El vacío humano: del robot alegre al operador sistémico

Lo humano del ser humano se ha congelado. La pandemia evidencia la fragilidad de nuestras existencias. No es propio de la especie pasar semanas o meses confinados en un espacio cerrado, muchas veces claustrofóbico. Las causas son diversas, pero siempre debido a la intervención del ser humano. En 2010, por falta de inversiones en seguridad, 33 mineros quedaron atrapados durante 69 días en la mina de San José, en Chile. Sus relatos son significativos. Forjar moral, evitar discusiones, racionar el alimento. Fue una situación extraordinaria en condiciones extremas. En semioscuridad, con un aire viciado, a cientos de metros de profundidad debieron cooperar, unirse y esperar un rescate. Vivir para ser liberados. Pero en 2020, una decisión política frente a una crisis producto del capitalismo salvaje, mezcla de opulencia y extrema pobreza, hambre inducida y especulación alimentaria, calentamiento global, extractivismo y contaminación, nos llamó a un confinamiento de urgencia.

Las clases dominantes y sus organizaciones son responsables del colapso no sólo sanitario, sino de la deshumanización. Sus ambiciones, desatinos y egoísmo competitivo, en nombre de la economía de mercado, ha manipulado la naturaleza. Las enfermedades zoonóticas se expanden. El Covid-19 pone el mundo "patas arriba". La salida, congelar lo humano. El mensaje: la vida social se aplaza hasta nueva orden. Nadie entra ni sale, un cerco a la movilidad. Ansiedad, miedo, pérdida de referentes, estrés, depresión, conductas autolíticas son algunos síntomas derivados de un aislamiento no deseado y de una socialización abruptamente paralizada. La naturaleza social nos obliga a expandir el mundo. Los abrazos, besos, apretones de mano, juegos, celebraciones, definen la cultura, incluido el ritual de la muerte. El velar al fallecido, el duelo, el entierro, fueron suspendidos. No ha sido posible socializar el dolor y la pena. La vida on line es una excrecencia.

No importa dónde, las sociedades humanas descansan en el contacto físico. La reproducción sexual es una demostración de lo dicho. La antropobiología del ser social es expansiva. Lenguaje, comunicación, sentimientos, emociones y gestos son un punto de partida, no de llegada. Lo humano no es lineal. Sin embargo, la utopía digital, versión actualizada de la idea de progreso, ha terminado por alterar el concepto de la existencia humana. Es el mundo que trae a la mano Bill Gates, Steve Jobs, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y sus acólitos. El sueño de Silicon Valley, nucleado en torno a la ideología de la inteligencia artificial. El ser humano como operador sistémico, ejecutor de un mundo que no le pertenece. No ya individuos, sino una suma de pixel para su identificación y control. Eric Sadin en su ensayo La silicolonización del mundo. La irresistible expansión del liberalismo digital apunta: “Se instaura otro género de alteridad que no hace sino responder a nuestros supuestos deseos y necesidades, y que está dedicada a respaldarnos, guiarnos, divertirnos o consolarnos. […] Es una alteridad de nuevo tipo, sin rostro y sin cuerpo, que se sustrae a todo conflicto y que solamente está consagrada a ofrecernos "lo mejor" en cada instante.

Hacer del mundo un lugar mejor y feliz es el lema que preside las empresas en Silicon Valley. La meta: empequeñecer lo humano y agigantar la inteligencia artificial. Arrebatarle la facultad de pensar. Un mundo de aplicaciones que hacen la vida más cómoda y llevadera. Nuevamente Sadin: “No es la extinción de la raza humana lo que instaura la visión del mundo siliconiana sino, de modo más preciso y bastante más malicioso, la erradicación de la figura humana. Es la ‘muerte del hombre’, el del siglo XXI, […] que, para su bien y el de la humanidad entera, debe ahora despojarse de sus prerrogativas históricas para delegárselas a sistemas más aptos de otra manera para ordenar perfectamente el mundo y garantizarle una vida libre de sus imperfecciones”. La guerra ­neocortical tiene su centro de operaciones en Silicon Valley. El general ruso ­Valery Gerásimov llamó la atención a esta realidad: “En el siglo XXI hemos visto una tendencia a desdibujar las líneas entre estados de guerras y de paz. Las guerras ya no se declaran”. La estrategia militar se desplaza al control de las emociones, los deseos, los sentimientos. Necesita los datos ­capturados por las empresas informáticas, ­Facebook, sin ir más lejos. Troles, falsas noticias y manipulación en tiempo real son las armas de esta guerra.

Éric Sadin nos alerta en su ensayo La humanidad aumentada. La ­administración digital del mundo: “El concepto moderno de humanidad entendido como un conjunto propio, transhistórico, evolutivo y a priori libre de su destino, se ha roto en beneficio de la emergencia de un compuesto orgánico sintético que rechaza in fine toda dimensión soberana y autónoma […] emerge una gubernamentalidad algorítmica, y no solamente aquella que permite a la acción política determinarse en función de una infinidad de estadísticas y de inferencias proyectivas, sino incluso aquella que ‘a escondidas’ gobierna numerosas situaciones colectivas e individuales. Es la forma indefinidamente ajustada de una ‘administración electrónica’ de la vida, cuyas intenciones de protección, de optimización, dependen en los hechos de un proyecto político no declarado, impersonal, expansivo y estructurante”. Sadin va más lejos, recurre a Steven Spielberg para apuntalar sus tesis: "Los seres humanos han creado un millón de explicaciones del significado de la vida, en el arte, en la poesía, en las fórmulas matemáticas. Ciertamente, los seres humanos deben ser la clave de la significación de la existencia, pero los seres humanos ya no existen". Es el tiempo de enfrentar esta guerra y revertir la dinámica donde pasamos de ser robots alegres a operadores sistémicos.

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Sábado, 04 Julio 2020 06:12

Que la crisis la paguen los ricos

Que la crisis la paguen los ricos

Después de la crisis económica de 2008, hubo un sector que no sólo se recuperó rápido, sino que siguió creciendo exponencialmente, el de los artículos de lujo. Mientras una buena parte de la población veía recortados sus derechos sociales y laborales, la ocupación de hoteles de 5 estrellas, la venta de inmuebles de firmas de lujo como Engel & Völkers, o la compra de productos como relojes caros, joyería o arte, aumentó por encima de 10 por ciento anual.

Este obsceno indicador sintetiza muy bien lo que significó la crisis de 2008 para la humanidad. La salida a la crisis la pagaron las mayorías sociales en beneficio de una élite. Se socializaron las pérdidas, mediante la compra de la deuda de los bancos privados con el objetivo de que no colapsara el sistema financiero internacional, y se privatizaron las ganancias. Se rescataron otras grandes empresas como General Electric o General Motors, sin que el Estado después de salvar a estas empresas, impusiera ninguna cláusula de recuperación de empleos. Y cuando una parte de esos trabajos se recuperaron, fue con unas condiciones salariales infinitamente peores que antes de la crisis.

Hoy día, cuando parece que ya ha pasado lo peor de la pandemia y la crisis de salud, nos encontramos a las puertas de una crisis económica mundial, probablemente más fuerte y profunda que la de 2008.

La Organización Mundial del Comercio ha estimado que la economía mundial podría contraerse hasta en 18.5 por ciento, y el informe de abril del Fondo Monetario Internacional calcula que el PIB regional podría descender 5.2 por ciento, porcentaje mayor a 5 por ciento de los años 30 posteriores al crack de la bolsa de Nueva York de 1929 y desde luego más grande que el 2 por ciento posterior a 2008.

En América Latina y el Caribe, una región exportadora de materias primas y productos manufacturados, la OIT calcula que más de 10 millones de personas perderán sus empleos por la pandemia, y la Cepal en su informe "El desafío social en tiempos del Covid-19" calcula un aumento de la pobreza de 4.4 puntos porcentuales que se traducen en 28.7 millones adicionales de personas pobres (para alcanzar 214.7 millones de personas) y un aumento de la extrema pobreza de 2.6 puntos porcentuales, que eleva el total a 83.4 millones de personas en la región.

A todo lo anterior hay que sumarle la crisis petrolera, con una rebaja de la producción de 10 millones de barriles y el desplome de los precios que aunque ya en recuperación, no volverán a alcanzar a finales de 2020 los de 2019, según la Agencia Internacional de la Energía.

