Proyecto de vacuna contra el SIDA obtiene muy buenos resultados en humanos

Un equipo de investigadores ha informado este fin de semana que las primeras pruebas realizadas han mostrado progresos alentadores, después de que la vacuna experimental testada mostrara una respuesta inmune efectiva contra el virus VIH en humanos.


En un comunicado en The Lancet , el virólogo Dan Barouch, director del estudio, se mostró muy optimista con los resultados de los ensayos. “Representan un hito”, señaló, aunque advirtió junto con otros expertos de que no hay ninguna garantía de que las siguientes pruebas fueran tan positivas. “Debemos ser cautos”, dijo en declaraciones de AFP.


El estudio sí ha concluido, sin embargo, que la vacuna es segura para los humanos y está lo suficientemente avanzada como para lanzar una prueba en 2.600 mujeres en el sur de África.
Antes de realizar una prueba en humanos, los expertos probaron la vacunaen macacos y resultó efectiva en dos tercios del total de la muestra. Tras los buenos resultados, se procedió a testar la vacuna en una muestra de 393 adultos sanos, sin VIH, de entre 18 y 50 años en África Oriental, Sudáfrica, Tailandia y Estados Unidos.


Algunos recibieron una de las posibles combinaciones de vacunas o un placebo, a través de cuatro inyecciones en 48 semanas. Estas combinaciones fueron hechas de diferentes tipos de virus VIH, que se volvieron suficientemente inofensivos, con la esperanza de provocar una respuesta inmune.


Las pruebas, además, concluyeron que la vacuna es segura para los humanos. Solo cinco participantes reportaron efectos adversos, como dolor abdominal, diarrea, mareos o dolor de espalda.
En otro estudio, estas mismas vacunas ofrecieron protección a dos tercios de los 72 macacos a los que los investigadores intentaron inocular el virus.


Los especialistas han recibido la noticia con optimismo. El experto François Venter de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica), subrayó en declaraciones a AFP la “necesidad” de dar con la vacuna definitiva contra el sida.


El francés Jean-Daniel Lelièvre, del Instituto de Investigación de Vacunas, se mostró prudente con el estudio. “Probablemente esta no sea la vacuna final, pero puede ser un avance fenomenal”. Según él, “en el mejor de los casos”, esta investigación producirá una vacuna administrable en “casi 10 años”.


Unas 37 millones de personas viven con VIH o sida, según la Organización Mundial de la Salud, y cada año se contratan otras 1,8 millones. Desde que fue diagnosticada por vez primera a principios de los 80, la enfermedad ha causado la muerte de cerca de 35 millones de personas.


A pesar de los avances médicos en la prevención y tratamiento de la enfermedad, los investigadores insisten en la necesidad de encontrar medidas para evitar el contagio, como la protección durante las relaciones sexuales, utilizar las nuevas jeringas o equipos de esterilización médica.

8 julio 2018
(Con información de AFP)

James Comey, el director del FBI que consiguió ser odiado por Donald Trump y Hillary Clinton


¿Estaría Hillary Clinton en la Casa Blanca y el mundo sería un lugar mejor de no ser por Comey? Conversamos con el exdirector del FBI sobre la conciencia, el arrepentimiento, y la posibilidad de que los votantes de EEUU expulsen a Donald Trump

¿Hay momentos en medio de la noche, después de uno de esos días en que Donald Trump aterroriza al mundo con alguno de sus actos terribles, en que James Comey se siente dominado por un temible pensamiento? ¿Fui yo quien puso a ese hombre en el poder?


La respuesta de Comey es sorprendentemente rápida y directa. "La verdad es que sí. Sobre todo porque la gente me lo dice todo el tiempo. Oigo esa pregunta a menudo".


¿Y qué hace con esa reflexión? "Es muy doloroso. A veces me pregunto, si pudiera retroceder en el tiempo, ¿haría algo profundamente carente de principios? No lo haría. Así que la reflexión solo sirve para hacerme sentir mal, porque creo que Donald Trump está provocando, y seguirá provocando, un gran daño a mi país. Pero eso solo sirve para sentir más dolor".


Han pasado 13 meses desde que Trump despidió a Comey de su puesto como director del FBI, el trabajo que amaba. Comey se enteró de su despido mientras hablaba con agentes del FBI en Los Ángeles: la noticia apareció en las pantallas de televisión al fondo de la sala.


Comey está fuera del cargo pero no de las noticias. Me reuní con él esta semana en Berlín, durante la promoción europea de su libro de memorias A Higher Loyalty (Una lealtad superior). El exdirector del FBI estaba lidiando en ese momento con las consecuencias del informe que el inspector general del Departamento de Justicia había publicado una semana antes sobre dos decisiones fundamentales que Comey tomó en 2016: la que parecía salvar a la candidatura de Hillary Clinton y la que después parecía enterrarla.


En julio de 2016, Comey anunció el fin de una investigación que había durado un año por el uso por Clinton de un servidor de correo electrónico en su casa. También dijo que la candidata no sería procesada. Los republicanos lo tildaron de títere de los demócratas.


Pero luego, a finales de octubre y cuando faltaban menos de dos semanas para las elecciones, Comey reveló que Clinton estaba de nuevo bajo sospecha porque el FBI había reabierto la investigación por el correo electrónico. Esta vez los republicanos se apresuraron a elogiar a Comey como hombre de gran integridad. Las diferencias en las encuestas se estrecharon a toda velocidad y, el 8 de noviembre, Trump ganó la presidencia.


El informe respalda a Comey en la decisión de no llevar a Clinton a juicio, pero desaprueba la manera en que rompió el procedimiento estándar del FBI con sus declaraciones públicas de julio y octubre, en lugar de derivar el tema a sus jefes en el Departamento de Justicia. Para el inspector general del Departamento, el hecho de que en julio de 2016 Comey no informara a los superiores de que iba a hacer una declaración pública fue un acto "extraordinario y de insubordinación".
Lo más probable es que esas palabras condenatorias hayan sido duras para un puntilloso servidor de la ley como Comey, alguien tan cumplidor que en una ocasión en que regaló una corbata a un compañero de trabajo le dijo que la corbata se la había regalado a él su cuñado.


"Mire, cuando leí por primera vez el término insubordinación me desconcertó. ‘¿Cómo?’, pensé. Pero en cierto modo, es así. Si entiendes insubordinación como que yo privé intencionalmente a mis superiores de información que ellos habrían querido tener, sí, es cierto. Y lo hice porque pensé que era lo que tenía que hacer. Una vez que tomé distancia me di cuenta de que sí, en verdad era una descripción justa".


Justo y autocrítico


Es una respuesta clásica de Comey: consciente de sí mismo en lo emocional. Autocrítico. Trata de ser justo y de entender el punto de vista del oponente. Insiste en la lógica y, después de todo eso, sigue convencido de su propia rectitud moral. Tanto su actitud como sus palabras transmiten ese convencimiento.
En la habitación del hotel reservada para las entrevistas, rodeado de múltiples ediciones del libro que esperan su firma, Comey parece relajado. Viste una chaqueta holgada y no lleva corbata ("se está vistiendo de escritor", sugiere el encargado de relaciones públicas en Alemania), y si la culpa y la angustia le roen las entrañas, no hay ningún signo visible de ello.


