Sábado, 16 Marzo 2019 06:38

Un megapuerto para cambiar el Caribe

Un megapuerto para cambiar el Caribe

La holandesa APM Terminals, del gigante marítimo Maersk, culmina en Costa Rica una obra de 885 millones de euros


Son 40 hectáreas de una isla artificial, 1.000 millones de dólares (885 millones de euros) de inversión y una ambición: cambiar el tráfico marítimo del Caribe. La multinacional holandesa APM Terminals, filial del gigante danés del transporte de carga por mar Maersk, inauguró la semana pasada en Costa Rica un complejo portuario que promete una revolución en el mercado carguero centroamericano. Ubicado junto al estratégico Canal de Panamá, la nueva Terminal de Contenedores de Moín (TCM) permite el atraque de los buques de mayor calado que utilizan este punto del planeta para cruzar entre los océanos Atlántico y Pacífico.


Las primeras operaciones en la instalación, construida sobre una isla artificial frente a la playa Moín, en la provincia de Limón, comenzaron en noviembre, ocho años después de que el Estado costarricense entregase la concesión a APM Terminals para su explotación durante tres décadas. Tras más de 10 años de tira y afloja con el sindicato de trabajadores portuarios estatales, de objeciones legales, presiones y expectativas del sector privado, y de dificultades técnicas que provocaron atrasos, la compañía holandesa inicia ahora sus servicios con la promesa de generar “un cambio radical en una región estratégica”, según subraya el consejero delegado de APM Terminals, Morten Engelstoft. Tienen probados métodos y tecnologías que, dice el ejecutivo, permitirán a la terminal portuaria colocarse pronto como la más eficiente de América Latina y atraer o generar negocios que podrían impactar en las rutas actuales.

Con esta nueva terminal privada, Costa Rica reducirá de 40 a 15 horas el tiempo promedio de atención de cada barco y podrá dar cabida, sin necesidad de trasbordo, a las operaciones de los buques denominados post panamax, cuyas dimensiones —320 metros de largo y 33 de ancho— les permiten transportar hasta 8.000 contenedores en un solo viaje y no los 2.500 que caben como máximo en las embarcaciones que atracaban hasta ahora en Limón. El acortamiento de los tiempos provocará, también, la reducción de los costes logísticos en el mercado local, proyecta la compañía. Y abrirá una alternativa para las navieras que optan hoy por el icónico Canal de Panamá, una colosal obra de ingeniería que redefinió el mapa mundial de la carga marítima a principios del siglo pasado.


“Se convertirá en un hub centroamericano”, pronostica Engelstoft en referencia al mercado de productos frescos, la especialidad de la empresa holandesa, que maneja la tercera parte de ese trasiego a escala global. Moín podría servir de plataforma para la banana, el café y la piña —de la que Costa Rica es el principal exportador del planeta— que se producen en la región. Pero también para productos médicos que requieren refrigeración y para el comercio de otros bienes. La empresa prevé aumentar en un 285% la cantidad de rutas que llegan a Moín y capturar buena parte de los barcos que transitan por el Canal de Panamá.


“Estoy convencido de que va a llegar nueva inversión”, apunta Engelstoft, en alusión al puerto que APM Terminals abrió desde 2017 en el Estado mexicano Michoacán (Pacífico). “Cuando se hace una terminal como esta, otros negocios entran en el ecosistema alrededor de la terminal. Inyectar 1.000 millones de dólares sin duda desencadena la llegada de más negocios: hoteles, restaurantes, servicios turísticos...”. Su referencia para ilustrar este efecto en cascada es el puerto mexicano de Lázaro Cárdenas, junto al cual se instaló en 2017 una Zona Económica Especial (ZEE) con incentivos que han captado la atención de inversores asiáticos.


La obra en Moín ha dado empleo a 650 personas, pero un estudio prevé que en la próxima década puede generar hasta 147.000 puestos trabajos indirectos. Este efecto, sin embargo, dependerá de que el Estado y otros actores económicos cumplan sus promesas de conectividad vial y ferroviaria, apunta Federico Villalobos, economista experto en infraestructura y socio de Deloitte en Costa Rica. “Esto marca un hito como lo marcó [el fabricante de procesadores] Intel cuando llegó al país en 1997 para instalar un centro de producción de componentes. Pero, a la vez, trae retos institucionales grandes para aprovechar el potencial portuario”, subraya el especialista, consciente de que la infraestructura es una de las mayores debilidades relativas del país centroamericano en términos de competitividad.


Plan contra la pobreza


El Gobierno de centroizquierda de Carlos Alvarado anunció en 2018 el proyecto de un tren eléctrico de carga que conectaría toda la costa caribeña y la zona norte del país, donde hace dos años se estrenó una carretera que lleva casi hasta la frontera con Nicaragua. El plan de desarrollar infraestructura en la vertiente caribeña del país viene de atrás, pues la pobreza, el desempleo y la inseguridad de la provincia Limón superan los promedios del resto del país, pero no ha terminado de concretarse. Hasta ahora. El proyecto no se ha librado de polémica por la privatización del servicio, por el impacto ambiental y por la competencia con el puerto público de Limón sobre el tipo de barcos que este puede atender en adelante. Sin embargo, la apertura de la nueva terminal portuaria supone, además, una buena noticia en momentos de zozobra e incertidumbre para la economía costarricense. La actividad se ha enfriado paulatinamente en los cinco últimos años y la tasa de desempleo ha escalado hasta el 12%, el máximo desde la crisis financiera global, una década atrás.


