Un tercio de microplásticos que van al océano son de ropa

Cada vez que una prenda se lava, hasta 700 mil fibras microscópicas llegan a los océanos, son tragadas por la vida marina y se incorporan a la cadena alimenticia, con el riesgo de que acaben en nuestros platos.

Un nuevo estudio del Instituto de Ingenieros Mecánicos destaca que 35 por ciento de los microplásticos liberados en los océanos del mundo son textiles sintéticos.


El informe recalca que el cuidado de la ropa afecta la huella de carbono de un artículo y recomienda lavar la ropa a temperatura más baja, usar bolsas de malla para colar hilos, usar secadoras con menos frecuencia e instalar filtros en las tuberías de residuos de la lavadora.


La investigación Engineering Out Fashion Waste destaca hasta qué punto la moda contribuye a la contaminación del agua en el mundo. También consume mucha energía y produjo mil 200 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) en 2015: más emisiones que los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados.


La institución exige acciones urgentes para abordar los residuos producidos durante el ciclo de vida de una prenda. Esto incluye los procesos de uso intensivo de agua durante la fabricación y estudiar el problema del desecho de prendas al final de su vida útil.

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Fracasa propuesta de crear un santuario para ballenas

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) rechazó ayer una propuesta para crear una zona de protección para ballenas en el Atlántico sur en una crucial conferencia del organismo en Florianópolis, en el sur de Brasil.

Pese a contar con el apoyo de 39 naciones, la ambiciosa propuesta presentada por el país anfitrión fracasó debido a 25 votos en contra de los 67 participantes, según informaron varias organizaciones ecologistas.


La propuesta necesitaba al menos dos tercios del pleno para ser aprobada, según los estatutos de la CBI. Tres países se abstuvieron al votar el pedido, impulsado sobre todo por Japón, Noruega e Islandia, países con fuerte industria pesquera.


“El olor a podrido de los antiguos tiempos de la caza de ballenas flota empecinadamente sobre la CBI”, reclamó Thilo Maack, experto de Greenpeace. “De otra forma no se puede explicar que la comisión no haya podido otra vez pronunciarse a favor de una zona de protección en el Atlántico Sur”, agregó.


“Detrás de esta enorme decepción está un pequeño grupo de países que hacen todo por volver a matar ballenas en el ámbito comercial”, criticó.


La propuesta para fundar un santuario de ballenas fue introducida por Brasil, que se beneficia del llamado turismo ballenero para el avistamiento de cetáceos en el océano y promueve la creación de esa zona de protección desde hace 22 años.


Reunión crucial


Este año el pedido es contrapropuesta a una solicitud de Japón para levantar la moratoria a la caza de ballenas, que rige desde hace 32 años. La cita en Florianópolis es considerada crucial por la posibilidad de que caiga esa prohibición.


“Esperamos que los países solicitantes (de la zona de protección) no se dejen desalentar por el voto destructivo de algunos estados dentro del CBI y que empiecen a ejecutar el plan de forma regional”, comentó Nicolás Entrupp, de la organización ecologista OceanCare.


Japón, Noruega e Islandia son los tres únicos países que aún cazan ballenas a gran escala. La CBI debe decidir sobre la propuesta de Japón esta semana. La conferencia anual empezó el lunes y termina el viernes.

Los pingüinos de Fiorland nadan 6800 km para hallar comida, revela estudio

En su periplo en busca de alimento los pingüinos de Fiorland pasan una media de 69 días de viaje y llegan a recorrer a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Otago en Dunedin, Nueva Zelanda.

Cada año en diciembre, una especie de pingüino de grandes cejas amarillas deja las costas de Nueva Zelanda para emprender un maratón solitario de dos meses, recorriendo hasta miles de kilómetros de ida y vuelta, distancia impresionante, según los investigadores que lograron por primera vez seguir a estas aves.


Los pingüinos de cejas amarillas, llamados tawaki en maorí, son unos apasionados nadadores de larga distancia. Dependiendo de dónde se encuentre el destino de su viaje, los animales recorren a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, de acuerdo con el estudio publicado en la revista científica PLOS ONE.


Mientras en los primeros días de travesía nadan entre 20 y 50 kilómetros, en las últimas jornadas pueden llegar a más de 80 kilómetros diarios. Para observar adónde van a parar los pingüinos, el grupo liderado por Thomas Mattern equipó a un total de 17 aves con aparatos GPS entre noviembre de 2016 y marzo de 2017. Con ellos lograron averiguar que fueron hacia a dos lugares en busca de alimento: desde la costa oeste de la Isla Sur se dirigieron a una zona situada a unos 8 mil kilómetros al sur de Tasmania o bien avanzaron aún más hasta el territorio subártico.
Vulnerable


