Lunes, 27 Julio 2015 06:52

Momentos cada vez más difíciles

Momentos cada vez más difíciles

No ha sido una buena noticia para el ex presidente Lula da Silva ni para la actual presidenta Dilma Rousseff. Pero, principalmente, no ha sido una buena noticia para el país: luego de intentos de intermediarios con tránsito libre entre todos, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) rehusó, al menos por ahora, establecer un diálogo con sus dos sucesores para tratar el complejo y preocupante cuadro político brasileño.


El tono en que Cardoso contestó los intentos de acercamiento y diálogo lanzados de manera no tan discreta por Lula y Dilma sorprendió.


Frente a la noticia de que tanto el ex como la actual mandataria buscaron, a través de interlocutores de confianza de las partes involucradas, una apertura de diálogo, Cardoso afirmó, de manera contundente, que "cualquier diálogo no-público con el gobierno parecería una maniobra para intentar salvar lo que no debe ser salvado". Y agregó: "El momento no es apropiado para buscar un acercamiento con el gobierno, sino con el pueblo".


Vale recordar que para el domingo 16 de agosto se convocan marchas populares pidiendo el derrocamiento de Dilma Rou- sseff, y que el sector del PSDB, partido de Cardoso, que obedece al candidato derrotado el pasado octubre, Aécio Neves, defiende abiertamente esa línea.


Capitaneadas por las clases medias de los grandes centros urbanos, con el apoyo masivo de los grandes conglomerados de comunicaciones, esas marchas podrán ser de gran importancia para alimentar aún más la clara e intensa campaña destinada a liquidar con el mandato de Dilma. ¿Sería ésa la "hora de buscar un acercamiento con el pueblo" a la que se refiere Fernando Henrique Cardoso?


Quienes lo conocen saben que se trata de un hombre cordial, educado, elegante y que no suele buscar confrontaciones: siempre trató de mostrarse abierto al diálogo y a la negociación. Saben, además, que tiene una trayectoria personal de integridad absoluta. Y que, claro, es un político hábil y de gran experiencia.


Vale recordar que la trayectoria de Cardoso con Lula es una, y con Dilma, otra. En los estertores de la dictadura, cuando el sindicalista emergía como uno de los baluartes de resistencia al régimen, Cardoso, intelectual de prestigio, perseguido y exiliado por los militares y sus socios civiles, supo apoyarlo. Ambos se enfrentaron en dos elecciones presidenciales, ambas ganadas por Cardoso en la primera vuelta. Adversarios duros en las contiendas electorales, protagonizaron escenas de gran respeto a la democracia cuando, en 2002, Lula, luego de haber derrotado al candidato de Cardoso, José Serra, alcanzó la presidencia.


La ceremonia de transmisión de investidura de Lula, el primer día de 2003, cuando recibió la banda verde-amarilla de las manos de Cardoso, fue un ejemplo de transición respetuosa. Y luego empezaron los encontronazos.


La dureza con que Lula se refirió siempre a la "herencia maldita" que le había legado el antecesor provocó malestar en Cardoso. Pero, discreto, el ex presidente jamás contestó al bombardeo de su sucesor.


Con Dilma fue distinto. Como ella no tenía ninguna trayectoria política anterior –ocupó, eso sí, puestos administrativos, pero nunca antes se había lanzado a una disputa por votos–, tampoco hubo encontronazos significativos con el ex presidente.
Claro que ella siguió, en su primer mandato y luego en la campaña electoral que la llevó al segundo –exactamente ese que ahora se ve acosado por todos los lados– criticando duramente las políticas económicas de Cardoso. Pero sin atacarlo personalmente, como hizo Lula.


Los postulantes del PSDB de Cardoso que disputaron –y perdieron– cuatro elecciones con el PT (dos con Lula, dos con Dilma) no tienen el mismo peso moral y político del ex presidente. El más reciente de ellos, Aécio Neves, derrotado por Dilma el pasado octubre, controla parte sustancial del partido. El y sus seguidores inmediatos rechazan cualquier posibilidad de diálogo, pese a la gravedad de la crisis, con Dilma y con cualquier dirigente del PT, a empezar por Lula. Esa ala del PSDB parece dispuesta a cualquier cosa con tal de acosar a la presidenta y desangrar su partido. Como si la situación ya no fuese complicada y preocupante en niveles serios, son adeptos de la vieja línea que preconiza que cuanto peor, mejor.


Los otros dos postulantes derrotados por Lula el PT en 2002 y 2006, el actual senador José Serra y el actual gobernador de San Pablo, la más rica, poblada y antipetista provincia brasileña, Geraldo Alckmin, se muestran más cautos. Puede que por auténtica preocupación frente al preocupante cuadro político brasileño, puede que para prepararse para la disputa por la postulación del PSDB en 20018, lo que importa es que actúan de manera más apaciguadora que Neves.


Al rechazar –vale repetir: al menos de momento– el diálogo con sus sucesores, Cardoso sorprende. Y con ese gesto, contribuye para que aumenten aún más las tensiones y preocupaciones.


Allegados al ex presidente recuerdan que hace poco menos de dos años –más exactamente en diciembre de 2013– el mismo Cardoso insinuó a Lula que sería interesante abrir un diálogo.


Esa propuesta surgió durante un vuelo entre Sudáfrica y Brasil, y más precisamente en el avión presidencial. Dilma había invitado a los ex presidentes brasileños para el funeral de Nelson Mandela. Cuando regresaban, Lula y Cardoso conversaban de manera amistosa. Al oír de su antecesor la propuesta, Lula contestó que, en aquel momento, no le interesaba dialogar sobre el país sino ganar las elecciones del año siguiente.


Bueno: en 2014, Dilma fue reelecta. A los pocos días de su victoria empezaron los problemas. Y a partir de la elección de los presidentes de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros, empezó el infierno.
Ahora, en una situación de extrema dificultad, Dilma y Lula quisieron retomar la idea de dialogar con Cardoso. Y le tocó a Cardoso el turno de decir "no, gracias".


Es casi imposible decir hasta qué punto esa negativa contribuirá para agravar aún más una situación ya bastante grave.
Pero resulta muy claro que tal rechazo no hace más que reiterar que sobran razones para preocuparse por el futuro del país.

 

Publicado enInternacional
El clientelismo como soporte del gobierno

"Penumbras y demonios" son las prácticas clientelistas en la política colombiana. Pilar del control social y de la corrupción que garantizan dominación y continuidad tanto en el dominio político como en el juego electoral, este fenómeno, incrustado como raíz hasta llegar a constituirse en "política de Estado" en nuestro país, demanda un análisis para desentrañar sus formas y manifestaciones más recurrentes. Para comentar tal fenómeno, ¿quién mejor que un costeño?

 

desdeabajo –da–. En su libro «Penumbras y demonios en la política colombiana. Un análisis sobre el clientelismo», usted dice que el clientelismo en Colombia ha cambiado, ¿a qué se refiere cuando afirma esto?
Alfredo De León Monsalvo –ALM–. El clientelismo en los años 60 y 70 se basaba en que quienes llegaban a los cuerpos colegiados –concejos, asamblea, Cámara de Representante y Senado– basaban su votación en una clientela que estaba sujeta a necesidades básicas insatisfechas, como todo tipo de servicios básicos. Una vez satisfechos estos, los políticos se vieron entonces en la necesidad de buscar nuevas formas de control y dominio, y esta nueva forma fue entonces el empleo público. Sin embargo, luego vino una más, la que está predominando actualmente: la contratación.

da. ¿Cuáles son los sectores claves del clientelismo?
ALM. El sector clave del clientelismo es el propio gobierno de turno. No hablemos del Estado. Llámese Pastrana, Samper, Uribe o Santos, los presidentes necesitan aprobar sus planes de desarrollo y sus leyes. ¿Qué sucede? Los parlamentarios que forman parte del llamado grupo de gobierno, la "Unidad Nacional" para el que ahora funciona; estos señores, que dicen apoyar el Gobierno. ¿Cómo lo hacen? Por ejemplo, los conservadores, ¿brindan su apoyo porque creen en el proyecto de Juan Manuel Santos? No, lo apoyan porque tienen unos ministerios o unas agencias del Estado donde controlan unos representantes que son nombrados bajo su indicación y que responden en estas entidades públicas a los puestos, a los contratos y a una serie de prebendas que los benefician electoralmente. Y así sucede con los demás apoyos, sin distinción alguna. Esta es la primera clave.


Entonces, así vista esta práctica, es el propio Gobierno el primer actor auspiciador del clientelismo, porque necesita los votos parlamentarios para que no le hagan "paro legislativo" para que le asistan en la aprobación de los proyectos. La segunda clave son los propios parlamentarios que están ante la necesidad de apoyar al gobierno de turno como mecanismo para subsistir. Y la tercera, por supuesto, son los propios grupos económicos, los que tienen sus equipos de lobby para que sus proyectos pasen o para que los proyectos que el gobierno presenta no afecten sus intereses.

 

da. ¿Qué papel juega la contratación pública en las elecciones?
ALM. En Colombia se despertó una nueva ola de "contratitis" como la han denominado algunos, en su mayoría grandes contrataciones. No todos los senadores tienen este tipo de influencia pero, como los denominaba Uribe, los más «perfumados», pueden incidir para que un conocido de ellos, o de la familia, pueda llegar a firmar grandes contratos con el Estado y de esta manera obtener recursos para su reelección. La elección directa de alcaldes y gobernadores también posibilitó esto porque ahora tienen bajo su control mayor acceso a los recursos públicos. Hay otro tipo de contratación que también ayuda a un político para su reelección, y es la forma como ellos pueden incidir en los proyectos de ley, favoreciendo a los grandes grupos económicos que responden con donaciones a los partidos o, en particular, a los políticos.

da. ¿Cuáles son los sectores económicos que inciden en la política gubernamental?
ALM. ¡Todos, todos, todos! Los constructores tienen mucho peso, ellos buscan el control de las obras públicas y, por supuesto, el sector financiero, alrededor de dos grupos cabeza: Aval (Sarmiento Angulo) y Bancolombia (Grupo empresarial antioqueño).

