Algunas de las antenas del complejo ALMA, en los Andes chilenos sobre el fondo de las Nubes de Magallanes. /ESO/C. MALIN

Primeras imágenes del complejo nacimiento de un sistema estelar binario, el más común en el Universo.

Si cada día viéramos dos soles en el cielo en vez de uno estaríamos en uno de los sistemas estelares más comunes del Universo, el de una estrella binaria. Son dos astros ligados gravitacionalmente, que ejecutan una compleja danza guiados por las leyes de la mecánica celeste. Pero cómo llega a formarse este tipo de estructura es algo que nunca se había visto en detalle y por eso las primeras imágenes que se han obtenido de dos estrellas que se están formando en su nube natal suponen una gran noticia.

En las imágenes, filamentos de polvo y gas en forma de espiral salen de un disco de material (disco de acreción) que rodea las dos jóvenes estrellas de masa similar, y que las alimenta a través de una estructura compleja y dinámica que recuerda a los pretzel. El proceso tiene dos etapas. El disco se conecta mediante estos filamentos a otros dos más pequeños que rodean las estrellas nacientes y de los cuales se alimentan. El sistema se va equilibrando de forma que al final las estrellas tienen una masa muy parecida, lo que cumple la teoría sobre la formación de sistemas binarios.

Para obtener las imágenes, un equipo internacional utilizó el observatorio ALMA, que está en Chile, para observar un grupo de jóvenes estrellas en la curiosa nebulosa oscura de la Pipa, a más de 600 años luz de la Tierra. ALMA es un conjunto de 66 radiotelescopios, situado a 5.000 metros de altura, en el que participan el Observatorio Europeo Austral (ESO),que es la gran institución astronómica europea, e instituciones de Chile, Estados Unidos y Japón.

“Vemos dos fuentes compactas, que interpretamos como discos circunestelares alrededor de las dos jóvenes estrellas”, explica Felipe Alves, del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE), que dirigió el estudio. “El tamaño de cada uno de estos discos es similar al del cinturón de asteroides en nuestro Sistema Solar y su separación es de 28 veces la distancia entre el Sol y laTierra”. El disco que rodea las dos protoestrellas tiene una masa total de unas 80 veces la de Júpiter.

“Hemos conseguido por fin observar la compleja estructura de estrellas binarias jóvenes, con los filamentos de alimentación que conectan el disco principal con sus discos”, afirma por su parte Paola Caselli, directora del instituto y coautora del estudio, que se publica en la revista Science y que se ha representado en una animación. En el trabajo ha participado el investigador José Miguel Girart, del Instituto de Ciencias Espaciales (CSIC), quien señala que gracias a la potencia del observatorio ALMA se ha conseguido distinguir mejor el complejo sistema de las jóvenes estrellas binarias y comprender que en ese ambiente sería posible la formación de planetas rocosos como es la Tierra.

Se estima que la velocidad a la que aumenta la masa de los discos circunestelares es de solo una décima parte de la masa de Júpiter por año y esto también está de acuerdo con las predicciones teóricas. Además, el objeto menos masivo de los dos está “engordando” su disco circunestelar más rápidamente que el otro en la observación, aunque los astrónomos reconocen que hacen falta más observaciones similares para apuntalar los modelos.

En el caso de la Tierra, en el Sistema Solar solo hay una estrella y por eso nos parece normal, pero la mitad de las estrellas cercanas al Sol vienen de dos en dos. Su origen parece estar en la fragmentación del disco protoestelar debido a inestabilidades gravitatorias, bastante comunes si nos atenemos a los resultados. En este caso los raros somos nosotros.

15/10/2019 07:38 Actualizado: 15/10/2019 08:00

Estudian enviar avión a Marte a partir de modelos "bioinspirados"

Especialistas construyen patrones a partir de observar el patrón de vuelo de las aves o del proceso natural de evolución

"La técnica busca soluciones a costos cibernéticos razonables"

 

Algunos científicos buscan solucionar problemas complejos en ciencias de la computación a partir de la creación de reglas derivadas de la observación de fenómenos biológicos, como los movimientos de las hormigas, los patrones de vuelo de las aves o el proceso natural de evolución.

