“Sabemos los límites de esta derecha y debemos pensar el día siguiente a ella”

Pasados casi cinco meses desde la llegada de Jair Bolsonaro al poder, vimos que los movimientos populares volvieran a las calles en Brasil. Las protestas contra el ajuste en la educación la semana pasada dejaron bien claro que el actual gobierno no goza de ninguna tranquilidad, como hacía creer el clima en las calles del país luego de las elecciones. En Argentina, el gobierno Macri entrega una sociedad más empobrecida de lo que encontró y en Colombia, masivas manifestaciones tomaron las calles y carreteras del país contra un narco-estado que niega un proceso de paz sobre décadas de guerra interna. En Venezuela, bien, la presentación es innecesaria. Sobre esta coyuntura continental, entrevistamos al periodista e investigador uruguayo Raul Zibechi días antes de las manifestaciones del 15 de mayo en Brasil.

-Correio da Cidadania: En nuestra última entrevista, de enero de 2018 (1), hablamos de los errores del progresismo y el del fin de este ciclo que abría las puertas de un avance conservador. Bueno, en Argentina ya estaba Macri, pero cerca de un año después, el país más grande del continente eligió a Jair Bolsonaro como presidente. ¿Qué impresiones tienes de este gobierno y de su proyecto para el país?


Raúl Zibechi: Creo que la principal característica del gobierno Bolsonaro es que no tiene proyecto de país. Entre otras cosas, porque lo llevó al gobierno un movimiento que es de rechazo a la izquierda, pero apenas eso, un rechazo negativo que no es capaz de construir algo como una nación.


Esto contrasta incluso con el golpe de 1964, que era muy anticomunista pero tenía un proyecto que, en aquel momento, Ruy Mauro Marini definió como sub-imperialismo. Hoy el gobierno no tiene ni siquiera esa intención. Hay una idea de subordinarse a Estados Unidos, o más en concreto, al gobierno de Trump, pero eso ya no alcanza porque se trata de una potencia en declive que lo único que busca es alargar la caída.


Entonces estamos en un momento histórico muy diferente al de medio siglo atrás. El gobierno actual en Brasil es un gobierno sin rumbo, sin proyecto, sin perspectivas.


-Correio da Cidadania: ¿Ves una profundización del modelo extractivo, especialmente en las nuevas políticas para el agronegocio, la minería y la demarcación de tierras indígenas?


Es el mismo modelo de los últimos 20-25 años pero con menores trabas, con menos impedimentos para la expansión del agronegocios. Eso es cierto, pero no debemos perder de vista que es exactamente el mismo modelo, con las mismas características. Sólo que durante algunos años hubo ciertas trabas legales y políticas. Pero ya en la última década, o mejor en los últimos años de Dilma, esas trabas empezaron a levantarse.


-Correio da Cidadania: Si miramos los índices de popularidad del gobierno, que caen cada día y los movimientos sociales y populares que vuelven a organizarse, sumados a las propias peleas palaciegas entre militares y olavistas (2), ¿qué tipo de gobernabilidad tendrán?


Desde hace tiempo pienso que el fin del ciclo progresista no será sucedido por un ciclo conservador, sino por una gran inestabilidad. Hoy asume la forma de crisis de gobernabilidad permanente, de la cual Argentina es el mejor ejemplo, pero Brasil entra también en esa situación.


Un dato mayor en Brasil es que los militares están siendo los que imponen un poco de racionalidad, en casos como Venezuela, o de sentido común, en las reformas que se quieren implementar. Eso revela la profunda crisis de la clase política brasileña que ya no es capaz de gobernar con un mínimo de sentido común. Es evidente que esto no puede durar mucho, a ello sumo los cuatro años que le corresponden a Bolsonaro, si es que llega al final de su mandato. Ya tuvo que resignar al ministro de Educación y es probable que en algún momento caiga el canciller, aunque ya lo tienen neutralizado los militares.


Pero me gustaría decir, además, que la crisis de gobernabilidad es estructural y que va a afectar también a los progresistas si retornan al gobierno.


-Correio da Cidadania: ¿Crees que con las dificultades para gobernar, el gobierno pueda dar un giro aún más autoritario? ¿Cómo esto se aplica a liderazgos comunitarios y de movimientos sociales?


Hoy los gobiernos saben que navegan en aguas turbulentas. Los sectores populares son actores muy importantes y ellos tienen claro que Junio 2013 puede repetirse, lo que cambia todo. Un giro autoritario sería muy peligroso, lo intentan, claro, pero no lo veo como algo que pueda consolidarse. Otra cosa son acciones muy represivas, fuera de control, aparentemente, que sí son muy peligrosas. Por otro lado, si dejamos a las clases medias en sus barrios “nobres” y vamos a la favela, ¿qué sería un giro autoritario allí donde no hay otra cosa que autoritarismo militar, policial y de las milicias?


Por eso creo que no podemos hacer una lectura ideologizada como hace la izquierda electoral. Si somos realistas, sabemos los límites que tiene esta derecha y debemos pensar en el día después. O sea, ¿qué construimos, partidos electorales o movimientos de base que son los que pueden hacernos salir del modelo extractivo?


-Correio da Cidadania: En este contexto, ¿cómo se queda la situación de Venezuela?


Con un gran aislamiento internacional y una gran crisis interna. El gran problema es la economía y las finanzas. No consiguen mejorar la producción y en particular la extracción de petróleo que está cayendo cada mes y se sitúa en un tercio de la que tuvo cuando Chávez llegó al gobierno en 1999. Esto es el punto clave, porque si no consiguen enderezar PDVSA, la economía deja de funcionar en algún momento.


Además hay un grave problema con los precios y con la moneda. Se trata de problemas que no parecen encontrar el modo de resolverse y eso lleva a que el apoyo de la población al régimen chavista-madurista sea cada vez menor. Eso lleva a un cierre autoritario que es inevitable si no consiguen modificar la economía. A todo esto se suma la desestabilización política de la derecha y Estados Unidos y la agresión económica, que terminan de configurar un panorama muy difícil.


-Correio da Cidadania: Se miramos a otros grandes países del continente (3), vemos una Argentina completamente desfigurada, con las cifras de fuga de capital en las alturas, una reforma jubilatoria que despierta el más profundo rechazo de la población y movimientos de mujeres muy fuertes en las calles (4). Colombia, después de décadas de guerra interna, tiene manifestaciones muy fuertes en oposición a las políticas uribistas. ¿Qué lecciones podemos tomar de estas realidades vecinas?


Mi impresión es que en el trasfondo de toda esta situación tan crítica está la acumulación por despojo, por robo, eso que llamamos extractivismo y que se resume en monocultivos muy contaminantes, minería depredadora, grandes obras como Belo Monte y frenética especulación urbana. Esto es el modelo financiero en esta etapa de crisis del imperio y de retraimiento del capitalismo. No quiero hacer esa operación cosmética que hace una parte de la izquierda y que me parece tramposa: si cambia el gobierno y asumen los progresistas, ya no estamos en el neoliberalismo. No, el neoliberalismo no es un gobierno, es un sistema que tiene un pie en la economía de despojo, un pie en la sociedad militarizada (las leyes antiterroristas las aprobó la izquierda y son parte del modelo) y otro pie en la política. La única luz que tenemos en este período tan oscuro son los movimientos de mujeres y de indígenas, que en el fondo son muy parecidos porque tocan la tecla de la opresión y sólo se pueden combatir las opresiones partiendo del cuerpo.


-Correio da Cidadania: Volviendo a la entrevista de 2017, usted habló de Lenin Moreno, entonces el nuevo presidente de Ecuador, y que aún no se sabía si haría una gira a la derecha o no. Pasados dos años, ¿cómo podemos analizar este país, que en tiempos de Correa jugó un importante papel en el ámbito de los gobiernos progresistas?


