Domingo, 31 Julio 2016 08:42

El hipócrita lenguaje del "terror"

Ofrenda a las víctimas del ataque en el centro comercial Olympia en Múnich, que dejó nueve muertos


Las espantosas y sangrientas horas de la noche del viernes y la mañana del sábado pasados en Múnich y Kabul –pese a los casi 5 mil kilómetros que separan ambas ciudades– aportaron una lección sumamente instructiva sobre la semántica del horror y la hipocresía. Desespero de esta palabra genérica de odio, "terrorista", que desde hace mucho se volvió el signo de putuación y la firma de todo político, policía, periodista y "grupo de estudio" superficial en el planeta.

 

Terror, terror, terror, terror, terror. O terrorista, terrorista, terrorista, terrorista, terrorista.

 

Pero de tiempo en tiempo nos hacemos bolas con este horrible lugar común, como ocurrió el fin de semana. Así es como pasó: cuando escuchamos que tres hombres armados habían entrado en un "frenesí de disparos" en Múnich, los policías alemanes y los chicos y chicas de la BBC, CNN y Fox News apretaron la tecla del "terror". La autoridad muniquesa temía que hubiera sido un "ataque terrorista". La policía local, nos informó la BBC, había lanzado una "cacería humana antiterrorista".

 

Y sabíamos lo que eso significaba: se creía que los tres hombres eran musulmanes y, por tanto, "terroristas", sospechosos de pertenecer al Isis (o al menos de estar inspirados por él). Luego resultó que los tres hombres de hecho eran uno solo que estaba obsesionado con los asesinatos en masa. Nació en Alemania (aunque era de origen en parte iraní). Y de pronto, en todos los medios británicos y en CNN, la "cacería antiterror" se convirtió en "cacería de un tirador solitario".

 

Un periódico de Reino Unido usó la palabra "tirador" 14 veces en unos cuantos párrafos. De algún modo la palabra "tirador" no sonaba tan peligrosa como "terrorista", aunque el efecto de sus acciones sin duda era el mismo. "Tirador" es una palabra en clave. Significa: este asesino de masas en particular no es musulmán.

 

Ahora vamos a Kabul, donde el Isis –sí, el verdadero Isis musulmán sunita de la leyenda terrible– envió atacantes suicidas contra miles de musulmanes chiítas que protestaban la mañana del sábado por lo que parece haber sido un episodio bastante rutinario de discriminación oficial.

 

El gobierno afgano había rehusado tender una nueva línea de energía a través del distrito Hazara (chiíta) del país –un cable más pequeño de conexión eléctrica no satisfacía a la multitud– y había advertido a los hombres y mujeres chiítas que cancelaran su protesta. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes de clase media de la capital, desoyeron la ominosa advertencia y llegaron a las cercanías del palacio presidencial para instalar tiendas en las que escribieron en dari: "justicia y luz" y "muerte a la discriminación".

 

Pero la muerte les llegó a ellos, en la forma de dos hombres del Isis –uno de los cuales, al parecer, empujaba un carrito de helados–, cuyos explosivos hicieron volar literalmente en pedazos a 80 musulmanes chiítas e hirieron a 260. En una ciudad en la que elementos del ejército afgano a veces son llamados gobierno talibán, y en la que existe la suposición popular de que una versión afgana del Estado Islámico musulmán sunita reside como bacilo dentro de esas mismas facciones, no pasó mucho tiempo para que los organizadores de la manifestación comenzaran a sospechar que las propias autoridades estaban detrás de la masacre.

 

Desde luego, nosotros en Occidente no escuchamos esta versión de los sucesos. Más bien, los reportes desde Kabul se concentraron en quiénes negaban responsabilidad por la atrocidad o la proclamaban. El horrible talibán islamita la negó. El horrible Isis islamita se la atribuyó. Y así, todos los reportes se centraron en que el Isis había clamado responsabilidad.

 

Pero esperen. Ni un solo reporte, ni una sola emisión de noticias se refirió a la matanza en Kabul como un acto de "terrorismo". El gobierno afgano lo hizo, pero nosotros no. Nosotros hablamos de "suicidas con bombas" y de "atacantes", de modo muy parecido a como nos referimos al "tirador" en Múnich.

 

Esto es muy extraño. ¿Cómo es que un musulmán puede ser terrorista en Europa, pero sólo un simple "atacante" en el suroeste de Asia? ¿Será porque en Kabul los asesinos no atacaron a occidentales? ¿O porque atacaron a sus correligionarios musulmanes, todos de la variedad chiíta?

 

Sospecho que las dos respuestas son correctas. No encuentro otra razón para este extraño juego semántico. Porque así como la identidad terrorista se desvaneció en Múnich en el momento en que Ali Sonboly resultó tener más interés por el asesino en masa noruego Anders Breivik que por el califa Abu Bakr al-Baghdadi de Mosul, así los verdaderos asesinos del Isis en Kabul evitaron por completo el estigma de ser llamados terroristas en cualquier forma.

 

Esta absurda nomenclatura se va a deformar aún más –estén seguros de ello– conforme cada vez más víctimas europeas de los ataques en naciones de la UE resulten ser musulmanas. El número de musulmanes asesinados por el Isis en Niza fue notado, pero no apareció en los titulares. Los cuatro jóvenes turcos abatidos por Ali Sonboly fueron metidos en la nota como una parte casi rutinaria en lo que es hoy, por desgracia, la cotidianidad de los asesinatos en masa en Europa, como en Medio Oriente y Afganistán.

 

Por tanto, en Europa, la identidad de los musulmanes se diluye si son víctimas, pero es de vital importancia política si son asesinos. Pero en Kabul, donde tanto víctimas como asesinos eran musulmanes, su mutua crisis de identidad religiosa no tiene interés para Occidente y el baño de sangre se describe en términos anémicos: los dos atacantes "atacaron" y los "atacados" quedaron con 80 muertos. Parece más un partido de fútbol que una guerra de terror.

 

Todo resulta lo mismo al final. Si nos atacan musulmanes, son terroristas. Si no son musulmanes, son tiradores. Si musulmanes atacan a otros musulmanes, son atacantes.

 

Recorten el párrafo anterior y ténganlo a su lado la próxima vez que haya asesinos sueltos y podrán discernir quiénes son los malos antes de que la policía lo diga.

 

Traducción: Jorge Anaya

 

 

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Tres manifestaciones de un mismo fenómeno


El pasado 23 de junio tuvieron lugar las elecciones en el Reino Unido, para decidir su permanencia en la Unión Europea. El resultado, como es conocido, fue mayoritario a favor de abandonar el organismo multinacional. Un resultado previsto por algunos. Aunque durante los días previos las encuestas daban un empate técnico entre el sí y el no, e incluso daban como ganador al sí.

 

Como en otras muchas ocasiones, las encuestas, propiciadoras de ciertos giros en la opinión pública –algunos pudieran decir que son manipuladoras–, dejaron ver el cobre. Configuran una democracia manipulada. Fenómeno importante, para no dejar pasar sin reparar en él, pero esta no es nuestra preocupación en esta nota.

 

Pretendemos resaltar que al día siguiente de este referendo, comenzaron a circular noticias, acerca de que una numerosa población inglesa reclama una nueva consulta sobre el tema votado. ¿El motivo? Estaban mal informados sobre las consecuencias derivadas del abandono, por parte de su país, de la Unión Europea. Al final, cuatro millones de personas firmaron una solicitud ante las instancias pertinentes, para que una nueva consulta tome cuerpo. La respuesta del órgano consultado es que “la decisión ya está tomada”.

 

¡Estaban mal informados! Esta realidad no es inédita ni ocasional en las llamadas democracias modernas. Sucede que los candidatos a algún cargo, con bastante frecuencia, ofrecen a sus electores una cosa y terminan realizando otra. Evidente trampa y manipulación, por las cuales debiera ser destituido el elegido, sin necesidad de consulta jurídica alguna. Simplemente, demandando ante los jueces pertinentes por el engaño ocurrido.

 

Pero también es común, que los electores opten por uno u otro candidato, por una u otra oferta de gobierno, movidos en su decisión, simplemente por las emociones. Es decir, por el espectáculo, las formas, los colores, los ritmos, la escenografía, que acompaña cada acto de campaña. Decorado que termina por despertar en quienes votan, su confianza y finalmente la inclinación del voto. ¿Manipulación psicológica?