En lugar de eso, Comey habla como un hombre que se debatió duramente con las decisiones que tuvo que tomar y que en los meses posteriores ha seguido debatiéndose con ellas pero al final se ha declarado a sí mismo vencedor. No lo tortura el arrepentimiento. Como él mismo dice sobre el informe de la semana pasada: "No me siento castigado por él. La reacción inicial fue en parte a la defensiva, creo. Duele ver cómo te critican de esa manera pero al final lo acepto".
¿Qué hay de la revelación de que el propio Comey utilizó una cuenta privada de Gmail para hacer parte de su trabajo en el FBI? ‘¿Pero mis emails?’ reaccionó Hillary Clinton cuando se enteró, en un tuit de tres palabras que se hizo viral. ¿No convierte eso a Comey en un hipócrita?


En absoluto, dice. "A lo largo de la investigación siempre me preocupó que Hillary Clinton no entendiera por qué la estaban investigando", dice, con un tono que podría parecer de condescendencia, para explicar que el problema nunca fue el tipo de correo electrónico que Clinton estaba usando.


"No me importaba lo más mínimo que usara su propio servidor, Gmail o AOL", dice. Lo que le preocupaba era que hubiera un "mal manejo de información confidencial". En su caso, dice que utilizó Gmail solo cuando trabajaba en casa textos públicos, discursos y cosas así, que luego enviaba a su cuenta oficial del FBI. "No hay ninguna acusación que diga que usé mi cuenta de Gmail para hablar de temas confidenciales".


¿Cómo reaccionó Comey cuando supo que el inspector general del Departamento de Justicia había descubierto a dos agentes del FBI enviándose mensajes de texto sobre la campaña en los que uno tranquilizaba al otro para que no se preocupara por la victoria de Trump? "Lo detendremos", decía el agente.


"Me quedé estupefacto cuando oí esas cosas", dice Comey. No tenía idea de que los dos agentes involucrados estaban diciéndose esas cosas, ni sabía que tenían relación entre ellos. De haberlo sabido, dice, les habría retirado inmediatamente de "cualquier investigación delicada".


Está perplejo, añade, porque el agente que escribió ‘lo detendremos’ también ayudó a Comey a redactar la declaración de octubre que tanto daño hizo a Clinton. "Si estaba en el lado de Hillary Clinton, ¿por qué hizo eso? Eso es lo que los partidarios de Trump no logran explicar. Si el FBI estaba al servicio de Clinton, ¿por qué no revelamos la investigación de Rusia?"


Dado que, como deja claro el informe de la semana pasada, Comey no tuvo ningún problema en romper los protocolos del FBI en el caso Clinton, ¿por qué no rompió los protocolos de la misma manera para revelar, el día antes de las elecciones, que el FBI estaba investigando posibles vínculos entre Rusia y la campaña de Trump? Entonces sí podría descansar tranquilo, sabiendo que habría herido tanto a Clinton como a Trump.


"Nunca fue ni siquiera un tema de conversación", dice. "La gente tiende a hablar de eso como si hubiera habido una investigación de Hillary y una de Donald". Pero eso no era cierto, no en ese momento. "El candidato no era el protagonista" de la investigación, explica. Ni siquiera lo era la campaña de Trump.


En esa etapa, dice Comey, todo lo que había era una investigación preliminar sobre cuatro individuos. Revelar que había una investigación en curso habría dañado a la propia investigación. "No sé qué podría haberle dicho al pueblo estadounidense que no hubiera sido tremendamente injusto con un candidato que no estaba siendo investigado".


Estoy a punto de seguir adelante pero hay algo que me sigue molestando. En el libro, Comey dice que, en parte, hizo su declaración de octubre porque temía que, si no lo decía y ganaba Clinton, habría una sombra sobre la legitimidad de su presidencia. Los estadounidenses sentirían que no les habían dado toda la información cuando votaron por ella. ¿Pero no fue eso una ingenuidad suprema? ¿Acaso los republicanos y los medios conservadores no habrían tachado de ilegítima a la presidenta Hillary desde el primer día, independientemente de lo que hubiera hecho Comey, tal y como lo habían hecho antes con su esposo y con Barack Obama?


Las razones de Comey


"Por supuesto, los republicanos y Fox News van a atacar a cualquier demócrata que sea presidente. Pero el ataque es de una magnitud diferente si se basa en que el FBI ocultó (los hechos) al pueblo estadounidense y que, por lo tanto, fabricamos su elección como presidenta de Estados Unidos. Incluso sin Fox News, creo que un estadounidense razonable se habría quedado atónito" al enterarse de que el FBI no había dicho que se reabría la investigación por el uso del correo electrónico.
Algunos de sus detractores creen que las razones de Comey eran mucho menos honorables, que siguió metiéndose en medio de la campaña no sólo por defender la integridad del FBI sino por su propia superviencia. El inspector general lo insinúa cuando escribe que Comey basó sus decisiones en "lo que él creía que eran los intereses institucionales del FBI que le permitirían continuar liderando efectivamente al FBI como director". ¿El ego jugó un papel?


"La respuesta honesta es que no lo creo, en parte porque sabía lo mucho que iba a perjudicarme esto. Sabía que mi decisión de hablar de forma excepcional iba a ser mala para mí en lo personal. Creo que es un buen indicio de que esto no iba de protegerme a mí mismo. Yo sabía que estaba jodido, me parece que es un buen indicador de que no era así".


Ahora es Robert Mueller, su predecesor en la dirección del FBI, quien está en primera línea. El mundo espera su informe sobre la presunta confabulación entre la campaña de Trump y Rusia. Comey advierte a los críticos de Trump de que no se hagan ilusiones.


Por un lado, dice, no sabemos qué encontrará Mueller. La verdad podría no ajustarse al "conjunto concreto de hechos" que la gente está esperando. (Le pregunto si, por lo que él sabe, es creíble la hipótesis de que Rusia se inmiscuyó activamente en el referéndum por el Brexit. Responde de forma enigmática: "Creo que es verosímil y consistente con su comportamiento reciente en los Estados Unidos y con un patrón que lleva tiempo así. Pero no sé lo suficiente y, si lo supiera, tampoco podría decirlo. Así que no puedo hablar del tema").


Por otro lado, es "totalmente posible" que incluso encontrando hechos condenatorios contra Trump, el presidente no sea destituido porque los republicanos controlan ahora ambas cámaras del Congreso.


En lugar de eso, Comey expone su esperanza alternativa (reconoce que algunos puedan considerarla extraña): "Casi espero que el pueblo estadounidense no se libere de su obligación de ir a las urnas en 2020 para decidir entonces cuáles deben ser los valores de un presidente estadounidense".


A Comey le preocupa que una destitución (impeachment) impida un proceso que considera necesario y, al mismo tiempo, acerque la posibilidad de provocar una división en Estados Unidos "que duraría mucho tiempo... Si se delega (el cambio presidencial al Congreso), se alimentaría la idea de que hubo un golpe de Estado profundo y bla, bla, bla". Es mejor que los estadounidenses se deshagan de Trump por sí mismos, en las urnas.


¿Pero lo harán? "Yo confío en que el gigante dormido se despertará si en los próximos dos años y medio se mantiene el debate en nuestro país, del que estoy tratando de formar parte. Pienso en Estados Unidos como en una campana. Hay chiflados en cada extremo y luego el gran bulto del medio es todo el mundo. Están ocupados y distraídos. Ese gigante, ese bulto, sólo se despierta de vez en cuando en Estados Unidos. Y creo que el gigante se está desperezando. Creo que al gigante lo conmueven las imágenes de los niños".