Los pingüinos, estrellas de dibujos animados y universalmente adorados, han sido poco estudiados. Un tercio de las especies vive en Nueva Zelanda, donde son parte del paisaje, principalmente en las regiones salvajes del sur. La mayoría, sin embargo, está clasificada como vulnerable o amenazada.
Hasta ahora se ignoraba adónde una de esas especies, el pingüino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus),migraba cada año en busca de alimento. Los zoólogos creían que se mantenía cerca de la costa. Para verificar esto le colocaron etiquetas Argos, dispositivos de rastreo satelital, a 20 ejemplares, a los que siguieron diariamente en su migración.
“Al principio pensé que había un error en los datos”, señaló Thomas Mattern, investigador de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, que dirige el Proyecto Tawaki. “Me quedé completamente atónito, me pregunté: ¿pero hasta dónde van?”
Así descubrieron que el destino de los pingüinos era a medio camino de la Antártida, en zonas donde las aguas cálidas del norte se cruzan con las frías del sur.
Después los pingüinos regresaron a Nueva Zelanda. De ida y vuelta, una hembra recorrió 6 mil 801 kilómetros en 67 días. Un macho nadó 5 mil 597 en 77 días. Los datos completos se refieren sólo a cinco animales; posiblemente las etiquetas de los otros 15 se hayan desprendido durante el viaje.
Esta nueva información confirma que el pingüino es uno de los nadadores vertebrados más extraordinarios del planeta. Thomas Mattern indicó que los rusos incluso habían estudiado la hidrodinámica de su pelaje para imitarlo en la fabricación de sus submarinos.
Los autores de este estudio tuvieron problemas para financiar su proyecto. Cada etiqueta cuesta entre mil 500 y 2 mil dólares estadunidenses. Según Thomas Mattern, “este tipo de investigación básica ya no está de moda.
“Para obtener fondos universitarios, debes trabajar en temas en boga, como el ADN antiguo o la microbiología”, señaló a la Afp. En cambio, la opinión pública y las ONG han contribuido a la tarea.
¿Por qué interesarse en las migraciones de pingüinos? “Ellos pasan hasta 80 por ciento de su tiempo en el océano y no tenemos idea de lo que hacen allí”, agregó el científico. “Ni siquiera estamos seguros de lo que comen”.
Sin embargo, están amenazados. “Si queremos actuar, debemos entender qué los hace vulnerables”. El calentamiento de los océanos, el turismo y la pesca probablemente afecten la vida de los pingüinos, pero aún es necesario estudiarlo científicamente.
“Los pingüinos están en peligro en todo el mundo”, afirmó Dee Boersma, especialista en esos animales de América del Sur de la Universidad Estatal de Washington, al comentar el estudio, en el que ella no participó. “Ellos compiten con la pesca humana.
“Había millones de pingüinos africanos, ahora quedan quizá 30 mil. No tienen nada para comer porque los humanos agarran casi todas las sardinas”, agregó.
Pero el misterio del destino del pingüino tawaki persiste. ¿Por qué ir tan lejos, sobre todo cuando en las costas de Nueva Zelanda abundan, en el momento del viaje, los peces y otros alimentos?
Los científicos suponen que esto podría ser un instinto heredado de especies ancestrales de pingüinos que vivían más al sur, antes de poblarse las tierras de Nueva Zelanda.
Para saber más, es necesario realizar más estudios, si es posible con financiamiento internacional, sostuvo Thomas Mattern. “Los pingüinos no pertenecen a los neozelandeses ni a los australianos, es la humanidad entera la responsable de ellos”.

Este es todo el plástico que el mundo rico debe gestionar ahora que China no lo quiere

Una investigación publicada en 'Science Advances' calcula el impacto que tendrá el veto chino a la importación de residuos de plástico estudiando los flujos de exportaciones e importaciones de este problemático material.

 
A principios de 2018, la gestión de los residuos de plástico dio un vuelco. China, el gran vertedero del planeta —donde iba a parar el 45% de toda la basura plástica que se genera en el mundo— cerró sus puertas. Una nueva normativa puso fin a las importaciones de ese material y a un sistema enormemente ventajoso para las principales potencias desarrolladas, porque el gigante asiático compraba las ingentes cantidades de plástico que ellos no eran capaces de gestionar, y porque exportar todos esos residuos les permitía lucir mayores porcentajes de reciclaje en sus estadísticas medioambientales.


Teniendo en cuenta que el mundo fabrica alrededor de 335 millones de toneladas de plástico cada año, que la previsión es llegar a las 1.000 millones de toneladas en 2050 y que sólo un 9% de todo eso se recicla, el veto de China suponía poner sobre la mesa la dimensión de un problema que hasta entonces se había tapado bajo la alfombra, además de abrir un enorme interrogante en los países de origen: Y ahora, ¿qué hacemos con toda esta basura?


Esa es la pregunta que un grupo de científicos del Instituto de Nuevos Materiales de la Universidad de Georgia (EEUU) ha tratado de resolver en un estudio que publica Science Advances y que calcula que, para 2030, alrededor de 111 millones de toneladas de basura a base de residuos plásticos tendrían que ser relocalizados debido al veto chino. Es algo más de lo que el país asiático ha venido gestionando (106 millones de toneladas) desde que comenzó a ofrecer datos de sus exportaciones en 1992; y casi la mitad de todos los desechos de plástico que se han exportado en el mundo desde 1988.


