“Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

 El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

 

Migrantes, desplazados, refugiados

 

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”[i]

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

 

Un mundo de personas en movimiento

 

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio[ii]. Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior. El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.”[iii] El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

 

Migrar es un derecho humano

 

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aun atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

 

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

 

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

 

La nación humana universal[iv]

 

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia una verdadera nación humana universal.

 

[i] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Módulo autoformativo Nº 2 : La Determinación del Estatuto de Refugiado : ¿Cómo identificar quién es un refugiado?, 1 Septiembre 2005, http://www.refworld.org.es/docid/4c65080ad38.html [Accesado el 17 Junio 2017]

[ii] United Nations, Department of Economic and Social Affairs (2015). Trends in International Migrant Stock: The 2015 revision (United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015) recuperado Junio 2017 de http://www.un.org/en/development/desa/population/migration/data/estimates2/estimates15.shtml

[iii] Informe Tendencias Globales 2016 de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR).

[iv] Del Documento Humanista, Silo, Obras Completas, Vol. I, Carta a mis Amigos, Ed. Plaza y Valdés, México (2004).

URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/186238

Conferencia mundial de los Pueblos en Bolivia:

“Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

Javier Tolcachier

El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

Migrantes, desplazados, refugiados,

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”[i]

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

Un mundo de personas en movimiento

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio[ii]. Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior. El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.”[iii] El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

Migrar es un derecho humano

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aun atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

La nación humana universal[iv]

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia una verdadera nación humana universal.

[i] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Módulo autoformativo Nº 2 : La Determinación del Estatuto de Refugiado : ¿Cómo identificar quién es un refugiado?, 1 Septiembre 2005, http://www.refworld.org.es/docid/4c65080ad38.html [Accesado el 17 Junio 2017]

[ii] United Nations, Department of Economic and Social Affairs (2015). Trends in International Migrant Stock: The 2015 revision (United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015) recuperado Junio 2017 de http://www.un.org/en/development/desa/population/migration/data/estimates2/estimates15.shtml

[iii] Informe Tendencias Globales 2016 de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR).

[iv] Del Documento Humanista, Silo, Obras Completas, Vol. I, Carta a mis Amigos, Ed. Plaza y Valdés, México (2004).

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Fan Yusu, la Charles Dickens china de la era internet

El relato online de la difícil situación de millones de chinos han convertido a su humilde autora en una sensación literaria de la noche a la mañana



De niña, Fan Yusu se escapaba de su vida de pobreza rural gracias a Charles Dickens. Se sumergía en las fatigas de Oliver Twist escapándose de un albergue para pobres de la época victoriana y dirigiéndose hacia la gran nube de humo —Londres—.


Pero es la historia del propio vuelo de Fan a la gran ciudad el que se ha ganado los corazones y las mentes en su China natal. Tras publicar en la red las luchas de los trabajadores migrantes, Fan se ha convertido de la noche a la mañana en una nueva sensación literaria.


Según medios chinos, más de un millón de personas ha leído el texto autobiográfico de la autora desde la semana pasada, cuando fue publicado en la red social WeChat. En el relato, Fan traza sus intentos de construir una vida en Pekín.
La historia, titulada Yo soy Fan Yusu, ha sido eliminada de la red, posiblemente como consecuencia de los temas políticos que toca, incluyendo la mala situación de los 281 millones de trabajadores migrantes de China.


Sin embargo, la fama de la autora, de 44 años, que ha sido calificada por un periódico como 'La escritora china más candente', continúa aumentando. Tanto que Fan ha abandonado su casa en un barrio pobre de inmigrantes a las afueras de Pekín para huir de las hordas de periodistas que quieren entrevistarla. “Me estoy escondiendo”, declaró a un periodista, según recoge Xinhua, la agencia de noticias oficial del país.


La historia de la última estrella literaria de China comienza en un pueblo del interior a comienzos de los setenta, llegaba a su fin la turbulenta Revolución Cultural del presidente Mao y el país se sumergía en una nueva era de agitación económica y social.


Fan, nacida en el seno de una familia de cinco hijos en una comunidad rural desfavorecida tuvo que empezar a trabajar a los 12 años y soñaba con mudarse a una de las ciudades en repentino auge de China.


Pero también era un ratón de biblioteca: Además de Oliver Twist y Grandes Esperanzas, de Dickens, devoró las obras de Daniel Defoe, Julio Verne y Maxim Gorky, así como autores chinos como Jin Jingmai. Con 20, Fan viajó a Pekín esperando encontrar trabajo y vio “el gran y amplio mundo”.


No solo no encontró trabajo, sino que cayó en un matrimonio abusivo con un hombre del noreste de China con quien tuvo dos hijas. “Se volvió un borracho y violento. No pude soportar su violencia machista y decidí coger a mis dos hijas y regresar a mi pueblo natal”, recuerda Fan en su relato, que continúa con su vuelta a la capital china, donde encontró trabajó de niñera del hijo ilegítimo de un millonario. “Mi vida es como un libro miserable y conmovedor”, explica Fan. “El destino me ha atado de una forma absolutamente desastrosa”, añade.


Zhang Huiyu, profesor de literatura que trabajó como voluntario en el curso de escritura para trabajadores inmigrantes al que asistió Fan, afirma que su exalumna era una fanática de la literatura, y que sus “palabras simples y sinceras” han tocado la fibra a la gente común. “Hoy en día la gente está atrapada en el ajetreo de la vida pero la historia de Fan Yusu nos muestra el lado bonito y romántico de la vida”.


El periódico oficial del Partido Comunista, the People's Daily, se hizo eco de estos sentimientos y afirmó que había emocionado a los lectores por su prosa “objetiva pero provocadora”.


“Es como una antropóloga que, observando a la gente y todas sus formas de vida, ofrece a los lectores una nueva perspectiva”, afirmó un crítico.


“No tengo ni idea, y ¿tú?”, respondió a un periodista que le preguntaba por qué sus palabras han resonado entre los lectores. Antes de esconderse Fan concedió varias entrevistas en las que se veía obligada a explicar su éxito repentino.
“No tengo talento”, indicó en otra ocasión, acallando así los rumores de que busca perseguir una carrera en la escritura. “Nunca he soñado en cambiar mi destino con un bolígrafo”.


Fan se describe a sí misma como “una mujer que lucha por sobrevivir en el fondo de la sociedad” y afirma que los libros le han ayudado a afrontar los retos de ser un miembro de la clase baja explotada de China. “Cuando la vida era extremadamente difícil, leía para dejar de pensar en la adversidad”.


Tras ser catapultada al estrellato literario, han emergido otros textos de Fan, incluido un poema llamado Monólogo de una madre migrante:


“Solo me atrevo a llorar en las profundidades de la noche
soy una inmigrante, y también lo son mis hijas
Si es posible, dejadme afrontar sola las adversidades
dejando a mis queridas hijas la felicidad”.

 

Tom Phillips
03/05/2017 - 20:21h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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"Todo el racismo de EEUU sucedía antes pero sin una persona llamada Trump"

Enrique Morones es fundador de Ángeles de la frontera, una ONG que lleva más de 30 años trabajando con migrantes en Estados Unidos y México
11.000 personas han muerto desde 1994 en el intento de cruzar la frontera, según las cifras de la organización
"Cada verano muere más gente por el muro entre EEUU y México que en toda la historia del muro de Berlín", asegura


La mexicana Lucrecia Domínguez intentó atravesar la frontera porque quería reunirse con su marido en Estados Unidos. El 'pollero' –traficante – le puso como requisito que no trajera a sus hijos, Jesús y Nora, de quince y siete años. "Son chicos, van a caminar muy despacio", le dijo. La mujer, sin embargo, los llevó con ella y el traficante decidió seguir con el resto del grupo porque caminaban más lento. Los abandonó en pleno desierto de Arizona. Era verano de 2005.


"Lucrecia murió literalmente en los brazos de su hijo Jesús. Esto está pasando todos los días. Cada número esconde una familia destruida". Enrique Morones lleva más de treinta años armándose de argumentos para defender los derechos de los migrantes en Estados Unidos.


Desde entonces, ha sido testigo de un muro "que ya existe y cubre un tercio de la frontera". Por eso se revuelve en la silla cuando escucha el discurso del presidente de EEUU. Por eso insiste en que no es nuevo: "Todo el racismo que se está viviendo ahora había pasado antes pero sin una persona que se llamara Trump". De semblante serio y corpulencia de exjugador de béisbol, prefiere responder con su lema: "El amor siempre le gana al odio y no tiene fronteras".


"Los mexicanos del lugar donde nací no cruzamos el muro, el muro nos cruzó a nosotros". De ascendencia mexicana, Morones nació hace 60 años en San Diego (California), pero "si hubiera podido escoger, habría escogido México. "Yo nunca tuve el sueño americano, tuve el sueño mexicano", asegura.
El activista ha viajado a España para difundir la labor de su organización Border Angels ('Ángeles de la frontera'), conocida por dejar bidones de agua en la ruta migratoria por el desierto con el objetivo de prevenir las muertes de los que se arriesgan a cruzar la frontera.


La ONG también lucha contra los estereotipos sobre la comunidad latina, convoca cada año 'la marcha migrante' y organiza actividades como los encuentros en el Parque de la Amistad, en la frontera entre el sur de California y Tijuana. "Estamos en España para pedir que empiecen un grupo de Ángeles de la frontera, aquí también se pueden hacer muchas cosas", sostiene.


Llevan desde 1996 dejando bidones de agua en el trayecto fronterizo entre EEUU y México. ¿Cómo es migrar por el desierto?


