Migración, xenofobia, desarraigo. También en Colombia

Como judío errante, decía mi abuela, creo que hablaba de parte de su familia originaria de Antioquia, que vivía de un lado a otro. Se mudaban de pueblo en pueblo y al poco tiempo se aburrían y se mudaban de nuevo. Yo en mis apenas nueve años de vida, tenía la percepción, no se si correcta o equivocada de que el colombiano era así, como judío errante.

 

Tenía un tío que emigró a los Estados Unidos, y oía relatos de familiares que vivían en otros países, además sentía gran admiración por cualquier extranjero, ellos significaban siempre algo mejor, lo sabía porque cuando llegaban de pasada o de vacaciones algunos de los familiares que venían de fuera, todo era algarabía, contaban sus experiencias y parecían tener muchas posibilidades económicas y alta calidad de vida en esos mundos lejanos y anhelados por los que estábamos aquí.

 

Según cifras del Ministerio de Relaciones Exteriores para el 2015, 4,7 millones de colombianos vivía en el exterior lo que equivale al 10 por ciento del total de la población. Colombia es el país de Suramérica cuya población más emigra. Es decir, uno de cada 10 colombianos vive en el exterior; sus destinos preferidos EE.UU. y España; hasta el 2015 todavía emigraban a Venezuela y Ecuador como tercer y cuarto país de acogida.

 

Mi familia y yo formamos parte de esas estadísticas, y el país de acogida fue Venezuela. Por años tuve la conciencia de ser extranjera, aunque nunca viví el estrés de ser indocumentada, sí fui por mucho tiempo extranjera, incluso recuerdo haber sido la única estudiante de mi grupo en la universidad con cédula de transeúnte. En cada lugar me preguntaban de dónde era, pero en un momento indeterminado para mi me adapté totalmente al país de acogida, aprendí a reírme de sus chistes, comprender su humor, su forma de ver la vida, aprendí a amar sus playas y sus comidas, su música, aprendí que la diversidad de nacionalidades existentes allá me hacía menos diferente.

 

En las navidades hacíamos natillas o buñuelos pero también hallacas; escuchaba gaitas de Maracaibo y villancicos que recordaban mi infancia, realmente empecé a comprenderme colombo-venezolana.

 

Doble desarraigo

 

El síndrome de desarraigo o síndrome de Ulises se refiere a síntomas de estrés con implicaciones somáticas experimentadas por el emigrante, incluso antes de dejar su tierra de origen y arriesgarse, casi siempre en condiciones no favorables, a dejar sus afectos, su red de apoyo, su familia y su lugar seguro, o por lo menos conocido.

 

Se presentan síntomas como estados ansiosos, llantos incontrolables, fatiga, perdida de memoria, dolores y predisposiciones a enfermedades virales, perturbaciones de sueño y alimentación, ensimismamiento, aislamiento y depresiones desde leves hasta severas.

 

Ante el síndrome de desarraigo, la persona se encuentra en estado de vulnerabilidad, se siente fuera de lugar y empieza a dudar de sus capacidades. Pierde sus referentes de vida, no hay una red de apoyo ni contención emocional por parte de familia y amigos. es lo que en el argot popular llaman salirse de la zona de confort, pero en este caso, es más que un lugar donde ya sabemos qué hacer y cómo movernos, es dejar un cumulo de aprendizajes y referentes de vida que sirven para enfrentarse a los retos cotidianos de trabajo y relaciones.

 

El doble desarraigo implica enfrentar dos veces la misma circunstancia. Como está sucediendo en este momento con los colombianos que vivieron por muchos años en Venezuela y están retornando a Colombia. En está situación el proceso de readaptación es a veces, incluso, más complicado porque al regresar al lugar de origen descubres que de nuevo eres extranjero, esta vez en tu país natal.

 

El repertorio de aprendizajes culturales del lugar de residencia anterior se hacen evidentes, y empiezas a estar en una especie de distonía total, Las circunstancias del país son distintas, las dinámicas ciudadanas también.

 

Dentro de la lista de causas y circunstancias que disparan y agravan los síntomas de desarraigo o doble desarraigo están, sobre todo el rechazo, el miedo al rechazo, el temor que inicialmente implica desplazarse de un país a otro con los riesgos involucrados en estos casos: casi siempre las personas que emigran lo hacen en condiciones de precariedad por lo que están más expuestas y son víctimas de posibles abusos, trata de personas, abusos sexuales y maltratos generales.

 

La respuesta de la población en el país de acogida suele variar, pero la xenofobia hacia los grupos que emigran en cantidad significativa, aparece inevitablemente.

 

En el caso de Colombia y su rol, por primera vez en su historia como país huésped, ha empezado a estimular los más primitivos temores de algunas personas que ya están estigmatizando y generando conductas de rechazo y desprecio hacia la población venezolana, que aumenta cada vez más en el país. Aunque parte de ella está de transito hacia otros países de la región.

 

Ya se han reportado, por ejemplo, protestas en la ciudad de Cúcuta, manifestando la incomodidad por las molestias ocasionadas en distintas áreas de la ciudad por los venezolanos. También han circulado panfletos amenazándolos con la muerte en caso de delinquir. El 23 de enero del presente año, lanzaron una bomba molotov en el coliseo del barrio Sevilla, al norte de la ciudad, en contra de los venezolanos que se encontraban allí.

 

El caso tal vez más perturbador lo constituye un audio subido a las redes en el que amenazan con matar a los venezolanos que se encuentran en Subachoque sino se van de la localidad; quien lo grabó usa una voz de robot y especifica que no importa la condición, delincuente o no, todo ciudadano de esa nacionalidad debe irse.

 

En algunos lugares no les alquilan inmuebles e incluso las ofertas de trabajo especifican que no aceptan venezolanos.

 

¿Qué elementos o pensamientos distorsionados generan tales expresiones de xenofobia o rechazo al extranjero, generalmente un grupo en particular? Qué pasó con los colombianos que, recuerdo a mis nueve años, veían en el extranjero la posibilidad enriquecerse con relatos nuevos, acentos diferentes, culturas y experiencias distintas? Tal vez, a pesar del modernismo y la tecnología, las ciencias y las redes sociales, no somos tan globales, la globalización termina siendo un tema concerniente, al fin de cuentas, a los negocios, no a nuestra condición de humanidad. La Tierra sigue siendo un lugar de disputa y los territorios (llamados países) lugares a los cuales no podemos pertenecer, en el que nos niegan vivir y participar, si no tenemos la categoría que el lugar, o la gente del lugar, exige.

 

Generalizar, omitir y distorsionar, los tres universales del lenguaje, evidencian formas no racionales de analizar la realidad. Y aunque en el pensamiento del xenofóbico, probablemente están presentes los tres, es la generalización la que prepondera cuando identifica a la persona con la nacionalidad o grupo étnico al que pertenece. La generalización se trata de catalogar de buena o mala una persona o situación a partir de una sola experiencia. Por ejemplo, si una persona de pelo rojo me robó, califico de ladrón a todos los de pelo rojos. Generalizo una sola experiencia como definitiva. El pensamiento es distorsionado, según la psicología cognitiva, porque la condición y conducta ética de la persona no está determinada por elementos como su color de piel, nacionalidad, orientación sexual.

 

El pensamiento real y valido es que una persona puede tener acciones reprobables siendo tanto colombiana, venezolana, china, indígena, negra, blanca, amarilla, judía, cristiana, atea, heterosexual, lesbiana, transexual, carnívora, vegetariana, vegana y mil etcéteras que no determinan la ética de nuestro comportamiento. Y puede ser bondadosa y correcta también, independiente de todas las causas biológicas, raciales y culturales.

 

Las crisis presentes en varios países del mundo han generado movimientos poblacionales de gran magnitud, que de manera biológica o natural, ponen en alerta los instintos de las personas residentes, impulsándolos a proteger sus espacios. Estamos, en su primera respuesta, ante la ley de supervivencia. Sin embargo, seria oportuno apelar a nuestra propia humanidad para generar empatía con los congéneres de especie, recordar que los limites geográficos son el fruto de nuestras invenciones y que todos los pobladores del planeta que compartimos tienen el mismo derecho a buscar lugares donde construir o, por lo menos, intentar tener una vida digna.

 

Creo que el principal aprendizaje con mi experiencia de doble desarraigo, es que en las condiciones actuales de este hogar llamado Tierra, es que no hay lugares seguros y definitivos. Los ciudadanos de Colombia como país históricamente migrador, pueden ahora vivir la experiencia de acoger a los venezolanos e incorporar toda la riqueza humana y cultural de un pueblo con el cual han compartido por décadas, tal vez por siglos, luchas y sueños, conviviendo como iguales a lo largo de miles de kilómetros de frontera, en muchos casos con doble nacionalidad, un país y un pueblo que también los aceptó y en el cual aún viven millones de sus connacionales.

