"No nos queda mucho tiempo", el grito de una comunidad hondureña a punto de ser sumergida por el mar

Eric Pineda sirve pescado con arroz en un modesto restaurante frente a la playa, un negocio que se enfrenta a una destrucción inminente.

El reciente aumento de la marea ya inundó el bar de al lado, del que solo quedan los escombros de color rosa. En los dos últimos años varios negocios entre el de Pineda y el Océano Pacífico han sido destruidos por el mar. "Cada año el océano se acerca más y aumenta de nivel. Creo que tenemos uno, quizá dos años, hasta que el agua nos lleve también a nosotros. No queda mucho", describe Pineda, de 24 años.

La arena dorada de las playas ayudó a transformar esta comunidad de pescadores en el Golfo de Fonseca en un prometedor destino turístico. Hoy, apenas quedan unos metros de playa y el aumento de la marea y el nivel del mar ha borrado del mapa carreteras, viviendas y negocios.

La población local estima que se pierde aproximadamente un metro de suelo al año y eso significa que la comunidad al completo estará pronto bajo el agua. El mismo destino aguarda a otras comunidades del pacífico hondureño donde tanto población como tierra desaparecen velozmente. 

Durante los últimos años, millones de personas han huido de la pobreza extrema, el colapso de las instituciones y la violencia desatada en América Central. De entre todos los factores que expulsan a la población, hay uno que ha quedado desatendido: los conflictos por los recursos naturales han aumentado por la expansión de la actividad empresarial y el cambio climático.

El nivel del mar aumenta en todo el planeta pero en esta región hay un factor más que ayuda a que aumente la degradación costera: amplias franjas de manglar costero han sido devastadas para abrir espacio a las camaroneras que se multiplican incluso dentro de espacios naturales protegidos. Gran parte del camarón hondureño se exporta a Estados Unidos y Reino Unido donde se venden grandes superficies como Waitrose, Sainsbury's o Marks & Spencer.

Dina Morel, responsable de Coddeffagolf, una organización local centrada en el conservacionismo marino cree que "la industria destruye amplias extensiones de manglar mientras promete desarrollo y crea, en realidad, muy pocos empleos. Al mismo tiempo aumenta la pobreza al restringir el acceso de los pescadores locales a los recursos pesqueros".

Según Morel, las camaroneras se instalan con autorización en zonas protegidas. Las violaciones de la leyes de protección del medio ambiente rara vez son castigadas por las autoridades, que a menudo comparten intereses con una industria que proporciona grandes beneficios. "Las consecuencias de perder un ecosistema tan importante son claras: vulnerabilidad medioambiental, inseguridad alimentaria y descomposición social, factores que llevan a la migración forzada", explica el biólogo Víctor Bocanegra. 

Los manglares son necesarios para la supervivencia de costas sanas y resilientes. Los robustos árboles que los caracterizan protegen la tierra de tormentas e inundaciones y contribuyen a disminuir la erosión a través de la estabilización de sedimentos que afirman sus densas y fuertes raíces. Son actores fundamentales de la biodiversidad marina en tanto proporcionan comida, agua limpia, refugio y seguridad para peces e invertebrados como cangrejos, langostas y gambas. 

Para beneficiarse de este proceso de simbiosis natural, se han abierto grandes camaroneras en entradas del océano que una vez fueron refugio seguro para recibir los flujos de las mareas. Y esas instalaciones interfieren con el flujo natural del mar provocando aumentos en la marea y que los impactos de las tormentas fluyan hasta sumergir las comunidades a pie de playa.

Un refugio en movimiento

En la playa de Cedeño, Ariana Tees, de 70 años, fríe el pescado que trae su marido, Manuel, de 67, en una cocina improvisada bajo una lona a pocos metros del mar. Aquí es donde viven, trabajan, comen y duermen, el refugio que cada mes deben colocar unos metros más atrás a medida que el océano penetra en la tierra.
"Por supuesto que estamos asustados", reconoce Tees. "Pero no tenemos otro lugar al que ir y el gobierno no nos protege. Ni un muro pone", critica. 

Manuel, que pesca desde niño, agrega que "cada año hay menos pescado y las mareas no tienen donde ir así que el agua pasa por aquí buscando una salida. Hemos llegado a despertarnos en plena noche rodeados de agua". Hace una pausa y concluye: "Estamos jodidos".

La industria del camarón en el sur de Honduras data de la década de los años setenta pero creció de manera exponencial en los noventa. Como resultado de ese crecimiento sin freno aparente, a partir del año 2000 varios manglares que cubrían una extensión superior a los 600 kilómetros fueron designados zonas protegidas.

Pese a eso y según Coddeffagolf, la mitad de los manglares de la zona fueron destruidos entre el año 2000 y el año 2010 en su mayor parte debido a las concesiones pesqueras en el golfo, aprobadas antes del decreto de protección. Nadie sabe con exactitud la extensión de las zonas protegidas que aún permanece intacta pero las imágenes por satélite sugieren que la situación es crítica.

La extensión de la zona deforestada se ve desde la cima de una montaña en San José de las Conchas, unos 30 kilómetros al norte de Cedeño. El panorama solo ofrece ya unas cuantas líneas estrechas de aquel manglar protegido atrapadas entre lagunas artificiales para el cultivo del camarón y el océano turquesa.

Los habitantes del pueblo dicen que las empresas camaroneras construyen en secreto, tras anillos sucesivos de manglar que protegen sus instalaciones de la vista y que solo una vez levantadas, solicitan los permisos. Las cifras de ventas sugieren que el negocio se expande: las exportaciones de 2018 ascendieron a 216 millones de dólares (casi 194 millones de euros), una cifra que esperan aumente en un 20% en 2019.

Escasos programas de reforestación

FundeSur, una fundación para el desarrollo social creada por la industria camaronera en 2014, afirma que invierte 0,04 dólares (0,036 euros) por cada kilo de camarón exportado en proyectos relacionados con salud, educación y medioambiente. Sin embargo, los programas de reforestación son escasos y requieren de años de cuidados para garantizar manglares resistentes. Tras numerosas peticiones, FundeSur no quiso aportar su punto de vista para este reportaje.

Nelson Martínez, activista de Guapinol, una comunidad cercana que resultó seriamente afectada por un aumento de la marea hace tres años, insiste en que "hay más deforestación que reforestación y es evidente, cualquiera puede verlo. A menos que se salve el manglar, Guapinol también desaparecerá".

Como estrecha lengua de tierra atrapada entre los océanos Atlántico y Pacífico, América Central es una región muy vulnerable a la emergencia climática global.
Entre 1998 y 2017 Honduras fue el segundo territorio más afectado por fenómenos climáticos extremos como inundaciones, tormentas, sequías o incendios según el Índice de Riesgo Global, que clasifica Puerto Rico como el lugar más afectado.

El Huracán Mitch, la tormenta más devastadora y mortal de los últimos dos siglos en América, que golpeó Honduras en 1998, dejó un saldo de más de 8.000 muertos y millones de afectados que perdieron tierras y hogares. Hizo retroceder al país más de 50 años en su desarrollo y lanzó la primera ola migratoria después de la guerra fría desde América Central a Estados Unidos.

