"No necesitamos una tercera revolución en los métodos de hacer una guerra." Imagen: EFE

Entrevista a la Premio Nobel de la Paz en 1997 por su lucha contra las minas antipersonales

A horas de su llegada a Buenos Aires para participar de la "Campaña para Detener a los Robots Asesinos", Williams repudia al presidente Donald Trump y remarca la importancia del movimiento feminista en el mundo.

 

Su libro autobiográfico, "My name is Jody Williams", fue traducido al español con el particular título de "La hippie que llegó a ser Nobel de la Paz". A la ganadora del prestigioso premio en 1997 por su militancia contra el uso de minas antipersonales no le molesta esa definición. Al contrario, la reivindica: "Si ser hippie quiere decir ser una activista informal e incapaz de decir palabras bonitas solamente para caerle bien a otros, entonces sí, soy una hippie".

Jody Williams nació el 9 de octubre de 1959 en Brattleboro, pequeño pueblo del estado de Vermont, Estados Unidos. Se formó en Relaciones Internacionales, pero las mejores experiencias las vivió en su recorrida como voluntaria por países de América Central. A horas de llegar al país para participar de la "Campaña para Detener a los Robots Asesinos", Williams dialogó con Página/12. A lo largo de la entrevista, revela la importancia de la guerra de Vietnam en la elección de su vida militante, manifiesta su rechazo hacia el presidente Donald Trump y remarca la importancia de que el movimiento feminista siga creciendo a nivel mundial.

-En su autobiografía de 2013, usted dice que la religión ocupó un lugar importante en su vida.

- Mi abuela maternal nació en Italia y crecí en una casa católica y sí, eso fue una parte importante de mi infancia y de mi juventud. Pero la iglesia no podía o no quería contestar preguntas difíciles y siempre decía que teníamos que aceptar cosas inexplicables por fe. Yo no creo en esa idea de fe. No acepté no tener respuestas a mis preguntas. Soy espiritual, pero no creo en el Dios de la iglesia.

- ¿La guerra de Vietnam significó un quiebre a la hora de elegir su vocación?

- Mi experiencia con Vietnam fue algo que me abrió los ojos en cuanto a la historia de los Estados Unidos. Aprendí que el país no es un país pacífico, sino uno de lo más intervencionistas en la historia. Vietnam me dio ganas de intentar buscar un camino para influir en la política externa del país.

- Usted trabajó en distintos países de Centroamérica como voluntaria. ¿Cómo recuerda esa experiencia? 

- Allí aprendí lo que es ser activista. Entendí que el trabajo avanza por nosotros, no por mí. O sea, una persona solita no cambia el mundo para beneficio de todos. Para lograr eso, es necesario trabajar con otros con la misma visión y determinación de hacer de la visión una realidad. Después de mi labor humanitaria en la región, empecé a trabajar en la campaña antiminas.

- La llevo al momento en que usted recibió el Nobel en 1997 por su lucha contra las minas antipersonales y las bombas de racimo. ¿Cómo se enteró que había ganado?

- Estaba con mi novio (ahora esposo) Steve Goose y mi familia en Vermont. Steve y yo nos conocimos en la campaña antiminas. El nueve de octubre es mi cumpleaños y habíamos ido a Vermont para festejarlo. El diez de octubre hacen el anuncio del Nobel de la Paz. ¡Fue un regalo inesperado! Y me costó procesarlo, porque sigo siendo introvertida por naturaleza.

- Ha sido muy crítica del Premio Nobel de la Paz otorgado a Barack Obama en 2009. ¿Cómo se explica que haya recibido ese premio?

- Obama mismo sabía y sabe que no merecía ese premio. No hizo más que sentarse a esperar un mundo sin armas nucleares, pero luego procedió a modernizarlas. Una total hipocresía. Creo que el Comité del Nobel estaba tan feliz de ver algo diferente de George W. Bush en el poder, que se dejó llevar. Pero no se dieron cuenta de que iban en la dirección equivocada.

- Usted se unió a otras mujeres ganadoras del Premio Nobel, entre ellas la guatemalteca Rigoberta Menchú, para trabajar por la paz. ¿Cómo surgió la idea?

- En 2005, nos dimos cuenta de que eramos varias mujeres que habíamos conquistado el Nobel de la Paz. Entonces decidimos juntarnos y usar la influencia y poder del Nobel para apoyar a organizaciones de mujeres en zonas de conflicto. Trabajamos para hacer un mundo con paz sostenible, y ya llevamos casi quince años de trabajo exitoso.

- El feminismo como movimiento no para de crecer en el mundo. ¿Cuáles son los principales desafíos que observa en la actualidad?

- Lamentablemente, los desafíos siguen siendo esencialmente los mismos en todo el mundo. Los hombres controlan la mayor parte del poder, y parecen creer que el poder es de alguna manera finito. Y si las mujeres tienen algún poder, eso significará que los hombres tendrán menos poder. Es un razonamiento absurdo.

- En Argentina existe una fuerte campaña para que el Congreso apruebe el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. ¿Está a favor del derecho a abortar?

- Absolutamente. Las mujeres debemos tener control sobre las decisiones que nos afectan. Eso quiere decir control sobre nuestros cuerpos, nuestro dinero, nuestras vidas. Yo no voy a obligar a otra mujer a tener un aborto. Pero al mismo tiempo, no quiero que otra gente me diga que no puedo tomar esa decisión. Me indigna que los hombres crean que tienen ese derecho.

- El año electoral arrancó con fuerza en Estados Unidos. Usted nació en Vermont, estado por el cual Bernie Sanders es senador. ¿Le genera alguna esperanza su precandidatura demócrata?

- En este momento es el líder del espacio demócrata. Sinceramente, mi esperanza más grande es vivir la derrota de Trump en las elecciones de noviembre.

- ¿Pero cree que Trump puede ser vencido en las presidenciales del próximo tres de noviembre?

- Siempre ha tenido presunciones de ser un rey. Con los resultados del impeachment en el Senado parece que de veras cree que es el rey. Creo que puede ser vencido, pero también creo que puede ganar y si es horrible hoy, no puedo imaginarlo si ganara en noviembre.

- Sus críticas hacia el presidente parecen ir en línea con lo que llama "excepcionalismo estadounidense".

- Todo el mundo ya sabe que los gringos se creen los dueños del mundo y eso proviene de la creencia de que el país y su gente, los blancos obviamente, son excepcionales en el mundo. Por eso, todo lo que hace Estados Unidos contribuye al bienestar de todo el mundo, incluso cuando el mundo no se da cuenta de eso...

Este miércoles 26 de febrero a partir de las 10:30 horas, en el Auditorio del Centro Cultural de la Ciencia, Williams brindará una conferencia en Buenos Aires como parte de la Campaña para Detener a los Robots Asesinos junto a la directora de la división Armas de Human Rights Watch, Mary Wareham, la ingeniera de software, Laura Nolan, la investigadora del CONICET, Vanina Martínez, y la Coordinadora de la Red de Seguridad Humana en Latinoamérica y el Caribe, María Pía Devoto.

- ¿Cómo podría explicarle a los habitantes de la región, no habituados a ese tipo de discusiones, cuál es la importancia de frenar la actividad de estos robots asesinos?

- Desde la Campaña nos preocupa pensar que las armas autónomas decidirían quién vive y quién muere, sin intervención humana, algo que cruza los límites morales. El mundo ya es lo suficientemente peligroso. No necesitamos una tercera revolución en los métodos de hacer una guerra. Y menos cuando serían guerras impredecibles, ya que los seres humanos quedarían fuera de decidir quién vive y quién muere. Sería un desarrollo completamente asqueroso.

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Japón: Empresa Toyota construirá la ciudad del futuro al pie del monte Fuji

La empresa multinacional japonesa Toyota reveló los planes para construir un prototipo de ciudad del futuro en un terreno de 700 metros cuadrados al pie del monte Fuji, en ese país asiático.

La ciudad será un ecosistema completamente alimentado por pilas de combustible de hidrógeno y ha sido bautizada como un "laboratorio vivo", donde los investigadores podrán probar y desarrollar tecnologías como la autonomía, la robótica, la movilidad personal, los hogares inteligentes y la inteligencia artificial en un entorno del mundo real.

"Construir una ciudad completa desde los cimientos, incluso a pequeña escala como esta, es una oportunidad única para desarrollar tecnologías futuras, incluyendo un sistema operativo digital para la infraestructura urbana", declaró Akio Toyoda, presidente de Toyota Motor Corporation.

