Greenpeace alerta del aumento del riesgo de transmisión de enfermedades por la destrucción ambiental

Entre los años 2001 y 2018 la cubierta arbórea se ha reducido un 9%, con la pérdida de 361 millones de hectáreas, según los datos del observatorio Global Forest Watch. Una destrucción de ecosistemas que está acelerando la sexta extinción masiva de especies, con más de un millón de especies en peligro de extinción, como alertaba hace más de un año la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) de Naciones Unidas.

Esa destrucción de la biosfera, cuyas consecuencias en cadena derivan en la aniquilación de grupos de especies completas, además de suponer la emisión a la atmósfera 98,7 gigatoneladas de dióxido de carbono que en nada ayudan a frenar la emergencia climática, tiene consecuencias en la vida microscópica que afecta a los humanos, virus y bacterias incluidas.

La tala y la deforestación, en particular en los bosques tropicales de la Amazonia y la Cuenca del Congo, con una biodiversidad muy superior a la media del planeta, está permitiendo que los seres humanos entren en contacto con poblaciones de fauna silvestre portadoras de virus, bacterias y otros microorganismos (patógenos zoonóticos) a los que generalmente no habían estado expuestos. Así lo advierte Greenpeace, una organización que añade que “el deterioro ambiental está agravando la permanencia entre la población de estas enfermedades zoonóticas, al mismo tiempo que se espera que la deforestación aumente los brotes de enfermedades zoonóticas”.

“Si no asumimos el valor de los servicios que nos ofrecen los ecosistemas, la necesidad de gestionar correctamente los recursos naturales y el hecho de que vivimos en un planeta con límites biofísicos, nos veremos abocados a crisis cada vez más frecuentes y más severas, a las que pondremos el adjetivo de sanitarias, climáticas o migratorias, pero que tienen como elemento común un problema sistémico”, expone Miguel Ángel Soto, portavoz de Greenpeace España.

El 58% de las enfermedades infecciosas proceden de los animales; así como el 73% de los patógenos emergentes o reemergentes. “Más de dos tercios de esas patologías se originan en la fauna silvestre y, en el último medio siglo, se ha producido un gran aumento de las enfermedades emergentes que se han atribuido a la invasión humana del hábitat, en particular en los ‘puntos calientes’ de las enfermedades en las regiones tropicales”, indican desde Greenpeace. 

Además, un estudio afirma que alrededor del 30% de los brotes de enfermedades nuevas y emergentes, como los virus Nipah, Zika y el Ébola, están relacionados con estos cambios de uso de la tierra realizado por el ser humano.

Soja, palna, ganadería e industria

Los principales motores actuales de deforestación global son la transformación de bosques en cultivos, especialmente grandes áreas de monocultivos de plantas como la soja o la palma aceitera para las industrias alimenticia y de biocomubustibles, pero también para otras producciones industriales como el caucho o la pasta de papel; la creación de pastos para ganado a costa de inmensas zonas arbóreas; y la explotación maderera.

El modelo de consumo incide especialmente en esta problemática. “El sector cárnico español, de manera especial la ganadería estabulada en régimen intensivo, demanda gran cantidad de piensos, para los que es necesario importar ingentes cantidades de soja”, denuncian desde Greenpeace. España es líder en la producción de piensos ganaderos y en importación de soja dentro de la UE, con un un 40% de la soja importada en 2017 perocedente de Brasil y un 32% de Argentina, países afectados por intensos procesos de deforestación, precedidos por la quema de la selva. 

Según fuentes del sector de fabricación de piensos, recogidas en el informe Enganchados a la Carne, publicado por Greenpeace España en junio de 2019, una tonelada de esa soja se ha importado con un certificado de sostenibilidad. Asimismo, la organización añade que, el pasado mes de febrero, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico dio a conocer los resultados de una investigación del Seprona donde se ponía de manifiesto la complicidad del sector de la madera en España con los graves problemas de la tala ilegal y el contrabando mundial de maderas preciosas.

21 marzo 2020 

Este material se comparte con autorización de El Salto

Publicado enMedio Ambiente
Barrios en Mumbai. Foto cortesía de @johnny_miller_photography

Un nuevo estudio de la Universidad de Leeds calcula la distribución de la huella energética entre distintos países y grupos de ingresos.

En tiempos de crisis climática -y en estos momentos, sanitaria- los que más sufren son los que menos responsables del desastre y los que menos recursos tienen. La energíael sector que más contribuye en España al calentamiento global de la atmósfera, es el ejemplo perfecto para mostrar la enorme disparidad entre los que más tienen y los que menos: el 10% más rico consume aproximadamente 20 veces más energía que el 10% más pobre.

Así lo concluye un estudio publicado este lunes en la revista científica Nature Energy. Realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Leeds, combinaron los datos de la Unión Europea y del Banco Mundial para calcular la distribución de las huellas energéticas y conocer en qué bienes y servicios de alto consumo energético tienden a gastar su dinero los diferentes grupos de ingresos. En total, se analizaron 86 países, desde los muy industrializados hasta los que están en vías de desarrollo, revelando una extrema disparidad en los resultados, tanto dentro de los países como a nivel mundial.

A medida que aumentan los ingresos, apunta el estudio, la gente gasta más de su dinero en bienes de alto consumo energético, como paquetes de vacaciones o vehículos, lo que conduce a una gran desigualdad energética. En este sentido, los autores hallaron que el 10% más rico de los consumidores con más recursos utilizan 187 veces más energía de combustible para vehículos que el 10% más pobre.

Enorme brecha energética en el transporte

Aunque las desigualdades son patentes en todos los sectores de consumo, es en el transporte donde se hace más evidente. Según la investigación, el 10% de los consumidores más ricos usaron más de la mitad de la energía relacionada con la movilidad, estando la gran mayoría basada en combustibles fósilesEstos últimos generan el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas a nivel global. En cuanto a aquellos combustibles usados en el hogar, ya sea para cocinar, la calefacción o la electricidad, se distribuyen de forma mucho más equitativa: el 10% más rico consume aproximadamente un tercio del total.

«Sin reducir la demanda de energía» de sectores como el transporte, «ya sea mediante gravámenes a los viajeros frecuentes, la promoción del transporte público y la limitación del uso de vehículos privados, o la tecnología alternativa como los vehículos eléctricos, el estudio sugiere que a medida que los ingresos y la riqueza mejoren, nuestro consumo de combustibles fósiles en el transporte se disparará», señala Yannick Oswald, autor principal del estudio. En el caso de la calefacción y la electricidad, el estudio apunta a que podría reducirse mediante programas de inversión pública a gran escala para la rehabilitación de viviendas.

Desigualdad energética entre países

El estudio pone también en relieve la distribución desigual de la huella de energía entre los distintos países analizados. Mientras que el 20% de los población española y británica pertenece al 5% de los principales consumidores de energía, en Alemania esta cifra asciende hasta el 40%, y en el caso de Luxemburgo al 100%. Estos datos contrastan con los de China, donde sólo el 2% de la población está en ese 5%, y con lo de India, donde la cifra se sitúa en el 0,02% de la población.

Estas grandes diferencias se hace aún más palpables al constatar que el 20% más pobre de la población del Reino Unido sigue consumiendo más de cinco veces más energía por persona que el 84% más pobre de la India. 

