El calentamiento global es más rápido de lo previsto

Las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por los combustibles fósiles están calentando la superficie de la Tierra más rápidamente de lo previsto, según nuevos modelos de proyección llamados a reemplazar las herramientas actuales de la ONU.

En 2100, al ritmo actual de emisiones, la temperatura media podría aumentar entre 6,5 y 7 ºC respecto de los niveles preindustriales, según dos modelos presentados este martes por sendos centros de investigación de referencia en Francia. Esto supone hasta 2 ºC más de lo que previó el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) en su Quinto Informe de Evaluación de 2014.

Los nuevos cálculos también apuntan a que los objetivos del Acuerdo de París de limitar el cambio climático a un aumento "bien inferior" a los 2º C y a 1,5 ºC de ser posible, serán todavía más difíciles de alcanzar.

"Con nuestros dos modelos, vemos que el escenario (...) que nos permitiría permanecer bajo los 2 ºC no nos sirve", dijo Olivier Boucher, director de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS, por sus siglas en francés). Con un calentamiento de apenas +1 ºC hasta ahora, el mundo ya está sufriendo olas de calor más intensas, sequías, inundaciones, entre otros fenómenos extremos. El informe se basa en las simulaciones de varios escenarios socioeconómicos, desarrolladas por climatólogos, oceanógrafos, especialistas de la atmósfera y de cálculo, cuyas conclusiones contribuirán al sexto informe del IPCC, anunciado para 2021. Los nuevos modelos presentados por el Centro Nacional de Investigaciones Meteorológicas y el Instituto Pierre-Simon Laplace de Francia, forman parte de una nueva generación de sistemas que servirán como base para elaborar el próximo gran informe del IPCC en 2021.

Puntos de inflexión

Uno de los hallazgos clave de estos dos modelos es que el aumento de los niveles de CO2 en la atmósfera calentará la superficie de la Tierra más fácilmente de lo que habían previsto los anteriores cálculos. Los modelos franceses son los primeros en publicarse, pero los demás están llegando a la misma conclusión, incluidos los "más respetables de todos los que presenta Estados Unidos y del Met Office", la agencia meteorológica británica, según Boucher.

"Un calentamiento más acentuado nos dará menos tiempo para adaptarnos y hará más probable que alcancemos los 'puntos de inflexión', como el derretimiento del permafrost, lo que acelerará el cambio climático", escribieron este año en un blog Boucher y otros dos científicos británicos, Stephen Belcher, del Met Office, y Rowan Sutton, del Centro Nacional de Ciencia Atmosférica británico.

Entre un tercio y 99% de la capa superior del permafrost podría fundirse en 2100 si no se frena la contaminación por CO2, soltando en el aire miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero, según el borrador de un informe del IPCC sobre océanos.

"Desafortunadamente, nuestro fracaso global a la hora de implementar acciones eficaces (...) en las últimas décadas nos ha dejado en una situación en la que lo que debemos hacer para mantener el calentamiento a un nivel seguro es extremadamente simple", dijo Joeri Rogelj, profesor asociado del Imperial College de Londres y colaborador del IPCC. "Las emisiones globales de efecto invernadero deben declinar hoy en vez de mañana y las emisiones de CO2 deben reducirse a cero neto", concluyó.

Escenarios socioeconómicos

Los científicos lo achacan a una reacción más fuerte sobre el clima del aumento de gases invernaderos de lo que mostraba el estudio anterior. "Según el escenario más pesimista (crecimiento económico rápido alimentado por energías fósiles), el aumento de la temperatura media global alcanzaría los 6 o 7 grados centígrados en 2100, y superaría en más de un grado a las estimaciones precedentes", establecen.

Tan solo uno de los escenarios socioeconómicos, el de un panorama de cooperación internacional que dé prioridad al desarrollo sostenible, lograría cumplir con el objetivo de que el calentamiento se limite a 2 grados para esa fecha.

Los modelos de simulación climática utilizados han sido aplicados en Europa y en el Océano Índico, donde los expertos han logrado representar de manera más realista fenómenos como olas de calor o ciclones. Los datos se han obtenido también gracias a las mejoras técnicas, como una resolución espacial más precisa o el modelado de distintos sectores del sistema climático (el océano, la atmósfera, los glaciares, etc.).

Las simulaciones han permitido además estudiar con mayor fiabilidad las condiciones climáticas de Francia y Europa occidental en los últimos años, donde los científicos han constatado que las olas de calor son cada vez más frecuentes y que han aumentado de manera evidente en las últimas décadas. Confirman además que, independientemente del escenario socioeconómico utilizado, las olas de calor continuarán en las décadas siguientes.

Publicado enMedio Ambiente
 Imagen del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York la mañana del 11 de septiembre de 2001.Foto Ap

Nueva York. Ayer se conmemoró el 18 aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre, pero aunque los ritos solemnes anuales procedieron aquí y en el Pentágono, imperó la sombra de una Casa Blanca disfuncional que, además de las mentiras cotidianas, ha expulsado ya a un número sin precedente de sus más altos funcionarios desde que Donald Trump empezó su estancia.

El despido, según Trump, o renuncia, según John Bolton, de su asesor de Seguridad Nacional, es el tercero en ese puesto en menos de tres años. También han sido cesados –o huyeron– dos previos asesores de seguridad, dos jefes de gabinete, un secretario de Estado, otro del Tesoro, uno de Defensa, uno de Seguridad Interna, otro de Trabajo, una más de Salud, otro del Interior, un procurador general y un director de la FBI, y otros más de segundo y tercer niveles; por lo menos 51 altos funcionarios en total.

El fin de Bolton no fue sorpresa, y la forma en que se hizo, por tuit, ya no es novedad. Se sabía, como lo declaró el presidente, que había marcadas diferencias de opinión entre los dos, y de la guerra cada vez más abierta entre el famoso bigote blanco y el secretario de Estado Mike Pompeo (quien ayer no lograba ocultar su sonrisa al hablar de su ex contrincante).

Aunque los analistas y observadores se han enfocado mucho en estas diferencias "ideológicas", con Bolton como un halcón tan extremo que el propio Trump bromeaba acerca de que si fuera por decisión de su asesor, "estaríamos en cuatro guerras más" y que él era quien tenía que moderar a Bolton, todo indica que el fin fue por algo más sencillo y común en este régimen: el presidente se hartó de alguien que no estaba de acuerdo en todo lo que el jefe quería.

Ahora el debate es si la ausencia de Bolton cambiará la política exterior de Trump. Se sabía que Bolton favorecía estrategias de “cambio de régimen –incluso a través de invasiones y guerras– en Irán, Venezuela, Cuba, Siria, Corea del Norte y otros lugares. Por su parte, Trump minaba esto con frecuencia, indicando que estaba dispuesto a reunirse con el liderazgo de Irán, por ejemplo, y mantener una relación amistosa con el líder norcoreano.

Trump comentó ayer que "estaba en desacuerdo con la actitud de Bolton sobre Venezuela. Pensé que estaba muy fuera de lugar", reportó Eli Stokols, de Los Angeles Times.

También se sabía anteriormente que Trump estaba irritado y frustrado con el tema de Venezuela porque Bolton y otros le habían asegurado que el gobierno de Nicolás Maduro estaba por caer ante un levantamiento popular y militar interno que nunca se produjo.

Pero estas disputas y desacuerdos sobre política no necesariamente son lo que determinan las decisiones internas de este régimen bajo el manejo errático de Trump. Con un presidente que se proclama como el más inteligente –"un genio muy estable"– que su gabinete, sus asesores, sus generales y los jefes de inteligencia, el fin de Bolton parece ser sólo otra decisión de una percepción de insuficiente lealtad y elogio o por razones de vanidad.