No hay dudas de que Moreno hizo un viraje a la derecha, en alianza con el empresariado local y con Washington. Creo que ese viraje es para un buen tiempo, porque como lo demuestran las cifras, no es fácil que retorne Correa.


Ahora, hay que preguntarse cómo fue posible. La “traición” no explica nada, porque detrás de Moreno se fue la mayor parte de Alianza País que hasta el día anterior estaba con Correa. Mi impresión es que Correa dejó una situación económica muy mala, con un gran endeudamiento, y que había una gran tensión política sobre todo con los movimientos populares e indígenas. Correa se enemistó con los movimientos y éstos le pagaron apoyando a los adversarios de Correa. No comparto esa actitud, pero la entiendo.


-Correio da Cidadania: ¿Y cómo miras la entrega de Julian Assange por parte de Moreno? Más allá de las imágenes de sus fiestas y excesos, ¿qué esto dice sobre la libertad de prensa o el momento del periodismo, especialmente lo que va en contra de los intereses de los poderosos? ¿Cómo esto puede reflejar en un país como Brasil, donde según la Unesco, es el 6º país más peligroso para ejercer esta profesión?


La libertad de prensa no existe. Sólo hay libertades de todo tipo para las clases medias y altas, pero no hay libertades ni derechos para la mitad pobre, negra y favelada, y sobre todo para los y las jóvenes. Tenemos que crear nuestros propios medios, nuestros propios espacios y poderes, porque un pueblo con derechos pero sin poder, no es nada. Este es el punto. Seguir reclamando derechos y libertades al Estado, está muy bien para los sindicatos cuya base social son individuos con empleo en blanco, formal, con todos los derechos de seguridad social, pensiones, y acceso a la salud y la educación que viven en barrios donde hay saneamiento y así. Pero la otra mitad, la que no tiene empleo ni acceso a ningún servicio digno, pedir derechos no tiene sentido. Está bien que los pidan, pero si además construyen lo propio, “su” salud, “su” educación, o sea su propio mundo.


-Correio da Cidadania: ¿Cuáles son los desafíos más importantes puestos para el campo popular en esta coyuntura?


Lo que acabo de decir: construir el mundo propio. Ese mundo que tuvieron los obreros el siglo pasado, hasta que el Estado del Bienestar desmontó los ateneos, las escuelas populares, el tiempo libre de los obreros, todos los espacios de socialización que eran espacios de poder popular. Si no hacemos esto, estamos a merced de los poderosos.


Para mi esta es la estrategia más importante y eso implica pensar en el largo plazo. La clave de la resistencia de los pueblos originarios es esta, que no dejaron sus comunidades, que las siguen construyendo y sosteniendo. Veo que los pueblos negros están transitando un camino similar, re-construyendo quilombos, que son la clave de la acción popular no estatista como ya lo planteaba Abdias do Nascimento.(5)

Por Raphael Sanz
Correio da Cidadania

 

Notas

1) “El mayor error de los progresismos fue no haber tocado la riqueza; ahora vemos avance continental de las derechas” , Raúl Zibechi, Correio da Cidadania, 6 de janeiro de 2018.
2) Referencia a los partidarios del escritor Olavo de Carvalho, gurú ideológico del presidente Bolsonaro.
3) “La imposible gobernabilidad de las derechas”, Raúl Zibechi, Correio da Cidadania el 7 de mayo de 2019.
4) “Para aprobar reformas impopulares, gobierno Macri reinaugura era de violaciones del Estado”, Correio da Cidadania, 23 de diciembre de 2017.
5) Abdias do Nascimento (1914-2011), dramaturgo, actor, escritor y poeta, activista vinculado al movimiento en defensa de los derechos de los afrobrasileños. Doctor honoris causa en las universidades del Estado de Río de Janeiro (1993) y Federal de Bahía (2000), entre otras. En 1983 resultó electo como diputado federal por el PDT (Partido Democrático Trabalhista). En 1991 y entre 1997 y 1999 ejerció como senador. Sus discursos y proyectos de ley apuntaron a la superación del racismo y el apoyo al movimiento negro. Fue también secretario de Defensa de la Promoción de la Población Afrobrasileña de Río de Janeiro entre 1991 y 1994, y secretario estadual de Ciudadanía y Derechos Humanos del Estado de San Paulo entre 1999 y 2000.


http://www.correiocidadania.com.br/
Traducción de Raphael Sanz para Correspondencia de Prensa: https://correspondenciadeprensa.com/

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Miércoles, 29 Mayo 2019 06:24

Ideología reversa

Ideología reversa

Cada vez que los líderes del tercer mundo se propusieron nacionalizar los recursos naturales de sus países, se los acusó de “vende patrias” y de pretender “introducir ideas foráneas”, como si existiese alguna idea que no tuviese algo de foráneo.

Las dos acusaciones han sido, por generaciones, dos clásicos de la cultura popular cuyos orígenes no son difíciles de rastrear siguiendo los rastros del interés económico internacional. Cuatro casos archiconocidos fueron cuatro presidentes electos democráticamente y depuestos por similares golpes militares precedidos por similares estrategias de desestabilización y seguidos de similares dictaduras: Jacobo Arbenz, cuando intentó nacionalizar una pequeña fracción de tierras en Guatemala en manos de la United Fruit Company; Mohammad Mossadegh, cuando intentó cumplir su promesa electoral de nacionalizar el petróleo en manos de British Petroleum en Irán; Patrice Lumumba, cuando intentó conservar los recursos minerales de Katanga en el Congo en manos de las empresas belgas; y Salvador Allende, cuando intentó nacionalizar el cobre y la banca en Chile en manos de empresas estadounidenses (algunas de estas terribles políticas, como la redistribución de tierras, ya habían comenzado con el presidente anterior, el conservador moderado y rival de Allende, Eduardo Frei Montalva).


Otros ejemplos abundan, pero casi todos hundidos en el generoso olvido de los pueblos. Todos fueron acusados, por las potencias coloniales de su momento, de querer entregar sus países al poder extranjero y de promover ideas extranjeras. Como solución a sus planes de nacionalización, primero la propaganda y luego las armas lograron devolver los recursos nacionales a manos de empresas privadas extranjeras con la obvia asistencia de gobiernos extranjeros que en todos los casos, y de forma documentada, actuaron como extensión de los negocios privados en nombre del interés general.


Esta operación de subasta de países se llevó a cabo o se consolidó con la imposición de “ideas extranjeras”, para nada espontaneas ni producto de ningún debate democrático, sino como parte de un plan deliberado por parte de las potencias extranjeras.


Por ejemplo, cuando en los años 50s se hizo evidente el sostenido crecimiento de la izquierda en Chile, se comenzó el envío de estudiantes de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a/y desde la Universidad de Chicago. No a cualquier departamento sino a estudiar bajo el directo tutelaje de Milton Friedman y Arnold Harberger, los ideólogos de la reacción contra la corriente iniciada por el cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por la cual la superpotencia volvió, por unas décadas, a políticas sociales (New Deal, Nuevo Acuerdo). En 1958 Jorge Alessandri le había ganado a Allende por una mínima diferencia de votos y en 1964 la CIA financió exitosamente la campaña electoral de Frei contra Allende. En 1970 el dinero no fue tan efectivo y Allende terminó ganándole a Jorge Alessandri, por lo cual la MIMO (Mafia Internacional de Millonarios Organizados) recurrió al mismo Plan B de todos los casos anteriores: golpe de Estado y dictadura militar para “salvar al país” de alguna amenaza de moda contra la libertad.


Gracias a esta dictadura y a otras en América Latina, los Chicago Boys, los economistas entrenados en la ideología de Friedman, tuvieron carta libre para actuar en Chile y en otros países. Este grupo, sus ideólogos y sus apologistas, centraron y centran hoy sus elogios en la idea de que son ellos quienes han promovido el “libre mercado” y las “libertades individuales”.