Asegurar una transición energética justa

Durante la última Cumbre de Clima celebrada en Madrid, un informe de Oxfam Intermon ponía en evidencia cómo la desigualdad extrema y la crisis climática van de la mano, siendo imposible entender la una sin la otra. Así, la investigación señalaba que solo el 10% más rico del planeta es 60 veces más responsable de las emisiones de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera que el 10% más pobre. En el caso de España, las emisiones por consumo del 10% de los hogares más ricos superan en 2,3 veces las del 10% más pobre.

En esta línea se manifiesta la doctora Anne Owen, coautora de la investigación. «El crecimiento y el aumento del consumo siguen siendo objetivos centrales de la política y la economía actuales», afirma. Para ella, «la transición a una energía con cero emisiones de carbono se verá facilitada por la reducción de la demanda, lo que significa que los principales consumidores desempeñarán un papel importante en la reducción de su consumo excesivo de energía».

Desde el equipo investigador advierten de que si no se reducen el consumo y no se realizan intervenciones políticas de calado, para 2050 -cuando el mundo debe alcanzar la neutralidad de emisiones- la huella de energía podría duplicarse con respecto a las de 2011, aunque mejore la eficiencia energética.

En esta línea, podría haber un aumento del 31% del consumo atribuido sólo al combustible de los vehículos, y otro 33% a la calefacción y la electricidad. Si el transporte sigue dependiendo de los combustibles fósiles, «este aumento sería desastroso para el clima«, señala el estudio.

Otra de las autoras del estudio, la profesora de Ecología Social y Economía Ecológica Julia Steinberger, incide en la idea de adoptar medidas detalladas sobre esta desigualdad para garantizar una transición energética equitativa y justa. Por ello, apunta a la necesidad de «considerar seriamente» el hecho de cómo «cambiar la distribución sumamente desigual del consumo mundial de energía y hacer frente al dilema de proporcionar una vida decente para todos y al mismo tiempo proteger el clima y los ecosistemas». 

Si bien es crucial pensar en términos de emisiones para la mitigación del cambio climático, esto pasa a ser secundario cuando se piensa en los niveles de vida, remarcan los autores.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/el-10-mas-rico-consume-aproximadamente-20-veces-mas-energia-que-el-10-mas-pobre/

Por Eduardo Robaina | 17/03/2020

Publicado enSociedad
Miércoles, 04 Marzo 2020 06:13

En guerra con la vida

Descontaminación de algodón en una hilandería en India.

Cuanto de forma más veloz se destruyen y se ponen en riesgo las bases materiales que sostienen la vida, más sanas están las economías

Los informaciones colaterales a la crisis del coronavirus arrojan cuestiones interesantes desde la perspectiva del ecologismo social y me animan a compartir con vosotros y vosotras algunas reflexiones.

Un informe de Carbon Brief destaca que las emisiones de CO2 de China se han reducido un 25% en las últimas dos semanas y el tráfico en la ciudad ha caído en torno a un 40% en Shanghái. Se debe, sobre todo, a la bajada de la demanda eléctrica, que ha  arrastrado a la baja el uso de carbón en centrales térmicas. Tanto las refinerías de petróleo como los fabricantes de acero presentan una significativa caída y el número de vuelos domésticos ha decrecido un 70%. 

El informe también desvela que el coronavirus ha reducido las emisiones globales de CO2 en 100 millones de toneladas, un 6% del total en ese período, y ha desencadenado una disminución considerable de los niveles de otros contaminantes atmosféricos, hasta un 36% en el caso del dióxido de nitrógeno.

Por supuesto, se trata de un proceso esporádico que desaparecerá en cuanto se resuelva  la emergencia sanitaria y se retome la actividad económica.

Si merece la pena detenerse un rato a pensar en esto, es porque nos enfrenta al dilema crucial de nuestra crisis civilizatoria: la economía convencional está en guerra con la vida. Cuando va bien, la vida corre peligro, cuando entra en crisis se recrudecen los procesos de desposesión pero es cuando tenemos que aprovechar para respirar. O dicho de otra manera, cuanto peor, mejor. Cuanto de forma más veloz se destruyen y se ponen en riesgo las bases materiales que sostienen la vida, más sanas están las economías.  

Javier Padilla en su libro ¿A quién estamos dejando morir? recuerda un hecho que sorprende por lo contraintuitivo: son las épocas expansivas más que las recesivas las que tienden a tener efectos nocivos sobre la salud. A mí me llamó la atención esta afirmación y busqué documentación al respecto. Así me encontré con un artículo de José A. Tapia en la revista Papeles en el que afirmaba que este fenómeno se ha comprobado en Estados Unidos, Japón, Alemania, España, Finlandia y los 28 países ricos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tomados en conjunto, y también en países de menor nivel de ingreso como Argentina, México y Corea del Sur.

Esta situación también afecta con frecuencia a los derechos sociales y laborales en la era del neoliberalismo. La llamada recuperación económica, la reanimación de la economía después de la última gran crisis, ha ido acompañada de un proceso de fragilización del derecho del trabajo, de las dificultades de muchas personas para conseguir una vivienda digna o mantener la que tiene, la pobreza energética o, de nuevo, el endeudamiento. Para recuperar la economía, es preciso empobrecer a la gente y a sus territorios.

Tenemos un problema civilizatorio: el haber construido la organización material de las sociedades en contra de la naturaleza de la que formamos parte y en contra de los vínculos y las relaciones que sostienen la vida.

En un texto que me encanta, hace ya diez años, Fernando Cembranos decía:

“Si se mira la realidad, sin dejarse llevar por la valoración de la economía convencional, se observa que una enorme máquina (formada por autopistas, fábricas, urbanizaciones, parkings, excavadoras, antenas, pegotes de chapapote, grúas, monocultivos, vertederos, centrales térmicas y residuos radiactivos entre otros), crece y crece comiéndose la riqueza ecológica (base de la vida) que encuentra a su paso: la capacidad de realizar la fotosíntesis, los ríos limpios, las relaciones comunitarias, las variedades de semillas, los bosques autóctonos, las relaciones cara a cara, la biodiversidad, los juguetes autoconstruidos, los caminos de tierra, los animales de los que tuvimos noticia en nuestra infancia, las maneras poco costosas (energéticamente) de calentarnos y enfriarnos, las aguas subterráneas no contaminadas, la fertilidad del suelo, etc. El metabolismo de la sociedad tecno-industrial se alimenta de los elementos que generan la vida mientras y va dejando atrás residuos tóxicos, desiertos, suelos pobres y contaminados, riberas muertas, superficies cementadas, radiactividad, mentes homogéneas y un futuro incierto para la mayor parte de las personas y las especies de la Tierra.”

La racionalidad económica dominante camufla las pérdidas y destrozos de las bases materiales que sostienen la vida como desarrollo. La extracción y degradación de materiales finitos de la corteza terrestre, la apropiación y privatización de los bienes comunes y, por tanto, la desposesión y generación de escasez para la mayor parte de la gente, la emisión de residuos y la ruptura de los ciclos de materiales de la naturaleza, la pérdida de biodiversidad y la alteración de los ciclos naturales son la contrapartida del crecimiento económico en un planeta con límites.

