Dispositivo de Dsruptive en funcionamiento

La implementación de chips o dispositivos dentro de la piel humana ya es posible. Una empresa en Suecia, con origen español, está utilizando esta idea para buscar soluciones en el ámbito sanitario.

 

Juanjo Tara, ingeniero informático, diseña dispositivos implantables en humanos desde 2016. Él, en concreto, tiene dos implantados, uno en cada mano. Cada vez que pasa una de sus manos por su teléfono, como hace durante la entrevista para hacer una demostración, se enciende una luz LED parpadeante debajo de la piel, indicando que el dispositivo está siendo usado. Pero utiliza un reloj analógico, porque considera que la utilización de la tecnología es una decisión personal y libre.

Con 19 años salió de Almería para empezar a formarse. Desde entonces, ha vivido en Madrid, Bruselas, Oslo, Estocolmo y China. Ahora, con 35, ha vuelto a la ciudad en la que nació para establecer la oficina de ingeniería de su empresa, DSruptive, que se dedica a vender implantables tecnológicos para humanos desde su lanzamiento, hace un año, y desde Suecia, donde tiene su sede.

Con su tecnología, que por ahora solo venden a empresas, el usuario puede entrar en su edificio de oficinas, hacer fotocopias o abrir su cuenta de LinkedIn en un móvil al que acerque su mano. Juanjo Tara asegura que esto es solo el principio. En la actualidad están desarrollando dos proyectos en paralelo, uno de ellos directamente relacionado con la sanidad, como por ejemplo, para que el dispositivo sea capaz de medir la temperatura corporal del usuario. El emprendedor y mentor de Open future de Telefónica contesta a las preguntas de elDiario.es días después de haber cerrado una ronda de financiación de 400.000 euros para seguir con el proyecto. “Podría usarse para monitorear la propagación de una epidemia como el virus COVID-19”, se puede leer en la página web de DSruptive

Además, la pandemia de COVID-19 hizo viral la pregunta sobre si era posible que a través de una vacuna se implantara un chip en las personas. Juanjo Tara fue uno de los expertos que lo desmintió.

¿Cómo empezó a interesarse por este tipo de dispositivos?

Pienso mucho en la evolución tecnológica. Al principio, se necesitaba un ordenador de mesa. Luego, se pasó a la era del ordenador personal y se convirtió en una herramienta más. De eso hemos pasado al móvil, coche y relojes inteligentes… Cada vez la tecnología se acerca más al cuerpo. El móvil lo puedes separar, pero un smartwatch ya está sobre el cuerpo. El siguiente paso de la tecnología es pasar la pequeña gran frontera que es la piel. 

Yo creo que va a llegar, aunque la pregunta es cuándo. Si preguntamos a la gente, puede contestar que en veinte años, pero si tenemos la tecnología ahora, se puede empezar a desarrollar. Va a llegar porque cada vez queremos saber más de nosotros, queremos más información. Será nuestro dispositivo u otro, pero va a pasar.

En España eso puede sonar un poco a ciencia ficción.

En Suecia hay unas 10.000 personas con un dispositivo implantado. Estamos vendiendo miles de unidades a Japón y Estados Unidos. En Londres empieza a moverse también. Es cuestión de tiempo. Requiere un esfuerzo para que en cada país haya empresas que promuevan, vendan, distribuyan… y cada país tiene una legislación diferente. Pero va a llegar y, mientras llega, nosotros hemos decidido apostar por la parte médica. Estamos trabajando en un dispositivo nuevo que todavía no podemos decir qué va a hacer, pero podemos decir que ya estamos haciendo los ensayos clínicos en el hospital de Estocolmo. Entendemos que por ahí, por la sanidad, puede haber mucho más impacto a nivel sociedad.

¿Cuáles son las actuales funciones del dispositivo?

Este dispositivo fue una prueba de concepto, mi demostración de que podemos hacer una tecnología nueva o que todavía no estaba desarrollada. En Suecia, el tren lo tiene integrado, puedes llevar el billete en el dispositivo y pasar la mano para entrar. En el centro de oficina de negocios donde estamos, no se lleva tarjeta, se entra pasando la mano. Igual que en las máquinas de vending, para entrar al despacho, hacer fotocopias o traspasar información. Puedo poner información de mi LinkedIn y pasarlo por tu móvil y que lo lea. Es como una tarjeta, que utiliza tecnología NFC. 

¿Se puede utilizar para pagar? Suecia espera operar “sin efectivo” para el año 2023.

Ahora mismo, para pagos tradiciones como con Visa o Mastercard no, porque hace falta hacer una certificación con ellos, aunque imagino que llegará un momento en el que se consiga. 

¿Cómo funciona el dispositivo? ¿Qué tipo de información almacena?

La información se la mandas tú a través de una aplicación de móvil. Se puede encriptar y poner contraseña o que una parte sea pública y otra privada. Tiene muchas configuraciones. Es un dispositivo pasivo, de dos kilobytes de memoria, que solo funciona cuando lo acerco al NFC. Mientras, está apagado, como si no existiese. No tiene botones y nosotros no queremos que sea un dispositivo que esté constantemente encendido. Queremos que se active cuando el usuario lo decida, para que no pierda el control de la tecnología. Tenemos una serie de valores éticos que no queremos pasar.

Ningún dispositivo puede ser implantado forzosamente. Es decir, ninguna empresa puede obligar a nadie a ponérselo. Intentamos que el proceso sea super transparente para que quien lo tenga sea porque él ha decidido tenerlo. Es la base de nuestro trabajo, como entendemos que estos dispositivos tienen que funcionar. Que no nos suene a la serie Black Mirror.

¿Cómo ha afectado la COVID-19 a vuestro proyecto?

El coronavirus ha conseguido poner la salud en el punto de mira de la opinión pública, que haya una conciencia de que la salud es lo más importante. A largo plazo, la pandemia va a marcar una generación.