En este proyecto, la compañía ve una posibilidad de probar la tecnología de la inteligencia artificial tanto en el ámbito virtual como en el físico, lo que permitirá maximizar su potencial.

La compañía da la bienvenida a la futura Woven City (Ciudad Tejida) a todos, los que quieran colaborar y se inspiren en mejorar la forma de la vida futura.

"Un enjambre de tecnologías diferentes está empezando a cambiar radicalmente la forma en que habitamos y navegamos por nuestras urbes. Las soluciones de movilidad conectadas, autónomas, sin emisiones y compartidas están destinadas a desencadenar un mundo de oportunidades para nuevas formas de vida urbana", declaró el arquitecto danés Bjarke Ingels, quien fue invitado para realizar el proyecto.

¿Cómo será la ciudad del futuro?

El plan maestro prevé tres tipos de calles: solo para vehículos rápidos, para vehículos de menor velocidad y peatones, y para un paseo tipo parque solo para peatones. Para desplazar a los residentes, solo se permitirán autos totalmente autónomos y con cero emisiones en las principales vías de circulación.

La urbe está planeada para ser totalmente sostenible, con edificios hechos en su mayoría de madera para minimizar la huella de carbono, utilizando la carpintería de madera tradicional japonesa, combinada con métodos de producción robóticos.

Los tejados se cubrirán con paneles fotovoltaicos para generar energía solar, además de la energía generada por las pilas de combustible de hidrógeno. Además, Toyota planea alimentar toda la ciudad con el aire libre de vegetación nativa e hidropónica.

Las residencias estarán equipadas con lo último en tecnologías de apoyo humano, como la robótica en el hogar para ayudar en la vida diaria. Además, las casas utilizarán la IA basada en sensores para comprobar la salud de los ocupantes, atender las necesidades básicas y mejorar la vida diaria.

Tanto los parques del vecindario como un gran parque central, así como una plaza central para reuniones sociales, están diseñados para unir a la comunidad. Toyota cree que fomentar la conexión humana será un aspecto igualmente importante de esta experiencia.

La compañía planea poblar la ciudad futura con sus empleados y sus familias, parejas jubiladas, comerciantes, científicos visitantes y socios de la industria. Se espera que al principio haya unas 2.000 personas, y la cantidad se aumente con la evolución del proyecto.

La colocación de la primera piedra del sitio está prevista para principios de 2021.

10 enero 2020

(Tomado de Sputnik)

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La NASA instalará taller robotizado de reparaciones afuera de la Estación Espacial Internacional

La NASA diseñó un garaje acondicionado para robots, denominado RiTS (siglas en inglés de Robotic Tool Stowage), que será instalado en el exterior de la Estación Espacial Internacional (EEI).

Es una unidad de almacenamiento de protección para herramientas robóticas críticas, cuyo envío estaba previsto en la misión de reabastecimiento de Space X, fijada para ayer.

Sus primeros residentes serán dos robots diseñados para buscar fugas de la estación, que son capaces de detectar la presencia de gases como el amoníaco. Las herramientas robóticas están a bordo de la estación en este momento, informa la NASA.

“Para cada una de sus herramientas almacenadas, RiTS proporcionará protección térmica y física contra la radiación y los micrometeroides o pequeños objetos de alta velocidad que se precipitan por el espacio”, dijo Mark Neuman, gerente de hardware de RiTS.

El sistema térmico de la unidad de alojamiento mantiene temperaturas ideales para los instrumentos, ayudándolos a mantenerse funcionales, según Neuman. Además, ayudará al brazo robótico de la estación espacial Dextre a localizar, tomar y volver a colocar fácilmente esas herramientas.

La implementación de robots de detección suele llevar mucho más tiempo cuando la herramienta no está almacenada externamente. Una vez fuera de la estación, esos detectores necesitan esperar 12 horas para limpiarse del vapor de agua y otros gases del interior de la terminal.

“Este hardware reducirá significativamente el tiempo y el costo para que la tripulación de la estación implemente capacidades de detección de fugas utilizando Dextre”, dijo Chris Craw, líder de Integración de Sistemas de la NASA.

Martes, 08 Octubre 2019 06:20

5G, realidades y necesidades

5G, realidades y necesidades

La quinta generación de redes móviles (5G) no solo constituye una lógica y, por tanto, previsible evolución respecto a los sistemas precedentes como el 4G, sino que se ha convertido justo antes de su lanzamiento comercial en “el futuro de las comunicaciones tanto móviles como fijas”, en palabras de Richard Sutton.

En realidad, el desarrollo de muchas de las tecnologías que se consideran emergentes, como el internet de las cosas (IoT), la realidad virtual (VR), la realidad aumentada (AR), e incluso de otras cuyas formulaciones se conocen hace décadas, como la computación en la red (cloud computing), la inteligencia artificial (AI) o la gestión virtual de las propias redes (NFV), depende más del modelo de negocio adoptado que del soporte tecnológico, aunque con el 5G van a incrementar sus potencialidades.

Las lecciones aprendidas durante estos primeros 20 años de redes de banda ancha móviles, como el 3G y 4G, demuestran que un cambio profundo y económicamente rentable en las formas de uso y, sobre todo, en su asimilación como experiencia vital del usuario, no se produce únicamente añadiendo más kilobits de subida y bajada.

Otro factor determinante es el coste final de las subastas del espectro que las operadoras tienen que pagar para poder ofrecer el 5G. La exuberancia especulativa que a principios de siglo mostraron las subastas para las frecuencias 3G permitió comprender a los gobiernos que si las barreras de entrada son altas, las inversiones a largo plazo serán menores, lo que repercute en el desarrollo económico.

La norma general, hasta ahora, de las subastas nacionales de frecuencias para 5G es que los gobiernos han optado esta vez por costes más moderados, al poner sobre la mesa grandes porciones de espectro. Por el contrario, en aquellos países que optaron por la escasez artificial que supone trocear excesivamente el espectro (Italia) o reservar buena parte de este para otros servicios (Alemania), los costes aumentaron considerablemente.

Siendo conscientes de que el entusiasmo tecnológico constituye un buen punto de partida para la innovación, pero no siempre un aliado estratégico conveniente si se quieren crear bases sólidas para una reformulación tan profunda como la asociada al 5G, no se debe perder nunca de vista lo que la sociedad y el mercado realmente son en este primer tercio del siglo XXI.

Banda ancha para más

Cada nueva generación de telefonía móvil ha alcanzado un mayor número de usuarios que la anterior. Además, su adopción es muy similar a la observada en otras tecnologías y básicamente sigue la famosa curva de difusión formulada por Robert Everett hace más de 5 décadas. La diferencia fundamental entre los sistemas de telefonía móvil y el resto de las tecnologías no radica por tanto en su forma de adopción, sino en la dimensión alcanzada. Así, el total de usuarios únicos de redes móviles actualmente supone el 67 por ciento de la población mundial (GSMAIntelligence, 2019USCensusBureau, 2019) y el número total de conexiones supera un 4 por ciento al de la población del planeta (Ericcson, 2018).

Esto significa que cuando el 5G comience a ser una realidad para esa minoría de primeros usuarios pioneros (early adopters), algo que no va ocurrir de manera significativa al menos hasta 2020, este sistema de quinta generación tendrá ya un mercado potencial de 8.000 millones de usuarios, a lo que habría que añadir al menos 2.000 millones de conexiones celulares en el internet de las cosas. Por lo tanto, el 5G nace ya con el objetivo de convertirse en el sistema de comunicación con mayor número de usuarios (humanos + máquinas) de la historia, algo que podría ocurrir antes del final de la próxima década.

Un factor importante es que el ritmo de adopción de los sistemas móviles digitales se ha ido incrementado exponencialmente, de modo que cada sistema tarda menos que el anterior en convertirse en el de mayor número de usuarios. Así, el 3G tardó casi 14 años en alcanzar un 30 por ciento de difusión entre los usuarios de redes móviles, pero el 4G en siete años ya había superado ese porcentaje convirtiéndose en el sistema con mayor número de usuarios del mundo a finales de 2017.

El 5G nace con el objetivo de convertirse en el sistema de comunicación con mayor número de usuarios (humanos + máquinas) de la historia.

Las sucesivas generaciones de sistemas móviles han ofrecido básicamente al usuario mayores velocidades, un concepto asumido en la nueva cultura del acceso creada a partir del iPhone de Apple. Este factor aparentemente simple permitió ahorrar a las operadoras cuantiosas inversiones en márketing para trasladar a sus clientes la poderosa idea de que el 3G era más rápido que el 2G, el 4G que el 3G y, por lo tanto, el 5G seguirá esta tendencia.

