Sábado, 27 Abril 2019 06:12

El éxodo nicaragüense a Costa Rica.

Ciudadanos nicaragüenses que viven en Costa Rica, durante una movilización contra el gobierno del presidente Daniel Ortega, en San José, el 20 de enero / Foto: Afp, Ezequiel Becerra

Más de 60 mil personas huyeron de Nicaragua en el último año, en el marco de una de las peores crisis políticas y económicas centroamericanas desde los años ochenta. La mayoría de los refugiados están en la vecina Costa Rica, donde enfrentan la incertidumbre y el ascenso de la xenofobia.


“Levanto la vista y veo huellas. No es una ni son dos, son decenas. Qué digo decenas, son cientos. Pienso en las miles de personas que habrán pasado por aquí en estos días, en este año. Todavía estoy en Nicaragua, quizás a 300 metros de Costa Rica, pero aún no sé exactamente dónde estoy.


Soy Marvia Padilla y desde ayer en la noche estoy tratando de huir de mi país, Nicaragua. Nací en León, justo cuando esa ciudad se convertía en bastión de una revolución, hace casi cuarenta años. Estudié derecho, aunque aún no he egresado. En León tenía una floristería, un “asado” (que es como un establecimiento donde preparamos comida por las noches), y, además, soy cantautora.


Ahora ya han transcurrido ocho horas desde que salí de una casa de seguridad en la que me encontraba desde hace varios meses en Chichigalpa, 100 quilómetros al norte de Managua.


Decidí huir de mi país ayer a la noche, el 8 de setiembre de 2018, justo unas horas después de que tres hombres con armas blancas me persiguieron en el centro de León, después de una manifestación en el parque central de mi ciudad. Yo soy líder activista del Movimiento de Autoconvocados Azul y Blanco.


Salí anoche hacia Managua en bus, luego viajé hasta Rivas, una ciudad más al sur. Allí contactamos a una persona que podría ayudarnos a pasar a Costa Rica. Son grupos organizados dedicados a cruzar personas, “coyotes”, como se les conoce popularmente. Queríamos irnos al otro lado a como diera lugar y pagamos para ello. Creíamos que si íbamos a la frontera de forma regular, nos detendrían y probablemente no contaríamos la historia.


Levanto la mirada y sólo veo fango y bosque. Trataremos de cruzar en un punto ciego a un quilómetro del puesto fronterizo Peñas Blancas.”


En el último año, un número inédito de solicitudes de refugio inundó Costa Rica. Según la Dirección Nacional de Migración y Extranjería de Costa Rica, fueron más de 29.500 los nicaragüenses que solicitaron refugio en ese año y otros 26 mil tienen citas pendientes para formalizar la solicitud. De ahí se extrae la cifra de 55 mil personas refugiadas en Costa Rica que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) difundió este 16 de abril. De acuerdo con esa organización, entre abril de 2018 y abril de 2019 salieron de Nicaragua más de 60 mil personas.


Santiago Navarro, integrante del Centro de Derechos Sociales del Migrante, explicó a este semanario que hasta ahora la llegada a Costa Rica de nicaragüenses se daba, principalmente, por factores económicos o de estudio. “Era una migración forzada, pues no tenían trabajo u oportunidades de sobrevivencia en su país, pero podían optar cuándo migrar. Ahora la condición es distinta. La mayoría de las personas llegan al país a solicitar refugio. Un solicitante de refugio se diferencia del migrante económico, entre otros aspectos, porque no tiene tiempo para tomar la decisión de salir del país, su vida corre peligro, ya sea por su orientación política, sexual, religiosa u otras razones. Para estos casos existen protocolos internacionales de derechos humanos que deben ser atendidos”, sostuvo Navarro.


Ante tal emergencia, Raquel Vargas, directora de Migración en Costa Rica, dijo a Brecha que se ha aplicado una estrategia de atención que convocó a 37 instituciones gubernamentales para que se analizaran todos los escenarios. “Los plazos se mantienen altos, pero hay que tener presente que, una vez recibida la solicitud, se da inicio a la revisión y el análisis por la Comisión de Visas Restringidas y Refugio”, aclaró Vargas. De todas maneras, Navarro se quejó de que en Costa Rica “hay un limbo legal administrativo: la institucionalidad estatal está desbordada” y por eso no se han podido procesar todas las solicitudes. La Dirección General de Migración y Extranjería negó ese extremo y afirmó que todas las solicitudes serán procesadas en un margen de tiempo de 18 meses. “Se valora la posibilidad de emitir la resolución definitiva de cada caso en 2020 o 2021. De todos modos, a partir de la solicitud de refugio, las personas ya se encuentran regulares en el país”, dijo la directora de la institución.


La migración nicaragüense a Costa Rica no es novedosa: desde hace casi cien años, miles de personas viajan del norte al sur para trabajar en el campo, la construcción, la seguridad o el servicio doméstico costarricense. Organizaciones de defensa de personas migrantes estiman en 500 mil la cantidad de nicaragüenses que viven en ese país, un 10 por ciento de la población total. Para Quxabel Cárdenas, activista por los migrantes en Costa Rica y fundadora de la organización Enlaces Nicaragüenses, existen en el país miles de familias binacionales. “El tema de migración dejó de ser un tema de población extranjera para ser un tema de integración, ya que más de 100 mil costarricenses han nacido de padre y madre nicaragüenses, pero la cifra podría ser de 250 mil si se tiene cuenta a los hogares binacionales”, aseguró Cárdenas a Brecha.


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“Hace un momento pasé por un retén militar nicaragüense. Sentí pánico. Pensé que hasta ahí llegaríamos y que nos devolverían y nos encarcelarían o nos matarían. La persona que nos llevaba me preguntó si me preocupaba algo. Le dije que sí, que me perseguía el gobierno y que corría riesgo de que me encarcelaran.


—Tomá mi cédula –me dijo.


Y pasé con la cédula de ella. Ahora, caminando, pienso en mi familia, en mis compañeros, en los muchos que no han podido huir y que enfrentan a un gobierno que los persigue, los encarcela o tortura.”


La recepción de nicaragüenses en Costa Rica es conflictiva. El aumento del ingreso de personas refugiadas ha generado una respuesta negativa de un sector de la sociedad costarricense, que ha llevado a una escalada del discurso xenofóbico a tal punto que, en agosto de 2018, se realizó por primera vez de manera abierta y pública una manifestación costarricense contra los inmigrantes. Para Guillermo Acuña, sociólogo de la Universidad Nacional, esa violencia discursiva “se está haciendo notable a nivel físico. Es decir, en las últimas manifestaciones que tuvimos en la capital tuvimos enfrentamientos violentos entre la población”.


Carlos Sandoval, especialista en temas de migración y académico de la Universidad de Costa Rica, ve con preocupación no sólo el crecimiento de los sentimientos xenofóbicos, sino la colaboración de algunos medios de comunicación en ese auge. “El malestar no nace espontáneamente. Hay algunos temas que han servido como desencadenante de este momento de xenofobia y hostilidad hacia los nicaragüenses. Por ejemplo, la percepción de que los extranjeros son responsables de la violencia, del deterioro de los servicios de salud, de la falta de empleo, constituye el núcleo duro de muchas noticias falsas, a veces incluso fomentadas por los medios”, dijo Sandoval a Brecha. Agrava ese malestar la frágil situación económica de Costa Rica, con un déficit fiscal cercano al 7 por ciento, un desempleo de cerca del diez por ciento y una pobreza estancada en un 20 por ciento desde hace más de treinta años.


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“Somos ocho personas y la que nos ayudó a pasar la frontera desapareció de un momento a otro, aunque le habíamos pagado para que nos llevara de forma segura hasta San José. Caminamos por un bosque por varias horas hasta ver una carretera. Todavía no sabemos dónde estamos, no tenemos geolocalizador, pero al ver los automóviles en el camino ya sólo se ven placas costarricenses.


—¡Estamos en Costa Rica! –grito aliviada.”


