Abacus, la supercomputadora más potente de AL, es hoy una realidad

Abacus, la supercomputadora más importante en América Latina, es ahora una realidad y se encuentra en México.

Sus características sorprenden: posee una capacidad similar a la que tendrían 25 mil computadoras portátiles operando al mismo tiempo; es decir, puede almacenar 6 mil veces todos los libros (220 mil volúmenes) que se encuentran en la Biblioteca de México José Vasconcelos y transferir, en un parpadeo, el contenido equivalente a 13 discos en formato devedé.

Se trata de una nueva herramienta para impulsar programas de investigación científica especializados de alto nivel en el país. Uno de sus proyectos más relevantes, que se encuentra ya en marcha, es conseguir por vez primera un modelo fiel de los procesos neuronales del cerebro.

Abacus comenzó a operar hace dos años en el Laboratorio de Matemáticas Aplicadas y Cómputo de Alto Rendimiento Cinvestav-EdoMex, que será inaugurado formalmente en algunas semanas por el presidente Enrique Peña Nieto.

Su política de uso también la hace muy importante, porque dará acceso a gran poder de cómputo a especialistas de todo el país que trabajen en investigaciones de resonancia nacional y mundial, mediante la postulación de proyectos de investigación en convocatorias nacionales semestrales.

A la fecha, son más de 70 proyectos los que han utilizado a Abacus.

En 2011, el gobierno federal lanzó la convocatoria abierta para buscar propuestas que aumentaran la infraestructura científico-tecnológica de México, por conducto del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), a través de su fondo mixto, en colaboración con el gobierno del estado de México.

El Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN) ganó con un proyecto elaborado por especialistas de su departamento de matemáticas, encabezados por el doctor Isidoro Gitler.

El sueño en ese momento era construir una "casa para los matemáticos", cuya parte medular sería una supercomputadora capaz de solucionar problemas complejos, con certeza y velocidad.

Luego de seis años, la realidad supera ahora las expectativas, explica Gitler en entrevista con La Jornada. Abacus tiene una capacidad de cómputo que excede los 400 teraflops, equivalentes a 400 millones de millones de operaciones aritméticas por segundo, con una capacidad de almacenamiento de 1.3 petabytes (un petabyte equivale a 10 a la 15 bytes), y procesadores de una velocidad de 40 gigabits por segundo.

Con esa máquina, destaca el matemático, México entra de lleno a la investigación científica y tecnológica de alto nivel internacional, para participar en temas de salud, energía, genómica, evaluación de seguridad nuclear, comunidades microbianas, dinámica de fluidos y sus aplicaciones en ciencia e ingeniería, diversidad biomolecular, farmacología, polímeros e inclusive fenómenos financieros y sociales.

Además, se ha promovido la participación del país en investigaciones globales relacionadas con eventos climatológicos extremos.

Por ejemplo, añade, “la tecnología actual ha permitido tener corazones artificiales a partir de modelos matemáticos bastante precisos; en la actualidad el gran reto es hacer lo mismo con el cerebro. En Abacus hay especialistas que ya trabajan en el estudio de las redes neuronales”.

Un trabajo de 150 años reducido a días

Esta supercomputadora es el proyecto tecnológico más ambicioso que se ha llevado a cabo en nuestro país en los recientes 30 años. Contó con una inversión inicial de 130 millones de pesos. Baste imaginar que el trabajo que una computadora normal podría realizar durante 150 años sin apagarla, haciendo una única tarea, se puede reducir a semanas o días con Abacus, que además tiene la capacidad para soportar el funcionamiento de varios programas a la vez, todos de libre acceso.

Si bien México ya ha tenido experiencia en supercómputo –por ejemplo en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en el propio Cinvestav–, Gitler narra que ésta había quedado relegada, respecto del avance tecnológico, pues “los equipos de trabajo no tenían una herramienta a la altura de lo que el talento científico hace en México. Cuando se instalaban las supercomputadoras no estaban dedicadas plenamente a proyectos de gran impacto o estaban atomizadas y su acceso era limitado.

“Nuestro objetivo principal es tener trabajando simultáneamente a investigadores, programadores, científicos de varias áreas y, posiblemente en algún momento, a especialistas de la industria, para lograr un verdadero cambio en el ámbito científico nacional. Hay que entender lo que viene en el futuro. Abacus es el sueño de muchos, no el fin, sino apenas la punta de un iceberg que nos pondrá en la vanguardia tecnológica para cerrar la brecha que nos separa de naciones europeas, asiáticas o de Estados Unidos.

“Imagino un panorama en que las universidades comiencen a tener supercomputadoras de 100 teraflops, para que los jóvenes, desde sus carreras, o antes, vayan entrando a este mundo. Esa es la estrategia nacional que es urgente consolidar.

"México requiere crear una plataforma muy bien pensada de supercómputo a escala nacional, pero tiene que ir totalmente en mancuerna con una red de carreteras informáticas robustas, que conecte a todos los centros generadores de conocimiento y tecnología, a las escuelas por delante. Ese es el siguiente paso", concluye el matemático.


Geometría, matemáticas y arte


Por Mónica Mateos-Vega

La supercomputadora Abacus se aloja en un edificio que diseñó el escultor Sebastián, construido a 2 mil 500 metros de altura, en medio del bosque de La Marquesa, en el estado de México.


Geometría, matemáticas y arte se conjugan en el inmueble de siete pisos, revestido de metal color plata, el cual contrasta con el verde de los oyameles, cedros y encinos.
Ahí es la sede del nuevo Laboratorio de Matemáticas Aplicadas y Cómputo de Alto Rendimiento del Cinvestav-EdoMex, en un área que abarca 6 mil metros cuadrados, el cual se inaugurá en algunas semanas, concebido también como centro educativo que busca convocar sobre todo a jóvenes para que aprendan las posibilidades de la computación de alta capacidad.


El edificio que Sebastián tituló Cuántica: simetría 5 recubre, sin tocarla, una estructura más pequeña de concreto, de lo que fue el centro de capacitación de la empresa Nestlé, concebido como búnker para las computadoras de esa compañía, que donó el predio y las instalaciones al estado de México.


Dentro de ese lugar, tras un cubo de cristal, está Abacus, que a la vista está formada sólo por varias filas de gabinetes negros, la misma arquitectura, eficiencia y tecnología de la supercomputadora Pleiades que utiliza la NASA, pues se trata de la misma empresa fabricante, la SGI (Silicon Graphics International), con procesadores de última generación.


