El negocio de las vacunas: Pfizer ganó 10.440 millones de dólares en seis meses

Pfizer anunció este miércoles una ganancia récord impulsado por las vacunas anticovid. El avance de la variante delta y la posibilidad de inocular una tercera dosis de la vacuna sube aún más las expectativas a futuro. Mientras el mundo atraviesa una grave crisis económica, social y sanitaria, los grandes laboratorios suman ganancias millonarias en base a aportes y contratos anticipados de los Estados, y el lobby para evitar que se liberen las patentes.

 

La farmacéutica Pfizer anunció este miércoles que ha obtenido un beneficio neto de 10.440 millones de dólares en el primer semestre de 2021, un 53 % más respecto al mismo tramo del año pasado, impulsada por su vacuna contra la covid-19 que desarrolló junto a la alemana BioNTech, y además mejoró sus previsiones de negocio.

Con la variante delta aumentando los contagios en Asia y Europa, las farmacéuticas especulan con vender millones de dosis extra a medida que algunos países evalúan una tercera inoculación de la vacuna, mientras que gran parte de los países más pobres aún no avanzaron con la primera dosis.

Pfizer reveló que su facturación en los primeros seis meses de 2021 ascendió a 33.559 millones, un 68 % más interanual, por las ventas de la vacuna anticovid en el segundo y más reciente trimestre.

"El segundo trimestre ha sido extraordinario de varias maneras. Más visiblemente, la velocidad y eficiencia de nuestros esfuerzos con BioNTech para ayudar a vacunar al mundo contra la covid-19 no tienen precedentes, y se han distribuido más de 1.000 millones de dosis de BNT162b2 globalmente", señaló su máximo ejecutivo, Albert Bourla.

De acuerdo con el desglose de sus cuentas, en el segundo trimestre Pfizer logró 7.800 millones en ventas directas e ingresos conjuntos de la vacuna contra el coronavirus, un buen resultado que ha llevado a la firma a revisar al alza sus estimaciones para el conjunto del año.

La compañía anticipa ingresar este año 33.500 millones de dólares solo gracias a la vacuna, atribuibles a las 2.100 millones de dosis que se ha comprometido a entregar según sus contratos firmados hasta mitad de julio.

"Según las proyecciones actuales, Pfizer y BioNTech esperan fabricar en total hasta 3.000 millones de dosis hasta finales de diciembre de 2021, sujetas a procesos continuados de mejora, a la expansión de sus instalaciones actuales y a la suma de nuevos suministradores y fabricantes contratados", sostiene la nota.

En las previsiones del conjunto de la empresa para 2021, Pfizer ha elevado sus estimaciones de ingreso hasta un rango entre 78.000 y 80.000 millones, notablemente superior a los 72.500 millones que manejaba antes.

El negocio del Covid

A Pfizer y el resto de las farmacéuticas no les importa el efecto devastador de la pandemia sino las ganancias que se pueden asegurar. Para esto cuentas con tres armas infalibles: la financiación estatal, las compras anticipadas y el bloqueo de la liberación de patentes.

El conglomerado Pfizer/BioNTech recibió un 13% de subsidios del Estado Alemán para la investigación y desarrollo de la vacuna. El 50% del total que los subsidios que el estado alemán destinó a los laboratorios fue a parar al desarrollo de la Pfizer. Unos 400 millones de dólares del total de los 3.000 millones invertidos por la empresa.

Si bien este número puede parecer bajo, incluso en relación al financiamiento estatal (es decir pagado con los aportes de los aportes e impuestos de la población de esos países) de otras vacunas, Pfizer logró contratos millonarios por anticipado, empezando por Estados Unidos.

Ese país fue uno de los que más impactó en el negocio y las ganancias de Pfizer. Antes de saber siquiera si la vacuna sería efectiva o no, Estados Unidos había comprometido en compras por anticipado $2.000 millones por las primeras 100 millones de dosis. A este contrato le siguieron las sucesivas aprobaciones de otras regiones, como Reino Unido o la Unión Europea, también vinculadas a programas de compras masivas.

Es decir, su inversión estaba 100% asegurada incluso antes de conocer su efectividad. Además, a estos contratos de compra por anticipado se puede sumar el financiamiento de deuda privada, como sucedió con la UE y BioNTech, por 100 millones de euros.

Por último, los grandes laboratorios y farmacéuticas cuentan con una tercera carta que les garantiza sus ganancias, incluso cuando esto significa retrasar la vacunación para gran parte del mundo. Se trata de la negativa de la Organización Mundial de Comercio a liberar la patentes de las vacunas. Este pedido, solicitado por India y Sudáfrica el año pasado fue desestimado primero y luego enviado a una comisión y nunca prosperó.

La liberación de las patentes permitiría la producción masiva de vacunas en todos los laboratorios del mundo que estén en condiciones de hacerlo y por lo tanto un aceleramiento de la vacunación en todo el planeta. Pero esto no ocurre por la presión ejercida por las empresas del llamado Big Pharma, que han ganado la pulseada aún cuando eso significa no solo un faltante de vacunas a nivel mundial sino la aparición de nuevas variantes más contagiosas como la actual variante delta.

Esto hizo que hasta ahora el 75% de las vacunas producidas se administraran en apenas 10 países, mientras que el 1% de las personas de los países con menores ingresos han recibido solo una dosis (y el 99% nada), lo que ya ha provocado el surgimiento de variantes como la delta.

Mientas que los empresarios farmacéuticos ven en las nuevas variantes del virus la posibilidad de aumentar aún más sus ganancias con una tercera dosis, esto genera un nuevo desabastecimiento al renovarse el circulo vicioso por el que las principales potencias comienzan a acaparar más vacunas. Esto permite que en los países en los que la vacunación es baja o inexistente la alta circulación del virus pueda provocar nuevas mutaciones que terminen por volver obsoletas a algunas de las vacunas actuales.

La irracionalidad capitalista, que pone por delante las ganancias por sobre la vida de millones de personas en todo el mundo, no solo es responsable por la administración desastrosa de la pandemia, sino por la lentitud en la vacunación al privilegiar el negocio de los laboratorios y no liberar las patentes.

Juan Andrés Gallardo@juanagallardo1

Miércoles 28 de julio | 11:41

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El costo humano de los juegos olímpicos bajo la pandemia

La pesadilla que muchos responsables médicos temían sobre los Juegos Olímpicos, se viene cumpliendo, tal como lo predijeron también muchos responsables médicos.

Se necesitaría una hoja de cálculo Excel para enumerar todos los casos de Covid-19 que ya están afectando los Juegos, incluso dentro de la villa olímpica. Y hemos podido apreciar la triste indiferencia del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, ante la posibilidad de que el virus perturbe los Juegos o infecte a la población vulnerable de Tokio. La doctora Annie Sparrow resumió la opinión de muchos expertos reducidos al silencio en un tuit: «Sólo palabras y nada de acción». Sobre el COI, Annie Sparrow dijo: «en todo el proceso, la ciencia ha sido ignorada».

Esta «indiferencia» pone en peligro vidas humanas no sólo dentro del recinto olímpico, sino también fuera de él. Según las estadísticas del gobierno, sólo el 22% de la población japonesa está totalmente vacunada. A medida que se acerca la ceremonia de inauguración de Tokio 2020, el viernes 23 de julio, los niveles de Covid en la ciudad anfitriona siguen aumentando en lo que constituye una quinta oleada, agravada por la invasión de la cepa Delta, altamente transmisible. Las olimpiadas son sumamente impopulares en el área metropolitana de Tokio, de 37 millones de habitantes,  por una muy buena razón: podrían provocar una cantidad de muertes y enfermos totalmente evitables.

Mientras tanto, para esquivar los llamados a la anulación de los Juegos, Thomas Bach utilizó a los atletas participantes en las Olimpiadas como escudos humanos: «El COI no abandonará nunca a los atletas, si hubiéramos anulado los Juegos habríamos perdido a toda una generación de deportistas. Por lo tanto, para nosotros, la cancelación  no era realmente una opción». Sin embargo, muchos atletas ya quedaron «perdidos» para estos juegos por culpa del Covid, entre ellos un miembro del equipo de gimnasia de Estados Unidos, la estrella del tenis Coco Gauff y varios jugadores de básquetbol estadounidenses, entre los cuales las estrellas Bradley Beal y Zach Lavine. Y no hablemos de la pérdida de vidas que podría producirse en Tokio después de que los 80.000 «invitados» olímpicos hayan vuelto a sus casas y que las lentejuelas y oropeles hayan sido barridos.

Por una parte, Thomas Bach admitió que, con respecto al Covid, «no alcanzaremos el 100% de eficacia». Eso sería poner el nivel demasiado alto. El asombro de los responsables médicos y de los defensores del sentido común fue grande cuando afirmó que el riesgo de que un atleta que haya contraído el virus lo transmita a otros en la villa olímpica o en otras partes del país es «nulo».

Thomas Bach añadió: «Estamos convencidos de que una vez que el pueblo japonés vea a los atletas japoneses desempeñarse en estas Olimpiadas, la actitud va a ser menos agresiva.» En otras palabras, es probable que algunas

personas tengan que sacrificar su salud -y tal vez incluso su vida-, pero los Juegos deben continuar.

El COI insiste en que su papel es «celebrar a los atletas» y dice que los pone en primer lugar. Pero la realización de los Juegos Olímpicos durante una pandemia sanitaria mundial los deja en último lugar. Como un loro ensayando para el «Día de la Marmota» [una comedia fantástica de Harold Ramis, 1993, también llamada «El hechizo del tiempo»], el COI dice que los Juegos Olímpicos de Tokio son «seguros». Que se lo digan a los futbolistas sudafricanos que dieron positivo por coronavirus en la villa olímpica. O a las 71 personas -atletas o miembros de delegaciones olímpicas [87 oficialmente el 21 de julio]- a las que se les diagnosticó el virus desde que aterrizaron.

El COI es responsable de poner en peligro la vida de los participantes en los Juegos. Sólo el COI tiene la facultad de cancelar los Juegos, gracias al contrato leonino firmado con la ciudad anfitriona. Thomas Bach dijo: «Lo que hará que estos Juegos sean históricos es la demostración de que pueden celebrarse con seguridad, incluso en las circunstancias planteadas por esta pandemia».

Decir que esto suena a hueco para los japoneses es quedarse muy corto. Satoko Itani, profesora de la Universidad de Kansai (Japón), declaró a The Nation: «Estoy muy preocupada por el desastre que estos Juegos Olímpicos ya han provocado en la sociedad japonesa. Todas las pruebas circunstanciales sugieren que, por ser Japón el país anfitrión de los Juegos Olímpicos, el gobierno minimizó la gravedad de esta pandemia y por lo tanto, no logró frenar la propagación del virus cuando tenía la posibilidad de hacerlo, lo que ya ha causado demasiadas muertes. Ahora, la población japonesa observa cada día nuevos casos de Covid-19 relacionados con los visitantes olímpicos. También estamos viendo que la llamada «burbuja» olímpica no funciona. Estoy consternada. Tokio 2020 está poniendo en peligro vidas humanas porque propaga el virus y porque absorbe los recursos públicos que necesitamos desesperadamente para recuperarnos de la pandemia y de otras catástrofes naturales que tienen lugar con frecuencia en nuestro país.» [Por no mencionar la política gubernamental que multiplica los esfuerzos, pero son esfuerzos para ocultar los efectos aún muy presentes de la catástrofe de Fukushima, como ilustran los documentales emitidos en el canal franco alemán Arte – Nota de A l’encontre].

Los Juegos de Tokio tendrían que servir de advertencia a los anfitriones olímpicos de todo el mundo. Los Juegos no sólo llamaron la atención sobre los problemas olímpicos endémicos (los gastos, el desplazamiento de los habitantes populares, la militarización del espacio público y el «greenwashing»), sino que también pusieron de manifiesto la supresión de toda ética por parte de la banda itinerante de los barones del deporte que dirige el COI y la corrupción, tanto legal como ilegal, permitida por ese grupo. Con la organización de los Juegos, el COI le demuestra al mundo entero el carácter microscópico de su ética.

Satoko Itani, refiriéndose a Thomas Bach, refleja un amplio sentimiento en Japón cuando dice: «La gente aquí estaba furiosa por su arrogancia y su negligencia. Lo que resulta particularmente chocante es que fue a Hiroshima y a Nagasaki sin respetar un periodo de cuarentena de dos semanas, pese a la oposición de los hibakusha [sobrevivientes de las bombas atómicas lanzadas por EE.UU. en Hiroshima y Nagasaki]. No quieren que su experiencia sea utilizada para «pacificar» los Juegos Olímpicos. Si Bach quiere de verdad crear un mundo pacífico, debe empezar por escuchar a la gente. El hecho de imponer su propia voluntad a alguien o de hablar sin conocer lo que siente profundamente la gente no es más que lo contrario de cualquier pacificación».