La investigación, que se basa en el estudio exhaustivo de los datos disponibles de exportaciones e importaciones de residuos plásticos en el mundo —una información aún limitada— refleja las enormes desigualdades en los flujos de gestión de esta basura.


En 2016, un total de 123 países exportaron 14,1 millones de toneladas de residuos de plástico, de los que más del 72% tuvieron como destino China y Hong Kong — que en realidad actúa como otro puerto de entrada a China, exportando allí el 63% de lo que llega—. Del otro lado de la balanza, los países ricos, con la Unión Europea a la cabeza, han liderado las exportaciones de desechos plásticos desde 1988, contribuyendo al 87% del total. Los diez mayores exportadores de plástico del mundo, a excepción de México, son países de altos ingresos.


La fotografía global es la de un flujo en el que la inmensa mayoría de los desechos de plástico del mundo salen de los países de la OCDE para llegar a los de Asia del Este y el Pacífico. 33 de los 35 países de la OCDE son ricos, mientras que 23 de los 36 de Asia del Este y el Pacífico son pobres o de ingresos medios.


"Es difícil predecir qué pasará con los desechos de plástico que una vez fueron destinados a las plantas de procesamiento de China", señala Jenna Jambeck, profesora asociada y coautora del estudio. "Parte podría desviarse a otros países, pero la mayoría de ellos carecen de la infraestructura para gestionar sus propios desechos, y mucho menos los desechos producidos por el resto del mundo. Sin nuevas ideas y cambios en todo el sistema, incluso las tasas de reciclaje actuales relativamente bajas ya no se cumplirán, y nuestros materiales reciclados anteriormente podrían terminar en vertederos”, añade.


Según la patronal del plástico Plastic Europe, el 40% de todo el plástico que se fabrica en el mundo se usa para envases, envoltorios y productos de un solo uso, que son los que más rápidamente terminan convirtiéndose en basura por su corta vida. Se estima que unos 8 millones de toneladas de plástico acaban en el mar cada año.

lucía villa
@Luchiva

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Sábado, 09 Junio 2018 05:05

Piratas en el Pacífico

Piratas en el Pacífico

Los piratas de la geoingeniería marina no se rinden. Aunque la fertilización oceánica está bajo moratoria en Naciones Unidas, la compañía Oceaneos –que busca hacer experimentos con esta riesgosa técnica en Chile y Perú, donde no tiene permiso de las autoridades– se presentó en 2018 en una cena de inversores de la agencia Open Angel, en Vancouver, Canadá, buscando fondos para esos experimentos contaminantes, como si fueran una simple inversión más (https://tinyurl.com/ybeorhpd ver pág. 3).


Dar información falsa a comunidades, autoridades e inversores parece ser lo usual en el grupo detrás de Oceaneos. Varios de sus integrantes eran antes parte de la empresa Haida Salmon Restoration Corporation (HSRC), que en 2012 realizó el mayor experimento ilegal de fertilización oceánica en un territorio indígena en Haida Guaii, Columbia Británica, Canadá, engañando a la comunidad indígena residente. El mal afamado geoingeniero Russ George, quien antes intentó hacer el experimento en Galápagos, fue director científico de HSRC


Convencieron a la comunidad de Old Masset de aportar un millón de dólares a la empresa HSRC, con la promesa de aumentar la población de salmones con fertilización oceánica y además cobrar créditos de carbono por ello.


No les informaron, como tampoco ahora a las autoridades en Chile y Perú ni a los potenciales inversores reunidos por Open Angel, que la fertilización oceánica, por sus altos riesgos sobre ecosistemas y cadenas alimentarias marinas, está desde 2009 bajo moratoria en el Convenio de Biodiversidad (CDB) o que desde 2013 el Protocolo de Londres sobre vertidos en el mar, decidió prohibirla. En ambos casos, con excepción de experimentos a pequeña escala con fines científicos, que no permiten obtener créditos de carbono.
Cuando organizaciones de la sociedad civil denunciaron el experimento ilegal en Haida Gwaii, las autoridades ambientales de Canadá iniciaron un proceso legal de investigación, aún abierto. El experimento creó conflictos en la Nación Haida, pero cuando ésta entendió el contexto y riesgos, rechazaron al proyecto y a la empresa (https://tinyurl.com/yayujozt).


Quien gestionó el apoyo económico de la comunidad indígena a la empresa HSRC fue John Disney, actualmente parte del equipo de Oceaneos, del cual también forma parte Peter Gross, otro miembro de HSRC. El actual presidente de Oceaneos, Michael Riedijk, estaba a cargo de monetizar los créditos de carbono que generaran las actividades de fertilización oceánica de HSRC, desde su empresa Blue Carbon Solutions.