Su equipo de enfriamiento la convierte, además, en una de las computadoras con menor huella ecológica en el mundo, pues utiliza un sistema de distribución de agua, fría gracias al clima exterior, que mantiene la temperatura adecuada entre menos 18 y 21 grados centígrados.


El doctor en matemáticas Isidoro Gitler, quien encabeza al grupo de especialistas del Cinvestav que impulsó la creación de Abacus, señala que en la actualidad, a escala internacional, “el reto no es quién construye la computadora más potente, sino quien hace una máquina cuyo consumo energético esté acotado y se pueda mantener, pues las supercomputadoras que tienen países como Japón o Europa, con gran capacidad, gastan la misma energía que una ciudad, con restricciones para crecer. Una más grande requeriría plantas nucleares para operar.


“En México, en este momento, tenemos todas las condiciones para hacer crecer a Abacus y mantenerla, de manera ecológica y sin que sea costoso. El gasto de mantenimiento es ahora poco, comparado con otras de su tipo.


“El Laboratorio de Matemática Aplicada propone una visión a futuro, pero sin olvidar de dónde venimos; es decir, siempre enfocados en tener la inquietud por calcular cosas y entender las leyes de la naturaleza; ése es también el espíritu del nombre de nuestra supercomputadora Abacus.”

Variedad de café producido en México

 

Algunas zonas de Latinoamérica que actualmente producen café podrían dejar de ser aptas para ese cultivo hacia 2050

 

El cambio climático no acabará con las bebidas más consumidas del mundo -el café y el té- pero sí que alterará las zonas en las que se cultivan estos productos. El pasado mes de junio un estudio internacional indicaba que la mitad de los cultivos de café etíope se perderán este siglo por el cambio climático (ver La Vanguardia), y ahora una nueva investigación científica apunta que algunas zonas de Latinoamérica que actualmente producen café podrían dejar de ser aptas para ese cultivo hacia 2050 a raíz de los efectos del cambio climático.

Los nuevos resultados forman parte de un estudio publicado (11 set.) en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). En la parte positiva, el estudio indica que algunas áreas en las que hoy no se produce el grano podrían utilizarse en el futuro para este cultivo, según esta investigación realizada por un equipo internacional.

 

cafe1

 

"El estudio permite ver cómo el cambio climático podría modificar las áreas con capacidad de producir café, es decir, en qué zonas se perderá o ganará aptitud para este cultivo", dijo a Efe Pablo Imbach, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical de Vietnam, quien lideró este trabajo.

El análisis incluye áreas "que en el futuro no tendrán un clima apto para la producción de café, así como aquellas que no lo tienen ahora pero lo podrían tener en el futuro", agregó Imbach. La comunidad científica sabe que el cambio climático causará cambios en los cultivos y en las especies polinizadoras, lo que tendrá consecuencias en la disponibilidad de alimentos y en la economía de los pequeños productores. "Sin embargo, no se había evaluado la manera en que los cambios en la distribución de las abejas se acoplaban a los cambios en la distribución de las áreas aptas para producir café", señaló el investigador.

 

 

cafe2

 

En este estudio, el equipo creó un modelo con las distribuciones potenciales del café y de los polinizadores de ese cultivo bajo el clima actual y el que podría haber en un futuro en Latinoamérica.

Con ese modelo, buscaron comprender si las áreas que en un futuro serán aptas para la producción de café también serán adecuadas para las especies polinizadoras.

"Nuestros resultados sugieren que las áreas aptas para el café se reducirán entre el 73 y el 88 por ciento hacia 2050 en escenarios cálidos, una bajada entre el 46 y el 76 por ciento mayor a lo estimado en evaluaciones mundiales", indica el estudio.

"Aunque hallamos una reducción en la aptitud para el café y en la diversidad de las especies de abejas en más de un tercio de las áreas que en un futuro serán adecuadas para el café, todas las zonas albergarán potencialmente al menos cinco especies de abejas, lo que indica la continuación de los servicios de polinización", agrega el texto. Los resultados de la investigación sugieren que las pequeñas áreas que en el futuro serán más aptas para este cultivo estarán en zonas elevadas.

 

 

img jelcacho 20161024 121849 imagenes lv getty istock 96017985 small k03D 656x437LaVanguardia Web

 

En ese sentido, habrá una pérdida significativa de áreas aptas para el café en zonas con pocas montañas, como Nicaragua, Honduras y Venezuela, mientras que otros sitios verán una leve expansión. En ese segundo grupo aparecen México, Guatemala, Colombia y Costa Rica, según enumera el equipo de investigación.

Según Imbach, al simular los efectos del cambio climático sobre el café y las abejas, la comunidad científica puede "entender la magnitud y sitios en que ocurrirán estos cambios".

También a partir de un análisis con estas características, los especialistas pueden hacer recomendaciones a los productores "para apoyar su adaptación al cambio climático".

El investigador sostuvo que aún es necesario ver qué alternativas hay "para los medios de vida de los actuales productores de café en tierras que perderán aptitud para el cultivo" y los efectos que podrían generarse en las nuevas tierras aptas para el café. JEC

 

Artículo científico de referencia:

Coupling of pollination services and agriculture under climate change. PNAS. http://dx.doi.org/10.1073/pnas.1617940114. September 11, 2017.

 

 

316609793 0 5 20170814060705 k03D 656x437LaVanguardia Web

 

 

Publicado enMedio Ambiente
Chris Murray (izquierda) y sus colaboradores capturan un cocodrilo en el Parque Nacional de Palo Verde en Costa Rica.

 

Cualquiera que conozca superficialmente el cultivo de peces para el consumo humano pensará que los animales se crían en condiciones similares a las naturales y que la mayor diferencia está en su alimentación. Sin embargo, lo mismo que sucede con el ganado terrestre, en muchos casos se introducen ingredientes no naturales en el proceso que pueden terminar teniendo consecuencias importantes y no totalmente insospechadas.

Es, al parecer, el caso de las piscifactorías de tilapia que han proliferado en los alrededores del Parque Nacional de Palo Verde, en Costa Rica, debido sobre todo a la demanda creciente de este pescado muy popular en América a pesar de ser de origen africano. Estas granjas están autorizadas para utilizar una hormona masculina sintética que hace que todos los peces sean machos y, por tanto, tengan mayor tamaño a la misma edad que las hembras.