Publicado enEdición Nº247
El barco Aquarius y cinco muestras de la militarización del saqueo de África

Es falso que los inmigrantes vienen a Europa por razones económicas. Más del 80% huyen de guerras. Sus parientes han sido asesinados y sus hogares destruidos. Así concluye un estudio realizado por la Universidad de Middlesex de Londres en 2015. Cierto. Es Asia el continente con más hambrientos del mundo, e India, con su capitalismo más “intocable”, cuenta con 200 millones de almas y cuerpos en la pobreza absoluta. Pero no se ven avalanchas de indios llegando al primer mundo en pateras.

Sólo una guerra (o sea, la muerte casi segura y violenta) es capaz de forzar a millones de familias a cruzar mares, montañas y desiertos, arriesgándose la vida. Las cerca de 56 millones de personas que desde 1991 (el fin de la URSS) hasta hoy han tenido que abandonar su hogar en Oriente Próximo y África por las guerras de conquista encabezadas por EEUU, no han elegido su destino, ya que no tienen control sobre ello: dependen de quienes los llevan y las tierras que les acogen.

El “caos creativo” para inventar una África a la medida

La misma procedencia de las 630 personas que subieron al Aquarius muestra el nexo directo entre la actual migración con el nuevo saqueo militarizado de África por la OTAN. Las economías occidentales en recesión necesitan recursos naturales baratos, y también nuevos mercados: “Proteger el acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia, y garantizar que ningún otro tercero interesado, como China, India, Japón o Rusia, obtenga monopolios o trato preferencial” es uno de los objetivos de la militarización de África, confiesa el director del Centro del Concejo Atlántico para África en Washington, Peter Pham. Mientras, la marca del “terrorismo islámico” de la CIA abre sucursales por el mundo como si fuera McDonald’s, alimentando a las compañías de armas y de recursos naturales. Bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, “estabilizar la región”, “misión humanitaria “, o “mantenimiento de la paz”, el Comando de África de los EEUU (AFRICOM) ya ha instalado unas 50 bases militares por todo el continente, mientras aplasta los movimientos progresistas y anticapitalistas, apuntalando a los regímenes corruptos y dictatoriales que dirigen las formas más salvajes de gobernar una nación.

Caso Libia

Decenas de miles de ciudadanos de Mali, Sudán, Chad y del resto de África se dirigen a Libia para huir de guerras o en busca de trabajo, pero desconocen que aquel país próspero hoy es el centro mundial de la esclavitud, de la tortura y violación. Antes de que en 2011 la OTAN planeara derrocar a Gadafi y ocupar Libia, unos dos millones de inmigrantes trabajaban en este país de 5 millones de habitantes, la primera reserva del petroleó de África. Ahora, además de los libios que huyen del país hacia Europa, también lo hacen aquellos inmigrantes si consiguen salir de aquel infierno.

Caso Nigeria

En el séptimo exportador mundial de petróleo, EEUU con la farsa de “salvar a las niñas secuestradas” vía militar, intenta instalar la sede de Africom, hoy en Alemania. Fue en Nigeria donde la petrolera anglo-holandesa Shell ha sido acusada de “complicidad en asesinato, violación y tortura” de los nigerianos cometidos por el ejército en la región petrolífera de Ogoniland en la década de 1990. Las protestas para expulsar a Shell de Nigeria por el desastre ecológico que acusó en la región y obligó a desplazarse a comunidades enteras, condujo a la petrolera a crear una unidad secreta de espionaje, que pasaba información sobre los molestos activistas a la agencia de seguridad nigeriana, a la vez que pedía al presidente-general Sani Abacha “resolver el problema”. Y él lo hizo: ahorcó a 9 líderes ecologistas, mató a más de 1.000 manifestantes y destruyó unas 30.000 viviendas en la aplicación de la política “Tierra quemada”. Así, Shell podía llevarse un millón de barriles de petróleo al día, con tranquilidad.
Las compañías occidentales que buscan el uranio, el oro, platino, diamante, cobre, tierras raras, coltán, petróleo, gas, o carbón de África, establecen un control sobre sus gobiernos de África mediante inversiones, préstamos, “ayudas al desarrollo” y el tráfico de influencia. No hay nada nuevo: simplemente estamos ante la actualización de la Conferencia de Berlín de 1884, que repartió África entre las potencias y de paso teorizó los lazos entre el colonialismo y el racismo (sistematizado por los británicos en el “Apartheid”). Luego, asesinaron a los líderes de los movimientos progresistas como Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Eduardo Mondlane, Samora Machel, Felix Moumie o Chris Hani, apoyando a las dictaduras más impresentables del mundo. Más adelante, creaban a monstruos como Bin Laden pero llamaban “terrorista” a Nelson Mandela.

Caso Sudán

El mismo año de la destrucción de Libia, EEUU dividió al que fue el estado más extenso de África: unas 50.000 personas (incluidos niños y niñas) fueron torturadas y asesinadas por los señores de la guerra que luego ocuparon el poder; otras 2 millones huyeron, ocultados en los islotes de los pantanos del Nilo, comiendo hierbas silvestres, y buscando refugio en Etiopía o Uganda. Miles de niñas y mujeres han sido violadas una y otra vez, incluso en el campo de refugiados de Juba, la Capital de Sudan del Sur. Hoy, la hambruna afecta a 4,6 millones de personas. La CIA ha vuelto a fabricar “rebeldes” armados para desestabilizar el país ya que los líderes que impuso han convertido a Sudan del Sur en el único país de África con contratos de petróleo con China.

Caso Níger

Los ciudadanos de este país se enteraron de la existencia de una base militar de EEUU (ilegal por la prohibición constitucional) sólo cuando cuatro de ellos murieron en una emboscada el mes pasado. El dictador Mamadu Issoufou fue el director de Somaïr, la compañía de minas de uranio del país pero bajo control de la compañía francesa Areva. Una quinta parte del uranio que alimenta la red eléctrica francesa proviene de Níger, que es, paradójicamente (o no), el penúltimo país más pobre del mundo. Las empresas occidentales van a por su oro, uranio y petróleo. Issoufou es como el presidente turco Tayyeb Erdogan: ha cobrado ingentes millones de euros a la UE para retener a los inmigrantes.


Federica Mogherini, la comisaria de exteriores de la UE, viajó a Níger en 2015 expresamente para apoyar la llamada “Ley 36” del país, que prohíbe a los extranjeros viajar al norte de Agadez, la región donde EUU ha construido un mega base de drones de 6 kilómetros cuadrados por 110 millones de dólares, para desde allí controlar Mali, Argelia, Libia y Chad. Esta ley ha convertido el desierto en un gran cementerio para los migrantes africanos: en junio de 2017 unos 50 jóvenes, abandonados por los traficantes, murieron de sed en el desierto de Niger cuando iban a Libia. No es casualidad que la sede de la Organización Internacional para las Migraciones, financiada por la UE, esté en este país.

Caso Mali

Aquí la esperanza de vida es de 48 años y sus minas de oros están bajo el control del gigante británico Gold Fields. Tras destruir Libia, la OTAN miró a Mali: organizó un golpe de Estado en 2012 que derrocó al presidente Toumani Touré para sustituirlo por el capitán Amadou Sanogo, entrenado en EEUU. Luego, mandó a las corporaciones como URS y AECOM, (contratistas del Pentágono) construir nuevos complejos militares, para que la Fuerza de Reacción Rápida de EEUU en Sahel amplíe su control sobre la región.
No esperen comprensión, solidaridad, piedad, ni caridad de las compañías de armas ni de las que buscan maximizar sus beneficios. Lean algo sobre el secuestro y la tortura de los niños para ser explotados en las minas de coltán de Congo, y conocerán la verdadera naturaleza dichas compañías del “primer mundo”. Y luego ¿quieren que estas personas no huyan de sus tierras?