De hecho, esa vanidad se expresa sin falta cada día. Al ofrecer un discurso referente al 11 de septiembre, Trump repitió ayer una afirmación que carece de evidencia y parece ser otra exageración, engaño o mentira, entre las ya más de 10 mil que ha dicho desde que llegó a la Casa Blanca (según conteo del Washington Post). Insistió en que después de que vio el ataque contra las Torres Gemelas desde un edificio en Nueva York, pocos días despues “fui a la zona cero con hombres que trabajan para mí para intentar ayudar de cualquier manera que pudiéramos”. Sin embargo, nadie recuerda su presencia ni que haya ofrecido apoyo alguno.

En este aniversario tampoco se habló mucho de la guerra en Afganistán que se lanzó como "respuesta" a los atentados y que ahora es la más larga de la historia estadunidense, y menos sobre la de Irak y sus secuelas en la región. Más bien, los últimos días han estado repletos de disputas sobre realidades alternativas inventadas por el presidente, o por afirmaciones que preocupan por falta de coherencia.

Tal vez lo más increíble es que los temas que imperan en Washington no fueron el 11 de septiembre ni las guerras o política exterior –hasta lo de Bolton se está desvaneciendo– sino cómo Trump, con un plumón y una serie de declaraciones, insistió en encubrir un error que cometió al afirmar en un tuit que el huracán Dorian podría impactar al estado de Alabama.

Por más de una semana esto ha sido un gran debate, y continúa con la revelación del New York Times, de que el secretario de Comercio Wilbur Ross, bajo instrucciones del jefe del gabinete Mick Mulvaney, amenazó con despedir a funcionarios del Servicio Nacional Meteorológico –el cual está dentro de su secretaría– si no apoyaban la falsa afirmación del presidente.

Ayer, Trump, después de ofrecer su discurso por el 11 de septiembre en el Pentágono, donde recordó con toda la retórica patriótica y superpoderosa a los casi 3 mil que fallecieron ese día y advirtió que su país respondería a un nuevo intento parecido con una fuerza militar "nunca antes utilizada", retomó el tema del huracán.

De regreso en la Casa Blanca, a una pregunta sobre la versión del Times, Trump declaró que él nunca giró instrucciones para amenazar a los encargados del servicio meteorológico y que eso era otro ejemplo de fake news.

Una encuesta de CNN registró ayer que seis de cada 10 estadunidenses opinan que Trump no merece un segundo periodo y 71 por ciento no confía y en la información oficial difundida por la Casa Blanca.

Todo esto marca lo que el propio presidente ha empezado a bautizar como "la Edad de Trump".

Publicado enInternacional
La lucha contra una mina china que empoderó a un grupo de tailandesas

Un proyecto extractivo en Wanon Niwat movilizó a las mujeres de este pueblo tailandés para proteger las tierras donde viven y el medioambiente

Esa mañana, en cuanto vio el extraño cartel, plantado sobre un suelo que había sido removido poco antes, Mali Senbunsiri recordó la advertencia que su cuñada le había hecho años atrás. “Presta atención a cualquier pancarta o señal desconocida que aparezcan”, le avisó. “[Si aparece alguna] significa que se están preparando para abrir la mina”, le dijo la mujer.

Tras el hallazgo, Mae Mali, o Madre Mali, como la conocen en Wanon Niwat, el pueblo tailandés en el que siempre ha vivido, corrió al templo a avisar a las otras mujeres que estaban enfrascadas en los preparativos de un festival. Era 2015, y así comenzó una guerra, liderada por las mujeres del pueblo, contra una gran empresa china que quería perforar su suelo. “Al principio solo éramos mujeres”, explica Mali, de 52 años y madre de tres hijos ya independizados. “Probablemente porque nos quedamos en casa y vemos qué ocurre en la comunidad”, asegura esta abuela, quien ahora cuida de cuatro de sus nietos con los ingresos que obtiene, junto a su marido, de sus campos de arroz y otros pequeños negocios.

En los años setenta, el Gobierno tailandés encontró reservas de potasio bajo el suelo de Wanon Niwat, pero durante décadas nadie se atrevió a perforar debido a la fuerte oposición que los proyectos de minería han tenido en el país asiático. Sin embargo, gobiernos y empresas siempre mantuvieron un ojo en este elemento químico, fundamental para fabricar los fertilizantes de los que depende la potente industria agrícola tailandesa y que ahora tiene que importar. En mayo de 2014, una junta militar tomó el poder en un golpe de Estado y, pocos meses después, concedió una licencia de exploración de más de 15.000 hectáreas a la China Ming Ta Potash Corporation, una empresa con capital chino, para que estudiara la apertura de una mina de potasio en la zona. Fue cuando aparecieron las primeras señales.

Pocos días después de encontrar el cartel, cuando las mujeres ya ultimaban los preparativos del festival, escucharon que la empresa estaba intentando obtener muestras de la composición del suelo. “En cuanto lo oímos, dejamos todos y nos fuimos hasta allí para pararlos”, asegura Nongluck Oupadeng, otra de las mujeres que participó desde el primer día en los movimientos de resistencia. “Al principio no estábamos muy bien organizadas, solo lanzábamos acciones cuando oíamos que iban a perforar”, explica Mali. Aquel día, consiguieron frenar la perforación pero sabían que era solo la primera batalla de una guerra que ganaría fieles rápidamente —sobre todo, mujeres— y que revolucionaría las relaciones de género en la comunidad.

 “He aprendido a tener más confianza en mí misma. Ahora tengo el reconocimiento de la comunidad y me dan más responsabilidades”, asegura Nongluck Oupadeng, quien se ha convertido en una de las principales negociadoras del grupo con las autoridades. “Me ha cambiado de verdad. Antes simplemente me quedaba en casa. Ahora soy una líder. Me siento empoderada y más valiente”, añade Samrit Boranmun, quien ha utilizado sus conocimientos en redes sociales para obtener información y publicitar el movimiento.

Según Naciones Unidas, aunque Tailandia ha experimentado progresos en igualdad de género en las últimas décadas, aún se necesitan mejoras en “las actitudes tradicionales y estereotipos que refuerzan la violencia doméstica y la violencia contra la mujer, su baja participación en política y en puestos de toma de decisiones y la discriminación y vulnerabilidades [en zonas] rurales e indígenas así como en el sector informal”, entre otros. Sin embargo, según un informe reciente sobre las defensoras de derechos humanos en Tailandia, el gobierno de la junta militar, que prohibió de forma sistemática protestas y otras actividades de la sociedad civil, ha supuesto un retroceso y estas defensoras “tienen cada vez un mayor riesgo de violencia, discriminación y otras violaciones de derechos”. Además, según el informe firmado por varias organizaciones de defensa de los derechos humanos, “las mujeres han sido excluidas de forma sistemática de las consultas públicas y de los procesos de toma de decisiones, especialmente en asuntos relacionados con la tierra y los recursos naturales”. Tailandia celebró elecciones el pasado mes de abril tras casi cinco años de dictadura militar, pero el general golpista Prayuth Chan-ocha ha vuelto a formar Gobierno a pesar de no haber ganado los comicios, gracias a que un tercio de los escaños eran designados a dedo.

Una de las herramientas más empleadas durante el gobierno de Prayuth Chan-ocha ha sido el acoso judicial de los activistas por parte de las empresas y el Gobierno. Así, varias de las mujeres de la comunidad, entre ellas Mali, han sido denunciadas en varias ocasiones por no respetar el orden público o por provocar daños a la empresa. “Yo me he declarado inocente. No he causado ningún daño a la empresa. Solo participé en una sentada para que nos dieran información”, explica enfadada Pisamai Sukkha, una viuda de 53 años cuyos ingresos mensuales se han desplomado porque debe pasar su tiempo yendo y viniendo de los tribunales.