Es decir, se permite una aberración zoológica en aras de una mayor rentabilidad y se afirma que no se han encontrado efectos perjudiciales en los humanos por el consumo de peces tratados con este esteroide.Por el otro lado están los cocodrilos del parque nacional, supuestamente independientes de las piscifactorías de tilapia. Hace pocos años el personal del parque nacional empezó a sospechar que había muchos más machos que hembras en la población de cocodrilo americano (Crocodylus acutus) en esta zona.

Esto a pesar de que el aumento de temperatura global hace prever que aumente el número de hembras porque en los cocodrilos el sexo del embrión lo determina la temperatura a la que se incuba el huevo. Los cocodrilos no tienen órganos sexuales externos, por lo que ha sido necesario capturar casi 500 ejemplares uno por uno, verificar su sexo y tomar muestras y luego soltarlos para comprobar dos cosas. Por un lado, que nacen cuatro veces más machos que hembras, cuando lo natural es que la proporción sea muy parecida.

Por otro lado, que todos los cocodrilos estudiados tienen en sus tejidos la misma hormona sintética que utilizan las granjas de tilapia, informa la revista Science. Queda por demostrar la relación entre una cosa y otra, porque teóricamente las granjas son autocontenidas y no debería escaparse la hormona.

 

 

cocodrilo

 

Sin embargo, lo que sospechan los investigadores es que se vierten aguas residuales sin tratar adecuadamente al ecosistema y que asimismo se escapan tilapias que son comidas por los cocodrilos. Hay quien cree que existe otro posible origen, aunque parezca menos probable. La hormona (metiltestosterona) está entre los esteroides que, a pesar de sus efectos adversos, consumen abusivamente los hombres que pretenden un desarrollo muscular extremo en los gimnasios, especialmente en las ciudades.

La hormona puede proceder de las aguas residuales urbanas de Costa Rica. Chris Murray, un zoólogo estadounidense, es el jefe del equipo que ha realizado el trabajo que ha sacado a la luz esta contaminación de la vida salvaje y sus consecuencias, por encargo del Gobierno de Costa Rica. El mismo, junto a un técnico experto en documentales de naturaleza y otros ayudantes, ha capturado muchos de los cocodrilos y tiene numerosas anécdotas que contar, aunque reconoce que el trabajo ha sido muy difícil.

Murray y su equipo han comprobado el efecto masculinizante de este esteroide en el caimán americano (Alligator mississippiensis), incubando huevos tratados con la hormona. La ruptura del equilibrio entre sexos en la población de esta especie de cocodrilos (clasificada como vulnerable) de Costa Rica puede influir negativamente en su futuro, sobre todo si hace infértiles a los machos.

Además, lo que han comprobado los investigadores es que el desequilibrio en la población estudiada disminuye con la edad, es menor en los jóvenes adultos que en los menores. Creen que significa que, ante la gran competencia existente por acceder a las hembras, algunos jóvenes adultos dejan el grupo y terminan en áreas pobladas, lo que aumenta el número de incidentes con humanos.

Este tema se engloba en el más general de los disruptores endocrinos, sustancias hormonales cuyos efectos negativos sobre la salud reproductiva de las personas y animales es una preocupación creciente desde hace 20 años.

En su mayoría, los disruptores producen una feminización y la metiltestosterona, además, no estaba clasificada como disruptor endocrino, informa Science. Por otra parte, existen granjas de tilapia en 80 países.El parque nacional de Palo Verde ocupa la cuenca del río Tempisque, en la provincia de Guanacaste y es un destino turístico importante.

 

 

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 02 Septiembre 2017 09:14

Crímenes sublimes

Crímenes sublimes

Capítulo 15

 

Marlowe sale del restaurante y sube a su auto. La lluvia se ha detenido pero el ambiente está helado. La placa ubicada junto al semáforo en la esquina de la calle marca cinco grados. Marlowe avanza dos cuadras por la calle once hacia el sur y luego da vuelta hacia la izquierda y regresa por la carrera novena. Una cuadra más adelante estaciona junto a un árbol al final de una calle con poca iluminación. Después de caminar un poco llega hasta el muro de ladrillo cubierto por hiedra que separa la casa del restaurante de la acera de la calle 85. Luego de dos intentos fallidos, Marlowe consigue subir al muro y saltar al otro lado. Las hojas húmedas acumuladas sobre la tierra amortiguan la caída y disminuyen el ruido que provoca el cuerpo de Marlowe al chocar contra el suelo, pero aún así el dolor en la rodilla izquierda vuelve a recordarle el peso de sus años. A lo lejos se escuchan las voces que salen de la sala principal del restaurante. Marlowe se acerca a la parte posterior de la casa buscando alguna entrada. Hacia la izquierda, al lado de dos grandes contenedores con bolsas negras de basura, hay una puerta de hierro. La puerta no está trancada.

 

Desde el corredor que Marlowe atraviesa se escuchan muy cerca las voces que vienen de la cocina y los pedidos a gritos de los meseros. Hacia el final del corredor hay una puerta de madera que Marlowe abre con cuidado. No hay nadie. Al lado de la puerta hay un pequeño ascensor. Del otro lado el corredor continua hacia el lugar donde se originan las voces. Marlowe entra al ascensor y oprime el botón del subsuelo.

 

Un corredor poco iluminado comunica la puerta del ascensor con una escalera de madera. La escalera desemboca en una pequeña sala con dos sofás de cuero y una chimenea encendida. Atravesando esta pequeña sala hay un corredor más amplio e iluminado con varias puertas de madera a ambos lados. Marlowe se acerca a la primera puerta y coloca su oído contra la superficie. “Quinientos”, dice una voz masculina. “Sus quinientos y quinientos más”, responde otra. Se escuchan algunas risas apagadas y el sonar de vasos siendo servidos. Marlowe continua avanzando por el corredor. Se acerca a una de las puertas de la derecha pero no logra distinguir lo que oye. Parece un quejido pero no está seguro. Luego escucha un golpe seco y de nuevo aquel quejido lejano. Intenta dar la vuelta a la manija pero la puerta no abre. De repente escucha pasos viniendo desde el fondo del corredor. Marlowe se aproxima a la puerta siguiente y mueve la manija. La puerta se abre sin hacer ruido y Marlowe entra.