Lejos de ser un acto de «pacificación», se trata de un probable caso de contagio masivo que puede afectar a una población que, en su mayoría, no está vacunada. No es un acto de paz. Es un acto de guerra. (Artículo publicado en The Nation, 21-7-2021 https://www.thenation.com/)

 

Por Dave Zirin, Jules Boykoff | 28/07/2021

Dave Zirin es redactor responsable de deportes en The Nation y es también autor de varios libros, entre los que podemos citar Game Over: How Politics Has Turned the Sports World Upside Down (The New Press, 2013).

Jules Boykoff es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad del Pacífico en Oregón. Ha publicado cuatro libros, el más reciente es NOlympians: Inside the Fight Against Capitalist Mega-Sports in Los Angeles, Tokyo (Fernwood Publishing, abril 2020)

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El capitalismo camina hacia el tecnofeudalismo

Alarma en las potencias occidentales y hasta en el FMI por el poder cada vez más impresionante de las grandes corporaciones

 

Mientras la derecha política y mediática local repite eslóganes y prejuicios contra el Estado, el debate mundial apunta a fortalecerlo, ya no sólo por el papel central ocupado en la pandemia, sino para enfrentar el avance despiadado de los gigantes del mundo digital. Señales para la economía argentina acerca de la necesidad de intervenir sobre empresas que abusan de la posición dominante de mercado.

 

Tres ideas se están debatiendo en los máximos niveles políticos de las potencias, que necesariamente deberían tener influencia en países periféricos como Argentina:

  1. Las multinacionales contabilizan ganancias extraordinarias y, para financiar a un Estado que ha destinado muchos recursos para atender la pandemia, deben pagar un impuesto adicional.
  2. La posición dominante de grandes empresas monopólicas u oligopólicas deriva en aumentos de precios excesivos y en ausencia de competencia.
  3. El cada vez mayor poder de mercado y financiero de las grandes empresas está limitando la efectividad de tradicionales instrumentos de política monetaria, como la suba de la tasa de interés por parte de las bancas centrales para atender tensiones inflacionarias.

 

No se trata de diagnósticos y propuestas de una plataforma de gobiernos de izquierda, sino que es la reacción de un sistema estatal que, desde su origen, estuvo aliado y, a la vez, condicionado por las corporaciones, pero ahora las firmas dominantes directamente se están independizando de ese circuito político y de control económico tradicional.

Esta emancipación se expresa en la utilización de guaridas fiscales para pagar poco o nada de impuestos en los países de origen; los aumentos de precios por encima del promedio luego de eliminar por absorción a la competencia; y la abundancia de recursos financieros líquidos que hace que no les importe la estrategia monetaria de las bancas centrales.

Son más grandes que el Estado

La pandemia dejó al descubierto la actual fase histórica del capitalismo concentrado cuando, por primera vez, una extraordinaria crisis económica-financiera global no afectó en forma negativa el negocio bursátil.

Por el contrario, el índice promedio de las principales bolsas mundiales está en niveles record, mientras las economías se derrumbaron y están tratando de recuperar lo perdido, la desocupación se ha disparado y el drama sanitario y social ha sido fulminante.

Este comportamiento divergente entre la economía real y la evolución de las cotizaciones de grandes firmas es uno –no el único- factor que refleja la nueva etapa del capitalismo. En ésta se está desvinculando la histórica asociación entre los Estados y las corporaciones dominantes del sistema de organización tradicional de las fuerzas de producción.

Las tres menciones arriba indicadas sobre las multinacionales sólo son la reacción del mundo político de las potencias, en especial las de Occidente, para tratar de no ver disminuida la capacidad de intervención e influencia de los Estados o, en los hechos, la pretensión de no perder importancia en las relaciones de poder.

Cuál será el legado de la pandemia

No deja de sorprender el análisis rústico de economistas locales, con sus habituales amplificadores, dedicados a debilitar y desacreditar el rol del Estado en la economía.

Hasta la revista conservadora The Economist se hace eco de la nueva etapa y del papel central que está ocupando el Estado, espacio que aspira a preservar pese a la expansión de las corporaciones globales, en especial las vinculadas al negocio digital.

En el texto "Después de la enfermedad. El largo adiós a la covid-19" se asegura que, con la vacuna, están surgiendo destellos de vida poscovid, pero se advierte que existen dos cuestiones claras. Una, que la última fase de la pandemia será prolongada y dolorosa, y dos, que la covid-19 dejará atrás el mundo conocido.

Ese mundo nuevo que presenta The Economist seguiría el patrón establecido por pandemias pasadas, identificando tres cambios, definidos por el sociólogo y médico greco-estadounidense Nicholas Christakis de la Universidad de Yale:

 

  1. La amenaza colectiva impulsa un crecimiento del poder estatal.
  2. El vuelco de la vida cotidiana conduce a la búsqueda de sentido.
  3. La cercanía de la muerte que trae precaución mientras la enfermedad se agita estimula la audacia cuando ha pasado.

 

La gente se atrinchera con el Estado

 

El artículo describe que cuando la población de los países ricos se refugiaba en sus casas durante los cierres, el Estado se atrincheró con ellos.

Detalla que durante la pandemia, los gobiernos han sido el principal canal de información, los que establecieron las reglas, fueron la fuente principal de dinero en efectivo y, finalmente, se han convertido en los proveedores exclusivos de vacunas.

Calcula que los Estados de los países ricos pagaron 90 centavos por cada dólar de producción perdida.

Menciona que existe un vigoroso debate académico sobre si los encierros "valieron la pena, pero el legado de la pandemia del gran Estado ya está a la vista".

Apunta en forma crítica –vale recordar que The Economist es una fuente destacada del conservadurismo- que "sólo hay que mirar los planes de gastos de la administración Biden". Para concluir que "cualquiera que sea el problema (desigualdad, crecimiento económico lento, seguridad de las cadenas de suministro), un Estado más grande y más activista parece ser la solución preferida".

 

Hasta el FMI se sorprende del poder de las corporaciones

 

Algo está cambiando en el marco analítico, por lo menos en la voluntad de reflexionar sobre la dinámica de la economía en la fase de la globalización pospandemia.

Un reciente documento del Fondo Monetario Internacional "Taming Market Power Could (also) Help Monetary Policy", de los investigadores Romain Duval, Davide Furceri y Marina M. Tavares, explica que, ante la amenaza de la inflación, las bancas centrales de los países desarrollados están estudiando aplicar la receta conocida: subir la tasa de interés.

Esta medida es lo que la ortodoxia local está reclamando que haga el Banco Central, para imitar al resto de las autoridades monetarias de la región que ya subieron las tasas.

Como se sabe, el alza de las tasas incrementa la renta de inversores y encarece el crédito, una forma de restringir así la demanda y, por lo tanto, controlar los precios. Es la receta monetarista clásica.

La idea de la suba de la tasa de interés, además, busca influir sobre las expectativas futuras de consumidores y empresas y, de ese modo, lograr eficacia en la política monetaria contractiva.

Sin embargo, esos economistas del Fondo se sorprendieron con un factor que, aseguran, el análisis convencional pasa por alto: el poder de mercado de las grandes empresas.

La investigación que presentaron revela que empresas cada vez más grandes y poderosas están haciendo de la política monetaria una herramienta menos efectiva para administrar la economía.

Lo dicen para países ricos, pero se puede extender a economías en desarrollo con mercados muy concentrados, en los cuales operan empresas con posición dominante y abundantes recursos financieros (en Argentina, por ejemplo, corporaciones de telecomunicaciones con ramificaciones en medios de comunicación).

 

Apple y Google tienen tanto dinero en efectivo que son Amo y Señor

 

El estudio del FMI describe que las empresas con mayor poder de mercado responden menos a las acciones de la política monetaria debido a que contabilizan ganancias abultadas.

Esas utilidades, que se incrementaron pese a la tragedia de la pandemia o, para ser precisos, las aumentaron gracias a la pandemia, hacen que esas empresas sean menos sensibles a los cambios en las condiciones de acceso al financiamiento por decisiones de las bancas centrales.

Esos economistas fondomonetaristas ponen por ejemplo que, en marzo de 2021, Apple tenía más de 200.000 millones de dólares en efectivo y en inversiones en acciones y bonos, mientras que Alphabet (Google) tenía más de 150.000 millones de dólares.

O sea, esas empresas tienen un colchón de efectivo tan grande que pueden decidir inversiones y otros proyectos sin preocuparse por la facilidad con la que podrían acceder a otras fuentes de financiación. Es decir, dejan de depender de cuál es la tasa de interés de referencia que fija la banca central.

En cambio, las empresas que enfrentan mayores restricciones crediticias, como pymes o firmas con un margen de rentabilidad reducido, quedan condicionadas por la política monetaria.

Por lo tanto, la investigación concluye que "el poder de mercado excesivo también puede obstaculizar la capacidad de las bancas centrales para estimular la actividad económica durante las recesiones y enfriarla durante las expansiones". Lo dice el FMI, no un economista de izquierda.

 

El FMI pide más control a las corporaciones

 

Luego de ofrecer esta sorprendente definición teniendo en cuenta de donde proviene, esos economistas se destapan con la siguiente recomendación: 

"En un lugar destacado de la agenda se encuentran las mejoras en los marcos de políticas y leyes de competencia. Estos incluyen, dependiendo de las jurisdicciones, un control más estricto de las fusiones, particularmente cuando se trata de empresas dominantes, una aplicación más estricta de sanciones por los abusos, una mayor dependencia de las investigaciones de mercado y medidas más específicas para hacer frente a la economía digital en rápida evolución".

 

Joe Biden versus las corporaciones

 

Esta investigación del FMI no es casual. El gobierno demócrata de Joe Biden decidió intervenir en este escenario de expansión económica y de poder de las corporaciones.

El 9 de julio pasado, Biden firmó una orden ejecutiva (decreto) con 72 medidas que busca limitar el poder de las grandes compañías para que bajen los precios de los productos y aumente la competencia.

Los sectores alcanzados van desde tecnología y transporte hasta salud y bancos, pasando por la agricultura y el negocio farmacéutico.

Biden quiere reforzar la aplicación de las leyes antimonopolio para combatir "prácticas anticompetitivas". Apunta, por ejemplo, a las fusiones o adquisiciones, algo común entre gigantes tecnológicos como Facebook, Google, Apple y Amazon.

El objetivo expuesto por Biden es potenciar una mayor competitividad en la economía estadounidense, así como lograr "precios más bajos y aumentos de salarios".

"No más tolerancia a las acciones abusivas de los monopolios. No más fusiones perversas que conducen a despidos masivos, precios más altos y menos opciones para los trabajadores y consumidores", afirmó Biden.

 

El abrazo de la derecha con EE.UU. debería ser completo: Pfizer + antimonopolio

 

La derecha local hace lobby para el laboratorio Pfizer, no sólo por privilegiar la elección de esa vacuna, sino por una evidente opción para promover la subordinación del país a los Estados Unidos.

Si esta es la manifiesta preferencia geopolítica de la alianza política y mediática conservadora, también debería tomar nota de que el actual gobierno de Estados Unidos impulsa una política antimonopolio, que si se aplicara en Argentina afectaría la principal base mediática de propaganda y difusión de la derecha.

Si la decisión entonces es subordinarse a Estados Unidos, el abrazo de sometimiento debería incluir a Pfizer y también a su actual política contra las empresas con posición dominante de mercados.

El economista griego y ex ministro de Finanzas de Grecia Yanis Varoufakis publicó "El tecnofeudalismo se está apoderando", en Project Syndicate, texto que permite profundizar el análisis acerca de lo que está pasando en la economía con la expansión de las corporaciones.

Es un interesante aporte para eludir análisis rústicos que circulan y para escapar de las vulgaridades de la secta de economistas ortodoxos. Varoufakis afirma que "así como el capitalismo desplazó al feudalismo de forma gradual, subrepticia, hasta que un día la mayor parte de las relaciones humanas se basaron en el mercado y el feudalismo fue barrido, el capitalismo actual está siendo derrocado por un nuevo modo económico: el tecnofeudalismo".

 

¿Qué es el tecnofeudalismo?

 

Varoufakis explica que las transformaciones radicales tuvieron repercusiones trascendentales (la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial, la Gran Recesión y el Largo Estancamiento posterior a 2009) no alteraron la característica principal del capitalismo: un sistema impulsado por ganancias privadas y rentas extraídas a través de algún mercado.