En los últimos años, la economía nicaragüense venía en alza. Según datos del Banco Mundial, la incidencia de la pobreza, en 2005, estaba en 48 por ciento y, en 2016, el gobierno de Daniel Ortega había logrado bajarla a 25 por ciento. El ingreso nacional bruto per cápita, el valor de todos los bienes y servicios producidos en el país dividido entre la población, en 2005, estaba en 1.180 dólares y, en 2017, llegó a 2.130, un dato que no refleja la desigualdad, pero que da cuenta de un crecimiento económico del país. Este auge coincidió con un cogobierno tácito entre el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), el partido político liderado por Ortega. Durante más de diez años, integrantes de la gremial patronal ostentaron cargos en comisiones, comités o juntas directivas de instituciones públicas. Esa alianza entre el sector privado y el gobierno, que fue admitida en medios nacionales e internacionales por José Adán Aguerri, presidente del Cosep, se terminó en abril de 2018, justo cuando iniciaron las protestas.


Ya habían sucedido varias manifestaciones contra la intención gubernamental de construir un canal interoceánico y ante la débil respuesta al incendio en la reserva forestal Indio Maíz. Pero fue el 18 de abril que se encendió la mecha con el descontento generado por la reforma de la seguridad social. Una vez retirado ese cuestionado proyecto de ley, las protestas continuaron, pero ahora contra la permanencia de Ortega en el poder. El empresariado, la Iglesia Católica, antiguos cuadros del sandinismo y partidos de todo el espectro político apoyaron las revueltas.


El líder sandinista va por su tercer mandato consecutivo al frente del país. En la elección más reciente, en 2016, consiguió el 72 por ciento de los votos válidos en una elección con la participación de más del 60 por ciento del padrón electoral. Antes había triunfado en 2011 con 62 por ciento y en 2006 con 38 por ciento. Mucho antes, entre 1979 y 1990, había gobernado Nicaragua como resultado de la revolución que sacó del poder a la familia Somoza tras una feroz dictadura de 40 años.


Para el historiador Pablo Morales, docente de la Universidad de Costa Rica, “las críticas a Nicaragua se dan en el marco de una disputa en la región sobre la democracia y lo que ella implica. A los efectos de la legislación nicaragüense, Daniel Ortega no es un dictador. Ese mote es utilizado como discurso político contra Ortega, pero es un presidente constitucional. Muchas fuerzas externas juzgan la cultura política nicaragüense a partir de criterios foráneos, y eso no es válido. En Nicaragua es normal que las instituciones estén vinculadas al partido de gobierno, tal como era en Costa Rica hace pocos años. Puede ser un error, pero es la cultura política del país”. El actual gobierno sandinista ha creado más bienestar social que el anterior, opinó Morales en diálogo con Brecha: “Ortega obtiene su legitimidad porque en esta segunda etapa de su gobierno ha generado incluso más obra social que la hecha en la primera, durante el período revolucionario, porque ahora no hay una guerra”.


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“Dejé atrás a tres hijos: uno de 7 años, otro de 16 y una de 20. También dejé a mi mamá. Dejé una vida hecha allá, con mucho trabajo y labor social. En Nicaragua me persiguen por varios delitos que me endilgan, como incitación al odio. Incluso me han enjuiciado en ausencia, pero yo sé que es persecución política. He estado en contra del régimen desde hace varios años, organicé tranques y movilizaciones. El Movimiento Azul y Blanco es muy heterogéneo, hay de todo dentro de él. Yo soy pacifista, pero sé que hay personas que quieren tumbar al gobierno por las armas.”


El Fsln es todavía el partido más grande de Nicaragua, el más organizado. La oposición, aunque beligerante, no tiene una organización partidaria única, unida. Está dividida en corrientes, partidos minoritarios, estudiantes, otros movimientos sociales y empresariado. Una encuesta de Cid Gallup mostró en setiembre de 2018, en pleno auge de las protestas, que aunque el 61 por ciento de la población demandaba nuevas elecciones, el Fsln conservaba todavía un 21 por ciento de apoyo. El siguiente partido en la lista era el Liberal Constitucionalista, con un 4 por ciento.


En las calles de Managua puede verse constantemente a personas particulares con la bandera roja y negra, del Fsln. La oposición dice que son personas que trabajan para el gobierno y que están obligadas a llevarlas, pero ellos lo niegan. Josefina es sandinista y acusó al gobierno de Estados Unidos de generar “caos y confrontación” en el país. Dijo a Brecha que el gobierno de Ortega es “el que más ayuda ha llevado a las familias pobres” y que por eso lo quieren tumbar. En cambio, Jorge, con la cara tapada con un pañuelo blanco y azul, calificó a Ortega de “dictador” y “corrupto” y pidió que se realicen elecciones anticipadas. Alexandro, por su parte, votó por el Fsln, pero ahora cree que ambos bandos cometen errores. La represión no es la solución, pero la violencia en contra del gobierno tampoco, opinó. Marvia Padilla no está de acuerdo con las elecciones anticipadas y piensa que la oposición no tiene articulación política para ganarlas. De hecho, ya se ven en las calles carteles que dicen “Daniel 2021”, que es la fecha en la que deberán realizarse nuevas elecciones, según el cronograma electoral regular, y en las que, probablemente, Daniel Ortega vuelva a ser candidato.


“Llegué a San José. Aún no me siento a salvo, pero estoy más tranquila. No conozco nada ni a nadie aquí. Trajimos dinero para 15 días, pero no creo que nos alcance para ese lapso. Todo es más caro en Costa Rica. Ahora soy una de las 8.252 que ya obtuvo la cita para formalizar la solicitud de refugio en 2019. Estoy buscando trabajo para poder sobrevivir y no pienso abandonar la lucha en Nicaragua. De todas formas, veo difícil que Ortega se vaya. Durará hasta las elecciones de 2021 y podría incluso ganarlas, así que todavía no vemos una salida a esta encrucijada.”

26 abril, 2019

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Domingo, 31 Marzo 2019 11:43

...Lejos de casa

...Lejos de casa

¿El que sepamos que mucha gente alrededor del planeta está sufriendo, hace que el sufrimiento individual sea menor? ¿O nos inmuniza, nos curte, ante el sufrimiento de otros? ¿Qué hacemos, cómo nos comportamos, cuando la tragedia y los avatares adquieren nombre y apellido, cuando adquieren forma, cuando se vuelven persona? ¿Cómo nos comportamos cuando la tragedia deja de ser un número, cuando deja de ser una noticia y se nos presenta ante nuestra cara?

Eliana tiene 22 años, cada día, desde muy temprano, cuando el frío se cuela por todos los poros de nuestra piel, pero además lo evidenciamos en el vapor que sale de nuestra boca por el simple gesto de entreabrirla, ella está en una esquina de Nueva Villa Alsacia, una urbanización bogotano que los burócratas de la administración distrital clasificaron estrato cuatro, en esa artimaña clasista que inventaron en este país de arribismo no oculto, donde todos aspiramos a ser lo que no somos, soñando con gastos que no podemos cubrir, perdiendo identidad y por ello capacidad de acción social transformadora.

Mientras ella empieza otro día de rebuscar la sobrevivencia, por su lado, con paso afanado, cruzan decenas de personas en procura de transporte público que los acerque a sus lugares de trabajo; otros deambulan con sus perros en procura de un lugar en donde estos puedan desechar lo que ya les impide estar tranquilos en las cuatro paredes del apartamento que habitan.

El sol le va ganando la partida a la noche –que ya muere–, y allí, en la esquina de siempre, está Eliana, vestida sin mucha protección contra el frío, tal vez protegida por la fuerza de la juventud, obligada al rebusque por la lejanía con su tierra natal; en la mano la bolsa de dulces, la misma que ofrece a los apurados transeúntes, siempre anteponiendo un “buenos días”. Su acento la delata pero también le obvia tener que explicar muchas cosas.

