Caminata performática- Sexto Foro de la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (ARECIA)

 

Una parte de la izquierda, la que se focaliza en la conquista de este Estado, sueña con hacerse con el control de los grandes medios. Mira hacia ellos, los critica con justa saña porque son mecanismos de dominación, pero a la vez pretende desalojar a sus gestores para ocupar el sillón de mando.

No se cuestionan que si algún día consiguen el objetivo, habrá un puñado de megamedios controlados por gente “buena”, que por su propia estructura estarán alejados de los sectores populares aunque les abran sus puertas a los de abajo. Esos grandes medios son afines al capitalismo independientemente de quienes los gestione, porque para existir necesitan tantos recursos que sólo apelando al Estado y al capital pueden sobrevivir.

Algunos de estos medios abren sus puertas a los dirigentes de los movimientos populares. Folha de Sao Paulo, por ejemplo, permite que en sus columnas de opinión escriban intelectuales de izquierda y hasta algún dirigente de movimientos como Guilherme Boulos del MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo). Creo que está bien escribir en los medios del “enemigo”, pero sabiendo que eso tiene un elevado costo: en Brasil casi no existen medios alternativos e independientes.

En Argentina, por el contrario, donde los medios oligopólicos son muy cerrados y donde los trabajadores han protagonizado decenas de insurrecciones y puebladas (la clase obrera argentina fue la más combativa del mundo en el siglo XX), existe una larga tradición de medios en manos de movimientos y colectivos de abajo.

Desde el fin de la dictadura militar hubo tres mil radios comunitarias agrupadas muchas de ellas en FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias). Pero el enorme salto se produjo en torno a la insurrección del 19 y 20 de diciembre de 2001, cuando los de abajo tomaron el destino de sus vidas en sus manos desplazando del poder a los corruptos neoliberales bajo el lema “Que se vayan todos”.

Fue el acta de nacimiento de infinidad de movimientos y de una correntada de medios comunicación independientes. A fines de setiembre se realizó el 6º Foro de la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (ARECIA), que reunió medios de todo el país para analizar la situación del sector y trazar estrategias.

La asociación realizó un nuevo censo que actualiza los datos del anterior (en https://desinformemonos.org/periodismo-sin-patron/), con datos fuertes: son 200 revistas en papel y digitales que generan trabajo para 1.500 personas y cuentan con 7 millones de lectores.

Una de las acciones del foro fue una “caminata performática” hasta Plaza de Mayo, donde reclamaron una ley de fomento para evitar que los costos de los medios los paguen los y las lectoras. Luego realizaron un debate sobre la cobertura mediática de la desaparición de Santiago Maldonado. La Revista Cítrica fue el primer medio que viajó al lugar de los hechos y publicó, de forma exclusiva, el testimonio de la comunidad sobre lo que sucedió durante la represión, según la crónica de lavaca.org. “Los medios autogestivos conseguimos que el caso Santiago Maldonado fuera agenda. Fuimos directo a la fuente y contamos lo que había pasado”, dijo Maximiliano Goldshmidt que fue el primer periodista en llegar a la zona mapuche.

El movimiento de revistas culturales autogestionadas tiene su propia página (http://revistasculturales.org/), donde el manifiesto del 6º Foro. “Detrás de nuestras revistas hay mucho más que una publicación: organización”, porque detrás de ellas hay centros sociales, cooperativas de trabajo y organizaciones sociales. Aseguran que la heterogeneidad y el contenido diferenciado permiten llegar a más lectores.

Hay revistas que venden 200 mil ejemplares, como Humor, y otras locales que apenas superan los 200, pero todas hablan en pie de igualdad en la asociación porque se saben perteneciendo a un mismo sector. En cuanto a las temáticas, hay una diversidad enorme.

De los datos anteriores se desprenden tres cuestiones. Una, que la comunicación “otra” ya no es marginal. Allí donde ha sido censada, llega a casi al 20% de la población. La segunda es que ya es capaz de instalar temas en la agenda, que ya no es posible informarse de ciertas cuestiones sin relacionarse con estos medios alternativos.

La tercera es la más importante. Conforman un tipo de sociedad “otra”, diferente al capitalismo, integrada por medios dispersos que rehúyen crear un mando central unificado (Televisa o el partido), porque de ese modo reproducen su identidad básica: cientos de pequeños medios controlados por sus trabajadores y los usuarios. De algún modo, reproducen el mundo indio comunitario, no como modelo sino como inspiración.

 

 

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Demasiado ocupados perdiendo el tiempo Decir a esta altura que el periodismo está en crisis es un lugar común.

“En la antigüedad lo importante era pensar, mientras escribir se convertía en un acto accesorio; hoy lo importante parece ser escribir, aunque no se piense.”

E M Cioran



UNO. Decir a esta altura que el periodismo está en crisis es un lugar común. Lo justo sería, más bien, decir que el periodismo vive en crisis, que la crisis es, por definición, su estado natural. El enemigo, en la prensa, adquiere diversas formas según la época. La lectura fue amenazada durante décadas por la industria audiovisual, y hoy se encuentra fagocitada por las redes sociales. El gran enemigo actual de la lectura es, paradójicamente, la propia lectura. No es que se esté leyendo cada vez menos, al contrario, las personas se pasan el día leyendo: leen conversaciones y mensajes, correos electrónicos, noticias al instante en portales, opiniones en blogs, novedades en “muros” de amigos virtuales. Miente, entonces, el que se excusa diciendo “no tengo tiempo para leer”. La lectura, cuando vale la pena, está más allá del tiempo. Tampoco es que ya no se escriba, de hecho, porque todos se la pasan escribiendo: escriben para informar que están en camino o para saber si el otro está llegando, para dar su opinión sobre tal o cual noticia, para contar a todos cómo se sienten aunque nadie se los haya preguntado. En ocasiones, incluso, leen y escriben por la sola inercia que genera tener tantos dispositivos que facilitan ambas acciones. Lo hacen porque no cuesta nada. Impera la lógica de los medios por sobre los mensajes: hay tantos medios de comunicación que hasta dan ganas de tener algo para decir. El problema, en suma, es que son cada vez más los medios para decir cosas y cada vez menos las personas con algo para decir. La lectura y la escritura, que fueron herramientas para dar forma a las ideas, hoy sirven también –y cada vez más– como catalizadores del narcisismo, el tedio o la simple estupidez.


DOS. El mundo digital, donde todos somos todo pero en el fondo nadie es nada, donde el acceso a la información es libre y no existen las fronteras, es paradójicamente fascista: lo abarca todo impidiendo cualquier forma de alteridad u oposición, y la única opción libre es la del disidente. En tiempos de redes sociales el totalitarismo es consensuado. El gran valor de la era digital es la información: si antes importaba saber, hoy importa estar informado; ser capaz de una tarea tan insulsa como es pasar revista a una serie de datos anodinos sin el menor análisis. Porque entender los procesos, estudiarlos, interpretarlos, todo eso es muy complicado, anacrónico para los tiempos que corren. Todo está –o si no debería estarlo– a un clic de distancia, desde los horarios del ómnibus hasta los secretos de Estado. No hay nada más que la circulación horizontal e inocua de información sin mayores consecuencias: Julian Assange en Wikileaks revela la corrupción a gran escala y Edward Snowden pone la vigilancia global al descubierto en Prism, pero no pasa nada más allá, no existe una respuesta sino una aceptación resignada de los hechos. Un mismo sistema nos informa que el mundo es una mierda y nos invita a seguir de largo o, a lo sumo, a colaborar con un clic de conciencia. Las redes sociales anulan la reflexión de la misma forma que el zapping mantiene la vista entretenida impidiendo la mirada. Y entonces, de repente, aparece una barrera en ese alegre universo paralelo donde todo es posible. Ciertos medios que, como Brecha, limitan el acceso a sus contenidos exigiendo a cambio una suscripción. Surgen entonces encendidos reclamos: “¿Por qué no dejan que todos podamos leer los contenidos por Internet libremente?”. Lo que equivale, más o menos, a recriminarle a un plomero el hecho de que nos cobre la reparación de una fuga en nuestras cañerías. La posibilidad de comprar el semanario o de volverse suscriptor parece imposible, casi un insulto. En el mundo digital, donde todo se puede leer y donde cualquiera puede escribir, carece de sentido tal jerarquización. Nada escrito vale tanto como para pagar por eso. Todas las opiniones quedan igualadas en su (ir)relevancia. Las redes sociales están aboliendo la figura del editor como aquel encargado de determinar o al menos redirigir la atención sobre lo que merece la pena ser escrito o leído y lo que no, sobre lo que es noticia y lo que no, sobre la diferencia sustancial entre una red de corrupción y un melodrama de celebrities. La crítica cultural también se ve amenazada ante la proliferación de blogs que se oponen a la clásica disposición vertical entre crítico y público, con el crítico como agente valorizador capacitado para poner en cuestión, orientar la búsqueda y determinar qué es atendible y qué no en materia artística. Cualquier intento de ordenamiento o clasificación es rápidamente tachado de censura. La red social, como la ruedita del hámster, da la ilusión de libertad mientras invita a moverse en círculos; el afán seudoiluminista de hoy busca alfabetizar sólo para que todos puedan leer mejor sus reglas. Si cada uno es su propio periodista, si el editor está obsoleto, si el crítico no tiene autoridad en su campo, si el semanario puede leerse de la misma forma que un estado de Facebook, desembocamos en un caos de eventos: la indignación por el atentado en Barcelona va seguida del video del oso que baila con un gorrito de cumpleaños, mientras debajo se intercalan comentarios de todo tipo que suelen terminar en reclamos políticos o discusiones de fútbol. Mientras muchos comparten la solidaridad de turno –el hit más reciente es #PrayForBarcelona–, los muertos en Siria ascienden a más de sesenta en sólo tres días, pero eso pasa de largo, como casi todo.