No obstante, cuando se justifica la evolución de los sistemas móviles por la velocidad de acceso se genera un problema: que cualquier esfuerzo inversor de las operadoras por actualizar sus redes se interpreta al final como una forma de hacer la tubería más ancha y que circulen más bits. Esta visión reduccionista ha permitido situar la innovación justo encima de estas redes y en el dispositivo de acceso. Lo que quiere decir que son las empresas que proveen los servicios más populares (Google, Amazon, Netflix…) y los fabricantes de móviles, los agentes que se perciben externamente como los verdaderos innovadores del mercado.

Sin emitir un juicio arriesgado y sin duda complejo sobre quién innova más en Internet, sí se puede afirmar que, si no se alteran las condiciones actuales del mercado, con el 5G nos dirigimos de nuevo a un escenario donde los que más invierten en su desarrollo corren el riesgo de ser los que menos recojan los previsibles dividendos.

Mismo punto de partida

No obstante, en la progresiva implantación del 5G, operadoras y empresas de servicios en Internet comparten una misma necesidad de partida: ambos necesitan incrementar su número de usuarios y este incremento persigue a su vez dos objetivos. En primer lugar, cerrar la brecha mundial entre los que hoy usan redes móviles y aquellos que acceden a estas pero con sistemas de banda ancha. En segundo lugar, integrar ese remanente del 33 por ciento de la población mundial que permanece ausente de las redes móviles, lo que en términos absolutos equivaldría a integrar más de 2.400 millones de personas, la mayoría de ellos en países en desarrollo o regiones emergentes, sobre una población mundial de 7.500 millones de personas.

No obstante, detrás de estas cifras que llaman al optimismo hay que tener en cuenta que, de ese total de personas no conectadas, al menos un 35 por ciento son niños o ancianos (World Bank, 2017), lo que en principio reduce ese margen razonablemente alcanzable de usuarios desconectados a 1.500 millones.

El 5G supone una mejora en tres factores: la velocidad, la latencia y el número de dispositivos que se pueden conectar simultáneamente.

Para que estos 1.500 millones de adultos dieran un salto de la desconexión al 5G, no solo se tendría que producir un amplio y rápido despliegue de infraestructuras que aumentara la cobertura, sino que los costes de conexión (redes y dispositivos) tendrían que ser considerablemente más asequibles que los actuales, teniendo en cuenta la menor renta disponible en los países en desarrollo donde se sitúa esa brecha.

El tercer y determinante factor diferencial del 5G es la densidad o número de dispositivos que la red sería capaz de atender en condiciones óptimas por unidad de cobertura y tiempo, estimada en un incremento exponencial del 100 por ciento respecto a la generación anterior. Esto haría posible la comunicación efectiva en zonas con alta densidad de población o en situaciones puntuales como eventos masivos, pero también la transmisión simultánea entre cualquier objeto conectado sin mediación.

Triple impacto

La implantación de redes 5G en los principales mercados supondrá un triple impacto:

  • En las tecnologías y en los servicios disponibles.
  • En el propio mercado de las telecomunicaciones.
  • Y, por último, en la aparición de innovaciones inimaginables hasta ahora.

En el primer grupo encontraríamos tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR). El 5G mejorará la experiencia de usuario en las dos al proporcionar mayores velocidades y latencias mejoradas, este último un factor crítico en contenidos populares como los videojuegos.

El segundo impacto está relacionado con el inquietante statu quo actual de las operadoras que en pocos años vieron como las aplicaciones IP se comían literalmente el, durante décadas, cautivo mercado de las llamadas telefónicas y las nuevas formas de expresión personal multimedia (emojis, textos, clips de audio y vídeo) convertían los teléfonos fijos en “jarrones chinos” — valiosos pero sin utilidad—, las líneas fijas residenciales en soportes colectivos para wifi y los teléfonos móviles en computadoras portátiles.

El tercer impacto es a la vez el más amenazante y esperanzador ya que se refiere a todo lo nuevo y desconocido que un sistema global de banda ancha que promete llevarnos al nivel gigabit puede traer. No podemos olvidar que, a pesar de los recientes cuestionamientos de principios como la neutralidad de la red, Internet sigue siendo una red descentralizada donde la innovación no necesita permisos de núcleos centrales y donde las operadoras no tienen que establecer a priori qué usos se le van a dar a la red.

Al igual que un Snapchat o un Instagram eran inconcebibles cuando se pusieron en marcha las redes 3G, las posibilidades tecnológicas del 5G serán un incentivo para los emprendedores que ahora pueden acceder a la misma tecnología y a una creciente disponibilidad de capital menos alérgico al riesgo. Además, la incorporación de miles de objetos cotidianos hasta ahora virtualmente desconectados a la nueva Internet incrementa exponencialmente las posibilidades de aparición de nuevas aplicaciones que signifiquen una ruptura de los modelos comunicacionales que vimos en los sistemas anteriores.

Por su parte, los fabricantes de móviles serán en gran medida los responsables de la primera interpretación del 5G entre los usuarios, ya que sus aparatos son los receptores privilegiados de la primera tecnología de conexión que permite integrarse en esta red. Pero la necesidad que tienen estas empresas de acortar el ciclo de renovación de sus dispositivos, cuya prolongación ha generado un estancamiento de las ventas mundiales, no es un argumento consistente para convencer a esa franja de usuarios pioneros que ya pagan 1.000 dólares por los móviles más avanzados.

Para los usuarios, el factor diferencial del 5G respecto a los sistemas actuales tendrá que venir de nuevos usos tanto de aplicaciones ya existentes como de nuevos entrantes que podrían hacer una interpretación creativa de las potencialidades del 5G —latencia, densidad de conexión, velocidad— para ofrecer no solo una mejora de los servicios existentes, sino de otros cuya demanda es todavía desconocida.

En definitiva, el 5G está destinado a convertirse en el soporte preferente de un Internet que en su tercera fase no solo aspira a cerrar la brecha de las personas desconectadas, sino a generar sinergias con sectores industriales históricamente indiferentes o cuyos canales de venta y procesos de fabricación apenas han variado en estos 25 años de despliegue de redes móviles.

Por Francisco Vacas

Profesor Universidad, Consultor, Universidad Rey Juan Carlos

La versión original de este artículo ha sido publicada en la Revista Telos 111, de Fundación Telefónica.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Viernes, 10 Mayo 2019 05:46

La revolución 5G

La revolución 5G

Con el aséptico nombre de 5G se presentó la nueva generación de comunicación móvil en el Mobile World Congress de Barcelona, a finales de febrero. Se trata de una profunda transformación tecnológica con importantes consecuencias empresariales, sociales y geopolíticas. La estrella del congreso fue el nuevo modelo Mate X de Huawei, la principal empresa tecnológica china. Claro que el teléfono no sirve de mucho mientras no se despliegue la red por la que circulan las señales. Y esto se supone que ocurrirá, al menos en China, Europa y Estados Unidos, en el 2020. 

La conexión de internet con 5G se proyecta como 40 veces más rápida que la del 4G que actualmente utilizamos y el volumen de datos comunicados significativamente mayor (aquí las estimaciones varían). La importancia de esta tecnología es que constituye la infraestructura necesaria para el funcionamiento de la nueva sociedad en red, incluyendo la nueva economía. Esta nueva estructura, que ya existe en gran medida, está en la base de la conexión de grandes bases de datos (big data), del despliegue de las aplicaciones de inteligencia artificial y, por tanto, de la robótica avanzada (máquinas capaces de aprender) y, sobre todo, de la llamada “internet de las cosas”. Por tal se entiende la multiplicidad de conexiones ultrarrápidas de internet no sólo entre humanos y sus organizaciones, sino entre objetos de todo tipo, en el ámbito doméstico, el dinero móvil, el coche sin conductor, la cirugía a distancia, la enseñanza virtual o las guerras de drones. No hablamos de ciencia ficción, sino de lo que ya ha sido investigado, diseñado, producido y es operativo.


Como indicación de lo que ocurre, en el 2014 había unos 1.600 millones de objetos/máquinas conectados. En el 2020 se estima que serán 20.000 millones. Sin embargo, el funcionamiento real de estas múltiples redes sobre una única infraestructura de comunicación requiere una red con las características del 5G. Con sus consiguientes riesgos. Por un lado, el de la ciberseguridad (interferencias y vigilancias de todo tipo, sobre todo de gobiernos, incluidos todos). Por otro lado, los peligros potenciales para la salud aún poco evaluados. Resulta que una característica clave de esta nueva red es una altísima densidad de miniantenas que están sembrando en todas las ciudades para, mediante su cobertura coordinada del espectro, obtener una comunicación ubicua de cualquier punto de la red a cualquier otro. Antes de que le entre pavor piense que esta red, como todo lo que hemos ido inventando, se va a desplegar y usted (o sus hijos o sus nietas) la van a utilizar, sí o sí. Con lo cual lo urgente es analizar seriamente los impactos de estos múltiples campos electromagnéticos sobre la salud (sobre lo que hay muchos mitos, parecidos al movimiento antivacunas) y encontrar soluciones técnicas para prevenir el daño potencial.