Para intentar desvincularse de ese turbio pasado, en el cual HRSC está interpelada legalmente, Oceaneos cambió nombre de empresa y actividad. A la geoingeniería con fertilización océanica la rebautizaron siembra oceánica, ya no hablan de créditos de carbono, sino solamente de una técnica para aumentar poblaciones de peces. Antes era una solución mágica para el cambio climático, ahora es la técnica que resolverá el problema del decline de peces en los oceános. No obstante, se aluden al experimento ilegal en Haida Guaii, como referencia exitosa de su tecnología.


Se presentan en Chile como Fundación de Investigación Marina Oceaneos, pero provienen de la empresa con fines de lucro Oceaneos Environmental Solutions, que posee varias patentes sobre técnicas de fertilización oceánica para secuestro de carbono.


En Perú, se presentaron directamente como empresa Oceaneos Perú S.A.C y solicitaron hacer experimentos de fertilización oceánica en los departamentos de Ica, Arequipa y Moquegua, lo cual no fue aprobado por objeciones del Instituto del Mar de Perú (https://tinyurl.com/ybp4f7sp).


Chile y Perú son signatarios del CBD y del Convenio de Londres, que Oceaneos violará si lleva a cabo sus experimentos.


En 2017, seis institutos científicos y académicos relacionados a la investigación marina en Chile se pronunciaron firmemente contra este tipo de iniciativa, haciendo público un documento con las 10 razones principales por las que se oponen a los proyectos de fertilización oceánica con fines comerciales (https://tinyurl.com/y8kkrvzn).


Entre otras cosas, explican que los riesgos son altos y los resultados son inciertos; que no existe evidencia científica de que la fertilización con hierro aumente las poblaciones de peces (tampoco de que secuestre carbono en forma permanente); que todo el proceso de Oceaneos es turbio y parece conectado a fines de lucro, no de investigación. Entre otros riesgos, señalan el desequilibrio de la cadena alimentaria y la creación de zonas oceánicas intermedias donde faltará oxígeno, con grave afectación a la vida marina, así como el potencial surgimiento de algas tóxicas. Coincide con los estudios científicos sobre los que se basan las moratorias en Naciones Unidas (https://tinyurl.com/y95wqsgv).


Peter von Dassow, investigador del Instituto Milenio de Oceanografía en Chile, explica también que experimentos recientes con botellas de agua tomadas en la surgencia oceánica cerca de Coquimbo, comprobaron que la fertilización con hierro aumentó el ácido domoico, que indica la formación de algas tóxicas, algo que aumentará si se hace un experimento a escala como pretende Oceaneos. Esta biotoxina es altamente riesgosa para la vida marina y también humana si se consumen peces o moluscos que hayan ingerido esas algas.


La línea roja que une a estos piratas desde Canadá a Chile es el engaño a comunidades, autoridades y al público, con argumentos seudocientíficos, que intentan disimular su verdadero objetivo: lucrar con experimentos de geoingeniería que dañan al medio ambiente y la vida marina.


*Investigadora del Grupo ETC

Genoma de la ballena azul revela mayor parentesco entre los cetáceos

Durante la formación de la familia de los rorcuales, a la que pertenece, estos mamíferos se aparearon entre sí incluso aunque no pertenecieran a la misma especie, explican científicos

Investigadores alemanes y suecos decodificaron el genoma de la ballena azul y de otras cinco especies de cetáceos y descubrieron que existe un parentesco mucho mayor de lo que se creía entre estos animales, publica la revista Sciences Advances.

De acuerdo con el estudio realizado, durante la formación de la familia de los balenoptéridos (rorcuales), a la que pertenece la ballena azul, estos mamíferos se aparearon entre sí incluso aunque no pertenecieran a la misma especie.

Por medio la decodificación del material genético, ahora se puede comprender de forma detallada la historia evolutiva del animal de mayor tamaño en la Tierra, destaca el equipo encabezado por Axel Janke, del Instituto Senckenberg de investigación natural y de la Universidad de Fráncfort.

Durante la división de la familia de los balenoptéridos, que comenzó hace unos 10.5 millones de años, se dieron dos factores inusuales de manera simultánea: por una parte, no había ninguna barrera natural entre las especies originarias y, por otra, estos animales se aparearon unos con otros.

Las especies se forman normalmente por medio del aislamiento reproductivo que se da, por barreras genéticas o bien geográficas, señala Fritjof Lammers, del Instituto Senckenberg de Investigación de la Biodiversidad y el Clima.

Fenómeno poco común

La formación de una especie con flujo genético, es decir, con el apareamiento de animales diferentes, es poco común en la naturaleza.

Sin embargo, no es así para los balenoptéridos. Las ballenas no se enfrentan de por sí con barreras geográficas en la inmensidad del océano. Incluso hoy día se avistan cruces de rorcuales comunes (Balaenoptera physalus) y ballenas azules (Balaenoptera musculus), indica el estudio, a pesar de que los investigadores no han podido demostrar esta conexión en el genoma.

