Lunes, 22 Abril 2019 05:39

El fuego y el acantilado

 Una cría de gorila, en el Bioparc de Valencia. EP

Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas que lo devastan

Hace unos días leí una reflexión del escritor colombiano Juan Cárdenas a propósito de una nota inquietante: el suicidio de unas morsas cuyo hábitat fue devastado por el cambio climático. Cárdenas contrastaba la impresión que le provocó el video que testimoniaba la autosupresión de las morsas (que saltaron por un acantilado) con la que le dejó, ese mismo día, el incendio accidental de la catedral de Notre Dame, en París. Y concluía, razonablemente, que pese a todo el dolor que pueda uno sentir por el patrimonio arquitectónico, histórico, artístico y religioso destruido o afectado en el siniestro del 15 de abril, lo que resulta irreparable de verdad, y ante lo que permanecemos en general indiferentes, es la pérdida de la naturaleza.


Las morsas no se encuentran, de momento, registradas entre las especies en peligro de extinción (a pesar de que han sido masacradas de modos infames) pero el deterioro o supresión de sus refugios y los vaivenes climáticos (que muchos gobiernos se empeñan en negar, o que aceptan pero sin tomar medidas contundentes al respecto) pueden hacer que esa escena extrema del suicidio se replique. Y no están solas: abrir un portal de noticias, hoy, es leer apuntes sobre el peligro global que enfrentan las abejas, la agonía de varias clases de aves y mamíferos, el colapso de las poblaciones de peces…


Notre Dame es una joya invaluable que lleva más de ocho siglos en pie, acumulando sobre sí Historia (e historias), arte, belleza... Y resulta lógico que nos consternemos porque la obra más trascendente del medioevo europeo haya sufrido daños tremendos y corrido el riesgo de desmoronarse. Eso no tendría siquiera que ponerse en duda y para negarlo hay que ser muy inconscientes o muy fanáticos (las redes dan cuenta de que padecemos la cercanía de muchos ejemplares de unos y otros bichos, aunque aún son minoría). Pero lo que sucede ahora mismo con la naturaleza es, si tuviéramos que ponernos a jerarquizar las desgracias que nos aquejan, incluso peor. Porque Notre Dame será reconstruida, al igual que lo han sido otras joyas góticas. Las catedrales de Reims y Colonia, víctimas de las guerras mundiales, perdieron parte de su gloria en el fuego pero siguen, por fortuna, en pie. Para Nuestra Señora ya se han anunciado donaciones millonarias y un programa que atienda las necesidades inmediatas del recinto. Y, sin embargo, con la naturaleza puede que no lleguemos a esos finales felices o al menos agridulces...


Los humanos hemos arrasado con animales y plantas y saqueado la tierra firme y los mares y lo seguimos haciendo cada mañana. Asumimos que lo que alberga el planeta (y el planeta mismo) está allí para que lo explotemos y en nuestra ambición, imbecilidad y vileza hemos hecho desaparecer una multitud de especies que llevaban millones de años vivas, que recorrieron el camino de la evolución junto a nosotros (o lo empezaron mucho antes) y que, por nuestra mano, ya no están más. Nos hemos afanado en dejar una realidad más pobre de la que encontramos al nacer.


Y parece que solo a golpes abrimos los ojos. Los anticipados colapsos de las reservas de agua potable y energía, el estado límite de la contaminación en miles de ciudades, los estragos causados por el sobrecalentamiento general y el deshielo de los polos no son datos curiosos: son síntomas del desastre que se avecina. Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame de las cenizas, sí, y qué bueno, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas e intereses que lo devastan. Y en materia ambiental ya no sirven las reformas o los paños tibios: urge una revolución. Porque sabemos apagar el fuego, pero parece que no sabemos qué hacer para evitar el salto por el acantilado.

Por Antonio Ortuño
21 ABR 2019 - 21:55 COT

Publicado enMedio Ambiente
Crean prototipo de corazón impreso en 3D a partir de tejido humano

Del tamaño del órgano de un conejo, tiene vasos sanguíneos, elaborados con colágeno y cartílago

 

Jerusalén. Investigadores de la Universidad de Tel Aviv presentaron este lunes el primer prototipo del mundo de un corazón impreso en 3D a partir de tejido humano, un gran avance para la ciencia y el futuro de las cirugías de trasplantes de órganos.