En esa frágil situación de las mujeres, los recursos naturales se han convertido en un elemento clave en la supervivencia de formas de vida igualitarias en zonas rurales, explica Kitima Khunthong, profesora de Ciencias Sociales y Humanidades que estudia las relaciones de las comunidades rurales con el medioambiente en la Universidad tailandesa de Rajabhat. “Las comunidades dependen mucho de su entorno sobre todo en zonas rurales, porque les asegura sus formas de vida, su red social, sus lazos culturales, su seguridad económica y su salud”, asegura. “Dañar su entorno puede tener consecuencias sociales”, continúa. Los derechos comunitarios han estado reconocidos en las Constituciones de Tailandia desde 1997, explica la académica, pero ninguno de los gobiernos, ni civiles ni militares, que el país ha tenido desde entonces los ha respetado por completo. “Está solo sobre el papel. Los gobiernos nunca respetan los derechos comunitarios, especialmente los gobiernos militares”, concluye la investigadora.

El carácter cooperativo de las tailandesas

Cuando Mali habla, todo el mundo escucha. Su carácter fuerte la hace una líder nata, tanto que, a diferencia de sus compañeras, ella no siente que el conflicto haya cambiado las relaciones en casa. “Las mujeres controlamos las finanzas. Somos simplemente más importantes socialmente”, sentencia. El marido de Mali, Anan Senbunsiri, asiente: “Yo la apoyo completamente. Creo que es más adecuada que yo para desempeñar ese papel”.

Sin embargo, para Pranom Somwong, coordinadora en Tailandia de Protection International, una ONG que trabaja por la protección de los defensores de los derechos humanos, la diferencia fundamental es el carácter más cooperativo de las tailandesas. “Las mujeres tienen una forma de liderazgo más colectiva. No es esa figura del héroe fuerte de los hombres”, asegura la activista. “A pesar de eso, ellas han sido aceptadas como líderes [en Wanon Niwat]”, asegura Pranom.

Desde aquella protesta espontánea surgida en el templo, las mujeres de Wanon Niwat, con el apoyo de maridos, padres y hermanos, han organizado sentadas y marchas, que han reforzado los lazos de la comunidad pero que las ha llevado también a las poblaciones vecinas para pedirles que se unan al movimiento. La mayoría de ellas, sin embargo, nunca pensó que su oposición a la mina pudiera revalorizarlas en una sociedad aún muy machista. Sus inquietudes eran más inmediatas. Sompan Srimarat, una mujer que tiene a su cargo a dos hijos con autismo, se unió a las protestas preocupada por cómo la mina podría afectar a los campos de arroz y las plantaciones de caucho que les dan de comer. “Mi vida depende del entorno aquí. No podemos arriesgarnos”, asegura. No en vano, su vecina, Somboon Duangpromyao, ya le ha advertido de que la extracción de sal, procedente de las mismas reservas que el potasio, está haciendo que el suelo ceda a 40 kilómetros de Wanon Niwat. “Cada vez que voy por aquella zona, veo un agujero nuevo”, asegura Somboon. “Si eso está pasando allí, que las minas son a pequeña escala, imagina lo que puede ocurrir con una gran mina de potasio”.

Las minas de potasio han sido relacionadas con la contaminación por sal de ríos y de reservas de agua subterránea, reduciendo la biodiversidad acuática, así como con la subsidencia o hundimiento del suelo, explica Miguel Cañedo, un investigador en ecosistemas acuáticos de la Universidad de Barcelona. “Si no se diseñan acciones preventivas, el impacto medioambiental de estas minas puede ser muy alto”, asegura el investigador. “Puede tener un impacto también sobre la salud humana, no solo en los ecosistemas. Las sales pueden interactuar con otros residuos y generar sustancias cancerígenas”, continúa.

Estas consecuencias sobre la salud humana son la principal motivación en la lucha de Thawatchai Chanchemsri, antiguo director del departamento municipal de salud, quien renunció en noviembre de 2018 como protesta al proyecto minero. “Me preocupa que la mina tenga un impacto sobre el medioambiente, pero sobre todo sobre la salud de los residentes y sobre las generaciones futuras”, afirma. Según Thawatchai, el departamento para el que trabajaba había estudiado el impacto de las minas de sal cercanas y había encontrado varios efectos negativos en el entorno inmediato, incluyendo un incremento en la salinidad del agua y una caída de la producción de los campos de arroz.

Según el gobierno de Tailandia, la nueva Ley de Minería, que entró en vigor en agosto de 2017, concede una mayor papel a las comunidades para decidir qué tipo de proyectos quieren que se desarrollen en las regiones en las que residen. “Si las comunidades se oponen, habrá una votación antes de que se otorguen licencias”, explica Ubol Ritpech, directora de la división legal del Departamento de Industrias Primarias y Minas de Tailandia. Sin embargo, al igual que el reconocimiento de los derechos comunitarios, la voluntad de las zonas rurales probablemente se quede en el papel, teme Lertsak Kamkongsak, uno de los principales activistas antiminas del país. “Es cierto que [según la ley] las autoridades tienen que involucrar a la comunidad local [...] Pero hay un problema en cómo el gobierno va a implementar la ley, porque según nuestra experiencia, siempre se favorece la inversión y no el respeto a las formas de vida locales”, asegura el activista.

Mientras, en Wanon Niwat, ha empezado la cuenta atrás. La licencia de exploración de la empresa expira a finales de este año, y las mujeres de Wanon Winat están decididas a dejar claro un mensaje: no quieren que nadie perfore el suelo sobre el que viven. Y la lucha, asegura, continuará aunque el Gobierno se niegue a escuchar sus demandas. “Si renuevan la licencia, seguiremos luchando. Ahora son más fuertes que nunca”, asegura Mali.

Por Laura Villadiego

Sakon Nakhon (Tailandia) 9 SEP 2019 - 00:18 COT

Publicado enMedio Ambiente
Geoingeniería solar: solución al cambio climático o fuente de más conflictos

Modificar la atmósfera para reducir el calentamiento global está cada vez más cerca, pero la falta de coordinación internacional puede generar tensiones entre países

China ya ha utilizado estas tácticas para provocar precipitaciones nieve en la meseta tibetana. En EEUU buscan fondos para ponerse al día.

"Los científicos están tan radicalmente divididos sobre la modificación artificial del clima", cuenta Alan Robock, científico del IPCC

Que los efectos del cambio climático provocarán tensiones entre los países ya nadie lo duda. La sequía y la falta de alimentos han sido causas de guerra desde el principio de los tiempos. Pero tratar de evitar esos efectos también podría ser una fuente de conflictos. Lo único que hace falta es que unas naciones decidan por su cuenta dedicarse a bloquear rayos del sol usando técnicas de geoingeniería. El climatólogo Alan Robock, uno de los autores del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), dice en declaraciones a eldiario.es que el riesgo de conflicto será especialmente alto si unos países lo hacen sin el consentimiento de otros "que se perciban como perdedores de la geoingeniería solar". 

Basada principalmente en dos mecanismos (dificultar la llegada de los rayos esparciendo partículas en la estratosfera o facilitar que los infrarrojos salgan de la atmósfera una vez que rebotan en la tierra), el problema con la geoingeniería solar es que nadie sabe bien qué va a provocar. "Los cambios que genere serán diferentes en cada lugar", explica Robock. "Las lluvias podrían disminuir en las regiones que tienen temporada de monzón, como la India, China, o el Sahel". Otros países como Rusia, dice, podrían preferir las temperaturas un poco más altas "para gastar menos en calefacción y disponer de los recursos del Ártico".