Comey nos ha traído hasta los niños y bebés separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos con México. Las imágenes le recuerdan el encierro de los japoneses-estadounidenses durante la segunda guerra mundial, pero también a las fotos de los niños negros mordidos por perros policías en Birmingham (Alabama), durante la lucha por los derechos civiles en los años sesenta.


"En nuestro país, el gigante se despertó en 1963 y 1964, y eso cambió a nuestro país. Martin Luther King se dirigió a ese gigante con una carta escrita desde la cárcel de Birmingham en la que, básicamente, le decía: ‘Ustedes, personas ocupadas y moderadas, tienen que entrar en el juego’. Y eso pasa de vez en cuando en la historia de los Estados Unidos. Insisto, podría estar tratando de convencerme a mí mismo, pero creo que el gigante se está despertando".


"Cuando uno ve a los niños llorando, siendo separados de sus madres, no puede sino elevar su mirada por encima de los números y de los decretos para preguntarse: ‘¿Qué tipo de personas somos, por el amor de Dios?’ A nivel nacional, levantar la mirada tiene mucho poder y podría convertirse en el punto de inflexión del que estoy hablando. Es el tipo de cosas que despiertan al gigante".


Le pregunto a Comey sobre la amenaza de Trump de perdonarse a sí mismo y a todas las personas involucradas en el escándalo por Rusia. ¿Está en peligro el Estado de derecho en Estados Unidos? Espero una respuesta ambigua o que me diga que me estoy dejando llevar. Pero su respuesta es clara. "Sí. Sí. No a largo plazo, porque nos recuperaremos. Pero si no nos damos cuenta del daño que se le está haciendo ahora mismo, nos llevará más tiempo recuperarnos". Cita entonces los llamamientos de Trump a encerrar a los opositores políticos, también a Comey, un territorio desconocido hasta ahora para un presidente estadounidense.


Aun así, Comey se aferra a la opinión de que, al final, los Estados Unidos se enderezarán a sí mismos. No es el primer punto bajo, dice. "En la década de 1920, uno de cada tres congresistas era miembro del Ku Klux Klan. Joe McCarthy reinó en América entre 1950 y 1954". Pero EEUU se recuperó.


Is Trump in that category, along with McCarthyism and the Klan? “I think he should be understood as channelling the forces of reaction to change in the United States.” Is he as great a menace? “


¿Está Trump en el mismo nivel que el mccarthyismo y el Ku Klux Klan? "Creo que hay que entenderlo como alguien que está potenciando a las fuerzas de la reacción contra el cambio en Estados Unidos". ¿Es una gran amenaza? "Sólo podremos juzgar cuando ya haya pasado, supongo, pero ciertamente no lo será si el gigante se despierta y resistimos la tentación de adormecernos frente a conductas destructoras de las normas".


Comey promete permanecer activo hasta las elecciones de 2020, escribiendo, dando charlas y, tal vez, incluso apoyando a candidatos. Ya no es un republicano de carnet; ahora es independiente. ¿Se presentaría él mismo? "Eso es algo que nunca voy a hacer", dice. Sería un "mal candidato". Odiaría pedir dinero a los demás, se resistiría a decir cosas contradictorias en función del público, y si un opositor presentase un buen argumento en un debate, lo reconocería.


Nunca se sabe, le digo. Esas mismas cualidades podrían ser atractivas para los votantes. "El otro tema es que soy un poco introvertido. No me hace más fuerte hablar en público. No anhelo afirmación o atención. Y tienes que tener un poco de eso en ti".


Se nos acaba el tiempo. En nuestro último minuto juntos, le digo que, de estar en su lugar, me pasaría cada hora del día buscando datos de encuestas y cosas por el estilo, buscando pruebas de que Hillary Clinton no perdió por mi culpa. Yo lo necesitaría.


Comey dice que no fue así para él en el período inmediatamente posterior a las elecciones. "En aquel momento, sólo estaba tratando de no pensar en ello. Creo que me sentía un tanto bloqueado. La verdad es que desde entonces he delegado todo eso en mi esposa, que era una firme partidaria de Hillary Clinton. A ella le interesa mucho encontrar pruebas de que no fui yo. Le encantaría encontrar un estudio definitivo que diga que no fui yo".
¿Y lo ha encontrado?


"Todavía no".

 

24/06/2018 - 20:02h


theguardian
Traducido por Francisco de Zárate

Publicado enInternacional
Malestar en la Universidad y necesidad de una revolución educativa

La Universidad ha sido una institución con un destino paradójico. Los historiadores sin excepción reconocen el carácter plebeyo de su génesis. En los siglos XII y XIII el debate y la confrontación con la iglesia sobre el poder del conocimiento y la libertad de pensar fue la fragua en donde los jóvenes y los sabios locos (recordar a Erasmo) le dieron forma. Ese proceso plebeyo la legitimó como comunidad de sabios.

 

Establecido ese carácter, los sabios convertidos en cuerdos y sensatos la transformaron en un referente para formar a las elites. Los exigentes ritos universitarios para el acceso y la consagración consolidaron su carácter cerrado y elitista. Sólo un puñado de personas formaban parte de tal institución y a esa pequeña elite se podía pertenecer por la vía de la genialidad. El concepto de genio elaborado por Kant en su crítica del juicio, a fines del siglo XVIII, le proporcionó un tinte filosófico a esa posición. La Universidad asumida como el hogar de los genios ha sido una constante, la misma que entró en crisis después de la Segunda Guerra Mundial, cuya expresión culminante fue Mayo de 1968. El detonante de esta crisis fue la ampliación de la matrícula, es decir, el acceso masivo de la juventud a sus aulas, hecho mismo que socavó los fundamentos conceptuales y organizativos del trabajo universitario como estaba establecido. Quien le dio a esa debacle una elaboración sistemática fue Jean Francois Lyotard.

 

En el informe financiado por el Consejo de la Universidad del gobierno de Quebec sobre el saber en las sociedades más desarrolladas, Lyotard burlonamente se definió como alguien que no sabe lo que sabe. Es decir, un filósofo postmoderno que escribe un informe sobre el saber. El informe se lo dedica al Instituto Politécnico de filosofía de la Universidad de Paris VIII (Vincennes) con este comentario: “[…] en el momento en que esta universidad se expone a desaparecer y ese instituto a nacer1”.

 

En su informe Lyotard presenta una perspectiva planetaria de transformación radical del modo como los capitalistas están poniendo la ciencia al servicio de la ganancia. Este modo, dice, cristaliza en la siguiente serie: riqueza, eficiencia y verdad. La génesis de esa serie de tres términos la produce la revolución industrial, que para Lyotard funciona con la siguiente regla: no hay técnica sin riqueza pero tampoco riqueza sin técnica. A ese respecto plantea lo siguiente: “Un dispositivo técnico exige una inversión, pero, dado que optimiza la actuación a la que se aplica, puede optimizar también la plusvalía que resulta de esta mejor actuación”. Y agrega: “[…] Es más el deseo de enriquecimiento que el de saber, el que impone en principio a las técnicas el imperativo de mejora de las actuaciones y de la realización de productos. La conjugación “orgánica” de la técnica con la ganancia precede a su unión con la ciencia2”.