La principal causa de muerte en la frontera es no tener agua. Se mueren por la sed, no pueden cargar suficiente agua y muchos mueren. En EEUU viven 11 millones de migrantes y la mayoría atravesó el desierto. En la frontera hay montañas, ríos, canales, pero sobre todo hay desierto. La gente cruza por donde no hay muro y cada día mueren una o dos personas. Desde 1994, han muerto más de 11.000 migrantes. El año pasado, unos 600. No queremos más muertes, queremos leyes justas.


Nosotros dejamos litros de agua tres o cuatro veces al mes en diferentes áreas a los dos lados de la frontera, porque la gente se muere en los dos. No sabemos por dónde pasan los migrantes, ya que también lo sabría la 'migra' (la patrulla fronteriza) . Más personas se han ido sumando a la causa y ahora unos 25 grupos hacen una labor similar. Tenemos grupos grandes, de hasta 450 voluntarios. Antes de la victoria de Trump los máximos que teníamos eran 150. Ahora las personas están enojadas y quieren actuar.


También está el drama de los que fallecen en la frontera sin que nadie los identifique.


Un tercio de los migrantes que mueren no es identificada. Nosotros organizamos visitas al 'panteón de los no olvidados', donde hay 550 migrantes enterrados sin identificar. Cuando los encuentra la patrulla, los entierran allí porque nadie sabe quiénes son. No pueden llevar los cuerpos a México porque no son todos mexicanos.


Hace una semana fueron alumnos de una escuela católica y otra judía. La tradición cristiana coloca cruces, la judía coloca piedras encima de las tumbas. En ellas escriben "No olvidados" en hebreo, español o inglés para recordar que la vida de esas personas también vale, aunque murieran en la frontera trágicamente.


La valla entre EEUU y México ya separa familias. ¿Cómo son los encuentros que organizan en el simbólico Parque de la Amistad?


El parque fue fundado en 1971 y en 1994, EEUU comenzó su muro en este lugar sagrado. Allí llegan familias desde distancias muy largas porque se puede ver un poco al otro lado de la valla. Tiene unos hoyos muy chiquitos, apenas puedes meter la punta del dedo. Así se saluda la gente. Van a encontrarse porque, por ejemplo, la abuela se está muriendo de cáncer y van a despedirse de sus familiares. O parejas separadas por la deportación que van cada semana para hablar de cómo están, de cómo van los hijos... Es muy impactante.


El 30 de abril de 2013, Día del Niño en México, pedimos a la patrulla fronteriza que abriera la puerta por un momento para hacer algo simbólico. Una persona me reconoció. Se llamaba Luis, y nunca había abrazado a su hija al otro lado. Le di una camiseta de la organización y cuando se abrió la puerta, su hija Jimena lo vio y brincó a sus brazos. Solo teníamos dos minutos, dos minutos abrazándose.


Me partió el alma, teníamos que volver a abrir la puerta cada año. La migra estuvo de acuerdo y ahora son encuentros de 20 minutos. También los hemos convencido para el Día Internacional del Niño, en noviembre. En el verano quiero hacerlo otra vez, y así, poco a poco, abrir cada vez más el muro.


Vamos con el gran nombre propio, Donald Trump. Una persona que lleva tantos años trabajando en la frontera y ha presenciado tanto sufrimiento. ¿Cómo vive el triunfo del discurso xenófobo del presidente de EEUU?


Este movimiento de odio es mundial y ya ha pasado antes en la historia. Me dio mucha tristeza cuando Trump lanzó su campaña atacándome a mí y al resto de mexicanos, diciendo que somos criminales y violadores, y el Partido Republicano no hizo nada.


Ha sido una vergüenza y una tragedia tenerlo como presidente. No está preparado, es racista, admitió haber atacado a mujeres. No va a durar más de año y medio. Lo van a quitar de ahí porque es la persona más peligrosa del mundo, puede causar la tercera guerra mundial. Pero no puede hacer lo que quiere, hay un sistema que está bloqueando muchas de las leyes racistas que trata de sacar.


Sin embargo, usted cuenta que lleva mucho tiempo combatiendo la xenofobia, no solo ahora con Trump.


En 1994, EEUU, que había dicho anteriormente "Señor Gorbachov, tumba el muro de Berlín", comenzó su propio muro. Ese año aprobaron una ley muy racista, la Proposición 187. También fue el del tratado de libre comercio, el movimiento de los zapatistas... Todo ello causó que el flujo de los migrantes empezara a crecer muchísimo.


En 2005 comenzamos 'Gente unida', una organización para combatir el odio y el racismo. Había un grupo que se llamaba 'los cazamigrantes', gente que iba a la frontera con rifles para dispararles. Era increíble. Los enfrentamos con varios actos pacíficos. Nos colocábamos detrás de ellos con bocinas y gritábamos: "Son unos racistas, no crucen, es peligroso". Seguimos hasta que nos deshicimos de ellos después de varios años.


También queríamos combatir los programas de odio en la televisión por cable, porque allá en EEUU hay programas que son muy peligrosos. Todo lo que se está viviendo ahora, con el racismo de Trump, había pasado antes pero sin una persona que se llamara Trump.


El presidente Trump se apresuró a cumplir su promesa estrella y en enero firmó la orden para seguir fortificando la frontera.


Te aseguro que México no va a pagar ningún centavo del muro. Primero, ya hay un muro que cubre un tercio de la frontera. Segundo, hay más migrantes saliendo de EEUU que entrando, voluntariamente y por las deportaciones. ¿Por qué, entonces, el muro? Cuando Trump lo construya, dará crédito a que la gente ya está saliendo, algo que sucede desde hace cinco años, y dirá que su muro ha parado el flujo migratorio.


Los mexicanos éramos el grupo más grande que entraba sin papeles. Ya no. La situación económica en México está mejor y muchos están regresando para encontrar trabajo allí. El grupo más grande que está entrando ahora son los centroamericanos.


También hay voces críticas con el trato que da México a los migrantes que transitan por el país.


Como muchos países, no les hemos dado la bienvenida. La mayoría del pueblo mexicano apoya a los migrantes y las leyes no son tan estrictas como las estadounidenses, pero EEUU le paga para que proteja su frontera sur. No tenemos muro con Guatemala, pero han intentado que México tome una posición más fuerte.


Tenemos que ser el ejemplo de cómo queremos que nos traten. Ahora hay muchos haitianos, unos 5.000, en Tijuana que quieren cruzar a EEUU y se les ha recibido muy bien. Muchos de los centroamericanos quieren quedarse en el país. Con Donald Trump constantemente atacando a México, el país se ha unido más. Cuando te atacan, te unes con tu gente. Ahora tenemos que mejorar nuestro trato a los migrantes, sin duda.


Una vez el senador Kennedy me dijo: "Enséñeme un muro de cinco metros que yo te enseño una escalera de seis".


El flujo migratorio a EEUU, según apunta, ya estaba disminuyendo desde antes. Pero ¿han detectado algún cambio en la frontera desde la llegada de Trump a la Casa Blanca?


Lo que sí es diferente es que los migrantes que ya están en el país tienen miedo. Están preocupados por las deportaciones y las redadas. Con el presidente Bush había retenes en el interior del país. Con Obama no. Los republicanos, que son muy inteligentes, cambiaron el sistema para contar las deportaciones: se empezó a contabilizar a los que saltan el muro y los deportan el mismo día.


Un día le pregunté a Obama por qué no decía algo al respecto y me contestó que quería que los republicanos trabajaran con él en la reforma de migración. Le deseé suerte, porque no iba a ocurrir. Y no ocurrió.


Trump ha dado algunas pinceladas de su futura reforma migratoria. ¿Qué se sabe de este asunto?


Quiere deportar a todos los migrantes sin papeles y proteger a los "soñadores" –jóvenes y niños que llegaron al país de manera irregular– porque los estima. Entonces, si los estima, ¿por qué va a deportar a sus padres y a sus hermanos? Vivimos unos tiempos muy peligrosos. Nunca hemos visto más crímenes de odio contra migrantes, musulmanes y mujeres.


Tenemos que alzar la voz, la gente ya está tomando cartas en el asunto marchando y protestando, diciendo "no" al muro. Todos queremos proteger la frontera, pero hay que tratarlos de una manera más digna. Cada verano muere más gente debido al muro entre EEUU y México que en toda la historia del muro de Berlín.


¿Qué debería contener esta reforma?


Los 11 millones de migrantes que están en EEUU sencillamente quieren estar documentados. No quieren ser ciudadanos, quieren tener un documento que les proteja de la deportación. También, que las personas que quieran entrar puedan hacerlo por la puerta de delante. Ahora tienes que ganar cierta cantidad de dinero solo para poder solicitar el visado. La mayoría no lo tiene y por eso cruzan.


Urge a EEUU, porque es culpable de la salida de los migrantes de sus países. La invasión de Irak, la intervención en Centroamerica de Reagan, la demanda de droga ilegal, el consumo del 35% de los recursos naturales del mundo... Eso causa que la gente se vaya de su país de origen. EEUU debería darles la bienvenida.


Deben practicar eso que les gusta decir, los derechos humanos, sin ese muro de la vergüenza y la muerte. Una vez el senador Kennedy me dijo: "Enséñeme un muro de cinco metros que yo te enseño una escalera de seis". Las personas que quieren cruzar van a encontrar una manera de hacerlo, como sucede aquí en Europa.


¿Cómo se combate la retórica criminalizadora del presidente sobre la migración?


La estrategia es que la gente sepa la verdad. En mi vida he oído que hay demasiados alemanes en EEUU, pero hubo un tiempo en que se decía. Si este discurso hubiera tenido éxito, no hubiera llegado Friedrich Trump, abuelo alemán de Donald Trump. Después dijeron que hay demasiados polacos, italianos, chinos... Ahora dicen que hay demasiados mexicanos.