 

En el cuarto no hay nadie. Hacia el fondo y al centro hay una estructura de madera formando una especie de arco. De la parte superior cuelgan dos cadenas. Otras dos cadenas reposan sobre el piso a cada lado de los soportes de la estructura. En una mesa de hierro a un lado brillan algunos objetos bajo la luz débil de un bombillo. Una máscara de cuero, algo parecido a una pinza de acero, y una cadena no tan gruesa como las que cuelgan de la estructura. Marlowe se acerca nuevamente a la puerta y no oye nada. La abre y da un paso hacia fuera. En ese momento siente la presión sobre su cuello y luego un golpe pesado en la boca del estómago que lo hace perder la fuerza en las piernas. Hubiera caído al piso si el hombre que lo sujeta por el cuello no sostuviera el peso de su cuerpo. Marlowe es arrastrado hasta el fondo del corredor. Atraviesan la puerta y luego algunos metros sobre la tierra húmeda hasta una puerta de hierro abierta que da hacia la calle. Uno de los hombres le da otro golpe en el rostro antes de lanzarlo contra la acera. Desde el piso Marlowe escucha el sonido de la puerta al cerrarse.

Publicado enEdición Nº238
¡La Investigación Acción Participación vive!

El pasado 15 de junio, luego de tres días de conferencias, intercambio de saberes, entre otras acciones propias de eventos académicos, clausuró sesiones en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias, lo que para algunos era la Tercera Conferencia Mundial de Investigación Acción Participación (IAP), para otros la Conferencia de la Red de Investigación Acción de las Américas 2017 (Arna, por sus siglas en inglés) y tal vez para otros tantos, un evento académico de investigación en ciencias sociales. Sin dudarlo, los tres eventos confluyeron en uno solo.

 

Los tres “eventos” permitían observar tres intereses diferenciados: el primero, los de Arna, que pretendían acrecentar su red de Investigación Acción (IA), en la que este encuentro les permitía acercarse a un público incauto que en su mayoría no conocía los principios de la IAP, a un sector de académicos críticos que desde las universidades sus márgenes de acción y comodidad no les permite desplegar IAP, sino IA; el segundo, los investigadores y seguidores de la IAP, que ese espacio les permitía encontrarse para pensar la IAP en estos tiempos y adelantar acciones comunes; los terceros, que querían tener la experiencia de conocer investigaciones sociales, algunas denominadas IAP, así no todas lo fueran, y que sin saberlo fácilmente podían quedar enganchados en el primer interés.

 

Las tensiones fruto de los dos primeros intereses, sin ser un conflicto insalvable, sino una contradicción, se expresaron previo a la Conferencia, en y después de la misma, y no se reduce a un problema de opciones investigativas entre sectores académicos o de movimientos sociales, sino a una postura ética y política diferenciada. Esas tensiones pudieron pasar desapercibidas y todos haber retornado a sus lugares de origen con sensaciones encontradas. Sin embargo, la jornada de cierre fue engalanada por un grupo de participantes de diferentes países, que, a manera de protesta, realizaron unas rondas y cantos, acompañadas de pancartas, tanto al interior como en la parte externa del Centro de Convenciones. En tal ejercicio de expresión colectivo, se podía leer y escuchar que en la Conferencia no estaban: la participación, los pobres, los indígenas, los afros, el compromiso, entre otros componentes y sujetos propios de la IAP. Las voces querían mostrar la diferencia entre IA o al menos la versión Arna y la IAP.

 

Tal vez lo más significativo de tal Conferencia fue ese cierre no programado, espontáneo, en el que nuestra IAP, del sur, periférica, desde las otredades y ante todo emotiva, se negó a ser subsumida por la IA; expresión de vida, dejando claro que aún tiene un espacio en la realidad y en la academia, debate que recuerda, además, apartes de la gran lucha de las ciencias sociales en las décadas de los años sesenta y setenta.

 

Pero lo anterior no fue un resultado accidental, para quienes llegaron con el interés de encontrar la Tercera Conferencia Mundial de IAP, luego de los 20 y 40 años de la segunda y primera conferencias mundiales, se encontraron con apartes en el marco de la programación, la que en momentos se confundía con los intereses de Arna y la inocencia de mochos incautos que no lograban identificar la diferencia. Pero ese tercer grupo, que posiblemente era el mayoritario, no lograban observar cómo le cortaban sus alas a la IAP en la Conferencia, al eliminarle sus sentido ético y político de origen, diluyéndose, en experiencias investigativas, que si bien sociales y con efectos favorables en la comunidad, no correspondían siempre con el sentido mismo de la IAP. Lo que en parte es el reflejo de la pérdida del sentido original de la IAP en las ciencias sociales y en particular la forma forzada en que en las dinámicas propias y productivas de las Universidades se le quiere incorporar, dejando solo sus herramientas.

 

Ese estado de cosas se confirmó por medio de una consulta realizada a través del Grupo de Trabajo en Procesos y Metodologías Participativas de la Clacso, previo a tal Conferencia, en la cual se presentaron 53 investigaciones de América y dos de Europa, con un elemento común: en más de la mitad de esas investigaciones se observó la pérdida del sentido ético y político de la IAP, referido a que se comprendía en la investigación por el concepto participación, lo que fue más observable en el caso de las investigaciones realizadas en las universidades y en particular aquellas destinadas a obtener títulos de posgrado, por ello, uno de los resultados de dicho análisis se direccionó con la siguiente pregunta: ¿es posible que se esté diluyendo o resignificando la participación en el vasto espectro de lo que se está denominando como IAP?

 

De forma complementaria, el cruce de cinco misivas con las directivas de Arna previa al evento, en las que se preguntaba de manera insistente por el papel político de la IAP que no se observaba en la Conferencia, y en las que entre otros se recibieron respuestas como que no encontraban relación entre la investigación y la política y que, para eso sesionaría un evento complementario programado para luego de la Conferencia, o, se manifestó que se desconocía que era IAP, dando muestra de la crisis ontológica y epistemológica por la que atraviesa la misma.

 

Revisitando el legado

 

Sin embargo, la comprensión de la tensión entre los investigadores, seguidores y defensores de la IAP con los intereses de Arna y su forma de hacer las cosas, obliga a apartarnos de la Conferencia e irnos hacia Fals Borda y la IAP. En esa dirección, sin duda, son muchos los legados que el Maestro en su prolífera vida dejó como intelectual, comprometido no con la academia sino principalmente con la realidad de los marginados. Uno de ellos fue inspirado y llevado a cabo en su propia vida, tal vez por eso más que trasladarlo a una metodología investigativa, lo denominó una forma de vida, primera alerta que se requiere resaltar en la IAP.