"El proyecto no se ha librado de polémica por la privatización del servicio, por el impacto ambiental y por la competencia con el puerto público de Limón sobre el tipo de barcos que este puede atender en adelante. Sin embargo, la apertura de la nueva terminal portuaria supone, además, una buena noticia en momentos de zozobra e incertidumbre para la economía costarricense. La actividad se ha enfriado paulatinamente en los cinco últimos años y la tasa de desempleo ha escalado hasta el 12%, el máximo desde la crisis financiera global, una década atrás.


La proyección oficial de crecimiento de Costa Rica para 2019 es del 3,2%, todavía por encima de la media de una América Latina que crece sistemáticamente menos que el resto de bloques emergentes, pero por debajo de las cifras ticas posteriores a la Gran Recesión. El déficit fiscal, en constante aumento en los últimos diez años, y el aumento en la carga fiscal aprobada en 2018 —a pesar de la huelga más larga del siglo en el sector público— para tratar de enderezar el rumbo de las cuentas públicas generan una dosis adicional de inquietud en el sector privado, que no deja de ver en la Terminal de Contenedores de Moín un pequeño gran triunfo para sortear momentos convulsos"



Grandes cifras


La isla. La primera fase del proyecto Terminal de Contenedores de Moín, que ha costado alrededor de 1.000 millones de dólares, consistió en crear una isla de 40 hectáreas a 500 metros de la costa del Caribe.


La terminal. La terminal cubre alrededor de 80 hectáreas con un muelle de 650 metros y una profundidad de 14,5 metros. El canal de acceso es de 18 metros de profundidad. Equipada con 29 grúas para contenedores eléctricos y seis grúas pórtico ‘super-post panamax’, la terminal podrá manejar buques portacontenedores de hasta 8.500 TEU.


Exportación. Un factor determinante para la actividad de la terminal son las exportaciones refrigeradas, principalmente de bananas y piñas producidas localmente. Costa Rica es, según el Banco Interamericano de Desarrollo, el cuarto exportador mundial de bananas y el primero de piñas.

Por Álvaro Murillo
San José (Costa Rica) 16 MAR 2019 - 02:44 COT

 

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¿Calentamiento Global? ¿Cambio Climático? ¿Desequilibrio climático? ¿De qué hablamos y qué podemos hacer?

La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que no admite excusas. Es alentador comprobar que los jóvenes, -principales sufridores de las consecuencias futuras-, se han puesto en marcha para interpelarnos. Siempre hubo huracanes, grandes borrascas, sequías y otros fenómenos climáticos, pero es un hecho constatable que cada vez son más frecuentes e intensos.


La principal causa de este cambio o desequilibrio son las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la actividad humana.


Los datos del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) son concluyentes respecto a lo que está sucediendo con el clima global: los fenómenos atmosféricos extremos se correlacionan con la temperatura de la superficie del mar en los océanos, que han capturado el 90% del calor adicional producido en los últimos 50 años. Tenemos la obligación de reducir los efectos potenciales de ese calentamiento. Abordar medidas para la mitigación y para la adaptación, lo que implica actuar para minimizar los efectos que empezamos a sufrir. Eso supone la reducción de las concentraciones de gases de efecto invernadero, preferiblemente mediante la reducción de sus fuentes. Pero no se están tomando medidas para lograr una reducción significativa. En muchas regiones del Hemisferio Sur se da por sentado un incremento de temperaturas excesivo.


En países como España, asumiendo el cumplimiento del Acuerdo de París, supondría, en cualquier caso, un aumento en torno a los 4ºC, con terribles consecuencias, ya anticipadas científicamente, para el sector agrícola y las poblaciones costeras, por la subida del nivel del mar.


No hay un Acuerdo Internacional de cómo gestionar la capacidad de carga de la biosfera, de absorber los residuos de nuestra actividad industrial. Lo de París fue un acuerdo de mínimos y no va a tener trascendencia en el control de emisiones.


Hoy existen más refugiados por causas climáticas que por guerras: según datos de Naciones Unidas hay más de 20 millones de personas desplazadas por desastres ecológicos. Los que quieren seguir pensando que son fenómenos naturales quizá no sepan que, en muchos de esos focos de emigración, por ejemplo, en África, sus habitantes llevaban siglos viviendo en durísimas condiciones climatológicas y sabían afrontarlo. Los desplazamientos son algo nuevo y en muchos casos tienen que ver con las políticas de los Gobiernos, favorecedoras de las grandes Multinacionales y de los monocultivos y sobreexplotación de recursos. Acaparan tierras, pero, más dramático aún, acaparan agua en muchos sitios donde ya de por sí escasean y obligan a sus moradores a desplazarse. En ese sentido el Brasil de Bolsonaro nos sirve de triste ejemplo. Lo primero que ha hecho al llegar al poder ha sido desproteger los territorios del acoso de grandes corporaciones madereras, ganaderas o extractivistas en general.