Si a todo lo anterior le sumamos la crisis estructural en forma de cambio climático que vivimos, con un aumento de las emisiones anuales de dióxido de carbono por encima de los 50 gigatones (cada gigatón equivale a mil millones de toneladas), el resultado es devastador: deshielo acelerado de los polos al mismo tiempo que se eleva el nivel del mar, y aumento de la temperatura media global de entre 1.2 y 1.3 °C en los próximos cinco años, que nos acerca al temido límite de más 2 °C de temperatura media del planeta por encima del periodo preindustrial.

Por todo lo anterior se hace cada vez más urgente el debate sobre el modo de producción capitalista, pero sin posiciones maniqueas como las que estamos acostumbrados a leer en todo lo que tiene que ver con el modelo de desarrollo. Los países del sur no sólo tienen el derecho, sino la obligación de sacar a centenares de millones de personas de la pobreza, haciéndolo eso sí, en un equilibrio entre ese crecimiento al que tuvieron acceso los países del norte, y los derechos de la naturaleza en un planeta finito que no da mucho más de sí.

La pandemia global de coronavirus ha venido a acelerar una crisis que ya se atisbaba en el horizonte, el de un modo de producción insostenible, sobre todo de los países del norte, que además no quieren hacer una transferencia de tecnología, como pago parcial de la deuda ecológica que tienen con el sur por la explotación de sus pueblos, personas, y recursos naturales durante siglos. Si además le agregamos a la ecuación la variable de la financiarización de la economía, con cada vez menos producción de bienes tangibles, y mayor especulación económica, la combinación es explosiva, y sobre todo, insostenible.

Pero si algo bueno deja esta pandemia es el retorno del Estado, la ruptura entre amplias capas de la clase media del consenso cultural instalado por el neoliberalismo de que el Estado no era necesario, y de que a menos Estado, más eficiencia. Va a ser muy difícil para los defensores de la globalización neoliberal en crisis defender que los bienes comunes, especialmente la salud, no deben estar en manos del Estado para garantizar el acceso universal y en las mejores condiciones posibles a su población.

Ahí está la grieta para romper el consenso neoliberal, todavía hegemónico desde el punto de vista cultural. La necesidad del retorno del Estado. Y después de instalar ese nuevo consenso, es necesario dar un nuevo paso: que la crisis no la paguen las y los de siempre, los de abajo, los más humildes. Que la crisis económica que está llegando la paguen los de arriba. Que la crisis la paguen los ricos.

Por  Katu Arkonada. politólogo vasco-boliviano, especialista en América Latina

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Para enfrentar los efectos de la pandemia y de la recesión capitalista: Un Plan humano para los de abajo

Desde marzo pasado Colombia vive el golpe de la covid-19 y con ella el desnudo de su precario sistema de salud; al mismo tiempo vive una crisis/recesión que agobia su economía. Las dos juntas, la de salud pública y la del aparato productivo, han dado paso a una crisis de calado mayor que restriega los ojos de todos. Así, con ojos libres de cualquier suciedad, es imposible negar o disfrazar el deformado cuerpo de una sociedad tallada por una desigualdad de ribetes descomunales y por unos riscos donde anidan unos pocos que nadan en la abundancia.

Esa es parte de nuestra realidad, la misma que será más espeluznante toda vez que producto de esta crisis millones padecerán empobrecimiento, seguramente sufriendo por prolongados meses desempleo –en caso de haber gozado de trabajo fijo en algún momento–, embargo de sus viviendas o desalojo de la ocupada en arriendo, congelamiento de sus estudios por incapacidad de pago, largas temporadas de mala alimentación, y otras muchas manifestaciones de los efectos de la crisis por ausencia de un gobierno que vele por las mayorías.

Esa es una realidad hoy palpable pero que lo será mucho más en el futuro cercano. La crisis es y será dolor, pero también oportunidad para replantearnos como sociedad, para que pensemos en el país de nuestros sueños, para que nos dispongamos a luchar por él. Una realidad y una posibilidad tal que nos lleva a preguntarnos por un posible plan humano “para los de abajo”. Un plan con medidas económicas inmediatas y mediatas para neutralizar la tragedia social que ya padecen millones y que al seguir acumulándose padecerán muchos más; una tragedia que desnuda, en su real cuerpo e intereses, al gobierno que tenemos y la minoritaria clase que representa.

Un plan que reivindique como propósito urgente y central de nuestra sociedad en el actual momento la disposición de todas sus capacidades y recursos para rescatar a quienes padecen con crudeza los efectos de la doble crisis que desploma al país. Es un plan, por tanto, con medidas de choque y otras de mediano y más largo plazo, proceso en medio del cual debemos afrontar una discusión abierta a toda la sociedad para avanzar en lo que comprendemos por humanidad, sociedad, solidaridad, justicia, vida digna, democracia, salud, etcétera.

Sabiendo que no es posible lograr acuerdo sobre estos tópicos, lo valioso de esta acción política es que alcancemos a comprometer al mayor número de connacionales en reflexiones que implican su vida de hoy y de mañana, estimulando de esta manera su organización como sujeto activo, pasando de la contemplación y pasividad –de quien delega en otros el diseño y administración de su vida– a la acción consciente que asume en sus propias manos su presente y futuro, condición fundamental para avanzar hacia la construcción de sociedades en donde la democracia deja de ser forma, para ser esencia.

 


Medidas

 

 

Inmediatas

• Ingresos

Ingresos. Para enfrentar la actual crisis económica y avanzar en inclusión social: implementar la Renta Básica (RB) que cubra no menos del 50 o 60 por ciento de la población, con beneficio de un salario mínimo a lo largo de los próximos tres meses, y la que luego deberá ser permanente, con una transferencia de al menos el 70 por ciento del salario mínimo vigente*.

* Beneficios de la RB inmediata: al estimular la demanda interna ayuda a reactivar el aparato productivo local y, con ello, a reducir el desempleo. Es de suponer que la primera demanda de los hogares beneficiado de la RB será de bienes de la canasta familiar, especialmente de la canasta básica agrícola, o bienes de consumo abastecidos en su mayoría por producción local.


• Empleo

El Estado debe asegurar que las políticas que está aplicando para enfrentar la pandemia tengan una orientación fundamental: quebrar el ciclo recesivo contraccionista económico y social, para lo cual debe proveer incentivos para la reactivación, invirtiendo en sectores clave relacionados con la seguridad sanitaria y alimentaria, en la transición ecológica, en la reconstrucción del tejido social y de la infraestructura física, todo ello a lo largo y ancho del territorio nacional.

Para así proceder y reunir la suficiente mano de obra que este esfuerzo requerirá, abrir bolsas de empleo por lo menos en el 30 por ciento de los municipios del país, privilegiando a los ubicados en las zonas donde se pondrán en marcha todos y cada uno de los proyectos que implique la inversión en sectores clave de la economía nacional. En algunos casos, para ser más eficientes, deberán acordarse alianzas con organizaciones de la economía solidaria y del rango comunitario, así como otro tipo de organizaciones privadas. Guiar este tipo de alianzas por la máxima: el interés público debe primar por sobre el interés privado.


De igual manera, restablecer el papel del Estado por lo menos en las siguientes áreas:

Salud. Desmercantilizar la prestación de este derecho humano, para que el conjunto social pueda entrar en igualdad de condiciones a su goce. Las clases altas pueden asegurarse privadamente, si así lo desean, pero la gran mayoría de la población debe acceder a servicios de salud eficientes no mercantilizados y para ello la única posibilidad es el Estado como responsable.

La Ley 100/93 hay que replantearla y ver dentro de la nueva función del Estado, que no es volver al estatismo tradicional planificador central de hace unas décadas sino a un Estado proactivo, intervencionista en aquello que debe intervenir pero responsable y eficiente para las condiciones modernas**.

**La pandemia develó, una vez más, las grandísimas falencias en el sistema de salud y la inconveniencia de la Ley 100/93. Desprivatizarlo es condición sine qua non para que en algún momento llegue a cumplir de manera adecuada con los propósitos que le competen.
El Estado debe garantizar este derecho humano fundamental, y organizar su prestación de tal manera que el nivel preventivo destaque, relacionándolo con entornos saludables y alimentación equilibrada. organización territorial, vivienda, alimentación, medio ambiente, atención social; como mínimo estos campos de la vida diaria deberán estar integrados y atendidos de manera conjunta para que la salud deje de ser un asunto de quirófanos.