Según Robock, esas diferencias pueden ser muy nefastas incluso si no desatan una guerra. "Si el mundo comienza con la geoingeniería y hay alteraciones en el clima, como sequías en India o inundaciones en China, unos países podrían exigir que se termine con el experimento". El dióxido de carbono (CO2) habría seguido emitiéndose durante el período de geoingeniería, explica, por lo que su retirada abrupta podría desencadenar un calentamiento "mucho más rápido y peligroso que si no hubiéramos hecho nada". 

El profesor de Ética Pública y miembro del consejo de Cambio Climático del Gobierno australiano, Clive Hamilton, escribió sobre el tema en un ensayo de 2014: "Los científicos del clima están tan radicalmente divididos por el tema de la geoingeniería como en su día estuvieron los científicos del Proyecto Manhattan por las armas nucleares". Hamilton se dio cuenta de que muchos de los científicos que hoy investigan la geoingeniería solar antes trabajaron en laboratorios de armas nucleares en Estados Unidos. Todo parte de la misma creencia, escribió, la de "que el hombre tiene derecho a un dominio total sobre la naturaleza".

Sin contar con la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera (que puede considerarse como una especie de geoingeniería involuntaria), ya ha habido varias intervenciones humanas para modificar el clima. La más conocida es la experiencia china de contrarrestar la falta de nieve de la meseta tibetana fabricando un humo que se mezcla con las nubes y provoca precipitaciones. 

El efecto del experimento chino fue eminentemente local pero varios indicios apuntan a que la geoingeniería solar a gran escala es una posibilidad cada vez más cercana. Los científicos que asesoran al gobierno de EEUU ya pidieron que fondos federales para investigar la tecnología y la Universidad de Harvard abandera el primer programa de investigación para esparcir desde un globo partículas que reflejen los rayos del sol. 

Para el experto en geoingeniería solar de la Universidad de Waterloo en Canadá, Juan Moreno-Cruz, antes que preocuparse por la detención abrupta, el riesgo a evitar es seguir con la tecnología para siempre. "La única razón por la que ahora estamos queriendo limitar las emisiones de dióxido de carbono es porque nos está costando algo en términos de inundaciones, sequías o aumentos en el nivel del mar; pero si hacemos geoingeniería y desaparecen todos esos costes, ¿para qué íbamos a dejar de emitir CO2?"

En su opinión, la única forma de deshacernos de los combustibles fósiles y hacer geoingeniería a la vez es vinculando a los dos en la regulación internacional. "Si usted quiere tener un voto en la coalición de países que decide el uso de geoingeniería, usted primero tiene que demostrar que ha hecho mitigación", explica. Tanto para prohibirla como para regularla, el acuerdo internacional parece inevitable. Según Moreno-Cruz, "hay un vacío en términos de regulación en este momento, por lo que sería muy difícil reaccionar hoy si algún país quisiera hacerlo por su cuenta".

Para Ted Parson, profesor de Derecho Medioambiental en la UCLA y coautor del clásico en la materia The Science and Politics of Global Climate Change, hay que empezar a hablar de geoingeniería cuanto antes, tanto para probar sus posibles beneficios y efectos adversos como para regularla. "El cambio climático está empeorando, la primera solución de reducir emisiones, que es claramente la mejor, no está dando vuelta a las cosas con la rapidez necesaria para evitar riesgos muy graves en las próximas décadas y es poco probable, teniendo en cuenta las limitaciones técnicas y los fracasos actuales de la política, que lleguemos con la reducción al nivel mínimo para alcanzar los objetivos del IPCC. Es imposible predecir, pero la alternativa es llegar a fines de siglo a un calentamiento de tres grados centígrados, tal vez cuatro, por encima de la era preindustrial, y eso sería terrible".

Si no para desatar una guerra, la geoingeniería también podría ser un acicate para el autoritarismo, con gobiernos poco democráticos interviniendo sobre el planeta sin consultar a sus ciudadanos. Según Parson, la preocupación es válida pero solucionable: "No creo que a los países democráticos les cueste tanto comenzar con programas de geoingeniería mientras lo hagan de forma gradual, la fuerte oposición que tiene hoy la tecnología refleja el pensamiento de una minoría con una fuerte opinión sobre el tema pero la mayoría no sabe nada del tema".

En su opinión, el camino para llegar a algunos de los objetivos de reducción de emisiones es más preocupante desde el punto de vista del riesgo de autoritarismo. "Cuando leo que para reducir las emisiones un 80% en 15 años lo único que tenemos que hacer es comer menos carne y consumir menos energía... ¿qué país democrático puede pedirle eso a sus ciudadanos? Creo que el autoritarismo es un riesgo serio. Y será mayor cuanto más esperemos y más grave sea el cambio climático", mantiene Parson.

Por Francisco de Zárate

08/09/2019 - 20:56h

Viernes, 06 Septiembre 2019 06:30

Salvar el planeta

Salvar el planeta

La Amazonia arde, Groenlandia se derrite, 800 millones de personas padecen hambre, hordas de migrantes huyen de las guerras y la miseria hacia los países del derroche, y los gobernantes de los países más poderosos evitan discutir el cambio climático y los desastres ambientales para no irritar a Donald Trump.
Quizá la Tierra ha empezado a sacudirse la plaga humana.

 

 El BUFÓN.

Desde comienzos de la década del 90 el comediante George Carlin creó y refinó una rutina en los escenarios titulada Saving the Planet (Salvar el planeta) en la que, con su habitual insolencia salpicada de groserías, cuestionaba los fundamentos mismos de las políticas ambientales y las campañas y esfuerzos de protección de la naturaleza y las especies amenazadas de extinción. “El planeta está bien, está perfectamente bien”, afirmaba el bufón inteligente, fallecido en 2008. “Los que estamos jodidos somos nosotros”. (Quienes deseen la experiencia directa de su acto de 7.38 minutos pueden visitarla en Youtube, con subtítulos en español.)

“El planeta ha estado aquí por 4.500 millones de años”, continuaba Carlin. “Nosotros hemos estado aquí ¿qué?, ¿100 mil años, tal vez 200 mil años? Hemos tenido industrias pesadas por poco más de 200 años. ¿Y tenemos la pretensión de que, de alguna forma, somos una amenaza?”“El planeta ha sobrevivido y superado cosas mucho peores que nosotros”, añadía con una larga lista de acontecimientos como terremotos, volcanes, placas tectónicas en movimiento, desplazamientos continentales, tormentas solares, manchas solares, tormentas magnéticas, la reversión magnética de los polos, cientos de miles de años de bombardeo de cometas y meteoros, enormes inundaciones, tsunamis, vastos incendios, rayos cósmicos, glaciaciones repetidas. “¿Y nos creemos que las bolsas de plástico y las latas de aluminio harán alguna diferencia?”, preguntaba Carlin.

MÁS DE LO MISMO.

El cambio climático, el agotamiento de recursos naturales, la contaminación del agua y el aire, y la destrucción de las junglas tropicales y los mantos de hielo figuran entre los problemas que, en todo el mundo, las generaciones más jóvenes ponen al tope de sus preocupaciones, y que los más viejos suelen desestimar. Esto ha motivado protestas multitudinarias, la creación de fundaciones, programas, coaliciones y actividades encaminadas a la conservación de la energía que se obtiene con la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), el desarrollo de fuentes alternativas de energía y la sustitución de materiales, especialmente plásticos, por otros que sean biodegradables. La multiplicación de partidos verdes es un fenómeno que cuenta ya con más de tres décadas, y las conferencias y acuerdos internacionales sobre asuntos ambientales son una rutina. Preocupaciones similares continúan emergiendo acerca de la biotecnología, el desarrollo de organismos manipulados genéticamente y medicamentos más potentes para combatir gérmenes que se adaptan y sobreviven a los medicamentos más potentes de hace apenas algunos años.

