Lunes, 02 Julio 2018 10:13

¿Por qué nos odian?

¿Por qué nos odian?

Platicando sobre la persecución de inmigrantes indocumentados, la separación de sus hijos para colocarlos en jaulas y otras atrocidades oficiales con Kevin, un afroestadunidense que trabaja de portero en un edificio de Nueva York y que es de las personas más informadas de este país, concluye: "antes era la J, ahora es la M".

Se refería a cuando los nazis colocaban la letra J en la ropa, en las puertas de casas o negocios de judíos para identificarlos y finalmente detenerlos, separando familias y enviándolos a campos de concentración. La M, obviamente, son los perseguidos de los que platicábamos: los migrantes.

De hecho, las comparaciones entre los nazis y otros regímenes fascistas del siglo pasado con el estadunidense actual es cada vez más frecuente. "Yo fui separado de mis padres por los nazis cuando mi familia fue enviada y aniquilada en un campo de concentración. No permitiré que se repita aquí ahora", decía una pancarta cargada por un hombre en una de las manifestaciones contra las políticas de separación y encarcelamiento de familias inmigrantes que se realizaron por todo el país el sábado.

Por ahora, un Trump en la Casa Blanca no implica que este "país de inmigrantes" se haya vuelto antimigrante, y aún no ha logrado convencer a las mayorías. Según el Centro Pew, siete de cada 10 estadunidenses simpatizan con inmigrantes indocumentados; mayorías no se oponen a darles una ruta a la legalización, no creen que los inmigrantes cometan más delitos serios que quienes son ciudadanos, no les molesta que hablen otro idioma y no creen que se roben las chambas de los estadunidenses.

Pero esas mayorías permitieron que llegara a la Casa Blanca y aún no han impedido su asalto contra el sector más vulnerable del país. La política antimigrante impulsada por Trump no es del todo nueva, pero sí su intención de generar máximo temor entre la comunidad inmigrante –o lo que llaman efecto "disuasivo"– como el ataque abierto del propio presidente a los indocumentados ("violadores", "animales", "invasores", etcétera) y la justificación oficial de que se está "defendiendo" al país de una invasión de inmigrantes criminales violentos.

Pero no hay una invasión ni mayor crimen. La tasa de criminalidad oficial está en unos de sus puntos más bajos en décadas y, por cierto, los lugares con mayores concentraciones de inmigrantes se registran menos crímenes; a la vez, en términos relativos, durante los últimos años ha bajado por mucho el nivel de ingreso de inmigrantes a este país.

Paul Krugman, el economista Premio Nobel, señaló que “hemos visto esta película antes, en la historia del antisemitismo... nunca fue sobre algo que los judíos realmente hicieron… sino sobre mitos espeluznantes, frecuentemente basados en fabricaciones deliberadas que eran difundidas para sistemáticamente engendrar odio”. Concluye, en su columna en el New York Times, que “las atrocidades que nuestra nación está cometiendo ahora en la frontera no representan una sobrerreacción o una respuesta mal implementada a un problema real que se necesita solucionar. No existe una crisis de inmigración; no hay una crisis de crimen inmigrante. No, la crisis real es un recrudecimiento del odio… Y cualquiera que esté ofreciendo pretextos para ese odio… es, en efecto, un apologista de crímenes de lesa humanidad”.

Ese odio y temor "al otro" ayudaron a que Trump llegara a la Casa Blanca, y son parte integral de la estrategia para consolidar su poder. Esto, en un país que está enfrentando un cambio demográfico sísmico, nutrido por la inmigración, donde en 25 años los blancos se volverán en otra minoría. Algunos creen que el odio/temor antimigrante es un último grito histérico de los que sienten –incluyendo mucho en el poder ahora–, que está llegando el fin de su mundo (tienen razón).

Es temor al futuro, a la transformación del país mas poderoso del planeta por los más vulnerables y atrevidos del mundo.

Publicado enSociedad
Redes solidarias en Grecia ante la xenofobia europea



En la isla de Quíos,1800 refugiados sobreviven gracias al trabajo voluntario mientras Europa construye nuevos centros de detención.
Por

En el verano de 2015, cuando la gran ola migratoria llegó a las costas del Mar Egeo, unos 30 botes al día atracaban en Quíos.
En el verano de 2015, cuando la gran ola migratoria llegó a las costas del Mar Egeo, unos 30 botes al día atracaban en Quíos.

PáginaI12 En Grecia

Desde Isla de Quíos

En Grecia es la ciudadanía quien sigue buscando soluciones para una situación que la desborda y ante la cual las autoridades dan sistemáticamente la espalda. A solo 7 kilómetros de la costa turca, la isla de Quíos es un popular destino para turistas pero también para las precarias embarcaciones despachadas por las mafias con centenares de personas desesperadas por cruzar a Europa. En el verano de 2015, cuando la gran ola migratoria llegó a las costas del Mar Egeo, una media de 30 botes al día atracaban en Quíos. Luego la afluencia disminuyó con el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Turquía –en marzo del 2016– para la deportación a este país de quienes entraran de forma irregular a las islas griegas a cambio de 6.000 millones de euros para el gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Pero, pese a que el “acuerdo de la vergüenza” redujo –según datos de la Agencia de fronteras de la UE (Frontex)– en un 80 % la llegada de migrantes con respecto al 2017, cientos de personas siguen desembarcando en las islas del Egeo, donde más de 13 mil refugiados malviven atrapados en campos de “recepción” con capacidad para 6300.

Quíos es uno de los llamados “hotspots”, es decir que dispone de instalaciones oficiales para el alojamiento y registro de quienes llegan en busca de asilo. El campo de Vial, en el interior de la isla, acoge a 1850 personas- aunque está preparado para 900- y es ahora, junto con los pisos de Acnur que alojan a alrededor de 500 personas, el único espacio reservado para los refugiados luego del cierre de otro campo –Souda– que se ubicaba en las afueras de la ciudad de Quíos. Gestionado por el Ejército y el gobierno heleno, el centro de detención Vial es una inmensa superficie blindada por alambre de púa que esconde del mundo cientos de contenedores y miles de carpas superpobladas por gente sometida a la miseria y la desesperanza.

El laberinto burocrático en el que entran los solicitantes de asilo al pisar suelo europeo los atrapa por tiempo indeterminado, con causas indeterminadas. Por eso el punto de información del campo colapsa cada mañana, con cientos de personas abalanzándose sobre sus ventanillas en busca de respuestas. “Why am I here?” es el grafiti más repetido en las paredes de Vial. “Para algunas nacionalidades, como la siria, el proceso es incluso más lento que para el resto: hasta 18 meses están tardando en dar la entrevista con la Oficina Europea de Asilo, lo cual es solo el primer paso”, alertan Zoe y Sonya, abogadas de la organización Choose Humanity que brinda asesoramiento jurídico gratuito para los refugiados en Quíos. “Después de la primera entrevista, a algunos los deportan a Turquía y a otros nos mandan a una segunda cita con el Servicio Griego de Asilo para empezar los trámites, que duran un promedio de dos años”, explica por su parte Ali, un joven de Irán que llegó a Quíos en 2016 después de pagar 6 mil euros a un traficante y ahora, tras su paso por los campos de Souda y de Vial –que describe como “el infierno”– viaja a Atenas con el ansiado papel azul que lo autoriza a salir de la isla.

Las personas en busca de asilo no solo siguen llegando –y lo seguirán haciendo mientras las guerras no se detengan– sino que, forzados en la mayoría de los casos, se quedan. Migrantes y locales coinciden en que la situación no solo no se alivió a lo largo de estos tres años –como insisten en afirmar desde la UE– sino que está visiblemente peor a causa del bloqueo en las islas provocado por el pacto con Turquía y la inacción gubernamental. “Yo entiendo que cuando esto empezó nadie estuviera preparado para afrontarlo correctamente pero ahora, tres años después,

¿cómo es posible que todavía tengamos gente durmiendo en carpas?”, se pregunta, indignada, Toula, fundadora de CERST, uno de los mayores grupos de ayuda de la isla.

“Todo esto cayó en medio de nuestra peor crisis económica, el gobierno griego no se pudo hacer cargo. No espero nada de ellos”, admite esta mujer de Quíos que decidió, ante la inacción de las instituciones, tomar las riendas del asunto. “No solo ellos no nos ayudan sino que somos nosotros quienes los ayudamos a ellos. La Administración no tiene nada y espera todo de los voluntarios”, explica. Chios Eastern Shore Response Team (Cerst) es el nombre que Toula y sus entonces pocos compañeros de misión eligieron para dar entidad formal a algo que, en su origen, no lo tenía en absoluto. Lo que ahora es una organización con tres espacios diferentes de trabajo y un promedio de veinte voluntarios por semana, al empezar era ayuda espontánea de isleños que, como dice Toula, actuaban “de corazón”. Esta mujer de 43 años dormía cuando escuchó gente gritando y niños llorando, salió a ver qué pasaba y se encontró con la nueva realidad de la isla. Abrió tres habitaciones del hotel que regenta en un pequeño pueblo del sur de Quíos y allí los alojó. “Les di lo que tenía, al igual que todos los locales, yo no hice nada extraordinario”, matiza Toula. Era octubre de 2015, tres meses más tarde de las primeras llegadas masivas de migrantes, cuando el frenesí de la temporada turística se calmaba y en Quíos la gente empezaba a entender que algo grave sucedía en la isla, en el mundo.

