Martes, 05 Noviembre 2019 06:19

La mujer resistente al alzhéimer

 María Nelly (derecha), una de las pacientes con alzhéimer hereditario de Antioquía (Colombia) que participa en el estudio de esta enfermedad liderado por Francisco Lopera, junto a su hija Yaned. Steve Russell/Getty Images

 El hallazgo de una paciente casi inmune a la demencia hereditaria temprana abre el camino hacia nuevos tratamientos

Durante generaciones, miles de habitantes de la región colombiana de Antioquia han vivido una de las peores maldiciones que puedan imaginarse. Todos ellos tienen una mutación en el gen de la presenilina 1 que hace que con un 99,9% de probabilidades desarrollen alzhéimer poco después de cumplir los 40 años. El hecho de que gran parte de Antioquia haya sido una región de difícil acceso durante siglos ha favorecido el aislamiento de sus habitantes y ha extendido la enfermedad debido a que muchos están emparentados. Desde que el neurólogo colombiano Francisco Lopera descubrió esta situación hace 30 años, este departamento se ha convertido en el epicentro de la búsqueda del primer tratamiento efectivo contra el alzhéimer hereditario y, posiblemente, también contra su variante esporádica, la más común.

El alzhéimer es devastador por muchas razones. Comienza de forma silenciosa unos 20 años antes de que aparezca ningún síntoma y una vez se diagnostica es demasiado tarde para revertirlo. Aunque se han hecho múltiples intentos de conseguir un fármaco efectivo aún no existe ninguno y muchas grandes farmacéuticas han desistido de desarrollar nuevos fármacos tras resultados negativos. Su incidencia va en aumento por el envejecimiento de la población. Solo en España 800.000 personas sufren la enfermedad y cada año se diagnostican 40.000 casos nuevos, según la Sociedad Española de Neurología. Ni siquiera están claras sus causas.

“En Colombia conocemos ya unos 6.000 miembros de la misma familia, todos emparentados, que tienen esta mutación, así que podemos hacer estudios estadísticamente significativos para demostrar si un fármaco contra el alzhéimer funciona o no”, explica Kenneth Kosik, investigador de la Universidad de California en Santa Bárbara. En 2013 arrancó en Antioquia un ensayo clínico con casi 300 personas, unas con la mutación, otras sin ella, para demostrar si el fármaco crenezumab, desarrollado por la biotecnológica californiana Genentech, propiedad de Roche, puede evitar el alzhéimer. Es un estudio casi imposible de realizar en ningún otro lugar del mundo, pues aquí los médicos saben quién desarrollará alzhéimer con casi total seguridad. Los resultados se esperan para 2022, pero gracias a los análisis médicos de los participantes se ha identificado a la única persona resistente a la mutación patológica y la enfermedad que provoca.

Se trata de una mujer que ahora tiene 73 años y que es la primera entre 6.000 portadores conocidos de la mutación que llegó a los 70 años sin rastro de alzhéimer, explican Lopera, Kosik y otros investigadores de Colombia y EE UU en un estudio publicado hoy en Nature Medicine. La mujer ha pedido a los médicos y científicos que no desvelen su identidad porque quiere mantener su anonimato.

Cuando los responsables del trabajo estudiaron el cerebro de esta mujer, vieron que estaba atestado de proteína beta amiloide, el primer marcador molecular del alzhéimer. Estas placas seniles se empiezan a formar 10 o incluso 20 años antes de que la persona sienta ningún síntoma. Pero para que alguien tenga alzhéimer diagnosticado debe haber un segundo marcador que aparece posteriormente: los ovillos de proteína tau que impiden que las neuronas se comuniquen entre sí y que, por un mecanismo que aún no está claro, podrían desencadenar la muerte neuronal y la destrucción de la memoria que caracteriza la enfermedad, que es la principal causa de demencia a nivel mundial. La paciente colombiana tenía unos niveles de tau muy bajos y no desarrolló alzhéimer.