Los esfuerzos por salvar especies animales y vegetales amenazadas por la extinción –en muchos casos debida a la destrucción humana de los hábitats naturales– van acompañados por campañas de educación para que las sociedades, cada vez más urbanizadas y distanciadas de la naturaleza, entiendan el papel que cumplen los insectos en la polinización, la ganadería extensiva en la deforestación y la pesca industrial en el exterminio de los peces.

Pero, aun con toda la mejor voluntad y los propósitos más altos, muchas de las políticas ambientales en varios casos conducen a una aceleración de la destrucción y la contaminación. Un ejemplo casi cotidiano: las bolsas, vasos, pajitas, envases y todo tipo de objetos de plástico. Las campañas para reducir, mediante educación o multas, el uso de las bolsas de plástico –que se han vuelto omnipresentes en los mercados– proponen dos opciones: o las bolsas de plástico, no desechables, fuertes y resistentes, que pueden usarse muchas veces, o las bolsas de papel, un material desechable. La realidad es que la producción de bolsas de plástico más resistentes requiere más energía y materia prima –que por ahora, en su mayor parte, procede de los hidrocarburos–, y, en el caso del papel y del cartón, demanda más celulosa, que sólo puede obtenerse de la tala de más bosques.

La gran alternativa a los vehículos automotores que consumen gasolina o diésel es el desarrollo de vehículos eléctricos, los cuales demandan… electricidad, pues, que muchas veces proviene de plantas que queman combustibles fósiles. La masificación de los vehículos eléctricos soñada por tantos ambientalistas promete otro problema: la falla del suministro de electricidad paralizará la economía. Imagínese una ciudad de 15 millones de personas donde, en un futuro, el 90 por ciento de los vehículos sean eléctricos, y un apagón de diez días. Con el añadido del agotamiento de todas las baterías con que funcionan nuestros celulares, el número creciente de minicomputadoras dentro de los vehículos que todavía usan gasolina.

Los enormes recursos financieros y científicos dedicados a la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos sólo producirán compuestos a los que las bacterias se adaptarán en menos de una década. El propósito de estas investigaciones y desarrollos es, en definitiva, la prolongación de la vida humana, cuando el planeta soporta ya casi 8 mil millones de personas que siguen, seguimos, consumiendo más recursos.

UNA SACUDIDA.

Las últimas semanas, la atención mundial –y la distracción forzada del Grupo de los 7 en Biarritz– se centró en los incendios forestales en el sur de la Amazonia, un 84 por ciento más extensos que hace un año. Del llamado “pulmón del planeta” que debería contribuir a la absorción de dióxido de carbono en la atmósfera, se levantan enormes columnas de humo que se extienden por cientos de quilómetros. El gobierno brasileño, que ha movilizado a más de 40 mil soldados para combatir las llamas y, supuestamente, reprimir a los responsables de la deforestación por fuego, es el mismo que abrió esas regiones a la explotación de recursos madereros, de los cuales se obtiene, entre otras cosas, la celulosa, y otras riquezas que demanda, ávida, una creciente población mundial. Las corporaciones y gobiernos que buscan y explotan estos y otros recursos naturales no lo hacen porque sean demoníacas, sino porque hay una constante demanda de los consumidores que… somos nosotros. Hemos adoptado un estilo de vida que nos hace dependientes de una red global de producción y distribución que es cada vez más frágil.

Hace 33 años la explosión de un reactor en Chernóbil, de la entonces República Soviética de Ucrania, dispersó por gran parte de Europa una nube radioactiva y dejó una región de 2.400 quilómetros cuadrados vedada para la presencia humana hasta hoy. Aparte de las fallas que se han atribuido a los técnicos de Chernóbil y la torpeza del régimen soviético para encarar el desastre, está el hecho de que la energía nuclear se ha desarrollado para suministrar electricidad a partir de una fuente alternativa a los hidrocarburos. En el bosque silvestre que ha crecido en torno a Chernóbil, han reaparecido especies animales consideradas casi extintas, tal como en regiones rurales de España, abandonadas por la agricultura, se han multiplicado los caballos salvajes.

“El planeta se sacudirá de nosotros como una peste de pulgas, una molestia superficial”, según Carlin. “Estará aquí por mucho, mucho, mucho tiempo después que nosotros hayamos desaparecido, y el planeta se sanará a sí mismo, se limpiará porque eso es lo que hace. Es un sistema que se corrige a sí mismo. El aire y el agua se recuperarán y la Tierra se renovará.”“El planeta no se va a ninguna parte”, predecía el bufón. “¡Nosotros nos vamos! Recojan su mierda, gente. Los que nos vamos somos nosotros. Y no dejaremos mucha traza, tampoco. Gracias a dios por eso. Bueno, quizá sí, un poco de poliestireno. El planeta estará aquí, y nosotros habremos desaparecido hace mucho tiempo. Simplemente, otra mutación fallida.”

Por Jorge A. Bañales

6 septiembre, 2019

Publicado enMedio Ambiente
Las bebidas azucaradas aumentan el riesgo de muerte prematura

Estudio asocia el consumo de esos productos con el peligro de padecer enfermedades circulatorias, males digestivos y Parkinson

El consumo de bebidas azucaradas y el riesgo de sufrir una muerte prematura vuelven a estar asociados. El más amplio estudio hecho hasta la fecha en Europa, publicado hace poco en la revista JAMA Internal Medicine, indica que beber a diario dos vasos o más de cualquier tipo de refresco tiene 17 por ciento de mayor posibilidad de fallecer que los que toman un vaso o ninguno al mes.

Realizado en 10 países europeos, entre ellos España, Reino Unido, Dinamarca, Francia y Grecia, el Estudio Prospectivo Europeo sobre Dieta, Cáncer y Salud (EPIC, por sus siglas en inglés) analiza datos de más de 450 mil personas, reclutadas entre 1992 y 2000, de una edad promedio de alrededor de 50 años, fueron observados durante un promedio de 16 años.

Antes del estudio, a cada participante se le tomó una muestra de sangre y se le hizo llenar un cuestionario sobre su estilo de vida, en el que se le preguntaba sobre aspectos como el ejercicio, el tabaquismo y su peso, además de su dieta y nutrición. El trabajo excluyó a los sujetos que habían reportado que padecían cáncer, diabetes y problemas cardiovasculares.

Resultados

El EPIC, firmado por medio centenar de científicos, señala que durante el estudio 41 mil 600 muertes fueron registradas. De los que tomaban menos de un vaso de bebida azucarada al mes, 9.3 por ciento fallecieron; mientras los decesos de quienes consumían a diario medio litro o más de estos líquidos, fueron 11.5 por ciento.

Aunque el consumo de bebidas azucaradas ha sido asociado a problemas de salud como la obesidad, los investigadores que trabajaron en EPIC afirman que eso no explica completamente el vínculo entre una alta ingesta de esas bebidas y un elevado riesgo de muerte.

Cuando el equipo de científicos revisó las causas específicas de deceso, encontraron que el consumo frecuente de bebidas endulzadas artificialmente lleva también a un mayor riesgo de padecer enfermedades circulatorias; las azucaradas fueron asociadas con males digestivos y con el aumento en el peligro de padecer Parkinson.