A este método se le llama metaheurística bioinspirada, explica Carlos Coello Coello, integrante del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) y premio Nacional de Ciencias y Artes 2012.

El especialista participa en un proyecto con la Japan Aerospace Exploration Agency, en el que se pretende enviar un avión a fotografiar la superficie de Marte en 2020. Para desarrollarlo, usan las metaheurísticas bioinspiradas.

Este método se ha aplicado en la solución de problemas muy complejos de optimización y clasificación que han ayudado, por ejemplo, a mejorar la detección de cáncer de mama, incrementar la velocidad del tren bala de Japón i las redes de distribución de potencia eléctrica, así como para resolver problemas de ingeniería aeroespacial.

Para entenderlo mejor, dice Coello, hay que tener en mente que una heurística es una técnica que busca soluciones buenas a un costo computacional razonable. A cambio de estas ventajas, no se garantiza que el resultado a encontrar sea óptimo, válido o factible, y en algunos casos ni siquiera puede determinarse qué tan cerca se encuentra de la mejor solución posible.

Pese a esta limitante, existen muchos problemas de optimización en el mundo en los que es imposible usar un método exacto que garantice hallar siempre el óptimo.

Además, el rápido crecimiento de la velocidad de los procesadores y el abaratamiento de las memorias de las computadoras que experimentamos hacia finales del siglo XX, han contribuido a popularizar el uso de las metaheurísticas –término acuñado por Fred Glover en 1986–, que se refiere a procedimientos de búsqueda de alto nivel, en los que se combinan varias reglas heurísticas para resolver un problema.

La flexibilidad y facilidad de uso que ofrecen las metaheurísticas las han vuelto una opción recurrente para resolver problemas (sobre todo de optimización) de alta complejidad.

Para quienes trabajan en computación, destaca el investigador, este siglo es el de las metaheurísticas, ya que construir mejores algoritmos (pasos que seguimos para resolver una tarea en particular), permite abrir un abanico de posibilidades y retos, desde optimizar los sistemas de control (robótica, estructuras, etcétera), programación de horarios, bioinformática, minería de datos (sobre todo con grandes volúmenes de datos), calibración de modelos y redes hidráulicas, ingeniería aeronáutica, clasificación y reconocimiento de patrones, problemas de transporte, hasta algoritmos para resolver la sincronización de semáforos en una avenida.

Hay varios ejemplos de metaheurísticas bioinspiradas: los algoritmos evolutivos, los cúmulos de partículas, los sistemas inmunes artificiales, y la colonia de hormigas.

De entre las metaheurísticas bioinspiradas, las más usadas son los algoritmos evolutivos, que se basan en el principio de "supervivencia del más apto" de Charles Darwin.

Una breve nota de antropología de la ciencia

 

La antropología de la ciencia permite comprender el más apasionante de los fenómenos científicos, metodológicos y semánticos actuales, en curso: nos encontramos en medio de una auténtica revolución científica, en donde emergen muy buenas razones y dudas frente a la idea de un método científico único, y del estatuto de dicho método.

 

Es un hecho establecido que, en la ciencia y en la metodología normales, se habla: a) de el método científico (como si no fueran posibles otros, varios, múltiples), y b) del método científico como consistente en observación, descripción, formulación de hipótesis, verificación o contrastación o falsación de la hipótesis con la experiencia, y entonces formulación de un modelo o de una teoría acerca de los fenómenos. Hasta aquí nada nuevo.

La pregunta que surge es: ¿qué explica, por qué razón se asumió desde la modernidad que el método científico consistía o consiste en estos pasos? La antropología aporta luces que permiten entender el mito fundacional de la ciencia clásica y normal imperante.