 

De cierta forma, la IAP es la forma en que el Maestro comprendía debía desplegarse la vida de un intelectual orgánico (metodología de vida), en ella y sin duda alguna, traía implícita una metodología investigativa y a su vez un(os) método(s) y unas técnicas; el reduccionismo contemporáneo, el facilismo intelectual y la necesidad de ingresarla a la academia, en especial la Universidad, obliga al intelectual incorporarla como metodología investigativa, reservándose para él la metodología de vida. Tal vez acá está el primer quiebre con la versión original.

 

Ese legado, metodología de vida e investigativa, ha permitido irradiarse en vastos sectores académicos, pero también y tal vez de forma más significativa en los movimientos sociales, que demandan por otro mundo posible. Son varias las características diferenciadoras con otras formas de la acción del intelectual orgánico y de hacer investigación en las ciencias sociales, sin embargo, para fines prácticos cuatro preguntas básicas dan pistas: ¿Para qué la ciencia?, ¿quiénes hacen ciencia?, ¿cómo hacer ciencia? y ¿para quiénes la ciencia?

 

Para el Maestro, la primera ruptura que se observa va en dirección de responder la pregunta ¿para qué la ciencia?, ella no debía ser un fin en sí mismo, ni servir a los intereses del status quo, sino un medio que sirviera a los sectores marginados en el camino de su emancipación. La ciencia debía ser comprometida con una realidad que debía ser transformada, por eso su sentido crítico.

 

La segunda ruptura va en dirección de la respuesta ¿quiénes hacen la ciencia? La ciencia se concentraba en sectores académicos, los que en algunos casos, con pensamiento progresista o emancipatorio, mantenían ese espíritu “aséptico” de suponer que la ciencia se hacía por ejemplo en las universidades, allí se reflexionaba la realidad y desde allí se lanzaban rutas de trasformación. Es decir, los intelectuales se comprometían desde los discursos, pero se refugiaban en su zona de confort, sin asumir la condición consiente de estar materialmente con los de abajo. De cierta forma la IA, va en esa dirección y muchos académicos que mantienen hoy la criticidad, se refugian en esa concepción, y muchas de las investigaciones que hoy se presentan como IAP, en su fondo aproximaciones o IA.

 

Por otro lado, los intelectuales orgánicos en muchas ocasiones se trasladaban a esos sectores marginados y a pesar de esa convicción de servir, no lograban despojarse de su “arrogancia académica”, el reto entonces era que ese conocimiento hiciera sinergia con las experiencias y saberes de la comunidad, por eso y entre otros el hermoso diálogo de la IAP con la Educación Popular. El intelectual era un aportante al ágape que ocurría en la comunidad, haciendo del otro un par con saberes y experiencias diversas, las que no se ponían ni en un lugar preponderante y cada uno de los integrantes de la comunidad se transformaban mutuamente, al estar en una actitud de aprendizaje mutuo, continuado.

 

La tercera ruptura va en dirección a la pregunta ¿cómo hacer ciencia? Hasta ese momento –años 60– ninguna metodología científica había comprendido al Otro oprimido, popular, campesino, ...como par, la ciencia había separado entre conocer y saber (episteme y doxa), entre pensar y sentir; el reto entonces era validar esas experiencias, esas intuiciones, esos saberes previos en conocimiento científico, pero no era una búsqueda de llevar esos saberes populares a los estándares epistemológicos de las ciencias, era poner en duda esos estándares, para que al ser repensados se perfilara también Otra ciencia. Sin embargo, el centro no era ese saber cómo ciencia, sino como poder, por eso era una ciencia con el pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

 

La cuarta pregunta ¿Para quién la ciencia?, en parte se responde en la pregunta anterior, ella debía servir al pueblo, para que apostara a sus búsquedas de emancipación y de trasformación de la realidad. Por esas preguntas, entre otras y sus parciales respuestas presentadas, la IAP presenta un sentido ético y político que no se puede perder de vista.

 

Esas diferencias significativas de la IAP con otras formas de hacer la ciencia, hacen que si bien haya relación parental con otras formas, como la IA, no implica que pueda ser subsumida en la Investigación Acción, sin desconocer por ello la importancia de esta última, sin embargo es claro que para los condicionantes de la academia y la Universidad en particular, lo que se viene haciendo como IAP se acerca mucho a la IA.

 

Entre otros motivos a los ya expuestos, en el Grupo de Trabajo Clacso de Procesos y Metodologías Participativas, se decidió conformar una comisión para que inicie una reflexión acerca de sentido de la IAP en la contemporaneidad. Una de las propuestas que rondó, estuvo a manera de emular el Congreso de la Sociedad Sociológica de Alemania de 1961, en el que los diferentes intereses encontrados presentaron propuesta de reflexión, es decir, lo que se buscaría es que a partir de reflexiones y experiencias se inicie un debate sobre la pertinencia de la IAP en nuestros tiempos y realidades, y los nuevos discursos, técnicas, entre otros, que debe incorporar.

 

Por otro lado, en la Primera Asamblea Global para la Democratización del Conocimiento, que era el evento complementario y paralelo a la Conferencia, un grupo de investigadores, seguidores y defensores de la IAP, construyeron un conjunto de propuestas encaminadas a refortalecer la IAP, en ese sentido acordaron estrategias de movilidad, necesidades de encuentro y una publicación que si bien respeta las reglas de la academia productiva capitalista, es decir la indexación, será conocida como desindexada.