El “buenos días” es un dulce para quienes proceden de ese lugar que hoy llena espacio en todos los noticieros y en todos los periódicos; ese saludo es muy significativo para quienes de allí proceden pues es una señal de que eres persona, de que compartes lo que tienes. Un saludo que da contra el aire, contra la indiferencia bogotana, fundida en las imágenes cotidianas de cientos de personas arrojadas desde siempre a la calle, malviviendo, desposeídas de todo, rebuscando en canecas algo para comer. Pese a ello, ella continúa con su saludo, esperando que alguien se fije en ella, les responda y tal vez compre un dulce.

Eliana tiene un hermosos rostro que también delata su lugar de origen, no hay duda de ello por sus labios gruesos y una mirada alegre, pero aun ingenua, que expresa confianza en la gente y que para los colombianos puede ser interpretado como atrevimiento. Para un colombiano ella es una “igualada”, cosa rara para los venezolanos pues allí no son tan evidentes las diferencias sociales, como sí resaltan acá; puede que sufran limitaciones, sí, pero a la hora de relacionarse con alguien se tratan sin protocolo social, miran sin bajar la mirada y casi rompen los espacios de intimidad sin el menor reparo.

Como otros tantos de quienes han migrado en los últimos años, para llegar a Bogotá Eliana realizó una travesía llena de penurias y situaciones de gran riesgo por su condición de joven, de mujer y, sobre todo, de embarazada. Su voluminosa barriga se ciñe en un pantalón licra y una camiseta que apenas le quedan. Da la sensación de que su bebe va a nacer en ese mismo momento. Ella me contó que a su tía se le murió su bebe un par de días después de nacer, porque no aspiraron correctamente sus vías respiratorias, al tiempo que le dejaron la placenta en el útero; deceso que la empujó a salir del país.

Desde Caracas, desde una populosa zona llamada El Valle, salió el siete de diciembre rumbo a Colombia. El trayecto de Maracaibo hacia La Guajira, llegando hasta La Raya, fue todo lo difícil, pesado y angustioso que podía ser: “Nos quitaron mucho de lo que teníamos. Tanto comida como objetos personales, porque eso es lo que se vive literalmente con los guardias en Venezuela. Ellos siempre te están quitando algo”.

Antes de salir de Venezuela, Eliana ve con asombro y tristeza como su mundo se desmorona. “Nosotros nos criamos todos en El Valle, pero ahora todo representa un peligro, la policía amenazando a todo el que ve por ahí con matarlo. En los barrios populares ahora hay una disputa permanente”.

“Por ejemplo, si el azote de barrio (se refiere a los delincuentes de la zona) te pide agua y si no se la doy me saca de mi casa o me mata algún familiar, y si te la doy se entera la policía e igualito, vienen y me quitan mi casa. Entonces te quedas en el aire. Allá le quitan a las personas la casa porque sí. Si colocaste una denuncia y afectó al azote del barrio, él te quita tu casa, y te quedas sin nada y tus hijos sin nada, y si no entonces los policías van y dicen que tu le estas tapando la sinvergüenzura y te quitan tu casa. O sea, no tienes ni quien te defienda ni quien te ayude”.

En medio de un caos, que le impide planificar una vida para ella y para su bebe, en compañía de su hermanito de diez años, se llena de falsas ilusiones y valentía y empieza un tortuoso recorrido para llegar a Bogotá. Cruzó como ilegal hasta llegar a Riohacha, allí la impactó el ambiente de droga, prostitución, evidente maltrato a las mujeres y cero posibilidades de trabajar. En horas de la madrugada era tanta la desesperación “que agarraré mis bolsos a las tres de la madrugada y con un señor llamado Rey, al que no conocía, nos arriesgamos para el viaje, y nos llevó hasta Barranquilla; me preocupaba mucho mi hermano”.

“Llegamos a Barranquilla y había muchas personas, mas que todo hombres. A todas las personas que les pedíamos ayuda decían que no, porque como yo estaba embarazada, porque lo que querían era que nos quedáramos ahí pero con segundas intenciones”.

Ella continúa narrándome: “Ante esta realidad, agarré a mi hermano, y le rogamos a un muchacho que nos trajera, él nos dejó en Santa Marta. Nos regresó de Barranquilla a Santa Marta, en donde nos robaron. Al día siguiente agarramos para Bogotá, teníamos que llegar para proteger a mi hermano, así como a los pocos bolsos que nos quedaban los que en la madrugada, llegando a Ibagué, nos los terminaron de quitar; unos hombres le quitaron los bolsos a mi hermano, porque el estaba dormido.

Llegamos a Ibagué, nos montamos en una camioneta, nos bajamos de esa camioneta, nos montamos en otra, hasta que llegamos a Bogotá, eso fue como a las diez de la noche del viernes y acá estamos. Todos los días luchando para no dormir en la calle”.

Pero en Bogotá su condición de mujer y joven resultó un problema, en lugar de un beneficio. Eliana cuenta con tristeza que las mujeres la miran con recelo y los hombre le proponen cosas, le preguntan cuánto cobra y le dicen que todas las venezolanas son putas.

Aun así Bogotá es la única opción que tienen por ahora, y considera una victoria el que cada día puede conseguir lo de la comida. Está preocupada por una hermana y un hermano que dejó allá y agrega que, igual, no puede regresarse porque no tiene cómo costearse el retorno. Colombia no resultó ser la tierra próspera y salvadora que esperaba, tierra para iniciar una nueva vida, pero aún así es lo único que tiene en este momento.

Eliana tendrá un hijo en Colombia y ni siquiera será colombiano, porque la trabajadora social ya le explicó que si la atienden debe llegar de emergencia, sino no. y que a su hijo lo tiene que registrar en un consulado venezolano, como venezolano.

Mientras tanto, los comentarios de aquí y allá hacen referencia a la sobrepoblación de venezolanos, que no deberían estar aquí, que Colombia ya tiene sus propios problemas, que ahora tienen los delincuentes de siempre y de ñapa los de Venezuela, que esos venezolanos pidiendo en la calle bien vestidos y todo, y pare de contar. Porque para algunos colombianos el sufrimiento tiene nacionalidad y Colombia ya la patentó, entonces lo de otros no es sufrimiento, y el derecho a emigrar a trabajar, a buscar futuro en otro país, también lo patentaron los colombianos.

Eliana me mira, y entiendo en sus ojos el interrogante, ¿qué hacer?

Publicado enEdición Nº255
Lunes, 18 Febrero 2019 05:53

La segunda implosión de Centroamérica

La segunda implosión de Centroamérica

Décadas después de las guerras de revolución y contrainsurgencia en Centroamerica, la región otra vez está al borde de una implosión. El istmo ha estado sumido en una reanudación de las luchas de masas y la represión estatal, el desmoronamiento de los sistemas políticos, la corrupción, el narcotráfico y el despojo y migración forzada de millones de trabajadores. Detrás de esta segunda implosión –reflejo de la crisis galopante del capitalismo global– está el agotamiento del desarrollo capitalista tras las convulsiones de los años 80 al ritmo de la globalización.

Los movimientos revolucionarios de masas entre 1970 y 1980 lograron desalojar del poder a las dictaduras y abrir los sistemas políticos a la competencia electoral. Pero no alcanzaron la justicia social sustancial ni democratizar el orden socioeconómico. La globalización desplazó a millones, agravando pobreza, desigualdad y exclusión social, y dañó el ambiente, ocasionando una oleada de emigraciones y más movilizaciones de masas entre quienes se quedaron. Las raíces del conflicto regional han persistido: la concentración de la riqueza y del poder político en manos de élites al lado de la pauperización y la impotencia de una mayoría desposeída.


Con el golpe de Estado en Honduras (2009), la masacre de manifestantes en Nicaragua (2018) y el regreso de los escuadrones de la muerte en Guatemala la ilusión de paz y democracia, tan pregonada por la élite trasnacional, ha sido destrozada. Los regímenes centroamericanos ahora enfrentan crisis de legitimidad, estancamiento económico y colapso del tejido social.


El modelo de acumulación implementado hacia finales del siglo XX y en adelante abarcó la introducción de actividades que integraron la región a las cadenas trasnacionales de producción y servicios, parte de la globalización capitalista que ha involucrado una expansión de la minería, la agroindustria, el turismo, la extracción energética y los megaproyectos de infraestructura a lo largo de América Latina, alimentando una economía global voraz y desbordando las arcas de las trasnacionales.