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“El Salvador vive una situación como la que lo llevó a la guerra civil”



El exalcalde de San Salvador alerta de los perjuicios de la alta tasa migratoria del país


Madrid 18 MAY 2018 - 19:45 COT
El mes pasado una caravana de más de mil migrantes centroamericanos, algunos de ellos salvadoreños que huían de la violencia de las pandillas, entre otras razones, intentaron cruzar México para llegar a Estados Unidos y pedir asilo. El grupo terminó el viaje muy mermado, con apenas cerca de 150 personas, tras las amenazas del presidente Donald Trump de militarizar la frontera para impedir su llegada. “Tenemos una violencia probablemente entre las cinco peores del mundo de países que no están en guerra ─incluso le ganamos a muchos países que sí lo están─. Llegamos a los 4.000 homicidios al año”, reflexiona sobre las razones que llevan a sus compatriotas a abandonar el país Nayib Bukele (San Salvador, 1981), el político que se perfila como uno de los candidatos clave para las presidenciales del 3 de febrero del próximo año en el país centroamericano.
“Unos 200 o 300 salvadoreños migran forzosamente a diario”, continúa el exalcalde de Nuevo Cuscatlán y San Salvador, de visita esta semana para un encuentro con ciudadanos de su país residentes en Madrid. “En algunos casos pasa porque alguien les pone en la cabeza un arma y les dice que se vayan, pero en la gran mayoría de los casos se da porque en El Salvador no hay trabajo, ni oportunidades, no pueden mantener a sus familias, o viven en una zona en la que ya mataron al vecino, a la hermana… Sumado a esta pérdida de ciudadanos, hay 12 o 14 homicidios al día”, complementa.
La secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Kirstjen Nielsen, anunció a principio de año el fin del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para más de 400.000 beneficiarios, entre ellos 195.000 salvadoreños, a quienes dio entre 12 y 18 meses para que regresen a su país o cambien su situación migratoria. El programa, creado en 1990, concedía permisos vivir y trabajar en Estados Unidos a ciudadanos de países afectados por guerras o desastres naturales. El permiso se renovaba automáticamente cada 18 meses, pero Trump lo ha eliminado y ha pedido al Congreso que legisle para regularizar la situación de los beneficiarios.
“Ahora que se quita el TPS, el país está obligado a brindar una solución a la gente que llega”, afirma Bukele, descendiente de migrantes palestinos que llegaron a El Salvador a finales del siglo XIX. “El Gobierno tiene la ventaja de que estas 200.000 personas ─que en realidad son unas 400.000 si se incluyen a los hijos nacidos en Estados Unidos─ llevan 18 años trabajando legalmente en EE UU, muchos de ellos son profesionales, graduados de las mejores universidades, empresarios, algunos de ellos millonarios… Pese a que pueden acogerse a otro estatus migratorio porque pueden invertir un millón de dólares, hay quienes también se están planteando regresar”.
En el centro de los problemas del país centroamericano está la violencia, que Bukele pide abordar como un fenómeno social. El problema se remonta, según afirma, a las causas sin resolver de la guerra que sacudió el país entre 1980 y 1992 y en la que hubo más de 75.000 víctimas mortales. “Terminó la guerra civil y se firmaron unos acuerdos de paz que no se cumplieron, solo la parte política en la que la guerrilla se convertía en partido y se desmovilizaban las tropas. Pero todo lo demás, la desigualdad social, la pobreza, la educación, la salud, la inseguridad, se mantiene”, asegura el líder del movimiento Nuevas Ideas, que abandera desde su salida del gobernante FMLN, la formación que resultó de la desmovilización de la insurgencia tras los acuerdos de paz.
“Si la sociedad salvadoreña no entiende que está enfrentada a un fenómeno social igual o más difícil que el que nos llevó a la guerra civil, no vamos a poder resolverlo”, alerta Bukele. “Tenemos que hacer dos cosas a la par: continuar persiguiendo el delito y recuperar a todos estos jóvenes, sobre todo a los que no han cometido delitos pero están en los círculos de las maras”, concluye.

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América Latina y el Caribe, continente en movimiento

La presencia de una caravana de migrantes a Tijuana en días pasados destaca el gran movimiento humano que está ocurriendo en el continente. Hondureños, haitianos y otros migrantes que se encuentran en Tijuana no deseaban abandonar su nación. En entrevistas, docenas nos han dicho incesantemente: Ya no podemos vivir en nuestro país.


La ejecución de políticas neoliberales en los últimos 30 años ha alterado las relaciones económicas tradicionales, fundamentalmente transformando el mercado laboral en América Latina. Las fuentes de empleo tradicionales han desaparecido. La elite impulsa un modelo económico de exportación basado en la explotación de la mano de obra barata y la aplicación de un modelo de extractivismo. En países como Haití, Honduras y México la precariedad aumenta como resultado de políticas de libre comercio que han destruido el campo. La violenta guerra contra el narcotráfico aumenta la precariedad y la miseria. La llamada guerra reveló la existencia de un crimen organizado capaz de subvertir al gobierno y aterrorizar a la población, aun cuando ha hecho poco por reducir las sustancias ilícitas.


No es sorprendente que la caravana en Tijuana incluía un alto número de mujeres y niños. La falta de empleos remunerativos y el abandono familiar por parte de hombres han hecho de ellos unos de los sectores más vulnerables de la sociedad. En todo el continente las mujeres, especialmente el gran número que dirige su familia, no encuentran empleo que les permita atender sus necesidades básicas.


Las condiciones económicas en América Latina aumentan la pauperización de la sociedad. Dicho de otra forma, aun los que trabajan no logran superar la pobreza. En México, según estadísticas oficiales, 51.7 por ciento de personas que cuentan con empleo viven en pobreza. En Honduras y Haití las cifras son aún más elevadas. La precariedad, condición en la cual la población trabaja y aún así no puede cubrir sus necesidades básicas, destruye el tejido social de la sociedad. Aún peor: la elite en América Latina y el Caribe se niega a asumir su responsabilidad por las condiciones sociales que sus políticas han creado.


Ante un proceso de desindustrialización y los precios inestables de los llamados commodities, gran número de países de América Latina buscan soluciones viendo hacia el pasado. Una nueva fase de extractivismo, incluyendo la explotación de cobre, oro, plata, plomo y litio, así como algunos minerales, aumenta en toda la región. La política de extractivismo ha sido implementada por gobiernos conservadores, como México, Perú y Honduras, y los de izquierda, incluyendo a Venezuela y Bolivia. El extractivismo, que genera inmensas ganancias para la elite en América Latina y conglomerados canadienses, estadunidenses y chinos, también altera la vida de grupos indígenas y campesinos que habitan esas zonas. El extractivismo eleva la vulnerabilidad de América Latina en la economía mundial, desplaza poblaciones, degrada el medio ambiente, contaminando ríos y tierra. En algunos países las nuevas zonas mineras parecen escenarios del viejo oeste, donde mineros, el crimen organizado y las multinacionales compiten por el control de los minerales.


América Latina enfrenta un importante cambio demográfico. En la última década, miles de personas de Centro y Sudamérica, así como del Caribe, han sido expulsadas de su país. Esta no es la primera vez que centroamericanos abandonan su país. La primera ola sucedió durante la década de los años 80 del siglo pasado, impulsada por guerras civiles y la intervención estadunidense, que desestabilizó la región. Ante el deterioro económico y el aumento dramático de la violencia por el Estado y el crimen organizado, miles de hondureños y guatemaltecos se ven obligados a salir de sus países.


Consecuencia del devastador terremoto de 2010, más de 60 mil haitianos emigraron a Brasil. Resultado de la contracción económica después de la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos, los haitianos emprendieron el camino hacia el norte, atravesando 11 países en Sur y Centroamérica para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos. En Sudamérica, la crisis en Venezuela ha obligado a cientos de miles a abandonar su país. Venezuela, que anteriormente había recibido millones de colombianos y europeos, se ha convertido en país de migrantes, con miles de personas buscando empleo en Chile, República Dominicana, Panamá, Colombia, Ecuador y Perú. En Chile, más de 1.2 millones de migrantes de Haití, Venezuela y Bolivia buscan regularizar su estado migratorio

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El límite entre México y Estados Unidos ya no es simplemente un ente binacional. Hoy día, es una frontera entre Estados Unidos, América Latina, el Caribe y el sur global. Enfrentando condicionales similares, en Tijuana se encuentran africanos de Sudán, Somalia, Nigeria y otras naciones de esa región. Todos los migrantes relatan experiencias escalofriantes en su trayecto a Tijuana. Tanto el Estado como el crimen organizado han creado formas de lucrar con la vulnerabilidad de los migrantes. Éstos son obligados a pagar derecho de piso para pasar por un territorio controlado por pandillas o sobornar a policías para que no los arresten. La migración se ha convertido en fuente de ingresos para los pueblos a lo largo del camino, donde se cobra por hospedaje, comida y transporte, incluyendo la renta de burros de un punto a otro. La violencia contra las mujeres se ha generalizado, incluyendo, abusos, asaltos y violaciones.


Bajo cualquier otra circunstancia, los migrantes que sobreviven esta ardua experiencia serían considerados pioneros. La mayoría adquiere empleo o establece algún negocio. El vínculo emocional que mantienen con sus familias y hogar también es explotado por los países que los expulsaron. Nación tras nación, las remesas de migrantes, miles de millones de dólares, son la diferencia entre la pobreza y la sobrevivencia.