TRES. Estas nuevas formas de lectura histérica ponen en jaque a la lectura como pausa reflexiva. Leer y escribir quedan reducidos a un mecanismo de pasaje de información signado por párrafos de dos o tres líneas como mucho, términos resaltados en negrita, hipervínculos, titulares llamativos e imágenes obscenas. En los términos de la red social todo lo “exitoso” es aquello diseñado para gustar a la mayoría. El mensaje ya no importa tanto por su contenido –que apenas se lee– sino más bien por su impacto y su capacidad de atrapar a un público disperso e hiperactivo que de todos modos lo olvidará cuando llegue el siguiente estímulo; el mensajero, por su parte, trascenderá más por su popularidad que por su idoneidad, por sus seguidores que por sus conocimientos. Desviación de la autoridad y la relevancia: Ricardo Darín ya no es un actor argentino sino un pensador iluminado, Lady Gaga realiza sesudas reflexiones políticas, el Maestro Tabárez es el gran referente popular. El resto del espacio es acaparado por esa nueva y creciente estirpe de famosos que son famosos nadie sabe muy bien por qué, que no son nada, sólo famosos, especialistas en gastar oxígeno, y que en la nueva jerga globalizante se denominan influencers. Los periódicos que se pliegan a esta lógica mercantil harían bien en extinguirse cuanto antes; son vehículos de publicidad con algunos espacios libres para repetir cosas del día anterior que todos ya leyeron en Internet. El periodista, pieza demodé en el nuevo esquema, es sustituido por el comunicador, término menos comprometido y “aggiornado” a los tiempos. Las secciones culturales dejan paso a las secciones de espectáculos, los columnistas a los blogueros, los intelectuales a los futbolistas, las cátedras a las charlas Tedx, los revolucionarios a los indignados, la solidaridad al hashtag. Una serie extensa de subproductos pauperizados de viejos intereses sociales ahora caídos en desuso. Todo se condensa en esos treinta segundos patéticos de un video casero que da cuenta de una realidad pornográfica sobre la que no hace falta agregar nada más porque, como dicen los sátrapas del vacío, “una imagen vale más que mil palabras”.

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Lunes, 03 Julio 2017 07:12

Mentiras como política

Mentiras como política

No es accidental la mentira y la descalificación de los medios, es la política del régimen de Trump; tiene un propósito claro: anular la diferencia entre la falsedad y la verdad. Para eso, entre otras cosas, se requiere una guerra frontal contra los medios noticiosos y sustituirlos con propaganda.

Es un momento vital y peligroso para el periodismo.Justo ante esta ofensiva, los medios están en tal vez su momento mas frágil, sobre todo los periódicos. En los últimos 15 años en Estados Unidos, el personal de los periódicos se ha reducido en más de la mitad, de 412 mil a 174 mil. Varios periódicos han desaparecido, otros han sido obligados a recurrir, múltiples veces, a despidos masivos. Las redacciones están semivacías, llenas de fantasmas de fotógrafos, reporteros, editores, técnicos que hace muy poco estaban dedicados a informar sobre qué pasaba, a nutrir eso que dicen que es vital para una democracia: una ciudadania informada y consciente.

Esta crisis no se limita a Estados Unidos, como tampoco la ofensiva política contra los medios. Varios medios importantes han desaparecido o están por desaparecer, a veces por la crisis del sector, a veces por razones políticas. Esta semana Al Jazeera está enfrentando su posible fin por la presión de gobiernos árabes ultraconservadores hacia Qatar, país en que se encuentra la emisora. En otros países la violencia contra los periodistas y sus medios se intensifica y ha llevado a consecuencias mortales como con enorme dolor e ira. Lo sabemos demasiado bien en casa. La conversación obsesiva en el mundo periodístico es como defender los medios justo en momento que su labor es más vital que nunca.

Vital ahora porque separar la falsedad de la verdad, el trabajo elemental del periodismo, es cada vez más difícil. En Estados Unidos, la estrategia oficial es borrar esa separación. Nadie semiconsciente se sorprende de que los políticos mienten. El legendario periodista I.F. Stone decía que lo primero que tiene que saber cualquier estudiante de periodismo son tres palabras: "todo gobierno miente". Pero aquí y ahora hay algo de otra magnitud, esto se trata de una estrategia aún más peligrosa.

Se ha comentado mucho sobre el volumen de mentiras de este presidente y su gente, y de su agresión, incluso provocando enfrentamientos violentos, contra los periodistas. El New York Times publicó un artículo por dos de sus reporteros, intentando registrar cada mentira de Trump desde que llegó a la Casa Blanca, la frase y la fecha, lo cual ocupó una plana entera del rotativo (https://www.nytimes.com/interactive/ 2017/06/23/opinion/ trumps-lies.html?_r=0), afirmando que Trump mintió o dijo falsedades al público cada día durante sus primeros 40 días como presidente. “Simplemente no hay precedente para un presidente estadunidense dedicar tanto tiempo en decir no verdades.... Está intentando crear un ambiente en que la realidad es irrelevante”, escribieron los autores.

A veces las falsedades llegan a extremos cómicos: una portada de la revista Time fechada el primero de marzo de 2009 con la imagen de Trump esta encuadrada y colocada en por lo menos cinco de los clubes del magnate, reportó recientemente el Was¬hi n gton Post. El problema: no hay edición de la revista con esa fecha, ni Trump ocupó ninguna de las portadas de esa revista ese año.

No es sólo el volumen, sino su repetición una y otra vez, junto con lo que se ha vuelto consigna permanente de esta presidencia contra casi todo medio que no se subordine a la linea oficial: fake news (noticias falsas). Después de lanzar insultos contra dos presentadores de MSNBC esta semana, el presidente difundió este domingo por su cuenta oficial de Twitter un video elaborado aparentemente por un simpatizante usando imágenes de una actuación de Trump donde simula golpear al jefe de la federación profesional de lucha libre, grabado en 2007. Pero en el video, se colocó el logo de la cadena noticiosa CNN sobre el rostro de la persona que Trump finge golpear (https://twitter.com/realDonaldTrump/ status/881503147168071680).

Como respuesta, CNN afir¬mó: "Es un día triste cuando el presidente de Es-tados Unidos alienta la violencia contra los reporteros". Condenó su "comportamiento juvenil muy por debajo de la dignidad de su puesto" y afirmó que "nosotros continuaremos haciendo nuestra labor. Él debería empezar hacer la suya".

El Comité de Protección de los Periodistas declaró que este tipo de mensaje en contra de periodistas o medios "fomenta un ambiente en que el hostigamiento y hasta ataques físicos sean considerados aceptables"; y que esta retórica, por parte de la Casa Blanca, "no sólo socava el trabajo de los medios en Estados Unidos, y lo hace más peligroso, sino que enaltece a líderes autocráticos alrededor del mundo".

Pero desde hace mucho, Trump declaró a los medios como "enemigos del pueblo".

Un amigo filósofo y abogado circuló un ensayo sobre Hannah Arendt, citando su estudio de regímenes totalitarios, en que señalaba que "las masas habían alcanzado un punto donde podían, al mismo tiempo, creer todo y nada; creer que todo era posible y que nada era verdad". Los líderes de tales regímenes sabían que la repetición de falsedades era clave, incluyendo obligar a los subordinados de un gobernante de hacerlo, no sólo para consolidar su complicidad, sino para establecer el pleno poder sobre ellos. "El resultado de la sustitución consistente y total de mentiras por verdades objetivas no es que la mentira ahora será aceptada como verdad y la verdad difamada como mentira, sino que el sentido con que tomamos nuestras referencias en el mundo real, y la categoría de verdad contra falsedad está entre los recursos mentales para este fin, se está destruyendo", escribió Arendt.

Es un momento en que los periodistas conscientes no pueden caer en trampas, ni fomentar divisiones, y mucho menos traficar en "hechos alternos" o "mentiras". Sobre todo donde se tiene que entender qué está en riesgo, y quién es el enemigo real de este gremio. Es momento de definición y, como dice una vieja y gran canción sindical minera: "Aquí no hay neutrales. ¿de que lado estás?"

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Domingo, 30 Abril 2017 08:04

Murió el hombre que derrocó a Allende

Foto: Luis Hidalgo, Aton Chile

 

Agustín Edwards Eastman, que durante casi seis décadas manejó el imperio periodístico del diario chileno El Mercurio, vehículo de la censura durante y después de la dictadura de Pinochet, falleció sin haber rendido nunca cuentas ante la justicia por su papel en el golpe de 1973.