Ambos, libre mercado y libertades individuales son ideas muy nobles y positivas. Si no fuese por la hipocresía con la que se las ha aplicado sistemáticamente. No hubo y nunca habrá libre mercado bajo el tutelaje neocolonial y neo imperialista sino lo contrario. Mucho menos hubo libertades individuales, ya que estas políticas necesitaron múltiples dictaduras militares primero y más tarde dictaduras bancarias sobre países arruinados y endeudados por las dictaduras anteriores. El libre mercado y las libertades individuales significaron, bajo estas políticas, libertad de algunos mercados para imponer sus condiciones e intereses sobre otros, y libertad de algunos, de unos pocos individuos para decidir sobre otros individuos, sin excepciones una abrumadora mayoría. Este discurso, esta efectiva manipulación ideoléxica, es semejante al mito que celebra la independencia de Texas de México aduciendo que fue para gozar de “mayores libertades políticas” sin aclarar que se trataba de “mayores libertades de unos a esclavizar a otros”, ya que el gobierno mexicano había regalado tierra a los inmigrantes anglosajones sin haber legalizado la esclavitud, verdadera fuente del “milagro económico” del sur estadounidense.


Pinochet no solo no fue acosado económicamente por Nixon, como lo fuera Allende, sino que además recibió todos los beneficios posibles (morales, ideológicos, militares y económicos) de la superpotencia. Pese a todo, la pobreza y el desempleo no solo continuó creciendo en el llamado “Milagro económico chileno” (mito propagado y diseminado por la poderosa ultraconservadora Heritage Foundation, fundada por Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors) sino que además, en los 80s, el país se sumergió en una dolorosa crisis económica que ocurrió simultáneamente en otras dictaduras menos exitosas del continente.


Quienes entregaron al país y sus recursos naturales tan codiciados por las exitosas compañías occidentales a fuerza de una dictadura sangrienta, no se los llamó “vende patrias” sino “salvadores de la libertad”. Las ideas indoctrinadas como un dogma incuestionable (cuestionado en todas las universidades de Estados Unidos, menos en el departamento de Friedman) por una simple decisión estratégica de las agencias de Estados Unidos, no se las llamó “ideas extranjeras”.


Fue una operación perfecta, o casi perfecta. Otro típico caso de “ideología reversa”. La mafia neoliberal (a través de sus voceros más pobres, es decir fanáticos) se encargó siempre de acusar a cualquier grupo universitario o de activistas sociales o de intelectuales críticos de practicar las ideas del teórico marxista italiano Antonio Gramsci. Sin embargo, si bien la izquierda tradicional fue gramsciana por su análisis de la realidad y por su natural resistencia crítica al poder (que se expresa y consolida por el sentido común prefabricado), la derecha internacional fue siempre gramsciana en la aplicación del poder a través de las ideas colonizadas.


Se puede ocupar un país, se puede imponerle un gobierno títere por un tiempo limitado, pero si el objetivo es permanecer, la única forma posible es colonizar las ideas de un pueblo hasta inocularlas con un interés parasitario que con el tiempo terminarán adoptando como propias. Tan propias que cualquier cosa que suene diferente, como la recuperación soberana de sus recursos, será aplastada con calificativos como “ideas foráneas” –y sus propulsores “vende patrias”.


Pero a toda esta ingeniería de las ideas que define nuestro mundo hay que sumarle un aliado fundamental: ese miedo que es parte de la condición humana, ese miedo de un mendigo que es capaz de matar y morir por conservar las pocas pero sonantes monedas que le tiró un buen señor a la salida de la iglesia y que le costó todo el día ganar.


El 19 de mayo de 2019, en Morehouse College de Atlanta, el multimillonario invitado a dar el típico discurso moralizador de graduados, Robert F. Smith prometió pagar la deuda de los estudiantes por haber estudiado. La audiencia estalló en llanto. Un gesto noble, sin dudas. Con sus viejas trampas, por lo expuesto desde hace veinte años...

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EU boicotea foro de la ONU por la participación de Venezuela

Sanciones de Washington impiden que Caracas destine recursos a programas médicos de trasplantes

Ginebra. Estados Unidos, junto con algunos miembros del Grupo de Lima, abandonaron ayer la Conferencia de Desarme, foro internacional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) realizado en esta ciudad, en protesta por la asunción de Venezuela a la presidencia rotatoria de este coloquio, al mantener la presión contra la república bolivariana.

"Tenemos que hacer todo lo posible para impedir que estados como el venezolano presidan organismos internacionales", explicó Robert Wood, embajador estadunidense, tras boicotear la sesión.

Anunció que su delegación no participará en las próximas cuatro semanas de la conferencia, tiempo que dura la presidencia venezolana, en rechazo a que ese "Estado paria" la encabece. Aclaró que su acción es un gesto de apoyo al autoproclamado "presidente encargado" de Venezuela, el opositor Juan Guaidó, a quien le expresó su deseo de trabajar "en el futuro" en este encuentro.

Wood, junto con las representaciones de Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Paraguay, Panamá y Perú abandonaron la sala cuando Jorge Valero, embajador de Venezuela ante la ONU en Ginebra, tomó la palabra tras recibir la presidencia de la Conferencia de Desarme.

Lindsey Graham, senador estadunidense, sugirió el domingo pasado, en entrevista para la cadena Fox, que su gobierno debería considerar una invasión militar a Venezuela, similar a la que Ronald Reagan realizó en Granada en 1983, si Cuba "no sale" del país petrolero y los militares venezolanos apoyan a Maduro.

Sin interrupciones, Valero rechazó las maniobras de Estados Unidos y los miembros del Grupo de Lima de usar el foro "para promover matrices de opinión golpistas e intervencionistas contra el gobierno que preside Nicolás Maduro".

Denunció que Washington "impide los pagos del país, por conducto de la banca internacional, y no le permite importar medicamentos y bienes necesarios para el desarrollo del pueblo venezolano". Resaltó, al citar estudios del Centro de Estudios Latinoamericanos de Geopolítica, que las sanciones y bloqueos unilaterales han provocado un daño por 350 mil millones de dólares.

En tanto, representantes de Maduro y Guaidó retomaron ayer las conversaciones exploratorias en Oslo, auspiciadas por el gobierno de Noruega, para facilitar una solución a la crisis en Venezuela, que según Estados Unidos debe hacerse con la salida del poder del mandatario socialista.

Fuentes del grupo opositor, consultadas por el diario venezolano El Nacional, indicaron que la agenda a tratar es la salida de Maduro mediante elecciones libres. El Centro de Comunicación Nacional del Palacio de Miraflores aclaró que todavía no hay ni agenda ni acuerdo pactado para estos contactos.

La televisora pública noruega NRK precisó que las partes se reunieron el lunes pasado, y que podrían terminar antes del viernes, para hablar de la posibilidad de convocar nuevos comicios.

En otro orden, Erick Altuve, uno de los cuatro menores con cáncer que murieron mientras esperaban un trasplante de médula en Venezuela, fue velado por sus familiares en el barrio de Petare, en Caracas.

Decenas de personas protestaron la semana pasada frente al Hospital Pediátrico J M de los Ríos para responsabilizar al gobierno de Maduro del colapso en la atención médica. Autoridades argumentaron que las sanciones estadunidenses impidieron a Venezuela usar dinero para llevar a los niños a Italia, donde recibirían sus trasplantes.

En tanto, el canciller Jorge Arreaza tuiteó ayer que las sanciones de Estados Unidos a Venezuela impiden que el gobierno pague el tratamiento, financiado por PDVSA, a un grupo de niños en Argentina para hacerles un trasplante de hígado.

Isabella es una venezolana de casi dos años que nació con una enfermedad congénita y tuvo que recibir trasplante. Su tratamiento estaba a cargo de la Fundación Simón Bolívar, pero en febrero notificaron a sus padres que no recibirían la ayuda debido a la sanciones contra Citgo, filial de la estatal PDVSA en Estados Unidos.

