Domingo, 21 Febrero 2016 05:52

El beisbol en su laberinto

El cubano Yulieski Gourriel (izquierda) durante el partido contra México en la Serie del Caribe, que se llevó a cabo el pasado seis en República Dominicana. El jugador y su hermano Lourdes, estrellas del equipo  nacional de la isla, abandonaron el equipo tras ser contratados por agentes internacionales.

No tocar duro nuestras verdades levanta muros, pudre capitales. Silvio Rodríguez.


Se pudiera decir que Cuba es el único país del mundo donde la pelota no es sólo el pasatiempo y deporte nacional, sino también una razón de Estado y parte indispensable del espíritu de nación. Para cubanos y cubanas es el único asunto que no es indiferente. Para bien y para mal, el ánimo de la pelota refleja el del país y viceversa.


Por eso el primer paso es des-secretizar las decisiones relativas a su presente y futuro y acabar de canalizar el caudal de talento y criterios de peso de nuestros 11 millones de habitantes que somos, casi genéticamente 11 millones de mánagers de beisbol.


Las dos puntas del nudo.


Existen dos aspectos que si seguimos sin llamarlos por su nombre y sin buscarle solución serán el lastre eterno que nos ahogue sin que lleguemos nunca a tocar fondo o, peor aún, quedemos varados ahí, inmóviles y viendo cómo se nos va, también con la pelota, un proyecto de país libre e independiente.


Hablemos primero de lo que nos viene de fuera.


De un lado está la guerra sucia, sórdida y constante para desmontar y desmovilizar todo lo que recuerde que en este país se hizo una revolución para ser independientes, para manejarnos sin amos.


Nuestros equipos de pelota (y de casi todos los deportes) viajan a los eventos estresados, con miles de controles, restricciones, acosados tanto económica como políticamente. Los equipos cubanos son los únicos que tienen que aguantar intrusiones de personas que saltan al terreno con pancartas políticas, con consignas contra el gobierno. Muchas veces son personas que no tienen el valor de decirlas en Cuba y mucho menos la honestidad de traducirlas en una propuesta concreta de programa político. Hasta ahora, la tendencia general es alinearse con el programa de reconquista de los patrocinadores externos.


Ningún otro equipo tiene que sufrir el sobrevuelo de salivantes buitres ofreciendo contratos, atacando la autoestima y la moral de los atletas. Es una guerra sicológica que no puede resultar en nada bueno, sobre todo teniendo en cuenta que en nuestro patio las cosas no andan nada bien.


Es una política hipócrita y degenerada en la que las autoridades del deporte profesional se lavan las manos, como el famoso Poncio, y se declaran incapaces de increpar a su gobierno para que permita que los peloteros residentes en la isla puedan jugar legalmente en Estados Unidos, mientras los acogen cuando desertan y emigran de manera ilegal.


Es un gran negocio en el que no se excluyen verdaderos parásitos que viviendo en Cuba como potentados en su calidad de funcionarios se han ido llevándose consigo a peloteros en plena capacidad y además hasta bases de datos de prospectos desde edades tempranas.


Por supuesto que lo más natural es que los atletas aspiren a hacer parte de su carrera en la élite de su deporte, en este caso las grandes ligas. Es necesario dejar de culparlos. Cualquier ser humano en su sano juicio, incluso siendo consciente de que el deber de un hombre está allí donde es más útil, tiene anhelos de superarse, de ponerse metas y de vivir lo mejor posible, de acuerdo con sus capacidades y en el tiempo que tiene para desplegarlas.


Pero es necesario denunciar, hacer público y que los periodistas que cubren los eventos filmen y difundan cómo ocurre, quiénes lo hacen, exponer a quienes están detrás de ese mercado negro. La transparencia pasa por dejar de lado la censura con esos hechos que nos ponen como el avestruz, con la cabeza bajo tierra y el resto del cuerpo al aire.


Parte del apoyo a nuestro deporte nacional, a esa pieza indispensable de todo el complejo entramado que constituye nuestra nacionalidad, radica en dejar de manejar esos asuntos en el reducido y secreto grupo de quienes, a final de cuentas, sin el escrutinio público, terminan manipulando y posponiendo la solución a un problema ya demasiado viejo y conocido. Y hacer esto sin importar que salten nombres que puedan resultar sensibles.


Quienes directa o indirectamente, fuera o dentro de Cuba, contribuyen al desangramiento de nuestros talentos, a que los deportistas deserten y la decepción de un pueblo entero, tienen que ser denunciados, expuestos y, cuando sea posible, puestos a disposición de la justicia.


Quienes representan en las instituciones la dignidad de todo un pueblo tienen la responsabilidad histórica de exigir y buscar un cambio de política que sólo conduce a lacerar en lo más profundo el sentido de pertenencia a un país, a un proyecto de vida de millones de personas.


Hablemos desde dentro.


Por otra parte, continuando la idea del vínculo entre pelota y política en Cuba, tampoco puede ignorarse el padecimiento burocrático que se sufre. Grupos de funcionarios apegados a circulares y directivas, en algunos casos verdaderamente mediocres con probada trayectoria política (que la vida ha demostrado en muchos procesos la temporalidad de tal lealtad política en cuanto cambian un poco las condiciones), desdirigiendo una actividad que afecta a la mayoría del pueblo.


Son cientos de miles los deportistas, entrenadores, trabajadores de los estadios, asistentes, profesores vinculados directamente a la práctica del beisbol y quienes mucho tienen que decir y hacer, pero nunca son consultados, nunca los vemos en la pantalla exponiendo sus criterios. Casi sin excepción tienen que aceptar las estructuras, admitir sin interpelar lo que viene de arriba y cuando expresan sus criterios en alta voz, como el caso de Urquiola y muchos otros, son sencillamente apartados.


Ni qué decir de los criterios y propuestas de millones de aficionados en todo el país que son totalmente ignorados. Esos mismos millones de aficionados que repletan los estadios, que siguen a sus equipos, que vibran con cada triunfo y, de un tiempo a esta parte, sufren las constantes derrotas y el desmantelamiento de un espectáculo que nos sostiene como nación.


Una persona humilde a quien considero realmente sabia suele decir: Si le tienes que tocar la cola al perro, no comiences por la cabeza. Este es un asunto para tratar sus esencias. Ya produce más que aburrimiento ver a gran cantidad de comentaristas deportivos yéndose por las ramas, tratando de traer optimismo en un terreno en el que de lo que se trata es de ser realistas. La pelota está en crisis, y esa crisis es fundamentalmente del alma.


¿Cuántos entrenadores cubanos están brindando sus servicios fuera del país? ¿Por qué? ¿A dónde van los fondos que recaudan con su trabajo y que no perciben? Y aquí hablo de transparencia. Como ahora dicen los jóvenes, no me inflen, por favor. ¿Por qué si el beisbol y toda la estructura en que se desarrolla son un bien público no se hacen públicas las cifras, los presupuestos, cuánto se invierte realmente en mejorar las condiciones de los terrenos, las condiciones de vida de los deportistas? ¿Hasta dónde es sostenible y puede ser próspera una estructura centralizada en la que la mayoría de las personas no participamos ya ni como espectadores? ¿Cuándo los directivos del beisbol van a dar la cara en la prensa y sostener un diálogo público y constructivo con los deportistas y con el pueblo? ¿Cuándo nuestra prensa dejará de repetir (no digo hasta el cansancio, pues algunos parecen incansables) que hay que tener confianza en la dirección? ¿Es que no podemos darnos cuenta que si no somos transparentes no podrá haber confianza?