Lo que ha hecho esta situación ha sido acelerar la digitalización, porque con el confinamiento hubo una hipernecesidad de comunicación a través de la tecnología, y eso ha hecho que la curva de aprendizaje fuese exponencial, aunque la brecha digital se ha notado bastante. Al final si la tecnología cubre una necesidad que realmente tenemos, la vamos a usar, el problema es que estamos sobresaturados de tecnología sobre cosas que no necesitamos. 

Por ejemplo, si el día de mañana tenemos que usar unas lentillas o gafas de realidad virtual porque es el siguiente paso para comunicarnos como es el Whatsapp de ahora, vamos a aprenderlo, porque al final lo que te aporta es mucho más que las desventajas. Ahora, continuamos haciendo un juicio de valor sobre la tecnología, pero el esfuerzo cuando es natural está bien.

En vuestro campo, ¿cómo se conectan la parte de tecnología y la salud?

Si empezamos a usar tecnología implantable electrónica que dura de entre 30 a 50 años, lo mismo podemos aportar nuevas soluciones frente a las medidas temporales actuales. Si conseguimos desarrollar un dispositivo que puede estar toda la vida contigo, que te va a medir parámetros médicos cuando los necesites… podemos llegar a una salud 2.0. Un tipo de tecnología que aprende para ti. 

Ahora, por ejemplo, si una persona necesita hacerse una prueba médica, la prueba se realiza en un lugar y momento determinados. Y ya está. Es una fotografía en un instante, pero lo mismo, por lo que sea, puede que esa no sea la imagen real. No hay un dispositivo que haga un seguimiento a diario. Por ahí es por donde nosotros queremos enfocarnos. Pero, como he dicho antes, sin que sea algo invasivo.

¿En qué punto de vuestro nuevo proyecto os encontráis? 

Ahora estamos en el foco de sanidad. Primero queremos certificar todo, que sea compatible con el cuerpo humano, hacer todas las pruebas de compatibilidad que necesitamos… Pasar las certificaciones de calidad. El cristal es biocompatible, la cápsula donde está la tecnología es un cristal médico de implantes, solo que nosotros lo diseñamos y hacemos a nuestra medida. No tiene ningún tipo de rechazo porque está probado médicamente y se usa desde que se empezaron a hacer implantes médicos. 

¿Si los dispositivos están relacionados con la salud de las personas serán más fácilmente aceptables por la sociedad?

Un marcapasos por ejemplo. Un marcapasos lo tenemos asumido como normal. Es curioso porque mucha gente piensa que vamos a ser cíborg. Pero, ¿cuál es el concepto del cíborg? Porque si tu tienes un marcapasos, ¿eres un cíborg o no? ¿Dónde está el límite? ¿En si usas algo porque estás enfermo o si solo lo usas para ampliar tus capacidades? Hay preguntas que todavía no están resueltas. Todavía queda mucho trabajo por hacer y al final va a ser una decisión personal usarlo o no.

¿Cómo podría ayudar vuestro dispositivo a la salud? ¿Qué ventajas tendría?

Yo soy muy optimista con esto, porque entiendo lo que puede ayudar, no solo en los países más desarrollados. Imagina un implante low cost para detectar enfermedades en países con menos potencial económico. Yo creo que puede ayudar muchísimo el tener a una persona con un dispositivo a través del cual se le pueda tratar o diagnosticar determinadas enfermedades durante 30 años. Aunque sea detectarlo, yo creo que tiene muchas posibilidades y mucho potencial para mejorar la salud de todo el mundo.

¿Cuál es el público objetivo de vuestro actual dispositivo?

En 2017, hicimos una prueba en un centro comercial en Gotemburgo. Ofrecimos 500 euros de crédito para gastar en los comercios a cualquier persona que quisiera ponerse un implante. Pusimos nuestros terminales, que no eran de pago real pero valían como dinero que luego se canjeaba. Esperábamos que el resultado iba a ser: 90%, hombres jóvenes de 20 a 40 años. Y luego vimos el mismo porcentaje entre hombre y mujeres, con edades comprendidas entre los 22 a los 67 años. Cada uno le ve su ventaja al dispositivo. Uno decía que era muy cómodo, otro que podía vacilar… cada uno tiene su objetivo, su concepto. Esa fueron otras de las razones en las que dijimos “igual esto no es solo para nerds”.

Ya ha pasado el momento del “wow” a pensar que es usable, cómodo y práctico. En este momento, yo lo veo muy parecido a cuando se inventaron los ordenadores, que era una tecnología muy primitiva. Siento que ahora está en esa etapa y que es el primer paso para profesionalizar todo y estar dentro del mercado.

Por Ana R. Segura

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21 de noviembre de 2020 22:54h

IBM crea la computadora más pequeña del mundo

La multinacional estadounidense IBM ha creado el ordenador más pequeño del mundo y se propone presentarlo en el IBM Think 2018. El evento tiene lugar entre los días 19 y 22 de este mes en la ciudad de Las Vegas, en el estado de Nevada (EE.UU.). Según la compañía, el dispositivo se caracteriza por su tamaño, ya que es más pequeño que un grano de sal gorda.


Este miniordenador de IBM tiene la potencia de un chip x86 (que corresponde al microprocesador Intel 80386, introducido en 1990), según informan en Mashable, lo cual significa que tiene una potencia muy inferior a los ordenadores actuales, aunque esto es algo comprensible, teniendo en cuenta sus diminutas dimensiones. Según IBM, su coste de fabricación será menor de 10 centavos de dólar e incluirá “cientos de miles de transistores”. Asimismo, permitirá “monitorizar, analizar, comunicar e incluso actuar sobre los datos”.


El innovador aparato trabajará con ‘blockchain’, que es una base de datos distribuida y formada por cadenas de bloques diseñadas para evitar su modificación una vez que un dato haya sido publicado. Otra de las características del miniordenador es que intentará ayudar a rastrear el envío de productos y detectar robos, fraudes e incumplimientos, así como ejercer funciones básicas de inteligencia artificial.