En otro orden, después de más de tres años sin dar indicadores económicos, el Banco Central de Venezuela reportó ayer que la inflación en 2018 cerró en 130 mil por ciento, mientras este año fue de 114.4 en febrero; 34.8 en marzo y 33.8 en abril, al tiempo que enero reportó la mayor alza en los precios al consumidor con 196.6 puntos porcentuales.

 

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Se cae la acusación de que Lula es dueño de una propiedad en Sao Paulo entregada como soborno

Brasilia. La aceptación de solicitud de venta de una propiedad atribuida a Luiz Inácio Lula da Silva en el municipio Atibaia, en Sao Paulo, como pago por presuntos favores políticos, echó por tierra ayer acusaciones contra el ex presidente brasileño.

El ministerio público federal fue favorable a la solicitud de autorización del empresario Fernando Bittar, quien es el dueño del inmueble, para venderlo.

Tal aprobación refuerza los argumentos presentados por la defensa del ex mandatario de que no tiene nada que ver con la posesión, como argumentan los fiscales de la operación anticorrupción Lava Jato.

El portal Brasil 247 indica que el proceso contra el ex dirigente izquierdista, "sin pruebas y sin crimen, produce anomalías jurídicas".

Lula fue condenado a 12 años y 11 meses de cárcel por corrupción pasiva, activa y lavado de dinero, sin haber probado ninguna acusación. El proceso ahora está en el tribunal federal de la cuarta región para juicio en segunda instancia.

El sitio de noticia señala que la condena fue dictada por la juez Gabriela Hardt, en una "sentencia inmoral por ser una literal copia y pega" de las acusaciones del caso del departamento de Guarujá, con extractos del fallo emitido por el cuestionado ex juez Sérgio Moro, incluidas las inconsistencias.

Durante el juicio, Lula nunca negó que frecuentaba el inmueble de sus amigos.

Pero los fiscales alegan que el ex gobernante era el dueño oficial y fue beneficiado por supuestas reparaciones realizadas por la empresa Odebrecht en el inmueble.

Dicha constructora brasileña está envuelta en una ola de escándalos por corrupción en casi toda América Latina.

La anomalía está justamente en el hecho de que Lula no es el dueño de la propiedad, sino Bittar, conforme el ministerio público reconoce al aceptar su pedido de venta.

Por otra parte, Lula, quien ayer cumplio 416 días en prisión, envió una carta al Salón del Libro Político en Sao Paulo. "Leer es un acto político. No es casualidad que nuestros adversarios, al mismo tiempo que intentan criminalizar la política e impedir toda forma de activismo, atacan con tanto odio el saber, el conocimiento. Quieren más armas y menos libros", escribió Lula en la misiva leída por el actor Sérgio Mamberti.

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Denuncia Maduro sabotaje a barcos que transportaban gasolina para Venezuela

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aseguró ayer que a 10 barcos cargados con gasolina se les impidió llegar a costas del país, que sufre escasez de combustible.

"La semana pasada sabotearon 10 barcos para que no llegaran a la costa; ese problema está ya en vías de solución", expresó Maduro en cadena de radio y televisión, pero sin precisar de dónde provenían las embarcaciones afectadas.

Maduro destacó que "son más de 30 mil millones de dólares los que nos han congelado o robado, empezando por Citgo", la filial de la petrolerala estatal PVDSA en Estados Unidos. También denunció que más de 88 toneladas de oro del Banco Central de Venezuela fueron congeladas en Londres.

Para cercar a Maduro, el gobierno estadunidense incrementó las sanciones, que limitan el acceso del país a financiación. Esto afecta a la capacidad de PDVSA al restringir las ventas de crudo a Washington.

El Departamento del Tesoro sancionó a PDVSA en enero congelando 7 mil millones de dólares de sus activos y sostuvo que Citgo podría seguir operando, pero sus ganancias serían depositadas en una cuenta que está bloqueada para el gobierno de Venezuela.

Carlos Alvarado, ministro venezolano de Salud, recibió 269 toneladas de medicamentos y material quirúrgico mediante la cooperación entre el gobierno de China y la república bolivariana.

Desde el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, ubicado en el estado de Vargas, el ministro precisó que los insumos ayudarán a "disminuir los efectos del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos".

En otro asunto, al menos dos líneas navieras subieron en mayo las tarifas para transportar mercancías de Estados Unidos a Venezuela, tras las limitaciones al envío de carga aérea que impuso el gobierno de Donald Trump, según tres fuentes del sector y dos documentos.

El Departamento de Transporte de Estados Unidos prohibió el 15 de mayo vuelos directos a Venezuela, con el argumento de que las condiciones en el país petrolero no garantizan la seguridad de las tripulaciones y los aviones.

Si bien las autoridades estadunidenses no objetaron las operaciones que se hacen vía marítima, las compañías navieras globales Hamburg Sud y King Ocean Servicies aplican nuevas tarifas a la carga que sale de Estados Unidos a puertos venezolanos, según documentos vistos por Reuters.

Los despachos tienen un recargo adicional de mil 200 dólares por contenedor desde el 15 de mayo, según los comunicados.

"Las navieras han subido el costo de sus servicios por el riesgo que implica venir a Venezuela con las sanciones de Estados Unidos", dijo una fuente empresarial que pidió permanecer anónima.

En 2016 las navieras ya cobraban por transportar mercancía a Venezuela hasta tres veces más que a otros países de Sudamérica por los riesgos asociados a esa operación, según tarifas vistas por Reuters.

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Martes, 28 Mayo 2019 06:08

Escalada contra la democracia

Escalada contra la democracia

No formo parte del equipo de las pitonisas. Prefiero guardar el pesimismo para días mejores. No obstante, preveo tiempos difíciles para Brasil, a menos que nuestra indignación se transforme en movilización. Tal como van las cosas, nuestra frágil democracia se encuentra amenazada, y nuestra libertad de expresión, amordazada.


Las señales no son promisorias. Nada indica que la economía brasileña saldrá en breve del atolladero en que se encuentra. Los desempleados suman más de 13 millones. Los pronósticos del PIB para 2019 se encogen con cada nuevo cálculo. Al inicio del gobierno actual se creía que crecería 2,2%. Ahora se prevé 1,7%. Brasil retrocede.


Aunque se apruebe alguna reforma de la Seguridad Social (que no afecte a la camada de arriba, claro), nada indica que vengan del exterior inversiones sustanciales. Nuestro país está desacreditado. ¿Quién se aventura a embarcarse en un navío averiado? Y en el mundo existen otras opciones para los inversionistas. Prefieren multiplicar su capital en economías robustas y confiables.


¿Cómo sentirse seguro con un gobierno que se desdice todos los días? En menos de cinco meses contradijo sus promesas de campaña. El corporativismo y la tendencia ideológica hablan más alto que la competencia. El ministro que se precie de serlo debe ponerse la casaca del recluta y tragarse en seco las órdenes del comandante. No se admiten la contradicción, el pluralismo, el debate democrático.


Se baila al ritmo leninista: un paso adelante, dos atrás. La embajada brasileña trasladada a Jerusalén permanece en Tel Aviv. La soberanía del país se inclina ante la suspensión unilateral de visas para los estadounidenses. La cultura es sofocada por la falta de recursos. Las acciones de Petrobras y del Banco de Brasil caen, porque el gobierno “no intervencionista” veta el aumento del diesel y la publicidad del banco.


A los que se apoderan fraudulentamente de tierras, los que destruyen la selva y los que invaden territorios indígenas se les concede licencia para matar. Ante los paramilitares se mira hacia otro lado. Ante los corruptos amigos de la familia se hace silencio. Cuando al padre, presa de un frenesí, no le conviene manifestar algo, le pasa al hijo la tarea, aun cuando implique ofender al general electo vice del capitán.


El desmonte es general. Se extinguen los consejos federales; no hay médicos en muchas localidades antes atendidas por cubanos; disciplinas que enseñan a pensar, como la filosofía y la sociología, desaparecen de los currículos; se toleran los paramilitares; en Brasilia, no son autoridades abiertas al diálogo las que reciben a los indios, sino la Fuerza Nacional, como si se tratara de una manada de fieras escapadas de la selva para avanzar sobre el Planalto.