En Medellín, y gran parte de Antioquía, la política está sujeta al apoyo que el Grupo empresarial le preste a los candidatos. Es muy difícil que sin su apoyo un candidato acceda al gobierno municipal o departamental, pues todos están sujetos a los acuerdos que establezcan con éste. Si existe un grupo económico que influye en su región ese es el Grupo empresarial antioqueño.

da. ¿Qué proporción del voto resulta de la presión clientelistas?
ALM. He analizado varios tipos de votación clientelista: la compra del voto y el que responde a la carencia de algunos recursos básicos. Pero lo que más me llama la atención es la compra directa del voto. El departamento del Atlántico, y gran parte de la costa Atlántica, para no decir toda, está sujeta a esta realidad.

La votación de la ciudad capital, y la del sur de departamento, por ejemplo, prácticamente el 80 por ciento, es comprada, es decir, existen grandes compradores del voto. Por ejemplo, el senador Roberto Gerlein hace años que no da un discurso (incluso por condiciones de salud). No recorre el departamento del Atlántico, no visita un barrio –como en su comienzo, hacia los años 60–, porque no lo necesita: tiene cinco personas más o menos que le compran de manera directa los votos. Estas cinco personas a su vez tienen otro equipo que le van a conseguir los líderes de determinados barrios, los que a su vez tienen otros que le van a llevar a las familias. También hay lugares en donde se ven más votantes que habitantes, como en el departamento de Córdoba, donde acabó de salir una noticia de este tipo. Eso es muy típico, el trasteo del voto, el "voto comisión". El voto comprado como tal, particularmente en la costa, es muy alto.

da. ¿Por cuánto y cómo se compra un voto?
ALM. Un concejal de Bogotá, por ejemplo, actualmente no sale con, por lo menos, 500 millones de pesos. En cada localidad de la capital el concejal cuenta con un edil que tiene que pagar a los líderes de barrio para que le apoyen. El concejal tiene que pagar una suma determinada al edil para que lo apoye. En Bogotá un edil puede contar, como mínimo, con 500 votos. Este edil no vale 10 millones de pesos ni 20, éste te vale, como mínimo, 50 y cien millones de pesos. Y el edil apoya al que le pague. Él puede ser de un partido, digamos del partido de la U, pero va apoyando al concejo al partido Radical que le pagó una suma mayor que su propio partido. Un voto comprado hoy puede costar entre 50 o 100 mil pesos. Pero no se debe olvidar que existe el "combo", ¿qué es?, es la compra del voto alcaldía, voto gobernación, voto diputado y voto concejal. Como un senador, en particular, lleva su candidato o lleva su apoyo a determinado candidato, él busca la compra del voto en combo.

da. En un artículo publicado en la edición de junio, analizamos la debilidad del marco legal que rige la entrega de cuentas de las campañas. Además del dinero obviamente oculto, usado para aceitar la corrupción directa, ya citada, ¿qué otro tipo de gastos desaparecen de estas cuentas?
ALM. Los candidatos tienen que presentar unas cuentas de campaña pero ¡estas cuentas no son reales! Y lo que hay en todas las campañas es financiación por «debajo de la mesa». En la ciudad de Barranquilla por ejemplo, el día de las elecciones no hay transportes públicos y sobre todo no hay taxi. Todos los taxis son contratados por los políticos para movilizar a su electorado. Eso cuesta un dineral, sin hablar de la carpa blanca, de los sánduches, de la gaseosa, del dinero destinado para hacer la reunión que no entra en las cuentas electorales. El dinero que se mueve en estas campañas es mucho.

da. ¿Cómo se instrumentaliza la carencia de servicios públicos en las elecciones?
ALM. Hay un caso muy llamativo, es el de Mockus y Santos en 2010. Juan Manuel Santos sintió una amenaza con la denominada "ola verde". ¿Qué hicieron entonces ante esto? Sencillo, dedicaron un gran esfuerzo para que por los sectores populares fueran diciendo que Mockus les iba a quitar el Sisbén. Y es conocido que el Sisbén significa acceso gratuito a la salud, acceso gratuito a la educación y unos subsidios. Una familia beneficiaria del Sisbén, fácilmente recibe hasta 500 mil pesos mensuales en subsidios. Esta campaña de miedo, brindó sus «buenos» resultados a favor de la primera elección de Santos.

da. ¿Cuál es la geografía partidista del clientelismo?
ALM. El clientelismo lo ejercen, en lo fundamental, los partidos "tradicionales". Pero de todas maneras, un político sin clientela es prácticamente un político muerto. En Colombia un político tiene que tener clientela para subsistir.

De allí que el Partido Conservador le llamen el "partido de los puestos", o el partido de la burocracia, y con sus maniobras y acomodamientos logra estar en todo tipo de gobierno. Aunque es partido minoritario, siempre está buscando alianza con el gobierno de turno. Pero hay que decir que en la izquierda colombiana también hay políticos clientelistas. Hay políticos que se sujetan a los puestos y se sujetan a los contratos. La izquierda en Colombia, lamentablemente, no es tan pura como quiere aparecer.

da. Con lo dicho hasta aquí, ¿existe el voto de opinión en el país?, ¿en qué condiciones?
ALM. ¡Claro que existe el voto de opinión!, y está muy sementado en determinados partidos y determinados candidatos. En el partido liberal hay candidatos que recogen votos de opinión y en el partido conservador también, pero la mayoría de quienes allí militan sobreviven a través de la clientela.


El voto de opinión, está centrado en las grandes ciudades (Bogotá, Medellín, Cali), y en mínima proporción, comparada con estas ciudades, en Barranquilla. Se han presentado casos donde el voto de opinión camina a base de una campaña específica, y muchas veces programada desde la ciudad de Bogotá. Hace dos años fue famoso el caso de buscar el voto blanco para la gobernación del César. En Valledupar, zona de mucha clientela, sí, triunfó el voto blanco, no en todos los municipios, pero fue algo prodigioso. La campaña fue realizada desde Bogotá pero contó con recepción positiva y acogimiento de la ciudad de Valledupar que lo entendió. Eso es una muestra grande de madurez política, lamentablemente no es una constante.

da. Entonces, ¿piensa que en Colombia falta de "madurez política"?
ALM. Yo diría que el cuarto gran auspiciador del clientelismo en Colombia somos nosotros mismos, con la cultura política. Nos falta mucha cultura política. Todavía el voto en Colombia es de pobreza, y a través de ésta oficiamos el clientelismo. El día de elecciones puede verse gente en muchos pueblos, pero también en ciudades grandes como Barranquilla, saliendo a buscar a quienes compran el voto. Es un caso lamentable pero es un caso muy cierto. Otro factor que me llama mucho la atención, es la pedagogía. No he podido entender como un sindicato que se ha denominado de izquierda, como Fecode, que tiene más de 200 mil maestros y que dominan el 60 por ciento de la educación en Colombia, no cuenta con una pedagogía de este tipo para desplegarla en las poblaciones donde tiene presencia.

da. Entonces, desde el aquí y el ahora, ¿cómo podríamos salir de lo que usted llama un "sistema primitivo electoral clientelista"?
ALM. Primero, logrando un mejor nivel de desarrollo. Es decir, que todas las personas tengan acceso a los bienes del Estado por derecho propio; que ellos sientan que no se lo están regalando o que se lo lleva un determinado político, sino que ese es el deber del Estado y que ellos pueden exigir estos derechos. Segundo, el factor determinante en la cultura política, es la educación. En Colombia nos hace falta un mayor nivel de educación, no tanto en cuanto a conocimiento de la ciencia exacta, el arte, la cultura, etcétera, sino alrededor de la cultura política, lo cual, en lo fundamental, depende de la escuela y de los medios de comunicación, que como es conocido, siempre cuentan con sus candidatos, casi siempre dentro del establecimiento.

La opinión pública aquí es determinante, y en nuestro país diversos políticos decentes, entre ellos Jorge Robledo y otros, logran grandes votaciones como efecto del reconocimiento espontáneo a su labor, a sus denuncias. Pese a estos casos, en Colombia falta decencia para la política.

Publicado enEdición Nº 215
Viernes, 24 Julio 2015 06:40

La nueva gran transformación

La nueva gran transformación

Una de las pocas ventajas de las grandes crisis es que nos ayudan a descorrer el velo con el cual el sistema encubre y disimula sus modos de oprimir. En este sentido la crisis que vive Grecia puede ser fuente de aprendizajes. Para ello propongo dejarnos inspirar en el largo camino recorrido por Karl Polanyi al escribir La gran transformación. Para comprender el ascenso del nazismo y del fascismo se remontó a los orígenes del liberalismo económico, situados en la Inglaterra de David Ricardo.
El capitalismo de libre mercado, los mercados no regulados, desarticuló las relaciones sociales y destruyó comunidades sometiendo a los individuos, desgajados de sus pueblos, al hambre y la humillación. El cercamiento de los campos –inicio de este proceso– fue una revolución de los ricos contra los pobres, dice Polanyi. Luego de la Paz de Cien Años se produjo la desintegración de la economía mundial y el Estado liberal se vio remplazado en numerosos países por dictaduras totalitarias (La Piqueta, 1997, p. 62).