La innovadora tecnología fue desarrollada por los doctores Tal Dvir y Nadav Nur de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad de Tel Aviv (TAU), y Nadav Noor, su estudiante de doctorado en Ciencias Avanzadas, en colaboración con la Facultad de Ingeniería y el Centro Biotecnológico Segol.

"Es la primera vez que se hace un corazón con una impresora 3D con tejido de un paciente", explicó Tal Dvir, director de la investigación, en una conferencia de prensa para la presentación de órgano tridimensional artificial, que palpita de verdad.

Dvir destacó que desde la invención de la impresora 3D, los científicos han tratado de imprimir órganos humanos utilizando tejido vivo, debido a la importancia que representa para la ciencia, la medicina y sobre todo en los casos de pacientes que requieren de un trasplante de órgano.

Este avance abre el camino hacia la medicina del futuro, con la esperanza de que las personas que necesiten trasplantes puedan conseguir órganos en los laboratorios y con menor tasa de rechazo, destacó el especialista de la Universidad de Tel Aviv.

"Los científicos involucrados dicen que esta tecnología estará disponible dentro de 10 años", subrayó Dvir. Explicó que el corazón 3D está completo: tiene vasos sanguíneos, realizados con "tinta" personalizada elaborada con colágeno, cartílago y tejidos de la válvula aórtica.

Precisó que el corazón es similar en tamaño al de un conejo y aún no funciona, la impresión en 3D es un gran avance, ya que lograr una del tamaño del órgano humano implica básicamente la misma tecnología, según reporte del Ha’aretz Daily en línea.

"Necesitamos desarrollar más el corazón impreso. Las células requieren tener capacidad de bombeo. Actualmente pueden contactar, pero necesitamos que trabajen juntos. Nuestra esperanza es que triunfemos y probemos la eficacia y utilidad de nuestro método", agregó.

En otras palabras, añadió, la siguiente etapa es cultivar el corazón del tamaño de un roedor en el laboratorio, madurarlo y enseñar al órgano artificial, pero biológico, a "comportarse" como uno natural. "La etapa posterior será trasplantar corazones impresos en 3D a animales para probar su funcionalidad", apuntó.

Científicos logran revertir el proceso de envejecimiento de células humanas

Los expertos suministraron pequeñas cantidades de un compuesto químico a células deterioradas por la edad.

Un grupo de científicos ha encontrado una manera de revertir el envejecimiento celular por medio del suministro de ácido sulfhídrico en pequeñas dosis. Los expertos emplearon la moderna tecnología conocida como de 'código postal molecular' que permite enviar la molécula necesaria directamente a las mitocondrias, estructuras que producen energía en las células. Las conclusiones del experimento han sido publicadas en un artículo de la revista digital The Conversation.


El ácido, conocido también como sulfuro de hidrógeno, es un compuesto tóxico en grandes cantidades. El equipo lo liberó en pequeñas cantidades para tratar a las células envejecidas. Esta distribución del sulfuro aumentó los niveles de los denominados factores de empalme génico, explican los autores. El propósito era eliminar las células deterioradas y no prolongarles la vida

¿Por qué? Las células dañadas no solo dejan de funcionar debidamente, sino que ponen en riesgo el funcionamiento de las que las rodean. Su eliminación rejuvenece, demostró el grupo al detectar una aparición más tardía de cataratas en animales.


"Todavía no entendemos completamente por qué las células se vuelven senescentes a medida que envejecemos", admiten los autores, pero este proceso "daña al ADN, nos expone a la inflamación y afecta las moléculas protectoras que se sitúan en los extremos de los cromosomas: los telómeros".


El enfoque científico moderno asocia la acumulación de células senescentes en tejidos y órganos con gran parte de las enfermedades crónicas comunes que padecen los humanos, como el cáncer, la diabetes y la demencia, explica el artículo. Controlar la senescencia es un desafío para el mundo científico, ya que supone poder activar y desactivar genes en el momento correcto y en el lugar correcto por medio de reguladores.


Como nota curiosa, a principios de este mes un estudio incluyó el sulfuro de hidrógeno en la lista de los "peores olores del mundo".