Facebook fue el gran empujón para los locales que corrían de punta a punta de la costa atendiendo con ropa, comida y agua a los tripulantes de los endebles botes. Gracias a la red social, los isleños pasaron de estar solos frente a la emergencia, a estar apoyados por cientos de personas de todo el mundo; y de la ayuda espontánea, pasaron a la organización. En enero de 2016 Toula finalmente fundó Cerst y otras ONG se instalaron en Quíos, creando una red de cooperación que a día de hoy persiste. El trabajo en ese momento consistía en la distribución de ropa y comida proveniente de donaciones, pero luego el equipo amplió su tarea a la enseñanza de lenguas, el cuidado de niños, la higiene y la asistencia en los desembarcos.

En el interior de la isla, a una media hora a pie del campo de Vial, una hermosa casona de piedra alberga el Centro de idiomas, donde un promedio de sesenta personas asiste cada día a clases de griego, francés, inglés y alemán. Los profesores son voluntarios que se comprometen a una estancia mínima de dos meses para garantizar el seguimiento de los alumnos y el espacio también cuenta con una cocina, una biblioteca con servicio de préstamo y una acogedora sala de lectura. Muy cerca de allí, rodeado de campos de papas y olivos, Cerst estableció Hope, un espacio para dotar a los habitantes del campo oficial de duchas, ropa limpia y peluquería, a la vez que un área de juegos y merienda para los chicos. El predio de Vial dispone de 25 duchas para las 1700 personas allí alojadas y 1,5 litro de agua para beber por día, a temperaturas que rozan los 35 grados. “Las condiciones en el campo son espantosas, la comida que nos dan nos cae mal, todo está lleno de basura y hace muchísimo calor”, denuncia Mohammed, mientras espera que su mujer y su hija acaben de arreglarse en Hope. “También es insuficiente la asistencia sanitaria, los médicos pagados por el Estado no dan abasto y a mí, por ejemplo, me hicieron esperar cuatro horas con una quemadura de primer grado en el brazo”, relata este hombre sirio que lleva seis meses en el campo de Quíos. Otra área fundamental en la labor de este equipo es la asistencia en los desembarcos que, cuando el viento es leve, pueden ser diarios. Cuando un bote llega a la costa, la policía le avisa a Salvamento Marítimo Humanitario –organización vasca que socorre voluntariamente desde 2015 en los rescates– y ellos a Cerst, que cuenta con una caseta en el puerto preparada para atender a las personas que llegan generalmente en medio de la noche, con hambre y frío. “Lo primero es que un traductor les explique lo que está pasando y quiénes somos nosotros. Luego les preparamos un pack de ropa, comida y agua a cada uno o los atendemos en caso de hipotermia”, explica Ruben, coordinador del equipo, durante el entrenamiento a los nuevos voluntarios.
Varias ONG crearon una red de cooperación para ayudar a los inmigrantes.

Aunque mayoritariamente la población de Quíos respondió con solidaridad al desatarse la crisis humanitaria, hay grupos que también se muestran furiosos ante la llegada de inmigrantes, sobre todo a partir del acuerdo entre la UE y Turquía, que los bloquea en la isla por tiempo indeterminado. A pocos metros de la entrada del campo de Vial, un grupo de locales puso un puesto con las fotos de los grandes líderes europeos diciendo “no los queremos” y el objetivo de impedir al gobierno la entrada de nuevos containers para albergar a más refugiados. La idea es hacer turnos y cubrir las 24 horas, los siete días de la semana, amparándose en que no es legal la zona exterior del campo donde se encuentra la mayoría de las carpas y, por consiguiente, en que están en su pleno derecho. Pese a esto, existen todavía en Quíos mucha gente que no se doblega y, además del ejemplo de Toula otras personas persisten en su labor solidaria. Kostas es el dueño de un restaurante a primera línea de playa que también salió en su día al rescate de las barcas que llegaban de a cientos y que luego en febrero del 2016, cuando se conformó el campo de Souda en la capital de la isla, creó una cocina en la que preparaban 1500 raciones de sopa al día para repartir gratuitamente entre sus pobladores. En la actualidad, la comida en el campo oficial corre a cargo del Ejército pero Kostas sigue alimentando a los voluntarios de tres organizaciones humanitarias, un centro de menores no acompañados y a los locales sin recursos, “porque no nos olvidamos de toda la gente griega que también pasa graves necesidades”, apunta Kostas, remarcando la severa crisis económica que su país todavía padece.

“Si los voluntarios no hubieran venido a Quíos y Lesbos, las cosas serían ahora todavía mucho peores. Estoy muy contenta y orgullosa”, recalca la fundadora de Cerst. Jóvenes que en sus países de origen trabajan en ONG o participan desde hace tiempo en diferentes proyectos humanitarios, profesionales que abandonan temporalmente sus oficinas, estudiantes que- desde Singapur hasta Toronto- son conscientes del injusto trato que reciben en Europa las personas que huyen de la barbarie, jubilados que brindan su experiencia para detectar los fallos de la inexperiencia y buscar nuevas soluciones... Voluntarios de todas las edades y procedencias dan lo mejor de sí para intentar que la crueldad no sea tanta. “A mi padre le pasó lo mismo, él se tuvo que ir a Australia porque no tenía ni para comer. Se fue sin zapatos en barco. Por eso entiendo lo que está pasando, no es algo nuevo”, recuerda Toula. Lo que, en todo caso, no vivieron los millones de migrantes europeos en América u Oceanía es el cierre sistemático de fronteras y el desprecio que la Unión Europea muestra hacia quienes llegan de países devastados, ratificado esta semana en la cumbre de los 28 en Bruselas.

Publicado enPolítica
En Los Angeles, repudio a los llamados centros de detención.Foto Afp

Nueva York

"Vergüenza, vergüenza, vergüenza", corearon ayer decenas de miles de manifestantes en más de 100 ciudades denunciando la política de separación de niños de sus padres migrantes impulsada por el régimen de Donald Trump.

La brutal práctica de separación de miles de niños de sus padres y enjaularlos bajo la política de "tolerancia cero" –anunciada en abril pasado– generó una respuesta tan amplia, que el presidente finalmente fue obligado a firmar una orden ejecutiva para supuestamente suspenderla y prometer la reunificación de esas familias con sus más de 2 mil niños que les fueron arrebatados.

Pero eso no logró frenar la ola de ira que ello provocó ni la oposición a la propuesta del gobierno de sustituir su política de separación de familias por la detención indefinida de familias enteras.

Ayer, ese repudio quedó registrado a lo largo y ancho del país, desde esta ciudad hasta Los Ángeles, entre decenas más, donde algunos discursos y pancartas, incluyendo sobrevivientes y familiares de las víctimas, compararon esas prácticas con las de los nazis, como también con otras llevadas a cabo en la historia de Estados Unidos, cuando niños fueron separados de esclavos afroestadunidenses y de familias indígenas. Muchos subrayaron que a estas alturas, con esas políticas, esta lucha ya se trata de "salvar la democracia" en el país.

De Foley Square al sur de Manhattan, a través del puente de Brooklyn, miles de familias, líderes de derechos y libertades civiles, defensores de migrantes, sindicalistas, artistas, maestros, dirigentes políticos, doctores y estudiantes marcharon con mantas y pancartas en inglés y español –algunas más en otros de los más de 200 idiomas de esta metrópoli– exigiendo la reunificación inmediata de familias y su liberación.

"Ningún humano es ilegal", afirmaban. "El único niño que debería ser enjaulado", decía una pancarta con un dibujo de Trump dentro de una celda. Otra expresaba: "Que los niños se queden, que deporten a los racistas".

"Alguien está intentado arrebatar al niño Jesús de los brazos de María", advirtió el reverendo Al Sharpton, veterano líder nacional de derechos civiles y de afroestadunidenses. "Los blancos, los musulmanes y los judíos, todos juntos, no lo vamos a permitir. Muchos venimos de una historia de separaciones de niños. Los judíos, nosotros los afroestadunidenses y ahora es nuestro momento para decir que no lo permitiremos, no nos quedaremos callados".

Héctor Figueroa, presidente del poderoso sindicato local de servicios SEIU, gritó: "Vamos a luchar por las familias. Son nuestras familias las que están deshumanizando". Y recordó que dos de cada tres agremiados en su sindicato nacieron en otros países.

En Washington, en el parque Lafayette (nombrado por el inmigrante francés que ayudó en la lucha por la independencia de este país), frente a la Casa Blanca, miles escucharon que Lin Manuel Miranda, famoso creador de Hamilton, una de las obras más exitosas y famosas en Broadway, entonó una canción de cuna (de esa obra) para todas las madres que no podían cantar y arrullar a sus hijos separados.

La cantante Alicia Keys, con la misma intención, dio lectura a un cuento para niños separados. Declaró, al igual que otros en diversas ciudades, que con la resistencia a esas políticas esto se trata de "salvar el alma" de este país.

Tanto en Nueva York y Washington, como en otras urbes del país, políticos federales y locales, así como artistas famosos, se sumaron a las marchas. En Chicago, el senador Dick Durbin declaró: "Tenía que estar aquí".

En Boston, la senadora Elizabeth Warren llamó a deshacer la agencia de migración ICE y comentó ante los congregados que "madres me han dicho que en las noches creen que están escuchando el llanto de sus hijos. Esto se trata de niños en jaulas, de seres humanos".

En Los Ángeles, el músico John Legend –ganador de múltiples Grammy y un Óscar– tocó una de sus rolas. La diputada federal Maxine Waters llamó a destituir al presidente, y la senadora Kumala Harris declaró que "cuando sabemos que tenemos a esos 2 mil niños llorando por sus padres, sabemos que somos mejores que esto".

Ecos de esto retumbaron en otras ciudades, de El Paso a Denver, de Burlington a Vermont, de Tampa a Indianápolis, incluyendo urbes y pueblos pequeños del país. "Tal vez nuestros antepasados llegaron a estas tierras en buques diferentes, pero ahora todos estamos en el mismo barco. No hay tal cosa como un ser humano ilegal. Todos somos humanos", declaró el diputado federal e icono del movimiento de derechos civiles John Lewis en la manifestación de Atlanta.