La reconocida compañía dedicada al mundo de la tecnología asegura que esto es solo el principio. Según el responsable de investigación de IBM, Arvind Krishna, “en los siguientes cinco años las tecnologías criptográficas –ordenadores tan pequeños como una gota de tinta o un grano de sal– serán incluidas en objetos y dispositivos presentes en nuestro día a día”.


El miniordenador de IBM, que todavía no tiene fecha de lanzamiento, está siendo probado por los investigadores de la compañía, que actualmente trabajan con su primer prototipo.


(Tomado de RT)

Máquinas moleculares poseen elevado potencial en la medicina y la electrónica

Son mil veces más pequeñas que el espesor de un cabello y útiles en el desarrollo de nuevos materiales

 

Un músculo artificial, un nanovehículo o un miniascensor... las creaciones de los ganadores del Premio Nobel de Química son tan minúsculas que no se observan a simple vista. Son mil veces más pequeñas que el espesor de un cabello y pueden utilizarse para desarrollar nuevos materiales, sensores y sistemas de almacenaje de energía en las computadoras, explicó la Real Academia de Ciencias Sueca.

El francés Jean-Pierre Sauvage, el británico Fraser Stoddart y al holandés Bernard Ben Feringa son los padres de las minúsculas "máquinas moleculares" que prefiguran los nanorobots del futuro, capaces de cumplir una gran variedad de funciones en medicina o la vida diaria.

Sauvage, de 71 años, profesor de la Universidad de Estrasburgo, es el primero en haber imaginado estas nanomáquinas, que presenta como un "ensamblaje molecular capaz de ponerse en movimiento de forma controlada, en respuesta a señales diversas: luz, cambio de temperatura, etcétera".

La experiencia de Sauvage fue desarrollada luego por Stoddart, de 74 años, profesor en la Northwestern University, de Estados Unidos, quien creó un "rotaxano": enhebró un anillo molecular en un fino eje y demostró que el anillo podía desplazarse a lo largo del eje.

Ascensor y músculo

Este descubrimiento le permitió crear un ascensor y un músculo moleculares.

Stoddart creció en la granja familiar en Escocia. "No había ni televisión ni computadora. Se divertía haciendo rompecabezas, desarrollando así una calidad esencial para un químico: reconocer las formas y entrenarse para ensamblarlas", señaló la academia.

Con dos hijas que también son químicas, soñaba con ser un "artista molecular", añadió.

Sauvage, nacido en París y director emérito del Centro Nacional de Investigación Científica, recibió ya la felicitación del presidente galo, François Hollande, para quien la noticia es "un reconocimiento a la excelencia de la investigación francesa y europea".

Finalmente, en 1999, Feringa, de 65 años, de la Universidad de Groninga, consiguió rotar con motores moleculares un cilindro de vidrio 10 mil veces mayor que éstos. Además, en 2011 diseñó una especie de nanocoche con cuatro ruedas.

"Me siento muy sorprendido y muy feliz, porque comparto el premio con dos investigadores que admiro enormemente", expresó.

El científico afirmó “tener la impresión de ser un poco como los hermanos Wright, que volaron (en avión) por primera vez hace 100 años. La gente dijo: ‘¿para qué necesitamos máquinas que vuelan?’ Y ahora tenemos el Boeing 747 y el Airbus”.

"Cuando me llegó la noticia no supe qué decir", explicó Feringa, quien se quedó “un poco impactado por semejante sorpresa. Mi segunda reacción fue: ‘me siento tan honrado y conmovido’”, añadió en declaraciones telefónicas a los periodistas presentes en la Real Academia de las Ciencias de Suecia.

Según el científico holandés, los descubrimientos hechos por él y los otros dos galardonados podrían servir en el futuro para llevar medicación hasta las células.

"Los tres premios Nobel abrieron este nuevo campo de máquinas moleculares" e iniciaron una "revolución", explicó el miembro del jurado Olof Ramström.

Pueden resultar eficaces a la hora de proteger partes del cuerpo de los efectos tóxicos de ciertos medicamentos, como los de la quimioterapia.

El producto químico quedaría oculto en la nanomáquina, y sería enviado a una parte específica del cuerpo o hacia un tumor, antes de ser estimulada con una señal luminosa y así liberar su poderosa carga.

Imitar la función de células, una de las posibilidades

Jazues Maddaluno, del Instituto de Química del CNRS, imagina un mundo en el que unos nanobots sean utilizados para imitar la función de células humanas o incluso de órganos.

"Podríamos intentar hacer una célula artificial, utilizar máquinas moleculares que hacen lo mismo que estas células", dijo.

"Podríamos realizar copias artificiales de estructuras biológicas, que podrían incluso trabajar afuera del cuerpo humano, como filtros para desintoxicar la sangre", añadió.

Algunos expertos esperan que las nanomáquinas puedan utilizarse en prótesis, por ejemplo moviendo un miembro artificial.

Muchas máquinas moleculares ya imitan la función muscular, contrayéndose y expandiéndose en respuesta a un estímulo externo.

En la actualidad muchos grupos de investigación siguen avanzando sobre los descubrimientos de los tres nuevos premios Nobel, por ejemplo a través de motores con los que se puede ahorrar energía.

El desarrollo de las nanomáquinas todavía se encuentra en fase inicial, subrayó el jurado, que lo comparó con el estado de la investigación de los motores eléctricos en los años 30 del siglo XIX.

En la ciudad francesa de Toulouse se podrá conocer pronto lo que son capaces de hacer por ahora los motores moleculares. A principios de 2017 tendrá lugar una competencia con nanovehículos por un circuito de 100 nanómetros. Los espectadores deberán tener paciencia y observar con mucha atención. Los minúsculos vehículos sólo avanzan entre 5 y 20 nanómetros por hora y la carrera puede seguirse gracias a un microscopio de efecto túnel.

Universidad Técnica de Delft-Holanda

 

Investigadores de la Universidad Técnica de Delft, en Holanda, crearon un dispositivo de almacenamiento de datos 500 veces más potente que el mejor de los disponibles en la actualidad, gracias a los átomos de cloro, según un estudio publicado en la revista Nature Nanotechnology.

