Lunes, 20 Febrero 2017 06:05

Enemigo del pueblo

A un mes de haber asumido la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump provocó ya varias crisis diplomáticas con aliados, despidió a la procuradora general en funciones, estuvo al borde de una crisis constitucional al insultar y desacreditar al Poder Judicial, fue obligado a despedir a su asesor de Seguridad Nacional y vio caer a uno de sus nominados al gabinete, entre otros reveses, no obstante, el mandatario afirma que su gobierno ha logrado más que cualquier otro en la historia en el mismo lapso. Mientras, en el país continúan las manifestaciones contra sus políticas; la imagen, ayer en Chicago.

 

Donald Trump nos ha declarado –a todos los periodistas y medios de noticias– enemigos del pueblo.

Son palabras con antecedentes tenebrosos, desde Hitler hasta Stalin, de la boca de diversos dictadores y autócratas y demagogos en este y otros países.

Todo presidente y político se queja de los medios, es parte de la relación normal. De hecho, es preocupante cuando esa queja no está presente.

Trump, desde el arranque de su campaña, etiquetó a los medios como parte de una élite corrupta, y gozaba señalando a los periodistas, por órdenes de él casi siempre encerrados en una zona en sus actos, y provocar que sus admiradores se voltearan para denunciar a los medios. Esto llegó a tal extremo que algunos medios nacionales contrataron seguridad privada para proteger a sus corresponsales y enviados que cubrían la campaña del multimillonario.

Al llegar a la Casa Blanca no abandonó su estrategia de atacar a los principales medios, con excepción de Fox News y el sitio ultraderechista Breitbart (dirigido hasta recientemente por su asesor íntimo Steve Bannon), entre otros fieles a la causa Trump.

Pero el jueves pasado, después de su primer mes en la presidencia –en el cual provocó varias crisis diplomáticas con aliados, entre ellos México y Australia, despidió a la procuradora general en funciones, estuvo al borde de una crisis constitucional al insultar y desacreditar al Poder Judicial sobre su orden ejecutiva antimusulmana, fue obligado a despedir a su asesor de Seguridad Nacional y vio caer a uno de sus nominados al gabinete, entre otros reveses, además de acusar a sus propias agencias de inteligencia y más–, Trump llegó a decir que su gobierno funciona como una máquina bien afinada y que había logrado más que cualquier otro presidente en la historia en su primer mes. Subrayó que toda crítica o versión diferente de la que él aseguraba era fake news (noticia fabricada) promovida por los medios.

Fue poco después, el viernes por la noche, cuando envió uno de sus en promedio seis tuits por día de su cuenta personal, en el que proclamó que los medios de noticias son el enemigo del pueblo estadunidense.

Casi todo medio y algunos políticos respondieron con diversos índices de alarma, casi todos con referencias a regímenes represivos. Hasta figuras dentro del partido del presidente comentaron con el senador John McCain que así empiezan los dictadores.

La estrategia, y se ha dicho mucho aquí, es librar un ataque sin tregua no sólo contra la credibilidad de los medios, sino contra la credibilidad en sí. Es crear una realidad alternativa con hechos alternativos.

Por cierto, durante un mitin estilo campaña en Florida el sábado, Trump sorprendió a todos cuando hablaba de países que han permitido el ingreso de refugiados y después sufrido ataques terroristas, y declaró: uno mira lo que está ocurriendo en Alemania, uno ve lo que sucedió anoche en Suecia. Suecia, ¿quien los creería?, antes de seguir con la lista. Pues en Suecia nadie le creyó porque no sabían de qué estaba hablando. ¿Suecia?¿Atentado terrorista? ¿Qué ha estado fumando?, comentó Carl Bildt, ex primer ministro de ese país, por medio de un tuit. Trump explicó después que fue por un reportaje que vio en su canal favorito: Fox News.

Pero no es nada más la mentira repetida, sino que la segunda parte de la estrategia es acusar de enemigo a todo aquel que dispute esa mentira oficial, ya que es la del presidente y sus voceros. La estrategia no es nueva y se ha empleado de varias maneras; vale recordar lo de George W. Bush después del 11-S, cuando declaró que si uno no estaba con nosotros, estaba con el enemigo.

Tal vez el ejemplo más apropiado es el del senador Joseph McCarthy en los años 50, cuando declaró esencialmente que él encabezaba una guerra sagrada contra un enemigo que deseaba destruir al país (en ese entonces era el comunismo), y quien lo cuestionara o se oponía era sospechoso de ser el enemigo. Con eso logró imponer un régimen de temor en el país, destruyendo incontables vidas.

Y resulta que el ejemplo incluye relaciones directas. El operador de la cacería de brujas de McCarthy era la figura siniestra del abogado Roy Cohn, quien años después fue nada menos que un mentor del joven Trump en los 70.

Fue un reportero el que ayudó, con un abogado del ejército, a poner fin a McCarthy.

El presentador Edward J. Murrow, de CBS News, hizo primero un programa en el que reveló las ficciones de McCarthy el 9 de marzo de 1954, e invitó al senador a ofrecer una respuesta (www.youtube.com/watch?v=-YOIueFbG4g ). Después de la respuesta, Murrow comentó esto en su programa del 13 de abril: Él comprobó de nuevo que cualquiera que lo revele o que no comparta su repudio histérico de la decencia y la dignidad humanas y los derechos otorgados por la Constitución, debe ser un comunista o un simpatizante. (www.youtube.com/watch?v=8wMiPkaofjw ).

El abogado Joseph Welch fue el que emitió las palabras que finalmente marcaron el fin de McCarthy durante una de sus famosas audiencias, cuando, harto de sus acusaciones, respondió: hasta este momento, senador, no creo que hubiera medido verdaderamente su crueldad o imprudencia... Usted ha hecho suficiente. ¿No tiene algún sentido de decencia? Casi de inmediato, el poderoso senador fue anulado y murió solo y abandonado tres años después.

Vale señalar que por ahora, ante este ataque de Trump, los medios masivos, casi a la fuerza, han regresado a su misión real de reportar, cuestionar y enfrentar a la cúpula con hechos y revelar los engaños y las mentiras oficiales. El golpe más fuerte contra Trump hasta ahora, que hizo temblar a la Casa Blanca, fue producto de periodismo a la antigüita –eso que muchos han descartado en la era moderna como algo caduco por su lentitud y cuidado– de un equipo de reporteros y editores profesionales, en este caso los del Washington Post y el New York Times, investigando lo que los ocupantes del poder deseaban ocultar (relaciones con oficiales rusos) e informando a los ciudadanos de lo que estaba en lo oscurito.

A veces, los periodistas son lo que deben ser: enemigos de los enemigos reales de un pueblo.

 

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El rey Abdalá II de Jordania y Donald Trump.

 


Uno pensaría, dada la dureza antimusulmana del gobierno de Trump en Washington, que los reyes y dictadores árabes se estarían uniendo para condenar las despiadadas leyes sectarias elaboradas por un presidente estadunidense que está en favor de la tortura. Todas esas fanfarronadas sobre los tipos malos y el terror islámico. Frases bastante siniestras.

Nada de eso. Los potentados han estado abrumando el conmutador de la Casa Blanca con llamadas, tanto el egipcio Al Sissi como los árabes del Golfo. Emiratos Árabes de hecho expresó aprobación a las políticas de Trump. El monarca jordano, que desde luego fue el primero en llegar a Washington, fue seguido en rápida sucesión al salón del trono de Trump por Benjamin Netanyahu.

Es todo un galimatías. Los europeos levantan las cejas, chasquean la lengua y hasta condenan tibiamente al nuevo gobierno estadunidense, mientras las principales víctimas del nuevo régimen –¿acaso no lo estaremos llamando régimen dentro de poco?– guardan un silencio servil o asienten con aprobación a sus diabluras antimusulmanas. Tal vez haya sido mejor que el pobre Mahmoud Abbas de Palestina no haya recibido contestación a sus tres llamadas telefónicas.

Como todos predijimos, el Isis reaccionó condenando a Trump justo a tiempo. Lo mismo hizo Al Qaeda, cuya referencia al tonto en la Casa Blanca debió haber sido la primera vez en la historia moderna en que la reacción de quienes cometieron los crímenes de lesa humanidad del 11-S fue exactamente la misma que la de la mitad de los estadunidenses. Por cierto, los argelinos también felicitaron a Trump, no mucho después de hacer lo propio con Bashar al Assad por su tremenda (en sus palabras) victoria contra el terrorismo en Alepo oriental. Pero aquí hay más de lo que parece.

Claro, el Isis puede regodearse con que Trump en realidad es antimusulmán y que los dictadores árabes son tan indiferentes como él a sus pueblos. Pero la respuesta de los regímenes árabes al nuevo régimen estadunidense –sí, llamémoslo así– también es indicativa de lo cercanos que están unos de otros.

La mayoría de potentados árabes llevan años alimentando a sus poblaciones con noticias falsas y hechos alternativos. También prometen siempre la victoria final contra la entidad sionista mientras esparcen su furia contra sus aliados. Los sauditas han atacado repetidas veces a Irak y a Siria; Emiratos y Egipto han bombardeado Libia, los sauditas y Emiratos han asaltado a Yemen.

