Sábado, 29 Agosto 2020 05:26

La era de TikTok

La era de TikTok

Política, guerra y nuevo lenguaje de masas

 

Por primera vez en la historia de Internet, una red social proveniente de China conquista a los usuarios de Occidente. TikTok se ha convertido en un verdadero experimento que divide a Estados Unidos de China, pero que, además, se cuela en guerras y campañas políticas. ¿De qué se trata esta red social? ¿Por qué en política ganan los que primero llegan a ella y no los que mejor la usan? ¿Qué está pensando la izquierda (si es que está pensando algo) sobre TikTok?

TikTok está en boca de periodistas, analistas internacionales, políticos y empresarios de todo el mundo. No podría ser de otra manera. Por primera vez en la historia de eso que llamamos internet, una red social proveniente de China (en este caso, propiedad de la empresa china ByteDance), conquista las mentes de los usuarios en Occidente. Pero el 6 de agosto, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que impuso 90 días para que ByteDance venda sus operaciones con TikTok en Estados Unidos a una empresa nativa, por considerarla una amenaza a la seguridad nacional. El establishment de Estados Unidos está desesperado ante los avances de China en tecnologías de la información y la comunicación, y está dispuesto a hacer lo que sea necesario para no perder totalmente el control de la situación.

Mientras tanto, cosas aparentemente extrañas e incomprensibles para quienes no forman parte de la «Generación Z» (nacidos entre 1994 y 2010, es decir, los que siguen a los millennials) en TikTok, como el éxito ultra-viral en base al método de lip sync (mecanismo principal de generación de contenido en esa red, junto a los challenges) sobre la base de una publicidad rusa que ha inundado los celulares de todo el mundo: mi pan su chállenles sum. El lip sync no es más que la sincronización de movimientos labiales con vocales habladas o cantadas, simulando así el cantar o hablar en vivo.

En estos momentos, Oracle (líder en software para empresas que van desde base de datos hasta sistemas de gestión), Microsoft (que casi no existe en el mercado de las redes sociales, y apenas posee Skype y LinkedIn), y también Twitter, se encuentran en una carrera furiosa dentro del mundo corporativo para quedarse con TikTok. Oracle es el favorito de Trump, por las relaciones de su dueño con el actual presidente republicano.

TikTok es una plataforma de microvideos que acaba de cerrar el primer semestre de 2020 con más de 2.000 millones de descargas en todo el mundo. La pandemia ha sido el clímax de una explosión cultural y social liderada por esta red a escala global, y también en Latinoamérica. TikTok llegó a la política para quedarse, como conflicto geopolítico y corporativo, pero también como la expresión del nuevo lenguaje de las masas hiperconectadas. Un nuevo lenguaje que, por supuesto, ya se viene incubando en YouTube y las stories de Instagram, pero que ha dado un salto específico en TikTok al tratarse de una red puramente basada en videos verticales, que ocupan toda la pantalla y que se guían por un algoritmo más agresivo que no se basa en los seguimientos (órdenes conscientes) sino en el tiempo que cada usuario pasa frente a los videos (interés inconsciente). Por eso, Zuckerberg presentó el 5 de agosto una nueva función para Instagram, llamada Reels, como punta de lanza para contener a una audiencia en fuga.

Como si todo esto fuera poco, TikTok ha sido el vehículo de una humillación política personal para Trump, con un espectacular sabotage fans del pop coreano (k-popers) y usuarios de TikTok enfurecidos por la represión policial de las protestas de #BlackLiveMatters tras el asesinato de George Floyd. Los organizadores del primer acto de campaña de Trump presumían de tener más de un millón de solicitudes para el pabellón de 19.000 personas. Brad Parscale, jefe de campaña de Trump, puso un escenario exterior para que su jefe pudiese dirigirse también a los ciudadanos que no habían logrado entrar en el abarrotado BOK Center de Oklahoma, en Tulsa. Como comentó la prensa, la sorpresa vino cuando Trump se encontró con miles de butacas libres y una pista medio vacía. Del aforo de 19.000 personas, solo acudieron 6.200, según las cifras del Departamento de Bomberos de la ciudad de Tulsa.

Antes de Estados Unidos, el uso de TikTok en la campaña presidencial de la India ya había sido significativo (como ya había ocurrido con WhatsApp): en mayo de 2019, durante las presidenciales, millones de adolescentes disputaron la campaña sin ningún tipo de participación oficial con diferentes hashtags. Pero esto ya es cosa del pasado, pues al calor del conflicto militar entre China e India por Cachemira, el gobierno prohibió en julio de 2020 a TikTok y 59 aplicaciones más provenientes de China. Uno de los principales beneficiarios es Mark Zuckerberg, que está acaparando una enorme cantidad de esa gigantesca audiencia ahora huérfana. TikTok tenía en India 120 millones de usuarios y por este bloqueo sus pérdidas podrían alcanzar los 6000 millones de dólares.

Pero no solo Trump desconfía de TikTok. El asesor general de Biden, Dana Remus, dijo a los empleados en un correo electrónico que deberían «abstenerse de descargar y usar TikTok en el trabajo y dispositivos personales», citando preocupaciones sobre la privacidad y seguridad de los datos. Aaron Presman, en su newsletter Data Sheet, de la revista Fortune, imagina que Obama también estaría de acuerdo con lo que está haciendo Trump. Sin embargo, afirma que «el problema de las políticas unilaterales de Internet de China y los esfuerzos aún más aterradores requieren una respuesta global seria y unificada. Quizás el próximo habitante de la Casa Blanca esté más a la altura de la tarea».

A diferencia de Biden, //www.tiktok.com/@bernie">Bernie Sanders tiene en TikTok un espacio personal muy bien llevado a partir de contribuciones de sus jóvenes seguidores. Alexandria Ocasio-Cortez no tiene un perfil oficial pero contenidos sobre ella son furor en la red. El caso más destellante es el de Matt Little, un senador por el estado de Minnesota prácticamente desconocido hasta hace poco y //www.tiktok.com/@littlesenator?referer_url=https%3A%2F%2Fwww.businessinsider.com%2Ftrump-tiktok-ban-minnesota-state-senator-matt-little-140000-followers-2020-8&;referer_video_id=6820841093433658629">que como tiktoker ha acumulado más de 143.000 seguidores desde que abrió su cuenta en febrero. Aquí la grieta tiene que ver con una cuestión generacional, no partidaria: el público objetivo de cada uno marca la diferencia.

Diciembre de 2018 es el punto de partida de este proceso de beligerancia digital, político y económico que tuvo su primer highlight con la crisis en torno a Huawei y el 5G, que continúa hasta hoy. A escala mundial, solo la empresa china Huawei puede ofrecer un servicio que complete de tramo a tramo la instalación de la nueva tecnología 5G. El 5G hará mucho más fluida la banda ancha al aumentar la velocidad de conexión (entre 10 y 500 veces más), allanando el camino para las «ciudades inteligentes» y el «internet de las cosas». De esta manera China ya viene poniendo en entredicho la dominación de Estados Unidos sobre la infraestructura que dominará el futuro de Internet, lo cual le valió el apoyo de los proveedores de servicios de telecomunicación («telcos») en esta cruzada de Trump. Detrás de Estados Unidos se conforma un bloque junto a Japón, Australia y el Reino Unido, que bloquean a Huawei. Trump se atribuye explícitamente haber logrado que el primer ministro Boris Johnson anunciara, el pasado 14 de julio, prohibir a las «telcos» que operan en terreno británico la compra de equipos de Huawei a partir de 2021. Esto es lo mismo que ha filtrado el propio Johnson.

