La historia secreta de la guerra de Afganistán

- Responsables políticos y militares de los gobiernos de EEUU sabían que no podían ganar la guerra de Afganistán, mientras en público se afirmaba que la victoria era posible

- The Washington Post publica los resultados de un estudio con testimonios que revelan que eran muy conscientes del fracaso de la ocupación

 

Casi 50 años después de la difusión de los Papeles del Pentágono sobre la guerra de Vietnam, The Washington Post ofrece ahora una serie de documentos que dejan patente el fracaso de la ocupación militar de Afganistán y la dramática diferencia entre la realidad y las declaraciones públicas de los responsables políticos y militares de las Administraciones de George Bush y Barack Obama.

Lo que se ha escrito en muchos artículos periodísticos desde hace 18 años aparece ahora confirmado por quienes tenían como misión ganar esa guerra, aunque ni siquiera tenían claro qué significaba la idea de ganar ni contaban con una estrategia viable. 

Mientras políticos y generales afirmaban que se estaban haciendo "progresos constantes" en la guerra, en ocasiones con la intención de justificar el envío de más tropas, los que sabían qué estaba sucediendo en ese país sabían que sólo estaban ocultando fracaso tras fracaso.

Se trata de 2.000 páginas con transcripciones y notas de las entrevistas con más de 600 personas con conocimiento de lo ocurrido. Revelan que "se ha mentido de forma constante al pueblo norteamericano", en palabras de John Sopko, la persona que dirigió el proyecto de revisión de la guerra a través de un organismo llamado Oficina del Inspector General para la Reconstrucción de Afganistán, conocido por las siglas SIGAR. El proyecto se llamó 'Lecciones aprendidas' y su principal objetivo era descubrir qué había fracasado. Esa oficina ha publicado varios informes, pero sin incluir los comentarios más críticos ni la mayoría de los nombres de los entrevistados. El periódico ha conseguido tener acceso a esos documentos, no a todos, gracias a la Ley de Libertad de Información.

Algunas frases son tan gráficas como sarcásticas, el tipo de comentarios que no aparecen en los informes oficiales. "Después de la muerte de Osama bin Laden, dije que Osama estaba probablemente riéndose en su tumba submarina al ver cuánto dinero nos estábamos gastando en Afganistán", dijo Jeffrey Eggers, exmilitar con experiencia en los SEAL y asesor en la Casa Blanca con Bush y Obama.

Más grave es la confirmación de las mentiras ofrecidas a la opinión pública para dar una imagen falsa y benévola de la ocupación. En definitiva, para sostener que se estaba ganando la guerra y que los actos violentos de los talibanes sólo reflejaban su nivel de "desesperación". En un reflejo casi idéntico a lo que ocurrió en Vietnam, las estadísticas se distorsionaban por razones políticas. "Cada dato era alterado para presentar la mejor imagen posible", dijo Bob Crowley, teniente coronel del Ejército y asesor de operaciones de contrainsurgencia.

"Era imposible crear buenas métricas. Intentamos usar el número de tropas (afganas) entrenadas, niveles de violencia, control del territorio, y ninguna ofrecía una imagen precisa", dijo en 2016 un alto cargo del Consejo de Seguridad Nacional no identificado. "Los datos fueron siempre manipulados durante toda la duración de la guerra".

La prioridad era justificar la presencia –a veces, aumento– de las tropas en Afganistán y que ese despliegue estaba dando los resultados deseados. Eso era especialmente acuciante en los años de Obama cuando el presidente fue convencido de aumentar el número de soldados a pesar de que se mostraba al principio reticente sobre la utilidad de la medida y había prometido sacar a todas las tropas antes del final de su presidencia. Una vez adoptada esa política, la Administración no podía reconocer en público que los resultados eran ínfimos o contraproducentes.

La ausencia de una estrategia

Ni siquiera con una total superioridad de medios, es posible ganar una guerra que se prolonga con la ocupación posterior sin una estrategia definida. Los testimonios recogidos en el estudio inciden en la falta de un conocimiento real de la realidad política de Afganistán, por no hablar de su historia, así como del objetivo general de la misión y de las consecuencias de las acciones propias.

"Carecíamos de una comprensión básica sobre lo que es Afganistán. No sabíamos lo que estábamos haciendo", dijo en 2015 el general Douglas Lute, que dirigió el programa antidrogas en ese país en las dos administraciones. "¿Qué estamos intentando hacer aquí? No teníamos ni la más ligera idea de lo que nos estábamos proponiendo hacer".

"Los extranjeros leen en el avión 'Cometas en el cielo' (la novela de Khaled Hosseini que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo) y creen que son expertos en Afganistán. Nunca escuchan. Lo único en que son expertos es en burocracia", dijo el exministro Mohamed Essan Zia, uno de los pocos afganos interrogados para este estudio. 

"Estamos intentando hacer lo imposible en vez de conseguir lo posible", opinó Richard Boucher, responsable del Sur de Asia en el Departamento de Estado entre 2006 y 2009.

Ni siquiera había una idea clara sobre quién era el enemigo –cómo había surgido y cuáles eran sus puntos vulnerables– sin la cual era imposible derrotarle. "¿Por qué convertimos a los talibanes en el enemigo cuando habíamos sido atacados por Al Qaeda?", se preguntaba Eggers.

Después de que Al Qaeda fuera eliminada en ese país, EEUU, con el apoyo de la OTAN, tuvo como prioridad la formación de un Gobierno estable, la celebración de elecciones y la protección de los derechos de las minorías, entre otros asuntos. Se vendió la ocupación como un intento de impedir que en el futuro otro grupo yihadista volviera a utilizar el país como base para lanzar atentados terroristas contra EEUU y Europa. El primer ministro británico, Gordon Brown, llegó a decir que se estaba combatiendo contra los terroristas en Afganistán para no tener que hacerlo en las calles de las ciudades europeas.

Sin embargo, los talibanes afganos nunca tuvieron una idea de yihad global, a diferencia por ejemplo de algunos grupos talibanes paquistaníes, y enfocaron su lucha de la misma forma que lo habían hecho las tribus afganas contra los británicos en el siglo XIX y los muyahidines contra los soviéticos en el siglo XX: expulsar a las tropas extranjeras que querían imponer ideas ajenas a las tradiciones locales.

Si bien su Gobierno había sido dictatorial, cruel y caótico, los talibanes se habían convertido en la principal fuerza política y militar de los pastunes afganos, el grupo étnico más numeroso del país. Representaban a una parte de la sociedad afgana de la que no se podría prescindir si se pretendía diseñar desde fuera su futuro.

"Un gran error que cometimos fue tratar a los talibanes igual que a Al Qaeda", dijo Barnett Rubin, quizá el único auténtico experto en Afganistán que trabajó en el Departamento de Estado. "Los principales líderes talibanes estaban interesados en dar una oportunidad al nuevo sistema, pero nosotros no les dimos esa oportunidad". 

El periódico recuerda que Zalmay Khalilzad, que fue embajador de EEUU en Afganistán, está dirigiendo las negociaciones con los talibanes, hasta ahora sin éxito. En el estudio, aparece su opinión en 2016 sobre el error en no reconocer a sus dirigentes como interlocutores. "Quizá no fuimos lo bastante ágiles o inteligentes en contactar con los talibanes al principio, al pensar que estaban derrotados y que debían ser llevados ante la justicia, en vez de alcanzar algún acuerdo o reconciliación con ellos". 

Entre 2002 y 2004, la actividad militar de los talibanes fue relativamente escasa por haber sido arrollados por el poder del Ejército norteamericano y la mayoría de sus líderes, obligados a huir a Pakistán o a zonas aisladas del país. Después, todo cambió, Washington pasó a centrarse en la ocupación de Irak y los talibanes recuperaron su fuerza. Su objetivo era hacer imposible la reconstrucción del país y lo consiguieron. Los norteamericanos comprobaron demasiado tarde que sus enemigos no podían ser derrotados militarmente. 

Como ejemplo de la falta de interés de Bush en Afganistán, el Post ofrece un breve texto no conocido de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, sobre el día en que propuso al presidente que se reuniera con el jefe de las Fuerzas Armadas y con el general Dan McNeill, jefe de las tropas en Afganistán. "Él (Bush) dijo: '¿Quién es el general McNeill?'. Le dije que era el general al mando en Afganistán. Dijo: 'Bueno, no necesito reunirme con él'", escribió Rumsfeld. 

El periódico recuerda que el mismo día del discurso de Bush en un barco de guerra con la gran pancarta "Misión cumplida" en Irak –1 de mayo de 2003–, Rumsfeld anunció en Kabul "el fin de las principales operaciones de combate" en Afganistán.

Cuando en 2009 Al Qaeda ya no era una amenaza en el país, los responsables de la Casa Blanca obligaron a incluir el nombre del grupo terrorista en los planes estratégicos, porque era la única forma de vender a los norteamericanos la necesidad de mantener allí a miles de soldados. En uno de esos documentos, se dijo que "no se trataba de una guerra en el sentido convencional" con el fin de obviar las dudas legales sobre la ocupación que existían dentro del propio Gobierno estadounidense.

Un Estado corrupto desde su cúpula

Todos los soldados del mundo no iban a conseguir levantar un Estado sobre las cenizas de una guerra que había acabado con un régimen que en realidad tampoco estaba al frente de un Estado moderno. Los norteamericanos optaron por inundarlo de dinero con proyectos muy alejados de la realidad económica del país y que sólo contribuyeron a extender la corrupción a todos los niveles. 

"Afganistán no es un país volcado en la agricultura", explicó Rubin. "La mayor industria es la guerra. Luego, la droga. Luego, los servicios. La agricultura está abajo, en el cuarto o quinto puesto".

El cultivo de opio era la principal fuente de ingresos de amplias zonas del país. Pagar a los agricultores para que quemaran esas cosechas sólo servía para que al año siguiente aumentaran su producción. Destruirlas sin darles los recursos para cultivar otros productos que tuvieran una salida comercial hacía que los habitantes de esas zonas se entregaran a los talibanes, que permitían esos cultivos a cambio de un impuesto.

EEUU se ha gastado 9.000 millones de dólares en solucionar ese problema desde 2001. Afganistán fue el origen en 2018 del 82% de la producción global de opio, según datos de la ONU. La extensión cultivada es cuatro veces superior a la de 2002.

Washington puso en el poder a Hamid Karzai, un dirigente pastún que había tenido un cargo menor durante un tiempo en el gobierno de los talibanes y al que trajeron del exilio. Vendido como un moderado, sus modales suaves y declaraciones pragmáticas hicieron que la mayoría de los medios de comunicación occidentales lo considerara la gran esperanza.

"Nuestra política consistía en crear un fuerte Gobierno central, lo que era idiota porque Afganistán no se caracteriza por tener una historia de gobiernos centrales fuertes", dijo en 2015 una fuente no identificada del Departamento de Estado. 

El resultado terminó siendo la creación de una estructura central corrupta, cuyo poder se basaba fuera de la capital en el apoyo a señores de la guerra, algunos elegidos en elecciones amañadas, que también reclamaban para ellos y sus partidarios una parte del botín. 