Los migrantes no abandonan sus países, sino son expulsados por condiciones económicas y políticas adoptadas en Washington y en los centros de poder de América Latina. Ante esa realidad han tomado una decisión racional buscando la única oportunidad que les queda. El desconcierto económico, la violencia y la marginalidad son los factores que expulsan personas de sus naciones y fomentan la creciente ola de migrantes en América Latina. Los migrantes son síntoma de las fuerzas globalizantes que han transformado el mundo.


* Profesores. Pomona College, Los Ángeles

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Domingo, 29 Abril 2018 10:07

Trump. America first

Trump. America first

En este colosal teatro llegará a su fin el colosal problema
José Martí

 

Donald Trump fue elegido el 8 de noviembre de 2016, por menos de la mitad del electorado estadounidense, como Presidente del más poderoso dominio de la historia humana. Con su elección los poderes coaligados que le catapultaron acudieron a un recurso atípico y extremo para mantener con vida un organismo moribundo: el sistema de dominio económico, político y militar mundial liderado por los Estados Unidos.

En el colosal teatro del absurdo en el que fue instalada la humanidad con el imperio global sostenido de la ley de la ganancia, la dirección política rusa se encontró con el poder económico judío y con los militaristas y supremacistas blancos en la tarea de instalar a Trump en la presidencia de los Estados Unidos.

Trump, enfrentado a las acusaciones de la intervención de Putin en su elección, apeló a un expediente propio de su carácter de empresario audaz y sin escrúpulos: huir hacia adelante. El jueves 22 de marzo de 2018 nombró a John Bolton como Consejero de Seguridad Nacional en reemplazo del general Raymond McMaster, un recio y extraordinario conocedor de la guerra contrainsurgente, considerado por la revista Time en el año 2014 como uno de los cien personajes más influyentes del mundo, quien fue removido de su cargo por sus cada vez más amplias diferencias con las opciones barajadas por Trump para afrontar la geopolítica global, opcionadas cada vez más radicales o llevadas al ascenso de los extremos.

Pocos días antes de tal decisión Trump había destituido vía twitter a su Secretario de Estado, el petrolero Rex Tillerson, reemplazándolo por Mike Pompeo, proveniente de la dirección del espionaje norteamericano. Casi al mismo tiempo Gina Haspel, que tiene en su hoja de vida el cargo de ordenar torturas en Tailandia e Irak, fue nombrada por Trump en la dirección de la CIA.

Con ese equipo Trump ubicó en la primera fila del entramado encargado de la política exterior a un conjunto de belicistas anhelantes de entrar en el campo de batalla para resolver los problemas de la economía estadounidense, para lo cual Trump propone la divisa America First: Poner primero a los EE.UU.

No hay ninguna novedad histórica en esta vertiginosa deriva hacia una era de confrontaciones abiertas, salvo la capacidad destructiva del armamento nuclear con que ahora juegan los principales actores del escenario internacional. En la segunda mitad de los años treinta también la red corporativa, a través de Hitler y Mussolini, promovió un nuevo orden internacional con base en la ocupación militar y la guerra.


Hay un punto en el que el curso de los acontecimientos internacionales escapa por completo al control de cualquier actor, por poderoso que sea. La volatilidad molecular alcanza en el nivel de ebullición la antesala de configuraciones inesperadas, en las que nuevas fuente de influencia pueden alterar el horizonte que aparece como inexorable. Es un momento de no retorno, en el que las acciones y reacciones toman una dinámica propia. Pareciera que el sistema complejo de la vida en el misterioso planeta que la hizo posible ha llegado a ese umbral.

Sube la tensión

El 27 de marzo los medios internacionales anunciaron la expulsión de 60 funcionarios rusos de los Estados Unidos por el asesinato del contraespía ruso Skripal y su hija, en hechos acontecidos el 4 de marzo en Inglaterra. Otros sesenta funcionarios rusos fueron expulsados de diversos países de la Unión Europea, en una evidente decisión coordinada para dejar en claro que la confrontación por venir será contra toda la Otan. Putin no dudó en responder con igual contundencia, de manera que las piezas están en tablas.

Como un tiempo que anuncia renaceres, en el propio territorio estadounidense en este momento hay de nuevo grandes fuerzas sociales y políticas enfrentadas. En agosto del 2017, en Charlottesville, una pequeña localidad del estado de Virginia, miles de neonazis, integrantes del KKK y otras organizaciones de supremacistas blancos se reunieron con la consigna United the Right: Unir la Derecha, y corearon la consigna nazi: Tierra y Sangre. La marcha fue realizada con antorchas y cercaron a pequeños grupos que resistían con su presencia la intimidante movilización que arrojó varias víctimas mortales.

Pese a ellos, pese a la intimidación, miles de miles de quienes pueblan aquel inmenso territorio, adelantan huelgas y movilizaciones por sus derechos, entre ellos docentes de varios estados. También dejan sentir su voz miles de jóvenes exigiendo control para el comercio y uso de armas de fuego, así como mujeres que reclaman igualdad y justicia.

Un inmenso complejo militar industrial que precisa de las guerras para sostener sus ingresos se encuentra ante multitudes frustradas, resentidas, temerosas, endeudadas, habitadas por un pavoroso vacío que alterna con el odio fanatizado en el lugar antes ocupado por el sentido de vida.

También el mundo financiero, que erigió su imperio global sobre la credibilidad, enfrenta ahora la erosión de su poder, con mayor evidencia desde la crisis desatada en el año 2008; este poder clama por acciones que apuntalen su inmenso poder vinculado a la deuda interna e internacional y no desligado de los narcodólares. Reactivar la falsa guerra contra las drogas garantiza el flujo del dólar vinculado a tal economía1, a la par que genera réditos políticos al interior de los EE.UU., y fortalece la capacidad de intervención en el sur, en especial en la estratégica Colombia que tanto sirve y puede servir en el nudo gordiano de Venezuela. Además, por si fuera poco, gracias al glifosato, eleva los réditos de la Monsanto.

Otros intereses detrás del trono también dejan ver su sonrisa. El mundo corporativo ligado al petróleo y al carbón también ha celebrado la llegada de Trump a la presidencia por su determinación de no hacer caso al calentamiento climático global e impulsar el fracking, el uso del carbón, la eliminación de regulaciones ambientales y la aprobación de recortes de impuestos para la industria. Los fabricantes de autos también están de plácemes.

¿Estamos ante la patada del ahogado? La celeridad del declive norteamericano es semejante a la velocidad con la que accedió a la supremacía global en la primera mitad del siglo XX. Considerarse a sí mismos como la “Nación indispensable” fue una señal que revelaba desde 1996 que había ingresado en su inexorable proceso de decrepitud.

El 2018 es un año de elecciones legislativas en los Estados Unidos y Trump necesita apuntalar su poder en el Congreso. Nada mejor para lograrlo que emprender acciones osadas que convoquen la atención mediática en su capacidad de lograr dividendos tangibles y anímicos para las mayorías que le votaron.

Bolívar, Pánama, la contrainsurgencia, el Plan Colombia y los narcodólares

El genio político de Bolívar alcanzó a vislumbrar, y así lo expresó el 5 de agosto de 1829 en Guayaquil, el papel que cumplirían los Estados Unidos en nuestro porvenir: “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”.

En 1903 el zarpazo de Wall Street sobre el paso interoceánico de Panamá corroboró con la contundencia de los hechos la visión del Libertador. Las primeras décadas del siglo XX revelaron el aplastante poder de las corporaciones norteamericanas actuando de consuno con la Secretaria de Estado y el complejo público privado militar industrial. Colombia fue identificada como una de las fuentes de algunos de los más importantes recursos económicos requerido por el imperio: oro, platino, petróleo, así como provenientes de la producción agraria. Y como país fundamental en lo geopolítico por ser puerta de entrada al subcontinente, por su ubicación en la cuenca caribeña y por su vecindad con Panamá2.

La masacre del diciembre de 1928 en la zona bananera, dominada con métodos de servidumbe por la United Fruit Company, mostró la entraña racista del poder angloamericano y la obsecuencia del carácter de la dirección político militar colombiana con las directrices emitidas desde Wall Street y Washington. “El gobierno colombiano tiene la rodilla hincada ante el oro yanqui y la metralla asesina para su propio pueblo”, señaló Jorge Eliécer Gaitán en su denuncia de septiembre de 1929 en el Congreso Nacional.

Los Estados Unidos, en los años cuarenta, identificaron en los ejércitos de Latinoamérica, los organismos de inteligencia y las clases políticas regionales, los sectores cruciales para contener y reversar los procesos de democratización reivindicados por las clases trabajadoras y campesinas, y los clamores de soberanía de las mayorías nacionales en los países del sur3. Con la corrupción, la formación, el entrenamiento, el control sobre los ascensos, y la violencia soterrada o abierta, han podido vigilar, manipular o eliminar las amenazas reales o percibidas como tales para la estabilidad de su dominio.