 

¡El espectáculo! ¡La farándula! Para sorpresa de pocos o de muchos, es el aspecto que finalmente determina la conciencia de las mayorías. El asunto que termina por ser importante en cada consulta electoral, no son las razones. Ni es la explicación profunda de cada una de las promesas de campaña, o el debate sobre tales ideas. Predomina entonces, la forma como habla el candidato, como sean los decorados en sus actos, los colores, el ritmo de las frases, etcétera. Todo esto con detalle, independiente del mensaje, es finamente estudiado y preparado por agencias de publicidad y mercadeo, que resultan siendo el soporte fundamental de las campañas.

 

¿Gobierno de mayorías? No puede ser, ni tener tal calidad, cuando así resulta que tenemos a la cabeza de las sociedades, no unos gobiernos, en verdad, democráticamente elegidos; sino un remedo de tales. Las elecciones terminan por ser una farsa de la voluntad popular. Farsa cocinada con toda conciencia en los laboratorios de los mercaderes, tanto de jabones o cremas dentales, como de candidatos a cualquier instancia. De ahí que quien más dinero tenga, termine en la mayoría de los casos, como el que cuenta con más opciones para ser elegido.

 

¡Democracia de casino! Y este tipo de democracia, que es la realmente existente, está en crisis en todos los países, incluso, en la primera potencia del norte, donde la campaña en curso para elegir a quien regirá la Casa Blanca durante los próximos años, está determinada por el aval de los millonarios, los financiadores de uno y otro candidato, que son sus verdaderos electores. El 1 por ciento, correspondiente a quienes tienen sumida en la total pobreza a miles de millones de personas a lo largo del globo, también determina las políticas locales y la geopolítica del primer imperio mundial.

 

¡Democracia en crisis! ¡Democracia de apariencia! ¡Democracia secuestrada! Actuando como soporte de este secuestro, los opinadores de oficio y los periodistas complacientes. No es casual que así sea. Desde siglos atrás es sabido que los reyes y los príncipes tenían a su lado a los aduladores. Encargados de insuflarles ego. A quienes el poder real protegía con la razón divina, con el poder del discurso o con el poder del miedo. El tiempo ha transcurrido y las circunstancias no son diferentes.

 

Cada día, a través de los medios de comunicación, algunos quienes se hacen llamar periodistas adulan al poder, desinforman sobre sus actos –sus razones, intereses, aliados, maniobras, manipulaciones, etcétera–, incluso, entrevistan a uno y otro funcionario o dirigente empresarial, facilitándoles que oculten sus reales intereses. Facilitan las coartadas, mediante un conjunto de preguntas que propician no ahondar las cosas, de interés público y social. Periodistas protectores del poder.

 

Agentes de un periodismo complaciente, que ‘olvidan’ la función del periodista: informar a toda costa. Facilitar la confrontación de visiones y versiones entre los agentes de un mismo suceso. De este modo, permitir que quien lee, ve o escucha, tenga suficientes elementos de juicio para opinar y tomar su decisión con cabeza propia. Periodismo veraz que obliga y hace necesario a quien informa, que en ocasiones, entregue un contexto de los hechos. Que descubra y brinde datos. Que ofrezca detalles no conocidos de la noticia pertinente, de manera que, quien no conoce las razones profundas de uno u otro tema, pueda finalmente construirse un mapa de las causas y consecuencias que realmente están en juego.

 

Cuando la información no se presenta así, cuando lo informado sirve es para desinformar, la democracia, para la cual el derecho a la información es fundamental, también padece la desinformación. Se deforma. Refleja otra parte de su crisis, evidencia su ‘secuestro’ por los agentes del poder político y económico. En medio de los hechos actuales, tal sensación es el desasosiego que no pocos sentimos en Colombia.

 

¿Cómo no?, cuando escuchamos las declaraciones o respuestas de ciertos personajes por una cadena radial –¡el mayor opinador del país!– para exigirle al Gobierno, “ante la prolongación del paro camionero”, que le meta mano dura. Es decir, que militarice, que violente a quienes protestan. ¡Un ‘periodista’ que no informa sino que opina, en favor de alguien! ¡Un ‘periodista’ que manipula a quienes dice informar”! ¡Un ‘periodista’ que, como agente del Estado, que como parte del poder, toma posición con total desfachatez por una de las partes! ¡Un ‘periodista’ que opta por atizar el fuego en vez de contribuir para que no tome fuerza! ¿Qué quiere proteger?

 

Decía un gran periodista polaco: “Los cínicos no sirven para este oficio”*, pero en manos de estos, en boca de estos, están los medios oficiosos en el país. Es claro que este periodismo palaciego y complaciente con intereses financieros e inversionistas, contribuye a debilitar y destruir la democracia, la realmente existente. Realidad inocultable e innegable que plantea un reto mayúsculo.

 

Tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, en Colombia y en el resto del mundo, hay un desafío: Construir una democracia realmente incluyente, radical, refrendataria, que les abra espacio y poder, en verdad decisorio y soberano, a las mayorías de quienes dice depender.

 

*Ryszard Kapuscinski, Anagrama, España, 2014.

 

 

Publicado enEdición Nº226
Sábado, 23 Julio 2016 08:09

Acusan a la CNN por el falso hijo de Evo

Después de la entrevista al hijo trucho de Evo, Del Rincón anuncia que ésta no saldrá al aire.
 
EN SEDE JUDICIAL, MORALES VINCULO A PERIODISTAS DE LA CADENA CON LA TRATA Y EL TRAFICO DE PERSONAS

La Fiscalía citó a declarar a Del Rincón y a su camarógrafo de la CNN en calidad de testigos. El primero tendría que haber declarado el jueves pasado. Ayer tenía que hacer lo mismo el camarógrafo, pero ninguno de los dos se presentó.

 

Desde La Paz


El presidente Evo Morales anunció la construcción de dos nuevas líneas de teleférico en esta ciudad. Una de las nuevas estaciones se ubicará donde actualmente está la popular cancha Zapata, el mismo apellido de su ex novia Gabriela Zapata, cuya aparición pública –según él– habría definido el triunfo del No en el referéndum para habilitar una tercera reelección presidencial, a principios de este año. “Habrá una nueva estación en la cancha Zapata, aunque suena mal ese nombre, pero no importa. Vamos a pedir al hermano alcalde (Luis) Revilla que cambie ese nombre”, dijo Morales un poco en chiste y con mucha sinceridad.


El romance de Morales con Zapata, quien ahora tiene 29 años, se inició en 2007, según el gabinete ministerial. En una entrevista dada en la cárcel, la ex novia del Presidente aseguró que su relación se inició cuando ella tenía 17 años y participaba de las juventudes del Movimiento Al Socialismo (MAS). La cuestión es que en febrero pasado –días antes del referéndum que podía habilitar a Morales a postularse a un nuevo mandato en 2019– el periodista y ex funcionario de Inteligencia Carlos Valverde (actualmente autoexiliado en Argentina, según él) mostró una partida de nacimiento de 2007, de un bebé llamado Ernesto Fidel Morales Zapata. Al final de la hoja, firmaron los padres.


Además, Valverde presentó documentos según los cuales Gabriela Zapata trabajaba desde 2011 como representante local de la empresa china CAMC. El periodista aseguró que la ex novia del Presidente manejó dinero por la suma de 500 millones de dólares en contratos de esta firma con el Estado boliviano, más que nada para la construcción de obras de infraestructura. Entonces se planteó la tesis de un supuesto “tráfico de influencias” entre el Gobierno, la CAMC y Zapata.


Este entuerto fue llevado ante la Asamblea Legislativa, la cual determinó que no hubo tráfico de influencias en medio de los contratos millonarios suscritos por los involucrados.


Desde un primer momento, Morales dijo públicamente que su hijo con Zapata había muerto a poco de nacer. En cambio, su ex novia aseguraba que el niño estaba vivo y oculto, por temor a hipotéticas represalias del Gobierno nacional. Sostenía que iba a presentar al hijo del Presidente cuando le pareciera conveniente.


Fernando del Rincón conduce el programa Conclusiones, en la CNN. Llegó a Bolivia el 4 de mayo. El 5 de mayo tuvo una entrevista con el supuesto hijo de Morales en el Hotel Presidente, en el centro paceño. El 6 de mayo se volvió a Estados Unidos.


Pocos días antes, Zapata había presentado a este niño como el hijo de ella con Morales ante la Justicia. Lo primero que resultó sospechoso a la jueza es que el heredero debería tener nueve años. En cambio, el chico ante el estrado no tenía más de cinco años. Con algunas pruebas más, se determinó que físicamente Ernesto Fidel no existe. Entonces la ex reconoció que su bebé había muerto en 2009.