La transformación que estamos viviendo en las últimas décadas ha sido analizada como la hegemonía de la acumulación por desposesión (o despojo), como señala David Harvey en El nuevo imperialismo (Akal, 2004). Las raíces de este proceso, siguiendo los pasos de Immanuel Wallerstein y Giovanni Arrighi, hay que buscarlas en las luchas obreras de la década de 1960 (y de 1970 en América Latina), que desarticularon la disciplina fabril neutralizando el fordismo-taylorismo, una de las bases de los estados de bienestar. La clase dominante decidió pasar de la hegemonía de la acumulación por reproducción ampliada a la dominación mediante acumulación por saqueo.


Sin embargo, el concepto de acumulación por desposesión no se detiene en el tipo de Estado adecuado para esta etapa. El régimen político para imponer el robo/despojo no puede ser el mismo que en el periodo en el que se apostó a la integración de los trabajadores como ciudadanos. Este es, a mi modo ver, el núcleo de las enseñanzas de las crisis griega (y de las crisis en varios procesos latinoamericanos).


Estamos ante el fin de un periodo. Una nueva gran transformación sistémica, que incluye por lo menos tres cambios trascendentes, que deberían tener su correlato en el ajuste de las tácticas y estrategias de los movimientos antisistémicos.
El primero ya fue mencionado: el fin del estado de bienestar. Incluso en América Latina en la segunda posguerra asistimos a un relativo desarrollo industrial, la adjudicación de derechos a las clases trabajadoras y a su progresiva e incompleta inserción como ciudadanos. La desindustrialización y la financiarización de las economías, a caballo del Consenso de Washington, enterraron aquel desarrollismo.


La segunda transformación es el fin de la soberanía nacional. Las decisiones importantes, tanto las económicas como las políticas, pasaron a tomarse en ámbitos fuera del control de los estados nacionales. La reciente negociación entre el gobierno griego y el eurogrupo muestra claramente el fin de la soberanía. Es cierto que muchos gobernantes, de derecha e izquierda, naufragan entre la falta de escrúpulos y la falta de proyecto. Pero no es menos cierto que el margen de acción del Estado-nación es mínimo, si es que existe.


El tercero es el fin de las democracias, estrechamente ligado al fin de la soberanía nacional. De esto no se quiere hablar. Quizá porque son muchos los que viven de las migajas de los cargos públicos. Pero es uno de los núcleos de nuestros problemas. Cuando el uno por ciento tiene secuestrada la voluntad popular y el 62 por ciento es sometido al 1 por ciento; cuando esto sucede una y otra vez en uno y otro país, es porque algo no funciona. Y eso que no funciona se llama democracia.


Creer en la democracia, que no es sinónimo de ir a las elecciones, es un grave error estratégico. Porque creer en la democracia es desarmar nuestros poderes de clase (léase de trabajadores, mujeres pobres, indios, negros y mestizos, sectores populares y campesinos sin tierra, pobladores de periferias, en fin, todos los abajos). Porque sin esos poderes, los llamados derechos democráticos son papel mojado.


La democracia funciona desarmando nuestros poderes. Y aquí es necesario introducir varias consideraciones.


Una. Democracia no es lo opuesto a dictadura. Vivimos la dictadura del capital financiero, de pequeños grupos que nadie eligió (como la troika) e imponen políticas económicas contra las mayorías, entre otras cosas porque los que llegan al gobierno son comprados o amenazados de muerte, como bien nos recuerda Paul Craig Roberts: Es muy posible que los griegos sepan que no pueden declarar suspensión de pagos e irse, pues si lo hacen serán asesinados. Seguramente se los han dejado muy claro (http://goo.gl/rAoXbG). Sabe lo que dice, porque viene de allá arriba.


Dos. Desde que la burguesía aprendió a manejar el deseo y la voluntad de la población por medio del marketing, imponiendo el consumo de mercancías absurdas e innecesarias, la democracia está sometida a las técnicas de mercadeo. La voluntad popular nunca alcanza a expresarse en las instituciones estatales, en los términos y códigos que las clases populares emplean en sus espacios-tiempos, sino mediada y tamizada hasta ser neutralizada.


Tres. Los poderes de clase han sido codificados en derechos. No es lo mismo reunirse, publicar folletos o crear mutuales con base en las propias fuerzas y sorteando la represión, que dejar que los estados regulen y disciplinen esos modos de hacer por medio de subsidios. La represión es a menudo el primer paso para conseguir la legalización.


Ahora el problema es nuestro. Podemos seguir, como hasta ahora, poniendo todo en las elecciones, en las marchas y los actos, en las huelgas reguladas, y así. Nada de lo anterior es descartable por alguna razón de principios. El problema está en construir una estrategia centrada en esas herramientas, reguladas por los de arriba. Las herramientas del amo nunca desmontan la casa del amo, escribió la feminista negra Audre Lorde.

Publicado enSociedad
Viernes, 24 Julio 2015 06:28

Sin izquierda, ¿qué nos queda?

Sin izquierda, ¿qué nos queda?

Ser de izquierdas no se lleva. Adscribirse políticamente a tal definición ideológica conlleva ser identificado como fundamentalista, devoto de una religión cuyos rituales trasnochados provocan rechazo. Hoy se les considera una secta. La izquierda es un lastre si se quieren ganar elecciones y tener poder. Se le achaca un discurso proveniente de categorías como clases sociales, explotación, colonialismo interno, imperialismo, capital trasnacional, proletariado, burguesía, sectores medios, bloque dominante, etcétera. El argumento para descalificar tal lenguaje consiste en señalar que los votantes no entienden, que se pierden en una selva discursiva, los asusta y es contraproducente. Así no se puede avanzar. La nueva estrategia debe superar la dicotomía derecha-izquierda. Por consiguiente, es mejor buscar el punto medio, hablar de generalidades de coste político cero.


Al igual que la economía de mercado ha desvincu¬lado la relación entre el capital y el trabajo para construir una sociedad de esclavitud consentida, los nuevos partidos emergentes reniegan de situarse en la izquierda o en la derecha, facilitando el control social y la dominación política neoliberal, bajo una estrategia comunicativa que oculta la realidad. Prefieren hablar de la gente, siendo esta la categoría acuñada para desintegrar la identidad colectiva de lo nacional-popular, negando los intereses comunes de clases trabajadoras. Los discursos que escuchamos a los dirigentes de los partidos emergentes, fundamentalmente en España, están llenos de frases como: debemos entender los problemas de la gente; saber lo que la gente quiere; reivindicar lo que la gente demanda; ser representantes de la gente; constituirse en una herramienta para que la gente participe; interpretar el sentido común de la gente. A cualquier pregunta se responde: habrá que consultar a la gente. ¿Cómo hemos llegado a tal nivel de mediocridad teórica y analítica? Veamos.


Con el advenimiento de la ideología neoliberal de la globalización, una narración histórica dominante, dependiente de la revolución burguesa e industrial, saltó por los aires. Se afirmó con rotundidad que la dualidad capitalismo-socialismo llegaba a su fin. Una mayoría de científicos sociales consideró la caída del Muro de Berlín y la desarticulación del bloque comunista como el inicio de una nueva era en la historia de la humanidad. No más vivir bajo el temor del holocausto nuclear. La paz perpetua, descrita magistralmente por Kant, parecía tocarse con la mano. La comunidad internacional se felicitaba y los dirigentes políticos vivieron un momento de euforia. Los colores tradicionales del espectro político se desdibujaron en pro de una caracterización menos ideológica y más pragmática. Las grandes ideas-fuerza, centro del debate teórico y motor de programas políticos, fueron cuestionadas, y finalmente consideradas obsoletas. Ni Marx ni Keynes. Era el tiempo de Adam Smith. Sus discípulos, vilipendiados durante décadas, Hayek, Von Mises, Friedman o Rawls, pasaron a la ofensiva y se convirtieron en el referente para el proyecto refundador del capitalismo. Los organismos internacionales, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, junto a las trasnacionales aconsejaron la desarticulación del estado de bienestar. La propuesta fue clara: despolitizar, restar derechos sociales, reformar los espacios de acción colectiva y realizar un ataque a las formas organizativas de las clases trabajadoras hasta lograr su total desprestigio. Sindicatos de clase y partidos políticos de izquierda fueron cuestionados. El momento subjetivo de la política, principio articulador de la conciencia social del nosotros, fue remplazado por un yo superlativo, construido desde las fuerzas del mercado. A paso lento, el sujeto social perteneciente a una sociedad de clases, a una nación con identidad colectiva, fue remplazado por la figura de un consumidor anónimo defensor de un individualismo extremo. Consumidor de política, sexo, amor, educación, sanidad, cultura, ocio y dinero.


El Estado, la nación, las relaciones sociales, económicas, la política, la familia, la moral, la religión y la cultura debían modernizarse, transformarse en nombre de la economía de mercado. Las tecnociencias proporcionaron las herramientas para el advenimiento de la sociedad de la información y la comunicación global. El concepto acuñado por Marshall McLuhan: aldea global sirvió para sintetizar los cambios en la vida cotidiana y mostrar la influencia de los medios de comunicación en la era informática. La razón neoliberal impuso su narrativa, su lenguaje, sus íconos y sus mitos. Las clases sociales se diluían en el mercado y no tenía sentido proyectar sus relatos en forma de acción política. La separación entre derechas e izquierdas llegaba a su fin. La democracia de mercado inventaba un nuevo modo de producción: el democrático representativo-autorregulado.