 

A partir de esas nuevas premisas de funcionamiento del capitalismo planetario Lyotard plantea su idea de una ciencia postmoderna. La Universidad resultaba siendo poco funcional para el desarrollo de esa nueva fuente de plusvalía capitalista. El informe es un excelente diagnóstico de la situación de crisis de la Universidad en las nuevas condiciones a las que genéricamente llamó postmoderna. En esas nuevas condiciones, el oficio de profesor era un arcaísmo que debía desaparecer. A ese respecto sostenía: “[…] lo que parece seguro, es que en los dos casos, la deslegitimación y el dominio de la performatividad son el toque de agonía de la era del profesor: éste no es más competente que las redes de memoria para transmitir el saber establecido, y no es más competente que los equipos interdisciplinarios para imaginar nuevas jugadas o nuevos juegos3”.

 

El profesor se desvanece en el aire, como también se desvanece la idea de la autonomía del investigador. Lyotard concluye, con lógica implacable, que quien define las condiciones de la investigación en la ciencia postmoderna es el administrador: “El criterio de performatividad es invocado explícitamente por los administradores para justificar la negativa a habilitar cualquier centro de investigación4”.

 

Los jóvenes estudiantes que ingresan a la Universidad no se pueden desvanecer, quedan como desempleados que ni siquiera figuran en las estadísticas: “[…] los jóvenes presentes en la Universidad son, en su mayor parte, parados no contabilizados en las estadísticas de demanda de empleo. Son, en efecto, excedentes con respecto a las salidas correspondientes a las disciplinas en las que se los encuentra5”.

 

En estas nuevas condiciones, las políticas universitarias son realmente acuerdos entre administradores y empresarios. La retórica de la eficiencia, la productividad, la evaluación, los estándares, los créditos, es un indicador pleno de ese hecho. Esa retórica es planetaria aunque asume formas locales.

 

El malestar que hoy se vive en las universidades es la expresión del hastío creado por ese modo de existencia. En 1998 Jacques Derrida se ocupó de ese malestar en la universidad de Stanford en California. En una serie de conferencias que tituló, “La Universidad sin condición”, la pensó principalmente desde la idea del fin del trabajo. Esta idea desarrollada por Marx en su investigación de la gran industria y de las premisas creadas por ella para hacer el tránsito del reino de la necesidad al reino de la libertad, la aborda Derrida a partir de los trabajos del economista norteamericano Jeremy Rifkin, quien publicó en 1995 un libro con el título “El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era”.

 

Derrida polemiza con Rifkin acerca de las implicaciones que tienen las revoluciones científico-tecnológicas iniciadas con el surgimiento de la gran industria en el futuro del capitalismo planetario y en la posibilidad y necesidad de una sociedad postcapitalista. A ese respecto reconoce el aporte de Marx y Lenin en la visualización de ese horizonte: “Esta problemática del susodicho “fin del trabajo” no estaba ausente de algunos textos de Marx y Lenin. Este último asociaba la reducción progresiva de la jornada de trabajo con el proceso que llevaría a la completa extinción del Estado6”.

 

Respecto a la Universidad, retoma el planteamiento de Lyotard sobre el fin de la era del profesor y lo complementa con la idea de la necesidad del profesorado: “Estamos asistiendo al fin de una determinada figura del profesor y de su supuesta autoridad pero –como he dicho suficientes veces– creo en una determinada necesidad del profesorado7”. Pero la existencia de un profesorado y un alumnado implica la presencia de la Universidad, lo que no resulta funcional para el capitalismo planetario como ya lo vimos. Esa es, en términos aquí sintéticamente delineado, la situación dada hoy en la Universidad.

 

El malestar que los estamentos básicos de la ya casi milenaria realidad de la universidad ponen de manifiesto, responde al modo como el capital y los capitalistas abordan las ciencias y las tecnologías como fuente de plusvalía. La sociedad construida alrededor de la apropiación de la plusvalía en las condiciones de las revoluciones científico-tecnológicas que Lyotard caracterizó como postmoderna, no necesita la universidad. En sentido contrario, la construcción de una sociedad postcapitalista no puede prescindir de la tradición plebeya que está en la génesis de tal institución. Esta tradición considera la experiencia del conocimiento un hecho intrínseco a la humanidad toda, y no un privilegio de las élites. Borges, el humanista, lo formula en los siguientes términos en su ensayo “Pierre Menard autor del Quijote”: “Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será8”.

 

El porvenir de la experiencia universitaria en una sociedad postcapitalista está en juego aquí y ahora. Esa problemática tiene su modo local de manifestarse pero actualmente recorre todo el planeta, no precisamente al modo de un fantasma sino como actos reales de lucha en Chile, Grecia, España, Francia, Colombia. El malestar en la Universidad es un asunto local y global.

 

Lo global compromete una perspectiva sintética de la experiencia humana. La humanidad está enfrentada a retos planetarios cuya solución sólo son posible por la acción conjunta de ciudadanos y trabajadores ilustrados. La formación de esas personas es una tarea que tiene en la Universidad la clausura de un proceso de apropiación del patrimonio común de la humanidad, y que habilita a quien lo concluye para las tareas del mantenimiento de ese patrimonio y de su enriquecimiento. Asuntos como el cambio climático, la preservación de la biosfera, el cuidado de la biodiversidad y proyectos complejos como el de la exploración espacial, el proyecto genoma humano y otros, requieren el esfuerzo convergente de profesionales y científicos de las ciencias de la mente, de las ciencias de la vida y de las ciencias de la administración racional de la abundancia.

 

La Universidad que es necesario construir para superar el actual malestar, no es posible sin una revolución educativa permanente. Esta tarea tiene sus modos locales de ser asumida, y en el caso colombiano esa empresa es urgente; ella es una premisa básica para enfrentar los problemas de la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la ausencia de democracia política y democracia económica. La solución de esos problemas permitirá abordar de modo creativo el cuidado de la riqueza de la Amazonía, la Orinoquía, el Pacífico, el macizo Andino, para mencionar ámbitos geográficos y biológicos específicos. La revolución educativa permanente, como horizonte de la actuación cultural y política, es el reto que nos plantea el actual malestar en la Universidad.

 

1 Lyotard J. F. La Condición Postmoderna. Ed. Catedra. Madrid, 1989, p. 11.
2 Ibídem, p. 84.
3 Ibídem, p. 98.
4 Ibídem, p. 88.
5 Ibídem, pp 91-92.
6 J. Derrida. Universidad sin condición. Ed. Trotta. Madrid, 2.002.
7 Ibídem, p. 69.
8 J.L. Borges. Narraciones. Ed. Oveja Negra. Bogotá, 1983. p. 64.

Publicado enColombia
Domingo, 03 Junio 2018 07:12

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enColombia
Lunes, 28 Mayo 2018 10:53

El ruido de la ausencia

El ruido de la ausencia

Colombia se apresta a elegir al próximo presidente de la República. El número exacto en la lista de presidentes no es exactamente claro, debido a circunstancias como la Patria Boba, o las numerosas guerras del siglo XIX.

 

Colombia, el candidato a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico); el país miembro del grupo de Civets (presuntamente el grupo de vanguardia en el futuro de la economía después de los países Brics); la cuarta economía de América Latina, después de Brasil, México y Chile; la Atenas Suramericana, como jocosamente aún alguna aerolínea lo anuncia al aterrizar en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, siguiendo una leyenda urbana que se remonta a los comienzos del siglo XX; en fin, si se quiere, Colombia, el país que más universidades está logrando situar en los grandes escalafones universitarios mundiales en la región, al lado de Brasil, Chile y México.