El clima es de repudio a la democracia. ¿Hasta cuándo se tolerarán el Tribunal Supremo Federal y el Congreso Nacional? ¿Y la libertad de prensa? Ochenta tiros del Ejército asesinaron a dos ciudadanos inocentes y el hecho se considera irrelevante.


En los corredores del gobierno cunden el miedo y la inseguridad. El ministro de Economía habla de obtener un billón de reales con las reformas, y horas después el presidente reduce la cifra a 800 mil millones. El secretario de Hacienda Federal anunció nuevos impuestos y fue desautorizado al día siguiente de su entrevista. Impera la ley del silencio. Quien pretenda aferrarse a la teta del gobierno, que cierre las boca. El gobierno actual sabe destruir, pero no sabe construir.


¿Las encuestas comprueban que la aprobación al Planalto cae cada mes? Puro “fake”, clama el gobierno y asegura que la aprobación es del 98%. Solo se excluye el 2% de la gente envenenada por el marxismo cultural. Gente que no respeta la familia, aunque el acusador haya tenido tres. Gente que está a favor de los derechos de los homosexuales y contra la libertad de posesión y portación de armas.


El rey está desnudo. Pero no resulta conveniente admitirlo en público. Que todo ciudadano cubra sus ojos indignados con los colores vivos de esa policromía ministerial de 22 tonos de gris.


Por Frei Betto 
www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.
Traducción de Esther Perez

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Viernes, 24 Mayo 2019 05:33

La mano dura de Dios

Fieles evangelistas rezan en Rio de Janeiro durante la última misa antes de la elección brasileña de octubre de 2018 / Foto: Dpa Picture-Alliance, Ian Cheibub

Estados Unidos, en el norte de América, y Brasil, en el sur, son la plataforma de expansión de distintas vertientes de un evangelismo conservador que aspira de forma creciente a jugar fuerte en la escena política. Para sus adherentes, se trata de una “guerra espiritual” para remodelar la sociedad en función de sus creencias religiosas.

 

El fenómeno no es nuevo –data de casi cuatro décadas atrás–, pero en los últimos tiempos ha dado mucho que hablar (a Brecha incluida), por la fuerza que ha tomado en países latinoamericanos, como Brasil y Costa Rica –también Guatemala, México y, crecientemente, Chile–, en Estados Unidos, en países de Asia. Su incipiente desembarco en el muy (¿muy?) laico Uruguay incluso ha llamado la atención.


Lo cierto es que el “evangelismo”, esa denominación no muy precisa que engloba a “grupos religiosos herederos del cisma del siglo XVI: luteranos, metodistas, calvinistas, bautistas, menonitas, presbiterianos y pentecostales, entre las denominaciones más conocidas”,1 está alcanzando en toda América un peso político que nunca había tenido. El ejemplo más reciente llegó de Estados Unidos, más precisamente de Alabama, un estado que acaba de aprobar una ley ultrarrepresiva en materia de aborto, muy similar a las que rigen en El Salvador y Nicaragua, donde también la presión religiosa (pentecostalista o católica) llevó a que la interrupción del embarazo fuera prohibida incluso en caso de violación o incesto. La norma lo considera un homicidio –salvo cuando está en peligro la vida de la madre– y pena con hasta 100 años de prisión a los médicos que lo practiquen. “Esta legislación es un poderoso testamento de las firmes creencias de los residentes de Alabama de que cada vida es preciosa y un regalo sagrado de Dios”, dijo la gobernadora del estado, Kay Ivey, al promulgar la ley.


Quienes la votaron en el Senado del estado eran todos hombres y todos blancos. Diversos movimientos sociales –como el feminista y la Asociación de Defensa de los Derechos Civiles– intentarán bloquear la aplicación del nuevo texto y probablemente logren que un juez federal lo haga, invocando la decisión de la Corte Suprema de 1973 (fallo “Roe versus Wade”) que reconoció el derecho al aborto a nivel nacional. Intentos similares de impedir la práctica del aborto han quedado en letra muerta por resoluciones judiciales. Alabama no será la excepción. La gobernadora evangelista admitió que lo más factible es que las clínicas en que se practican las interrupciones voluntarias del embarazo en su estado permanezcan abiertas. Apuesta, sin embargo, a que a corto plazo las cosas cambien.


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Desde que Donald Trump nombrara a los veteranos Brett Kavanaugh y Neil Gorsuch sucesores de dos ministros “progresistas” que se jubilaron, el máximo tribunal de justicia estadounidense se inclinó marcadamente a la derecha. El presidente prometió en la campaña electoral que no pararía hasta “erradicar” de los tribunales a los jueces abortistas. Se lo dijo a los evangelistas con los que estableció una alianza de hecho. Y, como en otros terrenos, está cumpliendo.


En los papeles, esa alianza no parecía tan simple. Dos veces divorciado, mundano, juerguista y mujeriego, el magnate no calzaba en el perfil de político más preciado por los religiosos conservadores, que en Estados Unidos pululan, sean del culto que sean. Máxime cuando a fines de los años noventa se declaró favorable al derecho al aborto. Pero, para las elecciones pasadas, eligió como compañero de fórmula a Mike Pence, un evangelista que se definió como “cristiano, conservador y republicano, en ese orden”. Una vez en la Casa Blanca, se rodeó de muchos otros evangélicos ultraconservadores, entre ellos, su secretario de Estado, Mike Pompeo, un duro que anda jugando al cowboy en Venezuela e Irán; su portavoz, Sarah Sanders, para quien Trump es presidente porque “Dios lo votó”; su ministra de Educación, Betsy DeVos, que está desmantelando la enseñanza pública y favoreciendo a la privada, y poniendo en práctica, a golpe de millones de dólares, eso de que “la lucha contra las ideologías disolventes y ateas se juega sobre todo en el terreno de la educación”; su ministro de Energía, Rick Perry, un petrolero texano para quien el calentamiento global es cosa de terroristas verdes… Y así.


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La unión entre la derecha y los grupos religiosos duros no es precisamente reciente en Estados Unidos. Desde fines de los años setenta, época en que “el reverendo Jerry Falwell, teórico de la ‘mayoría silenciosa’, anuncia el fin de la neutralidad”, es un matrimonio consumado, afirma un informe publicado por el diario francés Libération (16-V-19). Desde entonces, la mayoría de los pastores y fieles de las iglesias evangélicas se inclinan en favor del Partido Republicano en cada elección. Lo hacen de manera creciente: con Ronald Reagan primero, con Bush padre e hijo luego, y sobre todo con Donald Trump ahora. Con “Trump y Pence, religión y política hacen uno”, dice el periodista Michael D’Antonio en su biografía del actual vicepresidente (The Shadow President. The Truth about Mike Pence). En las últimas elecciones, 80 por ciento del voto de los evangélicos –que representan alrededor de un cuarto de la población estadounidense– fue a parar al candidato republicano. Sin el apoyo (ideológico y económico) de los predicadores mediáticos de las megaiglesias pentecostales, Trump no hubiera sido jamás elegido, dice a Libération Katherine Stewart, especialista en el movimiento evangelista estadounidense. Y el sociólogo suizo Philippe González, profesor en la Universidad de Lausana y autor del libro Que ton règne vienne. Des évangéliques tentés par le pouvoir absolu, afirma que en la era Trump se está dando en Estados Unidos “la emergencia de una tercera generación de evangélicos conservadores que penetra realmente las instancias políticas del poder”. Otrouniversitario europeo, Yannick Fer,docente en el Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia y especialista en el neopentecostalismo,declaró a Libération que “en Estados Unidos los organismos misioneros evangélicos y pentecostalistas participaron efectivamente en lo que se ha llamado soft power”. Lo hicieron sobre todo “en el contexto de la Guerra Fría y del miedo al comunismo, cuando fueron utilizados como una barrera a la difusión de ideologías políticas de izquierda”.