Ahora, en cambio, la extracción de valor se ha alejado cada vez más de los mercados y se ha trasladado a plataformas digitales, como Facebook y Amazon, que ya no operan sólo como empresas oligopólicas, sino más bien como feudos.

Ofrece una definición provocadora del actual estadio del capitalismo: "Las plataformas digitales han reemplazado a los mercados como el lugar de extracción de riqueza privada. Por primera vez en la historia, casi todo el mundo produce gratuitamente el capital social de las grandes corporaciones. Eso es lo que significa cargar cosas en Facebook o moverse mientras se está vinculado a Google Maps".

Aclara que no es que los sectores capitalistas tradicionales hayan desaparecido puesto que las relaciones capitalistas permanecen intactas, sino que las relaciones tecno-feudalistas han comenzado a superarlas.

El desafío para economías periféricas como la argentina, en este mundo en transformación y de pospandemia, es no caer en las trampas de recetas tradicionales de la ortodoxia, y encontrar espacios para el desarrollo nacional entre las fisuras de esta nueva y compleja etapa de la globalización.

 

Por Alfredo Zaiat

24/07/2021

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Domingo, 25 Julio 2021 05:30

El cyberabismo

El cyberabismo

En febrero, Janet Yellen, la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, anunció a sus homólogos del G-20 la decisión de cancelar la previsión de "Puerto seguro" que, desde 2019, amparaba a los gigantes digitales (Amazon, Google, Facebook, Apple …) para facturar y hacer transacciones financieras desde paraísos fiscales. En otras palabras: evadir cantidades monumentales de impuestos. Desde finales de la década de los 90, el carácter supraterritorial de la red permitió a las industrias del Big Data situar libremente sus sedes fiscales en países que los exoneraban de obligaciones frente al fisco. Al parecer, la pandemia y la consiguiente hyperdigitalización de la vida cotidiana han llevado la situación al límite. Tan sólo entre 2019 y 2021, su índice de concentración de capital aumentó 14 por ciento, una cantidad inimaginable.

En los últimos dos meses, la posición de Washington se radicalizó aún más: inicialmente se pensaba en un impuesto de 15 por ciento, ahora la cifra subió a 20 por ciento. Y los ministros del G-20 parecen coincidir. Se trata de una medida realmente inesperada, incluso insólita. Para darse una idea de los ingresos que esto representa, en Francia se calculó que podrían ascender a ¡2 por ciento del PIB general! De alguna manera, todo esto recuerda la demanda del Foro de San Paulo y el ATTAC de los movimientos antiglobalizantes de la década de los 90 de imponer impuestos globales para compensar la transferencia sistemática de capitales –¡sólo que ahora como vindicación del Departamento del Tesoro!–

¿Qué ha llevado a los Estados de los países centrales adoptar un súbito giro de 180 grados frente al corazón mismo del proceso de globalización, es decir, las industrias del mundo cyber? ¿Después de este impuesto global, seguirán otros, como, por ejemplo, el olvidado Tobin Tax, concebido para regular las transacciones financieras y dificultar el paso a las inversiones rapiña? Por cierto, una de las propuestas centrales de Thomas Piketty para redistribuir la riqueza a escala mundial.

Acaso habría que recordar la sentencia de Blanqui frente al colapso que desembocó en las rebeliones (y revoluciones) de 1848: "No hay un termómetro más exacto de una crisis de Estado que el momento de la desesperación por hacerse de impuestos a cualquier precio". Las cosas son hoy, por supuesto, muy distintas, aunque algo hay de verdad en ese axioma. Tal vez no nos hemos percatado que bajo la detención de la maquinaria social y económica provocada por la pandemia se ha larvado una severa "crisis de Estado".

  1. Ya sea porque han gastado su superávit o han crecido sus deudas, los Estados nacionales se acercan, como lo advirtió Angela Merkel el mes pasado, a un "punto de inacción". Son ellos quienes han asumido el reto de mantener el gasto social para sostener a sus sociedades a flote. Pero todo tiene límites. El impuesto digital contiene el mensaje de que ahora le toca también al capital poner su parte.
  1. Los gigantes digitales han situado al Estado frente a un abismo: no sólo representan centros de acumulación a una velocidad inaudita, sino que condensan al general intellect de lo privado en todos sus ámbitos, es decir, de la producción de un sin-sentido en el ámbito de lo público, que es el de lo político. Entre la verdad fake y la política fake la distancia es cada vez más estrecha. No es improbable que en un momento el Estado considere a la red y sus agentes como hoy entiende a las carreteras, las escuelas o la salud pública. Simplemente, otra parte de su ámbito. En Uruguay, por ejemplo, todo el mundo agradece a la presidencia de Pepe Mujica la gratuidad de un eficiente wi-fi.
  1. ¿Qué parte de los 60 millones de desempleados (en el mundo central) engendrados durante la crisis de la pandemia no son más bien el resultado de la digitalización salvaje de la vida cotidiana? Lo que no queda claro en la propuesta del G-20 es el destino del "impuesto digital". Podría también ser empleado para pagar las deudas nacionales y sacar a la banca de su estado actual de inanición, lo cual no aliviaría nada. ¿Cuánto tiempo se podrá esgrimir la amenaza de la pandemia para desmovilizar protestas (como Black Lives Matter en Estados Unidos), rebeliones (como en Chile) o insurrecciones (como en Colombia)? Por lo pronto, China, con su acostumbrada verticalidad, ya adoptó previsiones: el impuesto a sus gigantes digitales es de 20 por ciento y les ha prohibido actuar en los ámbitos del pequeño y el mediano comercio, favorecer la privatización de la educación y reducir los salarios de sus empleados ad absurdum.
  1. Alemania ha optado por otro camino. Crear sus propias industrias digitales bajo un "espíritu social". Tienen que entregar una parte de sus ganancias a mejorar la ecología, la salud y la educación. Una extraña conjunción entre capitalismo y anti-concentración del ingreso.

Y, sin embargo, nada de esto logra ahuyentar las malas noticias en Wall Street, que hace una semana prendió los focos rojos por primera vez en los recientes cinco años.

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Sábado, 24 Julio 2021 06:47

El espía

Edificio de NSO Group en Herzliya, Israel AFP, JACK GUEZ

Pegasus y la exportación del control

 

Periodistas, líderes mundiales y opositores fueron espiados por dictaduras y grupos delictivos gracias a una empresa de software israelí con sobrados antecedentes. En un mundo donde la vigilancia de las voces críticas se ha vuelto la norma, algunos encuentran un nicho para exportar sus talentos.

El año pasado, la organización periodística con sede en Francia Forbidden Stories y Amnistía Internacional recibieron un listado con información acerca del espionaje a más de 50 mil números telefónicos vigilados mediante el softwarePegasus, desarrollado y comercializado por la empresa israelí NSO Group. Esta información fue analizada durante meses por Forbidden Stories, Amnistía Internacional y 17 medios de diez países –entre ellos The Guardian, Le Monde, Süddeutsche Zeitung, The Washington Post, Haaretz y Proceso–, que conforman el Proyecto Pegasus, creado para investigar y divulgar información relacionada con el espionaje efectuado con esta herramienta y, finalmente esta semana, los medios asociados del Proyecto Pegasus comenzaron a publicar los hallazgos. En la lista de los vigilados se encontró a periodistas, activistas, empresarios y políticos, incluidos los jefes de Estado de 14 países (es posible que en los próximos días este número aumente).

Pegasus, que por restricciones impuestas por el gobierno israelí solo se vende a instituciones gubernamentales, se instala en los smartphones al aprovechar vulnerabilidades de diferentes sistemas operativos y de aplicaciones comunes, o engaña a los usuarios para que cliqueen en enlaces maliciosos enviados a través de SMS, whatsapps, correos electrónicos u otros servicios de mensajería. Una vez instalado, el spyware permite monitorear y enviar a quien lo controla casi toda la información almacenada y de actividad del dispositivo, así como activar micrófonos, cámaras y grabar llamadas, con la posibilidad de posteriormente eliminar el programa e incluso borrar gran parte de sus rastros.

LA ERA DEL CIBERESPIONAJE

En las últimas décadas el espionaje digital se convirtió en un fenómeno conocido públicamente. Entre los casos más resonantes están la vigilancia llevada adelante sin ninguna discreción por el gobierno de Estados Unidos en el marco de la Ley Patriota, las filtraciones de Wikileaks y Edward Snowden acerca del seguimiento estadounidense a jefes de gobierno y ciudadanos, la recopilación y comercialización de datos de usuarios por parte de las grandes plataformas sociales y de servicios como Alphabet, Amazon y Facebook, así como los usos políticos de la empresa Cambridge Analytica de información recolectada por Facebook. El ciberespionaje es hoy algo habitual y ya no nos resulta tan sorprendente encontrarnos periódicamente con filtraciones acerca de la vigilancia estatal, empresarial o, como en este caso, llevada adelante en conjunto por organizaciones estatales y empresas privadas. De hecho, esta ni siquiera es la primera vez que NSO y su spyware Pegasus están en el ojo de la tormenta.

En 2018, Amnistía Internacional y The Citizen Lab (organizaciones que venían monitoreando el uso de Pegasus en el mundo) denunciaron que sus miembros eran espiados por NSO. Amnistía Internacional incluso formó parte de una acción legal contra la empresa, en la que se procuró que el Ministerio de Defensa israelí restringiera las exportaciones de Pegasus, demanda que fue finalmente desestimada por una corte israelí (AP, 20-VII-21). Por otro lado, Whatsapp, propiedad de Facebook, inició en 2019 una demanda contra NSO por el uso de Pegasus contra sus usuarios tras encontrar que al menos 1.400 dispositivos habían sido infectados y espiados (The Verge, 29-X-19).

LOS CLIENTES Y LOS USOS

NSO, cuyas ventas son monitoreadas pero no divulgadas por el gobierno israelí, declara tener más de 60 clientes en más de 40 países, aunque no brinda información sobre la identidad de sus compradores. Sin embargo, como informa este domingo The Washington Post, el spyware ha sido utilizado por varios Estados conocidos por vulnerar los derechos humanos y la libertad de prensa, entre ellos, India, Marruecos, Kazajistán, México, Bahrein, Togo, Ruanda, Hungría, Azerbaiyán, Pakistán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.

El país del que aparecen más números listados es México, con 15 mil. De acuerdo a lo publicado en 2017 por The New York Times, México contrató a Pegasus en 2012 por 20 millones de dólares y lo utilizó para espiar periodistas, activistas, abogados (entre ellos, los abogados que investigaban la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa) y políticos opositores. Incluso el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, su familia y su cardiólogo fueron víctimas de esta vigilancia, según se supo esta semana (Aristegui, 19-VII-21). Pero no solo el gobierno utilizó Pegasus, también lo emplearon los cárteles criminales para vigilar e intimidar periodistas (The Guardian, 7-XII-20), entre ellos, Cecilio Pineda, asesinado justo un mes después de ser ingresado en la lista de espiados.

El caso de Arabia Saudita también es considerado particularmente grave, pues, de acuerdo a la nueva filtración, la pareja del periodista opositor Jamal Khashoggi fue espiada con Pegasus el día anterior a que este fuese torturado, asesinado y desmembrado en Turquía en 2018, presuntamente por orden del príncipe Mohammed bin Salman. Arabia Saudita también ha sido responsabilizada, junto con Emiratos Árabes Unidos, de infectar los celulares de al menos 37 periodistas de la cadena qatarí Al Jazeera. Uno de ellos, Tamer Almisshal, afirma que en un teléfono que usaba para llamar a ministerios emiratíes recibió una llamada en la que lo amenazaron con convertirlo en el próximo Khashoggi (Al Jazeera, 21-XII-20).

De acuerdo a The Washington Post, en la lista aparecen también números de periodistas de Hungría, Azerbaiyán, Kazajistán, Pakistán e India, donde también se espiaría a políticos opositores, entre ellos, al líder del principal partido de oposición indio, Rahul Gandhi. Si bien los medios del Proyecto Pegasus no tienen constancia de que el gobierno de España haya contratado a NSO, algunos líderes independentistas catalanes (entre ellos, quien fuera presidente del Parlamento de Cataluña Roger Torrent) sí que han sido espiados mediante Pegasus (El País de Madrid, 13-VII-20). Por otro lado, llaman la atención los usos que se le atribuyen a Marruecos, pues, entre los números que se especula que fueron monitoreados por fuerzas de ese país, están los de su propio rey y primer ministro, el del exprimer ministro belga y actual presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, el del director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, y los de gran parte del gabinete francés, entre quienes se encuentran el primer ministro, Édouard Philippe, y el presidente, Emmanuel Macron (The Guardian, 20-VII-21).

