Lunes, 06 Enero 2014 08:03

Risa

Risa

En la cultura indígena navajo, según algunas versiones, cuando un bebé ofrece una risa por primera vez es el momento en que se integra a la comunidad. Es el primer acto social y se festeja con una celebración de la primera risa. Quien le provocó la risa al bebé es el o la responsable de presentarlo, y de hacer la fiesta. Al final del festejo, el bebé, con la ayuda del anfitrión, ofrece un cristal de sal a cada uno de los asistentes, acto simbólico, ya que la generosidad es una de las virtudes más importantes de esa nación indígena.

 

No hay mucho de qué reírse al pensar en el año que se acabó, y en el que viene, si uno escucha a demasiados políticos, periodistas, expertos y analistas en Estados Unidos. Cada día se documenta el fin del planeta, casi con gusto, a ver quién lo puede anunciar con mayor drama y horror, como si hubiera una competencia para hacer más oscura la falta de luz. Uno como periodista está obligado a registrar lo que es, llegar lo más cerca de los hechos, aproximarse lo más posible a la cada vez más disfrazada verdad.

 

Por ello, al leer lo de los navajos en un ensayo del periodista y editor Tom Engelhardt, e investigar un poco más, parecía que eso de la risa podría ser una vía para enfrentar el nuevo año.

 

Lewis Lapham, el gran editor y ensayista, ofrece algún escape a la realidad. Su maravillosa revista trimestral Lapham's Quarterly se dedica a un tema en cada número, y el más reciente es Comedia. En su ensayo de introducción a la historia de la comedia, Lapham recuerda: somos el único animal que ríe, pero también el único del cual se ríen. Agrega que desde que el hombre se dio cuenta de que no era otro simio, ha buscado la risa para curar la herida de ese desafortunado descubrimiento.

 

Pero no es sólo el humor, o la broma, la burla o la comedia lo que provoca risa. A veces es el desafío al poder, retar lo opresivo, provocar que el poder se moleste, una rebelión digna y pura, o simplemente cuando alguien que no debería de ganar gana, como un equipo de futbol que logra el milagro de derrotar al favorito. A lo largo del último año, hubo cosas que provocaron ese tipo de risa.

 

Durante el año que se acaba de cumplir hubo desafíos a las autoridades a todos los niveles. Por ejemplo, Edward Snowden, y un grupo de periodistas valientes, enfrentaron al gobierno más poderoso de la historia al desnudar sus secretos, y con ello, el vasto abuso de poder, engaños de altos funcionarios, y violaciones al supuestamente sagrado derecho a la privacidad, tal como opinaron las juntas editoriales del New York Times y The Guardian esta semana.

 

A otro nivel, jóvenes inmigrantes indocumentados realizaron actos de desobediencia civil, arriesgando su propia deportación, al detener físicamente u obstaculizar la deportación de inmigrantes desconocidos, y hasta enfrentando directamente al presidente, a quien apodaron el deportador en jefe por lograr un nuevo récord de deportaciones.

 

Miles realizaron una manifestación cada lunes, llamada lunes morales, en Carolina del Norte, contra asaltos legislativos de derecho al voto y a la educación pública para la gente pobre y de color.

 

Hubo una exitosa batalla de los maestros de una preparatoria pública en Seattle contra exámenes estandarizados, al boicotear ese examen obligatorio, lo que provocó actos de solidaridad y apoyo en varios puntos del país donde estalla, desde Nueva York hasta Texas, Chicago y más, una rebelión contra las llamadas reformas de educación promovidas por multimillonarios para convertir ese sector en un mercado y promover su privatización.

 

También hubo inicios de lo que algunos pronostican como el próximo gran movimiento, que se expresó en acciones en multitud de ciudades para elevar el salario mínimo y denunciar las prácticas de explotación laboral de cadenas de megatiendas como Walmart y el sector de comida rápida.

 

Hay miles de ejemplos más en este país fragmentado y, aunque todas estas son expresiones de ira, también se escuchaba, por fin, la risa; la risa que surge de la solidaridad, de la acción colectiva, de la que acompaña los mil y un ¡ya basta!

 

El humor, expresado con bromas, consignas, títeres, caricaturas, a través de la sátira, estaba presente en todo esto, y la reacción de los poderosos también provocaba risa al defender lo indefendible, al revelarse los intereses detrás de tan bonita retórica e imagen, al caer en la trampa de su propia hipocresía.

 

El Lapham's Quarterly cita a George Bernard Shaw: mi forma de bromear es decir la verdad. Es la broma más chistosa del mundo. Y para algunos, ese tipo de risa no sólo es para aligerar el momento oscuro: el escritor Tom Robbins dijo en 1980 que la humanidad ha avanzado, cuando ha avanzado, no porque haya sido sobria, responsable y cautelosa, sino porque ha sido juguetona, rebelde e inmadura.

 

La risa sigue del mal alineamiento entre la realidad y la realidad virtual, y entender la broma es reconocer cuál es cuál, afirma Lapham. La realidad que a veces reportamos frecuentemente es algo que se disfraza de realidad, pero es otra cosa. Si los periodistas lográramos informar más con el objetivo de provocar risa, al reconocer cuál es cuál, tal vez el mundo sería un poco diferente. Mínimo, habría más risa.

 

Tal vez un periodista de política se podría inspirar con algo de Marx, Groucho Marx, la próxima vez que tenga que reportar sobre algún político que pretende ser más de lo que es. Por ejemplo (gracias a Lapham's Quarterly): Caballeros, aquí Chicolini habla como si fuera un idiota, y se ve como si fuera un idiota, pero no dejen que eso los engañe. Verdaderamente es un idiota.

 

Mark Twain decía que el humor es a fin de cuentas la cosa grande, la cosa que rescata y siempre ofrece un aire de libertad; una broma excelente suele ser un acto de disidencia.