Los intereses económicos crecen con frecuencia a costa del miedo y la inseguridad. El abordaje de las migraciones como una amenaza convierte a las personas migrantes en la materia prima de un negocio boyante de la seguridad de fronteras; la pobreza relacional y comunitaria y la crisis de cuidados ofrecen “oportunidades” y crea nuevos nichos de negocio ante los que determinados intereses se frotan las manos. Incluso para que el negocio de la estética del cuerpo crezca, la economía y el aparato publicitario nos tiene que convencer previamente de nuestra fealdad y de la obligación de que los cuerpos, como las mercancías, tengan que estar siempre nuevos y flamantes. 

La sacralidad del crecimiento económico, la concepción de la economía actual como la única posible se ha transformado en una verdadera religión civil. La mejora de los indicadores bursátiles, el crecimiento del PIB y sobre todo las cuentas de resultados de fondos de inversión y el reparto de dividendos exigen sacrificios. Merece la pena sacrificar todo con tal de que crezcan. Solo las ocasiones en las que la economía fracasa, los indicadores biofísicos mejoran. El problema es que se ha conseguido implantar en la cabeza de mucha gente que el interés de los dueños de las grandes compañías y fondos de inversión es lo mismo que el interés general.

Durante décadas, afrontar esta contradicción esencial ha sido el empeño de parte del movimiento ecologista y desde hace siglos la lucha central de pueblos originarios y sociedades que en las zonas que han sido históricamente utilizadas como minas y vertederos tratan de defenderse ante ella. 

De forma más reciente, una parte cada vez mayor de la comunidad científica está refrendando lo que las economías ecológica y feminista, que son dos visiones heterodoxas que se inscriben en la economía crítica, han venido señalando desde hace tiempo. 

Publicado enSociedad
El fantasma del colapso recorre el mundo

Las noticias que se acumulan estos días, traspasando la sobreexposición del coronavirus, son estremecedoras y nos llevan a imaginar que el colapso del sistema está comenzando.

El presidente de Turquía Reccep Tayyip Erdogan, abrió la frontera luego que un bombardeo sirio se cobró la vida de 50 soldados que están atacando la provincia de Idlib, que ese país quiere apropiarse. De ese modo, utiliza la desesperación de los civiles que huyen de la guerra como “arma geopolítica” (https://bit.ly/2TdPJTW).

En tanto, la policía griega dispara gases a los niños en la frontera para disuadir a toda la familia de ingresar a la Unión Europea (https://bit.ly/2TusNyr). Unos 15 mil refugiados, hasta el 2 de marzo porque las cifras crecen en horas, tiritan de frío en una zona de nadie entre Turquía y Grecia, mientras otros intentan ganar la orilla griega en pequeños botes, arriesgando la vida. En se marco, Grecia decidió suspender temporalmente el derecho de asilo (https://bit.ly/2TrVZpQ).

Esta vez no voy a hablar de los feminicidios en México, que según autoridades internacionales conforman una “crisis humanitaria” de la que culpan al Estado, porque “no hace prácticamente nada por paliar la situación”, como señaló la integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Rita Canto.

Desde Grecia, las compañeras nos informan que el Estado decidió prohibir los carnavales con la excusa del coronavirus. En respuesta, la población salió a la calle en masa para celebrar la festividad, ante el inevitable acoso policial, como puede observarse en estas imágenes (https://bit.ly/32Jrq3l). En el decreto se prevé dos años de cárcel para quienes no obedezcan.

La militarización del agua en Brasil merece un párrafo aparte. Un informe del diario Estado de Sao Paulo, destaca que los canales que desvían el agua del río San Francisco hacia las grandes haciendas de la fruticultura en el Nordeste, están siendo vigilados por guardias armados y drones, mientras se levantan muros para proteger el agua, convertida en negocio para exportar frutas al mundo.

“En Petrolina, Pernambuco, guardias armados al estilo Robocop, apoyados por drones se mueven en motocicletas vigilando el canal para que la población no tenga acceso al agua. Los habitantes de la zona necesitan arriesgarse, furtivos, para paliar la sed. Agricultores que están a menos de cien metros del canal, no tienen acceso” (https://bit.ly/38cnb1j).

Brasil posee el 12% de toda el agua dulce del mundo. El acceso al agua, abundante y limpia, fue libre durante siglos. Hasta los años 90 del siglo pasado casi no había conflictos por el agua. Pero en los últimos cinco años, fueron registrado 63.000 confrontaciones con intervención de la policía, mientras surgieron 223 “zonas de tensión” por el agua.

Aunque los casos son muy diversos, hay un patrón común: “El poder económico, el agronegocio, la administración de las hidroeléctricas, industrias y taladores ilegales, que quieren apropiarse de tierras fiscales, intentan de muchas maneras restringir el acceso a ríos y represas”. El mismo informe establece que el Estado los apoya y siempre salen perjudicados los pueblos originarios y negros, agricultores familiares y comunidades tradicionales.

A lo anterior habría que sumar los millones de personas aisladas en cuarentena en el mundo, particularmente en China, pero cada vez más en Europa. ¿De qué normalidad podemos hablar cuando los migrantes centroamericanos son golpeados, encarcelados o expulsados cuando cruzan la frontera hacia México?

No tengo claro si las personas que leen estas líneas tienen clara la gravedad de la situación. No es cualquier momento el que estamos viviendo, sino el más grave desde, pongamos, el año 1347. Sí, desde hace casi siete siglos. Ese año comenzó la Peste Negra, que en apenas cinco años se llevó a dos tercios de la población europea y creó las condiciones para el ascenso del capitalismo, ante la neutralización de las trabas sociales que le impedían independizarse y alzar vuelo.

Al final de su exhaustivo libro, Ole Benedictow escribe: “La peste negra aceleró la evolución y transformación de la sociedad y la civilización europeas medievales hacia su forma histórica moderna”. Y concluye: “También aceleró el hundimiento de las estructuras y mentalidades económicas feudales y la aparición de una dinámica economía de mercado predominantemente capitalista y de las actitudes y mentalidades innovadoras que la acompañaron” (La Peste Negra, p. 521).

En esas estamos. “Ellos” conocen la historia y saben que estamos en un momento de viraje que cambiará el mundo. Mientras, nos toca a “nosotras” decidir qué haremos.

2 marzo 2020

Publicado enSociedad
Bogotá, Sendero de las Mariposas. Comunicado contra las declaraciones de la Administración Distrital, gobierno nacional y CAR

Desde la Mesa de Cerros Orientales, denunciamos públicamente ante los habitantes de Bogotá y Colombia, así como ante las instituciones competentes, la vulneración de derechos de las comunidades de los Cerros Orientales por parte del proyecto Sendero de las Mariposas, en cabeza de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Dicho proyecto, impulsado por la anterior administración distrital de Enrique Peñalosa, pone en riesgo a los ecosistemas de los Cerros Orientales y a las distintas comunidades que históricamente los han habitado, cuyos derechos fueron reconocidos con el fallo del Consejo de Estado de 2013. En él se ordenó la consolidación de la Franja de Adecuación, donde se contempla una zona de consolidación de borde urbano (allí se encuentran nuestros barrios), para la contención de la expansión de la ciudad; y una zona de Aprovechamiento Público Prioritario cuyo suelo es de carácter rural y donde se propone desde el Fallo, que existan zonas de parques, de restauración ecológica, avistamiento de aves, huertas agroecológicas, entre otras, que sean de acceso público.