Hasta el momento, NSO Group ha declarado que la información difundida por el Proyecto Pegasus no es confiable y que la responsabilidad por el mal uso de Pegasus recae sobre sus clientes. Según fuentes del Post, recientemente NSO canceló contratos con Arabia Saudita y Dubai, alegando razones relacionadas con la violación de derechos humanos. Por su parte, el gobierno israelí, que anteriormente se había negado a cambiar su política respecto a esta y otras empresas de ciberseguridad (véase recuadro), anunció el miércoles la formación de un equipo con miembros del gabinete, de la inteligencia civil y militar, y del ejército, que estudiará cambios en la política respecto a la exportación de servicios digitales sensibles.


NSO y el ecosistema de ciberseguridad israelí

NSO Group, la empresa que desarrolló y comercializa Pegasus, fue fundada en 2010 por Omri Lavie, Shalev Hulio y Niv Carmi, quienes se sospecha que fueron miembros de la Unidad 8200 de las Fuerzas de Defensa de Israel (Forbes, 28-VIII-21), un cuerpo de inteligencia militar caracterizada por el desarrollo y el uso de tecnología de punta. NSO no es la única empresa fundada por exmiembros de la 8200. Allí se ha formado a gran parte de los actores de la exitosa industria de tecnología israelí y a muchos expertos que hoy trabajan en la industria tecnológica civil y militar alrededor del mundo (Rest of World, 9-III-21).

NSO tampoco es la única empresa israelí que ha estado en la mira por sus actividades. Por ejemplo, Black Cube, una empresa de inteligencia empresarial y política fundada por exmiembros de la 8200 y que contrata casi exclusivamente veteranos de la inteligencia israelí, trabajó para el gobierno de Donald Trump en el espionaje a exfuncionarios del gobierno de Barack Obama y para el gobierno húngaro de Viktor Orbán, donde hizo lo propio con organizaciones opositoras (Haaretz, 10-VII-18).

Por su parte, Psy Group, propiedad del empresario Joel Zamel, cuyo CEO fue teniente coronel de la Unidad 8200, hasta hace poco llevó adelante gran cantidad de actividades de espionaje, control de percepción y manipulación política en Estados Unidos. Antes de cerrar, mientras era investigada por el fiscal especial Robert Mueller por su participación en la injerencia extranjera en las elecciones de 2016, Psy Group trabajó con Cambridge Analytica (Politico, 23-V-18) en la producción y propagación de noticias falsas, en la manipulación de usuarios de plataformas sociales para la campaña de Trump (Wall Street Journal, 25-V-18) y en el espionaje a activistas pro-Palestina en Estados Unidos (The New Yorker, 18-II-19). Asimismo, según informó The Daily Beast en octubre de 2018, Zamer se reunió el año anterior con asesores de Trump y Bin Salman para hablar acerca de un posible cambio de régimen en Irán. No es casualidad que esto suceda con empresas israelíes vinculadas a la Unidad 8200. Gran parte de la actividad en esa repartición militar se trata justamente de espiar a personas que no representan ningún peligro real, muchas veces con fines extorsivos, como consignó The Guardian en un artículo de diciembre de 2014 titulado «Cualquier palestino está expuesto al monitoreo del Gran Hermano israelí». En ese panorama, juega un rol importante el sector privado, que no solo exporta sus servicios a otros gobiernos, sino que en muchos casos se asocia con el Estado israelí para atacar a los habitantes de los territorios ocupados. De hecho, la industria de tecnologías de seguridad es considerada por activistas israelíes y palestinos una de las claves del estado de apartheid en que viven millones de palestinos.

Por Joaquín Moreira Alonso
23 julio, 2021

Publicado enInternacional
El movimiento cívico y social Avaaz lanzará una campaña en las calles de Nápoles, en las redes sociales y en el diario Financial Times, llamando a los países ricos a reconocer su deuda ecológica.

Solicitada en el Financial Times por la discusión sobre la deuda ecológica

En Nápoles, Italia, comienza la Reunión de ministros de medioambiente del G20. Pedido para que las economías más grandes del mundo se comprometan para lograr un cambio sistémico que permita la recuperación justa y ecológica para el mundo

 

Este jueves, en coincidencia con el inicio del encuentro del G20 sobre clima, medioambiente y clima, el movimiento cívico y social Avaaz lanzará una campaña en las calles de Nápoles, en las redes sociales y en el diario Financial Times, llamando a los países ricos del G20 a reconocer su deuda ecológica y a comprometer financiamiento concreto en las acciones para mitigar el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad.

En el Financial Times, Avaaz publicará una solicitada con el título: “La gente tiene hambre de esperanza” en la que se destaca a cinco de los líderes ambientales del G20, entre ellos el ministro Juan Cabandie, como los dirigentes que tienen la posibilidad de destrabar las negociaciones internacionales sobre medio ambiente.

 “Cada vez es más claro que proteger el ambiente es la única salida para estabilizar nuestras economías, idea que ha sido reconocida por los ministros de Finanzas del G20, al indicar que siguen siendo prioridades urgentes, ahora toca que los ministros de medioambiente hagan lo propio” explicó Oscar Soria, director de campañas de Avaaz.

La solicitada Avaaz es parte de una campaña que se lanzará en Nápoles en el marco de la Reunión de ministros de medioambiente del G20. Es en ese marco que se pide a los cinco ministros que impulsen un acuerdo para que las naciones asistentes envíen un mensaje contundente en el que todos los países y mercados que las 20 economías más grandes del mundo se comprometan para lograr un cambio sistémico que permita la recuperación justa y ecológica para el mundo.

El presidente de la 26a Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el brítánico Alok Sharma tiene un poderoso menú de opciones donde el 50 por ciento de la financiación climática se dirija rápidamente para atender la adaptación climática ya que los impactos climáticos se han vuelto cada vez más severos, no sólo en los países en desarrollo, sino también aquí en Europa.

John Kerry, enviado presidencial especial de Estados Unidos para el Clima, debe restaurar la credibilidad climática de su país con acciones concretas para que países como China dejen las excusas y tomen acciones. Esto incluye entregar urgentemente los 100 mil millones de dólares en financiamiento climático que prometió Estados Unidos. Y también debe poner toda su influencia para forzar una reforma financiera para que el dinero destinado al pago de la deuda soberana se oriente ahora a pagar la deuda ecológica, atendiendo especialmente a las crisis gemelas del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Las naciones en desarrollo no deberían quedarse esperando. Según Avaaz, deberían presentar propuestas en la mesa para cambiar las reglas que generan inequidad e incentivos destructivos para el medio ambiente. Juan Cabandie de Argentina y Barbara Creecy de Sudáfrica son vistos no sólo como defensores de los derechos humanos, sino como potenciales interlocutores del Sur Global para presentar una visión en el que las recuperaciones económicas, sociales y ecológicas vayan de la mano: “La Argentina y Sudáfrica tienen la oportunidad, y la responsabilidad, de liderar el llamado del Sur Global para reconocer la deuda ecológica contraída por los países ricos, y reorientar las finanzas de la deuda soberana hacia una recuperación justa y verde para los países en desarrollo”, dijo Soria.

Por último, el anfitrión de la cumbre, el ministro italiano de transición ecológica, Roberto Cingolani, tiene la oportunidad y la responsabilidad de guiar a todos los ministros del G20 para que acuerden una declaración política sólida que muestre al mundo que hay un camino hacia una eliminación gradual de los subsidios que dañan nuestro clima y biodiversidad.

“El mundo enfrenta una crisis climática sin precedentes: graves inundaciones en el norte y temperaturas a la alza que incrementan los incendios forestales en diversas latitudes. Hoy en Argentina, el río Paraná registra la mayor bajada en los últimos 70 años, que trae consigo sequías y otras afectaciones para las poblaciones que dependen de este afluente”, dijo el dirigente de Avaaz.

El G20 es un importante impulsor de la destrucción de la biodiversidad: representan las cuatro quintas partes de las emisiones mundiales; el gasto público en subsidios perjudiciales para la el medio ambiente fue al menos cinco veces mayor que el gasto total para proteger los ecosistemas; estos 20 países deben redoblar esfuerzos inmediatos de movilización coordinada para cerrar la brecha hacia los 1,5°C de calentamiento global entre ahora y la Cumbre climática de Glasgow.

21/07/2021

Publicado enInternacional
Miércoles, 21 Julio 2021 06:43

Caos climático y acaparamiento de tierras

Caos climático y acaparamiento de tierras

Las trampas de las empresas para ignorar la gravedad del cambio climático que ellas mismas han provocado no sólo empeoran el clima, también producen otra serie de nuevos impactos sobre las comunidades que se agregan a los del cambio climático, como nuevos acaparamientos de tierra y desplazamiento de comunidades.

Casi cada mes hay nuevos informes de ONU y expertos sobre cambio climático, que corroboran lo que cada vez más gente sufre aunque no los haya leído: largas sequías o demasiada lluvias, demasiado calor o demasiado frío, tormentas y huracanes más fuertes, todo fuera de lugar y tiempo esperados. Un sombrío informe conjunto de dos paneles globales de expertos sobre cambio climático (IPCC) y sobre biodiversidad (IPBES) publicado en junio pasado alerta que con el caos del clima, lo peor aún está por venir. (Emmanuel González, Biodiversidad en América Latina)

Uno podría pensar que como afecta a las bases mismas de todo el sistema de producción, el capitalismo tendría que reaccionar poniéndose algún límite, aunque sea por auto-preservación, para poder seguir explotando a la gente y al planeta. Pero las empresas causantes del cambio climático siguen procurando mantener sus ganancias sin cambiar nada realmente, aunque sí hacer nuevos negocios con la nueva ola de proyectos de economía verde relacionada al clima. En lugar de reducir emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), hacen planes basados en conceptos engañosos como “cero emisiones netas” o “neutralidad climática”. Son trampas contables, para que una suma y resta termine en un supuesto cero, por eso se llama “neto” y no sólo cero emisiones. Se proponen incluso aumentar sus emisiones, ya que las podrían compensar con proyectos lucrativos como mega plantaciones de árboles y monocultivos, proyectos de “conservación” de áreas naturales -que le quitan control de sus territorios a las comunidades, como REDD+ y similares, y finalmente, también técnicas de geoingeniería.

Varias publicaciones recientes, de Grain, Amigos de la Tierra Internacional y Corporate Accountability junto a otras organizaciones como La Vía Campesina y la red Ambiental Indígena explican qué significan en realidad esta serie de nuevos anuncios de las empresas sobre clima.

Grain analiza por ejemplo, los “compromisos” que han hecho varias trasnacionales de agronegocios. El IPCC reconoce que el sistema alimentario industrial es responsable de al menos 37 por ciento de las emisiones de GEI, que es una cifra tremenda, pero que si extrapolamos todas la emisiones de la cadena del campo al plato, especialmente la industria cárnica y láctea, es un porcentaje aún mayor. Grain estima que es cerca de la mitad de la emisión global de gases GEI.

Uno ejemplo ilustrativo es la trasnacional Nestlé, cuyo principal accionista es BlackRock, la mayor empresa mundial de gestión de activos. Junto a otras 545 empresas financieras, BlackRock se comprometió a que los grandes emisores de GEI en los que invierten transiten a “emisiones cero neto” en 2050.

Tal como demanda BlackRock, Nestlé anunció en 2020 un “Plan hacia cero emisiones netas”, en el que se compromete a llegar a “cero neto” en 2050 en todas sus operaciones, incluidas las causadas en su cadena de abastecimiento, conocidas como “emisiones de alcance 3”. Solamente ese sector de emisiones de Nestlé representa casi el doble de las emisiones totales de Suiza, su país sede.

Pese a ello, el plan de Nestlé no implica reducir sus ventas de alimentos basados en lácteos, carnes u otros productos con alto porcentaje de emisiones, sino que proyecta aumentar en 68 por ciento sus compras de estos insumos y otras materias primas agrícolas hasta el 2030. La acción climática de Nestlé, se conseguiría a través de que sus proveedores hagan cambios en la forma de producir; a través de reducir las emisiones ligadas a los fertilizantes por usos supuestamente más eficientes (y/o manipular genéticamente el ganado o sus forrajes) y a través de compensar las emisiones restantes, que la empresa reconoce serán mucho mayores. Esto último a través de “soluciones basadas en la naturaleza” y “remoción de gases de la atmósfera”, probablemente invirtiendo en empresas de geoingeniería, que le rendirán una nueva fuente de ganancias.