En las postrimerías del siglo XX, la cultura del capitalismo ganó la batalla. El enemigo, temido y a veces endiosado, fue caricaturizado. Los ex dirigentes comunistas abdicaban de su ideario y anunciaban su derrota estratégica. La palabra crisis de la izquierda se generalizó, llegando a incluir paradigmas, teorías, formas de pensar, actuar y modelos societales. La proliferación de autores adictos a este relato emergió en los cinco continentes. Una literatura subrayando el comienzo de esta era de progreso inundó las aulas, los debates y los foros internacionales. Las editoriales pertenecientes a las trasnacionales de la comunicación se encargaron de su difusión a escala planetaria. Las mentes se acoplaron a los nuevos retos del neoliberalismo.

El individuo exaltado y elevado a la condición de dios no tendrá límites, su poder es ahora infinito. Para ello debe sentirse dueño de sí mismo: en una palabra, empoderarse. Pero, no para configurar un proyecto colectivo como lo entendía Paulo Freire, tomar conciencia de la pedagogía del oprimido. El triunfo cultural del neoliberalismo consiste en defenestrar a la izquierda en pro de un vacío ideológico que no cuestione la economía de mercado. Los partidos emergentes son sus mejores representantes.

Publicado enPolítica
Viernes, 24 Julio 2015 06:16

Por una educación política

Por una educación política

Uno de los grandes desa¬fíos de los gobiernos de izquierda, progresistas, con vocación transformadora, es que llegan a ser gobierno por la vía de las elecciones. Canalizan la insatisfacción, el deseo de cambio o la protesta de muchos sectores ideológicamente heterogéneos que al votar componen circunstancialmente una nueva mayoría que se constituye como gobierno. Pero estos gobiernos no se amparan en una contrahegemonía que sostenga una nueva perspectiva política, económica y social.


Estas victorias, que no representan por sí mismas cambios revolucionarios en la sociedad, implican que el gobernar sea un ejercicio a rea¬lizar en el marco de una hegemonía conservadora. Hegemonía que está presente en la organización y funcionamiento del Estado y en los modos y costumbres del hacer político y del actuar gubernamental. Hegemonía en la que están contenidos conceptos y procedimientos que se naturalizaran como contenido y forma de ejercer el poder.


Es en la correlación de fuerzas en el seno de la sociedad civil donde se determina y se reproduce esta hegemonía conservadora, pues es esta correlación la que permite legitimar esa hegemonía en la sociedad política y el Estado. Por tanto, el proceso de reificación de la realidad en sus contradicciones y de legitimación del dominio conservador se de¬sarrolla sustantivamente en la sociedad civil y en las formas con las que ahí se moldea la reproducción de valores conservadores. Valores que dividen y fracturan la sociedad mediante el ejercicio continuado de un sentido común que despolitiza y desideologiza acciones y conflictos sirempre enmarcados en lo político-ideológico, pero que son pre-sentados disfra¬zados de 'verda¬des' construidas.
Los gobiernos con intención trans¬formadora necesitan por lo tanto afrontar el desafío de disputar el dominio hegemónico con la clara y decidida intención de construir una contrahegemonía desde la ventaja de ser gobierno. Y de establecer espacios y procesos de conflicto desde el ejercicio del mismo gobierno. Sería una vía para salirnos del totalitarismo que nos ha sido impuesto desde el pensamiento único del neoliberalismo. Un pensamiento que elimina los espacios públicos mediante una ideología que reduce el progreso social a una carrera individual e individualista desenfrenada.


Por eliminación del espacio público entendemos el vaciamiento del sentido del debate político sustantivo, la despolitización de los debates o su anulación como valor político. Una de las expresiones de la deconstrucción del espacio público es la eliminación de los debates estratégicos en la dinámica de gobierno, con la entronización de un discurso tecnocrático reproducido por los técnicos de la Administración pública dominada por los conceptos neoliberales de gestión eficiente y desde los principios de una macroeconomía que se impone a los mismos intereses sociales.


En consecuencia se pierde el entendimiento de que las razones de las poblaciones han de ser escu¬cha¬das en sus necesidades/di¬mensiones fundamentales derivadas de los derechos humanos y sociales. Es decir, se pierde fácilmente la comprensión de la necesidad del go-bierno de abrirse al debate público, sobre todo en los temas estratégicos, lo que implica impulsar un debate constante con la sociedad restaurando un espacio público de verdad. Se recuperarían así los espacios públicos esenciales para una democracia capaz de promover justicia social y para la constitución de un gobierno con aspiraciones de transformación social.


Son estos espacios públicos, concebidos como espacios esenciales de educación política, los que van a permitir que estos gobiernos afronten la hegemonía dominante en el espacio mismo de su reproducción político-ideológica: en el cotidiano de la vida social –en todos los espacios de reproducción y de producción social y económica–.
Red de animadores


Los gobiernos aspirantes a transformar la sociedad deben impulsar una vasta red de animadores políticos que, en alianza con fuerzas sociales presentes en comunidades territoriales, escuelas, universidades, sindicatos, centros de cultura, en los espacios de circulación, en los mismos espacios de gobierno..., sean capaces de animar espacios públicos que permitan rescatar la historicidad de los problemas, desafíos y soluciones necesarias en una perspectiva contrahegemónica.


Y sacarlos de los límites impuestos por el dominio conservador. Evidenciar los intereses en juego en cada disputa en las sociedades civil y política y en los espacios del Estado permitirá construir una percepción ciudadana sobre dónde están sus aliados y sus enemigos. Una percepción desde la comprensión de dónde están las posibilidades de un futuro deseable y justo, y dónde está la mera reproducción de los intereses dominantes.


La memoria histórica política, el entendimiento de la dinámica política, económica, social y cultural de la vida en lo local, lo nacional y lo internacional pasa a ser sustrato para poder construir, desde la perspectiva de cada sujeto y de sus colectividades, la incidencia y la acción política que dan sentido a una educación política orientada al protagonismo ciudadano.


Amparados en las ideas de Antonio Gramsci y Paulo Freire podemos construir ejercicios de educación popular y política que permitan entender y hacer políticamente significativas las propuestas, los conflictos y los potenciales/límites que pueden tener los Gobiernos con ambición transformadora.


Se evita así que el debate se limite a la 'eficiencia' de éstos para desplazarlo a su capacidad para responder a las aspiraciones universalistas e igualitarias de la tradición libertaria y emancipadora que puedan enmarcar las ambiciones de las poblaciones. Se constituye entonces un imaginario social de futuro que mueva la participación consciente de los sujetos individuales y colectivos.


Ampliar los medios de comunicación fuera del dominio conservador y realizar acciones productoras de educación y conciencia políticas son formas de educación política masivas. Pero el principal medio de educación política pasa a ser la forma de actuar del gobierno, constituyendo una narrativa política capaz de agregar significado a sus acciones y movilizar a la sociedad para su transformación.


Sin este esfuerzo esencial de educación política, las acciones del go¬bierno serán siempre entendidas y evaluadas esencialmente desde el prisma del beneficiario individual. Y sus logros serán medidos por su efecto visible e inmediato sin dialogar con la perspectiva histórica de sus acciones ni con la disputa a futuro que le da trascendencia y perennidad, haciendo más fácil deslegitimar y restar valor a lo hecho y sobredimensionar lo que no se logra hacer.


Gobernar, para aquellos que aspiran a transformaciones sociales, es un momento privilegiado para elaborar imágenes políticas que permitan avanzar en la difícil tarea de construir la contrahegemonía. Para ello disputar la conciencia de las poblaciones pasa a ser esencial. La educación política es el medio fundamental para responder a este desafío.

Publicado enSociedad
Viernes, 10 Julio 2015 06:59

"El neodesarrollismo se agotó"

"El neodesarrollismo se agotó"

Brasil de Fato – ¿Cómo estás viendo el escenario político brasilero?


João Pedro Stedile – Brasil está pasando por un periodo histórico muy difícil y complejo. Lo que hemos discutido en las plenarias de los movimientos populares es que estamos pasando por tres graves crisis. Una es la crisis económica, con la economía paralizada, falta de crecimiento de la industria, señales de desempleo y caída en los ingresos de la clase trabajadora.


Otra es la crisis social, cuyos problemas, sobretodo en las grandes ciudades, como falta de vivienda, de transporte público, aumento de la violencia contra la juventud en las periferias y de millones de jóvenes que no están consiguiendo entrar en la universidad apenas aumentan. Los 8 millones de jóvenes que se inscribieron en el ENEM (examen nacional de enseñanza media, requisito obligatorio para entrar en las universidades públicas brasileras), por ejemplo, disputaron 1,6 millones de lugares. Y los que no entran, para dónde van?


La última es la grave crisis política e institucional, en que la población no reconoce la legitimidad y liderazgo en los políticos electos. Eso se debe al sistema electoral, que permite que las empresas financien sus candidatos. Para tener una idea, apenas las diez mayores empresas eligieron 70% del parlamento. O sea, la democracia representativa fue secuestrada por el capital, y eso generó una hipocresía de los electos y una distorción política insuperable. Eso se refleja en las pautas que el parlamento adopta y en las ideas que ellos defienden, que no tiene nada que ver con los electores. Por ejemplo: en la sociedad brasilera tenemos 51% de mujeres. Se presentó un proyecto para garantizar 30% de representación femenina, pero ellos bloquearon. Y, con eso, vamos a mantener apenas el actual 9%!


¿Cómo evalúa las propuestas que predominan en el debate público para superar este escenario?


Las clases dominantes, aquellas que poseen el poder económico en nuestra sociedad, son bastante inteligentes. No es en vano que gobiernan hace 500 años. Percibieron la gravedad de la crisis, y por eso abandonaron el pacto de alianzas de clase con los trabajadores, representado por la elección de Lula y Dilma, que resultó en el programa neodesarrollista.