En cualquier caso, la construcción y gestión de la(s) red(es) 5G se convierte en un campo esencial de la lucha por el poder y el dinero, porque vivimos en la época del capitalismo de los datos y los datos sólo sirven cuando pueden ser procesados y conectados.


Por eso se ha desatado una violenta reacción del Gobierno estadounidense contra la participación de Huawei en el diseño y construcción de la red. Y es que resulta que, en opinión de la mayoría de los expertos, Huawei posee la tecnología de diseño y fabricación más avanzada del mundo en las redes de telecomunicación 5G. Creo que el choque psicológico del Gobierno (mucho menos el de las empresas) es comparable al pánico surgido ante el Sputnik soviético en 1957.


¿Cómo es posible –dicen en Estados Unidos– que los chinos estén más avanzados cuando se suponía que su ventaja competitiva estaba en copiar y fabricar más barato explotando su mano de obra, sin añadir valor mediante investigación? Estamos en presencia de una mezcla de complejo de superioridad e ignorancia. Huawei está entre las primeras cinco empresas del mundo en gasto en I+D, tiene decenas de miles de investigadores, con centros en todo el mundo, no sólo en China, sino en Silicon Valley y otros núcleos tecnológicos. Y obtuvo más patentes tecnológicas en el 2017-2018 que cualquier empresa tecnológica en Estados Unidos. Aun así, la paranoia de los estrategas estadounidenses es tal que, teniendo en cuenta las consecuencias geopolíticas e incluso militares de esta tecnología, decidieron que la ventaja de Huawei sólo podía provenir del espionaje industrial y han arrestado y procesado a la directora financiera, Meng Wanzhou, hija del fundador de la empresa. ¿Pruebas? En el momento de su detención llevaba un iPhone y un iPad. Concluyente, ¿no? La acusación en serio es que Huawei es una empresa estatal (falso, es privada, como lo es Alibaba, la mayor empresa de e-commerce del mundo) y está introduciendo un acceso de “puerta trasera” en la red mediante el cual se puede espiar a todo el mundo. Y sólo faltaba que justo ahora el Gobierno chino lance su iniciativa de construcción de infraestructuras de transporte y comunicaciones en Europa y Asia (la nueva ruta de la seda) en colaboración con diez países europeos, incluida Italia, para que el 5G se interprete como un proyecto de dominación china sobre Occidente.


Objetivamente, hace falta mucho cinismo para presentar al Gobierno de Estados Unidos, así como los europeos, como respetuosos de la privacidad. Hay múltiples revelaciones y documentos (en particular los papeles de Snowden) que muestran la práctica sistemática de vigilancia legal o ilegal de las agencias estadounidenses en todo el mundo, como hace el Gobierno chino. Y la ayuda de mercados militares a empresas como Boeing y a Silicon Valley es un hecho.
La nueva revolución tecnológica se está convirtiendo en un campo de batalla geopolítico, en detrimento de la cooperación sinérgica que intentan algunas empresas europeas.

Por Manuel Castells
La Vanguardia

 

Estados Unidos abre su primera granja autónoma gestionada por robots

Usando inteligencia artificial, la empresa californiana Iron Ox pretende aumentar el rendimiento de los cultivos y solucionar el problema de la falta de mano de obra

La primera explotación agraria autónoma y gestionada por robots en Estados Unidos ya está funcionando. La inauguraron la semana pasada en California con la esperanza de que los sistemas de inteligencia artificial (IA) sirvan para reconvertir un sector en el que falta mano de obra y aumenta la presión por aumentar las cosechas.


La empresa responsable, Iron Ox, tiene su sede en San Carlos y dice que podrá "producir 30 veces más que las explotaciones tradicionales" gracias a la IA, a cultivos hidropónicos que crecen durante todo el año sin necesidad de tierras, y a un uso más eficiente del espacio que lograrán trasplantando cultivos a medida que crezcan.


Estos son varios de los grandes desafíos a los que se enfrenta la agricultura y que tienen a los inversores pendientes. El año pasado, las inversiones en startups agrícolas crecieron un 29% con relación a 2016 y sumaron un total de diez mil millones de dólares en todo el mundo.


El espacio para el cultivo de Iron Ox mide unos 185 metros cuadrados. Dentro de él, hay macetas con hierbas y verduras frondosas almacenadas en "módulos de crecimiento" blancos de 1,2 por 2,4 metros y unos 360 kilos. Las máquinas autónomas se encargan del levantamiento de objetos pesados, de cultivar y de detectar necesidades.


El cofundador de Iron Ox, Brandon Alexander, habla con entusiasmo de "Angus" una máquina "increíblemente inteligente" similar a un coche autónomo de la que dice estar "muy orgulloso". Con un peso de unos 450 kilos, Angus se mueve por el lugar controlando cultivos, levantando cosas, y llevando los módulos de crecimiento hasta la zona de procesado.


Una vez allí, un brazo robótico (también autónomo) cosecha los cultivos sujetando las macetas, lo que reduce el daño en la planta. Según Alexander, eso fue algo increíblemente difícil de lograr: tuvieron que desarrollar un proceso para que la máquina fuera capaz de reconocer a las plantas y luego analizarlas a una escala submilimétrica. De acuerdo con la empresa, el brazo robótico tiene cuatro sensores Lidar y es capaz de "ver" en tres dimensiones gracias a dos cámaras que además le permiten identificar enfermedades, plagas y anomalías.


Gran nivel de precisión


Dice Alexander que al equipo de Iron Ox le llevó años llegar al actual nivel de precisión y estabilidad. También, que su robot es muy diferente a otras máquinas, como por ejemplo la cosechadora de trigo, que no necesita tanta delicadeza en el momento de recoger los cultivos.


Tanto ‘Angus’ como el brazo robótico están continuamente mandando datos a ‘Brain’, el software de IA en la nube que a su vez controla a los robots y les indica cuándo actuar. "Cada robot sabe cómo hacer su trabajo, pero no saben cuándo", explica Alexander.


‘Brain’ (cerebro) procesa los datos de los sensores que hay en los robots y en toda la instalación, y un equipo de especialistas en botánica lo controla. No es el único toque humano. La siembra y parte de las labores de ‘postcosecha’, como la recolección de las hojas perdidas y el empaquetado, son llevadas a cabo por personas.


De acuerdo con David Slaughter, profesor de ingeniería en biología y agricultura de la UC Davis, la solidez de las herramientas es una de las variables clave para los agricultores cuando adoptan nuevas tecnologías. En una aplicación gratuita, como el navegador de Internet, los usuarios están dispuestos a tolerar algunos errores, dice, pero para la tecnología agrícola eso "no es aceptable": "Se trata de un producto perecedero, tiene que ser fiable de verdad". Si la innovación demuestra ser robusta, Slaughter cree que será rápidamente incorporada. "Los agricultores buscan soluciones tecnológicas", dice.


¿Y por qué no hubo una granja autónoma hasta ahora? Alexander responde sin rodeos: "Porque es jodidamente difícil". El trabajo que está haciendo le toca muy de cerca. "Hablé con mi abuelo sobre cuando empezó a trabajar en la agricultura y siempre se ha quejado de no conseguir suficiente ayuda", dice.


Así fue como él y Jon Binney, el otro fundador de Iron Ox, comenzaron a viajar para escuchar directamente de los agricultores las cosas que les hacía falta. "Tuvimos que hacer un pacto para no ponernos a construir algo de inmediato, algo que no resulta fácil para un ingeniero", bromea Alexander.


Por todos lados escucharon las tres mismas preocupaciones: la escasez de mano de obra, la inestabilidad del clima y las largas distancias que tenían que recorrer los productos agrícolas.


Iron Ox planea comenzar a vender sus productos en restaurantes y tiendas de comestibles de la Bahía de San Francisco a finales de este año. Para 2019 quieren llevarlos a toda la región y en los próximos años tienen pensado abrir varias explotaciones agrarias en torno a los centros urbanos para reducir el tiempo y coste de entrega de los productos.
La agricultura se enfrenta desafíos pero Alexander cree, como creía hace tres años cuando empezó, que la solución pasará por poner a la robótica en primer lugar. "Necesitamos hacer algo radical; necesitamos hacer algo drástico para arreglar esto", dice. "No alcanza con ser un 5% o un 10% más eficiente".