Con este testimonio, Morales inició un proceso por trata y tráfico de personas. Hasta ahora fueron enviados a la cárcel por este caso Pilar Guzmán (tía de Zapata), Juan Wilson G. E. (yerno de Guzmán), Claudio R. G. (hijo de Guzmán), Víctor Carlos V. (padre del niño) e Isela Ivonne Ch., (mamá del niño), Eduardo León (abogado de Zapata) y Zapata misma, quien enfrenta otras siete causas, una de ellas por enriquecimiento ilícito.


Según la Fiscalía, a cambio de prestar el niño, Zapata entregó a sus padres cinco mil dólares, la promesa de encargarse de su educación hasta finalizar la secundaria y un terreno apto para sembrar.


El Gobierno presentó una toma de una cámara de seguridad en el estacionamiento del Hotel Presidente, fechada el 5 de mayo pasado. En la imagen aparece un niño con antifaz, seguido más atrás por el periodista Del Rincón y su camarógrafo, Alexis Ardines Bonachea.


La Fiscalía citó a declarar a Del Rincón y a su camarógrafo en calidad de testigos por este caso de trata y tráfico de personas. El primero tendría que haber declarado el jueves pasado, pero no se presentó. Ayer tenía que hacer lo mismo Ardines, pero tampoco concurrió.


“Si (Del Rincón) no se ha presentado es un delincuente confeso, desde un punto de vista personal. Espero no equivocarme”, dijo ayer Morales en conferencia de prensa en la ciudad de Santa Cruz.


“Me imagino que se dio cuenta de que no era el niño buscado, hijo del Evo. Y él, como periodista, tenía la obligación de denunciarlo. Desde el momento en que no lo ha denunciado, sabiéndolo, siento que ha cometido un delito”, sostuvo el presidente.


“Ahora sabemos pues CNN en qué situación anda. Van conspirando por aquí y por allá. Pido que haya respeto, porque yo he sido víctima de dos periodistas de CNN”, dijo en alusión a Del Rincón y a Fernando Cala, con quien tuvo una entrevista propia de enemigos.


“Cometiendo no solo errores, sino delitos, se movilizan para hacer daño mediante Evo a un pueblo. Hacen mucho daño y no es reciente”, dijo Morales sobre la CNN.


Del Rincón dio su versión por medio de CNN. Dijo que hizo la entrevista con el falso hijo, pero que una vez de regreso en Estados Unidos, “después de un análisis a fondo determinamos que no había elementos suficientes para sustentar los señalamientos, ni tampoco evidencia física, como ADN, para descartar o confirmar la existencia del presunto hijo de Evo Morales. Por lo que en un acto responsable, ético, vertical y profesional, totalmente contrario a una conspiración, la decisión fue no transmitir los elementos de la misma”, aseguró.


La Fiscalía indicó que citará nuevamente a Del Rincón y Ardines.

 

 

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Marcelo Resende.

 

Caracas.

Venezuela no está en necesidad de "recibir ayuda humanitaria", declaró el representante en el país de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agriucultura (FAO, por su sigla en inglés), Marcelo Resende, al elogiar el programa del gobierno del presidente Nicolás Maduro para garantizar la entrega de alimentos a precios justos casa por casa.

 

Durante una reunión con el ministro venezolano de Alimentación, Rodolfo Marco Torres, y el jefe de control de los Comités Locales de Abastecimiento (Clap), Freddy Bernal, Resende calificó de extraordinaria la acción del gobierno venezolano de crear este mecanismo, y aseveró que en Venezuela "no están dadas las condiciones para recibir ayuda humanitaria", reportó Telesur en su portal.

 

Ambos funcionarios, indicó Torres, expusieron a Resende las acciones que se adoptarán para "proteger al pueblo".

 

Bernal tuitéo que la "#FAO asegura que Venezuela no está en condiciones de ayuda humanitaria", e informó en su página web que Resende aseguró que "los #Clap han tomado una dimensión estratégica para Venezuela", al reconocer además "el buen trabajo" que viene realizando el gobierno en el tema alimentario.

 

Venezuela redujo sus niveles de subnutrición, y en el nuevo mapa del hambre de 2014 es presentada como uno de los países que más han hecho para que su población coma bien y viva dignamente, de acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. La FAO reconoció por primera vez al gobierno venezolano en 2012 por la reducción del hambre y la pobreza extrema en más de 50 por ciento, resaltó Telesur.

 

Bernal y Torres también explicaron a Resende que los Clap son parte de la estrategia para combatir la guerra no convencional impulsada por la derecha venezolana y que se ha caracterizado por el saboteo económico con acaparamiento, boicot y usura de los productos de primera necesidad.

 

A todo esto, el vicepresidente y ministro venezolano de Planificación, Ricardo Menéndez, denunció en Nueva York ante la Organización de Naciones Unidas que Caracas sufre una guerra económica dirigida a la desestabilización interna y la búsqueda de una intervención extranjera.

 

En la jornada final del foro de alto nivel del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, centrado este año en la implementación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, Menéndez advirtió que la intención es generar una fachada de "crisis humana" como nueva ruta para tratar de destruir a la revolución bolivariana.

 

En este contexto, el ministro de Relaciones Interiores, mayor general Gustavo González López informó que el joven mormón estadunidense Joshua Holt, fue detenido el 30 de junio por posesión ilícita de explosivos en su vivienda, y aseguró que estaría vinculado a "bandas criminales paramilitarizadas" que buscarían desestabilizar al gobierno.

 

Mientras, la oposición dijo que logró la validación de las firmas para activar la última fase de un eventual referendo revocatorio del mandato de Maduro.

 

 

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Domingo, 17 Julio 2016 07:46

Tigre suelto

Tigre suelto

 


Nos encaminamos en Nicaragua hacia unas elecciones presidenciales que no lo serán de verdad. Desde luego, todo ha sido decidido de antemano para que el comandante Ortega las gane por tercera vez consecutiva. No hay candidatos creíbles de oposición, porque quienes lo eran fueron eliminados de la contienda a través de una orden de la Corte Suprema de Justicia, que el Consejo Supremo Electoral acató el mismo día de manera concertada; sin observadores internacionales, que han sido declarados non gratos por voz del propio presidente de la república y candidato a la vez; sin aparato electoral mínimamente creíble, dominado por el partido de gobierno, y, encima de todo, con el tejido institucional del país en harapos, y lo que queda de él sometido a una voluntad omnímoda y omnipresente.


No hay ni habrá en los meses que vienen una campaña electoral entusiasta y contrastada en las calles y pantallas de televisión. Tampoco encuestas de opinión que muestren tendencias de votos que puedan cambiar de un día para otro, ni debates entre candidatos presidenciales capaces de afectar esos sondeos. En fin, lo que hoy día resulta normal en los países donde prosperan los sistemas democráticos y el poder se decide a través de elecciones transparentes.


Las únicas demostraciones serán las del candidato oficial, con todos los recursos del Estado a disposición, y detrás el aparato de propaganda del partido de gobierno, capaz de inundar las calles de banderas y afiches, y de eslóganes y espots las decenas de estaciones de radio y televisión, bajo control oficial. Un partido prácticamente único, compitiendo en un espacio único, lo que en buen nicaragüense se suele llamar pelea de tigre suelto contra burro amarrado.


El país se aparta cada vez más de lo que podríamos llamar el modelo medio de desarrollo político en América Latina. Pese a las crisis económicas, sacudidas sociales e incertidumbres institucionales, las salidas democráticas siguen abiertas, y la decisión de los electores es respetada. Todavía más: aún en casos de resultados muy ajustados, como en las recientes elecciones en Perú, nadie pone en duda el conteo justo de los votos, y el fraude electoral parece haber sido desterrado del panorama.


El funcionamiento normal de la democracia, vista en términos electorales, no es todo, por supuesto, y no cierra por sí mismo los graves desajustes sociales ni cierra el paso a la corrupción, vicio recurrente que pone en jaque a todo el sistema, como hemos visto en Brasil. Pero en ninguna parte, salvo en Nicaragua, la tendencia es la concentración absoluta de poder y el desmantelamiento de las instituciones, hasta dejarlas convertidas en meros decorados, que mañana podrán desaparecer también del escenario por inútiles.