 

Chile, 1993. Eran los primeros tiempos de la democracia y aunque Augusto Pinochet hacía las veces de eminencia gris desde la comandancia del Ejército, nadie dudaba de que la libertad de expresión y de pensamiento era un viento que barría el país de cordillera a mar. En las más de treinta escuelas universitarias de periodismo –muchas de ellas producto del mercado de la educación creado por la dictadura a partir de 1980–, miles de jóvenes estudiaban con la ilusión de romper con palabras las ataduras legales y espirituales dejadas por el régimen autoritario. Entre esas escuelas, una de las mejores era la de la universidad privada Diego Portales, cuya directora se preciaba de haber construido en los años de plomo un espacio para el libre intercambio de ideas. Fue en ella, sin embargo, donde este corresponsal, recién llegado de la Bbc de Gran Bretaña, vio por primera vez la cara del temor que lleva a la autocensura.

Invitado por la directora a contribuir con un artículo para la revista institucional Reflexiones Académicas, aquel periodista venido de un Londres donde el periodismo tuvo un papel destacado en poner fin al delirio neoliberal de Margaret Thatcher centró su escrito en el problema del dominio absoluto de la prensa chilena que ejercían los diarios con una visión conservadora y provinciana del mundo, encabezados por El Mercurio. “¿Podrías hacer algo más neutro, sin atacar directamente al diario?”, fue la solicitud, casi en tono de súplica, que recibió el catedrático contribuyente después de que el consejo académico hubo revisado el artículo. Tras una larga discusión sobre el estado de los medios nacionales y la libertad para analizarlos críticamente que debía tener un establecimiento de formación de periodistas, vino la confesión de la directora: “Es que para nosotros es muy importante que nuestros alumnos hagan sus prácticas en El Mercurio...si alguien se ofende en el diario y nos niegan esa oportunidad, esta escuela no será nada”.

 
APOLOGÍAS Y ALABANZAS.


El Mercurio, fundado en Santiago en 1900 por la misma familia propietaria del diario más antiguo del continente, que con igual nombre se publica en Valparaíso desde 1827, es la cabeza del imperio periodístico que durante casi seis décadas manejó con paternalismo autoritario Agustín Edwards Eastman, el hombre cuyas conversaciones con Henry Kissinger y Richard Nixon, a los pocos meses del triunfo electoral de Salvador Allende, fueron decisivas para el apoyo de Washington al derrocamiento del primer presidente socialista de Chile. Sin haber rendido nunca cuentas ante la justicia por su papel en el golpe de 1973, al igual que Augusto Pinochet, Edwards falleció el lunes 24 de abril y fue sepultado entre panegíricos y apologías, con la voz categóricamente discordante del Colegio de Periodistas. Esta organización profesional, que fue la única en tomar alguna medida para sancionar al dueño de El Mercurio por su golpismo y le dio de baja como afiliado (aunque sólo pudo hacerlo en 2015, con una comisión directiva que no temió a su influencia), expresó en un comunicado que el difunto magnate de la prensa dejó un oscuro legado, “tanto por sus acciones personales como por su manejo de las empresas periodísticas que controló, las que fueron el soporte comunicacional de la conspiración contra el sistema democrático al servicio del golpe militar, que ensombreció Chile a partir del 11 de setiembre de 1973 e instauró la dictadura cívico-militar que sobrevino, con su secuela sistemática de violaciones a los derechos humanos y que fuera ampliamente respaldada por El Mercurio y sus medios asociados”. Para el gobierno de Michelle Bachelet, cuyo padre murió a causa de las torturas que le infligieron aquellos a quienes El Mercurio ayudó a tomar el poder, la figura de Edwards fue apenas“controversial”, y se trató, en las palabras de la portavoz de La Moneda, de una persona que “jugó un rol histórico en un momento importante en nuestro país, que tuvo que ver con el término de nuestra democracia y el comienzo de una dictadura”.

 

VÍNCULOS CON ESTADOS UNIDOS.


El Mercurio integra la alianza de periódicos conservadores americanos denominada Grupo Diarios de América, pero su línea editorial antiizquierdista y neoliberal hace que, por comparación, medios como El País uruguayo, La Nación argentina o El Comercio de Perú parezcan publicaciones de centro-izquierda. Agustín Edwards, como lo revelaron hace unos años los documentos desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos, incluso trató de impedir la llegada a la presidencia del antecesor demócrata cristiano de Allende, Eduardo Frei. Según la biografía no autorizada que publicó en 2014 el periodista Víctor Herrero, fue en la década de 1960 que comenzó el acercamiento del propietario de El Mercurio a los servicios secretos estadounidenses. Por otra parte, John Dinges y Saul Landau, autores de una investigación periodística sobre el asesinato, en Washington, de un ex ministro del gobierno allendista, describieron en detalle la reunión en la Casa Blanca del que llamaron “el archiduque de la nobleza sin títulos chilena”, el 15 de setiembre de 1970. De allí salió la instrucción de Nixon a la Cia para “apretar la economía chilena hasta que grite”. Tal mandato significó para el diario de Edwards un aporte de alrededor de dos millones de dólares, bien documentado por el Comité Church del Senado norteamericano, que en 1975 recopiló información sobre el papel de la Cia en el derrocamiento de Allende.

 
CENSURA Y DOMINIO.


La derecha chilena siempre ha sostenido que el gobierno socialista trató de asfixiar financieramente a El Mercurio, pero lo cierto es que durante los tres años del allendismo el periódico sobrevivió sin pérdidas importantes de circulación y con todo el respaldo publicitario de una comunidad empresarial que se sentía amenazada por los cambios económicos y sociales. El apoyo propagandístico al modelo neoliberal impuesto por la dictadura fue recompensado con la condonación de deudas y créditos ventajosos, en tanto que varios ministros y otros funcionarios del régimen se convirtieron en miembros de la junta directiva o columnistas y editorialistas. Por otra parte, Edwards aplicaba con celo la censura en nombre del gobierno dictatorial; en 1982, por ejemplo, despidió al director del diario y hombre de su confianza, porque se había atrevido a publicar un editorial de crítica al asesinato, cometido por los agentes pinochetistas, de un importante dirigente sindical demócrata cristiano. Aunque El Mercuriosolía mantener un estilo distante y doctoral en sus artículos y comentarios, otros diarios del grupo, como el vespertino La Segunda, sumergían en dudas las denuncias sobre los detenidos desaparecidos y justificaban con titulares crueles las acciones de los militares.“Exterminados como ratones” es un titular recordado hasta hoy por los familiares de varias decenas de militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que fueron eliminados mediante las coordinaciones con otras dictaduras de la región.

Los gobiernos democráticos, que no se han apartado mucho del sistema del libre mercado que fue bien montado por los socios civiles de Pinochet, se mostraron indiferentes ante la suerte de las publicaciones que otrora habían sido opositoras al gobierno dictatorial. Así fue como el mercado de la prensa quedó dividido entre dos grupos que se alinean con la derecha: La Tercera y El Mercurio, y este último pudo adquirir casi todos los diarios del interior del país, acaparando más del 80 por ciento de su circulación. Además, la inexistencia de una sanción social para el papel desempeñado por el diario de Agustín Edwards en la historia reciente permitió que el propietario siguiese siendo poderoso e influyente en los más diversos ámbitos.

 
DE TAL PALO.


La cercanía con sectores conservadores católicos, principalmente el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, hace de El Mercurio el abanderado de cruzadas morales contra leyes como la del divorcio, que apenas entró en vigencia en 2004, o la de terminación del embarazo y salud reproductiva, aún detenida en el Senado, pese a que el aborto está prohibido en todas sus formas y una mujer puede ser obligada a llevar en su vientre un feto muerto hasta el parto natural. A una alumna de periodismo, que ante el ofrecimiento de un trabajo en El Mercurio me consultó sobre cómo determinar los márgenes de libertad editorial en el diario, quien esto escribe le sugirió que simplemente preguntase si podría entrevistar a personas que respaldaran la ley de divorcio. Hecha la pregunta a la editora de la sección de ideas y cultura, la respuesta fue inequívoca: “¡Aquí no publicamos opiniones favorables al divorcio!”.

En 1992, un hijo de Edwards fue secuestrado por un grupo guerrillero; mediante unos pocos telefonazos, el padre consiguió que ni las autoridades ni los medios divulgaran la noticia por algunas semanas, y trajo asesores del Fbi y los servicios secretos ingleses para que le indicaran cómo negociar con los secuestradores. Después de la liberación de Edwards hijo, que se concretó sin la intervención de las autoridades nacionales, el propietario de El Mercurio creó una fundación para combatir el crimen, que en la actualidad es un referente para todos los gobiernos. La publicación periódica de los datos de la Fundación Paz Ciudadana se constituye en noticia de primera plana y suele ser una fuente de críticas al gobierno por el tema de la seguridad pública, pese a que Chile es estadísticamente uno de los países más seguros del continente. Por ello, es dable suponer que la influencia de Agustín Edwards, encarnada en El Mercurio y en un hijo mayor que tomará las riendas del grupo –quien en las fotografías parece un clon de su padre, hasta en la vestimenta–, seguirá condicionando el desarrollo del Chile democrático.

 

 

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Domingo, 30 Abril 2017 06:49

El cínico doble rasero de los medios

El cínico doble rasero de los medios

 

Sobre el último reporte de Amnistía Internacional (AI) sobre la monarquía petrolera.