 

Tal vez en este 2014 que amanece debemos retomar la sabiduría navajo e invitar a todos a hacer una celebración de la primera risa.

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Domingo, 13 Octubre 2013 09:45

El mar Mediterráneo, tumba de inmigrantes

El mar Mediterráneo, tumba de inmigrantes

Según la ONU, entre 1998 y 2011 las víctimas en el Mediterráneo fueron 13.500. A pedido de Italia, después de los últimos naufragios, la Unión Europea estaría estudiando un plan más eficaz para encauzar el creciente flujo migratorio desde Africa.


Desde Roma

 

Después de las 13 víctimas en un naufragio del 30 de septiembre frente a Sicilia, de las 359 del hundimiento de una barcaza el 3 de octubre frente a la isla de Lampedusa, y de las 34 del pasado viernes, todo hace pensar que la muerte en el Mediterráneo no tendrá fin mientras no se cambien las reglas para la recepción de los refugiados y migrantes en Italia y en Europa, y los países costeros no dispongan de mayores recursos de la Unión Europea para ayudarlos. Pero para eso, de concretarse, se requerirá un cierto tiempo y los inmigrantes, desesperados, siguen llegando. La Guardia Costera italiana dijo que el viernes había logrado salvar a 430 personas que surcaban el mar en tres barcazas. Los sobrevivientes del naufragio del viernes dicen, por su parte, que en la nave viajaban unos 400 y no 250 como pensaban las autoridades en un primer momento. De ser así, las víctimas serían muchas más.

 

Los cambios políticos en varios países de Medio Oriente y el norte de Africa, la pobreza y los conflictos en varios Estados del Africa subsahariana como Eritrea o Somalia, han ayudado a intensificar este proceso que de todas maneras, con altibajos, comenzó mucho tiempo atrás. A medida que la brecha social y cultural entre los países de Africa y Asia en relación con Europa se hacía más evidente gracias a los medios de comunicación –mucha gente pudo ver así por primera vez los lujos del Norte–, la necesidad de partir en busca de un futuro mejor y de más justicia para la propia familia se hizo más imperiosa.

 

Las migraciones, de todas maneras, no son una novedad en el mundo y los argentinos lo saben bien. A principios y mediados del siglo pasado fueron predominantemente de Norte a Sur –caso Argentina, Brasil, Venezuela, que recibieron a miles de españoles e italianos, entre otros– y de Norte a Norte –caso Estados Unidos–. Europa estaba en la miseria y estos países necesitaban poblar su territorio, desarrollar su economía, y por eso acogían a los inmigrantes con cierta cordialidad.

 

A fines del siglo pasado el mundo cambió radicalmente al caer los regímenes comunistas y su economía paternalista, criticada por muchos pero que intentaba resolver las cuestiones primordiales de la subsistencia. Y las migraciones comenzaron a moverse de Este a Oeste y de Sur a Norte. Fue el período en el que Italia recibió, sobre todo, inmensos barcos llenos de albaneses y rumanos que cruzaban el mar Adriático pensando en hacerse "la América".

 

El mundo cambió también porque la caída del comunismo abrió las puertas indirectamente a la generalización o globalización del sistema económico capitalista y de sus valores, que empezaron a ser los únicos vigentes. Las relaciones económicas entre las empresas y entre los Estados se hicieron más fluidas, y el capitalismo globalizado pudo así aprovechar de todo tipo de ventaja, multiplicando sus ganancias por varios miles. Las televisiones multinacionales e Internet ayudaron poderosamente a la difusión de este proceso y de su escala de valores.

 

¿Pero qué pasó con los seres humanos –¡seres humanos!– que pasaron por todos estos cambios, sobre todo en la pobrísima Africa negra, pero también en los países árabes y en ciertas regiones de Asia? ¿Se distribuyeron parte de los beneficios que daba la globalización para mejorar el nivel de vida y cultural de la gente? ¿Sobrevivió la propia cultura? ¿Son felices con el nuevo sistema?

 

Los miles y miles de seres humanos que cada año intentan llegar, desde Africa y Asia sobre todo, al mundo "desarrollado" llamado Europa, usando los medios más inverosímiles y sin medir riesgos y consecuencias, habla de los sueños frustrados de esos jóvenes hombres y mujeres, de esas madres con niños pequeños o embarazadas que prefieren arriesgar la vida en el mar, con la ilusión de un futuro soleado, que morir en vida donde estaban. La llamada "primavera árabe", la caída de varios gobiernos dictatoriales en países del norte de Africa como Libia, Túnez y Egipto, y las guerras o persecuciones desatadas en esos países, hizo aumentar poderosamente el número de gente que escapaba. Algo similar está ocurriendo ahora con los sirios que huyen del conflicto en su propio país.

 

Entre 1998 y 2011, según el Alto Comisariado de la ONU para los Refugiados, las víctimas en el mar fueron 13.500. Otras cifras de Fortress Europe, un observatorio sobre las víctimas de la inmigración, habla de 20 mil muertos en el Mediterráneo en los últimos 20 años. Uno de los peores años fue 2011. Murieron 2350 personas y 60 mil lograron desembarcar en Italia, la mayor parte provenientes de los países del norte de Africa.

 

Luego de la visita a Lampedusa esta semana del presidente de la Comisión Europea, José Durao Barroso, la Unión Europea estaría estudiando un plan más eficaz para contener el flujo migratorio. El jefe del Gobierno italiano, Enrico Letta, por su parte, prometió que impondrá el asunto migraciones como tema de la agenda de la Unión Europea de fines de octubre. En una rueda de prensa en Ginebra, el portavoz del Acnur (Agencia de la ONU para los refugiados), Adrian Edwards, dijo que "se deben usar todos los medios disponibles para mitigar las reales causas que provocan la huida de refugiados de los países de origen". Según Edwards, se debe difundir más información sobre los peligros de los viajes irregulares por mar hacia Europa; debe haber una mejor recopilación e intercambio de información sobre las rutas y los medios de transporte tomados por quienes están huyendo; y debe haber una mejor respuesta con respecto al rescate y la intercepción en el mar. También destacó la necesidad de mejorar los mecanismos para la atención a los recién llegados y las instalaciones de acogida en Lampedusa, fuertemente sobrepobladas.