Cada época desarrolla la ciencia que puede y, al mismo tiempo, cada época desarrolla la ciencia que necesita. Pues bien, sin ambages, toda la ciencia moderna, desde Bacon hasta Pasteur, desde Vesalius hasta Galileo, desde Leeuwenhoek hasta Newton, por ejemplo, o también, desde Descartes hasta Adam Smith, es la ciencia de la burguesía como clase social en ascenso. Esta burguesía triunfará políticamente en 1789 y económicamente con la Revolución Industrial.

Si hemos de creer a dos fuentes distintas, pero cercanas, de acuerdo con Hegel (Fenomenología del espíritu) y a Marx (Contribución a la crítica de la economía política), la burguesía no hace nada: simplemente paga para que los campesinos o los obreros hagan el trabajo. De forma habitual, un burgués no sabe coser un botón, no sabe cultivar la tierra o preparar un plato en la cocina, no sabe reparar una máquina, lavar un perro o cuidar de una vaca. Y es que no necesita saberlo porque tiene el capital que le permite pagar por el trabajo. Trabajo físico o intelectual que otros hacen.

El burgués de la modernidad temprana, mediana y tardía sencillamente observa pasar el mundo; observa los acontecimientos, incluso, si se quiere a distancia, y los describe. Desde la comodidad de su estudio, de su casa o de su hacienda, formula hipótesis y demás, pero jamás se ensucia las manos. La ciencia moderna genera una conciencia epifenoménica; es justamente la conciencia de la burguesía, en el sentido cultural, social e histórico de la palabra.

Precisamente por esta razón, el método científico nació y se estableció de la forma como se ha transmitido hasta la fecha.

El método científico nace como resultado de la mentalidad fisicalista producto del triunfo de la mecánica clásica y se corresponde perfectamente con la mentalidad deductiva o hipotético–deductiva que caracteriza a la civilización occidental: “si los hechos no se ajustan a mi modelo o a mi teoría, tanto peor para el mundo”. Los modelos jamás fallan; es, en el peor de los casos, la comprensión y la aplicación de los modelos —por parte de otros— lo que falla. La economía y las finanzas son un ejemplo conspicuo al respecto.

El mundo se observa a la distancia, y la distancia y el distanciamiento son justamente lo que da origen a la actitud, al método y a la aproximación del mundo propio de la ciencia moderna. Al fin y al cabo, la perspectiva, descubierta originariamente por Brunelleschi, implica el hecho cultural, científico y social de que cada quien tiene su (propia) perspectiva. Esto es, su punto de vista.

Así, la burguesía, contra el peso de la Iglesia en el medioevo, descubre que una perspectiva sobre el mundo y la realidad es posible, y ello va intrínsecamente ligado al descubrimiento del individualismo. Cada quien tiene su punto de vista. Y eso es respetable, se dice.

De consuno, el método científico permite y garantiza la objetividad y la universalidad de la ciencia, de los experimentos, de los argumentos. Que es justamente el fundamento de todo el mundo moderno. Y del mundo normal vigente a la fecha.

De esta suerte, el método científico se erige en canónica frente a los razonamientos tanto como frente a los fenómenos y los hechos. De partida, la primera afirmación fuerte de la conciencia moderna es el reconocimiento de los hechos, de los fenómenos: facts – data. Sin datos es imposible hacer ciencia, y los datos son susceptibles de observación y descripción, y demás.

De esta suerte, la forma normal de hacer ciencia es tomando distancia de los fenómenos, y sí, justamente, observándolos, describiéndolos y los demás pasos. Dicha ciencia y método garantiza varias cosas, así: en primer lugar que la prerrogativa de la buena conciencia consiste en observar y explicar el mundo y que, por tanto, es la prerrogativa de la buena ciencia formular modelos acerca de la realidad y la naturaleza. La capacidad comprensiva y explicativa del modelo define exactamente la realidad misma de los fenómenos.