En un editorial, el New York Times afirmó que "las marchas que se realizan en el país este fin de semana realmente son sobre el alma de Estados Unidos". Subrayó que la separación forzada de niños no se puede justificar. "El gobierno de Trump ha cometido una grave ofensa. Es deber de todo estadunidense decente demandar que de inmediato estos niños vuelvan con sus padres".

Publicado enInternacional
Migración, xenofobia, desarraigo. También en Colombia

Como judío errante, decía mi abuela, creo que hablaba de parte de su familia originaria de Antioquia, que vivía de un lado a otro. Se mudaban de pueblo en pueblo y al poco tiempo se aburrían y se mudaban de nuevo. Yo en mis apenas nueve años de vida, tenía la percepción, no se si correcta o equivocada de que el colombiano era así, como judío errante.

 

Tenía un tío que emigró a los Estados Unidos, y oía relatos de familiares que vivían en otros países, además sentía gran admiración por cualquier extranjero, ellos significaban siempre algo mejor, lo sabía porque cuando llegaban de pasada o de vacaciones algunos de los familiares que venían de fuera, todo era algarabía, contaban sus experiencias y parecían tener muchas posibilidades económicas y alta calidad de vida en esos mundos lejanos y anhelados por los que estábamos aquí.

 

Según cifras del Ministerio de Relaciones Exteriores para el 2015, 4,7 millones de colombianos vivía en el exterior lo que equivale al 10 por ciento del total de la población. Colombia es el país de Suramérica cuya población más emigra. Es decir, uno de cada 10 colombianos vive en el exterior; sus destinos preferidos EE.UU. y España; hasta el 2015 todavía emigraban a Venezuela y Ecuador como tercer y cuarto país de acogida.

 

Mi familia y yo formamos parte de esas estadísticas, y el país de acogida fue Venezuela. Por años tuve la conciencia de ser extranjera, aunque nunca viví el estrés de ser indocumentada, sí fui por mucho tiempo extranjera, incluso recuerdo haber sido la única estudiante de mi grupo en la universidad con cédula de transeúnte. En cada lugar me preguntaban de dónde era, pero en un momento indeterminado para mi me adapté totalmente al país de acogida, aprendí a reírme de sus chistes, comprender su humor, su forma de ver la vida, aprendí a amar sus playas y sus comidas, su música, aprendí que la diversidad de nacionalidades existentes allá me hacía menos diferente.

 

En las navidades hacíamos natillas o buñuelos pero también hallacas; escuchaba gaitas de Maracaibo y villancicos que recordaban mi infancia, realmente empecé a comprenderme colombo-venezolana.

 

Doble desarraigo

 

El síndrome de desarraigo o síndrome de Ulises se refiere a síntomas de estrés con implicaciones somáticas experimentadas por el emigrante, incluso antes de dejar su tierra de origen y arriesgarse, casi siempre en condiciones no favorables, a dejar sus afectos, su red de apoyo, su familia y su lugar seguro, o por lo menos conocido.

 

Se presentan síntomas como estados ansiosos, llantos incontrolables, fatiga, perdida de memoria, dolores y predisposiciones a enfermedades virales, perturbaciones de sueño y alimentación, ensimismamiento, aislamiento y depresiones desde leves hasta severas.

 

Ante el síndrome de desarraigo, la persona se encuentra en estado de vulnerabilidad, se siente fuera de lugar y empieza a dudar de sus capacidades. Pierde sus referentes de vida, no hay una red de apoyo ni contención emocional por parte de familia y amigos. es lo que en el argot popular llaman salirse de la zona de confort, pero en este caso, es más que un lugar donde ya sabemos qué hacer y cómo movernos, es dejar un cumulo de aprendizajes y referentes de vida que sirven para enfrentarse a los retos cotidianos de trabajo y relaciones.

 

El doble desarraigo implica enfrentar dos veces la misma circunstancia. Como está sucediendo en este momento con los colombianos que vivieron por muchos años en Venezuela y están retornando a Colombia. En está situación el proceso de readaptación es a veces, incluso, más complicado porque al regresar al lugar de origen descubres que de nuevo eres extranjero, esta vez en tu país natal.

 

El repertorio de aprendizajes culturales del lugar de residencia anterior se hacen evidentes, y empiezas a estar en una especie de distonía total, Las circunstancias del país son distintas, las dinámicas ciudadanas también.

 

Dentro de la lista de causas y circunstancias que disparan y agravan los síntomas de desarraigo o doble desarraigo están, sobre todo el rechazo, el miedo al rechazo, el temor que inicialmente implica desplazarse de un país a otro con los riesgos involucrados en estos casos: casi siempre las personas que emigran lo hacen en condiciones de precariedad por lo que están más expuestas y son víctimas de posibles abusos, trata de personas, abusos sexuales y maltratos generales.

 

La respuesta de la población en el país de acogida suele variar, pero la xenofobia hacia los grupos que emigran en cantidad significativa, aparece inevitablemente.

 

En el caso de Colombia y su rol, por primera vez en su historia como país huésped, ha empezado a estimular los más primitivos temores de algunas personas que ya están estigmatizando y generando conductas de rechazo y desprecio hacia la población venezolana, que aumenta cada vez más en el país. Aunque parte de ella está de transito hacia otros países de la región.

 

Ya se han reportado, por ejemplo, protestas en la ciudad de Cúcuta, manifestando la incomodidad por las molestias ocasionadas en distintas áreas de la ciudad por los venezolanos. También han circulado panfletos amenazándolos con la muerte en caso de delinquir. El 23 de enero del presente año, lanzaron una bomba molotov en el coliseo del barrio Sevilla, al norte de la ciudad, en contra de los venezolanos que se encontraban allí.

 

El caso tal vez más perturbador lo constituye un audio subido a las redes en el que amenazan con matar a los venezolanos que se encuentran en Subachoque sino se van de la localidad; quien lo grabó usa una voz de robot y especifica que no importa la condición, delincuente o no, todo ciudadano de esa nacionalidad debe irse.

 

En algunos lugares no les alquilan inmuebles e incluso las ofertas de trabajo especifican que no aceptan venezolanos.

 

¿Qué elementos o pensamientos distorsionados generan tales expresiones de xenofobia o rechazo al extranjero, generalmente un grupo en particular? Qué pasó con los colombianos que, recuerdo a mis nueve años, veían en el extranjero la posibilidad enriquecerse con relatos nuevos, acentos diferentes, culturas y experiencias distintas? Tal vez, a pesar del modernismo y la tecnología, las ciencias y las redes sociales, no somos tan globales, la globalización termina siendo un tema concerniente, al fin de cuentas, a los negocios, no a nuestra condición de humanidad. La Tierra sigue siendo un lugar de disputa y los territorios (llamados países) lugares a los cuales no podemos pertenecer, en el que nos niegan vivir y participar, si no tenemos la categoría que el lugar, o la gente del lugar, exige.

 

Generalizar, omitir y distorsionar, los tres universales del lenguaje, evidencian formas no racionales de analizar la realidad. Y aunque en el pensamiento del xenofóbico, probablemente están presentes los tres, es la generalización la que prepondera cuando identifica a la persona con la nacionalidad o grupo étnico al que pertenece. La generalización se trata de catalogar de buena o mala una persona o situación a partir de una sola experiencia. Por ejemplo, si una persona de pelo rojo me robó, califico de ladrón a todos los de pelo rojos. Generalizo una sola experiencia como definitiva. El pensamiento es distorsionado, según la psicología cognitiva, porque la condición y conducta ética de la persona no está determinada por elementos como su color de piel, nacionalidad, orientación sexual.

 

El pensamiento real y valido es que una persona puede tener acciones reprobables siendo tanto colombiana, venezolana, china, indígena, negra, blanca, amarilla, judía, cristiana, atea, heterosexual, lesbiana, transexual, carnívora, vegetariana, vegana y mil etcéteras que no determinan la ética de nuestro comportamiento. Y puede ser bondadosa y correcta también, independiente de todas las causas biológicas, raciales y culturales.

 

Las crisis presentes en varios países del mundo han generado movimientos poblacionales de gran magnitud, que de manera biológica o natural, ponen en alerta los instintos de las personas residentes, impulsándolos a proteger sus espacios. Estamos, en su primera respuesta, ante la ley de supervivencia. Sin embargo, seria oportuno apelar a nuestra propia humanidad para generar empatía con los congéneres de especie, recordar que los limites geográficos son el fruto de nuestras invenciones y que todos los pobladores del planeta que compartimos tienen el mismo derecho a buscar lugares donde construir o, por lo menos, intentar tener una vida digna.

 

Creo que el principal aprendizaje con mi experiencia de doble desarraigo, es que en las condiciones actuales de este hogar llamado Tierra, es que no hay lugares seguros y definitivos. Los ciudadanos de Colombia como país históricamente migrador, pueden ahora vivir la experiencia de acoger a los venezolanos e incorporar toda la riqueza humana y cultural de un pueblo con el cual han compartido por décadas, tal vez por siglos, luchas y sueños, conviviendo como iguales a lo largo de miles de kilómetros de frontera, en muchos casos con doble nacionalidad, un país y un pueblo que también los aceptó y en el cual aún viven millones de sus connacionales.

Publicado enEdición Nº247
El barco Aquarius y cinco muestras de la militarización del saqueo de África

Es falso que los inmigrantes vienen a Europa por razones económicas. Más del 80% huyen de guerras. Sus parientes han sido asesinados y sus hogares destruidos. Así concluye un estudio realizado por la Universidad de Middlesex de Londres en 2015. Cierto. Es Asia el continente con más hambrientos del mundo, e India, con su capitalismo más “intocable”, cuenta con 200 millones de almas y cuerpos en la pobreza absoluta. Pero no se ven avalanchas de indios llegando al primer mundo en pateras.

