Jueves, 19 Marzo 2015 06:42

Se pregunta por Nicaragua

Se pregunta por Nicaragua

La primera pregunta que escucho acerca de Nicaragua es en qué se parece esta segunda etapa de la revolución a la primera. Es lo que he oído a los estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid, y a los de la Universidad de los Ozarks, en Arkansas, en días recientes. Mi repuesta es que no hay tal segunda etapa de la revolución. La revolución comenzó con el derrocamiento de la dictadura de la familia Somoza en 1979, y terminó con las elecciones de 1990, que el Frente Sandinista perdió, hace ya 25 años, frente a una coalición de partidos de oposición que llevaba como candidata a doña Violeta Barrios de Chamorro.
La pregunta es justa, porque se basa en el hecho de que Daniel Ortega, presidente sandinista de los años 80, lo es hoy otra vez, a partir de las elecciones de 2006, cuando ganó por 38 por ciento de los votos, y luego fue relegido en 2011. Ahora no sabemos si será candidato de nuevo, o lo será su esposa, que gobierna junto con él.


El poder actual pretende envolverse en la misma retórica revolucionaria de aquellos años. Pero se trata de un discurso que suena a imitación, o falsificación. Imperialismo, burguesía, soberanía nacional, socialismo, son palabras de ese viejo diccionario que perdieron su significado, porque el mismo poder se lo ha quitado. O hay que leer ese discurso al revés, como si fuera todo lo contrario.


Lo que existe es un régimen familiar que busca perpetuarse de manera indefinida. Los pobres siguen igual de pobres, desorientados por las políticas populistas del gobierno. Hemos regresado al viejo caudillismo, que ha sido la tradición política de Nicaragua desde el siglo XIX, una sola persona en el poder que junto con su familia lo controla todo.


No hay ningún traslado real de la riqueza a manos de los más desamparados. El 48 por ciento de la población subsiste con menos de dos dólares al día, y de entre ellos, la mitad subsiste con menos de un dólar al día. Nicaragua ocupa uno de los tres últimos lugares en los índices de miseria de América Latina, junto con Haití y Honduras.


El discurso de defensa a ultranza de la soberanía nacional en contra del imperialismo yanqui no es más que humo. Los intereses de la seguridad nacional de Estados Unidos en Centroamérica y el Caribe no tienen ya nada que ver con la antigua guerra fría, como lo demuestra el inicio de la normalización de relaciones con Cuba.


En un artículo publicado recientemente en Bloomberg se cita a William Brownfield, subsecretario de Estado para Narcóticos, diciendo que los esfuerzos del gobierno de Nicaragua para proteger a su pueblo y su territorio de las actividades de los traficantes de droga han sido muy positivos, lo cual es más importante, afirma, que los diversos elementos complicados en las relaciones de Estados Unidos con Nicaragua. La cooperación para detener cargamentos de drogas es lo estratégico en estas relaciones, no la democracia.


Esta posición demuestra que la progresiva desaparición del sistema democrático en Nicaragua no es motivo de preocupación de Estados Unidos, ni tampoco de ningún país relevante, en un mundo conmocionado por la amenaza del terrorismo yihadista y el Estado Islámico, igual que por el creciente poder de los cárteles internacionales de la droga.


El credo del general Sandino, que inspiró la lucha del Frente Sandinista, estuvo basado en tres principios básicos: soberanía nacional, democracia, y justicia económica. En su resistencia contra las tropas de ocupación de Estados Unidos hasta que logró su salida de Nicaragua, la defensa de la soberanía nacional fue lo más relevante. Y ahora ha sido entregada a China.


La idea de la construcción de un canal interoceánico ha gravitado sobre nuestra historia desde los tiempos de la Colonia, y Estados Unidos le impuso a Nicaragua un tratado en 1914 para construir ese canal, algo que nunca hizo. Ahora, Wang Ying, un desconocido millonario de Pekín, 100 años después, es el nuevo amo y señor de la soberanía nicaragüense, como concesionario del canal a través del Tratado Ortega-Wang, con duración de 100 años.


Ortega ha sabido tocar un resorte de esperanza muy antiguo en el alma de los nicaragüenses. Cuando la construcción del canal se anunció en 2013, se prometió la creación de un millón de nuevos puestos de trabajo, una cifra estrafalaria. Ahora ha sido reducida a 30 mil empleos de baja categoría, mientras los puestos mejor calificados serían para los chinos que llegarían masivamente al país para hacerse cargo de las obras.


La revista The Economist, en un análisis del estado democrático en el mundo, divide a los países entre democracias plenas e imperfectas, y regímenes autoritarios e híbridos. Nicaragua es enlistada entre los regímenes híbridos. En estos sistemas, afirma el análisis, existen irregularidades sustanciales en las elecciones que usualmente las alejan de ser libres o justas, y serias debilidades institucionales, mayores a las que tienen las democracias imperfectas. En este mismo grupo estarían también Ecuador, Honduras, Guatemala y Bolivia. Solo dos países de América Latina, Uruguay y Costa Rica, califican como democracias plenas.


Pero la frontera entre regímenes autoritarios y regímenes híbridos es muy tenue, y ya Nicaragua ha avanzado no pocos pasos para adentrarse en ese oscuro territorio de la ausencia de democracia. Ortega, o su esposa, se impondrán de cualquier manera en las elecciones presidenciales de 1917.


Pero los gobiernos familiares han terminado siempre en grandes desastres políticos. Las tensiones empezarán a manifestarse y crecerán en la medida en que las esperanzas creadas por el discurso populista de Ortega se agoten, sobre todo con el final de la cooperación de Venezuela, que debe enfrentar los bajos precios del petróleo, el desabastecimiento, la inflación y una crecida deuda externa de corto plazo.


Y otro punto importante de inflexión será el fracaso del proyecto del canal, percibido hoy como una gran esperanza, y que se convertirá en frustración cuando el tiempo demuestre que no era sino un invento desalmado.


Cartagena de Indias, marzo de 2015


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Diálogo con quien sea y con humildad: Rousseff

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo este lunes que su gobierno debe dialogar con quien sea y con humildad, y defendió su programa de ajuste económico, un día después de que más de millón y medio de personas marcharon en todo el país contra la corrupción y para exigir su renuncia.


Rousseff envió al Congreso un proyecto para combatir la corrupción en momentos en que el Ministerio Público acusó a otras 27 personas por el desvío de fondos en la estatal Petrobras, entre ellas a Renato Duque, ex director de abastecimiento de la empresa, y al tesorero del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), Joao Vaccari Neto.


El gobierno tiene la obligación de abrir el diálogo, dijo la mandataria en una conferencia de prensa en esta capital, en su primera reacción tras las manifestaciones del domingo, que se realizaron en 83 ciudades del país.


La presidenta, quien a comienzos de la década de los 70 sufrió persecución y tortura por ser opositora a la dictadura militar, afirmó con voz emocionada: valió la pena luchar por la libertad y la democracia. Ayer (domingo), cuando vi a miles de ciudadanos manifestándose, no pude dejar de pensar que valió la pena luchar por la libertad. Este país está más fuerte que nunca.


Rousseff, quien empezó su segundo mandato el 1º de enero, fue blanco de cuestionamientos de los manifestantes, proceso que se ha ido agudizando por las constantes y escandalosas revelaciones de la confabulación político-empresarial que desvió unos 4 mil millones de dólares de Petrobras durante la última década.


La corrupción no nació hoy, es una señora que tiene muchos años, dijo la gobernante, y reiteró que había unanimidad en su gobierno acerca del combate a la corrupción y la impunidad, pero subrayó que se mantendría firme en las medidas de ajuste que impulsa para rencauzar las deficitarias cuentas públicas y recuperar el crecimiento, justo cuando la economía se deteriora cada vez más.


El paquete incluye la reactivación de algunos impuestos, un recorte de gastos en el Ejecutivo y restricciones al seguro de desempleo y pensión por muerte. Su lanzamiento despertó pugnas dentro de la base de partidos aliados al izquierdista PT y hasta en las filas de su propia agrupación.


La trama de corrupción en Petrobras, revelada hace un año, dejó al descubierto cómo las compañías sobornaban a directivos de Petrobras para poder manipular licitaciones y cobrar sobreprecios en las obras, generando un flujo de dinero negro que enriquecía a los que formaban parte de la confabulación y financiaba a agrupaciones políticas.


El Ministerio Público acusó al ex director de abastecimiento de Petrobras, Renato Duque, y al tesorero del PT, Joao Vaccari Neto, de corrupción, asociación criminal y lavado de dinero. Vaccari es señalado como el intermediario en el pago de sobornos por más de 1.23 millones de dólares al PT entre 2008 y 2010. Las nuevas denuncias, que incluyen a empresarios y ejecutivos de importantes constructoras como Mendes Junior y OAS, se refieren a irregularidades detectadas en contratos firmados por Petrobras para la construcción de dos gasoductos y de dos refinerías.


Duque, sospechoso de haber vaciado cuentas bancarias que mantenía en Suiza y haber transferido el dinero (unos 20 millones de euros) a cuentas secretas en el principado de Mónaco, fue detenido.


La Suprema Corte de Brasil autorizó este mes la apertura de investigaciones a 51 políticos –casi todos oficialistas–, entre ellos dos gobernadores y 34 legisladores, incluso los presidentes del Senado, Renan Calheiros, y de la cámara baja, Eduardo Cunha.