 


 

 

Educación. Además de la gratuidad para acceder a la educación primaria y secundaria, universalizar este derecho cubriendo, inclusive, la educación universitaria y superior en general. Ampliar la infraestructura instalada en las universidades pública ya existentes, además de fundar nuevas universidades, cada una de ellas con perfiles en investigación y formación académica según las potencialidades de los territorios donde sean edificadas. Crear las bases para un amplio y dinámico proyecto en ciencia y tecnología.

Transporte urbano e intermunicipal. El desestímulo del uso del vehículo privado, y por esa vía avanzar en política ambientales que en efecto descontaminen los centros urbanos y sus alrededores, demanda la construcción e implementación de un eficiente servicio de transporte público. Para el mismo debe privilegiarse la movilidad con base en energías limpias, dejando a un lado el motor diesel y de gasolina. Para el caso urbano, deben complementarse variedad de modelos de transporte entre ellos los troles, tranvías, trenes de cercanías, cables aéreos. Para el intermunicipal hay que recuperar el sistema férreo –ver medidas de largo plazo.

Seguridad alimentaria. Para el caso de nuestro país la pandemia demostró con nitidez que si no hubiera sido por la producción campesina de bienes básicos agrícolas no habría sido posible garantizar la seguridad alimentaria en tiempos de confinamiento. Esto revaloriza la seguridad y la provisión de bienes agrícolas de la economía rural, particularmente de la campesina. Inyectarle fuertes sumas de dinero a este sector, estimulando la producción ampliada de cereales, verduras, frutas, tubérculos, así como la producción en piscicultura y granjas para la producción cárnica a baja escala, recuperando canales de regadío, construyendo otros, diseñando eficientes líneas de mercadeo que acerquen al producto directo a los mercados barriales –reduciendo de esta manera la intermediación y encarecimiento que conlleva–, son retos por acometer de inmediato. El diseño de líneas de crédito a muy bajo costo es una medida que reconoce el esfuerzo de los campesinos y favorezca su labor. Todos estos aspecto, más la misma propiedad de la tierra, son factores clave para la inclusión social del campesinado.

Tierra. Condición fundamental para que el país garantice soberanía alimentaria es la realización efectiva de una reforma agraria que garantice a millones de campesinos el derecho a la tierra que aún les es negado. Un paso paralelo a ello es la formalización de la propiedad de la tierra, entregando sus títulos a quienes la han laborado por años.


 

Mediano plazo

 

Agua y luz. En la vida moderna es imposible gozar de vida digna sin tener acceso permanente, con calidad y eficiencia, a estos bienes fundamentales.

Para construir empresas que los garanticen con calidad y eficiencia, hay que propiciar que sean bienes comunes y como tal en su diseño y funcionamiento debe participar la sociedad de manera activa, no solo para fiscalizar sino también para diseñar y proyectar su perfil y funcionamiento. Para garantizar su carácter, la ganancia deja de ser propósito central, su principal objetivo es que ningún hogar quede por fuera de su goce, de ahí que socializar sus ganancias sea uno de los mecanismos para que el conjunto social los pueda recibir a plenitud.

Para así garantizarlo, el Estado puede asociarse con variedad de agentes, por ejemplo con asociaciones comunales como las que ahora mismo velan por los acueductos comunitarios en diversidad de municipios, pero también con agentes privados que se sometan a las condiciones que les establezca la sociedad –por ejemplo, poca ganancia, eficiencia y transparencia en su funcionamiento.
Intervenir el sector financiero y crear bancos de fomento. No es posible tener el más mínimo control sobre la economía sino se cuenta con una regulación estricta que ponga en cintura el sistema financiero. De igual manera, la sociedad tiene que dotarse de instrumentos para administrar, financiar y apalancar el conjunto de sus iniciativas productivas, de organización urbana y rural, de transporte, en todo lo cual son indispensables los bancos de fomento.

Vivienda. Poner en marcha un amplio proyecto de vivienda digna, que supere en espacio, diseño, estética, espacios públicos, lo construido hasta ahora. Dejar como mal recuerdo el modelo de vivienda social implementado a lo largo de las últimas 4 décadas. Vincular al diseño y ejecución de los nuevos modelos de vivienda a toda la población interesada. Abrir amplio debate sobre la propiedad del suelo en los centros urbanos, buscando apoyo social para que su propiedad pase a manos del Estado, eliminando por esta vía el factor fundamental de especulación y encarecimiento de la vivienda.

Recuperar el sistema férreo, que como es reconocido, es menos contaminante, más económico, más eficiente en capacidad de transporte, tanto de población como de mercancías. Aprovechar los tendidos de rieles ya existentes, y sobre ellos renovarlos, reforzarlos y ampliarlos en extensión cubriendo nuevos poblados que hasta hace 40 años –cuando aún existía Ferrocarriles Nacionales– no estaban tan poblados. Integrar este sistema con la red de transporte urbano y con la de cabotaje que también debe recuperarse, logrando en el largo plazo que ríos como el Magdalena sean retomados como una de las principales autopistas acuáticas del país.


Largo plazo

 

Una masiva política de empleo vendrá de la renovación-reubicación de los principales centros urbanos existentes en el país, buscando con ello calidad de vida, descontaminar, recuperar miles de hectáreas –continuas a grandes poblados– para la producción agrícola, reorganizar su diseño interno, facilitar el transporte diario, ganar para la vida miles de horas que cada año se dilapidan en viajes entre casa-trabajo-casa.

Construcción de nuevos centros urbanos. Hay que regresar al país de regiones y de ciudades que llegamos a ser, impidiendo la existencia de megalópolis, totalmente antinaturales. Construir, por lo menos, dos nuevas ciudades por cada una de las regiones con que cuenta el país, tratando que ninguna de ellas supere el millón de pobladores. Diseñar la ampliación, asimismo, de por los menos 2 o 3 centros poblados de los hoy existentes, a los cuales llegaría parte de la población reubicada de las principales capitales de departamento.


 

Recursos frescos para financiar este esfuerzo. Para ello:

 

Reforma estructural tributaria, que cumpla con los principios constitucionales de progresividad financiera, eficiencia y transparencia para los siguientes propósitos:

1. Aumentar el esfuerzo fiscal, de toda la sociedad, es decir la proporción del recaudo respecto del producto interno bruto (PIB), asumida en un periodo de 3 años por los menos 6 puntos del PIB o un poco más.

Para poder hacerlo hay que cambiar la estructura, que debe ser progresiva: que los más ricos paguen proporcionalmente tarifas según su riqueza respecto al resto de la población. Con la actual estructura existente, los más ricos pagan menos tarifas o incluso equivalentes a los que paga la clase media, lo mismo con las empresas. Este cambio llevará a que gran parte del esfuerzo tributario adicional de la población provenga fundamentalmente de los sectores más ricos de la sociedad.


2. Incrementar la eficiencia y la transparencia del sistema. Existe una gran evasión de los sectores ricos de la sociedad, hay una serie de mecanismos con visos de legalidad que propician la evasión masiva de los más ricos de la sociedad. Hacer esto realidad obliga a unas decisiones muy complejas que dependen de la voluntad política de quienes gobiernan, para taponar figuras y formas que favorecen únicamente a los ricos, no a la clase media ni a los pobres. La reforma estructural tributaria no solo debe garantizar un cambio efectivo en al recaudación de impuestos , para darle mayor financiación al Estado, sino también avanzar hacia un Estado social de derecho como pregona la Constitución del 91.

3. La tributación debe cumplir su efecto primigenio que es la redistribución del ingreso. Hasta ahora el sistema tributario colombiano ha demostrado ser regresivo, y aún el impuesto a la renta no redistribuye. Debemos tener un sistema


 

Hay que replantear la geografía colombiana ya que en dos décadas no será la misma


Cuando hablamos de revalorar y reconsiderar la política de seguridad alimentaria y del desarrollo rural, partimos de reconocer que con el cambio climático que viene habrán muchos territorios hoy agrícolas que dejarán de serlo, vendrán cambios en la configuración agropecuaria, y estaremos abocados a realizar reasentamientos humanos y relocalización de la producción. Una labor que no puede acometerse de manera efectiva si el Estado no estimula una amplia participación social, en consulta masiva con todos los sectores y personas interesadas en tal realidad.