Por Noah Smith - Los Ángeles
13/10/2018 - 18:37h
Traducido por Francisco de Zárate

 

"No hay que tener miedo de los robots. Hay que tener miedo de los humanos usando esta tecnología de un modo no ético o destructivo"

Frente a los estudios que aseguran que se perderán millones de empleos en la próxima década por culpa de los robots, defiende que la tecnología, más que una amenaza, constituye una oportunidad si se pone al servicio de los trabajadores

"Mucha gente famosa especula sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial, diciendo que puede ser peligrosa si escapa a nuestro control, si se hace más inteligente que los humanos. Pero todo eso es ciencia ficción"

La intelectual estadounidense Shannon Vallor es profesora en la Universidad de Santa Clara (California), en el corazón del Silicon Valley. Es una reputada investigadora de la ética y la filosofía de la tecnología. Trabaja muy cerca de donde vienen surgiendo muchos de los avances tecnológicos que han revolucionado la realidad económica y social.

La robotización y la automatización, por ejemplo, son dos procesos en los que se avanza en este área del este de Estados Unidos. Eso, pese a los muchos miedos que genera en la clase trabajadora la robotización del mundo laboral. Son recurrentes los estudios que aseguran que se perderán millones de empleos en la próxima década por culpa de los robots.

Como integrante de la dirección de la Fundación para la Robótica Responsable, Vallor se esfuerza en aclarar cómo la tecnología, más que una amenaza, constituye una oportunidad, siempre y cuando se ponga al servicio de los trabajadores."El problema está en no usar esas tecnología al servicio de los trabajadores", dice Vallor en esta entrevista con eldiario.es.

De ahí que anime a realizar reformas en el actual sistema económico, para que sea posible la convivencia de robot y trabajador en los empleos del futuro, y que inste a presionar a las empresas para que desarrollen "productos y aplicaciones más compatibles con los intereses de los humanos".

 

¿Qué piensa usted del miedo que genera la robotización, según muestran las encuestas, en buena parte de la clase trabajadora?

Es un tema complicado. Hay una gran probabilidad de que la robotización continúe significando la automatización de algunos sectores de la economía. En consecuencia, algunas categorías laborales van a estar en peligro. Aquí, lo problemático es el uso que se pueda hacer de esos miedos. Mucho de lo que se escucha puede llevar a la gente, si no está informada, a pensar que vamos a tener robots que van a tomar todos los trabajos que hoy hacen los humanos.

Eso no es realista, al menos en las próximas dos décadas y probablemente para muchas más. Los avances en robótica y en inteligencia artificial son reales e impresionantes pero no están teniendo lugar tan rápido como mucha gente cree. Hay muchos límites a la hora de asignar tareas a esas máquinas y de determinar qué son capaces de hacer.

 

¿La robotización no es tan peligrosa para los trabajadores?

Desde un punto de vista laboral, no se puede decir que no haya de qué preocuparse. Pero tampoco hay que exagerar la amenaza.

 

¿Hasta qué punto le preocupa el uso político que puede darse a los miedos que generan la robotización y la inteligencia artificial?

Me preocupa mucho dejar claro que no es la tecnología la que va a suponer una amenaza para los trabajadores. Es el sistema económico, sus incentivos y los poderes económicos, los que controlan realmente cómo esa tecnología se va a utilizar.

Hay muchos modos en los que los robots y la inteligencia artificial pueden mejorar las condiciones laborales, acabando incluso con los trabajos más peligrosos, aburridos, degradantes o sucios. Hay muchas tareas por las que se paga a gente para que se expongan. Estarían mejor sin hacerlas, haciendo otra cosa. Diseñar máquinas para hacer esos trabajos no es inherentemente malo. Hay mucha confusión en la opinión pública cuando hay encuestas sobre el miedo a las máquinas.

Mucha gente famosa, como Elon Munsk, Stephen Hawking o Bill Gates, que no son investigadores de Inteligencia Artificial, han especulado o especulan sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial, diciendo que puede ser peligrosa si escapa a nuestro control, si se hace más inteligente que los humanos. Pero todo eso es ciencia ficción. No estamos ni mucho menos cerca de que haya una inteligencia artificial comparable a la inteligencia de un humano. Ni siquiera se sabe cómo hacer algo así.

 

¿Dónde está el problema entonces?

No hay que tener miedo de los robots. Hay que tener miedo de los humanos usando estas tecnologías de un modo no ético o destructivo. El problema está en no usar esas tecnologías al servicio de los trabajadores. La clave está en que las máquinas estén al servicio de los trabajadores en lugar de tener como objetivo maximizar los beneficios y la eficiencia. Pero en un sistema económico donde esos son los únicos objetivos, muchas de las oportunidades para que los robots estén ahí para ayudar a los trabajadores y hacer sus trabajos más seguros, más disfrutables y de modo que se sientan más realizados, van a ser ignoradas. Todo esto debido a los intereses económicos, que van en contra de la gente.

 

¿Hay que cambiar el sistema para implementar esta otra idea de la tecnología?

No hay que cambiar todo el sistema para reformar las partes que no funcionan. Estamos hablando, en realidad, de la necesidad de un cierto cambio sistemático en la economía moderna. El sistema ahora mismo parece tan brutal que no parece posible ver cómo cambiarlo. Además de empujar hacia una reforma económica y política, algo que creo que es muy importante es pensar que hay formas del capitalismo, de hace 50 ó 60 años, que hacen posible la promoción de los intereses de los trabajadores. Hay ejemplos en varios países.

En Estados Unidos tuvimos un movimiento que llevó a la imposición de la semana laboral de 48 horas, la instauración de regulaciones sanitarias y de seguridad, la obligatoriedad de introducir pausas en el trabajo y las bajas. En el Siglo XX ha habido todo tipo de reformas que han cambiado el trabajo. El lugar de trabajo pasó de ser un lugar donde los trabajadores eran explotados y se abusaba de ellos a ser un lugar donde hay ahora una mayor protección. Desafortunadamente, en Estados Unidos, hemos ido ahora en la dirección opuesta respecto a esos avances, acabando con mucha de esa protección.

 

¿Qué más se puede hacer, más allá de empujar hacia una reforma del sistema?

También se puede presionar a las compañías tecnológicas para que desarrollen productos y aplicaciones que sean más compatibles con los intereses de los humanos. Se les puede presionar para que la tecnología sea concebida como una ayuda para los trabajadores, para que su diseño haga a los trabajadores sentirse más seguros, más felices y menos degradados y explotados por su trabajo. Ahora mismo, las compañías tecnológicas, en muchos países, han sufrido grandes golpes en su reputación. Y están trabajando para restaurar la fe del público en ellos y en el sector tecnológico. Muchas compañías, por esto mismo, están ahora moviéndose hacia el diseño de procesos y aplicaciones más éticos.

Por ejemplo, ahora, en el sector tecnológico, están promoviendo la idea de que los humanos no deben ser reemplazados por dispositivos de Inteligencia Artificial sino apoyados por estos sistemas. Pero no está claro si éste será el modelo que triunfe o si todas las empresas lo adoptarán. No se sabe si el trabajador mantendrá, por ejemplo, el sueldo de alguien asistido por un sistema de Inteligencia Artificial o si el empresario caerá en la tentación de echar al trabajador.

En Estados Unidos, hay un debate sobre si los populistas, como el presidente Donald Trump, sustituirán a la inmigración, objetivo de muchas de sus reformas, por los robots."Primero vinieron a por los inmigrantes. Luego vinieron a por los robots" es un reciente titular de la revista Foreign Policy. ¿Qué piensa usted?

Pienso que no hemos visto algo así todavía. De hecho, en 2017, el Secretado de Estado para el Tesoro, Steven Mnuchin, dijo básicamente que la amenaza de la robotización "no está ni siquiera en nuestro radar", según sus términos. Él cree que incluso dos décadas era una exageración, y que la amenaza de la robotización a los puestos de trabajo llegaría, tal vez, en 50 ó 100 años. Ésto es lo que la administración Trump dice al respecto. No están centrados, ahora mismo, en la automatización.

 

¿Por qué motivo?