Publicado enEdición Nº237
Sábado, 27 Mayo 2017 08:28

Crímenes sublimes

Crímenes sublimes


Capítulo 12

 

Las oficinas del diario El espacio, ocupan un viejo edificio blanco de la zona industrial, al lado de una bodega, aparentemente vacía, y de una pequeña fábrica de velas. El movimiento en el interior del edificio contrasta abruptamente con la calma de la calle que a esa hora permanece en una quietud casi fantasmagórica. En la recepción Marlowe pide hablar con el director del periódico. “¿Tiene cita marcada?”, dice la recepcionista con una mirada irónica. “Sí, claro”, dice Marlowe mostrándole la placa muy cerca de los ojos. “Un momento, por favor”. La recepcionista aprieta un timbre debajo de la mesa y en pocos segundos aparece un hombre bajo y calvo que camina directamente hacia Marlowe con una sonrisa exagerada en la boca. “Detective, mucho gusto, mi nombre es Raúl Borja, el director no se encuentra en este momento en la ciudad, yo soy su asesor, ¿en qué puedo ayudarle?”. Marlowe pensó en decirle que quería hablar con el dueño del circo y no con los payasos, pero se contuvo, tal vez podría ayudarle realmente. “¿Podemos hablar en otro lugar?”, dice Marlowe. “Claro, pase por aquí por favor”, dice Borja mientras le señala el camino hacia una sala lateral

 

En mitad de la pequeña sala hay una mesa redonda con tres sillas. En la pared del fondo una estante adornada con artesanías y algunas placas que hacen referencia a premios obtenidos por el periódico. “Mejor crónica Año 1999”. “Mejor Fotografía Periodística Año 2003”, “Mejor Entrevista Año 2005”. Increíble, piensa Marlowe, premios para un periódico que chorrea sangre por todas sus páginas. Borja se sienta en una de las sillas, de espalda al estante y Marlowe en la silla de enfrente. “Estoy buscando a uno de sus colaboradores”, dice Marlowe directamente mientras siente en la espalda el duro respaldo de madera que una espuma demasiado fina no logra disimular. “¿De quién se trata?”. “De Quincey”. Borja lo mira como si el nombre no le fuera familiar. “Usa el pseudónimo de Thurtel en su columna de crónica”. “Ah, Thurtel”, dice Borja, haciendo un extraño chasquido con la boca. “¿Está metido en algún problema?”. “Sólo quiero hablar con él, aclarar algunas dudas”, dice Marlowe. “Le aseguro que se trata de un hombre decente, excéntrico tal vez, algunos incluso lo tildan de loco, ¿pero quién no está un poco loco estos días cierto?”, dice Borja al tiempo que emite una especie de carcajada que no parece natural. “Le confieso una cosa, para mí es uno de los mejores cronistas de policiales que ha pasado por este diario en años, yo diría en décadas”. “¿Dónde lo encuentro?”, dice Marlowe cortando el entusiasmo de su interlocutor. “Imagino que ya fue a su casa, ¿cierto?”. Marlowe lo mira a los ojos. “Claro. Hace días tampoco aparece por aquí, pero es normal”. “¿Cómo así?”, pregunta Marlowe. “Thurtel no tiene una rutina convencional como el resto de nuestros colaboradores. Suele trabajar en la noche y en la madrugada, duerme de día, a veces pasa varios días sin dormir recorriendo las calles como un sonámbulo... además está lo del opio”. “¿Opio?”. “Ah, eso ya no es un secreto, él mismo lo ha confesado de manera pública. Thurtel es adicto al opio”. “¿Hace cuántos días no aparece por el periódico?”. “Creo que la última vez que estuvo aquí fue la semana pasada. Vino en la noche, entrego su crónica, recogió el cheque y volvió a salir sin hablar con nadie, como es su costumbre. Aquí adentro no tiene amigos. Yo creo que los demás lo envidian. Por su forma de escribir, quiero decir. Muchos de estos periodistas, formados en algunas de las mejores facultades del país, no tienen ni el diez por ciento del talento de Thurtel. Lo digo en serio.” “Bien, es todo lo que necesito saber. Si aparece por aquí dígale que quiero hablar con él”, dice Marlowe al tiempo que le entrega una tarjeta. “Claro, con todo gusto”, dice Borja con la misma fingida y exagerada amabilidad.

Publicado enEdición Nº235
Dos esferoides humanos ensamblados, el ventral a la izquierda, el dorsal a la derecha. Las neuronas inhibidoras (verde) están migrando a la zona dorsal y formando circuitos allí.

 

La generación a partir de células madre de las arquitecturas típicas del córtex frontal abre un continente a la neurología

 

La parte más nueva de nuestro córtex (o corteza) cerebral, la que se ha desarrollado más a lo largo de la evolución de los homínidos, son los lóbulos frontales, justo detrás de la frente. Es allí donde residen nuestras más altas funciones mentales, como el entendimiento, el razonamiento y la creatividad artística. Y es allí donde se centra la investigación de los científicos de las universidades de Stanford, en California, y Harvard, junto a Boston. Los trozos de cerebro que han generado no son cualquier trozo de cerebro, sino justo el que nos hace humanos.

Esferoide significa “algo parecido a una esfera”, y tal vez convenga que nos vayamos acostumbrando a ese término. Lo vamos a leer a menudo en los próximos años y décadas. Una bolita de neuronas de un milímetro, que se puede por tanto ver a simple vista, y que revela al microscopio las mismas estructuras y tipos neuronales que descubrió Cajal, merece al menos un nombre, y esferoide no es tan feo como parece. Los objetivos de estas investigaciones son entender a fondo el desarrollo normal del córtex cerebral humano, y también descubrir los fundamentos de la enfermedad mental. Y los neurocientíficos ya han descubierto con sus esferoides un dato esencial sobre el origen del autismo y la esquizofrenia.

Percibir la importancia de los esferoides requiere un somero repaso de la neurología elemental. Uno de los principios básicos del diseño del córtex es la interacción entre neuronas activadoras e inhibidoras. En ese equilibrio complejo se basa el funcionamiento de nuestra mente y nuestro aprendizaje. Las neuronas activadoras disparan glutamato a sus vecinas, y las inhibidoras disparan un compuesto químico distinto, llamado GABA (ácido gamma-amino-butírico).

Esos dos tipos neuronales no nacen juntos. Las neuronas activadoras nacen en la parte dorsal del córtex frontal del feto, y las inhibidoras nacen en la parte ventral. Después, ya durante la segunda mitad del embarazo, las neuronas GABA emigran de la parte ventral a la dorsal y se integran con las neuronas activadoras para formar circuitos funcionales. Estos procesos de increíble complejidad y sutileza son los que han logrado recapitular los científicos de Stanford en la placa de cultivo.