Como comunidades, hemos denunciado que el Sendero de las Mariposas se encuentra plagado de irregularidades frente al fallo del Consejo de Estado. Además de destinar un multimillonario presupuesto para su construcción, desviando los recursos públicos que deberían corresponder a la gestión del riesgo en los Cerros Orientales y la adaptación al cambio climático de la ciudad. Dispone, asimismo, de recursos provenientes de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, poniendo en riesgo financiero dicha entidad, pues los recursos provienen de un cupo de endeudamiento, como fue denunciado ampliamente por los trabajadores de la EAAB ESP.

A pesar de las graves irregularidades y falencias de fondo, el miércoles 26 de febrero, el Ministro de Ambiente, el director de la CAR y la Alcaldesa Mayor de Bogotá, emitieron declaraciones sobre el Sendero en las que dan a entender que su construcción será un hecho. Estas declaraciones desconocen el proceso de licenciamiento ambiental ante la ANLA, cuyo trámite no puede avanzar sin que antes se realice la Audiencia Pública Ambiental que, como comunidades de los Cerros Orientales, solicitamos el año pasado y que fue suspendida por las irregularidades del proyecto y la falta de participación de las comunidades afectadas, reconocidas por la tutela T- 003333 del 2019 del Juzgado primero Administrativo Oral del Circuito Judicial de Bogotá y confirmada por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, toda vez que se demostró que se violó el derecho al acceso a la información en conexidad con el derecho a la Participación Ciudadana, en la medida que para el trámite de la Audiencia de Información y la misma Audiencia Publica Ambiental, requiere que las comunidades tengan acceso a la información en los tiempos oportunos.

Lo anterior, respecto a la información que se requiere en el trámite de licenciamiento, pero, se tienen más elementos probatorios junto con los hechos jurídica y socialmente relevantes, que, en su debido momento se presentarán y ante las instancias legales y de control pertinentes, tanto en el trámite que cursa, el juzgado de la tutela, el mismo tribunal y el Magistrado que está haciendo el seguimiento, como a otros entes y vigilancia desde el control social.

Si bien la secretaria de Ambiente, Carolina Urrutia, hizo la aclaración señalando que están pendientes de la licencia para ver de qué forma proceder, la declaración de las otras instituciones y de la propia alcaldesa, deja ver que se están ignorando las denuncias que se han hecho sobre el Sendero. Pasado por encima del contenido del Compromiso Ambiental Por Bogotá, que ella misma firmó en septiembre del año pasado en campaña, cuyo numeral cinco (5) se compromete a cumplir con el Fallo del Consejo de Estado y no construir el Sendero de las Mariposas.

5. Iniciar en 2020 el cumplimiento de la orden de la orden de la sentencia del Consejo de Estado de poner en marcha gradualmente un área de aprovechamiento ecológico con fines recreativos en la Franja de Adecuación de los Cerros Orientales, de acuerdo con el Plan de Manejo del Área de Ocupación Pública Prioritaria de la Franja de Adecuación (Decreto 485 de 2015), formulado conjuntamente por la CAR, el Ministerio de Ambiente y la Alcaldía de Bogotá. Se mantendrá la clasificación del suelo rural de esa área, para evitar nuevas construcciones. El área de aprovechamiento ecológico reemplazará el Sendero de las Mariposas, que no tiene nada que ver con la sentencia, y los recursos serán direccionados a su financiación. En el Área de Consolidación del Borde Urbano, con participación de las comunidades de los Cerros, culminar los procesos de legalización y mejoramiento integral, así como adelantar investigaciones sobre tecnologías alternativas para la gestión del riesgo.”

Por lo anterior, exigimos que se respeten los derechos de las comunidades de los Cerros Orientales y de la ciudadanía en general. Exigimos que se brinde toda la información del Sendero de las Mariposas para la realización de la Audiencia de información y la Audiencia Pública Ambiental correspondiente, con garantías de participación y asistencia de las comunidades afectadas. Exigimos que se reconozcan las propuestas de los pactos de vida, los ecobarrios, los caminos ancestrales, los viajes de barrio y demás alternativas que desde los cerros proponemos para que como ciudadanía bogotana nos reconectemos con la naturaleza. Exigimos, por último, a la alcaldesa Claudia Nayibe López, que cumpla el Compromiso Ambiental por Bogotá, sea consecuente con lo manifestado públicamente durante la campaña electoral y proteja la Estructura Ecológica Principal de la ciudad.

Invitamos a medios de comunicación y periodistas a que participen en la rueda de prensa sobre él Sendero de las Mariposas que realizaremos el próximo 4 de marzo a las 3 pm en las oficinas de Planeta Paz Calle 30 A No 6 – 22 Of. 2701.

 

#MariposasSíSenderoNo

¡Ninguna decisión sobre [email protected], sin [email protected]!>

 

Artículos relacionados

“Sendero de las Mariposas”: ecocidio en los Cerros Orientales

Abril de 2019

Los enredos del POT de Bogotá

Julio de 2019

El sendero de las mariposas: un camino que lleva a ninguna parte

Julio 2019

Publicado enColombia
Malnutrición y cambio climático amenazan la salud infantil: ONU

La infancia está desprotegida en todo el mundo frente a la amenaza inmediata que suponen para su salud el cambio climático y la mala alimentación, de acuerdo con un informe de la Organización de Naciones Unidas (ONU) publicado ayer en la revista médica británica The Lancet.

Los avances de los últimos 20 años en el ámbito de la salud infantil se encuentran "en punto muerto" e incluso "amenazados", afirman los autores del informe encargado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

El grupo de 40 expertos independientes en salud infantil sostuvo que ningún país está protegiendo a estas generaciones de los nocivos impactos de las emisiones de dióxido de carbono, la destrucción de la naturaleza y de los alimentos procesados y altamente calóricos.

El calentamiento global, provocado esencialmente por los países ricos, "amenaza el futuro de todos los menores", al suponer una nueva amenaza para su salud que va desde las olas de calor hasta la propagación de enfermedades tropicales.

El informe también denuncia la publicidad de los alimentos grasos, azucarados, del alcohol y del tabaco y su efecto pernicioso entre el público infantil.

"El mensaje principal es que ningún país está protegiendo la salud de los niños ni hoy ni en el futuro", según Anthony Costello, director del Instituto de Salud Global del University College de Londres.

El informe incluye una clasificación de 180 países en función de los índices de mortalidad infantil, educación y alimentación. República Centroafricana y Chad se sitúan al final de la lista, mientras Noruega y Holanda la encabezan.

Sin embargo, este escalafón se invierte cuando se analiza el impacto de la contaminación del aire respecto de las emisiones de dióxido de carbono per cápita.

"Los líderes mundiales están fallando a los niños y a la juventud: no protegen su salud, sus derechos ni su planeta", denunció el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Unos 250 millones de niños menores de cinco años en países con ingresos bajos y medios corren el riesgo de sufrir retraso debido a malnutrición, sostienen los autores del informe.

Al mismo tiempo, el número de niños obesos en el mundo se multiplicó por 11 desde 1975 y alcanzó 124 millones.