Nos enorgullecemos de los niveles de instrucción de nuestro pueblo, pero constantemente se le trata como al mayor de los ignorantes. ¿Hasta cuándo se va a subestimar la inteligencia de los cubanos y cubanas? El nuestro es un pueblo trabajador, que ha dejado la piel y la sangre en nuestras tierras y en otras partes del mundo defendiendo las causas más justas. ¿Cómo entonces seguirlo marginando de la información (que se filtra ya como agua en el colador) y de la participación en las decisiones que afectan nuestras vidas?


La mayoría de nuestro pueblo quiere seguir yendo a sus estadios a vibrar con cada jugada, a aupar y vitorear la camiseta que los representa, en nuestras series y en los torneos en el exterior. Pero cada día se nos empuja fuera del juego.
Estamos tocando fondo, como la canción de Silvio que utilizo al principio. Cuando eso sucede, lo único que se puede hacer es afincarse en el firme y subir. Pero para eso tenemos que hacerlo en conjunto, sacarnos la mojigatería funcionarial, constatar ciertas verdades, verdades colectivas, no doctrinales, sacarnos las máscaras y agarrar entre todos y todas el toro por los cuernos.


Hay que dignificar la vida de quienes desde la base y hasta los atletas de alto rendimiento contribuyen a mantener la conciencia nacional. Es necesario buscar fórmulas en las que gobiernos y organismos locales patrocinen la práctica de la pelota. Hace falta que las autoridades del beisbol rindan cuentas públicas, se sometan al debate con deportistas, entrenadores, periodistas y aficionados. De nuevo la pelota es un bien público de todo el pueblo cubano, es patrimonio nacional, nos pertenece a todos y todas.


Quien esté a cargo debe entender que no está en una posición de poder, sino ejerciendo una responsabilidad pública y, por tanto, tiene que responder ante todos y todas. Si no, ¿para qué están ahí? Y más aún: ¿para qué estamos nosotros aquí?


Por Humberto Miranda Lorenzo, investigador del Instituto de Filosofía, La Habana.

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Miércoles, 06 Enero 2016 08:26

El 2016 empezó con otro drama en el mar

El 2016 empezó con otro drama en el mar

Si antes partían de Libia o de Egipto, ahora familias desesperadas se lanzan en lanchas desde Turquía para atravesar el pedazo del mar Egeo que las separa de Grecia.

 

Desde Roma

 

El 2016 comenzó con una nueva tragedia en el mar. Ayer se supo que 24 personas, tres de ellos niños, murieron ahogados en su intento por llegar desde Turquía a una isla griega y de allí al resto de Europa. Muchos creen que hacer ese viaje será una aventura no demasiado complicada. Primero el mar, luego caminar o tomar algún tren para llegar a Alemania, Austria o los países del norte europeo. Pero no es así. Si antes partían de Libia o Egipto, ahora se lanzan en lanchas desde Turquía para atravesar el pedazo de mar Egeo que los separa de Grecia. Ayer eran dos lanchones inflables que se dirigían a la isla griega de Lesbo. La guardia costera turca salvó a 68 personas pero las restantes, que hasta el momento son 24, murieron ahogadas luego de que los lanchones prácticamente se estrellaron contra las rocas por el mar embravecido. La mayoría son iraquíes y argelinos.

Las 24 personas ahogadas son las primeras de 2016 y se agregan a la larga lista de 3.771 migrantes desaparecidos en las aguas del Mediterráneo en 2015 –más de 700 de ellos eran niños–, y a los 3419 de 2014, más los 23.000 que las organizaciones internacionales estiman que desaparecieron en el mar entre 2000 y 2013 en su intento por llegar a Europa. Pero lo que temen las organizaciones internacionales –como el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Acnur, y Unicef que en la ONU se ocupa de los niños, o las organizaciones humanitarias como Save the Children o Médicos sin Fronteras– es que dada la situación de conflicto en Medio Oriente y el norte de Africa con el Estado Islámico y los recientes enfrentamientos entre Irán y Arabia Saudita que llevaron a la ruptura de sus relaciones diplomáticas, la situación podría agravarse todavía más y aumentar así el flujo de migrantes que escapan de persecuciones, de las guerras y el hambre.

¿Está Europa preparada para semejante contingencia? De hecho, además del cierre de fronteras impuestos por países como Hungría en octubre, en el borde con Croacia, para impedir que llegaran más migrantes desde Grecia, otros países de la Unión Europea (UE) se han puestos duros. Han impuesto controles fronterizos entre países de la UE, cosa que contradice el tratado de Schengen que en 1985 eliminó esas barreras. Esta semana Dinamarca introdujo controles en la frontera con Alemania para contener el flujo migratorio. Y Suecia los impuso en la frontera con Dinamarca. Por una ley que entró en vigor el lunes, además, Suecia impuso a las compañías de transporte, efectuar controles sobre la identidad de sus pasajeros. Hay que decir sin embargo que el año pasado unos 163.000 refugiados pidieron asilo en Suecia, uno de los porcentajes más altos entre los países europeos respecto al número de habitantes. Al parecer desde noviembre estaban llegando a Suecia unos 10.000 migrantes por semana, pasando por Dinamarca, y ésta habría sido una de las razones por las que el país decidió imponer los controles fronterizos.

Dinamarca no se ha hecho una muy linda fama últimamente. Hace algunos meses pidió a los inmigrantes que no vinieran al país y después discutió una propuesta de ley –que al parecer por las críticas quedó parada– que preveía confiscar los bienes que traían los refugiados, joyas, dinero, etc, para pagar su sobrevivencia en el país. Alemania, por el contrario, no habla de cierre de fronteras dentro de Europa sino de la necesidad de una "solución europea" que pasa en parte por un eficaz control de las fronteras externas de la UE, según Steffen Seibert, portavoz del gobierno alemán. Los ministros que se ocupan de los refugiados en estos tres países fueron convocados por las autoridades de Bruselas, es decir por el comisario UE encargado de la Inmigración, Dimitri Avramopoulos, para una reunión urgente a fin de "coordinar mejor", se dijo, el tema inmigrantes. "Estamos trabajando para conducir la situación a la normalidad a través de una serie de medidas. Pero ninguno tiene la varita mágica", declaró por su parte Margaritis Schinas, portavoz de la Comisión Europea. Para proteger el tratado de Schengen "es necesario un eficaz control de las fronteras externas", añadió. Según algunas versiones periodísticas, por otra parte, Italia se estaría preparando para tomar medidas similares a Dinamarca y Suecia, es decir controles en la frontera con Eslovenia, país de la UE a través del cual estarían llegando a territorio italiano en los últimos meses muchos migrantes que desembarcaron en Grecia.

"Es inaceptable que, de frente a lo que está sucediendo, a los naufragios, a los muchos niños que siguen perdiendo la vida en un pedacito de mar, los países europeos respondan de manera aislada y algunos con el cierre de las fronteras, en vez de poner en primer lugar la responsabilidad común para salvar vidas humanas. No podemos seguir inermes ante la tragedia que sigue produciéndose en las puertas de Europa", comentó Raffaela Milano, directora del programa Italia-Europa de la organización humanitaria Save The Children. Según esta organización es necesario fortalecer inmediatamente las operaciones de socorro para impedir que mujeres, niños, familias enteras, desaparezcan en el mar. El presidente de Italia, Sergio Mattarella, se había referido a este tema en un mensaje al papa Francisco en ocasión de la Jornada Mundial de la Paz que se conmemoró el primero de enero, resumiendo de modo trágico la situación. "Los miles de hombres y mujeres ahogados en el Mediterráneo, los 700 niños muertos en el intento de conseguir una existencia serena, lejos de la guerra y de la miseria son los mudos testimonios de un fracaso dramático", escribió el presidente, subrayando además la necesidad de recibir a quien tiene necesidad y sabiendo que Europa puede gobernar con eficacia el fenómeno migratorio.