Con su investigación, los científicos querían averiguar, entre otras cosas, cómo se crea la biodiversidad en estas circunstancias. La ballena gris, por ejemplo, ha desarrollado otra fuente de alimento y come crustáceos que se encuentran en el fondo de las aguas costeras.

En el estudio, que se llevó a cabo durante seis años, los científicos secuenciaron el genoma de seis especies: la ballena azul, el rorcual norteño (Balaenoptera borealis), la gris (Eschrichtius robustus), la de Groenlandia (Balaena mysticetus), la de minke (Balaenoptera acutorostrata) y la jorobada (Megaptera novaeangliae).

Cinco de ellas están clasificadas como balenoptéridos, explica Janke, pero no así la ballena gris, que a causa de su aspecto tiene un estatus especial dentro de los misticetos o ballenas barbadas.

Sin embargo, tras los análisis genéticos ya no presentan esta clasificación, sostuvo. Nosotros proponemos incluir a las ballenas grises como balenoptéridos. De esa forma todos los rorcuales estarían unidos y enriquecidos con una especie más.

Los investigadores aportan además una noticia positiva: A través de la pesca de ballenas no se ha perdido su gran variabilidad de genes, precisa Janke. Las especies son capaces de resistir bien los patógenos, los parásitos y los cambios ambientales gracias a su sorprendente variabilidad genética, concluyen.

Las ballenas azules son los gigantes de los océanos: llegan a medir hasta 30 metros de largo.

Todo apunta a que huracanes más intensos son por cambio climático

Muchos científicos están convencidos de que detrás de la descomunal magnitud de los huracanes Harvey e Irma está el cambio climático, pero, técnicamente, todavía no pueden decirlo alto y claro.

Los elementos de prueba están allí: subida del nivel del mar, alza de las temperaturas oceánicas, cambios atmosféricos, modelos informáticos que confirman la tendencia, pero falta un dato concluyente en ciencia del clima: la observación de ciclones durante un periodo suficientemente largo.

En resumen, es como si todos los elementos apuntaran al acusado de un crimen, pero faltaran sus huellas sobre el arma.

"Es muy frustrante", considera Dann Mitchell, especialista en circulación atmosférica de la Universidad de Bristol, en Gran Bretaña.

“Todavía no podemos decir con 100 por ciento de certeza que lo que reforzó la intensidad de Irma fue el cambio climático, mientras para otros fenómenos, como las canículas, ya podemos”, señala.

Anders Levermann, profesor de la Universidad de Potsdam, en Alemania, subraya que "la física es muy clara: los huracanes alimentan su energía destructora con el calor del océano".

Recuerda que las temperaturas del planeta aumentan debido a "las emisiones de gases de efecto invernadero ligadas a la combustión del carbón, el petróleo y el gas".

James Elsner, profesor de ciencia atmosférica en la Universidad Estatal de Florida, argumenta que "a escala mundial, observamos que en estos recientes 30 años, las tormentas más fuertes se reforzaron debido al calentamiento de los océanos".

Los expertos disponen también de un seguimiento mundial de los océanos, cuyo nivel aumentó un promedio de 20 centímetros desde 1880 y el inicio de la Revolución industrial.

"Sabemos que el nivel del mar sube y que seguirá subiendo con el cambio climático", asevera Chris Holloway, especialista de huracanes de la Universidad inglesa de Reading.

Esta alza agudiza la capacidad destructora de los huracanes, al reforzar las olas que penetran en tierra, agravando las inundaciones.

Pero todos estos argumentos, aunque son pruebas razonables, no son medidas directas sobre los huracanes y, por ello, los científicos no son, por ahora, tajantes.

"La mayor intensidad de las tormentas es una consecuencia esperada del cambio climático, pero es demasiado temprano para decir que este huracán fue reforzado por este fenómeno", dijo Mitchell en referencia a Irma.

Aún no disponen de suficientes datos porque los superhuracanes no son lo bastante habituales comparados con las canículas.

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El mayor iceberg de la historia siembra la incertidumbre entre la comunidad científica

No es seguro que el desprendimiento se deba al cambio climático pero se augura que esta inmensa placa de hielo producirá efectos en el clima como el aumento indirecto del nivel del mar y el calentamiento de los océanos.

 


En el año 2012 la película documental Chasing Ice (Persiguiendo el hielo), producido por la Sociedad Geográfica Nacional, fotografió durante años glaciares del Ártico, Groenlandia, Alaska y el Parque Nacional de los Glaciares, dejando constancia de un deshielo constante de las zonas heladas del planeta. Su director, Jeff Orlowski, sostenía que la sociedad no luchaba contra el cambio climático porque no lo veíamos, así que ideó esta manera de hacer visible una transformación que pasa desapercibida por la percepción temporal del ser humano. Al acelerar lo que las cámaras fotografiaron durante años logró que se percibieran los cambios en las masas heladas del planeta.
Hoy la realidad es que ese deshielo ha tomado forma y va a la deriva por el océano después de que se haya desprendido la mayor placa de hielo que se recuerda, convirtiéndose en un gigantesco iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados de superficie, el equivalente a diez veces la extensión de Madrid o cuatro veces la superficie de una megalópolis como Ciudad de México.