 

Acabamos en 100 años con las especies que a la naturaleza le tomaría 10 mil

En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”


El impacto del humano en el planeta a lo largo del último siglo es tal que podemos responsabilizarlo de la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra, indicó Gerardo Ceballos, director del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UNAM.


En uno de sus trabajos más recientes, el académico calculó la tasa de desaparición usual de vertebrados —la que ocurre todo el tiempo— y determinó, que hace dos millones de años (durante el Pleistoceno) debían pasar 10 décadas para que, de cada cinco mil especies presentes, desapareciera una.


“Después contrastamos este estimado con lo que está pasando en la actualidad y vimos que dicho ritmo se ha elevado hasta en un centenar de veces, es decir, el hombre ha acabado en sólo un siglo con las especies que a la naturaleza, en condiciones normales, le tomaría 10 mil años extinguir”.


Para el investigador del Instituto de Ecología, este problema es tan grave que, de no tomarse las medidas requeridas, la civilización podría colapsar en tres o cuatro décadas. “Ya hay indicios de que vamos por ese camino: dos mil millones de personas alrededor del planeta no tienen acceso continuo al agua potable y mil 800 millones no pueden comer todos los días. De no hacer nada todos estos conflictos hoy locales, mañana tendrán un alcance global”.


A fin de evitar el agravamiento de estos escenarios —advirtió— es preciso actuar de manera inmediata, pues las plantas y animales silvestres son la base de los servicios ambientales; de ellos depende la combinación adecuada de los gases de la atmósfera, la calidad y disponibilidad hídricas o la fertilidad del suelo, entre muchos otros aspectos esenciales para el buen desarrollo de la vida en la Tierra.


Los estudios del doctor Ceballos señalan que estás afectaciones han generado una suerte de efecto dominó que, además de incidir en el número de variedades desaparecidas, ha mermado las existentes. “Tras analizar 27 mil 600 especies de vertebrados (mamíferos, aves reptiles, anfibios y peces) vimos que más del 30 por ciento de sus poblaciones está decreciendo, y hablamos de todo tipo de animales, desde los comunes como la golondrina, hasta los muy raros o amenazados. La variedad y abundancia biológica están en peligro”.
Sobre si estamos siendo testigos de una extinción masiva, el universitario explicó que se les dice así a aquellas que cumplen con tres requisitos: son catastróficas (eliminan 70 por ciento, o más, de la biodiversidad); son causadas por un desastre natural, y son relativamente rápidas (tardan decenas o cientos de miles de años).


“Todo eso está pasando y es resultado de la actividad humana. En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”.


Antropoceno, la era en que el hombre es un peligro


Los periodos geológicos se clasifican a partir de la huella de alguna actividad que afecta a todo el planeta; debido a su impacto, algunos científicos comparan al hombre con un desastre natural y argumentan que, desde mediados del siglo XX, no estamos más en el Holoceno, sino en una nueva época llamada Antropoceno.


“El autor de esta propuesta es Paul J. Crutzen, ganador del Premio Nobel junto con Mario Molina, quien descubrió que después de 1952 es posible detectar la huella radioactiva del ser humano — producto de la detonación de bombas atómicas — en los estratos terrestres”.


Aunque aún hay quienes no aceptan este término, para Ceballos resulta adecuado, pues alude al daño antropogénico y lo señala como la causa principal de muchas de las características físicas, químicas y biológicas hoy observadas en el planeta. “Llamarle Antropoceno nos ayuda a entender la magnitud del problema”

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Y es que, en palabras del biólogo, la situación es ya insostenible: algunos cálculos revelan que, de 1970 a la fecha, se han perdido tres quintas partes de todos los animales silvestres. ¿Qué significa?, que tenemos un 60 por ciento menos de hipopótamos, rinocerontes, venados, ballenas y demás seres no domesticados. En medio siglo perdimos todo esto debido tan sólo por la actividad humana, dijo.