 

En Arabia Saudita no se reprimen las manifestaciones, como está sucediendo en Venezuela. Simplemente no es posible manifestarse. El último reporte de Amnistía Internacional (AI) sobre la monarquía petrolera dice: “Las autoridades restringían severamente el derecho de libertad de expresión, asociación y reunión, deteniendo y encarcelando por cargos imprecisos a quienes las criticaban, a defensores y defensoras de derechos humanos y a activistas de los derechos de las minorías. La tortura y otros malos tratos (...) seguían siendo habituales, especialmente durante los interrogatorios”.

El informe destaca la discriminación contra las mujeres, en la ley y en los hechos (no pueden conducir coches, viajar, trabajar y ser intervenidas quirúrgicamente si no cuentan con el permiso de un familiar varón). Numerosas penas de muerte “incluso por delitos no violentos y contra personas condenadas por presuntos delitos cometidos cuando eran menores de edad”. Más aun, en la guerra dirigida por Arabia Saudita en Yemen se cometen “violaciones graves del derecho internacional, crímenes de guerra incluidos”.

Lo que sucede en Turquía desde el fallido golpe de Estado del 15 de julio pasado resulta estremecedor. El informe de AI destaca que “más de 40 mil personas permanecieron detenidas en espera de juicio durante los seis meses que duró el estado de excepción”. Agrega que hay indicios de que se ha torturado a personas detenidas, que se despidió a casi 90 mil funcionarios públicos, se cerraron “cientos de medios de comunicación y se detuvo a periodistas, activistas y miembros del parlamento”.

Las fuerzas de seguridad violan impunemente los derechos humanos, especialmente en el sureste del país, de población predominantemente kurda, donde en los núcleos urbanos se impuso el toque de queda durante las 24 horas del día. Alrededor de 140 periodistas están en prisión, y es por segundo año consecutivo el país con más periodistas presos.

En cuanto a la intervención militar en Yemen, AI señala: “En todo Yemen se cometen espeluznantes crímenes de guerra y abusos contra los derechos humanos, causando un sufrimiento insoportable a la población civil”. Stephen O’Brien, alto jerarca de las Naciones Unidas, dijo el 30 de marzo que 7 millones de yemeníes, sobre una población de 25 millones, corren un gran riesgo de sufrir hambrunas y enfermedades. Diecinueve millones necesitan ayuda humanitaria: comida, agua, refugio, combustible y saneamiento, y otros 3 millones fueron forzados a abandonar sus hogares.

Es seguramente la peor guerra de estos años, pero está fuera del campo de visión de los medios occidentales. Algo similar ocurre en Turquía, donde el pueblo kurdo es sistemáticamente perseguido, incluso sus parlamentarios han sido detenidos y despojados de la inmunidad. Pero ambos países son cortejados por Occidente: Turquía como aliado estratégico desde la Segunda Guerra Mundial; Arabia Saudita como proveedor de petróleo y clave de bóveda de la arquitectura estadounidense en Oriente Medio.

Peor aun: Ankara esgrime como espada de Damocles sobre Europa la posibilidad de que millones de refugiados sirios inunden el viejo continente, desencadenando una imprevisible crisis política.

 

COLOMBIA, MÉXICO Y VENEZUELA.


Según AI, en Colombia se registra“un aumento de los homicidios de defensores y defensoras de los derechos humanos, entre los que había líderes indígenas, afrodescendientes y campesinos”. En 2016 fueron asesinados 120 dirigentes sociales, y en los tres primeros meses de 2017 fueron muertos 30, registrándose un total de 156 ataques a dirigentes sociales, sobre todo integrantes del Congreso de los Pueblos y Marcha Patriótica.

“Hay una agresividad especial contra las mujeres dirigentes de movimientos sociales, con asesinatos, amenazas y judicializaciones”, destaca la activista pro derechos humanos Milena López Tuta (Público.es). Por eso AI asegura que “en grandes zonas de Colombia el conflicto armado está más vivo que nunca”.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria (Sintrainagro) asegura que le han asesinado 1.300 dirigentes, activistas y afiliados, “mientras el Poder Ejecutivo ha ido quitando la protección de que gozaban varios de sus directivos que corren peligro de muerte, en especial en zonas del país donde han quedado a merced de grupos terroristas y esbirros de hacendados y empresarios” (Rel-Uita, 21 de abril de 2017).

Ni qué hablar de la crisis social en México, donde han sido asesinadas 200 mil personas y hay 30 mil desaparecidos, con la comprobada participación del Estado, que permanece impávido ante las brutales violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido aplicarle al país azteca la “cláusula democrática” de la Oea.

El caso de Venezuela es sumamente aleccionador para la izquierda y la derecha. La primera porque, como destaca el sociólogo Edgardo Lander, se ha empeñado en mirar para otro lado (en general hacia Washington) y se muestra incapaz de reconocer que el régimen transita hacia un creciente autoritarismo, que el mal llamado “socialismo del siglo XXI” es la hoja de parra que esconde la vergonzosa corrupción que es una de las principales características en las alturas del régimen.

La derecha y los medios que le son afines hacen su juego, y lo hacen bien. En México le echan la culpa de la violencia al narco, mientras presentan al gobierno y al Estado casi como víctimas, cuando son cómplices, y nadie busca explicar por qué la violencia afecta sobre todo a los sectores populares organizados en movimientos sociales. En Colombia, en tanto, todo el problema sería responsabilidad de los paramilitares y de bandas criminales, omitiendo que sus víctimas son dirigentes sociales.

El doble rasero mediático y político parece irreversible y es una de las principales señas de identidad de los medios en un período de caos sistémico en el cual las elites tienen mucho que perder. El resultado es una fenomenal crisis de credibilidad de los partidos: en Francia por vez primera ninguno de los partidos históricos pasó al balotaje. En cuanto a los medios, algo muy de fondo está cambiando: la Asociación de Revistas Culturales e Independientes de Argentina (Arecia) informó en diciembre que los lectores de sus casi 200 publicaciones (hay muchas más en el mismo espectro) son ya 5 millones, lo que representa el 15 por ciento de la población del país.

Un mundo está agonizando ante nuestros ojos, si somos capaces de ver más allá de la desinformación mediática.

 

 

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El director de la CIA Mike Pompeo

 

Ambas agencias han empezado una investigación interna que se centra en cientos de empleados con acceso físico al material filtrado

 

La CIA y el FBI están llevando a cabo una investigación conjunta sobre una de las peores fallos de seguridad en la historia de la CIA, que expuso miles de documentos secretos que describen las herramientas que la CIA utilizadas para penetrar en teléfonos inteligentes, televisores inteligentes y sistemas informáticos, según ha revelado la CBS.

Fuentes familiarizadas con la investigación dicen que están buscando a un miembro de la institución - ya sea un empleado de la CIA o contratista - con acceso físico al material. La agencia no ha dicho públicamente cuándo se tomó el material o cómo fue robado.

Gran parte del material era clasificado y almacenado en una sección altamente segura de la agencia de inteligencia, pero las fuentes dicen que cientos de personas habrían tenido acceso al material. Los investigadores están investigando esos nombres.

En su primer discurso público el pasado 13 de abril, el director de la CIA, Mike Pompeo, arremetió contra WikiLeaks, y dijo que el fundador del grupo, Julian Assange, es el líder de una fuerza hostil que amenaza a Estados Unidos. “Es hora de llamar a WikiLeaks lo que realmente es: un servicio hostil de inteligencia no estatal” a menudo ayudado por naciones como Rusia, dijo Pompeo. “WikiLeaks trabaja como un servicio de inteligencia hostil y habla como un servicio de inteligencia hostil”.

 

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Julian Assange, fundador de Wikileaks (Peter Nicholls / Reuters)

 

El grupo ha alentado a sus seguidores a pedir trabajo en la CIA para robar información de inteligencia, dijo Pompeo a la audiencia en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. Dijo que Assange, quien se dice defensor de la transparencia en el gobierno, es un “narcisista” y un “fraude: un cobarde escondido detrás de una pantalla”.

WikiLeaks desempeñó un papel central en la contienda presidencial de 2016 cuando publicó correos electrónicos robados al Comité Nacional Demócrata y más tarde a John Podesta, presidente de la campaña de Hillary Clinton. Las agencias de inteligencia de Estados Unidos han concluido que Rusia estuvo detrás de los ataques informáticos en un intento de interferir con el proceso político estadounidense, dañar la campaña de Clinton y, en última instancia, ayudar al republicano Donald Trump a llegar a la Casa Blanca.

El papel de Rusia sigue siendo objeto de múltiples investigaciones por los comités de inteligencia del Congreso y el FBI, que ha dicho que está investigando si algún asociado de Trump tuvo contacto o se coludió con agentes del gobierno ruso.

Durante su campaña presidencial, Trump citó repetidamente los correos electrónicos robados y publicados por WikiLeaks. Incluso en un mitin de campaña en octubre en Pensilvania, Trump llegó a elogiar las publicaciones y dijo: “amo WikiLeaks.”