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Pero ahora no sólo predican. También legislan y gobiernan, apunta Philippe González. El investigador suizo dice que fue en tiempos de Ronald Reagan que se esbozó el pasaje a la acción política de un sector del pentecostalismo que hasta entonces veía con reticencias dar ese paso. A fines de los setenta, se conformó en el país una suerte de derecha teoconservadora, que reúne a religiosos inspirados, por un lado, en George Weigel, un universitario católico muy cercano al papa Juan Pablo II (fue uno de sus biógrafos) y, por otro, en Charles Peter Wagner, un teólogo protestante muerto en 2016, que fue misionero en Bolivia durante más de 15 años y teorizó sobre la necesidad de una nueva reforma apostólica.
Wagner propulsó el neopentecostalismo como conductor de una “guerra espiritual” para liberar del “dominio de Satán” no sólo a cuerpos y espíritus, sino también territorios, países, gobiernos. “Una focalización sobre los valores familiares, la lucha contra el aborto y los derechos de la comunidad Lgbt, la oposición a la teoría de la evolución y a la ‘ideología de género’” conformaron la matriz ideológica de esta tendencia, que en Estados Unidos empezó a tener un peso político concreto en los primeros años de dos mil con la administración del republicano George W Bush, un born again, un converso al protestantismo, que estableció sesiones de lectura obligatoria de la Biblia en la Casa Blanca, señala Yannick Fer. Los gobiernos demócratas (Clinton, Obama) los exiliaron de la gestión política, pero con Trump volvieron por sus fueros, y con una fuerza mucho mayor.


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La decisión del rubio republicano de trasladar la embajada estadounidense en Israel de Tel Aviv a Jerusalén les supuso una victoria simbólica: para los evangélicos neopentecostales, Israel es la tierra del pueblo elegido y defender su territorio de los acosos de Satán, un “deber sagrado”, dice González. En una reciente entrevista con la agencia Sputnik (28-I-19) a propósito de la expansión del neopentecostalismo en América Latina, el antropólogo uruguayo Nicolás Guigou destacaba cómo la flamante ministra de la Mujer y la Familia de Brasil, Damares Alves –quien en 2018 apareció en un video, que acaba de ser revelado, en el que llamaba a los padres a que prohibieran a sus hijas ver la película Frozen porque, según ella, fomenta el lesbianismo–, asumió su cargo envuelta en una bandera israelí. Jair Bolsonaro, que llegó al poder con el apoyo explícito de neopentecostales como Alves, intentó seguir el camino de su “amigo” Trump en la mudanza de la embajada en Israel. Todavía no lo pudo hacer, por un tema de equilibrios políticos internos, pero sí lo hizo el gobierno guatemalteco de Jimmy Morales, otro presidente latinoamericano allegado a los evangélicos, en un país en el que representan ya 40 por ciento de la población.


En la Cisjordania ocupada, subraya el informe de Libération, los neopentecostales, aliados a los sectores más duros y conservadores del judaísmo, se mueven. “Hay en Israel un auge del sionismo cristiano made in Usa”, afirma el diario francés, y cita casos concretos de asociaciones y colonos cristianos de origen estadounidense que “trabajan” codo con codo con los colonos judíos en la ocupación y el arrebato de tierras palestinas. Los rabinos locales “están muy contentos” de ver cómo estos extranjeros, a los que miraban de reojo cuando desembarcaron, porque sospechaban que querían convertirlos, hoy los respaldan, dijo un integrante de una de esas asociaciones. Un apoyo sumamente bienvenido “en tiempos de Bds” (la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones, llevada a cabo internacionalmente contra el estado de Israel). La International Fellowship of Christians and Jews, animada fundamentalmente por evangélicos, destina unos sesenta millones de dólares por año a apoyar proyectos de colonización en los territorios palestinos ocupados.


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La “guerra espiritual” pregonada por Wagner tiene muchos blancos, según la región en la que los neopentecostales se muevan: la Iglesia Católica y los movimientos de izquierda, feministas, de la diversidad sexual en todos lados; los cultos afro en América Latina; el islamismo en África, Europa y, crecientemente, Estados Unidos; el budismo en Asia. Corea del Sur es uno de los países en que más se expandieron los evangélicos desde los años sesenta, cuando comenzó a operar en ese país, bastión de Occidente en la Guerra Fría, la Yoido Full Gospel, una iglesia fundada por el pastor Cho Yonggi, que durante años fue traductor para el ejército estadounidense. Un 20 por ciento de los 50 millones de habitantes del país serían hoy evangélicos, y en Seúl y otras ciudades surcoreanas funcionan las iglesias más grandes del mundo de esos cultos, más aun que las brasileñas. Durante los largos años de la dictadura militar iniciada en 1961, los evangélicos respaldaron de hecho el régimen. Nigeria y la República Democrática del Congo son los países africanos en que más han logrado penetrar los neopentecostales. También en Afganistán y Sudáfrica, aunque en menor medida. Ahí chocan fundamentalmente con el Gran Satán islámico, uno de sus mayores enemigos, dijo Nicolás Guigou en noviembre pasado a Brecha (16-XI-18), y en esa confrontación han sido objeto incluso de masacres, sobre todo en Nigeria.


En esa nota se citaba un informe de 2017 de la consultora Latinobarómetro que daba cuenta del avance del protestantismo en el que es todavía el mayor reservorio planetario de la Iglesia Católica. Se decía que el evangelismo habría pasado de abarcar 5 por ciento de la población latinoamericana a abarcar 20 por ciento en unas pocas décadas. Las cifras actuales serían aun mayores, y la tendencia al crecimiento de estos cultos se mantendría e incluso se acrecentaría en los próximos años. La World Christian Database, una publicación de la Universidad de Oxford que reúne datos y estadísticas sobre el cristianismo en el mundo, proyecta un crecimiento exponencial de los pentecostales en el mundo en los próximos 30 años: serían más de 1.000 millones en 2050, contra 1.600 millones de católicos. n

23 mayo, 2019


1. Pablo Semán, “Pentecostalismo y política en América Latina. ¿Quiénes son? ¿Por qué crecen? ¿En qué creen?”, Nueva Sociedad, marzo-abril de 2019.

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Jueves, 23 Mayo 2019 06:10

Nacionalistas vendidos

Nacionalistas vendidos

La ultraderecha norteamericana coloniza las neuronas de la extrema derecha europea y Vladimir Putin su bolsillo. La retórica patriótica y nacionalista de las ultraderechas del Viejo Continente suena más a opereta electoral que a principio de política indestructible. Dos episodios, uno de ellos con un escándalo monumental, vinieron a sembrar recelos sobre la autenticidad de las retóricas ultranacionalistas con las cuales estas ofertas políticas seducen cada vez más al electorado. Aconsejados por uno de los cerebros de la elecciones de Donald Trump en los Estados Unidos, Steve Bannon (foto), contaminada por las redes trumpistas que alientan a los euroescépticos y financiada e influenciada por la Rusia de Vladimir Putin, los partidos ultranacionalistas de Europa son todo menos “soberanos”. Esta corriente que se prepara a tomar por asalto el europarlamento en las elecciones europeas del próximo 26 de mayo tuvo un día de gloria y un mañana de sombras. El sábado 18 de mayo fue uno de los momentos para el recuerdo. Durante el fin de semana en Milán, (la ciudad italiana donde surgió la Liga Norte) el líder de la ultraderechista La Liga y ministro de Interior, Matteo Salvini, reunió a una docena de partidos de la línea ultranacionalista europea con el propósito de mostrar su poderío y sellar un signo de unidad cuando apenas faltaba una semana para las elecciones europeas. Acompañado por su principal socia en esta fase, la francesa Marine Le Pen (Reagrupamiento Nacional), Salvini desfiló en Milán junto a Geert Wilders, jefe del Partido para la Libertad holandés y representantes de Alternativa por Alemania (AfD), los Verdaderos Finlandeses, el Partido del Pueblo Danés o el austriaco FPÖ. Y de este último nació la tormenta. Un video difundido por Der Spiegel y el diario Süddeutsche Zeitung vino a probar la sospecha de que existe una real interacción entre las ultraderechas y Moscú. Al mismo tiempo, otro extranjero, el ex consejero de Trump, Steve Bannon, viajó a París para distribuir sus consejos a la ultraderecha francesa. La autenticidad del perfil ultranacionalista de estos partidos quedó cuestionada por la injerencia de representantes de dos potencias mundiales en las campañas nacionales. 