Es un hecho extraño que tanto los árabes como Trump usan clichés. Si no es el mantra de tipo malo/terrorismo islámico del régimen de Trump, es la tontería de sólo-nosotros-combatimos-al-terrorismo-islámico de los regímenes árabes. Los dictadores y los gobiernos violentos de Medio Oriente han estado intercambiando esa basura durante años. Hemos tenido a los Sadat, los Mubarak, los Al Sissi, los Al Assad y los Saddam y a los reyes del Golfo endilgando fantasías a sus pueblos y amenazando a cualquiera que difiera de ellos.

De hecho, la cobarde prensa pro gubernamental de gran parte de Medio Oriente se parece mucho al periodismo complaciente en el que cree Trump. Busquen el equivalente a la televisión estatal egipcia o la televisión siria mirando Fox News. Los agentes árabes de seguridad tienen los poderes que el gobierno estadunidense envidia y que quisiera que su propia policía tuviera. En Medio Oriente, las minorías son reprimidas, los jueces son intimidados, los políticos son amenazados... y sus gobernantes creen en la tortura. ¿Les recuerdan a alguien? ¡Bienvenidos al Mundo Trump!

Recuerdo que el viejo Mubarak de Egipto regalaba a su pueblo constantes elecciones falsas –tema favorito de Trump– y recibía felicitaciones de los presidentes estadunidenses, republicanos y demócratas por igual, después de ganar en las urnas por más de 90 por ciento. Sean Spicer, el extremadamente raro amanuense de Trump, y sus infortunados asistentes, tienen contrapartes en todo ministerio de información árabe, templos de la verdad cuyos Spicers se ven obligados a repetir las fantasías y berrinches de sus amos. El paralelo es completo, puesto que los ministerios de información árabes no contienen ninguna información en absoluto.

Tendría que decir que, puesto que Trump y el Mundo Trump son casi intercambiables, hay algo en lo que se desvían con claridad. A menudo se acusa a los árabes de ser antisemitas, porque son anti israelíes. Pero los árabes también son semitas. Dada la negativa de Trump a mencionar a los judíos en el Día del Holocausto y su evidente disgusto por seis naciones musulmanas árabes, el régimen estadunidense podría ser acusado de antisemitismo tanto a causa de los judíos como de los árabes.

Pero seamos justos. Si Trump hiciera una gira por las dictaduras árabes que por el momento no están en guerra, se sentiría bastante en casa. Gran seguridad, policía fantástica, montones de tortura, elecciones extremadamente corruptas y enormes proyectos económicos que dañan el medio ambiente pero resultan por completo inútiles. Y si se une a sus hijos Eric y Donald júnior en la apertura del Torneo Internacional Trump de Golf en Dubai, entonces en verdad estará en el Mundo Trump.

Los potentados, reyes y crueles autócratas árabes deberían reunirse en Washington en su próxima cumbre. Encontrarían una atmósfera muy familiar. Para no hablar del presidente.

 

 

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

 

 

Publicado enPolítica
Martes, 14 Febrero 2017 07:09

Basta de letanías

Basta de letanías
 
¿Qué significa hoy democratizar la comunicación?

 

Hipotéticamente, si realmente en nuestra región, el 33 por ciento de las frecuencias fueran concedidas a los medios populares, ¿quién abastecería de contenidos a tal cantidad de canales y radios? Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos.

 

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos solo de redistribución de frecuencias radioeléctricas para garantizar el derecho humano a la información y la comunicación? ¿De qué forma la redistribución equitativa de frecuencias –éstas patrimonio de la humanidad- entre los sectores comercial, estatal o público, y popular (comunitario, alternativo, etc.) puede garantizar la democratización de la comunicación e impedir la concentración mediática?

A veces pienso que nos instan, nos empujan a pelear en campos de batalla equivocados o perimidos, mientras se desarrollan estrategias, tácticas y ofensivas en nuevos campos de batalla. El mundo avanza, la tecnología avanza... y pareciera que nosotros –desde lo que llamamos el campo popular- seguimos aferrados a los mismos reclamos, reivindicaciones de un mundo que ya (casi) no existe.

El mundo cambia sí, pero el tema de la comunicación, de los medios de comunicación social, sigue siendo, como en 1980 cuando el Informe Mc Bride, fundamental para el futuro de nuestras democracias. El problema de hoy es la concentración oligopólica: 1500 periódicos, 1100 revistas, 9000 estaciones de radio, 1500 televisoras, 2400 editoriales están controlados por sólo seis trasnacionales. Pero ese no es el único problema.

Hoy los temas de la agenda mediática tienen que ver con la integración vertical de proveedores de servicios de comunicación con compañías que producen contenido, la llegada directa de los contenidos a los dispositivos móviles, la trasnacionalización de la comunicación y su cortocircuitos con los medios hegemónicos locales, los temas de la vigilancia, manipulación, transparencia y gobernanza en internet, el “ruido” en las redes y el video como formato a reinar en los próximos años.

Estos son, hoy en día, juntos al largamente anunciado ocaso de la prensa gráfica y la vigencia de la guerra de cuarta generación y el terrorismo mediático, los vértices fundamentales para reflexionar sobre el tema de la democracia de la comunicación, mirando no hacia el pasado, sino hacia el futuro que nos invade.

Hipotéticamente, si realmente en nuestra región, el 33 por ciento de las frecuencias fueran concedidas a los medios populares, ¿quién abastecería de contenidos a tal cantidad de canales y radios? Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?

Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.

 

¿Adiós televisión? Controlar los contenidos

 

Pasaron 140 años desde que Alexander Graham Bell utilizó por primera vez su teléfono experimental para decirle a su asistente de laboratorio: “Señor Watson, venga, quiero verlo”. Su invención transformaría la comunicación humana y el mundo. La empresa creada por Bell creció hasta transformarse en un inmenso monopolio: AT&T.

El gobierno estadounidense consideró luego que era demasiado poderosa y dispuso la desintegración de la gigante de las telecomunicaciones en 1982... pero AT&T ha regresado, anunciando la adquisición de Time Warner, una de las principales compañías de medios de comunicación y producción de contenidos a nivel mundial, para conformar así uno de los más grandes conglomerados del entretenimiento y las comunicaciones del planeta.

La fusión propuesta, que aún debe ser sometida a estudio por las autoridades, representa desde ya no solo una significativa amenaza a la privacidad y a la libertad básica de comunicarse, sino también un cambio paradigmático en lo que hoy entendemos como comunicación. Sería la mayor adquisición hasta la fecha y llegaría un año después de que AT&T comprara a DirecTV.

AT&T es hoy la décima entre las 500 compañías más grandes de Estados Unidos y si adquiriera Time Warner, que ocupa el lugar 99 de la lista Forbes, se crearía una enorme corporación, integrada verticalmente que controlaría no solo una amplia cantidad de contenidos audiovisuales, sino la forma en que la población accedería a esos contenidos.

Según Candace Clement, de Free Press, esta fusión generaría un imperio mediático nunca antes visto. AT&T controlaría el acceso a Internet móvil y por cableado, canales de televisión por cable, franquicias de películas, un estudio de cine y televisión y otras empresas de la industria. Eso significa que AT&T controlaría el acceso a Internet de cientos de millones de personas, así como el contenido que miran, lo que le permitiría dar prioridad a su propia oferta y hacer uso de recursos engañosos que socavarían la neutralidad de la red.

 

Pelear guerras que ya no existen

 

El mundo no es el mismo de antes (tampoco el del 1980 cuando el Informe McBride), aunque tanto derecha como izquierda crean que seguimos en 1990. Es difícil, a quienes como uno vienen de la época de la tipografía y la linotipia, de los télex y teletipos -o del dogmatismo y la repetición de consignas-, asimilar los cambios tecnológicos y la realidad del mundo actual, del big data, de la inteligencia artificial, de la plutocracia...

Según los últimos cálculos, en el mundo hay unos 10 zetabytes de información (un zetabyte es un 1 con 21 ceros detrás), que si se ponen en libros se pueden hacer nueve mil pilas que lleguen hasta el sol. Desde 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y la única manera de interpretarlos es con máquinas.

El Deep Learning es la manera como se hace la Inteligencia Artificial desde hace cinco años: son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todos lo usan.

El Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más les preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta.

Si uno tiene Gmail en su celular con wifi, puede ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuvo cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (no tiene por qué creerme: vea www.google.com/maps/timeline). Es una información que uno les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instala la aplicación.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buenos negocios con nuestros datos. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de los celulares Movistar. De la noche a la mañana, la gente pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Hoy se puede saber dónde están las personas, pero también qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social.

El alemán Martin Hilbert , asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. señala que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook . “Se puede abusar también, como Barack Obama y Donald Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary Clinton no lo hizo, y perdió. Esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes (me gusta) tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no”, señala el científico.

Y “con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección”.

“Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, los empezaron a atacar”, señala Hilbert.

Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar”. Lo más delicado es que no sólo pueden mandar el mensaje como más le va a gustar a esa persona, sino también pueden mostrarle sólo aquello con lo que va a estar de acuerdo.

Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles no. Si un robot reconoce células de cáncer, uno se ahorra al médico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, afirma Hilbert. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores. El 99% de las decisiones de la red de electricidad en EEUU son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía.

No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y lo más importantes es entender en qué mundo vivimos. Por eso llama la atención que operadores mediáticos, que se autodefinen como radicales de izquierda, sigan insistiendo en la necesidad de pelear en escenarios que ya no existen, con léxicos que no corresponden a las realidades reales y tampoco a las virtuales, en aferrarse al pasado, lo cual es por demás retrógrado.