Bajo esta concepción de poder absoluto el régimen se muestra cada vez más intolerante, como se ha visto en las recientes deportaciones de extranjeros, incluidos ciudadanos de Estados Unidos, que llegan al país a realizar tareas burocráticas e investigaciones académicas, sociales y políticas, o reportajes periodísticos, sobre temas que se han vuelto tabúes, como la pobreza o el Gran Canal Interoceánico; o simplemente a participar en programas ecologistas en comunidades rurales. Esto ha hecho que tres países, México, Estados Unidos y Costa Rica, hayan publicado advertencias dirigidas a sus ciudadanos sobre los riesgos de viajar a Nicaragua.


Pero la cúpula gobernante se siente segura y confiada. Cuenta con el favor de las encuestas, con una base organizada y bajo control capaz de ser movilizada a través del aparato del Estado hacia las plazas y urnas electorales, y con un efectivo e incondicional cuerpo de represión policial; mientras, del otro lado, la oposición se encuentra diezmada o ilegalizada, y hay suficientes partidos dispuestos a participar en el juego electoral a cambio de curules y otras prebendas, como ya es tradición en Nicaragua desde los tiempos de Somoza.


Y priva, sobre todo, la apatía. Las necesidades de la subsistencia diaria pesan más que el interés por la democracia y el respeto a las reglas constitucionales. Las demostraciones en las calles, en reclamo de elecciones libres y transparentes, sólo convocan a un puñado de personas. Los únicos capaces hasta ahora de movilizar masivamente a la población campesina han sido los dirigentes del movimiento que defiende la propiedad de las tierras amenazadas por el proyecto de construcción del Gran Canal, movimiento que no prende, sino escasamente, entre la población urbana.


El régimen confía también en su alianza con la empresa privada, que ha aprendido a no temer al discurso virulento del comandante Ortega en contra del imperialismo yanqui y el capitalismo. La regla de oro de esta relación es que los asuntos políticos quedan excluidos de las mesas de concertación donde se tratan los temas económicos, que por otro lado se ajustan al marco aconsejado por el Fondo Monetario Internacional.


Estas políticas han permitido que las cuentas financieras muestren algún crecimiento económico menos acelerado, sin embargo, que el aumento del número de nuevos millonarios; tampoco han provocado ninguna reducción apreciable de los índices de pobreza, ni del empleo informal. Tampoco han sacado a Nicaragua de la cola entre los países más atrasados de América Latina, en disputa con Haití.


Estados Unidos sabe también que detrás de la retórica encendida de Ortega no hay ninguna amenaza real para sus intereses de seguridad hemisférica; la reciente expulsión de funcionarios estadunidenses ha quedado reducida a incidente, si se quiere, perturbador. El modelo de supresión democrática en Nicaragua no choca de ninguna manera con la vieja tesis de Washington de que lo que más importa a la hora de enfocar las políticas hacia América Latina es la estabilidad, que existe hasta que el volcán estalla. Pero no hay movimientos sísmicos que indiquen que algo semejante esté por pasar.


Los votos, pues, están contados de antemano. Es como si las elecciones de noviembre de este año ya hubieran ocurrido.


Masatepe, julio 2016
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Domingo, 17 Julio 2016 07:32

Lula, PT y el golpe casi consumado

Lula, PT y el golpe casi consumado

 

Falta poco más de un mes, si se cumple el calendario previsto, para que el pleno del Senado termine el juicio destinado a destituir a Dilma Rousseff. A menos que ocurra una muy poco probable sorpresa, el destino de los 54 millones 500 mil votos que la llevaron al segundo mandato presidencial ya está sellado. Todo indica que el más insidioso, silencioso y traicionero golpe triunfará.


Durante el desarrollo del largo y tedioso juicio, encubierto por el diáfano manto de una farsa jurídica, los brasileños se acostumbraron a la resignación. Hay, claro, amplios sectores que persisten en su indignación, pero sus protestas apenas llegan a la mayoría de la población: parte del golpe cuenta con otro manto –nada diáfano, por cierto: sumamente pesado–, el del silencio cómplice de los medios hegemónicos de comunicación.


Desde el inicio del juicio formal que teóricamente examina las acusaciones contra Dilma Rousseff surgieron, más que indicios, pruebas demoledoras contra la acusación. Hasta entre los testigos convocados para comprobar que la presidenta había cometido crímenes, dos presentaron argumentos favorables a la acusada.


Los peritos nombrados por el Senado examinaron toda la documentación y llegaron a la conclusión de que no ocurrieron los delitos imputados a Rousseff.


Además, quedó claro que su gobierno, contrario a lo que se le acusa, no infringió ningún señalamiento constitucional: la resolución emitida por el Tribunal de Cuentas de la Unión –que pese a la solemnidad del nombre no es más que una institución destinada a asesorar el Congreso, sin poder legal efectivo–, la cual determinó que alteraciones en el presupuesto pasen por la aprobación de los nobles diputados y senadores, entró en vigor después de que Rousseff las había autorizado. Y, al menos por ahora, ninguna norma, regla o ley puede tener efectos retroactivos.


Para culminar, esta semana el Ministerio Público federal pidió que todos los procedimientos que transcurren en el ámbito judicial para determinar si Rousseff cometió crímenes de responsabilidad sean directamente archivados, por carecer de base.


De manera estrepitosa se derrumbaron todos los argumentos jurídicos en esa historia plagada de torpezas. E igualmente escandaloso es el silencio de los grandes medios de comunicación. Al fin y al cabo, lo que interesa es el juicio político, cuya sentencia parece claramente establecida de antemano.


Consumado el golpe, restará a Dilma Rousseff la débil expectativa de recurrir al Supremo Tribunal Federal, instancia máxima de la justicia.


Otra opción está igualmente condenada: lograr que seis senadores cambien su voto derrumbando el golpe y permitiendo a Rousseff reasumir un mandato destrozado, sin la más mínima condición para gobernar. La política de tierra arrasada que el interino Michel Temer ya empezó a imponer es casi imposible de revertir: cuenta con el apoyo mayoritario de un Congreso experto en cambiar votos por prebendas, es la alegría de la banca, el sueño del empresariado y el deseo intransigente de los medios hegemónicos de comunicación.


Cuando sus efectos empiecen a ser sentidos por la sociedad, será demasiado tarde.


Frente a ese cuadro desalentador, la izquierda y los movimientos sociales redoblan sus esfuerzos para convencer a una apática y anestesiada opinión pública de los peligros que pairan a muy pocos centímetros de la cabeza de los brasileños. Por ahora, en vano.


Mientras Temer no se atreve a salir a las calles, Lula da Silva sigue en peregrinación por las zonas más pobres del país pidiendo resistencia al golpe. Lo mismo hace Dilma Rousseff, pero en un mapa más amplio. Dicen que el golpe es reversible, que es posible derrotar a los traidores, reasumir el gobierno y proponer un nuevo diseño económico que retome el crecimiento y asegure los programas sociales desarrollados en los últimos trece años.


Los dos conocen muy bien el cuadro político y saben que la realidad es otra, absolutamente otra.


Rousseff trata de salvar su biografía de militante cuya honestidad es inatacable. Su futuro político es inmensa incógnita.


Para Lula da Silva, quien pese a todo el desgaste sufrido sigue siendo la figura política más importante del país (sobre todo para bien del PT), lo importante es trazar, a partir de ahora, una estrategia no sólo de supervivencia, sino de rescate y recuperación del espacio perdido, con la mirada puesta en las elecciones de 2018.


Además de reconquistar posiciones, le toca la difícil misión de recuperar la credibilidad, fuertemente corroída. En ese sentido, la consumación del golpe abrirá al menos una puerta: en la oposición y en la denuncia persistente de la traición cometida, el PT y Lula sabrán condenar los desmandes que Michel Temer seguramente cometerá. Si en su interinato ya hace lo que hace, es fácil imaginar qué hará cuando le toque asumir el gobierno de manera efectiva.


Será el más profundo retroceso desde el otro golpe, el militar, de 1964. Con la gran diferencia de que, esta vez, no habrá tropas ni tanques en las calles para defenderlo y silenciar a la oposición.

 

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Domingo, 17 Julio 2016 07:02

No será el último golpe en Turquía

Ankara

 

Recep Tayyip Erdogan se lo había ganado. El ejército turco no iba a mantener su obediencia mientras el hombre que iba a recrear el imperio otomano convertía a sus vecinos en enemigos y a su país en una caricatura de sí mismo. Pero sería un grave error dar por sentadas dos cosas: que el sofocamiento de un golpe militar es un asunto momentáneo, después del cual el ejército se mantendrá leal a su sultán, y considerar los al menos 250 muertos y más de 2 mil 839 detenidos como algo aislado del colapso de las naciones-estados de Medio Oriente.