Pero el caso con TikTok marca un aumento en el conflicto sino-estadounidense, porque como explicó Juan Elman, «TikTok no es Huawei». La empresa que lidera el desarrollo global en 5G juega un rol vital para su economía doméstica y sus proyectos de expansión. La relación con el Partido Comunista Chino, además, es mucho más estrecha que en el caso de ByteDance, que ha tenido roces con el aparato de seguridad por contenidos políticos sensibles. Ni TikTok ni su empresa madre son socios estratégicos de Beijing.

La compañía propietaria de la aplicación, ByteDance, ha negado reiteradamente las acusaciones contra TikTok sobre excesos en la recopilación de información. Las acusaciones del establishment estadounidense contra China no tienen nada que envidiar a las denuncias de Edward Snowden de hace mucho tiempo atrás, y la realidad es que es TikTok es incluso menos agresivo que Zuckerberg en el tratamiento de los datos. ByteDance buscó incesantemente limpiar su imagen en Estados Unidos (y en el mundo). Creó nuevos puestos de trabajo con el objetivo de llegar a 10.000 empleados y contrató más de 35 lobistas para conseguir llegada a las personas más influyentes en Estados Unidos. Además, abrieron centros de transparencia en Los Ángeles y Washington para mostrar a expertos como trabajan y contrataron como CEO a Kevin Mayer (antiguo jefe de Direct-to-Consumer & International, una división empresarial de Walt Disney donde dirigía los servicios de streaming) para que no puedan decir que los dirigen desde China.

El miércoles 29 de julio, Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Facebook/Instagram/WhatsApp), Sundar Pinchai (Google) y Tim Cook (Apple) comparecieron ante el congreso de Estados Unidos. En China, la historia de las GAFA (como se conoce a estas empresas) es jugosa y está llena de idas y vueltas. Zuckerberg llegó a aprender mandarín para poder seducir a Xi Jinping y penetrar en ese mercado, pero no lo logró y desde hace un tiempo, frustrado, es un activo opositor del Partido Comunista Chino. De este modo, busca presentarse como un garante de los intereses estadounidenses, como ya lo dejó en claro en una audiencia anterior luego del escándalo de Cambridge Analytica. Preguntados sobre si el gobierno de Xi Jinping les roba información a las GAFA, Zuckerberg fue el único que contribuyó claramente a acentuar la escalada que Trump encabeza: «Creo que está bien documentado que el gobierno chino roba tecnología a empresas estadounidenses».

TikTok ya no se trata solamente un fenómeno púber e infanto-juvenil. Las audiencias son cada vez más impacientes y se cansan cada vez más rápido, debido a la sobresaturación de contenido. Para impactar hay que ir a las referencias más básicas (música, emojis), que es lo que expresa TikTok: una suerte de Blitzkrieg por la atención humana. Además, los contenidos que se suben a TikTok después se consumen en Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, porque la empresa no tiene una política de limitar sino más bien de impulsar el derrame. En ese sentido, también funciona como un editor de contenido. Los videos de un minuto hace tiempo resultan viejos y extenuantes.

El progresismo de habla hispana tiende a llegar tarde a estos cambios y debe ponerse en guardia. Así lo explica Iago Moreno, joven experto en música y comunicación política que ha realizado un original análisis sobre el impacto de TikTok en la política de India, Israel, Brasil y España. Moreno sostiene que «por muy importante que sea entender el modo en el que el tecnopopulismo explota las redes sociales, es aún más necesario que no confundamos el síntoma con la causa».

El consultor en comunicación política Antoni Gutiérrez Rubi remarcó con claridad las reglas de una intervención exitosa en TikTok: «Activismo lúdico. Hacer del activismo una experiencia festiva y divertida. La música es el lenguaje central (...) introducir la música, el canto y el baile como expresiones genuinas y vitales de los contenidos políticos cotidianos, la imitación y el juego de rol. Usar la parodia como una poderosa estrategia de deconstrucción de personajes y canalizador de crítica y propuesta política. El talento de las multitudes. La mejor campaña es la que hace la gente anónima (...) Abrirse al desborde creativo de las multitudes y explorar el ARTivismo ciudadano. Pasar de la perfecta publicidad al poderoso atractivo de lo amateur, de lo imperfecto, de lo natural, de lo diverso. La campaña es una fiesta. Usar TikTok como parte de un ejercicio de creación de clima movilizador en los equipos de campaña y en el voluntariado».

A fuerza de golpes, la intelligentsia emanada de las costumbres sociales y culturales de los siglos XIX y XX ha comprendido que tiene que seguir con atención los vaivenes del mercado digital. Ahí es donde se está librando una guerra por el poder. Más allá de cualquier posicionamiento político, esto es lo que está demostrando, por ejemplo, la significativa demanda de la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner contra Google.

TikTok se ha abierto paso en América Latina. Ya tiene más de 5 millones de usuarios en la Argentina y el 45% de ellos tiene entre 13 y 26 años. Como en muchos otros casos, la diferencia en este punto la marca el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, el primero de su tipo en toda Latinoamérica que //www.tiktok.com/@buenosaires">abrió una cuenta institucional para informar sobre prevención en torno al coronavirus. Rodríguez Larreta, ubicado en la centroderecha, se rodea de un equipo altamente profesional, que cuida de mostrarlo descontracturado y divertido, pero sin exponerlo al cringe como algunos creen que ha ocurrido con la cuenta de la presidenta de su propio partido (PRO), //www.tiktok.com/@patriciabullrich">Patricia Bullrich (el cringe refiere al sentimiento de vergüenza, aversión o reticencia ajena ante alguien). Otra incursión significativa es la de //www.tiktok.com/@joseantoniokast">José Antonio Kast, el presidente del Partido Republicano de Chile y ex candidato a presidente ubicado en la extrema derecha.

El caso de España es una muestra de lo que podría ocurrir en las próximas campañas políticas de América Latina, especialmente en aquellos países más politizados. Allí, según releva El Confidencial, TikTok ya ha sido descargada más de 14 millones de veces y todos los grandes partidos tienen cuenta en esta red, pero de momento (como en el resto del mundo) la mayor guerra se da entre comunidades de simpatizantes, en su mayoría adolescentes. La llamada Generación Z es, de hecho, la que constituye el núcleo de TikTok. El emergente partido de extrema derecha Vox ha llegado primero aquí y está tomando la delantera. No tiene desperdicio observar algunas figuras del ecosistema de Vox en TikTok, como la niña //www.tiktok.com/@micaelaesdevox">@micaelaesdevox, aunque puede resultar estremecedor.

Más allá de quien se quede con TikTok en Estados Unidos, en el resto del mundo, ha llegado para quedarse. Como ha explicado Al Ries, el creador del concepto de posicionamiento en 1972 y uno de los más destacados cerebros del marketing, «es mejor ser el primero que ser el mejor».

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Fuentes: Rebelión -Foto AP: protesta contra clases presenciales, Georgia Tech, Atlanta, 17 de agosto de 2020.