Si bien los expertos señalan que dicho estudio no puede probar que las bebidas azucaradas conducen a un mayor riesgo de muerte, sí indican que el EPIC respalda los recientes esfuerzos para reducir la ingesta de refrescos, como son los impuestos que algunos países han comenzado a aplicar a esos productos.

En México dicho impuesto se aplica desde 2014. De acuerdo con un artículo publicado en el Sistema de Centros Públicos de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se consume un promedio de 137 litros de refresco por persona al año, mientras en Francia la ingesta es de 37 litros.

El año en que se aplicó el impuesto, el consumo se redujo entre 6 y 12 por ciento.

Aunque la idea de estos impuestos es reducir la ingesta de esos productos, los investigadores señalan que la mejor alternativa para mantener una vida sana es beber agua.

Publicado enSociedad
El cáncer es ya principal causa de muerte en los países de altos ingresos

Londres. El cáncer superó a las enfermedades cardiacas como la principal causa de muerte en los países ricos y podría convertirse en la mayor del mundo en pocas décadas si persisten las tendencias actuales, señalaron investigadores este martes.

Los científicos afirmaron que los hallazgos, publicados en The Lancet, mostraban evidencia de una nueva "transición epidemiológica" global entre diferentes tipos de enfermedades crónicas.

La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo entre los adultos de mediana edad –40 por ciento de todos los decesos–, pero ese ya no es el caso en los países de altos ingresos, donde el cáncer ahora mata al doble de personas que las afecciones al corazón, indicaron.

"Nuestro informe encontró que el cáncer fue la segunda causa más común de muerte en todo el mundo en 2017, representando 26 por ciento de todos los fallecimentos", indicó Gilles Dagenais, profesor de la Universidad Laval de Quebec en Canadá, quien codirigió el trabajo.

"Pero a medida que las tasas (de enfermedades cardiacas) continúan disminuyendo, el cáncer podría convertirse en la principal causa de muerte en el mundo, dentro de sólo unas décadas", advirtió.

Afecciones cardiovasculares

Según los investigadores, de unas 55 millones de muertes en el mundo en 2017, alrededor de 17.7 millones se debieron a enfermedades cardiovasculares, un grupo de afecciones que incluyen insuficiencia cardiaca, angina, infarto y accidente cerebrovascular.

Alrededor de 70 por ciento de los casos de muertes por problemas cardiovasculares se deben a riesgos modificables como presión arterial y colesterol altos, dieta, tabaquismo y otros factores de estilo de vida.

En los países de altos ingresos, el tratamiento común con estatinas a fin de reducir el colesterol y medicamentos para la presión arterial ha ayudado a disminuir drásticamente las tasas de enfermedad cardiaca en las décadas pasadas.

El equipo de Dagenais explicó que sus hallazgos sugieren que las tasas más altas de muertes por enfermedades cardiacas en los países de bajos ingresos pueden deberse principalmente a una menor calidad de la atención médica.

La investigación encontró que las tasas de primera hospitalización y el uso de medicamentos para enfermedades cardiacas fueron sustancialmente menores en los países más pobres y de ingresos medios que en los ricos.

Las naciones analizadas incluyeron a Argentina, Bangladés, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, India, Irán, Malasia, Pakistán, los territorios palestinos, Filipinas, Polonia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Suecia, Tanzania, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Zimbabue.

Cuando el pasado en Afganistán condena a Australia

 El abogado militar David McBride filtró documentos sobre crímenes de guerra cometidos por tropas australianas. Irá a juicio por difundir información "sensible".

 

El abogado militar David McBride logró acceder a documentos secretos con información referida, fundamentalmente, a crímenes de guerra cometidos por las tropas australianas en Afganistán. Los cables demuestran, por ejemplo, los asesinatos a civiles desarmados y niños, la práctica de cortar manos a talibanes ya abatidos, o la falta de un criterio unificado ante la ejecución de la orden de disparo. El escándalo estalló en 2017. Cuando la filtración llegó a la cadena ABC, empezaron los problemas judiciales para McBride: irá a juicio a partir de abril de 2020, por el "delito" de difundir información "sensible". La persecución también se hizo extensiva a a medios y periodistas del país, que fueron víctimas de allanamientos durante el pasado mes de junio.

Los archivos secretos a los que tuvo acceso el abogado fueron luego difundidos por la cadena pública ABC (Australian Broadcasting Corporation), el 10 de julio de 2017, bajo el nombre The Afghan Files ("Los Archivos Afganos”). La investigación ofrecía una mirada inédita sobre las operaciones clandestinas de las fuerzas especiales de Australia. McBride afirma que primero buscó una investigación interna a través de la Fuerza de Defensa australiana, y luego fue a la policía. Al no obtener respuesta, buscó el interés de los medios: entregó los documentos al citado ABC, al diario Sidney Morning Herald y al periodista Chris Masters, pero solo el medio público tomó el caso.

"Vi algo que el gobierno estaba haciendo ilegalmente e hice algo al respecto", dice McBride, acusado de robo y tres cargos de violación a la Ley de Defensa, por ser miembro de la fuerza, y comunicar un plan, documento o información. Las antiguas disposiciones de secreto de la Ley Federal de Faltas tipifican como delito que un funcionario miembro de la Commonwealth revele información sin autorización. Los cargos, si termina procesado bajo acusación formal, pueden derivar en multas o prisión efectiva. "Tengo el deber de cuidar a Australia, si eso significa informar sobre actividades ilegales por parte de los altos mandos del ejército, voy a hacerlo. No tengo miedo de ir a la cárcel", afirma.

"The Afghan Files": los secretos del ejército australiano

Los documentos secretos que McBride entregó a la cadena ABC permiten un ingreso sin precedentes a las operaciones clandestinas de las fuerzas de elite especiales de Australia en Afganistán. Los documentos, muchos de ellos marcados bajo la sigla AUSTEO (Australian Eyes Only: “sólo para ojos australianos”), refieren al accionar de los altos niveles de Defensa, incluyendo incidentes de tropas asesinando a civiles desarmados y niños. El informe completo de la ABC, producido por los periodistas Dan Oakes y Andrew Clark, demuestra además que en varias ocasiones las denuncias fueron tomadas solo porque las milicias locales se quejaron ante las autoridades afganas, y esas autoridades exigieron respuestas de las fuerzas australianas.

Al menos diez documentos registrados entre 2009 y 2013 demuestran que las tropas de las fuerzas especiales dispararon contra insurgentes muertos, pero también contra hombres y niños desarmados. Uno de los incidentes más llamativos comprende el corte de manos de talibanes muertos en Afganistán. Los documentos privados muestran que durante los combates en la provincia de Zabul, cuatro insurgentes fueron asesinados. Un cabo del ejército australiano examinó el primer cuerpo y encontró una pistola Makarov. El informe de la investigación de Defensa, ahora filtrado, dice: "Él luego cortó una sola mano del EKIA (enemigo muerto en acción) con un bisturí". Repitió el proceso con otros dos insurgentes, cortándoles las manos derechas.

Otros documentos filtrados buscan codificar las “pruebas” que deben considerar los soldados australianos antes de disparar. En 2013, tras un incidente en el que mataron a dos afganos desarmados, la jerarquía de la Fuerza de Defensa emitió una serie de directivas que enfatizaban en la necesidad de asegurarse que los afganos estaban "participando directamente en las hostilidades" antes de abrir fuego. Según los documentos, se podría disparar a civiles por conducir una moto de manera “sospechosa”, o por "maniobrar para obtener una ventaja táctica".

Con la excepción de un solo incidente, en más de una década de participación australiana en Afganistán, ningún soldado fue sometido a acciones legales o disciplinarias por el asesinato de civiles.