Pues bien, la conciencia epifenoménica, fundante de el método científico es, al mismo tiempo, una conciencia distante e indolente del mundo. Como lo pusieron de manifiesto gente como I. Prigogine y S. Kauffman, desencantó el mundo. El mundo se volvió, simple y llanamente, un amasijo de hechos, datos, observaciones y modelos; y en el mejor de los casos, de teorías subsecuentes.

Una conciencia semejante no se compromete con el mundo ni con nada, porque ya tiene sus intereses creados, sus zonas de confort y sus ganancias aseguradas de antemano. La indolencia, el desapego y el desafecto son las consecuencias necesarias del método científico. “Que al mundo le duela lo que le haya doler, porque la ciencia es objetiva y universal”. Lo cual, en realidad, no es sino la traducción epistemológica de la más cara de las consignas de los poderes e imperios: “dura es la ley, pero es la ley”; desde los romanos.

Por lo demás, el desencantamiento del mundo vuelve psicótico al universo del conocimiento: es exactamente la idea de las dos culturas; las ciencias de un lado, y las humanidades de otro.

Como se aprecia, la antropología de la ciencia permite comprender el más apasionante de los fenómenos científicos, metodológicos y semánticos actuales, en curso: nos encontramos en medio de una auténtica revolución científica, en donde emergen muy buenas razones y dudas frente a la idea de un método científico único, y del estatuto de dicho método.

La historia en el futuro inmediato pondrá de manifiesto lo que pueda suceder de la revolución científica en curso en la que nos hallamos, todos, inmersos. Entonces, la propia antropología de la ciencia habrá cambiado, junto al cambio mismo de la ciencia, y del mundo.

 

 

Jueves, 04 Agosto 2016 07:07

Llegó la misión de paz de la ONU

El general de brigada argentino Javier Antonio Pérez Aquino acompañará al jefe de misión.
 
UN MILITAR ARGENTINO ENCABEZA EL CONTINGENTE EN COLOMBIA



Es una misión política, de observadores militares sin armas ni uniformes, en respuesta al pedido de las partes que negocian el fin del conflicto armado, y tiene un mandato de un año, prorrogable a pedido de las partes.


El primer contingente de la misión de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que actuará en el proceso de paz una vez firmado el fin del conflicto armado interno entre el gobierno de Colombia y las FARC ya llegó al país, con un general argentino como jefe de equipo.


El general de brigada Javier Antonio Pérez Aquino, militar argentino con más de 35 años de experiencia nacional e internacional, fue elegido para ocupar ese rol, en el que acompañará al jefe de la misión y representante especial del secretario general de ONU, Jean Arnault. El lunes arribaron a Colombia 79 observadores internacionales, que pasaron por un entrenamiento especial y se disponen a trasladarse a las oficinas regionales. Estos observadores son la columna vertebral de la misión, su esqueleto directivo y pertenecen a ocho países: Argentina, Chile, Bolivia, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay y Uruguay. Entre el personal civil de la misión que ya está en Colombia y entre los observadores que están por llegar, hay otras nacionalidades de Latinoamérica, el Caribe y otras latitudes.


En una conferencia de prensa, las autoridades de la misión informaron ayer que las próximas semanas estarán llegando 100 observadores más y se avanzará en la contratación del personal civil, con lo que el número total llegará a más de 200 personas. El objetivo es que la misión esté lista para operar cuando se firme el Acuerdo Final en La Habana.


A pedido del gobierno y las FARC, la Misión de las Naciones Unidas en Colombia fue creada por el Consejo de Seguridad, el 25 de enero de 2016, mediante la resolución 2261, aprobada por unanimidad. Es una misión política, de observadores militares sin armas ni uniformes, en respuesta al pedido de las partes que negocian el fin del conflicto armado, y tiene un mandato de un año, prorrogable a pedido de las partes.