Pero la inversión en mitigación y adaptación a los impactos del clima a través de la reforestación o la protección ante inundaciones no avanza. Solo el 0,5% del presupuesto del gobierno de Honduras está destinado a protección del medioambiente. Se ha visto reducido desde el 1,2% que se gastaba en 2010 según Hugo Noé Pino, analista que fue Ministro de Hacienda y Gobernador del Banco Central.

Desde el golpe de estado de 2009, el incremento de los megaproyectos relacionados con agua, embalses, minas o plantaciones de palma africana, han alimentado conflictos sociales, represión y migraciones. Berta Cáceres, defensora del medioambiente y ganadora del premio Goldman a la defensa del medioambiente, fue asesinada en marzo de 2016 en represalia por liderar la oposición a la construcción de una planta hidroeléctrica en el río Gualcarque, fuente acuífera, alimenticia y medicinal del pueblo Lenca.

"El principal conector entre cambio climático y políticas públicas es la gestión del agua, las decisiones políticas sobre quienes tienen prioridad a la hora de recibir agua de calidad", explica el profesor Raúl Pacheco-Vega, especialista en políticas medioambientales del CIDE (Centro de Docencia e Investigación Económica).

En Honduras, el resultado de esta interacción alrededor del uso del agua es claro: cada año durante la temporada de lluvias, un sinnúmero de comunidades se quedan sin suministro, muere gente y se registran daños en carreteras, puentes y escuelas. Se trata de un ciclo de destrucción ambiental que aumenta la pobreza y provoca movimientos migratorios cuando las familias comienzan a buscar comida, agua y seguridad.

En octubre, seis personas murieron después de dos días de lluvias torrenciales que provocaron deslaves de tierra y que el río Choluteca se desbordara. Marcovia, a unos 20 kilómetros tierra adentro desde Cedeño se inundó y sus habitantes tuvieron que evacuar la localidad. Poco después, cientos de personas del departamento de Choluteca se unieron a la caravana migrante que se aventuró rumbo norte a través de México y hasta la frontera de los Estados Unidos.

Medio millón de hondureños han sido detenidos por las autoridades mexicanas y estadounidenses desde octubre de 2006. Los motivos del flujo migratorio son complejos pero en esta zona del planeta, el factor medioambiental es importante.

Pedro Landa, del Eric, una organización de la Compañía de Jesús que investiga y defiende los derechos humanos afirma que no se ha tomado nota de las lecciones que dejó el Huracán Mitch. "Desde el golpe de 2009, el Estado ha caído gradualmente bajo control de políticos mafiosos que no tienen ningún interés en garantizar el suministro de agua o el desarrollo económico de la población. Solo piensan en ellos mismos", sentencia.

Por Nina Lakhani - Cedeño, Choluteca

07/08/2019 - 20:51h

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Francia presenta su nuevo submarino nuclear de ataque

El Suffren renovará la flota atómica subacuática francesa de los años ochenta

 

 

No todos los días se presenta un nuevo modelo de submarino. Sobre todo, cuando se trata de un submarino nuclear de ataque (SNA), una potente máquina de guerra —o de defensa— que solo poseen cuatro países además de Francia: Estados Unidos, Rusia, China y el Reino Unido. No es de sorprender, pues, que el presidente francés, Emmanuel Macron, quisiera estar presente en los astilleros de Cherburgo para la presentación del Suffren, la nave subacuática de propulsión atómica de nueva generación y de fabricación francesa llamada a renovar la flota nacional, a responder a los desafíos militares del siglo XXI y, de paso, a permitirle a Francia hacer gala de poderío castrense y de savoir faire tecnológico.

El Suffren es una “proeza industrial y tecnológica” que permite “seguir escribiendo la epopeya submarina francesa”, afirmó Macron, tras visitar los astilleros en la costa atlántica francesa donde se construyen estos nuevos sumergibles, cuyo significado va mucho más allá, subrayó, de una mera máquina militar. “Lo que se construye aquí es la independencia de Francia, nuestra soberanía, es nuestra libertad de acción, nuestra propia condición de gran potencia mundial”, sostuvo el mandatario. La última vez que Francia realizó una ceremonia de este tipo fue en 2008, para el lanzamiento del submarino estratégico nuclear Le Terrible.

El Suffren es más largo, más rápido, más discreto —su propulsión mediante un reactor nuclear compacto lo hace hasta 10 veces más silencioso y además no lleva un periscopio clásico— y, sobre todo, más potente y moderno que su predecesor, el Rubis, lanzado a comienzos de la década de los ochenta. “Es como pasar de un Peugeot 207 a la Fórmula 1”, explicó el portavoz de la Marina francesa, Bertrand Dumoulin, según la agencia France Presse.

De 99 metros de eslora de acero negro, aunque este viernes para la ceremonia su proa lucía la bandera tricolor francesa, el Suffren desplaza hasta 5.800 toneladas en inmersión, frente a las 2.670 del Rubis. Necesita menos tripulación —65 integrantes en vez de los 75 del Rubis— . Además, tiene autonomía plena para navegar entre 70 y 90 días a 350 metros de profundidad. Ello, unido a que no requiere más que una parada técnica de mantenimiento al año, en vez de trimestrales, le permitirá realizar misiones más largas y a mayor distancia “sean cuales sean las condiciones”, según el Ministerio de Defensa.

Su misión principal es la protección de otras joyas de la Marina francesa como sus portaaviones o los submarinos nucleares lanzadores de misiles (SNLE, por sus siglas en francés), así como localizar sumergibles enemigos o recopilar información lo más cerca de la costa enemiga.

Dispone además de un hangar de puente móvil que permitirá enganchar un pequeño submarino al Suffren, lo que a su vez hará posible enviar a comandos especiales a realizar misiones en tierra. “Es una base avanzada secreta y sumergida para los nadadores de combate y su equipo, incluido un mini-submarino”, explicó el portavoz naval.

Asimismo, tiene capacidad para lanzar misiles de crucero navales a objetivos terrestres situados hasta a 1.000 kilómetros de distancia. Es, en palabras de la ministra de Defensa, Florence Parly, una “joya tecnológica que va a permitirle a Francia mantener su estatus y su rango de potencia militar”.

Para ver al Suffren en acción habrá sin embargo que esperar un tiempo. La ceremonia de este viernes no fue más que la celebración del fin de la construcción del primero de los seis submarinos previstos bajo el programa Barracuda, que comenzó con tres años de retraso y de alto coste: en total, los seis Suffren previstos costarán 9.100 millones de euros. Las primeras pruebas en mar tendrán lugar el año que viene. Hasta 2030, los Suffren deberán haber reemplazado a los seis submarinos de clase Rubis desplegados desde los ochenta. El primero de ellos, el Saphir, llegó este viernes a Cherburgo para ser desarmado.

La fecha elegida para presentar el Suffren no es casual. Se realiza a dos días de la celebración de la fiesta nacional francesa, el 14 de julio, cuyo punto álgido es un gran desfile militar en París. Dedicado en esta ocasión a la iniciativa europea de defensa, este año están invitados a desfilar también más de cien militares españoles, entre otros. Pero este mes de julio se recuerda también el segundo aniversario del primer gran choque de Macron con la cúpula militar, cuando apenas llevaba dos meses en el poder. El entonces jefe del Estado Mayor, el general Pierre de Villiers, dimitió después de que el presidente le llamara la atención tras una disputa por el presupuesto militar. Dos años más tarde, y ante una fuerte representación militar, Macron defendió este viernes en Cherburgo el “esfuerzo sin precedentes” realizado para modernizar el Ejército francés.