El cambio de paradigma necesario requiere actuar en distintos frentes:


Movilidad global, ordenación del territorio, sobre todo en los crecimientos urbanísticos desproporcionados que generan mayor necesidad de desplazamientos; Gestión hídrica y cierre del ciclo natural del agua. Recuperación de sistemas de protección naturales en nuestro litoral, que eviten las consecuencias de tener buena parte de nuestra costa encementada; mantenimiento de zonas forestales en condiciones óptimas que eviten o minimicen los incendios forestales que cada vez afectan con más intensidad y a mayores extensiones.
Desafortunadamente la mayoría de los medios de mitigación parecen efectivos para prevenir calentamiento adicional, no para revertir el calentamiento existente. Y eso es preocupante. Medidas como: reducir la demanda de bienes y servicios que producen altas emisiones, incrementar la eficiencia, el uso y desarrollo de tecnologías de bajo nivel de CO2 e ir sustituyendo los combustibles fósiles. Incrementar la eficiencia energética de los vehículos, dando mayor peso en el transporte terrestre al ferrocarril y al transporte colectivo. Se precisan cambios en los estilos de vida y en las prácticas de negocios. Así como en el planeamiento urbano, que también debería servir para reducir la expansión descontrolada de las ciudades y con ello, reducir los km viajados, minimizando las emisiones del transporte.


La planificación urbana tiene un efecto evidente sobre el consumo de energía. El uso ineficiente de la tierra, muchas veces tierra fértil escasa, para los desarrollos urbanísticos, más allá de las necesidades reales, y basándolo en la especulación, ha aumentado los costes de infraestructura, así como la cantidad de energía necesaria para el transporte, los servicios comunitarios y en edificios. Se podrían reducir los consumos energéticos considerablemente a través del uso más compacto y mezclado de los patrones del suelo.
El parque urbanístico construido a toda velocidad en los años de la burbuja, no ha cumplido los estándares adecuados desde el punto de vista de eficiencia energética y aprovechamiento pasivo de energía, y, para colmo, la especulación ha impedido cubrir las necesidades de vivienda de la población. Se necesita mejorar la eficiencia energética del parque edificatorio y facilitar el derecho a disfrutar de viviendas en condiciones dignas.


Una grave derivada tiene que ver con la especulación en el litoral. La invasión urbanística del espacio costero y llanuras de inundación ante fenómenos cada vez más fuertes hace también a las poblaciones litorales más vulnerables a sus efectos.


Otro grave problema es el imparable proceso de desertificación donde concurren diversos factores que se van sumando para empeorar la situación: la pésima gestión del ciclo del agua, sobre todo por el elevado peso de la que se destina a regadíos y asimismo la falta de protección a lugares de especial relevancia y valor natural, como el emblemático PN de Doñana, con su especialmente vulnerable y frágil marisma, de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría e invernada para miles de aves. Porque también cumplen las marismas importantes funciones, como la de amortiguar y minimizar las corrientes marinas cuando hay mucho viento o tormentas, y esa es una función fundamental en relación a la protección del litoral frente al cambio climático, que no siempre se considera, cuando se le da vía libre a procesos de encementado del litoral.


A lo anterior hay que agregar la acelerada subida del nivel del mar, que además es cada vez más rápida: desde los 1,2 mm año del periodo 1901 a 1990 a los 3,4 mm anuales de los últimos años, que además en el litoral malagueño llega a ser de 9 mm/año. Este incremento del nivel del mar se suma al producido por el oleaje amplificando la zona inundada por el mar.


La conclusión es clara: es urgente tomar medidas contra el cambio climático, de mitigación y de adaptación.


En 2017, la que fue secretaria general del Convenio Mundial contra el Cambio Climático, Christiana Figueres, publicaba en la revista ‘Nature’ un manifiesto en el que advertía que nos quedaban tres años para cambiar la actual tendencia en materia de cambio climático y comenzar a reducir las emisiones. O sea, para 2020 debían estar en marcha medidas ambiciosas. Planteaba el desarrollo de una hoja de ruta de 6 puntos en sectores concretos que nos permitieran alcanzar ese objetivo.


El sector de la producción de energía es clave: el ambicioso objetivo era alcanzar con energías renovables para el año 2020 un 35% de la producción energética global. En materia de transporte vehículo eléctrico eficiente, pero mejor aún, ferrocarril movido por electricidad procedente de renovables. Detener totalmente la destrucción de las selvas y bosques tropicales, hoy tan amenazados. Y aquí tenemos pendiente buscar soluciones a los graves problemas de nuestras masas forestales, como la seca del alcornocal y mal estado de encinares y pinares, o frenar la expansión de eucaliptales que promueven empresas como ENCE para pasta de papel. Fundamental detener la degradación de los suelos. Las soluciones están ahí, y hay que ponerlas en marcha.


La lucha contra el cambio climático es una emergencia global que ya no admite excusas. Aceleremos las actuaciones necesarias. Los jóvenes y el futuro lo están demandando.

15 marzo, 2019
Por Carmen Molina Cañadas

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Un tercio de microplásticos que van al océano son de ropa

Cada vez que una prenda se lava, hasta 700 mil fibras microscópicas llegan a los océanos, son tragadas por la vida marina y se incorporan a la cadena alimenticia, con el riesgo de que acaben en nuestros platos.

Un nuevo estudio del Instituto de Ingenieros Mecánicos destaca que 35 por ciento de los microplásticos liberados en los océanos del mundo son textiles sintéticos.


El informe recalca que el cuidado de la ropa afecta la huella de carbono de un artículo y recomienda lavar la ropa a temperatura más baja, usar bolsas de malla para colar hilos, usar secadoras con menos frecuencia e instalar filtros en las tuberías de residuos de la lavadora.


La investigación Engineering Out Fashion Waste destaca hasta qué punto la moda contribuye a la contaminación del agua en el mundo. También consume mucha energía y produjo mil 200 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) en 2015: más emisiones que los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados.


La institución exige acciones urgentes para abordar los residuos producidos durante el ciclo de vida de una prenda. Esto incluye los procesos de uso intensivo de agua durante la fabricación y estudiar el problema del desecho de prendas al final de su vida útil.