Es muy importante que la gente sepa lo que ocurre, porque las mentiras vuelan: que los migrantes son criminales, que no pagan impuestos... Una persona sin documentos, según el Departamento de Justicia, es diez veces más probable que no sea un criminal, porque no quieren ser deportados. Quieren un trabajo para dar de comer a sus hijos o quieren reunirse con su familia. No arriesgan su vida para cometer crímenes. Sí pasa, pero son excepciones. Y claro que pagamos impuestos. Cuando compras algo nadie te pregunta si tienes papeles o no.


¿Qué opina de la situación en Europa, donde también hay muros?


En España, como en EEUU, deben tener leyes más justas. No vale construir muros con Marruecos o México que causan tantas muertes. El año pasado fue el más trágico, murieron más de 8.000 personas tanto en EEUU como aquí en Europa. Tienen que alzar la voz también. Es la juventud la que va a marcar el cambio, porque tiene algo que nosotros no teníamos: mucho acceso a la información. Un ataque contra alguno de nosotros, ya sea gay, migrante o musulmán, es un ataque contra todos.

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Lunes, 20 Marzo 2017 08:20

Cruel e inusual

La semana pasada Donald Trump seleccionó como su contraparte histórico al presidente Andrew Jackson (1829-1837), ya que se opuso a la élite arrogante, igual que él. Fue figura complicada, con nociones parecidas al populismo nacionalista de Trump, y también un enamorado de su propia imagen. Fue un defensor de la esclavitud y promotor de lo que se conoce como la remoción indígena (la expulsión de los pobladores originarios de sus tierras). En la imagen, Trump de visita en la casa de Andrew Jackson el pasado miércoles 15 de marzo, en el 250 aniversario de su natalicio, en Nashville, Tenesi

 

La crueldad de las políticas impulsadas por el nuevo gobierno trumpista se revela cada día, y la semana pasada, con la presentación de su propuesta para el presupuesto, la anulación de la reforma de salud y la promoción de medidas antimigrantes, quedó clara la guerra contra los más vulnerables y contra el planeta mismo (obviamente incluida la humanidad, entre otros seres vivientes).

La perversa narrativa que acompaña esto –recuperar la grandeza de Estados Unidos y la defensa contra las múltiples amenazas que provienen de extranjeros– tal vez sigue funcionando, pero pronto los efectos nocivos, tóxicos y hasta fatales de estas políticas no podrán ser ocultados o disfrazados. Entre los que sufrirán estarán amplios sectores de sus propias bases, sobre todo los trabajadores blancos y pobres.

Las noticias están llenas de las maniobras ineptas de Trump, sus acusaciones sin pruebas (la más dramática del momento, de que Obama ordena el espionaje de la oficina de Trump, que ha sido descalificada por su propio Departamento de Justicia, la FBI, los comités de inteligencia y el ex presidente, pero aun así insiste), denuncias de todo lo que no se subordine a su versión de las cosas, incluso dentro del propio gobierno, pero a veces el circo sirve de distracción respecto de las políticas para robarse el pan del pueblo.

Por ejemplo, el proyecto de ley para el desmantelamiento de la reforma de salud –prioridad para los republicanos– resultará en que 14 millones pierdan su seguro de salud el año entrante, y 24 millones para 2026, pero eso no es todo. Esa misma iniciativa de ley incluye –a cambio del sacrificio de los más necesitados– una gloriosa reducción de 600 mil millones de dólares en impuestos para los ricos, en un momento en el cual los mas prósperos ya concentran más riqueza que nunca.

En el presupuesto federal –el cual es una propuesta del Ejecutivo siempre modificada por el Poder Legislativo– se expresan los deseos concretos del nuevo gobierno. Un resumen relámpago: incremento histórico del gasto militar, ya de por sí el más alto del mundo, por 54 mil millones de dólares, y para el aparato de seguridad nacional internacional y doméstico, incluyendo medidas antimigrantes, mientras se reducen casi todos los rubros de asistencia social para los sectores más vulnerables (programas para vivienda pública, asistencia de alimentos para viejos y para nuevas madres, asistencia legal, y hasta fondos para calefacción), aniquilación del financiamiento federal para las artes, humanidades y medios públicos; reducción del financiamiento de investigaciones científicas y médicas (incluso sobre cáncer y sida), y anulación de todo lo que tiene que ver con el cambio climático.

El director de la oficina del presupuesto de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, comentó ante medios que en torno al cambio climático, yo creo que el presidente fue bastante directo: ya no vamos a gastar dinero sobre eso. Consideramos que eso es un desperdicio de dinero... Por varias agencias del gobierno, lo relacionado al cambio climático está bajo ataque. La Agencia de Protección Ambiental, encabezada por un cuate del presidente que dice que no está de acuerdo con el consenso científico mundial sobre el cambio climático, enfrenta un recorte de casi un tercio de su presupuesto.

Dentro de ese presupuesto se asigna un primer gasto para la construcción del muro fronterizo, así como financiamiento para medidas antimigrantes, incluida la creación de más centros de detención. El clima de pánico que sigue creciendo entre las comunidades inmigrantes es festejado por Trump, al darse crédito por una reducción de 40 por ciento en las detenciones en la frontera. A la vez, propuestas como la de separar de inmediato a madres de sus hijos menores al capturarlos cruzando la frontera de manera ilegal son defendidas abiertamente.

Promover tanto sufrimiento y daño no es necesariamente un detalle nuevo en esta democracia donde la opinión mayoritaria suele ser ignorada por la cúpula (las últimas encuestas, por ejemplo, reafirman que la mayoría favorece la legalización de inmigrantes indocumentados y se opone al muro), pero sí el afán y el odio con que se está haciendo.

Vale recordar que las perspectivas derechistas, antimigrantes y racistas de estas políticas son construidas por algunos de sus asesores mas íntimos, sobre todo Steve Bannon –el Rasputín de la Casa Blanca–, quien es admirado por agrupaciones ultraderechistas nacionalistas y supremacistas, y Sebastian Gorka, quien supuestamente es asesor antiterrorista del presidente. El periódico judío The Forward reportó la semana pasada que funcionarios de Vitezi Rend, grupo neonazi húngaro, afirman que Gorka es uno de sus miembros. De hecho, si lo es, podrá poner en jaque su esencia migratoria en este país si resulta que mintió sobre esa asociación, ya que el Departamento de Estado clasifica esta organización como vinculada a los nazis.

La semana pasada Trump seleccionó como su contraparte histórico al presidente Andrew Jackson (1829-1837), afirmando que ese presiente se opuso a la élite arrogante, igual que él. Fue figura complicada, con nociones parecidas al populismo nacionalista de Trump, y también un enamorado de su propia imagen machista. Pero más revelador es que fue defensor de la esclavitud y promotor de lo que se conoce como la remoción indígena –la expulsión de los pueblos indígenas de sus tierras–, que fue una especie de limpieza étnica. De hecho, sus políticas culminaron en el Camino de Lágrimas, donde 4 mil indígenas cheroquis, incluidos niños, murieron de hambre y frío durante su obligado éxodo al oeste.

Trump está impulsando una orgía de crueldad... esto es moralmente repugnante. Viola todos los ideales más valorados de esta nación. Tenemos una responsabilidad moral para frenarlo, afirma Robert Reich, escritor que fue secretario de Trabajo del gobierno de Clinton.

La octava enmienda de la Constitución prohíbe los castigos crueles e inusuales. Es la descripción precisa de las políticas contra los más vulnerables, los inmigrantes, los refugiados, los pobres, los niños y el planeta mismo que se anuncian con tanto gusto desde la Casa Blanca.

 

 

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Lunes, 13 Marzo 2017 06:58

La frontera del caos y la penuria

El puente se cruza a pie en ambos sentidos; no hay aduana ni control de pasaportes (Andy Robinson)

 

Venezolanos y colombianos trafican con todo y sin ningún control a través del puente Simón Bolívar

 

Cúcuta (Colombia)

 

Hay un tráfico de dos sentidos en la frontera entre Venezuela y Colombia. Y se trafica con todo. Hay venezolanos que van en busca de alimentos y colombianos que necesitan refugio. Se comercia con arroz y cocaína, gasolina y ganado. Lo hacen guerrilleros de izquierdas y paramilitares de ultraderecha. Últimamente, muchos venezolanos, no sólo los de la ciudad fronteriza de San Antonio, cruzan a Cúcuta por el puente de Simón Bolívar, dejando atrás los carteles que anuncian: “En esta aduana no se habla mal de Chávez”. Se dirigen a los supermercados cargados de billetes venezolanos para abastecerse de productos crónicamente escasos en Venezuela. “Voy a comprar antibióticos”, dice un joven estudiante que venía de San Cristóbal a 30 kilómetros de distancia. Pero para no alimentar otra historia mediática de la tiranía bolivariana, otro venezolano recuerda que los fármacos esenciales se consiguen gratuitamente en el sistema de sanidad pública.

Germán Parra ya ha llegado a La Parada, un conjunto de oficinas de cambio de divisas y supermercados baratos en el lado colombiano del puente. Vive en Cúcuta y trabaja en la construcción. Pero a los venezolanos no se les ven con buenos ojos en Cúcuta en estos momentos. Los colombianos les echan la culpa de un aumento de la delincuencia aunque muchos robos se hacen desde motocicletas y en Venezuela es casi imposible comprarse una moto.

Crece la xenofobia en una ciudad que se siente abandonada por Bogotá. El vicepresidente colombiano Germán Vargas llegó a decir al inaugurar un proyecto de viviendas nuevas el mes pasado: “Estas son para ustedes y no para los venecos”, un término que muchos consideran insultante. “Aquí los venezolanos somos subversivos, ladrones, paramilitares, narcotraficantes”, sostiene Parra. Pese a ello, entran sin mucho control. Hay que tener permiso para cruzar pero en el puente Bolívar ningún policía pedía papeles y la gente pasaba de un lado a otro sin el miedo que se palpa en otras fronteras.