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El Senado de EE UU aprueba la ley para la reforma del sistema de inmigración

Estados Unidos ha dado un paso de gigante en su confirmación como gran nación de emigrantes: el Senado aprobó este jueves definitiva y contundentemente la reforma que permite la legalización de más de 11 millones de indocumentados, lo que puede conducir a una honda transformación con implicaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Aunque la votación de esta tarde está todavía pendiente de su ratificación en la Cámara de Representantes, el debate se desenvuelve en un contexto histórico que permite vaticinar su éxito final.


 
El resultado final de la votación -68 contra 32- supone un respaldo mucho mayor de lo que hubiera sido posible anticipar hace solo unos meses y confirma el surgimiento de una sólida coalición parlamentaria que podría ser suficiente como para vencer las resistencias que esta ley, de alcance histórico, puede aún encontrar en su camino hacia el Despacho Oval.


 
"El Senado de Estados Unidos ha servido hoy a los ciudadanos, llevándonos un paso más cerca a la resolución definitiva del sistema de inmigración", aseguró Obama en un comunicado adelantado por la Casa Blanca. El presidente afirmó que el proyecto de ley "es un compromiso" y que ninguna de las partes implicadas logró todo lo que querían. "Ni los demócratas, ni los republicanos, ni yo. Pero la ley es consistente con los principios de sentido común que, como tantos, he defendido en tantas ocasiones".


 
Esta reforma migratoria ha sido, durante décadas, la aspiración de millones de familias que viven en una dura clandestinidad, sin acceso a la mayoría de los servicios sociales, sin perspectivas de una vida estable, discriminados y marginados, cuando no perseguidos o confundidos con delincuentes. Pero no solo eso. La reforma ha sido un constante campo de batalla en el que los partidos políticos han rivalizado por cada vez más atractivos intereses electorales. Por más de 30 años, los intentos de poner en orden un sistema migratorio a todas luces quebrado se han estrellado con la oposición de quienes pretendían conservar su escaño o su criterio estrecho sobre la nacionalidad o las tradiciones norteamericanas.


 
Los inmigrantes indocumentados llevan muchos años contribuyendo de forma determinante a la creación de riqueza en Estados Unidos. Su aportación es vital en algunas áreas, como la de la agricultura, la industria o el trabajo doméstico, y visible y creciente en otras muy diversas, desde la tecnología hasta la educación.


 
Aunque la necesidad de reformar el sistema migratorio era ya acuciante durante la anterior Administración, fueron las dos últimas elecciones presidenciales, particularmente la de 2012, en las que Barack Obama obtuvo el 71% de los votos latinos, las que acabaron de convencer a los republicanos, los principales oponentes de la reforma, de que su futuro como partido dependía de su actitud respecto a esta ley.


 
La reforma sale del Senado como muchas limitaciones. Plantea regularizar a los ‘sin papeles’ previo pago de una multa y de sus impuestos atrasados, duplica el número de agentes que protegen la frontera con México, invierte 30.000 millones de dólares en vigilancia de los puntos de entrada al país, limita el acceso a la ciudadanía para los indocumentados que residan en EE UU desde antes de diciembre de 2011, establece un plazo mínimo de 10 años para poder aspirar al pasaporte norteamericano y obliga a demostrar conocimientos de inglés y un historial limpio de antecedentes penales.


 
Como compensación, se crea un nuevo sistema de visados temporales, se permite un acceso más rápido a la ciudadanía norteamericana a los llamados ‘dreamers’ –estudiantes indocumentados- y  trabajadores agrícolas, se aumenta el número de visados para los empleos en la ciencia y la tecnología y se imponen mayores controles para evitar casos de abusos y explotación, ahora frecuentes, en las empresas.


 
El éxito obtenido en el Senado -con el voto a favor de 14 republicanos- ha sido laboriosamente trabajado desde hace seis meses por una coalición de legisladores demócratas y republicanos que, con el apoyo de Obama en la Casa Blanca, han conseguido finalmente conformar una mayoría que ahora esperan reproducir en la Cámara. El presidente emplazó a los legisladores a "hacer lo mismo" que el Senado y advirtió de los obstáculos que puede encontrar la reforma. "Este es el momento en el que sus oponentes intentarán con más fuerza destruir esta iniciativa bipartidista de manera que impidan que esta reforma se convierta en realidad", dijo Obama. "No podemos dejar que eso pase".


 
El senador republicano John McCain, líder en las negociaciones, instó a los representantes a estudiar el proyecto de ley nada más ser aprobado. "Apelamos a su consideración y estamos dispuestos a sentarnos y negociar con ustedes", afirmó.


 
El texto de esta reforma ha recibido críticas, tanto de grupos de derechos humanos, que se quejan de la militarización de la frontera, como de los sectores más conservadores, que se temen la disolución del carácter y la esencia del estilo de vida americano. Obama advirtió en su momento que, para poderse llegar a un acuerdo, iba a ser preciso que todos hicieran renuncias.


 
Todos los implicados en el avance de la reforma lo han reconocido. La Asociación por las Libertades Civiles (ACLU) felicitó este jueves al Senado por su trabajo impulsando una ley "histórica" que permitirá a millones de familias "obtener estatus legal para vivir, trabajar y cuidar de sus familias sin miedo, en el país al que llaman hogar".