En Estados Unidos, la educación universitaria se ha convertido en una costosa mercancía, ofrecida tanto por las universidades estatales como por las privadas. Eso no siempre ha sido así, sino que ha sido resultado del neoliberalismo educativo, que fue impulsado primero en el Estado de California por su gobernador, Ronald Reagan, durante el período 1967-1975, y que después se extendería a todo el país.

El coronavirus ha sacado a relucir las peores lacras del capitalismo, revelando el carácter destructor de la forma mercancía, que se ha impuesto brutalmente en todos los ámbitos de la sociedad. La forma mercancía domina la vida cotidiana de buena parte del mundo, pero es la reina indiscutible en los Estados Unidos, y por esa razón en ese país se hacen más ostensibles sus contradicciones en esta época de pandemia. No es que se hayan originado por el Covid-19, simplemente el virus ha sido el detonante que ha hecho explotar el espejismo del “sueño americano”. Esto se nota en el trabajo, la salud, la recreación, la vivienda, la educación.

En este articulo nos vamos a referir a la mercantilización de la educación, a partir de una noticia en dos momentos: la decisión del gobierno de Donald Trump de expulsar de Estados Unidos a los estudiantes universitarios del resto del mundo que solo estuvieran recibiendo clases on line y la reacción de Estados federales y universidades que se opusieron a dicha disposición. Sobre esta reacción quedaba cierta sensación de que el rechazo a la medida inicial de Trump, que finalmente fue revocada, se debía a la defensa de la democracia y al derecho de extranjeros de estudiar en los Estados Unidos, pero si se mira con detenimiento la conducta de las universidades nos remite a la venta de la mercancía educativa y las fabulosas ganancias que genera para los mercachifles de la universidad.

EDUCACIÓN UNIVERSITARIA: UNA COSTOSA MERCANCÍA

En Estados Unidos, la educación universitaria se ha convertido en una costosa mercancía, ofrecida tanto por las universidades estatales como por las privadas. Eso no siempre ha sido así, sino que ha sido resultado del neoliberalismo educativo, que fue impulsado primero en el Estado de California por su gobernador, Ronald Reagan, durante el período 1967-1975, y que después se extendería a todo el país, cuando ese mismo actor de quinta categoría alcanzó la presidencia de los Estados Unidos (1981-1989). Reagan, un individuo atrabiliario e ignorante, llegó a decir, para justificar la privatización de las universidades, que los contribuyentes no debían “subvencionar la curiosidad intelectual” y eso lo debían financiar las propias universidades. Ese proyecto implicó la reducción en las transferencias estatales a las universidades, que se fue agravando con el paso del tiempo. Así, entre 1987 y 2012, la financiación pública de las universidades disminuyó en un 30% y en el 2019 en Alaska, para dar un ejemplo, la reducción de presupuesto alcanzó los 135 millones de dólares.

Las universidades recurrieron como vía alterna de financiación al aumento de matrículas, las que se dispararon a niveles estratosféricos hasta convertir a la educación universitaria de los Estados Unidos en la más costosa del mundo. Hasta tal punto esos ingresos son importantes, que el presupuesto de las universidades públicas depende en un 25% de las matrículas y de las privadas en un 35%. Estas cifras adquieren sentido si se compara con lo que sucede en algunos países europeos, donde o las matrículas son gratuitas, como Alemania, o muy bajas, como en Francia.

Como resultado, las matrículas se han elevado en las universidades de Estados Unidos en un 260% entre 1980 y 2014. En concreto, estudiar en una universidad de los Estados Unidos cuesta hasta unos 70 mil dólares por año. Como a ese costo solo puede acceder una ínfima minoría de Estados Unidos y del resto del mundo, el sistema interno que se ha desarrollado es el de los préstamos, que en el 2013 constituirán el 50% del total de presupuesto de las universidades (cuyo monto era de 75 mil millones de dólares). Esto ha dado origen a los endeudados educativos, esclavizados con el sistema financiero que está detrás de las universidades, y al cual las familias de los estudiantes debían, en 2019, 1.5 billones de dólares por préstamos para estudiar.

Otra forma de financiación de las universidades se basa en la firma de convenios con entidades privadas, como con canales de televisión, y ventas de cursos de verano y conferencias, arrendamiento de campos deportivos…. Un buen rubro de ingreso de las universidades son los estudiantes extranjeros, puesto que en Estados Unidos están matriculados más de un millón, la mitad de los cuales proceden de China e India. En el año escolar 2016-2017, estos alumnos extranjeros desembolsaron por matriculas 37 mil millones de dólares.

Este sistema de financiación de la universidad ya estaba en crisis antes de la emergencia del coronavirus, como se muestra con la insolvencia de muchas universidades y la quiebra de alguna de ellas. En 2019, estaban en situación de insolvencia 946 universidades, 60 de las cuales quebraron.

EL IMPACTO DEL COVID-19 EN LAS UNIVERSIDADES

El Covid-19 ha agravado una situación ya existente y ha mostrado las limitaciones de la mercantilización educativa. El impacto del cierre de los campus universitarios se ha sentido de inmediato en ese sistema universitario mercantil, que dejara de recibir ingresos por las ventas de verano, así como por la deserción de estudiantes estadounidenses, que puede llegar al 15%, lo que significa una reducción de ingresos de 23 mil millones de dólares en el próximo año académico. A eso se suma que muchos de los estudiantes están inconformes con la educación on line, debido a que ello supone dejar de responder por otros compromisos de las universidades, como vivienda y alimentación, que les siguen cobrando a los estudiantes. Muchos estudiantes ya han demando a las universidades para que cumpla con los contratos a que se comprometen y por los cuales cobra mucho dinero. A esto se le deben sumar los 32 mil millones de dólares y los 300 mil empleos que se perderían si los estudiantes extranjeros no se matriculan para el próximo año escolar.

En este contexto de crisis financiera agravada de las universidades, que se calcula en unos 47 mil millones de dólares, la decisión de Donald Trump sobre expulsar a los estudiantes extranjeros no podía llegar en peor momento. Aunque se hayan hecho declaraciones como la de la senadora Elizabeth Warren, quien señaló que “expulsar a los estudiantes internacionales en medio de una pandemia global” es “un sinsentido, cruel y xenófobo” o la del profesor Stephen Walt de la Universidad de Harvard quien ha dicho: “asumo que Trump y Miller (Stephen Miller, su asesor en inmigración) están encantados con que los estudiantes acaben en la Universidad de Tsinghua (China)” o la del gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, quien sostuvo: “no podemos ser un líder mundial si le cerramos la puerta al futuro a los estudiantes”. Esas son declaraciones demagógicas, que esconden el problema real que originó el grito de protesta de los dueños de las universidades y de gobernadores estatales, así como de políticos ligados al lobby educativo: la pérdida de ingresos por no recibir el costo de la matricula y otros gastos de un millón de estudiantes extranjeros. Aquí el patriotismo barato de Trump se estrella con los fabulosos ingresos que llenan las faltriqueras de las universidades mercantiles, para las cuales su única patria es el dólar. El resto es cháchara barata.

Por Renán Vega Cantor | 26/08/2020

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Foto: Un salón de clases es desinfectado en Egipto. (UNICEF/Ahmed Mostafa)

La pandemia de coronavirus ha provocado la mayor paralización educativa de la historia y el cierre de escuelas en más de 160 países, a mediados de julio, ya había afectado a más de mil millones de estudiantes, dijo el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, este martes.

