. Su consejero es Miguel Bein, un viejo amigo del fallecido presidente radical Raúl Alfonsín. Tanto Bein como Batakis apuntan a liberar el cepo al dólar paulatinamente y son partidarios de una agenda industrial desarrollista, de seguir manteniendo al margen al Fmi, coordinar con Brasil y fortalecer la estrategia de lucha contra los fondos buitre. Scioli ya sabe que entre los economistas dispuestos a integrarse a su gobierno figuran los que acompañaron el 25 de octubre al candidato ex K Sergio Massa, con el ex ministro de Economía Roberto Lavagna a la cabeza.


En materia de política exterior Scioli adelantó que si es electo su primer viaje será a Brasilia para abrazarse con Dilma Rousseff y fortalecer la integración regional. Macri, en cambio, forma parte de la entente conservadora capitaneada por el español José María Aznar y el colombiano Álvaro Uribe, y ya adelantó su intención de retomar el endeudamiento con el Fmi y negociar el pago con los acreedores que disponga el juez estadounidense Thomas Griesa.


ALIANZAS.

Los popes políticos derrotados en la elección pasada ya optaron por sus candidatos. Adolfo Rodríguez Saá anunció que votará a Scioli y espera arrastrar al 1,8 por ciento que lo acompañó en primera vuelta. Margarita Stolbizer, del Espacio Progresista, se mostró junto al Pro, aunque no es seguro que sus votantes la sigan: hay mucho voto socialista y de la izquierda del radicalismo que acompañó algunas leyes K en el Parlamento. La izquierda trotskista encabezada por Nicolás del Caño resolvió votar en blanco, pero algunos intelectuales de ese espacio firmaron solicitadas en apoyo de Scioli como mal menor "para no volver a los noventa". Los massistas Lavagna, Felipe Solá y el propio Eduardo Duhalde votarán a Scioli, porque, dijeron, "para un peronista, Macri es un límite insalvable". Lo mismo que opinan muchos referentes del kirchnerismo.

En los últimos dos años diversas encuestadoras mostraron el papel que empezaron a ocupar los grupos sociales como nuevos actores políticos. "La conciencia sobre la defensa del medioambiente y la importancia de leyes como el matrimonio igualitario y la recuperación de empresas vinculadas a la soberanía estatal resultan hoy más difíciles de poner en discusión y eso va a incidir en el voto", comentó Artemio López, de la consultora Equis, cercana al gobierno. Management & Fit, Rosendo Fraga y Graciela Römer y asociados difundieron en los últimos meses encuestas que indican que los derechos adquiridos en los últimos años parecen haber calado hondo en la ciudadanía. La memoria, en ese sentido, no tiene por qué emparentarse con el miedo, sino con la experiencia concreta.

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Viernes, 20 Noviembre 2015 06:23

Un nuevo fantasma, el desalojo

Un nuevo fantasma, el desalojo

La batería de reformas en Grecia prevé, entre otras cuestiones, que los deudores que no afronten sus créditos hipotecarios pierdan su vivienda. A cambio, el gobierno de Tsipras recibe un desembolso del rescate.

Grecia dio un paso más hacia el ajuste. El Parlamento heleno aprobó ayer una nueva batería de reformas, que incluye una polémica ley de ejecuciones hipotecarias, a cambio de un desembolso del rescate y de fondos que serán destinados a recapitalizar la banca. Las iniciativas prevén, entre otras cuestiones, que los deudores que no afronten sus créditos hipotecarios pierdan su vivienda. Sólo el 25 por ciento de los griegos socialmente más desfavorecido estará protegido de una posible confiscación de su casa. El paquete de medidas fue apoyado por 153 de los 155 parlamentarios que integran el bloque oficialista, 137 votaron en contra y 10 legisladores estuvieron ausentes. Un representante del partido populista de derecha Griegos Independientes (Anel), que votó en contra, y otro del partido Syriza de Alexis Tsipras, que se mantuvo alejado del debate, fueron los dos legisladores díscolos que decidieron no acompañar la iniciativa. Luego de la votación, ambos fueron separados de sus bancadas.


El paquete de medidas aprobado ayer resulta altamente controvertido: por primera vez luego de una moratoria lanzada hace cinco años, contempla la posibilidad del desalojo compulsivo. Luego de asumir su segundo mandato de gobierno, Tsipras prometió mantener la ayuda frente a los desalojos, al menos, para el 72 por ciento de los griegos que cargaran con hipotecas y no pudiesen atender sus compromisos. Sin embargo, el acuerdo alcanzado esta semana con la troika de acreedores –Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional– sólo contempla protección absoluta para propietarios con ingresos muy bajos, que constituyen cerca del 25 por ciento de la cartera de hipotecas morosas.