Los investigadores han averiguado cómo se origina la resistencia de esta paciente al alzhéimer a nivel molecular. Esta mujer lleva dos copias del gen APOE 3 Christchurch, una variante rarísima del gen APOE 3. El APOE es el gen que más contribuye al alzhéimer y existen tres alelos, o variantes. La 2 da menos riesgo de lo normal de sufrir alzhéimer, la 4 lo aumenta significativamente, y la 3 es más o menos neutral. Después de analizar el cerebro de la paciente con máquinas de resonancia magnética, secuenciar su genoma y realizar otras pruebas, la colombiana Yakeel Quiroz, investigadora del Hospital General de Massachusetts, en Boston, ha desarrollado un anticuerpo que imita el efecto de la mutación que llevaba esta paciente. Esto ha desvelado cómo puede ejercer su función protectora.

 “Lo que hemos visto es que la proteína que genera el gen APOE de esta paciente interfiere en la unión de las proteínas APOE y HSPG, que fomenta la acumulación de proteínas amiloides y también tau”, explica Quiroz. Esto puede explicar por qué aunque su cerebro mostraba el primer marcador clásico del alzhéimer, no había muestras del segundo y las neuronas conservaban toda su funcionalidad a pesar de que en teoría el cerebro debería estar devastado por el alzhéimer desde hace 30 años. En su estudio, los investigadores dicen que se podría desarrollar un anticuerpo similar u otra molécula que reproduzca este mecanismo para probar si funciona como primer tratamiento contra el alzhéimer hereditario y, posiblemente, también el esporádico.

Quiroz advierte de que es muy pronto para que este descubrimiento pueda ayudar a las personas que sufren la enfermedad en la actualidad y explica que es necesario aún mucho trabajo. El siguiente paso es caracterizar a la perfección el mecanismo molecular detrás de este efecto protector y, a continuación, empezar un ensayo clínico en pacientes con una molécula que lo imite para ver si también puede proteger a personas que no tienen la mutación de esta paciente. Aunque a nivel molecular el alzhéimer hereditario y el esporádico son muy parecidos, dice Quiroz, también hay que demostrarlo. Es un proceso que en el mejor de los casos puede llevar cinco o incluso 10 años, señala. “La paciente tiene ahora 73 años y vemos que ha empezado a mostrar signos de demencia leve, pero aún así es espectacular, pues debería haber sufrido la enfermedad hace 30 años. Si pudiéramos imitar lo mismo en la población general retrasaríamos la aparición de la enfermedad tres décadas”, resalta. Quiroz añade que tiene hijos, por lo que probablemente hay más personas que llevan su mutación protectora y ahora están intentando encontrarlas.

Otro de los objetivos es encontrar la familia en la que se originó la mutación que condena a sufrir alzhéimer. Kosik explica que su equipo piensa que la variante genética llegó a América desde España con los conquistadores, hace 500 años. Su equipo está colaborando con científicos españoles para intentar localizar familias españolas en las que también haya alzhéimer hereditario, quizás debido a la misma variante en el gen de la presenilina 1. Otra opción es que esa mutación "se haya extinguido", reconoce.

Expertos independientes consultados sobre el trabajo destacan su interés, pero piden cautela. “El trabajo abre claramente un enfoque terapéutico”, opina Alberto Rábano, director del banco de cerebros de la Fundación CIEN, con 155 órganos donados por pacientes del Centro Alzhéimer Fundación Reina Sofía. El experto destaca que este trabajo refuerza la idea de que es la acumulación de la segunda proteína patógena, la tau, la que desencadena la dolencia. “Hay que tener mucha prudencia porque aquí solo se muestra una de las posibles vías por las que aparece la enfermedad, pero tener una sola forma de evitar la acumulación de proteína tau es algo muy importante. Un fármaco de este tipo sería el que habría que dar a las personas con deterioro cognitivo leve a las que hoy en día no podemos ofrecer nada. Este descubrimiento nos obliga a explorar este camino”, resalta.