En la audiencia del nombramiento de Pompeo, el republicano ex miembro de la Cámara de Representantes, fue interrogado por el senador de Maine Angus King, quien dijo que Pompeo escribió un tweet en julio de 2016 que las publicaciones de WikiLeaks probaban que la maquinaria del Partido Demócrata arregló las elecciones primarias para ayudar a Clinton a vencer a su rival, Sanders. En respuesta, Pompeo dijo sobre WikiLeaks que nunca lo consideró “una fuente creíble de información para Estados Unidos ni para nadie más”.

 

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Sitio web de Wikileaks (gmutlu / Getty Images)

 

El director de la CIA ya afirmó entonces que no podía entrar en detalles, pero que se están tomando medidas para contrarrestar amenazas internas, como las revelaciones hechas en 2013 por el contratista de la Agencia Nacional de Seguridad Edward Snowden, y el “desafío sin precedentes” que representan lo que él llamó agencias hostiles de inteligencia no estatales.

“Tenemos que reconocer que ya no podemos permitir a Assange y a sus colegas usar los valores de la libertad de expresión en nuestra contra”, dijo Pompeo. Assange ha negado que Rusia le entregara los documentos filtrados, aunque se ha negado a decir de dónde los consiguió.

 

 

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Sábado, 08 Abril 2017 18:34

El circo de la desinformación

El circo de la desinformación


Una noticia que en poco tiempo fue compartida más de 1.600 veces y alarmó al país


A propósito de la noticia publicada el día sábado 8 de abril por Cablenoticias, donde alude a los supuestos 4.000 millones de pesos destinados para el “apoyo a la mitigación de riesgos mediante la realización de estudios detallados de amenaza de inundación con referencia a una máxima avenida de las quebradas taruca y conejo en el municipio de Mocoa departamento del Putumayo” constatado en el decreto 0253 del 31 de julio de 2015.


Integrantes de el periódico desdeabajo verificaron la información en cuestión, constatando su falsedad. De acuerdo al decreto en cuestión, la cifra para ejecutar el “apoyo a la mitigación de riesgos mediante la realización de estudios detallados de amenaza de inundación con referencia a una máxima avenida de las quebradas taruca y conejo en el municipio de Mocoa departamento del Putumayo” asciende a doscientos millones quinientos cuarenta y ocho mil pesos ($200.548.000).


Presupuesto que resulta del recaudo de cien millones de pesos ($100.000.000) entregados por Corpoamazonia y cien millones quinientos cuarenta y ocho mil pesos ($100.548.000) aportados durante el 2015 por la Gobernación del Putumayo.


La ciudad de Mocoa, más allá de la tragedia que le agobia, está bajo la presión de la especulación mediática que agrava su realidad. Los medios de comunicación deben ser responsables y éticos con la información, en general, que brindando al país. Ni distorcionar, ni miniminar, ni ocultar, ni favorecer, ni dejar supuestos por interpretar, la información en todo momento debe ser veraz garantizando con ello el control del poder y la entrega total de la información que requiere la sociedad para poder tomar decisiones en cada uno de los momentos de su vida colecriva e individual.

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Lunes, 27 Marzo 2017 07:04

Enemigos (para nuestra compañera)

Periodistas de Guadalajara expresaron ayer su indignación por el asesinato de reporteros en el país. El más reciente es el de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua. Un grito imperó en el mitin: no nos callarán

 

Los que se atreven a enfrentar la mentira, la corrupción, la impunidad, los abusos y la violencia del poder y sus redes de complicidad siempre son enemigos de los que dependen de la oscuridad para su poder y sus intereses.

El saldo mortífero mundial de los dedicados a revelar verdades a la sociedad asciende a más de mil 234 desde 1992, según las cifras más recientes del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), donde México ocupa el lugar 11 entre los países más mortíferos para periodistas (https://cpj.org/killed/).

Según otro conteo, el de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), 2 mil periodistas han perdido la vida por su trabajo entre 1990 y 2016; México es el tercer país más mortífero para informadores al contabilizar más de 120 asesinatos. Una de las conclusiones recurrentes de nuestros informes es que se registran muchos más asesinatos en situaciones de paz que en países golpeados por la guerra, algo que tiene que ver en gran media con que los periodistas son víctimas de los barones del crimen organizado y de funcionarios corruptos, afirmó Anthony Bellanger, secretario general de la FIP. Subrayó que la impunidad es un agente catalizador de la violencia contra periodistas. (www.ifj.org/fileadmin/documents/ 25_Report_Final_sreads_web.pdf)

Hoy día, reporta el CPJ, existen 259 periodistas encarcelados en el mundo, una cifra sin precedente desde 1990, cuando la organización empezó a registrar ese dato. https://cpj.org/2016/12/a-record-number-of-journalists-are-in-jail-cpj-cen.php

No somos cifras. Tenemos nombre y apellido, por ejemplo, Miroslava Breach.

A veces rehusar ser anónimos es justo lo que nos puede costar mucho, hasta la vida. Más que todo, los que tienen un compromiso con el periodismo de conciencia ante el poder –esa búsqueda constante de notas que sirven a la autodeterminación de los ciudadanos, eso de contar qué nos pasa, de intentar revelar toda mentira– rehúsan quedarse callados o portarse bien. Pero los buenos periodistas (aunque hay algunas excepciones notables, para bien y para mal) nunca desean ser noticia, y, opino yo, casi nunca deben de usar el yo; son las voces de los demás las que cuentan, las que hay que contar, esa voz colectiva ante el poder exclusivo.

En tiempos recientes a los periodistas nos han vuelto noticia, y demasiadas veces en nota roja. Declaran que somos enemigos, a veces nos amenazan, a veces nos encarcelan, a veces nos matan. Y eso no se limita a países como México o Turquía o Irak, sino aquí mismo.

En Estados Unidos el presidente Trump ha declarado a todo periodista que no se subordine a sus mentiras y engaños como enemigo del pueblo. Desde el inicio de su campaña presidencial con sus llamados a sus bases a atacar a los medios no alineados, generó un clima tan peligroso que varios periodistas de algunos de los grandes medios nacionales tuvieron que contratar seguridad privada para acompañarlos a cubrir al candidato. Como presidente no ha dejado de atacar a periodistas, y a sus medios, por nombre y apellido, cada vez que se atreven a criticarlo o publicar información que lo daña. En la retórica, esto supera lo que los periodistas enfrentaron durante la peor época de Richard Nixon en los años 70, o del macartismo en los 50. Esto apenas empieza, y las consecuencias pueden ser peligrosas no sólo para los periodistas, sino para lo que se llama democracia.

El presidente anterior hablaba más bonito y afirmaba que era el campeón de la libertad de expresión y la transparencia, pero en los hechos persiguió a los que se atrevieron a divulgar secretos oficiales al público por los medios. De hecho, Obama promovió más casos –ocho incluido Edward Snowden, el más conocido– según la Ley de Espionaje de 1917 contra filtradores y periodistas que el total (tres) de todos sus antecesores. (Vale recordar que esa ley se aplicó a disidentes de la Primera Guerra Mundial, tanto al líder socialista y candidato presidencial Eugene Debe, quien fue encarcelado, como a inmigrantes alemanes que eran sospechosos sólo por su origen nacional, entre otros).

Un reporte del CPJ en 2013 concluyó que el gobierno de Obama ha sido el más agresivo en control de información en tiempos modernos. El ex editor Leonard Downie, quien encabezó la investigación, escribió que “la guerra de este gobierno contra filtraciones y otros esfuerzos para controlar la información son los más agresivos que he visto desde el gobierno de Nixon, cuando yo era uno de los editores involucrados en la investigación de Watergate por el Washington Post”. Aunque Obama se comprometió a hacer el gobierno más transparente, la editora pública del Times, Margaret Sullivan, afirmó: está resultando ser el gobierno de secretos sin precedente y de ataques sin precedente contra la prensa libre. (https://cpj.org/reports/2013/10/obama-and-the-press-us-leaks-surveillance-post-911.php).

Joel Simon, director ejecutivo del CPJ escribió el mes pasado en el New York Times que los ataques incesantes (de Trump) contra los medios de noticias están dañando la democracia estadunidense. Advirtió que el ataque de Trump contra el uso de fuentes anónimas mina el trabajo de periodistas que reportan notas delicadas en ambientes represivos y peligrosos, desde Irak hasta México, donde la protección de fuentes es asunto de vida o muerte.

Nos tocó ser noticia la semana pasada. Nuestra compañera ya no puede reportar las verdades que descubría ni sumarse con todos en su periódico dedicados a la misión básica de informar al público para que ese público decida actuar o no ante la realidad que vivimos. Ahora a ese público, o sea, a todos nosotros, nos toca responder. Tenemos que decidir si esto que nos duele tanto hoy día sólo se vuelve en una cifra más en esa espantosa lista de inmensa tristeza, o si defendemos de manera colectiva a los que se atreven a ser enemigos. Esta casa, y en buena medida lo que dice ser, o debería ser, democracia en cualquier parte de este planeta, dependen de nuestra respuesta.

 

 

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AbueliCIA, ¿para qué esos ojos y esas orejas tan grandes?

Fiel a su filosofía, recordada en comunicación dirigida el 6 de marzo a la Red de intelectuales, artistas y movimientos sociales por la humanidad reunida en Caracas, Julian Assange, cabeza visible de Wikileaks, defendía que las filtraciones que logra este proyecto de conocimiento libre es para que “[...] la sociedad de todo el mundo abra los ojos, y con datos irrefutables en la mano, confronte a los poderosos”. Su última revelación, “la mayor filtración de datos de inteligencia de la historia”, así lo confirma.