Sólo una guerra (o sea, la muerte casi segura y violenta) es capaz de forzar a millones de familias a cruzar mares, montañas y desiertos, arriesgándose la vida. Las cerca de 56 millones de personas que desde 1991 (el fin de la URSS) hasta hoy han tenido que abandonar su hogar en Oriente Próximo y África por las guerras de conquista encabezadas por EEUU, no han elegido su destino, ya que no tienen control sobre ello: dependen de quienes los llevan y las tierras que les acogen.

El “caos creativo” para inventar una África a la medida

La misma procedencia de las 630 personas que subieron al Aquarius muestra el nexo directo entre la actual migración con el nuevo saqueo militarizado de África por la OTAN. Las economías occidentales en recesión necesitan recursos naturales baratos, y también nuevos mercados: “Proteger el acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia, y garantizar que ningún otro tercero interesado, como China, India, Japón o Rusia, obtenga monopolios o trato preferencial” es uno de los objetivos de la militarización de África, confiesa el director del Centro del Concejo Atlántico para África en Washington, Peter Pham. Mientras, la marca del “terrorismo islámico” de la CIA abre sucursales por el mundo como si fuera McDonald’s, alimentando a las compañías de armas y de recursos naturales. Bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, “estabilizar la región”, “misión humanitaria “, o “mantenimiento de la paz”, el Comando de África de los EEUU (AFRICOM) ya ha instalado unas 50 bases militares por todo el continente, mientras aplasta los movimientos progresistas y anticapitalistas, apuntalando a los regímenes corruptos y dictatoriales que dirigen las formas más salvajes de gobernar una nación.

Caso Libia

Decenas de miles de ciudadanos de Mali, Sudán, Chad y del resto de África se dirigen a Libia para huir de guerras o en busca de trabajo, pero desconocen que aquel país próspero hoy es el centro mundial de la esclavitud, de la tortura y violación. Antes de que en 2011 la OTAN planeara derrocar a Gadafi y ocupar Libia, unos dos millones de inmigrantes trabajaban en este país de 5 millones de habitantes, la primera reserva del petroleó de África. Ahora, además de los libios que huyen del país hacia Europa, también lo hacen aquellos inmigrantes si consiguen salir de aquel infierno.

Caso Nigeria

En el séptimo exportador mundial de petróleo, EEUU con la farsa de “salvar a las niñas secuestradas” vía militar, intenta instalar la sede de Africom, hoy en Alemania. Fue en Nigeria donde la petrolera anglo-holandesa Shell ha sido acusada de “complicidad en asesinato, violación y tortura” de los nigerianos cometidos por el ejército en la región petrolífera de Ogoniland en la década de 1990. Las protestas para expulsar a Shell de Nigeria por el desastre ecológico que acusó en la región y obligó a desplazarse a comunidades enteras, condujo a la petrolera a crear una unidad secreta de espionaje, que pasaba información sobre los molestos activistas a la agencia de seguridad nigeriana, a la vez que pedía al presidente-general Sani Abacha “resolver el problema”. Y él lo hizo: ahorcó a 9 líderes ecologistas, mató a más de 1.000 manifestantes y destruyó unas 30.000 viviendas en la aplicación de la política “Tierra quemada”. Así, Shell podía llevarse un millón de barriles de petróleo al día, con tranquilidad.
Las compañías occidentales que buscan el uranio, el oro, platino, diamante, cobre, tierras raras, coltán, petróleo, gas, o carbón de África, establecen un control sobre sus gobiernos de África mediante inversiones, préstamos, “ayudas al desarrollo” y el tráfico de influencia. No hay nada nuevo: simplemente estamos ante la actualización de la Conferencia de Berlín de 1884, que repartió África entre las potencias y de paso teorizó los lazos entre el colonialismo y el racismo (sistematizado por los británicos en el “Apartheid”). Luego, asesinaron a los líderes de los movimientos progresistas como Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Eduardo Mondlane, Samora Machel, Felix Moumie o Chris Hani, apoyando a las dictaduras más impresentables del mundo. Más adelante, creaban a monstruos como Bin Laden pero llamaban “terrorista” a Nelson Mandela.

Caso Sudán

El mismo año de la destrucción de Libia, EEUU dividió al que fue el estado más extenso de África: unas 50.000 personas (incluidos niños y niñas) fueron torturadas y asesinadas por los señores de la guerra que luego ocuparon el poder; otras 2 millones huyeron, ocultados en los islotes de los pantanos del Nilo, comiendo hierbas silvestres, y buscando refugio en Etiopía o Uganda. Miles de niñas y mujeres han sido violadas una y otra vez, incluso en el campo de refugiados de Juba, la Capital de Sudan del Sur. Hoy, la hambruna afecta a 4,6 millones de personas. La CIA ha vuelto a fabricar “rebeldes” armados para desestabilizar el país ya que los líderes que impuso han convertido a Sudan del Sur en el único país de África con contratos de petróleo con China.

Caso Níger

Los ciudadanos de este país se enteraron de la existencia de una base militar de EEUU (ilegal por la prohibición constitucional) sólo cuando cuatro de ellos murieron en una emboscada el mes pasado. El dictador Mamadu Issoufou fue el director de Somaïr, la compañía de minas de uranio del país pero bajo control de la compañía francesa Areva. Una quinta parte del uranio que alimenta la red eléctrica francesa proviene de Níger, que es, paradójicamente (o no), el penúltimo país más pobre del mundo. Las empresas occidentales van a por su oro, uranio y petróleo. Issoufou es como el presidente turco Tayyeb Erdogan: ha cobrado ingentes millones de euros a la UE para retener a los inmigrantes.


Federica Mogherini, la comisaria de exteriores de la UE, viajó a Níger en 2015 expresamente para apoyar la llamada “Ley 36” del país, que prohíbe a los extranjeros viajar al norte de Agadez, la región donde EUU ha construido un mega base de drones de 6 kilómetros cuadrados por 110 millones de dólares, para desde allí controlar Mali, Argelia, Libia y Chad. Esta ley ha convertido el desierto en un gran cementerio para los migrantes africanos: en junio de 2017 unos 50 jóvenes, abandonados por los traficantes, murieron de sed en el desierto de Niger cuando iban a Libia. No es casualidad que la sede de la Organización Internacional para las Migraciones, financiada por la UE, esté en este país.

Caso Mali

Aquí la esperanza de vida es de 48 años y sus minas de oros están bajo el control del gigante británico Gold Fields. Tras destruir Libia, la OTAN miró a Mali: organizó un golpe de Estado en 2012 que derrocó al presidente Toumani Touré para sustituirlo por el capitán Amadou Sanogo, entrenado en EEUU. Luego, mandó a las corporaciones como URS y AECOM, (contratistas del Pentágono) construir nuevos complejos militares, para que la Fuerza de Reacción Rápida de EEUU en Sahel amplíe su control sobre la región.
No esperen comprensión, solidaridad, piedad, ni caridad de las compañías de armas ni de las que buscan maximizar sus beneficios. Lean algo sobre el secuestro y la tortura de los niños para ser explotados en las minas de coltán de Congo, y conocerán la verdadera naturaleza dichas compañías del “primer mundo”. Y luego ¿quieren que estas personas no huyan de sus tierras?

Publicado enInternacional
“El Salvador vive una situación como la que lo llevó a la guerra civil”



El exalcalde de San Salvador alerta de los perjuicios de la alta tasa migratoria del país


Madrid 18 MAY 2018 - 19:45 COT
El mes pasado una caravana de más de mil migrantes centroamericanos, algunos de ellos salvadoreños que huían de la violencia de las pandillas, entre otras razones, intentaron cruzar México para llegar a Estados Unidos y pedir asilo. El grupo terminó el viaje muy mermado, con apenas cerca de 150 personas, tras las amenazas del presidente Donald Trump de militarizar la frontera para impedir su llegada. “Tenemos una violencia probablemente entre las cinco peores del mundo de países que no están en guerra ─incluso le ganamos a muchos países que sí lo están─. Llegamos a los 4.000 homicidios al año”, reflexiona sobre las razones que llevan a sus compatriotas a abandonar el país Nayib Bukele (San Salvador, 1981), el político que se perfila como uno de los candidatos clave para las presidenciales del 3 de febrero del próximo año en el país centroamericano.
“Unos 200 o 300 salvadoreños migran forzosamente a diario”, continúa el exalcalde de Nuevo Cuscatlán y San Salvador, de visita esta semana para un encuentro con ciudadanos de su país residentes en Madrid. “En algunos casos pasa porque alguien les pone en la cabeza un arma y les dice que se vayan, pero en la gran mayoría de los casos se da porque en El Salvador no hay trabajo, ni oportunidades, no pueden mantener a sus familias, o viven en una zona en la que ya mataron al vecino, a la hermana… Sumado a esta pérdida de ciudadanos, hay 12 o 14 homicidios al día”, complementa.
La secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Kirstjen Nielsen, anunció a principio de año el fin del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para más de 400.000 beneficiarios, entre ellos 195.000 salvadoreños, a quienes dio entre 12 y 18 meses para que regresen a su país o cambien su situación migratoria. El programa, creado en 1990, concedía permisos vivir y trabajar en Estados Unidos a ciudadanos de países afectados por guerras o desastres naturales. El permiso se renovaba automáticamente cada 18 meses, pero Trump lo ha eliminado y ha pedido al Congreso que legisle para regularizar la situación de los beneficiarios.
“Ahora que se quita el TPS, el país está obligado a brindar una solución a la gente que llega”, afirma Bukele, descendiente de migrantes palestinos que llegaron a El Salvador a finales del siglo XIX. “El Gobierno tiene la ventaja de que estas 200.000 personas ─que en realidad son unas 400.000 si se incluyen a los hijos nacidos en Estados Unidos─ llevan 18 años trabajando legalmente en EE UU, muchos de ellos son profesionales, graduados de las mejores universidades, empresarios, algunos de ellos millonarios… Pese a que pueden acogerse a otro estatus migratorio porque pueden invertir un millón de dólares, hay quienes también se están planteando regresar”.
En el centro de los problemas del país centroamericano está la violencia, que Bukele pide abordar como un fenómeno social. El problema se remonta, según afirma, a las causas sin resolver de la guerra que sacudió el país entre 1980 y 1992 y en la que hubo más de 75.000 víctimas mortales. “Terminó la guerra civil y se firmaron unos acuerdos de paz que no se cumplieron, solo la parte política en la que la guerrilla se convertía en partido y se desmovilizaban las tropas. Pero todo lo demás, la desigualdad social, la pobreza, la educación, la salud, la inseguridad, se mantiene”, asegura el líder del movimiento Nuevas Ideas, que abandera desde su salida del gobernante FMLN, la formación que resultó de la desmovilización de la insurgencia tras los acuerdos de paz.
“Si la sociedad salvadoreña no entiende que está enfrentada a un fenómeno social igual o más difícil que el que nos llevó a la guerra civil, no vamos a poder resolverlo”, alerta Bukele. “Tenemos que hacer dos cosas a la par: continuar persiguiendo el delito y recuperar a todos estos jóvenes, sobre todo a los que no han cometido delitos pero están en los círculos de las maras”, concluye.