Desde el punto de vista del conocimiento de la enfermedad, el estudio es importante porque “muestra que hay factores genéticos protectores ante la dolencia”, destaca Jesús Ávila, director científico de la Fundación Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas. Ávila señala que en 2012 se identificó otra mutación en personas de Islandia que les protegía de los efectos de otra forma de alzhéimer hereditario, en este caso provocado por un defecto en el gen de la proteína precursora amiloidea. Al igual que en Antioquia, este tipo de defectos se hicieron más prevalentes en los islandeses debido al aislamiento de su población y la consanguineidad.

Carlos Dotti, experto en alzhéimer del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, explica que “estos mecanismos no solo están presentes en esta paciente gracias a su mutación, sino que también están fuertemente operativos en individuos de edad avanzada”. “La mayoría de personas de más de 80 años no desarrolla alzhéimer a pesar de que en muchos de ellos la cantidad de placas de amiloide es muy alta, tanto o más que en individuos que sí desarrollaron demencia. Una de las explicaciones más lógicas a la falta de demencia en un ambiente con gran cantidad de amiloide es la robustez de mecanismos de defensa. Lamentablemente, no hay trabajos que demuestren la importancia en los mecanismos de resiliencia para evitar el desarrollo de alzhéimer, pero este estudio sugeriría que mecanismos parecidos al que protege a esta señora podrían estar involucrados”, añade.

Por Nuño Domínguez

5 NOV 2019 - 04:02 COT

El estudio del cerebro y sus aplicaciones

El estudio del cerebro apunta directamente a conocer su estructura y funcionamiento, algo sobre lo cual, si bien la ciencia ha ganado un amplio terreno, es demasiado lo que falta por conocer.

 

Uno de los programas de investigación científica de más largo alcance de punta hoy es el estudio del cerebro. De un lado, por ejemplo, encontramos la Brain Initiative en Estados Unidos, y de otra parte, en la Unión Europea, el Human Brain Project.

La psicología, las ciencias cognitivas, las ciencias del comportamiento, las neurociencias y las tecnologías aplicadas a las mismas: cinco áreas perfectamente entrecruzadas entre sí, y de una importancia estratégica desde varios puntos de vista.

El estudio del cerebro apunta directamente a conocer su estructura y funcionamiento, algo sobre lo cual, si bien la ciencia ha ganado un amplio terreno, es demasiado lo que falta por conocer. Al fin y al cabo, la condición mínima a partir de la cual los seres humanos hacen algo o dejan de hacerlo es el conjunto de sus creencias, temores, ilusiones, deseos, fantasías, frustraciones, angustias y relaciones con el entorno y con el mundo circundante. Es en el cerebro donde se incuban todas estas instancias.

Pues bien, a partir de, en relación con, las iniciativas y proyectos e investigación sobre el cerebro han emergido algunos campos singulares directamente vinculados o extensiones de las investigaciones en curso. Los más importantes de estos campos son los siguientes:

Neuropsicología: Estudia las relaciones entre los procesos mentales y los comportamentales, directamente vinculados con el conocimiento del cerebro. El neuropsicólogo elabora el diagnóstico y tratamiento de los problemas cognitivos, de comportamiento y emocionales que pueden ser el resultado de procesos en el cerebro.

Neuroética: Originariamente vinculada a la bioética, la neuroética consiste en el estudio de los valores, principios y comportamientos éticos y no éticos que tienen los individuos, de modo que puedan elaborarse diagnósticos y explicaciones acerca de por qué y cómo determinados individuos y colectividades actúan con base en tales criterios éticos, o bien en aquellos otros. No en última instancia, se trata de conocer los valores éticos y morales que se anidan en el cerebro de grupos y sociedades.