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El desarraigo, uno de los mayores dramas que enfrentan los y las migrantes de hoy

Con motivo del Día Internacional del Migrante, el 18 de diciembre, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, señala en su mensaje oficial varios dramas que han vivido buena parte de los y las 232 millones de migrantes internacionales en el mundo en este año 2005.

Ban Ki-moon califica 2015 como el año "que se recordará como un año de sufrimiento humano y tragedias migratorias". El secretario general de la ONU finaliza su mensaje con esta invitación: "Comprometámonos a dar respuestas coherentes, amplias y basadas en los derechos humanos, guiándonos por la legislación y las normas internacionales y un empeño compartido en no dejar a nadie atrás" (http://www.un.org/es/events/migrantsday/2015/sgmessage.shtml).

Sin embargo, la situación de los migrantes en el mundo exige no sólo respuestas puntuales de Estados y de bloques regionales, como por ejemplo la Unión Europea, sino una revisión profunda de la actual globalización y de la manera cómo se plantea la relación del hecho migratorio en sí con "la consumación de la modernidad de la mano del capitalismo global", tal como el pensador colombiano Santiago Castro-Gómez define la globalización (Crítica de la razón latinoamericana, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2da Edición, Bogotá, 2011).

Mientras que los problemas provocados por la guerra, los "desastres" ambientales, el cambio climático, los impactos del desarrollo son considerados "globales" y, por lo tanto, exigen respuestas "globales" por parte de los Estados y sus respectivas sociedades, sin embargo, las migraciones aún no han recibido el mismo tratamiento a pesar de los esfuerzos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y otros organismos y actores académicos, religiosos y de la sociedad civil a nivel internacional por hacer de ellas "un asunto global". Es decir, un tema que concierne a toda la humanidad y cuya solución, por lo tanto, debe ser buscada por toda la comunidad humana, más allá de los estrechos límites de la soberanía estatal, la ciudadanía nacional y el propio perímetro identitario-cultural en un mundo cada vez más interconectado.

Ningún Estado quiere abandonar su plena soberanía en cuanto a su decisión de definir las reglas y condiciones del ingreso y la permanencia de los extranjeros (¡peor aún si el extranjero proviene de un país pobre o considerado "indeseable", "peligroso"!) sobre su territorio, sin tomar en cuenta la fuerte interdependencia que ya existe entre todos los países (al servicio del mercado y el capitalismo "globales") y el carácter cada vez más común e inextricable del destino de la humanidad.

Sin embargo, las migraciones son transversales a los grandes problemas "globales", como los que mencionamos arriba, en la medida en que ellas son la consecuencia directa de dichos problemas. Cuando se estalla la guerra, las personas mueren o están forzadas a desplazarse lejos de los territorios afectados. No tienen otra alternativa.

El caso de Siria es sintomático del "éxodo" forzado de millones de sirios hacia los países limítrofes como Turquía, el Líbano, Jordania e Irak, y hacia los países de la Unión Europea.

Los "desastres" ambientales, causados por terremotos, erupciones volcánicas, fenómenos hidrometeorológicos o los impactos del cambio climático, provocan también migraciones masivas de los habitantes que son afectados por esos dramas humanos.

El caso de Haití, país que fue duramente golpeado por un terremoto el 12 de enero de 2010, evidencia la vulnerabilidad de los migrantes haitianos que tuvieron que abandonar su país en busca de un futuro menos sombrío. Los migrantes "medioambientales" haitianos que, por ejemplo, optaron por refugiarse en países latinoamericanos han enfrentado serias dificultades: desde el momento en que tuvieron que aceptar la oferta (muchas veces engañosa) de las redes transnacionales de traficantes ilegales de migrantes, pasando por el emprendimiento de un periplo en uno o varios países de la región (Ecuador, Colombia, Chile, Perú, Brasil, etc.) hasta las dificultades para regularizar su situación e integrarse en los países de acogida.

Los vacíos de protección jurídica para garantizar los derechos y la dignidad de esta categoría de migrantes ("medioambientales"), la criminalización de su estatus migratorio irregular, la ausencia de políticas públicas y programas sociales para facilitar su integración y el racismo estructural heredado de la Colonia y la colonización portuguesa-española figuran, entre otras razones que dificultan la compleja situación de los migrantes haitianos en América Latina desde enero de 2010.

Por otra parte, el peso de la herencia secular colonial explica, en gran parte, el empobrecimiento de las antiguas colonias, caribeñas y africanas por ejemplo, y la migración de sus ciudadanos hacia la "fortaleza" europea que blinda cada vez más sus fronteras. A pesar de eso, eritreos, nigerianos y somalíes, entre otros, siguen llegando a la Unión Europea, tocando a la puerta de sus antiguas metrópolis. A pesar del desacuerdo de un buen número de sus ciudadanos, la "caridad" de algunos países de Occidente ha permitido la acogida, bien limitada, de varios "exiliados" de la guerra y la miseria.

Esos nuevos exiliados, en casi todos los continentes, perdieron sus hogares; llevan consigo, como única pertenencia, el espectro de una lengua, una cultura y un mundo que desaparece para siempre. Algunos especialistas en migraciones, como por ejemplo Saskia Sassen (socióloga y especialista holandesa en los temas de globalización, sociología de las grandes ciudades del mundo, etc.) en una entrevista que dio recientemente a medios europeos (http://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/Saskia_Sassen-inmigracion-flujos-perdida-habitat_0_443756541.html), habla de "un nuevo conjunto de migraciones", cuyas causas "no son tanto la búsqueda de una vida mejor, sino conflictos asesinos, guerras, el acopio masivo de tierras para plantaciones, la destrucción de sus hábitats a través de la contaminación de la tierra y el agua, las sequías, la desertificación, el resurgimiento de la minería para obtener los metales que necesitamos para nuestra revolución electrónica".

A raíz de esta compleja situación, "familias y comunidades enteras están siendo expulsadas de su territorio de origen. Cada vez quedan menos 'hogares' a los que volver", deplora la socióloga holandesa.

Hoy día los migrantes están cada vez más desarraigados; esto significa que no sólo están en busca de bienestar económico y de mejores oportunidades de empleo y vida para ellos y sus familias (como los llamados "migrantes económicos o voluntarios") o que quieren salvar sus vidas (como los "refugiados" y los migrantes forzados en general). Su situación es aún más grave: necesitan un hogar dónde "descansar la cabeza", una tierra dónde echar nuevas raíces, un mundo dónde re-territorializar la vida, re-habitar el tiempo y el espacio.

El desarraigo es tal vez uno de los mayores dramas que ha causado la actual globalización hegemónica. Los flujos migratorios que tuvieron lugar a lo largo del año 2015, provocando por ejemplo la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, han puesto en tela de juicio el "nuevo orden mundial".

Las migraciones evidencian un mundo que corre a doble velocidad: por una parte, empuja el crecimiento económico (medible con indicadores precisos), la revolución tecnológica (que transforma la vida) y una mayor apertura del mercado global (donde circulen cada vez más libremente bienes, capitales e informaciones), desde un impresionante despliegue del discurso de los derechos humanos y la democracia; pero provocando (justamente para lograr los mismos objetivos que "empuja") el empobrecimiento y la explotación paroxística de una región del mundo por otra, la depredación de la naturaleza, la eliminación de todo lo que no sea útil al capital ni convertible en mercancía, etc.