“Por ejemplo, cada 15 minutos se mata a un elefante de manera ilegal en África, o en los últimos 10 años perecieron 100 mil orangutanes en Borneo y hoy quedan menos de 50 mil; lo más probable es que ya no veamos más a ninguno de estos animales en sus hábitats naturales en la próxima década. De tal magnitud es nuestra huella”.
Propuestas para lograr un cambio


Y sin embargo, en medio de un escenario tan desalentador Ceballos señala que es posible revertir algo del daño. “Es alentador pensar que, si los humanos estamos detrás de esto, con sólo modificar nuestras acciones podemos reducir el impacto en la naturaleza”.


Con este fin, el académico trabaja en la iniciativa Alto a la Extinción (Stop Extinction) que, de forma similar a los tratados internacionales contra el cambio climático y al Protocolo de Kioto, busca el aval de la mayoría de los países a fin de salvaguardar la biodiversidad.


“Ya hay avances, pero el tema es complicado. Por ejemplo, están las peligrosísimas mafias chinas y del Sudeste de Asia, dedicadas al lucrativo tráfico de especies. Debemos trabajar mucho; las siguientes décadas serán fundamentales y determinarán el derrotero a seguir”.


Sobre Stop Extinction, Ceballos adelantó que está en fase inicial y no será sino hasta el siguiente año cuando se dé información concisa. “Lo que sí podemos decir es que se lanzará en México, pues deseamos que sea un proyecto abanderado por países en desarrollo como el nuestro, a fin de mandar un mensaje firme a gobiernos como el de Donald Trump, en Estados Unidos, que tanto daño hacen con sus políticas a un medio ambiente que nos pertenece a todos”.

27 junio 2018

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Humanos: una parte ínfima de la vida en el planeta, pero con enorme impacto

El género humano, que parecería insignificante si se sabe que sus aproximadamente 7 600 millones de miembros representan el 0.01% de los organismos vivientes en la Tierra, tiene un peso desproporcionado en las dinámicas del planeta y en la destrucción de una inmensa cantidad de especies.


De acuerdo con un trabajo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, de Estados Unidos, desde los inicios de la civilización la raza humana causó la pérdida del 83% de los mamíferos salvajes y la mitad de las especies de plantas.


La investigación, liderada por el profesor Ron Milo en el Weizmann Institute of Science de Israel, revela que las bacterias son una forma de vida muy extendida (13% del total), pero las plantas lideran al ser el 82% de la materia viviente. El resto, desde insectos y hongos hasta peces y animales, conforma el 5% de la biomasa terrestre.


Uno de las conclusiones más sorprendentes del estudio es que los océanos solo acogen el 1% de la vida del planeta.


En tierra, donde está la mayor parte de las especies, el 70% de las aves del planeta son hoy aves de corral; solo el 30% son salvajes. En cuanto a los mamíferos, el 60% son ganado, mayormente reses y cerdos, y el 4% son animales salvajes. Aquí los humanos representan el 36% del total.


“Es impactante. En los filmes de vida salvaje vemos bandadas de pájaros de toda clase, en vastas cantidades, pero cuando miramos los análisis apreciamos que es mucho mayor la cantidad de aves domésticas”, comentó Milo, a quien le llamó la atención que no hubiera “un estimado más abarcador de todos los componentes de la biomasa”.


“Espero que estos datos den a las personas una perspectiva del muy dominante papel que tiene la humanidad en la Tierra”, añadió.


La destrucción de hábitats salvajes debido a la expansión de fincas agrícolas, explotación de madera y otros desarrollos ha llevado al inicio de lo que muchos científicos consideran la sexta extinción masiva de vida en la historia de la Tierra, que se alarga hasta 4 000 millones de años.


Se calcula que ese proceso hizo que en los últimos 50 años se perdiera alrededor de la mitad de los animales en el planeta.


La intensificación del declive se hace más visible cuando se comparan los nuevos estimados con los que existen para los tiempos antes de que el hombre iniciara la agricultura y luego la revolución industrial.


Hoy solo queda una sexta parte de los mamíferos salvajes, desde ratones a elefantes, que existían antes de esos cambios. En los océanos, tres siglos de caza de ballenas han llevado a un quinto la proporción.


“Nuestro impacto en el mundo natural sigue siendo inmenso, particularmente en lo que escogemos para comer. Nuestros hábitos dietéticos tienen un vasto efecto en animales, plantas y otros organismos”, explicó el líder del estudio.