Publicado enInternacional
América Latina y el Caribe, continente en movimiento

La presencia de una caravana de migrantes a Tijuana en días pasados destaca el gran movimiento humano que está ocurriendo en el continente. Hondureños, haitianos y otros migrantes que se encuentran en Tijuana no deseaban abandonar su nación. En entrevistas, docenas nos han dicho incesantemente: Ya no podemos vivir en nuestro país.


La ejecución de políticas neoliberales en los últimos 30 años ha alterado las relaciones económicas tradicionales, fundamentalmente transformando el mercado laboral en América Latina. Las fuentes de empleo tradicionales han desaparecido. La elite impulsa un modelo económico de exportación basado en la explotación de la mano de obra barata y la aplicación de un modelo de extractivismo. En países como Haití, Honduras y México la precariedad aumenta como resultado de políticas de libre comercio que han destruido el campo. La violenta guerra contra el narcotráfico aumenta la precariedad y la miseria. La llamada guerra reveló la existencia de un crimen organizado capaz de subvertir al gobierno y aterrorizar a la población, aun cuando ha hecho poco por reducir las sustancias ilícitas.


No es sorprendente que la caravana en Tijuana incluía un alto número de mujeres y niños. La falta de empleos remunerativos y el abandono familiar por parte de hombres han hecho de ellos unos de los sectores más vulnerables de la sociedad. En todo el continente las mujeres, especialmente el gran número que dirige su familia, no encuentran empleo que les permita atender sus necesidades básicas.


Las condiciones económicas en América Latina aumentan la pauperización de la sociedad. Dicho de otra forma, aun los que trabajan no logran superar la pobreza. En México, según estadísticas oficiales, 51.7 por ciento de personas que cuentan con empleo viven en pobreza. En Honduras y Haití las cifras son aún más elevadas. La precariedad, condición en la cual la población trabaja y aún así no puede cubrir sus necesidades básicas, destruye el tejido social de la sociedad. Aún peor: la elite en América Latina y el Caribe se niega a asumir su responsabilidad por las condiciones sociales que sus políticas han creado.


Ante un proceso de desindustrialización y los precios inestables de los llamados commodities, gran número de países de América Latina buscan soluciones viendo hacia el pasado. Una nueva fase de extractivismo, incluyendo la explotación de cobre, oro, plata, plomo y litio, así como algunos minerales, aumenta en toda la región. La política de extractivismo ha sido implementada por gobiernos conservadores, como México, Perú y Honduras, y los de izquierda, incluyendo a Venezuela y Bolivia. El extractivismo, que genera inmensas ganancias para la elite en América Latina y conglomerados canadienses, estadunidenses y chinos, también altera la vida de grupos indígenas y campesinos que habitan esas zonas. El extractivismo eleva la vulnerabilidad de América Latina en la economía mundial, desplaza poblaciones, degrada el medio ambiente, contaminando ríos y tierra. En algunos países las nuevas zonas mineras parecen escenarios del viejo oeste, donde mineros, el crimen organizado y las multinacionales compiten por el control de los minerales.


América Latina enfrenta un importante cambio demográfico. En la última década, miles de personas de Centro y Sudamérica, así como del Caribe, han sido expulsadas de su país. Esta no es la primera vez que centroamericanos abandonan su país. La primera ola sucedió durante la década de los años 80 del siglo pasado, impulsada por guerras civiles y la intervención estadunidense, que desestabilizó la región. Ante el deterioro económico y el aumento dramático de la violencia por el Estado y el crimen organizado, miles de hondureños y guatemaltecos se ven obligados a salir de sus países.


Consecuencia del devastador terremoto de 2010, más de 60 mil haitianos emigraron a Brasil. Resultado de la contracción económica después de la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos, los haitianos emprendieron el camino hacia el norte, atravesando 11 países en Sur y Centroamérica para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos. En Sudamérica, la crisis en Venezuela ha obligado a cientos de miles a abandonar su país. Venezuela, que anteriormente había recibido millones de colombianos y europeos, se ha convertido en país de migrantes, con miles de personas buscando empleo en Chile, República Dominicana, Panamá, Colombia, Ecuador y Perú. En Chile, más de 1.2 millones de migrantes de Haití, Venezuela y Bolivia buscan regularizar su estado migratorio

.
El límite entre México y Estados Unidos ya no es simplemente un ente binacional. Hoy día, es una frontera entre Estados Unidos, América Latina, el Caribe y el sur global. Enfrentando condicionales similares, en Tijuana se encuentran africanos de Sudán, Somalia, Nigeria y otras naciones de esa región. Todos los migrantes relatan experiencias escalofriantes en su trayecto a Tijuana. Tanto el Estado como el crimen organizado han creado formas de lucrar con la vulnerabilidad de los migrantes. Éstos son obligados a pagar derecho de piso para pasar por un territorio controlado por pandillas o sobornar a policías para que no los arresten. La migración se ha convertido en fuente de ingresos para los pueblos a lo largo del camino, donde se cobra por hospedaje, comida y transporte, incluyendo la renta de burros de un punto a otro. La violencia contra las mujeres se ha generalizado, incluyendo, abusos, asaltos y violaciones.


Bajo cualquier otra circunstancia, los migrantes que sobreviven esta ardua experiencia serían considerados pioneros. La mayoría adquiere empleo o establece algún negocio. El vínculo emocional que mantienen con sus familias y hogar también es explotado por los países que los expulsaron. Nación tras nación, las remesas de migrantes, miles de millones de dólares, son la diferencia entre la pobreza y la sobrevivencia.


Los migrantes no abandonan sus países, sino son expulsados por condiciones económicas y políticas adoptadas en Washington y en los centros de poder de América Latina. Ante esa realidad han tomado una decisión racional buscando la única oportunidad que les queda. El desconcierto económico, la violencia y la marginalidad son los factores que expulsan personas de sus naciones y fomentan la creciente ola de migrantes en América Latina. Los migrantes son síntoma de las fuerzas globalizantes que han transformado el mundo.


* Profesores. Pomona College, Los Ángeles

Publicado enInternacional
Domingo, 29 Abril 2018 10:07

Trump. America first

Trump. America first

En este colosal teatro llegará a su fin el colosal problema
José Martí

 

Donald Trump fue elegido el 8 de noviembre de 2016, por menos de la mitad del electorado estadounidense, como Presidente del más poderoso dominio de la historia humana. Con su elección los poderes coaligados que le catapultaron acudieron a un recurso atípico y extremo para mantener con vida un organismo moribundo: el sistema de dominio económico, político y militar mundial liderado por los Estados Unidos.

En el colosal teatro del absurdo en el que fue instalada la humanidad con el imperio global sostenido de la ley de la ganancia, la dirección política rusa se encontró con el poder económico judío y con los militaristas y supremacistas blancos en la tarea de instalar a Trump en la presidencia de los Estados Unidos.

Trump, enfrentado a las acusaciones de la intervención de Putin en su elección, apeló a un expediente propio de su carácter de empresario audaz y sin escrúpulos: huir hacia adelante. El jueves 22 de marzo de 2018 nombró a John Bolton como Consejero de Seguridad Nacional en reemplazo del general Raymond McMaster, un recio y extraordinario conocedor de la guerra contrainsurgente, considerado por la revista Time en el año 2014 como uno de los cien personajes más influyentes del mundo, quien fue removido de su cargo por sus cada vez más amplias diferencias con las opciones barajadas por Trump para afrontar la geopolítica global, opcionadas cada vez más radicales o llevadas al ascenso de los extremos.

Pocos días antes de tal decisión Trump había destituido vía twitter a su Secretario de Estado, el petrolero Rex Tillerson, reemplazándolo por Mike Pompeo, proveniente de la dirección del espionaje norteamericano. Casi al mismo tiempo Gina Haspel, que tiene en su hoja de vida el cargo de ordenar torturas en Tailandia e Irak, fue nombrada por Trump en la dirección de la CIA.