 

Espías espiados, y filtrados. Wikileaks inició el pasado 7 de marzo la publicación de miles de documentos –“la mayor filtración de datos de inteligencia de la historia”–, que evidencian las múltiples y avanzadas técnicas de espionaje desarrolladas por la CIA, bajo el gobierno de Obama, alguna de ellas en asocio con las agencias de inteligencia de países aliados. Técnicas de escucha, seguimiento y muerte de todo aquel o aquello que sea valorado como un objetivo prioritario, las que evidencian una vez más que el derecho humano a la privacidad es cosa del pasado y que los poderosos de cualquier rincón del mundo pueden actuar cuando quieran contra toda aquella persona o grupo social que identifiquen como enemigo.

 

La información difundida da cuenta de un programa encubierto de ‘hacking’ (ataque cibernético) de la CIA. Esta primera entrega, denominada “Year Zero” (Año Cero), está integrado por 8.761 documentos y 943 adjuntos entregados por “una red aislada y de alta seguridad situada en el Centro de Cibernética de la CIA en Langley, Virginia” y es parte de siete entregas que realizará el importante portal de filtraciones, denominado ‘Bóveda 7’. Los diversos documentos dados a conocer tienen fechas que van entre 2013-2016.

 

La información filtrada por Wikileaks da cuenta de un conjunto de instructivos, escritos en clave informática, con programas de virus, malware, troyanos, software malicioso, sistemas de control remoto, para pinchar con la última tecnología todo tipo de teléfonos, computadoras, televisores inteligentes, incluso comunicaciones justo antes y después de ser encriptadas en smarthones de iPhone (de Apple) y Android (de Google, bajo cuyo sistema funciona el 85% de los teléfonos inteligentes del mundo) por personas que creían que sus comunicaciones estaban a salvo por el hecho mismo de estar encriptadas, lo mismo que los usuarios de Whatsapp y Signal. También están bajo su control Telegram, Weibo, Confide, y Microsoft, Samsung/HTC/Sony. Aquí, como en el cuento, los ojos y oídos de la abueliCIA tienen claros propósitos.
Los programas de espionaje fueron gestados por el Engineering Development Group (Grupo de Desarrollo de Ingeniería) de la Central de Inteligencia estadounidense, una sección de la CIA integrada por 5.000 piratas informáticos, toda una NSA a su interior.

 

Según Wikileaks, “las armas cibernéticas, una vez desarrolladas, son muy difíciles de controlar” pues “las mismas personas que las desarrollan y las utilizan tienen las habilidades para hacer copias sin dejar huellas”. Un comercio ilegal de estos productos, valorados en miles de millones de dólares circula por todo el mundo. Estamos ante una nuevo cuerpo de las fuerzas armadas ­­–muy seguramente adscrito a la sección de inteligencia–, el cual se suma a la infantería, artillería, aviación y la naval.

 

Potencial disciplinador. Los asesinatos que comete esta, como otras agencias de inteligencia de los Estados Unidos por todo el mundo –así como diversidad de Estados en su afán por evitar el ascenso de sectores sociales alternativos–, son facilitados por procesos de chequeo, seguimiento y control a través de teléfonos infectados que envían a quien espía la geolocalización del usuario, sus comunicaciones de audio y textos, y también activan cámara y el micrófono del aparato. Incluso estando apagados este tipo de dispositivos recogen las conversaciones, las cuales retransmiten a un servidor de la agencia de espionaje. La única manera de evitar que esto ocurra es extrayendo la pila del teléfono, o dejándolo lejos de donde se mantiene el diálogo. Lo mismo con TVs de última generación, los cuales están bajo control de una herramienta de ciberespionaje conocida como Weeping Angel (Ángel llorón), programa desarrollado en cooperación con la inteligencia británica.

 

Manos limpias. Para borrar las huellas de sus operativos, la CIA utiliza mal-ware para ayudar a los investigadores en las escenas de un crimen y, así, eliminar cualquier huella digital de la Agencia, del gobierno de los Estados Unidos, de sus empresas afiliadas y/o de los gobiernos aliados.

 

En sistemas operativos, entre otros, están infectados Windows, MacOS, Linux y Solaris. En este caso, los malwares pueden estar en dispositivos USB, CD, DVD, dispuestos en áreas cubiertas en los discos o en sistemas para ocultar datos de imágenes. Además realizan ataques contra las redes de Internet y sus servidores a través de la Newtwork Devices Branch (Red del Sistema de Dispositivos) de la CIA. Los distintos antivirus comerciales también están bajo su control.

 

Todo este conjunto de acciones las puede desplegar la CIA, y otras agencias de inteligencia porque identificaron todas las vulnerabilidades que tienen los distintos software con que operan las máquinas y artefactos aquí relacionados, realidad desconocida por los usuarios, los cuales en su mayoría no son expertos en informática.

 

La filtración de esta información por parte de Wikileaks le facilita a las multinacionales de la comunicación y el software la identificación de las vulnerabilidades que tienen sus productos, con lo cual deberían proceder a remediarlos y así evitar que los procesos de espionaje y control social prosiga sin dificultad alguna.

 

La información dada a conocer devela, de igual manera y en su real dimensión, los niveles de control a los cuales están expuestos todos los grupos sociales, en especial los disidentes o críticos, control que facilita el ascenso de todo tipo de autoritarismo y fortalecimiento de aparatos militares enemigos de los procesos sociales alternativos, así como de chequeo de las empresas que le puedan competir a las multinacionales gringas –caso Odebrecht–, o de los distintos sectores de poder que para el caso de América Latina, África e incluso Europa les abren carpetas, recopilan información de todos y cada uno de los líderes y cuando requieren chantajearlo, removerlo o eliminarlo proceden sin dificultad mayor. Proceso siempre presente en las coyunturas electorales, o recientemente en casos como Brasil y otros similares.

 

A su vez, las filtraciones recuerdan el papel de la información y de los periodistas: develar los despropósitos del poder, poner al tanto a las sociedades sobre todo tipo de maniobras espurias sucedidas al interior de los gobiernos que las dirigen, motivar la acción colectiva en pro de sociedades desarrolladas en justicia e igualdad. Todo lo cual queda en entredicho cuando la información hoy en ejercicio, que es en tiempo real, toma forma a través de los aparatos pinchados por la CIA y otras agencias de inteligencia. Luchar contra este espionaje y control social es, a su vez, luchar por el derecho al acceso a una información veraz, en la cual los periodistas no estés expuestos a las maniobras del poder para silenciarlos.

 

Estas revelaciones ponen de presente, asimismo, que las mismas sociedades espiadas están en el deber de abrir un debate sobre ciencia y tecnología, sobre la sin razón de que el software sea privativo y la urgencia de que el mismo vuelva a ser abierto, como lo fue en su origen. Un debate público que debe extenderse al derecho y la forma como realmente podemos garantizar la privacidad y la libertad; debate que debe extenderse a la misma necesidad de que en todos los centros de educación se enseñe, desde el primer año escolar, todo lo concerniente a los bienes comunes y, en este caso, a comprender qué es y cómo funciona el software, aprendiendo a desarrollarlo. Hay que quitarle este poder a las multinacionales –transformarlas en bien común de la humanidad– para evitar que los aparatos de inteligencia de cualquier parte del mundo haga de las suyas. Es tiempo de una verdadera democracia, y aquí estamos ante un reto para la de nuevo tipo, la radical y refrendataria,

 

En esta línea, un paso necesario por dar en nuestra sociedad, si de verdad hay compromiso oficial con la libertad individual, el desarrollo de la ciencia y la creación colectiva, es romper todo tipo de contrato con las multinacionales que desarrollan software privativo, ingresando en la era del software libre. Hoy por hoy todo lo concerniente a la cibernética es otro campo de la soberanía nacional y actuar en contra de tal evidencia es renunciar, claramente a tan importante valor.

 

Precisamente la filtración de Wikileaks termina retomando lo dicho una y otra vez por Richard Stallman –tal vez el más reconocido defensor del GNU o sistema de software libre–, cuando dice que con el software existen solamente dos posibilidades: o bien los usuarios controlan el programa o el programa controla a los usuarios. Si el programa controla a los usuarios y el desarrollador controla el programa, entonces el programa es un instrumento de inicuo poder.

Publicado enEdición Nº233
Mentira y desinformación: los medios y la política

En los tiempos que corren es cada vez más difícil distinguir la verdad de la mentira, la realidad de la apariencia. El sistema capitalista ha perdido el norte, y cualquier opción puede ser tomada como el norte mismo. Todo un reto para quienes tienen entre sus sueños sociedades fundadas más allá de la democracia realmente existente.

 

Vivimos tiempos sorprendentes. La tecnología, y la interconexión global y al instante, junto con la concentración y el abuso del poder, además de la crisis en sus diferentes matices que sobrelleva el Sistema Mundo Capitalista, facilitan hoy el surgimiento y desarrollo de fenómenos sociales y políticos como Trump y su ascenso a la cabeza del gobierno de la máxima potencia mundial.