A doscientos metros del puente, los residentes de La Invasión, un asentamiento ilegal en el lado venezolano que la policía intenta desalojar, cruzan el río en balsa para ir a trabajar en Colombia y volver a casa por la tarde. Una de ellas, la colombiana Kailin Vélez de 28 años, trabaja de camarera en una casa de comidas en La Parada. ¿Por qué vivir en San Antonio y trabajar en Cúcuta? “Porque la vivienda y los servicios públicos en Venezuela son mucho más baratos que en Colombia pero los salarios son mucho más bajos”. En cuanto a la comida depende de si queda algo de precio regulado. Escribe en el cuaderno una tábula con los precios comparativos, todo convertido a pesos colombianos. Salario mínimo: Venezuela, 140.000; Colombia, 737.000. Alquiler más luz y agua: 15.300 pesos al mes en Venezuela; 750.000 en Cúcuta. Patatas: 800 el kilo en Colombia; 1.500 en Venezuela. Frijoles: 6.000 en Cúcuta. ¿Y en San Antonio? “No hay”.

Todo tiene matices en la frontera, aunque nadie lo creería viendo la televisión o leyendo el periódico. En los medios colombianos la historia es la del venezolano que huye del desabastecimiento causado por el socialismo bolivariano hacia la cornucopia del capitalismo colombiano. Pero el matiz es que los bachaqueros, los vendedores del mercado negro, y los contrabandistas han aprovechado los precios tirados de bienes esenciales subvencionados en Venezuela para venderlos a venezolanos en Cúcuta. O para reexportarlos a Venezuela. “Un bachaco es una especie de hormiga. Los bachaqueros en la cola trabajan a sueldo de bachaqueros de cuello blanco y de mucho dinero”, dice Guiomar Caminos, residente de San Cristóbal. “Cuando llegamos al supermercado, muchas veces, ya no queda nada”, añade Esther Julia, su mujer, mientras cena macarrones a la boloñesa en su casa.

Luego está la cuestión de la gasolina. A lo largo de la frontera de 2.000 kilómetros, hay ríos o caminos de tierra, las trochas, como dicen los venezolanos, donde cruzan los contrabandistas de gasolina fuera de la vista de las fuerzas de seguridad. Puesto que en Venezuela se puede llenar el depósito por el equivalente a un dólar, todo el estado colombiano de Santander se abastece de gasolina venezolana. El gobierno en Caracas cerró la frontera durante varios meses el año pasado con el fin de afrontar ese tráfico ilegal. Incluso ahora, solo pueden pasar peatones por el puente con la excepción de las horas de madrugada cuando pasan camiones cargados de alimentos. Pero si Donald Trump piensa que la frontera entre EE.UU. y México es porosa, la de Colombia y Venezuela es un colador.

La narrativa dominante en la frontera es que miles de venezolanos hambrientos llegan en busca de refugio económico desde el desastre al otro lado. Pero, por dura que sea la escasez, cuesta encontrar a alguien en San Cristobal con aspecto de muerto de hambre. Hay más indigentes a la vista en Colombia. Es más, hay otros refugiados, aún más desesperados, que cruzan la frontera en el otro sentido. Hace dos semanas, trascendió que casi 200 campesinos colombianos de una comunidad en Catatumbo, en el norte del estado de Santander, a 200 kilómetros de Cúcuta, habían llegado a un pueblo venezolano en busca de santuario tras ser desplazados por paramilitares de ultraderecha.

Esto ocurre en un momento en el que la guerrilla de las FARC se ha desmovilizado. Hasta ahora justificaba su lucha armada por la necesidad de defender a los campesinos de los paramilitares. Por eso, quizás las autoridades colombianas desmintieron la noticia pese a que existen múltiples testimonios de que ocurrió. Los paramilitares “se dedican a intimidar a los campesinos para que no reivindiquen sus derechos de acceso a la tierra y compensación por sustituir sus cultivos de coca”, declara Yefri Torrado, experto en derecho de la Universidad Libre de Cúcuta.

¿Por qué cruzarían los campesino a Venezuela? “Porque hay indicios de que los paramilitares cuentan con aliados en la administración local y en el ejército colombiano; cuando se ha visto a los paramilitares del Águila Roja suele ser en lugares próximos a las bases militares”, añade. Al otro lado, aún pueden contar con la protección de los guerrilleros que se esconden en territorio venezolano, y las fuerzas de seguridad están más dispuestas a denunciar violaciones colombianas aunque sólo sea para relativizar las suyas.

Cuando el presidente venezolano Nicolás Maduro se mostró preocupado por las cuestiones humanitarias en la frontera tras la llegada de los refugiados, las autoridades colombianas lo acusaron de querer desviar la atención de la crisis humanitaria en Venezuela. Puede ser verdad pero quizás hay otra explicación: con la inminente entrada de las FARC en política, hay que dejar muy claro que el camino de la izquierda, al igual que el puente de Bolívar. conduce al caos y la penuria. “Aquí, en la frontera, se está jugando la hegemonía política”, remacha Torrado.

 

 

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8M: La huelga mundial de mujeres y el creciente movimiento contra Donald Trump

 

El martes, la Estatua de la Libertad quedó casi completamente a oscuras, un día después de que el presidente Donald Trump firmara su nueva orden ejecutiva contra el ingreso a Estados Unidos de refugiados y ciudadanos de seis países de mayoría musulmana, un decreto conocido como “Prohibición contra musulmanes 2.0”. El apagón pareció también un presagio de lo que ocurriría al día siguiente, el Día Internacional de la Mujer, que este año contó con la organización de la huelga “Un día sin mujeres”. La dama de la Libertad, que durante más de 130 años ha proclamado al mundo “Dadme vuestros seres pobres y cansados / Dadme esas masas ansiosas de ser libres”, desapareció, al menos por unas horas, del horizonte de la ciudad de Nueva York.

El Día Internacional de la Mujer se conmemora el 8 de marzo desde hace más de un siglo, pero el día de acción mundial de este año tuvo un valor agregado de urgencia. Un hombre que fue filmado mientras alardeaba de cometer acoso sexual terminó siendo el actual presidente de Estados Unidos.

En una grabación del programa “Access Hollywood” de 2005 que se hizo pública el pasado mes de octubre, Trump le dice a Billy Bush, ex presentador de la cadena NBC: “Ni siquiera espero. Y cuando eres una estrella, ellas te dejan hacerlo... Puedes hacer cualquier cosa. Agarrarlas por el chocho.” Billy Bush perdió su trabajo a causa del escándalo, pero Trump fue electo presidente pocas semanas después.

Al otro día de la asunción de mando de Trump, más de cuatro millones de personas participaron en manifestaciones en todo Estados Unidos, en lo que quizá sea la mayor protesta política en la historia estadounidense. La Marcha de las Mujeres en Washington, por ejemplo, congregó una cantidad de gente tres veces mayor que la multitud que asistió a la ceremonia de asunción de Trump el día anterior, lo que claramente enfureció al presidente.

Dos días después, Trump firmó una orden ejecutiva que impuso una “ley mordaza mundial” que prohíbe a Estados Unidos financiar a cualquier organización de salud que realice abortos o que incluso lo mencione como opción. Trump también está presionando a los legisladores para que aprueben el proyecto de ley republicano que tiene como objetivo derogar la Ley de Cuidado de la Salud a Bajo Precio, conocida como Obamacare. La ley dejaría sin fondos a la organización Planned Parenthood, que brinda anualmente una amplia gama de servicios de salud a más de dos millones y medio de mujeres estadounidenses. Solo el 3% de sus servicios están vinculados al aborto, y los fondos federales no financian los abortos.

Con manifestaciones en más de 50 países, la huelga de mujeres de este año es la más importante en la historia reciente. El sitio web de la organización señala: “El 8 de marzo será el comienzo de un nuevo movimiento feminista internacional que organice la resistencia no solamente contra Trump y sus políticas misóginas, sino contra las condiciones que dieron lugar a Trump; concretamente, décadas de desigualdad económica, violencia racial y sexual, y guerras imperiales en el exterior”.

Esta misma semana, un documento filtrado reveló que el Departamento de Seguridad Nacional está considerando una propuesta para separar a las madres refugiadas de sus hijos en caso de que sean capturados al cruzar la frontera entre México y Estados Unidos.

En un video realizado para dar difusión a la acción mundial del 8M, distintas personas declaran sus motivos para participar:

“Voy a hacer huelga el 8 de marzo porque creo que las mujeres deben tener libertad para tomar decisiones sobre sus propios cuerpos... Voy a hacer huelga el 8 de marzo... por la igualdad salarial y de oportunidades... porque el trabajo de las mujeres hace posible el resto de los trabajos... y porque ya es hora que comencemos a valorar el trabajo de la mujer. Voy a hacer huelga el 8 de marzo... porque quiero sentirme libre cuando salgo, no valiente... porque las mujeres importan”.

Al despuntar el alba en Washington DC, en el Día Internacional de la Mujer, Donald Trump tuiteó: “Tengo un enorme respeto hacia las mujeres y los numerosos papeles que desempeñan, que son vitales para la estructura de nuestra sociedad y nuestra economía”. Esto proviene de un hombre que ha sido acusado de asalto y acoso sexual por al menos 15 mujeres, la mitad de ellas durante su reciente campaña electoral.

Las mujeres del mundo, junto con los hombres que apoyan su lucha, juzgan a Trump por sus acciones, no por sus palabras. Están comprometidas, están enfurecidas y se están organizando para abordar cada tema. Entre los carteles de las manifestaciones por el Día Internacional de la Mujer había uno que decía: “Nada de mordaza, nada de prohibición, nada de muro”. Otro decía: “El lugar de la mujer es la revolución”. Todos los días, Trump afecta los pilares de los logros progresistas por los que tantas personas han luchado, han sido encarceladas e incluso han muerto a lo largo de más de un siglo. Pero la resistencia está creciendo y brinda esperanzas en esta era de oscuridad.