Porque el populismo de Trump está principalmente inspirado por la xenofobia, y no por una sincera preocupación por los intereses de los trabajadores. De hecho, las políticas de Trump hasta ahora han sido bastante dañinas para los trabajadores. Creo que este tipo de populismo de Trump sólo es superficialmente favorable a los trabajadores. En realidad, en su sustancia, es anti-trabajadores. La reacción de Trump diciendo que los inmigrantes están tomando empleos de los estadounidenses está fundamentada en la xenofobia y en el racismo, más que en una verdadera preocupación por los trabajadores del país. Yo no creo que los robots vayan a entrar en esa retórica. Pero esto puede ocurrir en otros países.

En Los Países Bajos, en el puerto de Rotterdam, los sindicatos alertaron de que muchos trabajadores se inclinaban allí el año pasado a votar por el Partido de la Libertad del populista de ultraderecha Geert Wilders. Los líderes sindicales hablaban de enfado por la robotización del sector. Al menos así lo contó la agencia Bloomberg.

Estoy en contacto con numerosos académicos de Los Países Bajos, que trabajan ahora mismo sobre las implicaciones sociales que despiertan la robotización y la inteligencia artificial. En general, yo diría que Los Países Bajos es un país muy favorable a la robotización. Tienen más universidades centradas en tecnología que otros muchos países de similar tamaño. Pero cada país tiene una respuesta diferente a la robotización.

En Japón, por ejemplo, la robotización es algo que está siendo bienvenido. Porque no tienen, fundamentalmente, suficientes trabajadores para sustituir su mano de obra en una sociedad que está envejeciendo y que sigue siendo muy poco favorable a la inmigración. La respuesta a la robotización va a depender de muchos factores, como la situación económica del país, cómo es la situación del desempleo o si hay o no dificultades para ofrecer empleo a la gente. Ahí está la clave de que pueda haber resentimiento contra los robots, especialmente si hay clases de trabajadores que se vean afectadas.

 

¿Dónde es más probable que afecte la robotización?

Es más fácil ver que la automatización del trabajo tenga lugar en fábricas, pero también en la venta o en atención al cliente, como en los centros de llamadas. En muchos países, la venta y la atención al cliente son la primera categoría de empleo para gente sin educación universitaria o que, simplemente, están empezando en su vida laboral. Son trabajos típicos de estudiantes, por ejemplo.

En Estados Unidos, esto ocurre mucho en el sector de la venta. Si se elimina el empleo de personas en ese sector, se va a dificultar mucho la integración de mucha población en el mercado laboral. Se sabe que, cuando una persona tarda en conseguir su primer empleo, luego es muy difícil desarrollar una historia laboral sólida. Pienso que hay peligros asociados a la automatización de según qué sectores. Sin embargo, tampoco podemos determinar el impacto de la automatización, porque es algo relacionado con la cultura del consumidor.

 

¿A qué se refiere?

No sabemos en realidad cuánta demanda hay de gente queriendo interactuar con un robot, por ejemplo, en un centro de atención al cliente. En este sector, mucho depende de si el consumidor sabe que está interactuando con una máquina o una persona y de si la persona quiere o no tener esa interacción. Por ejemplo, se puede sustituir al personal de un restaurante por robots. Pero puede ser que la gente no responda positivamente a esa propuesta. Puede ser que esa experiencia para el consumidor resulte frustrante, debido a los límites de la tecnología. Este tipo de situaciones puede que ralenticen la automatización. Ser capaz de hacer una máquina que haga un trabajo no significa que eso sea una ventaja.

¿La "inteligencia artificial" liquidará al capitalismo?

Si la inteligencia artificial (IA) definirá el dominio geoestratégico en la próxima generación, su ideología emergente marcará el destino de la humanidad.

Ya el zar Vlady Putin había alertado de que quien domine la IA controlará al mundo ( http://bit.ly/2IjsAdQ ).

Detrás de las amenazas de "guerra comercial" de Estados Unidos y China se encuentra el “posicionamiento tecnológico que marcará el siglo XXI sobre la primacía de la IA cuando Beijín ha proclamado que será el líder indiscutible en 2030 ( http://bit.ly/2IgbRbA )”.

Quedó atrás la caduca taxonomía de "derecha" e "izquierda" que floreció durante la Guerra Fría en la etapa bipolar entre Estados Unidos y la ex URSS, hoy la ideología en el mundo se encuentra fracturada entre los "globalistas" –encabezados por el megaespeculador George Soros y la dupla británica de The Economist/The Financial Times–, acoplados a los poderosos multimedia israelí-anglosajones de "occidente" –contra los "nacionalistas" donde prevalecen Trump, el zar Vlady Putin y el mandarín Xi con sus respectivas idiosincrasias– al unísono de sus puntuales resurrecciones en la Unión Europea.

Yair, hijo del primer ministro israelí Bibi Netanyahu, sentenció con entonaciones nacionalistas sarcásticas que Soros “controla al mundo ( http://bit.ly/2FMZNsV )”.

A 200 años del aniversario del nacimiento de Marx, Nathan Gardels (NG), editor en jefe del The World Post –en colaboración con The Washington Post y el Instituto Berggruen– aduce que la “IA agudizará la división entre Occidente y Oriente ( https://wapo.st/2JXYucX )”.

NG no oculta su proclividad ideológica y reduce a la IA a su lecho de Procusto cerebral: la conectividad digital y los algoritmos están mejor en manos de los "libertarios (sic) de Silicon Valley" que en las de China con su "mentalidad autoritaria que empodera al Estado".

Arguye que el mundo digital se encuentra dividido entre el "espionaje capitalista" de Occidente y el "monitoreo del mandarinato de China". Se olvida que Snowden y Assange son hijos de Occidente.

Feng Xiang (FX) –profesor de leyes en la Universidad Tsinghua– argumenta que la “IA marcará el fin del capitalismo ( https://wapo.st/2FN3oXU )”.

Considera que "si la IA permanece bajo control de las fuerzas del mercado desembocará en forma inexorable en un mega-rico oligopolio de datos de multimillonarios que cosecharán la riqueza creada por los robots que desplazan la mano de obra, dejando un masivo desempleo a su alrededor".

Juzga que la "economía de mercado socialista" de China "puede proveer una solución", si la IA “asigna en forma racional (sic) recursos mediante los análisis de macrodatos ( big data) y si las robustas asas de retroalimentación ( feedback loops) pueden suplir las imperfecciones de la "mano invisible", mientras se "comparte en forma equitativa la inmensa riqueza que crea" en medio de una "funcional economía planificada".

El peligro de la IA, que "avanza en una tecnología de propósito general", es que permanezca en "manos privadas que sirven los intereses de unos cuantos".

Aduce que la "inevitabilidad del desempleo masivo y la demanda por el bienestar universal conducirán la idea de socializar (sic) o nacionalizar (sic) la IA".

El "capitalismo digital" fantaseó el bienestar social, como sucede con los multimillonarios de Google y Apple que esconden sus inmensas ganancias en los paraísos fiscales para evadir impuestos, lo cual choca con su lema hipócrita de "responsabilidad social".

El escándalo de la empresa británica Cambridge Analytica, obligada a cerrar, con Facebook y su "modelo de negocios" –que coloca a las ganancias por encima de una "ciudadanía responsable"– es la forma en que funciona el "capitalismo digital" en detrimento de la sociedad.Alega que en China las empresas privadas de Internet como Alibaba y Tencent son "monitoreadas por el Estado" y "no se encuentran por encima del control social".
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El presidente chino Xi Jiping dio un discurso por el bicentenario del natalicio de Carlos Marx el viernes pasadoFoto Afp

Juzga que la "misma penetrabilidad de la IA marcará el fin del dominio del mercado" cuando "sólo produce desempleo", no se diga con los robots, por lo que "no existe una mejor alternativa que la intervención del Estado".

El capitalismo laissez faire desembocará en la "dictadura de los oligarcas de la IA que colectan rentas debido a que tienen reglas de propiedad intelectual sobre los medios de producción".

Así como las armas nucleares y bioquímicas, "la exclusiva tecnología de punta o el núcleo de las plataformas de IA deben pertenecer a un Estado fuerte y estable que garantice la seguridad de la sociedad".

FX concluye con la frase: "!Uníos robots del mundo!"

El sociólogo Anthony Giddens (AG) –anterior director de la London School of Economics y exponente de la fracasada "Tercera Vía" que fue un engaño del "ofertismo fiscal" dentro de la depredación neoliberal– propone en forma antigravitatoria y desfasada una carta magna para la "era digital", en similitud a la que adoptó Inglaterra (sic) en 1215 para "frenar a los reyes de abusar de su poder" cuando hoy “los nuevos reyes son las grandes empresas tecnológicas (https://wapo.st/2wk2Nxy)”. Su comparación es desigual e inarticulada.