 

"Teóricamente, permitirían una capacidad de almacenamiento equivalente a la de todos los libros jamás escritos en el tamaño de un solo sello postal", explica el director del estudio, Sander Otte. En los espacios de una rejilla de átomos de cloro sobre una superficie de cobre se almacenan bits y bytes.

 

En homenaje a uno de los padres decisivos de esta tecnología, el físico estadunidense Richard Feynman (1918-1988), los investigadores escribieron en una casilla de sólo 100 nanómetros (una milmillonésima parte de un metro) una parte de su famoso discurso de 1959 There’s Plenty of Room at the Bottom (Hay muchísimo espacio en el fondo), en el cual sentó las bases de la nanotecnología.

 

 

Proceso automatizado

 

Los investigadores se sirvieron de la capacidad de los átomos de cloro para ordenarse de forma autónoma en una cuadrícula bidimensional. Como había menos átomos de cloro de los necesarios para la cobertura completa, se crearon en la rejilla unos espacios, llamados vacantes. Con una de ellas y un átomo de cloro formaron un bit, la unidad más pequeña de almacenamiento de datos. En una proyección horizontal, "vacante arriba, átomo abajo" significa cero, mientras "átomo arriba, vacante abajo" significa uno.

 

Para almacenar datos, los investigadores tuvieron que mover los átomos mediante un microscopio de efecto túnel. Este instrumento permite explicar la estructura atómica de una superficie a través de una punta conductora (un único átomo) y la corriente de polarización aplicada entre ambas. Si se aplica a la punta conductora una corriente de un microamperio, ésta hace que un átomo de cloro se desplace a una vacante.

 

El equipo de expertos ha logrado automatizar el proceso, de manera que el microscopio de efecto túnel traslada los átomos de vacante a vacante hasta que se crean las casillas de bits. Para mantener estable la cuadrícula, cada bit está limitado por átomos de cloro, de manera que no haya un bit al lado de otro.

 

Actualmente, para leer un bloque de 64 bits se necesita un minuto, mientras para escribirlo hacen falta dos. Además, el proceso sólo funciona a una temperatura de 196 grados Celsius. "El almacenamiento diario de datos a escala atómica aún está muy lejos", señala Otte. "Pero gracias a este éxito hemos dado un gran paso adelante".

 

Eso mismo opina Steven Erwin, del Laboratorio de Investigación Naval de Washington. En un comentario al artículo, el experto escribe que independientemente de las complicaciones que traerá la aceleración del proceso de escritura y lectura, se trata de un logro a tener en cuenta, que "estimulará nuestra imaginación hacia el próximo hito".

 

 

Diez avances que quizás podrían cambiar el mundo pronto

Una técnica para hacer transparentes los animales de laboratorio, una pantalla para dispositivos móviles que corrige los defectos visuales y un wifi cargador para eliminar cables son tres de los diez avances actuales que podrían diseñar el futuro. Estas innovaciones, seleccionadas por la revista Scientific American, tienen un gran potencial si logran salir de los laboratorios y muchas también resultarían útiles en países pobres y contribuyen a proteger el medioambiente.

 

Ver cómo se diseminan y multiplican los virus por el cerebro o identificar los nervios periféricos para acelerar la investigación biomédica son algunos de los usos que tiene un animal de laboratorio convertido en transparente una vez muerto. Inspirada por la conocida exposición de cuerpos humanos plastinados, la investigadora Viviana Gradinaru se planteó algo parecido con ratones muertos y consiguió hacerlos transparentes, sustituyendo los lípidos de los tejidos por sustancias químicas y sustituyendo la estructura natural por otra artificial. Los tejidos son tan transparentes que se han conseguido detectar hebras individuals de ARN, dice Gradinaru. También se han podido aislar y marcar células cancerosas de una biopsia de cáncer de piel humano. Obtener mejores mapas de las redes neuronales es otra de las aplicaciones en marcha con esta técnica.


En el área de las aplicaciones de uso cotidiano se presenta una pantalla para dispositivos móviles de comunicación que corrige los defectos visuales del usuario, o sea, las gafas están en la pantalla, mediante una combinación de elementos físicos y programación. Se puede corregir la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y otros problemas de visión, introduciendo los datos del usuario, y se trabaja en un mecanismo de control en el propio teléfono que permita adaptarlo fácilmente a usuarios distintos.


Otra investigadora, Meredith Perry, confió en sus conocimientos para desarrollar una técnica que casi todos le decían que era imposible que funcionara. Es un transmisor de ultrasonidos, en fase de prototipo, que actúa como un altavoz direccional para concentrar en un punto en el espacio la energía mecánica del sonido, energía que un receptor piezoeléctrico conectado a un dispositivo electrónico convierte en electricidad. De esta forma se podrá prescindir de los múltiples cables y cargadores de los dispositivos móviles, afirma la inventora, y también reducir el peso de aviones, naves espaciales y otros vehículos que llevan aparatosos cables de potencia. Antes, se han probado técnicas similares basadas en la resonancia e inducción magnéticas, que funcionan pero tienen muy poco alcance. Los ultrasonidos, en principio, no plantean problemas de seguridad.

En este mismo campo de la energía, se plantea aprovechar la energía disipada en instalaciones industriales en forma de calor, la mayor parte a baja temperatura. Investigadores del MIT han conseguido recuperarla incluso cuando solo se alcanzan los 50 grados, aprovechando el efecto termogalvánico y la creciente eficiencia de los electrodos de las baterías. En el futuro, ven las paredes de las fábricas y las centrales eléctricas cubiertas de baterías que aprovechan el calor para producir electricidad. Mientras tanto, en Arabia Saudí, una diminuta pila de combustible bacteriana, alimentada con saliva, es la base de una interesante línea de investigación. La saliva alimenta las bacterias, que producen electrones, y la pila produce un microvatio de potencia, que es muy poco pero suficiente para alimentar diminutos chips de análisis y seguimiento de enfermedades como la diabetes. Ahora se está experimentando la integración de la célula en un riñón artificial, donde se alimentaría de los fluidos corporales del enfermo para mantener en marcha la máquina.