Las migraciones muestran el funcionamiento cínico de una globalización que fragmenta a la humanidad y reduce al ser humano a la condición de "medio" e "instrumento" al servicio de otros fines, muy diferentes al (e incluso contradictorios con el) mismo ser humano. ¡La globalización capitalista-neoliberal, en detrimento de la globalización humana que podríamos caracterizar por la conciencia de vivir todos y todas en una casa común y por el imperativo de orientar todas nuestras actividades al servicio del ser humano y hacia la humanización de nuestras sociedades!

El drama de los migrantes en el mundo es el de una humanidad descarrilada (desordenada), de una globalización "excluyente" (al servicio de unos pocos) y de un sistema global que desarraiga a las mayorías pobres de sus hogares catapultándolas hacia "no lugares". ¡En fin, un mundo que las excluye y las obliga a errar sin cesar, en busca de la imposible hospitalidad, hasta que la muerte los alcance en el Mediterráneo, en las fronteras estadounidense-mexicanas, en el Mar Caribe, en el Mar de Andamán, etc.!

- Wooldy Edson Louidor, profesor e investigador de la Pontificia Universidad Javeriana.

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EEUU detuvo a 10 mil niños migrantes no acompañados en dos meses

Más de 10 mil menores migrantes no acompañados cruzaron la frontera para ingresar a Estados Unidos, en los últimos dos meses procedentes de países centroamericanos, reportó la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), de EEUU.
Entre el 1 de octubre y el 30 de noviembre pasado, agentes de la Patrulla Fronteriza detuvieron a lo largo de toda la frontera con México un total de 10 mil 588 menores no acompañados.


La cifra representa un incremento del 106 por ciento en relación con el mismo periodo del año pasado y evidencia la existencia de una nueva ola migratoria como la registrada en el verano de 2014.


Las detenciones de familias en los últimos dos meses registran un mayor incremento, al elevarse en un 173 por ciento con respecto al año pasado.


En octubre y noviembre se detuvo a lo largo de la frontera a 12 mil 505 "unidades de familia", que pueden estar integradas por los padres e hijos o por uno de los padres con un hijo o varios.


La gran mayoría de las detenciones de familias y de menores no acompañados se han registrado en el Sector del Río Grande de la Patrulla Fronteriza, en el valle sur de Texas, donde en los últimos dos meses fueron aprehendidos seis mil 465 niños y ocho mil 537 "unidades de familia".


La CBP indicó en un comunicado que en los últimos meses se ha notado un aumento en el número de niños no acompañados y en el de familias detenidas a lo largo de la frontera suroeste, por lo que "toda la administración ha seguido de cerca estas tendencias actuales para asegurar una respuesta eficaz a los cambios en los flujos migratorios".


"El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) están trabajando juntos para dar cabida a estos niños sin interrumpir la vital misión de seguridad nacional de la Patrulla Fronteriza y han iniciado un proceso para ampliar la capacidad temporal del HHS para albergar a los niños no acompañados", preciso la CBP.


Informó que la Oficina de Reasentamiento de Refugiados del HHS incrementó la capacidad de los proveedores actuales de siete mil 900 a ocho mil 400 camas en noviembre y se está preparando más espacios temporales en caso de que se pueden necesitar camas adicionales.


La semana pasada el HHS comenzó a trasladar a más de mil menores, de sitios en la frontera con México a dos albergues en el norte de Texas y uno más en California.


La Casa Blanca aseguró también el pasado viernes que se tienen los recursos para hacer frente el repunte en las detenciones de menores centroamericanos en la frontera con México aunque reconoció que el fenómeno constituye una fuente de preocupación.


(Con información de Notimex)

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Lunes, 09 Noviembre 2015 06:54

Viviendo al filo de la deportación

Viviendo al filo de la deportación

Después de la tragedia de traslado que vive el indocumentado en su travesía hacia Estados Unidos le espera el limbo migratorio, en este país que ve como objetos y mano de obra barata a los millones que se van hacinando con los años en las áreas marginales de este enorme corral que tiene apariencia de la tierra del nunca jamás, pero que en realidad es una mazmorra hedionda a xenofobia.

Ese peregrinar que no acaba: ser expulsados de sus países de origen por gobiernos corruptos, por un sistema colonizado y desigual que los margina y los avasalla, y por una sociedad indolente y egoísta que carece de humanidad y capacidad de reacción. Así es la vida de los parias que también son perseguidos y violentados en el país de traslado, de los cuales pocos sobreviven al genocidio migratorio y les queda el estigma de sus vidas convertidas en lastres, en profundas heridas incurables. No hay nada material que logre llenar el vacío de lo que se perdió para siempre.

Al otro lado de la frontera, en este chiquero de porquería, no los espera ningún sistema inclusivo, ninguna oportunidad de desarrollo y también son perseguidos por las autoridades migratorias, explotados laboralmente e imperceptibles para la sociedad que tiene la jactancia de proclamarse diversa y enriquecedora de culturas.

El indocumentado no existe en ningún lugar como ser humano. Es un bulto. Es una herramienta de trabajo. Es un volcán de despojos que el sistema quiere lanzar al vertedero más lejano para que queden limpias las calles de tanta miseria y luzcan los rascacielos el poderío anglosajón. El indocumentado es una hilera de niños cortando hortalizas de sol a sol en los campos de
cultivo, muchedumbres trabajando tres turnos al día en fábricas de chimeneas humeantes en la época del frío. Adolescentes marginados sin oportunidad alguna para soñar. Ancianos sin beneficio de jubilación. Enfermos que mueren en soledad porque el sistema de salud les niega atención médica.

A nosotros los indocumentados no nos ven como seres humanos, los estudiosos nos ven como el párrafo de un texto, representamos la oportunidad para una ponencia que les abulte los títulos, que les acerque los contactos, que les dé apariencia de intelectuales, de tener conciencia. Para los políticos somos un trampolín. Los cineastas y narcotraficantes nos ven como mercancía segura. Los comerciantes como el nacimiento de oro verde. La familia que se quedó, como remesas.

El sinsabor de no tener documentos que permitan la movilidad, la oportunidad de un trabajo con beneficios laborales, que obligan a vivir con el temor constante de una deportación hacen del migrante una psicosis que ni los más prestigiosos psicólogos y psiquiatras pueden comprender. Es que para entender al migrante indocumentado hay que ser migrante indocumentado. Solo el que es paria entiende a los parias.

Son silencios, oscuranas, sueños frustrados. Son sensaciones, emociones, sentimientos, son tacto. Son recuerdos, son pesadillas, insomnios. Más allá de esa espalda que trabaja, de esas manos grietadas, de esa boca que intenta mascullar el idioma extranjero por necesidad, hay un ser humano sensible, que ama, que crea, que aporta. Que son parte de un todo.

Se van obligados porque el país de origen los lanzó fuera de la entraña, en la intemperie se vuelven migrantes, por las circunstancias indocumentados y extranjeros. No tienen un sitio estable, un lugar donde formar un hogar, porque el sistema no se los permite, siempre tienen un pie aquí y el otro allá. No son de allá porque se fueron, no son de aquí porque no existen para el sistema. ¿Qué son entonces los migrantes indocumentados? Son un limbo migratorio. Un caos que explota constantemente como volcán.

Es como verse obligado a caminar todos los días a todas horas sobre una cuerda floja que cuelga sobre un abismo. Es paranoia, ansiedad, depresión profunda, frustración, ira. Eso de carácter humano que no ve el sistema ni la sociedad. Que solo nos catalogan como estadísticas y números. Somos recovecos, ríos frescos, arboledas, somos cultura, tradiciones, somos poesía. Una hermosa diversidad rechazada por extranjera.