Aunque no da detalles, Nestlé asigna 1200 millones de dólares durante los próximos 10 años para este plan. Poniendo la cifra en perspectiva, explica Grain, Nestlé pagó a BlackRock y sus accionistas 8,000 millones de dólares en ganancias el último año. O sea que representa 1.5% de lo que Nestlé paga a sus accionistas en dividendos (o sea, en ganancias) y tres veces menos de lo que paga a BlackRock anualmente. Es importante notar que BlackRock, junto a sus anuncios de estimular a las empresas en las que invierte a hacer planes de emisiones cero netas, es simultáneamente una fuerte inversora en combustibles fósiles y no piensa dejar de hacerlo)

Cero emisiones neta es peor que nada, afirma certeramente Grain, porque no se trata solamente de maquillaje, sino de una coartada para aumentar exponencialmente sus actividades que ya se conoce tienen un efecto devastador en el cambio climático.

Como hay cada vez más empresas que han anunciado sus planes de “soluciones basadas en la naturaleza” para “compensar” el aumento de emisiones con grandes plantaciones, cercamiento de áreas naturales, apropiación de humedales, etc, aunque no cumplan todo lo que anuncian y sólo avancen con una parte de estos planes, ello “resultará en un masivo acaparamiento de tierras, bosques y territorios de pueblos indígenas y comunidades rurales del Sur global”.

Grain estima que la ambición de Nestlé de compensar 13 millones de toneladas de emisiones de CO2 con estas llamadas “soluciones basadas en la naturaleza” requeriría disponer de al menos 4 millones 400 mil hectáreas de tierra anuales. La compañía italiana de energía Eni señala que necesita el doble de esa área hasta 2030 y ya avanzó con el proyecto de establecer 8 millones 100 mil hectáreas en África. Shell, otra de las petroleras que hablan de “cero emisiones netas” y para ello usar “soluciones basadas en la naturaleza” requiere 8 millones 500 mil hectáreas de tierras por año hasta 2035. O sea, entre solo tres empresas ¡proyectan apropiarse de más de 20 millones de hectáreas anuales!

Considerando que al momento más de 1500 grandes empresas han hecho promesas similares, está desatada la caza y disputa para controlar (comprar y/o controlar) tierras naturales y agrícolas, bosques y áreas naturales. Todas áreas donde viven y trabajan la mayoría de las comunidades campesinas e indígenas del planeta, que en realidad son sus territorios.

En el reporte “La gran estafa”, se analizan en detalle los planes “cero neto” de varios de los mayores contaminadores climáticos, que incluyen grandes petroleras como Shell, Chevron, BP y Eni, varias de las mayores empresas digitales como Microsoft y Amazon, gestoras de inversión como BlackRock, empresas de agroalimentación industrial como Walmart y JBS, además de compañías de aviación y otras. También los mecanismos que usan para legalizar el engaño, desde cabildeo en organismos internacionacionales a corrupción de informes científicos para medir y controlar el supuesto “secuestro” de carbono en diferentes áreas.

Los planes de estas empresas exceden con mucho la disponibilidad de tierras, bosques y otros ecosistemas, como humedales y mares, que además no son ecosistemas vacíos y ya cumplen una función en el equilibrio global del clima, por lo que si se aumentan las emisiones, por más que cada empresa diga será “compensada” no va a cambiar el desequilibrio que ya existe, solamente lo empeorará al agregar más carga de gases de efecto invernadero. El cálculo exacto de lo que se porponen las empresas no es posible, porque la mayoría son suficientemente vagas para que no se pueda tampoco controlar que dicen y qué hacen realmente. Los ecosistemas tienen límites naturales: no se puede seguir agregando emisiones y suponer que por arte de magia -o cazando unicornios de carbono– el caos climático no va empeorar.

La auténtica restauración de ecosistemas dañados, desde las comunidades que allí viven, es necesaria, pero solo es posible desde abajo, desde los pueblos, las comunidades indígenas, rurales y urbanas, respetando y afirmando sus derechos integrales. Es necesario un cambio de sistema, no cambiar una tecnología por otras, manteniendo la brutal inequidad de consumo y recursos globales.

Por ello, como dice Amigos de la Tierra, La Vía Campesina y la Red Ambiental Indígena en el reporte Cazando unicornios de carbono, “lo que queda meridianamente claro en esta historia es que los más grandes y ricos del mundo no tienen ninguna intención ni ambición de reducir realmente las emisiones. Describir sus esfuerzos por encubrir el aumento continuo de emisiones fósiles como “maquillaje verde” se queda bastante corto: los términos ecocidio y genocidio sintetizan con mayor precisión los impactos que el mundo enfrentará”.

Por Silvia Ribeiro

21 julio 2021

 

Referencias

En busca de unicornios de carbono: el engaño de los mercados de carbono y la reducción de emisiones a “Cero Neto”

Amigos de la Tierra Internacional, La Vía Campesina, Red Ambiental Indígena y otras organizaciones. Febrero 2021. https://www.foei.org/es/recursos/unicornios-mercados-de-carbono-cero-neto-informe

El “maquillaje verde” de las corporaciones: las “emisiones netas cero” y “las soluciones basadas en la naturaleza” son un enorme fraude

Grain, marzo 2021. https://grain.org/es/article/6635-el-maquillaje-verde-de-las-corporaciones-las-emisiones-netas-cero-y-las-soluciones-basadas-en-la-naturaleza-son-un-enorme-fraude

La gran estafa.Cómo los Grandes Contaminadores imponen su

agenda “cero neto” para retrasar, engañar y negar la acción climática

Corporate Accountability, Friends of the Earth International, Global Forest Coalition. Julio 2021 https://www.corporateaccountability.org/wp-content/uploads/2021/06/La-Gran-Estafa_SP.pdf

Publicado enMedio Ambiente
Todos los que han ido al espacio dicen que los ha cambiado, expresa Jeff Bezos

 

Con el empresario volaron su hermano, un adolescente y una pionera de la aviación, de 82 años // Estos dos, el más joven y la más grande en viajar al cosmos

 

Texas. Jeff Bezos, fundador de Amazon, voló ayer al espacio en el primer vuelo de su empresa de turismo espacial con pasajeros a bordo, con lo que se volvió en el segundo multimillonario en una semana que viaja a los confines de la atmósfera terrestre en su propio cohete.

"¡El mejor día de todos!", afirmó el estadunidense Bezos cuando la cápsula aterrizó en el desierto al finalizar el viaje de 10 minutos.

Voló acompañado por un grupo que incluyó a su hermano menor, Mark; el adolescente holandés Oliver Daemen, y Wally Funk, pionera de la aviación, de 82 años de edad, estas dos últimas personas son la más joven y la más vieja que viajan al espacio.

El cohete New Shepard, de Blue Origin, que lleva el nombre del primer astronauta estadunidense, voló con su grupo ecléctico de pasajeros en el 52 aniversario del alunizaje del Apolo 11. Bezos eligió la fecha por su importancia histórica y se aferró a su decisión a pesar de que con ello permitió que Richard Branson, de Virgin Galactic, lo venciera por nueve días en la carrera por los dólares de los turistas espaciales, con su propio vuelo desde Nuevo México.

A diferencia del avión cohete pilotado de Branson, la cápsula de Bezos estaba completamente automatizada y no requirió tripulantes a bordo para el viaje de ida y vuelta. Virgin Galactic requiere dos pilotos.

La nave de Blue Origin llegó a una altura de 106 kilómetros, unos 16 más que el vuelo de Richard Branson del 11 de julio. El cohete de 18 metros aceleró a Mach 3 –o tres veces la velocidad del sonido– para llevar la cápsula a la altura deseada, antes de separarse y descender en posición vertical.

Los pasajeros tuvieron varios minutos de ingravidez y un video mostró a los cuatro flotando dentro de la espaciosa cápsula blanca. Se les vio dando saltos mortales, lanzando caramelos y pelotas. Se les escuchó dando vítores, gritos y exclamando "guau".

La cápsula descendió con la ayuda de paracaídas, y los pasajeros experimentaron brevemente una fuerza de gravedad de seis veces la normal en la Tierra.

Encabezados por Bezos, salieron muy sonrientes de la cápsula. "Mis expectativas eran altas y se vieron superadas espectacularmente", expresó el multimillonario más tarde. Su vuelo duró 10 minutos y 10 segundos, cinco minutos menos que el vuelo de Alan Shepard en 1961. Las hijas de este último, Laura y Julie, fueron presentadas en una conferencia de prensa realizada unas horas más tarde.

Wally Funk fue una de 13 pilotos que se entrenaron a principios de la década de 1960 para el proyecto Mercury de la NASA, pero que al final no llegaron al espacio.

"Esperé mucho tiempo para conseguirlo", comentó Funk después del vuelo. "Quiero ir de nuevo, rápido", agregó.

Junto a ella estuvo el primer cliente de pago de la compañía, Daemen, estudiante universitario cuyo padre fue uno de los postores de una subasta millonaria. El joven fue un sustituto de última hora del misterioso ganador de la subasta, quien optó por tomar un vuelo posterior. El padre del adolescente participó en la subasta y acordó pagar un precio más bajo no revelado la semana pasada, cuando Blue Origin ofreció a su hijo el asiento vacante.

Prepara dos más

En conferencia de prensa, Bezos anunció: "Vamos a realizar misiones humanas dos veces más este año. Aún no estoy seguro de lo que haremos el siguiente".

El multimillonario destacó que se quedó "atónito", al ver la belleza de la Tierra.

"Todos los que han estado en el espacio han dicho que los cambió y que se quedaron asombrados por la belleza de la Tierra, pero también por su fragilidad, y yo no podría estar más de acuerdo", sostuvo.

Añadió que, si bien la atmósfera parecía ser "tan grande" desde la superficie, cuando te elevas “ves que en realidad es increíblemente delgada, es una cosa diminuta y frágil, y a medida que nos movemos por el planeta la dañamos.

"Una cosa es reconocer eso intelectualmente, y otra verlo con tus propios ojos", destacó.

La tripulación se llevó varios recuerdos para el viaje de 10 minutos, incluido un trozo de tela del primer avión de los hermanos Wright, un medallón de bronce hecho para el primer vuelo en globo aerostático en 1783 y un par de gafas que pertenecían a la histórica aviadora estadunidense Amelia Earhart.

Bezos elogió el trabajo de su equipo de ingenieros y señaló que la arquitectura de diseño de New Shepard eventualmente se usaría como la segunda etapa de la nave New Glenn, mucho más grande.

Cuando se le preguntó si volvería a ir, respondió: "Demonios, sí, ¿qué tan rápido podemos reabastecer esa cosa? ¡Vamos!"

Viernes, 16 Julio 2021 06:17

Minería en el más allá

Minería en el más allá

Fase superior de los extractivismos

 

“Lo problemático del imperialismo extraterrestre es que aumentará las desigualdades económicas entre las naciones de la Tierra al dar un acceso desigual a lo que eventualmente puede ser  una cantidad importante de recursos”

Alan Marshall [3]

La búsqueda de recursos naturales no se detiene. Al contrario en medio de la pandemia las presiones extractivistas han crecido. Y en la medida que los límites físicos aparecen con creciente claridad y las resistencias sociales se multiplican, impulsando la construcción de indispensables barreras ambientales, el capitalismo levanta su mirada fuera de la atmósfera. En su mira están los recursos minerales existentes en el espacio. Con el afán de alentar la discusión sobre esta cuestión, que ameritará análisis más profundos y debates más amplios, nos preguntamos ¿para qué queremos más minerales en la Tierra?, ¿quiénes se van a beneficiar realmente de esta oferta? Como resultado de este extractivismo sideral, ¿vamos a crear un mundo más justo y sustentable?, ¿la posibilidad de conseguir recursos en el espacio abrirá la puerta para un manejo más responsable de los recursos en la Tierra?

Conquista, colonización e imperialismo, en la matriz de los extractivismos

Rosa Luxemburg, renombrada economista alemana de origen polaco, todavía en plena época de expansión imperialista, afirmaba que el capitalismo no podía sobrevivir sin economías “no capitalistas”; es decir, sin colonias, a ser conquistadas para la explotación. En su libro La acumulación del capital (1913)[4], encontraba que el sistema capitalista estaba encorsetado geográficamente dentro del planeta, lo que alentaba y alienta conflictos de todo tipo, con el fin de asegurar el control de los territorios y sus riquezas naturales. Del imperialismo clásico se avanzó, décadas después, enarbolando la búsqueda del “desarrollo” a otra fase de expansión neoimperialista, en la que el control de los territorios y sus recursos, incluyendo la mano de obra, se obtiene con medios más sutiles; por ejemplo, a través de las inversiones extranjeras o más adelante de los tratados de libre comercio.