Neuroderecho: El sentido de una acción estaría anidado en el cerebro. Así, se trata de estudiar por qué existen patologías jurídicas, comportamientos ilegales, comportamientos antiéticos y tendencias a subvertir la ley con una u otra justificación. El neuroderecho permite conocer y anticipar conductas delictivas a partir del estudio del funcionamiento del cerebro en determinados ámbitos sociales, económicos, religiosos o militares.

Neuromarketing: ¿Por qué hay un tipo de consumidores y no otros? ¿Por qué hay ciertas preferencias y cómo y por qué cambian? ¿Cómo son los sentidos afectivos y emocionales que permiten el consumo o lo inhiben? ¿Cómo surgen y se mantienen los gustos de las personas? Estos son algunos de los ejes del neuromarketing. Todo a partir de determinados estímulos de mercadeo —combinados con propaganda, publicidad y diseño.

Neurociencias sociales: De entrada, este grupo de ciencias, o enfoque, se concentra en la interface entre el sistema biológico de los seres humanos y sus comportamientos, poniendo énfasis en las relaciones entre el sistema hormonal y el sistema neurológico. De esta suerte, el cruce entre afectos y emociones, conjuntamente con procesos cognitivos y mentales, se erige como basamento para la comprensión del mundo social. Más puntualmente, el interés radica en la forma como los comportamientos sociales están marcados o influidos por el sistema inmune, el sistema endocrino, los procesos de metabolización y los aspectos mentales e intelectuales.

Neuroeducación: Establecer por qué hay individuos y grupos que aprenden rápidamente y otros más lentamente es el objeto base de las preocupaciones de la neuroeducación. De esta suerte, el aprendizaje y la didáctica deben poder encontrar en las neurociencias (funcionamiento del cerebro) las razones mismas de la pedagogía. En ninguna área es tan evidente que el aprendizaje y el funcionamiento del cerebro forman un todo integrado que habrá de determinar las capacidades, las habilidades y las destrezas de los estudiantes o aprendices.

Neuropolítica: Una de las áreas más sensible de las aplicaciones de las ciencias neurológicas que la política en general. Esto, todos los gestos, gustos, comportamientos e ideas acerca de poder, alianzas, relaciones, aceptación del statu quo, rechazo del mismo, y otros aspectos concomitantes. En una palabra: quién es amigo del sistema y quién no lo es, tanto como quien podría no serlo. La ciencia de grandes bases de datos, el uso de las tecnologías sociales, internet y machine learning, las redes sociales y las tecnologías de comunicación (celulares, etc.) resulta capital en este plano. La idea aquí no es tanto diagnosticar comportamientos, como leer la mente de los usuarios y ciudadanos y entonces anticipar comportamientos.

Existe, naturalmente, una muy fuerte imbricación entre los campos antes mencionados. Y si en todos el uso de las nuevas tecnologías es determinante, en ninguno lo es como en la neuropolítica. En todos los casos, el afán es finalmente uno solo: conocer el cerebro para controlar comportamientos; conocer el cerebro para predecir conductas.

¿El cerebro? Una observación puntual se impone. En realidad, los seres humanos poseen tres cerebros ensamblados en una sola unidad. Estos tres cerebros son: el reptiliano (emociones), el sistema límbico (sentimientos) y el neocórtex (ideas y conceptos). No es evidente que las grandes, las mejores y las más altas decisiones tengan lugar en el neocórtex.

Vivimos una época que es verdaderamente una bisagra y, en ella, el estudio del cerebro resulta estratégico desde muchos puntos de vista. Asistimos apenas a los primeros atisbos de lo que se viene por delante.

Procesamiento de información y comunicación en los seres vivos

Los seres humanos, que poseen lenguaje en el sentido propio y fuerte de la palabra, han tendido a creer que la única forma de comunicación en la naturaleza es por vía de signos y símbolos. Este es un error de reduccionismo cuando se estudia a la naturaleza.