Además, al menos 40 millones de niños en todo el mundo se han perdido la educación «en su año crítico de preescolar», agregó.

Como resultado, Guterres advirtió que el mundo enfrenta «una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, socavar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades enquistadas».

Antes incluso de la pandemia, el mundo sufría «una crisis de aprendizaje», con más de 250 millones de niños sin escolarizar y sólo un cuarto de los jóvenes de secundaria que dejaban la escuela en países en desarrollo tenían «habilidades básicas», explicó Guterres.

Según una proyección global sobre 180 países elaborada por la Unesco, la agencia educativa de la ONU, y organizaciones asociadas, unos 23,8 millones de alumnos más entre el jardín de infantes y la universidad están en riesgo de abandonar sus estudios o de no tener acceso al próximo curso académico por el impacto económico de la pandemia.

«Estamos en un momento decisivo para los niños y jóvenes del mundo», dijo Guterres en un mensaje en video y en una conferencia de prensa sobre el informe de 26 páginas. «Las decisiones que los gobiernos y los socios tomen ahora tendrán un impacto duradero en cientos de millones de jóvenes y en las perspectivas de los países en vías de desarrollo para las próximas décadas».

Según el reporte, «la paralización educativa sin precedentes» por la pandemia está lejos de terminar y hasta 100 países no han anunciado todavía el calendario para la reapertura de centros educativos.

Guterres pidió acciones en cuatro áreas clave, la primera de ellas la reapertura de los centros educativos.

«Una vez que la transmisión local del COVID-19 esté bajo control, hacer que los estudiantes regresen a las escuelas e instituciones educativas con la mayor seguridad posible debe ser una prioridad», manifestó.

La Unesco tiene previsto celebrar una importante videoconferencia de alto nivel en otoño, probablemente en la segunda mitad de octubre, para lograr compromisos de los líderes mundiales y de la comunidad internacional que sitúen a la educación en primera línea de las agendas para la recuperación, explicó la subdirectora general de la institución para Educación, Stefania Giannini, a reporteros.

«Puede haber compensaciones económicas, pero cuanto más tiempo sigan cerradas las escuelas, más devastador será el impacto, especialmente en los niños más pobres y vulnerables», advirtió Giannini.

Los colegios no sólo proporcionan educación, sino que también ofrecen protección social y nutrición, especialmente a jóvenes vulnerables, afirmó.

La crisis del coronavirus ha ampliado las desigualdades digitales, sociales y de género, dijo Giannini añadiendo que las niñas, refugiados, discapacitados, desplazados y jóvenes de zonas rurales son los más vulnerables y tienen oportunidades limitadas para continuar su educación.

Guterres dijo que incrementar la financiación de la educación debería ser una prioridad.

 

Agencias

5 agosto 2020 0

Publicado originalmente en AFP

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América Latina pierde el equivalente a 47 millones de empleos por el coronavirus

La OIT empeora en solo un mes las previsiones sobre el efecto de la pandemia en el mundo del trabajo

 

Los efectos de la pandemia sobre el mundo del trabajo son devastadores. La Organización Mundial del Trabajo (OIT), dependiente de la ONU, ha actualizado este martes a la baja sus previsiones más pesimistas. El coronavirus ha destruido durante el segundo trimestre del año el equivalente a 400 millones de puestos laborales en todo el mundo, 95 millones más que en la anterior estimación, publicada el 27 de mayo. América Latina ha sido la región más golpeada, con 47 millones de puestos de tiempo completo perdidos. “Las nuevas cifras reflejan el agravamiento de la situación en numerosas regiones durante las últimas semanas, sobre todo en las economías en desarrollo”, advierte la OIT.

El informe, titulado Observatorio de la OIT: COVID-19 y el mundo del trabajo, calcula los estragos de la pandemia en horas laborales perdidas: entre mayo y julio, disminuyeron 14% en todo el mundo. Para obtener el equivalente en puestos, la OIT divide el total de horas por las 48 horas de una jornada semanal estándar. América Latina perdió 20,5% de sus horas, seis puntos más que el promedio mundial. Si se suman Estados Unidos y Canadá, el porcentaje disminuye a 18,3%, pero aún así la bajada en América supera a la de Europa y Asia Central (13,9 por ciento, equivalentes a 45 millones de empleos), Asia y el Pacífico (13,5 por ciento), Estados Árabes (13,2 por ciento) y África (12,1 por ciento). “Se trata de la mayor pérdida de horas de trabajo en las principales regiones geográficas y de la mayor revisión al alza al respecto desde que se publicó la cuarta edición del Observatorio de la OIT”, dice el informe sobre el total americano.

La OIT advierte que el 93% de los trabajadores vive en países con restricciones a la actividad económica y laboral muy altos. Y dice que las medidas que se tomen para remediar el problema moldearán el futuro del mundo del trabajo “más allá de 2030”. “Si bien los países se encuentran en fases diversas de la pandemia y es mucho lo que se ha hecho, debemos redoblar nuestros esfuerzos si queremos salir de esta crisis mejor que cuando comenzó”, dijo Guy Ryder, director general de la OIT. El informe servirá de punto de partida para las discusiones que la OIT espera para la semana próxima, en su Cumbre Mundial. “Espero que los gobiernos, los trabajadores y los empleadores aprovechen esta oportunidad para presentar y escuchar ideas innovadoras”, dijo Ryder.

Escenarios para el segundo semestre

La OIT calcula tres escenarios posibles para lo que resta del año, según sus previsiones sean de base, pesimistas u optimistas. Todo dependerá del desarrollo de la pandemia y las decisiones de los gobiernos para enfrentarla.

En un escenario de base, donde se levanten las restricciones laborales y la actividad se recupere lentamente, las horas trabajadas caerán 4,9% con respecto al último trimestre de 2019, o el equivalente a 140 millones de empleos de tiempo completo.

El escenario pesimista supone una segunda ola de la pandemia y la vuelta de las restricciones. En ese caso, las horas perdidas supondrían el 11,9%, o 340 millones de empleos. La visión optimista prevé una rápida recuperación económica, con 1,2% menos de horas trabajadas (34 millones de empleos).

Golpe a las mujeres

El informe tiene un destacado sobre el mundo laboral de las mujeres, a las que considera más expuestas a los efectos negativos de la pandemia. Tanto, que la OIT teme que por efecto del coronavirus “algunos de los modestos progresos en materia de igualdad de género alcanzados en las últimas décadas se pierdan y que las desigualdades de género relacionadas con el trabajo se agudicen”.

“El grave impacto de la covid-19 sobre las mujeres está relacionado con su sobre representación en algunos de los sectores económicos más afectados por la crisis, tales como la hostelería, la restauración, el comercio y la industria manufacturera”, dice el informe. Según los cálculos de la OIT, 510 millones de mujeres empleadas en el mundo (el 40% del total) “trabajan en los cuatro sectores más afectados, frente al 36,6% de los hombres”.

Las mujeres predominan, además, en el frente de batalla contra la pandemia, porque son mayoría en los puestos de asistencia sanitaria y los servicios sociales. “Es allí donde corren mayores riesgos de perder su ingreso, de infección y de transmisión, y es menos probable que tengan protección social”, concluye el informe.