 

La dictadura y la posverdad

 

Hoy más que nunca la dictadura mediática, en manos de cada vez menos “generales” de las corporaciones, busca las formas novedosas de implantar hegemónicamente imaginarios colectivos, narrativas, discursos, verdades e imágenes únicas. Es el lanzamiento global de la guerra de cuarta generación, directamente a los usuarios digitalizados de todo el mundo.

Si hace cinco décadas la lucha política, la batalla por la imposición de imaginarios, se dilucidaba en la calle, en las fábricas, en los partidos políticos y movimientos, en los parlamentos (o en la guerrilla), hoy las grandes corporaciones de transmisión preparan una ofensiva que saltean los medios tradicionales para llegar directamente, con sus propios contenidos de realidades virtuales, a los nuevos dispositivos móviles de los ciudadanos.


¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información? ¿Hablamos de redistribución de frecuencias radioeléctricas cuando hoy el control emerge de la conjunción de medio y contenido? Los que controlan los sistemas de difusión, cada vez más inalámbricos, satelitales, eligen, producen y disponen cuáles serán los contenidos, en una planificada apuesta por monopolizar mercados y hegemonizar la información-formación del ciudadano.

Cambia la radio. Bajo la mirada vigilante de otras naciones, Noruega se ha convertido desde el enero de 2017, en el primer país del mundo en apagar su señal de Frecuencia Modulada (FM), considerando que tiene 22 estaciones nacionales de radio digital, y aún hay espacio en su plataforma digital para otras 20.

La tendencia mundial –y latinoamericana- demuestra que los jóvenes televidentes ya están pasando del uso lineal de televisión hacia un consumo en diferido y a la carta, que bien puede optar el dispositivo fijo (el televisor) y optar por una segunda pantalla (computadora, tablet, teléfonos inteligentes).

Para los comunicólogos optimistas, de receptores pasivos, los ciudadanos están pasando a ser, mediante el uso masivo de las redes sociales, productores-difusores, o productores-consumidores (prosumidores). Para los menos optimistas, si bien esa es una posibilidad teórica, la práctica demuestra que la producción y difusión quedarán en manos de grandes corporciones, en especial estadounidenses, y los ciudadanos podrán ocupar la casilla de consumidores, en una arremetida del pensamiento, el mensaje, la imagen únicos.

Quizá aquellos que estamos desde hace años en la lucha creemos que la discusión sobre la democratización de las comunicaciones está socializada/masificada en nuestras sociedades. No lo está siquiera en aquellos donde se han hecho esfuerzos de esclarecimiento en este campo, como Argentina y Ecuador. Hay quienes sostienen que aún se trata de una discusión elitesca, entre los militantes políticos, de la comunicación y allegados.

¿De qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información en la que ahora se da en llamar la época de la posverdad, donde los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones, los imaginarios y las creencias personales?

Hoy, la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos. La sociedad es hoy un monumental simulacro, un plexo cuasi-infinito de significaciones sin referente ni realidad que las apoye, una especie de monumental ciencia-ficción que nos domina, dijera Baudrillard.

En 2016, The Economist hablaba del arte de la mentira, y señalaba que Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que se basa en frases que se sienten verdaderas, pero que no tienen ninguna base real. Una cosa es exagerar u ocultar, y otra, mentir descarada y continuadamente sobre los hechos. Y lo peor es que esas mentiras se van imponiendo en el imaginario colectivo.

Hoy se manipulan, se omiten, se tergiversan o se falsifican desde las cifras de la desocupación o del costo de la vida, mientras opinadores muy mediatizados predican distintas variantes del there is no alternative (no hay alternativa) thatcheriano.

Disculpe, entonces, ¿de qué estamos hablando cuando reclamamos la democratización de la comunicación y de la información?

 

*Adelanto del libro El asesinato de la Verdad, a editarse este semestre.


Aharonian es periodista uruguayo, magister en Integración, fundador de Telesur, codirector del Observatorio de Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (Clae), y presidente de la Fundación para la Integración Latinoamericana (Fila). Autor de Vernos con nuestros propios ojos y La internacional del terror mediático, entre otros textos.

 

 

Domingo, 22 Enero 2017 05:59

Mito y realidad de la posverdad

Mito y realidad de la posverdad

Desde la victoria de Donald Trump hay un nuevo concepto que persigue a los lectores de los medios de comunicación: “posverdad”. Hasta los diccionarios de Oxford han elegido post-truth como la palabra del año a causa del incremento en su uso en 2016. El aumento es del 2 mil por ciento. Es decir, muy pocos la usabanantes y ahora está en todos los sitios.

 

En su definición, el diccionario de Oxford explica que posverdad “se refiere a las circunstancias en que los hechos objetivos son menos influyentes a la hora de condicionar a la opinión pública que las apelaciones a las emociones y creencias personales”.

La definición es correcta, aunque uno siente la tentación de pensar que podría encontrar múltiples ejemplos de esa situación en un número no pequeño de países en épocas en que nadie sabía que existía ese término.


Si se habla ahora tanto de posverdad es principalmente a causa de dos acontecimientos políticos: el referéndum del Brexit en Reino Unido y las elecciones de Estados Unidos. En ambos casos, una parte muy importante del poder político, económico, cultural y periodístico estaba a favor de un resultado que fue derrotado en las urnas (eso es más cierto en el caso británico que en el estadounidense). Esa derrota no se debió sólo a errores propios –y muy evidentes, como se ha visto después– de las campañas a favor del Sí a la UE o de Hillary Clinton, sino también al triunfo, entre el electorado, de ciertos prejuicios muy arraigados y no confirmados por los hechos y la realidad económica. Por ejemplo, la xenofobia y el rechazo a la inmigración fueron factores decisivos en ambos resultados, pero no los únicos.


La apelación a “hechos objetivos” en la definición nos lleva a pensar en uno de los ámbitos profesionales en los que más se habla de objetividad, que no es otro que el periodismo. La extensión del concepto de posverdad no puede desligarse de la crisis de credibilidad de los medios de comunicación, en especial de las grandes cabeceras periodísticas, lo que años atrás se llamaba la “prensa seria”, para diferenciarla de los tabloides.


En Reino Unido todos los periódicos que llevan ese sello, menos el Daily Telegraph, pidieron el voto a favor de continuar en la UE. En Estados Unidos, medios que durante décadas habían apoyado a candidatos presidenciales republicanos, en algún caso desde hacía un siglo, rechazaron como absurda la idea de votar a Trump.


Es obvio que los votantes del candidato republicano no prestaron mucha atención a esas recomendaciones.


La discusión sobre la posverdad se vio acompañada en la campaña por la polémica de las fake news, noticias falsas que la gente comparte gracias fundamentalmente a Facebook. Varios artículos han demostrado que su origen está en una perversa variante del libre mercado. Hay demanda en Estados Unidos para ciertas “noticias”, y desde varios países de Europa del este unos cuantos emprendedores (pocas veces ha resultado tan adecuada esta palabra) ganaban mucho dinero produciéndolas. A veces las inventaban, a veces utilizaban artículos de otras páginas web y los manipulaban para lograr el efecto deseado en los lectores.


Esa demanda existe desde hace tiempo entre votantes conservadores que desconfían de los grandes medios estadounidenses. La oferta es nueva, pero ha resultado mucho más efectiva que la dieta informativa que facilita cada día Fox News.


Esa combinación de posverdad y fake news ofrece un panorama sombrío para las democracias occidentales. Es también cualquier cosa menos nuevo. Y las fuentes no son siempre aquellas en las que están pensando los que denuncian alarmados este panorama.


The Economist dio antes del referéndum italiano un buen ejemplo de posverdad. En un editorial criticó los planes de Matteo Renzi y pidió el voto negativo en la consulta (que terminó triunfando por una amplia mayoría). Todos los partidos de la oposición, de diferentes ideologías, pedían el No, por lo que la postura de la revista no debe extrañar. Son los argumentos los que chirrían.


The Economist está a favor de reformas institucionales en Italia, pero no las que propuso Renzi. Confunde esa reforma constitucional ahora fracasada con el sistema electoral, abunda en estereotipos típicos sobre Italia (“el país que produjo a Benito Mussolini y Silvio Berlusconi”), comete errores gruesos (sobre la inmunidad de los senadores y sobre la posibilidad de que Beppe Grillo se convierta en primer ministro; no puede), y dice que la idea de que futuros senadores procedan no del voto directo sino de las asambleas regionales “ofende los principios democráticos”. Esto último sería toda una sorpresa para los alemanes, por el método de elección del Bundesrat, por no hablar del país donde se publica The Economist, que cuenta con una segunda institución legislativa llamada Cámara de los Lores, cuyos miembros son designados por el gobierno.


Es sólo un editorial y la revista tiene todo el derecho de criticar a Renzi o a cualquier otro político. Pero sus argumentos están más allá de la posverdad. Son una manipulación de la realidad política italiana y ocultan demasiada ignorancia como para pasarla por alto.


Dejemos a un lado The Economist y veamos otro artículo de finales de noviembre de otra institución periodística de larga trayectoria, The Washington Post. Bajo el titular “Russian propaganda effort helped spread ‘fake news’ during election, experts say”, el reportaje de 2 mil palabras, que fue destacado en primera página, denunciaba que “un diluvio de noticias falsas recibió apoyo de una sofisticada campaña de propaganda rusa que creó y difundió artículos manipuladores con el objetivo de perjudicar a la demócrata Hillary Clinton, ayudar al republicano Donald Trump y socavar la fe en la democracia estadou¬nidense, según investigadores independientes que han rastreado esa operación”.