AG considera que la "revolución digital es la mayor fuerza dinámica en el mundo" y "afecta todo desde la intimidad de la vida cotidiana hasta las luchas geopolíticas" cuando "al mismo tiempo fractura y divide".

La "evolución de la IA" comporta tres fases distintas: 1. Los trabajos pioneros de Alan Turing durante la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los 80, dominados por los "gobiernos y la Academia" 2. La emergencia de Silicon Valley 3. "Retorno del Estado (¡súper sic!) y un dominio público mayor".

Mas allá de sus aspectos positivos, sus "aspectos negativos son profundos (¡mega sic!)" con "amenazas al tejido mismo de la democracia" cuando los “movimientos on line desafían o hasta desplazan a los principales partidos políticos”, al unísono de "avances dramáticos en el aprendizaje de las máquinas".

AG participó en un grupo de trabajo del "Comité Selecto (sic) de la Cámara de los Lores sobre IA" que publicó un reporte que propone "reformas para encontrar un nuevo equilibrio entre la innovación y la responsabilidad de las trasnacionales".

Su "selecta" carta magna esboza "intervenciones prácticas de los gobiernos (¡súper sic!)": la IA debe "ser desarrollada para el bien común; operar con los principios de inteligibilidad y equidad", respetar los derechos de la privacía”, estar basado en cambios de envergadura en la educación y "nunca conceder el poder autónomo para dañar (sic), destruir o engañar (sic) a los humanos".

Dejando de lado las fake news israelí-anglosajones, el problema de la carta magna de AG es su implícita israelización sobre la identidad y operabilidad de su futuro árbitro.

Hoy, con bendición anglosajona, Israel, potencia digitálica cabal que ostenta 400 bombas atómicas clandestinas, se da el lujo de manipular los datos de la Organización Internacional de Energía Atómica para torpedear los acuerdos con Irán cuando ni firma el Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares.

La "selecta" israelización de la IA es uno de sus principales escollos.

Quien controle la IA impondrá su modelo.

 

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Inteligencia artificial: ¿la nueva dependencia?

 

Entre los cambios en curso en el mundo, uno que pronto será de los más ubicuos es la expansión de la llamada “inteligencia artificial” (IA) en un sinfín de áreas, que significará transformaciones significativas en la economía, el trabajo, el convivir social y muchos otros ámbitos. La IA implica básicamente la capacidad informática de absorber una enorme cantidad de datos para procesarlos –mediante algoritmos– con el fin de tomar decisiones en función de una meta específica, con una rapidez y en volúmenes que superan ampliamente la capacidad humana.

Por ejemplo, ya se lo utiliza para optimizar las inversiones particulares en la bolsa de valores, o para ordenar mejor el tráfico vehicular al identificar, en tiempo real, las rutas más descongestionadas.

El discurso promocional busca vender la IA como respuesta a la mayoría de problemas; y sin duda, muchas aplicaciones pueden ser bastante provechosas, a nivel personal o social. No obstante, como toda tecnología, la forma cómo se desarrolla responde a intereses concretos; y actualmente casi las únicas entidades con capacidad de realizar la inversión y manejar las cantidades de datos requeridas para optimizar los sistemas, son grandes empresas transnacionales: principalmente estadounidenses, aunque también chinas y, en menor medida, de algunos otros países.

La hegemonía que han logrado estas empresas se debe, por un lado, a la posición clave que ocupan al controlar las plataformas que conectan los diferentes actores, hecho que se presta a la conformación de monopolios. Y esto a su vez les permite acumular más datos, insumo principal de esta nueva economía digital. Entonces, y sobre todo cuando se trata de transferir servicios públicos o funciones críticas a sistemas de IA manejados por estas empresas, surge una contradicción entre la meta de máxima ganancia de la empresa y las exigencias del interés público.

Uno de los riesgos más evidentes es una eventual falla o hackeo en un sistema vital (como la red eléctrica) o de alto peligro (como los vehículos de automanejo). Posibilidad que aumenta si la empresa responsable trata de aumentar su ganancia al reducir el gasto en seguridad.

Pero surgen serias implicaciones y desafíos en muchos otros aspectos, particularmente respecto a los derechos humanos o las zonas grises en lo jurídico; como también en materia de soberanía.

En los países desarrollados (en particular Europa), está abierto el debate sobre las implicaciones de la inteligencia artificial y se ha comenzado a elaborar marcos de principios y derechos, que contemplan cuestiones como:

– Los robots y sistemas de IA programados para tomar ciertas decisiones tienen a veces algoritmos complejos que resulta imposible saber exactamente cómo y por qué tomaron tal decisión y no otra. Entonces, ¿quién es responsable por las consecuencias de estas decisiones?

– ¿A quién(es) pertenecen los datos que los sistemas informáticos recaban de los sensores (por ejemplo, de una ciudad) o de los usuarios (con o sin su consentimiento o conocimiento)? ¿Qué implicaciones tendría en cuanto a quién(es) se benefician de los rendimientos económicos que producen?

– ¿Cómo evitar que los sistemas inteligentes profundicen las exclusiones y discriminaciones (intencionalmente o no)? De hecho ya existen muchos casos donde se evidencia que los prejuicios sociales se reflejan en los mismos algoritmos.

Posiblemente uno de los problemas más agudos sería el impacto sobre el empleo debido a la robotización o la automatización de la producción de bienes o servicios. Hay pronósticos de que el empleo en muchos sectores va a desaparecer, y que los nuevos empleos serían insuficientes para absorber a todas las personas desplazadas; entre los sectores más vulnerables se menciona a los choferes profesionales o el personal de venta de supermercados y almacenes. Por ello, hay cada vez más apoyo, en los países desarrollados, incluso entre el sector empresarial, a la idea de que será necesario establecer un ingreso básico universal para la población que queda sin empleo remunerado, que sería subvencionado mediante políticas de transferencia de ingreso de las empresas ultra-rentables del sector de la IA.

Toda vez, otros analistas consideran que se exagera el peligro de pérdida de empleos al menos en el corto plazo, (tal vez por motivos políticos: un trabajador con miedo de perder su empleo será más dócil), ya que si fuera cierto que los robots están remplazando masivamente a trabajadores, se estaría produciendo un fuerte crecimiento en productividad, lo que, al menos en el caso de EE.UU., no se registra.[1] El crecimiento promedio es de apenas 1.2% anual en la última década y solo 0.6% en el último quinquenio.

Pero no cabe duda que hay una transferencia de riqueza hacia las empresas que concentran poder en el sector IA (a veces conocido como GAFA –Google, Apple, Facebook, Amazon–, o GAFA-A, incluyendo a la empresa china Alibaba); enriquecimiento basado en la acumulación y procesamiento de datos.

 
El impacto en el Sur

 

En América Latina, hasta ahora, hay poco debate sobre estos temas. Sin embargo, podemos estimar que los impactos serán importantes y a relativamente corto plazo. Por un lado, los cambios en el Norte tendrán sin duda secuelas en el Sur. Por ejemplo, a medida que avance la robotización y automatización, ciertas líneas de producción que fueron desplazadas a países del Sur para beneficiarse de la mano de obra barata, regresarían al Norte. De hecho ya está ocurriendo: en India, por ejemplo, se han reducido fuertemente los empleos en el sector de tecnologías de la información, en particular los centros de llamadas. Por otro lado, la contratación en el Sur de sistemas de IA de proveedores del Norte, por ejemplo para mejorar los servicios públicos, significará nuevas formas de extracción de riqueza y datos y por ende nuevas formas de dependencia, mayores brechas entre Norte y Sur, etc. Sería importante realizar estudios que midan las repercusiones reales en nuestros países y para estimar el impacto potencial.

En un artículo de opinión publicado hace poco en el New York Times[2], Kai-Fu Lee, (quien encabeza una empresa china de capital de riesgo y preside su Instituto de Inteligencia Artificial), presenta las perspectivas en términos bastante crudos: para el futuro previsible, si bien la IA está muy lejos de poder competir con la inteligencia humana, él reconoce que tiene la capacidad de reconfigurar el sentido del trabajo y de la creación de riqueza, lo que desencadenará la eliminación a amplia escala de empleos, conllevando a desigualdades económicas sin precedentes. Por ello, considera inevitable introducir políticas de transferencia de ingreso de las empresas de IA con alta rentabilidad hacia los sectores sin empleo, lo que será factible –dice– en países como EEUU o China, que tienen el potencial de dominar el sector. Pero, siendo la IA una industria donde la fortaleza engendra mayor fortaleza, la mayoría de países quedarán fuera de esa posibilidad, por lo que “enfrentan dos problemas infranqueables. Primero, la mayoría del dinero que produzca la inteligencia artificial irá a Estados Unidos y China”. Y segundo, tener poblaciones en crecimiento se convertirá en una desventaja, por la escasez de empleos.