En biología, la técnica que más atención merece en esta selección es una herramienta para manipular el ADN en un genoma de forma muy precisa y rápida, que ya se está utilizando. Se llama Crispr y que sea tan fácil, rápida y barata está provocando preocupación en algunos sectores científicos por los riesgos que implica éticamente. Al igual que técnicas anteriores que provocaron el auge actual de la ingeniería genética, se basa en un profundo conocimiento de la biología, en este caso de los métodos de defensa de las bacterias frente a los virus. Una proteína utilizada como tijeras por una bacteria para destruir un virus atacante ha demostrado ser ideal para inutilizar genes o insertar material genético nuevo. Las aplicaciones posibles son infinitas. Un investigador ha conseguido eliminar en células humanas la infección por VIH (el virus del sida) e incluso inmunizar las células frente a futuros ataques del virus.


Las células también se pueden reprogramar o controlar con otros métodos, como lograr penetrar su membrana simplemente ejerciendo presión hasta que la deformación produce pequeños agujeros temporales por los que se pueden introducir proteínas, ácidos nucleicos y nanotubos de carbono. A nadie se le había ocurrido hasta hace poco, pero ya existen 16 chips diferentes con canales por los que circulan las células, canales que se estrechan hasta que la deformación permite acceder a su interior para múltiples procesos necesarios en los laboratorios.

En física, el Lego a escala atómica representa uno de los futuros grandes logros de la nanotecnología. Es consecuencia de la creación del grafeno, un material que consiste en una finísima capa de solo un átomo de carbono de espesor, obtenida a partir del grafito (el material de los lápices). Construir estructuras con bloques de grafeno y otros materiales monoatómicos, extraídos, por ejemplo, de la mica, es una tecnología que todavía está poco desarrollada porque presenta grandes dificultades. Se han conseguido ensamblar hasta cinco capas diferentes, y el conjunto resulta ser flexible y transparente. La imaginación no tiene límites respecto a las posibles aplicaciones. "El progreso humano siempre ha seguido de cerca al descubrimiento de nuevos materiales", afirma el premio Nobel André Geim, uno de los descubridores del grafeno.

La lista de avances se completa con un plástico ultrarresistente -llamado Titan- salido de los laboratorios de IBM, que además es reciclable. Es el tipo de material que se puede utilizar en aviones y automóviles y que la industria demanda de forma creciente. Y, finalmente, con una cámara de vídeo que puede detectar nanopartículas, con la misma resolución que los carísimos y complicados microscopios electrónicos. Se podría utilizar para leer mensajes de identificación codificados en todo tipo de materiales, desde un medicamento a un explosivo, por poner un solo ejemplo.

Londres, 20 de septiembre. A modo de degustación de lo que vendrá, especialistas en alimentos dicen que han elaborado la forma de usar la nanotecnología para producir comidas bajas en contenidos grasos o sin grasas, tan apetitosas y satisfactorias como sus versiones comunes.

Las implicaciones podrían ser significativas en el combate a la propagación de problemas de salud como la obesidad, la diabetes y las afecciones cardiacas.

Sin embargo, los expertos dicen que el futuro de la nanotecnología en materia de alimentos podría verse eclipsada por la renuencia de los productores de alimentos a decir abiertamente lo que hacen, ya que temen una reacción de los consumidores similar a la que recibieron los alimentos genéticamente modificados (GM) en Europa.

Los especialistas sostienen que este rechazo a divulgar podría promover la misma desconfianza que llevó a que se tildara a los GM como comida Frankestein en muchas partes de Europa, y podría hacer que se desaproveche durante años parte del potencial de la nanotecnología en materia de alimentos.

Lo que la industria de los alimentos hace en los laboratorios de investigación es estudiar las posibilidades de crear nuevos productos y para ello usa la caja de herramientas de la nanotecnología, dijo Frans Kampers, quien coordina las investigaciones de nanotecnología en alimentos en la Universidad y Centro de Investigaciones Wageningen, en Holanda.

Pero pienso que la industria debería ser más abierta. Debería mostrar lo que podría llegar al mercado en los próximos dos o tres años, porque si no preparamos a la sociedad para estos productos (...) podríamos estar desperdiciando todas esas oportunidades, dijo Kampers.

Escala infinitesimal

La nanotecnología es la ciencia de la manipulación de la materia a escala infinitesimal –mil millonésimas de un metro– que, entre otras cosas, podría ser usada para alterar el cuándo, el cómo y el dónde es digerida la comida en el organismo.

Según un informe del Parlamento británico, el mercado global para la nanotecnología en materia de alimentos ascendió a 140 millones de dólares en 2006 y se espera que trepe a 5 mil 600 millones para 2012.

Al igual que Kampers, legisladores británicos manifestaron su preocupación por la falta de investigaciones de los potenciales riesgos de la nanocomida y por la falta de comunicación del sector alimenticio.

Reuters contactó a Unilever, Kraft y Nestlé, tres de las mayores firmas de alimentos del mundo, pero sólo una quiso hablar en detalle sobre la nanotecnología.

Nestlé indicó en un comunicado vía correo electrónico que no realiza investigaciones en el campo de la nanotecnología. Kraft dijo que no usa nanotecnología ahora, pero que sus equipos de investigación y desarrollo siempre tienen la vista puesta en las investigaciones científicas.

Un director de investigaciones de Unilever, Charles-Francois Gaudefroy, fue más comunicativo, y dijo que si bien la firma no usa nanotecnología en ninguno de sus alimentos en este momento, considera seriamente aplicaciones potenciales para el futuro.

Necesitamos comprender más profundamente cómo funciona esto y luego incorporar ese conocimiento a la forma en que preparamos los alimentos para nuestros productos. Estamos en el comienzo, dijo.