Por Silvia Ayuso

París 12 JUL 2019 - 13:15 COT

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Sri Lanka en el Gran Juego de EEUU e India contra China

La acusación del presidente de Sri Lanka Maithripala Sirisena de que los servicios de seguridad del país tenían conocimiento previo sobre los ocho atentados “yihadistas” del 22 de abril, que dejaron cientos de víctimas, y se lo ocultaron, muestra una gran y grave fractura en el seno del poder del país apodado “la India organizada”.

La República Democrática Socialista de Sri Lanka es un pequeño estado de 21 millones de habitantes, compuesto por los cingalé y una minoría tamil (cerca del 13%), y de religión predominante budista, y luego grupos de fe hinduista, islam-sunnita y cristiana. La nación se estaba recuperando no sólo de una larga guerra civil de 26 años (1983-2009) entre la milicia independentista Tigres Tamiles y el ejército, que dejó decenas de miles de muertos, sino también del devastador tsunami del Océano Índico de 2004 que arrebató la vida de 35.000 personas.


El antiguo Ceilán, un país insular ubicado en el Océano Índico y al sureste del Mar Arábigo, que vive del turismo, las exportaciones de textil y té (en cuyas plantaciones trabajan principalmente mujeres), y es además el primer productor mundial de canela, había conseguido un crecimiento económico de 4,6% en 2017, y reducir la pobreza de forma considerable. La isla fue durante la Guerra Fría uno de los países “No alineados”, próximo a China y a la Unión Soviética, y tiene el honor de ser el primer país del mundo en tener una primera ministra, Sirimavo Bandaranaike en 1960.


Con el fin del orden mundial unipolar, marcado por el protagonismo de China, Rusia y la India, hoy Sri Lanka está siendo el objeto de disputa entre las potencias. La geopolítica marítima y la militarización de las aguas del planeta, a veces bajo ridículos pretextos como luchar contra los “piratas somalíes“, están arrastrando a este país a una grave crisis política.
La importancia geopolítica de Sri Lanka


Es el único estado insular del sur de Asia.


. Está ubicado en el centro del Océano Índico, el enlace entre Asia occidental y el sudeste asiático que conecta el comercio marítimo este-oeste. Por las aguas de este océano, que cubren cerca del 20% de la superficie del planeta, pasa el 70% del comercio mundial de petróleo, con India y China a la cabeza de los consumidores de energía fósil.
. Es dueña de puertos estratégicos como Colombo o Trincomalee.


.Dentro de la política de EEUU para dominar el Sur de Asia, es un candidato para reemplazar a Pakistán, país que está entrando en la órbita china.


.Es el espacio donde se desarrolla la batalla entre China-Japón, India-China y EEUU-China por el control de las rutas marítimas del Índico.


Un antes y un después del 2015


Desde que Barak Obama centró su doctrina en la contención de China, política continuada por Donald Trump, Sri Lanka es una de las obsesiones de EEUU. En diciembre de 2009, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado advertía que la “deriva estratégica de Sri Lanka“, durante el gobierno del presidente Mahendra Rajapaksa, hacia China “tendría consecuencias para los intereses de los EEUU en la región“. Y como no podía acusar al gobierno budista de Colombo de “patrocinar el terrorismo islámico” recurrió al segundo de sus argumentos favoritos: “pisotear los derechos humanos”. Por lo que, a través de los “expertos” de la ONU planteó la sospecha de que el gobierno de Rajapaksa podría ser responsable de crímenes de guerra durante y después de la guerra civil por matar a cerca de 40.000 civiles.


En 2013, la ONU aprueba una resolución pidiendo investigaciones “independientes” al respecto. La guinda la pone el entonces primer ministro británico, David Cameron (cuyo gobierno además de estar implicado en los crímenes de guerra en Afganistán e Irak, aumentó la venta de armas al gobierno srilankés, prolongando la guerra civil), quien dio un ultimátum a Rajapaksa exigiendo una investigación creíble sobre la matanza de los tamiles. Meses después, y ante la prohibición que impone Colombo al equipo de la ONU de entrar en las antiguas zonas de conflicto, EEUU le avisa: “la paciencia de la comunidad internacional empieza a agotarse“.


A esta presión sobre Rajapaksa se suma el gobierno de extremaderecha indio que considera Sri Lanka su patio trasero, no sólo porque Rajapaksa ha sacado a su país de la influencia de Nueva Delhi, entregando los mega proyectos de infraestructura a China, sino también por autorizar el atraque de los submarinos chinos en el puerto de Colombo.


A partir de 2014, la entrada de lleno de Sri Lanka en el proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda sella su destino. Beijing, que ya cooperó con este país para reconstruir las zonas devastadas por el tsunami de 2004, firmó un acuerdo para efectuar una inversión de 13 billones de dólares en el puerto de Colombo y convertirlo en Colombo International Financial City, a la imagen de Dubái en el Golfo Pérsico, y de paso reconstruir el puerto de Hambantota por otros 5.000 millones. Dichos proyectos forman parte de la estrategia del “Collar de perlas” de China, que consta en alquilar puertos, en principio con fines comerciales, y se extiende desde las aguas chinas hasta Océano Índico y el Golfo Pérsico: el Kyauk Phru (Birmania), el Gwadar (Pakistán) o el Chittagong (Bangladesh), y Bandar Abbas (Irán), son algunos.


El 2015 sucede un giro radical en los acontecimientos: Rajapaksa acusa a Occidente y a los servicios de inteligencia india, The Research and Analysis Wing (RAW), de conspirar para desbancarle del poder mientras el primer ministro Maithripala Sirisena practica el transfuguismo, se une al opositor Partido de Unidad Nacional (PUN) pro indio-EEUU, y se presenta a las elecciones presidenciales. En la víspera, el exsecretario de Estado de EEUU, John Kerry, telefonea a Rajapaksa (¡intervine en las elecciones ajenas!) para insistir en que éstas deben ser “libres y justas”, y debe entregar el poder “de forma pacífica” a Sirisena en caso de que las gane. Finalmente, para asegurar los resultados, envía a la subsecretaria para Asia del Sur y Central, Nisha Biswal, a visitar Sri Lanka.


Sirisena, que centró su campaña en la chinofobia, gana las elecciones con el respaldo de grupos tamiles y musulmanes, provocando euforia en Washington. Nueva Delhi será el destino de su primera visita oficial al extranjero.


El nuevo presidente nombra al líder del PNU, Ranil Wickramasinghe, como primer ministro. EEUU deja de hablar de los “crímenes de guerra” de Sri Lanka, y renuncia a que fuese un tribunal internacional independiente el que los investigue.


Sin embargo, China seguirá la estrategia de “acupuntura” (versus “ataques quirúrgicos” de EEUU) y, discretamente, corteja a Sirisena: construye un hospital en su circunscripción local y sigue ofreciéndole inversiones ventajosas. En 2017, Sri Lanka -atrapada en la llamada “la trampa de la deuda”- arrenda el 70% del puerto marítimo de Hambantota a China durante un periodo de 99 años y a cambio de 1.1 mil millones de dólares, para así pagar parte de su enorme deuda a Beijing, y de paso le compra aviones de transporte militar.