La evolución de la economía política centroamericana refleja la de la economía global. La mundial pasó por un periodo de prosperidad entre los 50 y 60, seguido por crisis, el estancamiento y la transición en las décadas de 1970 y 1980, para luego pasar al auge de la globalización en los 1990 y principios del siglo XXI. El istmo experimentó una tasa de crecimiento anual promedio de 5.7 por ciento (1960-70), tasa que cayó a 3.9 entre 1970-80, y luego desplomó a apenas 0.8 en la década de 1980-1990. Pero luego, en sincronía con la economía global, el crecimiento se recuperó a un promedio anual de 4 porciento durante la globalización entre 1990-2008, según la Cepal. Tras la crisis de 2008, la tasa de crecimiento descendió a 3.7 en 2012, a 3.5 en 2017, y a un estimado 2.6 en 2018.


El orden social de la globalización sólo podía ser sostenido mientras expandía la economía y los despojados podían emigrar. La reanudación del crecimiento desde los 90 ha dependido de: fuerte incremento del flujo de la inversión corporativa trasnacional, aumento constante de la deuda externa y las remesas de los migrantes.


La inversión extranjera directa bajó a partir de 2016, mientras la deuda externa pasó de 33 mil millones de dólares en 2005 a 79 mil millones en 2018. Pero sobre todo los 20 mil millones que envían los migrantes se han convertido en un salvavidas para la economía regional, mientras la emigración contiene las explosiones políticas.


Las remesas aportan 18-19 por ciento del PIB en El Salvador y Honduras; es 10 por ciento para Guatemala y Nicaragua. Las remesas representaron la mitad del crecimiento del PIB en esos países en 2017. La economía regional colapsaría sin ese dinero.


La población centroamericana creció de 25 millones (1990) a 40 millones (2017), según la Cepal, pero el mercado laboral no absorbe a la mayoría de los entrantes, lo que explica el repunte de la emigración: casi se duplicó de 2000 a 2017: 4.3 millones.


El capitalismo global enfrenta una crisis estructural de la polarización social y la sobreacumulación. La continua expansión de la economía global en años recientes ha sido alimentada en el consumo basado en el endeudamiento, la especulación en el casino global que ha inflado una burbuja tras otra, y la militarización impulsada por los estados en tanto el mundo entra a una economía global de guerra. Hoy la economía global está al borde de otra recesión. El sistema enfrenta una crisis política de la hegemonía y una escalada de tensiones globales. Esta crisis subyace a la segunda implosión de Centroamérica.


Se desarrolla en el istmo otra ronda de protesta popular de masas; los regímenes locales pierden legitimidad, se vuelven más corruptos y amenazan la constitucionalidad, como ha sucedido en Honduras y Nicaragua y podría ocurrir en Guatemala.


Las comunidades más vulnerables han sido identificadas como chivos expiatorios para la crisis, sobre todo los refugiados y los migrantes. Esto ayuda a entender la respuesta hasta fascista de Trump hacia los refugiados centroamericanos.


El futuro de Centroamérica dependerá de la capacidad de las fuerzas populares en Centro y Norteamérica de movilizarse para preservar el estado de derecho e impulsar la agenda de la justicia social que pudiera paliar la crisis. De lo contrario, una recesión económica podría tumbar el castillo centroamericano de naipes.

Por William I. Robinson, profesor de sociología, Universidad de California en Santa Bárbara

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Domingo, 10 Febrero 2019 06:05

¿Por qué Honduras?

¿Por qué Honduras?

La migración hondureña se hace nuevamente presente con el formato de caravana, tres meses después de la de octubre de 2018 que llamó la atención por su masividad, beligerancia, impacto mediático y solidaridad desplegada.

La de 2019 sigue siendo muy numerosa: 11 mil 366 personas registradas el 27 de enero, y es preponderantemente hondureña (73 por ciento), en menor medida salvadoreña (13 por ciento), guatemalteca (11 por ciento) y de algunos otros países (3 por ciento).

No obstante, ya no se presenta de manera beligerante, en buena parte porque hay una nueva política migratoria de acogida al migrante y de ingreso ordenado y legal. Ya no hubo un asalto a la entrada como la escena del puente en octubre, debido a la política anterior de contención. Tampoco hay banderas hondureñas e himnos nacionales. A su vez, la caravana ha recibido menos impacto mediático que la anterior y también menos solidaridad de la población.

En otros artículos sobre el tema, había mencionado que el saldo de la caravana de octubre pasado no era favorable. Si bien no hay estadísticas precisas, sólo un grupo minoritario logró pasar la frontera, otro grupo espera en Tijuana, uno más regresó a su lugar de origen y otro recibieron condición de refugiados o visas humanitarias en México.

Pero al parecer este balance no ha impactado en la población hondureña que persiste en su afán de llegar a Estados Unidos. Tampoco han impactado las amenazas y exabruptos del inquilino de la Casa Blanca. Y las condiciones en Honduras siguen igual que antes, al presidente en turno tampoco le afectan las denuncias de sus connacionales, ni siquiera que su hermano, apresado en Miami, sea líder de un cártel hondureño. Juan Orlando Hernández cuenta con el apoyo de Estados Unidos, del Congreso y de las fuerzas armadas.

En otros casos, como en México y Colombia, la violencia sistémica suele generar desplazamientos interno más que emigración internacional. Pero en el caso de Honduras, dado el tamaño del país y de la población (nueve millones), no hay dónde ir, por eso se plantea la alternativa internacional. Es también el caso de El Salvador y Guatemala.

Las alternativas de cambio y desarrollo se han cerrado para estos países centroamericanos. La revolución armada fue un baño de sangre, del que escapó Honduras, pero lo vivió de cerca. La democracia, de derecha o de izquierda, no ha podido detener la sangría que huye de la pobreza, la violencia y las carencias institucionales. Los gobiernos corruptos se encadenan y justifican en elecciones democráticas.

La migración hondureña tiene un fuerte componente político, como en el caso de Venezuela. Este se hizo presente a lo largo de todo el trayecto de la caravana de octubre, con las banderas en alto y comunicados a la prensa. El éxodo fue acompañado por líderes políticos y de opinión como el ex diputado Bartolo Fuentes, quien asiste a reuniones de muy alto nivel en México y el comunicador Milton Benítez quien fue el interlocutor designado ante la representación de la ONU, en México, cuando se exigían camiones para el transporte de la caravana. Hay una organización y dirigencia política detrás las caravanas, por más que se afirme que se trata de un éxodo "sin Moisés". Y también hay organizaciones detrás, que "acompañan y asesoran" a los migrantes.

Los últimos datos del Pew Hipanic, para 2015 informan que el contingente de hondureños en Estados Unidos, era de tan sólo 630 mil, mientras que los guatemaltecos sumaban 980 mil y los salvadoreños un millón 420 mil. Los números responden a procesos históricos y de maduración diferente, la migración salvadoreña repunta en 1980, la guatemalteca en 1990 y la hondureña en 1998 con el huracán Mitch. Los hondureños llegaron al final de todos y tienen prisa, por probar las bondades y mezquindades del sueño americano.

Quedan pendientes muchas preguntas. Los tiempos de las caravanas no han podido ser peor escogidos. En las tres ocasiones: abril, octubre y enero le dieron en la yema del gusto a Trump. También han puesto a prueba al gobierno mexicano, el de Peña Nieto libró como pudo y el actual, con un nuevo "paradigma" de visas humanitarias, ha resuelto momentáneamente el tránsito, pero el tiempo dirá si no ha provocado un efecto llamada. A las caravanas siempre se han sumado migrantes de otras nacionalidades: cubanos, haitianos, ecuatorianos, brasileños africanos y rusos.