Libertad de expresión en riesgo

La difusión de los “archivos afganos” dio origen a fuertes redadas policiales en las oficinas del medio público el pasado 5 de junio, a partir de las cuales reunieron 9.214 archivos, incluidos miles de correos electrónicos internos. La justificación ofrecida por la Policía Federal de Australia (AFP) fue categórica: la "supuesta publicación de información clasificada como secreto oficial, que es un asunto extremadamente serio que tiene el potencial de socavar la seguridad nacional de Australia".

La AFP también allanó la casa de Annika Smethurst, editora política de The Sunday Telegraph de Sidney, por su informe sobre los crecientes poderes de vigilancia en Australia. Según The New York Times, Smethurst informó en abril de 2018 sobre "la correspondencia secreta entre los ministerios del gobierno a raíz de un plan para expandir los poderes de vigilancia de las agencias de inteligencia".

El primer ministro australiano, Scott Morrison, defendió los allanamientos. "Nadie está por encima de la ley", declaró a la cadena SBS. En julio, el gobierno introdujo un conjunto de leyes severas contra el espionaje extranjero. Las nuevas leyes de seguridad nacional incluyen también el requisito de que las compañías de telecomunicaciones retengan todos los metadatos, así como los registros de llamadas de teléfonos celulares durante dos años, en los los cuales las agencias gubernamentales podrían tener acceso de manera encubierta sin necesidad de una orden judicial. Desde 2015, se aconseja a los periodistas que no usen teléfonos celulares para comunicarse con las fuentes. Muchos de ellos además utilizan servicios de mensajería y correo electrónico que permiten un mayor nivel de cifrado y privacidad.

Para el gremio periodístico, las dos recientes redadas reflejan un patrón de ataque que pone en peligro la libertad de prensa en Australia. Peter Greste, profesor de periodismo en la Universidad de Queensland, pidió la revisión de la Constitución de Australia en un artículo para el sitio web The Conversation. Greste, que preside la Alianza para la Libertad de Periodistas, exige una nueva ley que proteja a los periodistas que informan en interés público, así como a los denunciantes.

“Todo de alguna manera hace que sea peligroso para los periodistas o sus fuentes exponer e informar sobre asuntos dentro del gobierno que usted y yo deberíamos saber. Esos periodistas expusieron temas que necesitábamos saber, debatir y, en algunos casos, cambiar”, agregó Greste. Australia, a diferencia por ejemplo de Estados Unidos, carece de un equivalente a las protecciones de la Primera Enmienda para la libertad de expresión. Varios tramos de la nueva legislación australiana que amplía los poderes de la policía y las agencias de seguridad no hacen más que disminuir la libertad de prensa en el país oceánico.

Por  Guido Vassallo

Publicado enInternacional
Donna Haraway, la científica contra el Antropoceno cuyo laboratorio es el lenguaje

Dado que la destrucción del planeta no se va a frenar negándola ni minimizando el impacto evidente de sus efectos, la bióloga Donna Haraway sugiere como salida una alianza multiespecies. Lo hace en Seguir con el problema, una suerte de manifiesto fundacional para una nueva civilización en el que hibrida la utopía con el hecho científico y el relato de pequeñas experiencias que apuntan en esa misma dirección.

Un aviso antes de empezar: no resulta sencillo leer a Donna Haraway ni descifrar totalmente lo que plantea en sus indagaciones. Y también una recomendación complementaria: conviene no desistir en el intento, puesto que se trata de una lectura imprescindible por la visión única que aportan sus análisis en los que entrecruza biología, economía, cultura, feminismo y ciencia ficción. Apuntadas las consideraciones preliminares, al lío sin más demora.

En su más reciente título —Seguir con el problema, publicado originalmente en 2017 y traducido ahora al español por la editorial consonni—, la doctora en biología regresa a la actualidad abordando el complejo juego de cómo vivir bien (y morir bien) en convivencia con un planeta que se va a la mierda. Ese problema, el gran problema, requiere según Haraway de múltiples simbiosis entre las distintas especies que lo habitamos, una interdependencia mutua que dibuja como camino a seguir, plagado de complicidades pero no exento de conflictos.

Para Helen Torres, traductora habitual de los trabajos de Haraway, lo novedoso en Seguir con el problema son las preguntas que hace y las respuestas que ofrece sobre el Antropoceno. “Se habla mucho de ello pero nadie lo cuestiona. Haraway lo hace no desde la teoría abstracta sino que habla de proyectos concretos, pequeños. Es un aporte fundamental a nivel político”, explica Torres a El Salto, al tiempo que avanza alguna de las líneas controvertidas que se pueden leer en sus páginas: “También dice cosas que no sé si sentarán bien a todas las feministas, como lo de controlar el nivel de población”.

A Haraway no le gusta el término con el que se nombra los tiempos que vivimos. Acuñada a principios de los años 80 por el ecólogo de la Universidad de Michigan Eugene Stormer, la noción de Antropoceno designa la evidencia de los efectos transformadores de las actividades humanas sobre la Tierra. Ganó relevancia en el año 2000 cuando el premio Nobel Paul Crutzen postuló que había llegado el momento de bautizar con ella la nueva era geológica. Haraway explicita sus objeciones y prefiere denominarlo Capitaloceno, dado que es todo el paradigma económico vigente lo que configura la amenaza a la estabilidad ecológica. Pero ella va más allá y propone un nombre “para otro lugar y otro tiempo que fue, aún es y podría llegar a ser”. Lo llama Chthuluceno, un sustantivo compuesto por dos raíces griegas que “juntas nombran un tipo de espaciotiempo para aprender a seguir con el problema de vivir y morir con respons-habilidad en una tierra dañada”.

A diferencia del Antropoceno (o Capitaloceno), el Chtuluceno que inventa Haraway estaría habitado por “historias y prácticas multiespecies en curso de devenir-con, en tiempos que permanecen en riesgo, tiempos precarios en los que el mundo no está terminado y el cielo no ha caído, todavía”.

En ese mundo, los seres humanos no son los únicos actores importantes puesto que lo que propone Haraway es una red tentacular, un sistema simpoiético, generado con otros, no construido en solitario. “Nos necesitamos recíprocamente en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en pilas de compost caliente. Devenimos-con de manera recíproca o no devenimos en absoluto”, se lee en las páginas del libro.

Tomemos aire. Recurramos de nuevo a Torres para avanzar en la maraña de términos y conceptos generados por ella misma que Haraway emplea. La traductora reconoce la complejidad de su trabajo al pasar de un idioma a otro y destaca el juego y la metáfora como claves sobre las que la investigadora construye sus textos de manera consciente. “Eso es un giro radical que nos hace pensar desde un lugar muy distinto: con Haraway se desmorona esa separación entre la ciencia como lo objetivo y la narrativa como lo subjetivo”, valora Torres. Así, el trabajo con la metáfora y la etimología hace que los escritos de Haraway se ubiquen en un lugar diferente al de los textos científicos, pero también al de la literatura.

 “Importa qué materias usamos para pensar otras materias, importa qué historias contamos para contar otras historias, importa qué pensamientos piensan pensamientos, importa qué conocimientos conocen conocimientos” es un leitmotiv que impregna toda esta indagación acerca de cómo seguir con el problema. Porque el problema persiste y lo que se requiere es, según Haraway, aprender a estar verdaderamente presentes, “no como un eje que se esfuma entre pasados horribles o edénicos y futuros apocalípticos o de salvación, sino como bichos mortales entrelazados en miríadas de configuraciones inacabadas de lugares, tiempos, materias, significados”. Por ello la autora es partidaria de lo que denomina generar “parentescos raros”, una opción que “problematiza asuntos importantes como ante quién se es responsable en realidad”.