La fiesta en Occidente ha durado poco: Ranil es cesado por Sirisena el 26 de octubre de 2018, después de que él le critique por congelar los proyectos económicos de la India, favoreciendo a China; disuelve el Parlamento; y nombra al expresidente Rajapaksa como jefe del gabinete. A su vez, Sirisena afirma que Nueva Delhi había conspirado para asesinarle. El enfado de EEUU es monumental, mientras Beijín felicita a Rajapaksa.


El 16 de diciembre, bajo una fuerte presión de Washington y también del propio Parlamento srilankés, que lo acusa de “intento de golpe de estado” y le insta al “cumplimiento de la constitución” -que prohíbe que el presidente destituya al primer ministro-, Sirisena da marcha atrás y le devuelve el puesto a Wickremesinghe, confesando: “Sigo pensando que no debía haberle nombrado primer ministro“. Ganan EEUU e India, de momento.


Una ardiente Guerra Fría en los mares


El pasado 13 de marzo, dos Boeing B-52H Stratofortress de EEUU despegaron de la Base de la Fuerza Aérea de Andersen en Guam para sobrevolar las islas controladas por Beijing en el Mar Meridional de China; el 11 de febrero, dos destructores lanzamisiles norteamericanos, el USS Spruance y el USS Preble, navegaron a pocas millas de las islas Spratly bajo el pretexto de la “libertad de navegación y sobrevuelo respaldada por la Convención del Derecho del Mar”. El objetivo de Trump-Bolton de estas provocaciones no es la persuasión, saben que China no se va a retirar. ¿Se imaginan que los cazas chinos o su único portaviones paseen por el cielo y las aguas del Golfo de México?


Por el momento, la guerra entre las dos superpotencias es comercial, política, diplomática y cibernética. Obviamente, medidas como imponer aranceles de hasta 200.000 millones de dólares a las importaciones chinas no son para proteger la economía de EEUU, sino para destrozar la de China. También, con el mismo objetivo, sacrificó a Pakistán -uno de los pilares de dominio de Washington en Asia Oriental- para cortejar a la India y convertirla en una aliada militar (Obama fue el único presidente de EEUU que viajó dos veces a Nueva Delhi); ocupó Afganistán; ha aumentado el ritmo de las llamadas Operaciones de Libertad de Navegación (FRONOP), en las que no descarta utilizar la fuerza militar; y ha fortalecido sus bases militares en las proximidades de China, y privado del petróleo de Irán. Se trata de una guerra de desgaste multidimensional como la que organizó contra la Unión Soviética.


Los recientes atentados son una oportunidad para EEUU (como lo fue el “secuestro de las niñas nigerianas”) de ofrecer a Sri Lanka su “ayuda” para la lucha antiterrorista, el envío de asesores y, quizás, instalar una base militar. Miles de “yihadistas”, tras cumplir con su misión de demoler el estado sirio, han sido trasladados por la CIA al Arco de Crisis en Asia Central y Oriental para seguir haciendo de paramilitares y “allana-caminos” de la OTAN en los países estratégicos.


El 18 de abril de 2019, la Séptima Flota de la Marina de EEUU se detuvo en Hambantota. Iba a realizar el ejercicio de CARAT (Cooperation Afloat Readiness and Training) junto con otros estados aliados en el puerto de Hamantota, el más antiguo ejercicio de la Marina de EEUU (desde 1995) y que tiene lugar en el sur y sureste de Asia, para exhibir músculo ante los chinos y “garantizar la seguridad marítima en todo el Indo-Pacífico”. El día de los atentados se suspendieron las maniobras.


Si la inteligencia india, que coopera estrechamente con su homólogo estadounidense, conocía el plan de los atentados, ¿es posible que la NSA no los conociera?

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30 abril 2019

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Sábado, 16 Marzo 2019 06:38

Un megapuerto para cambiar el Caribe

Un megapuerto para cambiar el Caribe

La holandesa APM Terminals, del gigante marítimo Maersk, culmina en Costa Rica una obra de 885 millones de euros


Son 40 hectáreas de una isla artificial, 1.000 millones de dólares (885 millones de euros) de inversión y una ambición: cambiar el tráfico marítimo del Caribe. La multinacional holandesa APM Terminals, filial del gigante danés del transporte de carga por mar Maersk, inauguró la semana pasada en Costa Rica un complejo portuario que promete una revolución en el mercado carguero centroamericano. Ubicado junto al estratégico Canal de Panamá, la nueva Terminal de Contenedores de Moín (TCM) permite el atraque de los buques de mayor calado que utilizan este punto del planeta para cruzar entre los océanos Atlántico y Pacífico.


Las primeras operaciones en la instalación, construida sobre una isla artificial frente a la playa Moín, en la provincia de Limón, comenzaron en noviembre, ocho años después de que el Estado costarricense entregase la concesión a APM Terminals para su explotación durante tres décadas. Tras más de 10 años de tira y afloja con el sindicato de trabajadores portuarios estatales, de objeciones legales, presiones y expectativas del sector privado, y de dificultades técnicas que provocaron atrasos, la compañía holandesa inicia ahora sus servicios con la promesa de generar “un cambio radical en una región estratégica”, según subraya el consejero delegado de APM Terminals, Morten Engelstoft. Tienen probados métodos y tecnologías que, dice el ejecutivo, permitirán a la terminal portuaria colocarse pronto como la más eficiente de América Latina y atraer o generar negocios que podrían impactar en las rutas actuales.

Con esta nueva terminal privada, Costa Rica reducirá de 40 a 15 horas el tiempo promedio de atención de cada barco y podrá dar cabida, sin necesidad de trasbordo, a las operaciones de los buques denominados post panamax, cuyas dimensiones —320 metros de largo y 33 de ancho— les permiten transportar hasta 8.000 contenedores en un solo viaje y no los 2.500 que caben como máximo en las embarcaciones que atracaban hasta ahora en Limón. El acortamiento de los tiempos provocará, también, la reducción de los costes logísticos en el mercado local, proyecta la compañía. Y abrirá una alternativa para las navieras que optan hoy por el icónico Canal de Panamá, una colosal obra de ingeniería que redefinió el mapa mundial de la carga marítima a principios del siglo pasado.


“Se convertirá en un hub centroamericano”, pronostica Engelstoft en referencia al mercado de productos frescos, la especialidad de la empresa holandesa, que maneja la tercera parte de ese trasiego a escala global. Moín podría servir de plataforma para la banana, el café y la piña —de la que Costa Rica es el principal exportador del planeta— que se producen en la región. Pero también para productos médicos que requieren refrigeración y para el comercio de otros bienes. La empresa prevé aumentar en un 285% la cantidad de rutas que llegan a Moín y capturar buena parte de los barcos que transitan por el Canal de Panamá.


“Estoy convencido de que va a llegar nueva inversión”, apunta Engelstoft, en alusión al puerto que APM Terminals abrió desde 2017 en el Estado mexicano Michoacán (Pacífico). “Cuando se hace una terminal como esta, otros negocios entran en el ecosistema alrededor de la terminal. Inyectar 1.000 millones de dólares sin duda desencadena la llegada de más negocios: hoteles, restaurantes, servicios turísticos...”. Su referencia para ilustrar este efecto en cascada es el puerto mexicano de Lázaro Cárdenas, junto al cual se instaló en 2017 una Zona Económica Especial (ZEE) con incentivos que han captado la atención de inversores asiáticos.