Por lo pronto la política de contención se da ahora en Estados Unidos, con el muro, pero también con el acuerdo aceptado por México de que EU puede devolver a solicitantes de refugio para que esperen por su proceso legal. El hondureño Carlos Gómez Perdomo de 55 años es el primero de una larga lista que ha sido retornado a México. Esta noticia tampoco parece afectar a la caravana, pero en la práctica es una medida adicional de contención para los migrantes centroamericanos y un problema adicional para México.

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El “Choque de Civilizaciones”: coartada de la extrema derecha de Oriente y Occidente

No paran de enjaularnos con muros visibles construidos de ladrillo, alambre con concertinas, cercos electrificados, y/o hechos de miedo y odio hacia “el otro”. Nuestros mandatarios supremacistas así pretenden controlar a los “súbditos” evitando una ciudadanía universal y libre, bajo el pretexto de mantener la pureza de su “tribu” que siempre tiene valores superiores a otras: ¿Podrán acabar con las migraciones, uno de los principales factores del progreso del ser humano como especie?

Angela Merkel, presionada por el avance de la ultraderecha, afirma que el modelo alemán de integración de millones de los “no germanos” ha fracasado. Nadie les pidió portarse como un alemán cuando en la posguerra reconstruían una Alemania hecha escombros. ¿A dónde regresarían los kurdos de Turquía –por ejemplo– cuyos hogares han sido demolidos por los tanques Leopard “Made in Germany” conducidos por el régimen fascista de Erdogan? ¿O los afganos que deporta Europa mientras la OTAN participa en la masacre y saqueo de este pueblo? El presidente de la República Alemana, Horst Köhler tuvo que dimitir en 2010 (hecho inaudito en este país) al confesar que las tropas alemanas estaban en Afganistán por intereses económicos: ¡ni para liberar a sus mujeres del burka ni luchar contra Al Qaeda!


Nula autoridad moral les queda a quienes acusan a los inmigrantes de no respetar “los valores fundamentales” del occidente: ellos mismos los han arrastrado por las mazmorras de Abu Ghraib y de Guantánamo. No hay ni hay rastro de luces ni humanismo en el “trabajo” de miles de mercenarios occidentales y orientales, sin papeles y armados hasta los dientes, “emigrados” a otras tierras para saquearlas.


Las tres claves de una doctrina bélica

“Dios me ha dicho, George, ve y lucha contra los terroristas en Afganistán. Y yo lo hice. Y Dios me dijo, George, pon fin a la tiranía en Irak”, había justificado un iluminado George Bush la matanza de ambas naciones, quien tocado por la gracia divina iniciaba sus jornadas arrodillándose para rezar, y abría las reuniones de su gabinete con una plegaria. Pero, la realidad era otra.

1. La OTAN había perdido su razón de ser con la disolución del Pacto de Varsovia y el fin de la Unión Soviética, y el mundo exigía la canalización de sus ingentes presupuestos militares hacia la eliminación de la vergonzosa pobreza que azota a la mitad de la humanidad en el Primero, Segundo y Tercer mundo. Sin embargo, la minoría del 6% de la población mundial que posee el 59% de la riqueza total del planeta (y que en su 98% vive en el Norte), y quien en los tres mundos controla las armas, la banca y la política no iban a renunciar a su estatus: fabricó otros enemigos: los “musulmanes bárbaros” y el “Occidente corrupto”. “No es momento para poner en peligro la capacidad que tiene Norteamérica de proteger sus intereses vitales», advirtió George H. W. Bush al Congreso. “Que los recortes presupuestarios amenacen nuestro margen de maniobra es algo que no aceptaré nunca”.


2. Los nuevos enemigos serán más temibles que “los rojos”: el “terrorismo islámico” o el “colonialismo occidental” resultaban geográficamente ilocalizables como los fantasmas: el negocio de aparatos de seguridad florece paralelo a los exorcismos hechos en decenas de Guantánamos o directamente decapitando a los poseídos por la contaminante ideología de la modernidad. El nexo de estas élites fue revelado tanto por el asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski quien confesó que habia sido él el artífice del terrorismo “islámico”, como por los dirigentes del partido ultraderechista español VOX al reconocer que había sido fundado con el dinero de una secta religiosa paramilitar terrorista.


3. La seudo doctrina del “Choque de Civilizaciones”, promovida por el “orientalista” británico Bernard Lewis y perfeccionada por Samuel Huntington, administrador de la Casa de la Libertad (“Freedom House”), una asociación dirigida por el ex-director de la CIA, James Woolsey, cuenta que:


• Tras el fin de la URSS y el triunfo del capitalismo como el “único” sistema político viable, el principal conflicto del mundo lo protagonizan las ocho civilizaciones -la hindú, budista, confuciana, musulmana, africana, latinoamericana, ortodoxa y occidental-, confundiendo lugares geográficos con las religiones (sistemas de ideas fantásticas y sobrenaturales acerca de la creación), y a estas con las civilizaciones.
• El principal problema del mundo no son las injusticias sociales, sino los conflictos entre culturales diferencias (para que el banquero y sus inquilinos desahuciados recen al mismo dios y se enfrenten a los pobres de otras naciones).
• La religión sustituye a las identidades complejas, y será el principal actor político-social en los países “musulmanes” que en su mayoría estaban siendo gobernados en los años 70 por régimenes semilaicos: Irán, Turquía, Afganistán, Libia, Siria, Irak, son algunos ejemplos.
• La civilización “judeo-cristiano” será encabezada por EEUU. Se incluye a los judíos para que Israel, a pesar de ser una teocracia belicistas ubicada en Oriente Próximo, a parezca en el bando “civilizado”.
• La civilización occidental, encabezada exclusivamente por EEUU, se enfrentará a una alianza formada por la civilización ortodoxa rusa, la confuciana china y la islámica. Da igual que el islam no reconozca el confucionismo como religión y sus fundamentalistas persigan a los budistas, o que los1200 millones de personas nominalmente “musulmanas” (donde los árabes son sólo una pequeña minoría), hablan cientos de lenguas diferentes y pertenecen a cientos de etnias, culturas, historias diferentes y muchas veces contradictorias. Un paquistaní musulmán culturalmente es más cercano a un indio hinduista que a un marroquí mahometano. ¿Cuánto tienen que ver un mejicano, ruso o un copto egipcio cristiano con sus correligionarios en Suecia o en Francia? Y ¿cómo de aliados están los 54 países musulmanes que han sido incapaces de recuperar sus sagrados territorios, ocupados por unos 5 millones de judíos? En realidad, cuando se habla del “mundo islámico” no se piensa en Indonesia o Malasia, sino en Oriente Próximo, que “por casualidad” alberga cerca del 65% de las reservas del petróleo y gas del mundo: es allí a donde se dirigen las tropas civilizadoras de la OTAN. Tampoco se explica cómo el 65% de los latinoamericanos “cristianos” que viven bajo la línea de la pobreza deben aliarse con el 2% de sus compatriotas adoradores de Jesús que concentra el 80% de la riqueza de sus países? ¿Por qué un Donal Trump cristiano persigue a los inmigrantes desheredados de esta misma fe procedentes de América Latina? Esto se llama aporofobia y cualquier otro nombre servirá solo para ocultar esta realidad.

¿Dónde está este choque entre el presidente presbiteriano, la familia islamista de al Saud y un fanático judío como Benjamín Netanyahu, si se han unido contra un Irán islámico?


• EEUU, que representa el progreso humano, arbitrará el conflicto. O sea, que la ONU ya puede echar el cierre. Curiosamente, este “árbitro” es el mismo que no sólo posee unas 10.000 armas nucleares tácticas, sino también es el único país que las ha usado matando a unas 250.000 personas. Llamar a sus intervenciones como “misiones humanitarias” sólo engaña a los indoctos.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001, cometidos por Arabia Saudí y ejecutados en el suelo de EEUU, serán la primera manifestación del «choque de civilizaciones», o mejor dicho la prueba que EEUU necesitaba para refrendar su planteamiento maniqueo sobre el Bien Absoluto y el Mal Absoluto.