Y se casan y tienen hijos y se vuelven abuelos en el mismo limbo migratorio. Así hacen sus vidas los parias que se ven obligados a migrar. Entonces a consecuencia también se aprende a vivir el instante, el ahora, sin hacer planes, totalmente fuera de la zona de confort, porque siempre se vive al filo de la deportación.

¿Por qué se le teme tanto a la deportación? Porque el país de origen no ofrece esa oportunidad de vida integral a los deportados, a los que en ensueños desean regresar, llegan a un lugar de donde salieron obligados y que los vuelve a echar fuera. A un lugar donde no existen más porque se fueron. Llegan a otro limbo y si deciden quedarse serán extranjeros en su propio país. Dolor doble para el que vuelve. Una nueva herida.

Es compleja la tragedia migratoria, para entenderla hay que hacerlo con carácter humano y no acusador. Los indocumentados somos los parias de los parias, no existimos en ningún lugar. Estamos obligados a intentar florecer en cualquier lugar y a hacer de la atmósfera nuestro modo de sobrevivencia.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Noviembre 05 de 2015.

Estados Unidos.

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Estados Unidos viola derechos al detener familias y menores sin documentos, acusa la CIDH

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acusó este jueves a Estados Unidos de violar el derecho a la libertad y el principio de no privación de ésta por las detenciones automáticas y arbitrarias de familias y menores indocumentados que llegan a su frontera.


Al difundir un informe sobre la situación de las familias y menores no acompañados sin documentos en Estados Unidos, la CIDH dijo que la práctica de detención también amenaza los derechos a la protección de la unidad familiar, a estar libre de persecución o tortura y de buscar y recibir asilo.


El organismo reconoció que el Departamento de Seguridad Nacional ha procurado reducir la detención de las familias que ya han brindado información inicial sobre sus solicitudes de asilo. Pero instó al gobierno estadunidense a apelar de la detención solamente como último recurso y en casos excepcionales.


Mary Giovagnoli, subsecretaria adjunta para política migratoria del Departamento de Seguridad Nacional, dijo durante la presentación no haber revisado detalladamente el reporte de la CIDH pero se comprometió a tomarlo con seriedad y analizarlo.
Los funcionarios gubernamentales tomarán cada preocupación, recomendación y conclusión muy seriamente, agregó la funcionaria.


La presidenta de la CIDH, Rose-Marie Belle Antoine, sostuvo que ésta es predominantemente una crisis de refugiados y necesita abordarse como tal, según las leyes internacionales. La crisis es regional por naturaleza. Debe haber colaboración regional para abordar las causas que llevan a las personas a migrar y proteger a quienes ya están en ruta, especialmente a los más vulnerables.


La CIDH, ente adscrito a la Organización de Estados Americanos, emitió su informe un año después de visitar el Valle de Río Grande, así como Karnes City y San Antonio, Texas.


La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos aprehendió durante el año fiscal 2014 a 68 mil 541 menores no acompañados y 68 mil 445 familias, lo que representó un aumento de 77 por ciento en el número de menores y de 361 por ciento en la llegada de familias respecto del año fiscal anterior.

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Viernes, 11 Septiembre 2015 08:46

Diablo siglo XXI

Diablo siglo XXI

El mundo es un infierno. Y el Satanás de este siglo lo constituye el conjunto de obstáculos que se interponen impidiendo que sea posible hacer del planeta un buen lugar para vivir, así como las personas que los promueven.

 

Diablo por Ombú


Europa está viendo, nerviosa, cómo día a día es invadida por cientos de miles de personas que tratan de escapar del caos, la guerra y el hambre. Un niñito de camiseta roja, muerto en la orilla de una playa turca, los representa a todos. Imbéciles que captan intención de voto, como Donald Trump, son candidatos a presidente. Miles se creen mandatados por profetas para imponerse a sangre y fuego. Vampiros capitanean el sistema financiero chupando ganancias de cualquier cosa, indiferentes a las consecuencias sobre la gente y el ambiente. El imperio chino se eleva como una gigantesca sombra (¿tambaleante?) mientras otros imperios caen en la mezquindad. La organización del mundo privilegia la acumulación de dinero, no la vida. Circulan libres capital y mercancías, las personas sobran. Según el Banco Mundial, el 14,5 por ciento de la población mundial vive con menos de 1,25 dólares por día, y el promedio de gasto para las mascotas en Europa es de 2,5 dólares por día. Con un poco más, los gatos y perros de los ricos serán parte de la llamada "clase media". El mundo es un infierno.


Afirmamos, unas ediciones atrás, que Dios no es sobrenatural, está en plena construcción en el seno de la especie humana cada vez más interconectada, tecnológicamente poderosa y con condiciones para adoptar el pensamiento científico (Brecha, 2-VII-15). El nuevo dios lo conforman las personas que son conscientes del poder y sus peligros y de la necesidad de asumirnos como parte de nuestros semejantes, de todo lo vivo y del planeta. Construir ese dios en el correr del siglo es la condición necesaria para nuestra supervivencia. Pueden lograrse también las condiciones suficientes para hacer del planeta un paraíso. Hay medios para que sea posible.


La palabra "satanás" viene del arameo y quiere decir enemigo, adversario. El Satanás de este siglo lo constituye el conjunto de obstáculos que se interponen impidiendo que sea posible hacer del planeta un buen lugar para vivir, así como las personas que los promueven.


El primer obstáculo consiste en creer que este es el único mundo posible, que la única organización viable es la que tiene como meta el beneficio y la acumulación de capital y no la satisfacción de las necesidades básicas de la gente. Claudicar frente al diablo es aceptar que la forma esencial de relación entre los humanos es la competencia y no la cooperación. Nos dicen que "sin crecimiento y consumo constantes no hay progreso, la solución a los problemas vendrá de la tecnología, de la inclusión financiera, de la ampliación de los mercados, y es necesario mercantilizar lo más posible". ¡Vade retro Satanás!, espejitos de colores, chapucerías. Han existido y existen otras maneras de organizarse para vivir bien, cerca de la naturaleza y con base en la cooperación. En época de Fujimori una misión de "expertos en desarrollo" llegó a una comunidad andina peruana para evaluar las inversiones en modernización y fueron bloqueados por una manifestación indígena que pedía en una gran pancarta: "Por favor, paren ya de desarrollarnos". La competición debe ser un entretenimiento, la cooperación una forma de vivir. Un mundo mejor no solamente es posible, es indispensable.


El segundo obstáculo es la fragmentación. Divide y el diablo impera. Nos transformamos en seres incapaces de empatizar. Creemos que somos individuos independientes y autónomos. Nos hacen creer que estamos en comunicación, pero lo cierto es que no estamos lado a lado. Nos desborda la información, nos falta el conocimiento. Todas victorias del diablo, que quiere hacernos creer que estamos solos, cada uno librado a su suerte.


El tercer obstáculo es la ignorancia. El dios del siglo XXI se apoya en el conocimiento científico, siempre cuestionable, pero siempre cercano y atento a la realidad. Las supersticiones y creencias basadas en no pensar ni cuestionar son resabios de pensamiento primitivo. Profetas, iluminados, farsantes que hablan en nombre de dioses metafísicos, que resisten a la investigación científica, al cuestionamiento, a la duda, son cómplices del adversario. En general, en nombre de grandes valores cultivan la pequeñez, haciéndose perdonar todos los domingos para recomenzar los lunes. Según una encuesta de 2010 de la empresa Gallup, sólo el 16 por ciento de los estadounidenses piensa que somos fruto de un proceso natural sin intervención divina (y 40 por ciento piensa que la tierra tiene menos de 10 mil años). Hay mucho trabajo por delante.