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Fracasa propuesta de crear un santuario para ballenas

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) rechazó ayer una propuesta para crear una zona de protección para ballenas en el Atlántico sur en una crucial conferencia del organismo en Florianópolis, en el sur de Brasil.

Pese a contar con el apoyo de 39 naciones, la ambiciosa propuesta presentada por el país anfitrión fracasó debido a 25 votos en contra de los 67 participantes, según informaron varias organizaciones ecologistas.


La propuesta necesitaba al menos dos tercios del pleno para ser aprobada, según los estatutos de la CBI. Tres países se abstuvieron al votar el pedido, impulsado sobre todo por Japón, Noruega e Islandia, países con fuerte industria pesquera.


“El olor a podrido de los antiguos tiempos de la caza de ballenas flota empecinadamente sobre la CBI”, reclamó Thilo Maack, experto de Greenpeace. “De otra forma no se puede explicar que la comisión no haya podido otra vez pronunciarse a favor de una zona de protección en el Atlántico Sur”, agregó.


“Detrás de esta enorme decepción está un pequeño grupo de países que hacen todo por volver a matar ballenas en el ámbito comercial”, criticó.


La propuesta para fundar un santuario de ballenas fue introducida por Brasil, que se beneficia del llamado turismo ballenero para el avistamiento de cetáceos en el océano y promueve la creación de esa zona de protección desde hace 22 años.


Reunión crucial


Este año el pedido es contrapropuesta a una solicitud de Japón para levantar la moratoria a la caza de ballenas, que rige desde hace 32 años. La cita en Florianópolis es considerada crucial por la posibilidad de que caiga esa prohibición.


“Esperamos que los países solicitantes (de la zona de protección) no se dejen desalentar por el voto destructivo de algunos estados dentro del CBI y que empiecen a ejecutar el plan de forma regional”, comentó Nicolás Entrupp, de la organización ecologista OceanCare.


Japón, Noruega e Islandia son los tres únicos países que aún cazan ballenas a gran escala. La CBI debe decidir sobre la propuesta de Japón esta semana. La conferencia anual empezó el lunes y termina el viernes.

Los pingüinos de Fiorland nadan 6800 km para hallar comida, revela estudio

En su periplo en busca de alimento los pingüinos de Fiorland pasan una media de 69 días de viaje y llegan a recorrer a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Otago en Dunedin, Nueva Zelanda.

Cada año en diciembre, una especie de pingüino de grandes cejas amarillas deja las costas de Nueva Zelanda para emprender un maratón solitario de dos meses, recorriendo hasta miles de kilómetros de ida y vuelta, distancia impresionante, según los investigadores que lograron por primera vez seguir a estas aves.


Los pingüinos de cejas amarillas, llamados tawaki en maorí, son unos apasionados nadadores de larga distancia. Dependiendo de dónde se encuentre el destino de su viaje, los animales recorren a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, de acuerdo con el estudio publicado en la revista científica PLOS ONE.


Mientras en los primeros días de travesía nadan entre 20 y 50 kilómetros, en las últimas jornadas pueden llegar a más de 80 kilómetros diarios. Para observar adónde van a parar los pingüinos, el grupo liderado por Thomas Mattern equipó a un total de 17 aves con aparatos GPS entre noviembre de 2016 y marzo de 2017. Con ellos lograron averiguar que fueron hacia a dos lugares en busca de alimento: desde la costa oeste de la Isla Sur se dirigieron a una zona situada a unos 8 mil kilómetros al sur de Tasmania o bien avanzaron aún más hasta el territorio subártico.
Vulnerable


Los pingüinos, estrellas de dibujos animados y universalmente adorados, han sido poco estudiados. Un tercio de las especies vive en Nueva Zelanda, donde son parte del paisaje, principalmente en las regiones salvajes del sur. La mayoría, sin embargo, está clasificada como vulnerable o amenazada.
Hasta ahora se ignoraba adónde una de esas especies, el pingüino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus),migraba cada año en busca de alimento. Los zoólogos creían que se mantenía cerca de la costa. Para verificar esto le colocaron etiquetas Argos, dispositivos de rastreo satelital, a 20 ejemplares, a los que siguieron diariamente en su migración.
“Al principio pensé que había un error en los datos”, señaló Thomas Mattern, investigador de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, que dirige el Proyecto Tawaki. “Me quedé completamente atónito, me pregunté: ¿pero hasta dónde van?”
Así descubrieron que el destino de los pingüinos era a medio camino de la Antártida, en zonas donde las aguas cálidas del norte se cruzan con las frías del sur.
Después los pingüinos regresaron a Nueva Zelanda. De ida y vuelta, una hembra recorrió 6 mil 801 kilómetros en 67 días. Un macho nadó 5 mil 597 en 77 días. Los datos completos se refieren sólo a cinco animales; posiblemente las etiquetas de los otros 15 se hayan desprendido durante el viaje.
Esta nueva información confirma que el pingüino es uno de los nadadores vertebrados más extraordinarios del planeta. Thomas Mattern indicó que los rusos incluso habían estudiado la hidrodinámica de su pelaje para imitarlo en la fabricación de sus submarinos.
Los autores de este estudio tuvieron problemas para financiar su proyecto. Cada etiqueta cuesta entre mil 500 y 2 mil dólares estadunidenses. Según Thomas Mattern, “este tipo de investigación básica ya no está de moda.
“Para obtener fondos universitarios, debes trabajar en temas en boga, como el ADN antiguo o la microbiología”, señaló a la Afp. En cambio, la opinión pública y las ONG han contribuido a la tarea.
¿Por qué interesarse en las migraciones de pingüinos? “Ellos pasan hasta 80 por ciento de su tiempo en el océano y no tenemos idea de lo que hacen allí”, agregó el científico. “Ni siquiera estamos seguros de lo que comen”.
Sin embargo, están amenazados. “Si queremos actuar, debemos entender qué los hace vulnerables”. El calentamiento de los océanos, el turismo y la pesca probablemente afecten la vida de los pingüinos, pero aún es necesario estudiarlo científicamente.
“Los pingüinos están en peligro en todo el mundo”, afirmó Dee Boersma, especialista en esos animales de América del Sur de la Universidad Estatal de Washington, al comentar el estudio, en el que ella no participó. “Ellos compiten con la pesca humana.
“Había millones de pingüinos africanos, ahora quedan quizá 30 mil. No tienen nada para comer porque los humanos agarran casi todas las sardinas”, agregó.
Pero el misterio del destino del pingüino tawaki persiste. ¿Por qué ir tan lejos, sobre todo cuando en las costas de Nueva Zelanda abundan, en el momento del viaje, los peces y otros alimentos?
Los científicos suponen que esto podría ser un instinto heredado de especies ancestrales de pingüinos que vivían más al sur, antes de poblarse las tierras de Nueva Zelanda.
Para saber más, es necesario realizar más estudios, si es posible con financiamiento internacional, sostuvo Thomas Mattern. “Los pingüinos no pertenecen a los neozelandeses ni a los australianos, es la humanidad entera la responsable de ellos”.