El neodesarrollismo, como programa de gobierno, se agotó. Los sectores de la burguesía que hacían parte y se beneficiaban de ese programa salieron de escena, y apuestan ahora a otro programa. El programa de este sector para salir de la crisis es básicamente la defensa de Estado mínimo, utilizando máscaras como la disminución de ministerios, menos intervención del Estado en la economía, retiro de derechos laborales – con el objetivo de que el costo de la mano de obra disminuya y se retomen las altas tasas de ganancia, pudiendo competir mejor en el mercado mundial con la competencia. El tercer elemento es la realineación de la economía y de la política externa con Estados Unidos. Por eso critican las políticas de los Brics, de Unasur, de Mercosur y defienden abiertamente el regreso del Alca.


Ese es el programa de la clase dominante para salir de la crisis. No es otra cosa que la vuelta al neoliberalismo. Y para alcanzar estos objetivos accionan sus operadores políticos en los espacios que detentan hegemonía completa, como es el caso del Congreso Nacional, del Poder Judicial y de los medios de comunicación burgueses. Estos tres poderes están actuando permanentemente y de forma articulada entre si para que este programa sea implementado. Y el partido ideológico que está articulando esa unidad entre los tres espacios es la Red Globo.


El gobierno ha tomado diversas iniciativas de política económica, medidas provisorias y ajuste fiscal. ¿Cómo los movimientos están viendo estas iniciativas?


Para nosotros, el gobierno de Dilma no entendió la naturaleza de la crisis instalada, ni lo que está aconteciendo en la sociedad brasilera. Tampoco la disputa ideológica que se dio en el segundo turno de las elecciones, una tremenda lucha de clases.
El gobierno erró al montar un ministerio muy dependiente de partidos conservadores, que inclusive votan contra el gobierno en el parlamento. Llega a ser ezquizofrénica. Tal vez sea el peor ministerio desde la nueva república, y está resumiendo la crisis a un problema de déficit en el presupuesto. Sin embargo, el déficit en el presupuesto es apenas consecuencia de la crisis, y no adelanta tomar medidas paliativas. Tal como explicó el profesor Belluzzo, "el motor de la economía pifeó, y el gobierno está preocupado con la chapa y pintura". Por increíble que parezca, todas las medidas paliativas y las iniciativas que el gobierno tomó no sólo no resuelven la crisis citada, como tienden a agravarlas, porque quedan en la apariencia de los problemas y no van a las causas. Peor, muchas de las medidas, en especial las de economía, van en la dirección del programa de la burguesía, o sea, retiran derechos de los trabajadores. Aumentar la tasa de interés es todo que el sector hegemónico de los capitalistas quieren: ganar dinero con rentismo y con especulación. Si el gobierno no muda de rumbo, no muda su política económica y no toma iniciativas que coloquen el debate en la sociedad, de la necesidad de una reforma política profunda, continuará cayendo en la impopularidad y en la incapacidad de salir de la crisis.


En esa coyuntura compleja, ¿hay posibilidades de golpe?


Las clases dominantes, los capitalistas, los empresarios y la derecha, como campo ideológico, son muy diversos en una sociedad tan compleja como la nuestra. Por más que la Globo se esfuerce para darles unidad, no consiguen tener consenso en la forma de ver los problemas y en las propuestas para la salida de la crisis.


Es cierto que hay sectores más radicales de la derecha que quieren golpe, impeachment, hasta por el parlamento. Pero creo que una confusión institucional no interesa a los sectores empresariales. Lo que ellos quieren es que el gobierno asuma el programa de ellos. Solo eso. Por otro lado, los mismos motivos para tener proceso de impeachment para Dilma podrían ser aplicados a los gobernadores Geraldo Alckmin (PSDB), Beto Richa (PSBD), etc, lo cual generaría una confusión generalizada.
Infelizmente creo que el gobierno cayó en esa trampa. Y mismo asumiendo el programa de la clase dominante, las tres crisis no se resuelven. Por eso estamos en un periodo de confusiones que no se resolverá a corto plazo.


¿Y cuál es la propuesta de los movimientos populares frente a esta situación?


Por parte de los movimientos populares la situación también es compleja. Los movimientos y las fuerzas populares, que encuadran todas las formas organizativas, como partidos, sindicatos, movimientos sociales, pastorales, etc, no han tenido la capacidad de organizar una plataforma común, un programa único de salida de la crisis.


Tenemos ideas generales, en teoría, como, por ejemplo, el entendimiento de que apenas saliremos de la crisis económica si el gobierno abandona el superávit primario y, en lugar de pagar 280 mil millones de reales en intereses por año, invirtiera esos recursos públicos en la industria para generar empleos, en obras públicas de transporte, vivienda o educación.


Ya en la crisis política, solo iremos a superarla si tenemos una reforma política profunda. Son ideas
generales, en torno de reformas estructurales necesarias. Sin embargo, es necesario construir un programa que unifique todos los sectores sociales y de unidad a las acciones de movilización de masas.


Por ahora, apenas los sectores organizados de la clase trabajadora se están movilizando. El pueblo en general está quieto, mirando por televisión de forma asustada las noticias de la crisis y de la falta de alternativas.


De un lado, el pueblo ve todos los días a la burguesía tomando iniciativas contra el, y un gobierno inerte e incapaz. Y de nuestra parte, no conseguimos llegar hasta esa masa con nuestras propuestas, inclusive porque los medios de comunicación están controlados por la burguesía.


¿Cómo estás viendo el proceso de la operación "Lava-Jato" y las denuncias de corrupción que envuelven a las empresas y a Petrobras?


Hay muchos aspectos que envuelven este tema. Claro que existen personas y empresarios que se apropian personalmente de estos recursos e inclusive los envían para el exterior, y por lo tanto son corruptos.


Pero la corrupción en la sociedad brasilera es mucho más amplia. Está presente en la gestión de recursos públicos, que envuelven políticos de todos los partidos y otros sectores sociales.


Cuando un profesor de la USP con dedicación exclusiva abre un escritorio de consultoría, o tiene un segundo empleo, el también está siendo corrupto. Pero todo eso lo resolveremos con procesos de participación popular en la gestión de los recursos públicos y métodos permanentes de fiscalización por parte de la sociedad.


Pero el caso más patético del "Lava-Jato" es que culpan a este o aquel. El problema de fondo es el método de las elecciones. Mientras haya financiamiento de las empresas en las campañas electorales habrá "Lava-Jato".


La solución real no es apenas querer arrestar fulan o mengano, es cambiar el sistema. Precisamos de una reforma política profunda. El Congreso ya dio varias pruebas, inclusive en las últimas semanas, que no quiere mudar nada. La única salida sería convocar una asamblea constituyente exclusiva, que haga la reforma del sistema político brasilero. Claro que la realización de un plebiscito popular, que legalice la convocatoria de la asamblea, solamente llegará si las masas salen a las calles a luchar por la asamblea constituyente. O sea, va a depender de una nueva correlación de fuerzas. Pero esa es la única salida política para combatir la corrupción.


También es importante resaltar que todas las entidades de abogados y jueces han denunciado los abusos de poder del Juez Sérgio Moro, extrapolando sus funciones y utilizando, junto a los medios de comunicación, la fuga de informaciones, de denuncias premiadas y prisiones con claro sesgo partidario.


No se ve la misma divulgación, empeño y ninguna prisión en casos semejantes de corrupción de los trenes de San Pablo, por ejemplo, o en el caso del conocido "mensalão mineiro", o mismo de las estafas practicadas por el gobierno de Aécio/Anastasia en las empresas estatales de Furnas y Cemig, en Minas Gerais.


El juez Moro se prestó a alimentar un odio de la clase media contra los petistas, como si todos estuvieran envueltos con corrupción, todos fuesen culpables, cuando el verdadero culpable es el sistema electoral, que ellos no quieren mudar.
¿Y cómo evalúas el proyecto del senador Serra (PSDB), que retira a Petrobras del pré-sal?


El proyecto de Serra, en debate en el Senado, es la prueba más cabal de como los parlamentares de la derecha aplican el programa de la burguesía en el Congreso Nacional para salir de la crisis.


El proyecto retira de Petrobras la prioridad de explorar el pré-sal. Es todo lo que las empresas transncionales precisan, ya que no será más necesario gastar con investigación, dado que se sabe dónde está el petróleo. No hay ningún riesgo, basta ir y buscarlo.


En un país continental como el nuestro, el Estado brasilero no tiene ninguna condición de fiscalizar lo que las empresas harían en alta mar, ni para dónde y cuánto petróleo llevarían.


Si Petrobras está atravesando dificultades financieras y no puede operar todos los pozos, es preferible que vaya más suave con la explotación de reservas, garantizando que todo el pueblo brasilero tenga el control sobre ellas.


Y claro, es preciso que los trabajadores de Petrobras tengan mayor participación en la gestión de la empresa, sino acontece lo mismo que con el mineral de hierro, cuando Fernando Henrique Cardoso privatizó la Vale do Rio Doce y entregó gratuitamente a los capitalistas estadounidenses.


Hoy, se exportan miles de millones de toneladas de hierro por año, y el pueblo brasilero no tienen ningún beneficio con esa riqueza natural, aunque según la constitución debería ser utilizada en beneficio del bienestar de toda la población.


Espero que el Senado tenga juicio y rechazar ese proyecto, o mismo que la presidenta lo vete después, y que los petroleros se mantengan movilizados y en lucha por la defensa de Petrobras.


¿Cuáles son las iniciativas que los movimientos populares están tomando para posicionarse en esa coyuntura?