Cuando Luxemburg publicó ese libro la humanidad estaba lejos de anticipar una serie de avances tecnológicos y otras acciones especialmente en el ámbito financiero que han ido ampliando las fronteras de explotación del capital.

El sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman (2012), al describir lo que está sucediendo en la actualidad, ensanchó el horizonte de Rosa. Pues, como podemos constatar hoy, el capitalismo tiene cada vez más dificultades para encontrar territorios supuestamente vírgenes o baldíos donde el mismo no esté presente, y por lo tanto ha buscado ampliar su órbita de influencia hacia otras áreas. Así Bauman anota que:

las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles ‘anfitriones’ de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras vírgenes ‘precapitalistas’, el capitalismo inventó la “virginidad secundaria”.[5]

Aquí Bauman se refiere a aquellos nuevos rincones creados para que el capitalismo financiero pueda seguir acumulando, como son los fondos de pensiones y las tarjetas de crédito. Bauman nos recuerda que en estos últimos años hemos visto cómo millones de personas que “se dedicaban a ahorrar en lugar de vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados”.

Y si eso sucede en las finanzas, constatamos también como el capitalismo amplía cada vez más la mercantilización de muchos ámbitos de la Naturaleza, incorporando en su lógica de acumulación los mercados de carbono[6] y los servicios ambientales, que constituyen en este momento una de las más recientes fronteras de expansión para sostener la acumulación del capital. En otras palabras se lleva la conservación de los bosques al terreno de los negocios. Se mercantiliza y privatiza el aire, el agua y la Tierra misma.

En concreto, a más de la explotación del trabajo, la Naturaleza, los recursos naturales y últimamente los servicios ambientales, convertidos en mercancías permiten acelerar el paso en la vía del progreso -padre del desarrollo-, caracterizado por su versión materialista y acumuladora sin fin. De suerte que, como anota José Manuel Naredo, “la metáfora de la producción (y la meta indiscutida del crecimiento) apuntalan la visión lineal de la historia gobernada por el progreso”.[7] Y, en este escenario ideológico, al extractivismo se lo asume como producción -que no lo es- y como fuente fundamental de financiamiento para conseguir esas metas. Negarlo cerraría las puertas del progreso y del “desarrollo”, según esta visión todavía bastante extendida.

La erosión del espacio como bien común

Cuando Rosa Luxemburg escribió su libro no se aceptaba como posible que los seres humanos pudieran llegar más allá de los límites del planeta, salvo, por cierto, en algunas mentes brillantes, como la de Julio Verne, quien publicó su célebre obra en 1865: De la Tierra a la Luna.[8] Ahora, al cabo de más de 100 años, los avances científicos, tanto como la creciente codicia en el capitalismo, son evidentes. Veamos los esfuerzos de unas pocas potencias para acceder al espacio, empeño que empezó en los años cincuenta cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, arrancaron en una carrera espacial.

Ahora, el capitalismo, demostrando su asombroso y perverso ingenio para buscar y encontrar nuevos espacios de explotación, en un renovado esfuerzo expansionista, se dispone a obtener recursos minerales fuera de los límites de nuestro planeta e inclusive a crear nuevas colonias extraterrestres. Podríamos afirmar que la lógica mercantiizadora del capitalismo ha colocado su mira en el Universo, en un intento por neoliberalizarlo.

La mira extractivista comienza a apuntar al espacio, en la medida que declinan las posibilidades de explotación en la Tierra de los yacimientos de minerales o que su acceso es cada vez más complejo, sea por las limitaciones tecnológicas o inclusive ambientales, a las que habría que sumar las crecientes resistencias sociales. El espacio representa una suerte de terra nullius[9] donde quien llega primero se asume como soberano de esos territorios y se lleva lo que puede. De esta manera, lo que se aseguraría -igual que en otras épocas- son nuevas posibilidades de acumulación de capital fuera de la Tierra misma y, por ende, un mecanismo para evitar el estancamiento del mismo sistema capitalista debido a las crisis de sobreacumulación.[10]

Una herramienta útil para entender esta evolución de los modos y estrategias de acumulación es el arreglo espacial (en inglés spatial fix), concepto desarrollado por el geógrafo David Harvey. Para este autor, el término arreglo espacial se refiere al proceso en el que “la acumulación de capital construye una geografía a la medida de sus necesidades y que, en los momentos de crisis sistémica, el capital desplaza, nunca resuelve, sus contradicciones mediante este proceso de construcción del espacio”.[11] Esta es una estrategia para aliviar la amenaza de la sobreacumulación y el estancamiento trasladando el capital o la mano de obra a un territorio diferente. En este caso literalmente al espacio… sideral.

Aprovechando la enorme inversión, sobre todo estatal, en el desarrollo de las nuevas tecnologías espaciales, que también sirven para absorber el capital excedente, han aparecido con fuerza muchas posibilidades de acumulación a través de innumerables innovaciones tecnológicas y servicios de comunicación en el espacio, a los que se sumaría la explotación de yacimientos mineros y la colonización de planetas.[12]

La exploración espacial -conocida como la carrera o conquista del espacio– desde sus orígenes con el satélite soviético Sputnik en 1957 a la fecha, con excepciones, se ha dado en términos relativamente pacíficos, hasta colaborativos entre los mismos EEUU y la Unión Soviética. Desde sus inicios, este trajinar espacial se caracterizó por una especie de pacifismo acordado entre las grandes potencias a pesar del contexto de la mencionada Guerra Fría. Este esfuerzo fue ratificado en el Tratado del espacio exterior de 1967 que prohíbe colocar armamento masivo y la apropiación nacional o privada de objetos, territorios o recursos celestes, ya que se los considera patrimonio común de la humanidad.[13]

Pero en la actualidad, todo indica que:

el comunismo en el espacio era una posibilidad sólo mientras el espacio fuera materialmente inaccesible para la humanidad capitalista: a medida que el espacio se convierte en un lugar probable de negocios rentables, el protocomunismo del Tratado del Espacio Exterior debe vacilar y desaparecer.” [14]

La  militarizacion del espacio

En las últimas décadas, a medida que ha evolucionado nuestra capacidad de explorar más allá de nuestro planeta, los intereses de seguridad nacional y los comerciales convergen inclusive en el espacio sideral hasta el punto de que hoy son casi indistinguibles.

En los Estados Unidos, por ejemplo, las empresas privadas de lanzamiento espacial, como SpaceX y United Launch Alliance, son beneficiarias de enromes contratos gubernamentales y ahora proporcionan la mayor parte de la capacidad de lanzamiento de cohetes estadounidenses, tanto para misiones científicas como militares. Aunque los estrechos vínculos entre las industrias de defensa y aeroespacial no son nada nuevo, nos encontramos en una fase decididamente nueva de esta relación debido a los avances tecnológicos, las nuevas prioridades políticas y el auge de los actores privados.

Hay muchas pruebas de eso, tanto en los hechos, como en los pronunciamientos políticos. Por ejemplo, en 2020, el entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva llamada Fomentar el apoyo internacional para la recuperación y el uso de los recursos espaciales[15]. En esta orden proclamaba que los Estados Unidos “no ven el espacio exterior como propiedad común” y calificaba al Tratado de la Luna de 1979 (nunca ratificado por EE. UU.) como “un fallido intento de restringir la libre empresa”.  Durante la Administración de Trump los EE. UU. dieron un paso más en la verdadera conquista del espacio al crear un nuevo mando militar: la Fuerza Espacial.

Es necesario comprender mejor los profundos vínculos de las nuevas empresas espaciales con los designios hegemónicos de los Estados más poderosos sobre el espacio. Recientemente, a cambio de 28 millones de dólares, Starlink de SpaceX proporcionó los servicios de sus satélites para demostraciones de fuego real (live-fire demo) de la Fuerza Aérea de Estados Unidos para probar su Sistema de Gestión de Batalla Avanzado y sentar las bases de un Internet destinado a las actividades militares.[16] Las conexiones de SpaceX con el complejo militar-industrial quedaron claras en los comentarios de la presidenta de dicha compañía, Gwynne Shotwell, quien declaró en 2018 que su compañía estaría dispuesta a lanzar un arma espacial para proteger a los Estados Unidos, contraviniendo los tratados espaciales existentes.[17] Y en 2020, SpaceX firmó un contrato con el Pentágono para desarrollar conjuntamente un cohete capaz de transportar hasta 80 toneladas de carga y armamento a cualquier parte del mundo en tan solo una hora.[18]

El espacio ha tenido y tiene una importancia geoestratégica militar. Los cientos de satélites militares en órbita sirven para controlar la Tierra, teniendo en el espacio un lugar privilegiado de observación. Sin embargo, en la actualidad se está dando un paso más, se avanza en la militarización del mismo espacio sideral para controlarlo.

Estado y capital, con los minerales espaciales en la mira

La erosión del espacio como bien común, y el debilitamiento de su condición mayormente pacífica, está directamente relacionado con una nueva carrera espacial basada en un reconocimiento del enorme valor de los recursos minerales espaciales y la creciente capacidad tecnológica para extraerlos.[19] Aunque hoy, por ejemplo, no sería rentable extraer recursos minerales extraterrestres ni establecer asentamientos humanos en la Luna para desde allí llegar a Marte, esa posibilidad no es algo lejana.

En la actualidad, las grandes potencias como Estados Unidos, Rusia y recientemente China están compitiendo para ver quién gana la verdadera conquista del espacio, que vendrá acompañada de su imparable colonización… hasta que la humanidad se tope con otras civilizaciones en el espacio.

En el contexto actual, de acuerdo con la información que circula frecuentemente, la posibilidad de abrir actividades mineras en el espacio ya no aparece como un ejercicio de ciencia ficción.[20] Los argumentos para este empeño los sintetizó Elizabeth Steyn en un artículo de The Conversation[21]:

La necesidad de una economía con cero emisiones de carbono exige un aumento del suministro de recursos naturales no renovables, como los metales de las baterías. Esto constituye el telón de fondo de una nueva carrera espacial en la que participan las naciones y el sector privado.”

Y en este momento, según la misma Steyn, habría que “considerar cuatro aspectos: la seguridad de la tenencia, el régimen fiscal, la posibilidad de financiar el proyecto y la viabilidad del mismo.” En otras palabras, se mantendrá inamovible el afán de lucro como motor de estos esfuerzos que demandarán nuevos avances tecnológicos y grandes cantidades de inversión.

En relación al primer aspecto, la tenencia, es decir, la propiedad, se está aclarando el panorama. Es extremadamente importante para los mineros espaciales contar con suficiente claridad y seguridad en cuanto a la propiedad de las cosas que extraen. Existen recientes esfuerzos multilaterales y nacionales para enmarcar los recursos espaciales dentro de un nuevo régimen de propiedad. Dentro de estos esfuerzos aparecen los Acuerdos Artemis de la NASA que ya cuenta con el apoyo de otras doce naciones y que plantea que “la capacidad de extraer y utilizar recursos en la Luna, Marte y de los asteroides será fundamental para apoyar la exploración y el desarrollo espacial de manera segura y sostenible. Los Acuerdos de Artemis refuerzan que la extracción y utilización de los recursos espaciales pueda realizarse y se realizará bajo los auspicios del Tratado del Espacio Exterior”.[22] De la misma manera que los EEUU, Luxemburgo y Emiratos Árabes Unidos y ahora el parlamento de Japón acaba de ratificar una nueva ley que concede a las empresas japonesas permiso para la prospección, extracción y utilización de diversos recursos espaciales, siempre y cuando obtengan primero el permiso del gobierno japonés.[23]

Otra tarea que ya comienza a cobrar fuerza es la “minería de los asteroides”, en donde, además de la potencial extracción de titanio, níquel, cobalto y otros minerales, se espera obtener oxígeno y nitrógeno. Esto se trata de la explotación de agua congelada que estaría disponible en grandes cantidades en el espacio. La existencia de agua permitiría crear depósitos de combustible de hidrógeno en satélites construidos y/o en otros cuerpos celestes colonizados por los humanos, indispensables para poder ampliar la zona de influencia galáctica.

Otro elemento que es evidente es el tema del transporte, que resulta crucial en estas aventuras extractivistas, ya que la conquista de los recursos espaciales engendra nuevas posibilidades de dominio en el espacio, algo similar a la conquista del globo por los poderes marítimos en siglos pasados.