Este es todo el plástico que el mundo rico debe gestionar ahora que China no lo quiere

Una investigación publicada en 'Science Advances' calcula el impacto que tendrá el veto chino a la importación de residuos de plástico estudiando los flujos de exportaciones e importaciones de este problemático material.

 
A principios de 2018, la gestión de los residuos de plástico dio un vuelco. China, el gran vertedero del planeta —donde iba a parar el 45% de toda la basura plástica que se genera en el mundo— cerró sus puertas. Una nueva normativa puso fin a las importaciones de ese material y a un sistema enormemente ventajoso para las principales potencias desarrolladas, porque el gigante asiático compraba las ingentes cantidades de plástico que ellos no eran capaces de gestionar, y porque exportar todos esos residuos les permitía lucir mayores porcentajes de reciclaje en sus estadísticas medioambientales.


Teniendo en cuenta que el mundo fabrica alrededor de 335 millones de toneladas de plástico cada año, que la previsión es llegar a las 1.000 millones de toneladas en 2050 y que sólo un 9% de todo eso se recicla, el veto de China suponía poner sobre la mesa la dimensión de un problema que hasta entonces se había tapado bajo la alfombra, además de abrir un enorme interrogante en los países de origen: Y ahora, ¿qué hacemos con toda esta basura?


Esa es la pregunta que un grupo de científicos del Instituto de Nuevos Materiales de la Universidad de Georgia (EEUU) ha tratado de resolver en un estudio que publica Science Advances y que calcula que, para 2030, alrededor de 111 millones de toneladas de basura a base de residuos plásticos tendrían que ser relocalizados debido al veto chino. Es algo más de lo que el país asiático ha venido gestionando (106 millones de toneladas) desde que comenzó a ofrecer datos de sus exportaciones en 1992; y casi la mitad de todos los desechos de plástico que se han exportado en el mundo desde 1988.


La investigación, que se basa en el estudio exhaustivo de los datos disponibles de exportaciones e importaciones de residuos plásticos en el mundo —una información aún limitada— refleja las enormes desigualdades en los flujos de gestión de esta basura.


En 2016, un total de 123 países exportaron 14,1 millones de toneladas de residuos de plástico, de los que más del 72% tuvieron como destino China y Hong Kong — que en realidad actúa como otro puerto de entrada a China, exportando allí el 63% de lo que llega—. Del otro lado de la balanza, los países ricos, con la Unión Europea a la cabeza, han liderado las exportaciones de desechos plásticos desde 1988, contribuyendo al 87% del total. Los diez mayores exportadores de plástico del mundo, a excepción de México, son países de altos ingresos.


La fotografía global es la de un flujo en el que la inmensa mayoría de los desechos de plástico del mundo salen de los países de la OCDE para llegar a los de Asia del Este y el Pacífico. 33 de los 35 países de la OCDE son ricos, mientras que 23 de los 36 de Asia del Este y el Pacífico son pobres o de ingresos medios.


"Es difícil predecir qué pasará con los desechos de plástico que una vez fueron destinados a las plantas de procesamiento de China", señala Jenna Jambeck, profesora asociada y coautora del estudio. "Parte podría desviarse a otros países, pero la mayoría de ellos carecen de la infraestructura para gestionar sus propios desechos, y mucho menos los desechos producidos por el resto del mundo. Sin nuevas ideas y cambios en todo el sistema, incluso las tasas de reciclaje actuales relativamente bajas ya no se cumplirán, y nuestros materiales reciclados anteriormente podrían terminar en vertederos”, añade.