Algo en lo que podrían indagar es en el trabajo de científicos del Instituto de Investigaciones sobre Alimentos (IFR, por sus siglas en inglés) de Gran Bretaña, quienes el mes pasado dijeron que habían hallado una inesperada sinergia que ayudaba a neutralizar la grasa y podría dar lugar a nuevos modos de hacer más lenta la digestión.

En última instancia, podría llevar a la creación de alimentos que hagan que los consumidores se sientan más satisfechos.

Gran parte de la grasa en los alimentos procesados es comida en forma de emulsiones como sopas, yogur, helado y mayonesa. Estamos deshaciendo los mecanismos de digestión usados para descomponerlas, con el fin de que podamos diseñar grasas de un modo racional, para que sean digeridas más lentamente, dijo Poter Wilde, del IFR.

La idea es que si la digestión es más lenta, la sección final del intestino llamada íleon accionará su freno ileoneano, enviando una señal al consumidor que significa que se siente lleno, aunque haya comido menos grasa.

Los expertos consideran prometedora otra nanotécnica que implica la encapsulación de nutrientes en estructuras conocidas como versículas, que pueden ser desarrolladas para descomponer y liberar sus contenidos en etapas específicas del sistema digestivo.

Según Vic Morris, experto en nanotecnología del IFR, esta técnica en una forma más grande, la microencapsulación, está bien establecida en la industria de alimentos. La gran diferencia con la nanoencapsulación es que el menor tamaño podría permitir llevar los nutrientes más lejos o conducirlos a sitios más apropiados.

Morris y Kampers se mostraron relativamente ecuánimes en cuanto a los riesgos potenciales de la nanotecnología cuando es usada de estos modos, pero cuando se trata de nanopartículas, su preocupación aumentó.

Las nanopartículas miden aproximadamente entre uno y 100 nanómetros con una alta relación superficie-volumen, que esencialmente les permite ser más activas que sus primas mayores.

Una sal más salada, o hierro que pueda ser mejor asimilado por el cuerpo para tratar la anemia, son dos formas de nanopartículas promovidas para mejorar alimentos.

Buscan regular

En un esfuerzo por encontrar una forma de etiquetar o regular el uso de las nanopartículas en el futuro, la Comisión Europea creó un proyecto de investigación llamado NanoLyse, destinado a elaborar formas de detectar y medir la nanotecnología en los alimentos.

El sitio web del proyecto dice que por ahora hay muy poca información disponible acerca del impacto potencial de las nanopartículas modificadas sobre la salud de los consumidores.

Los expertos involucrados mencionan algunas estudios que han hallado que las nanopartículas persistentes que no se disuelven o biodegradan, como la nanoplata –la cual puede ser usada en los envases de la comida como modo de extender su vida últil–, podrían penetrar ciertas barreras dentro del cuerpo, lo que entrañaría un riesgo.

Estas partículas podrían ser peligrosas y necesitamos saber más sobre sus efectos tanto en el cuerpo como en el medio ambiente. Dado que estas partículas son muy pequeñas, pueden entrar en las células o incluso en el núcleo de una célula si poseen ciertas características, dijo Kampers.

Reuters
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Londres, 5 de octubre. Un grupo de científicos británicos desarrolla formas de usar nanopartículas como pequeños imanes que puedan calentar y eliminar células cancerosas sin dañar el tejido saludable que las rodea. Los investigadores hallaron que las nanopartículas de óxido de hierro pueden adherirse a anticuerpos que apuntan a esa enfermedad, o inyectarse en células madres que se dirigen a ella, lo que las puede llevar directamente a los tumores que se necesita eliminar.

Calentar las células unos 5 o 6 grados Celsius por encima de la temperatura corporal, con un nuevo dispositivo llamado máquina de alteración magnética de la hipertermia actual (MACH, por sus siglas en inglés), puede exterminar las células cancerosas.

El equipo señaló que el dispositivo MACH era como un horno de microondas que sólo calentara las células indicadas.

Esto ofrece una nueva manera de tratar el cáncer, dijo en una conferencia el equipo de la Escuela Universitaria de Londres.

Acaba con células enfermas

Si podemos lograr que las partículas magnéticas emigren a las células cancerosas, podemos matar sólo esas, dejando intactas las saludables, añadieron los expertos.

Los científicos dijeron que el trabajo estaba en una fase temprana y que aún no se había probado en humanos. Estimaron una década más de desarrollo, refinamiento y evaluación de las técnicas antes de que puedan aprobarse para tratar el cáncer.

Consideramos estar listos para ensayos clínicos en tres años, dijo Quentin Pankhurst, profesor de física de la Escuela Universitaria de Londres.

Otros dos métodos también se mostraron alentadores: uno que emplea anticuerpos para transportar nanopartículas a los tumores de cabeza y cuello, y otro que usa campos magnéticos para dirigir los diminutos imanes a partes específicas del cuerpo que necesitan tratamiento.
Por Reuters
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Miércoles, 17 Junio 2009 06:31

La genómica y el optimismo cientificista

Una de las actitudes que la sociedad occidental ha tenido al juzgar a la ciencia ha sido el optimismo desbordante. La tesis de que la ciencia está capacitada para resolver cualquier problema humano viene desde inicios del siglo XVII y ese optimismo no se ha detenido desde aquel tiempo.
 
Una de las versiones más recientes de esta admiración acrítica por la ciencia se dio hace cinco o seis décadas, cuando se generaron expectativas desmesuradas sobre las posibilidades que tendría la energía nuclear al ser utilizada con fines pacíficos. Se pensaba que sería capaz de generar toda la energía eléctrica del mundo a costos ínfimos, de producir todo tipo de medios de transporte: gigantescos, veloces, comodísimos. Esta esperanza se combinó con las expectativas generadas en la década de los 60 en la “conquista” del espacio extraterrestre.
 