Con ese equipo Trump ubicó en la primera fila del entramado encargado de la política exterior a un conjunto de belicistas anhelantes de entrar en el campo de batalla para resolver los problemas de la economía estadounidense, para lo cual Trump propone la divisa America First: Poner primero a los EE.UU.

No hay ninguna novedad histórica en esta vertiginosa deriva hacia una era de confrontaciones abiertas, salvo la capacidad destructiva del armamento nuclear con que ahora juegan los principales actores del escenario internacional. En la segunda mitad de los años treinta también la red corporativa, a través de Hitler y Mussolini, promovió un nuevo orden internacional con base en la ocupación militar y la guerra.


Hay un punto en el que el curso de los acontecimientos internacionales escapa por completo al control de cualquier actor, por poderoso que sea. La volatilidad molecular alcanza en el nivel de ebullición la antesala de configuraciones inesperadas, en las que nuevas fuente de influencia pueden alterar el horizonte que aparece como inexorable. Es un momento de no retorno, en el que las acciones y reacciones toman una dinámica propia. Pareciera que el sistema complejo de la vida en el misterioso planeta que la hizo posible ha llegado a ese umbral.

Sube la tensión

El 27 de marzo los medios internacionales anunciaron la expulsión de 60 funcionarios rusos de los Estados Unidos por el asesinato del contraespía ruso Skripal y su hija, en hechos acontecidos el 4 de marzo en Inglaterra. Otros sesenta funcionarios rusos fueron expulsados de diversos países de la Unión Europea, en una evidente decisión coordinada para dejar en claro que la confrontación por venir será contra toda la Otan. Putin no dudó en responder con igual contundencia, de manera que las piezas están en tablas.

Como un tiempo que anuncia renaceres, en el propio territorio estadounidense en este momento hay de nuevo grandes fuerzas sociales y políticas enfrentadas. En agosto del 2017, en Charlottesville, una pequeña localidad del estado de Virginia, miles de neonazis, integrantes del KKK y otras organizaciones de supremacistas blancos se reunieron con la consigna United the Right: Unir la Derecha, y corearon la consigna nazi: Tierra y Sangre. La marcha fue realizada con antorchas y cercaron a pequeños grupos que resistían con su presencia la intimidante movilización que arrojó varias víctimas mortales.

Pese a ellos, pese a la intimidación, miles de miles de quienes pueblan aquel inmenso territorio, adelantan huelgas y movilizaciones por sus derechos, entre ellos docentes de varios estados. También dejan sentir su voz miles de jóvenes exigiendo control para el comercio y uso de armas de fuego, así como mujeres que reclaman igualdad y justicia.

Un inmenso complejo militar industrial que precisa de las guerras para sostener sus ingresos se encuentra ante multitudes frustradas, resentidas, temerosas, endeudadas, habitadas por un pavoroso vacío que alterna con el odio fanatizado en el lugar antes ocupado por el sentido de vida.

También el mundo financiero, que erigió su imperio global sobre la credibilidad, enfrenta ahora la erosión de su poder, con mayor evidencia desde la crisis desatada en el año 2008; este poder clama por acciones que apuntalen su inmenso poder vinculado a la deuda interna e internacional y no desligado de los narcodólares. Reactivar la falsa guerra contra las drogas garantiza el flujo del dólar vinculado a tal economía1, a la par que genera réditos políticos al interior de los EE.UU., y fortalece la capacidad de intervención en el sur, en especial en la estratégica Colombia que tanto sirve y puede servir en el nudo gordiano de Venezuela. Además, por si fuera poco, gracias al glifosato, eleva los réditos de la Monsanto.

Otros intereses detrás del trono también dejan ver su sonrisa. El mundo corporativo ligado al petróleo y al carbón también ha celebrado la llegada de Trump a la presidencia por su determinación de no hacer caso al calentamiento climático global e impulsar el fracking, el uso del carbón, la eliminación de regulaciones ambientales y la aprobación de recortes de impuestos para la industria. Los fabricantes de autos también están de plácemes.

¿Estamos ante la patada del ahogado? La celeridad del declive norteamericano es semejante a la velocidad con la que accedió a la supremacía global en la primera mitad del siglo XX. Considerarse a sí mismos como la “Nación indispensable” fue una señal que revelaba desde 1996 que había ingresado en su inexorable proceso de decrepitud.

El 2018 es un año de elecciones legislativas en los Estados Unidos y Trump necesita apuntalar su poder en el Congreso. Nada mejor para lograrlo que emprender acciones osadas que convoquen la atención mediática en su capacidad de lograr dividendos tangibles y anímicos para las mayorías que le votaron.

Bolívar, Pánama, la contrainsurgencia, el Plan Colombia y los narcodólares

El genio político de Bolívar alcanzó a vislumbrar, y así lo expresó el 5 de agosto de 1829 en Guayaquil, el papel que cumplirían los Estados Unidos en nuestro porvenir: “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”.

En 1903 el zarpazo de Wall Street sobre el paso interoceánico de Panamá corroboró con la contundencia de los hechos la visión del Libertador. Las primeras décadas del siglo XX revelaron el aplastante poder de las corporaciones norteamericanas actuando de consuno con la Secretaria de Estado y el complejo público privado militar industrial. Colombia fue identificada como una de las fuentes de algunos de los más importantes recursos económicos requerido por el imperio: oro, platino, petróleo, así como provenientes de la producción agraria. Y como país fundamental en lo geopolítico por ser puerta de entrada al subcontinente, por su ubicación en la cuenca caribeña y por su vecindad con Panamá2.

La masacre del diciembre de 1928 en la zona bananera, dominada con métodos de servidumbe por la United Fruit Company, mostró la entraña racista del poder angloamericano y la obsecuencia del carácter de la dirección político militar colombiana con las directrices emitidas desde Wall Street y Washington. “El gobierno colombiano tiene la rodilla hincada ante el oro yanqui y la metralla asesina para su propio pueblo”, señaló Jorge Eliécer Gaitán en su denuncia de septiembre de 1929 en el Congreso Nacional.

Los Estados Unidos, en los años cuarenta, identificaron en los ejércitos de Latinoamérica, los organismos de inteligencia y las clases políticas regionales, los sectores cruciales para contener y reversar los procesos de democratización reivindicados por las clases trabajadoras y campesinas, y los clamores de soberanía de las mayorías nacionales en los países del sur3. Con la corrupción, la formación, el entrenamiento, el control sobre los ascensos, y la violencia soterrada o abierta, han podido vigilar, manipular o eliminar las amenazas reales o percibidas como tales para la estabilidad de su dominio.

Y no han dudado para proceder ante lo que consideran amenazas para la continuidad de sus intereses en estas tierras. El 9 de abril de 1948 ejecutaron la primera operación encubierta de gran envergadura en Latinoamérica en el marco de la Guerra Fría4: cortaron de tajo la posibilidad de un gobierno democrático, popular y soberano en el subcontinente. Y lanzaron un mensaje internacional: no toleraremos alteraciones democráticas o de tendencia socialista en nuestro patio trasero. La operación encubierta con la que cegaron la vida de Gaitán significó arrojar nuestra nación a una sangrienta confrontación, extendida hasta la hora presente.

Asímismo, al finalizar los años cincuenta instalaron la doctrina contrainsurgente, declarando toda una franja social como “enemigo interior”. El aparato estatal fue volcado a la guerra interior bajo su instrucción y guía. Como el proceso de aniquilación de la insurgencia contemplaba la eliminación de población y liderazgos civiles, promovieron la creación de un “Estado profundo” alejado del control de la democracia formal. Y como ese aparato de aniquilación y amedrantamiento no podía ser financiado de manera directa por el presupuesto nacional, acudieron a los aprendizajes de Vietnam con la heroína, y utilizaron la cocaína para financiar los escuadrones paramilitares.

La “falsa guerra contra las drogas” le permitió a sucesivos gobiernos norteamericanos recabar apoyo político interno con los espectáculos mediáticos de las acciones “duras” contra los campesinos cultivadores de la hoja de coca y contra algunos narcotraficantes del sur. Monsanto y otras corporaciones se han beneficiado de las políticas de fumigación.
Por supuesto, el problema del consumo adictivo de cocaína por las juventudes de Occidente no finaliza, sino que se mantiene e incrementa. La atracción de las fabulosas utilidades mantiene de una u otra manera la oferta. Nadie ignora que en Colombia el narcotráfico, articulado a la guerra contrainsurgente y al control social, ha tenido vista gorda o apoyo directo para funcionar. Todo esto sin contar los fastuosos beneficios percibidos por el sistema financiero internacional con el lavado de activos.

El Plan Colombia fue aprobado en 1999 ante el temor real de perder el control de la petrolera y estratégica región andina con la elección de Chávez en diciembre de 1998, y el ascenso del poder militar y el avance en el control territorial de las Farc en Colombia. Fue justificado ante la opinión pública norteamericana con el argumento de que era una guerra contra el narcotráfico. Casi veinte años después, con la desmovilización de las Farc, el Plan Colombia es considerado por la red corporativa estadounidense como un triunfo de su política bipartidista en la región. Se celebra también el hecho de que Colombia pagó el 90 por ciento de los costos de tal Plan, elevando de modo notorio el volumen de su deuda externa y el servicio de la misma. Diversas corporaciones bélicas estadounidenses percibieron los réditos de los miles de millones de dólares que costó el mismo.

Trump: fumigaciones, comercio, deuda y Venezuela

Con este contexto y antecedentes no es improbable que la visita del vicepresidente gringo, en reemplazo de su jefe privilegie los anuncios de dureza en la falsa guerra contra las drogas y la reactivación de las fumigaciones. Tal proceder sigue rindiendo réditos al interior de los Estados Unidos, pues la comprensión de la falsedad de ese enfoque permanece distante del dominio público gracias a los velos y la amnesia que establece la mayor parte del aparato mediático.