Las partes dieron a la misión cuatro funciones: observar el cese al fuego y la dejación de armas, resolver diferencias, hacer recomendaciones, y hacer pronunciamientos independientes, como mecanismo de verificación internacional. La misión iniciará sus labores de monitoreo y verificación sólo a partir de la firma de un acuerdo final en La Habana. Hasta entonces, el grupo no monitorea ni verifica, sino que sólo está en proceso de alistamiento y apertura de sus oficinas regionales.


La verificación del cese al fuego la harán conjuntamente el Gobierno, las FARC y la misión de ONU, en un mecanismo tripartito que será coordinado por los militares de la organización y tendrá un vocero. Este mecanismo, novedoso para la ONU, ofrece una doble garantía. Por un lado, la observación imparcial por parte del componente internacional y la observación directa por cada parte del cumplimiento de los compromisos de la otra. Por otro lado, una estrecha articulación con la sociedad civil garantiza altos niveles de transparencia en esta fase crucial del proceso de paz.


Con un calendario acordado por las partes, la misión recibirá el armamento de acompañamiento, las armas de las milicias y el armamento individual de las FARC, lo depositará en contenedores bajo su control exclusivo y lo destinará a la construcción de tres monumentos: en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, en Cuba y en Colombia. Además, la misión supervisará la destrucción del armamento inestable, que no pueda ser transportado.


La misión tendrá un número aproximado de unos 500 observadores militares y alrededor de 150 civiles de los países de la Celac y de otras naciones que han solicitado contribuir, como España, Alemania y Canadá, entre otros. El 19 de agosto, el secretario general de Naciones Unidas precisará al Consejo de Seguridad las necesidades operativas y financieras de la misión. La misión tiene ocho oficinas regionales, que empezarán a funcionar en agosto: Valledupar, Bucaramanga, Quibdó, Medellín, Villavicencio, Popayán, Florencia y San José del Guaviare. Además, tendrá equipos permanentes en cada una de las 23 zonas veredales y en los campamentos donde se agruparán los guerrilleros desmovilizados.


El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, manifestó ayer que la construcción de la paz requiere de creatividad e innovación, características que, según dijo, estuvieron presentes en las negociaciones con las FARC en La Habana, y que se necesitan en el posconflicto. Así lo manifestó el jefe de Estado durante la instalación en Bogotá del Encuentro Colombia 2020, un coloquio sobre el uso de la innovación para construir la paz. “Es que el fin del conflicto, que es lo que vamos a firmar, no es la paz, es ahí donde comienza, pero para ello se requiere de creatividad e innovación”, afirmó Santos en el acto, organizado en conjunto con la Unión Europea (UE).


Santos dijo además: “Toda transición, todo cambio es complicado, pues el ser humano tiende a mantenerse en el statu quo cuando un cambio lo asusta o le genera alguna preocupación, y es donde la creatividad debe salir, y en el cambio de la guerra a la paz, entra como anillo al dedo”. El mandatario destacó la importancia de hacer mucha pedagogía sobre la paz porque este proceso lo requiere. “Hay que explicarle a la gente de qué se trata, por qué se hace, para dónde vamos”, afirmó. El presidente también destacó que por primera vez las partes acordaron un sistema especial de justicia ya que nunca antes una guerrilla había aceptado dejar las armas para someterse a la Justicia que ella misma ayudó a construir.
Finalmente, el mandatario hizo un llamado para deshacerse del odio que dejó más de medio siglo de conflicto armado de formas creativas, siendo las víctimas grandes ejemplos de cómo hacerlo. “ Si estamos llenos de odio, resentimiento y venganza, queda muy difícil hacer la paz”, manifestó.

 

 

 

Publicado enColombia
Niels Bohr – Albert Einstein

 

El concepto de “realidad” constituye, de hecho, el gran supuesto de todo el trabajo en estas ciencias y disciplinas; supuesto dado por hecho que va de suyo y jamás es cuestionado.


Digámoslo de forma rápida y directa: las ciencias sociales y humanas son pre–cuánticas, en el sentido de que o bien no saben nada de la teoría cuántica o bien permanecen alejadas e indiferentes a las ideas (y experimentos) de la teoría cuántica.