Tal optimismo penetró en los medios masivos de comunicación, la imaginación popular, y así se forjaron ilusiones de viajes a los planetas del sistema solar y a galaxias distantes a velocidades cercanas a la de la luz. Manifestaciones claras de estas posibilidades infinitas se encuentran en antiguas series de televisión, como Viaje a las Estrellas, El túnel del tiempo o Viaje al fondo del mar.
Hoy día la biotecnología, la nanotecnología y la genómica se encargan de revivir estas esperanzas. La publicidad que gobiernos, medios de comunicación y empresas privadas hacen en torno de las posibilidades de estos nuevos campos de investigación sobrepasa con mucho a la realidad. Entre todos ellos se han encargado de difundir falsamente, por ejemplo, la idea de que la comercialización de los alimentos transgénicos resolverá el problema del hambre.
 
Otro tanto se hace con las posibilidades terapéuticas de la genómica y se ha empezado a hacer en México con este tan traído y llevado genoma de “los mexicanos”. Está muy extendida entre la población y en no pocas comunidades científicas la concepción de que para curar enfermedades basta con encontrar los genes que las producen, extraerlos o modificarlos, y asunto solucionado.
 
Pero las cosas no son así de simples, porque en primer lugar los genes no funcionan siempre con estos mecanismos simples de causa-efecto. Son en realidad mucho más complicados. En segundo lugar, porque las enfermedades se deben a factores que están más allá de las causas meramente naturales: la enfermedad es un fenómeno biológico, social y cultural muy complejo.

Los genes, por una parte, no se relacionan con el resto de la célula y del organismo con arreglo a estas relaciones uno a uno. Muchas veces un solo gen puede intervenir en la codificación de más de una característica; en otras ocasiones grupos de genes actúan “coordinadamente”, con lo que pueden dar lugar a la expresión de alguno de ellos bajo ciertas circunstancias y a otros en otras, siendo difícil determinar a priori, las circunstancias específicas en las que esto va a suceder.
 
Pero, además, las causas naturales no están escindidas de la condiciones de vida de la población. De este modo, por mucho que la genómica investigue y encuentre sobre, por ejemplo, el combate al cáncer en pulmones y vías respiratorias; por mucho que los mexicanos llegasen a ser líderes en investigaciones sobre el particular, la frecuencia de estos cánceres no se va a solucionar en ciudades como la de México si no se abaten los niveles de contaminación atmosférica, lo cual quiere decir, cuando menos: limitaciones a la producción industrial, restructuración de los sistemas de transporte, modificando de raíz la prioridad dada a la circulación del automóvil privado; desconcentración de la gran urbe.
 
De manera similar, la fibrosis pulmonar no va a verse reducida hasta no evitar que trabajadores y población en general estén en contacto cotidiano con asbestos. La frecuencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes o alergias se incrementa con situaciones sistemáticas de estrés, ya sea en el trabajo, la familia o los medios de transporte. Y ni qué decir que la genómica no podrá hacer gran cosa frente a la multitud de enfermedades sicosomáticas generadas por la vida cotidiana de hoy día van en aumento.
 
Esto no significa que la genómica no sirva para nada, ni que dé lo mismo si se determinan ciertas secuencias de genes o genomas completos. Significa que la lucha por la salud y contra la enfermedad es una empresa que ninguna ciencia va a ganar por sí sola, porque se requiere antes que nada que la ciencia se desarrolle dentro de un sistema social que considere al ser humano un fin en sí, y no un sistema que lo considere una mera mercancía productora de valor.

Por, Julio Muñoz Rubio 
Publicado enInternacional
Martes, 17 Marzo 2009 06:24

Fidel y el veredicto de la historia

Fidel está canalizando todas sus energías hacia la estratégica “batalla de ideas”, condición necesaria para la construcción de una alternativa poscapitalista y no sólo posneoliberal, como ansían algunos antiguos izquierdistas desilusionados. En la medida en que subsista el capitalismo como modo de producción, su naturaleza explotativa, opresiva y predatoria se manifestará en todas sus expresiones históricas, desde el laissez faire de comienzos del siglo XX hasta el neoliberalismo de finales del mismo siglo, pasando por el keynesianismo y el desarrollismo. La preocupación del Comandante por releer a Gramsci y los clásicos de la teoría marxista se acompaña por un renovado interés en la obra de Darwin y el estudio del impacto de la nanotecnología sobre los procesos productivos y, por lo tanto, sobre los bienes y servicios a los que podría acceder la población. Fidel sabe que las nuevas tecnologías de comunicación e información son un poderoso instrumento de dominación ideológica pero, dialécticamente, también pueden ser un arma formidable para concientizar a la población y facilitar la diseminación del pensamiento crítico, como se hace desde los diversos cursos que ofrecemos en el PLED. Pero su inquietud no se queda allí: lee también sobre el cambio climático, la crisis económica, los procesos políticos y los temas candentes de la realidad internacional. La lista sería interminable.
 
Si bien su recuperación física y el moderado aumento de peso han desdibujado en algo su figura quijotesca del pasado, su intelecto y su corazón siguen siendo fieles a la noble tradición del Quijote y su pasión por enderezar entuertos es tan intensa como antes. Es ese espíritu el que lo llevó a tomar por asalto el Moncada y tiempo después, con Raúl y el Che, a iniciar la epopeya de Sierra Maestra. Tal como lo había pronosticado en su célebre alegato ante los jueces del Moncada, la historia lo absolvió, ¡y cómo! También le otorgó la razón cuando en 1985 demostró matemáticamente la imposibilidad de pagar la deuda externa, contrariando las opiniones de sedicentes “expertos” que elaboraban ingeniosos artificios para demostrar lo contrario. Cuando se derrumbó la Unión Soviética y se vino abajo el (falso) socialismo de Europa Oriental fueron muchos los que le aconsejaron que reconciliara a Cuba con las nuevas realidades de la globalización, arriando las supuestamente raídas banderas del socialismo. El guerrero se negó y contrariando la opinión y los pronósticos de propios y ajenos aguantó el temporal y proclamó a los cuatro vientos que, aunque la Unión Soviética se hundiera, el frágil navío de la Cuba revolucionaria resistiría la tormenta y llegaría a buen puerto. Una vez más, la historia le concedió la razón.
 