Estamos haciendo todos los esfuerzos para construir plenarias unitarias entre todos los frentes de masa, principalmente en los estados, y estimular a los sectores organizados que luchen. En algunos estados esa unidad es más visible, como pasó con la lucha de los profesores en Paraná y Minas Gerais.


A nivel nacional, las centrales sindicales, en especial la CUT (Central Única de Trabajadores), ha hecho el esfuerzo de coordinar las iniciativas de movilización de la clase trabajadora en defensa de sus derechos. Y existe una disposición, caso avance el proyecto de tercerización, de realizar una huelga general en todos los sectores de la economía, para boicotear esa medida que hace parte del proyecto de la burguesía.


Creo que ya hay una unidad bastante grande y disposición de lucha en defensa de los derechos de los trabajadores, pero todavía no avanzamos para construir un programa alternativo para la clase.


Ustedes también están proponiendo un frente político, que está siendo llamado de Grupo Brasil. El tema de los frentes amplios o frente de izquierda ha aparecido. ¿Cómo el MST está viendo estas propuestas?


Estamos viendo la necesidad de construir dos espacios complementarios de frentes, de unidad. Un frente de lucha de masas, que la CUT y los movimientos populares están halando.


Sin embargo, eso no es suficiente. Es necesario otro frente político, que consiga aglutinar los movimientos populares, partidos, entidades, pastorales e intelectuales para debatir un proyecto para Brasil. O sea, un frente que no es ni partidaria, ni electoral. Es un frente político para pensar el futuro y tener un proyecto alternativo al de la burguesía.


Claro que en la construcción de ese frente existen diferentes opiniones e iniciativas. Es probable que tengamos hasta varios frentes políticos. Tal vez no sea posible tener unidad en ese campo, ya que las ideologías, intereses de partidos y vanidades personales a veces se sobreponen a la necesidad de la unidad. Y hace parte de la lucha de clases esa diversidad.


Como MST, estamos apostando en un frente político, popular y nacional que aglutine todas las fuerzas que votaron en Dilma en el segundo turno. Esa es una referencia ideológica. Probablemente sectores más a la derecha o más a la izquierda no quieran participar. No porque no querramos, sino porque tienen un proyecto diferente.


Hay una propuesta de realizar, en setiembre o en torno a la semana de la patria, una grande plenaria nacional en Minas Gerais, que reúna representantes, militantes de todas las fuerzas populares (partidos, sindicatos, movimientos populares, pastorales e intelectuales) para debatir un programa popular para enfrentar a la derecha y a la crisis.


Y en la Reforma Agraria, ¿cuál es el análisis que el movimiento está haciendo de las medidas del gobierno Dilma?


La Reforma Agraria también está paralizada, como parte de esta crisis, de falta de un proyecto de país. Felizmente hubo cambios en el Ministerio de Desarrollo Agrario y en el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria), y tenemos compañeros serios y comprometidos con la Reforma Agraria, lo cual nos ayuda mucho a resolver problemas pendientes, el pasivo de estos últimos diez años.


Tenemos 120 mil familias acampadas que el gobierno precisa asentar. Tenemos un déficit de más de 100 mil casas en los asentamientos, falta de asistencia técnica, y los proyectos de agroindustria están parados. Si el señor Levy (Ministro de Economía) no molesta, creo que esos problemas emergenciales serán resueltos por el nuevo equipo.


Sin embargo, lo que está colocado es la necesidad de un nuevo proyecto de Reforma Agraria, en aquello que llamamos de Reforma Agraria Popular, que se basa en los nuevos paradigmas que van más allá de la necesaria democratización de la propiedad de la tierra.


También precisamos organizar una producción que priorice el cultivo de alimentos saludables a toda la población. La matríz tecnológica debe volcarse para la agroecología, instalar agroindustrias y cooperativas en todos los asentamientos como forma de aumentar el empleo y los ingresos de los asentados.


Precisamos democratizar la educación y ampliar el acceso a la escuela en todos los niveles. Y para que ese nuevo proyecto de Reforma Agraria se realice, dependerá del programa y de la movilización de toda la clase trabajadora. El MST y los sin tierra solos no consiguen avanzar más.


De ahí nuestro esfuerzo de envolvernos con otras articulaciones políticas y populares, ya que el avance de la Reforma Agraria Popular depende de los cambios generales, de las reformas estructurales de la sociedad brasilera.


Usted está yendo para el encuentro de los movimientos populares de América Latina con el Papa Francisco, en Bolivia. ¿Cómo será ese nuevo encuentro?


Desde la elección del Papa Francisco, por iniciativa de el, hemos construido canales y puentes de interlocución. Hicimos seminarios en el Vaticano para debatir temas de la desigualdad. Elaboramos un documento sobre el peligro de los transgénicos y agrotóxicos.


Quedamos bastante contentos con la nueva encíclica del Papa, sobre ecología, en la cual incorpora varios debates que han acontecido en los movimientos campesinos y entre los científicos comprometidos con la verdad. En octubre de 2014 realizamos el encuentro en el Vaticano entre el Papa y 180 líderes populares del mundo entero.


Ahora estamos dando secuencia a ese diálogo, y vamos a reunir 1500 líderes de toda América Latina para debatir con el, en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.


Aquí de Brasil estamos yendo con 250 delegados. Nuestra delegación está dividida siempre entre los tres sectores de los movimientos populares: tierra (campesinos), techo (lucha por la vivienda) y trabajo (sectores sindicales y populares que se organizan entorno al trabajo).


Tengo certeza que el encuentro será muy provechoso, y pretendemos sacar una carta común de compromiso entre los movimientos populares y el Papa Francisco, como representante máximo de la comunidad de los millares de católicos de todo el mundo.


Las posiciones del Papa en los diferentes temas en que ya se ha posicionado ha sido una grata sorpresa para todos, no solo para los movimientos populares, sino para la sociedad en general. En Roma defendió tres tesis fundamentales, como un programa mínimo para salvar la humanidad: "Ningún campesino más sin tierra. Ninguna familia sin una casa digna, y ningún trabajador sin trabajo y sin derechos". Creo que ahora vamos a avanzar hacia nuevos temas.


Traducción1 de la entrevista realizada a João Pedro Stédile, líder del MST (Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra), por Brasil de Fato.


Link entrevista: http://www.brasildefato.com.br/node/32389


1 Traducción del portugués de Angela Garofali Patrón, Economista.

Publicado enSociedad
"Yo no voy a caer, no caeré, no me atemorizan"

Llamemos a las cosas por su nombre, dijo ayer Dilma y habló extensamente, por primera vez, del golpismo al que prometió enfrentar "con uñas y dientes". Fue en una entrevista publicada el martes de una semana política iniciada tempranamente el domingo durante la convención en la cual el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) oficializó su opción programática por la destitución del gobierno elegido en el ballottage del 26 de octubre del año pasado. Aécio Neves, vencido por Dilma en esos comicios, y el ex mandatario Fernando Henrique Cardoso coincidieron, a pesar de diferencias parciales, en la estrategia del golpe institucional, comparable con el que acabó con el mandato del presidente paraguayo Fernando Lugo. Detalle: el PSDB justificó en 2012 la caída de Lugo y 3 años antes la de Manuel Zelaya en Honduras.


"Yo no voy a caer, no caeré...no esperen que me ponga nerviosa, no me atemorizan" con la prédica a favor del impeachment (juicio político) reivindicada por "una cierta oposición un tanto golpista. ¿Por qué yo no voy a terminar el mandato? Para derribar a un presidente se necesita explicar el por qué", sentenció Dilma en el reportaje donde también habló de las campañas sucias sembradas en las redes sociales.


"El otro día postearon que yo había intentado suicidarme, que estaba traumatizadísima. No apuesten a eso. Yo viví algo cien mil veces peor cuando fui presa y torturada (durante la dictadura). Si no quise suicidarme cuando querían matarme, ¿por que habría de hacerlo ahora?...Decir eso es absolutamente desproporcionado, eso no va conmigo....No quieran comparar a la actual disputa política con la tortura. Esto es parte de una lucha para construir (un modelo) de país."


Durante la extensa entrevista concedida a Folha de S. Paulo Dilma abordó cada uno de los engranajes del golpe en gestación. Se refirió incluso a la pata judicial, encarnada en un juez de provincia evidentemente aliado a la oposición, quien sustancia de forma parcial el proceso de corrupción en Petrobras.


En el contenido y la forma de las respuestas de Dilma se advierte la decisión política de irle al toro: o se aplasta a la conspiración o será difícil que este cuarto gobierno del PT concluya su mandato el 31 de diciembre de 2018.


Desde las tiendas petistas hubo apoyo a las respuestas de Dilma. "La presidenta hizo lo correcto porque la situación es grave, ella finalmente apareció después de mucho tiempo, volvió a ser la Dilma del corazón valiente (lema de la campaña electoral) dispuesta a dar la pelea" la respaldó ayer Lindbergh Farias.


El senador carioca Farias impulsa, junto a sectores del PT, la formación de un frente amplio con partidos de izquierda y movimientos sociales para contener la avanzada destituyente.


El golpe de Freud


En la oposición conviven grupos disímiles que van desde neoliberales representativos de las clases medias y altas, como Aécio Neves, hasta evangélicos con base electoral en las favelas donde predican la identificación de Dilma con la homosexualidad y lucifer. De momento, el socialdemócrata liberal Neves; el evangélico Eduardo Cunha, jefe de Diputados, y el titular del Senado, Renán Calheiros, suman fuerzas para tornar inviable al gobierno y generar las condiciones del impeachment.
Más allá del poder de fuego de esos dirigentes, a los que se suma el socialdemócrata José Serra, lo cierto es que entre ellos hay disputas fratricidas y plazos diferentes.