Cabe hablar de teoría cuántica puesto que existe una física cuántica, una química cuántica, una biología cuántica, todo un espectro de tecnologías basadas en comportamientos cuánticos, y se habla recientemente incluso del estudio y comprensión del cerebro humano en términos de fenómenos cuánticos.


En el marco de la física cuántica un referente necesario es el llamado debate de Copenhaguen entre Einstein y Bohr. Einstein sostenía que la realidad existe independientemente de la observación: “Me gusta pensar que la Luna está ahí aunque no la esté mirando”. Por su parte Bohr sostenía que es la observación la que crea el objeto.


Pues bien, las ciencias sociales y humanas —el padre de las ciencias humanas es A. Comte— nacen a la luz (o a la sombra) de la mecánica clásica. Newton establece sin ambigüedades que dos objetos son reales y separados y que lo que sucede en alguno de ellos o entre ambos es el resultado de fuerzas. En su caso, la más importante es la ley (o fuerza) de la gravedad. De consuno, Newton explica la totalidad del universo conocido con base en tres leyes. La más importante con referencia a las ciencias sociales y humanas, es la ley de acción–reacción.


Manifiestamente, toda la lógica, la metodología y la filosofía de las ciencias sociales y humanas se sitúan del lado de Einstein (o lo que es equivalente, de Newton, puesto que lo que hace la teoría de la relatividad es generalizar o ampliar los marcos y principios de la mecánica clásica). Ningún científico social normal diría que fenómenos como el Estado, el territorio, la guerra, la economía, las finanzas o la cocina y las instituciones existen porque se las observa. Es más, los fenómenos de las ciencias sociales y humanas son reales y por eso mismo separados.


Tratemos de entender esto.


Los sujetos humanos son entidades separadas. En un entorno local, aparecen vinculados en términos de la familia, el clan, la tribu, la colectividad y la sociedad, por ejemplo. En una escala macro, un individuo en un lugar geográfico no tiene nada que ver con lo que hace otro individuo en un lugar alejado (un continente, por ejemplo). Ambos sujetos sólo pueden ser afectados, dicho en el lenguaje de la física, por fuerzas físicas. Y traducido al lenguaje habitual de las ciencias sociales, por dinámicas religiosas, estilos de vida, hábitos alimentarios, costumbres familiares y sociales, y demás. Y entonces el énfasis se desplaza al estudio y explicación de estos factores vinculantes entre dos fenómenos distintos y ajenos.


En el mismo sentido, puede decirse razonablemente en este marco que dos individuos o grupos sociales son reales dado que tienen una historia, unos comportamientos y determinadas expresiones físicas que no son creadas por el acto mismo de la observación.


Hasta aquí nada novedoso, aunque mi esfuerzo aquí es sintético por razones de espacio.


Sin ambages, la tesis de las ciencias sociales y humanas —como por lo demás de toda la ciencia normal en general y en el sentido más amplio de la palabra— es el realismo. En el lenguaje técnico se dice: realismo ingenuo. Este realismo bien podría volverse elegante y se hablaría entonces, por ejemplo, de realismo ontológico o acaso incluso de realismo semántico.


El concepto de “realidad” constituye, de hecho, el gran supuesto de todo el trabajo en estas ciencias y disciplinas; supuesto dado por hecho que va de suyo y jamás es cuestionado.


Como sostienen algunos autores, un científico de a pie trabaja sencillamente con sus objetos, fenómenos, áreas y campos sin cuestionarse para nada de problemas filosóficos. A diferencia del debate entre Bohr y Einstein, quienes estaban absolutamente de acuerdo con los datos y las observaciones de la física cuántica, pero tenían entre sí serias discrepancias teóricas acerca de las interpretaciones de los datos y observaciones. El Santo Grial en ciencia en general no son los datos, sino las interpretaciones de los mismos.