 
El resultado ha sido, pues, una muestra de pragmatismo y un raro ejemplo de colaboración entre los dos partidos políticos. El pasado mes de enero, cuatro senadores republicanos y cuatro demócratas crearon lo que se conoció como “Grupo de los Ocho” para negociar las bases de la legislación. El trabajo de esta coalición bipartidista refleja cómo los intereses de futuro de demócratas y republicanos dependen en gran medida del apoyo de la comunidad hispana, el grupo de población de mayor crecimiento en la última década y, seguramente, en la próxima.


 
La realidad política coincide, además, con un contexto económico que ha dejado en evidencia la dependencia de EE UU de profesionales extranjeros y la necesidad de recuperar el liderazgo en materia de innovación. Todo ello ha obligado a reconocer que la inmigración sigue siendo la llave de la prosperidad futura de este país.


 
A la espera de las negociaciones que tengan lugar en la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen la mayoría, el debate en el Senado se ha visto favorecido por la actuación de algunos republicanos determinantes, como John McCain, que apoya la reforma desde hace años, o de la figura emergente de la oposición, el senador de origen cubano Marco Rubio, cuya carrera fue impulsada al inicio por el Tea Party pero se ha convertido ahora en la bisagra entre los defensores y los detractores de una ley cuya aprobación marcará el legado de Obama tanto o más que la reforma sanitaria.

 


Por Antonio Caño / Cristina F. Pereda Washington 27 JUN 2013 - 23:17 CET

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Obama iguala las deportaciones sumadas de más de un siglo

Esto ocurrirá en el 2014 si la actual tendencia sigue en pie, según un informe reciente de la Universidad de California, Merced (//stopdeportationsnow.blogspot.mx, 25-1-13). Un total de 2,1 millones de inmigrantes ilegales fueron deportados por los sucesivos gobiernos de EE.UU. en el período 1892-1997. En el 2014 el presidente Obama habrá deportado en sólo seis años el mismo número de los que sufrieron idéntico trato a lo largo de 105.

 

El informe señala que en el 2011 fueron expulsados 188.382 extranjeros por la comisión de delitos: casi el 25 por ciento después de cumplir alguna condena relacionada con drogas, otro 23 por ciento por infracciones de distinto tipo y un 20 por ciento por infringir las leyes migratorias. “El Departamento de Seguridad Interior no es muy específico sobre estas penalidades, pero sabemos que los delitos relacionados con la droga incluyen la posesión de marihuana; las infracciones, incluso el manejar con exceso de velocidad, y los delitos en materia de inmigración, la entrada ilegal y su repetición”. El documento indica asimismo que una parte ingente de los extranjeros deportados desde mediados del 2012 son padres de niños nacidos en los EE.UU.

 

Esto crea una multitud de problemas familiares, en especial cuando uno de los cónyuges reside legalmente en EE.UU. y el otro no. ¿Con quién se quedan los hijos? La pregunta se repite amplificada cuando padre y madre son deportados. Según un informe del Centro de Investigación Aplicada (CEA), “hay al menos 5100 niños que actualmente viven en hogares sustitutos a quienes se les impide unirse a sus padres deportados o detenidos. Si nada cambia, quince mil más enfrentarán un destino similar en los próximos cinco años” (//noticias.univision.com, 10-1-12). Sólo en California su número asciende a 875.

 

El CEA estima que fueron deportados más de 46.000 padres de niños estadounidenses en el período de enero a junio del 2012 y que no pocos son abandonados a su suerte (www.americanpro gress.org, 21-8-12). Seth Wessler, autor del informe, había señalado que luego de investigar un año, “encontramos que uno de los efectos colaterales más preocupantes (de las deportaciones) es que muchos niños ahora están separados de sus padres, a veces para siempre. A veces nunca vuelven a verlos” (www.democracynow.org, 10-11-11). Agregó que hay padres que ni idea tenían de dónde estaban sus hijos, sólo sabían que los tenían familias sustitutas.

 

La vigilancia de los extranjeros que ingresan a EE.UU. y la detención y deportación de inmigrantes ilegales es “la prioridad más alta del gobierno federal”, anota un informe reciente del Instituto de Políticas de Migración (IPM) (www.migrationspolicy.org, enero 2013). La Casa Blanca destina más fondos a la aplicación de las leyes inmigratorias que a todas las demás actividades de cumplimiento de la ley juntas. El gobierno Obama invirtió alrededor de 18 mil millones de dólares en el control de la inmigración en el 2012.

 

Más de la mitad de todos los procesos de nivel federal están relacionados con infracciones a las leyes de inmigración. Como informó The New York Times, el Departamento de Seguridad Interior, que también se ocupa de estas situaciones, “ha incoado más casos en los tribunales que todos los organismos de aplicación de la ley del Departamento de Justicia juntos, incluidos el FBI, la Agencia Antidrogas y la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos. El gasto total de estos organismos ascendió a 14 mil millones de dólares según cifras oficiales” (www.nytimes.com, 7-1-13), es decir, cuatro mil millones de dólares más. Es que hace falta mucho dinero para causar muchas tragedias.

 

El presidente Obama insistió en su campaña electoral y reitera ahora que es preciso una política de inmigración más justa, pero se ha jactado de que las deportaciones han dado más seguridad a la población estadounidense. El número de inmigrantes expulsados ascendió a 410.000 en el año fiscal 2012 y muchos de ellos lo fueron sin la orden judicial del caso. Los fondos destinados a impedir la entrada de ilegales por la frontera con México se han incrementado drásticamente.