 

Pues bien, una mirada atenta a los discursos, los pronunciamientos, incluso las entrevistas de los candidatos a la presidencia 2018-2022 pone en evidencia que no ha habido absolutamente ninguna palabra acerca de propuestas, políticas, planes de ciencia y tecnología. Sí hay, y variadas, propuestas sobre educación; desde luego sobre política internacional; sobre políticas de centralización y descentralización, políticas sociales de diversa índole. Pero ni una sola palabra acerca de la ciencia y la tecnología.

 

Dicho puntualmente, la ciencia y la tecnología no existe ni en las agendas de los candidatos a la presidencia, ni en la de sus grupos de asesores, ni tampoco en los periodistas que indagan, consultan y cuestionan.

 

El Estado y la política frente a la ciencia y la tecnología

 

Esta circunstancia no es extraña. Todo lo contrario, es perfectamente congruente con la historia misma del país. Nunca ha habido una preocupación seria por parte del Estado ni de la clase política acerca de la ciencia y la tecnología (CyT).

 

Nunca en la historia del país se logró que el presupuesto de inversión en (CyT) fuera superior al 0.5 por ciento del PIB. Jamás se logró la creación de un ministerio de (CyT).

 

Santos desplazó a Colciencias –el Departamento Administrativo sobre el tema– hacia el Departamento de Planeación Nacional. El candidato Gustavo Petro, quien más se ha acercado al tema, sencillamente propuso que Colciencias pase a ser una dependencia del Ministerio de Educación, lo cual podría tener buenas intenciones de cara a la educación, pero no dice una palabra acerca de (CyT).

 

Digámoslo de manera franca y directa, las élites colombianas jamás han estado sinceramente interesadas en ciencia y tecnología como un asunto de política pública. Los logros alcanzados ocasionalmente en materia de ciencia, tecnología e investigación es más el resultado del trabajo denodado de investigadores individuales y grupos de investigación, antes que el resultado de políticas de apoyo por parte del gobierno o el Estado. Las universidades han hecho lo suyo, pero buena parte de la motivación resulta del hecho de que a un mayor prestigio en calidad académica y de investigación resultan más matrículas y más dinero que ingresa por conceptos como aportes del sector privado.

 

Ante una mirada y un oído sensibles, es atronador el silencio en la política en materia de ciencia y tecnología. Lo cual significa desconocer que el apoyo a la (CyT) se traduce en más y mejores condiciones de vida para la población, más y mejor infraestructura, alimentación, servicios de salud, esperanzas y expectativas de vida, en fin, mayor cuidado del medio ambiente y de la naturaleza.


De un lado, ni las universidades, que invitan a los candidatos a presentar sus programas, les han abierto los ojos a los políticos acerca del tema; y de otra parte, ni los políticos, sus partidos, movimientos y grupos de asesores han caído en la importancia del conocimiento y la información para el desarrollo de la sociedad.


Temas y asuntos como la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento y la sociedad de redes, permanecen al margen de las preocupaciones políticas. Es cierto que sí existen planes por parte del Gobierno para pasar del sistema wifi al wimax; es verdad que hay conciencia en algunos sectores acerca del significado de la cuarta revolución industrial, por ejemplo. Pero en el mapa amplio y profundo de la política esos planes representan apenas asuntos de mera gobernabilidad antes que de estrategias políticas en el sentido preciso y fuerte de la palabra.

 

Y no importa si los candidatos son de extrema derecha, de derecha, de centro, de cualquier variedad de la izquierda. Los partidos y movimientos políticos en Colombia no saben de ciencia y tecnología. Ello en marcado contraste con diversos movimientos sociales y políticos desde abajo que sí están aprendiendo y han aprendido de la importancia del conocimiento y la investigación para mejorar sus condiciones de vida; la dignidad y la calidad de vida.

 

Ciencia y tecnología y posibilidades de vida

 

No existe la más mínima duda: en la historia, los países que han invertido en ciencia y en tecnología logran desarrollar políticas sociales y medioambientales que se traducen en mayor gratificación de la existencia. Los índices de felicidad y de satisfacción de la vida consigo misma, son mayores en esos países

 

En la historia, los casos son perfectamente conocidos, pero más recientemente, se trata de países como Irlanda, Corea, Israel, Indonesia y Chile, para mencionar tan sólo un puñado de países que recientemente han invertido de manera significativa en ciencia, tecnología e investigación y sus índices de desarrollo, crecimiento y calidad de vida han aumentado de manera importante.

 

En Colombia sigue prevaleciendo ampliamente la innovación como el modelo de transferencia tecnológica. No existe en Colombia una política pública de apoyo a la innovación, y de manera atávica la entienden, los responsables de lo público, simple y llanamente como emprendimiento. Que es tan torpe como confundir el fuego con el calor, o la lluvia con inundaciones, por ejemplo. Colombia nunca ha hecho hasta la fecha de la innovación un asunto de política pública.

 

Sería interesante realizar un muestreo de las facultades de derecho y gobierno, ciencia política y relaciones internacionales –independientemente del nombre– en las que existen sistemáticamente planes de estudio sobre política de ciencia y tecnología. Reina el silencio, el abandono y el desconocimiento. En Colombia la política y la ciencia y la tecnología no se han llegado a encontrar, ni desde la teoría, ni desde el estudio ni en la práctica.

 

Un mapa congruente que se traduce en violencia, inequidad, injusticia e impunidad. La historia gruesa y oficial de la República de Colombia.

 

Ciencia y tecnología y educación

 

El ministerio de educación nacional (MEN) ha volcado todas sus apuestas de formación de niños, jóvenes y adolescentes en tres criterios: competencias argumentativas, competencias propositivas y competencias interpretativas, todo lo cual, presuntamente se traducirían en competencias ciudadanas. Un embeleco, la verdad sea dicha.

 

Los niños y jóvenes deben hacerse competitivos y desarrollar competencias –todo lo cual pone en evidencia que es el mercado y no la educación por sí misma la que determina los criterios de la educación y la formación. Al fin y al cabo, el sistema de libre mercado se rige por la competitividad, y no sabe nada de cooperación. Confunde, al cabo, la cooperación con programas asistencialistas, dos cosas perfectamente distintas.

 

Los niños y jóvenes se están formando con criterios guerreristas antes que de solidaridad, comensalismo, mutualismo o cooperación. La lucha contra la pobreza, la lucha contra la enfermedad, la lucha por la supervivencia, en fin, cada cual sálvese por sí mismo. Políticas educativas semejantes crean una sociedad indolente, egoísta, ciega.

 

En Brasil, ante el asesinato de una líder social, Marielle Franco, la sociedad civil entera se lanzó a las calles a protestar. En Honduras, el asesinato de la defensora del medioambiente Berta Cáceres produjo una respuesta solidaria de envergadura nacional y mundial. En España, la violación de una mujer por parte de un grupo de amigos conocido como la Manada y la subsecuente condena débil por parte de un juez hizo que toda España se levantara contra la impunidad y la injusticia. En Argentina, la desaparición y muerte del líder social Santiago Maldonado produjo un movimiento de protesta y solidaridad que perdura hasta la fecha. Los ejemplos y casos pueden multiplicarse alrededor del mundo.

 

En Colombia, según diversas fuentes, después de los Acuerdos de La Habana, han sido asesinados alrededor de 200 líderes sociales. Desde el año 2016 han caído asesinados más de 110 defensores de derechos humanos. Pero no se sienten las protestas y los reclamos en las calles en contra de los asesinatos, crímenes y atentados.