Entonces, pregunta qué opciones quedarán para la mayoría de países que no podrán cobrar impuestos a empresas de IA ultra-rentables: “Solo puedo predecir una: a menos que deseen hundir en la pobreza a su gente, se verán obligados a negociar con el país que les proporcione la mayor cantidad de software de inteligencia artificial —China o Estados Unidos— para que en esencia sea dependiente económico de ese país y acepte los subsidios de asistencia social a cambio de que las empresas de inteligencia artificial de la nación ‘madre’ sigan obteniendo ganancias de los usuarios del país dependiente.” El autor estima que las empresas estadounidenses dominarán en los países desarrollados y en algunos en desarrollo, y las empresas chinas en la mayoría de países en desarrollo, arreglo económico que “transformarían las alianzas geopolíticas”.

Sin duda, es un pronóstico influenciado por la perspectiva geopolítica china, pero lo destacamos aquí porque es poco frecuente que el sector empresarial quiera reconocer esta realidad. Se puede pensar que habría otras salidas; no obstante, con la actual inercia en la mayoría de países del Sur frente a esta realidad, aún poco entendida, un escenario parecido al que prevé Kai-Fu Lee parece bastante probable. El Sur permanecería en su rol de proveedor de alimentos y materias primas y se ahondaría su dependencia del Norte.

No hay mucho tiempo para reaccionar, como lo destacó, en su reciente visita a Ecuador, el ex ministro de finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, quien advirtió que el modelo económico actual de ese país suramericano apenas podrá durar unos cinco años más y luego –si no hay un recambio tecnológico–, quedará fuera de la cadena de creación de valor. “El cambio tecnológico se está moviendo rápidamente contra los productores primarios: los países de ingreso bajo o medio que dependen del comercio físico”. A la vez que alabó la sofisticación de la política financiera ecuatoriana frente a la dolarización y la deuda externa y para la redistribución de la renta, consideró que el reto actual es encontrar una sofisticación similar en el sector tecnológico, emulando, por ejemplo, a Estonia o Islandia, con una política de soberanía tecnológica, para que se vuelva un ejemplo para la región y para el proceso de integración regional.

Mientras tanto, las transnacionales del sector se apresuran a derrumbar cualquier barrera que pueda subsistir para su dominio global sobre los mercados y los datos. Avanzaron su agenda, con muy poca resistencia, en los capítulos sobre comercio electrónico de los acuerdos comerciales TPP (Tratado Transpacífico – ya difunto) y TISA (Acuerdo sobre el Comercio de Servicios – por ahora congelado); entonces la apuesta ahora es abrir negociaciones sobre “comercio electrónico” en la Organización Mundial del Comercio (OMC)[3].

Sin duda, el reto de la nueva economía digital apela a una voluntad política clara y contundente, pero también a buscar alianzas. Por el tamaño de las inversiones que requiere, es poco pensable que cualquier país latinoamericano por sí solo pueda encontrar una salida adecuada; pero un bloque de países –como UNASUR– tendría mayor capacidad de desarrollar niveles de respuesta, por lo menos para afirmar soberanía regional en algunas áreas críticas. Le permitiría asimismo acumular más poder de negociación frente a las potencias en IA y sus empresas, como en las instancias globales donde se definen políticas de gobernanza.

 

Este material se compartió con autorización de Biodiversidad en América Latina y el Caribe.

 

 

Líderes del ámbito tecnológico firman una carta para pedir la prohibición de los robots asesinos

116 nombres destacados del sector firman el texto redactado por el experto en inteligencia artificial Toby Walsh. Elon Musk, fundador de Tesla, y Mustafa Suleyman, creador del laboratorio de inteligencia artificial de Google, entre los signatarios.

Un centenar de nombres destacados del mundo de la tecnología, entre ellos Elon Musk, fundador de Tesla, y Mustafa Suleyman, creador del laboratorio de inteligencia artificial de Google, se han sumado a las decenas de organizaciones sociales, movimientos religiosos, comunidades científicas y activistas que desde hace varios años piden la prohibición de las armas autónomas letales, popularmente conocidas como robots asesinos: máquinas capaces de abatir objetivos humanos en el campo de batalla de forma totalmente independiente (sin supervisión humana), a pesar de su incapacidad para distinguir entre objetivos civiles y militares.


En total 116 líderes del ámbito tecnológico de 26 países firmaron la carta (puede leer una traducción al castellano al final de este artículo), redactada por el científico y experto en inteligencia artificial Toby Walsh, y dirigida a las Naciones Unidas, la organización en la que año tras año los gobiernos aplazan la prohibición de esta tecnología militar. Entre los signatarios hay tres directivos españoles: Toni Ferrate (RO-BOTICS), José Manuel del Río (Aisoy Robotics) y Victor Martín (Macco Robotics). “Sabes cómo aprenden [los robots asesinos], pero no qué van a hacer con el conocimiento adquirido”, explicó Toby Walsh a La Marea en diciembre, cuando tuvo lugar la última cita gubernamental para abordar el futuro de los robots asesinos.


Este lunes los Estados que integran la ONU tenían previsto reunirse en el marco de la Convención sobre ciertas armas convencionales, la misma que en el pasado impidió, por ejemplo, el desarrollo de las armas láser, y que ahora se encarga de dictaminar el futuro de las armas autónomas letales (LAWS por sus siglas en inglés). Los Estados que participan en esta convocatoria decidieron crear un nuevo grupo de expertos para determinar los pros y contras de esta tecnología, pero finalmente volvieron a posponer el encuentro de esta semana hasta noviembre. Desde que Naciones Unidas aborda el futuro de los robots asesinos, los gobiernos que participan en la revisión de esta convención han aplazado una y otra vez su decisión. La última vez fue en diciembre de 2016 (La Marea fue el único medio escrito que cubrió la cita).


Los expertos en inteligencia artificial, líderes políticos y religiosos, e incluso premios Nobel de la Paz como Jody Williams advierten sobre los dilemas éticos y legales de permitir que una máquina mate a seres humanos (no es posible determinar el responsable legal de los errores que cometa el aparato), así como el peligro de desplegar armas independientes que, por razones tecnológicas, están incapacitadas para distinguir objetivos civiles y militares. Entre sus razones para prohibir el desarrollo de estas armas también está la necesidad de impedir que prolifere una nueva carrera armamentística.


Carta abierta a la Convención de las Naciones Unidas sobre Ciertas Armas Convencionales:


Nosotros, compañías que construyen la tecnología en inteligencia artificial y robótica que podría ser reutilizada para desarrollar armas autónomas, nos sentimos particularmente responsables de alzar la voz en este sentido. Recibimos con los brazos abiertos la decisión de la Convención de las Naciones Unidas sobre Ciertas Armas Convencionales (CCAC) para establecer un Grupo de Expertos Gubernamentales (GEG) sobre Sistemas Armados Autónomos Letales. Muchos de nuestros investigadores e ingenieros están impacientes por ofrecer asesoramiento técnico a sus deliberaciones.


Aplaudimos el nombramiento del Embajador Amandeep Singh Gill de India al frente del GGE. Rogamos a las Altas Partes Contratantes del GEG a trabajar intensamente en la búsqueda de medios para prevenir una carrera armamentística de este tipo de armas, para proteger a los civiles de su uso indebido, y para evitar los efectos desestabilizadores de esta tecnología. Lamentamos que el primer encuentro del GEG, el cual debería haber empezado hoy (21 de agosto de 2017), haya sido cancelado debido al reducido número de estados dispuestos a pagar su contribución financiera a Naciones Unidas. Por tanto, exhortamos a las Altas Partes Contratantes a duplicar sus esfuerzos durante el primer encuentro del GEG previsto para noviembre.


Las armas autónomas letales amenazan con convertirse en la tercera revolución armamentística. Una vez desarrolladas, darán lugar a conflictos armados a una escala nunca antes vista, y a una velocidad superior a la que los humanos nunca podrán alcanzar. Estas pueden ser armas de terror, armas que los déspotas y terroristas usen contra poblaciones inocentes, y armas susceptibles de ser hackeadas para actuar de forma indeseable. No tenemos mucho tiempo para actuar. Una vez que la Caja de Pandora se haya abierto, será difícil cerrarla. Por tanto, rogamos a las Altas Partes Contratantes que encontren la forma de protegernos de estos peligros.

Fuente: La Marea

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