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Más de un millón protesta en contra de Dilma

La magnitud de las marchas sorprendió a muchos. El gobierno de Dilma Rousseff admite que ha sido una señal clarísima de un cuadro adverso, pero asegura que tiene todas las condiciones para mantenerse en pie y reaccionar.


Como suele ocurrir en ocasiones semejantes, hay discrepancias sobre el número de los manifestantes que ayer coparon calles en las 26 capitales provinciales de Brasil, además de Brasilia, capital federal, y por lo menos otro largo centenar de ciudades. Los organizadores hablan de dos millones. La suma de los datos de las respectivas policías locales llega a un millón y medio. Algunos diarios, a un millón ochocientos mil.


De todas formas, el número de manifestantes superó holgadamente la cifra del millón, como admite el mismo gobierno. Hasta el más optimista de los organizadores se sorprendió. Y hasta el más pesimista del gobierno se asustó. Ha sido una indiscutible manifestación de insatisfacción generalizada.


La gran sorpresa, en todo caso, fue Sao Paulo, principal bastión anti-PT y nicho más importante de los que se oponen radicalmente al gobierno de Dilma Rousseff. Asesores de la presidenta decían temer que el número de manifestantes superarse la marca de los cien mil y se acercase a la cifra esperada por los organizadores de la marcha, doscientos mil. Institutos de sondeo de opinión pública calcularon, terminada la marcha, que al menos un millón de personas desfiló por la avenida Paulista, corazón financiero no sólo de la ciudad, sino del país. Y la Policía Militar, encargada de mantener el orden, aseguró que marchó un millón y medio de personas. Es decir: como mínimo, algo así como una Montevideo, poco más de una Rosario, poco menos de una Córdoba entera en una sola avenida. Nadie, ni en sus más grandes delirios (o peores pesadillas, según quién), esperaba tanto.


Hasta que la marcha de Sao Paulo saliese a la avenida, las mayores concentraciones habían sido registradas en Brasilia y Belo Horizonte, con alrededor de 45 mil manifestantes. Río reunió entre 15 y 20 mil. Luego vino la primera sorpresa, en Porto Alegre, ciudad que desde hace décadas tiene al PT como principal partido preponderante y donde Dilma Rousseff hizo casi toda su trayectoria política desde que salió de las mazmorras de la dictadura: cien mil personas salieron a protestar.


El gobierno de Dilma, como se dice en el léxico del boxeo, sintió el golpe, pero trató de asimilarlo. O sea, admite que ha sido una señal clarísima de un cuadro adverso, pero asegura que tiene todas las condiciones para mantenerse en pie y reaccionar a la altura de lo que la circunstancia requiere.


A principios de la noche dos ministros, Miguel Rossetto, secretario general de la Presidencia, y José Eduardo Cardozo, de Justicia, ofrecieron una conferencia de prensa. Trataron de pasar la imagen de un gobierno que tomó muy buena nota de las dimensiones de las marchas, aseguraron que el combate a la corrupción –uno de los motores de las palabras de orden– seguirá siendo combatida tal como está, por todos los medios pero siempre respetando las bases esenciales del Derecho. Otro argumento fuerte fue que el mismo día en que se celebraron 30 años de la vuelta de la democracia (un 15 de marzo, de 1985, el último general-presidente, o sea, el último dictador, abandonó el palacio presidencial por la puerta de los fondos), el país vive tal estabilidad que más de un millón de personas fueron a las calles a protestar y no pasó nada.


Rossetto, un articulador hábil, destacó esa estabilidad y reiteró la necesidad de que sean implantadas medidas de ajuste fiscal, pero a la vez resaltó que el gobierno está completamente abierto al diálogo con todas las fuerzas políticas, la oposición inclusive.


Es un giro importante en la actitud hasta aquí mantenida por Dilma desde que logró su reelección, el pasado octubre, e inició su segundo mandato presidencial, el primer día del año. Luego de cosechar seguidas e importantes derrotas en el Congreso, debidas principalmente a la deslealtad de los aliados, que la acusaban de no negociar antes las medidas enviadas a la aprobación parlamentaria, ahora parece que cambiará de método.


No hubo incidentes, lo que ha sido un alivio para el gobierno. En São Paulo, la policía detuvo a un grupo de radicales que cargaba cohetes en mochilas. En Río, el único registro fue bastante más suave: la policía detuvo a media docena de ladrones de teléfonos celulares, y eso fue todo.

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Destituir a Dilma Rousseff y liquidar a Lula y al PT

Para este domingo fueron convocadas marchas en todo Brasil. El objetivo: la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, relegida el pasado octubre para un segundo mandato, que fue iniciado hace exactos 73 días. Dos días antes hubo marchas en defensa de la permanencia de Dilma, en 23 de las 26 capitales provinciales brasileñas, y también en Brasilia, capital federal. Los actos en defensa de Dilma movilizaron a unas 150 mil personas en todo el país. Los de este domingo prevén reunir muchas más, un largo par de centenares de miles.


Los del viernes fueron convocados por la CUT, la Central Única de Trabajadores, federaciones sindicales, movimientos sindicales, todos más o menos vinculados al PT, partido de Lula da Silva y de la presidenta. Los del domingo alardean que fueron convocados de manera espontánea, o sea, representarían el verdadero sentimiento de la inmensa población brasileña.
Pavadas. Fueron organizados de manera nada sutil por los derrotados el pasado octubre en las elecciones presidenciales. Y por derrotados debemos entender no sólo partidos y candidatos, sino principalmente intereses. El sistema político-económico que dominó el país a lo largo de muchas décadas se niega a aceptar un dato concreto: fue derrotado de manera contundente en las presidenciales de 2002, 2006, 2010 y 2014.


Más allá de las reiteradas derrotas de los representantes de las élites, ha sido la derrota de un sistema de control de la sociedad. De un proyecto de clase frente a un proyecto de nación, de sociedad, de país. Y eso, para esa clase, es inadmisible.
Brasil vive una etapa de evidente inquietud y tensión. Y también de una rara mezcla entre contradicciones y revelaciones. Ejemplo de revelaciones: nunca antes se investigó tan a fondo denuncias de corrupción. Resultado: parecería que la corrupción es novedad en un país corrupto desde siempre, desde todos –todos, sin excepción alguna– los gobiernos.


Ejemplo de contradicciones: las marchas del pasado viernes. Por un lado, defendían a Petrobras, tanto de la corrupción detectada, que está bajo rigurosa investigación, como de presiones que intentan revertir la legislación creada bajo Lula da Silva y mantenida por Dilma.


Volver a lo de antes significaría no sólo beneficiar de manera sideral a las multinacionales como, en la práctica, abrir camino para privatizar la empresa. Además, los manifestantes defendían lo obvio, o sea, que se respete el designio de las urnas y que Dilma cumpla íntegramente su mandato presidencial.


Pero, a la vez, se protestó contra iniciativas del gobierno de la misma Dilma, que, de acuerdo con los convocantes, atentan contra derechos laborales, y se protestó especialmente contra medidas previstas en el plan de ajuste fiscal anunciado.
Así, se protestó contra el gobierno que defienden. Hay quienes creen que a eso se debe llamar democracia. Que una cosa es quejarse, protestar, y otra, muy distinta, es atacar a las instituciones.


Este domingo salen a las calles quienes son claramente contrarios al gobierno constitucional de Dilma Rousseff y a la permanencia del PT en el poder. Por detrás de ese movimiento están, además de los principales partidos de oposición y de grupos radicales de derecha, el grueso de las élites, principalmente en las ciudades donde el neoliberal Aecio Neves logró derrotarla el año pasado.


Pero, en primer lugar y por encima de todo, están los grandes conglomerados de los medios oligopólicos de comunicación. Pocas veces antes en Brasil el arte de la manipulación fue tan bien llevado a cabo.


Nadie puede negar que existe una concreta y sustantiva dosis de insatisfacción general en la sociedad brasileña, inclusive en parcelas significativas de quienes eligieron a Dilma el pasado mes de octubre.


Pero por primera vez desde el retorno de la democracia, luego del régimen cívico-militar que sofocó al país entre 1964 y 1985, surge en pleno esplendor un sentimiento que anduvo bastante alejado del escenario político: el odio.


Más exactamente, el odio de clase. El prejuicio de clase. Las élites y las clases medias tradicionales se lanzan, con furia desatada, no exactamente contra el objeto de sus prejuicios: esa clase ignara y torpe que de súbito ocupa aeropuertos, que compra refrigeradores nuevos, que colma las calles con sus cochecitos suburbanos, que exige calidad en educación, salud y transporte, sino contra los que promovieron ese cambio drástico en el cuadro social brasileño.


Si Brasil supo o cree que supo disfrazar dosis colosales de prejuicio racial, nadie se preocupa en contener sus ímpetus de prejuicio social. Las élites brasileñas odian a los pobres, y más aún a los que dejaron de ser tan pobres. Las élites brasileñas exigen la preservación de sus privilegios de siempre, y dicen que ahora están amenazadas por una crisis económica provocada por gobiernos que gastaron ríos de dinero para que los miserables pasasen a pobres, y los pobres, a ciudadanos insertados en una economía de consumo, es decir, en el mercado.