De todas maneras, los enormes costos de estos proyectos se verían de alguna manera compensados por los recursos que se podrían obtener sin restricción alguna, como de alguna manera sucedió cuando se abrieron territorios en América y África para su colonización. Eventualmente podemos imaginar que si se lograra traer minerales del espacio podría darse una mayor oferta que podría presionar los precios a la baja, favoreciendo un mayor consumo en la Tierra.

Más allá de la capacidad de imaginación que se pueda desplegar con miras a avizorar cómo funcionaria este extractivismo espacial, todo indica que se volverá a reafirmar la actual visión dominante al ver el espacio extraorbital -la Naturaleza en definitiva- como mero proveedor de insumos, sin mayor preocupación por su metabolismo y sus procesos vitales, con miras a dominarlo y transformarlo en función de las demandas del capital en la Tierra. Lo anterior aparentemente podría resolver (mediante la distancia a la que se encuentran los territorios a ser explotados) algunos de los problemas derivados de la destrucción que provocan los extractivismos terrestres.[24] Y por cierto podría ser otro argumento para alentar la economía “verde”, es decir, esta versión modernizada de la economía capitalista: mercantilizadora en esencia, con la  que se pretende -de forma ilusoria- enfrentar los graves problemas ecológicos y sociales, sin abordar la causa profunda de los mismos: la civilización capitalista.

Demos un paso más y veamos algunas de las complicaciones que inclusive podrían agravarse. Todo esto de ninguna manera ahondaría la “civilización del desperdicio”[25], pues la Tierra seguiría siendo un lugar de depósito de los desechos.[26] No solo eso, el mismo espacio orbital seguirá almacenando basura enviada por los humanos, creando un potencial efecto domino conocido como el Efecto Kessler: mientras la cantidad de objetos en órbita crece y se acumulan, el riesgo de colisiones en cascada de se hace mayor, lo cual multiplicaría los accidentes. Como ejemplo de ello, podemos recordar lo sucedido en 2019, cuando la India lanzó un misil hacia un satélite suyo en órbita terrestre y lo destruyó, creando miles de piezas de desechos, grandes y pequeños, que permanecen en órbita.[27]

Los terrestres galácticos, una nueva clase empoderada por la tecnología

La ilusión que genera la minería espacial extraorbital se explicaría mejor si aceptamos que en amplios segmentos de la población del planeta, empezando por los gobernantes, se ha desarrollado una suerte de ADN-extractivista que no sólo limita plantear un debate amplio y serio sobre estas cuestiones, sino que se prepara hasta con entusiasmo la obtención de beneficios de la conquista y colonización del espacio. Y esta minería espacial, controlada por poderes transnacionales -grandes empresas y gobiernos de los países más ricos- reeditará las lógicas de acumulación y exclusión; es decir, las fuerzas centrípetas y centrífugas de la globalización capitalista que mantienen concentrada la riqueza y los avances tecnológicos en pocos segmentos de la población mundial, mientras que enormes masas de seres humanos quedan estructuralmente marginadas. Así aparecería algo como un nuevo grupo privilegiado alrededor del control de estas actividades extractivas en el espacio, una suerte de terrestres galácticos, con la consiguiente marginación de la mayoría de habitantes del planeta.

Esta visión se sostiene aupada por la voracidad de la acumulación capitalista, y que se intenta legitimar en la firme y dogmática creencia en las poderosas ciencia y tecnología, y su uso de manera estratégica por parte de los élites. En la cotidianidad muchos “avances” tecnológicos sustituyen a la fuerza de trabajo -ya sea en términos físicos o en ciertas funciones cerebrales- volviendo caducos a varios trabajadores, así como excluyendo o desplazando a quienes no pueden acceder a la tecnología; todo esto redefine al trabajo mismo, normalmente contribuyendo a su flexibilización. Los seres humanos terminamos siendo simples herramientas para las máquinas, cuando la relación debería ser la inversa. Desde esa perspectiva, para que exista otra tecnología, que incluya a las personas al trabajo y sobre todo para asegurar una vida digna, en vez de excluirlas, es necesario transformar las condiciones y relaciones sociales de producción.

Recordemos que en toda tecnología hay inscrita una “forma social”, que implica una manera de relacionarnos unos con otros y de construirnos a nosotros mismos. Igualmente, recordemos que no toda la humanidad se beneficia de los avances tecnológicos, pues varios de éstos generan renovadas formas de desigualdad y explotación, así como de enajenación, tema que merece una reflexión mucho más profunda.

Reflexionando desde los escenarios de resistencia

Actualmente todo indica que el crecimiento material sin límites podría culminar en un suicidio colectivo. Basta ver los efectos del mayor recalentamiento de la atmósfera, de la pérdida de fuentes de agua dulce, de la erosión de la biodiversidad agrícola y silvestre, de la degradación de suelos o de la acelerada desaparición de espacios de vida de las comunidades locales, y los cada vez mayores y más destructivos huracanes. Introducir una mayor cantidad de minerales provenientes del espacio no alteraría este proceso de acumulación/destrucción permanente. Se mantendría -en un nivel superior- la civilización del capital que impulsa la acumulación material mecanicista e interminable de bienes, sustentada en el aprovechamiento indiscriminado y creciente de la Naturaleza.

Adicionalmente, esta minería espacial no evitaría varios de los nocivos efectos del extractivismo minero en la Tierra. Sus consecuencias -o “derrames”, como los conoce Eduardo Gudynas[28]– se mantendrían y en algunos casos aumentarían. Estos “derrames”, que van mucho más allá de lo ambiental, se dan en diversos campos: judiciales, políticos, económicos y culturales. De hecho, ya vemos cómo en el terreno de las leyes y los tratados las lógicas colonizadoras a ultranza comienzan a reaparecer con fuerza. Las tendencias rentísticas y las prácticas clientelares podrían reeditarse de diversas formas. Y, sobre todo, las lógicas autoritarias indispensables para consolidar los poderes económico-políticos necesarios para la expansión de la minería sideral serían otra limitante para impulsar sociedades democráticas y equitativas.

Entonces, no se trata solo de analizar el suministro de materiales escasos en la Tierra empujando los extractivismos más allá de sus propios límites biofísicos, ni sólo comprender lo que significarían nuevos mercados en las bases coloniales que se establezcan, que demandarán, sin duda alguna, una gran cantidad de vituallas indispensables para la vida, y cada vez más nuevas tecnologías, que, por lo pronto, sirven más para la dominación que para la emancipación de los seres humanos. Lo que debemos tener en cuenta es que el control geopolítico del espacio exigirá más poder estatal, corporativo y militar, que se sustentará en mayor control y dominación dentro de la misma Tierra, reeditando los vínculos de poder entre estas tendencias imperialistas y los militarismos de amplio espectro, que tan útiles son para sostener los extractivismos en la actualidad.[29]

Para cerrar estas breves líneas, que constituyen un ensayo para provocar el debate sobre estas cuestiones, es indispensable superar la trampa en que han caído muchos críticos del sistema, quienes apenas centran su atención en el control de la explotación de estos recursos por parte del Estado, y no en la explotación misma. El punto no es si el extractivismo beneficia más al capital nacional, transnacional o a las arcas gubernamentales -que muchas veces terminan formando una sola amalgama- el punto es que la acumulación del capital per se es inadmisible en la medida que desnaturaliza la Naturaleza -sea en la Tierra o en la Luna- y deshumaniza más y más la humanidad misma.

Por lo tanto, la gran tarea es seguir ampliando las luchas de resistencia desde donde construir más y más todas las alternativas que sean indispensables en clave de Pluriverso[30]

 

Por Peter Bloom, Alberto Acosta | 16/07/2021

 

Notas:

[3] Consultar en Alan Marshall (1995); Development and imperialism in space. Space Policy 1995 11(1) 41-52. Elsevier Scicne Limited. UK.

[4] Versión en español disponible en https://www.marxists.org/espanol/luxem/1913/1913-lal-acumulacion-del-capital.pdf

[5] Consultar en el artículo Zygmunt Bauman (2012); El capitalismo como sistema parásito. Disponible en https://ssociologos.com/2012/09/14/zygmunt-bauman-del-capitalismo-como-sistema-parasito/

[6] Consultar en Larry Lohman (2012); Mercados de carbono – La neoliberalización del clima, editores Alberto Acosta y Esperanza Martínez, serie Debate Constituyente, Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.accionecologica.org/mercados-de-carbono-la-neoliberalizacion-del-clima/

[7]  Consultar en José Manuel Naredo (2018); “La ideología económica en la historia y el medio ambiente – Claves para un cambio de paradigma”. Disponible en http://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2018/09/LA-IDEOLOG%C3%8DA-ECON%C3%93MICA-EN-LA-HISTORIA-Y-EL-MEDIO-AMBIENTEcor.pdf.

[8] Libro disponible en https://www.ellibrototal.com/ltotal/ficha.jsp?idLibro=6116

[9] Expresión latina que fue tan utilizada en épocas del imperialismo clásico y que servía para denominar los territorios que iban siendo conquistados, desconociendo incluso de manera brutal la existencia de los pueblos originarios. Una realidad que todavía está vigente al expandir las fronteras de los extractivismos.

[10] En ocasiones el caos de la competencia presiona a que los capitalistas acumulen capital e incrementen la producción por encima de las capacidades de consumo de los mercados (sobre todo si los salarios son bajos). Cuando esa tendencia se generaliza, la sobreacumulación provoca crisis por desequilibrios en los sectores productivos y una contracción de sus tasas de ganancia. Y si las tasas de ganancia caen por debajo de un nivel “adecuado” para los capitalistas, éstos desinvierten su capital en la producción (pudiendo moverlo hacia la especulación), lo que puede generar nuevas crisis y acentuar las ya existentes. Por tanto, aquí puede encontrarse una de las causas de las crisis cíclicas del capitalismo.

[11] Consultar el artículo de Isidro López (2014), David Harvey: la conquista del espacio. Disponible en https://www.diagonalperiodico.net/global/24951-david-harvey-la-conquista-del-espacio.html

[12] Ver en Victor L. ShammasTomas B. Holen (2018);  One giant leap for capitalistkind: private enterprise in outer space

Disponible en https://www.nature.com/articles/s41599-019-0218-9

[13] Aquí cabe mencionar los “Tratados y Principios de las Naciones Unidas sobre el Espacio Ultraterrestre” (2002). Disponible en https://www.unoosa.org/pdf/publications/STSPACE11S.pdf

[14] Ver en Victor L. ShammasTomas B. Holen (2018);  One giant leap for capitalistkind: private enterprise in outer space

Disponible en https://www.nature.com/articles/s41599-019-0218-9

[15] Consultar en https://trumpwhitehouse.archives.gov/presidential-actions/executive-order-encouraging-international-support-recovery-use-space-resources/

[16] https://www.investors.com/news/spacex-starlink-impressed-air-force-in-big-live-fire-exercise/

[17] https://spacenews.com/spacex-president-gwynne-shotwell-we-would-launch-a-weapon-to-defend-the-u-s/

[18] https://observer.com/2020/10/elon-musk-spacex-military-rocket-contract-deliver-weapons/

[19] Cabe tener presente la creciente vinculación que existe entre extractivismos y tecnologías: Pablo Gámez-Cersosimo, La hermandad de la industria tecnológica y la minería a cielo abierto, 30 de junio 2020. Disponible en https://www.ocmal.org/la-hermandad-de-la-industria-tecnologica-y-la-mineria-a-cielo-abierto/ Una relación presente desde hace más de 500 años, como reseña en un magnífico libro Horacio Machado Araoz (2019); Potosí, el origen – Genealogía de la minería contemporánea. Serie Debate Constituyente, editores Alberto Acosta y Esperanza Maartínez, Abya-Yala, Quito. Disponible en https://rosalux.org.ec/pdfs/Potosi-el-origen.pdf.