 

Colombia es un país de una extremada violencia, traducida en egoísmo y miedo. Y entonces, claro, la falta de cooperación y solidaridad salta ante la vista. Pues bien, un sistema que promueve la competitividad y no la cooperación es una un sistema que apoya, por acción o por omisión, la violencia, la injusticia, la inequidad, la pobreza y la indolencia. Que cada quien se salve a sí mismo, eso es lo construido por décadas desde el sistema educativo y desde las políticas públicas.

 

Competencias educativas, competencias ciudadanas: conceptos erróneos y peligrosos.

 

¿Qué significa una educación y cultura en ciencia y tecnología?

 

En la Grecia antigua, la ciencia y la filosofía fueron el resultado de la política y el derecho. Los debates dejaron de resolverse a las armas, y los argumentos pasaron al primer plano. Argumentos, pruebas, demostraciones, datos, recurso a la experiencia, pensamiento crítico, y mucha libertad. Ese es el modelo que alimenta a Occidente.

 

La formación en ciencia tiene muchos componentes; así por ejemplo, es el reconocimiento del valor de la palabra, de lo argumentos, de los juicios bien construidos. Se trata del hecho de que un conjunto de enunciados no vale nada si la experiencia demuestra lo contrario, lo cual pone en el foco de la mirada la importancia de los hechos, de los datos. Es imposible hacer buena ciencia sin una buena base de datos.

 

Asimismo, la formación en ciencia es el reconocimiento explícito de que los argumentos de autoridad no tienen absolutamente ningún valor. En ciencia no valen las autoridades, sino los experimentos, las reflexiones, los juicios críticos y ponderados a la vez.

 

En ciencia la opinión no vale de nada. Ello en marcado contraste con el modelo liberal de la sociedad que se funda en la libertad de opinión y en la importancia de los formadores de opinión y de los grandes medios de comunicación. Ya Sócrates lo señalo de manera precisa. La opinión, los saberes circulantes, los lugares comunes deben ser radicalmente eliminados y transformados en conceptos. Una idea guía de una inmensa carga democrática.

 

La educación en ciencia forma ciudadanos con criterios propios, reflexivos, críticos. En ciencia, en contraste con el mundo de la política y los negocios, los consensos y los acuerdos no son lo importante. Por el contrario, se promueve la discusión, el debate, la crítica, la reflexión. El mundo de la ciencia no está construido sobre consensos, acuerdos y pactos, sino sobre pruebas y contra-pruebas, refutaciones, mejores experimentos y la elaboración de interpretaciones más consistentes.

 

El Magistrado Carlos Gaviria ya lo decía en algún momento. Grosso modo, la historia de Colombia ha sido la historia del Derecho, puesto que la gran mayoría de los gobernantes fueron formados en el Derecho. Más recientemente, a la responsabilidad del Derecho se suma la responsabilidad misma de la economía, la administración y las finanzas. Grosso modo, las élites colombianas se vienen formando principalmente en estas áreas. Y ellas no saben de ciencia, de tecnología, de investigación. Son eminentemente instrumentales y efectistas. Su lenguaje es el del crecimiento, la eficacia, la eficacia, y la competitividad, notablemente. Todo lo contrario a la ciencia, prima facie.

 

La investigación científica existe hoy en día con base en redes, y promueve a su vez ampliamente las redes: redes de colaboración, redes académicas, redes de citación, redes de investigación. Pues bien, al interior de las redes lo que prima es la colaboración y no la competencia o el egoísmo, el individualismo y la sospecha.

 

Una educación fundada en competencias le hace un flaco favor a la justicia y la igualdad.

 

Los políticos en toda la línea de la palabra, candidatos o no, poco y nada saben de ciencia. Y el más popular de ellos amenaza a sus oponentes, los testigos de sus actos son misteriosamente asesinados, y alrededor suyo se impone una red de silencio y complicidad. Literalmente, se llama el innombrable porque no merece ser nombrado.

 

Los partidos políticos, los movimientos políticos, deben asumir la responsabilidad que tienen ante la ignorancia que tienen ante la ciencia y la tecnología; en el país y en el mundo.

 

Repetimos, frente a esos políticos hay movimientos sociales que sí saben, están aprendiendo y estudian temas de ciencia y tecnología. Pareciera ser que el futuro del país puede encontrarse en estos movimientos sociales con la condición de que logren dinámicas políticas de amplio alcance.

 

Mientras tanto, en materia de conocimiento bien vale un juicio crítico, negativo o de abstención frente a las élites políticas y los candidatos en curso. El ruido de la ausencia.

Publicado enEdición Nº246
Malestar en la Universidad y necesidad de una revolución educativa

La Universidad ha sido una institución con un destino paradójico. Los historiadores sin excepción reconocen el carácter plebeyo de su génesis. En los siglos XII y XIII el debate y la confrontación con la iglesia sobre el poder del conocimiento y la libertad de pensar fue la fragua en donde los jóvenes y los sabios locos (recordar a Erasmo) le dieron forma. Ese proceso plebeyo la legitimó como comunidad de sabios.

 

Establecido ese carácter, los sabios convertidos en cuerdos y sensatos la transformaron en un referente para formar a las elites. Los exigentes ritos universitarios para el acceso y la consagración consolidaron su carácter cerrado y elitista. Sólo un puñado de personas formaban parte de tal institución y a esa pequeña elite se podía pertenecer por la vía de la genialidad. El concepto de genio elaborado por Kant en su crítica del juicio, a fines del siglo XVIII, le proporcionó un tinte filosófico a esa posición. La Universidad asumida como el hogar de los genios ha sido una constante, la misma que entró en crisis después de la Segunda Guerra Mundial, cuya expresión culminante fue Mayo de 1968. El detonante de esta crisis fue la ampliación de la matrícula, es decir, el acceso masivo de la juventud a sus aulas, hecho mismo que socavó los fundamentos conceptuales y organizativos del trabajo universitario como estaba establecido. Quien le dio a esa debacle una elaboración sistemática fue Jean Francois Lyotard.

 

En el informe financiado por el Consejo de la Universidad del gobierno de Quebec sobre el saber en las sociedades más desarrolladas, Lyotard burlonamente se definió como alguien que no sabe lo que sabe. Es decir, un filósofo postmoderno que escribe un informe sobre el saber. El informe se lo dedica al Instituto Politécnico de filosofía de la Universidad de Paris VIII (Vincennes) con este comentario: “[…] en el momento en que esta universidad se expone a desaparecer y ese instituto a nacer1”.

 

En su informe Lyotard presenta una perspectiva planetaria de transformación radical del modo como los capitalistas están poniendo la ciencia al servicio de la ganancia. Este modo, dice, cristaliza en la siguiente serie: riqueza, eficiencia y verdad. La génesis de esa serie de tres términos la produce la revolución industrial, que para Lyotard funciona con la siguiente regla: no hay técnica sin riqueza pero tampoco riqueza sin técnica. A ese respecto plantea lo siguiente: “Un dispositivo técnico exige una inversión, pero, dado que optimiza la actuación a la que se aplica, puede optimizar también la plusvalía que resulta de esta mejor actuación”. Y agrega: “[…] Es más el deseo de enriquecimiento que el de saber, el que impone en principio a las técnicas el imperativo de mejora de las actuaciones y de la realización de productos. La conjugación “orgánica” de la técnica con la ganancia precede a su unión con la ciencia2”.