Al fin y al cabo, se trata de una y sólo una cosa: fuera Dilma, fuera PT, fuera Lula. Fuera proyecto de país. Fuera pueblo.

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Derechización o nuevo ciclo de protestas

Las alianzas entre Estado, empresarios y trabajadores que forjaron la gobernabilidad del PT no resistieron el embate del sistema financiero global. El desconcierto del gobierno de Dilma Rousseff y la incapacidad del partido de Lula para retomar la iniciativa indican que no encuentran una política y una economía alternativas.

 

La noche del domingo 8, mientras la presidenta se dirigía al país en cadena de televisión, una parte de la población le respondió con cacerolazos, bocinazos y abucheos en una decena de ciudades. Fue la primera aparición pública de Dilma Rousseff desde que se difundiera la lista con 47 políticos a ser investigados por desvío de fondos de la estatal Petrobras (véase nota de Agnese Marra, Brecha, 13-II-15).


La protesta fue convocada desde las redes sociales por la oposición, en la que juega un papel central el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (Psdb) del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y del candidato derrotado por Dilma en las últimas elecciones, Aécio Neves. Cardoso, sin embargo, se desmarcó del pedido de destitución de la actual mandataria, como promueve una parte de la oposición, incluyendo miembros de su propio partido.
Las protestas tienden a escalar. La oposición convocó marchas para el domingo 15, mientras el oficialismo reaccionó, de la mano de Lula, llamando a sus partidarios a ganar las calles hoy viernes. El clima de crispación social se produce en un marco de crisis económica, ajuste fiscal y recorte de beneficios sociales de los trabajadores. Una buena muestra de ese clima fueron las declaraciones de Aloysio Nunes, ex candidato a vicepresidente con Neves: "No quiero la destitución, quiero ver a Dilma de-
sangrarse" (Valor, lunes 9).


La máquina de lavar

 

La crisis en torno al desvío de fondos de Petrobras coloca al gobierno a la defensiva. Luego de varios días de zozobra, el Supremo Tribunal Federal publicó los nombres de los 47 políticos que serán investigados. La mayoría son miembros del PT, pero también de los partidos aliados como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (Pmdb), al que pertenece el vicepresidente de la República, Michel Temer, y los presidentes de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros.


Cinco ex ministros de Rousseff, una ex gobernadora, 12 ex diputados y el ex presidente Fernando Collor de Mello integran la lista de sospechosos. En total están involucrados miembros de seis partidos, tanto del oficialismo como de la oposición. La investigación se basa en las denuncias hechas por el ex director de Abastecimiento de Petrobras Paulo Roberto Costa, y de Alberto Yousseff, encargado de lavar el dinero desviado. Ambos optaron por delatar a cambio de una reducción de la pena. Se estima que entre 2004 y 2012 la red de corrupción desvió unos 3.700 millones de dólares de la petrolera estatal.


El PT difundió un comunicado defendiendo la investigación y asegurando que si alguno de sus militantes es encontrado culpable será sancionado por el partido. Sin embargo, después de 12 años de gobierno el partido no puede reducir el problema a un puñado de dirigentes. Detrás de las denuncias, cierto es, puede estar la derecha, incluso el capital financiero global, que se frota las manos con la crisis de una de las principales petroleras del mundo, ante la perspectiva de su privatización como salida a los graves problemas que enfrenta.


Dos grandes problemas parecen conformar el telón de fondo de la corrupción. El primero es el modo como el PT se financia desde que está en el gobierno. Sus campañas electorales se benefician de donaciones de grandes empresas, muy en particular empresas nacionales de construcción que nacieron bajo el desarrollismo de Getúlio Vargas (1930-1945) y Juscelino Kubitschek (1956-1961) y se expandieron bajo la dictadura militar (1964-1985). Pero esas empresas multinacionales esperan un retorno ganando licitaciones para las grandes obras que emprenden los gobiernos estatales y federal.


Ese esquema de financiación, que no nace con el PT pero que el partido "institucionalizó", se diversificó desde el gobierno gracias al control de grandes empresas estatales, como sucedió con el mensalão bajo el primer gobierno Lula. En ese momento se utilizó a la empresa de correos como base de los desvíos que se usaban para pagar una mensualidad a los parlamentarios de la base de apoyo del gobierno, asegurando de ese modo su fidelidad. La justicia procesó, entre otros, a José Dirceu, ministro de la Casa Civil y hombre de confianza de Lula. Hubo otros casos posteriores que confirman que estamos ante un modo aceitado de financiación de los partidos, no sólo del PT, que se repite a escala de los estados y los municipios.


Aunque por ahora sus cuadros dirigentes no integran la lista difundida por la justicia, los grandes empresarios son también un sector fuertemente afectado por el caso de corrupción en Petrobras. El crecimiento del capitalismo brasileño tuvo uno de sus puntos de apoyo en un sector empresarial que proviene de familias emprendedoras cuyos negocios se focalizan en la construcción (Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierrez, Oas, Mendes Junior, entre las principales), en la alimentación (Jbs Friboi, Brasil Foods), en grupos económicos como Votorantim y metalúrgicas como Gerdau.


El problema es que una parte de estas empresas, en particular las constructoras que tienen sólidos vínculos con Petrobras, no podrán seguir operando del mismo modo que hasta ahora. Este punto afecta una de las patas de la gobernabilidad lulista-petista y no será fácil, en adelante, encontrar apoyos en el empresariado. Al partido en el gobierno le llevó muchos años ganar la confianza de ese sector empresarial que ahora parece estar tan a la intemperie como el propio gobierno.


Cambio de época.

 

Cuando llegó al gobierno en enero de 2003, Luiz Inácio Lula da Silva tejió una red de alianzas políticas y sociales que le aseguraron la gobernabilidad. En el parlamento consiguió formar una base aliada de una decena de partidos. Con 90 diputados electos en 513, estaba forzado a construir una base de sustentación de su gobierno. Para fines de año Lula había logrado que 11 de los 15 partidos con representación parlamentaria se comprometieran con el gobierno, unos 376 diputados, el 73 por ciento de la cámara (Fo-lha de São Paulo, 30-XII-03).


Es muy probable que muchos de esos diputados, algunos de cuño claramente conservador, hayan sido "ablandados" por las mensualidades que recibían puntualmente. Lo cierto es que la base aliada funcionó y se convirtió en una suerte de modelo de la gobernabilidad petista. Pero ese modelo se desgastó, como advierten muchos analistas, entre ellos el ex presidente Cardoso. "Se agotó el presidencialismo de coalición, que en realidad es el presidencialismo de cooptación" (Xinghua, martes 10).


Por un lado, se registra una evidente derechización del parlamento y un desgaste notorio del PT. En 2014 logró la elección de sólo 70 diputados y perdió estrepitosamente en lo que fue su bastión, San Pablo, donde consiguió apenas diez diputados, retrocediendo a los niveles de 1990. Entre los demás partidos hubo cambios en estos 12 años: algunos están en franco proceso de extinción, como el ultraderechista Pfl, ahora Demócratas; muchos perdieron fuerza, mientras el Pmdb mantiene una notable continuidad, quizá por su inveterado oportunismo.


Pero lo más destacado es que nuevos partidos ingresaron a la cámara, donde hay ya 28 siglas representadas, casi el doble que en 2003. Esta pulverización de la representación se relaciona con la crisis de los partidos que genera la aparición de siglas que antes eran marginales o inexistentes. Pero la base de apoyo del PT se debilita.


El parlamento elegido en 2014 es el más conservador desde el golpe de 1964: la "bancada de la bala", integrada por militares y policías que proponen la defensa individual armada, tuvo un crecimiento de 30 por ciento; la de los empresarios cuenta con 190 miembros; los ruralistas crecieron 33 por ciento, alcanzando la mayoría absoluta con 257 parlamentarios (Valor, 8-X-14). Por su parte, los sindicalistas tienen sólo 46 representantes, apenas la mitad de los que tuvieron en su mejor momento.


La crisis de 2008 y sus coletazos se conjugan con las movilizaciones de junio de 2013. No se trata de desgaste del gobierno sino de algo más profundo: el fin de un ciclo virtuoso, de crecimiento económico y paz social. El primero estuvo impulsado por el alza de los precios de los commodities y las importaciones de China, que dieron margen presupuestario para políticas sociales compensatorias, mientras la integración de sectores sociales antes excluidos a través del consumo generó el espejismo de que pertenecían a las clases medias.


Desde la vereda opuesta a la de Cardoso, el dirigente del Movimiento Sin Techo Guillerme Boulos coincide en que "el modelo petista de gobernabilidad está agotado". Asegura que durante los primeros seis años de Lula, hasta la crisis de 2008, se registró "un amplio proceso de conciliación de clases en la sociedad" (Correio da Cidadania, lunes 2). Explica que ese consenso se sostuvo gracias a ganancias récord del sector financiero, de las constructoras y del agronegocio, "una bonanza inédita del gran capital, al mismo tiempo que se ampliaban el salario mínimo y el crédito a los trabajadores, además de programas sociales como Bolsa Familia y Mi Casa Mi Vida".