Según el testimonio del coronel Christopher Kolenda, destinado en Afganistán en varias ocasiones, Karzai acabó formando una cleptocracia pocos años después de llegar al poder. "Me gusta usar una analogía con el cáncer. La pequeña corrupción es como el cáncer de piel. Hay formas de tratarlo y puedes acabar bien. La corrupción dentro de los ministerios, al más alto nivel, es como el cáncer de colon. Es peor, pero si lo pillas a tiempo, quizá salgas bien. La cleptocracia, sin embargo, es como un tumor cerebral. Es fatal". 

Al permitir ese escandaloso nivel de corrupción, los norteamericanos destruyeron la legitimidad que pudiera tener el Gobierno. Todos los puestos importantes en la Administración –incluidos el Ejército y la Policía– podían comprarse con dinero. Y más tarde, los beneficiados necesitaban compensar con los sobornos los fondos invertidos. 

Una de las consecuencias fue la existencia de miles de "soldados fantasma", un hecho conocido, y que también se produjo en Irak. Los mandos militares recibían fondos para mantener un regimiento o una división. Una buena parte de sus soldados sólo existían sobre el papel. Eran números por los que recibían dinero que coroneles y generales se embolsaban para pagar a tropas imaginarias. 

La lectura de los testimonios sorprende a veces por lo mucho que recuerdan a experiencias históricas anteriores en las que otros imperios pensaron que un país tan atrasado como Afganistán sería fácil de someter.

En 2009, el periodista Steve Coll trazó las similitudes entre la invasión soviética de Afganistán en 1979 y la norteamericana en 2001. Los soviéticos fueron incapaces de convertir sus logros tácticos gracias a su inmensa superioridad militar en una estrategia exitosa a largo plazo porque no pudieron detener la ayuda que los muyahidines recibían desde Pakistán, y a través de ese país de Estados Unidos. Nunca pudieron imponer su ideología en un país marcado por el peso de la religión y las instituciones tribales. No lograron establecer la unidad política del país. Les fue imposible poner en práctica una estrategia de reconciliación nacional que terminara provocando la división entre las fuerzas de sus enemigos. 

Es un resumen que se ajusta bastante bien a los problemas de EEUU en ese país décadas después.

 

Por Iñigo Sáenz de Ugarte 

09/12/2019 - 21:38h

Actualmente, 13.000 soldados norteamericanos permanecen en Afganistán.

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Sábado, 07 Diciembre 2019 05:56

Falsificadores

Falsificadores

Durante mucho tiempo intelectuales y dirigentes occidentales han ironizado sobre la manía de los regímenes soviéticos de reescribir la historia. Pero apenas se les oye cuando el Parlamento Europeo revisa la de la Segunda Guerra Mundial. El pasado 19 de septiembre los europarlamentarios adoptaron una resolución "sobre la importancia de la memoria europea para el futuro de Europa" que sitúa en pie de igualdad "los regímenes comunista y nazi". El concepto "regímenes totalitarios", empleado en veintidós ocasiones, reúne en un mismo oprobio a la URSS invadida y a la Alemania invasora, a los veintiséis millones de muertos soviéticos y a sus asesinos, al general Gueorgui Joukov y a los responsables de los campos de exterminio. El Parlamento Europeo afirma estar "preocupado por el hecho de que los símbolos de los regímenes totalitarios se sigan utilizando en espacios públicos y con fines comerciales". Para tranquilizarlo, ¿hay que rebautizar la Plaza de la Batalla de Estaligrado de París como "Plaza del Mercado Común" o, como en Hungría, tratar de prohibir una marca de cerveza en cuya etiqueta aparece una estrella roja?  

La resolución no se limita a este rudimentario revisionismo. "La Segunda Guerra Mundial se desencadenó como consecuencia inmediata del tristemente célebre pacto de no agresión germano soviético del 23 de agosto de 1939*", leemos también en ella. Los historiadores atribuyen habitualmente la responsabilidad del conflicto al expansionismo belicoso de la Alemania nazi (1). En su afán por asociar la Unión Soviética con esta responsabilidad la resolución del Parlamento de Estrasburgo hace desaparecer a propósito otro episodio igual de embarazoso moralmente, pero que esta vez implica a irreprochables democracias europeas: los acuerdos firmados en Munich en septiembre de 1938 a consecuencia de los cuales Francia y Reino Unido autorizan a Adolf Hitler a invadir los Sudetes, una región de Checoslovaquia.

Por azar del calendario, al mismo tiempo el historiador de la Segunda Guerra Mundial Christopher Browning informaba acerca de los progresos de la investigación sobre este acontecimiento (2). Muestra hasta qué punto, en su deseo de apaciguar a Hitler, las democracias lo envalentonaron, reforzaron y provocaron la guerra. "En 1938 Alemania no tenía ni el margen de superioridad necesario para lograr una rápida victoria ni capacidad para emprender una guerra larga". Pero la bien equipada Checoslovaquia era aliada de Francia de la URSS. Su anexión sin combate supuso una doble oportunidad para los nazis. "La industria militar checa requisada produjo una tercera parte de los nuevos modelos III y IV de carros de combate, fundamentales en la victoria alemana en Polonia y después en Francia". La capitulación de Munich también supuso un golpe para los opositores alemanes del Führer. "Un grupo de conspiradores antihitlerianos planeaba derrocar al dictador en cuanto emprendiera la guerra contra Checoslovaquia. La abyecta rendición de [el primer ministro británico Arthur Neville] Chamberlain en Munich frustró sus planes y dio a Hitler la victoria sin derramamiento de sangre que consolidó su posición"

Pero, al infierno con estas investigaciones, puesto que ahora son unos parlamentarios europeos quienes escriben la historia.

Notas:

* Véase al respecto el artículo de Jacques R. Pauwels, "Mito y realidad del pacto entre Hitler y Stalin del 23 de agosto de 1939". (N. de la t.)

(1) Véase Gabriel Gorodetsky, «Les dessous du pacte germano-soviétique», Le Monde diplomatique, julio de 1997.

(2) Christopher R. Browning, «Giving in to Hitler», The New York Review of Books, 26 de septiembre de 2019. Véase también Gorodetsky, «Un autre récit des accords de Munich», Le Monde diplomatique, octubre de 2018. 

Fuente: https://www.monde-diplomatique.fr/2019/11/RIMBERT/60955 

 

Por Pierre Rimbert

Le Monde diplomatique

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

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 El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, durante la reunión semanal del gabinete en su oficina en Jerusalén.Foto Afp

El primer ministro Netanyahu –el más longevo en la historia moderna de Israel y el máximo destructor del mundo árabe (participando en "cambios de régimen" de Irak, Siria, Libia, Yemen, Líbano, etcétera)– fue acusado por el procurador Avichai Mendelblit después de tres años de investigación –lo que indica el timing político del Deep State militar– por tres incandescentes e indecentes asuntos: los casos 1,000, 2,000 y 4,000, quedando pendiente el 3,000 (https://bit.ly/2OPXonV).

En el "caso 1,000", el presunto felón Netanyahu recibió regalos del empresario de Hollywood (bastión del sionismo global) Arnon Milchan –binacional israelí-estadunidense, operador del espionaje israelí cuando contribuyó al programa nuclear (¡mega-sic!) de Israel (https://bit.ly/2OQ0JU5)– a cambio de favores políticos. Los cargos aquí son por fraude y abuso de confianza.

El "caso 2,000": también fraude y abuso de confianza de Netanyahu con Arnon Mozes –editorialista de Yedioth Ahronoth, el periódico de mayor circulación–, con quid pro quo de cobertura favorable por una legislación que dañe a su principal competidor Israel Hayom del casinero Sheldon Adelson, donador de fondos de Trump y el Partido Republicano. ¡Vaya canibalismo político: Netanyahu no respeta ni a sus aliados!

Y el "caso 4,000", el más grave, cuando el multiusos y presunto delincuente Netanyahu, siendo ministro de Comunicaciones, benefició al binacional polaco-israelí Shaul Elovitch –mandamás de la principal empresa de telecomunicaciones Bezeq y del portal de Internet Walla News –quien ganó 500 (sic) millones de dólares a cambio de una cobertura política favorable.

Elovitch es acusado por soborno, obstrucción de justicia, lavado de dinero, etcétera.

El delirio megalomaniaco del presunto criminal Netanyahu lo llevó a calificar a la justicia de Israel y a su procurador como incitadores de un "golpe de Estado jurídico", lo cual ha excitado a sus zelotes quienes han salido a protestar.

Comenta Noa Landau que "como Sansón en la Biblia, el primer ministro persuadió a sus partidarios de que el sistema entero (sic) está contaminado (sic) por la corrupción y el sesgo político" (https://bit.ly/2QPjslf). ¡Uf!

Yossi Verter prevé que "Netanyahu no se irá quieto y optará por las antorchas encendidas" esperando que "las masas (sic) sigan su liderazgo" (https://bit.ly/35FpmcW).

Yossi Verter refiere que la vivencia de Netanyahu pertenece al "mundo de la zoología": es un "pato cojo (Nota: un cesante) convirtiéndose en un caballo muerto por la vía rápida, pero que todo el camino luchará como un león herido".

Netanyahu y sus zelotes juzgan que las acusaciones penales forman parte de una "teoría de la conspiración" del "mundo del crimen": terminajos que tanto usaron y fastidiaron que ahora se les revierten.

La fronda alcanzó las entrañas del Likud, donde Gideon S’ar desecha las jeremiadas del encajonado primer ministro y exhorta a su renuncia después de haber fracasado dos veces en conformar un gobierno, después de dos elecciones que dieron un empate con el general Benny Gantz, del Partido Azul y Blanco, y donde ha emergido como fiel de la balanza el ex guarura de cabarets Avigdor Lieberman, del partido filo-ruso Israel Beitenu (https://bit.ly/2KTqVf1).

La mayoría de los ministros y legisladores de Likud estuvieron ausentes de la manifestación de "apoyo" a Netanyahu donde fustigaron de "corruptos (sic)" a la policía y al fiscal.

Moon of Alabama comenta que el atribulado Netanyahu "puede empezar una gran guerra para impedir su remoción. Líbano, Siria e Irán deben estar alertas" (https://bit.ly/2QUM78C).

Según Amos Harel, la visita a Israel del jefe de las Fuerzas Armadas Conjuntas de EU, general Mark Milley, es para diluir el vino bélico de Netanyahu contra Irán cuando Trump, de cara a su etérea relección, no desea una guerra en la región.

El connotado investigador Finian Cunningham detalla con lujo que la "carta de Netanyhau para evitar la cárcel, donde le esperan 13 años de condena, es una guerra con Irán" (https://bit.ly/2XNKOcQ).

Nada nuevo: fuga hacia delante extraída del manual de Maquiavelo.

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La copa inventada por Leona Chalmers en la década de los treinta.

Cuando empezaron el proyecto hace dos décadas, las primeras impulsoras de la copa menstrual de silicona tuvieron que superar miradas de asco y de desconfianza

 

"Nadie hablaba de la regla. Fuimos bastante radicales. Montábamos casetas en festivales y ferias y lo llamábamos la 'zona de repulsión"

 

A principios de la década de 2000, llegó un momento en el que parecía que ningún baño público se libraba de la campaña de guerrilla de las fans de las copas menstruales, que inundaron los baños de Reino Unido con pegatinas de la marca Mooncup. En los aseos de festivales, de las universidades, de clubes y de bares, si alguien se sentaba en un inodoro y se bajaba las bragas, lo más probable es que tuviera enfrente un adhesivo de color blanco que promovía una regla "más segura, más eco y más barata". Solo que, en aquel momento, esquivaban las palabras "periodo" y "regla".