[20] La lista de artículos de prensa sobre el tema crece aceleradamente. Mencionemos a modo de ejemplo: La minería espacial ya no es ciencia ficción, disponible en https://www.rcinet.ca/es/2021/04/09/mineria-espacial-ciencia-ficcion-outer-space-mining-treaty-canada-international/ o Minería Espacial: La ambición de Trump por nuevos recursos, disponible en https://www.reporteminero.cl/noticia/reportajes/2020/04/mineria-espacial-la-ambicion-de-trump-por-nuevos-recursos

[21] Space mining is not science fiction, and Canada could figure prominently, 4 de abril 2021. Disponible en  https://theconversation.com/space-mining-is-not-science-fiction-and-canada-could-figure-prominently-155855

[22] Aunque los acuerdos Artemis van m+as allá del tema de la extracción de recursos, el discurso de la NASA al respeto es claro. Consultar https://www.nasa.gov/specials/artemis-accords

[23]https://spacenews.com/japan-passes-space-resources-law/ 

[24] Resulta fundamental tener conciencia de lo que representan estas actividades extractivas. Entre los muchos textos que podríamos recomendar mencionamos uno muy claro, el de Eduador Gudynas (2015); Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza. CEDIB y CLAES, Cochabamba (Bolivia). Disponible en http://gudynas.com/wp-content/uploads/GudynasExtractivismosEcologiaPoliticaBo15Anuncio.pdf

[25] Consultar el libro de Jürgen Schuldt (2013); Civilización del Desperdidico Psicoeconomía del consumidor, Universidad del Pacífico, Lima. Disponible en https://repositorio.up.edu.pe/bitstream/handle/11354/956/SchuldtJ%C3%BCrgen2013.pdf?sequence=5&isAllowed=y

[26] Consultar en Teresa Pultarova (2021) Air pollution from reentering megaconstellation satellites could cause ozone hole 2.0 Disponible en https://www.space.com/starlink-satellite-reentry-ozone-depletion-atmosphere 

[27] Consultar el artículo de Aaron C. Boley, Michael Byers (2021); Satellite mega-constellations create risks in Low Earth Orbit, the atmosphere and on Earth. Disponible en https://www.nature.com/articles/s41598-021-89909-7#Sec7  

[28] Estos derrames tienen efectos muchos más profundos y extendidos que los impactos locales de los emprendimientos específicos, nos recuerda este autor, uno de los que más ha estudiado el tema. (Idid.)

[29] Ver Raúl Zibechi (2021); La militarización, fase superior del extractivismo. Disponible en https://www.jornada.com.mx/2021/03/26/opinion/020a2pol

[30] Kothari, Ashish; Salleh, Ariel; Escobar, Arturo; Demaria, Federico; Acosta, Alberto: editores (2019); Pluriverse – A Post-Development Dictionary, Tulika Books, India. Disponible en  https://www.radicalecologicaldemocracy.org/pluriverse/

Existen también ediciones en castellano en Ecuador (Abya-Yala/ICARIA), España (ICARIA), Perú – Bolivia (CooperAcción, CEDIB), Italia y próximamente en Brasil.

Peter Bloom: Activista estadounidense residente en México. Es fundador y coordinador general de Rhizomatica, un grupo dedicado a reimaginar las nuevas tecnologías en contextos comunitarios. Investigador del Centro de Investigación en Tecnologías y Saberes Comunitarios (CITSAC).

Alberto Acosta: Economista ecuatoriano. Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Autor de varios libros.

Publicado enMedio Ambiente
Fuentes: El tábano economista

Lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas. Lo que ocurre las redes sociales se queda (CIA) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA)

Vendedor de casa, presentador de reality show, defensor de las libertades individuales y los derechos de los consumidores, de un día para el otro pasó a ser un obcecado regulador y querellante de las grandes empresas tecnológicas. La metamorfosis y los zigzagueos del expresidente Trump tienen apariencia peculiar, pero como veremos no son inocentes.

Después del ataque del 6 de enero al Capitolio de los Estados Unidos por parte de alborotadores empeñados en evitar que el Congreso certificara la victoria electoral del presidente Biden, todas las principales plataformas sociales, Facebook, Twitter, YouTube, Instagram, desconectaron las cuentas del presidente Donald Trump. Las empresas citaron reglas internas sobre el uso indebido de sus plataformas para difundir información errónea e incitar a la violencia.

Las grandes tecnológicas actuaron como la computadora Multivac del cuento de Isaac Asimov “sufragio universal” (año 1955). El autor supuso para un lejano futuro en el momento de escribir el cuento, el sufragio universal en el que toda la población expresa su voluntad a través del voto, habría dado lugar a otro mecanismo en el cual el presidente sería elegido por un único elector en representación de todo el país. Este votante será elegido por una gran computadora llamada Multivac, un gran engaño de simulación democrática, al igual que las tecnológicas, ellas son las elegidas para censurar a un usuario en el nombre del país.

Dadas ciertas características, que veremos más adelante, las redes sociales se atribuyen la acción estatal de restringir el discurso de una persona, rol que extrañamente podrían ejecutar los privados por carecer del poder de policía para efectuarlo. Lo cierto es que, no sólo lo hicieron con el presidente de la mayor potencia mundial, sino que distrajeron la atención entre dos temas centrales. La capacidad monopólica de sus empresas por un lado y por otro su anhelo de autorregulación de publicaciones en sus redes, lo que la Corte Suprema americana llamo “La plaza pública moderna”, donde los oradores tienen derecho a exigir acceso a sus plataformas del mismo modo que tienen derecho a participar de debates en plaza pública. 

Comencemos con lo más oculto, la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones. Esta permite a los operadores de sitios web elegir quién y qué aparece en sus páginas sin temor a ser responsables. En la Ley de Decencia en las Comunicaciones del año 1996 se encuentra una de las herramientas más valiosas para proteger la libertad de expresión y la innovación en Internet: la Sección 230 dice “Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o el relator de cualquier información proporcionada por otro proveedor de contenido de información” En otras palabras, los intermediarios en línea que alojan o vuelven a publicar discursos, están protegidos contra una serie de leyes que, de otro modo, podrían utilizarse para responsabilizarlos legalmente de lo que otros dicen y hacen.

Este marco legal y de políticas ha permitido que los usuarios de YouTube o cualquier plataforma carguen sus propios videos, Amazon ofrecen innumerables reseñas de usuarios, Facebook y Twitter albergar anuncios clasificados, gratis o pagos, para cientos de millones de usuarios de Internet. Dado el gran tamaño de los sitios web generados por los usuarios, Facebook tiene más de mil millones de usuarios, Twitter 340 millones. Los consumidores de YouTube cargan 100 horas de video por minuto, por lo que no sería descabellado que aparecieran contenidos objetables en sus redes sociales. Este sería el discurso ingenuo.

La capacidad de las redes sociales en intervenir en las elecciones, no solo de Estados Unidos, sino de Brexit, Argentina, Brasil etc son conocidas. Los dueños de las redes tenían preferencia en la interna Demócrata, y una de ellas era deshacerse del ala progresista del partido y de Elizabeth Warren en particular, una de las candidatas favoritas allá por octubre del 2019. Ella proponía según una grabación filtrada de una reunión de la empresa publicada por The Vergesegmentar a las grandes empresas tecnológicas. Pero el problema no radicaba sólo en desmembrar los monopolios, sino que la candidata aseguraba que la plataforma le había dado a Trump rienda suelta para mentir “para después pagarle a Facebook enormes sumas de dinero para difundir esas mentiras a los votantes estadounidenses”, haciendo referencia a Fake News y Trolls.

En ese momento Kamala Harris se había retirado de la interna demócrata por tener sólo el 1% de los votos. Cuando fue convocada por Biden los magnates de las Big Tech respiraron tranquilos, Harris mantiene fuertes lazos con Silicon Valley más allá de haber nacido y haberse educado en San Francisco. De su cercanía surgió la idea de un acuerdo. Las tecnológicas apoyarían la campaña de los demócratas y ellos se comprometen a votar porque las empresas se autorregulen y no sea el gobierno quien ponga un marco regulatorio. El desmembramiento como veremos, judicializado a esa altura parece inevitable. Pero la pregunta sigue siendo ¿Por qué es tan importante conformar a los nuevos zares de los mediáticos?

Gran parte del público mundial se informa a través de las redes sociales y por lo tanto las mentiras y el apoyo de los dueños de las redes, puede inclinar la balanza hacia el partido elegido, multiplicando falsedades y eliminando cuentas de otras tendencias por contener información sospechosa, según ellos mismo. El escándalo de Cambridge Analytica, el ceder Google datos a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), entre otras para beneficio de sus propios intereses forma parte del combo información y datos, que de hecho influye en las tendencias y los humores de los votantes.

El periódico NYT a través de un estudio, público el impacto que tuvo la suspensión de las cuentas en las redes sociales del ex presidente Trump. Nos resultará central en esta parte del artículo, para mostrar la fuerza de la gozan las redes sociales y el poder de digitar y modificar tendencias de opinión. Donald Trump antes de la suspensión de sus cuentas tenía: 89 millones de seguidores en Twitter, 35 millones en Facebook y 24 millones en Instagram. Para tener una idea, el programa de política en horario central más visto de la tv América en FoxNews tiene 3 millones de espectadores, es decir, Trump no necesita de los medios convencionales.

Cuando 17 plataformas entre ellas Facebook y Twitter inhabilitaron las cuentas de Donald Trump después del asalto al Capitolio, perdió el acceso directo a sus megáfonos más poderosos. El 4 de junio, Facebook anunció que al expresidente de Estados Unidos no se le permitiría regresar a su servicio hasta por lo menos enero de 2023, con el argumento de que su presencia en las redes representa un riesgo para la seguridad pública.

The New York Times examinó las casi 1600 publicaciones de Trump en redes sociales desde el 1 de septiembre hasta el 8 de enero, el día en que le suspendieron sus cuentas en las plataformas. Rastrearon la interacción de las redes sociales con decenas de declaraciones que escribió en su sitio web personal, en su sitio de recaudación de fondos para la campaña y en los correos electrónicos enviados a una lista de suscriptores.

Antes del veto, una publicación en redes sociales con interacción promedio generaba 501.000 “me gusta” y “compartir”, por lo que publicación al menos se duplicaba. Después del veto, dicha cantidad se desplomó a 36.000.  También se cerraron otras cuentas populares en las redes sociales a menudo tomaban sus mensajes y los publicaban. El hecho es que el presidente desapareció de la escena, ese es el riesgo de la autorregulación, los dueños de las redes pueden optar como Multivac, quien es digno de ser replicado y quien callado.

En cuanto al segundo tema El Subcomité Antimonopolio del Comité Judicial de la Cámara de Representantes publicó el 6 de octubre del 2020 los hallazgos de su investigación de más de 16 meses sobre el estado de la competencia en la economía digital, especialmente los desafíos presentados por el dominio de Apple, Amazon, Google y Facebook y sus prácticas comerciales.

El informe, titulado Investigación de la competencia en el mercado digital: informe y recomendaciones del personal mayoritario, totaliza más de 400 páginas, lo que marca la culminación de una investigación que incluyó siete audiencias del Congreso, la producción de casi 1.3 millones de documentos y comunicaciones internas, presentaciones de 38 expertos en antimonopolio y entrevistas con más de 240 participantes del mercado, ex empleados de las plataformas investigadas y otras personas. Si les interesa está aquí .

“Tal como existen en la actualidad, Apple, Amazon, Google y Facebook poseen cada uno un poder de mercado significativo en grandes sectores de la economía. En los últimos años, cada empresa ha expandido y explotado su poder de mercado de manera anticompetitiva”. “Nuestra investigación no deja lugar a dudas de que existe una clara y apremiante necesidad de que el Congreso y las agencias de aplicación de las leyes antimonopolio tomen medidas que restauren la competencia, mejoren la innovación y protejan nuestra democracia. Este informe describe una hoja de ruta para lograr ese objetivo”.

La lista de recomendaciones incluye:

  • Separaciones estructurales para prohibir que las plataformas operen en líneas de negocio que dependen o interoperan con la plataforma;
  • Prohibir a las plataformas participar en la auto-preferencia;
  • Exigir que las plataformas hagan que sus servicios sean compatibles con las redes de la competencia para permitir la interoperabilidad y la portabilidad de los datos;
  • Obligar a que las plataformas proporcionen el debido proceso antes de tomar medidas contra los participantes del mercado;
  • Establecer un estándar para proscribir adquisiciones estratégicas que reduzcan la competencia;
  • Mejoras a la Ley Clayton, la Ley Sherman y la Ley de la Comisión Federal de Comercio, para alinear estas leyes con los desafíos de la economía digital;
  • Eliminar las cláusulas de arbitraje forzoso anticompetitivas;
  • Fortalecimiento de la Comisión Federal de Comercio (FTC) y la División Antimonopolio del Departamento de Justicia;
  • Y promoviendo una mayor transparencia y democratización de las agencias antimonopolio.

Ambas disputas están relacionadas, tanto el poder monopólico como la autorregulación, pero esta última está más oculta por las consecuencias políticas y de espionaje que acarrea. Nadie sabe bien en que terminarán, pero en varios países de Latinoamérica, aun no regulado la captación de datos, las fake news, pueden producir mucho daño. Recuerden que si al establishment no le gusta a quien votaron, se agitará el fantasma del fraude. Quizás Multivac y las redes puedan digitar quien será el próximo defensor del statu quo según el país que corresponda.   

Por Alejandro Marcó del Pont | 15/07/2021

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