Esta guerra de propaganda psicológica no estaba dirigida sólo contra Clinton, sino que pretendía “atacar la democracia estadounidense en un momento especialmente vulnerable”, decía el artículo en otro párrafo. Para llegar a esa alarmante conclusión se basaba en dos informes. Uno de la página web War on the Rocks, con el nada ambiguo título “Cómo Rusia está intentando destruir nuestra democracia”. El segundo informe era obra de un grupo desconocido llamado Prop Or Not, que si bien tiene su web y cuenta de Twi¬tter, es anónimo, porque el periódico no dio los nombres de sus responsables. Sólo dijo que son “investigadores independientes con experiencia en asuntos de política exterior, defensa y tecnología”.


Ese informe contaba cosas conocidas sobre la política propagandística del gobierno ruso, otras no sustentadas en ninguna prueba, y una lista de 200 páginas web de derecha e izquierda que habían colaborado con esa operación de guerra psicológica contra Estados Unidos. Por ejemplo: Wikileaks, Drudge Report, Zero Hedge, Truthout, Truthdig, Naked Capitalism y Antiwar.com. Y decía el artículo del Post: “Algunos participantes en esa cámara de difusión digital, concluyeron los investigadores, intervinieron voluntariamente en la campaña de propaganda, mientras otros eran ‘tontos útiles’, un término originado en la Guerra Fría para describir a personas e instituciones que sin saberlo ayudaron a las campañas de propaganda de la Unión Soviética”.


No había más pruebas que los típicos análisis que se realizan a través de las conexiones de enlaces entre distintas páginas web, que a veces sirven para establecer el origen de las informaciones entre varios medios y otras no explican nada, a menos que se piense que enlazar un determinado artículo te convierte en cómplice de las intenciones del artículo original.
Lo más alarmante es que la gravedad de la acusación estaba respaldada por un informe hecho por una organización desconocida y de intenciones obviamente partidistas que ocultaba la identidad de sus responsables con el argumento de que no quería ser atacada “por legiones de experimentados hackers rusos”. Sea o no cierto, el Post dio cobertura a una denuncia anónima de la que sus lectores no tenían derecho a conocer el origen. Ni sus lectores ni los medios que fueron acusados de traición o estupidez.


La lista de medios ya no aparece en el informe de Prop Or Not (pero sí en su web), probablemente porque varios de ellos amenazaron con presentar una demanda.


A causa de la polémica generada, el Post terminó incluyendo una aclaración en su artículo en la web, no una rectificación. Afirmó que no había dado los nombres de esos medios señalados ni suscribía las acusaciones concretas realizadas por Prop Or Not contra esos medios. No lo había hecho, pero sus lectores habían conocido a esa organización anónima gracias a su artículo, y habían leído en él que había una larga lista de medios que estaban colaborando con un intento de acabar con la democracia estadounidense o eran lo bastante idiotas como para picar en el anzuelo tendido por Moscú. Todo ello empleando un viejo truco de la prensa estadounidense, que es añadir al titular las palabras “experts say”, como si no fueran ellos quienes eligieron a los expertos entrevistados.


Por mucho que luego intentaran marcar distancia, habían ayudado a difundir una lista negra de la que el senador McCarthy hubiera estado orgulloso en los años cincuenta.


El artículo del Post fue criticado en varios medios y blogs, pero esa reacción tuvo mucha menos repercusión en las redes sociales que la historia original, lo que no debe sorprendernos. A dos semanas de las elecciones en Estados Unidos, recibió una amplia difusión en Twitter y Facebook, en primer lugar a través de las cuentas del periódico y de sus periodistas. Entre ellos su director, Marty Baron, más conocido por su gran trabajo como responsable del Boston Globe en la historia que contó la película Spotlight.


No nos engañemos. El gobierno ruso tiene una serie de medios de comunicación a su servicio cuya función es desacreditar a los adversarios de Putin en Europa y Estados Unidos. Otra institución que comparte un estilo similar es el Partido Republicano, cuyos dirigentes han propagado en los últimos años historias falsas o manipuladas sobre, por ejemplo, el certificado de nacimiento de Obama, su ley de reforma de la salud o el ataque al consulado estadounidense en Bengasi con la intención de minar a sus rivales. Y en esta última campaña electoral, y tras la victoria de Trump, hemos visto al Partido Demócrata intentar presentar la derrota de Clinton no como la suma de una serie de factores políticos y económicos, además de los errores de su candidata, sino como el resultado de una gran conspiración cuyo origen –al igual que en la época de McCarthy– está en Moscú. Y los medios más cercanos a esos dos partidos, además de hacer con otros temas un gran trabajo, han bebido de esa fuente conspirativa para producir historias insostenibles.


Hay poco material nuevo en el debate sobre la posverdad y las fake news. No hay que remontarse al incidente del Golfo de Tonkín o al hundimiento del Maine. Todos tenemos que recordar la campaña de desinformación con que se vendió en 2003 en Estados Unidos y Europa la imperiosa necesidad de invadir Irak. En cada país podemos encontrar ejemplos similares, hasta cierto punto, de algo que se repite con frecuencia y que hay que definir de esta manera: nadie tiene más capacidad de difundir hechos falsos con intencionalidad política que los gobiernos. Y su herramienta principal suelen ser los medios de comunicación de toda la vida. Los ejemplos que he dado de The Economist y The Washington Post llaman la atención porque no son nada originales.


Ahora hay nuevos protagonistas en eso que podríamos llamar el mercado de la información (y probablemente ninguno es tan poderoso como Facebook), y cuentan con una audiencia que está dispuesta a creerse cualquier cosa si eso confirma sus prejuicios o ideas políticas. Obviamente, el hecho de que esa situación no sea nueva no la hace menos alarmante.
No conocíamos la palabra posverdad, pero lo que esconde nos acompaña desde hace mucho tiempo. Quizá si estuviéramos menos obsesionados por la palabra “verdad” y dedicáramos más tiempo a la palabra “hechos”, nos iría mejor, pero estamos muy condicionados por eso que solemos llamar la naturaleza humana.

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Sábado, 03 Diciembre 2016 07:11

El mensaje postelectoral de Bernie Sanders

El mensaje postelectoral de Bernie Sanders

Bernie Sanders no aparecía en público en Filadelfia desde julio. En esa oportunidad, durante la Convención Nacional Demócrata, vio a su rival de las primarias, Hillary Clinton, alcanzar la nominación como candidata a la presidencia por el Partido Demócrata. Esta semana, desde la histórica Biblioteca Pública de Filadelfia, Sanders participó en un programa de “Democracy Now!” durante el cual discutimos una amplia gama de temas. Ante el entusiasta público reunido en la sala, Sandrs dijo: “Me preocupa profundamente el futuro de la democracia estadounidense”. Millones de estadounidenses votaron por Sanders en las primarias. Casi sin ayuda de los medios de comunicación, Sanders transformó la elección presidencial estadounidense de 2016: logró conectarse con la población de una manera especial e inspiró a muchos y muchas a comprometerse con una mirada progresista de cara al futuro.


Las cadenas de televisión continúan haciendo sus “mea culpa” tras el resultado de las elecciones, arrepentidas de haber confiado en encuestas incorrectas. Pero no es común escuchar que alguna de las personalidades destacadas de los noticieros admita la gran equivocación que cometieron con relación a la cobertura de la campaña de Sanders. Los medios de comunicación de Estados Unidos efectivamente dieron la espalda al precandidato de uno de los dos principales partidos que de manera consistente llevó a cabo los eventos de campaña más multitudinarios, incluso sin la difusión de los grandes medios de comunicación.


En cambio, Donald Trump recibió una cobertura total. Las cadenas de televisión siguieron de cerca cada uno de sus movimientos o de sus publicaciones en Twitter y prácticamente todos sus discursos. Fueron los grandes medios de comunicación estadounidenses los que crearon al candidato Donald Trump. Los estimativos del tiempo al aire que recibió de forma gratuita oscilan entre el equivalente a mil millones y tres mil millones de dólares.


¿Y qué pasó con Bernie Sanders? El Informe Tyndall analizó la cobertura de la campaña electoral realizada por las principales cadenas de televisión en 2015. De los más de 1.000 minutos de tiempo al aire dedicados a la campaña electoral en general a nivel nacional, 327 fueron para Donald Trump, es decir, casi la tercera parte de toda la cobertura de campaña. A Bernie Sanders se le destinaron solo 20 minutos. Hillary Clinton recibió 121 minutos de cobertura de campaña, seis veces más de lo destinado a Sanders. El programa “ABC World News Tonight” dedicó 81 minutos al aire a informes sobre Donald Trump, en comparación con solo 20 segundos destinados a Sanders.