 

La posición del mandatario es ambivalente, para decir lo menos. En entrevistas que acordó el miércoles pasado dijo que no puede detener las deportaciones hasta que no se reforme el régimen aplicado a los inmigrantes ilegales: “Obviamente habrá personas que atrapará el sistema y eso es desgarrador”, dijo al periodista de Telemundo Díaz Balart (www.huffingtonpost.com, 13-3-13). Pero agregó: “No me disculpo por aplicar la ley ni por el trabajo que hemos hecho para reforzar la seguridad en la frontera”. En su primer período de gobierno, deportó a más inmigrantes que cualquier otro presidente en la historia de EE.UU. (www.salon.com, 8-1-13).

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Estados con más población de origen hispano serán los más afectados por recortes en EU

El recorte automático del presupuesto que entró en vigor en Estados Unidos el viernes por la noche afecta los servicios que reciben decenas de miles de personas en áreas que van desde programas educativos hasta el suministro de vacunas para niños, pruebas de detección de VIH o alimentación para ancianos. Los mayores ajustes se concentran en los estados de California, Texas, Florida e Illinios, donde residen vastos núcleos de población de origen hispano, un grupo en el que los mexicanos son los más numerosos.

 

Los ajustes, que en total sumarán 85 mil millones de dólares, implican el recorte de gasto por 26 mil millones de dólares a programas nacionales de educación, salud y prevención del uso de drogas; además de 11 mil millones de dólares a los proveedores del Medicare, que atiende a ancianos. Otros 43 mil millones de dólares corresponde a ajustes en el gasto militar y de seguridad; y 5 mil millones a planes de ayuda a desempleados y agricultores.

 

El recorte automático de fondos que entró en vigor en Estados Unidos afectará a los más vulnerables, en especial a mujeres, niños y personas mayores, advirtieron legisladores y dirigentes de organizaciones cívicas. También sufrirán las consecuencias los sectores de migrantes, como había advertido la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano. El gobernador de Michigan, Rick Snyder, allanó el camino para que el estado intervenga la ciudad de Detroit, al declarar que el lugar donde nació la industria automotriz afronta una emergencia fiscal.

 

California y Texas, dos de los estados con mayor población de origen mexicano, se cuentan entre los más afectados por los recortes presupuestales, que afectan desde la contratación de profesores y atención de alumnos, hasta programas de vacunación infantil y atención de personas de edad avanzada.

 

La legisladora Gloria Negrete, de California, puso como muestra que en su estado unos 15 mil niños quedarán sin vacunas para prevenir enfermedades como sarampión, tos convulsiva y gripe; otros 82 mil dejarán de recibir beneficios de programas de educación temprana.

 

Botones de muestra

 

Los recortes afectan a varios rubros de atención social en todos los estados de la Unión Americana. California, Texas, Florida, Nueva York e Illinois, entidades con alta presencia de población de origen hispano, son los que resentirán los mayores ajustes en programas como contratación de maestros, atención nutricional para ancianos, vacunas infantiles, contra la violencia hacia las mujeres y de salud pública, de acuerdo con información de la Casa Blanca.

 

Por ejemplo: la disminución de 87.6 millones de dólares en el presupuesto para educación primaria y secundaria en California colocará en riesgo mil 210 empleos y la atención de 187 mil niños; en Texas, se disminuirá el presupuesto en 67.8 millones, lo que amenaza con llevar la calle a 930 profesores y dejar sin atención a 172 mil niños.

 

En uno de los rubros de salud afectados, el que tiene que ver con la aplicación de vacunas, los ajustes en el gasto que comenzaron a regir el viernes por la noche provocarán que 15 mil 810 niños de California no reciban sus dosis, 9 mil 730 en el caso de Texas, 7 mil 450 en Florida y 5 mil 230 en Illinois, por citar los cinco estados en donde se realizarán los mayores ajustes.

 

Es también el caso de uno de los programas de prevención de sida, que también será afectado. En este caso se dejarán de aplicar 49 mil 300 pruebas en California, 28 mil 600 en Texas, 35 mil 900 en Florida y 4 mil 600 en Illinois.

 

El presidente del Grupo de Congresistas Hispanos (CHC), Rubén Hinojos, aseguró que el recorte afectará a 70 mil niños del programa de asistencia educacional y nutricional Head Start, 25 mil de los cuales son de origen latino. Algunas dependencias han advertido sobre el despido de miles de funcionarios.

 

Penurias de la ciudad, símbolo del capitalismo

 

Los ajustes al presupuesto derivados del descuerdo político han colocado en una situación extrema a la ciudad de Detroit, cuna de la industria automotriz estadunidense y uno de los símbolos del capitalismo. El gobernador republicano de Michigan, Richard, Rick Snyder, al calificar de emergencia fiscal la situación de Detroit abrió la puerta para que el Estado asuma el control de las cuentas de la capital y eventualmente decidir si la ciudad debería acogerse a una situación de quiebra, que sería la mayor de su tipo en la historia del país. La situación ha llegado al extremo que 1.2 millones de niños que asisten a escuelas públicas en comunidades pobres pueden quedarse sin la ayuda extra que recibe un programa de lectura y matemáticas.

 

La presidenta del Consejo Nacional de La Raza (NCLR), Janet Murguía, sostuvo por su parte que no hay razón por la que unas 600 mil mujeres embarazadas de bajos recursos y sus niños se queden sin asistencia en programas de nutrición.

 

Agregó que también habrá recortes en programas clave de capacitación laboral, asistencia para el alquiler de vivienda y apoyo en cuidado de niños de bajos recursos en escuelas públicas. Murguía indicó que la Oficina de Presupuesto del Congreso ha indicado que los recortes ocasionarán la pérdida de unos 750 mil empleos este año. (Con información de Notimex, Reuters, Dpa y Afp).

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Senadores demócratas defienden reforma migratoria integral en EU

Washington, 7 de febrero. Senadores demócratas en Estados Unidos defendieron hoy el camino a la ciudadanía para unos 11 millones de indocumentados frente a legisladores de la Cámara de Representantes que lo consideran muy extremo.