 

Sin la menor duda, los sistemas vivos logran ser lo que son gracias a que procesan constantemente información de forma creativa y no–algorítmica. Esto quiere decir, los sistemas vivos escanean el entorno 24/7, pero al mismo tiempo responden al entorno creando nueva información, que antes no existía. Literalmente, la supervivencia de un ser vivo consiste en su adecuada capacidad de procesar la información del entorno. Esto es, al mismo tiempo leer el entorno y escribir sobre él, por así decirlo.


El estudio de la forma como los sistemas vivos procesan información constituye el punto de encuentro de tradiciones disciplinares tan distintas como las ciencias de la computación y la biología, la filosofía y la teoría de la evolución, la lógica y las matemáticas no–clásicas, por ejemplo.


Ahora bien, existe un problema estrechamente relacionado y acaso de una complejidad mayor. Se trata, dicho genéricamente, de las relaciones entre información y comunicación, y más particularmente, el tema se refiere a comprender la forma como la comunicación, y por tanto el lenguaje, tienen lugar entre los seres vivos.


Por razones de espacio, me concentraré aquí en el caso de los animales, dejando de lado otros sistemas vivos, como las plantas o las bacterias, por ejemplo.


El punto de partida consiste en el reconocimiento explícito de que, en el caso de los seres humanos, buena parte de la comunicación es corporal, y que la mayor parte de ésta es automática. Como señala un investigador (F. de Waals), “si el lenguaje nos separa del reino animal, la comunicación no verbal nos conecta con él”.


Comprender la comunicación entre los animales constituye el punto de encuentro de la neurobiología, la etología y la filosofía, particularmente.
La comunicación entre los animales es la combinación entre simplicidad y complejidad, o lo que es equivalente, entre la escala innata y la aprendida. Sin ambages, se trata del cruce dinámico y móvil entre genética y especiación, y cultura, literalmente.


La primera condición para el estudio de la comunicación entre los animales es el hecho, aparentemente trivial, de que existen numerosas especies y que, por tanto, cada especie tiene o puede tener un medioambiente diferente. De esta suerte, el conjunto difuso resultante es el cruce entre adaptación y aprendizaje, de un lado, y biología y estereotipos de otra parte.


Desde el punto de vista evolutivo, sin embargo, la diversidad y riqueza de formas de comunicación tiene dos ejes referenciales básicos: la reproducción y la defensa del territorio. Esto quiere decir, por ejemplo, encontrar la hembra o el macho adecuado, o también las amenazas que puede encontrarse con depredadores y otras especies peligrosas en el entorno. Y claro, sin olvidar el papel del juego, prácticamente ubicuo a todo lo largo de la naturaleza animal.


Desde la escala más básica hasta la más compleja, los procesos de comunicación entre animales comprenden:


• La quimiotaxis, esto es, la comunicación a partir de estructuras químicas, y entonces cabe distinguir una quimiotaxis positiva y una negativa. Esto es, aquella que atrae o aleja a un individuo o especie. Un marco adecuado aquí es la química en general y la topología química en particular. No en última instancia, la topología química cuántica.
• La gesticulación, las posiciones corporales y los apéndices constituyen un lenguaje universal entre muchas especies, y un elemento transversal en los procesos de comunicación entre las especies, y al interior de una misma especie.
• Las señales olorosas procesadas de diferentes maneras y en diferentes lugares del organismo son una de las formas más extendidas de comunicación y sobre lo cual existe una amplia bibliografía. Los olores, agradables o repulsivos, conforman una de las formas fundamentales de comunicación. La química en general hace aquí aportes singulares.
• En el caso de las aves y muchos mamíferos inferiores y superiores, los sonidos constituyen una comunicación sin igual. En este espectro cabe distinguir, entre otros, cantos, chirridos, graznidos o chillidos, y según los tonos, los tiempos y las sonoridades. Muchas especies se comunican con infrasonidos. La física aporta contribuciones evidentes al respecto.
• En numerosas especies, por ejemplo, entre los cefalópodos, las señales eléctricas constituyen medios idóneos de procesamiento de información y de comunicación. Estas señales eléctricas no implican en manera alguna una centralidad del cerebro, sino, por el contrario, de los órganos del cuerpo.