Pese a toda la innovación que suponen, los esferoides se basan en una idea asombrosamente simple. Mucha gente ha sembrado antes células madre en placas de cultivo. Las células precursoras de las neuronas se adhieren enseguida a la superficie, maduran parcialmente e intentan formar una sociedad de dos dimensiones. Pero las neuronas reales viven en tres dimensiones, y sin eso no funcionan bien. Y ha bastado impregnar la superficie con un repelente de células para lograr que las neuronas naden libremente por el medio de cultivo, maduren y se asocien como esferoides, en grupos de a millón.

El neurólogo Sergiu Pasca, sus colegas de Stanford y sus competidores de Harvard, que presentan su investigación en Nature (1 y 2), separan luego los esferoides en dos grupos e inducen a uno a adoptar el estilo glutamato (activador) y a otro el estilo GABA (inhibidor). Los yuxtaponen y, en tres días, los dos esferoides se fusionan y las neuronas GABA de un esferoide empiezan a migrar al otro esferoide, un poco a saltos. Cuando llegan a su destino, empiezan a hacer brotar dendritas y a formar conexiones funcionales con las neuronas de glutamato. Forman circuitos con ellas y se mandan señales. Como en el feto durante la segunda mitad del embarazo.

El síndrome de Timothy es una enfermedad rara que afecta al corazón, los dedos y el cerebro. Los marcapasos han regalado a algunos pacientes bastantes años de vida, pero los que sobreviven tienen autismo, y a menudo epilepsia. Los científicos han podido acceder a muestras de piel de pacientes de Timothy, los han convertido en esferoides y han podido demostrar así, por primera vez, que son los defectos en la migración neuronal –de las células inhibidoras ventrales hacia latitudes dorsales—los que subyacen, y seguramente causan, el autismo y la epilepsia.

Los científicos de Stanford están aprendiendo a construir una mente humana. Será interesante ver a dónde llegan.

 

 

La Investigación Acción  Participativa: Un camino para construir el cambio  y la transformación social

Este libro, si bien toma en cuenta los fundamentos meteorológicos, se vocaliza en el sentido de la Investigación Acción Participativa –IAP– como paradigma crítico social en los procesos de transformación de sociedades democráticas, especialmente en América Latina. A partir del rastreo de su origen histórico, ligado a los conflictos sociales vividos a partir de la segunda mitad del siglo XX, desarrolla el hilo conductor que permite caracterizar los supuestos epistemológicos, las principales orientadores meteorológicas de las diferentes corrientes y tendencias del IAP, surgidos en el contexto de la globalización para enfrentar el capitalismo y la situación actual de América Latina.

También dedica un espacio al análisis de la trascendencia que tiene la IAP en el análisis de las políticas públicas y la gobernanza, temas de vital importancia para la construcción de la democracia participativa. El documento cierra con una serie de interrogantes planteados a la IAP en la actual coyuntura política y social que vive el continente.

Viernes, 28 Abril 2017 15:19

Crímenes sublimes

Crímenes sublimes

Capítulo 11

 

Antes de subir a su auto Marlowe marca un número en su celular. “Alicia, ¿pudiste averiguar la dirección que te pedí?”. “Marlowe, no me digas que hoy tampoco vas a venir a la oficina. El jefe te anda preguntando”. “Dile que sigo en el último caso. ¿La dirección?”. “Mira, no fue fácil conseguirla, todo lo que rodea este tipo es bastante misterioso. La secretaria de la Facultad dice que no está segura que sea la dirección de su residencia, pero es a donde le envían la correspondencia: Calle 33, número 16-88”. “Gracias Alicia”, dice Marlowe y cuelga el teléfono.

 

Después de una hora luchando con otros conductores en medio a un tráfico infernal, Marlowe estaciona frente al lugar indicado. El número corresponde a una casa antigua de una sola planta con un pequeño jardín delantero. Las paredes del frente son de ladrillo a la vista y en algunos lugares están cubiertas por una hiedra mal cuidada. Las cortinas de las ventanas del frente están cerradas. Marlowe toca el timbre dos veces. Espera un poco pero no parece haber ningún movimiento en la casa, como lo esperaba. Intenta darle la vuelta a la cerradura pero no cede. Mira a ambos lados de la calle y no ve a nadie. Camina rodeando la casa hasta la parte posterior. Allí hay otro jardín más descuidado que el anterior. Dos sillas de madera a punto de quebrarse en medio a la hierba crecida completan la sensación de abandono y decadencia. Marlowe se acerca a la puerta de atrás de la casa e intenta abrirla pero tampoco cede. Se quita el sobretodo y le da varias vueltas alrededor de su brazo derecho. Luego le da un golpe con el codo a la ventana superior de la puerta quebrando el vidrio. Algunos restos caen al suelo haciendo un ruido seco que se pierde en el vacío del jardín. Marlowe mete la mano por el hueco de la ventana y le quita el seguro a la puerta.

 

La casa está en silencio y en penumbra. Hay un olor fuerte y desagradable, como si el aire no hubiera circulado en el lugar hace tiempo. A la derecha hay una cocina pequeña y desordenada. Hay platos sucios con algunos restos de comida. Dos cucarachas de tamaño considerable caminan tranquilamente sobre los platos. Cerca de la cocina hay una mesa de madera de cuatro puestos. Sobre la mesa hay varios libros y cuadernos abiertos y una máquina de escribir antigua. Un poco más adelante está la sala con un sofá de cuero y una poltrona junto a una lámpara de pie. A un lado del sofá hay un narguilé que aparenta bastante uso. Las paredes tienen estantes repletos de libros. Y hay varias columnas más de libros y periódicos por el piso. Hacia la derecha hay un corredor y dos puertas cerradas. Marlowe saca su pistola y le quita el seguro. Abre con cuidado la puerta de la derecha. Es el cuarto principal. Hay una cama de soltero en un extremo, más libros y ropa tirada por todas partes. Marlowe coloca su mano sobre la cama y la nota completamente fría. Sale del cuarto y abre la segunda puerta.

 


Marlowe no está incluido precisamente en la clase de personas que suelen asombrarse con facilidad pero la visión que tiene en frente logra causarle al menos un leve impacto. Todas las paredes del cuarto están repletas de fotografías de cuerpos ensangrentados o mutilados, noticias de crímenes, accidentes, masacres. Al lado de cada fotografía o de cada noticia de periódico hay papeles pegados a la pared con anotaciones a mano. Marlowe lee palabras como “sublime”, “perfecto”, “mediocre”, “grandioso”, “mal ejecutado”, “memorable”. Sobre un escritorio en la mitad del cuarto Marlowe ve un recorte de periódico con la noticia del asesinato de Zubiria y un signo de interrogación marcado a mano a un lado.