La obra en Moín ha dado empleo a 650 personas, pero un estudio prevé que en la próxima década puede generar hasta 147.000 puestos trabajos indirectos. Este efecto, sin embargo, dependerá de que el Estado y otros actores económicos cumplan sus promesas de conectividad vial y ferroviaria, apunta Federico Villalobos, economista experto en infraestructura y socio de Deloitte en Costa Rica. “Esto marca un hito como lo marcó [el fabricante de procesadores] Intel cuando llegó al país en 1997 para instalar un centro de producción de componentes. Pero, a la vez, trae retos institucionales grandes para aprovechar el potencial portuario”, subraya el especialista, consciente de que la infraestructura es una de las mayores debilidades relativas del país centroamericano en términos de competitividad.


Plan contra la pobreza


El Gobierno de centroizquierda de Carlos Alvarado anunció en 2018 el proyecto de un tren eléctrico de carga que conectaría toda la costa caribeña y la zona norte del país, donde hace dos años se estrenó una carretera que lleva casi hasta la frontera con Nicaragua. El plan de desarrollar infraestructura en la vertiente caribeña del país viene de atrás, pues la pobreza, el desempleo y la inseguridad de la provincia Limón superan los promedios del resto del país, pero no ha terminado de concretarse. Hasta ahora. El proyecto no se ha librado de polémica por la privatización del servicio, por el impacto ambiental y por la competencia con el puerto público de Limón sobre el tipo de barcos que este puede atender en adelante. Sin embargo, la apertura de la nueva terminal portuaria supone, además, una buena noticia en momentos de zozobra e incertidumbre para la economía costarricense. La actividad se ha enfriado paulatinamente en los cinco últimos años y la tasa de desempleo ha escalado hasta el 12%, el máximo desde la crisis financiera global, una década atrás.


"El proyecto no se ha librado de polémica por la privatización del servicio, por el impacto ambiental y por la competencia con el puerto público de Limón sobre el tipo de barcos que este puede atender en adelante. Sin embargo, la apertura de la nueva terminal portuaria supone, además, una buena noticia en momentos de zozobra e incertidumbre para la economía costarricense. La actividad se ha enfriado paulatinamente en los cinco últimos años y la tasa de desempleo ha escalado hasta el 12%, el máximo desde la crisis financiera global, una década atrás.


La proyección oficial de crecimiento de Costa Rica para 2019 es del 3,2%, todavía por encima de la media de una América Latina que crece sistemáticamente menos que el resto de bloques emergentes, pero por debajo de las cifras ticas posteriores a la Gran Recesión. El déficit fiscal, en constante aumento en los últimos diez años, y el aumento en la carga fiscal aprobada en 2018 —a pesar de la huelga más larga del siglo en el sector público— para tratar de enderezar el rumbo de las cuentas públicas generan una dosis adicional de inquietud en el sector privado, que no deja de ver en la Terminal de Contenedores de Moín un pequeño gran triunfo para sortear momentos convulsos"



Grandes cifras


La isla. La primera fase del proyecto Terminal de Contenedores de Moín, que ha costado alrededor de 1.000 millones de dólares, consistió en crear una isla de 40 hectáreas a 500 metros de la costa del Caribe.


La terminal. La terminal cubre alrededor de 80 hectáreas con un muelle de 650 metros y una profundidad de 14,5 metros. El canal de acceso es de 18 metros de profundidad. Equipada con 29 grúas para contenedores eléctricos y seis grúas pórtico ‘super-post panamax’, la terminal podrá manejar buques portacontenedores de hasta 8.500 TEU.


Exportación. Un factor determinante para la actividad de la terminal son las exportaciones refrigeradas, principalmente de bananas y piñas producidas localmente. Costa Rica es, según el Banco Interamericano de Desarrollo, el cuarto exportador mundial de bananas y el primero de piñas.

Por Álvaro Murillo
San José (Costa Rica) 16 MAR 2019 - 02:44 COT

 

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¿Calentamiento Global? ¿Cambio Climático? ¿Desequilibrio climático? ¿De qué hablamos y qué podemos hacer?

La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que no admite excusas. Es alentador comprobar que los jóvenes, -principales sufridores de las consecuencias futuras-, se han puesto en marcha para interpelarnos. Siempre hubo huracanes, grandes borrascas, sequías y otros fenómenos climáticos, pero es un hecho constatable que cada vez son más frecuentes e intensos.


La principal causa de este cambio o desequilibrio son las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la actividad humana.


Los datos del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) son concluyentes respecto a lo que está sucediendo con el clima global: los fenómenos atmosféricos extremos se correlacionan con la temperatura de la superficie del mar en los océanos, que han capturado el 90% del calor adicional producido en los últimos 50 años. Tenemos la obligación de reducir los efectos potenciales de ese calentamiento. Abordar medidas para la mitigación y para la adaptación, lo que implica actuar para minimizar los efectos que empezamos a sufrir. Eso supone la reducción de las concentraciones de gases de efecto invernadero, preferiblemente mediante la reducción de sus fuentes. Pero no se están tomando medidas para lograr una reducción significativa. En muchas regiones del Hemisferio Sur se da por sentado un incremento de temperaturas excesivo.


En países como España, asumiendo el cumplimiento del Acuerdo de París, supondría, en cualquier caso, un aumento en torno a los 4ºC, con terribles consecuencias, ya anticipadas científicamente, para el sector agrícola y las poblaciones costeras, por la subida del nivel del mar.


No hay un Acuerdo Internacional de cómo gestionar la capacidad de carga de la biosfera, de absorber los residuos de nuestra actividad industrial. Lo de París fue un acuerdo de mínimos y no va a tener trascendencia en el control de emisiones.


Hoy existen más refugiados por causas climáticas que por guerras: según datos de Naciones Unidas hay más de 20 millones de personas desplazadas por desastres ecológicos. Los que quieren seguir pensando que son fenómenos naturales quizá no sepan que, en muchos de esos focos de emigración, por ejemplo, en África, sus habitantes llevaban siglos viviendo en durísimas condiciones climatológicas y sabían afrontarlo. Los desplazamientos son algo nuevo y en muchos casos tienen que ver con las políticas de los Gobiernos, favorecedoras de las grandes Multinacionales y de los monocultivos y sobreexplotación de recursos. Acaparan tierras, pero, más dramático aún, acaparan agua en muchos sitios donde ya de por sí escasean y obligan a sus moradores a desplazarse. En ese sentido el Brasil de Bolsonaro nos sirve de triste ejemplo. Lo primero que ha hecho al llegar al poder ha sido desproteger los territorios del acoso de grandes corporaciones madereras, ganaderas o extractivistas en general.


El cambio de paradigma necesario requiere actuar en distintos frentes:


Movilidad global, ordenación del territorio, sobre todo en los crecimientos urbanísticos desproporcionados que generan mayor necesidad de desplazamientos; Gestión hídrica y cierre del ciclo natural del agua. Recuperación de sistemas de protección naturales en nuestro litoral, que eviten las consecuencias de tener buena parte de nuestra costa encementada; mantenimiento de zonas forestales en condiciones óptimas que eviten o minimicen los incendios forestales que cada vez afectan con más intensidad y a mayores extensiones.
Desafortunadamente la mayoría de los medios de mitigación parecen efectivos para prevenir calentamiento adicional, no para revertir el calentamiento existente. Y eso es preocupante. Medidas como: reducir la demanda de bienes y servicios que producen altas emisiones, incrementar la eficiencia, el uso y desarrollo de tecnologías de bajo nivel de CO2 e ir sustituyendo los combustibles fósiles. Incrementar la eficiencia energética de los vehículos, dando mayor peso en el transporte terrestre al ferrocarril y al transporte colectivo. Se precisan cambios en los estilos de vida y en las prácticas de negocios. Así como en el planeamiento urbano, que también debería servir para reducir la expansión descontrolada de las ciudades y con ello, reducir los km viajados, minimizando las emisiones del transporte.