 

A partir de esas nuevas premisas de funcionamiento del capitalismo planetario Lyotard plantea su idea de una ciencia postmoderna. La Universidad resultaba siendo poco funcional para el desarrollo de esa nueva fuente de plusvalía capitalista. El informe es un excelente diagnóstico de la situación de crisis de la Universidad en las nuevas condiciones a las que genéricamente llamó postmoderna. En esas nuevas condiciones, el oficio de profesor era un arcaísmo que debía desaparecer. A ese respecto sostenía: “[…] lo que parece seguro, es que en los dos casos, la deslegitimación y el dominio de la performatividad son el toque de agonía de la era del profesor: éste no es más competente que las redes de memoria para transmitir el saber establecido, y no es más competente que los equipos interdisciplinarios para imaginar nuevas jugadas o nuevos juegos3”.

 

El profesor se desvanece en el aire, como también se desvanece la idea de la autonomía del investigador. Lyotard concluye, con lógica implacable, que quien define las condiciones de la investigación en la ciencia postmoderna es el administrador: “El criterio de performatividad es invocado explícitamente por los administradores para justificar la negativa a habilitar cualquier centro de investigación4”.

 

Los jóvenes estudiantes que ingresan a la Universidad no se pueden desvanecer, quedan como desempleados que ni siquiera figuran en las estadísticas: “[…] los jóvenes presentes en la Universidad son, en su mayor parte, parados no contabilizados en las estadísticas de demanda de empleo. Son, en efecto, excedentes con respecto a las salidas correspondientes a las disciplinas en las que se los encuentra5”.

 

En estas nuevas condiciones, las políticas universitarias son realmente acuerdos entre administradores y empresarios. La retórica de la eficiencia, la productividad, la evaluación, los estándares, los créditos, es un indicador pleno de ese hecho. Esa retórica es planetaria aunque asume formas locales.

 

El malestar que hoy se vive en las universidades es la expresión del hastío creado por ese modo de existencia. En 1998 Jacques Derrida se ocupó de ese malestar en la universidad de Stanford en California. En una serie de conferencias que tituló, “La Universidad sin condición”, la pensó principalmente desde la idea del fin del trabajo. Esta idea desarrollada por Marx en su investigación de la gran industria y de las premisas creadas por ella para hacer el tránsito del reino de la necesidad al reino de la libertad, la aborda Derrida a partir de los trabajos del economista norteamericano Jeremy Rifkin, quien publicó en 1995 un libro con el título “El fin del trabajo. Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo: el nacimiento de una nueva era”.

 

Derrida polemiza con Rifkin acerca de las implicaciones que tienen las revoluciones científico-tecnológicas iniciadas con el surgimiento de la gran industria en el futuro del capitalismo planetario y en la posibilidad y necesidad de una sociedad postcapitalista. A ese respecto reconoce el aporte de Marx y Lenin en la visualización de ese horizonte: “Esta problemática del susodicho “fin del trabajo” no estaba ausente de algunos textos de Marx y Lenin. Este último asociaba la reducción progresiva de la jornada de trabajo con el proceso que llevaría a la completa extinción del Estado6”.

 

Respecto a la Universidad, retoma el planteamiento de Lyotard sobre el fin de la era del profesor y lo complementa con la idea de la necesidad del profesorado: “Estamos asistiendo al fin de una determinada figura del profesor y de su supuesta autoridad pero –como he dicho suficientes veces– creo en una determinada necesidad del profesorado7”. Pero la existencia de un profesorado y un alumnado implica la presencia de la Universidad, lo que no resulta funcional para el capitalismo planetario como ya lo vimos. Esa es, en términos aquí sintéticamente delineado, la situación dada hoy en la Universidad.

 

El malestar que los estamentos básicos de la ya casi milenaria realidad de la universidad ponen de manifiesto, responde al modo como el capital y los capitalistas abordan las ciencias y las tecnologías como fuente de plusvalía. La sociedad construida alrededor de la apropiación de la plusvalía en las condiciones de las revoluciones científico-tecnológicas que Lyotard caracterizó como postmoderna, no necesita la universidad. En sentido contrario, la construcción de una sociedad postcapitalista no puede prescindir de la tradición plebeya que está en la génesis de tal institución. Esta tradición considera la experiencia del conocimiento un hecho intrínseco a la humanidad toda, y no un privilegio de las élites. Borges, el humanista, lo formula en los siguientes términos en su ensayo “Pierre Menard autor del Quijote”: “Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el porvenir lo será8”.

 

El porvenir de la experiencia universitaria en una sociedad postcapitalista está en juego aquí y ahora. Esa problemática tiene su modo local de manifestarse pero actualmente recorre todo el planeta, no precisamente al modo de un fantasma sino como actos reales de lucha en Chile, Grecia, España, Francia, Colombia. El malestar en la Universidad es un asunto local y global.

 

Lo global compromete una perspectiva sintética de la experiencia humana. La humanidad está enfrentada a retos planetarios cuya solución sólo son posible por la acción conjunta de ciudadanos y trabajadores ilustrados. La formación de esas personas es una tarea que tiene en la Universidad la clausura de un proceso de apropiación del patrimonio común de la humanidad, y que habilita a quien lo concluye para las tareas del mantenimiento de ese patrimonio y de su enriquecimiento. Asuntos como el cambio climático, la preservación de la biosfera, el cuidado de la biodiversidad y proyectos complejos como el de la exploración espacial, el proyecto genoma humano y otros, requieren el esfuerzo convergente de profesionales y científicos de las ciencias de la mente, de las ciencias de la vida y de las ciencias de la administración racional de la abundancia.

 

La Universidad que es necesario construir para superar el actual malestar, no es posible sin una revolución educativa permanente. Esta tarea tiene sus modos locales de ser asumida, y en el caso colombiano esa empresa es urgente; ella es una premisa básica para enfrentar los problemas de la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la ausencia de democracia política y democracia económica. La solución de esos problemas permitirá abordar de modo creativo el cuidado de la riqueza de la Amazonía, la Orinoquía, el Pacífico, el macizo Andino, para mencionar ámbitos geográficos y biológicos específicos. La revolución educativa permanente, como horizonte de la actuación cultural y política, es el reto que nos plantea el actual malestar en la Universidad.

 

1 Lyotard J. F. La Condición Postmoderna. Ed. Catedra. Madrid, 1989, p. 11.
2 Ibídem, p. 84.
3 Ibídem, p. 98.
4 Ibídem, p. 88.
5 Ibídem, pp 91-92.
6 J. Derrida. Universidad sin condición. Ed. Trotta. Madrid, 2.002.
7 Ibídem, p. 69.
8 J.L. Borges. Narraciones. Ed. Oveja Negra. Bogotá, 1983. p. 64.

Publicado enEdición Nº246
La Nasa enviará a Marte un helicóptero miniatura en 2020

El aparato tiene un fuselaje un poco más grande que una pelota de beisbol y pesa menos de 1.8 kilogramos

Deberá buscar indicios de que hubo vida y evaluar los recursos naturales

La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa) anunció su intención de enviar en 2020 un helicóptero a Marte, aparato miniatura similar a un dron que permitirá profundizar en el conocimiento sobre ese planeta.

El aparato, llamado The Mars Helicopter, tiene un fuselaje apenas un poco más grande que una pelota de beisbol y pesa menos de 1.8 kilogramos.

Tendrá como misión viajar desde la Tierra con el Mars 2020, un robot sobre ruedas que debe estudiar la habitabilidad del planeta, buscar indicios de que anteriormente hubo vida, así como evaluar los recursos naturales y los peligros que podrían enfrentar exploradores humanos.