 

Antes de que pueda tomar el recorte de la mesa siente el caño frío de una pistola en su nuca. “Coloque el arma sobre la mesa”, dice una voz firme y contundente a su espalda. Marlowe obedece. “Identifíquese”. “Phillip Marlowe, detective de la policía Metropolitana”. El hombre revisa los bolsillos de Marlowe y saca su billetera. Después de confirmar la información baja el arma de su nuca y permite que Marlowe se voltee aunque no deja de apuntarle. Es un tipo alto, un poco más alto que Marlowe, de complexión gruesa. Tiene la piel clara y ojos verdes. El pelo muy corto, cejas espesas y nariz aguileña. “¿Qué está haciendo aquí?” le dice. “Estoy acostumbrado a ser yo el que hace las preguntas”, dice Marlowe. “No se ponga con chistes estúpidos”. “Investigo un asesinato ¿y usted?”. El hombre saca un radio del bolsillo, dice el nombre y el número de la placa de Marlowe. Espera un poco. “Está limpio”, se escucha que alguien dice al otro lado. El hombre baja la pistola. “Se puede ir”, le dice en tono de orden. Marlowe mide por un instante la posibilidad de dominarlo pero se da cuenta que sería inútil. “Sólo por curiosidad”, dice antes de salir del cuarto, “¿por qué el ejército está tan interesado en la muerte de un filósofo?”. El hombre no dice nada y con la pistola en la mano le señala el camino hacia la puerta de la casa.

Publicado enEdición Nº234
Sábado, 25 Marzo 2017 09:59

Crímenes sublimes

Crímenes sublimes

Capítulo 10

 

Aunque el sol todavía no logra imponerse a la niebla, el día ya ha comenzado con toda su actividad frenética cuando Marlowe sale del edificio. Los trabajos en varias avenidas hacen que la ciudad parezca un inmenso laberinto en medio a un paisaje de posguerra. Cada nuevo desvío lleva a un nuevo congestionamiento. Algunos conductores irritados tocan la bocina desesperadamente como si eso sirviera de algo. En esos momentos especiales, Marlowe suele preguntarse por qué diablos dejó su soleada California para venir a parar a este infierno congelado del tercer mundo. Aunque en el fondo sepa muy bien los motivos y eso sea algo por lo cual no se siente particularmente orgulloso.

 

Después de casi una hora de viaje estaciona frente al edificio Solar en la esquina de la calle 12 con Avenida Jiménez. El edificio fue remodelado recientemente. Tiene la forma de un triángulo terminando de manera arredondeada en el vértice. La parte frontal del edificio está cubierta con grandes ventanales de vidrio lo que le da una apariencia moderna que contrasta con la arquitectura colonial de las casas vecinas. En el edificio funcionan varias firmas de abogados, consultores financieros y una agencia de viajes. Marlowe atraviesa la puerta giratoria y pregunta por Eduardo Contreras. El hombre de uniforme atrás del balcón de la recepción revisa un cuaderno cuadriculado de tapas rojas. “Oficina 618”, dice, “tiene que dejar un documento”. Marlowe le muestra la placa y el hombre asiente con una mirada cómplice.

 

Hombres de corbata impecablemente vestidos y mujeres de sastre oliendo a perfume caro suben con Marlowe en el ascensor. Todos permanecen en silencio. El ascensor para en el cuarto piso, algunos ocupantes salen y se despiden educadamente. En el sexto y antes de que la puerta se abra por completo Marlowe alcanza a ver la figura de un hombre que se precipita por las escaleras a toda velocidad. Marlowe sale del ascensor y comienza a correr detrás de él. A pesar del esfuerzo del hombre la distancia entre los dos se va haciendo cada vez más pequeña. El que corre adelante es un poco gordo, lleva saco y pantalón de color gris y unos zapatos negros de charol que no son los más indicados para escapar de una persecución policial. En el tercer piso el hombre gira sorpresivamente hacia el corredor tratando de alcanzar la puerta de servicio. En ese momento y haciendo un gran esfuerzo, Marlowe aprovecha para dar un salto y caer sobre él. “Estoy muy viejo para hacer esto”, piensa Marlowe sintiendo el dolor a un costado de la espalda. Los dos caen al piso y rápidamente Marlowe lo domina y lo levanta sujetándolo por las solapas del saco. “¿Por qué la prisa Contreras?”, le dice. “Por favor no me mate, yo no sé nada”, dice Contreras asustado. “¿Y por qué lo iba a matar?”. “Ya mataron a Carlos...”. “Cálmese, soy de la policía, no le va a pasar nada”. Contreras recupera un poco la calma y mira a Marlowe aún incrédulo. “Estoy investigando la muerte de Carlos, por eso estoy aquí”. Contreras respira tres veces de forma profunda y cierra los ojos un instante. Marlowe lo suelta. “¿Por qué Carlos se sentía amenazado?”. Contreras saca un pañuelo blanco del bolsillo de atrás de su pantalón y se seca el sudor de la frente. Después mira a ambos lados como si existiera la remota posibilidad de que alguien los estuviera escuchando. “Carlos me dijo que su profesor, el tipo que mataron en el centro, le había contado algo sobre un grupo...”. “Eso ya lo sé”, dice Marlowe impaciente, “necesito saber si Carlos le dio algún detalle que pueda ayudarnos a encontrar a esa gente, un nombre, un lugar de encuentro, cualquier cosa”. Contreras se queda pensativo un momento. “¿Pueden darme protección, al menos por un tiempo?”. “Veré qué se puede hacer”. “Zubiria llegó a decirle a Carlos dónde se reunía el grupo. Es un lugar en el barrio Cabrera, sobre la calle 86. Aparentemente es un bar-restaurante muy exclusivo, pero en el subsuelo funcionan varias salas clandestinas. En una de ellas se hacían las reuniones del grupo.” “Algo más. ¿Algún nombre?”. “Carlos siempre hablaba de De Quincey, decía que era el líder del grupo, nunca mencionó ningún otro nombre”. “Esta bien, llame a este número, pregunte por el subteniente García y dígale que llama de mi parte, él sabrá qué hacer”. Marlowe le entrega un papel con un número y baja por las escaleras hacia la salida del edificio.

Publicado enEdición Nº233