Según la patronal del plástico Plastic Europe, el 40% de todo el plástico que se fabrica en el mundo se usa para envases, envoltorios y productos de un solo uso, que son los que más rápidamente terminan convirtiéndose en basura por su corta vida. Se estima que unos 8 millones de toneladas de plástico acaban en el mar cada año.

lucía villa
@Luchiva

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Sábado, 09 Junio 2018 05:05

Piratas en el Pacífico

Piratas en el Pacífico

Los piratas de la geoingeniería marina no se rinden. Aunque la fertilización oceánica está bajo moratoria en Naciones Unidas, la compañía Oceaneos –que busca hacer experimentos con esta riesgosa técnica en Chile y Perú, donde no tiene permiso de las autoridades– se presentó en 2018 en una cena de inversores de la agencia Open Angel, en Vancouver, Canadá, buscando fondos para esos experimentos contaminantes, como si fueran una simple inversión más (https://tinyurl.com/ybeorhpd ver pág. 3).


Dar información falsa a comunidades, autoridades e inversores parece ser lo usual en el grupo detrás de Oceaneos. Varios de sus integrantes eran antes parte de la empresa Haida Salmon Restoration Corporation (HSRC), que en 2012 realizó el mayor experimento ilegal de fertilización oceánica en un territorio indígena en Haida Guaii, Columbia Británica, Canadá, engañando a la comunidad indígena residente. El mal afamado geoingeniero Russ George, quien antes intentó hacer el experimento en Galápagos, fue director científico de HSRC


Convencieron a la comunidad de Old Masset de aportar un millón de dólares a la empresa HSRC, con la promesa de aumentar la población de salmones con fertilización oceánica y además cobrar créditos de carbono por ello.


No les informaron, como tampoco ahora a las autoridades en Chile y Perú ni a los potenciales inversores reunidos por Open Angel, que la fertilización oceánica, por sus altos riesgos sobre ecosistemas y cadenas alimentarias marinas, está desde 2009 bajo moratoria en el Convenio de Biodiversidad (CDB) o que desde 2013 el Protocolo de Londres sobre vertidos en el mar, decidió prohibirla. En ambos casos, con excepción de experimentos a pequeña escala con fines científicos, que no permiten obtener créditos de carbono.
Cuando organizaciones de la sociedad civil denunciaron el experimento ilegal en Haida Gwaii, las autoridades ambientales de Canadá iniciaron un proceso legal de investigación, aún abierto. El experimento creó conflictos en la Nación Haida, pero cuando ésta entendió el contexto y riesgos, rechazaron al proyecto y a la empresa (https://tinyurl.com/yayujozt).


Quien gestionó el apoyo económico de la comunidad indígena a la empresa HSRC fue John Disney, actualmente parte del equipo de Oceaneos, del cual también forma parte Peter Gross, otro miembro de HSRC. El actual presidente de Oceaneos, Michael Riedijk, estaba a cargo de monetizar los créditos de carbono que generaran las actividades de fertilización oceánica de HSRC, desde su empresa Blue Carbon Solutions.


Para intentar desvincularse de ese turbio pasado, en el cual HRSC está interpelada legalmente, Oceaneos cambió nombre de empresa y actividad. A la geoingeniería con fertilización océanica la rebautizaron siembra oceánica, ya no hablan de créditos de carbono, sino solamente de una técnica para aumentar poblaciones de peces. Antes era una solución mágica para el cambio climático, ahora es la técnica que resolverá el problema del decline de peces en los oceános. No obstante, se aluden al experimento ilegal en Haida Guaii, como referencia exitosa de su tecnología.


Se presentan en Chile como Fundación de Investigación Marina Oceaneos, pero provienen de la empresa con fines de lucro Oceaneos Environmental Solutions, que posee varias patentes sobre técnicas de fertilización oceánica para secuestro de carbono.


En Perú, se presentaron directamente como empresa Oceaneos Perú S.A.C y solicitaron hacer experimentos de fertilización oceánica en los departamentos de Ica, Arequipa y Moquegua, lo cual no fue aprobado por objeciones del Instituto del Mar de Perú (https://tinyurl.com/ybp4f7sp).


Chile y Perú son signatarios del CBD y del Convenio de Londres, que Oceaneos violará si lleva a cabo sus experimentos.


En 2017, seis institutos científicos y académicos relacionados a la investigación marina en Chile se pronunciaron firmemente contra este tipo de iniciativa, haciendo público un documento con las 10 razones principales por las que se oponen a los proyectos de fertilización oceánica con fines comerciales (https://tinyurl.com/y8kkrvzn).


Entre otras cosas, explican que los riesgos son altos y los resultados son inciertos; que no existe evidencia científica de que la fertilización con hierro aumente las poblaciones de peces (tampoco de que secuestre carbono en forma permanente); que todo el proceso de Oceaneos es turbio y parece conectado a fines de lucro, no de investigación. Entre otros riesgos, señalan el desequilibrio de la cadena alimentaria y la creación de zonas oceánicas intermedias donde faltará oxígeno, con grave afectación a la vida marina, así como el potencial surgimiento de algas tóxicas. Coincide con los estudios científicos sobre los que se basan las moratorias en Naciones Unidas (https://tinyurl.com/y95wqsgv).


Peter von Dassow, investigador del Instituto Milenio de Oceanografía en Chile, explica también que experimentos recientes con botellas de agua tomadas en la surgencia oceánica cerca de Coquimbo, comprobaron que la fertilización con hierro aumentó el ácido domoico, que indica la formación de algas tóxicas, algo que aumentará si se hace un experimento a escala como pretende Oceaneos. Esta biotoxina es altamente riesgosa para la vida marina y también humana si se consumen peces o moluscos que hayan ingerido esas algas.


La línea roja que une a estos piratas desde Canadá a Chile es el engaño a comunidades, autoridades y al público, con argumentos seudocientíficos, que intentan disimular su verdadero objetivo: lucrar con experimentos de geoingeniería que dañan al medio ambiente y la vida marina.