Y no han dudado para proceder ante lo que consideran amenazas para la continuidad de sus intereses en estas tierras. El 9 de abril de 1948 ejecutaron la primera operación encubierta de gran envergadura en Latinoamérica en el marco de la Guerra Fría4: cortaron de tajo la posibilidad de un gobierno democrático, popular y soberano en el subcontinente. Y lanzaron un mensaje internacional: no toleraremos alteraciones democráticas o de tendencia socialista en nuestro patio trasero. La operación encubierta con la que cegaron la vida de Gaitán significó arrojar nuestra nación a una sangrienta confrontación, extendida hasta la hora presente.

Asímismo, al finalizar los años cincuenta instalaron la doctrina contrainsurgente, declarando toda una franja social como “enemigo interior”. El aparato estatal fue volcado a la guerra interior bajo su instrucción y guía. Como el proceso de aniquilación de la insurgencia contemplaba la eliminación de población y liderazgos civiles, promovieron la creación de un “Estado profundo” alejado del control de la democracia formal. Y como ese aparato de aniquilación y amedrantamiento no podía ser financiado de manera directa por el presupuesto nacional, acudieron a los aprendizajes de Vietnam con la heroína, y utilizaron la cocaína para financiar los escuadrones paramilitares.

La “falsa guerra contra las drogas” le permitió a sucesivos gobiernos norteamericanos recabar apoyo político interno con los espectáculos mediáticos de las acciones “duras” contra los campesinos cultivadores de la hoja de coca y contra algunos narcotraficantes del sur. Monsanto y otras corporaciones se han beneficiado de las políticas de fumigación.
Por supuesto, el problema del consumo adictivo de cocaína por las juventudes de Occidente no finaliza, sino que se mantiene e incrementa. La atracción de las fabulosas utilidades mantiene de una u otra manera la oferta. Nadie ignora que en Colombia el narcotráfico, articulado a la guerra contrainsurgente y al control social, ha tenido vista gorda o apoyo directo para funcionar. Todo esto sin contar los fastuosos beneficios percibidos por el sistema financiero internacional con el lavado de activos.

El Plan Colombia fue aprobado en 1999 ante el temor real de perder el control de la petrolera y estratégica región andina con la elección de Chávez en diciembre de 1998, y el ascenso del poder militar y el avance en el control territorial de las Farc en Colombia. Fue justificado ante la opinión pública norteamericana con el argumento de que era una guerra contra el narcotráfico. Casi veinte años después, con la desmovilización de las Farc, el Plan Colombia es considerado por la red corporativa estadounidense como un triunfo de su política bipartidista en la región. Se celebra también el hecho de que Colombia pagó el 90 por ciento de los costos de tal Plan, elevando de modo notorio el volumen de su deuda externa y el servicio de la misma. Diversas corporaciones bélicas estadounidenses percibieron los réditos de los miles de millones de dólares que costó el mismo.

Trump: fumigaciones, comercio, deuda y Venezuela

Con este contexto y antecedentes no es improbable que la visita del vicepresidente gringo, en reemplazo de su jefe privilegie los anuncios de dureza en la falsa guerra contra las drogas y la reactivación de las fumigaciones. Tal proceder sigue rindiendo réditos al interior de los Estados Unidos, pues la comprensión de la falsedad de ese enfoque permanece distante del dominio público gracias a los velos y la amnesia que establece la mayor parte del aparato mediático.

No sería sorprendente tampoco el anuncio de nuevas acciones contra el régimen venezolano. Contra la mayor parte de los pronósticos, el gobierno de Maduro se ha sostenido y tanto China como Rusia han formulado en el pasado anuncios públicos rechazando el uso de la fuerza militar en la resolución del conflicto que vive el país vecino.

En el plano económico Trump ha solicitado recortar los dineros acordados para apoyar el proceso de paz. Y el Secretario de Comercio formuló hace unos días el ultimátum al gobierno colombiano de cumplir con los acuerdos comerciales con los Estados Unidos so pena de vetar el ingreso de Colombia a la Ocde.

La economía colombiana debe, además, seguir plegándose a las dinámicas económicas y productivas que benefician a las corporaciones norteamericanas y nos mantienen en la dependencia, al tiempo que aseguran el flujo de divisas para continuar pagando la deuda externa derivada del mantenimiento de un inmenso aparato burocrático, civil y militar, de más de un millón de personas, así como por la compra de los arsenales necesarios para librar la guerra política y militar puesta en marcha desde los años cincuenta. Nada nuevo bajo el sol.

 

1 Ver “Narco dólares para principiantes”, http://www.detectivesdeguerra.com/2015/07/narco-dolares-para-principiantes-1.html
2 Moniz Bandeira, Luis Alberto, La formación del imperio americano, Norma, 2007.
3 Mc Sherry, Patrice, Los Estados depredadores. LOM editories, Chile, 2005.
4 Villar Oliver y Cottle Drew, Cocaine, Death Squads and war on terror, Monthly Reviw Press, Nueva York, 2011.

Publicado enInternacional
Jueves, 26 Abril 2018 09:45

Trump. America first

Trump. America first

En este colosal teatro llegará a su fin el colosal problema
José Martí

 

Donald Trump fue elegido el 8 de noviembre de 2016, por menos de la mitad del electorado estadounidense, como Presidente del más poderoso dominio de la historia humana. Con su elección los poderes coaligados que le catapultaron acudieron a un recurso atípico y extremo para mantener con vida un organismo moribundo: el sistema de dominio económico, político y militar mundial liderado por los Estados Unidos.

En el colosal teatro del absurdo en el que fue instalada la humanidad con el imperio global sostenido de la ley de la ganancia, la dirección política rusa se encontró con el poder económico judío y con los militaristas y supremacistas blancos en la tarea de instalar a Trump en la presidencia de los Estados Unidos.

Trump, enfrentado a las acusaciones de la intervención de Putin en su elección, apeló a un expediente propio de su carácter de empresario audaz y sin escrúpulos: huir hacia adelante. El jueves 22 de marzo de 2018 nombró a John Bolton como Consejero de Seguridad Nacional en reemplazo del general Raymond McMaster, un recio y extraordinario conocedor de la guerra contrainsurgente, considerado por la revista Time en el año 2014 como uno de los cien personajes más influyentes del mundo, quien fue removido de su cargo por sus cada vez más amplias diferencias con las opciones barajadas por Trump para afrontar la geopolítica global, opcionadas cada vez más radicales o llevadas al ascenso de los extremos.

Pocos días antes de tal decisión Trump había destituido vía twitter a su Secretario de Estado, el petrolero Rex Tillerson, reemplazándolo por Mike Pompeo, proveniente de la dirección del espionaje norteamericano. Casi al mismo tiempo Gina Haspel, que tiene en su hoja de vida el cargo de ordenar torturas en Tailandia e Irak, fue nombrada por Trump en la dirección de la CIA.

Con ese equipo Trump ubicó en la primera fila del entramado encargado de la política exterior a un conjunto de belicistas anhelantes de entrar en el campo de batalla para resolver los problemas de la economía estadounidense, para lo cual Trump propone la divisa America First: Poner primero a los EE.UU.

No hay ninguna novedad histórica en esta vertiginosa deriva hacia una era de confrontaciones abiertas, salvo la capacidad destructiva del armamento nuclear con que ahora juegan los principales actores del escenario internacional. En la segunda mitad de los años treinta también la red corporativa, a través de Hitler y Mussolini, promovió un nuevo orden internacional con base en la ocupación militar y la guerra.


Hay un punto en el que el curso de los acontecimientos internacionales escapa por completo al control de cualquier actor, por poderoso que sea. La volatilidad molecular alcanza en el nivel de ebullición la antesala de configuraciones inesperadas, en las que nuevas fuente de influencia pueden alterar el horizonte que aparece como inexorable. Es un momento de no retorno, en el que las acciones y reacciones toman una dinámica propia. Pareciera que el sistema complejo de la vida en el misterioso planeta que la hizo posible ha llegado a ese umbral.

Sube la tensión

El 27 de marzo los medios internacionales anunciaron la expulsión de 60 funcionarios rusos de los Estados Unidos por el asesinato del contraespía ruso Skripal y su hija, en hechos acontecidos el 4 de marzo en Inglaterra. Otros sesenta funcionarios rusos fueron expulsados de diversos países de la Unión Europea, en una evidente decisión coordinada para dejar en claro que la confrontación por venir será contra toda la Otan. Putin no dudó en responder con igual contundencia, de manera que las piezas están en tablas.

Como un tiempo que anuncia renaceres, en el propio territorio estadounidense en este momento hay de nuevo grandes fuerzas sociales y políticas enfrentadas. En agosto del 2017, en Charlottesville, una pequeña localidad del estado de Virginia, miles de neonazis, integrantes del KKK y otras organizaciones de supremacistas blancos se reunieron con la consigna United the Right: Unir la Derecha, y corearon la consigna nazi: Tierra y Sangre. La marcha fue realizada con antorchas y cercaron a pequeños grupos que resistían con su presencia la intimidante movilización que arrojó varias víctimas mortales.