Se trata de personas con ingresos anuales brutos que ascienden a 8180 euros en el caso de los griegos solteros, 13.917 euros para los casados sin hijos y 20.639 euros para familias con dos hijos. Los afectados podrán acceder a un subsidio para hacer frente a sus obligaciones bancarias. El paquete aprobado incluye además algunas enmiendas sobre el pago a plazos de las deudas contraídas con Hacienda y Seguridad Social, y la imposición de un gravamen a los juegos de azar y al vino de 15 centavos por litro. Las dos últimas son medidas alternativas a la imposición de un IVA del 23 por ciento en la enseñanza privada, decisión acordada inicialmente en el primer rescate, que desencadenó una ola de protestas.


De la aprobación de estas reformas dependía el desembolso de un tramo de 2000 millones de euros del rescate y de 10.000 millones de euros destinados a la banca, desbloqueo crucial para concluir antes del 31 de diciembre el proceso de recapitalización financiera y evitar quitas a los depósitos superiores a 100.000 euros, en caso de crisis bancaria, como contempla la normativa europea que entra en vigor a partir del 1º de enero de 2016. El ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, dijo que se negoció bajo presión. "En verano la presión era el Grexit. En otoño era la recapitalización de la banca", dijo Tsakalotos. Y aseguró que lo primordial es que el Ejecutivo mantiene su hoja de ruta, que empieza con la recapitalización de la banca, continúa con el cierre de la primera evaluación y concluye con el debate sobre la deuda.


El diputado de Syriza Gavriil Sakelaridis renunció después de adelantar que no iba a contribuir a que se aplicase la política gubernamental. El ingreso del viceministro de Interior, Nikos Toscas, en lugar de Sakelaridis, permite a Tsipras deshacerse de los remanentes díscolos que existen en Syriza. La oposición acusó a Tsipras de engañar a los ciudadanos. "La ley demuestra que todo lo que prometía Syriza sobre la protección de la primera vivienda era una mentira para aferrarse al poder", dijo Vangelis Meimarakis, del conservador Nueva Democracia.

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El Gobierno de Ecuador busca la reelección indefinida

La Asamblea Nacional de Ecuador ha comenzado el proceso para cambiar en las próximas semanas, sin referéndum, la Constitución de 2008. El lunes se reactivó la comisión creada para tramitar las 16 enmiendas constitucionales planteadas en 2014 por el bloque legislativo de Alianza País, el movimiento político del presidente Rafael Correa, que tiene mayoría absoluta en el Legislativo. La medida más polémica es la que pretende permitir la reelección indefinida en el cargo de presidente.


La comisión presentará el informe para el segundo y definitivo debate a finales de noviembre, para que las enmiendas se aprueben antes de que termine 2015. Los asambleístas del oficialismo están cumpliendo con los plazos previstos para que la enmienda más polémica, la que permitirá la reelección indefinida de las autoridades de elección popular, surta efecto en las elecciones de 2017 y desbloquee la posible postulación de Rafael Correa, que ya ha tenido dos periodos presidenciales —una situación similar a la que se vive en Bolivia con el mandato de Evo Morales—. El Código de la Democracia es claro en esto y señala que cualquier reforma que afecte a un proceso electoral debe hacerse como mínimo un año antes.


Correa, sin embargo, ha negado tener interés en buscar nuevamente la presidencia, pero también ha dicho que estará donde su movimiento político lo requiera. A esta ambigüedad se ha sumado la sugerencia que ha hecho el mandatario a sus asambleístas en la última semana: incluir una disposición transitoria que impida que los posibles beneficiarios de la reelección indefinida se postulen en las elecciones generales de 2017. Si su petición es tomada en cuenta, él y muchos asambleístas que ahora mismo tramitan la enmienda constitucional no podrían optar a la reelección en los siguientes comicios.


Para muchos analistas la declaración del presidente es una maniobra de distracción y no tiene lugar en esta etapa del proceso. El legislador de la oposición Luis Fernando Torres califica la iniciativa del presidente de "un globo de ensayo" y argumenta que no se puede incluir algo que no fue parte del primer debate legislativo. Para el jurista y académico Farith Simon, "es una buena manera de bajar la presión política en vísperas del segundo debate". Queda entonces por ver el tratamiento que dará el bloque oficialista a la petición del líder de su movimiento político.


Consulta popular


Las otras enmiendas polémicas tienen que ver con el cambio del rol de las Fuerzas Armadas, que pasarían a ocuparse de la seguridad interna; la disminución de las competencias de la Contraloría, que dejaría de ver cómo se gasta el dinero público; y la declaración de la comunicación como un servicio público, que es leído como una estrategia para aumentar el control del Estado sobre los medios de comunicación privados.