 

© 2017 Amy Goodman

 

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

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Jueves, 09 Marzo 2017 08:00

Mitades indisolubles

El Paso a la altura del Parque Ascárate (Izq), el Río Bravo al centro y Ciudad Juárez (der).

 

Volando hacia el oeste desde Houston en el pequeño y apretado Embrair, el desierto parece prolongase hasta el infinito, la sabana de arena y los matojos secos que se van sucediendo como si el paisaje árido se copiara a sí mismo en espejos calcinantes. Voy hacia El Paso, situado en una esquina donde se acaba Texas y la raya divisoria enseña que comienza Nuevo México, para hablar en un congreso de literatura organizado por la sede local de la universidad estatal.

Pero la cuña debajo es el estado de Chihuahua, arena desolada también y algunas elevaciones montañosas a lo lejos, mientras el río Grande, como figura en los mapas de Estados Unidos, o río Bravo, como se llama en los de México, discurre entre ambos países de manera casi invisible, a veces pequeños charcos, a veces un hilo de agua entre las piedras. Es en otros trechos de su extenso curso donde los inmigrantes clandestinos buscan atravesarlo a nado, los morrales a la espalda.

A lo largo de los más de 3 mil kilómetros de frontera hay poblaciones a ambos lados que se aproximan, desde San Diego y Tijuana en el Pacífico hasta Brownsville y Matamoros en el Atlántico, pero en ninguna parte como aquí se trata de la misma ciudad dividida en dos mitades, el antiguo poblado de El Paso del Norte, que en tiempo fue uno solo: de un lado El Paso texano, provinciano y apacible, del otro Ciudad Juárez, feroz y multitudinaria.

México para divisar. Tras la malla de acero que marca la línea divisoria, se alza la equis roja de 60 metros de alto del monumento a la mexicanidad, del escultor Enrique Carbajal (Sebastián), como un jack gigante que ha rodado hasta la plaza del Chamizal, un terreno que fue parte del lecho cambiante del río y devuelto a México apenas en 1964. En el centro de la equis hay un ojo que mira de manera enigmática hacia El Paso.

La amiga profesora universitaria que me acompaña en este recorrido a lo largo de la cerca de acero que aparece y desaparece, y a veces es doble, con un espacio intermedio para los vehículos de las patrullas fronterizas, me dice que ella es de los dos lados, y nunca podrá dejar de serlo. Tiene las dos nacionalidades. Vive y da clases en El Paso, sus padres residen del lado mexicano, y hoy asistirá al concierto de José Luis Perales en Ciudad Juárez.

Miles de autos y transportes de carga van y vienen, estudiantes y trabajadores cruzan los accesos peatonales a través de los varios puentes para ir y volver cada día. Hay más católicos en El Paso que en Ciudad Juárez, donde proliferan las iglesias evangélicas. Son mitades indisolubles, me dice la profesora, mientras continuamos este extraño recorrido turístico hecho a iniciativa mía, porque he querido ver dónde es que Trump intenta construir su muro, pagado, según se ufana, por los propios mexicanos.

A lo largo de esta frontera de mar a mar hay infinidad de pasos clandestinos, y centenares de túneles para el contrabando de la droga, que también es arrojada aún con catapultas artesanales.

Según cálculos al vuelo hechos por Trump, su muro costaría 8 mil millones de dólares. Y deberá tener entre 10 y 12 metros de altura, equivalente a un edificio de cuatro pisos, para que sea un muro de verdad. ¿Y cómo lucirá ese muro? Lucirá bien, tan bien como pueda lucir un muro, responde con implacable lucidez. ¿Será de hormigón armado, como el muro de Berlín? Ese dato aún no se revela. De todos modos, un poco más modesto en extensión que la muralla china, con sus 21 mil kilómetros; más baja, sin embargo, que el futuro muro de Trump, pues aquella se eleva apenas siete metros.

El muro de Berlín no corría muy largo, lo suficiente para mantener prisioneros a los habitantes de una mitad de la ciudad, 125 kilómetros de perímetro, con una altura de apenas 3.6 metros, puro hormigón armado. Un muro para no dejar salir a la gente. El de Trump será para no dejar entrar, igual que la muralla China, destinada a impedir el paso de las hordas de mongoles y manchurianos. Inmigrantes mexicanos y centroamericanos, he allí las nuevas hordas que ahora se toparán en medio del desierto con esa alta pared, lisa, inexpugnable, un espejismo sólido.

Lisa, sólida. Interminable, ondulando en la distancia en el paisaje de arena y matojos secos que se divisa desde la ventanilla del avión. Para los amigos residentes en El Paso, mexicanos y latinoamericanos de origen, como la profesora que me acompaña a la excursión, el tema inagotable es el muro de Trump.

Para unos es un muro más bien que físico, ideológico. Trump nunca llegaría a contar en el presupuesto con semejante cantidad de dinero, pues aún dentro de los legisladores republicanos no tiene ese consenso. Un muro construido en la mente. Un muro que excluye, que discrimina, y que se articulará a través de un conjunto de decretos, leyes y medidas administrativas para contener la ola migratoria, y a la vez para buscar cómo expulsar al menos una parte de los 11 millones de inmigrantes ilegales que viven y trabajan dentro de Estados Unidos.

Para otros, se trata de algo imposible, que se quedará en la mente de quienes se aferran a la nación blanca, incontaminada de inmigrantes latinos pobres. Expulsar a tantos millones de ilegales sería una empresa absurda, para la que no darían abasto los 15 mil nuevos agentes de migración que Trump ha ordenado contratar.

Pero estos son otros Estados Unidos, sin duda. No se trata sólo de los inmigrantes, sino de las libertades públicas, de los derechos civiles, del temor a una autocracia.

¿Una autocracia en Estados Unidos? Mis amigos universitarios asienten, ensombrecidos. Ven el peligro cernirse sobre sus cabezas, y tienen la esperanza de que la gente, apoyada en las instituciones, resistirá cualquier embate autoritario.

 

El Paso, marzo de 2017

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Benoit Hamon, candidato presidencial del Partido Socialista Francés 2017 en a la conferencia UDECAM sobre medios y comunicación en París, 2 de marzo de 2017.

 

Condenados a reinventarse. Los partidos progresistas europeos navegan entre dos aguas: la socialdemocracia, sumergida en un mar tomentoso y carente de liderazgos y de programas atractivos, y sus emergentes rivales izquierdistas, sin apenas currículum de gestión gubernamental.

 

La encrucijada es de enjundia. La izquierda europea no acaba de salir de su espiral de destrucción de votos y de dispersión de propuestas capaces de resintonizar con las capas sociales del Viejo Continente.

A pesar de que casi una década después de la mayor crisis financiera desde el Crash de 1929, la virulencia de los excesos del capitalismo desordenado de los mercados previa a la quiebra de Lehman Brothers, y las posteriores políticas de austeridad que trataron de cerrar la hemorragia -sobre todo, en Europa- se haya saldado con la práctica eliminación de la clase media y una masiva destrucción de empleo entre las denominadas economías industrializadas.

El caldo de cultivo para la irrupción de la izquierda, pues, parecía haber entrado en estado de ebullición. En el punto idóneo en el que debían asestar el golpe definitivo a los partidos del otro lado del espectro político, proclives tanto a los recortes sociales de calado como a la defensa a ultranza del neoliberalismo de mercado.

Pero la realidad es más cruda. La socialdemocracia no ha sabido leer este Cuaderno de Bitácora. Y la profusión de movimientos políticos y sociales a su izquierda tampoco han sido hasta ahora capaces de acumular el músculo necesario para hacer frente a las posiciones nacionalistas de ultraderecha que, en cambio, han sabido asumir parte del ideario progresista en asuntos como el reparto de las ayudas sociales.

Eso sí, a costa de enarbolar la bandera del combate contra el inmigrante y de reducir los recursos por razones étnicas y de nacionalidad.Las convocatorias electorales europeas de 2017 dejarán un diagnóstico más nítido de en qué episodio se encuentra el otrora idilio entre la izquierda y las sociedades civiles.

En especial, tras un ejercicio, el pasado, en el que arraigaron mensajes neoliberales de crítica a la falta de recetas socialdemócratas ante la crisis, en el que los partidos de ultraderecha han cerrado filas y elevado sus respaldos sociales y en el que han emergido fenómenos como el Brexit o la era Trump en las latitudes tradicionalmente más próximas a la UE. Sobre todo, en tres escenarios.

En Holanda, en Francia y en Alemania. También hay citas con las urnas en República Checa, en junio, donde el movimiento Ano (que significa Sí), dirigido por el mediático multimillonario Andrej Babiš, que se declara simpatizante de Trump y promete resolver la inmigración con deportaciones frente a las fragmentadas opciones de izquierda.

En Serbia, con estatus negociador para su incorporación a la UE, y donde su cita de mayo dirimirá si el país se inclina por el pro-europeismo, o vira hacia el Este, a la estela de la Rusia de Putin. O en Noruega, la versión escandinava no comunitaria (con permiso de Islandia) cuyo partido Progreso, de Siv Jensen, tratará de arrebatar al laborismo, allá por septiembre, el protagonismo definitivo en los comicios frente a la formación conservadora, mediante una delicada y compleja mezcla de rebajas fiscales y gastos en infraestructuras, con estrictos controles migratorios, para garantizar el generoso Estado de Bienestar noruego.