Le preguntamos a Sanders qué tuvo que hacer para asegurarse 20 segundos completos de cobertura en ABC y rió a carcajadas: “Tuvimos la mala suerte de intentar hablar de los problemas que verdaderamente enfrenta Estados Unidos y de proponer soluciones reales. Trump publicaba en Twitter lo feos, horribles, desagradables o terribles que eran sus oponentes de una muy mala manera. Y eso era perfecto para los medios de comunicación. Es un buen fragmento de doce segundos. Pero en doce segundos no se puede hablar del declive de la clase media o de por qué tenemos grandes niveles de inequidad en los ingresos y la riqueza. Y en segundo lugar, para ser francos, tampoco están terriblemente interesados en hablar de eso". Aunque los medios de comunicación pueden no haber estado interesados en el mensaje de Sanders, los votantes sí lo estaban. A pesar del vacío de los medios de comunicación, Sanders ganó 23 elecciones primarias y un 46% de los delegados elegidos por voto popular, comprometidos a votar por él en la Convención del Partido Demócrata.


Una vez que el presidente Barack Obama abandone la presidencia, Sanders bien podría convertirse en el demócrata más poderoso del país, aunque técnicamente no sea demócrata, sino socialista independiente. Su éxito lo ha catapultado a integrar el liderazgo del Partido Demócrata en el Senado. “Acepto esta responsabilidad como Coordinador de Acción Política con muchas inquietudes, pero también con mucho entusiasmo. Es claro que el enfoque actual no está teniendo éxito y que necesitamos un nuevo enfoque. Y creo que ese nuevo enfoque sería generar una estrategia que comprenda a los 50 estados. Eso implica que empecemos a trabajar juntos en estados en los que los demócratas se han dado por vencidos desde hace décadas. Y lo que es más importante aún, que creemos una especie de partido de base, en el que las personas más importantes del partido no sean solo los acaudalados contribuyentes de la campaña, sino los trabajadores, los jóvenes, la gente de la clase media". Es por ello que Sanders apoya la candidatura de Keith Ellison como presidente del Comité Nacional Demócrata. Ellison es el copresidente del Bloque Progresista del Congreso y es además el primer miembro musulmán del Congreso.


Sanders se cuida de no hablar mal de todos los simpatizantes de Trump. “Sería un trágico error creer que todos aquellos que votaron por Donald Trump son ‘detestables’. No lo son. Son personas que están decepcionadas, enojadas con el poder establecido. Y, desde mi punto de vista, el Partido Demócrata no logró transmitir claramente a esas personas, ya sean blancas, negras, latinas, asiático-estadounidenses, mujeres, homosexuales o lo que sea, que estamos de su lado”.
Bernie Sanders transformó su campaña electoral en un colectivo llamado “Nuestra Revolución” para continuar organizándose. “Ahora nos encontramos en un momento difícil. Pero a lo largo de la historia, la gente seria ha dado batalla... Pensemos en 120 años atrás. Había niños que trabajaban en las fábricas y perdían los dedos. La gente luchó.

Luchó para crear sindicatos. Pensemos en el movimiento de las mujeres. Pensemos en el movimiento por los derechos civiles. Pensemos en el movimiento por los derechos de las personas homosexuales. Pensemos en el movimiento ambientalista. Pensemos en todos los obstáculos que esa gente ha tenido que superar... Nadie en esta habitación o en este país tiene derecho a decir ‘me doy por vencido’. Por el contrario, tenemos que comprometernos y empezar a luchar”.
Bernie Sanders ha dedicado su vida a luchar por causas progresistas. Mientras el mundo entero se prepara para la presidencia de Trump, Sanders está decidido a no bajar los brazos.

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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En la política de medios: no todos somos iguales*

En Colombia la concentración mediática es una prologación del monopolio económico. La poca transparencia sobre quiénes son los dueños de los grandes medios y cuáles son sus negocios, muestra que la agenda mediática está a favor de estos sectores económicos, los mismos que determinan el rumbo del país.

 

Al investigar las redes del poder en la política colombiana también pasa por quienes determinan la agenda mediática. Siempre se concluye que los medios se hacen a un lado en la defensa de la democracia, pero no están siendo transparentes con la información que los constituye como sector económico.

 

En la investigación realizada por Poderopedia1 identificaron los perfiles de 220 medios. Su composición está concentrada en prensa con 88%, en radio 50%, un 44% en internet y el 38% a televisión. Encontraron en su análisis a 13 grupos empresariales de medios del país, 117 empresas propietarias, 628 directores de medios, 257 accionistas. La metodología comenzó entre registros oficiales, estudios académicos, archivos registrales en Cámaras de Comercio, actas de asamblea, estados financieros de sociedades y reportes de prensa. Existe un conglomerado de medios donde sus dueños son los mismos de las principales empresas de la banca e industria del país. Como sector económico, una parte de sus inversiones están en los medios, donde la generación de contenidos se considera mucho más como productos que servicios. Pasaron del fortalecimiento a la democracia a convertirse en productos.

 

Es muy gráfico que los dueños de tres de los más grandes medios: El Tiempo, Rcn y Caracol son los tres primeros millonarios en Colombia según la Revista Forbes. Eso dice mucho de sus intereses. Una concentración de medios en tres grandes poderes económicos: Luis Carlos Sarmiento Angulo, propietario de la casa editorial El Tiempo; la organización Ardila Lülle, dueña del grupo empresarial Rcn; y el grupo Santo Domingo controlador de la compañía matriz Valorem con medios como Caracol Tv y Blu Radio.

 

Existen otros jugadores: La familia Char, con fuerte presencia en la Costa a través de la organización Olímpica y la familia Galvis en Santander. Los Char tienen cadenas de mercado como Súper Almacenes y Farmacias Olímpica. Son además contratistas públicos, participan en política, con una presencia muy fuerte en Barranquilla, a tal punto que a la ciudad se le llama actualmente “Charraquilla”. La familia Char a través de la cadena Olímpica Estéreo hace política y actividades económicas. Otra línea que poseen es la organización de conciertos. Están muy metidos en la mentalidad y opinión pública en toda la Costa, tienen una injerencia muy fuerte en la región. Ante todo son inversionistas configurando un nuevo esquema en donde los medios juegan como una inversión económica más. En el caso de la familia Galvis, Alejandro Galvis comenzó con Vanguardia Liberal. Realizan inversiones en muchos medios locales como La Tarde, El Universal y Q’hubo. Esto muestra cómo se están fortaleciendo los medios y sobre todo la prensa regional. Germán Rey decía en un conversatorio reciente que la prensa nacional ha fracasado en tratar de llegar a las regiones y poder interpretarlas. Allí es donde estos grupos empresariales si obtienen éxito en la penetración de opinión pública.

 

También está Hernando Suárez Burgos, pastuso, dueño de más de 20 medios regionales a través del Grupo Editorial El Periódico, fuertes en prensa con el diario Extra en cada ciudad y más aún con periódicos como el Diario del Sur o Diario del Cauca. Fuertemente cuestionado por sus supuestos nexos con el narcotráfico. En el sector público fue concejal, diputado, representante a la cámara y senador. El Periódico Extra es un conglomerado, presente en dieciocho ciudades, donde cada una tiene su producción local. Esta familia tiene injerencia en muchas inversiones económicas, en vestidos, bebidas, la política y además los medios. Los medios que suelen ser fuertes en las ciudades, donde no hay nadie más como oferta por ejemplo, los periodistas que salen de Popayán ¿Qué otra opción tienen? Esto facilita el monopolio en las regiones. Un caso muy sonado se refiere a los siete periodistas del Diario Cauca que se atrevieron a denunciar maltratos y demás condiciones laborales. Es una situación demasiado álgida que se fortalece con estos monopolios.

 

Con la pregunta ¿De quién son los medios en Colombia? la investigación realizada por el MOM (Media Ownership Monitor) y Fecolper2 señalan que Colombia en cifras generales, tiene más de 200 emisoras, 50 canales de televisión y más de 50 periódicos. Pero es un país en el que existen sólo 2 cadenas de televisión privadas abiertas, 2 periódicos de circulación nacional y 2 cadenas radiales que se llevan la mayoría de la audiencia. Comparándolo con otros países de América Latina, en Colombia los medios tienen como características una penetración bastante alta, la televisión paga tiene la penetración más alta del continente y la penetración de internet es aún muy baja con respecto a la región.

 

Entre otras estadísticas, en la circulación de periódicos están 4 periódicos de pago de circulación nacional, 50 de circulación regional, pero es fuerte el fenómeno de prensa gratuita. También 1.512 radios activas según el listado del Ministerio de Comunicaciones a corte de junio de 2015. Tenemos como estaciones de televisión 3 de carácter público nacional, uno de ellas es Canal Uno que funciona con consecución de recursos. Existen 18 canales regionales, más los canales de televisión comunitaria y canales por suscripción. También identificamos 650 portales de noticias por internet. Pero una única agencia de prensa, Colprensa, que es de propiedad de estas grandes familias regionales.

 

La penetración de la radio es 79.1%, que la convierte en el segundo consumo más alto después de la televisión, según la encuesta general de medios de 2014. De 1.512 emisoras entre FM y AM hay tres tipos: de interés público, a la que pertenecen 220 emisoras; emisoras comerciales con 669 y las comunitarias con 624 respectivamente. A pesar de la diversidad, la audiencia está concentrada en las manos de los grandes grupos mediáticos, en tres cadenas radiales: Olímpica, Rcn y Caracol. Y un dato adicional, 22 de las emisoras de interés público son de la Policía Nacional y 28 de las Fuerzas Militares.