Con la crisis no se pudo continuar el crecimiento de 4 por ciento anual registrado hasta 2010 y disminuyó el margen de maniobra para la conciliación de intereses. En la medida en que no hubo cambios con respecto a la desigualdad ni se realizaron reformas estructurales, el fin de la integración vía consumo abrió la espita de la protesta social, apenas contenida por las políticas sociales y la expectativa de mejoras. Los deficitarios servicios sociales, transporte, salud y educación, fueron colocados por los manifestantes como muestra de lo poco que había cambiado el país. El mito lulista comenzó a desvanecerse.


Des-norteados

 

"Lula paz y amor", lema de la campaña de 2002 que lo llevó a la presidencia, fue enterrado por muchas manos. En cierto momento, el capital financiero global (cuyos mandos se sitúan en Wall Street y la City londinense) decidió pasar a la ofensiva ante los crecientes desafíos que afronta: el yuan es ya la segunda moneda en el comercio internacional, desplazando al euro y al yen; China y Rusia tienen pronto un sistema de pagos paralelo al Swift, entre otros.


En cada parte del mundo esa ofensiva se fue concretando en tiempos y modos distintos. Así llegó la crisis en Ucrania, y el derribo violento del gobierno electo, el fin de las primaveras árabes, los ataques directos a los gobiernos de Caracas y Buenos Aires (usando incluso los servicios del juez federal estadounidense Thomas Griesa en el caso de los fondos buitre).
Los dirigentes del PT no percibieron el nuevo clima, y si lo hicieron no tomaron ninguna medida. Siguieron diciendo, como Lula, que la crisis de 2008 fue para Brasil apenas una marolinha (ola pequeña) y, sobre todo que el país "no tiene enemigos". Lo cierto es que el primer gobierno de Dilma fue derrotado por el capital financiero al impedir un mayor intervencionismo estatal en la economía.


Según el filósofo Pablo Ortellado, animador del Movimiento Passe Livre –convocante de las manifestaciones de junio de 2013–, la presidenta no pudo sacar adelante su política de reducir las tasas de interés y de subsidiar las tarifas públicas "por la influencia del sistema financiero en la política como en la economía" (Ihu Online, 25-II-15).


Los primeros meses del gobierno de Dilma representan la consolidación de esa derrota, desde el momento que colocó a un "Chicago boy" al frente de la economía (Joaquim Levy), y está haciendo todo lo que juró que no haría durante la campaña electoral. "El retorno a políticas ortodoxas es una necesidad para equilibrar las cuentas, pero es una derrota política, fruto de la incapacidad de implementar un modelo económico alternativo", sostiene Ortellado.


Este es el escenario que captó la derecha y sobre el cual está operando con lucidez. Los viejos esquemas de alianzas y la vieja economía sustentada en la exportación de commodities ya no pueden sostener el modelo, pero el PT, Dilma y Lula aún no han sido capaces de poner en pie otra cosa. Peor aun, se comportan como en 2003, cuando había margen político para hacer ajustes que permitieran relanzar la economía. El dato que aún no consiguen integrar en su análisis son los millones de brasileños en las calles de 353 ciudades durante un mes. La superficialidad con que el PT y sus intelectuales interpretaron lo sucedido (desde culpar a la derecha hasta sentir que se trataba de un brote juvenil fugaz) lo llevó a cometer error tras error.
Uno de ellos fue la brutal beligerancia en la que se empeñaron contra la ex verde Marina Silva durante toda la campaña electoral, con tal virulencia que la sacaron del escenario. El precio fue demasiado alto. Abrieron heridas difíciles de cerrar, cegaron alianzas, ofuscaron a diestra y siniestra, y al decir que todo lo que no fuera PT era derecha, quedaron prisioneros de la confrontación con una derecha social, económica y política que hoy es más fuerte y tiene la iniciativa. Meses después están haciendo la misma política de la que acusaron a Silva.


Para João Pedro Stédile, coordinador del Movimiento Sin Tierra, "la democracia brasileña fue secuestrada por las empresas, ya que las diez mayores financian el 70 por ciento del parlamento" (Carta Capital, 27-II-15). Por eso, dice, no va a haber en el país ninguna reforma política, cuya realización depende de un parlamento que difícilmente decida suicidarse.
Parece evidente que sólo una amplia movilización social puede modificar la relación de fuerzas. Más que eso, un ciclo de luchas como el que deslegitimó el modelo neoliberal entre fines de los noventa y comienzos del nuevo siglo. No alcanza con las marchas que suelen organizar los sindicatos, con carros de sonido y servicio de orden para encuadrar a los manifestantes. En esa lógica se trata de "presionar" para negociar. Por el contrario, el ciclo de luchas antineoliberal fue capaz de "destituir".


Es posible que Brasil sea el espejo donde el conjunto de la región puede mirarse, ya que en todas partes se está haciendo necesario, como dice Boulos, "un nuevo modelo político y económico". Un modelo capaz de abordar la desigualdad, que no se conforme con reducir la pobreza sin tocar las estructuras. Pero eso, como señala el dirigente de los sin techo, "no se alcanzará por medio de disputas institucionales" sino a través de "la intensificación de las luchas populares".


El principal obstáculo para que despegue un nuevo ciclo de luchas no es la supuesta "pasividad de la gente" (desmentida por las propias manifestaciones de junio) ni la hegemonía de los medios o las arremetidas de las derechas, sino el propio progresismo que, aferrado al poder, recela de las calles desbordadas porque teme que vayan a por ellos.

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Miércoles, 11 Marzo 2015 19:15

¿Qué es lo que la derecha propone?

¿Qué es lo que la derecha propone?

ALAI AMLATINA, 11/03/2015.- Sigue la derecha, con sus medios de comunicación, sus partidos, sus gobiernos, sus políticas económicas. ¿Pero qué es lo que la derecha tiene a proponer al mundo hoy? ¿Qué balance hace de su desempeño? ¿Qué perspectiva ofrece hoy la derecha?

Sobre guerra y paz, ahí está la política de Estados Unidos de América (EUA) que, desde que pasó a ser la única superpotencia, no hace otra cosa sino multiplicar las guerras por el mundo. Que no logra terminar con las dos guerras que ha iniciado hace ya más de una década, en Afganistán y en Irak, que están netamente en peor situación antes de que fueran invadidos y destruidos como países.

La crisis en el centro mismo del capitalismo ya dura más de 7 años, sin perspectivas de superación. Su modelo de centralidad del mercado, del libre comercio, del Estado mínimo, hace que Europa destruya lo que más generoso había producido: el Estado de bienestar social. Políticas económicas que han salvado a los bancos, han llevado a la quiebra de países y a la expropiación masiva de los derechos de los más vulnerables.

¿Qué se propone la derecha en América Latina? El continente, que tiene los únicos países del mundo que han disminuido la desigualdad, aun en medio de su brutal alza en el mundo, tiene una derecha que trata de inviabilizar la continuidad justamente de los gobiernos que logran esa proeza. ¿Pero qué tiene que proponer la derecha en Argentina, en Venezuela, en Ecuador, en Brasil, entre otros países?

A falta de alternativas, propone el retorno a sus mismas políticas neoliberales, esas que han llevado a esos países a las peores crisis de su historia. Que han llevado a América Latina a la quiebra de sus economías, a la alienación de sus bienes públicos, a la expropiación de los derechos de los trabajadores. Además de ya haber gobernado –en Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Ecuador -, y de haber fracasado, siguen gobernando, con sus políticas, en otros países.

México fue el que quedó como uno de los casos ejemplares que los organismos internacionales presentaban como exitosos. Fue el primer país en firmar un Tratado de Libre Comercio (Nafta) con Estados Unidos y con Canadá. El balance que se ha hecho a los 20 años de su vigencia no ha podido ser peor. La misma situación de México no permite otro balance que no sea que el Tratado ha sido bueno – como siempre – para la parte más fuerte, para EUA, y pésimo para México.

Pero otros países siguen el modelo neoliberal, como es el caso de Perú, que presenta, a lo largo de los últimos años, altos niveles de crecimiento de su PIB, pero sin que se altere los pésimos índices sociales del país, haciendo con que se sucedan presidentes que rápidamente pierden apoyo popular y son derrotados al final de sus gobiernos.

¿Qué puede proponer la derecha para Argentina, por ejemplo? ¿Qué actitud puede tener frente a los gobiernos que han recuperado el país de la peor crisis de su historia? ¿Van a cuestionar el modelo de crecimiento económico con distribución de renta? ¿Van a salir de los procesos de integración regional? ¿Van a disminuir el tamaño del Estado, para volver a promover la centralidad del mercado? ¿Retomarán las políticas de paridad con el dólar? Abolirían las políticas sociales, que han hecho que Argentina se recupere de los terribles retrocesos impuestos a su pueblo por la dictadura militar y por el gobierno neoliberal?

¿No fue la derecha, con el gobierno de Cardoso, quien llevó Brasil a su más profunda y prolongada recesión, con un inmenso endeudamiento con el FMI, del cual Brasil solo salió con el gobierno de Lula?

¿No fue la derecha la que prácticamente privatizó PDVSA, la empresa estatal venezolana de petróleo, la que intentó derrocar el gobierno legítimamente elegido de Hugo Chávez con un golpe en 2002?