 

Los sucesos del fin de semana en Estambul y Ankara tienen íntima relación con el derrumbe de las fronteras y de la credibilidad del Estado –la suposición de que las naciones de Medio Oriente cuentan con instituciones y fronteras permanentes–, que ha infligido graves heridas en Irak, Siria, Egipto y otros países del mundo árabe.

 

La inestabilidad es hoy tan contagiosa en la región como la corrupción, en especial entre sus potentados y dictadores, una clase de autócratas de la que Erdogan ha sido miembro desde que cambió la constitución en beneficio propio y reinició su perverso conflicto con los kurdos.

 

Inútil es decir que la primera reacción de Washington fue instructiva: los turcos deben apoyar a su "gobierno democráticamente electo". La parte sobre la democracia fue difícil de tragar; aún más doloroso fue recordar la reacción de ese mismo gobierno al derrocamiento del gobierno "democráticamente electo" de Morsi en Egipto en 2013, cuando Washington en definitiva no pidió al pueblo egipcio apoyar a Morsi y dio con prontitud su respaldo a un golpe militar mucho más sangriento que la intentona en Turquía.

 

Si el ejército turco hubiera triunfado, sin duda Erdogan habría recibido el mismo trato despectivo que el infortunado Morsi. Pero ¿qué se puede esperar cuando las naciones occidentales prefieren la estabilidad a la libertad y la dignidad? Por eso están preparadas a aceptar que las tropas de Irán y los milicianos iraquíes leales se unan a la batalla contra el Isis –así como los pobres 700 sunitas que desaparecieron después de la recaptura de Faluyá–, y por eso la cantaleta de "Assan debe irse" ha sido dejada un lado con discreción. Ahora que Bashar al-Assad ha sobrevivido al gobierno de David Cameron –y casi de seguro perdurará más allá de la presidencia de Obama–, el régimen de Damasco observará con asombro los sucesos en Turquía este fin de semana.

 

Las potencias victoriosas en la Primera Guerra Mundial destruyeron el imperio otomano –que era uno de los propósitos del conflicto de 1914-18, después de que la Puerta Sublime cometió el error fatal de alinearse con Alemania– y las ruinas de ese imperio fueron desmenuzadas por los Aliados y entregadas a reyes brutales, coroneles sanguinarios y un montón de dictadores. Erdogan y el grueso del ejército que ha decidido mantenerlo en el poder –por ahora– encajan en esta misma matriz de estados desgarrados.

 

Los signos de alarma ya estaban a la vista de Erdogan –y de Occidente– con sólo haber recordado la experiencia de Pakistán. Utilizado sin vergüenza por los estadunidenses para enviar misiles, armas de fuego y dinero a los mujaidines que combatían a los rusos, Pakistán –otro pedazo arrancado a un imperio (el indio) se convirtió en un Estado fallido, sus ciudades fueron devastadas con bombas gigantes, su corrupto ejército y su servicio de inteligencia colaboraron con los enemigos de Rusia –incluido el talibán– y luego fueron infiltrados por islamitas que a la larga acabarían amenazando al Estado mismo.

 

Cuando Turquía empezó a desempeñar el mismo papel para Estados Unidos en Siria –enviar armas a los insurgentes, y su corrupto servicio de inteligencia a cooperar con los islamitas para combatir el poder del Estado en Siria–, también tomó la ruta de un Estado fallido, con sus ciudades devastadas por bombas gigantes y su territorio infiltrado por islamitas. La única diferencia es que Turquía también relanzó una guerra contra los kurdos del sureste del país, donde partes de Diyabakir están ahora tan devastadas como grandes zonas de Homs o Alepo.

 

Demasiado tarde se dio cuenta Erdogan del costo del papel que eligió para su nación. Una cosa es disculparse con Putin y remendar las relaciones con Benjamin Netanyahu, pero cuando ya no se puede confiar en el propio ejército entonces hay asuntos más serios en los cuales concentrarse.

 

Dos mil arrestos o más dan idea de la seriedad del golpe para Erdogan; mucho más grande, de hecho, que el golpe que planeaba el ejército. Pero deben ser apenas unos cuantos de los miles de oficiales turcos que creen que el sultán de Estambul está destruyendo su país.

 

No se trata sólo de considerar el grado de horror que la OTAN y la UE habrán sentido por estos hechos. La verdadera cuestión será el grado en que el éxito (momentáneo) de Erdogan lo envalentonará para emprender más juicios, encarcelar a más periodistas, cerrar más periódicos, matar más kurdos y, para el caso, seguir negando el genocidio armenio de 1915.

 

A los extranjeros les resulta a veces difícil entender el grado de temor y disgusto casi racista con que los turcos observan cualquier forma de militancia kurda; Estados Unidos, Rusia, Europa –Occidente en general– han privado de contenido la palabra terrorista a grado tal que no logramos comprender hasta qué punto los turcos llaman terroristas a los kurdos y los ven como un peligro para la mera existencia del Estado turco; así es como veían a los armenios en la Primera Guerra Mundial.

 

Mustafá Kemal Ataturk era tal vez un buen autócrata secular, admirado incluso por Adolfo Hitler, pero su lucha por unificar a Turquía fue causada por las mismas facciones que siempre acosaron a la patria turca, junto con las sospechas oscuras (y racionales) de un complot de las potencias occidentales contra el Estado.

 

En suma, este fin de semana han ocurrido sucesos más dramáticos de lo que podrían parecer a simple vista. Desde la frontera de la Unión Europea, a través de Turquía, Siria, Irak y vastas partes de la península del Sinaí en Egipto y hasta Libia y –¿nos atreveremos a mencionar esto después de Niza?– Túnez, existe ahora un rastro de anarquía y estados fallidos. Sir Mark Sykes y François Georges-Picot comenzaron el desmembramiento del imperio otomano –con ayuda de Arthur Balfour–, pero éste persiste hasta nuestros días.

 

En esta sombría perspectiva histórica debemos ver el golpe frustrado en Ankara. Esperen otro en los meses o años por venir.

 

 

Traducción: Jorge Anaya

 

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 13 Julio 2016 07:31

Nuestra mente, esa pequeña casa

Nuestra mente, esa pequeña casa


Marta Riskin sostiene que los medios de comunicación distribuyen contenidos e instalan matrices lógicas y resortes de pensamiento automático frente a lo cual es necesario interrogarnos por qué cuestionar acciones e ideas siempre fue una elección, pero hoy es de supervivencia. A partir del análisis de la oferta televisiva dirigida a jóvenes y adolescentes.

No requiere mucho esfuerzo evocar otros gobiernos ejecutando las mismas medidas que negaron enfáticamente, durante la campaña electoral.


Ni demasiada imaginación para, frente a los ajustes tarifarios, equiparar la sensibilidad de un funcionario diciendo “si el consumidor considera que este nivel de precios es alto en comparación a otros gastos de su economía, dejará de consumir”, con la de aquella reina que habría sugerido al pueblo de Francia, en 1789, que si no tenía pan, comiera tortas.


La novedad está en la actual visibilidad de las paradojas culturales y en la oportunidad de observar a los votantes afrontando la naturalidad neoliberal de sus cirujanos. Por ejemplo, a quien interpreta el acceso al consumo como una ofrenda al propio mérito y renuncia a las mismas cosas que antes reclamaba.


Los argumentos pivotean sobre las “duras medidas adoptadas” como productos inevitables de “la herencia recibida” y soslayan, sistemáticamente, la comparación de datos.


Hay quienes aseguran “No podíamos seguir así” y lamentan su “irreal” calidad de vida anterior y “opositores” que niegan la coherencia entre ideología y medidas del gobierno y aquellos que pierden memoria histórica e insisten en “darles tiempo”, confiando en persuadirlos pra corregir “errores”.


Muchos de estos planteos proceden de personas inteligentes, que descreen de la estabilidad de los mercados y dudan que exista una sola economía real.


¿Por qué aceptarían fallidas recetas económicas como única medicina? ¿Algo así como “Si duele, cura y si es horrible, pasa más rápido”? Clásicos, como La rama dorada de Frazer, describen los caminos de resolución mágica de las contradicciones y explican ciertas estrategias de las políticas de ajuste.