• Los destellos de luz son cruciales entre muchos peces y también en el caso de algunas especies de aves. De esta forma, las sensibilidades a espectros de luz y, por consiguiente, a las velocidades en los que suceden estos espectros son determinantes para el buen funcionamiento de la vida.

• La pigmentación de la piel constituye un modo conspicuo de comunicación que no es perceptible para la mayoría de las especies y que, sin embargo, funciona perfectamente en muchos casos.


De forma particular, cada una de estas caracterizaciones admite otras singularidades que no son aquí del caso presentar, pero que tan sólo matizan la idea de base.


Estos sistemas de comunicación permiten, según el caso, entender procesos de competencia y, sobre todo, en la mayoría de los casos, fenómenos de cooperación e integración.


Los seres humanos, que poseen lenguaje en el sentido propio y fuerte de la palabra, han tendido a creer que la única forma de comunicación en la naturaleza es por vía de signos y símbolos. Este es un error de reduccionismo cuando se estudia a la naturaleza.


En contraste con el panorama anterior, cabe subrayar que, en el caso de los seres humanos, los sentidos son esencialmente pasivos. Los humanos percibimos el mundo en su mayor parte de forma pasiva. Lo mismo no puede afirmarse necesariamente en el caso de los animales.

Lunes, 19 Octubre 2015 17:52

La iniciativa BRAIN

La iniciativa BRAIN

La iniciativa BRAIN busca revolucionar la comprensión de la mente humana y tratar, prevenir y curar desordenes y enfermedades de orden cerebral. No en última instancia, cabe subrayar que el principal problema de salud pública alrededor del mundo es la salud mental.

 

De manera significativa, el tercer programa de investigación que cabe destacar aquí es la iniciativa BRAIN (BRAIN initiative, en inglés) que consiste en el estudio del cerebro humano y cuyo nombre significa (Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies – Investigación del Cerebro mediante Avanzadas Neurotecnologías Innovativas). El proyecto se encuentra en el portal de la página de la Casa Blanca: www.whitehouse.gov...
La iniciativa fue lanzada el 2 de abril del 2013 en una empresa entre el sector público y el privado con un capital que hace que los gastos e inversiones en torno al Proyecto Genoma Humano (PGH) sean, comparativamente, muy económicos.


En efecto, el proyecto, que tendrá una duración de 10 años, y que deberá presentar resultados y conclusiones en el 2025, cuenta con un presupuesto de 300 millones de dólares anuales, distribuidos así: los muy prestigiosos Institutos Nacionales de Salud (NHI) aportan 46 millones anuales, la DARPA —la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa— se interesa particularmente por la rehabilitación y alivio de combatientes de guerra y civiles en los efectos postraumáticos de la guerra y las enfermedades neuro–psiquiátricas de un conflicto armado.


Por su parte, la FDA (Food and Drugs Administration –Agencia encargada de la administración de medicamentos y alimentos de los Estados Unidos)– se enfoca en la transparencia del panorama regulatorio de los aparatos médicos neurológicos. La muy importante NSF (National Science Foundation – Fundación para la Ciencia de los Estados Unidos) se encarga del desarrollo de nuevas tecnologías en neurociencias y neuroingenierías. Finalmente, la IARPA —la Intelligence Advanced Research Project Activity – Actividad de proyectos de investigación avanzados en inteligencia— concentra su atención en la forma como en un enfoque multidisciplinar puede comprenderse al conocimiento y los procesos computacionales en el cerebro.