El lanzamiento está previsto para julio de 2020 y su llegada a Marte en febrero de 2021.

La Nasa está orgullosa de su historia de pionera, señaló Jim Bridenstine, jefe de la agencia espacial, mediante un comunicado. La idea de que un helicóptero vuele en el cielo de otro planeta es emocionante.

La iniciativa surgió en agosto de 2013 como un plan de desarrollo del laboratorio dede Propulsión a Chorro de la Nasa (JPL, pos sus siglas en inglés).

Para volar en la atmósfera marciana, el aparato debe ser extremadamente ligero y potente.

“La altitud récord alcanzada por un helicóptero sobre la Tierra es de unos 12 mil metros, destacó Mimi Aung, jefa de proyecto de Mars Helicopter de JPL.

Según ella, la atmósfera de Marte representa el uno por ciento de la terrícola, por tanto cuando nuestro helicóptero esté sobre la superficie marciana se encontrará a un equivalente sobre la Tierra de 30 mil 500 metros.

El aparato está equipado de paneles solares para recargar las baterías, iones de litio y un dispositivo de calefacción para mantenerlo caliente durante las frías noches marcianas, precisó la Nasa. Será manejado desde la Tierra y contará con unos minutos de desfase.

Para la Nasa, es una hazaña tecnológica con altos riesgos e importantes beneficios.

Thomas Zurbuchen, de la Nasa, explicó: La capacidad de ver claramente lo que hay detrás de la próxima colina es fundamental para los futuros exploradores.

“Ya disponemos de magníficas vistas de Marte desde la superficie y en órbita. Con la nueva dimensión de una vista aérea gracias al marscopter, sólo podemos imaginar lo que las misiones podrán llevar a cabo en el futuro”, concluyó.

 

China construye el túnel de viento hipersónico más potente del mundo

En el túnel aerodinámico más rápido del mundo se realizarán pruebas de aviones hipersónicos capaces de viajar a velocidades increíbles.

 

China ha afirmado que está construyendo "el túnel de viento hipersónico más rápido del mundo" para utilizarlo en el desarrollo de aviones ultrarrápidos.


Según Xinhua, el túnel aerodinámico, de 265 metros de longitud, se podría emplear para probar aviones hipersónicos capaces de viajar a velocidades de hasta 25 Mach (30.625 kilómetros por hora), lo que es 25 veces la velocidad del sonido.


Los túneles de viento sirven para probar cómo el aire pasa sobre un objeto sólido, con lo que los diseñadores pueden mejorar la aerodinámica o reducir los puntos de estrés cuando los objetos alcanzan altas velocidades, destaca el portal Phys.org.


La Academia de Ciencias de China ya simuló un vuelo de avión hipersónico en su túnel de viento actual a velocidades "que van desde 5 y hasta 9 Mach", según Han Guilai, especialista de la institución. El investigador indicó que "el nuevo túnel ayudará a la aplicación técnica de la tecnología hipersónica al duplicar el entorno de vuelos extremadamente hipersónicos".


En febrero se publicó una investigación china que reveló un modelo de avión capaz de transportar gente y carga desde Pekín a Nueva York en dos horas.
Phys.org señala que el potente túnel de viento chino podría utilizarse también para probar la tecnología de misiles hipersónicos. Anteriormente, el Pentágono mostró preocupación por el hecho de que "Rusia y China desarrollen de manera agresiva las capacidades hipersónicas", un nuevo tipo de armas contra las que EE.UU. no podría defenderse por el momento.

 

Publicado: 24 mar 2018 10:27 GMT

Putin planea llevar humanos a la Luna y Marte en 2019

El presidente ruso, Vladimir Putin anunció que enviará misiones tripuladas a la Luna y a Marte en los próximos años con el fin de retomar la carrera espacial de la URSS.
En esta oportunidad el desafío para Rusia no será nada fácil. Ahora tendrá que competir no solo con EE.UU. para llegar primero a Marte, sino también con empresas privadas como la famosa SpaceX de Elon Musk.


Según los planes del presidente de Rusia, los primeros módulos llegarán a Marte para el 2019 con sondas y rovers. Putin no explicó cómo lo haría con una ventana de tiempo tan corta y con objetivos tan complejos como los planteados.


Además la agencia espacial rusa intentará enviar seres humanos a los polos de la Luna. Esto se debe a que creen que aquí puede haber mucha más agua que en otras partes del satélite. De igual manera Putin declaró que la luna será útil como un punto de partida para seguir estudiando y explorando otros planetas.


La carrera por llevar los primeros humanos a Marte ya empezó hace mucho tiempo. El más claro ejemplo es el de Elon Musk, que hace unas semanas lanzó el Falcon Heavy al espacio y mandó un Tesla Roadster a la órbitar del sol


La carrera espacial ha pasado de una etapa “fría” a una “caliente”, al anunciar Vladimir Putin una misión no tripulada rusa a Marte el próximo año.


Esta nave no tripulada se trataría simplemente del preámbulo para el envío de misiones tripuladas para eventualmente cumplir el sueño de colonizar el planeta rojo.


Las declaraciones fueron echas en el marco de un documental realizado por Andrey Kondrashov. En el mismo, Putin aceptó que se planean estas misiones tripuladas y no tripuladas al planeta hermano de la tierra.


“La misión más cercana ocurrirá muy pronto, estamos planeando una misión a Marte en el 2019”, señaló el mandatario ruso.


El anuncio de Putin lo pone a competir no simplemente contra la NASA, sino contra las ambiciones espaciales de la iniciativa privada, que busca apoderarse de la carrera espacial con iniciativas como SpaceX, de Elon Musk.

17 marzo 2018 | 15
(Tomado de elmercurio.com.mx y varias agencias)

Publicado enInternacional
Crean primer embrión con células humanas y de ovejas

Investigadores de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) desarrollaron en el laboratorio el primer embrión híbrido que contiene células madre de seres humanos y ovejas, con el objetivo de explorar nuevas alternativas a la escasez de órganos.

El trabajo, presentado en el encuentro anual de la Asociación Estadunidense para el Avance de la Ciencia, realizado en Austin, Texas, se ha basado en la misma técnica que hace un año permitió a investigadores estadunidenses cultivar células humanas en embriones de cerdo.

En este caso, según informó The Guardian, los investigadores lograron cultivar embriones de oveja con células humanas, y el objetivo a largo plazo es poder aprovechar esta técnica con células de pacientes que necesiten un trasplante, ya que, de esa forma, los tejidos resultantes serían compatibles con su sistema inmune y no habría posibilidad de rechazo.

"Podría llevarnos cinco años o incluso 10, pero creo que al final podremos conseguirlo", aseguró el experto Hiro Nakauchi, quien colabora en la investigación.

En busca de desarrollar órganos

En este caso se ha conseguido un híbrido en el que aproximadamente una de cada 10 mil células eran humanas, sostuvo Pablo Ross, investigador de la Universidad de California en Davis, quien también trabaja en la creación de órganos humanos en otras especies.

De hecho, esta proporción es mucho mayor a la conseguida con los híbridos de cerdos, en los que una de cada 100 mil células eran humanas, aunque aclara que todavía sigue siendo suficiente para tener éxito, ya que se necesita al menos uno por ciento para que resulte viable.

Los científicos utilizaron técnicas de edición del genoma para desarrollar embriones de oveja que no puedan desarrollar un páncreas, de modo que las células humanas introducidas crezcan hasta formar el órgano que falta. Un avance que, además, contribuiría a una solución para abordar la diabetes.