El video fue filmado en Ibiza en 2017 y muy oportunamente hecho público ahora. La secuencia muestra al vicecanciller austríaco, jefe del FPÖ, Heinz-Christian Strache, mientras ofrece lucrativos contratos públicos a la representante de un oligarca ruso a cambio de un respaldo para su campaña electoral. Desde 2017, Strache era un aliado clave de la coalición gubernamental que formó en Austria con el líder democristiano Sebastian Kurz (ÖVP), luego de que éste ganara las elecciones sin obtener la mayoría. El FPÖ detentaba seis de las 13 carteras de aquel Ejecutivo donde Strache era vicecanciller. El video terminó con la alianza, precipitó la caída del gobierno y la posterior convocatoria a elecciones anticipadas. En Francia, Marine Le Pen condenó el “error enorme” del dirigente ultraderechista austríaco. El episodio pone en tela de juicio la propia identidad de un movimiento político que ha hecho de la soberanía y el nacionalismo su himno de batalla. El vespertino Le Monde, en un editorial, destaca que “proponer vender secretamente los intereses nacionales al representante de un país cuyos intentos de injerencia y manipulación de los procesos electorales en el seno de la Unión Europea movilizan a todos los servicios de contraespionaje corresponde a una extraña concepción del patriotismo”.


El escándalo confirma lo que hasta el momento oscilaba entre mito y realidad, es decir, la sombra de la Rusia de Vladimir Putin en las democracias occidentales. Moscú no es el único actor que mueve sus influencias entretelones. China o Estados Unidos también lo hacen pero Putin ha sido el más eficaz: del Brexit en 2016, pasando por las elecciones en Suecia, Dinamarca, Finlandia, algunos países del Este de Europa, Italia, la elección de Trump en los Estados Unidos, y, en 2017, el intento de desestabilizar la campaña de Emmanuel Macron con la difusión de miles de informaciones privadas por parte del grupo de ciberespionaje APT28, teledirigido por la agencia rusa de inteligencia militar GRU, Rusia ha sido el amo del mundo Occidental.


Los trumpistas y su cruzada mundial tampoco están lejos. En estos días estuvo por París desplegando sus alas de pavo real Steve Bannon. El mesiánico heraldo de la supremacía blanca dijo que venía a “aconsejar” a Marine Le Pen. Luego se desdijo y declaró que “Marine Le Pen no me necesita para ganar”. A su vez, la interesada declaró que Bannon “no tenía ningún papel en la campaña del Reagrupamiento Nacional”. Hoy se acusa a este partido de “inteligencia con una potencia extranjera” y hasta se evoca la creación de una comisión parlamentaria para investigar las intrusiones, que son muchas y no sólo metafóricas”. A fuerza de mostrar su estela de ídolo mundial, Bannon terminó convirtiéndose en un aliado demasiado incómodo. “Es un peligro para nosotros”, reconocía a PáginaI12 un dirigente del RN francés. En realidad, el electorado lepenista es todavía más anti norteamericano que la misma izquierda. Por eso, en términos de imagen, la reiterada presencia de Bannon en Europa terminó siendo contraproducente. Putin, como se ve, es un caballero de fina estampa que no hace ruido y rompe muchas nueces. El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó a Bannon de “lobista cercano al poder norteamericano”. El jefe del Estado se refirió luego a “Rusia y algunos otros que jamás fueron como ahora tan intrusivos para financiar y ayudar a los partidos extremos”, lo cual, juzgó, desemboca en el hecho de que “por primera vez vemos una connivencia entre los nacionalistas y los intereses extranjeros”.


Ese es el detalle más contradictorio. No se trata de formar una fuerza común dentro de los movimientos europeos según el objetivo declarado de las extremas derechas, sino de abrirse a una suerte de internacionalismo que las ubica en total contradicción con sus postulados patrióticos. Dinero, manipulación de la información a través de las redes sociales, las extremas derechas europeas cuentan con un sólido respaldo exterior. Se han vuelto totalmente permeables a las influencias de afuera en su obsesiva carrera hacia el poder. Anti liberales y opuestas a la globalización en sus narrativas, estas ultraderechas se han convertido en el juguetito caprichoso de la confrontación entre las potencias. Por razones distintas, Rusia y Washington convergen en sus intentos de desestabilizar a las democracias europeas y encontraron en el Viejo mundo partidos reciclados dispuestos a jugar la partida.
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El exjefe negociador de las FARC: “Fue un grave error haber entregado las armas”

Iván Márquez, en paradero desconocido, arremete contra el Gobierno por el caso de Jesús Santrich, recapturado por cargos de narcotráfico

Iván Márquez, quien fuera el jefe negociador de las FARC en los diálogos con el Gobierno, ha ahondado este lunes la crisis política e institucional en torno a la frágil implementación de los acuerdos de paz en Colombia. En paradero desconocido desde agosto del año pasado, ha lanzado una carga de profundidad al asegurar en una carta divulgada a través de su cuenta de Twitter que el paso más trascendental de ese proceso, el desarme para convertirse en un partido político, fue un “grave error”, pues los fusiles eran la única forma que tenían de garantizar que el Estado cumpliera lo pactado.


La incendiaria misiva con la que reaparece Luciano Marín –el verdadero nombre de Iván Márquez– se origina en el caso de Jesús Santrich, el excomandante guerrillero pedido en extradición por Estados Unidos. Santrich fue recapturado el viernes en la propia puerta de la cárcel, bajo nuevos cargos de la justicia ordinaria relacionados con narcotráfico, cuando se disponía a salir en libertad tras un fallo de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Luego de haberse cortado los brazos en prisión, Santrich fue trasladado la madrugada del sábado a una clínica en medio de versiones contradictorias sobre su estado de salud. La decisión del tribunal de paz ha provocado hasta ahora las renuncias del fiscal general, la vicefiscal y la ministra de Justicia, mientras el presidente Iván Duque ha respaldado la decisión de la procuraduría de apelar el fallo.


“Ningún colombiano necesita ser jurista para entender que nada de lo que diga una persona drogada forzosamente –como ocurrió con Santrich-, puede ser legal”, se lamenta Márquez en la misiva, haciendo eco de las sospechas de miembros de las FARC de que en la cárcel sedaron a Santrich antes de su fugaz salida, y esa fue la razón de su ingreso a cuidados intensivos. Márquez le pide al presidente Duque –un crítico de los diálogos– que “no dinamite la independencia de los poderes con ese odio sordo que solo busca hacer trizas y dejar sin efecto el acuerdo de paz”.


En el pasaje más preocupante, atribuyéndose la vocería de los comandantes de las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, “impactados por la traición del Estado al acuerdo de paz de La Habana”, Márquez se dirige directamente a los miles de excombatientes que hacen su tránsito a la vida civil en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). “Les reiteramos autocríticamente que fue un grave error haber entregado las armas a un Estado tramposo, confiados en la buena fe de la contraparte”. Son reclamos que el exjefe negociador de la insurgencia ha hecho en el pasado, pero ahora aterrizan en el momento más delicado desde que Duque asumió el poder el pasado agosto.