La planificación urbana tiene un efecto evidente sobre el consumo de energía. El uso ineficiente de la tierra, muchas veces tierra fértil escasa, para los desarrollos urbanísticos, más allá de las necesidades reales, y basándolo en la especulación, ha aumentado los costes de infraestructura, así como la cantidad de energía necesaria para el transporte, los servicios comunitarios y en edificios. Se podrían reducir los consumos energéticos considerablemente a través del uso más compacto y mezclado de los patrones del suelo.
El parque urbanístico construido a toda velocidad en los años de la burbuja, no ha cumplido los estándares adecuados desde el punto de vista de eficiencia energética y aprovechamiento pasivo de energía, y, para colmo, la especulación ha impedido cubrir las necesidades de vivienda de la población. Se necesita mejorar la eficiencia energética del parque edificatorio y facilitar el derecho a disfrutar de viviendas en condiciones dignas.


Una grave derivada tiene que ver con la especulación en el litoral. La invasión urbanística del espacio costero y llanuras de inundación ante fenómenos cada vez más fuertes hace también a las poblaciones litorales más vulnerables a sus efectos.


Otro grave problema es el imparable proceso de desertificación donde concurren diversos factores que se van sumando para empeorar la situación: la pésima gestión del ciclo del agua, sobre todo por el elevado peso de la que se destina a regadíos y asimismo la falta de protección a lugares de especial relevancia y valor natural, como el emblemático PN de Doñana, con su especialmente vulnerable y frágil marisma, de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría e invernada para miles de aves. Porque también cumplen las marismas importantes funciones, como la de amortiguar y minimizar las corrientes marinas cuando hay mucho viento o tormentas, y esa es una función fundamental en relación a la protección del litoral frente al cambio climático, que no siempre se considera, cuando se le da vía libre a procesos de encementado del litoral.


A lo anterior hay que agregar la acelerada subida del nivel del mar, que además es cada vez más rápida: desde los 1,2 mm año del periodo 1901 a 1990 a los 3,4 mm anuales de los últimos años, que además en el litoral malagueño llega a ser de 9 mm/año. Este incremento del nivel del mar se suma al producido por el oleaje amplificando la zona inundada por el mar.


La conclusión es clara: es urgente tomar medidas contra el cambio climático, de mitigación y de adaptación.


En 2017, la que fue secretaria general del Convenio Mundial contra el Cambio Climático, Christiana Figueres, publicaba en la revista ‘Nature’ un manifiesto en el que advertía que nos quedaban tres años para cambiar la actual tendencia en materia de cambio climático y comenzar a reducir las emisiones. O sea, para 2020 debían estar en marcha medidas ambiciosas. Planteaba el desarrollo de una hoja de ruta de 6 puntos en sectores concretos que nos permitieran alcanzar ese objetivo.


El sector de la producción de energía es clave: el ambicioso objetivo era alcanzar con energías renovables para el año 2020 un 35% de la producción energética global. En materia de transporte vehículo eléctrico eficiente, pero mejor aún, ferrocarril movido por electricidad procedente de renovables. Detener totalmente la destrucción de las selvas y bosques tropicales, hoy tan amenazados. Y aquí tenemos pendiente buscar soluciones a los graves problemas de nuestras masas forestales, como la seca del alcornocal y mal estado de encinares y pinares, o frenar la expansión de eucaliptales que promueven empresas como ENCE para pasta de papel. Fundamental detener la degradación de los suelos. Las soluciones están ahí, y hay que ponerlas en marcha.


La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que ya no admite excusas. Aceleremos las actuaciones necesarias. Los jóvenes y el futuro lo están demandando.

15 marzo, 2019
Por Carmen Molina Cañadas

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Un tercio de microplásticos que van al océano son de ropa

Cada vez que una prenda se lava, hasta 700 mil fibras microscópicas llegan a los océanos, son tragadas por la vida marina y se incorporan a la cadena alimenticia, con el riesgo de que acaben en nuestros platos.

Un nuevo estudio del Instituto de Ingenieros Mecánicos destaca que 35 por ciento de los microplásticos liberados en los océanos del mundo son textiles sintéticos.


El informe recalca que el cuidado de la ropa afecta la huella de carbono de un artículo y recomienda lavar la ropa a temperatura más baja, usar bolsas de malla para colar hilos, usar secadoras con menos frecuencia e instalar filtros en las tuberías de residuos de la lavadora.


La investigación Engineering Out Fashion Waste destaca hasta qué punto la moda contribuye a la contaminación del agua en el mundo. También consume mucha energía y produjo mil 200 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) en 2015: más emisiones que los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados.


La institución exige acciones urgentes para abordar los residuos producidos durante el ciclo de vida de una prenda. Esto incluye los procesos de uso intensivo de agua durante la fabricación y estudiar el problema del desecho de prendas al final de su vida útil.

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Fracasa propuesta de crear un santuario para ballenas

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) rechazó ayer una propuesta para crear una zona de protección para ballenas en el Atlántico sur en una crucial conferencia del organismo en Florianópolis, en el sur de Brasil.

Pese a contar con el apoyo de 39 naciones, la ambiciosa propuesta presentada por el país anfitrión fracasó debido a 25 votos en contra de los 67 participantes, según informaron varias organizaciones ecologistas.


La propuesta necesitaba al menos dos tercios del pleno para ser aprobada, según los estatutos de la CBI. Tres países se abstuvieron al votar el pedido, impulsado sobre todo por Japón, Noruega e Islandia, países con fuerte industria pesquera.


“El olor a podrido de los antiguos tiempos de la caza de ballenas flota empecinadamente sobre la CBI”, reclamó Thilo Maack, experto de Greenpeace. “De otra forma no se puede explicar que la comisión no haya podido otra vez pronunciarse a favor de una zona de protección en el Atlántico Sur”, agregó.


“Detrás de esta enorme decepción está un pequeño grupo de países que hacen todo por volver a matar ballenas en el ámbito comercial”, criticó.


La propuesta para fundar un santuario de ballenas fue introducida por Brasil, que se beneficia del llamado turismo ballenero para el avistamiento de cetáceos en el océano y promueve la creación de esa zona de protección desde hace 22 años.


Reunión crucial


Este año el pedido es contrapropuesta a una solicitud de Japón para levantar la moratoria a la caza de ballenas, que rige desde hace 32 años. La cita en Florianópolis es considerada crucial por la posibilidad de que caiga esa prohibición.


“Esperamos que los países solicitantes (de la zona de protección) no se dejen desalentar por el voto destructivo de algunos estados dentro del CBI y que empiecen a ejecutar el plan de forma regional”, comentó Nicolás Entrupp, de la organización ecologista OceanCare.