También, un cuento popular y común a varias tradiciones.


Un pobre campesino vivía con su numerosa familia en una minúscula habitación que era toda su casa. Nadie podía descansar allí. Cuando la falta de sueño ya lo estaba volviendo loco, el padre decide recurrir al sabio de la aldea, en busca de consejo. El erudito reflexiona y afirma tener la solución. Entonces, indicará que esa noche lleve una vaca a la morada. Al día siguiente, el hombre está desesperado pero el consejero insiste para que, noche tras noche, además de la vaca, introduzca en la casa a dos ovejas, tres cabras, la yegua y por último, a las gallinas. Recién al cabo de una semana de penurias, se le permitirá retirar todos los animales. Por la mañana, el pobre agradecerá al cielo lo bien que ha dormido y el gozar de una casa que ya no juzga tan pequeña.


Esta fábula tiene dos moralejas. Una expresa la sensatez de apreciar y cuidar lo que se tiene. La otra, exhibe un modo de estructuración lógica del pensamiento humano.


En la actualidad, nichos compactos de producción y divulgación ideológica despliegan idénticos valores y consignas –organizados según nivel socio-económico, género, edad y paladar del consumidor– en múltiples ficciones y publicidades.
Los medios de comunicación no solo distribuyen contenidos. También instalan matrices lógicas y resortes de pensamiento automático.


Aunque estudios sobre las redes sociales han revelado algoritmos administrando las opiniones dominantes de los grupos de referencia, aún nos preguntamos si es posible que baste la construcción virtual de una masa crítica de pares para que algunos ciudadanos se crean en la peor situación posible y luego, agradezcan cambios negativos y sinceramientos falaces.


El pensamiento mágico no resuelve problemas ni paradojas pero investigarlo desenmascara sus aplicaciones, resultados prácticos y consecuencias emocionales.


Así, los “cambios” que recorren el mundo, re significan al descripto por Lampedusa.


Ya no se trata del cambio para que todo siga igual sino de un cambio feroz, impuesto por marketing a conciencias globalizadas y que conduce el deseo de las masas hacia un proyecto mundial de retorno a servidumbres feudales.
Ricas tradiciones intelectuales y religiosas exhortan a abandonar prejuicios y concentrar la atención en el presente, sin negar el pasado y soñando futuros.


La escucha y la mirada, interior y exterior, son a esta altura de los acontecimientos, actos estrictamente prácticos para lograr cierta perspectiva personal y advertir como y cuánto estamos conectados con los demás.
Acciones tan simples y complejas como interrogarnos a nosotros mismos y a nuestros conciudadanos acerca de “qué veo, oigo, pienso, siento” conectan mente y corazón, evitan ingerir precocinados cantos de sirena y permiten disputar lógicas de construcción de realidades automáticas.


Cuestionar acciones e ideas siempre fue una elección pero hoy, es de supervivencia.


El Régimen impone y cada ser humano del planeta, elige.


* Antropóloga UNR.

“Los más poderosos son quienes más salen del juego democrático para después imponerlo a los de abajo”

 

En medio del actual proceso de transición regresiva en varios países de la región, como Argentina y Brasil, el reconocido jurista y sociólogo propone continuar con la lucha por la igualdad para impulsar un nuevo ciclo constituyente que haga frente a los intentos destituyentes. Los logros alcanzados en los últimos años y sus límites. Los errores de los gobiernos progresistas.


Los logros en el nivel de consumo alcanzados en los últimos años en la región no se han podido sostener en el tiempo. La embestida de los sectores de derecha en distintos países de América Latina, asume el investigador portugués Boaventura de Sousa Santos, pone de manifiesto la “fragilidad” de tales conquistas. Frente al actual proceso de transición regresiva en países como Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela, el reconocido jurista y sociólogo propone continuar con la lucha por la igualdad. No una igualdad clásica, sino una agiornada, que define como “igualdad con diferencias”.

 


–¿Qué nuevas formas cree que toman las luchas por la igualdad en América Latina?


–Las luchas por la igualdad han sido luchas tradicionales en este continente, ya que es un continente muy desigual. Las desigualdades se han profundizado a lo largo de las últimas décadas, excepto quizás en los últimos 12 o 15 años, dependiendo de los países. Algunos gobiernos, salidos muchas veces de movimientos populares, lograron realizar alguna redistribución social aprovechando el boom de los commodities y el alza de precio de los productos primarios; con eso integraron en el consumo –aunque no en términos de ciudadanía, por lo menos en el consumo–, a millones de personas en el continente. Claro. Se está demostrando que estos logros son frágiles y reversibles. De hecho están siendo ya puestos en cuestión en varios países: Argentina es uno de ellos, Brasil puede ser el próximo, Ecuador también, y Venezuela. Dado que no ha sido un proceso sostenible, la lucha por la igualdad debe continuar. No se trata de una lucha clásica por la igualdad entre clases, sino que se trata de una “igualdad con diferencias”.


–¿En qué sentido “igualdad con diferencias”?


–Desde los años 90, pero sobre todo después de 2000, hay una lucha muy fuerte por el reconocimiento a la diversidad protagonizada, sobre todo, por los movimientos indígenas y afrodescendientes. Ya había obviamente una lucha de las mujeres por la diferencia, por la diversidad, pero estos dos movimientos –el afrodescendiente y el indígena–, tuvieron un impacto enorme sobre todo en algunas de las constituciones, como las de Bolivia y de Ecuador, para mostrar que la igualdad para ser incluyente debe tomar en cuenta las diferentes maneras de pertenecer a una cierta comunidad política que es el Estado. Esos fueron logros. Ahora, en este momento, estamos en un proceso de reversión, de transición regresiva.


–¿A qué se refiere cuando habla de que “asistimos a un nuevo ciclo constituyente”?


–Cuando hablo de procesos constituyentes me refiero a procesos que buscan intentar ver de qué manera se puede abrir otro ciclo una vez que éste está agotado o que se presenta como un proceso destituyente, en la medida en que los derechos conquistados se están destituyendo, a veces a través de cambios constitucionales, otras veces sin cambios constitucionales. Por eso también es que las constituciones se están revelando como un papel mojado y con poca eficacia; ellas, que fueron creadas fundamentalmente para crear la idea de seguridad y que podrían aguantarse momentos cíclicos complicados. Pero no es así. Tenemos un tipo de estado de excepción en el que no hay suspensión de las constituciones, no hay dictadura, todo parece hecho dentro de una normalidad democrática pero el hecho es que la democracia se está espaciando. Por eso el apego a un proceso constituyente es a un nuevo proceso que pueda blindarse en relación a las debilidades del proceso anterior.


–¿A qué atribuye el cambio de signo político de algunos gobiernos de la región?


–Creo que es producto de muchos errores por parte de algunos gobiernos, que en su parte final y producto de la degradación del ánimo político, tenían casi actitudes suicidas. Todos sabemos que quizás la presidenta Dilma Rousseff no fue necesariamente la mejor opción para suceder a Lula.


–¿Por qué lo cree?


–Fue una decisión personal suya postular a una persona que nunca se había presentado a elecciones en ninguna parte. Una buena técnica, pero quizás buena para gobernar en períodos de bonanza y no en períodos de turbulencia. Por eso digo que hubo un casi suicidio. Pienso que los gobiernos progresistas no prestaron la atención necesaria para ganar victorias contundentes. Para eso era necesario mantener una lealtad con los grupos sociales con los cuales trabajaron durante años; lealtad que no mantuvieron. Al final de sus mandatos implementaron políticas casi ofensivas.


–¿Por ejemplo? ¿A cuáles se refiere concretamente?


–Por ejemplo, en el caso de Dilma, el hecho de nombrar para ministra de agricultura a Kátia Abreu, la gran mujer representante de los agronegocios. Y así tantas otras cosas ocurrieron en otros países que hicieron parecer que se estaba traicionando todo lo que se había prometido en la campaña electoral. Fueron muchos errores. La gente no es estúpida. La gente quería esta redistribución, ¿quién no? Solamente la clase media puede ser muy crítica por temor a que se le recorte algún beneficio, pero sigue teniendo su salario, su coche... Pero la gente que estaba muy abajo y que finalmente pudo comer, ir al colegio, ir al supermercado... a esa gente le gustaría poder sostener esa política. El caso es que los gobiernos no fueron lo suficientemente elocuentes para que la gente pudiera advertir que lo que la derecha y los medios de comunicación decían era realmente falso.