No sería sorprendente tampoco el anuncio de nuevas acciones contra el régimen venezolano. Contra la mayor parte de los pronósticos, el gobierno de Maduro se ha sostenido y tanto China como Rusia han formulado en el pasado anuncios públicos rechazando el uso de la fuerza militar en la resolución del conflicto que vive el país vecino.

En el plano económico Trump ha solicitado recortar los dineros acordados para apoyar el proceso de paz. Y el Secretario de Comercio formuló hace unos días el ultimátum al gobierno colombiano de cumplir con los acuerdos comerciales con los Estados Unidos so pena de vetar el ingreso de Colombia a la Ocde.

La economía colombiana debe, además, seguir plegándose a las dinámicas económicas y productivas que benefician a las corporaciones norteamericanas y nos mantienen en la dependencia, al tiempo que aseguran el flujo de divisas para continuar pagando la deuda externa derivada del mantenimiento de un inmenso aparato burocrático, civil y militar, de más de un millón de personas, así como por la compra de los arsenales necesarios para librar la guerra política y militar puesta en marcha desde los años cincuenta. Nada nuevo bajo el sol.

 

1 Ver “Narco dólares para principiantes”, http://www.detectivesdeguerra.com/2015/07/narco-dolares-para-principiantes-1.html
2 Moniz Bandeira, Luis Alberto, La formación del imperio americano, Norma, 2007.
3 Mc Sherry, Patrice, Los Estados depredadores. LOM editories, Chile, 2005.
4 Villar Oliver y Cottle Drew, Cocaine, Death Squads and war on terror, Monthly Reviw Press, Nueva York, 2011.

Publicado enInternacional
Jueves, 26 Abril 2018 09:45

Trump. America first

Trump. America first

En este colosal teatro llegará a su fin el colosal problema
José Martí

 

Donald Trump fue elegido el 8 de noviembre de 2016, por menos de la mitad del electorado estadounidense, como Presidente del más poderoso dominio de la historia humana. Con su elección los poderes coaligados que le catapultaron acudieron a un recurso atípico y extremo para mantener con vida un organismo moribundo: el sistema de dominio económico, político y militar mundial liderado por los Estados Unidos.

En el colosal teatro del absurdo en el que fue instalada la humanidad con el imperio global sostenido de la ley de la ganancia, la dirección política rusa se encontró con el poder económico judío y con los militaristas y supremacistas blancos en la tarea de instalar a Trump en la presidencia de los Estados Unidos.

Trump, enfrentado a las acusaciones de la intervención de Putin en su elección, apeló a un expediente propio de su carácter de empresario audaz y sin escrúpulos: huir hacia adelante. El jueves 22 de marzo de 2018 nombró a John Bolton como Consejero de Seguridad Nacional en reemplazo del general Raymond McMaster, un recio y extraordinario conocedor de la guerra contrainsurgente, considerado por la revista Time en el año 2014 como uno de los cien personajes más influyentes del mundo, quien fue removido de su cargo por sus cada vez más amplias diferencias con las opciones barajadas por Trump para afrontar la geopolítica global, opcionadas cada vez más radicales o llevadas al ascenso de los extremos.

Pocos días antes de tal decisión Trump había destituido vía twitter a su Secretario de Estado, el petrolero Rex Tillerson, reemplazándolo por Mike Pompeo, proveniente de la dirección del espionaje norteamericano. Casi al mismo tiempo Gina Haspel, que tiene en su hoja de vida el cargo de ordenar torturas en Tailandia e Irak, fue nombrada por Trump en la dirección de la CIA.

Con ese equipo Trump ubicó en la primera fila del entramado encargado de la política exterior a un conjunto de belicistas anhelantes de entrar en el campo de batalla para resolver los problemas de la economía estadounidense, para lo cual Trump propone la divisa America First: Poner primero a los EE.UU.

No hay ninguna novedad histórica en esta vertiginosa deriva hacia una era de confrontaciones abiertas, salvo la capacidad destructiva del armamento nuclear con que ahora juegan los principales actores del escenario internacional. En la segunda mitad de los años treinta también la red corporativa, a través de Hitler y Mussolini, promovió un nuevo orden internacional con base en la ocupación militar y la guerra.


Hay un punto en el que el curso de los acontecimientos internacionales escapa por completo al control de cualquier actor, por poderoso que sea. La volatilidad molecular alcanza en el nivel de ebullición la antesala de configuraciones inesperadas, en las que nuevas fuente de influencia pueden alterar el horizonte que aparece como inexorable. Es un momento de no retorno, en el que las acciones y reacciones toman una dinámica propia. Pareciera que el sistema complejo de la vida en el misterioso planeta que la hizo posible ha llegado a ese umbral.

Sube la tensión

El 27 de marzo los medios internacionales anunciaron la expulsión de 60 funcionarios rusos de los Estados Unidos por el asesinato del contraespía ruso Skripal y su hija, en hechos acontecidos el 4 de marzo en Inglaterra. Otros sesenta funcionarios rusos fueron expulsados de diversos países de la Unión Europea, en una evidente decisión coordinada para dejar en claro que la confrontación por venir será contra toda la Otan. Putin no dudó en responder con igual contundencia, de manera que las piezas están en tablas.

Como un tiempo que anuncia renaceres, en el propio territorio estadounidense en este momento hay de nuevo grandes fuerzas sociales y políticas enfrentadas. En agosto del 2017, en Charlottesville, una pequeña localidad del estado de Virginia, miles de neonazis, integrantes del KKK y otras organizaciones de supremacistas blancos se reunieron con la consigna United the Right: Unir la Derecha, y corearon la consigna nazi: Tierra y Sangre. La marcha fue realizada con antorchas y cercaron a pequeños grupos que resistían con su presencia la intimidante movilización que arrojó varias víctimas mortales.

Pese a ellos, pese a la intimidación, miles de miles de quienes pueblan aquel inmenso territorio, adelantan huelgas y movilizaciones por sus derechos, entre ellos docentes de varios estados. También dejan sentir su voz miles de jóvenes exigiendo control para el comercio y uso de armas de fuego, así como mujeres que reclaman igualdad y justicia.

Un inmenso complejo militar industrial que precisa de las guerras para sostener sus ingresos se encuentra ante multitudes frustradas, resentidas, temerosas, endeudadas, habitadas por un pavoroso vacío que alterna con el odio fanatizado en el lugar antes ocupado por el sentido de vida.

También el mundo financiero, que erigió su imperio global sobre la credibilidad, enfrenta ahora la erosión de su poder, con mayor evidencia desde la crisis desatada en el año 2008; este poder clama por acciones que apuntalen su inmenso poder vinculado a la deuda interna e internacional y no desligado de los narcodólares. Reactivar la falsa guerra contra las drogas garantiza el flujo del dólar vinculado a tal economía1, a la par que genera réditos políticos al interior de los EE.UU., y fortalece la capacidad de intervención en el sur, en especial en la estratégica Colombia que tanto sirve y puede servir en el nudo gordiano de Venezuela. Además, por si fuera poco, gracias al glifosato, eleva los réditos de la Monsanto.

Otros intereses detrás del trono también dejan ver su sonrisa. El mundo corporativo ligado al petróleo y al carbón también ha celebrado la llegada de Trump a la presidencia por su determinación de no hacer caso al calentamiento climático global e impulsar el fracking, el uso del carbón, la eliminación de regulaciones ambientales y la aprobación de recortes de impuestos para la industria. Los fabricantes de autos también están de plácemes.

¿Estamos ante la patada del ahogado? La celeridad del declive norteamericano es semejante a la velocidad con la que accedió a la supremacía global en la primera mitad del siglo XX. Considerarse a sí mismos como la “Nación indispensable” fue una señal que revelaba desde 1996 que había ingresado en su inexorable proceso de decrepitud.

El 2018 es un año de elecciones legislativas en los Estados Unidos y Trump necesita apuntalar su poder en el Congreso. Nada mejor para lograrlo que emprender acciones osadas que convoquen la atención mediática en su capacidad de lograr dividendos tangibles y anímicos para las mayorías que le votaron.

Bolívar, Pánama, la contrainsurgencia, el Plan Colombia y los narcodólares

El genio político de Bolívar alcanzó a vislumbrar, y así lo expresó el 5 de agosto de 1829 en Guayaquil, el papel que cumplirían los Estados Unidos en nuestro porvenir: “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”.

En 1903 el zarpazo de Wall Street sobre el paso interoceánico de Panamá corroboró con la contundencia de los hechos la visión del Libertador. Las primeras décadas del siglo XX revelaron el aplastante poder de las corporaciones norteamericanas actuando de consuno con la Secretaria de Estado y el complejo público privado militar industrial. Colombia fue identificada como una de las fuentes de algunos de los más importantes recursos económicos requerido por el imperio: oro, platino, petróleo, así como provenientes de la producción agraria. Y como país fundamental en lo geopolítico por ser puerta de entrada al subcontinente, por su ubicación en la cuenca caribeña y por su vecindad con Panamá2.

La masacre del diciembre de 1928 en la zona bananera, dominada con métodos de servidumbe por la United Fruit Company, mostró la entraña racista del poder angloamericano y la obsecuencia del carácter de la dirección político militar colombiana con las directrices emitidas desde Wall Street y Washington. “El gobierno colombiano tiene la rodilla hincada ante el oro yanqui y la metralla asesina para su propio pueblo”, señaló Jorge Eliécer Gaitán en su denuncia de septiembre de 1929 en el Congreso Nacional.