En algunos países, los niños ven hasta 30 mil anuncios en televisión cada año y pese a las regulaciones, un estudio mostró que, por ejemplo, los niños en Australia están expuestos a 51 millones de anuncios de bebidas alcohólicas.

"Y la realidad podría ser peor con la enorme expansión de la publicidad en las redes sociales."

Publicado enSociedad
 Un indígena guaraní fuma una pipa junto a un árbol talado por desarrolladores en Sao Paulo. Andre Penner AP

La norma propuesta debe ser aprobada por el Congreso y enfrenta el rechazo de los pueblos originarios y los ambientalistas, quienes la consideran "genocida"

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, anunció esta semana que presentará un proyecto de ley en el Parlamento que permitiría la explotación de recursos en tierras indígenas protegidas. La iniciativa —que incluye la minería, la extracción de petróleo y gas, la construcción de hidroeléctricas y la exploración de tierras para agricultura, ganadería y el extractivismo forestal— será enviada al Congreso para su tramitación, donde se enfrentará al rechazo de la comunidad indígena y de los ambientalistas, que califican la propuesta de “genocida”. La Constitución de Brasil prevé la minería en estas reservas, pero hasta el momento no se ejecuta porque prescinde de un desarrollo normativo que la regule y además debe contar con la aprobación de la población indígena. Por estas causas, no hay declarada ninguna mina oficial en las 619 áreas indígenas localizadas en el país, aunque esté probada la existencia ilegal de decenas de ellas, principalmente en la región amazónica, donde mineros que practican la actividad de forma ilícita han asesinado a indígenas de la región.

El proyecto de Bolsonaro también prevé que se permita la exploración de tierras de los pueblos originales para el turismo, la agricultura, la ganadería o el extractivismo forestal. Y sugiere que el Parlamento consulte a los indígenas sobre su propuesta, pero que se les impida ejercer su derecho a veto, una solicitud que iría en contra de la Constitución del país.

El presidente, que anunció la incitativa durante la celebración de sus 400 días en el poder, presionó al Legislativo para que apruebe su propuesta y declaró que, si pudiera, encerraría a los ambientalistas en la Amazonia. “Este gran paso depende del Parlamento, que sufrirá la presión de los ambientalistas. Esos del medio ambiente”, dijo con su habitual estilo de desprecio a los defensores de la naturaleza. “Si un día pudiera, los encierro en la Amazonia, ya que les gusta tanto el medio ambiente, así dejan de molestar a los amazónicos aquí desde dentro de las áreas urbanas”, señaló.

En su discurso alegó que los indígenas son “seres humanos”. “Exactamente iguales que nosotros. Tienen corazón, sentimientos, tienen alma, deseos, y son tan brasileños como nosotros”, añadió. La frase refuerza la idea del actual Gobierno —que evoca al pasado de la dictadura militar— de que los indígenas deben “integrarse” a la sociedad no indígena.

Según el comunicado emitido por el Ministerio de la Casa Civil, las comunidades indígenas afectadas por la industria minera percibirían indemnizaciones de las empresas que exploten las áreas y se contaría con consejos de vigilantes que estarían compuestos únicamente por indígenas. El texto prevé también que los indígenas puedan explorar las áreas en las que residen. El pasado enero, el Ministerio de Minas y Energía brasileño ya había realizado una reunión para presentar el proyecto a todos los embajadores europeos en Brasilia y dejar claro que Bolsonaro va a insistir en su objetivo.

Entidades vinculadas a las comunidades indígenas protestaron contra la medida y recordaron que Bolsonaro está obligado a respetar los derechos constitucionales de los indígenas, incluido el de mantener las particularidades de sus modos de vida. La ONG Observatorio do Clima advirtió a los presidentes de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia; y del Senado, David Alcolumbre, de que rechazarían este tipo de propuestas. “Esperamos que cumplan sus palabras y no acepten este proyecto genocida. Ambos se habían comprometido a no someter a votación aquellas propuestas que amenazasen a los bosques ni a los pueblos tradicionales. Es hora de poner a prueba esa determinación”, escribió la asociación en una nota.

Desigualdad

Para estas poblaciones, la explotación económica traerá como consecuencia la desigualdad en las comunidades, la devastación forestal acelerada y la desaparición de especies nativas del planeta. El último informe de la ONU, de 2019, sobre la velocidad con la que las especies se están extinguiendo —una de cada ocho está amenazada—, subraya que esta destrucción de la naturaleza es más lenta en las tierras donde viven los pueblos indígenas.

El proyecto de exploración de áreas indígenas no es el único punto del Gobierno de Bolsonaro que preocupa a los indigenistas. Las últimas semanas, su gestión fue objeto de varias críticas por haber designado al exmisionero evangélico Ricardo Lopes Dias como nuevo coordinador de indígenas aislados. En un comunicado, el Consejo Indigenista Misionario (CIMI) afirmó que el presidente ha dejado de respetar la existencia libre de los pueblos indígenas y que fomenta el genocidio de dicha población.

Por Afonso Benites

Brasilia 6 FEB 2020 - 22:36 COT

Publicado enInternacional
Los activistas climáticos deben evitar "la enfermedad de Davos"  Jem Bendell

Cuando el presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial (WEF) anunció el tema para Davos 2020, explicó que: “La gente se está rebelando contra las ‘élites’ económicas porque creen que les han traicionado…

Por si no te diste cuenta, el profesor Klaus Schwab no recibió bien la noticia. No estaba celebrando el levantamiento de la gente pidiendo un sistema económico diferente frente a las crisis climática y ecológica causadas por la sociedad industrial consumista. En su lugar, estaba alertando a los delegados de Davos de la amenaza al sistema que sustenta sus privilegios. Es importante entender esto, ya que enmarca cualquier respuesta potencial que el WEF y sus delegados puedan dar a los activistas climáticos que participan en la cumbre este año. Puede parecer razonable comprometer a las elites mundiales en la búsqueda de un cambio rápido, pero después de que yo mismo lo he estado intentado durante años, las pruebas que apoyan esta estrategia son escasas. Explicaré por qué, antes de abordar lo que los activistas podrían plantearse en su lugar.

Recuerdo cuando en 2013 el profesor Schwab me recibió en Davos como uno de los “jóvenes líderes mundiales”, diciéndonos que no había nada malo en ser elite. Recuerdo que pensé que depende de cuánta explotación, injusticia y degradación medioambiental nos mantiene en ese lujo y si tenemos la clase de influencia equivocada en el mundo. ¿Por qué alertaría a las elites de la reacción negativa actual? Es en parte una invitación a que intenten abordar los problemas mundiales con más intensidad. A medida que la ciencia y los efectos del cambio climático empeoran cada mes, el profesor Schwab dijo “...nuestros intentos de mantener el calentamiento global a 1,5º C se están quedando peligrosamente cortos”. Dibujó un escenario preocupante como contexto para lanzar un nuevo “Manifiesto de Davos” sobre el papel de las empresas en la sociedad. Échale un vistazo al texto y el manifiesto parece positivo al invitar a los ejecutivos de las empresas a centrarse más en los problemas globales como el cambio climático que en la maximización de beneficios. Sin embargo una lectura más profunda revela que el Foro y su estrategia hacia el desastre climático mundial no es inefectivo ni, lo que es peor, realmente antitransformador porque distrae de lo que se necesita realmente.