Japón, Noruega e Islandia son los tres únicos países que aún cazan ballenas a gran escala. La CBI debe decidir sobre la propuesta de Japón esta semana. La conferencia anual empezó el lunes y termina el viernes.

Los pingüinos de Fiorland nadan 6800 km para hallar comida, revela estudio

En su periplo en busca de alimento los pingüinos de Fiorland pasan una media de 69 días de viaje y llegan a recorrer a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Otago en Dunedin, Nueva Zelanda.

Cada año en diciembre, una especie de pingüino de grandes cejas amarillas deja las costas de Nueva Zelanda para emprender un maratón solitario de dos meses, recorriendo hasta miles de kilómetros de ida y vuelta, distancia impresionante, según los investigadores que lograron por primera vez seguir a estas aves.


Los pingüinos de cejas amarillas, llamados tawaki en maorí, son unos apasionados nadadores de larga distancia. Dependiendo de dónde se encuentre el destino de su viaje, los animales recorren a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, de acuerdo con el estudio publicado en la revista científica PLOS ONE.


Mientras en los primeros días de travesía nadan entre 20 y 50 kilómetros, en las últimas jornadas pueden llegar a más de 80 kilómetros diarios. Para observar adónde van a parar los pingüinos, el grupo liderado por Thomas Mattern equipó a un total de 17 aves con aparatos GPS entre noviembre de 2016 y marzo de 2017. Con ellos lograron averiguar que fueron hacia a dos lugares en busca de alimento: desde la costa oeste de la Isla Sur se dirigieron a una zona situada a unos 8 mil kilómetros al sur de Tasmania o bien avanzaron aún más hasta el territorio subártico.
Vulnerable


Los pingüinos, estrellas de dibujos animados y universalmente adorados, han sido poco estudiados. Un tercio de las especies vive en Nueva Zelanda, donde son parte del paisaje, principalmente en las regiones salvajes del sur. La mayoría, sin embargo, está clasificada como vulnerable o amenazada.
Hasta ahora se ignoraba adónde una de esas especies, el pingüino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus),migraba cada año en busca de alimento. Los zoólogos creían que se mantenía cerca de la costa. Para verificar esto le colocaron etiquetas Argos, dispositivos de rastreo satelital, a 20 ejemplares, a los que siguieron diariamente en su migración.
“Al principio pensé que había un error en los datos”, señaló Thomas Mattern, investigador de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, que dirige el Proyecto Tawaki. “Me quedé completamente atónito, me pregunté: ¿pero hasta dónde van?”
Así descubrieron que el destino de los pingüinos era a medio camino de la Antártida, en zonas donde las aguas cálidas del norte se cruzan con las frías del sur.
Después los pingüinos regresaron a Nueva Zelanda. De ida y vuelta, una hembra recorrió 6 mil 801 kilómetros en 67 días. Un macho nadó 5 mil 597 en 77 días. Los datos completos se refieren sólo a cinco animales; posiblemente las etiquetas de los otros 15 se hayan desprendido durante el viaje.
Esta nueva información confirma que el pingüino es uno de los nadadores vertebrados más extraordinarios del planeta. Thomas Mattern indicó que los rusos incluso habían estudiado la hidrodinámica de su pelaje para imitarlo en la fabricación de sus submarinos.
Los autores de este estudio tuvieron problemas para financiar su proyecto. Cada etiqueta cuesta entre mil 500 y 2 mil dólares estadunidenses. Según Thomas Mattern, “este tipo de investigación básica ya no está de moda.
“Para obtener fondos universitarios, debes trabajar en temas en boga, como el ADN antiguo o la microbiología”, señaló a la Afp. En cambio, la opinión pública y las ONG han contribuido a la tarea.
¿Por qué interesarse en las migraciones de pingüinos? “Ellos pasan hasta 80 por ciento de su tiempo en el océano y no tenemos idea de lo que hacen allí”, agregó el científico. “Ni siquiera estamos seguros de lo que comen”.
Sin embargo, están amenazados. “Si queremos actuar, debemos entender qué los hace vulnerables”. El calentamiento de los océanos, el turismo y la pesca probablemente afecten la vida de los pingüinos, pero aún es necesario estudiarlo científicamente.
“Los pingüinos están en peligro en todo el mundo”, afirmó Dee Boersma, especialista en esos animales de América del Sur de la Universidad Estatal de Washington, al comentar el estudio, en el que ella no participó. “Ellos compiten con la pesca humana.
“Había millones de pingüinos africanos, ahora quedan quizá 30 mil. No tienen nada para comer porque los humanos agarran casi todas las sardinas”, agregó.
Pero el misterio del destino del pingüino tawaki persiste. ¿Por qué ir tan lejos, sobre todo cuando en las costas de Nueva Zelanda abundan, en el momento del viaje, los peces y otros alimentos?
Los científicos suponen que esto podría ser un instinto heredado de especies ancestrales de pingüinos que vivían más al sur, antes de poblarse las tierras de Nueva Zelanda.
Para saber más, es necesario realizar más estudios, si es posible con financiamiento internacional, sostuvo Thomas Mattern. “Los pingüinos no pertenecen a los neozelandeses ni a los australianos, es la humanidad entera la responsable de ellos”.

Este es todo el plástico que el mundo rico debe gestionar ahora que China no lo quiere

Una investigación publicada en 'Science Advances' calcula el impacto que tendrá el veto chino a la importación de residuos de plástico estudiando los flujos de exportaciones e importaciones de este problemático material.

 
A principios de 2018, la gestión de los residuos de plástico dio un vuelco. China, el gran vertedero del planeta —donde iba a parar el 45% de toda la basura plástica que se genera en el mundo— cerró sus puertas. Una nueva normativa puso fin a las importaciones de ese material y a un sistema enormemente ventajoso para las principales potencias desarrolladas, porque el gigante asiático compraba las ingentes cantidades de plástico que ellos no eran capaces de gestionar, y porque exportar todos esos residuos les permitía lucir mayores porcentajes de reciclaje en sus estadísticas medioambientales.


Teniendo en cuenta que el mundo fabrica alrededor de 335 millones de toneladas de plástico cada año, que la previsión es llegar a las 1.000 millones de toneladas en 2050 y que sólo un 9% de todo eso se recicla, el veto de China suponía poner sobre la mesa la dimensión de un problema que hasta entonces se había tapado bajo la alfombra, además de abrir un enorme interrogante en los países de origen: Y ahora, ¿qué hacemos con toda esta basura?


Esa es la pregunta que un grupo de científicos del Instituto de Nuevos Materiales de la Universidad de Georgia (EEUU) ha tratado de resolver en un estudio que publica Science Advances y que calcula que, para 2030, alrededor de 111 millones de toneladas de basura a base de residuos plásticos tendrían que ser relocalizados debido al veto chino. Es algo más de lo que el país asiático ha venido gestionando (106 millones de toneladas) desde que comenzó a ofrecer datos de sus exportaciones en 1992; y casi la mitad de todos los desechos de plástico que se han exportado en el mundo desde 1988.


La investigación, que se basa en el estudio exhaustivo de los datos disponibles de exportaciones e importaciones de residuos plásticos en el mundo —una información aún limitada— refleja las enormes desigualdades en los flujos de gestión de esta basura.