Entre los participantes del sector privado se destacan la industria de fotónica de los Estados Unidos, con un capital de aporte de 30 millones; la transnacional farmacéutica Glaxosmithkline, con una contribución de 5 millones; las Universidad de Pittsburgh, 65 millones; las universidades de California, de Berkeley y la empresa de microscopía Carl Zeiss, con 12 millones; la Universidad Carnegie Mellon, aporta 40 millones; la Fundación Simons, contribuye con 62 millones; el Instituto Allenpara la ciencia del cerebro, financia 60 millones; el Instituto Médico Howard Hughes, 70 millones, y la Fundación Kavli aporta 40 millones.

Como se aprecia sin dificultad, no cabe duda, en absoluto, acerca de la importancia científica, política, social, económica y militar del estudio del cerebro. La administración de Obama responde así a una de las puntas de avance más importantes hacia el futuro en investigación básica que arrojará nuevas luces acerca de las implicaciones que acarreará el conocimiento del cerebro; el sistema nervioso central, el responsable de los contenidos mentales, las decisiones y las acciones de los seres humanos, supuestos elementos culturales en el más amplio y fuerte de los sentidos.


Todos los aspectos científicos y técnicos pueden verse en BRAIN 2025 A SCIENTIFIC VISION Entre las nuevas neurotecnologías de avanzada, en las neurociencias y neuroingenierias, cabe mencionar la metabolómica, la proteómica y la genómica, de un lado; y de otra parte, hibridación in situ e imágenes en vivo. Se trata de aspectos particularmente técnicos y especializados.


La idea de base es justamente la de que la iniciativa BRAIN busca revolucionar la comprensión de la mente humana y tratar, prevenir y curar desordenes y enfermedades de orden cerebral. No en última instancia cabe subrayar aquí que el principal problema de salud pública alrededor del mundo es la salud mental, pues la población, en general, sufre crecientemente de desórdenes de tipo bipolar, depresión, esquizofrenia y muchos otros, todos directamente relacionados de forma creciente con las crisis sociales, económicas y medioambientales en curso en el mundo. Así, los problemas de salud mental representan, sin ambages, un auténtico desafío para la propia salud y funcionamiento de la economía de libre mercado y el funcionamiento de la sociedad como un todo.


Sin la más mínima duda, la iniciativa BRAIN corresponde el paso siguiente necesario a dos episodios anteriores: la secuenciación del DNA y la elaboración del mapa de conectividad neurológica. Las más importantes empresas estadounidenses están altamente comprometidas con esta iniciativa, entre ellas, el motor de toda la sociedad de la información y de la sociedad del conocimiento: Google, cuyo principal mérito consiste en la apropiación y manejo de impresionantes bases de datos en las búsquedas que los usuarios de Google hacen diariamente y que permiten elaborar patrones de pensamiento, de acción, de vida y de consumo. Recientemente, ello ha dado lugar a una nueva ciencia: la física social (Cfr. A. Pentland, Social Physics. How Social Networks Can Make Us Smarter, Penguin Books, 2015. Pentland es un investigador del MIT).


El aspecto verdaderamente relevante aquí es, sin lugar a dudas, el hecho de que la combinación de neurociencia y neuroingeniería permite identificar formas de pensar, de decidir y de actuar de numerosos grupos sociales. Existe, además de un claro interés científico y de políticas de salud (obesidad, depresión mental, identificación de grupos de alto, mediano y bajo riesgo en sus comportamientos antisociales), un evidente interés al mismo tiempo político, militar y económico. Un autor destacado, N. Rose, ha hablado con claridad acerca del modo como estos intereses son claramente intervencionistas. No en última instancia, valga recordar algunas de las aristas del tema, muy activas actualmente: la neuroeconomía, el neuromarketing, la neuropolítica, la neuroeducación y la neuroética. En una palabra, se trata, en toda la línea de la palabra, de un gobierno de la subjetividad.