Por Federico Rivas Molina

Buenos Aires - 30 jun 2020 - 23:04 COT

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Jueves, 05 Marzo 2020 07:14

Juventud, generación neoliberal

Periódico desdeabajo, 21 de noviembre de 2019.

Como es conocido, a bebidas de distinto tipo, tanto para conservarlas como para garantizar sabor y consistencia, les incorporan gas. Pero en otros casos es la propia fermentación de sus compuestos el que lo genera –es el caso de bebidas con base en frutas o algunos granos, como el maíz–.

Como muy seguramente lo hemos experimentado una y otra vez al abrir estas bebidas, en unos casos se derrama si la misma ha sido batida previamente, en otros casos sucede de similar manera sin necesidad de batirse, por el simple hecho de liberar aquello que tapona el líquido, el cual desborda aquello que lo guarda como en un feliz estallido libertario.

Exactamente eso fue lo sucedido el pasado 21N con un sector de la juventud colombiana, y segmentos de otras generaciones: estallaron, dejando a un lado el recipiente estatal que las contenía y creía controlarlos. Unos y otros habían acumulado a lo largo de tres décadas los insumos y componentes que potenciaron su desborde. Para el caso de la generación neoliberal, nacida en los años 90 del siglo pasado, que no conoció el remedo de Estado de bienestar que por estas tierras tomó cuerpo por algunas décadas, soportando con los gobiernos de Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe, Santos y Duque, privatizaciones, negación de derechos, desempleo, bajos salarios, cobro por el “derecho” a estudiar, estímulo a la acción individual como garantía de éxito –tropezado con la evidencia de las reiteradas negaciones de un régimen económico y político que desecha a las mayorías–, cansancio con un discurso lleno de promesas y cargado, además, de violencia y de incumplimientos reales con sus gobernados, y otro cúmulo evidente de mal gobierno que terminaron por generar tanto gas que al final rompieron el empaque de apariencia conformista que los caracterizaba, hasta sobrepasar las tapas o tapones, corchos y alambres, que en forma de legitimidad y hegemonía oficial han dispuesto sobre unos y otros.

Para el caso de otros miles de miles que también coparon calles, más adultos que los ya referidos, en su mayoría conocedores de los beneficios de un empleo fijo y bien o regularmente remunerado, concitados a la resistencia por los anuncios de reforma laboral y pensional que desde ahora les anuncia más años de trabajo, más cotizaciones, menos estabilidad laboral, desmejoramiento de las condiciones laborales, etcétera.

Unos y otros se encontraron en la protesta aliados por la necesidad, en un caso de gozar lo que no han conocido hasta ahora y en otro de no perder lo conocido hasta ahora.

Una protesta intensa pero que fue perdiendo fuerza. No es de extrañar. Como sucede con los envases rebasados por el líquido, la cantidad que primero salta es notoria, para ir mermando poco a poco, hasta dejar de fluir. Cuánto dure este proceso depende del tipo de líquido, del tamaño del recipiente, de cuánto haya sido batido, etcétera.

En el caso colombiano, la cantidad del mismo se tomó varias semanas en efervescencia, en una primera instancia con sorprendente abundancia para luego seguir su proceso natural de agotamiento, en lo cual incidió tanto la maniobra oficial de promesas y violencia “ejemplarizante”, como la incapacidad de los sectores alternos para prever lo sucedido y disponer medidas para conducir la feliz ebullición que sobrepasaba el envase estatal, así como la época navideña o de vacaciones con su dispersión de gentes por todas partes .

Como ocurre con frecuencia con los sectores alternos, tanto en nuestro país como en el mundo en general, no se contó con la capacidad requeridad para anticipar los hechos y, por lo tanto, no se contó con las disposiciones necesarias para enrutarlos. Tardíamente se pretendió hacerlo, y por ello fue constituido un Comité Nacional de Paro, el cual no ha logrado posicionar una lectura común de lo sucedido y de aquello por venir, ni una conducción común para las energías desbordadas.

Como parte de una acción política, también común en el mundo entero, posterior a los hechos, la Conducción ha pretendido que el gas siga presionando la salida de líquido de manera igual, superior o parecida a su estallido inicial, lo cual no ocurre, por múltiples circunstancias, entre ellas porque el gas ya no tiene tanta potencia como para conservar la dinámica del desfogue inicial o, simplemente, porque el envase no es agitado de la manera adecuada para que arroje el líquido que contiene, o tal vez porque el líquido ya es insuficiente.

En cualquiera de estas circunstancias lo que aconseja la realidad es que, si la pretensión es que continúe saliendo líquido pues hay que inyectarle más gas, y eso demanda tiempo, así como procesos armónicos, tanto químicos como naturales. No proceder así es actuar cargados de buenos deseos, y así lo evidencia el hecho de batir y no lograr lo pretendido.

Una realidad similar es la que tenemos con el 21N y la generación que lo protagonizó. No saldrá en iguales proporciones a las iniciales hasta tanto no vuelva a cargar el gas requerido que la lleve a romper el tapón con el cual pretenden someterla de nuevo. Es decir, estamos ante una evidente realidad que demanda, más que definir fechas de paros, buscar el reencuentro con la sociedad toda, y dentro de ella con la generación neoliberal, buscando darle más potencia a lo que habrá y deberá de suceder en un tiempo no distante en el país. Una dinámica que demanda una acción pedagógica, desplegada en los territorios donde habita estos sectores, para discutir entre el conjunto social la realidad de la vida que se padece y el qué hacer para transformarla.

Un proceso que no es mecánico, pues no implica no desplegar acciones directas hasta cuando no exista conciencia de lo que está sucediendo y de lo que debe trascender en tiempo dado; pero sí demanda una dinámica de tensión y organización social en tiempo determinado, con pretensiones más sensatas, menos voluntaristas, conscientes de que una ruptura social debe darse como efecto directo de la acción mayoritaria de aquellos a quienes las organizaciones del cambio dicen representar

Es decir, como dijera alguien que sí sabía de anticipar realidades revolucionarias: hay que dar un paso atrás antes de atrevernos a dar dos pasos adelante.

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Jueves, 27 Febrero 2020 05:32

Parasite no es fantasía

Parasite no es fantasía

Una vez al año, trecientos profesores surcoreanos son llevados en autos con ventanas ciegas a un lugar desconocido en la montaña a definir las preguntas del examen anual que rinden 548.000 aspirantes universitarios del que saldrá un ranking nacional: un 4% de alumnos entrará a las tres mejores universidades del país. Esos selectos docentes permanecen un mes incomunicados sin internet ni teléfono. Su misión es secreta por contrato, so pena de ir dos años a la cárcel: salvo la esposa o marido, nadie deberá saber en los siguientes años que ese profesor ha confeccionado esas preguntas.

Antes de comenzar la reclusión voluntaria, un detector de metales garantiza que no ingresen dispositivos electrónicos. Un batallón de servicios secretos del Estado controla que nadie salga ni entre del lugar durante el mes y queman in situ toda la basura para que no sea posible revisar bollos de papel buscando las codiciadas preguntas que se digitalizan un día antes de ir a la imprenta: de allí salen en camiones y la TV lo transmite en vivo.