–Usted atribuye estos cambios de signo político a la fragilidad de los logros alcanzados en los últimos 15 años. Sin embargo, en algunos países los cambios se dieron por la voluntad popular...


–Es una buena pregunta pero complicada de responder. Estos cambios de transformación y de políticas de redistribución social están siendo eliminados a través de procesos democráticos. Por eso puede decirse que es el pueblo el mayor beneficiario de estas políticas, el que se muestra ingrato y vota en contra. En ese sentido habría varias cosas que decir.


–¿Cómo cuáles?


–Primero, es claro que estos gobiernos progresistas cometieron muchos errores; hay quienes no consideran a estos gobiernos progresistas, yo los sigo denominando así en el sentido de que buscaron una redistribución social en un continente marcado por las desigualdades que venían desde la Colonia. Uno de esos errores fue no aprovechar la gran oportunidad que se les dio para transformar políticamente la sociedad: hacer reformas políticas, reformas del sistema fiscal, de los medios de comunicación, de la economía. Y al contrario, de una manera perezosa, aprovecharon el aumento de los commodities y el alza de precios de las materias primas para permitir, a partir de esto, una redistribución social que era dependiente de los precios. Al mismo tiempo, permitieron a las clases oligárquicas, a los sistemas financieros, a los ricos, enriquecerse como nunca. No aprovecharon la gran aceptación, casi hegemónica, que tuvieron en algún tiempo para transformar la política de manera de poder resistir a una situación más adversa. Por eso es que estas formas de inclusión no fueron realmente formas de inclusión democrática y ciudadana.


–¿Qué tipo de inclusión observa en estos procesos?


–Fueron formas de inclusión por el consumo. En ese sentido, estos nuevos sujetos políticos, que en muchos casos por primera vez podían comer tres veces al día, no fueron invitados a ejercer el control sobre las políticas públicas mediante mecanismos de democracia participativa, tampoco fueron invitados a debatir sobre el servicio que se daba en los hospitales y se quedaron, por así decirlo, como pasivos recipientes de un consumo que ahora les era permitido. Por eso esta inclusión es frágil, por eso permite que esta población que fue realmente beneficiada esté sujeta a influencias que pueden de alguna manera disfrazar y pervertir todo lo que se hizo.


–Puntualmente, ¿a qué influencias se refiere?


–Hay influencias sin las cuales no podemos entender qué está pasando. En primer lugar, la presencia de un fascismo mediático. En mi trabajo he distinguido diferentes formas de fascismo: el fascismo del apartheid social, el fascismo territorial, el fascismo paraestatal, el financiero y, obviamente, el fascismo mediático. El fascismo mediático es aquel que permite a los medios, a través de la concentración mediática, manipular de una manera grosera la realidad y las percepciones de la vida cotidiana, de la vida política, de manera que la gente se sienta traicionada por los que apoyó anteriormente y que piense que los que le dieron una nueva vida a través de la inserción en el consumo son los responsables de la crisis. Eso fue lo que ocurrió a través de una manipulación mediática muy inteligente y poderosa que se hizo en todo el continente.


–¿Qué otros elementos coadyuvaron a este tipo de influencias?


–El segundo factor es la presencia del imperialismo norteamericano. No se puede ocultar más que los errores internos que cometieron los gobiernos progresistas no serían tan graves si no hubiera una fuerza internacional muy fuerte proveniente del imperialismo norteamericano que opera por diferentes mecanismos, que por supuesto ahora no son las dictaduras militares pero que son las presiones del sistema financiero internacional y la financiación de organizaciones democráticas en varios países que son democráticos desde la fachada pero que aplican condiciones hostiles a los gobiernos progresistas. Sin ir más lejos, en Brasil está absolutamente documentada la presencia de los hermanos Koch, muy conocidos en Estados Unidos por ser de los más ricos y de los que más promueven políticas de derecha.


–¿En qué consistió el rol de los hermanos Koch en el impeachment llevado a cabo contra Dilma?


–Los Koch Brothers han financiado muchas organizaciones que están hoy en la calle pidiendo el impeachment de Dilma. El imperialismo norteamericano aprovechó los errores cometidos por los gobiernos progresistas para atacar con una violencia sin precedentes. Empezaron por los pequeños países: primero Honduras, luego Paraguay con el golpe parlamentario a Fernando Lugo. Y ahora están intentando con los grandes países: Venezuela, Brasil y Argentina, y debemos decir que lo están haciendo con bastante éxito y que por eso hay que empezar de nuevo.


–¿En qué consiste el “fascismo financiero”?


–Todas las formas de fascismo son formas infra-políticas, no son parte del sistema político, que es democrático, pero condicionan las formas de vida de los que están abajo a través de desigualdades de poder que no son democráticas, que son inmensas y permiten que los grupos que tienen poder casi obtengan un derecho de veto sobre las oportunidades de vida de quienes están más abajo. Si eliminan la escuela pública y la salud pública la gente con bajos recursos podrá enviar a sus hijos a la escuela si es que tiene un amigo o padrino. Ahora, si el padrino no quiere pagar entonces sus hijos ya no irán a la escuela. Es la filantropía: el veto sobre la oportunidad. Es la discrecionalidad, que ocurre de diferentes formas. Por ejemplo, la discrecionalidad de la policía ante los pibes que son negros o que usan gorra. Y que llaman “leyes de convivencia”, pero que no tienen nada de convivencia sino que cuestiona a cualquiera que tenga un comportamiento apenas distinto. Eso es fascismo. Es arbitrariedad. Lo mismo el fascismo del apartheid social. En todas partes hay zonas salvajes de la ciudad y zonas civilizadas, donde existen todos los requisitos de urbanidad, de seguridad y saneamiento básico, y otras zonas donde no hay electricidad, donde el agua está contaminada, etc. Todo esto en un marco de la legalidad. Una discrecionalidad por debajo de los procesos políticos, y por eso digo que vivimos en sociedades que son políticamente democráticas y socialmente fascistas.


–¿Qué rasgos distintivos encuentra en el fascismo financiero?


–El fascismo financiero tiene una característica especial: permite salir del juego democrático para tener más poder sobre el juego democrático. O sea, alguien con muchísimo dinero puede ponerlo en un paraíso fiscal. De este modo sale del juego democrático de los impuestos, pero al salir se queda con más dinero y más poder para poder influenciar el juego democrático y además darles consejos a los ciudadanos de que no deben gastar tanto, que están viviendo por encima de sus posibilidad, que el Estado está gastando más en salud, por supuesto, porque el Estado no está siendo financiado con los impuestos que podría recibir si esta plata estuviera en el país. Se crea una corrupción de la democracia a través de la cual hay dos reglas: los que huyen de las reglas democráticas son los que se quedan con más poder para imponer las reglas democráticas a los otros. Esa es la perversidad del fascismo financiero. Claro que también tiene otras formas como las “agencias de rating” y la especulación.


–¿Qué hay del fascismo político?


–Justamente, el problema radica en ver hasta cuándo se mantiene como fascismo social y cuándo se transforma en fascismo político. Porque hasta ahora, políticamente, las sociedades son democráticas. Hay libertad de expresión, relativa pero existe. Hay elecciones libres, por así decirlo, con toda la manipulación. Hay un mínimo de credibilidad democrática, pero los asuntos de los que depende la vida de la gente están cada vez más sustraídos al juego democrático y los más poderosos son quienes más salen de ese juego democrático para después imponerlo a los que están abajo. Esto a mi juicio es la situación en la que estamos y donde surge la necesidad de un otro proceso constituyente.


–El acceso al saber también es desigual. ¿Se puede hablar de un fascismo del conocimiento?


–Lo que diría es que estamos asistiendo a la mercantilización del conocimiento. Durante mucho tiempo el conocimiento científico valió por su rigor y por la curiosidad de los cientistas que se decidieron a investigar un tema y que llegaban a conclusiones útiles para los países. Hoy ya no es así. El valor del conocimiento es un valor de mercado: el conocimiento contribuye a la innovación, genera patentes. Las universidades están ante una presión enorme por generar recetas propias del conocimiento. Se mercantiliza el conocimiento y por eso las propias universidades están cada vez forzadas a funcionar como corporaciones mercantiles, como empresas, los profesores como proletarios que producen para revistas de impacto, y los estudiantes como consumidores. Hay una mercantilización general del conocimiento y es esto que ha dado impulso al trabajo que me domina hoy sobre las “epistemologías del sur”: intentar llevar a cabo una lucha radical en todo el conocimiento. Por eso trabajo tanto con los movimientos sociales, para mostrar que el conocimiento científico es importante y no se puede demonizar, que la ciencia demuestra que los transgénicos o los insecticidas contaminan el agua y destruyen la vida, que debemos usar esa ciencia, pero tener en cuenta que esa ciencia no es la única válida. En este sentido es necesario descolonizar el saber para poder democratizar la sociedad, despatriarcalizarla y desmercantilizarla.