También le había sonreído en 1992, en la Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro, cuando denunció en los siete minutos exactos que cada participante tenía asignado la catástrofe ambiental y climática que se avecinaba. Su intervención fue fulminada como apocalíptica y meramente ideológica por muchos de los que el pensamiento convencional identificaba como “realistas” y “expertos.” ¿Quién se acuerda ahora de aquellos enanos? ¿Y qué decir de los gobernantes allí presentes –Menem, Fujimori y otros de su misma ralea– que hicieron oídos sordos ante el discurso de Fidel y que con su criminal indiferencia agravaron el problema? La historia volvió a fallar a su favor cuando, en 1998, convocó a los economistas a discutir la crisis en gestación, en momentos en que el saber oficial aseguraba que no había –y que no habría– crisis sino, a lo sumo, una transitoria desaceleración del crecimiento económico. Una década más tarde los porfiados hechos demostraban una vez más que la razón estaba con Fidel.
 
Este fue el hombre que me honró con su invitación a discutir algunos aspectos de mi ponencia. Le interesó sobre todo el concepto de “burguesía imperial”, concebido para caracterizar el entrelazamiento producido entre las clases dominantes de las principales metrópolis capitalistas y la forma en que unificaron su estrategia de dominación global. Sus integrantes se dan cita anualmente en Davos para coordinar su estrategia a escala mundial, pasar revista a sus efectivos, armonizar sus discursos y políticas y potenciar su influencia política e ideológica a nivel internacional, para lo cual invitan a gobernantes, “expertos” y comunicadores sociales para transmitir la buena nueva. Me pidió detalles, ejemplos, razones por las cuales utilizo ese concepto. Se quejó de su falta de tiempo: no pudo recibir a varios presidentes, y a los que atendió no pudo dedicarles el tiempo que hubiera deseado.
 
Hablamos un poco sobre la Argentina y me dijo que le había sorprendido gratamente la fortaleza y la convicción que demostró la presidenta Cristina Fernández y sus ganas de luchar, pero estaba preocupado por las secuelas del conflicto que el año pasado enfrentó al Gobierno con los sectores del campo. Al examinar el panorama sociopolítico latinoamericano expresó su preocupación porque el péndulo ideológico, que en la última década se había movido hacia la izquierda –si bien con diferente amplitud según los países– pudiera detener su marcha o, peor, iniciar una reversión amenazando la estabilidad o la continuidad de los gobiernos progresistas de la región. Sabe que el imperialismo está al acecho para “corregir el rumbo” de su patio trasero. Lo conoce al detalle y puede decir, como Martí, que “le conozco las entrañas y mi honda es la de David”. Con esa honda tuvo a raya al Goliat americano durante 50 años y terminó por aislarlo: en octubre del 2008 de los 192 países miembros de las Naciones Unidas 185 votaron a favor de una resolución que exigía poner fin al bloqueo contra Cuba. Sólo dos acompañaron al imperio: Israel, la megabase militar estadounidense en Medio Oriente, y Palau, una islita perdida en el Pacífico poblada por 21.000 personas y utilizada como campo de pruebas de la cohetería de la armada norteamericana. Otros dos, las islas Marshall (63.000 habitantes) y Micronesia (107.000) consideraron demasiado tamaña ignominia y se abstuvieron. Pero este mensaje de la comunidad universal es desoído por la Casa Blanca y sus mandantes: el complejo militar-industrial. Estos quieren aprovechar la crisis para volver a “disciplinar” a la región y acabar con la primavera izquierdista. La sucesión del gobierno de la Concertación en Chile parece inexorablemente destinada a reinstalar a un personaje de la derecha en la Moneda, bien sea el oficialista Eduardo Frei o el opositor Sebastián Piñera. Y las previsiones no son mucho más alentadoras para Argentina, Brasil y Uruguay. La crisis económica podría ser el disparador de esa recomposición derechista y esa amenaza no puede ser tomada a la ligera. Si esto se produjera, el aislamiento de Venezuela, Bolivia y Ecuador podría agravarse, poniendo en riesgo la viabilidad política y económica de los proyectos transformadores actualmente en curso con negativas consecuencias para Cuba. También me hizo saber de su inquietud por el acoso a que está siendo sometido el gobierno de Fernando Lugo en Paraguay, y la necesidad de que Argentina y Brasil adopten una postura solidaria y generosa en relación con las dos grandes represas de Yacyretá e Itaipú, cuya propiedad comparten con el Paraguay.
 
Había transcurrido una hora y cuarenta minutos de conversación y era preciso poner fin a este diálogo. Le pregunté si no sería posible que alguien nos sacara una foto porque de lo contrario no serían pocos los que me considerarían un impostor. Fidel accedió de buen grado a mi pedido quejándose burlonamente de que todos le dicen lo mismo y lo obligan a retratarse. Entonces se volvió hacia uno de sus colaboradores y dijo: “A ver. Traigan un espejo”. Se lo traen, se mira y dice: “Humm, ¡se ve bien!”, y es cierto. Estimulado por su buen humor aprovecho para felicitarlo por su recuperación y decirle que lo veo muy bien, con un aspecto tan bueno como el que lucía Ingrid Betancourt cuando se produjo su misteriosa liberación por el ejército colombiano. Una estruendosa carcajada selló la humorada. Nos preparamos para la foto y allí, transportado por el clima relajado, me atreví a decirle que con el logo de Adidas del uniforme de los atletas cubanos sus detractores ahora lo criticarían por hacerle publicidad a una transnacional. Nueva carcajada y, rápido como un rayo, y con su dedo índice repetidamente hundiéndose en mi pecho me dijo, masticando cada sílaba, “es-que-yo-soy-una-víctima-de-tu-burguesía-imperial”. Nuevas risotadas, foto, y un fuerte abrazo de despedida que permite comprobar el buen tono muscular de su físico y, con alivio, que tenemos Comandante para rato.

  Por Atilio A. Boron
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