En una sociedad marcada por la cosmovisión confuciana, la educación es un gran símbolo de status y la posibilidad más cierta de ascenso social. Este tema es el punto de partida del guion de la premiada película Parasite de Bong Joon-ho: un joven de clase baja va a darle clases particulares de inglés a una adolescente de familia rica quien --como casi todo coreano-- vive con una espada de Damocles clavada de nombre Suneung, ese examen que dura ocho horas y veinte minutos donde se define el futuro de casi todo coreano. La película pone de relieve los daños colaterales del Milagro Coreano que generó un desarrollo económico frenético, mientras crecía una desigualdad estratosférica con familias como la del docente de Parasite viviendo en subsuelos que fueron refugio antimisiles (los ricos tienen sus propios búnkeres pero preventivos).

Desde el jardín de infantes, muchos niños son entrenados para vencer y reciben clases de inglés. A tal punto escaló la psicosis educativa que el Estado debió promulgar una ley prohibiendo que los pequeños aprendan inglés antes que coreano. El día del Suneung la bolsa de comercio abre dos horas más tarde y una campaña nacional invita a no sacar el auto a la calle para que el tránsito fluya. Si un estudiante se retrasa 5 minutos no entra y pierde un año de su vida. Se habilita un call center para rezagados y una flota de vehículos policiales que salen con la sirena a rescatar dormilones (algunos duermen en un hotel cercano y se recomienda que el día anterior todos hagan el viaje a modo de prueba). El tránsito se corta 200 metros a la redonda de cada sede y los vuelos se suspenden durante los 40 minutos del examen oral de inglés.

Esa misma tarde se revelan las respuestas del multiple choice y cada quien intuye si sirvió sacrificar la infancia y la adolescencia casi completas para entrar a una buena universidad: lo logran con 490 puntos sobre 500. Algunos tienen más posibilidades: es el caso de los hijos de la familia rica de Parasite que contrata docentes privados en casa en lugar de mandarlos a institutos con aulas de 20 alumnos.

La ONG coreana Mundo lo dice sin eufemismos: “los jóvenes pasan de 70 a 80 horas semanales estudiando y están entre los peores en los ranking mundiales de felicidad y salud mental; su creatividad y sociabilidad están sofocadas”. Muchos adolescentes se levantan antes de las 6 a.m. y los fines de semana también van a institutos de apoyo. Un estudio del Centro de Prevención de Enfermedades de Corea concluyó que los alumnos de secundaria duermen en promedio 5,5 horas por noche y el 83% de los chicos de 5 años asisten a clase extracurricular 5,2 veces por semana. En 2003, el Comité por los Derechos de los Niños de la ONU declaró: “la naturaleza altamente competitiva de este sistema educativo obstaculiza el desarrollo de los niños en su completo potencial”.

Mantener un hijo en Corea del Sur cuesta entre 300.000 y 400.000 dólares hasta que se gradúa en la universidad. Los exitosos en esta carrera social tampoco la tienen fácil: un ingeniero en programación raso en Samsung trabajando 12 horas de lunes a viernes --y unas horas los sábados e incluso domingos-- gana 3000 dólares al mes en una ciudad como Seúl donde un departamento de 80 m² cuesta medio millón de dólares.

Los niveles de stress de la juventud son altos y una suma de 1500 alumnos de primaria, secundaria y terciario se suicidan por año, la mayoría por presiones en el estudio y la soledad derivada del mismo. La debacle trágica en que deriva la frustración de la familia pobre en Parasite es la manera en que explotó en esa “verosímil” ficción la olla de presión coreana, por lo general bien contenida por el confucianismo.

Todo esto comenzó, al menos, durante la dinastía coreana Joseon --siglos XIV a XIX-- que elegía sus funcionarios a través de un riguroso examen y abrazó al confucianismo como ideología de Estado: desde allí permeó a la base social. Según el filósofo chino Confucio, en lo más alto de la escala social se ubicaban los ilustrados, los únicos preparados para gobernar con justeza y honestidad. El cosmos regido por el Tao en el Este de Asia se compone de dos fuerzas complementarias en armonía, donde el hombre es la única disonancia. Confucio propuso máximas virtuosas buscando que ese hombre armonizara con el cosmos y sus semejantes. El primer paso era el respeto sagrado de la autoridad del gobernante y las leyes en pos del equilibrio social. Esa obediencia conservadora debía extenderse a todas las relaciones de la pirámide social: el respeto de los menores a los mayores (“sabios seres del crepúsculo”), de la mujer al hombre, de los hijos a los padres y del campesino al intelectual.

El confucianismo reflejó un modo de pensar colectivo que viene de la cultura del arroz y su trabajo comunitario. El trasfondo es que el individuo no debe rebelarse y tendrá siempre que cumplir bien su rol, siguiendo los rigores productivos y aceptando toda desigualdad y jerarquía. Y tiene que renunciar a su individualidad en función del grupo como totalidad. Todo esto ha sido naturalizado al nivel de un ancestral inconsciente colectivo: por eso es tan difícil cuestionárselo. Cada persona se reduce a un engranaje que, si se sale del curso, será punida por su entorno social. Así funcionan estas sociedades autoreguladas: “clavo que sobresale se hunde de un martillazo”. Si la mayoría acepta que el objetivo central de la vida --y de la nación, ese grupo mayor-- es el progreso vía el estudio para entrar a una compañía tecnológica, todos deben intentar lo mismo. Ese modo de pensar allanó el terreno para la fase hiperproductiva del capitalismo tigreasiático con el soldado corporativo como punta de lanza.

El precio de diferenciarse de la masa --y de no subirse al curso del río social-- implica resignarse a vivir en los subsuelos de la sociedad como la desempleada familia Kim en la película, a riesgo de terminar nadando en una cloaca. Su salvación parece ser parasitar ingeniosamente y sin escrúpulos a una familia rica hipersensible al olor a pobre, e incluso a otros desclasados que no lograron ser parte del exitoso “gran colectivo confuciano” que es Corea del Sur.

Julián Varsavsky es coautor con Daniel Wizenberg del libro Corea, dos caras extremas de una misma nación (Ediciones Continente).

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Jóvenes millennials trabajan en presentaciones de la Semana de la Moda, en NY.Foto Ap

Siempre me intrigó la forma tan singular en la que EU maneja su triple contabilidad: la del fisco, la real, y la “contabilidad invisible (off balance sheet)” de sus macabros hedge funds (fondos de cobertura de riesgo).

EU exhibe varios "agujeros negros" contables que sólo se explican por la doble cobertura de su dotación de armas nucleares y su control, todavía, del sistema financiero global con su arma más letal: el dólar.

Dejo para otra ocasión el escrutinio del "agujero negro" del Pentágono por 35 millones de millones de dólares (https://yhoo.it/39dpfaa): ¡Equivalente al PIB nominal de China y EU juntos!

La colosal deuda universitaria de los millennials todavía no llega al grado de "agujero negro", pero representa el segundo mayor endeudamiento de EU en la categoría de "deuda de consumo": detrás de las hipotecas y antes que los adeudos de las tarjetas de crédito.

Las estadísticas sobre la deuda estudiantil de los derrelictos millennials "muestra que 43 millones de prestatarios adeudan colectivamente 1.6 millones de millones de dólares en deuda federal y privada", según el Consejo de Gobernadores del Sistema del Gobierno Federal (https://bit.ly/2UAQ3Nk).