El cuarto obstáculo son los intereses de los que compraron acciones en el infierno. Los fiduciarios de la muerte, la explotación y el desprecio a los demás. Trafican con armas, drogas, dinero y gente. Gobiernan. Usan a los débiles para que hagan el trabajo sucio, se sostienen en la soberbia y se sienten impunes, y a menudo lo son por largos períodos de tiempo. No necesitan conspirar para explotar, simplemente actúan según sus intereses a costa de los demás, usan la fuerza y han logrado conquistar buena parte del planeta. Se han apoyado durante siglos en los tres obstáculos anteriores: la resignación, la dispersión y la ignorancia.


La lucha fundamental enfrenta por una parte la fuerza dispersa pero real que tiene el potencial para construir una sociedad humana cooperativa. Es una fuerza capaz de ejercer sus múltiples poderes y usar sus crecientes conocimientos en la producción y protección de la vida de todos sus miembros, del ecosistema y del planeta, lo que llamo el nuevo dios. Por otra está la resistencia que representan los intereses creados alrededor de los recursos y del poder, que someten por todos los medios disponibles y se aprovechan de la ignorancia, del convencimiento de que otra forma de organizar la vida es imposible, del atolondramiento producido por la fragmentación de la comunidad y por la ebriedad del consumo. En el mismo lodo, todos revolcados, sin árbitros ni reglas. Dioses y panteras son motor y freno de la historia.


El problema es que dios y el diablo conviven en el mundo real, están enfrentándose aquí y ahora, pero también los llevamos puestos. Están biológicamente en cada uno de nosotros. Altruismo y egoísmo coexisten, se superponen. La humanidad ha inventado innumerables relatos en casi todas las culturas, para reforzar la cohesión social, para alinearse con ciertos principios y valores, apoyándose en promesas de premios e inhibiendo a quienes no los siguen con amenazas de castigos. Los castigos son en general inmediatos, los premios son post mortem, por supuesto. Cuando no se trata del paraíso o del infierno se trata de castigar o premiar la vida que llevamos con una promesa de renacer como gusano o como santo. Los mitos, leyendas y religiones han permitido elaborar "contratos sociales", con miedos y esperanzas salidos de la imaginación de los profetas y con valores que llaman a lo mejor que llevamos dentro. Aquellos ávidos de poder y riquezas o los locos convencidos de oír voces han usado esto para someter, oprimir, explotar, hacer guerras. Los mismos mitos han movido millones en pos de la libertad. Estos relatos llevan la misma contradicción. Se pide y ofrece sumisión por amor y por amor se practica y se convoca a la rebeldía.


Por eso al diablo del siglo XXI tenemos que vencerlo desde afuera y desde adentro. Es el momento. Nunca antes nuestra especie tuvo tecnologías, interconexión, conocimientos y energías suficientes para hacer del planeta un paraíso o caer en el apocalipsis. Mi viejo repetía a menudo una frase que no sé de dónde había sacado: "la forma de ser feliz en el infierno es luchando contra el diablo". Creo que es el momento imperdible para buscar la felicidad.

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Los refugiados, el capitalismo y la ideología (Europa)

¿Refugiados, inmigrantes, desplazados, sin papeles, aliens? ¿Cómo llamar a las masas de sirios, afganos o libios, productos de las guerras imperiales que golpean las puertas de la Festung Europa (más su torre alemana), sofocándose en los camiones y ahogándose en el Mediterráneo en la más grande crisis de este tipo ocurrida jamás (con 59 millones de forzados a dejar sus casas en el mundo, según la ONU)? ¿Qué tal, seres humanos? Parece que la opción más obvia es la menos deseada. Nombrar bien las cosas importa (refugiados es aquí más apropiado que migrantes). Pero a veces extraordinarios debates semánticos encubren la deshumanización común.


2) Hannah Arendt, en un corto texto, We refugees (1943), escrito desde su propia posición de refugiada que huyó de la guerra en Europa, veía esta condición como paradigma de la nueva conciencia histórica. Tratando de humanizar a los desplazados y sensibilizar a las poblaciones receptoras los describía como "el avant-garde de sus pueblos". En aquel entonces la encarnación de un refugiado fue un judío (como ella), pero cuya expulsión fue seguida por la de la mayoría de los europeos.


3) Hoy un refugiado es por lo general un musulmán, estigmatizado como antes un judío por su religión e identidad. Más que paradigma de la nueva conciencia es un símbolo de ignorancia y nueva deshumanización en la época en que la historia ya no enseña nada. Las imágenes de Europa de ayer y hoy son intercambiables. Gente con bultos en los hombros y niños en las manos, caminando de un país al otro por las carreteras y al lado de las vías férreas. Por donde quiera alambre de púas y campos de internamiento –que no son Auschwitz, pero nacen de la misma matriz de la modernidad– llenos de personas con números en los brazos... (véase: Rick Lyman: "Treatment of migrants evokes memories of Europe's darkest hour", en The New York Times, 4/9/15).


4) Giorgio Agamben, leyendo al texto de Arendt, escribió uno suyo (We refugees, 1993). Su mirada a los ámbitos de relaciones internacionales y derechos humanos –hijos de los estados-naciones soberanos– ayuda a entender por qué a pesar de los esfuerzos internacionales (ONU, et al.) aún no se ha resuelto la cuestión de los refugiados (que más bien se agravó). Según él, la figura de un refugiado es mortal a la sola existencia del Estado-nación (desnuda la ficción de soberanía y rompe duplas identitarias hombre-ciudadano/origen-nacionalidad).


5) Apuntando al tóxico componente estatal en la Unión Europea, Agamben sugería un paso hacia una entidad aterritorial donde –entre otros– se borraría la oposición ciudadano/no ciudadano y todos serían refugiados... ¿Utopía? La verdad es que fue justo la tensión entre lo nacional y lo metaeuropeo lo que explotó a la hora de la crisis. De allí el sadismo hacia Grecia o hacia los refugiados. Más que una excepción, la tensión es la regla, incluso un modo de gobernar. Así Bruselas puede no hacer nada o jugar a buen policía/mal policía: quisiéramos recibirlos, pero algunos países se oponen (un disenso curiosamente ausente a la hora de rescatar los bancos o empujar más austeridad).


6) Cuando Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia rechazaron recibir las cuotas obligatorias de refugiados, se anunció que allí murió la solidaridad (Corriere della Sera, 5/9/15). Aunque verdadera, la acusación llega 30 años tarde: en Polonia la destrucción del sindicato del mismo nombre, del movimiento social alrededor suyo y del propio valor humano (y sustitución por precariado, atomización y egoísmo) fueron condiciones indispensables para la restauración capitalista en 1989.


7) Mientras algunos condenan la xenofobia hacia los refugiados, esconden que la deshumanización de abajo es la misma que se enseña desde arriba hacia las siempre invisibles víctimas de las intervenciones humanitarias (o sea: la misma gente). Bernard-Henri Levy, como un buen ideólogo, con una mano critica y con la otra exculpa: fustiga bien a Europa por indiferencia o hablar de refugiados como migrantes y quinta columna de la jihad, pero el vínculo con las guerras de la OTAN (de las que es un promotor) es para él... cortina de humo de Rusia (Project Syndicate, 31/8/15).