 

En una conferencia con medios en español, el senador demócrata Charles Schumer dijo que encuestas recientes indican que la mayoría de los estadunidenses apoyan la medida de "sentido común" y se mostró "esperanzado" con la propuesta.

 

Los requisitos para la ciudadanía incluyen hablar inglés y no tener antecedentes penales, de acuerdo con una propuesta bipartidista presentada por ocho senadores.

 

El senador demócrata Richard Durbin sostuvo que el proceso podría durar unos 10 años, aunque todavía no está definido.

 

Robert Menendez, a su vez, se declaró "cautelosamente optimista" sobre las negociaciones. El congresista indicó que el camino a la ciudadanía también puede incluir a los inmigrantes centroamericanos beneficiarios del programa de Estatus de Protección Temporal (TPS).

 

Piden encontrar un punto medio entre los "extremos"

 

El líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, dijo que no se pueden impulsar por separado diferentes proyectos de ley de inmigración, porque la meta es una reforma integral.

 

En entrevista con la cadena ABC, Reid indicó el domingo pasado que ambas cámaras del Congreso pueden aprobar una reforma migratoria integral a pesar de la oposición de legisladores republicanos, que son mayoría en la Cámara de Representantes.

 

El presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, Robert Goodlatte, preguntó durante una audiencia este martes si puede existir un punto medio entre los "extremos" de una deportación masiva y un camino a la ciudadanía para los indocumentados.

 

A pesar de las diferencias, influyentes líderes republicanos como el senador Marco Rubio apoyan un camino a la ciudadanía para los indocumentados, así como el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Eric Cantor, quien respalda la medida para los que llegaron siendo niños al país.

 

En una teleconferencia la secretaria-tesorera ejecutiva del Consejo Laboral del condado de Los Ángeles, María Elena Durazo, manifestó este jueves que el camino a la ciudadanía para los indocumentados es crucial porque "no queremos crear ciudadanos de segunda clase".

 

Durazo informó que una coalición de gremios que incluye a la central sindical AFL-CIO –la mayor del país– realizarán movilizaciones en todo Estados Unidos para concientizar sobre la importancia de una reforma migratoria y pedir un freno a las deportaciones.

 

Señaló que continúan las conversaciones con grupos empresariales para limar diferencias sobre futuros flujos migratorios, que incluye la creación de un programa de trabajadores huéspedes.

 

Encuestas recientes de la cadena ABC News y The Washington Post, y otra de la firma Gallup, mostraron que la mayoría de estadunidenses apoyan un camino a la ciudadanía para los indocumentados que cumplan ciertos requisitos, y también respaldan un mayor control fronterizo.

 

El presidente estadunidense, Barack Obama, señaló hoy que dará un fuerte empuje al tema de la reforma migratoria y reconoció que aunque la lucha será difícil mantendrá esta batalla como prioridad de su gobierno.

 

"Obviamente el crecimiento de la economía es prioridad, pero asegurarnos de abrir oportunidades para todos también es importante", dijo.

 

En la comunidad de Leesburg, Virginia, donde delineó los temas de su segunda administración, el mandatario se dijo complacido por el temprano curso de la discusión.

 

En particular, hizo alusión a la alianza entre demócratas y republicanos en el Senado, en la cual un grupo de ocho legisladores de ambos partidos han ofrecido una lista de principios como punto de partida.

 

Sin embargo, la propuesta parece no haber encontrado hasta ahora el mismo eco bipartidista en la Cámara de Representantes, donde existen reservas en lo concerniente al tema de la ciudadanía para indocumentados.

 

Por otra parte, los hijos de los inmigrantes en Estados Unidos alcanzan un nivel de vida superior al de sus padres y muy similar al de las otras personas nacidas en este país, según un análisis divulgado este jueves por el centro de estudios demográficos Pew Hispanic.

 

Los inmigrantes adultos de segunda generación, un grupo de unos 20 millones de personas nacidas en Estados Unidos de al menos un padre extranjero, ganan más dinero, tienen mayor nivel educativo y logran comprar una vivienda, indicó el estudio, con base en cifras del censo.

 

De este grupo, que en promedio gana al año 58 mil 100 dólares, 36 por ciento posee título universitario, 64 por ciento es propietario de su casa y 11 por ciento es pobre, similar al estadunidense promedio, que gana 58 mil 200 dólares al año, 31 por ciento cuenta con calificaciones profesionales, 65 por ciento posee su inmueble y 13 por ciento es pobre.

 

En contraste, los inmigrantes adultos no nacidos en el país ganan unos 45 mil 800 dólares al año, 29 por ciento poseen título universitario, 51 por ciento son dueños de su vivienda y 18 por ciento están en la pobreza.

 

Según las últimas cifras del censo, para 2010 vivían en Estados Unidos alrededor de 40 millones de extranjeros, entre residentes legales, temporales, refugiados e indocumentados. Siete de cada diez son latinos o asiáticos.

 

Dos tercios de los inmigrantes de segunda generación se consideran "estadunidenses típicos", dicen llevarse bien con otros grupos étnicos y 15 por ciento tienen una pareja de otra raza.

 

Nueve de cada diez personas nacidas en el país de al menos un padre extranjero hablan inglés fluidamente, pero conservan el lenguaje de sus progenitores: ocho de cada diez dicen que hablan español bastante bien.

 

Conocer las características de los inmigrantes de segunda generación es clave, toda vez que este grupo "tendrá un impacto significativo en la economía y la política del país en las décadas por venir", señaló el Pew Hispanic.