En 2016, un total de 123 países exportaron 14,1 millones de toneladas de residuos de plástico, de los que más del 72% tuvieron como destino China y Hong Kong — que en realidad actúa como otro puerto de entrada a China, exportando allí el 63% de lo que llega—. Del otro lado de la balanza, los países ricos, con la Unión Europea a la cabeza, han liderado las exportaciones de desechos plásticos desde 1988, contribuyendo al 87% del total. Los diez mayores exportadores de plástico del mundo, a excepción de México, son países de altos ingresos.


La fotografía global es la de un flujo en el que la inmensa mayoría de los desechos de plástico del mundo salen de los países de la OCDE para llegar a los de Asia del Este y el Pacífico. 33 de los 35 países de la OCDE son ricos, mientras que 23 de los 36 de Asia del Este y el Pacífico son pobres o de ingresos medios.


"Es difícil predecir qué pasará con los desechos de plástico que una vez fueron destinados a las plantas de procesamiento de China", señala Jenna Jambeck, profesora asociada y coautora del estudio. "Parte podría desviarse a otros países, pero la mayoría de ellos carecen de la infraestructura para gestionar sus propios desechos, y mucho menos los desechos producidos por el resto del mundo. Sin nuevas ideas y cambios en todo el sistema, incluso las tasas de reciclaje actuales relativamente bajas ya no se cumplirán, y nuestros materiales reciclados anteriormente podrían terminar en vertederos”, añade.


Según la patronal del plástico Plastic Europe, el 40% de todo el plástico que se fabrica en el mundo se usa para envases, envoltorios y productos de un solo uso, que son los que más rápidamente terminan convirtiéndose en basura por su corta vida. Se estima que unos 8 millones de toneladas de plástico acaban en el mar cada año.

lucía villa
@Luchiva

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Sábado, 09 Junio 2018 05:05

Piratas en el Pacífico

Piratas en el Pacífico

Los piratas de la geoingeniería marina no se rinden. Aunque la fertilización oceánica está bajo moratoria en Naciones Unidas, la compañía Oceaneos –que busca hacer experimentos con esta riesgosa técnica en Chile y Perú, donde no tiene permiso de las autoridades– se presentó en 2018 en una cena de inversores de la agencia Open Angel, en Vancouver, Canadá, buscando fondos para esos experimentos contaminantes, como si fueran una simple inversión más (https://tinyurl.com/ybeorhpd ver pág. 3).


Dar información falsa a comunidades, autoridades e inversores parece ser lo usual en el grupo detrás de Oceaneos. Varios de sus integrantes eran antes parte de la empresa Haida Salmon Restoration Corporation (HSRC), que en 2012 realizó el mayor experimento ilegal de fertilización oceánica en un territorio indígena en Haida Guaii, Columbia Británica, Canadá, engañando a la comunidad indígena residente. El mal afamado geoingeniero Russ George, quien antes intentó hacer el experimento en Galápagos, fue director científico de HSRC


Convencieron a la comunidad de Old Masset de aportar un millón de dólares a la empresa HSRC, con la promesa de aumentar la población de salmones con fertilización oceánica y además cobrar créditos de carbono por ello.


No les informaron, como tampoco ahora a las autoridades en Chile y Perú ni a los potenciales inversores reunidos por Open Angel, que la fertilización oceánica, por sus altos riesgos sobre ecosistemas y cadenas alimentarias marinas, está desde 2009 bajo moratoria en el Convenio de Biodiversidad (CDB) o que desde 2013 el Protocolo de Londres sobre vertidos en el mar, decidió prohibirla. En ambos casos, con excepción de experimentos a pequeña escala con fines científicos, que no permiten obtener créditos de carbono.
Cuando organizaciones de la sociedad civil denunciaron el experimento ilegal en Haida Gwaii, las autoridades ambientales de Canadá iniciaron un proceso legal de investigación, aún abierto. El experimento creó conflictos en la Nación Haida, pero cuando ésta entendió el contexto y riesgos, rechazaron al proyecto y a la empresa (https://tinyurl.com/yayujozt).


Quien gestionó el apoyo económico de la comunidad indígena a la empresa HSRC fue John Disney, actualmente parte del equipo de Oceaneos, del cual también forma parte Peter Gross, otro miembro de HSRC. El actual presidente de Oceaneos, Michael Riedijk, estaba a cargo de monetizar los créditos de carbono que generaran las actividades de fertilización oceánica de HSRC, desde su empresa Blue Carbon Solutions.


Para intentar desvincularse de ese turbio pasado, en el cual HRSC está interpelada legalmente, Oceaneos cambió nombre de empresa y actividad. A la geoingeniería con fertilización océanica la rebautizaron siembra oceánica, ya no hablan de créditos de carbono, sino solamente de una técnica para aumentar poblaciones de peces. Antes era una solución mágica para el cambio climático, ahora es la técnica que resolverá el problema del decline de peces en los oceános. No obstante, se aluden al experimento ilegal en Haida Guaii, como referencia exitosa de su tecnología.


Se presentan en Chile como Fundación de Investigación Marina Oceaneos, pero provienen de la empresa con fines de lucro Oceaneos Environmental Solutions, que posee varias patentes sobre técnicas de fertilización oceánica para secuestro de carbono.


En Perú, se presentaron directamente como empresa Oceaneos Perú S.A.C y solicitaron hacer experimentos de fertilización oceánica en los departamentos de Ica, Arequipa y Moquegua, lo cual no fue aprobado por objeciones del Instituto del Mar de Perú (https://tinyurl.com/ybp4f7sp).


Chile y Perú son signatarios del CBD y del Convenio de Londres, que Oceaneos violará si lleva a cabo sus experimentos.


En 2017, seis institutos científicos y académicos relacionados a la investigación marina en Chile se pronunciaron firmemente contra este tipo de iniciativa, haciendo público un documento con las 10 razones principales por las que se oponen a los proyectos de fertilización oceánica con fines comerciales (https://tinyurl.com/y8kkrvzn).


Entre otras cosas, explican que los riesgos son altos y los resultados son inciertos; que no existe evidencia científica de que la fertilización con hierro aumente las poblaciones de peces (tampoco de que secuestre carbono en forma permanente); que todo el proceso de Oceaneos es turbio y parece conectado a fines de lucro, no de investigación. Entre otros riesgos, señalan el desequilibrio de la cadena alimentaria y la creación de zonas oceánicas intermedias donde faltará oxígeno, con grave afectación a la vida marina, así como el potencial surgimiento de algas tóxicas. Coincide con los estudios científicos sobre los que se basan las moratorias en Naciones Unidas (https://tinyurl.com/y95wqsgv).


Peter von Dassow, investigador del Instituto Milenio de Oceanografía en Chile, explica también que experimentos recientes con botellas de agua tomadas en la surgencia oceánica cerca de Coquimbo, comprobaron que la fertilización con hierro aumentó el ácido domoico, que indica la formación de algas tóxicas, algo que aumentará si se hace un experimento a escala como pretende Oceaneos. Esta biotoxina es altamente riesgosa para la vida marina y también humana si se consumen peces o moluscos que hayan ingerido esas algas.


La línea roja que une a estos piratas desde Canadá a Chile es el engaño a comunidades, autoridades y al público, con argumentos seudocientíficos, que intentan disimular su verdadero objetivo: lucrar con experimentos de geoingeniería que dañan al medio ambiente y la vida marina.


*Investigadora del Grupo ETC

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