En 2002, cuando dos emprendedoras de Brighton lanzaron Mooncup, la primera copa menstrual de silicona reutilizable, esos términos todavía eran un tabú. "A la gente le revolvía nuestro proyecto", explica Eileen Greene, una de las fundadoras y directoras de la empresa. "Nadie hablaba de la regla. Fuimos bastante radicales. Montábamos casetas en festivales y ferias y lo llamábamos la 'zona de repulsión'; se formaba un semicírculo alrededor del puesto y la gente ni siquiera se acercaba".

17 años después, el cambio es impresionante. The Guardian se reunió con Greene y Kath Clements, otra de las directoras de Mooncup, que se unió al proyecto en 2005, en sus oficinas de Brighton. Sin lugar a dudas, la empresa ha crecido desde que fue fundada en una habitación de una finca del barrio de Whitehawk por dos personas que trabajaban rodeadas de montones de folletos, copas menstruales y pegatinas. Ahora, 40 personas trabajan en Mooncup, que cuenta con una oficina acorde con la envergadura del proyecto y una cocina con una larga mesa de madera donde todos los días los trabajadores se reúnen para compartir la comida vegetariana que ellos mismos preparan allí. También hacen yoga y meditación. "Es lo que siempre hemos hecho", señala Greene.

Si no sabe lo que es una copa menstrual, visualice un cuenco para un huevo cocido, solo que en este caso de silicona y flexible, que cuando se introduce en la vagina, recoge el flujo menstrual. Se puede cambiar cada ocho horas, pues tiene capacidad para almacenar el triple de sangre que un tampón. Cuando te la sacas, tiras la sangre, la lavas (con una botella de agua si no quieres hacerlo en el lavabo de un baño público) y te la vuelves a poner. Una copa menstrual dura unos 10 años, por lo que el precio de 22 libras esterlinas –unos 25 euros– se amortiza en unos seis meses con lo que ahorras en compresas y tampones.

Una amiga ha utilizado una copa menstrual desde que es adolescente. Ahora tiene treinta y pico y, desde que la tiene, su regla le ha costado unas 40 libras esterlinas –alrededor de 46 euros–. Las copas menstruales también son beneficiosas para el medioambiente. Se calcula que todos los años unas 200.000 toneladas de productos sanitarios relacionados con el periodo (compresas, tampones y demás) terminan en los vertederos de Reino unido.

Las copas menstruales se están poniendo de moda. En los últimos cinco años, las ventas han aumentado un 98%. El éxito de Mooncup no solo refleja el poder de los negocios éticos sino también del marketing del boca a boca en un sector dominado por las multinacionales. No hay que olvidar que el suyo ha pasado de ser un producto de nicho que se vende en las tiendas de alimentos saludables comercializarse en cadenas de farmacias como Boots o en la tienda de ropa online Asos.

Octubre ha marcado un punto de inflexión importante: por primera vez desde el lanzamiento del producto, el envase ha sido rediseñado para mostrar la copa menstrual en la parte delantera de la caja. "Hasta ahora habíamos apostado por una caja blanca con una flor", sostiene Greene. "Que era una forma de decir: 'Mira, esto no da miedo'. Ahora, creemos que podemos ser más directas".

En la última década se ha producido un cambio cultural muy drástico que se ha alejado de la discreción y de los eufemismos que rodeaban todo lo relacionado con el ciclo menstrual de la mujer. "En 2015, ya se empezó a notar que los tabúes que rodeaban todo lo relacionado con la regla empezaban a desvanecerse", afirma Clements.

Señala el caso de la tenista Heather Watson, que no dudó en afirmar que obtuvo un mal resultado en el Open de Australia porque tenía la regla, y el de la baterista Kiran Gandhi, que corrió la maratón de Londres con el pantalón manchado de sangre. Para ella, se trata de dos momentos clave que cambiaron el discurso sobre la menstruación. "Nosotros también hemos desempeñado un papel en el cambio de percepción, hemos intentado que se hable de la regla de otra manera", indica. Sin embargo, subraya que se trata de un cambio que concierne a Reino Unido: "No es el caso de muchos otros países".

La primera copa se inventó en 1937

La primera copa menstrual la inventó una actriz estadounidense, Leona Chalmers, quien la patentó en 1937. Desde entonces, se fabricaron con materiales como caucho y látex. A finales de la década de los noventa, Green oyó a hablar por primera vez de este producto. Mientras participaba en un evento de Critical Mass (un grupo cuyos miembros se reúnen para compartir un trayecto en bicicleta y reivindicar que este medio de transporte sea más seguro), una mujer le habló de este invento. "Pensé 'caramba, nunca he oído hablar de algo así", afirma.

Un año después, Greene se fue de viaje por Australia. "Estaba acampando en el parque nacional de Boonoo Boonoo y tenía enfrente a una familia británica. Había una mujer lavando compresas reutilizables en un cubo, algo que no era frecuente y que me intrigó". Esa mujer era Su Hardy y Greene le habló sobre la copa menstrual. A Hardy le interesó tanto ese invento que cuando regresó al Reino Unido consiguió importar una copa menstrual de Estados Unidos. "En esa época, las copas menstruales eran de goma y bastante rudimentarias. Comenzó a importarlas a pequeña escala y luego a venderlas a amigas de amigas. Estaban bien, pero algunas mujeres tuvieron una reacción alérgica al látex, así que eso le hizo pensar: '¿Cómo puedo mejorarla?' Y se le ocurrió la idea de hacerla con silicona de uso médico. Lo convirtió en un producto del siglo XXI".

Por aquel entonces Hardy ya se había mudado a Brighton e impulsaba el proyecto desde su casa. "Fueron unos inicios muy caóticos", señala Clements. "Ni siquiera podía levantarme de la silla." Las pegatinas fueron idea de Hardy. "La cruzada de una sola mujer", dice entre risas Clements. "Ella andaba por ahí pegándolas en baños públicos. Todos los días, corría a la oficina de correos con esta cesta de mimbre llena de pedidos. Cada Mooncup venía con una pegatina, así que nuestras usuarias también empezaron a pegarlas."

"Se trata de un concepto muy diferente al de las compresas y los tampones que siempre hemos utilizado. Para que alguien se anime a utilizar las copas menstruales, es necesario que otra mujer se lo recomiende", agrega.

Como era previsible, las consumidoras, que tienen una relación con las marcas de tampones que se remonta al instituto, reaccionaron con reservas. "Tengo muy buen recuerdo de la mujer que promocionaba los tampones y que vino a mi instituto, lo cual te demuestra lo astutos que eran", indica Clements. 

Tiene que ser doloroso, entonces, ver cómo las compañías de la competencia inundan el mercado con copas menstruales. ¿Qué les parece que Tampax haya lanzado su propia copa menstrual? "Han visto una oportunidad de negocio, han entendido que los tiempos están cambiando y se han subido al carro", responde Greene. El producto de Tampax, sin embargo, viene con un recipiente de plástico y está envasado también en plástico. "Hubiera sido deseable que se centraran en eliminar el plástico de un solo uso. Eso sería un enfoque ambiental inteligente, en lugar de añadir otro producto a la gama".

En cuanto a las demás marcas, Clements cree que vale la pena celebrar, aunque con prudencia, que los esfuerzos de su compañía han servido para transformar el pasillo de productos de higiene femenina de los supermercados. Sin embargo, advierte de que las empresas también deberían pensar en "dónde fabrican y si le añaden colores". "Además, he visto algunas marcas que dicen que es aconsejable cambiar la copa menstrual todos los años, y algunas que vienen en envases de plástico", añade.

Greene señala que la aversión por los residuos es la razón por la que Mooncup no ampliará su gama de productos. "No haremos toallitas o productos para limpiar la copa menstrual, toda esa parafernalia del consumismo, porque simplemente no son necesarios".

Cuando Hardy se jubiló en 2014, traspasó la propiedad del negocio a los empleados. También hay transparencia salarial. "A veces olvido que se trata de una práctica bastante radical", dice Clements. ¿Esta transparencia ha generado tensiones?, pregunto. Reconoce que a veces es complicado: "Para muchas personas, las conversaciones sobre dinero se convierten en algo muy personal". También le pregunto si la decisión de vender en Asos produjo alguna tensión, habida cuenta de las críticas a la trayectoria de la empresa en materia de derechos de los trabajadores y a sus almacenes, que los sindicatos han calificado de "oscuros molinos satánicos". "Es evidente que se esfuerzan por mejorar", dice Greene. "Nos pareció que era una oportunidad de llegar a un nuevo grupo demográfico".

Al margen del hecho de que algunas mujeres todavía puedan sentir aprensión ante la idea de un contacto tan directo con la sangre menstrual (que según las usuarias es mínima), las críticas a Mooncup son escasas. Pero no es aconsejable su uso en lugares donde no hay agua limpia para esterilizarla, o si a una determinada usuaria le recomiendan no usar un producto interno, explica Greene.

Hacia una publicidad "más feminista"

En los últimos años, la compañía ha apostado por anunciarse y ha trabajado con una agencia de publicidad que funciona como una cooperativa. Sin embargo, las directoras de Mooncup no quieren comprometer sus valores éticos. Muchas personas les han transmitido que creen en su causa, y por ello decidieron apostar por una estrategia diferente. Primero, lanzaron unos carteles que reivindican el amor hacia la vagina. Recibieron criticas, ya que muchas personas se quejaron a la Autoridad de Estándares de los Anunciantes por el uso de la palabra "vagina".

Más tarde, en 2015, llegó la campaña Period drama ("el drama de la regla"), que parodiaba a Poldark [una serie de época del Reino Unido]. El anuncio mostraba a una frágil dama que montaba a caballo agarrada a un hombre. Cabalgaban para ir a buscar tampones, cuando lo único que hubiera necesitado era una copa menstrual. "Nuestro objetivo era iniciar otro tipo de conversaciones feministas, más profundas, en el sector de los anuncios", indica Clements. De hecho, grabar el anuncio se convirtió en un drama feminista en sí. "Cuando el entrenador del caballo se percató de que se trataba de un spot de un producto de higiene femenina, decidió no rodarlo, pues pensó que eso dañaba la reputación del animal", explica Clements riendo.

No puedo finalizar la entrevista sin compartir con las fundadoras la única historia negativa que me han contado de su producto, la única negativa que conseguí tras entrevistar a decenas de consumidoras que están fascinadas con los beneficios de la copa menstrual y quieren que todo el mundo lo sepa. Una amiga me contó que en diez años solo se manchó una vez de sangre mientras llevaba una copa menstrual pero que fue "apocalíptico". "Con un tampón te puedes manchar un poco", me contó, "pero con una copa menstrual pierdes un volumen de sangre equivalente a una taza pequeña de café".