Aunque la comunidad científica no puede asegurar que este desprendimiento de hielo sea consecuencia directa del cambio climático, lo cierto es que no se tiene constancia de un iceberg similar a este tamaño en los registros históricos. “Tenemos que contemplar este fenómeno como una señal de alerta respecto al aumento de las temperaturas en el planeta”, explica Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático de Greenpeace, que aclara que el aumento de temperatura de los océanos es el que ha debilitado paulatinamente las zonas heladas desde que se agudizó el problema del cambio climático.


En efecto, en 1995 ya se colapsó la plataforma Larsen A, en 2002 se produjo la ruptura de la Larsen B y desde enero los expertos del proyecto Midas, que han hecho el seguimiento al deshielo en la Antártida habían observado con estupor como la grieta aumentaba a más de 200 kilómetros dejaba a Larsen B ‘colgando’ de unos 4,5 kilómetros que han acabado por facturarse desprendiendo la mayor placa de hielo de la historia del Polo Sur.


El desconcierto científico sobre los efectos que puede tener este gran iceberg se debe precisamente a que no se sabe cuál será su comportamiento ahora que navega sin rumbo. Lo que sí está claro es que al derretirse el billón de toneladas de hielo que conforman el mayor iceberg de la historia, no aumentará el nivel de los océanos. Ello se debe a que la placa de hielo que se ha desprendido ya estaba sobre el mar, “es igual que cuando un cubito de hielo se derrite en un vaso de agua”, explica la responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático de Greenpeace.


El hecho de que la barrera de hielo Larsen no descanse en tierra firme hace que el volumen de agua ya estuviese sobre los mares no acarreará una subida del nivel del mar de forma directa, pero otros expertos sí sostienen que lo hará de manera indirecta: “Esta placa que se ha desprendido actuaba como una barrera de hielo que actúa como muro de contención de glaciares que sí están en tierra firme y cuyo deshielo sí aumentará el volumen de agua del planeta”, aclara Mar Asunción, responsable de Clima y Energía de la organización WWF.


También tendrá efectos directos sobre la temperatura del planeta, provocando un calentamiento progresivo de los mares y océanos, como apunta Teresa Nuño. La responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático asegura que hay muchos científicos que han alertado de que la pérdida de esta inmensa placa de hielo dejará de reflejar la radiación solar que ahora será absorbida por las masas de agua, acarreando el calentamiento de los mares, “un cambio de temperatura que tendrá efectos en las corrientes marinas y atmosféricas a nivel planetario”, recalca.


El informe técnico del informe de investigación de Greenpeace de 2016 titulado Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico, ya alertaba de las consecuencias globales y en cascada que tiene para todo el planeta el deshielo del Polo Sur. “En el Antártico los efectos son también globales”, apostilla la responsable de Cambio Climático de Greenpeace.


Mientras se superan ya, como apunta el citado informe, las cifras récord de pérdida de hielo en la Tierra, la comunidad científica se mantiene expectante para relacionar esos datos de manera directa con el aumento de los niveles planetarios de dióxido de carbono. Tampoco es previsible que la pérdida de 5.800 kilómetros cuadrados de continente antártico, que a partir de ahora navegan sin rumbo en forma de iceberg, se contemple en los mapas, ya que como apunta Teresa Nuño los límites de la Artártida no coinciden con la fisonomía que se puede ver por satélite.


Ello se debe a que se trata de un continente de límites cambiantes, en los que se derriten placas de hielo en verano para recuperarse de nuevo en invierno, aunque en esta ocasión parece poco probable que esos 5.800 kilómetros cuadrados de hielo vuelvan a formar parte del Polo Sur.

Con diez portaviones, China superará a la flota de EEUU

La historia de los portaviones chinos se va conociendo por cuentagotas. El primero fue el Varyag, de la 'clase Almirante Kuznetsov' de la época soviética (rebautizado Liaoning), comprado a un precio de chatarra: apenas 20 millones de dólares.


En 1998 el consorcio chino Chong Lot Travel Agency aseguró que lo usaría como un complejo de casinos flotante, prometiendo que no se emplearía para propósitos militares.
En setiembre de 2012, más de una década después de su compra, la Marina china lo estrenó como su primer portaviones destinado a patrullar el disputado Mar del Sur de China. De inmediato se supo que habría un segundo portaviones, el Type 001, recientemente botado por el astillero de Dalian. Poco después comenzó a hablarse de un tercero, que aún está en construcción.


El diario oficialista Global Times publicó a comienzos de mayo un extenso reportaje en el cual el experto naval Li Jie asegura que "la Marina del Ejército Popular de Liberación (PLAN) tendrá más de tres [portaviones] en el futuro". En el mismo reportaje, el portavoz del Ministerio de Defensa, Yang Yujun, dijo que "debemos tener cinco o seis portaviones. Nos tomará entre 20 y 30 años desplegarlos y ser capaces de llevar a cabo operaciones en grupo".