Serra sigue anhelando ser presidente, luego de dos derrotas ante el PT en 2002 y 2010, pero desconfía de una salida inmediata y prefiere "hacer sangrar" lentamente a Dilma y al partido gobernante.


Los plazos de Serra son distintos a los de su enemigo y correligionario Neves, comprometido con el "impeachment ya" que le permitiría competir en imaginadas elecciones anticipadas. El ímpetu de Neves por llegar al Planalto suele traicionarlo, como ocurrió esta semana cuando en un acto fallido dijo que la "convención del PSDB me reeligió este domingo como presidente de la república". En realidad fue reelegido como jefe del PSDB y como tal ya convocó a una nueva marcha golpista, que espera sea tan concurrida como las de marzo y abril pasados, para el próximo 16 de agosto.


Durante la tarde de ayer la entrevista de Dilma fue motivo de polémicas en el Congreso donde petistas y socialdemócratas cruzaron lanzas. "Lo que está haciendo el PSDB en complicidad con la prensa, que se autodenomina como partido político, es criminalizar al PT y al gobierno. Eso se llama golpe", gritó en el recinto el senador Humberto Costa, jefe del bloque oficialista donde se percibía un espíritu de lucha renovado.


Mientras tanto, importantes dirigentes del PT realizaban en Brasilia un encuentro con el PC Chino en el que se debatía la importancia de construir un mundo multipolar y Dilma volaba hacia Rusia donde hoy se inician las deliberaciones de la VII Cumbre de Presidentes del Grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).


La realización de la gira europea, que incluye una escala en Italia, es una demostración de que pese a las bravatas opositoras al gobierno le resta bastante sustentabilidad política: si la crisis fuera tan grave, o terminal, como se la describe en los medios la presidenta no podría ausentarse del país hasta el domingo.


En la ciudad rusa de Ufá, Junto a Vladimir Putin y Xi Jinping, Dilma ajustará los últimos acuerdos para poner en funcionamiento el Nuevo Banco de Desarrollo lanzado durante la VI Cumbre realizada hace un año en Fortaleza, nordeste brasileño.

Publicado enInternacional
Lunes, 29 Junio 2015 06:31

Grecia contra los hombres de gris

Grecia contra los hombres de gris

Hay una incompatibilidad entre democracia, soberanía y economía financiera global. Venía tiempo diciendo la academia que hay que escoger solamente dos de ellas. Pero era un análisis amable. Lo que sobra, en cualquier caso, es la democracia. Dicen los funcionarios del FMI que no soportan la arrogancia de las autoridades griegas. ¿Qué es esa mierda de preguntarle al pueblo? ¿Queremos regresar a la URSS o qué? Y echan de la sala de reuniones a Varufakis, que estaba representando a todo un pueblo. Hay sitios en donde si miras al carcelero a los ojos te ganas una paliza. O un tiro.

Los burócratas de la Troika se caracterizan por ser implacables con los débiles y obsequiosos con los fuertes. Les va en ello cambiar de corbata y subirse el sueldo. Peor se pone el asunto si pensamos que el sueldo se lo pagamos nosotros. ¿Por qué es posible exigir a cualquier trabajador que cumpla con sus obligaciones menos a estos paniaguados de los organismos financieros internacionales? Insultan al gobierno legítimo griego y las empresas de medios de comunicación jalean el "intolerable mal comportamiento" del gobierno de Syriza. Claro, si los bancos se ha hecho con el control de los medios. ¿Van a criticar a sus jefes?

Venimos, como siempre, de la historia. Alemania cedió su más preciada pertenencia, el deutsche Mark, en 1990 a cambio de que Francia le concediera la soberanía para la unificación. Nacía la moneda única. La Segunda Guerra Mundial terminó con una rendición incondicional del III Reich, de manera que la unión de la RFA y la RDA tras la caída del Muro de Berlín sólo era posible si las potencias ganadoras firmaban un tratado de paz. Eso fue el Tratado Dos más Cuatro (las dos Alemanias y las cuatro potencias vencedoras) firmado en septiembre de 1990. La primera respuesta de la Alemania unificada fue forzar a la UE el reconocimiento de Eslovenia y Croacia -ya empezaban a regresar al concepto de "patio trasero"- adelantándose a hacerlo. Lo que pasó en Yugoslavia ya lo sabemos.
Alemania ahora intenta forzar la salida de Grecia de la Eurozona. Esa salida, inevitablemente, forzaría la salida de Portugal, que forzaría la salida de Italia, que traería consigo la salida de España. Al final, otra vez, cuando Francia estuviera a solas con Alemania, Merkel podría recuperar su moneda, reforzada durante todos estos años por un mercado único a su servicio y una financiación de sus inversiones gratis al haberla pagado el resto de Europa con la altísima prima de riesgo. Y todo el sueño europeo, que nos ha traído decenios de paz interna después de la terrible primera mitad del siglo XX, regresará a la angustia de los años treinta. No se trata de hacer oscuras predicciones. Se trata de no volver a equivocarnos.

Que Alemania se comporte como ha venido haciendo desde que derrotó a Austria en la batalla de Padova a finales del XIX puede entrar dentro de lo comprensible. Todos los países son deudores de su trayectoria (la path dependence en términos de la ciencia política). Europa lo entendió y por eso la ancló en el proyecto comunitario desde la creación en 1951, en el Tratado de París, de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Ese año, en la inmediata posguerra, comenzaría igualmente un acuerdo para perdonarle a los alemanes sus deudas de guerra, que culminaría en el Tratado de Londres de 1953. Lo incomprensible es que Europa vuelve ahora a dejar suelta a Alemania. Algo que sólo se entiende por las características de la economía financiera global, que convierte a nuestros países en protectorados de Alemania guiados por un afán colaboracionista que sólo beneficia a las élites que forman parte del 1% que está saqueando la despensa del 99%.


Es el momento de los pueblos. Los que quieren recuperar la capacidad de consumo para reactivar la economía, terminar con el desempleo y reinventar una senda de crecimiento que tendrá que ser respetuosa con la naturaleza. Estar hoy con Grecia es estar con la democracia. Es momento de exigir que la democracia y los derechos humanos estén por encima de la codicia financiera, para que no vuelva a caer la noche sobre Europa. En el caso de España preocupa que los que ayudaron a echar el manto negro sobre nuestro país sean vistos con indulgencia por quienes nos gobiernan. En 1936 Europa no estuvo a la altura y cuando reaccionó en 1939 ya era tarde. Lo que está pasando con Grecia no es ninguna broma. Nos estamos jugando la paz del continente. Ayudemos a Grecia contra los hombres de negro que, en verdad, son los hombres vestidos de pardo y correajes de siempre.

Publicado enEconomía
Domingo, 28 Junio 2015 06:20

Turquía: se avecina inestabilidad

Turquía: se avecina inestabilidad

Turquía sostuvo elecciones parlamentarias el 7 de junio de 2015. Contra las expectativas de virtualmente todo mundo, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (o AKP, por sus siglas en turco) perdió su mayoría absoluta. Esto fue visto como una derrota importante para el partido y para el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. El corresponsal del Financial Times calificó los resultados de sísmicos y citó a un comentarista crítico de Erdogan, quien dijo: No hay un sendero sin riesgos para él en este momento; cualquier cosa que elija será una apuesta. El encabezado de dicho artículo afirma que Erdogan tiene una opción post-electoral: retirarse o fundirse con lo que viene".


Virtualmente todos los observadores, dentro y fuera de Turquía, han estado analizando las elecciones con una verbosidad igualmente dramática. Para entender el por qué, necesitamos regresar al comienzo de la historia de Turquía como un Estado independiente, en 1923.


La Guerra de Independencia Turca (1919-1923) terminó con el Tratado de Lausana. En ese punto, el Parlamento interino llamó a elecciones. Este segundo Parlamento proclamó la república, aceptó el Tratado de Lausana y abolió el califato. El nuevo partido mayoritario, el Partido Republicano del Pueblo (o CHP, por sus siglas turcas), pronto quedó como el único partido. Su fundador, Mustafá Kemal Ataturk, lo encabezó hasta su muerte, en 1938.


De muchas maneras las políticas de Ataturk fueron modeladas sobre las que él consideraba eran las de Francia. Fue un anticlerical y jacobino que buscó modernizar su país. Central en su jacobinismo era la visión francesa de las relaciones entre el Estado y las religiones, conocida como laicité. Una laicidad que en su traducción turca se inventó un término: laiklik.
Este jacobinismo fue expresado por la feroz oposición de Ataturk a cualquier tipo de lealtades que intermediaran entre el Estado y el individuo, sea que fueran religiosas, étnicas o regionales. Había cuatro grandes intermediarios posibles, y Ataturk tomó acciones contra los cuatro. El primero fue el Islam –y, por tanto, la abolición del califato y la prohibición de las vestiduras islámicas. El segundo fueron los kurdos –y, por tanto, se les negó el uso de su lenguaje y de hecho su mera existencia, llamándoles turcos de las montañas. El tercero fueron los armenios –y, por tanto, su masacre y expulsión. El cuarto fueron la población y la iglesia griega ortodoxa –y, por tanto, su transferencia forzada a Grecia en intercambio por turcos residentes en Grecia.


Es más, para Ataturk y el CHP la creación de un Estado moderno implicó una cuidadosa limitación de las fronteras del Estado turco. Esto significó el rechazo de la ideología del pan-turquismo, que buscaba unir a todos los pueblos hablantes de lenguas turcas. Rechazó a fortiori el llamado turanismo, que buscaba unir a todos los pueblos que descendieran de raíces lingüísticas comunes, como los fineses, los húngaros, los mongoles, los coreanos y los japoneses, entre otros.