La islamofobia, promovida por la extrema derecha europea, identifica a millones de fieles con la derecha oscurantista islámica, minoría antimoderna, misógina, antiextranjera disfrazada de antiimperialista que pide la unión entre los ricos y los pobres para enfrentarse al intruso, al infiel, y tacha de “ambición de prostituirse” al feminismo. También la occidentofobia es la pieza imprescindible en la aplicación del “choque de civilizaciones”.


El “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano” proclama la supremacía de una hiperpotencia que busca dominar el mundo en todas las dimensiones del poder: económico, político, tecnológico, militar, y cultural.


“Diálogo de Civilizaciones” la otra cara de la misma moneda

Lanzado en 2005 por el ex presidente de la teocracia iraní, el ayatolá Mohammad Jatami como el antídoto del Choque de Civilizaciones, fue promocionada por la ONU en 2007 y encabezada por España y Turquía, dos miembros de la OTAN, que proponen una unión entre el Occidente y el mundo musulmán para combatir el terrorismo vía no militar salvando a las instituciones religiosas de ambas partes.

La reunión de los cardenales, obispos, rabinos, muftíes y ayatolás, para discutir sobre el Arca de Noé, mientras disfrutan de unas vacaciones “divinas” pagadas por los contribuyentes en los hoteles de cinco estrellas, dándose besos y abrazos, no sólo no palía esta situación, sino que confirma lo siguiente: que “La guerra es una masacre entre gente que no se conoce, en beneficio de gente que sí se conoce, pero no se masacra” (Paúl Valery).

Que unos 170 millones de niñas y niños –de todas las creencias y religiones- pasan hambre, 140 millones de ellos viven en la calle, 104 millones no van a la escuela, 10 millones son víctimas de la industria sexual y decenas de miles de ellos y ellas mueren cada día de hambre, a estos señores no les quita el sueño: “pagan el pecado de sus padres” dirían.

Estas inútiles y costosas iniciativas, además, mantienen el protagonismo a los amos de turbantes, kipás y birretes, siguen subrayando la fe religiosa de los ciudadanos, en perjuicio de sus reivindicaciones y derechos terrenales.


La barbarie es el patrimonio de toda la humanidad al igual que la sabiduría, la bondad, el progreso y la generosidad. Uno de los principales pasos para construir un mundo decente sería separar la espiritualidad de los creyentes de las instituciones religiosas con el fin de acabar con el poder de los autoproclamados “representantes de los dioses en la Tierra”.

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La CIDH exige a EU investigar la muerte de dos niños migrantes



 El organismo señala que las autoridades deben brindar asistencia médica, agua y comida a los indocumentados detenidos


Washington. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) exigió este lunes a Estados Unidos que investigue la muerte de los niños guatemaltecos Jakelin Caal Maquin y Felipe Gómez Alonzo, mientras estaban bajo el cuidado de la Patrulla Fronteriza tras ser detenidos con otros migrantes al cruzar sin documentos a territorio estadunidense por la frontera con México.

“La CIDH apremia al gobierno de Estados Unidos a investigar las circunstancias que llevaron a estas muertes y le pide adoptar todas las medidas necesarias para garantizar los derechos a la vida, la integridad y la salud de las personas migrantes que se encuentran bajo su jurisdicción”, precisó el organismo en un comunicado.

Jakelin Caal, de siete años, falleció el 8 de diciembre pasado en un hospital de El Paso, Texas, tras enfermar la víspera en un centro de detención de migrantes. Los servicios de emergencia estadunidenses la atendieron horas después de sentirse mal en el autobús que la trasladó desde donde fue arrestada hasta el centro de detención.

Unas dos semanas después, Gómez Alonzo, de ocho años, murió luego de que médicos de un hospital estadunidense le diagnosticaron gripe y lo dieron de alta tras detenerlo junto a su padre en El Paso, Texas. Luego de la muerte de ambos menores, la secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen, solicitó al Departamento de Defensa el envío de más personal médico a la frontera sur del país para atender un lugar en donde existe “una crisis humanitaria”.

La CIDH agregó que las autoridades estadunidendese deben brindar asistencia médica inmediata, así como agua, alimentación y abrigo a los migrantes cuando se les detiene. Apuntó que el gobierno no puede privar de libertad a niños como medida preventiva del proceso inmigratorio y que deberían disponer de alternativas menos lesivas.

En tanto, miembros del Caucus Hispano del Congreso de Estados Unidos criticaron la decisión del presidente estadunidense, Donald Trump, de insistir en que un muro en la frontera con México ayudará a reducir la crisis migratoria y reforzará la seguridad.

Durante una visita al sur de Nuevo México, el presidente del caucus, el representante demócrata por el estado de Texas, Joaquín Castro, argumentó que las políticas del gobierno agravan lo que se ha descrito como una crisis humanitaria, y resaltó los casos de los niños guatemaltecos fallecidos.

Xochitl Torres Small, representante demócrata por Nuevo México, comentó durante el recorrido que desde que murieron los dos menores se han hecho algunas mejoras en las estaciones de la Patrulla Fronteriza en esa región, pero se requieren más cambios.

“Aún necesitamos tener equipo médico en todas nuestras instalaciones en las zonas más rurales de la frontera, para asegurarnos de contar con una Patrulla Fronteriza que responda a las circunstancias cambiantes que seguimos observando”, dijo Torres.

El contingente, compuesto exclusivamente de legisladores demócratas, viajó a Alamogordo, comunidad ubicada unos 145 kilómetros al norte de la frontera con México, para ver el lugar en que Felipe Gómez Alonzo y su padre fueron retenidos.

En ese contexto, el presidente Donald Trump anunció en Twitter que dará un mensaje al país este martes a las nueve de la noche (hora local) sobre lo que llamó la crisis de seguridad nacional y humanitaria en nuestra frontera sur.

Horas antes, la vocera de la Casa Blanca, Sarah Sanders, anunció que el presidente viajará el jueves a la frontera con México “para reunirse con quienes se encuentran en la primera línea de la crisis” descrita por el mandatario. El destino exacto no fue divulgado.

 

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Las migraciones son la mayor crisis del siglo

Nunca habíamos tenido en América Latina crisis relacionadas con las migraciones forzadas como las que están sucediendo en los años recientes. Las más atendidas por los medios de comunicación son los desplazamientos de poblaciones centroamericanas hacia Estados Unidos y de venezolanos y haitianos hacia casi todos las naciones sudamericanas. La cuestión de los migrantes empieza a ser un tema político candente que tiende a profundizarse en el futuro inmediato.

Pero las migraciones transfronterizas suelen ocultar los desplazamientos internos en los países, que abarcan una población sensiblemente superior, probablemente el doble que las migraciones entre naciones. Un estudio del Instituto Igarapé titulado Migraciones invisibles: la crisis de desplazamiento forzado en Brasil, echa luz sobre este fenómeno.

El trabajo, coordinado por la investigadora Maiara Folly, aborda los desplazamientos forzados entre 2000 y 2017, tiempo en el que gobernaba casi en exclusiva el Partido de los Trabajadores (PT 2003-2016). Aunque Brasil recibe refugiados de unas 80 nacionalidades, sobre todo venezolanos y haitianos, las migraciones internas son –como señala el informe– prácticamente invisibles.

El resultado es que en esos años casi 9 millones de personas (8 millones 855 mil 752) fueron desplazadas contra su voluntad, debiendo abandonar sus hogares por las más diversas causas, todas ellas relacionadas con el modelo hegemónico de acumulación por desposesión y sus consecuencias; 72 por ciento, 6.4 millones, fueron desplazados a raíz de desastres naturales o provocados por otras personas: inundaciones, desbordes de cauces, tempestades, degradaciones de largo plazo, como erosiones y sequías que, según el estudio, “afectan sobre todo a las áreas periféricas y económicamente desfavorecidas”.

Dentro del mismo rubro de desastres, aparecen otros factores, como incendios, ruptura de represas y colapso de edificaciones, que deben ser atribuidas directamente a la acción humana, sin olvidar que los llamados “desastres naturales” son producto directo del modelo de acumulación vigente.