Fue la derecha la que intentaba privatizar el agua en Bolivia, intento frustrado por la formidable movilización del pueblo boliviano, liderada por Evo Morales. Fue esa misma derecha que intentó dividir al país, para buscar bloquear los extraordinarios avances del primer gobierno indígena de Bolivia.

Fue la derecha la que entregó las riquezas ecuatorianas en manos de Chevron, promoviendo una brutal contaminación de la Amazonia ecuatoriana. ¿No fue la derecha de ese país quien tuvo como candidato a la presidencia al más grande banquero de ese país?

Fue la derecha la responsable por los peores gobiernos que ha vivido el continente: las dictaduras militares y los gobiernos neoliberales. Es la derecha la que quiere imponer un freno a los avances que los gobiernos progresistas han logrado y forzar un retroceso de gigantescas dimensiones en esos países.

Porque no puede decir lo que haría, en casa de que ganara, la derecha se limita a las críticas, a la difusión de un escenario pesimista sobre la economía y sobre el país, al denuncismo vacío. Porque solo si el país va mal, le puede ir bien a la derecha.

(Uerj).

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Lunes, 09 Marzo 2015 06:32

El hombre más poderoso del mercado

El hombre más poderoso del mercado

Tiene el poder que muchos desean; el que no se nota. Su influencia en el mercado contrasta con el anonimato que disfruta fuera de los círculos financieros. El exbanquero y escritor William D. Cohan ha dicho de él: "Es como el mago de Oz. El hombre detrás de la cortina". Larry Fink (Van Nuys, California, 1952) preside BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo. Esta entidad tiene un patrimonio bajo gestión de 4,65 billones de dólares (4,2 billones de euros). Si BlackRock fuese un país sería la cuarta economía del planeta tras EE UU, China y Japón.


"¿Si me siento una persona poderosa? Bueno, en casa son mi mujer y mis hijos los que mandan...", bromea Fink durante una entrevista realizada la semana pasada en el Hotel Ritz de Madrid. "No me siento alguien poderoso, sino una persona que ha contraido un compromiso con sus clientes para mejorar sus vidas. Nuestra misión es construir un futuro financiero mejor para los que nos confían su dinero".


Su tarjeta de visita abre cualquier puerta, sea esta la de gobernantes, banqueros centrales o reguladores. En anteriores viajes a España, por ejemplo, se entrevistó en Zarzuela con el rey Juan Carlos. "Siento la responsabilidad de ayudar a los gobiernos a adoptar las políticas adecuadas, a veces hablando claro y mostrando desacuerdo, pero siempre pensando en el interés de nuestros clientes", subraya.


Fink creció en la costa Oeste de EE UU. Su padre tenía una tienda de zapatos en la pequeña localidad de Van Nuys y su madre era profesora. En el instituto conoció a la que hoy es su mujer y se licenció en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA). Sin embargo, su vida profesional la ha desarrollado en la costa Este. Su primer trabajo fue en First Boston. Ingresó en la entidad en 1976 y pronto se hizo un nombre como uno de los primeros agentes de compra y venta de titulizaciones hipotecarias, un producto que años más tarde, con el estallido de los préstamos basura o subprime, inoculó la crisis financiera en todo el mundo


Su amplia experiencia en Wall Street y, por qué no decirlo, dirigir un negocio basado en las comisiones, le ha llevado a elaborar una particular tesis sobre el mercado. "Especular es cuando tienes todo tu dinero en efectivo. Invertir es poner tu dinero a trabajar para lograr tus objetivos. Si piensas que el mundo va a ser mejor dentro de 30 años, algo sobre lo que estoy absolutamente convencido, una estrategia de inversión adecuada es diversificar con un horizonte temporal a largo plazo".


Fink llega a la entrevista con EL PAÍS tras una reunión con clientes españoles. Posa un par de minutos —su equipo de prensa había recordado previamente su alergia a las sesiones fotográficas largas— y tras servirse un café se presenta en la distancia corta como una persona cálida, muy reflexiva y con un tono de voz que puede ir desde el susurro a la exclamación. A diferencia de otros colegas, Fink huye de los conceptos financieros excesivamente técnicos. Se mueve mejor en el mundo de las grandes ideas. Cultiva la imagen de un intelectual del mercado. El último concepto con el que trabaja BlackRock es el de la divergencia, es decir, que el mundo se mueve a diferentes velocidades (económicas, monetarias y financieras). Las consecuencias de ello son las de un juego de suma cero. "Esta situación tendrá ganadores y perdedores entre los países y entre las propias empresas", avisa Fink. En su opinión, el sector energético es un buen ejemplo de un planeta divergente. "Hay países que se benefician de la caída de los precios energéticos y otros como Rusia, Irán o Brasil que se ven perjudicados".


Otra de las obsesiones de este gestor es la tecnología y su poder transformador. Habla entusiasmado de cómo el fracking ha pasado de ser una técnica desconocida hace apenas unos años a revolucionar el negocio de la energía. Solo aquellos que apuesten por la innovación serán los que triunfen, según Fink. "La mayor parte de estos avances son positivos para la humanidad. Millones de personas se benefician de unos precios energéticos más baratos, pero es cierto que muchas tecnologías son disruptivas para un país o para una industria concreta".


La historia de éxito de Fink es muy fiel a la tradición americana. Una mezcla de hombre hecho a sí mismo y de ave fenix que resurge de un fracaso. En 1986 su departamento en First Boston sufrió pérdidas millonarias por una mala apuesta acerca de la evolución de los tipos de interés. Pasó de estrella emergente a persona non grata en la entidad de la que acabó saliendo por la puerta de atrás. A partir de ese momento, y según cuenta en un reportaje de Vanity Fair, se juró a sí mismo entender en todo momento qué riesgos estaba asumiendo con sus inversiones.


Ese conocimiento en sus propias carnes de lo traicionero que puede llegar a ser el mercado le lleva a hacer un llamamiento sobre el ahorro para la jubilación, una de sus grandes obsesiones (y también uno de los principales negocios de BlackRock). "Estamos traspasando gran parte de la responsabilidad de gestionar el dinero para la vejez a los propios ahorradores, sin educarles lo suficiente en cómo hacerlo de forma correcta. Es un gran problema y puede, si no lo arreglamos ahora, generar una gran crisis en el futuro". Fink advierte de que mucha gente basa su estrategia de inversión en el corto plazo y eso es un error porque cualquier turbulencia les hace entrar en pánico, como ocurrió tras 2008 en el que mucha gente se salió del mercado. "Debemos ayudar a la gente a invertir con una mentalidad de largo plazo. En España, por ejemplo, las personas ahorran, pero muchos tienen su dinero en cash. Eso es un desastre porque tardas más en alcanzar el capital que necesitas para el retiro y, además, es algo negativo para la propia economía española".


En 1988, junto a ocho socios y bajo el paraguas inicial de Blackstone, el gigante del capital riesgo, Fink puso en marcha BlackRock, una gestora especializada en un primer momento en renta fija. Lo que empezó como una aventura en una pequeña habitación alquilada en la sede de Bear Stearns se ha transformado en una compañía cotizada con una capitalización bursátil de más de 60.000 millones de dólares y 12.000 empleados en 30 países. Entre sus clientes se encuentran los grandes inversores institucionales como los principales fondos de pensiones públicos y privados o los fondos soberanos.


Fink se ha convertido en una especie de oráculo al que todo el mundo consulta acerca de que hará el mercado. "Las acciones son el activo donde vemos mayor potencial en los próximos meses. Hace tres años ya éramos optimistas sobre la renta variable europea y lo seguimos siendo. Las compañías del continente se beneficiarán del euro débil, de un sistema financiero más estable, del apoyo del BCE y de los menores precios energéticos", señala. En su opinión, la mayor parte del rally de la renta fija —que empezó hace 30 años— ha quedado atrás. "Vamos a vivir uno o dos años en un entorno de bajas rentabilidades en este activo, lo que refuerza el atractivo de la renta variable, pero tampoco veo un cambio súbito en la dirección de los tipos de interés".


Los bancos centrales han asumido un protagonismo jamás visto. Tras agotar sus balas convencionales —los tipos están próximos a cero—, han tenido que echar mano de la heterodoxia para reanimar la economía mediante inyecciones masivas de liquidez o quantitative easing (QE). Fink está convencido de que estos estímulos van a funcionar, pero si no lo hacen avisa de que "tendremos más volatilidad e incertidumbre en el mundo". El presidente de BlackRock alaba el trabajo de los bancos centrales —"el BCE está dando tiempo a los países para que hagan reformas"— y critica la escasa implicación de los gobiernos en la reactivación económica. "La gran ventaja que han tenido los políticos de EE UU, Japón y ahora Europa es que los bancos centrales han asumido toda la carga de la recuperación. Si los estímulos no funcionan la presión volverá a ir contra ellos".


Una de las consecuencias de las políticas monetarias expansivas es la volatilidad de las monedas. Fink no cree que sea una guerra de divisas, sino un ajuste en el valor de las monedas vinculado a las condiciones económicas de cada región. "Una de las razones por las que EE UU ha experimentado mayor crecimiento que Europa y Japón tras la crisis es que ha contado con el apoyo de un dólar débil. Ahora la economía americana puede tolerar una moneda más fuerte porque si Europa, que es su mayor socio comercial, empieza a carburar, EE UU también se beneficiará".