Los investigadores calcularon la biomasa existente a partir de datos de cientos de estudios que usualmente emplean técnicas modernas, tales como los escaneos de grandes áreas a través de satélites y la secuenciación genética de organismos microscópicos.


(Tomado de The Guardian)

 

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Arabia Saudita, región clave para entender éxodo de África

Un hueso de dedo fosilizado de un humano moderno de hace 90 mil años, hallado en el desierto de Nefud, Arabia Saudita, revela que el primer éxodo fuera de África fue más expansivo de lo pensado.

Se trata del fósil de homo sapiens fechado más antiguo fuera de África y Medio Oriente, según el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en Alemania.

Antes de este descubrimiento, se pensaba que las primeras dispersiones en Eurasia no tuvieron éxito y se limitaron a los bosques mediterráneos del Levante, a las puertas de África.

Los resultados detallan el descubrimiento realizado en el sitio de Al Wusta, un antiguo lago de agua dulce ubicado en lo que ahora es el hiperárido desierto de Nefud. Numerosos fósiles de animales, incluidos los de hipopótamo y diminutos caracoles, se encontraron ahí, así como abundantes herramientas de piedra hechas por humanos.

Entre estos hallazgos, se encontraba un fósil bien conservado y pequeño, de sólo 3.2 centímetros de largo, que fue inmediatamente reconocido como un hueso de dedo humano. Fue escaneado en tres dimensiones y su forma comparada con otros huesos de los dedos, tanto de individuos homo sapiens recientes como de otras especies de primates y otras formas de humanos primitivos, como los neandertales.

Los resultados mostraron de manera concluyente que el hueso del dedo, el primer fósil humano antiguo encontrado en Arabia, pertenecía a nuestra especie. Utilizando una técnica llamada datación por series de uranio, se usó un láser para hacer orificios microscópicos en el fósil y medir la proporción entre diminutas trazas de elementos radiactivos. Estas proporciones revelaron que tenía 88 mil años de antigüedad.

Otras fechas obtenidas de animales asociados fósiles y sedimentos convergieron a una fecha de aproximadamente 90 mil años atrás. Otros análisis ambientales también revelaron que el sitio había sido un lago de agua dulce en un antiguo entorno de pastizal muy alejado de los desiertos actuales.

Capacidad para colonizar

El autor principal del análisis, Huw Groucutt, de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, afirma: Este descubrimiento demuestra que los primeros miembros de nuestra especie colonizaron una región del sudoeste de Asia y no sólo restringido al Levante. La capacidad de estos primeros pueblos para colonizar ampliamente esta región arroja dudas sobre los puntos de vista sostenidos de que las primeras dispersiones fuera de África fueron localizadas y no tuvieron éxito.

Los desiertos modernos de la Península Arábiga alguna vez fueron exuberantes praderas que los humanos pudieron colonizar. Se considera desde hace mucho tiempo lejos de la etapa principal de la evolución humana. Este descubrimiento coloca firmemente a Arabia en el mapa como región clave para entender nuestros orígenes y la expansión al resto del mundo. A medida que avanza el trabajo de campo, seguimos haciendo descubrimientos notables en Arabia Saudita, agregó el líder del proyecto, Michael Petraglia, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana.

El consorcio internacional de investigadores que participa en este proyecto está encabezado por ese instituto, en asociación con la Comisión Saudita para el Turismo y el Patrimonio Nacional. Otros participantes son el Servicio Geológico Saudita, la Universidad King Saud, la Universidad de Oxford y otras instituciones clave en Reino Unido y Australia.

‘Biohacking’, ¿el siguiente paso en la evolución del ser humano?

 

 

Este movimiento quiere crear humanos mejorados añadiendo tecnología al cuerpo para potenciar las capacidades físicas y mentales

 

Hace solo unas semanas un grupo de biohackers consiguió codificar un virus informático en hebras físicas de ADN. Así, cuando un secuenciador de genes analiza la cadena, los datos almacenados en ella se convierten en un programa que daña el software del aparato y se hace con el control del ordenador al que está conectado. Es una de las aplicaciones más asombrosas —y amenazantes— del biohacking, un movimiento que se sirve de las tecnologías más punteras con el objetivo de modificar y mejorar el cuerpo humano.