Los graduados deben 29 mil 200 dólares en promedio. Es impactante el adeudo promedio de los graduados del sector salud: dentistas 285 mil 184 dólares; médicos 196 mil 520 dólares; y especialistas en farmacia 166 mil 526 dólares.

Quizá el ambiente de capitalismo tan salvaje explique el alto costo de la salud en EU, el más caro del planeta, que resalta una paradójica brecha entre un patético acceso –por cierto, catalogado como uno de los peores del mundo–, y el auge desmedido del Big Pharma que tiene ingresos por casi un millón de millones de dólares (https://bit.ly/39nTElY).

No faltan las consabidas acrobacias contables en EU de sus grupos de interés.

Resalta el choque conceptual entre los multimillonarios y el "socialista demócrata" Bernie Sanders, ídolo de los millennials (https://bit.ly/37eMu20).

Los multimedia de los multimillonarios –tipo Bloomberg, Forbes y Jeff Bezos– aseveran que no existe tal "crisis de deuda estudiantil" y que sólo se trata de un artefacto contable de los graduados desempleados y subempleados que no pueden pagar lo adeudado y quienes conforman el rubro de la deuda mínima de cinco mil dólares, más manejable (https://brook.gs/38eQX67).

The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos –el hombre más rico del mundo con 127 mil millones de dólares, rechazó el plan de Bernie (https://wapo.st/37iEVHW), mientras el "socialista demócrata" ha propuesto un plan revolucionario de "Cuidados Médicos para Todos" y de cancelar el colosal adeudo de los graduados, lo cual contribuiría a mejorar la economía de EU (https://bit.ly/3bkUd25).

El plan idealista e idílico de Bernie sería impecable en una "democracia" cuando EU, en su triste realidad, practica una plutocracia proto-teocrática.

A juicio de Bernie, con la cancelación de la deuda estudiantil, la economía tendría un estímulo de un millón de millones de dólares en la próxima década y aportaría 1.6 millones de nuevos empleos cada año.

Una de sus soluciones consiste en imponer una tasa de riqueza a los especuladores de Wall Street.

A veces Bernie peca de cándido cuando pide tratar el rescate de los adeudos de los estudiantes millennials de la misma manera en que fue salvada la banca de Wall Street en 2008.Eso es no entender en absoluto la estructura del complejo militar-tecno-industrial-bursátil de EU.

Si la cancelación de la deuda estudiantil representa una quimera, suena todavía más utópica su propuesta de que la educación en EU sea gratuita y libre de adeudos.

La degradación de la otrora ejemplar educación universitaria en EU ha llegado a grados inconcebibles con el escándalo de las admisiones a sus universidades literalmente compradas (https://bbc.in/37i7Bkl) cuyo ejemplo icónico ha sido el de Douglas Hodge –filántropo (sic) y ex mandamás de Pimco, la magna firma de inversiones–, quien sobornó con un millón de dólares para el ingreso fraudulento de sus cuatro hijos a las prestigiadas universidades de EU (https://bbc.in/38e3aYW).

¿Tiene futuro este EU?

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El Sinn Fein, la sorpresa de las elecciones en Irlanda

Un ascenso histórico del antiguo brazo político del ya inactivo IRA

La propuesta del partido de izquierda logró captar el voto joven, en un país con un notable crecimiento económico donde sin embargo persisten las desigualdades.

El partido Sinn Fein lidera las elecciones legislativas celebradas el pasado sábado en Irlanda por un estrecho margen, según las primeras cifras oficiales. El antiguo brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA) logró instalarse en una pelea voto a voto junto a los dos partidos que tradicionalmente dominan la política irlandesa, Fine Gale y Fiana Fáil. 

La propuesta del partido de izquierda logró captar el descontento de la juventud irlandesa, en un país con un notable crecimiento económico donde sin embargo persisten las desigualdades. Independientemente del resultado final, cualquiera de los partidos deberá formar alianzas para gobernar, un escenario que por el momento asoma complicado.

En concreto, el Sinn Fein logró bajo el liderazgo de Mary Lou McDonald un 23,94 por ciento de los votos, según las primeras proyecciones, mientras que el Fiana Fáil obtendría un 21,27 por ciento de votos y el Fine Gael del primer ministro saliente, Leo Varadkar, lograría un 21,08 por ciento del total de los sufragios. El recuento se inició a las 9 horas locales (las 6 en Argentina), pero los resultados definitivos podrían tardar días en darse a conocer.

Si se mantiene la tendencia, el izquierdista Sinn Fein, antiguo brazo político del ya inactivo IRA, terminaría con el bipartidismo en Irlanda gracias al apoyo de los más jóvenes y de aquellos a los que la recuperación económica dejó atrás. Su líder, la dublinesa Mary Lou McDonald, supo movilizar a los afectados por las desigualdades que han creado nueve años de gobierno del democristiano Fine Gael y de su primer ministro, Leo Varadkar, quien llegaba a estos comicios con viento de cola: la economía nacional crece al ritmo más alto de Europa y roza el pleno empleo.

El lento recuento de votos de los comicios, que comenzó el domingo, determinará el reparto final de escaños en la Cámara Baja de Dublin, de 160 diputados, si bien las primeras proyecciones dejan a cualquiera de las tres fuerzas (Sinn Fein, Fiana Fáil y Fine Gael) lejos de la mayoría absoluta.

En ese contexto, los partidos deberán buscar apoyos para formar gobierno con diputados independientes y formaciones minoritarias, como los verdes o laboristas. Por el momento, los tradicionales democristianos y centristas aclararon que no formarán Ejecutivo con el Sinn Fein por su pasado violento y sus políticas económicas, que tachan de populistas.

McDonald, que representa a una nueva generación de republicanos sin relación con el IRA, recogió rápidamente el guante. Sostuvo que el bipartidismo "sigue negando" la evidencia e "ignoran" el mensaje del electorado en estos comicios. "Quiero tener un gobierno para el pueblo. Lo ideal sería un gobierno en el que no estén ni Fine Gael ni Fianna Fáil. He empezado a contactar con los otros partidos para explorar durante los próximos días nuestras posibilidades", expuso la líder del Sinn Fein, actual tercera fuerza de la legislatura.

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Millennials con el socialista Bernie a quien temen más demócratas que republicanos

El 70 por ciento de los "millennials y/o generación Y", quienes nacieron después de 1980, tienden a votar por un socialista, pese a que el término socialismo es anatema en EU y del que el renergizado Trump, después del fallido impeachment, ha hecho su tiro al blanco propagandístico para enarbolar las bondades del capitalismo de Wall Street que ha llevado sus acciones a la estratósfera, en contraste con su economía que exhibe una patente mediocridad –exceptuando la aristocrática "economía digitálica" de Silicon Valley.

Los jóvenes de EU han perdido la fe en el capitalismo y ahora abrazan al socialismo, mientras que la principal propuesta de "cuidados médicos" de Bernie Sanders, confeso socialista demócrata, quien ondea la bandera de "Cuidados médicos para todos" que ha atraído a los millennials y "ha movido a la izquierda al Partido Demócrata en forma significativa" (https://bit.ly/3bllP72).