Los Estados Unidos, en los años cuarenta, identificaron en los ejércitos de Latinoamérica, los organismos de inteligencia y las clases políticas regionales, los sectores cruciales para contener y reversar los procesos de democratización reivindicados por las clases trabajadoras y campesinas, y los clamores de soberanía de las mayorías nacionales en los países del sur3. Con la corrupción, la formación, el entrenamiento, el control sobre los ascensos, y la violencia soterrada o abierta, han podido vigilar, manipular o eliminar las amenazas reales o percibidas como tales para la estabilidad de su dominio.

Y no han dudado para proceder ante lo que consideran amenazas para la continuidad de sus intereses en estas tierras. El 9 de abril de 1948 ejecutaron la primera operación encubierta de gran envergadura en Latinoamérica en el marco de la Guerra Fría4: cortaron de tajo la posibilidad de un gobierno democrático, popular y soberano en el subcontinente. Y lanzaron un mensaje internacional: no toleraremos alteraciones democráticas o de tendencia socialista en nuestro patio trasero. La operación encubierta con la que cegaron la vida de Gaitán significó arrojar nuestra nación a una sangrienta confrontación, extendida hasta la hora presente.

Asímismo, al finalizar los años cincuenta instalaron la doctrina contrainsurgente, declarando toda una franja social como “enemigo interior”. El aparato estatal fue volcado a la guerra interior bajo su instrucción y guía. Como el proceso de aniquilación de la insurgencia contemplaba la eliminación de población y liderazgos civiles, promovieron la creación de un “Estado profundo” alejado del control de la democracia formal. Y como ese aparato de aniquilación y amedrantamiento no podía ser financiado de manera directa por el presupuesto nacional, acudieron a los aprendizajes de Vietnam con la heroína, y utilizaron la cocaína para financiar los escuadrones paramilitares.

La “falsa guerra contra las drogas” le permitió a sucesivos gobiernos norteamericanos recabar apoyo político interno con los espectáculos mediáticos de las acciones “duras” contra los campesinos cultivadores de la hoja de coca y contra algunos narcotraficantes del sur. Monsanto y otras corporaciones se han beneficiado de las políticas de fumigación.
Por supuesto, el problema del consumo adictivo de cocaína por las juventudes de Occidente no finaliza, sino que se mantiene e incrementa. La atracción de las fabulosas utilidades mantiene de una u otra manera la oferta. Nadie ignora que en Colombia el narcotráfico, articulado a la guerra contrainsurgente y al control social, ha tenido vista gorda o apoyo directo para funcionar. Todo esto sin contar los fastuosos beneficios percibidos por el sistema financiero internacional con el lavado de activos.

El Plan Colombia fue aprobado en 1999 ante el temor real de perder el control de la petrolera y estratégica región andina con la elección de Chávez en diciembre de 1998, y el ascenso del poder militar y el avance en el control territorial de las Farc en Colombia. Fue justificado ante la opinión pública norteamericana con el argumento de que era una guerra contra el narcotráfico. Casi veinte años después, con la desmovilización de las Farc, el Plan Colombia es considerado por la red corporativa estadounidense como un triunfo de su política bipartidista en la región. Se celebra también el hecho de que Colombia pagó el 90 por ciento de los costos de tal Plan, elevando de modo notorio el volumen de su deuda externa y el servicio de la misma. Diversas corporaciones bélicas estadounidenses percibieron los réditos de los miles de millones de dólares que costó el mismo.

Trump: fumigaciones, comercio, deuda y Venezuela

Con este contexto y antecedentes no es improbable que la visita del vicepresidente gringo, en reemplazo de su jefe privilegie los anuncios de dureza en la falsa guerra contra las drogas y la reactivación de las fumigaciones. Tal proceder sigue rindiendo réditos al interior de los Estados Unidos, pues la comprensión de la falsedad de ese enfoque permanece distante del dominio público gracias a los velos y la amnesia que establece la mayor parte del aparato mediático.

No sería sorprendente tampoco el anuncio de nuevas acciones contra el régimen venezolano. Contra la mayor parte de los pronósticos, el gobierno de Maduro se ha sostenido y tanto China como Rusia han formulado en el pasado anuncios públicos rechazando el uso de la fuerza militar en la resolución del conflicto que vive el país vecino.

En el plano económico Trump ha solicitado recortar los dineros acordados para apoyar el proceso de paz. Y el Secretario de Comercio formuló hace unos días el ultimátum al gobierno colombiano de cumplir con los acuerdos comerciales con los Estados Unidos so pena de vetar el ingreso de Colombia a la Ocde.

La economía colombiana debe, además, seguir plegándose a las dinámicas económicas y productivas que benefician a las corporaciones norteamericanas y nos mantienen en la dependencia, al tiempo que aseguran el flujo de divisas para continuar pagando la deuda externa derivada del mantenimiento de un inmenso aparato burocrático, civil y militar, de más de un millón de personas, así como por la compra de los arsenales necesarios para librar la guerra política y militar puesta en marcha desde los años cincuenta. Nada nuevo bajo el sol.

 

1 Ver “Narco dólares para principiantes”, http://www.detectivesdeguerra.com/2015/07/narco-dolares-para-principiantes-1.html
2 Moniz Bandeira, Luis Alberto, La formación del imperio americano, Norma, 2007.
3 Mc Sherry, Patrice, Los Estados depredadores. LOM editories, Chile, 2005.
4 Villar Oliver y Cottle Drew, Cocaine, Death Squads and war on terror, Monthly Reviw Press, Nueva York, 2011.

Publicado enEdición Nº245
Jueves, 26 Abril 2018 09:42

Ser un inmigrante en la era Trump

Ser un inmigrante en la era Trump

Vivo en los Estados Unidos autorizado por una visa de trabajo H1-B, otorgada a profesionales que puedan suplir la demanda en varios campos de la economía estadounidense, principalmente en el área tecnológica. Esta visa suele ser otorgada por tres años, prorrogables por una única vez para igual cantidad de años. Durante este lapso es posible iniciar el trámite de la residencia permanente, que retrata mi situación actual.

Evidentemente, si quieres echar raíces en este país, debes tener un historial limpio, primero, en lo obvio, que es no cometer delitos y, segundo, en el comportamiento dentro de esta sociedad (no tener multas de tránsito, y mucho menos por conducir
ebrio). A esto, ahora le sumamos un tercer filtro: irónicamente, en el país de las libertades, me abstengo de realizar comentarios en público sobre su actual administración.

No es una exageración. Una vez decidido que deseaba seguir viviendo en estas tierras, revisé mi participación en las redes sociales, eliminando cualquier mención al actual Presidente y su “particular” gestión. Durante la presidencia de Barak Obama, me sentía con más libertad de opinar sobre el país que habito, a pesar de no tener la ciudadanía. Igual, pago impuestos como cualquier otro, y ser un habitante de este país me daba el derecho natural de opinar. Es lo que transmite la Constitución y el mensaje de los padres fundadores de esta nación. Pero por manifestar mis opiniones no quiero arriesgar mi proceso de residencia cuando muy seguramente revisen mi participación en redes sociales y que me pregunten si no me gusta el presidente por qué quiero vivir aquí.

Ahora las cosas son distintas. Por cuenta del nuevo Presidente, ser parte de las minorías (y de aquella a la que este sujeto se ha esmerado en dibujar como “el enemigo”) ahora me hace sentir más vulnerable.

El discurso de odio de Trump encontró asidero en el pensar del gringo común, principalmente el que vive en zonas rurales. El mapa de las votaciones lo muestra, aún en los estados en los que Trump ganó, los centros urbanos evidentemente votaron por el partido Democrático, pero el gringo anónimo se dejó convencer fácilmente de que los inmigrantes les estamos quitando sus trabajos y afectando negativamente la economía, y en el peor de los casos, estamos aquí para matar, robar y violar.


La mayoría de mi tiempo como migrante fue en Massachusetts, un estado mayoritariamente demócrata, lo cual se vive a diario en la celebración cotidiana de la diversidad, y la ausencia de actos de racismo de parte de personas del común y de las autoridades administrativas y policivas. De hecho el mismo estado parece estar pendiente de que uno como migrante no sienta vulnerabilidad alguna, y el estadounidense de a pie suele ser bastante amable.

Desde hace dos meses estoy ubicado en Pennsylvania, un estado en el que la religión mueve mucho a la gente y sus opiniones, y en el que Trump venció. Aquí sigo sintiendo la amabilidad de la gente en todas partes, pero me cuido mucho más de comentar mis opiniones políticas. Entre otras porque ser parte de una minoría sí es más evidente acá. En Boston, capital de Massachusetts, hay barrios completamente hispanos y la comida típica de distintos países es usual; donde estoy ahora debo recorrer más de lo usual para encontrar alguna tienda que venda comida hispana (o étnica, como dicen aquí). En sí, la experiencia sigue siendo positiva, pero ahora se siente “en el aire” que tu situación ya no es tan estable. La gente que comparte el pensamiento de Trump ahora se ha “envalentonado” para decir en voz alta lo que antes callaba, y las leyes están haciendo curso también para dificultar el proceso de inmigración. La misma visa de trabajo H1B ha sido objeto de constantes ataques de parte del Presidente, quien asegura que la misma se presta para quitar trabajo a los locales. Lo cierto es que si un día nos fuéramos todos, no tendrían forma de echar el país a andar en la parte tecnológica y científica. Eso da algo de tranquilidad pero, igual, muchos serán afectados.

Estamos viviendo una época gris. Sin embargo, este país es tan grande que aún con personajes nefastos como Trump, difícilmente las libertades y oportunidades de todo orden tendrán un ocaso cercano, lo que no obvia que mucha gente sí padecerá situaciones difíciles en su economía, en su situación legal y como víctima de una creciente discriminación.

Publicado enEdición Nº245