"Hmm," reflexiona Clements. "Normalmente te manchas cuando las utilizas por primera vez. Y por eso tenemos un teléfono para resolver las dudas de las consumidoras. A veces, se las introducen demasiado profundamente en la vagina, ya que es donde pondrías un tampón, y lo haces de forma instintiva. La tienes que introducir más abajo, para sellar la salida". El caso parece haberla dejado preocupada y promete indagar más sobre esta posibilidad.

De cara al futuro, Mooncup tiene que promover la nueva presentación de la caja con orgullo y llegar al mayor número de mujeres posible. ¿A Clements y Greene les aburre hablar de la regla todo el día? "Es divertido si has estado trabajando en la caseta de un festival durante unos días", dice Clements. "Al final de la semana, a menudo no sabes los nombres de las personas pero conoces el historial ginecológico de todas".

Por Jenny Stevens

05/11/2019 - 22:02h

Traducido por Emma Reverter

Publicado enSociedad
Sábado, 02 Noviembre 2019 07:54

Graves problemas para el fracking en Colombia

Graves problemas para el fracking en Colombia

Como si se tratara de un escenario apocalíptico, digno de las películas sobre el fin del mundo, la ministra de Minas, María Fernanda Suárez, aseguró que la decisión del Consejo de Estado de prohibir el fracking en Colombia es caótica: lo más grave que le pudo haber sucedido al país. En un tono muy cerca a la manipulación alarmista, la Ministra se atrevió a decir que el rechazo del alto tribunal llevaría a la devaluación del peso e incluso un dólar podría cotizarse en 5.000 pesos en los próximos años. De acuerdo con datos suministrados por Ecopetrol, las reservas de crudo en Colombia son para máximo siete años y los cerca de 400.000 barriles de consumo interno, tendrían que importarse. Una calamidad absoluta, según la Ministra. En esta misma línea, siguiendo algunos medios de comunicación, la seguridad energética en el país está comprometida y el fracking parece constituir la única salvación posible. Los conceptoa anteriores son un completo absurdo si se toma en consideración los daños absolutos que la técnica de fracturamiento hidráulico podría causar. Sin embargo, vamos por partes.

El primer elemento que debe ponerse en el debate es que la ministra Suárez como todo el gabinete del (pseudo)presidente Duque sigue unos intereses específicos, relacionados con los grandes poderes de multinacionales del petróleo. De manera que le queda muy mal a la Ministra posar como “preocupada” por la seguridad energética, si todos saben que son los negocios los que motivan sus “reflexiones”. Si en verdad la cartera de Minas y Energía, y por extensión todo el Gobierno Nacional estuvieran preocupados por la situación del país, entonces dirían algo en torno a que Colombia es el cuarto país más desigual del mundo, sólo por debajo de Sudáfrica, Haití y Honduras. Lo más grave es que, según la OCDE, una familia de bajos recursos tardaría 11 generaciones (¡once!) en alcanzar el ingreso promedio en el país. Pero hay datos más preocupantes: “el 10% de la población más rica gana cuatro veces lo que gana el 40% más pobre. El 20% de los ingresos totales están concentrados en sólo el 1% de la población, y la mitad total de los ingresos está en las manos del 10% de ella”. Por si fuera poco, el 1% de la población más rica, junto con algunas compañías transnacionales, poseen alrededor del 81% de las tierras en Colombia. Y todavía hay algunos que se atreven a decir que la concentración del territorio y la desigualdad económica no son los problemas más graves que aquejan al país.

Por esa simple razón, las declaraciones de la ministra Suárez son pura demagogia y oportunismo apocalíptico. ¿A quién quiere manipular la funcionaria con datos que sólo afectan a las empresas más ricas del país y a las compañías explotadoras en su mayoría norteamericanas? El día que ministros como María Fernanda Suárez denuncien la desigualdad en el país, que hablen con preocupación sobre los niños que mueren de inanición o las familias que viven por debajo de la línea de pobreza, ese día sí se les podrá llenar la boca al hablar de “crisis energética”. ¿Quiere hacer la Ministra, la “gran Juan Manuel Corzo” y decir que ya no habrá gasolina para los tres y cuatro carros de los altos funcionarios del gobierno?. Señora ministra: hay gente que muere de hambre y que ni toda la gasolina del mundo o incluso los billetes que usted tanto parece proteger, les darían lo que más necesitan. Por el contrario, el fracking representa un peligro definitivo para miles de comunidades cuyas únicas fuentes de agua potable estarían amenazadas.

En efecto, ya habíamos denunciado las graves afectaciones en temas de salud, cultura, política y economía que el fracking traería consigo. Sólo por recordar algunas de ellas, están: los riesgos de sismicidad que podrían ocasionarse con el ingreso de poderosas máquinas que arrasan todo a su paso; los grandes desperdicios de agua, pues justamente para la fracturación de las rocas se utilizan miles de litros del líquido a presión (mezclado con sustancias tóxicas); y la contaminación de acuíferos y otros cuerpos de agua a causa de las rupturas de las tuberías y que han producido los fenómenos de "ríos de fuego". De esta manera, no hay que ser ingeniero de petróleos ni experto en perforación para darse cuenta que el fracking es una industria dañina y peligrosa. Lo anterior se menciona debido al debate que se ha generado por “las voces no autorizadas” que han denunciado esta técnica. Pues bien, tampoco son expertos los miembros de las comunidades que tienen que padecer las consecuencias de unos pocos que se lucran a partir de la explotación de la tierra y viven en carne propia las decisiones que tecnócratas toman desde sus oficinas.

En consecuencia, la problemática es mucho más profunda que simplemente “la crisis energética” o “la ausencia de reservas petroleras”. El fracking como fenómeno productivo incluye una serie de elementos que superan el ámbito económico y que podrían incluso relacionarse con lo que los sociólogos llaman la interseccionalidad. Este término hace referencia a los elementos de género, etnia, clase o incluso de orientación sexual que también influyen sobre las relaciones de explotación y dominación. Dicho de otro modo, el impacto sobre las mujeres afrodescendientes en Tumaco (donde las necesidades básicas insatisfechas son cercanas al 50%) es distinto a las relaciones de dominación y explotación en otras regiones del país para un hombre blanco. Estos elementos deben incluirse a la hora de entender un fenómeno como el fracking que no sólo debe reducirse a las reservas energéticas del país, de hecho, hay detrás una serie variopinta de temas como: el reconocimiento de las comunidades ancestrales, la protección del medio ambiente, la búsqueda de modos de producción alternativos, la inclusión de la población en la toma de decisiones, entre otros.

Ahora bien, la decisión del Consejo de Estado se basó en ratificar la suspensión del fracking en el país, ignorando la medida cautelar impulsada por el Ministerio de Minas y Energía que pedía al menos mantener las pruebas piloto en Magdalena y Cesar. La decisión del alto tribunal se suma a la suspensión parcial de las normas que regulan la explotación de los yacimientos no convencionales (Decreto 3004 del 26 de diciembre de 2013 y Resolución 90341 del 27 de marzo de 2014) y contribuyó a poner un alto en las pretensiones de las empresas petroleras en el país. Con todo, la determinación del Consejo de Estado es un respiro para las comunidades, como lo dejó ver Carlos Andrés Santiago, miembro de la Alianza Colombia Libre Contra el Fracking para quien "lo que está en juego es el agua, el ambiente y la salud de las comunidades de las regiones donde se desarrollarían los pilotos de esta técnica". Esta perspectiva se conecta con el fenómeno de interseccionalidad pues deja ver el problema en su justa dimensión y no sólo como un dilema entre la seguridad energética y la “lucha de unos cuantos ambientalistas”. Por el contrario, el fracking es un asunto que le compete a todos los colombianos y debe tomarse con toda la seriedad antes que derive en un problema mayor.

No obstante, la reacción por parte de la Ministra de Minas y algunos sectores de la ultraderecha en el país fue la de rasgarse las vestiduras y asegurar que el Consejo de Estado incurría en un grave error pues prácticamente condenaba al país a la recesión energética. La ministra Suárez instó a “dejar la decisión sobre fracking en manos de la ciencia y no de Twitter”, como si el fallo de la alta Corte no tuviera relevancia por sí mismo. ¿Qué dirá la Ministra cuando los estudios científicos sean concluyentes en torno a los graves daños que el fracking causa a la salud y el medio ambiente? ¿Tendrá la misma postura o dirá que son estudios pagados o invenciones de Twitter? Lo grave de este caso es que ella, haciendo gala de su más vil politiquería, la ministra Suárez busca manipular a diversos sectores diciendo boca en jarro que las tarifas de energía y gas se pueden duplicar si no se acepta el fracking en el país. En otras palabras, o se acepta el fracking o el país tendrá que lamentar las consecuencias. ¡Qué bajeza, señora ministra!

A pesar de lo anterior, hay que ser sumamente prudentes con la decisión del alto tribunal pues es una medida provisional. De hecho, de acuerdo con una investigación de Nohora Celedón para el portal de la Silla Vacía, una sentencia de fondo de las altas Cortes puede demorar entre cinco y siete años, con lo cual, a pesar de que los sectores que se oponen al fracking han ganado algunas batallas, no se han hecho con la victoria definitiva. Debe considerarse una serie de variables como el término del periodo de algunos magistrados que, como Ramiro Pazos Guerrero, se han mostrado en contra de la implementación del fracking. Esto quiere decir que en cualquier momento se puede reactivar la normatividad que rige la explotación de yacimientos no convencionales y, con ello, el fracking podría convertirse en una alternativa de explotación de hidrocarburos.

Por lo expuesto hasta aquí, es necesario que los sectores sociales y movimientos ambientalistas no den su brazo a torcer y mucho menos se confíen frente a lo que está por venir. Si bien la ratificación del Consejo de Estado podría parecer esperanzadora, todavía no es una sentencia definitiva y en la cambiante política colombiana, todo puede suceder. Sin embargo, esto tampoco resta importancia a la decisión, de hecho, es un gran triunfo para aquellos sectores que han luchado con valentía para evitar la contaminación de sus entornos y debe tomarse en su justa proporción. Lo que debe rechazarse con vehemencia son las posturas alarmistas y manipuladoras de personas como la ministra María Fernanda Suárez que quieren reducir el debate de vida o muerte. Si ese fuera el caso, el fracking simboliza la muerte del medio ambiente, de los ecosistemas y del agua potable. Y no sólo eso, pues está en juego la independencia de las comunidades, su autodeterminación y la oportunidad de decidir su destino político. Retomando las palabras del novelista Edward Morgan Forster: “retengamos la idea de lucha: toda acción es una batalla; la única felicidad es la paz”.

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Agricultura 4.0: cuando se nos atragantan los bits

El avance de la digitalización, robótica y otras nuevas tecnologías en la cadena agroalimentaria conlleva profundas transformaciones. Nuevos actores corporativos se apropian de eslabones de la cadena, empresas que nunca habíamos relacionado con agricultura o alimentación, como Amazon, Microsoft o Huawei, disputan ahora este mercado. Son más que inversiones: se trata de cambios radicales en la estructura y control de la cadena, con impactos en muchos aspectos de la alimentación, la salud y la soberanía alimentaria.