El tercer portaviones tendrá catapultas de aviones y será más parecido a los estadounidenses que a los rusos, con lo cual China dominará las dos tecnologías. Las catapultas permiten lanzar aeronaves más pesadas de modo más veloz. Pero será convencional, ya que la aplicación de energía nuclear a los portaviones "implica por lo menos 15 años de investigaciones", según Global Times.


Recién el cuarto portaviones chino contará con propulsión nuclear y con un sistema electromagnético de lanzamiento (EMALS por sus siglas en inglés) y un sistema de detención (AAG) que, según los expertos chinos, son "más avanzados" que los que utiliza el USS Gerald Ford, el más moderno portaviones estadounidense.
El problema con este tipo de embarcaciones, además de su elevado costo de construcción (12.000 millones de dólares) y funcionamiento (un millón de dólares diarios), es que cada cierto tiempo necesitan entrar en dique para mantenimiento, lo que las vuelve inoperativas durante largas temporadas.


Pero el punto central es que China no se detendrá en la construcción de esas naves. "La vida útil de un portaviones es de unos 50 años, y si mantenemos el ritmo de construir uno cada cinco años, podemos producir 10 en un ciclo completo", reflexiona un especialista para Gobal Times. Ese parece ser el horizonte de la Armada china.
Lo curioso es el modo casi 'casual' en que las autoridades de Pekín van dejando caer sus intenciones. Recordemos que se trata de un informe en un periódico oficialista, lo que supone que los datos no deben pasar desapercibidos ni para los lectores ni para el Gobierno.


Un hecho adicional es la enorme diferencia entre la industria china y la de EEUU: la construcción del portaviones Gerald Ford demandó 12 años, más del doble del tiempo que le demanda a la Armada china la construcción de sus portaviones.


En el mismo informe, el medio chino destaca que en 2020 la Marina sobrepasará los 272 barcos y submarinos de guerra que tiene actualmente EEUU. En 1998, la Marina de Guerra estadounidense superaba las 350 unidades para descender hasta las actuales 272 naves, en apenas dos décadas. El especialista Jerry Hendrix, del Center for a New American Security, sostiene en The National Interest que esas 350 naves son la cantidad idónea para "mantener presencia en las 18 regiones marítimas donde EEUU tiene intereses nacionales críticos".


Según el experto estadounidense, la utilidad de los portaviones está en discusión ya que varios países, desde China y Rusia hasta Irán, están desarrollando misiles capaces de destruir navíos, "en un esfuerzo por volver a imponer los estrictos territorios navales que existieron en las décadas previas a la caída de la Unión Soviética". En todo caso, ya no podrán ser "la columna vertebral" de la presencia marítima de EEUU como lo fueron desde 1945.


El problema de fondo, estima Hendrix —capitán retirado de la Marina—, es que para alcanzar una flota de 350 barcos de guerra, incluyendo 12 portaviones, como propone Trump, el país debería revertir una historia de tres décadas de decadencia industrial.


"Años de declive durante los Gobiernos de Clinton, Bush y Obama han causado estragos en el sector de la construcción naval".


Las empresas del sector se han reducido o han jubilado a los trabajadores calificados. De modo que "pasar de construir dos submarinos de la clase Virginia por año a cuatro no sería tan sencillo como destinar más dinero a la construcción de naves", sostiene. Para cambiar el rumbo de forma tan radical, sería necesaria una nación unificada y un Congreso sin fisuras que apueste a largo plazo en la construcción naval. Algo imposible en el EEUU de hoy.


Hay una diferencia esencial entre la estrategia marítima de EEUU y la de los países 'emergentes' como China. No es lo mismo desplegar naves de guerra para dominar el planeta, lo que obliga a la Armada a extenderse en todos los rincones del globo, a una estrategia basada en la defensa de sus fronteras y del comercio con naciones amigas.
Solo los países que luchan por defenderse, como lo demuestran las dos guerras mundiales y otros tantos conflictos bélicos, pueden cohesionar la nación con suficiente fuerza como para desplegar todas las energías que albergan sus pueblos. La guerra de Vietnam, la primera perdida por el que se proclamaba el Ejército más poderoso del planeta, es la mejor enseñanza en ese sentido.


Grant Newsham, oficial retirado de la Marina e investigador en el Japan Forum for Strategic Studies, sostiene que "quizá por haber sido un poder dominante durante largo tiempo, los líderes estadounidenses parecen tan confiados de ganar en tiempos de guerra que son miopes acerca de lo que sucede durante la paz".


Newsham se refiere a que China "ha ganado el control de facto del Mar de China Meridional y amenaza con hacer lo mismo en el Mar de China Oriental, se ha instalado tranquilamente en las islas del Pacífico Sur y se está moviendo hacia el océano Índico".