 

Vivimos tiempos de crisis estructural, pero también de cambio. Es así como el actual gobernante estadounidense es el resultado del ascenso soportado sobre un manejo mediático sorprendente centrado no en los grandes y tradicionales medios de comunicación sino en la utilización de grandes bases de datos, de las redes sociales. Y en este proceso las palabras no parecen importar, pues entran en un juego de sentimientos y manipulaciones donde lo que prima es la audiencia a la cual van dirigidas, audiencia valorada, el resto de la sociedad –quienes se oponen al discurso dominante– simplemente es desconocida, excluida o reprimida. Todo ello cuidadosa y estratégicamente manipulado.

 

Trasformaciones que nos obligan a mirar y detallar otras épocas, que le depararon a la humanidad lecciones que no podemos denegar. Es bien conocido que el triunfo del nacionalsocialismo –el régimen de Hitler– no hubiera sido posible sin dos tecnologías de comunicación: la radio y los megáfonos. La radio le permitía al dictador ser ubicuo en todas las ciudades y pueblos de Alemania, y el megáfono le permitía amplificar las masivas concentraciones y marchas que promovió el nazismo entre 1933-1945. Del otro lado del río, por así decirlo, la BBC se erigía como la emisora de liberación de los aliados, la que mantendría una elevada reputación durante mucho tiempo. Entre tanto, hasta la fecha, los grandes medios de comunicación se convirtieron, literalmente en el cuarto poder. Con una salvedad: su inmensa mayoría (TV, radio, prensa escrita) son privados, y están ligados al poder realmente dominante en todas las sociedades.

 

Con una diferencia notable: en los años 30 del siglo pasado aquello funcionaba sobre un dispositivo de grandes concentraciones, que hoy no son necesarias; antes era más importante la escenografía y la impresión del poder; hoy no parece ser así y lo que sí entra en juego es el mensaje enviado a través de unos dispositivos que les permite inundar y ganar conciencias. La gran diferencia ulteriormente está en el manejo político logrado con las grandes bases de datos, unificando información y datos, segmentando en porciones finas y sutiles a los grupos sociales, en fin, operando con sus temores, ilusiones, biografías –todas las cuales ya han sido plenamente identificadas y trabajadas.

 

El fenómeno en curso, con un Donald Trump encarnando un actor en permanente escena y vocalizando un discurso desparpajado, llevan a decir que el showman y su campaña no mienten: solo presentan “hechos alternativos”, que es la ambigüedad para designar justamente mentiras y engaño. Todo un eufemismo.

 

Pero, cómo se llega a una situación de estas? ¿Ha tenido paralelo en la historia de la sociedad? ¿Cuáles son sus particularidades?

 

Los medios y la desinformación

 

Donald Trump simplemente ejemplifica una tendencia cada vez más generalizada. Cuando se presentan “hechos alternativos”, la realidad es remplazada por palabras. Y entonces, por ejemplo, dejan de existir los paramilitares porque se convierten en bandas criminales (Bacrim), como en el caso colombiano. O bien, en el caso de Siria, los aliados en contra del gobierno de Bashar Al-Assad se llaman demócratas cuando en realidad no pocos de ellos integran el estado islamista, que decapita a sus opositores y a quienes no estén claramente con ellos; por ejemplo.

 

Asistimos a una nueva realidad de los medios de comunicación, a saber: la desinformación (a propósito de lo que están diciendo sobre la mentira). Cabe, naturalmente una pregunta: ¿son los medios mismos los que mienten y desorientan a la opinión pública, o bien sirven como medios al servicio de otros poderes y fuerzas que son quienes organizan y orquestan las sartas de mentiras?

 

Claramente, la información ahora es un peligro para quienes detentan el poder, pues cada vez puede ser menos controlada y aislada de la base de la sociedad. El exceso de conocimiento no parece ser nunca muy bueno para quienes detentan el poder. Precisamente por ello, a los engaños y mentiras los acompañan la banalización del mundo y la imposición de la realidad como espectáculo. Digámoslo sin ambages: si hay un rasgo manifiestamente destacado de los Estados Unidos en el panorama de la historia de las culturas y la civilización es el show business. El espectáculo. Ninguna otra nación en la historia de la humanidad se había destacado en este plano, hasta el punto de que la industria de la cultura y el entretenimiento constituyeran la más importante, en todos los sentidos, de la economía de los E.U.

 

Y en el espectáculo, lo que cuenta es el rating: la verdad queda desplazada a un segundo plano (recuérdese en la primera guerra de Irak –1990-91–, a las cámaras de CNN, estratégicamente situadas, transmitiendo como un show los bombardeos. No se veían cadáveres, solo los juegos de luces sobre Irak, al mejor estilo de Hollywood).

 

Vivimos, han dicho, la época posterior a la verdad, análogamente cabría hablar de la postmodernidad, o el poscolonialismo. Pues bien, la postverdad nos enfrenta al relativismo: las verdades acerca del mundo son inconsistentes e inciertas, todo en el sentido psicológico o emocional de la palabra.

 

Estas características forman parte de la médula misma de la civilización occidental.

 

En verdad, en el núcleo mitocondrial de Occidente, inaugurado ya por Platón, está el problema de la distinción entre el ser y la apariencia: to on/to peudós. El problema, originariamente no planteaba alternativas.

 

Para quienes ostentan tal poder, la gente es un objeto de manipulación: se les entrega “lo que quieren escuchar y lo que quieren saber”. El fundamento de la democracia, en el sentido tradicional de la palabra, es la opinión, y ésta es fácilmente manipulable. Precisamente, ya desde la Grecia antigua, Sócrates se debatía con los sofistas: éstos eran los agenciadores y manipuladores de la opinión (pública). Sócrates buscaba transformar radicalmente la opinión en episteme; esto es, conocimiento fundado, crítico y libre. Los retóricos son y han sido siempre los sofistas de cada época y lugar.

 

La dificultad es que el mundo occidental actual ha perdido por completo la memoria de sus orígenes en la Grecia antigua y, peor aún, no cabe ya volver atrás. La imposibilidad de echar marcha atrás a la historia ha conducido a lo mejor del mundo actual a este error: hechos alternativos, juegos borrosos (ni siquiera difusos) entre verdad y apariencia, el relativismo en el sentido psicológico y emocional de la palabra, en fin: a la confusión y al nihilismo –y no en última instancia la sociedad y la vida como espectáculos. Nietzsche sostenía que el nihilismo no es la ausencia de valores. Todo lo contrario: se trata de la proliferación de valores de tal manera que, al cabo, da lo mismo elegir por uno o por otro, o elegir por uno a costa de otro(s).

 

Este lenguaje tiene una expresión bien exacta: el libre mercado. El capitalismo.

 

Como consecuencia, terminamos haciendo cosas con palabras, algo que, por lo demás, siempre ha sucedido en la historia de Occidente. Eso se llama simple y llanamente etiquetar, categorizar. Pero, peor aún, las cosas mismas terminan siendo desplazadas por palabras, y los problemas reales, resueltos en términos de palabras. Buenos ejemplos son: “terrorista”, “enemigos del estado”, “enemigo”, “democracia”, y muchos más.

 

Con todo ello, en realidad, lo que se busca es desinformar. Algo que, en la historia reciente, comienza a raíz de la primera guerra de Irak, cuando se monta toda una maquinaria con la finalidad de eliminar del poder a Sadam Hussein y, literalmente, destruir a este país. O bien, en otro plano, es el hecho mismo de que dados los innumerables conflictos y guerras en curso, las bajas propias ya no se informan.

 

En síntesis, según todo parece, es cada vez más difícil distinguir la verdad de la mentira, la realidad de la apariencia. El sistema capitalista ha perdido el norte, y cualquier opción puede ser tomada como el norte mismo. La clave para el manejo de la realidad y su presentación ante las grandes audiencias depende de la fuerza que se haga ante la opinión pública, la publicidad y la propaganda.

 

* Profesor Titular Universidad del Rosario.
** Un estudio acerca de su importancia y complementariedad debe quedar para otra oportunidad, pues sus ideas dominan hoy ampliamente en el panorama de las democracias occidentales, a pesar de la derrota militar el nacionalsocialismo.

 


 

Recuadro 1

 

Reconsideración: Publicidad, propaganda y Goebbels

 

El nazismo fue posible en su manejo discursivo y de opinión pública a partir de dos personajes centrales, no tan conocidos como sí lo fueron algunas figuras militares: el Ministro de Propaganda, J. Goebbels, y el Ministro de Ciencia, Educación y Cultura Nacional, B. Rust.

 

El primero de estos desarrolló una serie de principios publicitarios, a los cuales es necesario volver, una y otra vez, cuando de la manipulación se trata, así como de la mentira y la verdad. Tales principios son:

 

Principio de simplificación y del enemigo único.
Basta con presentar e insistir en una idea única y básica. En el caso de Trump, se trata de: “America first”. Y el enemigo puede ser individualizado y anatematizado (islamistas, chicanos, ilegales, chinos....).