En el nuevo informe La insostenible agricultura 4.0, de Pat Mooney y Grupo ETC, elaborado con apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, analizamos esta situación y sus impactos desde sus aplicaciones en tres bloques complementarios: hardware (maquinaria agrícola, robots, drones, sistemas de inteligencia artificial y nubes de Big Data), software (datos genómicos, biología sintética, nuevas biotecnologías) y sistema financiero digital ( blockchain, criptomonedas) (http://www.etcgroup.org/node/6341)

Como explico en un artículo anterior (Internet de las vacas, https://tinyurl.com/yy3c9wn5), la idea es que por medio de sistemas instalados en la maquinaria agrícola (GPS y sensores), uso de drones y chips en animales de cría y fincas se obtengan continuamente datos de cada propiedad, que son almacenados en nubes de datos masivos (Big Data), donde sistemas de inteligencia artificial informan después a cada agricultor sobre lo que debe hacer, qué, cuándo y dónde sembrar, aplicar riego, agrotóxicos, fertilizantes, etcétera. Para superar la falta de Internet en medios rurales se prevé el uso teléfonos celulares, pero sobre todo, como plantea Microsoft, usar "espacios blancos" de frecuencias de televisión, conectadas a módems con alcance de algunos kilómetros a instalar en cada propiedad. La enorme cantidad de datos generados hace que sean solamente grandes trasnacionales que venden servicios de nubes electrónicas –como Microsoft y Amazon– las que pueden competir en el sector.

Todas las trasnacionales conocidas que dominan el sector de semillas industriales y agroquímicos (Bayer-Monsanto, Syngenta, Basf, Corteva) han hecho acuerdos con las grandes de maquinaria, como John Deere, Agco (Massey Ferguson) y CNH para acumular datos en nubes compartidas. Datos que viene de las fincas, sobre suelos, agua, biodiversidad, clima, vientos, etcétera, pero que una vez organizados se venden como "paquetes" de servicio a los agricultores y empresas.

Los datos recogidos son muchos más que los que devuelven a los agricultores, por lo que empresas como Microsoft o Bayer-Monsanto acumulan un enorme volumen sobre territorios enteros, que se convierten en mercancías estratégicas a ofrecer a empresas mineras, forestales o gobiernos.

Yara, la segunda mayor compañía de fertilizantes a escala global, lanzó un programa, que presenta como el "Google" de la agricultura, para mapear propiedades agrícolas grandes o pequeñas. Cualquier persona puede buscar un rancho o finca en los mapas globales de la plataforma, marcar el área buscada y que Yara le venda información sobre qué fertilizantes, dónde y cuánto aplicar en esa zona. En México ofrece acceso gratuito por un año. Al igual que con Google o Facebook, el capital principal son los datos aportados por los que usan el sistema, que a Yara le permite planificar su producción y hacer mercadeo directo con agricultores y/o empresas, además de vender los datos a terceros.

Estos son algunos de los eslabones de la cadena de "Agricultura 4.0", como la llama la industria, parafraseando lo que el Foro de Davos bautizó cuarta revolución industrial. Otros eslabones son el uso de datos genómicos de cultivos, plantas, insectos, microbios, para hacer nuevos cultivos con ingeniería genética, y el secuenciamiento y digitalización masiva de los elementos de la biodiversidad y su puesta en venta en línea.

El sistema continúa con transacciones de comercio nacional e internacional, por medio de plataformas de comercio electrónico y criptomonedas, llegando hasta los supermercados o los propios hogares. Paradójicamente la industria afirma que los consumidores conocerán más del origen de los productos, pero en realidad es un sistema que aleja aún más a los agricultores de los consumidores, y hasta de sus propias decisiones en el campo.

En las áreas de agricultura y pecuaria industrial de México, Brasil, Argentina, Uruguay y Costa Rica ya están usando parte de estos sistemas, principalmente maquinaria agrícola con funciones digitales, drones, acumulación de datos en nubes, etcétera. El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con sede en Costa Rica, ha sido instrumental en la promoción de ese tipo de agricultura, que responde a los intereses de las trasnacionales de agronegocios y más allá. Víctor Villalobos, actual secretario de Agricultura, fue director general del IICA de 2010 a 2018, y desde ahí estableció para ello convenios con Monsanto, Microsoft y John Deere, entre otros.

Para conocer y discutir los impactos de la agricultura 4.0 presentaremos este informe el martes 29 de octubre, a las 18 horas, en la Casa de las Humanidades de la UNAM. Presidente Carranza 162, Coyoacán. Más información en https://tinyurl.com/yxqpsoc2

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Lunes, 21 Octubre 2019 06:21

Mil días

El presidente Donald Trump cumplió la semana pasada mil días al frente de la Casa Blanca, tiempo en el que ha hecho más de 13 mil 400 declaraciones falsas o engañosas, según conteo del Washington Post. La imagen es del fin de semana.Foto Ap

El miércoles pasado se cumplieron mil días de Trump en la Casa Blanca y la pregunta desde hace tiempo no es cuál es el último hecho o comentario del presidente más mentiroso, corrupto, xenofóbico, racista, antimigrante, antintelectual, anticiencia, y peor hostigador de mujeres en la historia moderna del país, sino cómo se le ha permitido proceder más allá de su día mil uno.

El multimillonario populista, quien preside en la era de mayor concentración de riqueza en el último siglo, ha proclamado ser la bandera nacional; toda crítica y acusación en su contra es calificada de traición y antipatriótica. No sólo se proclama como el elegido y juega con la noción de que tal vez debería ser líder vitalicio, sino que se autoelogia al considerarse alguien con "sabiduría sin paralelo" y "un genio muy estable". Quien lo cuestione –incluidos legisladores, jueces, fiscales, denunciante formales, comentaristas– son calificados de enemigos de Estados Unidos. Trump ha superado las alturas desde donde se cayó Richard Nixon, quien en una entrevista famosa con David Frost declaró que "cuando el presidente lo hace, eso implica que no es ilegal", al responder a actos ilícitos ordenados por el presidente.

Este régimen –con el cual se han agotado todos los adjetivos para calificarlo– ha transgredido todas las normas que supuestamente definen el poder federal en este supuesto "faro de la democracia". El presidente ha llegado a ser calificado de "autócrata" y hasta protofascista por representantes del propio establishment; un reconocido almirante acaba de declarar que este presidente está atacando a "la república" estadunidense.

Sus agresiones contra supuestas instituciones sagradas, incluyendo altos mandos del Pentágono, la llamada "comunidad de inteligencia" y partes del Poder Judicial de este país, su abierta obstrucción a investigaciones de fiscales federales, la imposición explícita de sus intereses políticos y económicos por encima de los del país (incluido recientemente en el caso de Ucrania como en su incesante promoción de sus negocios), su cuestionamiento de la lealtad patriótica de opositores políticos y su declaración de que los medios son los "enemigos del pueblo" son marcas registradas de su régimen.

Durante sus mil días en la Casa Blanca Trump ha hecho más de 13 mil 400 declaraciones falsas o engañosas (https://www.washingtonpost.com/ graphics/politics/trump-claims-database/).

Junto con las dos decenas de mujeres que lo han acusado de comportamiento sexual inapropiado, que incluye intentos de violación sexual; un nuevo libro revela otras 43 en esta lista.

Ni hablar de las violaciones de derechos humanos de niños y familias inmigrantes tan ampliamente documentados, ni los ataques contra los derechos fundamentales de las mujeres y de la comunidad gay, la anulación de normas ambientales y laborales, como el apoyo casi explícito a sectores racistas ultraderechistas, entre tanto más.

¿Cómo es posible que se haya permitido todo esto? es la pregunta que –a pesar de acciones de protesta (algunas masivas), investigaciones oficiales y denuncias formales– sigue en el aire.

Algunos señalan que Trump enfrenta una coyuntura en la cual se está debilitando repentinamente, con generales, almirantes, diplomáticos y otros ex altos funcionarios denunciando públicamente sus políticas desastrosas, mayor disidencia en su propio partido, y una reducción en la tasa de aprobación en las encuestas, todo mientras se acelera el proceso de impeachment; de hecho, por primera vez la mayoría favorece que sea destituido de su puesto.

Pero por ahora sigue siendo el rey. Todo esto ya no es culpa sólo de este conductor de reality show, que nunca ha ocultado quién es o cuál es su juego, sino de todos los que lo siguen tolerando y han decidido actuar bajo reglas de un juego que el propio Trump ha destrozado.

Tal vez el único premio de consolación para los demás es que, por ahora, todo estadunidense –y todo aliado internacional de este presidente– tiene anulada la autoridad (y arrogancia) moral para criticar a otros pueblos y sus gobiernos.

Por lo menos hasta que ya no dejen pasar un día más a este régimen.

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Miércoles, 09 Octubre 2019 18:38

Mi voto por un dato

Mi voto por un dato

Cuando una candidata se presenta tan académica tiene que estar segura de lo que dice. Claudia pecó de mentirosa.

Como en la famosa frase del rey Lear: “Mi reino por un caballo”, en la contienda electoral para la Alcaldía de Bogotá me veo ante una variación de la famosa sentencia, en este caso: “Mi voto por un dato”. Sí, en un reciente acto de campaña de Claudia López, aquí frente a la Universidad del Rosario, acusó a sus contrincantes de mentirosos y, entre otras, soltó esta perla: “En Bogotá hay 100.000 familias que hipotecaron sus casas para pagar la deuda con el Icetex”.

Bueno, si Claudia resuelve las dudas que genera este dato, tendrá mi voto y muy seguramente a un defensor de la causa verde. De lo contrario, nos iremos con el voto útil. Así que entremos en materia, ¿de dónde salió ese dato?, ¿quién lo construyó? Porque una cifra tan redonda no cae de los árboles ni se da silvestre en los jardines. Construirlo es una megainvestigación, aunque la simplicidad del número pareciera decir lo contrario.

El dato tendría que aclararnos en qué tiempo se dio esa megacarrera de los deudores acuciosos al sistema bancario a pedir refinanciación, cuando de hecho, según ella misma, ya estaban reportados en Datacrédito. Pero recordemos, a esas personas no se les suele abrir el sistema bancario. En este momento los deudores a Icetex en todo el país suman 52.000 personas, cifra muy inferior a la de los morosos que ella atribuye a Bogotá que hipotecaron, están hipotecando, van a hipotecar. Cifra inconsistente con la realidad, porque Bogotá tiene aproximadamente ese número de deudores con el Icetex, ¿quiere ello decir que todos están al día y que lo están a cuenta de la hipoteca? Nada razonable. Máxime cuando el nivel de cumplimiento en el pago, en todo el país, tiene un histórico del 92 por ciento.

Mientras llega la información del origen, los tiempos, y las cifras complementarias, reflexionemos sobre esos 100.000. Especulemos, crucemos datos concomitantes. Si una familia puede hipotecar la casa, quiere decir que ya es dueña del predio y, en ese caso, no está pagando arriendo, es decir, tiene de dónde echar mano para pagar los estudios del hijo, digo. No es razonable pensar que los morosos estén entre los propietarios de viviendas, pero puede ser, claro, pero no es lo más razonable.