Una parte de la ciudadanía se ha manifestado en contra de los cambios constitucionales y hay un consenso entre la oposición, que exige una consulta popular. La semana pasada hubo una marcha de rechazo a las enmiendas y habrá otra el próximo 24 de noviembre. En las redes sociales, además, circulan vídeos de personalidades que piden el archivo de las enmiendas.


En su defensa, los asambleístas del oficialismo insisten en que han socializado las enmiendas en las 24 provincias, que han hecho casi 170 reuniones y diálogos con varios sectores sociales, y que el país ha aprobado que la Constitución cambie. El aparato de comunicación del Estado se ha aplicado a fondo para difundir esto a través de una página web (enmiendas.ec) que explica, entre otras cosas, por qué no se hace una consulta popular y cuáles son los beneficios de cada uno de los cambios.

 

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Martes, 17 Noviembre 2015 19:06

Paz, bilateralidad y unilateralismo.

Paz, bilateralidad y unilateralismo.

El Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera que dio origen a la Mesa de conversaciones de paz de La Habana entre el gobierno de Santos y las Farc estableció unas reglas de juego para el desarrollo de sus actividades y la formalización de consensos y coincidencias entre las partes.

El principio de la bilateralidad es uno de los elementos centrales en la operación y gestión del mecanismo de diálogos y coincidencias en los múltiples temas que se abordan en cada una de las rondas de encuentro, las cuales ya superan el número de los 40.

La construcción, refrendación e implementación de la paz es materia que se debe abordar y adelantar de manera bilateral, conjunta y concertada.

Han transcurrido casi 3 años de reuniones en el escenario de la Mesa y la terminación del conflicto ha ganado en complejidad. Son muchos los temas y los asuntos discutidos y consensuados.

Más recientemente un pacto estableció el trabajo simultáneo de subcomisiones para acelerar los resultados específicamente en lo atinente a la terminación del conflicto.

Resultado de tal modificación ha sido la determinación de una fecha, el 23 de marzo del 2016, para firmar el pacto de cierre y determinar un mecanismo de refrendación y la ruta de la implementación de cada uno de los acuerdos.

Es justamente en este sitio en que una de las partes, más concretamente el señor Santos, se ha lanzado en una cascada de determinaciones de corte unilateral y sesgado afectando gravemente este delicado tejido de la paz.

Ciertos temas de la terminación del conflicto (punto tres), la refrendación y la implementación han sido sometidos a una precipitada estrategia de presiones y ultimátum con un cierto tufillo de amenazas.

Doy casos.

Respecto de un eventual cese al fuego y de hostilidades bilateral, el Jefe de la Casa de Nariño, ha proclamado por cuenta propia unas concentraciones y una verificación que pretenden dar ventaja a los aparatos militares oficiales empeñados en la derrota y rendición de la insurgencia revolucionaria. Al funcionario no parece interesarle un acuerdo con las Farc en el aspecto de la tregua bilateral previa y en la definición de un mecanismo de verificación en el que intervengan los sectores sugeridos por las partes de la Mesa.

La refrendación, según Santos, debe hacerse con un plebiscito tramposo armado por los gamonales del poder legislativo, omitiendo de esa manera el instrumento de la Asamblea Constituyente soberana y popular planteada por la delegación de la resistencia campesina revolucionaria.

En la implementación de los pactos se quiere proceder también de manera unilateral. Santos ignora que esa es una tarea a desarrollar conjuntamente en la que se ha previsto que las Farc y el Estado deben marchar mancomunadamente para que se cree un sistema en el que se de especial importancia a las regiones y municipios, con comisiones de seguimiento y verificación, con la existencia de unos mecanismos pertinente de resolución de diferencias; mecanismos con capacidad de poder y ejecución, conformados por representantes de las partes y de la sociedad según el caso. Además, con acompañamiento internacional, cronogramas, presupuestos y herramientas de difusión y comunicación.

El unilateralismo santista le hace un enorme daño al proceso de paz, pues las maniobras señaladas lo único que logran es sembrar desconfianza y prevención, alejando la posibilidad de una firma cercana del fin del conflicto.

Añádase a lo anterior la permanente provocación de los generales con sus brigadas y batallones para producir la interrupción de la tregua unilateral ordenada por las Farc desde el mes de julio del año en curso.

Bilateralidad, señor Santos, es la regla de oro que le da fortaleza al proceso de paz. El unilateralismo es juego sucio y ventajismo para imponer el modelo neoliberal que le interesa a la gran oligarquía.

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