En el Manifiesto de Davos no se declara nada sobre cambiar el sistema que nos está llevando a una pesadilla ecológica. No hay nada en el Manifiesto sobre que las empresas no socaven la democracia o el papel del Estado para hacer las intervenciones necesarias en los mercados, para promover la justicia social, mientras reducen la desigualdad y la destrucción medioambiental. Por ello, el Manifiesto de Davos ignora la causa de los problemas a los que supuestamente está respondiendo. La sección final del manifiesto llama a que las corporaciones globales se impliquen de manera más positiva en los asuntos globales. Pero demuestra cómo sus autores no tuvieron en cuenta que creer en la representación política significa que hay un problema con que las empresas globales ejerzan más influencia global.

¿Puede cambiar algo si las elites se dan cuenta de que hace falta cambiar el sistema económico? Algunos lo pueden esperar. Podrían apuntar a cómo Davos está dando la bienvenida este año a algunos representantes de los movimientos de protesta. Los activistas primerizos pueden, por un momento, verse seducidos por la idea de que pueden salvar a la humanidad usando las palabras correctas a la hora del canapé. Sin embargo la WEF siempre ha dado la bienvenida a activistas y contrarios para ayudar a legitimar sus paneles sobre asuntos globales. Esos mismos paneles ofrecen a los jefes corporativos y a los economistas neoliberales otra plataforma más para hacer girar sus limitadas narrativas sobre cualquiera que sea la preocupación pública que acapare las noticias ese año.

Los activistas necesitan aprender de lo que no ha funcionado. Podrían hablar con activistas que durante décadas han intentado que las elites se comprometan. Cuándo fui esa vez a Davos el secretario general de Amnistía, Kumi Naidoo, me dijo que los activistas necesitan entender que el acceso no implica influencia. Los activistas también podrían mirar a los precedentes de si aquellos en el poder normalmente cambian o no cambian los sistemas que sustentan sus privilegios. En particular, los activistas climáticos necesitan aprender sobre economía y poder con la rapidez suficiente para encontrar caminos para el cambio que tienen más trayectoria que pedir a los jefes de grandes organizaciones que cambien lo que no tienen poder para cambiar. No tenemos tiempo para que los activistas climáticos cojan la “enfermedad de Davos” y piensen que pueden cambiar el mundo pidiéndoselo a las élites actuales.

Una vez dentro de los pasillos del poder, los activistas pueden escuchar lo que yo escuché a menudo en los eventos de Davos. “Oh, a los críticos les gusta quejarse, pero no tienen soluciones que ofrecer”. Esa es una mentira conveniente, mientras los delegados intentan asegurarse los unos a los otros que son personas decentes y capaces, a medida que el mundo en el que tuvieron éxito comienza a desmoronarse a su alrededor. Había muchas más soluciones políticas para los problemas mundiales de pobreza, desigualdad y conservación cuanto teníamos un clima estable. Mira cualquier manifiesto del Partido Verde de finales de los 80 y con esas políticas quizá no hubiésemos llegado ahora a esta crisis. En su lugar, organizaciones como el WEF y sus miembros apostaron por un Estado menos influyente, extendiendo los mercados y facilitando el capitalismo financiero global, con el mantra de que el crecimiento económico nos salvaría de todos los problemas. Recuerdo un evento de Davos en el que se nos dieron unas pequeñas tarjetas que nos preguntaban que reflexionásemos seriamente sobre una cosa que podríamos hacer “para contribuir al crecimiento económico”. Ahora que ha pasado el tiempo me puedo reír de esto, pero en ese momento la tarjeta me apuñaló el alma.

¿Cuáles son las soluciones ahora, a medida que el clima cambiante amenaza con desestabilizar nuestras sociedades? Es claramente más difícil después de décadas perdidas con la ideología neoliberal. Todavía necesitamos una transformación económica, pero no para detener el desastre, simplemente para ayudar a reducir los daños y comprar algo de tiempo extra para la humanidad. Expliqué en un blog de Extinction Rebellion (XR) algunas de las ideas sobre políticas para esa transformación. La clase de cambios para conseguir rápidamente unas emisiones de carbono cero son tan drásticos que tienen que venir acompañados de fuertes políticas de redistribución de riqueza si no queremos que deriven en revueltas generalizadas.

Sin embargo también necesitamos admitir que la amenaza de perturbaciones a las que ahora se enfrenta la humanidad no tiene precedentes. Se necesita un paradigma de debate político completamente nuevo, al que llamo Adaptación Profunda. ¿Podrían las elites en el poder unirse a ese proceso sin traer sus ideologías obsoletas de crecimiento, progreso, emprendimiento heroico y supremacía tecnológica? Después de haber debatido con ellos en cumbres durante las décadas pasadas lo dudo seriamente. Como escribí a los ejecutivos que expresaban su apoyo a XR, les dije que el mejor manifiesto de los lideres económicos debería comenzar con “hemos fracasado, estamos equivocados”.

Así que ¿por qué molestarse en hablar sobre Davos?

Creo que los debates en Davos ofrecen una prueba de fuego para ver qué harán las elites en el poder cuando despierten a la escala del desastre al que se enfrenta la humanidad. Los resultados iniciales sugieren que seguirán reinventando los mismos mensajes autoapaciguadores sobre cómo usar su poder con más empatía. Quizá mientras construyen un bunker en secreto, con la vana esperanza de que sus guardas de seguridad acudirán a trabajar si la sociedad comienza a desmoronarse.

Cualesquiera que sean las iniciativas verdes del WEF, nuestro creciente caos climático prueba que el modelo corporativo de dirigir el mundo ha fracasado. El único manifiesto que necesitamos de Davos es sacar el dinero de sus miembros de la política y de los medios y dejar que la gente ordinaria decida cómo responder a la crisis global que han presidido las elites actuales.

Si algún activista está leyendo esto ahora desde Davos le recomiendo que olvide cualquier esperanza de ver alguna medida significativa de los delegados actuando como una “clase” de personas que trabajan juntos para responder a tus preocupaciones. No sucumbas a esa “enfermedad de Davos”. En su lugar, busca desobedientes potenciales que podrían ayudarte a hacer lo que ya has decidido que es importante. Así que dirígete directamente a los billonarios y pídeles una donación totalmente desinteresada para tu activismo de base. Si ellos piden influenciar de alguna manera lo que estás haciendo, diles que vayan a masajear su ego con otros. Luego, después de eso, encuentra algún líder de alguna organización benéfica importante, de un sindicato o un líder espiritual que aparezca en Davos y debate sobre los pasos a seguir para una huelga general global que demande que todas las empresas coloquen la mitigación y la adaptación climática antes que el crecimiento de sus negocios y de la maximización de beneficios.

jembendell.com

Traducido por Eva Calleja

Publicado enMedio Ambiente
Ilustración tomada de Yorokobu

«En eso apareció el famoso chullachaqui, el guardián de las selvas amazónicas. Me invadió el temor pero pronto caí en cuenta que tenía un rostro triste, muy triste».

Durante mucho tiempo había estado evadiendo con mil argucias la gentil invitación de don Benja de participar en una sesión de ayahuasca. Debo confesar que de un lado rechazaba la idea de incorporar a mi humanidad una sustancia extraña pero de otro lado tenía una infinita curiosidad por conocer los efectos de la ingesta de la ayahuasca, del cual habían hablado tanto los materos y los vegetalistas amazónicos en interminables conversaciones nocturnas después del trabajo forestal del día. Hasta que un día sucumbí. De esto ya hace varios años.