100.000 no es un dato. Este me gusta. Esas cifras redondas no son datos son aproximaciones no sabemos de dónde a dónde. Los datos son disparejos, truncos, filudos: 23.149, 54.821, 156.298, estos son datos. Ella se presentó como la candidata de la academia (recientemente sustentó su tesis doctoral). Pues bien, en el mundo académico los datos son sagrados. No tenemos más. En mi clase de Estilos Argumentativos leímos el cuento Nueve millas bajo la lluvia, de Harry Kemelman (ver en la parte final el cuento), tomado de la antología del cuento policíaco, compilada por Borges y Bioy. En ese cuento se descarta, con elegancia, que los múltiplos de diez sean números exactos, es decir, no son datos. Son aproximaciones y las aproximaciones no son serias, acaso sean consignas para generar opinión, pero la opinión sin el dato y la fuente, es deleznable. Así que de entrada, la probabilidad no secunda a Claudia.

Según el “chepito” mayor, el gerente cobrador de la deuda del Icetex, el señor Hernán Pardo Botero, de CISA, en este momento se maneja una cifra aproximada de 52.000 morosos del sistema, contando casos de hasta 3.000 días de atraso. Es decir, quienes no pagan en todo el país son casi la mitad de los que Claudia atribuye a Bogotá. Salvar esa inconsistencia será muy difícil. Tal vez sea más fácil mostrar que el plebiscito anticorrupción de 300.000 millones de nuestro bolsillo no era corrupto en sí mismo. Pero bueno, siempre queda a mano la salida conspirativa: “Los oligarcas le ocultan al pueblo la verdad, los deudores son más, porque si esto se supiera…”, bueno, ¿de dónde salió el dato?

La deuda total de los atrasados en el pago ronda los 300.000 millones de pesos. Si se hipotecaran las cien mil casas de Claudia para pagar, no habría morosos, número uno. Y número dos, querría decir que las hipotecaron por un valor promedio de tres millones de pesos cada una. Me pregunto, ¿qué pueblo, qué nación, qué país, qué idiota hipoteca su casa por ese valor, máxime cuando ya nos fresqueamos y llevamos más de uno, dos, tres y hasta diez años sin abonar a la deuda y sin aparecer por la oficina de cobro a poner la cara?

Y mi ñapa. Hablar mal del Icetex es una buena bandera, tan buena que los vándalos agredieron e incendiaron sus instalaciones. Sin embargo, según CISA, el 92 por ciento de los beneficiados con créditos de Icetex se encuentran al día, y un grupo del 8 por ciento está en estudio prejurídico. Es decir, mal que le pese a quienes están haciendo política con la platica de los contribuyentes, la gente sí paga.

Debemos recordar que quienes se aproximaron a la calle diecinueve con cuarta en Bogotá fueron en busca de un préstamo, no de una beca. Y se le dio la plata, se le prestó. Plata de nuestros impuestos, dinero que cuando regrese al sistema servirá a otros para adelantar su sueño. Ahora, si ese préstamo no le sirve, si tiene otra forma de financiar su estudio, hombre, está en todo su derecho de hacer uso de ese otro mecanismo, pero no venga ahora a rabiar contra quien le tendió la mano.

Si estamos hablando de un dato, debería decirnos si esas 100.000 casas hipotecadas son de los padres o de los fiadores (o de los padrinos solidarios). Es curioso, la prensa se ocupó de una carta falaz de un deudor dónde denunciaba al Estado (tal vez no hay un lugar común más eficaz en Colombia: “Denunciar al Estado”) por embargar a su padre, fiador, campesino, discapacitado. Así, en ese orden de descripción padre-fiador-campesino-discapacitado. Se hizo viral. El Icetex aclaró que el señor sí era fiador, que el joven no se había acercado al Instituto a refinanciar su deuda (mecanismo de favorecimiento, otro más), tres años de atraso en los pagos y que no lo habían embargado. Pero esa noticia, claro, no fue viral.

Conclusión. A Claudia le será muy difícil resolver estas dudas, entre otras razones, porque algunas de ellas muestran lo absurdo y contraintuitivo del dato. Tal vez, ya podemos concluir que mintió. Sin embargo, mandaré esta misiva, uno no sabe, casos se han visto y yo sea quien está errado. Mientras tanto, no sirva de fiador, le puede salir un vivo afecto a socializar la plata de los demás.


Nueve millas bajo la lluvia

Por, Harry Kemelman

 

Hice el papel de tonto con un discurso que pronuncié en la comida del Good Government Assotiation; Nicky Welt me acorraló al día siguiente, mientras desayunábamos en el Blue Moon, lugar donde íbamos siempre que teníamos deseos de encontrarnos. Había cometido el error de salirme del discurso que llevaba preparado, para criticar una afirmación que hizo a los diarios mi antecesor en el puesto de fiscal. Saqué una cantidad de conclusiones de la tal afirmación, quedando así a merced de refutaciones que no tardaron en producirse; esto me dejó como un intelectual poco honesto.

Yo era nuevo en este asunto de la política; hacía apenas dos meses que había dejado el Law School para convertirme en el candidato del Partido Reformista al cargo de fiscal. Lo que antecede es a modo de disculpa, pero Nicholas Welt, que jamás abandonaba sus maneras pedagógicas (era profesor de Lengua y Literatura Inglesas en Snowdon), me contestó en el mismo tono que hubiera empleado para negar el pedido de algún estudiante del curso secundario.

--No es una excusa --me dijo.

A pesar de no ser más de dos o tres años mayor que yo (y estamos doblando la curva de los cuarenta), siempre me trata como un profesor a un alumno particularmente estúpido. Y yo, tal vez por lo mucho más viejo que se ve con el pelo blanco y su parecido a un gnomo, soporto sus lecciones.

--Fueron conclusiones muy lógicas --dije en tono suplicante.

--Mi querido muchacho --dijo quedamente--, aunque sea casi imposible no sacar conclusiones de lo que leemos u oímos, generalmente estas conclusiones son erróneas. En la profesión de abogado, estos errores se producen en un elevado porcentaje, ya que en este caso la intención no es descubrir lo que se desea comunicar, sino más bien lo que se desea ocultar.

Tomé mi adición y me levanté. Al hacer esto le dije:

--Me imagino que te refieres al interrogatorio de testigos en la sala de Tribunales. Bien, en estos casos siempre está la parte contraria que rechazará cualquier conclusión ilógica.

--¿Quién habló de lógica? --replicó--. Una conclusión puede ser lógica, y no por eso ser verídica.

Me siguió hasta la caja, donde pagué mi consumición; después esperé impaciente mientras Nick rebuscaba en un monedero pasado de moda, y pescaba varias monedas una por una, colocándolas en el mostrador al lado de su cuenta; pero descubrió que el total era insuficiente. Las deslizó otra vez en su monedero y, con un suspiro de pesadumbre, sacó un billete del prehistórico monedero, y se lo dio al cajero.

--Dime una frase de diez o doce palabras --me dijo Nick--, y te armaré una cadena de conclusiones lógicas que ni soñaste al construir la frase.

Como el espacio era reducido, y seguían llegando clientes a la caja, decidí salir y esperar en la acera que terminara su operación con el cajero. Me acuerdo que me divirtió la idea de que Nick pensara que yo estaba todavía a su lado, escuchando su perorata.

Cuando se me reunió, le dije:

--El caminar nueve millas no es broma, especialmente lloviendo.

--No, no lo es --dijo distraídamente. De pronto, detuvo sus pasos, y me miró en forma inquisitiva--. ¿De qué estás hablando?

--Es una frase y tiene once palabras --dije repitiendo la frase, al mismo tiempo que contaba las palabras con los dedos.

--¿Y qué quiere decir?

--Me dijiste que si hacía una frase de diez o doce palabras...,

--¡Ah, sí! --me miró con desconfianza--. ¿De dónde la sacaste?

--Se me ocurrió. Vamos, saca tus conclusiones.

--¿De veras? --preguntó mientras los ojillos le brillaban--. ¿En verdad lo deseas?

Era muy de Nick el desafiar a alguien y después demostrar gozo cuando se le aceptaba. Esto me hizo enojar.

--Habla o cállate --le dije.

--Muy bien, no te enojes. Acepto. Hum,.. ¿Cómo era la frase? "El caminar nueve millas no es broma, especialmente si está lloviendo." No hay mucho material.

--Son más de diez palabras.

--Bien --su voz se fue haciendo brusca a medida que iba estudiando mentalmente el problema--. Primera conclusión: el sujeto está molesto.

--De acuerdo --dije--, aunque en realidad es una conclusión un poco rebuscada; la afirmación lo implica.

Nick asintió impaciente.

--Segunda conclusión: la lluvia no estaba prevista; si no, hubiera dicho: "El caminar nueve millas bajo la lluvia, no es broma", en lugar de colocar la frase "bajo la lluvia" al final, precedida del adverbio "especialmente", que está indicando a las claras una idea que se le ocurrió después.

--Lo dejo pasar, aunque es obvio.

--Las primeras conclusiones deben ser obvias.

No dije nada; me pareció que se había metido en camisa de once varas, y no quería hacérselo notar.

--La siguiente conclusión es que el sujeto no es un atleta, ni afecto a aire libre.

--Explícame eso.

--Otra vez la palabrita "especialmente". El sujeto no dice que una caminata de nueve millas no es broma bajo la lluvia, sino que la distancia, fíjate, no es broma. Ahora bien, nueve millas no constituyen una distancia tan larga; se camina más de la mitad de esa distancia en diez y ocho hoyos de golf, y el golf es un juego de viejos --y agregó, con modestia--: Yo juego al golf.

--Eso está muy bien en circunstancias comunes --dije--, pero hay otras posibilidades. El sujeto puede ser un soldado en la jungla; en este caso, no sería ninguna broma, con o sin lluvia.

--Sí --Nicky se puso sarcástico--. También puede ser un individuo con una sola pierna; o un graduado que está escribiendo su tesis sobre gustos, y que empieza por anotar todas las cosas que no son divertidas. Antes de continuar, te voy a confiar dos presunciones.

--¿Qué quieres decir? --pregunté desconfiado.

--Recuerda que tomo la frase tal como me la presentaste, sin pretender saber quién la dijo, ni en qué circunstancias. Generalmente, una frase encaja en el marco de una situación.

--Ya veo. ¿Cuáles son tus presunciones?

--En primer lugar, presumo que la frase no tiene una intención frívola; el sujeto se refiere a una caminata efectuada, y no con el propósito de hacer ejercicio, ni de ganar alguna apuesta, o algo por el estilo.

--Me parece lógico y razonable.

--También presumo que la caminata tuvo lugar por aquí cerca.

--¿En Fairfield?

--No necesariamente aquí, sino por esta zona.

--Probable.

--Entonces, si aceptas estas presunciones, tienes también que estar de acuerdo conmigo en la conclusión que saqué: el sujeto no es un atleta ni aficionado al aire libre.

--Bueno, muy bien; sigue.

--Mi otra conclusión es que la caminata se realizó a altas horas de la noche, o muy temprano por la mañana; digamos entre medianoche y las cinco o seis de la mañana.

--¿De dónde sacas eso?