*Investigadora del Grupo ETC

Genoma de la ballena azul revela mayor parentesco entre los cetáceos

Durante la formación de la familia de los rorcuales, a la que pertenece, estos mamíferos se aparearon entre sí incluso aunque no pertenecieran a la misma especie, explican científicos

Investigadores alemanes y suecos decodificaron el genoma de la ballena azul y de otras cinco especies de cetáceos y descubrieron que existe un parentesco mucho mayor de lo que se creía entre estos animales, publica la revista Sciences Advances.

De acuerdo con el estudio realizado, durante la formación de la familia de los balenoptéridos (rorcuales), a la que pertenece la ballena azul, estos mamíferos se aparearon entre sí incluso aunque no pertenecieran a la misma especie.

Por medio la decodificación del material genético, ahora se puede comprender de forma detallada la historia evolutiva del animal de mayor tamaño en la Tierra, destaca el equipo encabezado por Axel Janke, del Instituto Senckenberg de investigación natural y de la Universidad de Fráncfort.

Durante la división de la familia de los balenoptéridos, que comenzó hace unos 10.5 millones de años, se dieron dos factores inusuales de manera simultánea: por una parte, no había ninguna barrera natural entre las especies originarias y, por otra, estos animales se aparearon unos con otros.

Las especies se forman normalmente por medio del aislamiento reproductivo que se da, por barreras genéticas o bien geográficas, señala Fritjof Lammers, del Instituto Senckenberg de Investigación de la Biodiversidad y el Clima.

Fenómeno poco común

La formación de una especie con flujo genético, es decir, con el apareamiento de animales diferentes, es poco común en la naturaleza.

Sin embargo, no es así para los balenoptéridos. Las ballenas no se enfrentan de por sí con barreras geográficas en la inmensidad del océano. Incluso hoy día se avistan cruces de rorcuales comunes (Balaenoptera physalus) y ballenas azules (Balaenoptera musculus), indica el estudio, a pesar de que los investigadores no han podido demostrar esta conexión en el genoma.

Con su investigación, los científicos querían averiguar, entre otras cosas, cómo se crea la biodiversidad en estas circunstancias. La ballena gris, por ejemplo, ha desarrollado otra fuente de alimento y come crustáceos que se encuentran en el fondo de las aguas costeras.

En el estudio, que se llevó a cabo durante seis años, los científicos secuenciaron el genoma de seis especies: la ballena azul, el rorcual norteño (Balaenoptera borealis), la gris (Eschrichtius robustus), la de Groenlandia (Balaena mysticetus), la de minke (Balaenoptera acutorostrata) y la jorobada (Megaptera novaeangliae).

Cinco de ellas están clasificadas como balenoptéridos, explica Janke, pero no así la ballena gris, que a causa de su aspecto tiene un estatus especial dentro de los misticetos o ballenas barbadas.

Sin embargo, tras los análisis genéticos ya no presentan esta clasificación, sostuvo. Nosotros proponemos incluir a las ballenas grises como balenoptéridos. De esa forma todos los rorcuales estarían unidos y enriquecidos con una especie más.

Los investigadores aportan además una noticia positiva: A través de la pesca de ballenas no se ha perdido su gran variabilidad de genes, precisa Janke. Las especies son capaces de resistir bien los patógenos, los parásitos y los cambios ambientales gracias a su sorprendente variabilidad genética, concluyen.

Las ballenas azules son los gigantes de los océanos: llegan a medir hasta 30 metros de largo.

Todo apunta a que huracanes más intensos son por cambio climático

Muchos científicos están convencidos de que detrás de la descomunal magnitud de los huracanes Harvey e Irma está el cambio climático, pero, técnicamente, todavía no pueden decirlo alto y claro.

Los elementos de prueba están allí: subida del nivel del mar, alza de las temperaturas oceánicas, cambios atmosféricos, modelos informáticos que confirman la tendencia, pero falta un dato concluyente en ciencia del clima: la observación de ciclones durante un periodo suficientemente largo.

En resumen, es como si todos los elementos apuntaran al acusado de un crimen, pero faltaran sus huellas sobre el arma.

"Es muy frustrante", considera Dann Mitchell, especialista en circulación atmosférica de la Universidad de Bristol, en Gran Bretaña.

“Todavía no podemos decir con 100 por ciento de certeza que lo que reforzó la intensidad de Irma fue el cambio climático, mientras para otros fenómenos, como las canículas, ya podemos”, señala.

Anders Levermann, profesor de la Universidad de Potsdam, en Alemania, subraya que "la física es muy clara: los huracanes alimentan su energía destructora con el calor del océano".

Recuerda que las temperaturas del planeta aumentan debido a "las emisiones de gases de efecto invernadero ligadas a la combustión del carbón, el petróleo y el gas".

James Elsner, profesor de ciencia atmosférica en la Universidad Estatal de Florida, argumenta que "a escala mundial, observamos que en estos recientes 30 años, las tormentas más fuertes se reforzaron debido al calentamiento de los océanos".

Los expertos disponen también de un seguimiento mundial de los océanos, cuyo nivel aumentó un promedio de 20 centímetros desde 1880 y el inicio de la Revolución industrial.

"Sabemos que el nivel del mar sube y que seguirá subiendo con el cambio climático", asevera Chris Holloway, especialista de huracanes de la Universidad inglesa de Reading.

Esta alza agudiza la capacidad destructora de los huracanes, al reforzar las olas que penetran en tierra, agravando las inundaciones.