 

En televisión, el nivel de penetración hace que 91% en los hogares tenga al menos un televisor a color según el Dane. En la tecnología analógica de la televisión pública llega al 92% del territorio, pero aquella por suscripción es aún más alta, pues ha llegado para el 2015 al 85,82% según Lamac-Latino American Multichannel Advertising Council-, mientras hace diez años llegaba a la mitad. El consumo diario de televisión está en cuatro horas. A pesar de evidenciar altas cifras de operación que llegan a 800 operadores, la concentración de audiencia está solamente en los dos canales privados, que representa el 80% de cuota de audiencia. La televisión es el sector de mayor consumo, lo cual implica grandes ingresos por publicidad.

 

La prensa es la menos preferida por las audiencias, según la encuesta general de medios, con un 26% de consumo. Se señalan los datos de periódicos de circulación nacional El Tiempo y El Espectador, y los periódicos económicos La República y Portafolio. También los cerca de 90 periódicos regionales entre prensa de pago, popular y gratuita. Los principales son: El Colombiano (Medellín), El País (Cali), El Heraldo (Barranquilla), Vanguardia Liberal (Santander) y El Universal (Cartagena). Se debe resaltar que la prensa popular y gratuita se ha fortalecido en los últimos años. También que las cifras de lectura y pauta publicitaria han mostrado que la prensa colombiana se ha mantenido de forma saludable a pesar de la crisis internacional del sector.

 

En el contexto de internet desde que se inició el servicio en el año de 1994, el número de conexiones a banda ancha es de 10’112.622 según el Ministerio TIC’s a corte de 2015. Esto evidencia que 53 de cada 100 colombianos son usuarios de internet. Para el 2012, de los 650 portales informativos, 489 eran medios con producción web y las 161 restantes versiones offline. En esta muestra se identificaron también 306 medios digitales nativos. Aunque en la plataforma la pluralidad es muy grande, la concentración está en los medios tradicionales. Por ejemplo, en el portal Alexa.com, que establece el top de visitas a páginas, aparecen El Tiempo, Rcn y El Espectador dentro del ranking del sector.

 

En la metodología para identificar quiénes son los propietarios de los 40 medios más importantes en Colombia, se utilizó la cuota de audiencia según la Encuesta General de Medios para el 2014 y para los medios digitales, a partir del ranking de Alexa.com. Así aparecen los 10 principales grupos mediáticos y los 14 propietarios. La cuota de audiencia transversal de los medios, (radio, prensa y televisión) pertenece a los 8 grupos más grandes que concentra el 78% de la audiencia. A nivel nacional tres grupos económicos: Organización Ardila Lülle con 28,7%, el Grupo Santo Domingo con 19,5%, y la Organización Luis Carlos Sarmiento con el 7,3%. A nivel regional el Grupo Nacional de Medios y sus familias propietarias concentran la audiencia en el sector de prensa.

 

En el caso particular Santo Domingo no tiene tantos medios como Ardila Lülle, pero con los que controla tiene un caudal muy alto. Por otro lado la Organización Luis Carlos Sarmiento está presente en prensa y medios digitales, también en televisión, pero no tiene radio. Carlos Ardila Lülle tiene su peso en radio y la familia Santo Domingo, con su grupo Valorem, tiene el Canal Caracol de mayor audiencia en el país, que es el sector con mayor consumo. El peso en lo regional es muy significativo; se resalta el Grupo Nacional de Medios que produce Q’hubo por todo el país. Las tres familias propietarias del Grupo Nacional de Medios: Los Lloreda son propietarios del diario El País, los Galvis tienen a Vanguardia Liberal en Santander y los periódicos La Patria y La Tarde; también está los Gómez Hernández, familia de Antioquia, dueña de El Colombiano. Además los tres grupos son propietarios de Colprensa, la única agencia de noticias en el país. Tienen acciones y son socios de Periódicos Asociados Comercializadora Ltda.

 

Con la concentración, existe una relación muy fuerte entre los medios de comunicación y la política. Los propietarios de los medios son personas con participación activa en la esfera política y pública del país, y en distintos sectores de la economía. Esto afecta la libertad de prensa y la independencia periodística frente al abordaje en temas que han generado despidos y censuras. Otro elemento es que estos grupos empresarios aportan financieramente a las campañas electorales de los candidatos de su preferencia, que también tiene impacto en el cubrimiento en momentos como las elecciones.

 

Aparece la autopauta como práctica; una presencia privilegiada de publicidad de las empresas pertenecientes a un grupo económico en sus propios medios de comunicación, lo cual produce un impacto en la financiación de medios. Existe un control político a través de la financiación de medios por la publicidad, que se ve favorecido por la distribución de la pauta gubernamental. Ya que no existe regulación ni normas de transparencia o portal de contratación al respecto, agudizado por un sistema de la pauta gubernamental descentralizado y se ha identificado como forma de censura para los medios, donde la gobernación revisa si los medios hacen cubrimiento de sus eventos de manera favorable. Ante este panorama, los medios a nivel regional definitivamente no tienen posibilidad de construir de libertad de prensa.

 

La prensa regional está estrechamente ligada a las élites políticas de esas regiones. Se logran identificar dinámicas de rotación entre cargos de dirección en las empresas mediáticas y el ejercicio de cargos políticos en las regiones o a nivel nacional. Detrás de los periódicos populares y gratuitos están las mismas casas editoriales que editan los periódicos tradicionales, de forma que controlan la totalidad del mercado. Se evidencia una alta concentración de audiencia en el sector.

 

La cuota de audiencia en el sector de prensa de los dos (2) grupos más importantes (Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo y Grupo Nacional de Medios) suma 61%, y al revisar los cuatro (4) grupos más representativos (Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, Grupo Nacional de Medios, El Heraldo S.A. y Familia Galvis) esta asciende a 74%. Con las cifras es fácil establecer que este es un sector no regulado donde los privados controlan y establecen las reglas de juego para su funcionamiento y donde el nivel de transparencia bajo.

 

* Ponencias fueron presentadas por Miriam Forero Ariza de Poderopedia y Johana Silva de Monitoreo de Medios MOM al Centro de Pensamiento de Comunicación y Ciudadanía de la Universidad Nacional de Colombia. Son dos proyectos investigativos dirigidos a establecer el nivel de concentración en medios.
1 Mayor información en http://www.poderopedia.org/co/
2 Fecolper y Reporteros Sin Fronteras. ¿De quién son los medios? Monitoreo de la Propiedad MOM. Disponible en URL: http://www.monitoreodemedios.co/que-es-el-mom/

Publicado enEdición Nº230
Lunes, 28 Noviembre 2016 15:40

Una historia en 25 años y otros por venir

Una historia en 25 años y otros por venir

¿Cómo contribuir a la superación de la atomización y dispersión social que padecen los actores sociales y políticos en nuestro país? ¿Cómo propiciar debates abiertos y plurales, que renueven el imaginario político de los activistas? Estos fueron los primeros interrogantes que vinieron a nuestras mentes hace 25 años, en otro momento de negociación política del conflicto armado vivido en nuestro país, cuando nos planteamos ¿qué hacer? ante una coyuntura de confusión política, perdida de referentes ideológicos, cooptación y exilio de una parte del liderazgo social.

 

Nuestra respuesta elemental encontró en la publicación de un periódico la vía expedita para ello: estimular y propiciar debates en el activismo social, a la par de buscar contacto constante con la población, ubicándonos en sus barriadas.

 

Ocho páginas, y una sola tinta, dedicamos a ello. Esfuerzo elemental pero constante. Luego lo integrarían 12, 16, 20, 24 páginas, además de suplementos temáticos. También las 4 tintas. Así, sin darle tregua al paso de los días, hoy sumamos más de 230 ediciones centrales, y no menos de 150 suplementos temáticos. Tuvieron que pasar varios años para que otros interrogantes y otras publicaciones nacieran como hijas del mismo esfuerzo. ¿Cómo contribuir para que la soberanía nacional no quede barrida? ¿Cómo brindar nuevas luces a la intelectualidad nacional para que despierte de su letargo y juegue el papel que le corresponde? ¿Cómo estimular el actuar común de la izquierda y el nacimiento de un referente orgánico común?

 

Corría el año 1999 cuando así nos interrogamos, y el motivo para ello fue el conocimiento que tuvimos del Plan Colombia, el cual al traducirlo se convirtió en nuestro primer éxito editorial, con más de 20 mil ejemplares vendidos. De alguna manera, nuestros artículos y acciones por la concreción de un referente orgánico común, también contribuyeron a la experiencia de Frente que conocimos por entonces, así como a un amplio debate sobre el Vacío teórico, aguas profundas en que nadábamos por tales años.

 

Como otra respuesta a esta variedad de preguntas asumiríamos la publicación en nuestro país del mensuario Le Monde diplomatique, sin duda, el periódico que de manera más fina y profunda aborda la geopolítica global, sin comprender la cual no es posible adentrarse de manera activa y propositiva, con sentido de Estado, en la arena política local. En el curso de los 14 años que ya redondea su publicación local más de 125 ediciones han visto la luz, además de salones de arte, conciertos, tertulias, conversatorios y otro cúmulo de actividades.

 

Caminando sobre los dos pies, con pasos aplomados, también tomaría cuerpo lo que después llegaría a ser el fondo Editorial Desde Abajo, hoy con más de 200 títulos publicados, cien de ellos en circulación, donde diversidad de autores nacionales han confiado en nuestro sello para que llevemos sus investigaciones, reflexiones y propuestas a la sociedad colombiana, y más allá de la misma.