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Martes, 23 Mayo 2017 07:09

El rastro genético de los peces

El rastro genético de los peces

Con el análisis de ADN, ya no es necesario tampoco encontrar fósiles en un yacimiento para saber quiénes vivieron allí



Cualquier animal deja un rastro biológico de su paso, sea en forma de pelos, escamas, secreciones... pero hasta ahora no se había podido llegar al el nivel de detalle genético para identificar cada especie por su rastro. En el caso de los peces, se acaba de demostrar que sería posible detectar su abundancia y distribución, tan importantes para la pesca sostenible, analizando simplemente el agua por la que pasan.


El método que han desarrollado los científicos de la Universidad Rockefeller en Nueva York se centra en aislar ADN desnudo en las muestras tomadas, de un litro de agua cada una. “Hicimos una serie de pruebas espaciadas en el tiempo tomando muestras del agua superficial en un mismo punto en los dos ríos (Hudson y East) una vez a la semana durante seis meses y conseguimos demostrar una nueva forma de seguir las migraciones de los peces”, explica Marck Stoeckle. El trabajo desarrolla otros realizados en Europa en los últimos años que demostraron la existencia de trozos de ADN de animales acuáticos flotando en el agua, y es, según sus autores, el más largo de series en el tiempo para peces marinos e indica el camino a seguir.


Una de las especies presentes en todas las muestras fue un arenque. Su posible abundancia explicaría la presencia reciente en la bahía de Nueva York de ballenas y también el célebre avistamiento de delfines en el río East en 2013, señalan los investigadores. Estos encontraron además ADN de especies foráneas, que supuestamente llegó al agua tras ser consumidos los pescados de los que procede por los habitantes de Nueva York. El método serviría así, además y entre otras cosas, para saber si se están vendiendo como alimento especies en peligro de extinción.


Los datos del ADN casan con los obtenidos por la vía tradicional - la captura sistemática con red de peces para conocer sus migraciones estacionales- que es mucho más cara y complicada. El estudio se publica en la revista Plos One. En total se encontró material genético de 42 especies de peces, incluidas casi todas las ya conocidas como abundantes o muy comunes y algunas de las menos comunes. Ciertas muestras de ADN no pudieron ser identificadas porque la base de datos de que disponen los científicos como referencia no casaba con ellas.


Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer, porque la abundancia de una especie no se puede medir directamente con este método por ahora y hacen falta muchos más estudios comparativos con los métodos tradicionales, como las capturas directas y el sonar, para poder derivar del ADN en el agua el número de ejemplares presentes recientemente. Eso serviría para establecer las cuotas de pesca sobre una base más firme. Además, el ADN permitiría conocer el efecto de nuevas instalaciones de acuicultura sobre las poblaciones existentes de peces.


El análisis de ADN se utiliza también cada vez más en paleontología y, en un avance que se considera histórico, se ha comunicado recientemente que es posible conocer qué homínidos habitaron un yacimiento sin necesidad de encontrar fósiles de ellos. Hasta ahora cualquier yacimiento sin huesos fósiles humanos, aunque mostrara restos evidentes de haber sido habitado, era considerado de menor categoría que uno con ellos y no es probable que esto cambie en poco tiempo, porque los fósiles dan información más directa e interpretable, pero para avanzar en el conocimiento de la evolución humana el avance es grande.


Se han analizado, con técnicas automatizadas, 85 muestras de sedimentos de entre 550.000 y 14.000 años de antigüedad de ocho cuevas euroasiáticas, donde vivían neandertales o sus parientes, como las del Sidrón (Asturias) y Denisova (Siberia). Se buscaba ADN mitocondrial, porque es más abundante y en él pequeñas variaciones indican la especie de homínido. Se encontró en cuatro de las cuevas, incluidas El Sidrón y una en la que no se habían hallado huesos fósiles. La del Sidrón es además la única de las ocho en la que no se han identificado restos genéticos de animales, como el mamut lanudo.


Todo esto se puede hacer porque anteriormente se obtuvieron, de huesos fósiles, los genomas completos o parciales de las especies con los que comparar el ADN antiguo ahora recuperado de los sedimentos. “La técnica podría permitir aumentar el tamaño muestral de los genomas mitocondriales neandertales y denisovanos, que hasta ahora estaban limitados por el número de restos conservados. Y probablemente será posible incluso recuperar partes sustanciales de genomas nucleares”, concreta el investigador Carles Lalueza-Fox, que ha participado en el estudio, publicado en la revista Science.


En el yacimiento de Denisova (Siberia), donde ya se había documentado la presencia de neandertales y denisovanos, los investigadores han podido averiguar qué nivel del terreno se corresponde con cada homínido, y se ha podido constatar que ambos se alternaron en la cueva, informa el CSIC. “Los denisovanos, además, aparecen en el estrato más basal, es decir, en el más antiguo del yacimiento. Su ADN en este sedimento, sin estar asociado a ningún resto esquelético, es la muestra más antigua de su existencia ahora mismo”, precisa el investigador Antonio Rosas, también

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