--Por la distancia de nueve millas. Estamos en una zona bastante poblada; cualquier camino que tomes te llevará a algún pequeño pueblo, mucho antes de recorrer nueve millas. Por ejemplo, Hadley está a cinco millas; Hadley Falls, a siete millas y media; Goreton está a once, pero East Goreton está antes, y la distancia para llegar a este último lugar es de ocho millas. Hay trenes para Goreton y para las demás localidades, hay servicio de ómnibus. Los caminos están siempre muy concurridos. Entonces, dime: ¿Por qué tuvo alguien que caminar nueve millas bajo la lluvia, si no fue a altas horas de la noche, o por la madrugada, momentos en los cuales los medios de transporte son escasos, y en los que un conductor particular difícilmente hará subir a su vehículo a un desconocido?

--Tal vez no quiso ser visto --sugerí yo.

Nick me miró con lástima.

--¿Te parece menos visible ir solo por un camino, y no mezclado entre el público de un tren o de un ómnibus, que generalmente está enfrascado en la lectura de algún diario?

--Está bien, no insisto --dije con brusquedad.

--A ver qué te parece esto; iba hacia una ciudad, más bien que de una ciudad.

Yo asentí.

--Es casi seguro. Si hubiera estado en una ciudad, le habría sido fácil combinar algún medio de transporte. ¿En eso te basas para tu conclusión?

--En parte --dijo Nick--, pero también saco una conclusión de la distancia. Recuerda que es una caminata de nueve millas, y nueve es un número exacto.

--Lamento no comprender. El gesto exasperado del maestro de escuela apareció en la cara de Nick.

--Supongamos que dices que hiciste "una caminata de diez millas", o "un paseo en auto de cien millas". Yo puedo pensar que caminaste entre ocho o diez millas, o que manejaste un auto durante ochenta o ciento diez millas. Diez y cien no son números exactos, puedes haber caminado exactamente diez millas o aproximadamente diez millas; pero cuando dices que caminaste nueve millas, yo tengo derecho a suponer que la distancia fue exactamente nueve millas. Ahora bien, podemos saber con más exactitud la distancia a la ciudad, desde un punto dado, que sabe la que existe desde la ciudad a un punto dado. Por ejemplo, si le preguntas a una persona de aquí, a qué distancia está la granja de Brown, y siempre que la conozca bien, te dirá que hay unas tres o cuatro millas. Pero pregúntale al granjero Brown en persona cuánto hay desde su granja hasta la ciudad y te dirá: "Tres millas, seiscientas, y lo sé, porque más de una vez he medido la distancia con el cuentakilómetros".

--Es algo débil, Nick --dije.

--Pero en comparación con la tuya de que si hubiera salido de la ciudad, hubiera podido arreglar algún medio de transporte...

--Si, tienes tazón; te dejo seguir. ¿Algo más?

--Ahora empiezo a dar en el clavo --se jactó--. Otra conclusión que saco es que debía estar en un lugar determinado a una hora exacta; no se trataba de ir en busca de ayuda porque su auto estaba descompuesto, o su esposa enferma, o porque hubieran entrado ladrones en su casa.

--¡Por favor! El desperfecto del auto me parece la conclusión más probable; la distancia la podía conocer muy bien, si había controlado el cuentakilómetros al salir de la ciudad.

--No; en un caso así, lo más probable es que se hubiera acomodado en el asiento trasero para dormir o, en el peor de los casos, parado al lado del auto con el objeto de llamar la atención del primero que pasara. Recuerda que se trata de nueve millas. ¿Cuánto tiempo dices que se necesita para recorrerlas a pie?

--Cuatro horas --contesté.

Nick asintió.

--Y nada menos, teniendo en cuenta la lluvia. Nos hemos puesto de acuerdo en un punto, y este es que la caminata la realizó a altas horas de la noche, o muy temprano por la mañana. Si el desperfecto del auto se produjo a la una de la mañana, no hubiera podido llegar a la ciudad antes de las cinco; a esa hora ya circulan muchos vehículos por los caminos. Los ómnibus son los que empiezan a circular un poco más tarde, a eso de las cinco y media. Por lo demás, no tenía necesidad de caminar hasta la ciudad misma; lo más natural hubiera sido que llegara sólo al teléfono más cercano. No, no me cabe la menor duda que tenía una cita en una ciudad, y algo más temprano de las cinco y media.

--¿Y por qué no ir antes y esperar? Podía tomar el último ómnibus, llegar a eso de la una, y esperar el momento de la cita. En lugar de hacer eso, camina nueve millas bajo la lluvia y, según dices, no es ningún atleta.

Íbamos a esta altura de nuestra conversación, cuando llegamos al edificio de la Municipalidad, donde está mi oficina. Generalmente, nuestras discusiones empezaban en el Blue Moon y terminaban a la entrada de la Municipalidad; pero como esta vez me encontraba realmente interesado en las demostraciones de Nick, le sugerí que subiera un momento a mi oficina.

Cuando nos sentamos, le pregunté:

--¿Que me contestas, Nicky? ¿Por que no pudo llegar más temprano, y esperar?

--Pudo, pero no lo hizo. Debemos presumir que, por alguna causa, perdió el último ómnibus; o si no, que debía esperar en el lugar en que estuviera alguna señal o una llamada telefónica.

--Según tú, tenía una cita entre la medianoche y las cinco y media...

--Podemos acercarnos mucho más a la hora exacta. Recuerda que la caminata le lleva cuatro horas; el último ómnibus deja de circular a las doce y media de la noche. Si no lo toma, y empieza a caminar a esa hora, no llega antes de las cuatro y media. Por otro lado, si toma el primer ómnibus, llegará a las cinco y media aproximadamente. De esto se deduce que su cita se debía efectuar entre las cuatro y media y las cinco y media.

--Ya veo, quieres decir que si la cita era antes de las cuatro y media, hubiera tomado el último ómnibus; si era después de las cinco y media, hubiera tomado el primero de la mañana.

--Eso mismo. Y otra cosa más; si esperaba una señal o una llamada telefónica, éstas deben haberse producido no mucho más tarde de la una de la madrugada.

--Lo que significa que habrá empezado a caminar alrededor de la una de la mañana.

Nick asintió y se quedó silencioso; por alguna razón que no me pude explicar, no quise interrumpir sus pensamientos. En la pared colgaba un mapa del condado, y me acerqué a mirarlo.

--Tienes razón, Nick --dije por sobre el hombro--, no hay ninguna ciudad a nueve millas de Fairfield; éste es el centro de una cantidad de pequeños pueblos.

Nick se acercó a mirar el mapa.

--No tuvo que ser precisamente Fairfield --dijo despacio--, fíjate en otros lugares, Hadley, por ejemplo.

--¡Hadley! ¿Y quién pudo tener algo que hacer a las cinco de la mañana en Hadley?

--El Washington Flyer se detiene más o menos a esa hora en Hadley para cargar agua.

--Acertaste otra vez. Más de una noche en que no he podido dormir lo he oído cuando entra en la estación y casi en seguida el reloj de la Iglesia Metodista da las cinco --me acerqué a mi escritorio para consultar un horario de trenes--. El Flyer sale de Washington a las doce y cuarenta y siete de la noche y llega a Boston a las ocho de la mañana.

Nick estaba midiendo distancias en el mapa con un lápiz.

--Exactamente a nueve millas de Hadley está la hostería de Old Sumter --dijo Nick.

--La hostería Old Sumter --repetí haciendo eco--. Pero ahí pudo contratar un medio de transporte, como en una ciudad.

Nick negó con la cabeza.

--Los vehículos se guardan en un lugar cerrado: hay que hablar con un encargado que controla los pedidos; le sería muy fácil recordar a alguien que pidiera un auto a esa hora. Es un lugar un poco conservador. Mejor es que hubiera esperado en su habitación el llamado telefónico, tal vez de Washington, para darle el número del vagón y el de la litera. Todo lo que le quedaba que hacer era salir de la hostería y caminar hasta Hadley.

Lo miré como hipnotizado.

--Tampoco iba a ser muy difícil subir al tren mientras estaba detenido para cargar agua; entonces, si sabía el número del vagón y el de la litera...

--Nick --dije excitado--, a pesar de que como fiscal y miembro del Partido Reformista he propalado una campaña basada en un programa económico, voy a gastar un poco de dinero que pagan los contribuyentes en hacer una llamada de larga distancia a Boston. ¡Es ridículo, no lo puedo creer..., pero lo haré!

Los ojillos azules relampaguearon, y se humedeció los labios.

--Manos a la obra --dijo roncamente.

Cuando terminé de hablar por teléfono, le dije a mi amigo:

--Nick, ésta es tal vez la coincidencia más notable en los anales de la investigación criminal: ¡Han encontrado a un hombre asesinado en una litera del tren que salió anoche desde Washington a las doce y cuarenta y siete! Hacía tres horas más o menos que estaba muerto, lo que viene a colocar el crimen a la altura de Hadley.

--Me imaginé algo por el estilo --dijo Nick--. Pero estás equivocado al calificar esto de coincidencia. No lo es. ¿De dónde sacaste esa frase?

--Una simple frase; se me ocurrió y te la dije.

--¡No puede ser! Esa no es la clase de oración que se le ocurre a uno de pronto. Si tú hubieras enseñado gramática y composición como yo, sabrías que cuando se le pide a alguien que forme una frase de más o menos diez palabras, siempre resulta algo así como "Me gusta la leche...", Y algunas otras palabras para darle mas sentido, como, por ejemplo: "Es buena para la salud..." En cambio, la frase que tú dijiste se relacionaba demasiado con una situación particular.

--Pero yo no hable con nadie esta mañana, y sólo tú me acompañabas en el Blue Moon.

--No estabas conmigo mientras yo pagaba --dijo con brusquedad--. ¿No encontraste a nadie cuando me esperabas en la acera?

Sacudí la cabeza con desaliento.

--Te esperé menos de un minuto. Sólo recuerdo a dos hombres que llegaron mientras buscabas el cambio; uno de ellos me empujó y entonces pensé en esperar...

--¿Los habías visto antes?

--¿A quiénes?

--A esos dos hombres --dijo con tono crispado.

--Yo..., no, no eran caras conocidas.

--¿Estaban hablando?

--Creo que sí; sí... Y parecían muy absortos en lo que hablaban; creo que por eso me empujó uno de ellos.

--No van muchos desconocidos al Blue Moon --me hizo notar Nick.

--¿Crees que se trata de ellos? --dije esperanzado--. Me parece que los reconocería si los volviera a ver.

Los ojos de Nick se achicaron.

--Es posible, tienen que ser dos; uno para seguir a la victima y comprobar el número de la litera, el otro para esperar aquí y hacer el trabajo. El de Washington tuvo que venir aquí, ya que si se trata de un crimen con fines de robo entre dos, se podían dividir el producto. Si fue solamente un crimen, el de allá tuvo que venir a pagar a su ayudante. Me acerqué al teléfono.

--Hace menos de media hora que salimos del Blue Moon --Nick continuó--, en momentos en que ellos entraban, y el servicio en ese lugar es muy lento. El que caminó las nueve millas debe de estar hambriento, y el otro probablemente viajó toda noche desde Washington.

--Llámeme inmediatamente en cuanto haga un arresto --dije, y colgué el receptor del teléfono.

-- Ninguno de nosotros habló mientras esperábamos la llamada. Ni nos atrevíamos a mirar, como si hubiéramos hecho algo vergonzoso.

La campanilla nos sacó de la situación. Escuché y colgué.