 

Notimex y Afp


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Viernes, 22 Junio 2012 19:00

Un movimiento construido por soñadores

Un movimiento construido por soñadores

En Estados Unidos hay alrededor de 12 millones de inmigrantes indocumentados, un número mayor que la población total de muchos países del mundo. La cifra incluye a 800.000 jóvenes que ahora probablemente tengan la posibilidad de obtener la residencia legal durante un tiempo limitado, gracias a una orden ejecutiva dictada la semana pasada por el Presidente Barack Obama. En un discurso pronunciado en el Rose Garden, Obama declaró: «Esta mañana la Secretaria Napolitano anunció las nuevas medidas que mi gobierno tomará para mejorar la política de inmigración de nuestro país, para hacerla más equitativa, más eficiente y más justa, en particular para ciertos jóvenes en ocasiones llamados ’soñadores’». Detrás del discurso hay un movimiento por el cambio social construido por millones de personas, cada uno con una historia diferente.
 

Los «soñadores» son personas que viven en Estados Unidos sin documentación legal, a menudo llamados en forma peyorativa «ilegales», aunque llegaron al país durante su infancia y, en algunos casos, cuando eran bebés. Como dijo el Presidente Obama en su discurso: «Son jóvenes que estudian en nuestras escuelas, que juegan en nuestros barrios, son amigos de nuestros hijos, juran lealtad a nuestra bandera. Son estadounidenses de mente y alma, de todos los modos posibles, excepto uno: en los papeles”. Desde hace diez años existe una campaña para que se apruebe una ley en el Congreso que le de a estos jóvenes el estatus de ciudadanos legales a través de un proyecto de ley denominado «DREAM», sigla que en inglés significa: Ley de desarrollo, ayuda y educación para los menores extranjeros.
 

Quienes participan en el movimiento no se consideran «extranjeros». Se autodenominan «estadounidenses indocumentados». Una de las personas que se beneficiará directamente de la decisión de la Casa Blanca es Lorella Praeli, de New Haven, Connecticut y miembro del Comité de Coordinación Nacional de 'United we dream' (Unidos Soñamos). Lorella luchó por la aprobación de una versión de la Ley 'Dream' en Connecticut. El proyecto de ley fue promulgado el año pasado, lo que le permitió a los estudiantes indocumentados acceder a la matrícula especial para los residentes del estado en las universidades públicas. Praeli egresó en 2011 de la Universidad de Quinnipiac, a la que asistió becada.
 

«Sufrí un accidente automovilístico cuando tenía 2 años y medio y como consecuencia de ello me amputaron la pierna derecha. Mi familia y yo procuramos tratamiento en el Hospital Shriners, de modo que durante muchos años viajamos de Perú a Tampa, Florida, donde se encontraba o encuentra el hospital. Cuando tenía 10 años, mi familia decidió mudarse a Connecticut. No sabía que era indocumentada hasta que terminé la secundaria y comencé a enviar solicitudes para ingresar a la universidad. Siempre me habían dicho 'estamos aquí por motivos médicos. Estás aquí para que recibas tratamiento, así que no hay ningún problema'. Y esa historia no sirve cuando solicitas ingresar a una universidad y debes completar el formulario FAFSA, que es la Solicitud Gratuita de Ayuda Federal para Estudiantes, y es preciso tener un número de seguro social. Ahí fue cuando me di cuenta de lo que realmente significaba ser indocumentada y supongo que en ese momento comencé a internalizar lo que significaba ser indocumentada. En aquel entonces me sentía muy sola».
 

La oficina del alcalde de New Haven la invitó a hablar en una conferencia de prensa. Recuerda: «Cuando llegó mi turno de hablar no tenía nada preparado. Me levanté de la silla y dije algo como 'Estoy cansada de ser marginada'. Y esa fue la primera vez que hablé de mi situación en público y creo que cambió mi vida para mejor».
 

A la admisión pública de su situación de indocumentados la llaman «salir del clóset». Otro joven inmigrante, José Antonio Vargas, cuenta que para él fue más difícil admitir públicamente que es indocumentado que reconocer que es homosexual. Llegó de Filipinas a los 12 años para vivir con sus abuelos en California. No supo que era «ilegal» hasta que solicitó su permiso de conducir a los 16 años. Vargas se convirtió en periodista del Washington Post, donde formó parte del equipo ganador del Premio Pulitzer por informar acerca de la masacre de Virginia Tech en 2007. En 2011, luego de haber ocultado su condición de inmigrante indocumentado durante 15 años, Vargas «salió del clóset» en un artículo de la revista dominical del New York Times.
 

Vargas explicó qué fue lo que lo impulsó a tomar la decisión: «Las mentiras se hacían cada vez más grandes y en un momento, al ver a los jóvenes de 'Unidos soñamos' y ver a estos cuatro activistas de Miami que marcharon de Miami a Washington D.C. para luchar por la aprobación de la Ley 'Dream', en la movilización que llamaron el Camino de los Sueños, me sentí un cobarde, me sentí responsable. Y en ese momento decidí que debía hacer algo».
 

Los movimientos –ya sea que se ocupen de los derechos civiles, de los derechos de la comunidad gay o de los inmigrantes– se construyen sobre la base de un sinfín de actos de valor. Al igual que los cuatro estudiantes indocumentados que marcharon de Miami a D.C., o los que ocuparon cuatro oficinas de la campaña de Obama en diversos puntos del país la semana pasada, justo antes de su anuncio, arriesgándose a ser arrestados y, posiblemente, a ser deportados, estos millones de «soñadores» están comprometidos y organizados. Como sostuvo la antropóloga Margaret Mead: «Nunca dudes por un instante que un pequeño grupo de personas conscientes y comprometidas puede cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado».
 