Colombia, cuya riqueza está centrada en la biodiversidad, en la naturaleza, en la ecología, el Estado tiene un papel central en la conducción de la transición ecológica del modelo actual al modelo que privilegie la sustentabilidad socioeconómica del modelo de desarrollo buscando aprovechar, desarrollar y preservar la gran riqueza del 60 por ciento del territorio colombiano que está alrededor de la ecología y a la transición ecológica hacia nuevas formas de consumo y de desarrollo social.

Transición ecológica hacia fuentes renovables dejando los combustibles fósiles y privilegiando otras formas de energía en las sociedades en la cual Colombia, sino acabamos de destruir lo existente, podría tener una gran ventaja intergeneracional y ahí el estado es el único que tiene esa labor responsable para que el sistema de mercado actual no privilegie con sus precios, la conservación de los recursos y el desarrollo de la naturaleza. Si no hay un Estado fuerte, no se podrá realizar esa transición ecológica.

 


 

Replantear el papel del Estado


La mercantilización y privatización de algunos ámbitos del Estado, como está demostrado en el mundo, no es lo más adecuado en aras de poder enfrentar de manera socialmente eficiente la crisis generada por la pandemia del covid-19.

Hay que replantear seriamente el papel del Estado en la sociedad, en la economía, buscando nuevas formas de asociación público-privadas y una instancia nueva, cada vez más importante: lo común, que no es público ni privado en estricto sentido, potenciando y garantizando así una participación creciente de la población en la organización, ejecución, seguimiento, evaluación y ajuste de todo lo que tiene que ver con la vida en sociedad.

Hay un papel fundamental del Estado en la economía. En el modelo neoliberal el Estado perdió ámbitos de competencia, dejando a las fuerzas del mercado amplios campos de la esfera económica que, está visto, no es el mejor camino. La idea no es que el Estado intervenga en todos los campos, pero existen sectores estratégicos –por la significancia de los mismos y por la magnitud de la invesión– donde su presencia es fundamental, así lo demuestra el caso de hidrocarburos con Ecopetrol.

La pandemia ha descubierto, inclusive, que muchos países no tenían seguridad ni soberanía en el abastecimiento del material básico sanitario (respiradores, mascarillas). Una de las importantes lecciones aprendidas es que no van a volver a depender de China, India o de terceros países para su propia seguridad sanitaria. Algo similar sucede con la seguridad alimentaria, ya enfatizan en la necesidad de tener unos estándares de seguridad sanitaria y alimenticia que garantice que haya producción local en amplios sectores de la producción agropecuaria.

A la sociedad como un todo, en una acción dinámica con el Estado, le compete buscar una nueva política rural para garantizar una seguridad alimentaria pero que sea equitativa e incluyente del campesinado, lo cual exige un Estado que no deja en manos de las llamadas fuerzas del mercado lo que ahí pueda suceder, sino que invierte lo requerido para contar en todas las zonas que lo requiere una infraestructura de bienes públicos y créditos para garantizar directamente no solo el bienestar sino también una mejor competitividad de la productividad e ingresos para el campesinado que nos garantice la deseada y necesaria seguridad alimentaria

En toda esta acción, sin dejarnos llevar por las demandas abiertas por la crisis, si bien hay que contar con el Estado no podemos llegar a renunciar a la quimera de su cada vez menor intervención, lo cual tiene que ver con una mayor participación y protagonismo social-comunitario en todo momento y en todos los campos. Debilitarlo, por la vía de fortalecer lo común, es condición esencial para ganar mayor espacios de libertad y protagonismo comunitario, para neutralizar su cada vez mayor autoritarismo y control social, así como el realce que en su estructura tiene todo lo relacionado con lo policivo y militar.

 

 

 

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La economía más allá de la pandemia y la cuarentena: el problema es el capitalismo

No hay dudas que la pandemia por el coronavirus agravó la situación económica global, pero más allá de cualquier forma de confrontación de la cuestión sanitaria, el mundo presenta un cuadro de recesión con alarmante impacto sobre la sociedad empobrecida, lo que se mide en desempleo, caída del salario, flexibilización salarial, laboral y sobre explotación […]

No hay dudas que la pandemia por el coronavirus agravó la situación económica global, pero más allá de cualquier forma de confrontación de la cuestión sanitaria, el mundo presenta un cuadro de recesión con alarmante impacto sobre la sociedad empobrecida, lo que se mide en desempleo, caída del salario, flexibilización salarial, laboral y sobre explotación de la fuerza de trabajo.

El FMI actualizó a junio los datos ofrecidos en abril sobre perspectivas de la economía mundial para el 2020.[1] Si en abril sostenía una caída de -3%, la actualización asume una baja del -4,9% para todo el mundo, con la sola previsión del crecimiento del 1% para China. Recordemos que las autoridades chinas no establecieron meta concreta de expansión de su economía para el presente año, más preocupada por resolver el fuerte impacto en desempleo causado por el receso derivado de la pandemia y que arrastraba la desaceleración económica que venía de antes.

Para esa caída del -4,9%, el principal problema está en los países del capitalismo desarrollado, con EEUU cayendo a un -8% y la zona del euro un -10%, con Alemania en -7,8%; Francia -12,5%; Italia -12,8%; igual que España con -12,8%. El Reino Unido, que nunca integró la zona euro y ahora en proceso Brexit, un -10,2%; Canadá -8,4%; Japón -5,8%. El registro de los países emergentes indica una baja del -3%, donde la peor situación es la de América Latina y el Caribe con una caída de -9,4%, donde México lidera con -10,5%; Argentina -9,9% y Brasil con -9,1%. Rusia bajará a un -6,6%; la India un -4,5% y como mencionamos se indica que China crecerá 1%.

La cuestión se agrava cuando el FMI destaca en el informe la perspectiva de caída del -11,9% para el comercio mundial durante el 2020. Es cierto que existe la guerra comercial entre EEUU y China y cuantiosas sanciones a variados países instrumentadas desde la política exterior estadounidense, pero la realidad es la tendencia al cierre de las fronteras, situación agravada en tiempos de pandemia. Más aún, el Fondo señala que el aumento del gasto público para atender la emergencia dispara una aceleración del déficit fiscal muy por encima de lo acontecido en la gran recesión del 2009. Lo mismo acontece con la deuda pública, muy superior a la consignada hace una década. Eso permite inferir una crisis muy superior a la ya visto hace una década y quizá la asistencia a la mayor crisis capitalista mundial.

El problema es el capitalismo y ¿qué hacer?

Más allá de las respuestas de cada país a la crisis sanitaria, prevención o desaprensión, aislamiento o no, cuarentenas suaves o estrictas, la realidad es que todo el mundo presenta una tendencia a la recesión.

El problema no es la cuarentena, ni la pandemia, sino el capitalismo en crisis.

Las autoridades estadounidenses son el ejemplo de la desatención y del otro lado está el ejemplo de China, su planificación y capacidad de mando y control; sin embargo, de modo diferenciado, la tendencia a la baja de la producción es una realidad en los dos países.

En la región nuestramericana se verifican matices en las políticas contra la emergencia sanitaria por la pandemia asumidas entre los tres más grandes economías, Argentina, Brasil y México. Sin embargo, los tres caerán en su actividad económica entre -9,1 y -10,5%.

No es que resulte igual como se aborde el problema de la pandemia, sino que el trasfondo del problema está más allá de la pandemia y de los modos de aplicación de las cuarentenas.

En todo caso interesa considerar como, más allá de la situación económica, se exacerban los esfuerzas por cuidar la salud de la mayoría de la población.

Lo que debe discutirse es el orden capitalista, su crisis actual y su superación, lo que supone iniciativas contradictorias según el lugar que se ocupe en el proceso de producción y circulación.

Una respuesta proviene del capital más concentrado, que presiona por la vuelta a la “normalidad” de la producción.

Los propietarios de medios de producción necesitan del “trabajo vivo” para poner en funciones el “trabajo pretérito o muerto” expresado en máquinas, herramientas, materias primas o materiales, lo que Marx denominó “capital constante”.