De consuno, a la separabilidad de los fenómenos y a la realidad de los mismos, la ciencia normal razona por vía de la inducción. Esto es, el método que permite pasar de lo particular a lo general. La lógica de las ciencias sociales y humanas es ampliamente inductiva.


Una manera de comprender los vínculos sociales es mediante “fuerzas”, tales como el derecho y la religión, la economía y el consumo, las ideas, valores y principios, o más recientemente, la importancia de las organizaciones y de las instituciones hasta ese pináculo último que son las grandes corporaciones, antecedidas acaso por los estados nacionales. Cada ciencia y disciplina social y humana aporta lo suyo para establecer vínculos entre realidades reales y separadas (así como se lee).


El problema fundamental en la teoría cuántica consiste en el problema de la medición: los fenómenos existen por sí mismos, o bien son creados por el acto de la observación. Este problema no es otro que el de establecer si son “fuerzas físicas” las que unen a los fenómenos, o bien, si un acto de observación consciente los crea en el momento mismo en que son observados. Las ciencias sociales y humanas permanecen muy al margen de esta cuestión.


Pues bien, en un buen conocimiento de la física y de la teoría cuántica, el tema se estudia —y se resuelve— en términos del entrelazamiento cuántico. Fue un físico irlandés quien abrió esta puerta: John Bell.


Según el entrelazamiento cuántico, todos los fenómenos están conectados, sin importar el tamaño o la distancia. Pero el tema del entrelazamiento cuántico es el objeto de otro texto aparte.

 

 

China tiene un telescopio en la Luna desde hace dos años


Investigadores chinos han revelado que disponen de un telescopio robótico en la Luna, el primero de su tipo, que ha estado funcionando sin problemas desde que aterrizó en 2013.


Investigadores chinos han revelado que disponen de un telescopio robótico en la Luna, el primero de su tipo, que ha estado funcionando sin problemas desde que aterrizó en 2013.

El telescopio de 15 centímetros está montado en el módulo de aterrizaje Chang'e 3, que aterrizó en la superficie lunar en diciembre de 2013. Chang'e 3 transportó también el rover Yutu, que luchó varias veces por sobrevivir a la noche lunar y dejó de trabajar en marzo de este año, pero el módulo de aterrizaje sigue operativo.

El telescopio es sensible a la luz ultravioleta, por lo que es especialmente adecuado para las observaciones que no son posibles en la Tierra.
"No hay atmósfera en la Luna, por lo que a diferencia de la Tierra, la luz ultravioleta de los objetos celestes se puede detectar en la Luna", dice Wang Jing de los Observatorios Astronómicos Nacionales en Pekín, China, que está a cargo del telescopio. Como la luna gira 27 veces más lentamente que la Tierra, el telescopio puede permanecer fijo en la misma estrella una docena de días sin interrupción, informa New Scientist.

En un artículo publicado esta semana en arxiv.org, Wang y sus colegas detallan los primeros 18 meses de operación del telescopio, que ha estado observando durante 2.000 horas y vigilado 40 estrellas. El equipo también capturó una imagen de la galaxia del molinillo de viento.

Los astronautas de la misión Apolo 16 operaron un telescopio ultravioleta de accionamiento manual, que se utilizó para tomar fotografías de la Tierra, las estrellas y la Gran Nube de Magallanes. Pero el telescopio chino es el primero en ser operado por control remoto desde la Tierra.

Eso es un reto, porque la Luna es un ambiente hostil, lleno de polvo lunar y abrasivos que pueden entrar en el equipo y destruir la electrónica. Para contrarrestar esto, el telescopio se guarda dentro de Chang'e 3 durante el amanecer y el atardecer en la luna, cuando se cree que el riesgo con el polvo es mayor, y ha sobrevivido mucho más tiempo de su vida esperada de un año. Wang dice que el telescopio sigue funcionando, y el equipo está a la espera de la decisión de continuar su misión más allá del final de este año.