Aunque el término hackear suele tener una acepción negativa, en el caso del biohackeo las aplicaciones están destinadas a potenciar las capacidades humanas. Es cierto, como hemos visto, que ya se ha demostrado que es posible utilizarlo para fines dañinos. Pero por ahora su uso más extendido tiene como función mejorar la calidad de vida de las personas que hackean sus cuerpos. “Su objetivo final es la salud y la supervivencia del individuo”, asegura Andrés Quesada, de Technaid, una empresa especializada en exoesqueletos. Es decir, crear humanos mejorados que puedan, por ejemplo, tener una prótesis inteligente para su pierna o, incluso, ver en la oscuridad y almacenar cantidades ingentes de datos.

Para conseguir estas características que parecen propias de superhéroes, los biohackers añaden tecnología al cuerpo humano, ya sea una extremidad robótica, un chip, una antena o unos sensores. “La tecnología que se utiliza es muy variada: puede ser a nivel genético —utilizando la técnica CRISPR para modificar la cadena de ADN—, incorporando componentes físicos o químicos a nuestro organismo”, así lo explica Pedro Diezma, experto en biohacking. A esta explicación, Josep Bardallo, CEO de Sytcloud y experto en la materia, añade que también se trata de “hacer accesible la información a todos —un concepto clave de la cultura hacking— en todo lo relacionado con la biología”.

Uno de los distintivos que ha facilitado la difusión y el crecimiento del biohacking es que se trata de un movimiento do it yourself —hazlo tú mismo, en español—, aunque la práctica se está institucionalizando poco a poco. En sus orígenes, con los conocimientos necesarios, cada uno podía crear su propios dispositivos, aunque lo ideal era buscar a un profesional que los insertase de forma segura.

Implantar un chip en el cerebro requiere obviamente de la intervención de profesional médico. Pero en muchos casos los profesionales prefieren mantener su identidad en secreto, debido al debate ético y moral que ha abierto el biohacking. La regulación aún se está desarrollando y en algunos países la modificación del ADN no es legal. Otros aspectos están más extendidos, como por ejemplo los exoesqueletos. Ya son muy comunes las prótesis de extremidades impresas en 3D, manejadas con joysticks que sirven a los pacientes para ayudarles a recuperarse o, por ejemplo, para sustituir una mano.

Algunos de los hackeos que más llaman la atención de los expertos consultados son el caso de una persona que se hizo implantes en la piel para abrir puertas, un chip para pagar bitcoins y lentillas para ver en la oscuridad. Diezma destaca el planteamiento de agencias como DARPA —que trabaja para el gobierno de Estados Unidos— que están desarrollando chips para poder almacenar información en el cerebro. Las consecuencias en la vida de las personas parecen evidentes. “Si quisieras contratar a un abogado, a quién elegirías: ¿a alguien que tiene almacenada toda la legislación nacional e internacional en el cerebro o a quién no lo tiene?”, ejemplifica Diezma.

Todo esto puede sonar muy loco y todavía se tacha de excéntricas a las personas que apuestan por mejorar su cuerpo a través de la tecnología.Es el caso de Neil Harbisson, la primera persona cíborg reconocida por una institución internacional, que tiene una antena con la que puede percibir el sonido de los colores. Pero por increíbles que estos avances parezcan, se están realizando desde hace mucho tiempo en todo el mundo. Y funcionan.

Aunque a finales de los noventa ya hubo biohackers que se implantaron chips, lo cierto es que en los últimos años se ha desarrollado exponencialmente, de la mano de los avances tecnológicos. A día de hoy se continúa investigando y probando para ver hasta dónde pueden llegar los límites. Parece que en este caso el desarrollo de la tecnología amplía nuestro abanico de posibilidades para evolucionar como humanos. Y algunos dibujan escenarios que —todavía— parecen de ciencia ficción. “El límite más extremo es un cerebro humano en un cuerpo robótico”, asevera Andrés Quesada. “No puede haber mayor biohacking”.

 


 

El ADN que transporta virus informáticos

 

Que los científicos hayan conseguido esconder un virus informático en una cadena de ADN es una de las aplicaciones más espeluznantes que se conocen hasta ahora del biohacking.