Si lo invertido en “capital variable”, el costo en salarios, no cumple con la función específica de generar ganancias en el proceso de trabajo y valorización del capital, lo que ocurre es que engorda la cuenta de pérdidas en el balance empresario y agudiza la tendencia decreciente de la tasa de ganancia de los capitales.

Julio C. Gambina es presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYPPor eso la presión para volver a la producción y a la circulación. No es solo una demanda de los fabricantes, sino también del comercio y las actividades de servicios.

El interrogante es si el problema de la producción y la circulación se puede resolver más allá de la pandemia y del aislamiento de cuarentenas, lo que requiere ir más allá y en contra de la organización capitalista, lo que supone otra lógica de pensar y actuar.

Se conocen las dificultades para llevar adelante el aislamiento en los sectores más empobrecidos, lo que llevó a considerar oportunamente las “cuarentenas comunitarias”.

Sobre esa base puede pensarse en políticas públicas que además de acercar alimentos, medicamentos y recursos dinerarios a los más pobres, planificar el acceso a capital de trabajo (constante y variable) para organizar la economía popular en los territorios en aislamiento comunitario.

Organizar de manera alternativa la producción y circulación es algo que puede hacerse desde ahora, siendo a la vez un mecanismo imprescindible para pensar en la transición del modelo productivo y de desarrollo que muestra evidencias ostensibles de crisis.

Articular la demanda social y económica de sectores afectados por el cierre de la actividad con la posibilidad de una producción de bienes y servicios de carácter comunitaria supone una mirada diferenciada sobre la atención de la crisis.

¿Con que recursos hacerlo? Las premisas del cambio

Se impone suspender los pagos de la deuda pública, al tiempo que se audita la misma con participación popular para evidencias el carácter odioso, ilegal e ilegitimo de la misma, liberando recursos públicos para atender el proceso de acumulación bajo nueva modalidad como sugerimos.

Al mismo tiempo es hora de hacer realidad la imposición de un tributo a las grandes fortunas para ampliar la capacidad de inversión comunitaria y autogestionaria para resolver las imperiosas necesidades sociales, ampliadas en tiempos de coronavirus.

Son premisas a completar con reformas estructurales que alienten reformas en el modelo productivo del agro negocio de exportación, no solo el caso Vicentin.

También transformaciones de fondo del modelo industrial para reestructurar el carácter de armaduría vigente para reorientar el sistema fabril en función de las necesidades del modelo comunitario y autogestionario que sugerimos.

Para ello se requiere transformar las formas de intervención productiva del Estado y desandar el camino de las privatizaciones.

No se trata de la “vuelta al Estado”, sino de ensayar mecanismos que involucren a la fuerza laboral y a la sociedad en su conjunto en la elaboración y ejecución de la política económica.

Todo ello implica discutir las formas de producción y circulación en su conjunto, en el ámbito local y en el mundo, recuperando soberanía sobre las finanzas y el comercio exterior.

Nada de los sugerido es sencillo, y constituyendo un programa en sí mismo, demanda la construcción de un sujeto consciente suficiente amplio para hacerlo realidad.

Lo que sustentamos, no es una sugerencia a ningún gobierno, sino una propuesta a ser asumida por una parte importante de la sociedad, que pueda estar en condiciones de disputar la hegemonía política en el país.

Nota:

[1] FMI. PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL. Actualización de las perspectivas de la economía mundial, junio de 2020, en:  https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2020/06/24/WEOUpdateJune2020 (consultado el 28/06/2020)

Por Julio C. Gambina | 30/06/2020

Julio C. Gambina es presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP

Publicado enEconomía
Lunes, 29 Junio 2020 06:28

Cien días que sacuden a EU

Cien días que sacuden a EU

El pasado y el futuro se enfrentan en las calles, dentro de lo que es en los hechos un "Estado fallido" (uno que no puede o no quiere solucionar las necesidades básicas de su pueblo), donde un régimen con tintes neofascistas cada día más desesperado y, por tanto, más dispuesto a hacer lo antes impensable para mantener su poder se enfrenta con una ola novedosa de rebeldes y disidentes que buscan transformar, por fin, un sistema de violencia social, económica y política. O sea, el sistema estadunidense está (¿cómo evitar ese palabra sobreusada y casi eterna, "crisis"?) en un momento de implosión –algo que podría ser muy peligroso para todos más allá de las fronteras si resulta ser explosión– o de transformación.

Aun no se sabe cuál.

La defensa del pasado se coordina por un bully asustado en un búnker subterráneo en la Casa Blanca. El comandante de las fuerzas oscuras del pasado es responsable de más de 100 mil muertes evitables (mil de ellas de mexicanos en Estados Unidos) por su manejo criminal de la pandemia, de entre 20 y 40 millones de desempleados, de un aumento en los crímenes de odio racial, del aumento, según el FBI, de actos de terrorismo de agrupaciones de ultraderecha; de colocar a familias con niños en jaulas, de calificar a todos sus opositores como "traidores" al país (incluyendo su antecesor), de amenazar con reprimir con fuerzas militares a ciudadanos estadunidenses que se manifiestan en las calles, de acusar a los inmigrantes de todo el crimen, las violaciones, y ahora del Covid-19, desmantelar normas y medidas para protección del medio ambiente y la salud pública, y ni hablar de la destrucción de acuerdos y normas multilaterales. Es seguramente el único presidente que ha logrado que coincidan desde ex generales, incluyendo jefes del Estado Mayor, a figuras como Noam Chomsky y Angela Davis de que Trump es una amenaza a la democracia de Estados Unidos y la sobrevivencia del planeta, una amplísima gama de voces han concluido que es "el presidente más peligroso de la historia de Estados Unidos". Esa defensa del pasado de dominio blanco y lo más salvaje del capitalismo implica aplastar todas las fuerzas que rehúsen someterse, suprimiendo sus voces, amenazando represión o deportándolos del país. El presidente ha declarado a todos los que lo cuestionen o se atrevan a frenarlo como "enemigos del pueblo".

El rescate del futuro está ahora en las calles con un grito de basta ya (con 400 años de ecos) contra la violencia racista sistémica. Aunque las expresiones masivas en las calles que llevan más de un mes sin parar fueron detonadas por otro acto más de violencia racista oficial, el nuevo movimiento surge de años de organización por varios sectores que de repente se encuentran juntos en las calles. Y es que es una respuesta que evoluciona de un incidente más de violencia por la policía a uno contra la violencia de un sistema económico, político y social, construido desde sus orígenes sobre el sometimiento y explotación brutal violenta de esclavos africanos, de indígenas estadunidenses y después, hasta hoy día, de olas de inmigrantes de todo el mundo.

Es esa historia de violencia la que se modifica en estos días, hasta de manera física. No sólo se derriban símbolos de la historia racista e imperial, sino se ha obligado a instituciones de cúpula y de la élite a reconocer su complicidad histórica. Por ejemplo, en días recientes la Universidad de Princeton anunció que quitaría el nombre del presidente Woodrow Wilson de sus instalaciones y programas por su historia imperial y racista.

A mediados de marzo, se declaró oficialmente una emergencia nacional y Estados Unidos se convirtió en el epicentro de la pandemia mundial; como resultado de la tardía y caótica puesta en marcha de medidas de mitigación, se provocó una magna crisis económica, y hace un mes, un hombre afroestadunidense con una rodilla de un policia sobre su cuello articuló sus últimas palabras, "no puedo respirar". Son 100 días que han sacudido a Estados Unidos.

https://www.youtube.com/watch?v=JUnc3kl0DcA

https://www.youtube.com/watch?v=GG8LcqR1kqw

https://www.youtube.com/watch?v=216QGXho0ro

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Entre el coronavirus y la violencia: así viven los indígenas en Colombia

Los indígenas nasa y awa en Colombia hacen frente a la pandemia desde la autogestión de la salud propia y la sabiduría ancestral en medio de un conflicto armado que les sigue asesinando en pleno confinamiento.