Pese a ellos, pese a la intimidación, miles de miles de quienes pueblan aquel inmenso territorio, adelantan huelgas y movilizaciones por sus derechos, entre ellos docentes de varios estados. También dejan sentir su voz miles de jóvenes exigiendo control para el comercio y uso de armas de fuego, así como mujeres que reclaman igualdad y justicia.

Un inmenso complejo militar industrial que precisa de las guerras para sostener sus ingresos se encuentra ante multitudes frustradas, resentidas, temerosas, endeudadas, habitadas por un pavoroso vacío que alterna con el odio fanatizado en el lugar antes ocupado por el sentido de vida.

También el mundo financiero, que erigió su imperio global sobre la credibilidad, enfrenta ahora la erosión de su poder, con mayor evidencia desde la crisis desatada en el año 2008; este poder clama por acciones que apuntalen su inmenso poder vinculado a la deuda interna e internacional y no desligado de los narcodólares. Reactivar la falsa guerra contra las drogas garantiza el flujo del dólar vinculado a tal economía1, a la par que genera réditos políticos al interior de los EE.UU., y fortalece la capacidad de intervención en el sur, en especial en la estratégica Colombia que tanto sirve y puede servir en el nudo gordiano de Venezuela. Además, por si fuera poco, gracias al glifosato, eleva los réditos de la Monsanto.

Otros intereses detrás del trono también dejan ver su sonrisa. El mundo corporativo ligado al petróleo y al carbón también ha celebrado la llegada de Trump a la presidencia por su determinación de no hacer caso al calentamiento climático global e impulsar el fracking, el uso del carbón, la eliminación de regulaciones ambientales y la aprobación de recortes de impuestos para la industria. Los fabricantes de autos también están de plácemes.

¿Estamos ante la patada del ahogado? La celeridad del declive norteamericano es semejante a la velocidad con la que accedió a la supremacía global en la primera mitad del siglo XX. Considerarse a sí mismos como la “Nación indispensable” fue una señal que revelaba desde 1996 que había ingresado en su inexorable proceso de decrepitud.

El 2018 es un año de elecciones legislativas en los Estados Unidos y Trump necesita apuntalar su poder en el Congreso. Nada mejor para lograrlo que emprender acciones osadas que convoquen la atención mediática en su capacidad de lograr dividendos tangibles y anímicos para las mayorías que le votaron.

Bolívar, Pánama, la contrainsurgencia, el Plan Colombia y los narcodólares

El genio político de Bolívar alcanzó a vislumbrar, y así lo expresó el 5 de agosto de 1829 en Guayaquil, el papel que cumplirían los Estados Unidos en nuestro porvenir: “los Estados Unidos parecen destinados por la providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad”.

En 1903 el zarpazo de Wall Street sobre el paso interoceánico de Panamá corroboró con la contundencia de los hechos la visión del Libertador. Las primeras décadas del siglo XX revelaron el aplastante poder de las corporaciones norteamericanas actuando de consuno con la Secretaria de Estado y el complejo público privado militar industrial. Colombia fue identificada como una de las fuentes de algunos de los más importantes recursos económicos requerido por el imperio: oro, platino, petróleo, así como provenientes de la producción agraria. Y como país fundamental en lo geopolítico por ser puerta de entrada al subcontinente, por su ubicación en la cuenca caribeña y por su vecindad con Panamá2.

La masacre del diciembre de 1928 en la zona bananera, dominada con métodos de servidumbe por la United Fruit Company, mostró la entraña racista del poder angloamericano y la obsecuencia del carácter de la dirección político militar colombiana con las directrices emitidas desde Wall Street y Washington. “El gobierno colombiano tiene la rodilla hincada ante el oro yanqui y la metralla asesina para su propio pueblo”, señaló Jorge Eliécer Gaitán en su denuncia de septiembre de 1929 en el Congreso Nacional.

Los Estados Unidos, en los años cuarenta, identificaron en los ejércitos de Latinoamérica, los organismos de inteligencia y las clases políticas regionales, los sectores cruciales para contener y reversar los procesos de democratización reivindicados por las clases trabajadoras y campesinas, y los clamores de soberanía de las mayorías nacionales en los países del sur3. Con la corrupción, la formación, el entrenamiento, el control sobre los ascensos, y la violencia soterrada o abierta, han podido vigilar, manipular o eliminar las amenazas reales o percibidas como tales para la estabilidad de su dominio.

Y no han dudado para proceder ante lo que consideran amenazas para la continuidad de sus intereses en estas tierras. El 9 de abril de 1948 ejecutaron la primera operación encubierta de gran envergadura en Latinoamérica en el marco de la Guerra Fría4: cortaron de tajo la posibilidad de un gobierno democrático, popular y soberano en el subcontinente. Y lanzaron un mensaje internacional: no toleraremos alteraciones democráticas o de tendencia socialista en nuestro patio trasero. La operación encubierta con la que cegaron la vida de Gaitán significó arrojar nuestra nación a una sangrienta confrontación, extendida hasta la hora presente.

Asímismo, al finalizar los años cincuenta instalaron la doctrina contrainsurgente, declarando toda una franja social como “enemigo interior”. El aparato estatal fue volcado a la guerra interior bajo su instrucción y guía. Como el proceso de aniquilación de la insurgencia contemplaba la eliminación de población y liderazgos civiles, promovieron la creación de un “Estado profundo” alejado del control de la democracia formal. Y como ese aparato de aniquilación y amedrantamiento no podía ser financiado de manera directa por el presupuesto nacional, acudieron a los aprendizajes de Vietnam con la heroína, y utilizaron la cocaína para financiar los escuadrones paramilitares.

La “falsa guerra contra las drogas” le permitió a sucesivos gobiernos norteamericanos recabar apoyo político interno con los espectáculos mediáticos de las acciones “duras” contra los campesinos cultivadores de la hoja de coca y contra algunos narcotraficantes del sur. Monsanto y otras corporaciones se han beneficiado de las políticas de fumigación.
Por supuesto, el problema del consumo adictivo de cocaína por las juventudes de Occidente no finaliza, sino que se mantiene e incrementa. La atracción de las fabulosas utilidades mantiene de una u otra manera la oferta. Nadie ignora que en Colombia el narcotráfico, articulado a la guerra contrainsurgente y al control social, ha tenido vista gorda o apoyo directo para funcionar. Todo esto sin contar los fastuosos beneficios percibidos por el sistema financiero internacional con el lavado de activos.

El Plan Colombia fue aprobado en 1999 ante el temor real de perder el control de la petrolera y estratégica región andina con la elección de Chávez en diciembre de 1998, y el ascenso del poder militar y el avance en el control territorial de las Farc en Colombia. Fue justificado ante la opinión pública norteamericana con el argumento de que era una guerra contra el narcotráfico. Casi veinte años después, con la desmovilización de las Farc, el Plan Colombia es considerado por la red corporativa estadounidense como un triunfo de su política bipartidista en la región. Se celebra también el hecho de que Colombia pagó el 90 por ciento de los costos de tal Plan, elevando de modo notorio el volumen de su deuda externa y el servicio de la misma. Diversas corporaciones bélicas estadounidenses percibieron los réditos de los miles de millones de dólares que costó el mismo.

Trump: fumigaciones, comercio, deuda y Venezuela

Con este contexto y antecedentes no es improbable que la visita del vicepresidente gringo, en reemplazo de su jefe privilegie los anuncios de dureza en la falsa guerra contra las drogas y la reactivación de las fumigaciones. Tal proceder sigue rindiendo réditos al interior de los Estados Unidos, pues la comprensión de la falsedad de ese enfoque permanece distante del dominio público gracias a los velos y la amnesia que establece la mayor parte del aparato mediático.

No sería sorprendente tampoco el anuncio de nuevas acciones contra el régimen venezolano. Contra la mayor parte de los pronósticos, el gobierno de Maduro se ha sostenido y tanto China como Rusia han formulado en el pasado anuncios públicos rechazando el uso de la fuerza militar en la resolución del conflicto que vive el país vecino.

En el plano económico Trump ha solicitado recortar los dineros acordados para apoyar el proceso de paz. Y el Secretario de Comercio formuló hace unos días el ultimátum al gobierno colombiano de cumplir con los acuerdos comerciales con los Estados Unidos so pena de vetar el ingreso de Colombia a la Ocde.