Los proyectos de desarrollo, el segundo capítulo analizado, desplazaron 1.2 millones de personas. Se trata por un lado de mega-actos como la Copa Mundial de Futbol y las Olimpiadas, que llevaron a la ampliación de aeropuertos, carreteras y líneas del Metro. También deben considerarse las obras desarrollistas, como puertos, autopistas, infraestructura para energía eléctrica y minería. Por último, dentro de este capítulo deben incluirse las obras de urbanización y saneamiento, que hemos optado por definir como “extractivismo urbano”, porque es una de las facetas del modelo de acumulación por despojo/desposesión.

La tercera causa de desplazamiento forzado es la violencia rural y urbana, que llevó a que 1.1 millones de personas se vieran forzadas a abandonar sus viviendas. Los actores de esta violencia son tanto estatales como privados, policías y bandas criminales, especialmente activas en defensa de terratenientes ante campesinos sin tierra y pobres del campo.

Esas 9 de millones de personas desplazadas representan casi 5 por ciento de la población de Brasil. Pero en algunas regiones especialmente sensibles, como Amazonas y Acre, territorios de expansión del extractivismo, alcanzan 26 y 16 por ciento de la población, respectivamente. Que uno de cada cuatro habitantes del Amazonas, que tiene frontera con Perú, Colombia o Venezuela, sean desplazados forzosos, habla por sí solo de las tremendas consecuencias del modelo que padecemos.

Por otro lado, casi 6 millones de desplazados lo fueron por inundaciones y desbordes de ríos, lo que muestra hasta qué punto el cambio climático se está convirtiendo en caos climático, que afecta siempre a los más pobres, negros y pueblos originarios del continente.

En sus conclusiones, el informe del Instituto Igarapé destaca que siendo tan alto el número de desplazados forzados, no hay ninguna respuesta oficial, ni órgano encargado de recoger datos y acompañar a las víctimas de migraciones forzadas, ni políticas públicas de protección o compensatorias. No lo hubo bajo los gobiernos del PT, ni lo habrá ahora que gobierna la ultraderecha.

Por último, quiero destacar que las migraciones son consecuencia de un modelo que los zapatistas han bautizado como cuarta guerra mundial. No hay forma de perderse. Basta con mirar quiénes son los afectados para descubrir quiénes son los perpetradores: el 1 por ciento que se beneficia con las grandes obras de infraestructura, con la especulación inmobiliaria y todos aquellos emprendimientos que provocan el cambio/caos climático.

El PT de Lula es responsable de la mayoría de estos desplazamientos forzados. El progresismo llevó adelante obras que ni siquiera la dictadura militar había sido capaz de realizar, como la represa de Belo Monte, que causó gravísimos daños a los pueblos originarios de la Amazonia, como viene denunciando implacablemente la periodista Eliane Brum (goo.gl/DKX7pz). La ultraderecha es hija de este progresismo.

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Creció la migración de niños solos  de 66 mil a 300 mil en 6 años

Desatendido, el derecho a la educación de niños migrantes, revela la Unesco

La falta de dominio de un idioma, una desventaja que enfrentan


Los niños migrantes no acompañados por un adulto tienen de poco a ningún acceso a la educación, alerta la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Destaca que la cifra de esos menores se elevó de 66 mil a 300 mil entre 2010 y 2016 en todo el mundo.

Agrega que en muchos países, ese sector, particularmente vulnerable a la explotación, ve desatendido su derecho a la educación.

El informe de seguimiento de sobre ese tema en el mundo 2019: Migración, desplazamiento y educación. Construyendo puentes, no muros, sostiene que ese derecho y el principio general de no discriminación están consagrados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y en la Convención sobre los Derechos del Niño, pero no todos los estados impulsan medidas de atención y cumplimiento de esa garantía.

Sólo en Estados Unidos, alerta la organización multinacional, donde se estima que hay 11 millones de inmigrantes sin papeles, la amenaza de la deportación puede ser un factor que influya cada vez más para elevar el ausentismo escolar de miles de niños indocumentados.

Recordó que con la aplicación de un programa en 2012, que brinda protección a 1.3 millones de jóvenes sin papeles migratorios que llegaron al país cuando eran niños, impidiendo su deportación y proporcionándoles el derecho a obtener permisos de trabajo, se estima que aumentó la tasa de graduación de la enseñanza secundaria en 15 por ciento.

No obstante, la carencia de documentos de identidad aún es un obstáculo para millones de niños y adolescentes migrantes. Agrega que esa situación puede crear barreras para los 10 millones de apátridas del mundo, algunas de las cuales descienden de inmigrantes.

Los niños y adolescentes migrantes también deben afrontar, en muchos casos, el reto de dominar un nuevo idioma, lo cual se puede volver una desventaja educativa, pero también un factor que dificulta la socialización, el establecimiento de relaciones y el sentimiento de pertenencia, además de que eleva el riesgo de discriminación.

A ello se suma que muchos alumnos inmigrantes, señala la Unesco, son frecuentemente concentrados en áreas suburbanas, por lo que asisten a escuelas con niveles académicos y de desempeño más bajos, pero la segregación se agrava cuando los alumnos nativos se mudan a barrios más ricos.

Otro grupo altamente vulnerable es el de los desplazados. Se estima que hay 19.9 millones de refugiados, de los cuales 52 por ciento son menores de edad. La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que la tasa de matriculación de refugiados era de 61 por ciento en la primaria y de 23 por ciento en la secundaria. En el mundo, al menos 4 millones de refugiados de 5 a 17 años de edad no asisten a la escuela.

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Lunes, 31 Diciembre 2018 07:45

Drones y censores, muro no

“Estoy en la Casa Blanca a la espera de que los demócratas vengan y hagan un trato”, exhortó Trump en Twitter.

“Lo que Donald Trump y los republicanos quieren hacer es gastar 5000 millones de dólares de los contribuyentes en una ineficiente muralla”, dijo el demócrata Jeffries. El gobierno se encuentra parcialmente cerrado.

La administración de Estados Unidos ingresa hoy en la segunda semana de cierre parcial de gobierno. Con cientos de miles de empleados públicos de licencia, aún no hay señales de que demócratas, republicanos y el presidente Donald Trump lleguen a un acuerdo sobre el presupuesto. La manzana de la discordia es la exigencia del mandatario de destinar fondos públicos a la construcción de un muro en la frontera con México. Sin embargo, ayer, el jefe de gabinete saliente, John Kelly, dijo que en realidad no se trata de una pared de cemento, como da a entender el magnate neoyorquino.

 

“Por el momento, nuestras negociaciones encuentran un impasse”, dijo el senador republicano Richard Shelby, presidente del Comité de Asignaciones del Senado en la cadena CBS. “Desearía que no fuese así, pero seguimos echándonos la culpa unos a otros. Si seguimos así, esto va a durar mucho, mucho tiempo”, afirmó, citado por el diario estadounidense The Washington Post.

 

El pasado 21 de diciembre, se aprobó un proyecto de ley apoyado por los republicanos en la Cámara de Representantes que incluía un fondo de más de 5.000 millones de dólares para asegurar la frontera y permitía que parte de ese monto podía ser empleado para construir el famoso muro. Sin embargo, la medida no tuvo eco en el Senado. Allí, los representantes del Partido Demócrata se pusieron firmes al afirmar que el financiamiento de la valla debe atenerse a los 1.300 millones de dólares que se había acordado.

 

Al respecto, siguiendo al Washington Post, el senador demócrata Jon Tester, afirmó que el gobierno había gastado muy poco de esos 1.300 millones que el Congreso había aprobado para mejoras en las barreras físicas fronterizas. “(Trump) Dice que necesita más, pero a la vez no hay un plan que explique cómo se va a usar el dinero ni un análisis de cuál es la manera más efectiva de asegurar la frontera”, dijo el senador. “Creo que podemos hacerlo con tecnología y fuerza de trabajo, y será mucho más efectivo que con un muro”, agregó Tester.