La antigua guerrilla ya se sienta en el Congreso de Colombia. Pero el paradero desconocido de Márquez y otros líderes que abandonaron los espacios de reincorporación alegando inseguridad física y jurídica ya había encendido las alarmas sobre el futuro de los excombatientes. Los mayores temores, avivados por el rocambolesco caso Santrich, apuntan a que esos líderes alimenten el fuego de las disidencias que ya operan en distintas regiones.


Mientras Duque ha reiterado le necesidad de hacer correcciones a lo pactado –una promesa de campaña–, especialmente en lo relativo a la extradición, su alto consejero para el posconflicto, Emilio José Archila, ha enfatizado el compromiso “inquebrantable” del Gobierno para acompañar, apoyar y proteger a los excombatientes en proceso de reincorporación. La JEP ya decidió reactivar la orden de captura contra otro excomandante que abandonó sus responsabilidades con la reincorporación, Hernán Darío Velázquez Saldarriaga, alias El Paisa.


La carta de Márquez contrasta con la respuesta de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, el partido surgido de los acuerdos, que ratificó el fin de semana su compromiso con lo pactado en otra carta enviada a sus militantes. “Nos encontramos en un momento en el que no podemos flaquear. Nos corresponde, más que nunca, fortalecer la unidad de nuestro partido como garante de la implementación de lo acordado”, declaró Rodrigo Londoño, Timochenko, el presidente del partido.


A pesar de su alejamiento del partido, Márquez es un líder emblemático. No solo negoció con el Gobierno, llegó a ser la figura pública más relevante de las FARC junto con Timochenko, y el número dos de la organización. Sin embargo, renunció a su escaño como senador y se internó en el ETCR de Miravalle, en el Caquetá, tras la captura de Santrich hace poco más de un año. Desde agosto no se conoce su paradero. Su sobrino, Marlon Marín, es el informante clave de la DEA en el caso por narcotráfico, aunque la fiscalía colombiana ha dicho que no tiene una orden de captura en contra del exjefe negociador. La incertidumbre sobre el futuro de la paz se acrecienta.

Por Santiago Torrado
Bogotá 20 MAY 2019 - 14:54 COT

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Maduro planea elecciones legislativas anticipadas

“Vamos a elecciones anticipadas de la Asamblea Nacional para ver quién tiene los votos”, sugirió el mandatario venezolano.

El 20 de mayo de 2018 es la fecha utilizada como punto de apoyo en la construcción narrativa del intento actual golpe de Estado. Ese día tuvo lugar la victoria electoral de Nicolás Maduro, que una parte importante de la derecha anunció que no reconocería desde meses antes, y así lo hizo. El día 22 de ese mayo, la Asamblea Nacional (AN), en desacato por dictamen del Tribunal Supremo de Justicia, declaró como “inexistente la farsa realizada el 20 de mayo”. Pasado casi ocho meses de aquel día apareció la traducción política del desconocimiento: la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino.


La reelección de Maduro se aleja sin embargo de la construcción presentada por la derecha. Ese día participaron cuatro candidatos, Nicolás Maduro ganó con 6.190.612 votos, seguido por Henri Falcón con 1.917.036, y Javier Bertucci con 988.761 votos, con una participación del 46,02% del registro electoral. Estuvieron presentes observadores internacionales de varios continentes, y Rodríguez Zapatero, parte central de la mediación, afirmó que existían las mismas condiciones que en diciembre del 2015, cuando la oposición ganó la AN.
“Antes de que se produzca la elección se dice que no hay condiciones, no se ha visto nunca (…) es muy serio desde un punto de vista democrático desautorizar unas elecciones antes de que se celebren fruto de cuatro titulares de cuatro líderes políticos”, afirmó el expresidente de España antes de los comicios. La derecha lo acusó de chavista y cómplice por haber sostenido lo que había anticipado en República Dominicana ante la retirada de la oposición de la mesa de diálogos en enero de ese mismo año: que existía una decisión de buscar la salida de Maduro por caminos no electorales.


La argumentación para intentar conformar un gobierno paralelo se centró sobre esa fecha. Al no reconocer la elección del 20, tampoco lo hicieron con el comienzo del nuevo mandato de Maduro del 10 de enero del 2019, lo que se tradujo en una adaptación para sus fines de artículos de la Constitución para justificar la aparición de Guaidó bendecido por el tuit de Donald Trump que lo ungió como presidente interino de Venezuela.


Si la narrativa de la derecha toma ese punto de apoyo, el análisis del chavismo sitúa el inicio de la actual estrategia de asalto al poder en la decisión de levantarse de los diálogos de República Dominicana en enero del 2018. Es allí donde Estados Unidos (EEUU), con una parte de la derecha venezolana como operadora -centralmente los partidos Voluntad Popular y Primero Justicia-, tomó nuevamente la decisión de intentar un derrocamiento por la fuerza, como en el 2017, 2014, y en el ciclo inicial del chavismo en el gobierno 2001-2004. Lo que siguió fue el encadenamiento de los pasos hasta intentar el desenlace que debía ser veloz según los cálculos.


Un año después de la elección, y a pocos días de cumplirse cuatro meses de la autoproclamación de Guaidó, la situación está en un punto de empate en el plano internacional, y de mayor correlación de fuerza del chavismo en lo nacional. La oposición se encuentra en una tendencia sostenida de retroceso en su capacidad de movilizar y de mantener la expectativa prometida ante las cámaras del mundo en el mes de enero. Los titulares que presentaban a un poderoso fenómeno Guaidó han sido reemplazados por lo que es: la cara visible de una estrategia que hace aguas debido, nuevamente, a un error de cálculo.


El chavismo por su parte está ante dos frentes centrales. Por un lado, resistir a los asaltos como los del 23 de febrero y el 30 de abril, lo que significa en simultáneo buscar el diálogo, como el iniciado en Noruega la semana pasada, del cual aún no existen resultados públicos. Por otro lado, gobernar, y en particular, construir respuestas ante un cuadro económico complejo, violentamente golpeado por lo que ya es un bloqueo declarado por parte de EEUU.


La política de agresión económica, como parte de la estrategia de desgaste sobre el chavismo, ha crecido desde el 2014 hasta la fecha, sobre la base de una ley y siete decretos ejecutivos en EEUU, que han dado el marco para configurar una política unilateral de asfixia de la economía. Esto se ha traducido en la confiscación de activos financieros, la prohibición de renegociación de la deuda externa y la de Pdvsa, el aumento de riesgo país, sanciones a comercio de petróleo, al Banco Central de Venezuela, el bloqueo de 5.470 millones de dólares en bancos internacionales, entre otros puntos.


Ni el frente económico ni la política presentan respuestas claras por el momento. El primero debido a que los ataques desde EEUU mantienen una línea de escalada permanente con repercusiones múltiples, y por las dificultades internas, como el peso del modelo de dependencia petrolera, la dificultad para aumentar niveles de productividad interna, entre otros puntos. En cuanto a la dimensión política, el escenario electoral pasaría por adelantar las elecciones legislativas. Así lo afirmó Nicolás Maduro al frente del acto para celebrar el año de su victoria electoral:


“Vamos a hacer elecciones para legitimar la única institución que no se ha legitimado en los últimos cinco años, vamos a elecciones anticipadas de la Asamblea Nacional para ver quién tiene los votos, quien gana (…) vamos a una salida democrática, electoral”, dijo ante la movilización chavista, donde además fue anunciada la decisión de la Asamblea Nacional de Constituyente de mantenerse en funciones hasta diciembre del 2020.


La derecha mantiene por su parte que toda resolución pasa por la salida de Nicolás Maduro, sintetizado en la consigna del cese de la usurpación. Ayer informó haberse reunido en EEUU con el Departamento de Estado y miembros de la Secretaría de Defensa del Pentágono, donde discutieron acerca de “todos los aspectos que tienen que ver con la crisis de Venezuela”. ¿En qué se traducirá la reunión? Es en esos espacios del Estado norteamericano donde se toman las decisiones centrales sobre la estrategia que tiene por fachada a Juan Guaidó.

Por Marco Teruggi

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