Haraway también alude a las dos tentaciones, las dos respuestas que se suelen dar ante el problema. Por un lado, la confianza ciega en la curación por medio de la tecnología; por otro, dar por terminado el juego, la profecía autocumplida por la que no hay nada que hacer. Ella, confiando en el poder de la imaginación, se sitúa en una tercera vía para la que recurre a la narrativa de la ciencia ficción, “tan importante en su pensamiento como el hecho científico”, señala Torres. “Si su laboratorio es el lenguaje —precisa la traductora—, la manera de narrar es fundamental. Escoge la ciencia ficción porque es el terreno en el que podemos imaginar otras realidades”.

Una idea que se repite a lo largo del libro es el significante de múltiples significados S.F., acrónimo de ciencia ficción, fabulación especulativa, hechos científicos, feminismo especulativo o figuras de cuerdas. Este último elemento es básico en lo que Haraway quiere contar en Seguir con el problema ya que una de sus acepciones remite a esas redes de hilo tejidas manualmente que van pasando de manera igualmente manual de unas personas a otras. De nuevo, metáforas que nos piensan.

A mediados de los años 80 Donna Haraway firmó el texto con el que se suele identificar su trabajo. El Manifiesto Cyborg, realizado como una colaboración para la revista Socialist Review, supuso una reflexión sobre la identidad de género en una era dominada por la cibernética que criticaba el esencialismo a la hora de analizar las diferencias entre hombres y mujeres. Más de tres décadas después, Torres considera que Seguir con el problema “tendría que tener una influencia a nivel político como la que tuvo el Manifiesto Cyborg”.

Por Jose Durán Rodríguez

2019-09-01 06:00

Una mujer indígena de la comunidad Emberá Chamí,  en el departamento colombiano de Chocó.

Hasta mediados de agosto, eran 36 los indígenas asesinados en el Cauca colombiano. El homicidio del profesor Orlando Gómez, rector de un remoto colegio en el pueblo de Caldono, y la emboscada sufrida por varios indígenas donde resultaron dos muertos y diez heridos, ayudaron a amplificar el grito de las comunidades milenarias que no venían siendo escuchadas. Días atrás el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) había manifestado su gran preocupación, porque según explican, los grupos armados les declararon la guerra en el Norte del Cauca, como lo hicieron también con los educadores y transportadores. En la zona los ilegales se disputan el control de economías ilegales como tráfico de cocaína y marihuana y minería de oro, mientras el Ejército colombiano no logra copar los espacios que dejó la ex guerrilla de FARC que antes tenía dominio en esta zona. Sin embargo, la violencia que viven los indígenas no es una novedad.

PáginaI12 habló con Armando Wouriyu Valbuena, considerado maestro de Sabiduría por la Unesco y perteneciente al pueblo nación Uaiú. Valbuena hace parte de la Organización Indígena del Cauca (ONIC) y fue secretario de la Comisión Étnica en las negociaciones entre las FARC y el gobierno durante los Diálogos de La Habana. Con una preocupación que llevó a la ciudad de Popayán a la Ministra del Interior Nancy Gutiérrez, Armando Wouriyu cuenta que aún no obtienen respuestas y las reuniones con alto gobierno parecen todavía infructíferas, como durante los últimos paros agrarios y mingas indígenas. Sus declaraciones vienen en momentos en que el movimiento social del país alza la voz por todos los líderes sociales (más de 700) asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 que llevó al desarme de las FARC y tiene hoy al país en un nuevo reacomodamiento criminal y narco del que los indígenas tampoco se escapan.

--¿Qué le está pasando a los pueblos indígenas en Colombia ?

-- Los pueblos milenarios nómades están unos en confinamiento por la guerra, en aislamiento voluntario y otros, sometidos a la sedentarización; estamos seminómades en el Pacífico, Orinoquía y Amazonía, y también somos sedentarios, andinos y del desierto. En total somos un 3 % de la población y vivimos bajo los principios de armonía y equilibrio con los animales y vegetales, en los espacios aéreos, marítimos y terrestres, donde están nuestros dioses y espíritus. Pero la espacialidad vital milenaria y ancestral está siendo destruida por la economía liberal que fundamenta sus deberes en la acumulación del capital, destruyendo el ecosistema y sometiendo con sus principios al calentamiento global y sus repercusiones colaterales como es la muerte de más de cinco mil niños Uaiú, lo cual es parte del genocidio que vivimos.

--¿Cómo están viviendo el posconflicto y la supuesta paz?

--Desde el inicio de la guerra en 1492, las acciones genocidas, el despojo, el desplazamiento, la desestructuración social y, la desposesión de la propiedad y la prohibición del uso y goce de nuestros bienes no han cesado, más bien se perfeccionan y bajo los principios de dignidad, seguimos manteniendo el deber moral de resistencia.

Desde 1810 a 1890, las leyes desconocieron nuestros derechos de humanidad y de 1890 a 1991, la república liberal de Tomás Cipriano de Mosquera, Jorge Tardeo Lozano y otros nos despreciaron como seres humanos. De acuerdo a la ley, fuimos ciudadanos salvajes, semisalvajes y civilizados. La política de educación pública y justicia fue delegada al estado del Vaticano. Y vemos que después de la Constitución de 1991 la actitud de los funcionarios públicos sigue siendo de desprecio social, acciones excluyentes, segregación y apartheid.

En el acuerdo de paz de las FARC con el gobierno nacional logramos un capítulo étnico para que se aplicaran todos los derechos de los derechos humanos. Pero no se le cumple a las FARC, y tampoco se cumplen los 538 acuerdos que incluye el tratado de paz. Aquellos establecidos en los derechos sociales, culturales y económicos, los civiles y políticos, para su uso y goce tampoco, al contrario se recrudece la violencia y exclusión en los territorios.

--¿Cual es el balance del último mes respecto a ataques al pueblo indígena?

-- A los pueblos milenarios nómades del Pacífico, Orinoquía y Caribe ( Wounan, Wamone, Yukpa, etc) no se les permite la cacería en sus territorios por el minado del territorio y ocupación militar, paramilitar e insurgente; no se puede ir a pescar por la veda en los ríos y además la contaminación de mercurio en los ríos, tampoco se puede hacer recolección de alimentos en los bosques: eso significa destrucción de la economía nómade y por ende la disminución de nutrientes en el sistema alimentario, lo que significa en el derecho internacional: genocidio.

Los pueblos y/o naciones semi nómades sufren las consecuencias de una planeación para personas de urbes que desconocen las economías milenarias y trae consecuencias irreversibles en lo cultural: eso es genocidio.

Y además los sedentarios del desierto están viviendo el calentamiento global y el extractivismo que destruyó el ingreso de las aguas a los ríos subterráneos del desierto, mientras los peces se alejan de las costas buscando aguas frías; esa es la causa de las muerte de más de cinco mil niños. Eso es genocidio. A ello se le suma el.asesinato selectivo al intelecto de los pueblos, que son nuestros líderes y guías espirituales.

--¿Cómo explican la creciente oleada de violencia contra ustedes?

-- El gobierno colombiano tiene una política energética acorde a los intereses de empresas extranjeras y ha creado normas para el florecimiento de la minería, uso, goce y disfrute de las aguas, uso, goce y disfrute de del viento y del aire, exonerándolos de impuestos y entregando los territorios ancestrales nuestros y de allí la causa real de violencia sistemática, acción muy propia del genocidio.

--¿Qué piden a las autoridades?

-- Cumplir su responsabilidad moral y política de proteger la vida, la dignidad los ciudadanos milenarios y detener los avances sistemáticos del genocidio.

Publicado enColombia
Página 1 de 44