Uno de los motores del crecimiento exponencial de BlackRock han sido su carácter predador. Ha ganado tamaño a base de adquisiciones, siendo la compra hace seis años de la división de gestión de activos de Barclays el trampolín para su gran salto adelante. Otra de sus habilidades ha sido sacar petróleo de la gran recesión mundial. De hecho, desde 2008 sus acciones se han revalorizado más de un 90%. Muchos gobiernos se han echado en sus brazos para buscar asesoramiento. El propio Tesoro de EE UU contrató los servicios de BlackRock para gestionar los activos tóxicos de las diferentes entidades nacionalizadas. La crisis que ha servido a la entidad para coronarse en el mundo financiero ha hecho que millones de ciudadanos se tengan que ajustar el cinturón. "Entiendo el dolor de los damnificados por la crisis, pero el futuro de España se perfila mejora ahora que hace cinco años. Los ajustes son dolorosos, pero son necesarios para reorientar la economía y devolverla a la senda del crecimiento y para introducir una mayor disciplina en los gobernantes".


Fink se muestra muy interesado durante la entrevista en dejar claro su optimismo sobre la economía española. "Unas de las razones por las que España paga ahora unos tipos tan bajos por su deuda es porque ha hecho las cosas correctamente. Es verdad que las medidas de austeridad tienen un coste muy doloroso a corto plazo, pero hay que mirar las cosas con perspectiva de largo plazo. La gente es impaciente, yo mismo soy impaciente, pero tras los ajustes vendrán sus frutos. En España ya lo estamos viendo, la economía es la segunda que más crece de Europa y se han creado más de 400.000 puestos de trabajo".


Fink cultiva su imagen como un hombre que ayuda a su comunidad. Tiene en silla en los consejos de la Universidad de Nueva York y el Museo de Arte Moderno (MoMA). Además, está involucrado en Robin Hood, fundación que trabaja para reducir la pobreza en la ciudad. Una de las consecuencias de la crisis ha sido precisamente el aumento de la desigualdad. El presidente de BlackRock cree que este fenómeno no se explica solo por las medidas de austeridad. En su opinión, el origen está en la tecnología, que está desplazando a mucha gente del mercado laboral, y en las políticas de QE, ya que al impulsar las Bolsas están aumentado la riqueza de aquellos que tienen acciones, que suelen ser las clases más acomodadas. "La brecha se está abriendo entre la gente con estudios y el resto. Es un fenómeno global. Para luchar contra la desigualdad hay que gastar más dinero en educación. La formación es un proceso que dura entre 15 y 20 años y donde está el problema es en los adultos que han perdido su trabajo y no puden volver a los estudios. Necesitamos programas públicos y redes sociales para apoyar a este colectivo", explica.


Además de una persona con gran influencia, Fink es rico. El pasado año cobró un sueldo de 24 millones de dólares y la participación que conserva en BlackRock tiene un valor de mercado de 460 millones. "En la retribución de los directivos no se puede generalizar. Hay compañías donde sus ejecutivos se merecen cada centavo que ganan e incluso más, y otras donde ves los sueldos y solo puedes decir ¡esto es una locura! En BlackRock estamos adquiriendo un papel mucho más activo en las juntas y tenemos mayor diálogo en las compañías donde invertimos. Es nuestra responsabilidad, en nombre de nuestros clientes, que la retribución sea justa, ajustada y apropiada".


Uno de los grandes contratos de BlackRock durante la crisis fue con el Gobierno de Grecia. En 2011 Atenas le pidió asesoramiento sobre su sistema financiero. Muchos han puesto a España ante el espejo griego y el reciente triunfo electoral de Syriza. Al preguntar a Fink sobre una posible victoria de Podemos se toma casi diez segundos en contestar. Es como si estuviese eligiendo cada palabra: "Si eso ocurre puede haber un cambio en el sentimiento del mercado lo que significaría una subida de la prima de riesgo de España. Se está viendo en Grecia. Quien gobierne en España, si quiere atraer financiación extranjera, si quiere tener unos tipos de interés bajos, debe de ser responsable de los compromisos adquiridos, que son compromisos de Estado y no de un gobierno concreto". Todo un aviso a navegantes de Mister Market.

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Dieron los nombres de los políticos implicados

La Corte Suprema de Brasil dio vía libre al fiscal general para que investigue a más de 50 políticos sospechados de estar vinculados con la red de corrupción en la estatal Petrobras. La lista de personas a investigar incluye a los presidentes de la Cámara de Diputados y el Senado, por un presunto desvío millonario de fondos del gigante petrolero. En la lista figuran también la ex jefa de Gabinete de la presidenta Dilma Rousseff, Gleisi Hoffmann; su ex ministro de Energía Edison Lobao; Antonio Palocci, ex ministro de Finanzas en la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva, y el ex presidente Fernando Collor de Mello.


La nómina fue divulgada en la noche del viernes por el magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF), Teori Zavascki, relator del caso que sacude al gobierno Rousseff. La lista incluye, en total, a 54 políticos –22 diputados federales, de un total de 513, y 12 senadores sobre 81– que serán investigados a pedido del procurados general de la República, Rodrigo Janot, quien pretende determinar si tuvieron participación en los millonarios desvíos de fondos llevados a cabo en la principal empresa pública de Brasil. A la par de la decisión del STF de habilitar la investigación, se conoció la decisión de la fiscalía brasileña de solicitar a la Justicia que se investiguen las actividades que Palocci realizó en 2010, cuando recaudaba recursos para financiar la campaña electoral de Rousseff. Janot pidió la apertura de esa investigación, y el juez federal Sergio Moro deberá decidir ahora si se abre o no un proceso. La presidenta llegó a ser mencionada en declaraciones realizadas a la policía en el marco de las investigaciones sobre la red ilegal de Petrobras, pero no será investigada a instancias del cargo que ocupa.


El oficialista Partido de los Trabajadores (PT) divulgó ayer un comunicado en el que defendió la continuidad de las investigaciones y aseguró que, en caso de que se comprueben los delitos que se adjudican a sus militantes, éstos recibirán las sanciones previstas en el estatuto del partido. "Reafirmamos apoyo integral al proseguimiento de las investigaciones que se realizan en el ámbito de la operación policial de forma completa y rigurosa, sin favoritismos o parcialidad, en los marcos del Estado Democrático de Derecho", expresó la agrupación izquierdista, que tiene siete integrantes investigados. Una de ellas, la ex ministra Hoffmann, expresó estar triste y tranquila tras conocer el contenido de la lista. "La investigación es una oportunidad para aclarar los hechos y una forma de acabar con los juicios anticipados", dijo. Su correligionario Humberto Costa aseguró desconocer qué denuncias lo vincularon con Petrobras. "Estoy sorprendido e indignado por la noticia y de que mi nombre figurara en el listado", afirmó.


Cunha y Calheiros rechazaron los cargos y aseguraron que la imputación forma parte de un acuerdo entre la fiscalía y el gobierno federal para poder inculpar al opositor Antonio Anastasia. Cunha publicó ayer un comunicado titulado "Quien no debe, no teme", en el que plantea que el gobierno de Rousseff interfirió ante la Procuraduría General de la República (PGR) para que figuraran en la nómina él y Anastasia, ex gobernador del estado de Minas Gerais y único integrante del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) que será investigado por el caso. Por su parte, Calheiros afirmó que dará todas las explicaciones y prestará todas las informaciones que la Justicia desee. "Mis relaciones con el poder público nunca sobrepasarán los límites institucionales", dijo Renan mediante un comunicado.


Los denunciados pertenecen a seis partidos políticos, entre ellos el PT y su principal aliado, el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), al cual pertenecen Calheiros, Cunha y la ex gobernadora del estado de Maranhao Roseana Sarney –hija del ex presidente brasileño José Sarney,– quien ayer calificó como injusta la acusación en su contra. Entre los políticos del PT que integran la nómina están Hoffmann, Palocci –quien dejó el cargo por otro escándalo de corrupción–, los senadores Costa y Lindbergh Farias, los diputados José Mentor y Vander Loubet y el ex diputado Cándido Vaccarezza.
El pedido de investigación se basa en denuncias hechas por el ex director de Abastecimiento de Petrobras Paulo Roberto Costa –quien accedió al cargo a instancias del PP– y del cambista Alberto Yousseff, arrestados hace un año en el marco de una investigación de la Policía Federal sobre evasión de impuestos y lavado de dinero. Costa y Yousseff firmaron acuerdos de delación premiados como forma de conseguir reducción en sus respectivas penas, a cambio de suministrar detalles sobre la red de corrupción que desvió entre 2004 y 2012 unos 3700 millones de dólares de la estatal. El dinero, según las denuncias, fue usado para pagar sobornos a funcionarios y financiar partidos políticos. Los fraudes se realizaron en complicidad con los directores y altos ejecutivos de las principales constructoras del país, que actuaron como un cartel para ganar las licitaciones y firmar contratos sobrefacturados.


El líder de la oposición socialdemócrata, Aécio Neves, derrotado por Rousseff en las presidenciales de pasado octubre, amenazó con pedir un juicio político contra la presidenta si la investigación pone de manifiesto su directa responsabilidad. En tanto, para el domingo 15 de este mes fue convocada en las principales ciudades de Brasil una marcha nacional para pedir el juicio político a Dilma. Lula criticó duramente la iniciativa y anunció otra manifestación para el viernes 13, que contará con el apoyo de numerosos movimientos sociales. En este sentido, la presidenta reiteró que la Justicia hará todo lo posible para llegar a los culpables y que pagarán por eso.