Pero todos estos argumentos, aunque son pruebas razonables, no son medidas directas sobre los huracanes y, por ello, los científicos no son, por ahora, tajantes.

"La mayor intensidad de las tormentas es una consecuencia esperada del cambio climático, pero es demasiado temprano para decir que este huracán fue reforzado por este fenómeno", dijo Mitchell en referencia a Irma.

Aún no disponen de suficientes datos porque los superhuracanes no son lo bastante habituales comparados con las canículas.

Publicado enMedio Ambiente
El mayor iceberg de la historia siembra la incertidumbre entre la comunidad científica

No es seguro que el desprendimiento se deba al cambio climático pero se augura que esta inmensa placa de hielo producirá efectos en el clima como el aumento indirecto del nivel del mar y el calentamiento de los océanos.

 


En el año 2012 la película documental Chasing Ice (Persiguiendo el hielo), producido por la Sociedad Geográfica Nacional, fotografió durante años glaciares del Ártico, Groenlandia, Alaska y el Parque Nacional de los Glaciares, dejando constancia de un deshielo constante de las zonas heladas del planeta. Su director, Jeff Orlowski, sostenía que la sociedad no luchaba contra el cambio climático porque no lo veíamos, así que ideó esta manera de hacer visible una transformación que pasa desapercibida por la percepción temporal del ser humano. Al acelerar lo que las cámaras fotografiaron durante años logró que se percibieran los cambios en las masas heladas del planeta.
Hoy la realidad es que ese deshielo ha tomado forma y va a la deriva por el océano después de que se haya desprendido la mayor placa de hielo que se recuerda, convirtiéndose en un gigantesco iceberg de 5.800 kilómetros cuadrados de superficie, el equivalente a diez veces la extensión de Madrid o cuatro veces la superficie de una megalópolis como Ciudad de México.


Aunque la comunidad científica no puede asegurar que este desprendimiento de hielo sea consecuencia directa del cambio climático, lo cierto es que no se tiene constancia de un iceberg similar a este tamaño en los registros históricos. “Tenemos que contemplar este fenómeno como una señal de alerta respecto al aumento de las temperaturas en el planeta”, explica Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático de Greenpeace, que aclara que el aumento de temperatura de los océanos es el que ha debilitado paulatinamente las zonas heladas desde que se agudizó el problema del cambio climático.


En efecto, en 1995 ya se colapsó la plataforma Larsen A, en 2002 se produjo la ruptura de la Larsen B y desde enero los expertos del proyecto Midas, que han hecho el seguimiento al deshielo en la Antártida habían observado con estupor como la grieta aumentaba a más de 200 kilómetros dejaba a Larsen B ‘colgando’ de unos 4,5 kilómetros que han acabado por facturarse desprendiendo la mayor placa de hielo de la historia del Polo Sur.


El desconcierto científico sobre los efectos que puede tener este gran iceberg se debe precisamente a que no se sabe cuál será su comportamiento ahora que navega sin rumbo. Lo que sí está claro es que al derretirse el billón de toneladas de hielo que conforman el mayor iceberg de la historia, no aumentará el nivel de los océanos. Ello se debe a que la placa de hielo que se ha desprendido ya estaba sobre el mar, “es igual que cuando un cubito de hielo se derrite en un vaso de agua”, explica la responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático de Greenpeace.


El hecho de que la barrera de hielo Larsen no descanse en tierra firme hace que el volumen de agua ya estuviese sobre los mares no acarreará una subida del nivel del mar de forma directa, pero otros expertos sí sostienen que lo hará de manera indirecta: “Esta placa que se ha desprendido actuaba como una barrera de hielo que actúa como muro de contención de glaciares que sí están en tierra firme y cuyo deshielo sí aumentará el volumen de agua del planeta”, aclara Mar Asunción, responsable de Clima y Energía de la organización WWF.


También tendrá efectos directos sobre la temperatura del planeta, provocando un calentamiento progresivo de los mares y océanos, como apunta Teresa Nuño. La responsable de la campaña de Energía y Cambio Climático asegura que hay muchos científicos que han alertado de que la pérdida de esta inmensa placa de hielo dejará de reflejar la radiación solar que ahora será absorbida por las masas de agua, acarreando el calentamiento de los mares, “un cambio de temperatura que tendrá efectos en las corrientes marinas y atmosféricas a nivel planetario”, recalca.


El informe técnico del informe de investigación de Greenpeace de 2016 titulado Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico, ya alertaba de las consecuencias globales y en cascada que tiene para todo el planeta el deshielo del Polo Sur. “En el Antártico los efectos son también globales”, apostilla la responsable de Cambio Climático de Greenpeace.


Mientras se superan ya, como apunta el citado informe, las cifras récord de pérdida de hielo en la Tierra, la comunidad científica se mantiene expectante para relacionar esos datos de manera directa con el aumento de los niveles planetarios de dióxido de carbono. Tampoco es previsible que la pérdida de 5.800 kilómetros cuadrados de continente antártico, que a partir de ahora navegan sin rumbo en forma de iceberg, se contemple en los mapas, ya que como apunta Teresa Nuño los límites de la Artártida no coinciden con la fisonomía que se puede ver por satélite.


Ello se debe a que se trata de un continente de límites cambiantes, en los que se derriten placas de hielo en verano para recuperarse de nuevo en invierno, aunque en esta ocasión parece poco probable que esos 5.800 kilómetros cuadrados de hielo vuelvan a formar parte del Polo Sur.

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