Aunque, por ahora, podemos estar tranquilos. Este tipos de ataques están lejos de ser prácticos para cualquier espía real o criminal: supone invertir demasiados recursos y tiempo. Sin embargo, los investigadores que presentaron el estudio en la Universidad de Washington sostienen que podría ser más probable en el tiempo, "conforme la secuenciación del ADN se convierta en algo más común".

No hay que perder de vista este avance porque supone una nueva clase de amenaza. "Cuando se está comprobando la seguridad de los sistemas, no solo hay que mirar la conectividad de red y la unidad USB, sino también la información que está almacenada en el ADN que se está secuenciando", explica Tadayoshi Kohno, profesor de ciencias de la computación de la Universidad de Washington que lideró el proyecto.

Si esta práctica se popularizase y se asentase, los piratas informáticos podrían tener acceso a valiosa propiedad intelectual, o posiblemente contaminar un análisis genético, como las pruebas de ADN criminal. Las compañías podrían incluso colocar código malicioso en el ADN de los productos genéticamente modificados para proteger los secretos comerciales, según sugieren los investigadores.

 

 

Algunas de las herramientas de piedra halladas en la cueva de Kaldar (Irán).

 

Un equipo internacional de arqueólogos ha hallado en Irán las evidencias culturales de humanos modernos más antiguas fuera de África, según informa el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), que ha codirigido la excavación. Se trata de herramientas de piedra asociadas a restos de animales encontradas en la cueva iraní de Kaldar y que, según la prueba del carbono 14, tienen entre 36.000 y 54.000 años de antigüedad.

Los resultados de la datación de este yacimiento, que han sido publicados en la revista Scientific Reports, sitúan a Irán entre los primeros lugares habitados por los humanos modernos que, junto a los grupos de Oriente Próximo, consiguieron por primera vez dispersarse desde Asia occidental hasta Europa. "Sabemos que el Homo sapiens surgió en África hace 150.000 o 200.000 años y solo 140.000 años después llegaron a Europa. Este hallazgo nos puede dar pistas sobre la ruta que siguieron", explica a EL PAÍS el arqueólogo Andreu Ollé, miembro del IPHES y uno de los coordinadores de la investigación, junto con el iraní Behrouz Bazgir.

La cueva de Kaldar proporciona uno de los ejemplos más antiguos de la existencia del hombre moderno en esta parte del mundo y, a su vez, datos sobre cómo estas poblaciones sobrevivieron al clima y a las situaciones medioambientales paleoárticas. El hallazgo refuerza la posición de Irán dentro del mundo de la arqueología paleolítica en el ámbito mundial, según destaca el IPHES. Además, la secuencia excavada contiene niveles más antiguos con industria musteriense, asociada generalmente a los neandertales. Esto proporciona evidencias de su sustitución por la industria baradostiana, similar a la auriñaciense, exclusiva de los humanos anatómicamente modernos. Las dos últimas se caracterizan por el uso de hojas curvas de pedernal, raspadores para madera y hueso, huesos de ave con orificios (que podría ser un instrumento musical), diversos objetos de hueso y marfil, ocre utilizado como colorante, pendientes hechos con dientes de animales y conchas agujereadas (tal vez usadas como amuletos o marcadores tribales).

osé María Bermúdez de Castro, codirector del yacimiento de Atapuerca (Burgos), ya publicó en 2015 el hallazgo de fósiles de entre 80.000 años y 180.000 años de antigüedad en una cueva al sur de China como evidencia de la presencia del hombre moderno fuera del continente africano. Bermúdez considera que el descubrimiento de herramientas en Kaldar es una pieza más del puzle de la expansión del Homo sapiens. "Siempre se ha hablado de la salida [de África] a través del corredor levantino, pero el yacimiento en Irán indica que el estrecho de Bab-el-Mandeb [que separa Asia del continente africano] puede haber sido una ruta importante", afirma. En 2013, se publicó el hallazgo de herramientas de piedra talladas hace 43.500 años por humanos modernos en el yacimiento austriaco de Willendorf.

Para el equipo de Bazgir y Ollé, que ha realizado excavaciones en Irán desde 2009, el próximo paso es encontrar restos fósiles en la zona. "Ya sabíamos que se trata de una región muy rica en evidencias y el hecho de poder trabajar con expertos locales nos deja más cerca de hallar nuevos restos", opina el arqueólogo catalán.