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La encrucijada de los movimientos ante el Gobierno de Syriza

Es ya un lugar común afirmar que la victoria electoral de Syriza se basa en gran medida en las movilizaciones de los movimientos sociales de los últimos cinco años en Grecia. No obstante, esta afirmación puede ocultar la diversidad de idearios y demandas en la sociedad griega, como también puede reforzar una imagen simplista de lucha entre las fuerzas pro y antiausteridad. Si bien Syriza ha estado presente en las grandes movilizaciones de los últimos años, el factor determinante en la consolidación de su hegemonía fue su capacidad de movilizar el voto de la clase media, convenciéndola de que podía revertir las injusticias producidas por los recortes indiscriminados, parar la movilidad hacia abajo y retomar el camino hacia la prosperidad material de los años anteriores a la crisis.


Sin embargo, en el interior de los movimientos sociales hay dos imaginarios distintos, complementarios y a la vez antagónicos. Por un lado están los movimientos de ciudadanos afectados por el ataque antisocial de la troika, que exigen la restitución del Estado de bienestar como instrumento de redistribución, el fortalecimiento del Estado como mediador de los antagonismos sociales y la vuelta al crecimiento económico con el fin de paliar la pobreza y desesperación que el desempleo masivo ha provocado. Por el otro, está una multitud de movimientos que pretenden ir más allá del Estado y de la economía capitalista como principios organizativos de la vida social y empiezan a construir ya alternativas radicales basadas en la proximidad, la solidaridad y la participación.


Por supuesto, los dos imaginarios coexisten en el seno de muchos movimientos y están en fricción permanente. Debates interminables se han producido, por ejemplo, en las asambleas de las docenas de Clínicas Solidarias Autogestio¬nadas de Grecia: ¿Es su objetivo tapar los agujeros que produce el rápido desmantelamiento del sistema público de salud o, por el contrario, producir un modelo alternativo de gestión de la salud que vaya más allá de lo estatal?


Los movimientos dominados por el primer imaginario celebraron la llegada de Syriza al poder como una victoria propia. Sin embargo, un mes después, se están dejando claras las limitaciones de este ideario en la coyuntura actual. El poder del Gobierno nacional se demuestra insuficiente para plantar cara al poder establecido a nivel nacional y supranacional. A pesar de la dura negociación, el nuevo gobierno ha vuelto de Bruselas con un nuevo plan de austeridad que complicará muchísimo la puesta en marcha de su "plan de salvación social" anunciado durante la campaña electoral. Aunque este desenlace represente una mejora comparado con los planes de rescate anteriores, y aunque sea sólo un primer paso en la larga negociación, queda patente que en una Europa dominada por un núcleo duro neoliberal que exige sacrificios humanos para aplacar el mercado, hay muy poco margen de maniobra para un gobierno progresista. Además, con las arcas públicas vacías y el chantaje permanente del servicio de la deuda soberana, una recapacitación económica basada en políticas de inspiración keynesiana parece también irrealizable.


Desmovilización


Del otro lado, los movimientos inspirados en el segundo ideario, después de la efervescencia social de los años 2011-2012, vivieron una progresiva desmovilización, debido en parte a la estrategia de desgaste y represión del gobierno anterior, pero también a la dinámica electoral de Syriza, que ha canalizado de nuevo el deseo de cambio social hacia la vía parlamentaria. No obstante, pervive todavía su legado de empresas autogestionadas, iniciativas de gestión de los bienes comunes, ecoaldeas, cooperativas productivas o de consumo, centros sociales, asambleas vecinales, y una larga serie de iniciativas de base que prefiguran una institución alternativa de la sociedad en clave de democracia radical y una economía construida sobre las necesidades humanas.


En este marco se celebró en Atenas a finales de febrero un fórum de pensadores y activistas de los movimientos de base, con cientos de participantes, bajo el rubro 'Prosperidad sin crecimiento', con el fin explícito de traducir su actividad en propuestas concretas, tanto hacia el poder político como hacia la sociedad. Partiendo de la premisa de que el crecimiento económico es ya incompatible con el bienestar social y la sostenibilidad medioambiental, los movimientos de base buscan complementar la resistencia creativa a las políticas neoliberales y la construcción de alternativas viables desde abajo con la exigencia de reformas radicales: desde la implantación de la renta básica universal o la institución de nuevos regímenes de gestión de los bienes comunes hasta la creación de un marco legal que permita el funcionamiento de empresas recuperadas, como la Vio.Me de Tesalónica. Se intenta así hacer uso de las oportunidades que ofrece un gobierno que explícitamente reconoce la economía social y solidaria como parte importante de su programa político.


No obstante, la relación entre el poder estatal y los movimientos de base nunca está libre de fricción y contradicciones. Históricamente, los gobiernos de izquierda presentan la amenaza de cooptación y desmovilización de los movimientos. En la presente coyuntura es importante que las iniciativas de base mantengan su autonomía de pensamiento y acción, para evitar diluirse dentro del proyecto hegemónico de Syriza. Es por esto que una de las iniciativas más relevantes que surgieron del fórum fue el intento de conectar e integrar los proyectos antagónicos en torno a los bienes comunes en un actor político que pueda adquirir protagonismo en una sociedad postconsumista, ayudando a superar el dilema artificial entre austeridad y crecimiento.

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Viernes, 06 Marzo 2015 18:21

Bogotá en la revolución urbana.

Bogotá en la revolución urbana.

Expertos urbanistas coinciden en caracterizar el actual momento de muchas ciudades a nivel global como el de una revolución urbana. Fue Gordon Childe (http://bit.ly/1wMIHWY) quien utilizó por primera vez en su obra maestra sobre la Antigüedad dicha categoría para identificar el punto inicial de conformación de las primeras ciudades de la civilización humana.

Las últimas décadas han registrado una considerable expansión de las ciudades por todo el planeta. Lo que se ha conformado es un nuevo entorno urbano que se ha denominado Metapolis, una ciudad de ciudades.

Se trata de un sistema de redes urbanas creado por la conexión de las ciudades, el territorio y los pueblos a partir del desarrollo de los medios de transporte, el avance en el almacenamiento de bienes, información y personas, y la evolución científica continua de las tecnologías para mejorar el rendimiento de este sistema. El resultado son grandes conurbaciones extensas y discontinuas, heterogéneas y multipolarizadas, en las que la incertidumbre y el azar juegan importantes papeles que desmontan el absolutismo y los principios categóricos del urbanismo moderno. El prefijo meta- ya nos sugiere sobre un "ver más allá" de la forma de la "polis", de su realidad, de su significado según la concepción tradicional de la ciudad.

Bogotá hace parte del sistema de grandes ciudades del mundo en la que se concentran millones de personas. Es ya una Metapolis. Es el resultado del proceso de metapolizacion de la ciudad y el territorio de la Gran Sabana.

Así, en su condición de gran urbe, la capital de Colombia también es escenario de la denominada revolución urbana a la que se refiere Francoise Ascher (http://bit.ly/1wMIXFm), el conocido investigador francés cuya reflexión se especializó en el tema de las ciudades del siglo XXI (http://bit.ly/1ExjvV7).

Varias son las cuestiones que resulta obligado plantearse a propósito de dicho tema. ¿En qué consiste dicha revolución urbana? ¿Qué contradicciones surgen con dicho fenómeno? ¿Cómo actuar para sobreponerse a las deformaciones urbanas que aparecen con dichas transformaciones?

Utilizamos los términos de revolución y contrarrevolución no solamente por la historia que conlleva el concepto de revolución urbana y su renovación a lo largo del tiempo, como se comprueba en la literatura sobre el auge de las ciudades metropolitanas a lo largo del siglo 20 y más recientemente sobre la "explosión de la ciudad" o el ya clásico concepto de Metapolis acuñado por François Ascher.

La revolución urbana está asociada a un grupo de aspectos tecnológicos, económicos, políticos, sociales y culturales que igualmente se vinculan a la globalización neoliberal.