 

Como Libardo Sarmiento, César Giraldo, Orlando Fals Borda, Gonzalo Arcila, Marco Raúl Mejía, Philip Potdevin, Gloría Inés Peláez, Rafael Ballén, Daniel Ángel, Octavio Escobar Giraldo, Carlos Eduardo Maldonado, Luis Emiro Valencia, Hernán Darío Correa, Carlos Salgado Araméndez, Alfonso Torres Carrillo, Juliana Millán, Carolina Jiménez, María Elena Manjarrés, Damián Pachón Soto, Juan Guillermo Gómez, Víctor de Currea Lugo, Edwin Cruz Rodríguez, Arturo Escobar, Carlos Fajardo, Iván Darío Ávila, Lola Cendales, Jairo Muñoz, Alfredo Gómez Muller, Enrique Santos Molano, entre otros, han confiado en nuestro sello para que llevemos sus investigaciones, reflexiones y propuestas a la sociedad colombiana, y más allá.

 

Otros muchos más allá de nuestra frontera, también han encontrado en nuestra labor el vehículo para llevar a nuestro país y a la región debates de punto. Allí están, entre algunas de estas plumas: Raúl Zibechi, Francesca Gargallo, Ignacio Ramonet, Carlos Antonio Aguirre, Susana Sacavino, Horacio Cerutti, Silvia Federici, Juana Gamero de Coca, Isabel Rauber, Helio Gallardo, Martha Harnecker.

 

Reflexión para la renovación y la creación. No sin sentido hemos publicado aparte de la obra de líderes como Simón Bolívar, además de autores ya clásicos en nuestras fronteras como Jorge Eliécer Gaitán, Manuel Zapata Olivella, Antonio García, Jorge Zalamea. Y de más allá de estas como: Walter Benjamin, Bolívar Echevarría, Carlo Ginzburg, Edward Palmer Thompson, Etienne Bloch y otros más.

 

Labor visionaria y para la renovación del pensamiento del activismo social. No han estado ajenas a esta labor los debates de punta que toman cuerpo en distintas latitudes, como en su momento logró sintetizarlo Martha Harnecker en su obra La izquierda en el umbral del siglo XXI, o como logran hacerlo las feministas en variedad de obras que integran nuestro catálogo. Pero también como lo abordan quienes reflexionan la complejidad de las transformaciones en ciencia y tecnología en que está inmerso el mundo producto de la revolución técnico-científica en marcha, o los mismos animalistas en los debates que nos plantean sobre sociedad, naturaleza y cultura. Pero también las polémicas sobre el sentido que hoy tiene el periodismo, la comunicación y la política. No pueden quedar por fuera los debates sobre el sentido de la Historia, la memoria, el papel de la filosofía, el reflexionar nuestroamericano, la preocupación por el accionar de los movimientos sociales, entre otros.

 

Debates con asidero público en centenares de foros, seminarios, conversatorios, realizados a lo largo de estos años de pensamiento y acción, todos ellos con el propósito de estimular el acercamiento de los actores sociales a la reflexión fresca y abierta, no sectaria, motivando el entre-relacionamiento de esfuerzos para superar la debilidad en que nos mantiene postrados la desunión de hermandad que nos consume.

 

Así andando, recorriendo los años que cerraron el milenio y abrieron la puerta a uno nuevo, ya éramos conscientes del potencial de la Red y ya teníamos nuestro dominio en la misma, con el cual hemos avanzado hasta tener hoy un diario virtual en construcción, en un esfuerzo por hacer realidad que la prensa se hace a diario y entre todos/as.

 

Toda una apertura y una reflexión que va transformando este esfuerzo comunicativo en lo que debe ser: un baluarte para la reflexión, el debate, la investigación, y la renovación de las propuestas políticas para poder aspirar a que una sociedad dada viva un giro en su presente, dirigiéndose hacia el futuro sobre nuevas miradas y un pisar al ritmo de los pueblos que somos y los tiempos que nos habitan. Un accionar con profundo calado cultural, sin el cual ningún esfuerzo social en pro de cambio de la minoría por las mayorías puede surtir resultados sostenibles en el largo plazo.

 

Preguntas que nacen y que les vamos dando respuesta a la medida de nuestras capacidades, autogestionarias, congregadoras de muchas manos desinteresadas conscientes de que la disputa contra el status quo requiere autonomía y libertad total, las cuales sólo pueden venir de lo construido desde abajo y por fuera de las esferas del Estado y del poder aún hoy imperante.

 

Preguntas que requieren nuevos mecanismo para que las respuestas lleguen cada día a sectores cada vez más amplios del país. Es por ello que hace ya unos diez años afrontamos la realización de videos, al tiempo que algunos intentos en radio, porque ya comprendíamos que sin un esfuerzo comunicativo integral no es posible que el actor social logre una sintonía con todas aquellas personas a las que envía sus mensajes, con la aspiración a que la comunicación sea, en verdad, de doble vía. Hoy, una programación semanal en la elaboración de videos ya es parte de nuestra cotidianidad; aspirando a que en poco tiempo sea diaria. Acercamientos al mundo del arte, a la vida de artistas plásticos y de teatro, al humor político, a la reflexión sobre la ciencia, a la actualidad política, y otras maneras de leer nuestra realidad son parte sustancial de nuestro registro visual.

 

Con todo ello, hoy tenemos ante nosotros, para el servicio de todos los actores sociales, y con vocación de país, el embrión de un Sistema Nacional de Comunicación Alternativa, y la conciencia de que estamos ante el reto –no nosotros sino el conjunto de los actores sociales– de disputar la opinión pública como camino inevitable para lograr la disposición social para aprestarse a nuevas gestas por justicia, fraternidad, igualdad, democracia radical, soberanía, redistribución de la renta nacional.

 

He aquí el fruto de 25 años de labor ininterrumpida. Este logro, que es de toda nuestra sociedad, aún está por consolidarse. Una propuesta comunicativa integral habrá de surgir para que aportemos a la superación de aquello que ya detectábamos en 1991, hace 25 años: la dispersión social, pero también para construir y ganar seguridad en todo lo que proponemos a nuestra sociedad en particular y a la latinoamericana en general.

 

Nuevos y mayores retos tenemos ante nosotros, los que alcanzaremos, con seguridad, con el apoyo desinteresado de decenas de activistas y organizaciones que, aunque identificadas con diversidad de referentes ideológicos y políticos, encontrarán en desdeabajo la otra posición para leer, ver, comunicar, escuchar... y luchar.

Publicado enEdición Nº230
Radio Nómada: recorriendo los barrios de San Cristóbal

El sonido monótono del barrio, el pasar de los transeúntes, los mandados a la tienda, los domingos en familia, estos y otros muchos momentos de la vida barrial se ven interrumpidos por la algarabía producida por un grupo de niños, jóvenes, adultos y ancianos, al levantar carpas, encender el sonido, destapar aerosoles, prender el fuego de una olla comunitaria; hay alboroto, se escucha la música y las voces llamando a la integración.

 

Cuando en su barrio así suena, es porque llegó Radio Nómada, una acción comunitaria realizada en Bogotá por el Colectivo de comunicadores y comunicadoras, Loma Sur de la localidad de San Cristóbal.

 

Hace más o menos 8 años Andrés Martínez, Giovanni Leal, Sandra Cerón, la profe Mariana Avilán, y un grupo de jóvenes pensaron la forma de motivar a la comunidad, en los distintos barrios que integran esta Localidad, para que hicieran de la radio en vivo un espacio de encuentro, de memoria e identidad, en un territorio construido a partir de las luchas incansables de quienes lo habitan.

 

Así debía de hacerse, pues la radio monopolizada por grupos económicos, familias y empresarios que ponen a disposición del mejor postor sus micrófonos, no dan cuenta de las realidades que viven las personas humildes de nuestros barrios, de sus luchas, sus alegrías y dificultades para sobrevivir y construir comunidad.

 

Realidad palpable que resaltó la necesidad de que propuestas que buscan hacer de la comunicación algo cercano, propio, y verás se propaguen por todo el país. La palabra en este sentido se torna vida, comunidad, memoria de aquellos a los que les cuentan quienes son, negándoles que sean ellos mismos los que tomen la palabra y digan lo que son.

 

Voz, acción, comunidad

 

Este trasegar de barrio llevó nuestras pisadas, sonidos y propuesta comunicativa en los meses de septiembre, octubre y noviembre de 2016 a los barrios San Martín de Loba, Malvinas Sur Oriental, y Santa Rosa Sur Oriental.

 

Barrio San Martín de Loba. El evento inició a las once de la mañana, las cabinas se prenden para hacer el llamado a la comunidad: “invitamos a los vecinos residentes del barrio para que se acerquen a Radio Nómada, habrá olla comunitaria, artistas, grupos de música, galería fotográfica, y Radio Nómada, una radio que camina los barrio de San Cristóbal”. El sonido rompe la monotonía, y poco a poco las ventanas se corren o abren un ala, para darle paso a las cabezas de los vecinos, que con mirada curiosa se preguntan ¿y qué pasa?; en su mirada alcanza a percibirse que no entienden el por qué de la música, y de los llamados a participar de un evento que evoca esos días donde la común-unidad era palpable; poco a poco van acercándose, preguntando, o recorriendo la galería de fotos o el mural que recuerda la construcción de su barrio.