--Uno de ellos trató de escaparse por la cocina --dije a Nick--. Pero Winn tenía un hombre estacionado en la puerta de atrás y lo pescaron.

--Eso parece que nos da la prueba --dijo Nick con una helada sonrisita.

Yo asentí, y Nick miró su reloj.

--¡Oh! --exclamó--. Quería empezar temprano esta mañana, y he perdido todo el tiempo contigo. Lo acompañé hasta la puerta.

--Nick escucha --le dije cuando ya se iba--. ¿Qué querías probar?

--Que una cadena de conclusiones puede ser lógica y no verídica --me contestó.

--¡Ah!

--¿De qué te ríes? --me preguntó, y después también se echó a reír.

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Así "satura" Volkswagen la justicia alemana para evitar pagar más por el dieselgate

La compañía automovilística solo indemniza a los ciudadanos si denuncian. Cuando llega la demanda, la empresa suele proponer un montante de dinero al afectado para alcanzar un acuerdo que obliga a retirar la denuncia

 

"Con su actual estrategia, Volkswagen puede acabar pagando 2.000 o 3.000 millones de euros, pero no más de 10.000 millones que es lo que correspondería por los dos millones de coches afectados", explica un abogado

 

Aldo Mas

 

El último coche que se ha comprado Christoph Lütgert es un híbrido. No es del fabricante alemán Volkswagen. Su anterior vehículo, sin embargo, sí que era de los que fabrica el consorcio germano con sede en Wolfsburgo. Era, de hecho, uno de los afectados por el dieselgate, en el que el fabricante alemán trucó los motores de sus vehículos diésel para que parecieran menos contaminantes.

Lütgert es de los clientes que han conseguido recibir una compensación en Alemania tras adquirir un coche con el motor trucado. Sin embargo, solo lo logró después de casi dos años y medio de batalla judicial. Su caso, que tuvo que pasar por dos instancias y una apelación antes de que Volkswagen tirara la toalla, es uno entre decenas de miles que hay en curso en Alemania.

Ante el juez, a Lütgert lo representó con éxito Lars Murken-Flato, letrado del gabinete de abogados Hahn, en Hamburgo. "En Alemania, Volkswagen está viéndose obligado a pagar a los consumidores pero solo cuando estos denuncian ante la justicia. Es decir, que tienen que denunciar y estar dispuestos a llevar un proceso judicial contra Volkswagen, algo que suele alargarse en el tiempo", dice Murken-Flato a eldiario.es. "Ahora mismo hay miles de denuncias que tienen que ser procesadas por la justicia, una justicia que ya de por sí está sobrecargada", explica el abogado de Lütgert.

La estrategia de Volkswagen, según señala este letrado, nada tiene que ver con cómo la firma alemana lidió con el dieselgate en Estados Unidos. "En Estados Unidos hubo mucha presión de los políticos a la empresa, y entonces la empresa diseñó un sistema para recomprar los vehículos o pagar un dinero por cada coche", indica Murken-Flato. Esa "solución" americana al ' que evitaba los tribunales tuvo, junto a multas compensaciones y acuerdos con autoridades estadounidenses, un coste estimado en unos 25.000 millones de dólares (cerca de 23.000 millones de euros).

"En Estados Unidos las autoridades han sido más duras con Volkswagen que en Europa, allí la situación es mucho mejor que aquí para este tipo de actuaciones. En Europa apenas ha habido presión de las autoridades como en Estados Unidos. La presión aquí se ha ejercido desde las asociaciones de consumidores", dice a eldiario.es Axel Friedrich, experto en cuestiones de movilidad con años de experiencia en la Agencia Federal para el Medioambiente de Alemania (UBA).

Estimaciones recientes apuntan a que se han procesado unas 61.000 denuncias contra Volkswagen relacionadas con los motores diésel trucados. Según afirmaban recientemente fuentes del consorcio germano al diario generalista berlinés Der Tagesspiegel, unos 33.000 casos ya han sido resueltos. La gran mayoría han acabado con el final deseado por la compañía, según han apuntado desde Volkswagen.

Esto se explica por la estrategia adoptada por la firma una vez que hay proceso judicial. La empresa suele proponer un montante de dinero al afectado para alcanzar un acuerdo que obliga a retirar la denuncia. A Christoph Lütgert, por ejemplo, la empresa le ofreció en su momento 17.000 euros por su Volkswagen Golf. Pero Lütgert y Murken-Flato, su abogado, no dieron su brazo a torcer. Continuaron la pelea en los tribunales. Y ganaron, obligando al consorcio ha pagar algo más de 20.000 euros, después de más de casi 30 meses de batalla judicial.

En vista de casos como el de Lütgert y cómo se están eternizando los procesos judiciales, Friedrich considera responsable a Volkswagen de plantear "una enorme carga sobre los jueces". Así lo afirmaba hace unos días al Der Tagesspiegel Murken-Flato: "Como Volkswagen evita una solución similar a la de Estados Unidos, los afectados germanos tienen que denunciar, y esto es una sobrecarga para la justicia". "Todo el proceso va muy lento", constata Friedrich a este periódico.

 

Evitar una solución como en EEUU

 

Aun así, la actitud de Lütgert y Murken-Flato no está al alcance de todos. En los tribunales, el tiempo también es oro. Porque para acudir frente al juez hay que estar dispuesto a pagar abogados y costes judiciales. "Muchos deciden no pagar y no denunciar", comenta Murken-Flato. Para él, la estrategia de Volkswagen está clara. "Ellos dicen: 'sin jueces de por medio, no pagamos nada, pagamos solo cuando nos denuncian'", abunda el letrado.

En Estados Unidos, el número de coches afectados por el escándalo rondaba el medio millón. Sin embargo, solo en Alemania se estima que hay unos dos millones de vehículos afectados. "La estrategia en Alemania de Volkswagen funciona así: si en Alemania se decidieran a tomar una salida como en Estados Unidos, tendrían que pagar a todos los afectados. Pero en Alemania hay más de dos millones de coches afectados. Si Volkswagen tuviera que pagar a todos, pongamos 5.000 euros de media, eso ya significaría una suma por encima de los 10.000 millones de euros", comenta Murken-Flato. "Con su actual estrategia, Volkswagen puede acabar pagando 2.000 o 3.000 millones de euros, pero no más de 10.000 millones", abunda.

A Volkswagen incluso le viene mejor, antes que encontrar una solución a la americana, hacer frente a la denuncia en grupo que reúne a cerca de medio millón de usuarios afectados que estos días se dirime en el Tribunal Regional Superior de Braunschweig.

De aquí a que ese tribunal de Braunschweig acabe resolviendo esa denuncia pueden acabar pasando años, según los expertos. Hasta que eso no ocurra, Volkswagen no podrá olvidar del todo el dieselgate en Alemania.

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Colombia: Destituyen al jefe de Inteligencia Militar por las fotos falsas de Venezuela presentadas por Duque en la ONU

El general Oswaldo Peña Bermeo, jefe de Inteligencia y Contrainteligencia Militar Conjunta de Colombia, será retirado de su cargo, luego de que el presidente de ese país, Iván Duque, presentara ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) un informe sobre la supuesta presencia de grupos irregulares en Venezuela donde había por lo menos cuatro fotos falsas.

Esta información la dio a conocer el periodista colombiano Luis Carlos Vélez en su cuenta de Twitter, quien afirmó que será despedido por los “errores” en el documento que llevó el mandatario colombiano al organismo internacional.

Según reseñan los medios locales, Peña Bermeo fue llamado a “calificar servicios”, lo que significa que debe abandonar el cargo que venía ocupando.

¿A qué se debe la decisión?

El pasado jueves, el presidente colombiano presentó ante la ONU un informe sobre la supuesta protección del Gobierno de su par venezolano, Nicolás Maduro, a guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en ese país.

Sin embargo, al menos cuatro de las fotos usadas como “evidencia” de esa acusación fueron tomadas en territorio colombiano, según señalaron distintos medios de comunicación que reconocieron haber publicado previamente las imágenes.

La primera fotografía correspondía a un supuesto campamento guerrillero donde un grupo de niños jugaban con miembros del ELN en una escuela rural del estado de Táchira, estado fronterizo con Colombia. No obstante, la gráfica fue tomada tres años antes de la fecha estipulada (abril de 2018) en el departamento del Cauca, en el suroeste de Colombia, según lo aclaró posteriormente el diario El Colombiano.

A este primer desmentido se le agregó otro del fotógrafo de la Agence France-Presse (AFP) Luis Robayo, quien negó que una de las capturas presentadas por Duque hubiera sido hecha en el país bolivariano: “Esta foto la tomé el 20 de septiembre de 2018 en un viaje que hice a la región del Catatumbo (Colombia) para hacer un reportaje”, afirmó.

Posteriormente, la AFP confirmó a El Colombiano que el Ministerio de Defensa se había comunicado con ellos para pedir excusas y confirmar que usaron tres fotos erradas, tomadas por la agencia en Colombia y no en Venezuela.

Florence Panoussian, la directora de AFP para Ecuador y Colombia, explicó que las gráficas habían sido hechas en los departamentos Catatumbo, Chocó y Guaviare, pertenecientes al territorio colombiano.

“El rey de los falsos positivos”

El presidente venezolano, al conocer la información sobre el despido de Peña Bermeo este lunes, afirmó que “la oligarquía usa a las fuerzas militares para cometer desmanes y luego los abandona”.

“Es la primera vez que sucede con un presidente de un país tan importante como Colombia que se presente en la ONU a mentir descaradamente”, agregó.

Días atrás dijo que su homólogo colombiano “da pena” (vergüenza) y aseveró que podría hacerse un documental sobre él para la plataforma Netflix con el nombre de “El rey de los falsos positivos: Iván Duque en la ONU”.

El mandatario venezolano también calificó a Duque de “imbécil de Porky” por haber presentado documentos y fotos falsas.

En respuesta a los señalamientos por haber usado imágenes erróneas, el mandatario colombiano aseguró en una entrevista hecha por el periodista Andrés Oppeheimer que el documento de 129 páginas que le había entregado a Antonio Guterres tenía “fotografías de contexto y otras propias de la Inteligencia colombiana”.

Aumento de las tensiones

Las tensiones entre Caracas y Bogotá se han incrementado tras la autoproclamación como “presidente encargado” del diputado opositor Juan Guaidó, quien cuenta con el apoyo del Gobierno de Duque.

El mandatario colombiano, que considera a Maduro como “ilegítimo”, ha afirmado que su homólogo ampara en su territorio a disidentes de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del ELN con la finalidad de desarrollar planes conspirativos contra el país vecino.

Venezuela, por su parte, acusa a Colombia de albergar y entrenar a grupos paramilitares con la finalidad de llevar a cabo acciones desestabilizadoras y atentados contra figuras políticas y el propio presidente venezolano.

Recientemente, la Justicia del país suramericano abrió una investigación en contra de Guaidó luego de que se difundieran imágenes junto a varios miembros de “Los Rastrojos”, uno de los grupos más peligrosos de Colombia, sobre el que pesan delitos como el homicidio, secuestro, extorsión, narcotráfico, contrabando entre otros.

30 septiembre 2019

Publicado enColombia
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