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2012 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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“Para vivir mal aquí, vivo mal en mi país”
Un hombre llora inconsolable en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas desde hace dos horas. Tiene los ojos rojos, inflados como nueces. La gente le mira, pero él no mira a nadie más que a su hija y sus dos nietas, porque no sabe cuándo va a volver a verlas. “Nunca pensé que la vida pudiera ser tan cruel. La crisis en España me parte el corazón. ¡Me está separando de mi familia!”, grita Andrés Sammuesa, ecuatoriano, de 47 años. Su hija Neli, de 28, y sus nietas, Gisela, de 9 y Naidine, de 7, vuelven a Ecuador porque España, repiten, “ya no es mejor”. Él se siente obligado a quedarse porque conserva su trabajo de limpiacristales y con su sueldo (1.050 euros) tiene que mantener a los otros cinco hijos que viven con él. Se los fue trayendo poco a poco, con mucho esfuerzo. Ahora ha empezado a despedirlos en el aeropuerto porque el único dinero que tienen es el que les ha dado el Gobierno para marcharse, el del plan de retorno: 400 euros por persona y un billete sin vuelta.

 
“Yo llegué con 17 años, hace 11”, explica Neli. “He pasado casi la mitad de mi vida aquí. Durante mucho tiempo nos fue muy bien. Mi marido trabajaba en la construcción, sin parar, y yo en el servicio doméstico. Pero llegó la crisis y nos despidieron. Él lleva cuatro años sin trabajar y yo dos. La casa que compramos se la quedó el banco. Ya no podíamos pagarla. Nos volvemos con menos de lo que teníamos cuando vinimos. Hemos fracasado aquí”.


José, su marido, ya está en Ecuador. La menor de sus hijas, Naidine, ni siquiera conoce el país. Sin soltar a su muñeca, muestra su maleta, llena de gominolas para 15 primos a los que no ha visto nunca. “Te quiero, eh”, la abraza su abuelo, Andrés. “En cuanto me quede sin trabajo, no lo pienso dos veces y me vuelvo”, le repite. “Yo vine en el año 2000, cuando España aún era en pesetas. España era mucho mejor en pesetas. Vine con la ilusión de sobresalir, pero si llego a saber esto, mil veces me quedo en mi puto país”, dirá luego, tirado frente al control de seguridad del aeropuerto después de haberse despedido de su hija y nietas.

 
En ese mismo avión, Ana Carchipulla y su marido, Norberto, regresan a Ecuador sin billete de vuelta tras 13 años en España. Les acompañan sus hijas, Daiana, de 14, y Ana Cristina, de 11, y un perro, “lo más valioso” de su equipaje y de su estancia en España. Se llama Curro, fue un regalo y ladra inquieto en una jaula-maleta antes de ser facturado. “Vine con 18 años porque aquí había más oportunidades y me voy porque con la crisis ha dejado de haberlas”, explica Ana. Su caso es casi idéntico al de la familia Sammuesa. Ella, empleada en el servicio doméstico; él, enganchando una obra con otra hasta que estalló la burbuja inmobiliaria y dejó de haber trabajo en la construcción; un banco que les ofreció un crédito en cuanto entraron por la puerta; una casa embargada; nada que llevarse de España, más que recuerdos.

 
“Me vuelvo igual que me fui. Intento no pensar en el fracaso. Pero para vivir mal aquí,vivo mal en mi país”, zanja Ana. Cuando vino a España, dejó a su hija mayor en Ecuador. “Estuve dos años separada de ella. Era un esfuerzo inmenso, pero ganabas dinero. Ahora no vale la pena estar separado de tu familia”.


Vladimir Paspuel, presidente de la asociación Rumiñahui, una de las 11 ONG que gestionan los programas de retorno, les da los últimos consejos. Ha despedido a muchos compatriotas en el aeropuerto. En 2003, cuando el Gobierno puso en marcha el plan de retorno voluntario de atención social, se acogieron a él 604 inmigrantes, la mayoría, colombianos (190) y ecuatorianos (175). El año pasado esa cifra subió hasta los 2.119 y solo en los tres primeros meses de 2012 lo solicitaron 480. Existe otro plan de retorno, el que el entonces ministro de Trabajo, el socialista Celestino Corbacho, puso en marcha en 2008 para los extranjeros que se hubieran quedado en paro: podían cobrar todo el subsidio de desempleo de una vez (el 40% en España y el resto una vez en su país) con el compromiso de no regresar a España en tres años. Al principio convenció a pocos, pero la cifra ha ido en aumento a medida que se agravaba la crisis. Desde noviembre de 2008 hasta abril de este año lo pidieron 18.265 inmigrantes, la mayoría ecuatorianos. Más de 2.500 se apuntaron en los últimos cinco meses.


“La situación es extrema”, explica Paspuel. “Vienen de deshaucios, de comedores sociales, incluso de la mendicidad, después de haber trabajado tanto; de haber ayudado a tantas españolas a reincorporarse al trabajo después de ser madres. Los inmigrantes han sido personas muy importantes en el desarrollo económico de este país. Y ahora, con la crisis se les lanza el mensaje de que sobran”.

 
Paspuel denuncia que los fondos del plan de retorno se han agotado justo cuando más solicitudes hay. Tras armarse de valor para reconocer el fracaso en España y pedir ayuda para irse, muchos de esos compatriotas están oyendo que tampoco pueden porque ya no hay dinero. El Ejecutivo prepara una nueva subvención para el año que viene pero vista la lista de espera, podría empezar a gastarse ahora, explican fuentes del Ministerio de Empleo. En Ecuador hay un programa de ayuda —Bienvenido a casa— para los retornados. “También se ha quedado sin fondos”, explica Paspuel. Y una vez allí, las cosas no son fáciles. “Hay familias que reciben a los retornados con mucha alegría pero al ver que vuelven sin nada, empiezan a verlos de otra manera. Siempre se ha asociado al emigrante a maletas llenas de dinero. Ahora vuelven con las manos vacías, ya no pueden ayudar a nadie. Son un problema más”.


Por Natalia Junquera Madrid 10 JUN 2012 - 21:23 CET

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