8) Shlomo Sand, hijo de sobrevivientes polacos-judíos de Shoah nacido en 1946, en un campo de refugiados en Austria (y criado en campos parecidos en Alemania hasta emigrar a Israel), tiene razón: la única ideología que cementa hoy a Europa –que no cesa de subrayar sus raíces judeo-cristianas– es la islamofobia, que cumple el mismo papel unificador que el antisemitismo para los estados-naciones en los siglos XIX-XX (Jewish Quarterly, 2010, no. 215).


9) Un pequeño ejercicio corrobora esta tesis a la luz de hoy: tomamos a Hungría y Eslovaquia; escuchamos al premier Víktor Orbán alertando que la oleada musulmana hace peligrar la identidad cristiana de Europa (Frankfurter Allgemeine Zeitung, 3/9/15) y asegurando defenderla impidiendo que los refugiados tomen trenes a Alemania en la estación Budapest-Keleti y desenvolviendo el alambre de púas en la frontera; escuchamos al gobierno eslovaco aceptando apenas un puñado de refugiados, sólo si son cristianos, excusándose que en el país no hay mezquitas; abordamos el vehícu¬lo del tiempo y vamos a 1944 a Budapest, donde en la misma estación los fascistas de la Cruz Flechada defensores de la civilización europea meten –al revés que hoy– por fuerza a los judíos a los trenes a Auschwitz, y a Bratislava, donde funcionarios del régimen cato-fascista del padre Tiso dan 100 dólares por cada judío denunciado, excusándose tal vez que en el país no hay sinagogas, y ¡voilà!


10) Para Agamben, en la medida en que refugiado es peligroso para el Estado-nación –¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá del Estado?– su figura es revolucionaria. Incluso, ante el ocaso de otros sujetos, es la única capaz de cambiar la sociedad. De allí el afán del poder por rechazarla. O domesticarla. He aquí una fórmula capitalista en píldora: ¡Déjenlos entrar y ganar dinero! (The Economist, 29/8/15). Pues, ¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá de la comodificación del ser humano?


Por Maciek Wisniewski, periodista polaco


Twitter: @periodistapl

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Martes, 08 Septiembre 2015 06:05

Francia prepara bombardeos en Siria

Francia prepara bombardeos en Siria

El objetivo del gobierno de Hollande parece triple: debilitar el Estado Islámico, derrocar al presidente Al Assad y frenar las matanzas y el éxodo de la población civil. La crisis migratoria reconfiguró la posición francesa.


El presidente francés confirmó el rotundo cambio de política que la prensa había adelantado durante el fin de semana: François Hollande decidió pasar a la ofensiva militar en Siria extendiendo a este país las acciones contra las posiciones del Estado islámico. Hasta ahora, Francia había limitado sus intervenciones militares a Irak pero la crisis de los migrantes –la mayoría provienen de Siria– reconfiguró la posición francesa. Hollande precisó que le había pedido al ministro de Defensa que a partir de este martes "aviones franceses efectúen vuelos de reconocimiento al sur de Siria. Estos vuelos permitirán que se contemplen bombardeos contra el Estado Islámico preservando nuestra autonomía de acción y de decisión". El mandatario descartó por el momento cualquier intervención terrestre. El jefe del Estado aseguró que "debido a las matanzas que comete, es el Estado Islámico quien hace huir a decenas de familias".


La conferencia de prensa que ofreció Hollande interviene en un momento crucial para Europa. La Unión Europea enfrenta un desafío tan histórico como mayor con la llegada de cientos de miles de migrantes que huyen de la guerra, principalmente, en los últimos meses, de Siria. El presidente justificó su decisión con el telón de fondo de ese drama y amplía así el radio de acción militar de Francia sin que ello implique que París adhiera tácitamente a la coalición que opera en Siria bajo el comando de Estados Unidos. Lo cierto es que el giro en la política francesa es terminante. Hace poco más de un año, Francia se unió a la coalición contra el Estado Islámico en Irak pero rehusó hacerlo en Siria. Mediante la operación Chammal, Francia llevó a cabo más de 200 bombardeos y una gran cantidad de acciones de reconocimiento con el fin de respaldar a las tropas iraquíes que combaten contra el EI. Siria fue otro historia más compleja.


A diferencia de París, Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá si intervinieron con sus aviones en territorio sirio. Damasco provocó incluso una división entre los aliados. En 2013, Hollande había tomado la iniciativa y el mando de una ofensiva militar de gran envergadura en Siria con el respaldo de Estados Unidos. Sin embargo, a último minuto, Washington se retiró de esa coalición momentánea. París siempre argumentó que ese paso atrás de Estados Unidos explica en buena parte el auge posterior del Estado Islámico en Siria. En los meses que siguieron, el mandatario francés explicó que bombardear al Estado Islámico en Siria hubiese servido ante todo los intereses del presidente Bashar al Assad. Sin embargo algo ha cambiado en el análisis presidencial. Según Hollande, entre el momento en que la oposición siria se levantó en armas en 2011 y ahora, el "EI desarrolló considerablemente su poder". Y no sólo en el terreno, sino, también, en el extranjero.
Los atentados cometidos en Francia este año fueron todos de origen jihadista y, para el jefe del Estado, hay un lazo entre estos actos de terror que comenzaron a principios de 2015 con el atentado, en enero, contra el semanario satírico Charlie Hebdo, y los radicales sunnitas del Estado Islámico: "Tenemos la prueba de que es en Siria donde se organizan atentados contra varios países, en especial contra el nuestro", afirmó Hollande. El líder político francés también acusó al presidente sirio de haber desencadenado esta situación: "¿Acaso debo recordarlo? Bashar al Assad es el responsable de la situación en Siria. Es él quien, cuando hubo manifestaciones, disparó contra su pueblo, es él quien bombardeó poblaciones civiles, es él quien rehusó las discusiones con los opositores cuando estaban libres y vivos. (...). La solución no puede pasar por el mantenimiento de Bashar Al Assad al frente de Siria".


El objetivo parece triple: debilitar el Estado Islámico, derrocar al presidente sirio y frenar las matanzas y el éxodo de la población civil. La apuesta es tan arriesgada e incierta como las otras estrategias militares aplicadas por Occidente en Medio Oriente o Asia Central: desde Afganistán, pasando por Irak, Siria o Libia, los refugiados provienen en su mayoría de esos países donde las bombas occidentales pretendieron imponer cierto orden democrático derribando a dictadores con los cuales las mismas potencias de Occidente mantuvieron durante décadas relaciones carnales, tanto comerciales, políticas como financieras. Los migrantes y la estela de dramas humanos espantosos que su éxodo provocó en el camino están reconfigurando varios ejes de la política europea.


En este contexto, Hollande confirmó que Francia recibiría en su territorio 24.000 nuevos refugiados, con lo cual responde al dispositivo de distribución de los refugiados elaborado por la Comisión Europea. Su presidente, Jean-Claude Juncker, planteó que los países miembros de la Unión Europea reciban a unos 120.000 migrantes, de los cuales 54.000 llegaron a Grecia, 15.000 a Italia y 50.000 a Hungría. Esto equivale apenas al 62 por ciento de los solicitantes de asilo que pisaron suelo europeo en los últimos tres meses. El plan Juncker prevé que España acoja a 14.391 migrantes, Polonia 9287, República Checa 2978, Holanda 7214, Bélgica 4564, Suecia 4469 y Rumania 4646. Muy lejos de estas cifras quedan los países bálticos. Lituania, Estonia y Letonia recibirán entre 300 y 600 refugiados. El Reino Unido, Irlanda y Dinamarca no forman parte del esquema de Jean-Claude Juncker porque ninguno de estos miembros de la UE está ligado a la política común de inmigración.