La izquierda tradicional, la socialdemócrata, afronta estos retos bajo mínimos. Sólo nueve países de la UE (Francia, Italia, Malta, Eslovaquia, Portugal, República Checa, Malta, Croacia y Suecia) presentan gobiernos progresistas. La mayoría, con coaliciones. En conjunto, apenas representan al 32,5% de los ciudadanos de la Unión. Lejos del 45% de 2007, en los prolegómenos de la crisis. Y a una distancia sideral de su Edad de Oro, la doble década de los ochenta y noventa del siglo pasado, cuando en Europa arreciaron los grandes proyectos europeos del euro o la expansión al Este.

La época que sacó réditos del final de la era Thatcher en Reino Unido y que perduró hasta la Guerra de Irak de 2003. Con Miterrand, primero, y Blair, con posterioridad, como estandartes de un socialismo (laborismo, en el caso británico) fructífero al trasladar a sus sociedades civiles su indiscutible contribución a la estabilidad de las democracias y de los Estados de Bienestar europeos, o a la integración de la UE desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En este intervalo temporal, el peso de electoral de la socialdemocracia no tuvo parangón en la historia reciente.Pero ahora, ¿cómo afronta el desafío la izquierda? La tradicional, que se sigue afanando por no perder el apellido socialdemócrata, y la emergente, quizás más nacionalista y menos global pero también más familiarizada con los millennials y la digitalización de los mercados.

Holanda es el primer banco de pruebas. La campaña está dominada por las tesis nacionalistas. El gran favorito es Geert Wilders y su Partido por la Libertad. Anti-islamista y partidario del Nexit, la salida de Holanda de la UE. Su gran rival será el primer ministro, Mark Rutte, del conservador VVD, que parece haber restaurado su popularidad tras las medidas de austeridad aplicadas por su Ejecutivo entre 2012 y 2014 y que se declara euro-entusiasta.

Ambos mantienen un respaldo social en torno al 20%. A cierta distancia de sus cuatro perseguidores, que apenas superan el 10%. Entre ellos, están el laborismo (PvdA) de Lodewijk Asscher, ministro de Asuntos Sociales en el Gabinete de Rutte, y el Partido Socialista (PS) de Emile Roemer.

El tercero y cuarto en discordia son los cristiano-demócratas (CDA) y los liberales del D-66. Dentro de una amalgama de 31 formaciones, de las que sólo 14, presumiblemente, tendrán acceso a los 150 escaños del Parlamento. La cita será el próximo 15 de marzo.

 

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El electorado holandés está instrumentalizado por la inmigración y la vinculación con la UE. Todo asunto ajeno es secundario. Para muestra, dos botones. El 40% de turcos y marroquíes que viven en Holanda (sus dos estratos extranjeros más importantes) dice no haber aceptado la cultura de su país de acogida. Ni sentirse integrado en su sociedad. Tampoco parecen entusiasmados los holandeses con la condición de contribuyente neto de las arcas comunitarias.

Asscher paralizó los intentos de liberalización de la Sanidad y del mercado laboral de Rutte. Pero apenas ha podido tejer su compleja estrategia de restablecer apoyos con la clase trabajadora, estimular la prosperidad perdida de profesionales liberales y, al mismo tiempo, de convencer a funcionarios e inmigrantes de que -explica- “hay un amplio margen de mejora” para regenerar la frustración y la desigualdad. En diciembre tomó las riendas del PvdA de Diederik Samsom.

 

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Alexander Pechtold, de Democrats 66 Emile Roemer, del Partido Socialista y Lodewijk Asscher, del Partido del Trabajo (PvdA). EFE/EPA/BART MAAT

 

De ahí que hable de “urgencia” al intentar aunar apoyos de estratos sociales tan variopintos. Por si fuera poco, su contención a la privatización sanitaria choca con la mayor preocupación de sus conciudadanos, que están mayoritariamente convencidos de que el sistema nacional de salud camina hacia un lento, pero paulatino, colapso.

Con el coste por paciente al alza, desde los 150 euros de 2008 a los 385 euros en 2016, las desigualdades entre ricos y pobres en brecha abierta y la renta familiar estancada, Asscher apuesta por elevar la imposición, hasta el 60%, a ingresos superiorores a los 150.000 euros anuales, y la fiscalidad de las empresas. Aparte de este guiño al electorado progresista, el líder del PvdA reclama, sin precisión, que la libertad de trabajadores en la UE no suponga recortes salariales. Los malos sondeos que pesan sobre Asscher, pese a ser un admirado y habilidoso negociador, según coinciden sus detractores y defensores, parecen tener que ver con la ascendencia de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, y de Ahmed Aboutaleb, alcalde de Rotterdam, de origen marroquí, y el político más popular del país.

Ambos del PvdA y que podrían sucederle en cualquier momento al frente del partido.El SP de Roemer se declara un partido antiglobalización y pro-trabajadores. Fue el gran favorito en las elecciones de 2012 durante toda la pre-campaña. Pero se desinfló sin remedio en las urnas y no protagonizó el esperado sorpasso ni siquiera con el PvdA.

Es, para muchos analistas, similar en sus planteamientos al PVV de Wilders, aunque sin el componente racista. Defiende un nuevo sistema de salud. Cree que es urgente crear un fondo para Sanidad porque los recursos públicos actuales desaparecen en los bolsillos de burócratas y aseguradoras y no protegen al trabajador ni al dependiente. Es la prioridad en el discurso de Roemer.

Las listas de espera han aumentado un 28%, el 80% de la población ha perdido poder adquisitivo, más de un millón de personas viven bajo el umbral de la pobreza y, pese a que los parados han bajado de 700.000 a 550.000, el número de contratos estables se ha reducido hasta el 75%.

La temporalidad y los empleos por horas han arraigado. De ahí que su gran promesa electoral sea aumentar el salario mínimo en un 10%. Aunque no la única. También apuesta por la banca pública: “Tenemos que impedir que nuestros bancos acudan a los mercados de capitales”.

Además de regular la inmigración laboral. En Europa, pide más democracia. Y el fin de su visión neoliberal. Sin la dictadura de la Comisión Europea, sin Ejército propio y sin Justicia comunitarizada, asegura. En unos niveles notablemente más progresistas se mueven las candidaturas en Francia. Hasta el punto de poder afirmar que el punto estelar de los programas de los dos aspirantes de izquierdas es la Renta Básica Universal (RBU).

Una propuesta de mayor envergadura social que cualquiera de las que plantea sus colegas holandeses. Hasta el punto de que tratan de monopolizarla en países como España, donde Podemos, que la incorporó a su programa para los comicios de 2015 y 2016 (al igual que IU, antes y después de su coalición con la formación morada) trata de erigirse en el genuino defensor de esta medida, frente a los recientes intentos de las tres facciones del PSOE -en mayor o menor medida- por asumir una propuesta similar, en enjundia, a la que en el pasado supuso la Tasa Tobin para gravar las transacciones financieras vía divisas y acabar con la especulación en los mercados.

En medio de proclamas del presidente de la gestora y de Asturias, Javier Fernández, de “reformular” la socialdemocracia, el papel del Estado frente a las soluciones “milagrosas” del mercado y la preservación del Estado de Bienestar, como pilares del futuro plan económico del PSOE.

Benoît Hamon, aspirante socialista (PS) al Elíseo, y Jean-Luc Mélenchon, del Partido de Izquierda -político de ideología troskysta que abandonó el PS en 2008 y fundó el Parti de Gauche, junto con los antiguos comunistas-, se disputan también este estandarte, de cara a la primera vuelta, el 23 de abril.

Aunque es altamente probable que ninguno de los dos -ni ambos en comandita, si se diera el caso, como han insinuado-, podrán poner en marcha la RBU, dadas las casi nulas opciones que les conceden los sondeos (13,7% de intención de voto para Hamon, frente al 11% de Mèlenchon) de concurrir a la casi ineludible segunda vuelta, el 7 de mayo.

Porque, como en Holanda, las bazas más sólidas parecen ser el Frente Nacional de Marine Le Pen (26,1%) y, o bien los republicanos del conservador François Fillon (19,5%) -si los casos de presunto nepostismo se lo permiten- o el centro liberal de Emmanuelle Macron (20%), ex ministro de Economía en el Ejecutivo socialista de Manuel Valls. Los mercados asumen este horizonte, en el que Le Pen no lograría la jefatura del Estado.

 

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Posibles escenarios en función de las encuestas de la segunda vuelta

 

La RBU forma parte de lo que el líder laborista británico, Jeremy Corbyn, considera el urgente y renovado ideario de izquierdas en Europa, en el que se refleje el “mayor progresismo” que piden los militantes socialistas del Viejo Continente.

En esencia, esta renta básica sustituirá al abanico de programas, subsidios, deducciones fiscales y contribuciones sociales por trabajo e, incluso, los gastos administrativos asociados a estas tramitaciones, de forma que se convertiría en una retribución para personas con bajos o nulos niveles de ingresos, con la que se autofinanciaría su futura pensión. Aunque admite múltiples interpretaciones.

Para Hamon, la RBU “es un instrumento que libera trabajo y permite a cada persona poder elegir sus ocupaciones profesionales sin necesidad de tener que sufrir por ello”. Su propuesta se puede sintetizar en cuatro ideas-fuerza: instaurar una renta básica, ya en 2018, para jóvenes entre 18 y 25 años; aumentar los beneficios por desempleo o subempleo hasta los 600 euros al mes; implantar un sistema automático para estos pagos y universalizar la retribución con un mínimo de 750 euros mensuales.

El recurso a la RBU es, en realidad una vieja receta. Incluso de siglos precedentes. Aunque ha sido la crisis y sus devastadores efectos sobre la población la que ha puesto de nuevo de moda esta propuesta. Finlandia acaba de aplicar un programa experimental con 2.000 parados de larga duración, que recibirán 560 euros al mes.