 

 

Lunes, 26 Diciembre 2016 08:30

Regreso a la culpa del mono ladrón

Regreso a la culpa del mono ladrón

Este estremecedor texto de Roberto Herrscher sobre un mono castigado es una deriva que nos interroga, a fin de cuentas, con la misma potencia que el rostro partido de un mesías.

 

I) El 12 de febrero de 2016 vi esta foto en la revista digital The Objective, donde colaboro con columnas en las que pienso y cuento a partir de lo que veo.


Vi esta foto. Y escribí esto: “‘No nos une el amor sino el espanto’, declaró Jorge Luis Borges sobre su relación con Buenos Aires, la ciudad que amaba odiar. A los humanos y a los animales nos unen muchas cosas, pero hasta ver esta foto no había notado que lo más importante es el espanto: la capacidad para ser humillados, castigados, reducidos a la infelicidad.


En su tragedia, este mono es como nosotros.


Esto explica el pie de esta triste foto: un mono que robaba a los tenderos y toqueteaba a las mujeres en Bombay fue ‘atado, enjaulado y expuesto a la humillación pública’. Era un mono juguetón y hábil: robaba cojines de una tienda, los despanzurraba, se divertía viendo volar los pedacitos, y huía con celeridad.


Tras seis meses de sufrir sus monerías, los vecinos contrataron a un experto, quien capturó al mono. Los medios se hicieron eco de su humillación pública.


No se alarmen. Según sus declaraciones a diarios locales, los tenderos no piensan acabar con el macaco. Aseguran que lo ‘pondrán en libertad aunque aún no se sabe los días que permanecerá enjaulado para cumplir la pena por lo que ha hecho’.


II) Pero mírenlo: ¿no les da lástima? En su cabeza gacha, su boca entreabierta en un lamento, sus manos atadas detrás de la espalda y su visible tristeza, el mono es más humano que nunca. No le pegan, no lo mutilan, no lo matan: lo humillan. Y en su sentirse humillado se humaniza mucho más que los perros que aprenden a sumar, que los delfines que cumplen órdenes en el acuario o que los caballos danzantes de Viena.


Los animales inteligentes pueden ser más o menos inteligentes que nosotros. Pero no nos identificamos con sus proezas intelectuales. Podemos admirarnos con la mente del otro, no identificarnos. Lo que une es el sentimiento.


¿Cualquier sentimiento? Yo creo que no todos valen. La alegría del perro que se vuelve loco cuando volvemos nos simpatiza, pero es demasiado loco. La elegante indiferencia del gato nos causa gracia, pero es demasiado poco.


En cambio este mono dolido, vencido, nos llega al alma. Cuando humillan a un semejante nos humillan a nosotros. La humillación del otro nos subleva, debe sublevarnos.


No venimos del mono: vamos a su dolor. ¿Cuántas veces no nos hemos sentido como este mono atado?”.


III) Vuelvo a mirar la foto a pedido de Brecha. Pasaron diez meses desde que la imagen del mono humillado se volviera viral. Busco ahora, ya en los estertores de 2016, alguna seña de qué pasó con el simio culpable, y su rastro desaparece. Después del 12 de febrero, nada.


Así funcionan los medios: desde Londres hasta Santiago, de Tokio a Bombay, el mono preso se extendió por diarios y revistas en la segunda semana de febrero.


Hoy las redes sociales están llenas de nuevos monos: por ejemplo, una actriz o modelo que se muestra enroscada en la jirafa que mató en un safari. ¡Una jirafa, tan pacífica! ¿Qué heroísmo es ese asesinato? Y por supuesto, fotos y más fotos de las calles atestadas de cadáveres en Alepo, la ciudad mártir.


¿Qué habrá sido del mono?, me pregunté durante toda esta mañana, mientras braceaba por la sopa espesa de la red. ¿Qué habrá sido de lo que éramos cada uno de nosotros cuando nos estrujó el alma su cabeza gacha, su vista astillada, su insoportable humanidad?

 

Por ROBERTO HERRSCHER, argentino, ex combatiente de Malvinas, es considerado uno de los maestros del periodismo narrativo en lengua española.

 

 

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