 

La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) asegura que 382.266 familias indígenas colombianas estarían en riesgo de contagio por la covid-19. Hasta ahora, el virus afecta a 33 comunidades nativas del total de 103 pueblos indígenas que existen en este país con 906 personas indígenas contagiadas y 29 fallecidos. Preocupan especialmente los que habitan en zonas fronterizas como los 21.000 awa, un pueblo declarado en vías de extinción física y cultural que viven mayoritariamente agrupados en 32 resguardos en la región de Nariño, vecina de Ecuador, en el Pacífico. El temor de los awa al coronavirus es enorme. No presentan ningún caso, pero en Nariño si hay ya más de 400 positivos. "Debemos impedir que el virus llegue a nuestros territorios y nos extermine porque aquí hay muchas enfermedades respiratorias, diabetes, hipertensión y tuberculosis", dice Rider Pai, Consejero Mayor de la Unidad Indígena del Pueblo Awa (UNIPA).

Para evitarlo, los awa activaron su propio plan de contingencia, conscientes que poco pueden esperar del Estado, sin presencia institucional en su territorio y con un sistema sanitario público desmantelado. Como otras organizaciones indígenas, se declararon en confinamiento, establecieron puestos de control de entrada al territorio y recomendaron el lavado de manos. "Nuestro pueblo es binacional, repartido entre Ecuador y Colombia, pero es difícil establecer un control fronterizo y tener un albergue para poner en cuarentena a los que vienen de la parte ecuatoriana. Nuestros guardias indígenas están además muy expuestos porque no tenemos tapabocas ni geles desinfectantes", explica Claudia Jimena Pai, de la UNIPA.

Para los awa, la salud es un estado de equilibrio espiritual en las relaciones de las personas con el territorio y la naturaleza que se alteró cuando las colonizaciones les trajeron enfermedades, la tala y quema de árboles hizo desaparecer sus plantas medicinales, la minería ilegal contaminó sus fuentes hídricas, los cultivos de coca dañaron sus suelos y con la coca llegaron los actores armados y la guerra. La enfermedad, según sus médicos tradicionales, es consecuencia de toda esa desarmonía a la que hacen frente con rituales y plantas a las que atribuyen efectos curativos. "Los mayores nos dicen que cuando vino el sarampión, la rubeola o la tosferina fue difícil, pero ellos cavaron cuevas y pudieron sobrevivir en la selva, usaron plantas y salvaguardaron los sitios sagrados, que por eso nosotros estamos aquí todavía. Sin embargo, nuestras prácticas ancestrales han ido quedando a un lado cuando empezó la explotación de madera y los cultivos de coca. Ahora, queremos revitalizar la medicina propia", dice Claudia Jimena Pai.

En medio de la desarmonía, los awa llevan tiempo resistiendo a otra pandemia, la de la violencia. Pese a los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, el conflicto armado aquí se reconfiguró y en las últimas semanas está teniendo connotaciones preocupantes. Los catorce grupos armados que se disputan el territorio han establecido toque de queda y cercos a la zona amenazando con matar a quien crean que esté contagiado. También el ejército colombiano intensificó las erradicaciones de cultivos de coca y hace presencia sin tomar medidas de seguridad, lo que pone en riesgo de contagio a la población. "Hace más de un mes que están erradicando y eso traerá más hambruna a la gente que cultiva por necesidad. Y las muertes no cesan. En cuarentena hemos tenido tres asesinatos", lamenta Rider Pai.

 

Salud propia y defensa de la vida

 

Limitando con Nariño, en la cordillera central andina del suroccidente de Colombia, está el Norte de la región del Cauca. Aquí habitan los nasa, seguramente el pueblo indígena más organizado y con más capacidad de resistencia de todos los de Colombia. Los resguardos que conforman la Asociación Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN) suman unas 115.000 personas y llevan ya varias semanas tratando de evitar que la pandemia entre en sus territorios.

Los nasa nunca llaman al coronavirus por su nombre porque entienden que así lo atraerían mucho más. Lo llaman Wee Wala, la desarmonía, y para evitar que se propague reforzaron la vigilancia de entrada a sus resguardos. Instalaron 97 puestos de control en carreteras y caminos. Allí desplegaron a 1.400 de sus guardias indígenas, un contingente pacífico de hombres y mujeres que con la ayuda de un bastón de mando se encargan de ejercer la vigilancia territorial. Junto a ellos, hay también personal sanitario del Tejido de Salud nasa. "Hemos hecho un trabajo preventivo cerrando el territorio con todo un despliegue de fumigación a los vehículos, sahumerios con plantas medicinales e información a comuneros y comuneras sobre qué precauciones deben tomar", explica Gloria Amparo Yonda, enfermera salubrista nasa y coordinadora del Tejido de Salud.

Y es que los nasa cuentan con una institución de salud propia, la IPS-ACIN Cxhab Wala Kiwe, que brinda atención médica a las comunidades con un enfoque intercultural que combina la medicina indígena y la alternativa con la medicina occidental. "El sistema tiene en cuenta a nuestros sabedores ancestrales, médicos tradicionales, parteras, sobanderos y curanderos en todas sus ramas. Contamos con personal de salud comunitario, incluidos indígenas formados en la medicina occidental pero que conocen nuestra cosmovisión. Tenemos además una planta de medicamentos naturales para tratar desarmonías comunes como Infecciones respiratorias, enfermedades gastrointestinales y dolores en general", explica Yonda. Aunque siguen las recomendaciones oficiales y no tienen ningún caso de contagio, consideran de vital importancia continuar utilizando plantas medicinales a través de saumerios y realizar rituales de fortalecimiento espiritual para ahuyentar la desarmonía en el territorio.

Con todo, reconocen sus limitaciones y la imposibilidad de atender enfermedades de gran complejidad por ser una red de salud primaria. "En el caso de la pandemia necesitamos tapabocas, guantes, gel antibacterial, termómetros, batas desechables, camas, sillas de ruedas... Estamos solicitando apoyo y solidaridad porque el Estado no está haciendo nada", expone Gloria Yonda. En caso de gravedad dependen de hospitales que se encuentran alejados y de un sistema de salud estatal con muchas falencias.

El coronavirus tampoco ha doblegado la curva de la violencia en el Cauca. En plena cuarentena se han incrementado los asesinatos de líderes indígenas en todo el país, especialmente en esta región con 40 muertes violentas. "No tenemos ningún muerto por we wala, pero sí muchos muertos por seguir defendiendo nuestras luchas como pueblos indígenas. Vivimos una arremetida de los grupos al margen de la ley contra nuestros proyectos de vida y nos enfrentamos a la fuerza pública que en plena pandemia ha querido desalojarnos de las tierras que hemos recuperado. Mientras nosotros pensamos en armonizar el territorio para que la wee wala no llegue, ellos están pensando en seguir acabando con nuestra organización indígena y nuestros líderes", lamenta Yonda.

Y es que los grupos armados están aprovechando las restricciones de la pandemia para expandir su presencia. En el caso del Cauca son diferentes disidencias de la antigua guerrilla de las FARC, la guerrilla de Ejército de Liberación Nacional (ELN) y pequeñas estructuras paramilitares vinculadas al llamado Clan del Golfo las que se disputan el control de la marihuana y la coca, y las rutas para sacar la droga hacia el Pacífico. Todos están en guerra abierta contra los nasa, decididos a tratar de sacar los cultivos ilícitos de sus territorios.

La situación en Colombia preocupa a organizaciones que desde España trabajan por este país. La Taula Catalana per Colòmbia, el Observatorio por la Autonomía y los Derechos de los Pueblos Indígenas en Colombia (ADPI) o varios Programas de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos han denunciado el recrudecimiento del conflicto armado en plena crisis humanitaria. Solicitan con carácter urgente una respuesta nacional e internacional, y señalan que uno de los colectivos más azotados por esta violencia es el del centenar de pueblos originarios en Colombia. Organizaciones como la ADPI y el Colectivo Maloka han impulsado una campaña de solidaridad internacional con la intención de apoyar los procesos de salud autogestionados de los awa y los nasa.

20/06/2020 08:53

Javier Sulé

@javiersule

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Sábado, 20 Junio 2020 06:31

¿Comida digital? No, gracias

¿Comida digital? No, gracias

Los grandes ganadores de la pandemia han sido las plataformas digitales, que además de hacer ganancias astronómicas han exacerbado desigualdades e injusticias –paradójicamente, bajo una imagen idílica de que "estamos todos conectados". Ahora la agenda de estas empresas avanzó vertiginosamente, también en el mayor mercado del planeta: agricultura y alimentación. Desde el grupo ETC describimos el avance de la digitalización del sistema agroalimentario en el reporte Tecnofusiones comestibles (https://tinyurl.com/y8bwd6k3).