La provincia canadiense de Manitoba lo practicó desde la década de los setenta hasta que un cambio reciente en su gobierno la ha derogado. Utrecht y otras ciudades holandesas también lo hicieron, como planes pilotos en 2015, pero se cancelaron por consultas populares contrarias. Igual que en Suiza, donde su opuso el 77% en junio de 2016 a una retribución de 2.500 francos suizos por adulto más un tercio adicional por niño a su cargo.

El ex ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ha sido uno de los más firmes defensores de la RBU: “Es necesario, una urgencia inaplazable para civilizar el capitalismo y evitar los espasmos que generará por la nueva generación tecnológica”, en alusión -dice el fundador de Democracia en Europa Movimiento 2025-, entre otros fenómenos, a la creciente robotización de los modelos productivos.

 

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El exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis. EUROPA PRESS

 

Varoufakis lidera uno de los intentos europeos más supranacionales de cambiar las agendas progresistas y de resistencia frente a movimientos de extrema derecha -en especial, en los países nórdicos y centroeuropeos- de robar la defensa del Estado de Bienestar a la izquierda.

Una batalla que trata de frenar el trasvase de gran parte de una clase trabajadora descontenta con las concepciones cosmopolitas y favorables a la globalización de los partidos progresistas y que también ha logrado reunir voces como la de premios Nobel de la talla de Paul Krugman o Joseph Stiglitz o de economistas también ilustres como Jefrey Sachs, James Galbraith o Thomas Pikkety.

De ahí que la disputa entre Hamon y Mélenchon en Francia sea de máxima intensidad. El líder izquierdista galo parte con ventaja. Su propuesta viene de largo. Y la vincula a transformaciones drásticas en los sistemas productivos, además de en las relaciones comerciales y en materia de defensa de los consumidores, alineados con las nuevas demandas sobre cambio climático, para dotar a Francia de un nuevo modelo retributivo que reduzca la brecha entre ricos y pobres.

Dice estar “encantado” de que “el viejo socialismo”, en estado “moribundo”, haya recapacitado con una medida como la renta básica y su “universalización”. Hamon, por su parte, cuenta a su favor con la salida del Ejecutivo socialista galo con el giro hacia la austeridad de su rival en las primarias (Valls), pero sus consignas reformistas, más allá de la RBU, van a remolque de las de Mèlenchon.

Motivo por el que el también apodado el Bernie Sanders francés, apenas ha logrado que calen sus tibios mensajes ecologistas y regeneradores en lo social. Con promesas como la legalización de la marihuana o la tributación por uso de robots en las cadenas productivas.

Más elocuente es la confrontación de planteamientos entre partidos izquierdistas en Alemania. Si bien aún queda bastante margen temporal -los comicios serán el 24 de septiembre-, el SPD de Martin Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo, ha logrado, con un tono sosegado, que los apoyos sociales socialdemócratas se equiparen a los de la CDU/CSU de Angela Merkel.

Tanto la canciller como Schulz acaparan el 32% de intención de voto. Un empate que genera el dilema al SPD de si optar por mantener la actual gran coalición con Merkel o apostar por un gobierno con la Izquierda y los Verdes. Pero que da alas a la visión continuista del líder socialdemócrata, partidario de regular la inmigración, dotar de estabilidad a Europa y de ahondar en la idea, cada vez más extendida entre el electorado, de que con Schulz “las cosas son posibles”.

Quizás por ello, parece que ha cundido como la mejor de sus recetas socio-económicas, la de combatir la evasión fiscal y dirigir los recursos de esta batalla a reducir las desigualdades. Entretanto, los planes de Die Linke (La Izquierda) de la doble candidatura integrada por Sahra Wagenknecht y Dietmar Bartsch -bajo el lema de “Alemania: social, justa, para todos”-, hacen hincapié en que su doctrinario representa un cambio de paradigma.

En este sentido, proponen crear un impuesto que grave con el 5% todos los patrimonios superiores al millón de euros, y un recorte de la carga tributaria sobre los ingresos familiares inferiores a 7.100 euros mensuales.

 

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Dietmar Bartsch y Sahra Wagenknecht, cabezas de cartel de la Izquierda alemana.

 

Así, según calculan en Die Linke, la Hacienda alemana tendría unos 80.000 millones más de euros que administrar. También se declaran partidarios de poner en marcha la Tasa Tobin, gravamen sobre las transacciones financieras para evitar movimientos especulativos.

Recursos que irían a sufragar el cambio energético y la creación de un auténtico mapa de infraestructuras digital. Y de congelar el presupuesto militar y prohibir las exportaciones de armas. Con esta batería de medidas pretenden pescar votos del SPD, pero también de Alternativa por Alemania, la AfD, a partir de la disociación -explica Wagenknecht- entre refugiados y terrorismo que la ha reportado no pocos adeptos a este partido de extrema derecha.

Unos 10.000 simpatizantes de la Izquierda se han decantado por la AfD en las últimas elecciones regionales, admiten varios think-tanks. La “restauración de la predictibilidad” es su gran aportación al debate europeo. Después de varios años de crisis, la UE navega “sin rumbo”; hasta el punto de darse de bruces con la realidad del Brexit y del resurgimiento de partidos ultranacionalistas de derechas, que han recogido adeptos entre el amplio número de jóvenes desocupados.

Su objetivo declarado: obtener un resultado de dos dígitos. Respaldo que les garantizarían ministerios y poder parlamentario en una probable coalición roji-verde.La suerte, pues, parece estar echada. Dos izquierdas, con dos sensibilidades, para combatir a la ultraderecha nacionalista europea.

 

 

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El presidente Donald Trump ayer, en su primera presentación ante una sesión conjunta del Congreso

 

Nueva York.

 

En un mensaje de unidad y fortaleza en su primera presentación ante una sesión conjunta del Congreso, el presidente Donald Trump intentó ofrecer una visión populista centrada en poner a los estadunidenses primero, que incluye controlar la migración, un muro fronterizo, apoyo para la policía y un incremento histórico en el gasto militar.

Aunque asombró su cambio de tono comparado con sus discursos anteriores, sin ataques frontales y convocando al trabajo común entre ambos partidos, en esencia no cambió el contenido de su mensaje, a excepción de la inesperada mención de una reforma migratoria que podría implicar algo aún peor para millones de inmigrantes.

Describió su triunfo electoral como resultado de una rebelión de gente común de todo tipo y color en 2016, que culminó con decenas de millones unidos en una sola demanda: “que América tenía que poner primero a sus propios ciudadanos... porque sólo así verdaderemente podemos ‘volver a hacer grande a Estados Unidos’”.

Con una retórica llena de aspiraciones que en muchos rubros disfrazaba amenazas a inmigrantes, programas sociales, medio ambiente y derechos civiles, Trump festejó sus primeros logros en la Casa Blanca y declaró que es “el inicio de un nuevo capítulo de grandeza americana” donde la antorcha de la verdad, libertad y justicia... será usada para alumbrar al mundo.

Resumió sus logros iniciales como prueba de que cumplirá con sus promesas al pueblo, incluyendo compromisos de varias empresas de invertir y mantener empleos en este país, medidas contra la corrupción en el gobierno, desmantelamiento de regulaciones gubernamentales, autorización de la construcción de oleoductos, retiro del Acuerdo Transpacífico, varias medidas para mejorar la seguridad pública y el nombramiento de un candidato conservador en la Suprema Corte.

Retomando su mensaje electoral, afirmó que durante mucho tiempo se ha permitido el deterioro de la clase media, las zonas marginadas y la infraestructura, mientras el país se ocupaba de un proyecto global detrás de otro.

Sin mencionar a México o a Rusia, Trump giró hacia el sur al continuar con esta narrativa. Afirmó que Estados Unidos defendió las fronteras de otros países, mientras dejamos nuestras propias fronteras ampliamente abiertas para que cualquiera cruzara, y para que las drogas se vertieran en lo que ahora alcanza un volumen sin precedente.

Resaltó que su gobierno ha respondido a las peticiones del pueblo estadunidense para el control migratorio y seguridad fronteriza. Por fin, al hacer cumplir nuestras leyes de migración podremos incrementar salarios, ayudar a los desempleados, ahorrar miles de millones de dólares y hacer más seguras nuestras comunidades para todos. Subrayó: tenemos que restaurar la integridad y el estado de derecho en nuestras fronteras.

Para ello, agregó, pronto iniciaremos la construcción de un gran, gran muro a lo largo de nuestra frontera sur. Se iniciará de manera adelantada a los programas y, cuando sea acabado, será un arma muy efectiva contra las drogas y el crimen.

Sin embargo, sorprendió que de pronto se atrevió a referirse a una reforma migratoria. En el contexto de su prioridad de generar empleo para estadunidenses, propuso sustituir el sistema actual de permitir el ingreso a inmigrantes menos calificados y adoptar en su lugar un sistema basado en el mérito, en el cual quienes desean ingresar tienen que demostrar que podrán sostenerse en términos económicos.

Yo creo que una reforma migratoria real y positiva es posible, siempre y cuando nos enfoquemos sobre las siguientes metas: mejores empleos y salarios para estadunidenses, fortalecer la seguridad de nuestra nación y restaurar el respeto para nuestras leyes, afirmó.

Sin embargo, al abordar el rubro del crimen, informó de la creación de una oficina de asistencia a víctimas de inmigrantes criminales, e identificó a familiares de algunas de estas víctimas que habían sido invitados a sentarse junto a la primera dama Melania Trump.

A la vez, en torno a su promesa de una reconstrucción nacional, adelantó que solicitará del Congreso legislación para producir un billón de dólares de inversión en infraestructura y proceder hacia la anulación y sustitución de la reforma de salud impulsada por su antecesor Barack Obama.

Reiteró sus propuestas de proteger al país del terrorismo islámico radical, justificando sus medidas de una mayor verificación de los que llegan procedentes de países peligrosos. También, resaltó el avance en la destrucción del Estado Islámico, trabajando con aliados, incluyendos países musulmanes.