 

  • Principio del método de contagio.
Distintos adversarios pueden ser reunidos en una sola categoría: los enemigos del estado; los enemigos de la democracia; los enemigos de la libertad.
  • Principio de la transposición.
La mejor defensa es un ataque, y si no es posible negar las noticias adversas, se inventan otras para distraer a la opinión pública.
  • Principio de la exageración y desfiguración.
Exagerar y calumniar. En Colombia G. Alzate Avendaño bien lo sabía: “¡Calumnia, que algo quedará!”.
  • Principio de la vulgarización.
El nazismo como el populismo le habla a la clase media, al gran público. No a los intelectuales ni a los científicos y tampoco a la comunidad internacional. Lenguaje simple y llano, y si se puede, enredo con grandes cifras rápidas.
  • Principio de orquestación.
La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente. Una mentira repetida muchas veces termina convirtiéndose en una verdad.
  • Principio de renovación.
Tomar siempre la iniciativa en materia de información y publicidad, de modo que los rivales estén siempre a la defensiva.
  • Principio de la verosimilitud.
Lo importante no es la verdad sino convencer a la sociedad con informaciones parciales, variadas y difíciles de contrastar permanentemente.
  • Principio de la silenciación.
Acallar toda información que tiene que ver con los adversarios, a menos que sea siempre para disminuirlos.
  • Principio de la transfusión.
Avivar mitos, leyendas, decires y lugares comunes. Y trabajar definitivamente con las emociones y sentimientos de las gentes.
  • Principio de la unanimidad.
Hablar de mayorías, pensar en unanimidad, en fin, hacer creer y sentir que se representa a las mayorías, sin más.

 

Estos principios de la propaganda y la publicidad también expresan, perfectamente, el reconocimiento expreso de que los populismos, al igual que las dictaduras à la Hitler o Mussolini, son siempre formas de Estado con amplio arraigo de masas. Y nada distinto sucede con la democracia realmente existente, por lo demás. Le Pen, Macri, Uribe, Trump, Rajoy o Aznar, y muchos otros, aquí y allá.

 

Resumiendo: una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en una verdad.

 


 

Recuadro 2


Medios alternativos, nueva democracia

 

El pensamiento político clásico –Montesquieu– distinguió y creó los tres poderes tradicionales: el ejecutivo, el judicial y el legislativo. El cuarto poder es el resultado del impacto social de los grandes medios de comunicación sobre la generación de opinión en el mundo y, por tanto, de estilos y hábitos de vida. Pues bien, Internet en general, y en consecuencia las llamadas redes sociales y la web semántica vienen a configurar lo que adecuadamente ha dado en llamarse el quinto poder. Un poder alternativo y emancipatorio (Primavera árabe, movimiento de Indignados, Occupy Wall Street, el movimiento de estudiantes chilenos, y los nuevos-nuevos movimientos sociales, por ejemplo).

 

Nuevas formas de comunicación implican nuevas formas de organización social. Y por tanto nuevas formas de acción colectiva. La verdad es que estamos apenas en los albores de este fenómeno y las mejores oportunidades para los medios de comunicación independiente están aún por venir, hacia futuro.

 

En este proceso la gente puede organizar la información mottu propio, y puede decidir qué información es válida y necesaria y cuál no lo es. Facebook, twitter, snapchat, instagram, whatsapp, y varias más constituyen mecanismos novedosos de expresión y de acción social con impactos que pueden rastrearse sin dificultad alrededor del mundo. Es lo que sucede en las redes a propósito de la reacción de los latinos (“ilegales”) con respecto a las políticas de Trump. O el boicot a las transnacionales de alimentos en Alemania, o a transnacionales con políticas nocivas para el medioambiente.

 

Tres ejemplos y tres casos de “hechos alternativos”, mentiras y desinformación pueden aportarse sin dificultad:

 

A propósito de la presidencia de Donald Trump, los medios de comunicación presentan un falso dilema A. De acuerdo con la versión normal, Trump representa la cara opuesta del liberalismo y el neoliberalismo, el fin de la globalización, y su propuesta, análogamente a la de toda la derecha y la extrema derecha europea es el proteccionismo. Trump aquí, M. Le Pen, allá, por ejemplo.

 

Al mismo tiempo, hace unos meses conocimos cómo una campaña perfectamente organizada desde el exterior se implementó en Brasil con la ayuda fundamental del más prestigioso medio de comunicación brasilero, conducente a tumbar a Dilma Rousseff. Una serie de mentiras, repeticiones, calumnias y desviaciones de información lograron finalmente su cometido. Todo ello sobre la base de que muchos dirigentes del PT (Partido de los Trabajadores) se dejaron empantanar por las lógicas del poder.

 

Mientras que las llamadas redes sociales muestran torpezas y equivocaciones lingüísticas y otras semejantes de Nicolás Maduro, prácticamente nada semejante con respecto a Mariano Rajoy, el presidente de España, quien tiene exactamente los mismos niveles de inteligencia/error que Maduro.

 

Que Internet no puede ser controlada totalmente significa que los grandes poderes no pueden controlar enteramente las dinámicas y estructuras de la web 2.0, 3.0 y los desarrollos en curso. Las comunidades y las sociedades han aprendido a leer y seguir espacios que anteriormente eran inimaginables: Wikileaks, Hispantv, China Today, Russia Today, Le Monde diplomatique, emisoras universitarias, radios comunitarias, y los diversos modos nacionales de prensa independiente, por ejemplo. Prensa independiente: cuando lo que las empresas y las grandes corporaciones, las instituciones y los Estados piden es afiliación, pertenencia, lealtad y fidelidad. Por ejemplo, ese concepto propio del marketing: “la fidelización del cliente”.

 

Las ventanas de oportunidades se han abierto de modo magnifico, y la sociedad como un todo ha ganado enormemente en grados de libertad. Como consecuencia, la gente puede desarrollar criterio propio, autonomía, independencia, en fin: libertad.

 

El tema de base es el de cómo implantar ideas en la gente. Pero también, cómo liberar a las personas de falsas creencias, falsa información, y cómo motivarla para que rompa su apatía política, disponiéndose a desplegar participación y liderazgo en pro de una sociedad diferente. Pues bien, en este dilema va el reconocimiento explícito de que otra democracia es posible y sí: otro mundo es posible.

 

La lucha, dicho en el lenguaje clásico de la literatura, es entre oscuridad y medias luces de un lado, y transparencia, conocimiento e información veraz de otro. Vivimos una auténtica revolución en curso que habrá de dirimirse en función de la capacidad de que la gente produzca, conozca y comparta sus propias informaciones y no aquellas orquestadas en otros lugares.

 

No sin razón ya lo sostenía M. McLuhan: el medio es el masaje. Contra esto exactamente es que la prensa independiente, en toda la acepción de la palabra, apunta en la dirección al valor mismo de la vida: pues más y mejor información se traduce siempre en más y mejores condiciones de dignidad y de calidad de vida.

 


 

Recuadro 3


“Hechos alternativos, postverdad y mentira”

 

Gracias a Wilikeaks se ha sabido que la CIA (Central de Inteligencia Americana), ha emprendido desde hace años una campaña sistemática de espionaje a gran escala, y que, al mismo tiempo, ha perdido el control de los mecanismos y procesos del espionaje. El hecho revela que no es simplemente una política de gobierno; mucho mejor, es una política de Estado, que por tanto trasciende a las administraciones de Obama o de Trump.

 

Es evidente que, alrededor del mundo existe una intensa disputa por el control de internet, en la cual están inmersas agencias como la CIA, compañías como Google o Facebook, y en la cual cada día se refinan los instrumentos y procesos. Pero es igualmente cierto que existe, de otra parte, un esfuerzo por parte de gobiernos, estados, Ongs, grupos de ciudadanos* en sentido contrario, buscando defender a la sociedad de políticas de control y espionaje. Es todo el movimiento de hacktivistas. Nos encontramos, literalmente, en medio de una guerra. Una guerra velada y encubierta, en la que la primera víctima es la verdad.

 

En efecto, la sistemática introducción de “hechos alternativos”, juegos de palabras, nominalismos y semantización del lenguaje han dado lugar a ese eufemismo horrible que es la post-verdad. Como si viviéramos hoy en la era posterior a la verdad, en donde la apariencia y la realidad no pueden distinguirse. Los poderes de facto han descubierto que tienen pánico a la información, la transparencia, la verdad. Por eso las persecuciones contra Wikileaks, o Anonymous, por ejemplo, en la cual la democracia queda reducida a la nada. Si así es, debemos preguntarnos por la posibilidad de una democracia superior a la realmente existente, la cual debemos ir dibujando en algunas de sus precondiciones. Apuntemos ahora al menos una:

 

Una nueva democracia es posible, a saber: una democracia que se defina de cara a la transparencia, y más y mejor información y conocimiento. La democracia clásica y aún imperante tiende a desaparecer, aunque tiene aún muchos poderes e instrumentos. Nos encontramos en medio de procesos en los que el mundo antiguo se desmorona y en el que un nuevo mundo emerge, gracias al reconocimiento de que la vida y el conocimiento son una sola y misma cosa. Análogamente a como el conocimiento no pertenece hoy a nadie, asimismo, la información libre, abierta, compartida y crítica, permite nuevas formas de acción y de vida.

 

* Cfr. Maldonado, C. E., “La lucha por la libertad frente a los controles políticos de la información. Nuevos movimientos sociales, tecnología y acción informativa”, en: Desde Abajo, Febrero, Nº XYX, pp. XYZ

Publicado enEdición Nº233