 

Por su parte, el legislador Hakeem Jeffries afirmó que los demócratas estaban preparados para brindar más fondos para tecnología, drones, satélites, luminaria, censores, entre otras cosas que expertos han indicado que mejoraría la seguridad, pero se mantuvo firme en su postura anti-valla. “Lo que Donald Trump y los republicanos quieren hacer es gastar 5.000 millones de dólares de los contribuyentes en una ineficiente muralla medieval que es una solución del siglo 5 para un problema del siglo 21”, dijo el demócrata Jeffries a la cadena ABC.

 

La discusión se encuentra empantanada desde el 22 de diciembre. Tal es así que el fin de semana, el mandatario aseguró que estaba esperando a los congresistas demócratas en la Casa Blanca para hacer un trato sobre la seguridad fronteriza. “Estoy en la Casa Blanca a la espera de que los demócratas vengan y hagan un trato sobre la seguridad de la frontera. ¡Por lo que he oído, están dedicando tanto tiempo a acosarme que les queda poco tiempo para cosas como detener el crimen y (apoyar a) nuestras fuerzas armadas!”, escribió Trump en su cuenta oficial de la red social Twitter el sábado. Ese mismo día, el presidente culpó a los demócratas por la muerte de dos niños guatemaltecos bajo custodia de las autoridades fronterizas estadounidenses.

 

Ayer, en una entrevista a Los Angeles Times, en referencia al cierre parcial del gobierno y su relación con el muro que exige Trump, Kelly dijo: “Para ser honesto, no es un muro. El presidente todavía le llama ‘muro’. En algún momento dirá más francamente ‘barrera’ o ‘cerco’; ahora se inclina por los barrotes de acero”. El saliente jefe de gabinete afirmó, además, que ya no existía la idea de una pared de cemento. “Ya abandonamos la idea de un muro de concreto sólido hace tiempo en esta administración, cuando preguntamos a las personas qué necesitaban y dónde lo necesitaban”, indicó.

 

Kelly, exgeneral de la Marina que dirigió el comando militar responsable de América Latina, fue secretario de Seguridad Nacional de Trump antes de convertirse en jefe de gabinete de la Casa Blanca en julio de 2017. Sin embargo, su relación con el presidente se deterioró y será pronto reemplazado por Mick Mulvaney, actual director de presupuesto.

 

El aún funcionario, además, se despegó del discurso de Trump para el que la caravana de migrantes se trataba de una invasión de miembros de pandillas y de malas personas. “Los inmigrantes ilegales, en su mayoría, no son malas personas... No siento más que compasión por ellos, por los niños pequeños”, dijo también Kelly al diario, agregando que muchos son manipulados por traficantes de personas. Además, afirmó que la forma de superar el problema de la inmigración ilegal era terminar con la demanda de drogas en Estados Unidos y expandir las oportunidades económicas en Centroamérica.

 

En concreto, la parálisis parcial de gobierno afecta a agencias de diez departamentos del Ejecutivo, incluyendo Transporte y Justicia, así como a decenas de parques nacionales, que suelen ser una gran atracción turística. El cierre también perjudica a 800.000 de los 2,1 millones de trabajadores federales, que no cobrarán mientras permanezca cerrado el gobierno y están a expensas de la aprobación de un presupuesto. Además, el “shutdown” puede embarrar las estadísticas económicas del país, al no poder divulgar datos claves en un momento en que los mercados son extremadamente sensibles a cualquier incertidumbre.

 

Tanto el gobierno como los congresistas dieron indicios de que el cese de actividades puede prolongarse hasta enero, cuando los demócratas, gracias a su nueva mayoría, tienen previsto asumir el control de la Cámara Baja y podrían aprobar una financiación de la Administración sin destinar fondos para el muro anhelado por Trump.

 

Este es el tercer cierre que afronta Trump desde que llegó al poder a principios de 2017: el primero se produjo en enero de este año, coincidiendo con su primer aniversario en la Casa Blanca, y se alargó durante tres días, mientras que el segundo fue en febrero y duró apenas unas horas.

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Lunes, 17 Diciembre 2018 06:20

Angelitos

Claudia Maquín, madre de Jakelin, la niña guatemalteca de siete años que murió estando bajo custodia del gobierno estadunidense.Foto Ap

“Ya se murió el angelito/ Y no quisiera llorar…”

Jakelin tenía siete años cuando murió, mientras ella, su padre y decenas de otros migrantes estaban bajo la custodia de las autoridades de protección fronteriza. Nos enteramos hasta el pasado jueves –porque unos periodistas del Washington Post preguntaron– aunque murió casi una semana antes y nadie dijo nada. Aún no se saben exactamente las causas; el informe preliminar era que se deshidrató y no había comido en días, algo que ahora disputa su familia. Pero el hecho es que murió en manos del régimen de Trump.

Las autoridades se lavaron las manos y le echaron la culpa a su familia y a todos los migrantes. La secretaria de Seguridad Interna, Kirstjen Nielsen, declaró: "este es sólo un ejemplo muy triste de los peligros de este viaje. La familia optó por ingresar ilegalmente".

Mientras tanto, aproximadamente 14 mil 700 menores de edad que migraron no acompañados a este país siguen detenidos en la red de más de 100 albergues administrados por el gobierno estadunidense. Entre ellos, permanecen por lo menos 100 (y tal vez el doble) de los miles que fueron separados de su padres y enjaulados a lo largo de más de un año por órdenes de Trump. "Es un campo de niños prisioneros", denunció el senador Jeff Merkley este fin de semana al intentar visitar un centro de detención provisional en Tornillo, Texas.

A finales de noviembre, cerca de Tijuana, niños –algunos en pañales– se estaban asfixiando con el gas lacrimógeno que lanzaron agentes fronterizos estadunidenses al lado mexicano.

Al otro lado del mundo, en Yemen, se estima que han muerto de hambre más de 85 mil niños menores de cinco años de edad en el peor desastre humanitario en el mundo hoy día; eso, sin contar a los más de mil 200 de niños que han muerto por bombas Made in USA y balas de una guerra encabezada por Arabia Saudita con el apoyo de Washington.

A la vez, al otro lado del Atlántico, otra menor de edad, la sueca Greta Thunberg, de 15 años, tomó el micrófono ante los representantes de casi 200 países en la conferencia mundial sobre cambio climático en Polonia –incluyendo los de Estados Unidos que oficialmente ha rechazado el consenso científico sobre el cambio climático y promueve mayor producción de hidrocarburos– y declaró: "ustedes dicen que aman a sus hijos más que todo, y aun así les están robando su futuro ante sus propios ojos" por no hacer lo necesario para frenar el cambio climático. "Nos han ignorado en el pasado, nos ignorarán otra vez", pronosticó. Y concluyó que los representantes del mundo reunidos ahí sólo repiten "las mismas ideas malas que nos llevaron a este desastre", y los acusó: "ustedes no son suficientemente maduros como para decir las cosas tal como son".

¿Quién tiene la culpa, quiénes son los responsables por Jakelin, por tolerar ver a niños en jaulas, por los niños sin nombre de Yemen, por los niños que todos los días reciben noticias de que tal vez se aproxima el fin del mundo por la falta de respuesta de los adultos a la crisis ecológica tan documentada?

Un gran músico sirio, el clarinetista Kinan Azmeh, quien trabaja con Yo Yo Ma en su proyecto de la Ruta de la Seda, comentó en el bellísimo documental Música para extranjeros que por momentos le parece absurdo hacer música, ya que eso no puede frenar las balas y las bombas que han destruido a su país, ni resuelve el problema de los refugiados. Igual, algunos periodistas a quienes nos toca reportar sobre todo esto, o escribir una columna como ésta, nos preguntamos lo mismo, ¿para qué?, ya que las palabras, las fotos y los análisis no logran salvar a una niña guatemalteca, a sus compañeros en jaulas en lugar de aulas, a los que soñaban ser doctores o poetas muertos por una bomba en Yemen, o casi todos los niños a quienes les hemos anunciado que tal vez serán los testigos del fin del mundo.

Pero tampoco es opción el silencio.

“Ya se nos fue este angelito/ ¿Quizá cuántos más se irán?… Ya se murió el angelito/ Y no quisiera llorar…” (El angelito, versión de Óscar Chávez).

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