La economía colombiana debe, además, seguir plegándose a las dinámicas económicas y productivas que benefician a las corporaciones norteamericanas y nos mantienen en la dependencia, al tiempo que aseguran el flujo de divisas para continuar pagando la deuda externa derivada del mantenimiento de un inmenso aparato burocrático, civil y militar, de más de un millón de personas, así como por la compra de los arsenales necesarios para librar la guerra política y militar puesta en marcha desde los años cincuenta. Nada nuevo bajo el sol.

 

1 Ver “Narco dólares para principiantes”, http://www.detectivesdeguerra.com/2015/07/narco-dolares-para-principiantes-1.html
2 Moniz Bandeira, Luis Alberto, La formación del imperio americano, Norma, 2007.
3 Mc Sherry, Patrice, Los Estados depredadores. LOM editories, Chile, 2005.
4 Villar Oliver y Cottle Drew, Cocaine, Death Squads and war on terror, Monthly Reviw Press, Nueva York, 2011.

Publicado enEdición Nº245
Jueves, 26 Abril 2018 09:42

Ser un inmigrante en la era Trump

Ser un inmigrante en la era Trump

Vivo en los Estados Unidos autorizado por una visa de trabajo H1-B, otorgada a profesionales que puedan suplir la demanda en varios campos de la economía estadounidense, principalmente en el área tecnológica. Esta visa suele ser otorgada por tres años, prorrogables por una única vez para igual cantidad de años. Durante este lapso es posible iniciar el trámite de la residencia permanente, que retrata mi situación actual.

Evidentemente, si quieres echar raíces en este país, debes tener un historial limpio, primero, en lo obvio, que es no cometer delitos y, segundo, en el comportamiento dentro de esta sociedad (no tener multas de tránsito, y mucho menos por conducir
ebrio). A esto, ahora le sumamos un tercer filtro: irónicamente, en el país de las libertades, me abstengo de realizar comentarios en público sobre su actual administración.

No es una exageración. Una vez decidido que deseaba seguir viviendo en estas tierras, revisé mi participación en las redes sociales, eliminando cualquier mención al actual Presidente y su “particular” gestión. Durante la presidencia de Barak Obama, me sentía con más libertad de opinar sobre el país que habito, a pesar de no tener la ciudadanía. Igual, pago impuestos como cualquier otro, y ser un habitante de este país me daba el derecho natural de opinar. Es lo que transmite la Constitución y el mensaje de los padres fundadores de esta nación. Pero por manifestar mis opiniones no quiero arriesgar mi proceso de residencia cuando muy seguramente revisen mi participación en redes sociales y que me pregunten si no me gusta el presidente por qué quiero vivir aquí.

Ahora las cosas son distintas. Por cuenta del nuevo Presidente, ser parte de las minorías (y de aquella a la que este sujeto se ha esmerado en dibujar como “el enemigo”) ahora me hace sentir más vulnerable.

El discurso de odio de Trump encontró asidero en el pensar del gringo común, principalmente el que vive en zonas rurales. El mapa de las votaciones lo muestra, aún en los estados en los que Trump ganó, los centros urbanos evidentemente votaron por el partido Democrático, pero el gringo anónimo se dejó convencer fácilmente de que los inmigrantes les estamos quitando sus trabajos y afectando negativamente la economía, y en el peor de los casos, estamos aquí para matar, robar y violar.


La mayoría de mi tiempo como migrante fue en Massachusetts, un estado mayoritariamente demócrata, lo cual se vive a diario en la celebración cotidiana de la diversidad, y la ausencia de actos de racismo de parte de personas del común y de las autoridades administrativas y policivas. De hecho el mismo estado parece estar pendiente de que uno como migrante no sienta vulnerabilidad alguna, y el estadounidense de a pie suele ser bastante amable.

Desde hace dos meses estoy ubicado en Pennsylvania, un estado en el que la religión mueve mucho a la gente y sus opiniones, y en el que Trump venció. Aquí sigo sintiendo la amabilidad de la gente en todas partes, pero me cuido mucho más de comentar mis opiniones políticas. Entre otras porque ser parte de una minoría sí es más evidente acá. En Boston, capital de Massachusetts, hay barrios completamente hispanos y la comida típica de distintos países es usual; donde estoy ahora debo recorrer más de lo usual para encontrar alguna tienda que venda comida hispana (o étnica, como dicen aquí). En sí, la experiencia sigue siendo positiva, pero ahora se siente “en el aire” que tu situación ya no es tan estable. La gente que comparte el pensamiento de Trump ahora se ha “envalentonado” para decir en voz alta lo que antes callaba, y las leyes están haciendo curso también para dificultar el proceso de inmigración. La misma visa de trabajo H1B ha sido objeto de constantes ataques de parte del Presidente, quien asegura que la misma se presta para quitar trabajo a los locales. Lo cierto es que si un día nos fuéramos todos, no tendrían forma de echar el país a andar en la parte tecnológica y científica. Eso da algo de tranquilidad pero, igual, muchos serán afectados.

Estamos viviendo una época gris. Sin embargo, este país es tan grande que aún con personajes nefastos como Trump, difícilmente las libertades y oportunidades de todo orden tendrán un ocaso cercano, lo que no obvia que mucha gente sí padecerá situaciones difíciles en su economía, en su situación legal y como víctima de una creciente discriminación.

Publicado enEdición Nº245
Arabia Saudita, región clave para entender éxodo de África

Un hueso de dedo fosilizado de un humano moderno de hace 90 mil años, hallado en el desierto de Nefud, Arabia Saudita, revela que el primer éxodo fuera de África fue más expansivo de lo pensado.

Se trata del fósil de homo sapiens fechado más antiguo fuera de África y Medio Oriente, según el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en Alemania.

Antes de este descubrimiento, se pensaba que las primeras dispersiones en Eurasia no tuvieron éxito y se limitaron a los bosques mediterráneos del Levante, a las puertas de África.

Los resultados detallan el descubrimiento realizado en el sitio de Al Wusta, un antiguo lago de agua dulce ubicado en lo que ahora es el hiperárido desierto de Nefud. Numerosos fósiles de animales, incluidos los de hipopótamo y diminutos caracoles, se encontraron ahí, así como abundantes herramientas de piedra hechas por humanos.

Entre estos hallazgos, se encontraba un fósil bien conservado y pequeño, de sólo 3.2 centímetros de largo, que fue inmediatamente reconocido como un hueso de dedo humano. Fue escaneado en tres dimensiones y su forma comparada con otros huesos de los dedos, tanto de individuos homo sapiens recientes como de otras especies de primates y otras formas de humanos primitivos, como los neandertales.

Los resultados mostraron de manera concluyente que el hueso del dedo, el primer fósil humano antiguo encontrado en Arabia, pertenecía a nuestra especie. Utilizando una técnica llamada datación por series de uranio, se usó un láser para hacer orificios microscópicos en el fósil y medir la proporción entre diminutas trazas de elementos radiactivos. Estas proporciones revelaron que tenía 88 mil años de antigüedad.

Otras fechas obtenidas de animales asociados fósiles y sedimentos convergieron a una fecha de aproximadamente 90 mil años atrás. Otros análisis ambientales también revelaron que el sitio había sido un lago de agua dulce en un antiguo entorno de pastizal muy alejado de los desiertos actuales.

Capacidad para colonizar

El autor principal del análisis, Huw Groucutt, de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, afirma: Este descubrimiento demuestra que los primeros miembros de nuestra especie colonizaron una región del sudoeste de Asia y no sólo restringido al Levante. La capacidad de estos primeros pueblos para colonizar ampliamente esta región arroja dudas sobre los puntos de vista sostenidos de que las primeras dispersiones fuera de África fueron localizadas y no tuvieron éxito.

Los desiertos modernos de la Península Arábiga alguna vez fueron exuberantes praderas que los humanos pudieron colonizar. Se considera desde hace mucho tiempo lejos de la etapa principal de la evolución humana. Este descubrimiento coloca firmemente a Arabia en el mapa como región clave para entender nuestros orígenes y la expansión al resto del mundo. A medida que avanza el trabajo de campo, seguimos haciendo descubrimientos notables en Arabia Saudita, agregó el líder del proyecto, Michael Petraglia, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana.

El consorcio internacional de investigadores que participa en este proyecto está encabezado por ese instituto, en asociación con la Comisión Saudita para el Turismo y el Patrimonio Nacional. Otros participantes son el Servicio Geológico Saudita, la Universidad King Saud, la Universidad de Oxford y otras instituciones clave en Reino Unido y Australia.

Miércoles, 04 Abril 2018 06:24

Bolas de cristal rotas

Bolas de cristal rotas

El 27/01/2017 salí de Colombia rumbo a Buenos Aires–Argentina, con el objetivo de estudiar en la U.B.A. (Universidad de Buenos Aires). El motivo de mi migración fue huir del sistema de educación actual de mi país donde no se garantiza una educación pública de calidad y, además, cuenta con un acceso restringido.