 

La jornada gana en intensidad. A las doce las abuelas están listas, suena la música, “esto se prendió” se escucha. Trajeadas con sus vestidos de baile, demuestran que la edad no es un impedimento para gozar de la fiesta de la palabra, que las canas no llegan solas, llegan con penas y sobre todo, en este día, llegan con alegría. Mujeres que junto a sus familias construyeron sus casas, de a poco; que con tiempo y esfuerzo abrieron zanjas de las cuales brotaron calles y carreteras; mujeres que lavaban y cocinaban con el agua de la quebrada La Nutria, cuando aún no estaba contaminada.

 

Por su parte en el barrio Malvinas, a la una de la tarde, suena la música de las danzas indígenas, esas que por mucho tiempo fueron silenciadas y relegadas por los bailes de otras latitudes. Telas multicolores, sombreros, y trajes blancos, son acompañados de los aplausos y mirados de alegría de las personas aquí residentes. Los locutores, con voz emocionada, guardan un minuto de silencio, pues entorno a la palabra se congrega la fiesta, el júbilo y gozo de ver tantas personas, que pese a vivir en vecindad, en pocas ocasiones se encuentran para compartir en comunidad, como en los viejos tiempos, cuando, en medio de la montaña empinada, se reunían para decidir la construcción del salón comunal, el jardín infantil, y organizarse contra los desalojos que constantemente efectuaba la policía, acusándolos por ocupar terrenos privados.

 

Por su parte, en el barrio Santa Rosa Sur Oriental, los niños se congregan en torno a la palabra para contar sus historias, la forma cómo perciben el barrio, la vida, los juegos y sus miedos. En este barrio, pegado a la montaña, donde el viento pasea sin ninguna limitación, los niños juegan en las calles pues la inseguridad, y el miedo que ésta genera, les impide ocupar la cancha. Sin embargo, esto no es impedimento para que su alegría, energía, y la novedad de tener micrófonos en frente, escuchando sus voces, les/nos permita constatar que aún es posible ser niño, pese a las dificultades. Mientras tanto, se disfruta de un rico ajiaco o sancocho, recordando que la gente compartía una olla comunitaria, cuando de trabajo conjunto se trataba.

 

Las horas pasan. Para las cuatro de la tarde, exhaustos pero con la alegría del deber cumplido en cada uno de los barrios, los integrantes del colectivo apagan sus micrófonos, bajan la música, desarman la carpa, y con la barriga llega de un rico ajiaco, se disponen a regresar a casa, con la satisfacción de haber ofrecido, por un día, su trabajo y conocimientos a la comunidad.

 

La jornada concluye, pero no la labor de Radio Nómadas, que en próximas semanas seguirá recorriendo los barrios de nuestra Localidad.

 

* Fotografías: Equipo de Trabajo Loma Sur.

Publicado enEdición Nº230
La explosión de los medios de comunicación. Internet pone jaque a los medios tradicionales

 

Edición 2012. Formato: 13.5 x 21 cm, 138 páginas
P.V.P:$24.000  ISBN:978-958-8454-49-8

 

Reseña:

El planeta Medios vive una conmoción de intensidad nunca antes conocida.El impacto del meteorito internet, comparable al que hizo desaparecer a los dinosaurios,provoca un cambio radical del ecósistema mediático.De su mano, la digitalización del mundo transforma a gran velocidad el biotopo informacional.

Esta tesis, sin duda sugestiva,invita a leer la presente obra con total dedicación y mente abierta, abierta para ahondar y comprender las particularidades de un mundo en transforación que le abre grandes posibilidades al conjunto social, que deja de ser-en el mundo de las comunicaciones-un simple espectador y consumidor para transformarse en actor de primer orden.

 

Ignacio Ramonet (Redondela, Pontevedra, 1943) es un periodista español establecido en Francia. Estudió en la Universidad de Burdeos y regresó a Marruecos. En 1972 se trasladó a París, donde se inició como periodista y crítico cinematográfico.Es doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París y catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París-VII). Especialista en geopolítica y estrategia internacional y consultor de la ONU, actualmente imparte clases en la Sorbona de París. Desde 1990 hasta 20082 fue director de la publicación mensual Le Monde Diplomatique y la bimensual Manière de voir.

 

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Domingo, 14 Agosto 2016 06:56

Tres tristes meses

Ricardo Barros asegura que la crisis fiscal que vive el país ha repercutido en la salud, con lo que no se asignarían nuevos fondos.

 

El pasado viernes Michel Temer cumplió tres meses en el ejercicio interino de la presidencia del más poblado y económicamente poderoso país de América latina. A lo largo de cada minuto de cada hora de esos noventa días se portó como si desde el primer instante supiese con plena certeza de que el interinato se transformaría, como seguramente ocurrirá, en un mandato efectivo que terminará el 31 de diciembre de 2018. Actuó con prepotencia imperial e imponiendo una política de tierra arrasada que tuvo un sólo precedente en los últimos cincuenta años: la impuesta luego del golpe militar de 1964, que inauguró una dictadura que sofocó el país durante 21 largos años.


El balance de esos tres meses no es exactamente favorable al interino. Su popularidad sigue bajísima (14% de aprobación, en la media de los resultados de los sondeos más recientes), pese al respaldo unánime de los grandes conglomerados de comunicación. Ni siquiera las Organizaciones Globo (diarios, radios, revistas y la mayoría aplastante de la audiencia de televisión) ha sido capaz de convencer a los brasileños que el interino instalado en el sillón presidencial gracias a un golpe institucional que se consumará formalmente a fines de este mes es la maravilla de las maravillas. La economía sigue produciendo resultados alarmantes, el mercado laboral encoje cada día, el tan anunciado y esperado respaldo concreto del empresariado y del mercado financiero sigue anunciado y esperado. Pero en concreto, nada.


Por si fuera poco, se reforzaron claramente, pese a los intentos de una justicia viciada y viciosa, las acusaciones contra no solo prácticamente todo su círculo más cercano, sino también contra el mismo Temer. Casos antiguos, tratados por la prensa con beneplácito, vuelven a la superficie con fuerza, gracias a las delaciones de los grandes empresarios detenidos por orden del juez de primera instancia Sergio Moro.


Por más que Moro siga en su paranoica obsesión contra el ex presidente Lula da Silva - mucho más que juzgar lo que hace es condenar de antemano - quedó claro que la ‘Operación Lavado Rápido’, inicialmente dedicada a investigar el esquema de corrupción instalada en la estatal Petrobras, podrá escapar de su control y destrozar casi todo el sistema político brasileño. Las últimas y sonorísimas revelaciones, tratadas con mano floja por la prensa cómplice del golpe institucional (invariablemente durísima frente a cualquier susurro contra Lula y el PT), indican lo sabido pero jamás dicho de manera tan clara: Temer pidió contribuciones ilegales de por lo menos tres millones de dólares.Y su grosero y torpe ministro de Relaciones Exteriores, José Serra, de diez millones de dólares.


De los 81 senadores que juzgarán la presidente apartada DilmaRousseff, 35 responden juicios o son investigados por corrupción. Que el Jefe de Gabinete Eliseu Padilha sea conocido por Eliseu Pandilla refleja su muy justificada fama. Su ministro de Salud, el ingeniero Ricardo Barros, sigue luciendo una extraordinaria capacidad para decir idioteces.


Luego de anunciar que consultaría líderes religiosos, en especial los vinculados a sectas electrónicas evangélicas que disputan entre sí para ver cuál es más estúpidamente retrógrada, para ‘reevaluar’ la muy retrasada ley del aborto, hace pocos días, para justificar su intención de recortar drásticamente el servicio público de salud, aseguró que los hombres recurren menos a los hospitales públicos porque trabajan más que las mujeres.


Barros no es solamente un idiota más en un gobierno de esperpentos: lo que él defiende - la creación de planes privados de salud para los pobres y, al mismo tiempo, un recorte profundo en la salud pública - tiene plena justificación. Al fin y al cabo, son precisamente las empresas privadas de salud las financiadoras de sus campañas electorales. Para Temer y su peculiar sentido de la ética, no hay ninguna anormalidad tenerlo al frente de la cartera responsable por la salud de los más de 130 millones de brasileños que no disponen de un plan privado de salud.


Esa es solamente una de las muestras de lo que hizo el gobierno interino de Temer a lo largo de tres meses. Llueven ejemplos semejantes, y tan asustadores, por donde quiere que uno mire el escenario.


Ninguna de las medidas anunciadas fue llevada al Congreso: Temer prefirió esperar hasta asumir como presidente efectivo. Mientras, sigue fielmente la cartilla del fétido sistema político brasileño, distribuyendo cargos, puestos y presupuestos a cambio de respaldo.


El mismo jueves 25 de agosto en que el Senado empieza la votación que sellará la ya sellada suerte de DilmaRousseff y sus 54 millones de votos obtenidos en 2014, Temer anunciará oficialmente cuáles empresas públicas serán privatizadas. Luego anunciará cambios profundos en las leyes laborales, la reforma en el sistema de jubilaciones, y el fin de una serie de programas sociales surgidos desde 2003, cuando Lula da Silva llegó al poder.


Un nuevo país nacerá de sus manos avaras y traicioneras. Exactamente el país rechazado claramente por el electorado a lo largo de los últimos trece años y medio.


Pero para él y sus cómplices, ese es un dato sin relevancia.

 

 

Publicado enInternacional