Esa inquietante noche, en una vetusta maloca, don Benja, junto con otros vegetalistas, empezaron la sesión. Después de la etapa preparatoria ya estábamos listos para participar en la experiencia. Pude sentir que lentamente mi cuerpo se empezaba a adormecer desde la punta de los dedos del pie y el adormecimiento subía gradualmente hasta cubrir todo el cuerpo. Aunque el cuerpo estaba adormecido no perdía la conciencia porque podía escuchar a los vegetalistas convocar a las plantas y el concierto de sapos e insectos de la selva. De pronto sentí que de ambos oídos me salían silbando unas espirales verdes fosforescentes. Luego llegó la calma. Como había escuchado que la ayahuasca te permite ver el futuro aproveché la oportunidad para preguntar a la madre de las plantas cuál era mi futuro. Fue curioso ver como una película escenas con tonalidades de blanco.

De pronto me vi en medio de la selva como si fuera una escena real con todo su esplendor, misterioso, mágico, cautivante y sobrecogedor a la vez. En eso apareció el famoso chullachaqui, el guardián de las selvas amazónicas. Me invadió el temor pero pronto caí en cuenta que tenía un rostro triste, muy triste, pudo más mi empatía y compasión y le pregunté por qué estaba acongojado. Entonces con voz gutural pero entendible empezó su relato.

Me siento muy triste porque vienen hombres a extraer los árboles sin pedir permiso y sin tener los cuidados necesarios para respetar la selva. Ellos solo ven la madera u otros productos de interés comercial pero no saben el sufrimiento de plantas y animales. He sabido que su principal motivación es convertir los bosques en dinero y no saben que con sus acciones destruyen vidas, familias, comunidades y rompen el tejido de la vida. Para ellos los bosques son cosas, no saben del pensamiento y del sentimiento de la selva. Ellos son sordos al diálogo de plantas y animales.

Entonces le dije, que no todos son así, que hay personas que sí respetan las selvas, que  hacen manejo forestal, que usan ciencia, tecnología y las leyes para no afectar las selvas. Eso no es suficiente, me dijo molesto y levantando la voz. Para ellos la selva solo es una mina que ofrece sus riquezas sin devolver lo que corresponde, no son agradecidos. No saben que plantas y animales tienen necesidades de florecimiento, de ser como quieren ser. Aves, monos, insectos y ranas me dicen por ejemplo que cuando extraen los grandes árboles se quedan sin hogar, sin comunidad y sin motivaciones para celebrar la vida… De pronto vi cómo la imagen se desvanecía y su voz se hacía cada vez más ininteligible. Lentamente recuperé mi estado consciente.

Creo que había perdido la noción del tiempo, para mi había sido un diálogo muy corto pero en realidad habían pasado dos horas. Confieso que como nunca había estado más cerca de una dimensión desconocida en la cual no caben explicaciones racionales. La voz del chullachaqui resonaba en mí lo que me dejó un impacto muy profundo. Desde ese momento supe lo importante que era ver la vida, más allá de un producto comercial, supe que no bastan las intenciones de hacer bien las cosas si es que no estamos entendiendo la filosofía de las selvas. Reconocí la importancia de pedir permiso y de ser respetuoso no solo de las leyes humanas sino del arreglo de la comunidad de vida de las selvas.

Ahora que evoco a la distancia tan magnífica experiencia de juventud, me pregunto qué estará diciendo el chullachaqui. Me pregunto qué tanto hemos avanzado en festejar la vida, con respeto, con ética, con cuidado. Creí entender que el chullachaqui no estaba prohibiendo, estaba reclamando por empatía, por compasión, por equidad, por reciprocidad. Me pregunto si alguna vez escucharemos los reclamos del chullachaqui.


Por Rodrigo Arce Rojas es Doctor en Pensamiento complejo por la Multiversidad Mundo Real Edgar Morin. Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

23 enero 2020 

Publicado originalmente en Servindi

 

 

 

Publicado enMedio Ambiente
Las fábricas de ladrillos delinean un cinturón de contaminación que aporta en torno al 60% de la contaminación atmosférica de Dacca. Zigor Aldama

Bangladés es buen ejemplo de todo lo que no se debería hacer para vivir saludable: su atmósfera y sus ríos son tóxicos. Y además, existe una tercera polución, invisible y grave: la acústica

 

A finales de 2016, el río Buriganga gritó "¡Basta ya!". Sobreexplotado por las fábricas de cuero del barrio de Hazaribagh, y envenenado tanto por sus vertidos tóxicos como por la falta de sistemas de saneamiento y la mala costumbre de tirar toda la basura al agua, esta arteria de la capital de Bangladesh dejó de albergar vida. Los niveles de oxígeno en su caudal, del que se abastecen unas 180.000 personas, cayeron tanto que los peces, que sobrevivían a duras penas, acabaron flotando. Lo que sí había en cantidades generosas era cromo, un agente cancerígeno.

La contaminación del aire también alcanzó niveles tan peligrosos que las afecciones respiratorias y de piel se dispararon. Grupos ecologistas señalaron a Hazaribagh como uno de los lugares más contaminados del planeta, y la situación derivó en una crisis medioambiental y sanitaria que obligó al Gobierno a tomar medidas: en abril de 2017, ordenó la reubicación de unas 150 curtidurías que, por si fuese poco, a menudo utilizaban mano de obra infantil. A algunas que se resistían incluso se les cortó el suministro eléctrico.

Teóricamente, los negocios fueron reubicados a las afueras de Dacca, en el distrito de Savar. Los dirigentes prometieron que se construirían dos depuradoras para asegurar que los vertidos tóxicos no contaminasen el río que discurre paralelo, el Daleshwar. Y, efectivamente, las instalaciones ya están acabadas. Pero de ahí a que desempeñen su función va un trecho.

Tal como se aprecia al acceder a los puntos en los que las depuradoras vierten el agua, son gigantescas las tuberías que discurren semienterradas de forma perpendicular a la orilla del río. Es fácil dar con sus bocas. Solo hay que buscar el punto en el que el caudal cambia de color. Las instalaciones vomitan una densa espuma blanca y líquido de tonos que van del carmesí al azul. El hedor es intenso, pero algunos lugareños se acercan hasta aquí todos los días para esperar con expectación el momento en el que las plantas descargan. La razón es sencilla: los peces mueren al instante y es más fácil recogerlos cuando flotan que lograr que muerdan el anzuelo. Ese pescado acaba en mercados locales.

Una de las plantas está gestionada por una empresa china; la otra es estatal. Ninguna aceptó responder a preguntas para este reportaje. También impiden tomar fotografías en los aledaños. Una de las fábricas, sin embargo, permite la entrada bajo la exigencia de que no se revele su nombre. Y es fácil entender por qué prefiere mantenerse en el anonimato: el procesado y el teñido de la piel se realiza en condiciones penosas.