Esos procesos son los siguientes:

a) La informatización (por ejemplo la difusión de los ordenadores y las redes) ha modificado las relaciones espacio-tiempo y permite desarrollar actividades diversas (profesionales, de ocio o cultura, de educación, de consumo) sin depender de una localización rígida. Si a ello se une la generalización de las formas modernas de comunicación como el vehículo privado y las redes regionales de transporte y la telefonía móvil, es fácil deducir que la ciudad hoy ya no es lo que era.

b) Los nuevos territorios urbanos ya no se reducen a la ciudad central y su entorno más o menos aglomerado, lo que se llamó el "área metropolitana", es decir el modelo de ciudad de la sociedad industrial. El territorio urbano-regional es discontinuo, mezcla de zonas compactas con otras difusas, de centralidades diversas y áreas marginales, de espacios urbanizados y otros preservados o expectantes. Una ciudad de ciudades en su versión optimista o una combinación perversa entre enclaves globalizados de excelencia y fragmentos urbanos de baja calidad ciudadana.

c) El capital dominante es hoy especulativo más que productivo, nómada más que sedentario. Las decisiones se han "externalizado" del territorio, el cual se ha debilitado al tiempo que ha entrado en la carrera competitiva para atraer inversiones, actividades emblemáticas, turistas, etc. El capital fijo, dependiente del entramado económico local, se resquebraja y las infraestructuras que soportan la nueva economía corren el riesgo de ser de uso efímero.

d) El ámbito local-regional ha sido históricamente el de la reproducción social (educación, sanidad, vivienda, etc.), hoy afectado por la crisis del Estado de bienestar (o por su carácter limitado) al mismo tiempo que las demandas se multiplican (formación continuada, envejecimiento, reducción del tamaño del núcleo familiar, colectivos pobres o marginales, etc.). Los poderes locales, distritales y regionales deben reorientar sus funciones hacia la "producción social" puesto que la "competitividad" del territorio corresponde a esta escala más que a la del "Estado-nación". Pero no disponen de las competencias y recursos para ello.

e) La sociedad urbana se ha hecho más compleja, más individualizada y más multicultural. Las grandes clases sociales de la época industrial se han fragmentado, los grupos sociales se definen en función de criterios múltiples (territoriales, culturales, etc. además de su relación con la producción), la autonomía del individuo se ha multiplicado. Los comportamientos urbanos se han diversificado (en los tiempos, movilidades, relaciones sociales, etc.) y por lo tanto también las demandas. Las políticas urbanas hoy no pueden ser simplemente de "oferta" masiva dirigida a grandes colectivos supuestamente homogéneos.

f) Pero, paradoja: al mismo tiempo que individuos y ciudades apuestan por la distinción y la diferencia, las pautas culturales se globalizan y se homogeneizan. Arquitecturas y formas de consumo, informaciones y comportamientos de ocio, lenguas y vestimentas se banalizan y pierden sus elementos distintivos cualificantes. La carrera hacia la competitividad mediante la distinción lleva a la no-competividad por la homogeneización.

g) La gobernabilidad de los territorios urbano-regionales se convierte en un difícil desafío. Especialmente difícil debido a los siguientes factores:

• La multidimensionalidad del territorio urbano-regional (centros, periferias, red incompleta de geometría variable de ciudades medias y pequeñas, urbanización difusa, enclaves y hábitat marginal, etc.)

• Las potentes dinámicas privadas de ocupación de suelo.

• La nueva complejidad de la sociedad urbana y la diversidad de sus demandas y de sus comportamientos (movilidad, doble residencia, etc.)

• La fragmentación de los poderes locales que cooperan y se solapan, compiten, se estorban.

• La fuerza económica y a veces legal de las iniciativas privadas o de entes públicos sectoriales a la hora de definir o modificar grandes proyectos sectoriales sobre el territorio.

Importa señalar, como lo plantea Borja (http://bit.ly/1ExjvV7), que las revoluciones, sean políticas, sociales, económicas, científicas, culturales o tecnológicas generan procesos (o por lo menos expectativas) que para simplificar podemos calificar de "democráticos" o socializadores del progreso.

En el caso de la revolución urbana a la que nos estamos refiriendo, se enfatiza la mayor autonomía de los individuos, la diversidad de ofertas (de empleo, formación, ocio, cultura, etc.) que se encuentran en los extensos espacios urbano-regionales, las nuevas posibilidades de participación en las políticas públicas de las instituciones de proximidad y a partir de la socialización de las nuevas tecnologías, las mayores posibilidades de elegir residencia, actividad o tipo de movilidad, etc.

Sin embargo, observa, nunca la segregación social en el espacio había sido tan grande: crecen las desigualdades de ingresos y de acceso real a las ofertas urbanas entre la población; colectivos vulnerables o más débiles pueden vivir en la marginación de ghettos o periferias (ancianos, niños, inmigrantes, etc.)

Los tiempos sumados de trabajo y transporte aumentan; la autonomía individual puede derivar en soledad e insolidaridad; la incertidumbre sobre el futuro genera ansiedad; se pierden o debilitan identidades y referencias; hay crisis de representación política y opacidad de las instituciones que actúan en el territorio, etc. Así, las esperanzas generadas por la revolución urbana se frustran y el malestar urbano es una dimensión contradictoria de la vida urbana actual.

Estos efectos perversos de la revolución urbana no son una fatalidad si no que resultan de un conjunto de mecanismos económicos, de comportamientos sociales y de políticas públicas como son: el carácter sobre determinante de la renta urbana en la definición de usos del territorio; el consiguiente carácter de "inversión" que han adquirido las compras en suelo o en vivienda; las alianzas sucias entre constructores y autoridades locales; el afán de distinción y de separación de importantes sectores medios y altos; los miedos múltiples y acumulativos que actúan sobre una población de cohesión débil; la fragmentación de los territorios urbanos extensos y difusos; la homogeneización de pautas culturales en los que la "imitación global" se convierte en obstáculo a la integración local, etc. Todo lo cual configura que vivimos no solo tiempos de revolución, de igual manera son tiempos de contrarrevolución, urbana obviamente.

Es una contra revolución, que en el caso de Bogotá, se refleja en la tendencia a la acentuación de la homogeneidad social de los barrios ricos, producto de la preferencia de sus habitantes por vivir tan alejados como sea posible de los diferentes (esto es, de las "clases peligrosas") y en la proximidad de sus iguales. De donde, "la homogeneidad social de los barrios ricos permite tomar conciencia de la ambivalencia de la segregación: ella no es nunca solamente separación, sino también siempre agregación y búsqueda de sus similares". Sin embargo, esta búsqueda de los iguales, no significa una búsqueda de convivencia en comunidad, no obstante que el "producto comunidad" se haya transformado en uno de los más promovidos por la nueva oferta inmobiliaria. Como señala Bauman, "la 'comunidad' que buscan equivale a un 'entorno seguro', libre de ladrones y a prueba de extraños. Comunidad' equivale a aislamiento, separación, muros protectores y verjas con vigilantes" ( http://bit.ly/1qG8vdA). En lo fundamental, se trata de una tendencia de lo que este mismo autor caracteriza como "la secesión de los triunfadores", que tiene como manifestación culminante la tendencia a la auto guetización, la guetización voluntaria, materializada en la explosión de los condominios y barrios cerrados. Son justamente estas islas urbanas, una de las principales expresiones de la estructuración social de la ciudad de nuestro tiempo: la fragmentación social urbana como expresión de una discontinuidad del tejido urbano derivado de un crecimiento marcado por un estallido y una dispersión de nuevas implantaciones, con vacíos no urbanizados y aún no urbanizables entre ellas. Donde la ausencia de articulaciones entre los pedazos en los que estalla el aglomerado urbano y la disimilitud extrema de las formas de los paisajes, tanto al nivel del tejido como al del Habitat, así como una gran heterogeneidad de los tipos de niveles de equipamiento (de infra-estructura y colectivos) y de servicios urbanos, aparecen como rasgos distintivos de esta evolución. A ello habría que agregar las peculiaridades de las áreas ocupadas por los sectores medios, donde la periurbanización y la gentrifcación (aburguesamiento) aparecen como dos modalidades residenciales que influyen de manera importante en la nueva morfología urbana; de un lado, una parte importante de los nuevos grupos medios en ascenso promueven la recuperación y reconversión de una parte de las antiguas áreas centrales. Y, de otro lado, una parte muy significativa de los sectores medios más tradicionales, motivados por su preferencia por la vivienda individual y, también, por su aspiración a condiciones de vida diferentes a las que pueden tener en las partes más inseguras, congestionadas y contaminadas de la ciudad, se desplazan hacia un periurbano semi-rural (Chía), que por esta misma razón tiende a crecer de manera incontrolable. Estas dos tendencias, gentrifcación y periurbanización, marcan dos de las velocidades que caracterizan la transformación de la ciudad actual.

Por otra parte, en contraposición a estos mundos de la riqueza, el panorama se completa con la ciudad de los tugurios y los ranchos, que se constituye en un componente ineludible de la ciudad de la revolución urbana y caracteriza la tercera velocidad, la de la relegación social. Al respecto, algunos números de los informes recientes de UN-Habitat son muy elocuentes: "el número total de habitantes en tugurios en el mundo alcanzó a alrededor de 1200 millones en el 2009. Esto representa cerca del 32% del total de la población urbana mundial. En ese momento, el 43% del conjunto de la población urbana de todas las regiones en desarrollo vivían en tugurios, mientras el 78,2% de la población urbana en los países menos desarrollados habitaban en tugurios y ranchos viejos. En algunas ciudades de países en desarrollo, los tugurios y ranchos son tan invasivos que los ricos han tenido que segregarse en pequeños enclaves amurallados. La conclusión lógica que se deriva inexorablemente de estas cifras es que "en lugar de ser un foco de crecimiento y prosperidad, las ciudades se han transformado en una tierra inundada por un excedente de población trabajando en servicios industriales y comerciales no calificados, desprotegidos y de bajos salarios.

Esta nueva realidad obliga al pensamiento crítico a plantearse nuevos parámetros en la lucha por la democracia urbana.
En plena campaña por elegir la nueva alcaldesa o alcalde de Bogotá, resulta obligado profundizar el tema del derecho a la ciudad y la democracia urbana en una ciudad convertida hoy en una Metapolis.

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