–¿Es posible aplicar su concepto de “apartheid social” a las políticas segregacionistas hacia los refugiados que se despliegan en varios países europeos?


–Toda la razón en mencionar a Europa, que está bajo la misma presión. Los refugiados son un caso extremo de una política de exclusión, pero lo más significativo es todo el sistema de fascismo financiero, disciplinario, que se aplicó en Grecia, Portugal, España, y que se está aplicando en otros países para intentar exigir que todos los países sigan la misma línea conservadora, de privatización, de liberalización, de destrucción de servicios públicos como salud y educación, de privatización de los servicios que son rentables para el capital. Europa puede hoy con menos arrogancia reconocer y entender mejor lo que pasa en América Latina.


–¿Por qué?


–Porque durante mucho tiempo pensó que ciertas situaciones sólo sucedían en países menos desarrollados, pero hoy Europa está pasando por un proceso de subdesarrollo: algunos países que estaban más desarrollados ahora están siendo subdesarrollados (el caso de Grecia es muy dramático y, desde el año 2000, el caso de Portugal también). Portugal es el único país de la Unión Europea que tiene un gobierno de izquierda que puede ser destruido en cualquier momento por Bruselas porque no está muy interesada en gobiernos de izquierda. Pero es una lucha cada vez más común entre países latinoamericanos y europeos.


–¿Cuál es su mirada hacia los partidos de izquierda?


–Creo que es necesario que redefinamos qué son las izquierdas y cuál es su forma política. Primero, no se puede decir que las izquierdas no aprendan. Voy a dar el ejemplo de la izquierda portuguesa. Durante mucho tiempo los comunistas pensaron que jamás podrían aliarse a los socialistas porque los consideraban de derecha. Ante la posibilidad de que una derecha siguiera gobernando Portugal por cuatro años más decidieron unirse al partido socialista.


–¿Por qué las izquierdas tienden a la fragmentación?


–El problema es que la izquierda partidaria hizo lo que yo llamo “una sociología de ausencias”. Invisibilizó todo lo que no se designaba como izquierda y que no tenía la forma de partido. Por eso lo que falta, a mi juicio, es juntar estas diferentes dinámicas y, para eso, es necesario que las izquierdas abandonen la idea de que los partidos son la única forma de representación política. Los partidos tienen que pasar por una refundación donde la democracia participativa sea constitutiva de la formulación de las políticas, de los partidos, y de las elecciones de los candidatos.

 

 

 

Publicado enPolítica
Miércoles, 29 Junio 2016 07:15

Las posibilidades del microrrelato

Las posibilidades del microrrelato

Desde Roca, Río Negro

 

Stella Maris Poggian y Ricardo Haye ponen de manifiesto que en tiempos de refucilos textuales y atenciones volátiles, la ficción breve puede resultar una alternativa sugerente para desplegar en los medios.

 

La nueva discursividad social, objeto de estudio de la Sociosemiótica o Teoría de los Discursos Sociales, se ve altamente condicionada por aspectos macroestructurales. Entre ellos podemos mencionar el acelerado ritmo de vida característico de la creciente urbanización planetaria o la tendencia epocal a la fragmentación conceptual en la que ya en su día había reparado Nietzsche y que actualmente constituye un rasgo dominante de los mensajes mediáticos. Todo ello entraña un impacto significativo sobre nuestras prácticas culturales, afectadas por la concisión extrema, una forma de fluidez telegráfica, el minimalismo comunicativo de twiter, la saturación de mensajes de una sociedad hipermediada y vocabularios (e incluso agendas temáticas) reducidos.

El ecosistema mediático no solo espeja esta situación, sino que tiende a reproducirla y contribuye a su producción. Por tal motivo, los medios audiovisuales –actualmente en tránsito hacia la transmedialidad– ofrecen un recorrido interesante a la hora de pensar el microrelato.


El cine, surgido como espectáculo de feria y fuente de fabulaciones con George Mélies, inicialmente trasmitió relatos de corta duración. Hoy asistimos al regreso de las historias breves, que proliferan en Youtube realizadas tanto por profesionales como por estudiantes o aficionados a la narración audiovisual.


La radio, que nació con voluntad de relato y con el tiempo terminó recluyéndose en prácticas cada vez más perfiladas por intenciones informativas o argumentativas, fue renunciando progresivamente a su vocación narrativa. Dada su capacidad inmanente para alojar historias, quizás el microrelato constituya un posible comienzo para su recuperación narrativa.


El espesor, las inflexiones, los matices interpretativos que la palabra alcanza en su versión fónica se fortalecen con los otros elementos discursivos que confieren forma al texto sonoro: música, efectos, silencios.


La conjunción inteligente y armónica entre estos ingredientes puede coadyuvar a obtener relatos en los que brevedad y concisión vayan de la mano con la alta intensidad expresiva que requieren las miniaturas narrativas.


En la televisión, aunque el contar historias goza de mejor salud, la oferta narrativa se resuelve en forma de películas, seriales, telefilmes o telenovelas, sin que el relato breve adquiera significación fuera de los avisos publicitarios. Existen, claro, las producciones llamadas “video minuto” o “nanometrajes”, pero siguen convocando porciones reducidas de público.


La conexión que postulamos entre minificción y medios tiene un doble propósito. Uno es el del descubrimiento: acercar a los públicos de la radio y la televisión la obra de creadores a los que, de otro modo, quizás nunca lleguen a conocer y ayudarlos a (re) descubrir el encanto de lo narrativo. Y otro es el de la construcción: la de una nueva poética que nutra, conceptual y estilísticamente, a nuestros medios electrónicos.


Parece existir cierto consenso en que la minificción reclama alguna relectura que nos permita reconocer mejor sus formas y su notable grado de polisemia. Si ponemos esta circunstancia en el dispositivo del libro, ese regreso al texto constituye un acto volitivo que decide el lector.

 

En cambio, en soportes como la radio o la TV tradicionales, la ocasión no puede ser establecida por las audiencias sino que depende de determinaciones que se adoptan en la fase de emisión y permanecen ajenas al control del público.


De este modo, si el primer contacto con una microficción radiofónica o televisiva marca una relación con lo sorpresivo o lo inesperado, la posibilidad de regreso a ella nos conecta con una experiencia gratificante.


La emergencia de dispositivos que permiten alojar materiales, tanto sonoros como audiovisuales, habilita opciones en las que oyentes o televidentes pueden escoger la ocasión y el número de veces en que realizarán la relectura.


En cualquiera de los casos, la duración breve de estos contenidos de ficción facilita su inclusión en las grillas de programación respectivas.


Características propias de la minificción tales como la hibridación genérica, el humor, la ironía, la intertextualidad, el carácter lúdico, (la fractalidad) y la metaficción tampoco resultan ajenas a las prácticas discursivas de la radio y la televisión.


Si, de un lado, la familiaridad mediática con estos rasgos impide que la microficción experimente extrañamientos en estos soportes, el acostumbramiento de los públicos a ellos contribuye a naturalizar su contacto mediático con las miniaturas narrativas.


En tiempos de refucilos textuales y atenciones volátiles, la ficción breve puede resultar una alternativa sugerente para desplegar en los medios.


El microrelato (y más aún cuando adopta miradas juguetonas, irónicas, paradójicas, desestructurantes, desacralizantes) ayuda a resquebrajar modos dogmáticos de percibir y valorar la vida, agudiza nuestra sensibilidad, estimula el despliegue de la imaginación, facilita el reconocimiento didáctico de las formas más complejas de la escritura. Y hasta es capaz de abrir la marcha hacia obras monumentales, dado que constituye una opción atractiva y didáctica que puede ayudarnos a educar nuestro gusto por las historias, explorando posibilidades que diversifiquen los registros y asuman desafíos narrativos de complejidad creciente.


* Docente-Investigadora del Instituto Universitario Patagónico de las Artes y la Universidad Nacional del Comahue.
** Docente-Investigador de la Universidad Nacional del Comahue.

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