Indicó que en el presupuesto federal que enviará al Congreso para su aprobación se contempla uno de los incrementos más grandes en gasto de defensa nacional en la historia estadunidense. Subrayó que aunque Estados Unidos debe permanecer como el líder mundial, tenemos que aprender de los errores del pasado y afirmó que se respetará el derecho de toda nación a trazar su propio camino. Añadió que Estados Unidos está dispuesto a encontrar nuevos amigos.

“Mi trabajo no es representar al mundo, mi trabajo es representar a Estados Unidos de América”, afirmó, y agregó que lo que se busca es menor conflicto y la paz a nivel mundial.

Concluyó que sólo con la unidad y bajo la misma bandera –dejando atrás luchas triviales y el pensar pequeño– se puede abrir un nuevo capítulo de “grandeza americana” y convocó a los ciudadanos a “abrazar esta renovación del espíritu americano”.

Con esto, Trump intentó superar sus primeros 40 días de caos interno y expresiones extraordinarias de resistencia y disidencia dentro y fuera del gobierno, y el hecho de que tiene el nivel más bajo de aprobación popular de un presidente nuevo en la historia moderna (la encuesta más reciente es de CBS News, con 39 por ciento).

 
Símbolos

 

Dentro de la Cámara de Representantes hubo expresiones políticas por medio de símbolos, sobre todo en torno a la disputa sobre migración. Legisladores demócratas invitaron a inmigrantes y refugiados, entre ellos un refugiado iraquí que ahora es ciudadano (huésped de la senadora Elizabeth Warren), un traductor para las fuerzas estadunidenses en Irak que fue detenido el mes pasado por la orden ejecutiva antimusulmana, un estudiante de posgrado iraní y varios jóvenes inmigrantes indocumentados conocidos como dreamers.

La Casa Blanca invitó a tres familiares de víctimas de delitos cometidos por inmigrantes indocumentados para ocupar un asiento junto a Melania Trump (también inmigrante).

A la vez, varias legisladoras se vistieron de blanco, el color del movimiento de las mujeres por el voto y otros derechos (las sufragistas), en defensa de los derechos de las mujeres que consideran están bajo ataque por Trump.

 

Calificación: A

 

Más temprano, en una entrevista con el que, dice, es su programa favorito, Fox & Friends, de Fox News, Trump afirmó: “creo que he hecho grandes cosas, pero no creo que yo –yo y mi gente– no creo que lo hemos explicado suficientemente bien al público estadunidense. Creo que me corresponde una A (equivalente a un 10 en calificaciones académicas) en términos de lo que realmente he logrado, pero en términos del mensaje, me daría una C o C+ (un siete)”.

Trump no empezó su día con un mensaje tan cordial. En esa misma entrevista consideró, después de ver sus críticas, que la líder de la minoría demócrata de la cámara baja, Nancy Pelosi, es una incompetente. Indicó que una serie de actos recientes de vandalismo contra centros y cementerios judíos podrían no ser lo que parecen, sino un intento para que el presidente se viera mal, y reiteró que el ex presidente Barack Obama podría estar detrás de algunas de las protestas contra sus políticas.

 

 

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Viernes, 24 Febrero 2017 06:47

El muro y la palestinización mexicana

El muro y la palestinización mexicana

Mientras la mayoría de voces en torno al escandaloso tuit de Benjamín Netanyahu en el que aplaudía a Donald Trump por querer construir-expandir el muro en la frontera con México ["El presidente Trump tiene razón. Construí un muro en la frontera sur de Israel. Detuvo la migración ilegal. Gran éxito. Gran idea" (@netanyahu, 28/1/17)] se centraban en "lo ofensivo que resultaba para los mexicanos" o en las características de los muros en cuestión –más allá de la casuística, ninguno de los dos muros israelíes "se salva": el de Cisjordania (ilegal a la luz del derecho internacional) no es por "seguridad" sino por colonialismo-despojo de tierras, y el de Egipto no es por "migración" sino por racismo (972 Magazine, 3/2/17)–, desapercibida quedaba la manera en que este "gesto", lejos de ser un accidente, se inscribía en una oscura "constelación de ideas" compartida por ambos políticos, que revela y confirma a la vez:

• perturbadoras afinidades ideológicas entre ellos y sus campos (con viejos antecedentes);

• similares patrones de racismo y xenofobia (en las que México y Palestina se vuelven "intercambiables");

• y preocupantes mutaciones ideológicas por las que pasa EU (emulando a Israel).

Primero: es un hecho que trumpismo y sionismo comparten hoy las mismas tendencias tribales, exclusivistas, racistas y supremacistas, estando en la "vanguardia mundial" de erigir los muros. Aunque la simultánea presencia en la administración de Trump de sectores antisemitas (Bannon) y pro sionistas (Kushner/Friedman) puede parecer sorprendente, no es ninguna contradicción (Forward, 19/2/17). Históricamente ambas ideologías compartían fines, enemigos, criterios políticos y odios comunes [concentración de judíos "en un solo lugar" (Israel); izquierda-comunismo; etnonacionalismo; diversidad]. Ambas tienen una larga –previa al Holocausto– historia de colaboración [el "sionismo revisionista" de Zeev Jabotinsky (1880-1940), tachado por comunistas judíos, bundistas y la izquierda sionista de "fascista" (¡sic!) y del cual Likud, el partido de Netanyahu –cuyo padre fue secretario de Jabotinsky– se dice heredero, "flirteaba" con fascistas polacos, italianos y con los propios nazis (Lenni Brenner, Zionism in the age of dictators, 1983, 334 pp.)]. Richard Spencer, líder de la alt-right y gran fan del muro, admira al sionismo por su afán de “mantener la ‘homogeneidad racial’ y la mayoría blanca” y apunta a las políticas racistas del Estado de Israel como el ejemplo de una necesaria "limpieza racial" en EU (CNN, 6/12/16) y la creación un "etno-Estado" (Forward, 7/12/16).

Segundo: el uso de la figura de un "mexicano" por Trump desde luego evoca el "clásico truco" fascista de culpar de las enfermedades en la sociedad a un "agente externo" y ofrecer una rápida solución sanativa: su expulsión-exterminación. Pero hoy ya no es el "judío" quien funge de sistémico chivo expiatorio, sino un "musulmán". La judeofobia ya fue sustituida sistémicamente por la islamofobia y ésta es el verdadero antisemitismo de Trump, por lo que los mexicanos no son "sus judíos", sino "sus musulmanes". Así se percibe mejor la dimensión de la "palestinización" de México, reflejada en: a) reiteradas alabanzas de Trump al muro israelí, "una solución que funciona [¡sic!] y es reproducible acá" ( Página/ 12, 8/2/17; The Guardian, 26/9/16); b) la manera en que un “migrante/delincuente/ narco” resulta intercambiable con un "terrorista" y un "indocumentado (mexicano)" representa la misma "amenaza" que un "refugiado (palestino)"; y c) la medida en que todos estos muros –más allá de sus "fines prácticos"– responden a las mismas ansiedades de las sociedades de sus países. Dichas analogías no son ajenas al propio Netanyahu, que desde un ángulo muy diferente y desde hace tiempo viene asegurando que "los palestinos son para los israelíes lo que los mexicanos para los estadunidenses" ["una bomba demográfica a desmantelar"], paralelo que (ab)usaba para torpedear la creación de un Estado palestino arguyendo que “si surgía uno en Cisjordania, los mexicanos iban a querer un ‘segundo México’ al sur de EU” [¡sic!] (véase su libro: Durable peace, 2000, p. 164-165), "destapándose" así ya no solo como islamófobo, sino también como mexicanófobo que odia "a todos los morenos que quieren convertir a los blancos en una minoría, sea en Galilea o Texas" ( 972 Magazine, 27/11/14).

Tercero: el reverso natural de la "palestinización de México" es la "israelización de EU" (reflejada en el muro mismo planeado con empresas israelíes), un buen término para hablar de los cambios bajo Trump, que alude al proceso de degeneración política por el que desde hace tiempo pasa Israel, que abarca "fundamentalización" (S. Sand), "fascización" (M. Warschawski) y Gleichschaltung (U. Avnery) [y eso sin hablar del colonialismo, racismo institucional, apartheid de facto y medidas antimigratorias mucho más severas que las de Trump –véase: The Independent, 30/1/17–, que curiosamente nunca han preocupado ni "indignado" tanto al mainstream liberal como el tuit sobre México].

El "Muro de Hierro" es una clásica figura del pensamiento sionista. Acuñada por Jabotinsky (1923), nació como una "estrategia negociadora".

Según él, los árabes no iban a permitir así no más la erección de un Estado judío en Palestina, así que había que construir primero un considerable poderío militar ("fase I") y solo después –desde la posición de fuerza– hablar con ellos ("fase II").

Resulta paradójico que es la ultraderecha israelí la que "bastardeó" la fórmula de su principal ideólogo.

Ariel Sharon, edificando el muro en Cisjordania, convirtió la metáfora en una triste realidad (véase: Avi Shlaim, Israel and Palestine, 2009, p. 291), y Netanyahu –que de su homólogo estadunidense recibe lo que quiere: mano libre en expandir los asentamientos ilegales y marcha atrás a la "solución de dos estados" (Electronic Intifada, 15/2/17)– nunca tuvo la voluntad de moverse hacia la "fase II".

Según algunos el muro de Trump –alias el Negociator (Slim dixit)– es pensado como un argumento de fuerza para las futuras negociaciones con México (TLCAN).

Lo más probable, sin embargo, es que el muro, o incluso –si nunca llega a concretarse– su solo espectro, le servirá (igual que el suyo le sirve a Netanyahu) para ir alargando ad infinitum la "fase I", alimentando el conflicto permanente.

*Periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

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