Salí con el propósito de obtener más herramientas para ayudar a lxs jóvenes entre estos un ejemplo es mi experiencia donde ciertas personas bellas me ayudaron a obtener conciencia crítica e identidad por mi territorio. Salí no para olvidar si no, al contrario, a despertar.


Llevo un año en CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), en este tiempo he roto muchas estructuras que me impuso la vida como sujeta de una sociedad, la que por cumplir estas estructuras dejaba su ser e intereses a un lado, sintiéndome mal e impotente por no poder hacer lo que me gusta, por miedo al juzgamiento, en particular el familiar.


Hace un tiempo había participado en Bogotá, en la localidad de San Cristóbal (barrio 20 de julio) en la huerta llamada Corandicol, donde empecé a reconstruir ese lazo con la Pachamama y donde en especial tuve un suceso con los prejuicios: un día me encontraba recolectando cilantro en gran cantidad, tanto que al finalizar mi tarea mi cuerpo estaba totalmente impregnado del perfume del cilantro. Al terminar la jornada salí a verme con una amiga, a la que abrace como siempre y se escandalizó por mi olor.


Desde ahí comprendí que cosas tan simples como el olor, la ropa, los zapatos, el barro, la tierra, no eran símbolo de desprecio sino, al contrario, un símbolo muy importante de apreciar por el motivo de trabajar la tierra , por amar el cultivo, por volver a arar…


Todo esto lo digo porque actualmente realizó voluntariado en la Eco Aldea Velatropa ubicada en CABA, dentro de los cimientos abandonados del pabellón 5 en Ciudad Universitaria – U.B.A. Para mi y para muchos es algo sorprendente como un proyecto de experimentación permacultural, de bioconstrucción, y sobre todo cultural, está dentro de una de las mejores universidades públicas latinoamericana. En este lugar participamos varixs personas en modo voluntariado, con las cuales llevamos a cabo una comunidad; este tema es muy interesante dado que toda decisión es tomada en asambleas, con la vos y voto de todxs, para un mayor respeto y participación.


Es así como aquí volví a construir ese puente con la Pachamama, actualmente no me importan ni los olores, ni los atuendos, me importa lo que cada unx puede hacer por contribuir al cambio y mejora del ambiente. En este espacio nos cuidamos y cuidamos a la madre tierra, que nos brinda espacios tan hermosos en cualquier lugar del mundo. Nuestra tarea es mostrar esos cambios, principalmente internos, y luego externos, porque se reflejan en la comunidad para mejoras.


Participo de un espacio donde se visibiliza un cambio cultural. Por ejemplo, en este lugar no aceptamos los actos violentos e intentamos solucionar las cosas en círculos por medio de diálogos; aquí nadie es más que nadie, todxs somos iguales. Todxs somos hermanxs sin importar el origen, el color o el pensamiento; como toda comunidad tenemos nuestros conflictos pero también aprendemos de estos para ser mejores a diario, todxs somos maestrxs de todxs. Es como el ciclo de la vida; va y viene.


Muchxs de lxs que estamos aquí y hemos pasado por alguno de estos espacios, valoran muy bien el sonido de la brisa, el trinar de los pájaros, de los grillos, el olor de la tierra húmeda, el olor de las plantas, las voces compartiendo con risas, llantos, alegrías y tristezas pero, sobre todo, el sentir de la vida conscientemente. Hay muchas maneras de valorar, a mi me encantan las noches con circulo y un fueguito en el medio compartiendo cantos, historias, risas, lo que sea, pero disfrutando. Esa es la tv más amada para nosotrxs aquí en Velatropa, es parte de nuestro día a día donde nada es cotidiano, porque la fauna y flora nos enseñan que todo cambia, siempre hay algo nuevo por aprender, por reaprender y por soñar…


Aquí entra una palabra clave en todo esto: desde que emprendí este rumbo no creía poder soñar –porque varias circunstancias nos intentan oprimir nuestros sueños–, pero a todxs lxs que se encuentran leyendo les digo, sino sabían o si tienen dudas, esto es totalmente mentira, todxs tenemos las capacidades para soñar y crear cosas, el tema es comenzar a afrontar el reto y empezar a desarrollar nuestras potencialidades. No las debemos dejar pasar, no las podemos negar más, hay que dejarlas salir y ser lo que en realidad amamos ser.


Arriésguense a soñar, a volar, a vivir sus propias vidas, experimentando día a día, rompiendo con las burbujas de cristal que nos impiden mirar la belleza de vida que podemos disfrutar, en particular los regalos de la Pachamama, que no están para admirar desde una imagen. Arriésguense a vivir en comunidad con respeto a lxs demás, con amor y reciprocidad.

Publicado enCultura
Miércoles, 21 Marzo 2018 06:59

Santos y Temer intervienen en Venezuela

Santos y Temer intervienen en Venezuela

“Brasil y Colombia seguiremos trabajando en todas los frentes por la pronta recuperación de la democracia en Venezuela”, afirmó Santos en una comparecencia conjunta con su homólogo brasileño en el palacio presidencial de Planalto.

 

El presidente brasileño, Michel Temer, y su homólogo colombiano, Juan Manuel Santos, se comprometieron ayer en Brasilia a trabajar por la “recuperación de la democracia” en Venezuela, cuya crisis provocó un éxodo de venezolanos hacia estos dos países que, dijeron, perturba a toda América latina.


“Brasil y Colombia seguiremos trabajando en todas los frentes por la pronta recuperación de la democracia en Venezuela”, afirmó Santos en una comparecencia conjunta con su homólogo brasileño en el palacio presidencial de Planalto. El mandatario colombiano se reunió ayer con Temer en el marco de una visita oficial a Brasil en la que abordaron asuntos como el comercio bilateral, la cooperación en defensa y medioambiente en la región fronteriza y la situación en Venezuela.


Los dos gobernantes evaluaron los impactos provocados por el intenso flujo migratorio hacia Brasil y Colombia de venezolanos que huyen de la crisis política, económica y social por la que atraviesa la vecina nación.


“Tratamos la situación de Venezuela, de este éxodo venezolano hacia Brasil y Colombia que perturba a los países de América latina”, indicó Temer. En Colombia se calcula que en los últimos dos años ingresaron más de 500.000 venezolanos, mientras que esa cifra en Brasil se eleva a unos 40.000, de acuerdo con datos oficiales. “Lo que queremos es la pacificación política de Venezuela, la democratización plena durante las elecciones y la no agresión de los que se oponen el régimen que ahora está constituido”, indicó Temer.
La mayoría de los venezolanos que llegó a Brasil entró por el estado de Roraima, uno de las regiones más empobrecida del país y cuyos servicios públicos se vieron desbordados, lo que obligó al gobierno a declarar la “situación de vulnerabilidad” en esa región.


Por su parte, Santos atribuyó la crisis en Venezuela a los problemas democráticos y criticó el rechazo del gobierno del presidente Nicolás Maduro a la ayuda humanitaria ofrecida por Colombia y Brasil, cuando “la crisis humanitaria se agrava día tras día”.


Las relaciones comerciales fueron otro de los temas clave y en este sentido, Temer y Santos valoraron que hay “potencial” para profundizar unos intercambios que en 2017 aumentaron el 25 por ciento hasta alcanzar a los 3.900 millones de dólares. Temer discutió con Santos “nuevas oportunidades de negocio junto con el sector privado” y le sugirió a su colega “iniciar negociaciones para un acuerdo sobre compras gubernamentales”.


“Una de nuestras prioridades es fortalecer el comercio internacional con el país que el es el octavo destino de nuestras exportaciones y el cuarto origen de nuestras importaciones. El saldo del comercio bilateral actualmente es favorable a Brasil pero el flujo es muy pequeño frente al enorme potencial”, apuntó Santos.


A nivel regional, Temer señaló que hay “clima” y “condiciones” para un futuro acuerdo de libre comercio entre el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). “El presidente Santos y yo naturalmente patrocinaremos con mucho entusiasmo un acuerdo entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico”, declaró Temer.


Otras de las cuestiones fue la cooperación en la frontera con objeto de estrechar aun más los lazos en materia de seguridad entre ambos países y mejorar el combate al “crimen organizado”, con especial foco en el narcotráfico y la minería ilegal en la región amazónica. Santos también aprovechó para agradecer el apoyo de Brasil a la “construcción de la paz” en Colombia, tanto en su papel de mediador en las negociaciones con la guerrilla Ejército de Liberación Nacional (ELN), como colaborador en el proceso de desminado tras el acuerdo alcanzado con las ya extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).


Posteriormente, los dos mandatarios se dirigieron con el resto de las autoridades al Palacio de Itamaraty, sede de la Cancillería brasileña, donde fue ofrecido un almuerzo en honor al jefe de Estado colombiano.

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