Muy por el contrario, Ataturk buscó purificar lo turco rechazando todas las importaciones del árabe, el persa, el griego y el latín al turco, como se utiliza en las fronteras de Anatolia, que proporcionaban los límites básicos de la moderna Turquía. Puso también fin al uso del alfabeto arábigo, remplazándolo por el alfabeto latino.


Las sucesivas versiones de la Constitución incluían todas el término seglar en la descripción de la república. En 1930, Ataturk escribió acerca de las denominaciones erróneas" utilizadas por co-nacionales que han sido incitados a pensarse a sí mismos como kurdos, circasianos, lazes o bosnios. Todos ellos eran, en cambio, miembros individuales de la nación.


El segundo punto de la continuada importancia de Turquía fue su orientación geopolítica. En los primeros días de la república, Turquía mantenía lazos con la Unión Soviética. Compartían un sentido de ser naciones revolucionarias y por consiguiente no eran aceptadas por el mundo occidental. Pero para Ataturk, esta alianza amainó conforme persiguió su aspiración de crear un Estado moderno siguiendo el modelo francés. Luego, con el advenimiento de Hitler al poder, Alemania cortejó a Turquía. Por tanto, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, el Estado turco fue desgarrado entre las posibles alianzas y optó por la neutralidad, que fue vista por los poderes aliados como demasiado pro-germana.


En parte para reparar las relaciones con Europa occidental (y América del Norte), el sucesor de Ataturk, Ismet Inönü, terminó en 1944 el dominio de un solo partido y llamó a elecciones. El CHP ganó con facilidad su primera elección, pero después de eso se volvió un partido minoritario. Se proclamó social-demócrata y se unió a la Internacional Socialista. Continuó siendo fuertemente nacionalista, pero encontró su fuerza electoral en las áreas urbanas de profesionales de clase media y en las élites gerenciales. Sus simpatizantes impulsaron políticas pro-occidentales (como unirse a la OTAN) y mayores libertades civiles.


El CHP se encontró a sí mismo acosado por sus oponentes. Hubo versiones sucesivas de un partido conservador, que le dio menos énfasis a las políticas pro-occidentales. Tenía fuertes raíces en las áreas rurales y una visión un poco más tolerante del Islam. El ejército y el poder judicial querían mantener un Estado muy fuerte y fueron en extremo vigilantes en la defensa de la laicité, lo que condujo a varios golpes militares. Y los kurdos comenzaron a organizarse en lo político y eventualmente comenzaron una insurrección militar mediante un partido/ejército conocido como el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo). Este grupo, encabezado por Abdullah Ocalan, se proclamó originalmente marxista-leninista, pero más tarde evolucionó a una orientación socialista revisada deseosa de integrarse políticamente como una región autónoma dentro de Turquía. Ocalan fue capturado con ayuda de la CIA y fue condenado a muerte, pero se le conmutó la pena por la de cadena perpetua en una isla remota.


Los partidos de base musulmana que emergieron en este periodo fueron proscritos sucesivamente y sus líderes fueron encarcelados o escindidos de hacer política. Así que cuando el partido de Erdogan, islámico moderado, el AKP, llegó por primera vez al poder en 2002, fue visto como algo que llevaría a una revolución progresista verdadera.


Siguió enfrentando oposición fuerte de muchos intelectuales secularistas de izquierda y también enfrentó la posibilidad de un golpe por parte del ejército. Erdogan, con cuidado y gran logro, navegó todos los bajíos y creció fuerte de un modo constante. En este punto, Erdogan buscó un Parlamento que votara por una nueva Constitución que creara un sistema presidencial muy fuerte. El AKP, que pareció representar una fuerza progresista en 2002, ahora se miraba como un partido potencialmente dictatorial en el futuro.


Sin embargo, Erdogan hizo una cosa notable y sorprendente en su más reciente periodo en el cargo. Comenzó negociaciones con Ocalan para ver si podría haber una fórmula de devolución de poder que resolviera el punto. Y eso le ganó mucho crédito entre los kurdos. No obstante, también impulsó una nueva política exterior que reinsertó a Turquía en el ámbito del Medio Oriente. Su feroz oposición a Bashir al Assad, de Siria, lo condujo a involucrarse en un comportamiento negativo vis-a-vis los kurdos sirios que priorizaron su oposición al Estado Islámico y son aliados con el PKK.


Como tal, en estas últimas elecciones, el más reciente partido kurdo legal (el Partido Democrático de los Pueblos o HDP, por sus siglas en turco) impulsó una nueva política. Creó una coalición progresista arcoíris. En su lista de candidatos hubo personas de los grupos étnicos importantes, el primer candidato abiertamente gay, y tal vez lo más importante es que hubo un gran número de mujeres. Este partido recibió más de 13 por ciento de la votación a nivel nacional, permitiendo al partido kurdo, por primera vez, exceder el umbral de 10 por ciento necesario para contar con escaños en el Parlamento.


Erdogan no tiene oportunidad de promulgar su Constitución. Su problema inmediato es si debe intentar gobernar como partido minoritario (lo que es muy difícil) o aliarse a uno de los tres partidos con los votos que le brinden a él la mayoría: el HDP de izquierda, el secularista CHP o el partido de la extrema derecha. Es una muy difícil decisión para él, para su partido y para Turquía. El resultado tendrá un impacto fundamental no sólo en el futuro de Turquía, sino en la geopolítica del Medio Oriente.


Traducción: Ramón Vera Herrera

Publicado enInternacional
Viernes, 26 Junio 2015 06:41

El cambio es así en España

El cambio es así en España

El bipartidismo español demuestra su incapacidad para abordar el presente político. Lo manifiesta cada día sustituyendo cualquier discusión sobre la actual situación socio-económica con una vuelta al pasado rebuscando cualquier tuit debajo de la alfombra. PSOE y PP evitan entrar al campo de la (verdadera) política porque han dejado de controlar monopólicamente ese espacio. Prefieren la confrontación en la arena de la parapolítica aprovechándose de su gran eco mediático y sin necesidad de explicar aquello que afecta diariamente a la gente de a pie.


La disputa es demasiado asimétrica entre los guardianes de lo viejo y los que pretenden un cambio a favor de la mayoría. Mientras el bloque histórico usa todo su poder para pelear fuera del verdadero ring social que preocupa a la ciudadanía, Podemos como partido-movimiento opta por situar su propuesta en el centro del cuadrilátero. La guerra de posiciones está servida para estos meses venideros. El sistema político tradicional sufre una crisis de representatividad; ha dejado de percibir cuál es el sentido común de época en la sociedad española de los últimos años. Los de arriba no saben qué decir de la corrupción ni de los desahucios, ni de los que no pueden pagar la electricidad a final de mes, ni del desempleo juvenil. Los representantes de las elites procuran reinventar una centralidad que no coincide con el centro de gravitación de las demandas de la mayoría social. Prefieren la campaña del miedo porque han dejado de ser creíbles como políticos capaces de crear esperanzas.


Frente a ello, Podemos sigue empecinado acertadamente en centrar la atención en aquello que afecta la vida cotidiana de los hogares españoles, devolviéndoles las ganas y creando ilusión. Esta estrategia podemista es lo que más incomoda a unas elites que prefieren marear la perdiz en vez de tener que hablar de la deuda social creciente en España ni de la falta de expectativas (el 63 por ciento cree que en los meses próximos seguirá todo igual o incluso peor que hasta ahora).


La trampa tendida desde el bipartidismo en contra de Podemos se basa en buscar como sea que éste hable de sí mismo. Todo vale por parte del bipartidismo para que se eluda discutir de lo que sigue pasando social y económicamente en cada rincón del país. El régimen ambiciona llevar el debate a un callejón sin salida tentando a la alta cuota de intelectuales en el entorno de Podemos para que la sobredosis de podemología merme las fuerzas para el verdadero objetivo marcado: pensar cómo adentrarse por la ventana abierta de esta oportunidad histórica.


La otra gran estrategia aplicada por las elites procura forzar a Podemos a luchar contra la campaña del miedo impidiéndole que siga cómoda y decididamente por la hoja de ruta del cambio. Este es uno de los objetivos del bipartidismo: hacerle zancadillas constantemente a Podemos obligándolo a que den más explicaciones de las necesarias sobre aquello que interesa poco a la ciudadanía. Las elites políticas buscan arrinconar a Podemos elevando el tono de voz; creen que con más decibelios van a llevar más razón, o van a tener más capacidad de silenciar lo que hoy ya es un grito de la mayoría. Sin embargo, Podemos no cede la agenda.


El nuevo consenso emergente es el meollo de este tira y afloja fruto de un cambio de época que ya es una realidad. Es muy de agradecer que la democracia se oxigene gracias a estas tensiones que permiten reacomodar los equilibrios de fuerzas políticas. El PP le apuesta todo a la recuperación económica aunque ésta sea desigual, y a enterrar como sea a todo aquello que tenga tufo a nuevo; el PSOE escoge una operación más cosmética, con tono moderado, para llegar al mismo puerto. Y frente a ello, a Podemos sólo le queda proseguir con su tarea de ampliar y construir ese imaginario del cambio que tanto se ha cristalizado en las pasadas elecciones del 24M. Su éxito dependerá en gran medida de cómo evite entrar al trapo de un régimen aún hegemónico que se niega a tirar la toalla. No será fácil, pero quién ha dicho que cualquier cambio a favor de las mayorías haya sido fácil a lo largo de la historia. Eso sí, a pesar de los intentos de hablar de tweets y de protestas en capilla, el cambio en España ya es un hecho político irreversible.



Publicado enInternacional