Las más grandes empresas de ambos sectores están en movimiento, tanto en el Norte como en el Sur. Microsoft ha diseñado programas especiales para digitalizar todo el trabajo en campo; varias empresas digitales tienen contratos con empresas de maquinaria, como John Deere y CNH, para la recolección, a través de sus tractores, de datos de suelo, siembra y clima en sus nubes electrónicas. Las mayores empresas globales de comercio de materias primas agrícolas, Cargill, ADM, Cofco, Bunge, Louis Dreyfus y Glencore, sostienen una colaboración para el desarrollo de plataformas de tecnologías digitales (especialmente blockchain e inteligencia artificial) para automatizar el comercio global de granos.

Walmart compró el año pasado la inmensa cadena de ventas electrónicas Flipkart, en India, mientras la cadena de supermercados Carrefour hizo un acuerdo con Google para impulsar ventas de comestibles en línea. A su vez, la cadena francesa de supermercados Monoprix suscribió un acuerdo de ventas en línea con Amazon. Alibaba y Tencent, de China, se están disputando el control del enorme mercado de ventas de alimentos de China.

Mientras millones de migrantes, trabajadores informales y temporales rurales y urbanos, con la pandemia, quedaron sin sus fuentes mínimas de ingresos y fueron empujados al hambre junto con sus familias, las empresas digitales y de agronegocios reportaron en abril 2020 abultadas ganancias. Amazon, por ejemplo, reportó 24 mil millones de dólares. Nestlé, la mayor empresa global de alimentos y bebidas, productora de refrescos azucarados y otros alimentos ultraprocesados, productora serial de diabetes y obesidad, registró 8 mil millones de dólares. Una cifra, señaló Grain, mayor que todo el presupuesto anual del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

No obstante, las mayores empresas de agronegocios, como Tyson Foods, segunda productora global de carnes, se quejan de que la crisis los afecta y alegan que "el sistema alimentario está roto" y, por ello, necesitan apoyos y exenciones de impuestos por los estados. El sistema alimentario agroindustrial es una verdadera fábrica de pandemias y han sido además una alta fuente de contagios de sus trabajadores durante la crisis de Covid-19. Pero no se refieren a ello, sino a situaciones como las que vimos en Estados Unidos, donde grandes productores de lácteos y huevos han tirado a la basura su producción y otros han sacrificado miles de pollos o puercos, porque no era económicamente viable mantenerlos si no pueden venderlos en el momento preciso en que llegan al peso y tamaño que calcularon.

Como explica Michael Pollan, se trata de sistemas alimentarios paralelos dentro de la producción industrial en ese país. Por un lado, empresas que proveen a supermercados. Por otro, las que proveen insumos altamente especializados (por ejemplo, huevos licuidificados) a instituciones públicas, como escuelas, que cerraron durante la pandemia. En lugar de mantener los animales o ver cómo hacerlos llegar a quienes pasan necesidades, las empresas decidieron tirarlos a la basura, alegando que no era económico hacer otra cosa (https://tinyurl.com/y6wmdzar).

En ese contexto, las compañías –tanto las digitales como las de agroalimentación– tomaron nuevo impulso para afirmar que la digitalización de toda la cadena agroindustrial es la clave para superar la crisis. Esa agenda ya la tenían desde antes, pero ahora el discurso se basa en el Covid-19 argumentando que gracias a ellas las personas han podido hacer sus compras online, que los robots no se enferman (ni hacen huelga o piden mejores condiciones), que el dinero electrónico no necesita contacto personal. Reclaman su "esencialidad" por ser proveedores de alimentos y convergen con las empresas de plataformas digitales en que los estados garanticen acceso Internet en todas partes, que se hagan cargo de la infraestructura, que instalen redes 5G, para permitir mucho mayor volumen de datos, sin interrupciones (para que los sistemas de entregas con drones o vehículos no tripulados no se interrumpan), que se den pasos determinantes para el Internet de las cosas en agroalimentación.

Muchas evidencias y testimonios señalan que los sistemas alimentarios que realmente funcionaron y funcionan, que han llevado de forma segura la mayor cantidad y calidad de alimentos durante la crisis a los que los necesitamos y generan trabajo y salud, son los sistemas campesinos y las redes locales campo-ciudad. Que además previenen futuras pandemias. Esos son los sistemas que es vital apoyar, no este nuevo ataque a la agricultura y la alimentación.

Por Silvia Ribeiro, iInvestigadora del Grupo ETC

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Poder dual, golpismo y comicios en Bolivia

El boliviano René Zavaleta, primer director de Flacso México entre 1976 y 1984, teorizó conceptos muy importantes en sociología, como el de sociedad abigarrada, un Estado aparente donde se superponen diferentes capas sociales, pueblos y comunidades culturales. Una formación social donde coexisten la dominación colonial y capitalista, y formas de resistencia anteriores a los mismos. Los términos de sociedad abigarrada fueron muy útiles para entender la Bolivia plurinacional destruida por el neoliberalismo, pero para entender lo que está pasando hoy en el país andino-amazónico, nos sirve mucho más otro de los grandes conceptos acuñados por René Zavaleta, el de poder dual.

El concepto de poder dual retomaba a Lenin y la revolución rusa de 1917: “El doble poder –según Lenin– se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: uno es el gobierno principal, el verdadero, el real gobierno de la burguesía (...) el otro es un gobierno suplementario y paralelo, de ‘control’, encarnado por el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que no tiene en sus manos ningún resorte del poder, pero que descansa directamente en el apoyo de la mayoría indiscutible y absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados”.

Es decir, poder dual alude a un gobierno que tiene la legalidad, pero convive con otro gobierno legítimo conformado por el pueblo organizado.

Esto es lo que coexiste hoy en Bolivia, un gobierno golpista que había llegado con el único objetivo declarado de convocar a elecciones, y un pueblo que se va organizando para resistir y que, además, tiene de su lado a una Asamblea Legis-lativa Plurinacional, donde el Movimiento al Socialismo de Evo Morales tiene la mayoría suficiente para aprobar leyes.

Ese poder dual cristaliza hoy en la convocatoria de unas elecciones previstas para el 3 de mayo, pero que fueron pospuestas por la pandemia global. La Asamblea aprobó la Ley 1297 de Postergación de las Elecciones Generales, y marcó el 2 de agosto como límite para la celebración de nuevos comicios. Pero esta ley fue recurrida por el gobierno golpista de Áñez ante el Tribunal Constitucional, institución que tras un acuerdo apoyado por Naciones Unidas y la Unión Europea, entre el MAS y la mayoría de partidos de oposición presentó la propuesta del 6 de septiembre como nueva fecha electoral.

Pero en una nueva vuelta de tuerca al poder dual que se vive en Bolivia, Jeani-ne Áñez, quien además es candidata presidencial, mandó una carta a la presidenta del Senado, Eva Copa (MAS), pidiéndole un informe técnico y científico que validara la fecha de las elecciones, torpeza política porque si Áñez no promulga la Ley 691 en 10 días, el Senado tiene la facultad de hacerlo.

Es claro que existe una voluntad en retrasar todo lo que se pueda la convocatoria de elecciones, pues están perdiendo aceleradamente apoyos entre la opinión pública debido a los numerosos escándalos de corrupción en los que han incurrido autoridades en el medio año que lleva instalado el gobierno golpista.

En febrero destituyeron al gerente de la principal empresa de telecomunicaciones del país, Entel, nacionalizada durante el gobierno de Evo Morales, y en estos días el presidente de YPFB, la empresa hidrocarburífera estatal, se encuentra en búsqueda y captura tras varios escándalos de corrupción.

Aunque el mayor escándalo ha sido la corrupción destapada por la compra en España de respiradores para hacer frente al Covid-19, que ha llevado al encarcelamiento del ministro de Salud de una Áñez que cada vez tiene más difícil afirmar que llegaron de forma transitoria para convocar a elecciones tras el golpe de Estado, cuando la imagen que dan son de que llegaron para quedarse el mayor tiempo posible, y mientras tanto, saquear y vaciar un Estado que costó poner en pie 14 años de proceso de cambio.