Muchos de los trabajadores, algunos de los cuales parecen adolescentes, realizan su trabajo descalzos y sin ningún tipo de protección. A su alrededor hay multitud de bidones con químicos que las etiquetas califican como tóxicos, corrosivos, y nocivos. El tinte se aplica en gigantescos barriles giratorios que son lavados a manguerazos. Todo ese líquido se canaliza hacia la calle y termina en la planta depuradora. “Pero es evidente que no se trata correctamente, porque el río se tiñe como las pieles”, afirma el propietario, que exporta sus productos sobre todo a China, pero también a Europa. “Esta operación de reubicación habrá servido para que mucha gente se llene los bolsillos, pero no para reducir la contaminación”, dispara.

Desafortunadamente, aunque las grandes curtidurías se han mudado, Hazaribagh sigue sin ser ningún paraíso. Muchos de los pequeños negocios continúan abiertos y contaminando lo que queda del Buriganga, y que lo hacen con tal falta de supervisión que hace unos días un taller quedó calcinado por un incendio. Gran parte del río se ha secado y es ahora un gigantesco vertedero al aire libre, lleno de plástico y de desechos de todo tipo: desde basura doméstica, hasta heces humanas.

Allí donde el Buriganga sí que tiene agua, la situación no es mejor. Decenas de personas lavan en sus fétidas aguas las sábanas de un hospital. Es ilegal, pero el centro afirma que no tiene noticia de que se haga allí porque ha subcontratado el servicio. En la orilla de enfrente, recicladores de plástico limpian los trozos de colores que obtienen tras su separación y triturado en el caudal negro, llenándolo de microplásticos y de trozos que se ven a simple vista. En medio del río, un tanque de Wasa, la empresa de aguas municipales, demuestra que Daca continúa abasteciéndose aquí.

Este ejemplo puede parecer extremo y puntual. Pero no lo es. La contaminación de las costas y de los numerosos ríos que surcan Bangladés, es muy severa. Y el problema no se limita al agua. Según el estudio La Calidad del Aire Mundial de la suiza IQAir, Bangladés es el país más contaminado del mundo y Dacca la segunda capital con la mayor concentración de partículas en suspensión. Esa última es una coyuntura que se aprecia bien en la maniobra de aproximación al aeropuerto de la ciudad, mientras se sobrevuela una densa capa de contaminación.

La fuente de la que mana gran parte de estas partículas nocivas también se aprecia claramente desde el aire: las fábricas de ladrillos dibujan un cinturón de chimeneas humeantes que ahogan a Dacca. Su tamaño abruma. Según datos de la Asociación de Fabricantes de Ladrillos de Bangladés, el país cuenta con 7.000 fábricas que emplean en torno a un millón de personas y que producen 23.000 millones de ladrillos al año, una cifra que lo convierte en el cuarto fabricante mundial. En conjunto, ingresan unos 2.300 millones de dólares y contribuyen un 1% al producto interior bruto del país.

También se estima que son la fuente del 60% de la contaminación atmosférica de la capital. Y no cuesta entender por qué. El barro con el que se producen los ladrillos se extrae de las márgenes del río, y, después de ser mezclado con agua, amasado, y secado, es transportado hasta el gigantesco horno con una chimenea en el centro en el que será cocido. Los ladrillos se colocan en paredes radiales entre las que se deja un espacio para echar carbón. Cuando toda la superficie ovalada está llena, se cubre con arena y se prende fuego dentro. La chimenea comienza entonces a escupir un intenso humo que llena todo de un polvo negruzco.

 “En un horno pueden entrar hasta 800.000 bloques por cada tanda. Durante los seis meses de la época seca, que es cuando podemos trabajar, fabricamos unos cuatro millones”, comenta un capataz llamado Ahmed. Según un estudio de la Universidad de Stanford, cada fábrica emite 53 toneladas de CO2 por temporada. No es de extrañar que las enfermedades respiratorias y cardiovasculares de quienes residen cerca de una sean muy elevadas. Y su efecto se siente incluso en la cosecha de cereales y verduras, afectada por la contaminación de la tierra.

Aunque el Gobierno ha prometido ir retirando licencias a quienes no apuesten por energías más limpias —que no utilizan fuego—, lo cierto es que las fábricas de ladrillos son un buen negocio que alimenta tanto el trabajo semiesclavo (la mayoría de los trabajadores describen condiciones draconianas y sueldos de miseria) como la corrupción. “Si alguien viene a pedir explicaciones, nos lo quitamos de encima con un regalo”, ríe Ahmed. Una vez más, los niños juegan un papel protagonista en esta industria: ellos transportan tierra, dan vuelta a los ladrillos para que se sequen, y cuidan a los bebés de las familias que viajan cientos de kilómetros para trabajar durante la temporada seca, cuando no hay mucho que hacer en el campo y los hornos están a pleno rendimiento. Pocos son conscientes de los efectos que este empleo temporal tendrá en su salud.

Por si fuese poco, existe una tercera polución, invisible, a la que pocos prestan atención, pero que también tiene consecuencias graves: la acústica. Bastan unos minutos en las calles de Dacca para sentir que los oídos sufren una agresión constante. Al final, la población se acostumbra a este ruido ininterrumpido, que en mediciones llevadas a cabo para este reportaje supera habitualmente los 80 decibelios —más de 60 es dañino—. Pero Monowar Hossain, otorrino de uno de los principales hospitales públicos de la capital bangladesí, afirma que supone un peligro para la salud.

 “Lo más evidente es que provoca sordera. La pérdida de la capacidad auditiva y el tinnitus -la percepción de pitidos o golpes inexistentes- es paulatina y generalizada, lo cual propicia que el nivel de ruido continúe siendo elevado”, explica. “Pero hay otros efectos secundarios, que van desde el dolor de cabeza y los mareos, hasta las alteraciones del sueño. Porque el ruido no desaparece por la noche. Incluso los fetos pueden verse afectados,”, añade. Hossain subraya que esta coyuntura afecta sobre todo a las clases más desfavorecidas de la sociedad y que tiene un elevado coste económico.

“La gente se fija en la contaminación atmosférica y del agua, porque son visibles y tienen efectos inmediatos, pero la acústica pasa desapercibida. Muchos pacientes incluso llegan pensando que tienen alguna infección de oído, cuando lo que sufren es una sordera irreversible causada por el entorno”, apostilla el médico. Sabikun Nahar Reshma sí que es consciente de las consecuencias que tiene el ruido. “No puedo dormir o duermo muy mal, porque los gritos y los cláxones son continuos. Y los dolores de cabeza también son habituales”, afirma esta mujer de 45 años que ha visto cómo el entorno se ha deteriorado con el desarrollo económico.

“Desde pequeña, he vivido muy cerca del río Buruganga. Antes incluso nos podíamos bañar en sus aguas, y mi hermano pescaba allí. Pero luego comenzaron a proliferar las fábricas, y todo el mundo empezó a tirar la basura al río. Ahora, parte se ha secado y el agua del resto es negra. Hicieron una campaña de limpieza y en el fondo encontraron una capa de plástico de varios metros de grosor”, cuenta. Sabikun critica la corrupción política y la falta de ética del mundo empresarial, pero también la desidia de la población. “Es normal ver a gente que tira las bolsas de basura al río, como si el agua hiciese magia. Hay que comenzar a educar a la población en la necesidad de cambiar hábitos que están acabando con nuestro país”, sentencia.

Publicado enMedio Ambiente
Página 1 de 58