Con un total de 34.000 personas, Alemania es el país que más ha recibido, seguido ahora por Francia con 24.000. Berlín va movilizar este año unos 6000 millones de euros destinados a los refugiados. Nada, sin embargo, está pactado completamente. Los países de Europa Central y Oriental son reacios a aceptar los términos del plan del presidente de la Comisión Europea. Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, todos reunidos en el grupo de Visegrad, se opusieron con vehemencia al plan de Juncker. El presidente de la Comisión espera, con todo, convencerlos, en parte con el apoyo indirecto de las opiniones públicas muy marcadas por la muerte del niño sirio Aylan Kurdi, fotografiado ahogado en una playa de Turquía. En el medio de estas arduas negociaciones, las extremas derechas de Europa muestran sus puños. En Francia, Marine Le Pen, la dirigente del Frente Nacional, acusó a los medios de jugar la carta de la "culpabilizarían" al publicar la foto de Aylan Kurdi. Según Marine Le Pen, "la inmigración no es una posibilidad, sino un peso". Las víctimas que huyen de los regímenes dictatoriales y corruptos y de las guerras en las que se inmiscuyó Occidente han provocado un trastorno histórico en Europa y trazado una frontera entre varias Europa: la Europa Central y Oriental, hueca e inhumana, la Europa del Sur, muy retórica pero tardía en su generosidad y sus reacciones, y la Europa de países como Alemania o Austria. Se los juzgó siempre fríos, apáticos, escasamente solidarios y poco humanos. Y sin embargo, fue principalmente en Austria y Alemania donde los refugiados fueron recibidos en las calles y en las estaciones de trenes por cientos de personas que llevaban comida y carteles de bienvenida. El mundo no es igual a lo que pensábamos de él. La complejidad de la política y de los sentimientos humanos desarmó en un par de semanas ideas que se habían incrustado con la ligereza de un plato congelado. El refugiado, el ser humano marcado por la guerra y el éxodo, es el nuevo héroe, el que supo, con su sufrimiento, despertar algo profundo de la conciencia y el corazón humano. No fue internet sino la vida misma, el drama desnudo y sin piedad, el que esbozó este extraño y reciente amanecer.


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¿Por qué los refugiados acuden a los infieles?

El pequeño Aylan Kurdi era parte del enjambre de Dave Cameron. Claro, le será un poco difícil a Dave sacudirse eso, porque Aylan no era negro ni café ni manchado por dictadores de la televisión adictos a la tecnología, sino –enfrentémoslo, porque de eso se trata– más bien como nuestros niños de tres años. Podría haber sido un Alan o un John... o un David. De haber sido arrojado a las costas de Hastings o de Bexhill, uno puede imaginar las demandas de los buenos ciudadanos de Sussex por una investigación pública.


Pero Dave Relaciones Públicas nos acababa de decir que Gran Bretaña no puede recibir más refugiados sirios. Lo siento, Aylan.


Sin embargo, a riesgo de contraer el cáncer del Daily Mail, existe una perspectiva un poco más amplia de la que necesitamos estar conscientes. Se supone que Europa y Occidente –lo que alguna vez llamamos la Cristiandad– son los chicos malos en Medio Oriente. Somos nosotros quienes bombardeamos, corrompemos e invadimos a los musulmanes de Medio Oriente. Nosotros, quienes apoyamos a los crueles dictadores de Medio Oriente (a menos que desobedezcan nuestros deseos). Somos nosotros quienes chupamos los tesoros fósiles de Medio Oriente, su petróleo y su gas natural. Somos los infieles, ¿o no?


Y cierto, millones de refugiados sirios se han asentado en miserables campamentos en los bordes de Líbano, Turquía y Jordania. Pero los cientos de miles de desposeídos que hoy se arremolinan deseando huir de sus torturadores no navegan en barcos con abolladuras hacia donde uno esperaría que fuesen: a la ummah, el corazón latente del islam, la tierra donde el profeta vivió y donde recibió la palabra de Dios que es conocida como el Corán. No, los destituidos de Medio Oriente no se dirigen a Arabia Saudita, a los ricos reinos del Golfo, para implorar ayuda de los contructores de las grandes mezquitas, los Guardianes de los Santos Lugares.


Los refugiados no arriban en tumulto a la costa de Jeddah en el Mar Rojo, demandando asilo y libertad en el reino que apoyó al talibán y del que surgió Osama bin Laden. No suplican a los guardias fronterizos sauditas que les permitan tomar el tren de Dhahran a Riad, en busca de solaz y seguridad para sus familias en brazos de un régimen cuya fe wahabita-salafista sunita ha proporcionado reclutas a pasto para el Isil. Y, podríamos añadir, esos sirios que huyen de Assad, más que de sus enemigos, tampoco se arrojan a los pies del califato islámico cuyos videoclips hieden a muerte y castigo, más que a piedad.


Un poco extraño, podríamos decir. Los historiadores necesitarán algún día ponderar la ironía de que, mientras cientos de miles de judíos dejaron Europa para ir a Medio Oriente, hace 70 años, cientos de miles de musulmanes escapan ahora de Medio Oriente hacia Europa. Pero de eso se trata, ¿cierto? ¿Por qué vienen acá?


No es porque crean que somos blandengues. No es porque quieran medrar con nuestra generosidad. Sospecho que es porque conocen lo suficiente de Europa y de nuestra historia, y de nosotros –no de nuestros políticos de hojalata o de Dave Supermercado y los ruidosos carroñeros laboristas que le gruñen a Corbyn, sino de los alemanes, franceses, italianos y suecos y, sí, los griegos e incluso los húngaros, y hasta de los británicos– para saber que somos buenas personas, gente amable. Creo que saben que, muy debajo de nuestro caparazón de cinismo y materialismo y nuestra falta de fe religiosa, la idea del humanismo está viva en Europa y que podemos ser personas decentes, buenas, consideradas y honestas.


Las implicaciones de todo esto son extraordinarias. Significa que, pese a nuestros líderes negligentes y cobardes, nuestros dementes Blairs, nuestros Daves Supermercado, nuestros tontos Milibands y nuestros deschavetados aliados de Europa oriental, somos una sociedad honorable y humana. No sólo hablo del Ángel de Alemania, sino de los voluntarios alemanes, algunos de ellos desempleados, que alimentan y reciben a los refugiados en Berlín. Me refiero a los 20 mil húngaros que marcharon en apoyo a estos afligidos extranjeros que han llegado a nuestras fronteras europeas. A los hombres y mujeres franceses que ayudan a alimentar al enjambre de Dave mientras se pudre en las junglas de Calais. Pienso en los jóvenes trabajadores de Médicos Sin Fronteras con quienes viajé a la frontera greco-macedonia, que distribuyeron agua, comida, ropa y afecto a las familias de Alepo, Idlib y Deraa –sí, y de Kandahar y Peshawar–, para quienes los refugiados eran más bien como Aylan el de tres años en su playa dorada: para esos jóvenes europeos, los refugiados eran iguales a nosotros. De hecho, ellos eran nosotros.


En la cada vez más oscura y profunda división entre la gente –los electores– de Europa y sus servilmente ambiciosos e inmorales líderes (excepto Merkel, claro), existe un desafío mucho más serio para el futuro. ¿Qué ocurre cuando nos damos cuenta de que nuestros representantes no nos representan? ¿Qué ocurre cuando recordamos que Dave Relaciones Públicas inclinó la bandera británica ante el difunto rey de Arabia Saudita? ¿Siquiera –en nuestro nombre– rendirá el mismo homenaje al pequeño Aylan?


Traducción: Jorge Anaya

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