El 50 por ciento de los millennials y el 51 por ciento de la generación Z "sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra" y tienen una "mayor vista desfavorable del capitalismo".

Muchos de los jóvenes se encuentran abrumados con sus deudas colegiales, mientras que "el socialismo y comunismo" no aportan las mismas asociaciones negativas y memorias que sus generaciones previas.

Según Market Watch, los millennials representan 40 por ciento de los desempleados cuando más de 40 por ciento de los universitarios recién graduados son subempleados: sus empleos no cubren los créditos de sus costosos títulos universitarios (https://bit.ly/2SaqgtR).

El 19 por ciento de millennials y 12 por ciento de la generación Z juzgan que el Manifiesto Comunista "garantiza mejor la libertad y la igualdad para todos" que la Declaración de Independencia, en contraste a los baby boomers (nacidos después 1945 hasta 1960) y a la generación X.

El "socialista Demócrata" Bernie, de 77 años, es quien más atrae a los millennials (https://bit.ly/39dxXVM).

El desastre de los "cuidados médicos" y sus "seguros" en EU angustia a los estudiantes quienes adeudan 1.5 millones de millones de dólares, en comparación a 200 millones de dólares del año 2000 (https://bit.ly/3bl98Jr): ¡7 mil 500 veces más en 20 años: una monstruosidad!

Entre los estratosféricos pagos de los seguros médicos y el adeudo de sus préstamos colegiales, los millennials se han refugiado con Bernie, admirable judío progresista que choca con sus correligionarios de Wall Street: tanto de George Soros como de Jared Kushner.

El "socialismo democrático" de Bernie apela a la reforma de Wall Street mediante impuestos para beneficios sociales, más que en "la propiedad social de la producción".

Es notorio el choque electoral y cosmogónico entre los millennials (73 millones) y los baby boomers (76 millones).

Un problema del entusiasmo de los millennials es que en la elección de 2016 sólo votó la mitad –ahuyentados por el fraude del establishment demócrata a favor de Hillary contra Bernie–, en comparación de las 2/3 partes de sus mayores de edad.

El mafioso establishment del Partido Demócrata no sabe cómo contener a Bernie y busca impulsar al multimillonario Mike Bloomberg, ex alcalde de Nueva York con una fortuna de 61 mil millones de dólares, para literalmente comprar la convención demócrata.

Bloomberg todavía no aparece en los debates ni en las primarias de arranque de New Hampshire, pero ha gastado millones en publicidad para prepararse a contender en el famoso supermartes y así obtener un sustancial número de delegados (https://washex.am/2ODIoKi).

El desastre electoral "ciber-antidemocrático" de Iowa fue diseñado para debilitar a Bernie y favorecer a Bloomberg, mediante el ascenso artificial del racista Pete Buttigieg, de 38 años y anterior espía del Pentágono en Afganistán (https://bit.ly/2H72mJt).

La pandilla de los Clinton/Obama/Biden/Buttigieg fue expuesta en el caucus en Iowa mediante el manoseo digitálico del conglomerado empresarial de Shadow/Acronym/Pacronym y cuya primera víctima ha sido el ex vicepresidente Joe Biden. (https://bit.ly/39kVdkY).

¿Podrá detener a los millennials el arcaico Partido Demócrata?

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Lunes, 03 Febrero 2020 05:47

Rebelión antineoliberal

Rebelión antineoliberal

La noticia principal de la contienda electoral presidencial que arranca este lunes con elecciones internas en Iowa –y que seguirá durante los próximas meses en cada estado para culminar con la coronación de los candidatos presidenciales de ambos partidos nacionales– es que Bernie Sanders, el senador socialista democrático, va ganando.

Se sabe que va ganando no sólo porque ya alcanzó al precandidato demócrata de la cúpula, Joe Biden, en las encuestas nacionales y está adelante en varias encuestas estatales claves, ha acumulado más donaciones que todos los además y triunfa sobre Trump en cada sondeo, sino porque las cúpulas se están alarmando, y mucho.

Algunos señalan que la dirección del Partido Demócrata está más obsesionada ahora en frenar a Sanders que en derrotar a Trump, elaborando mecanismos para obstaculizar su triunfo en la convención demócrata mientras Hillary Clinton, Barack Obama y John Kerry, entre otras figuras del partido, alertan sobre su “amenaza” y advierten, a pesar de indicaciones contrarias, que el electorado no apoyará sus “ideas radicales” y menos el “socialismo”.

Para Sanders y sus seguidores sólo comprueba el potencial real de su movimiento. “Somos su peor pesadilla”, señaló el senador esta semana, recordando que su campaña está fomentando una “revolución política” para un rescate popular de esta democracia de las manos del uno por ciento más rico y sus políticos que la han secuestrado.

Aquí continúa una pugna que se inició en 2016 entre el futuro y el presente del Partido Demócrata, con candidatos como Joe Biden y el multimillonario Michael Bloomberg –quien ha indicado que se lanzó en parte para evitar la candidatura de Sanders (no es un misterio de que uno de los representantes más reconocidos del uno por ciento esté preocupado)– ofreciendo un retorno a la era pre-Trump. Pero el movimiento de Sanders (y parte de las filas en apoyo de Elizabeth Warren) están invitando a otro futuro, no a un retorno.

Y es que esto es más que sólo una batalla dentro de un partido, es una rebelión antineoliberal. Tiene sus antecedentes inmediatos en los movimientos altermundistas que originaron contra el TLCAN y el llamado “consenso de Washington” en los 90, pasando por expresiones como Ocupa Wall Street, pero también con algunas raíces aún más antiguas con el movimiento socialista de hace un siglo, pasando por los grandes movimientos sindicales y culturales durante la Gran Depresión, como también en las luchas de los años 60, donde Martin Luther King, poco antes de ser asesinado, declaró que la esencia de la lucha social no se limitaba al racismo, sino que se necesitaba una “revolución moral” contra la injusticia económica y el poder imperial de su país.

Desafiando a las cúpulas políticas y económicas de este país, Sanders, con su consigna “no yo, nosotros”, resume una campaña electoral basada en las solidaridad social, algo que explica por qué el candidato presidencial más viejo goza del mayor apoyo entre los jóvenes, quienes, si participan en grandes números, podrían determinar la elección. También hay otras señales de que esta campaña es diferente: el candidato judío goza del apoyo de las únicas dos diputadas federales musulmanas, el único que resalta que es hijo de inmigrantes (https://www.youtube.com/watch?v=xuYR1dwPzJE), quien habla abiertamente de la clase trabajadora, y quien ha votado siempre en contra de guerras, acuerdos de libre comercio (incluyendo el T-MEC) y otros asuntos promovidos por las cúpulas. (Para más información sobre sus propuestas específicas: https://berniesanders.com/es/?nosplash).

Los jóvenes con Sanders son sólo parte de una coalición multirracial que se está rencontrando con luchadores sindicales, granjeros, ambientalistas, indígenas, veteranos militares antiguerra, y todos los que enfrentan ahora las consecuencias de un experimento neoliberal que fue impulsado por ambos partidos, desde Reagan hasta Obama.

Ante ello, esta es la vanguardia de una potencial rebelión electoral que busca no sólo derrotar a Trump o revertir sus políticas, sino transformar al país más poderoso del mundo. (https://www.youtube.com/watch?v=Ikgh4JbAWUU).

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