Pero además, los golpistas continúan con sus torpezas y han desaparecido los ministerios de Deportes, Comunicación, y Culturas. El cierre de este último, con un presupuesto de 100 millones de bolivianos (menos de 15 millones de dólares) frente a los 7 mil millones que manejan Gobierno y Defensa, ha supuesto que la comunidad cultural y una parte de la clase media se levante en pie de guerra contra el gobierno.

Esta dinámica deja a los golpistas casi fuera de la carrera electoral, pero aunque el MAS-IPSP pueda recuperar una parte de los apoyos perdidos durante los meses de octubre y noviembre de 2019, en realidad quien más favorecido se ve por la coyuntura es el timorato y cómplice del golpe, Carlos Mesa, que tiene todo un carril central para apostar por "ni masistas ni golpistas" después de que en las elecciones pasadas consiguiera articular 37 por ciento del voto opositor anti Evo Morales.

Es probable también que los poderes que impulsaron el golpe de Estado, desde las élites económicas a sectores de lapolicía y el ejército, pasando por la estación de la CIA en La Paz, dejen caer a Áñez y su gobierno para articular una unidad parcial en torno a Carlos Mesa como garante de una transición que garantice el control de los recursos naturales y su posterior privatización al mismo tiempo que una relativa paz social.

Será tarea colectiva que el poder dual que hoy impera en Bolivia se mantenga en caso de que el golpe de Estado consumado el 10 de noviembre de 2019 se perpetúe mediante una victoria electoral golpista.

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El mundo, en una fase nueva y peligrosa por el desconfinamiento: OMS

Ginebra. El mundo entró en una "fase peligrosa" de la pandemia del nuevo coronavirus con el desconfinamiento, alertó ayer la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando a escala internacional se registran al menos 458 mil muertes y más de 8 millones 569 mil contagios.

"El mundo entró en una fase nueva y peligrosa. Mucha gente está evidentemente cansada de quedarse en casa. Los países están deseosos de reabrir su sociedad y su economía. Pero el virus se sigue propagando rápidamente", declaró el jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

El jueves se notificó la mayor cantidad de nuevos casos en un solo día, con más de 150 mil. Casi la mitad se registraron en el continente americano, además de numerosos contagios en el sur de Asia y Medio Oriente.

Por otra parte, China dijo que identificó una cepa europea de coronavirus que provocó el reciente brote de Pekín, mientras la OMS aseguró que sólo había sido importada desde fuera de la ciudad y que se necesitaba más investigación.

Las autoridades chinas publicaron los datos de la secuenciación del genoma del virus de muestras tomadas en la capital, y que identificaron como una cepa europea basados en estudios preliminares. Unas 183 personas han sido infectadas. El brote está vinculado al gigantesco mercado mayorista de alimentos de Xinfadi, en Pekín.

El coronavirus ya estaba presente en las aguas residuales de las ciudades de Milán y Turín, en el norte de Italia, desde diciembre, dos meses antes de que se registrara oficialmente el primer paciente, según las conclusiones de un estudio del Instituto Superior de Salud.

"Los resultados, confirmados por dos laboratorios diferentes con dos métodos distintos, confirmaron la presencia del ARN", el ácido ribonucleico o información genética del SARS-Cov-2, "en las muestras recogidas en Milán y Turín el 18 de diciembre de 2019", según un comunicado del instituto enviado a la Afp.

Por otra parte, las autoridades sanitarias italianas pidieron "prudencia" tras comprobar "señales de alerta sobre la transmisión", en particular en Roma.

Otra etapa en España

En España, el gobierno del socialista Pedro Sánchez anunció que todo el país entrará en la llamada "nueva normalidad" el domingo, al actualizar la cifra de decesos en 28 mil 313, reportó el corresponsal de La Jornada, Armando G. Tejeda. (Nota completa en: https://tinyurl.com/ycnb3pyl)

Los 27 mandatarios de la Unión Europea acordaron ayer reunirse de nuevo en julio para tratar de superar sus diferencias sobre un multimillonario plan contra la profunda recesión causada por la pandemia, entre llamados a actuar rápidamente.

Autoridades de India informaron de un nuevo récord de contagios, con más de 13 mil 500 personas infectadas, y elevaron la cifra de casos por encima de 380 mil.

El ministro de Salud de Sudáfrica, Zweli Mkhize, advirtió a la población que se prepare porque están "conduciendo directamente hacia una tormenta" a medida que el país está sufriendo una alza de los casos de Covid-19, que ya suman 83 mil 890.

Hasta ayer, a escala global, había 459 mil 468 muertos por la pandemia, 8 millones 641 mil 120 contagiados y 4 millones 234 mil 275 pacientes recuperados, según la Universidad Johns Hopkins.

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Jueves, 18 Junio 2020 06:03

Vacuna y multilateralismo

Vacuna y multilateralismo

Apenas el domingo pasado nos desayunamos con la nada halagüeña noticia de que la Unión Europea (UE) pactó con la farmacéutica privada AztraZeneca, el suministro de cerca de 400 millones de dosis de la tan ansiada vacuna contra el coronavirus.

El contrato prevé la distribución de las dosis de manera proporcional a la población de cada país de la UE, en cuanto la vacuna esté disponible en el mercado, lo cual podría ocurrir, en el mejor de los casos, hacia finales de este año o principios de 2021.

Dicho acuerdo se suma al que la farmacéutica anglo-sueca había signado en días previos con los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña para suministrar algo así como 700 millones de dosis.

Tales convenios consisten en que los gobiernos de los países firmantes, todos ellos poderosos, aportan generosas cantidades de dinero que se invierten en la mejora de la capacidad de producción de la empresa y, de esa manera, aseguran que sus poblaciones tengan acceso privilegiado a la vacuna.

Estos hechos han despertado ya la preocupación y la inconformidad de diversos gobiernos y organismos multilaterales, pues en sí mismos representan una evidencia más de las asimetrías, las desigualdades y el egoísmo de las naciones ricas.

El gobierno y la población mexicanos, al igual que los gobiernos y los habitantes de los países más pobres del mundo, tienen motivos de sobra para inquietarse y manifestar su malestar ante semejante acopio. De ello da cuenta puntual Michael Kremer, premio Nobel de Economía 2019, en una magnífica entrevista publicada recientemente en La Jornada.

Los países de América Latina y de ingresos medios, advierte Kremer, corren el riesgo de quedar marginados en la distribución de vacunas contra el Covid-19. En la medida en que las naciones más ricas ya realizan inversiones millonarias que les garantizan el suministro, las más pobres apenas podrán cubrirlas parcialmente a través de fundaciones.

Dice que las pérdidas por el coronavirus en términos de salud y económicas son tan grandes que realmente vale la pena intentar inversiones sin precedente en la investigación de diferentes vacunas. De lo contrario, señala, se corre el peligro de generar un cuello de botella en la producción y distribución, una vez que exista un único fármaco probado.

Hace un par de meses, ya previendo las intenciones acaparadoras por parte de los países ricos, la cancillería mexicana impulsó, a través del embajador ante Naciones Unidas, Juan Ramón de la Fuente, un relevante acuerdo político que mereció incluso el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La iniciativa mexicana –avalada por 179 de los países miembros de la ONU– se refiere en resumidas cuentas a la indispensable cooperación internacional que asegure el acceso global y equitativo a los medicamentos, vacunas y equipos médicos necesarios para hacer frente a la pandemia del Covid-19.

El nuestro es un país populoso, desigual, injusto socialmente, que sin duda requerirá de decenas de millones de dosis de la vacuna para ser aplicadas en cuanto ésta salga al mercado, por lo que el gobierno se sabe obligado a realizar grandes esfuerzos y acciones imaginativas que tiendan a garantizar el suministro para todos, ricos y pobres.

Y es aquí precisamente donde cobra particular relevancia el asiento conseguido apenas ayer por México en el Consejo de Seguridad de la ONU, la instancia más importante de Naciones Unidas –por momentos superior a la Asamblea General–, responsable de la nada fácil misión de mantener la paz y la seguridad en el planeta.

Sin duda, el asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU otorga a nuestra nación una importancia estratégica en la diplomacia internacional, de la cual carecía hasta hace unas horas. Durante los próximos dos años, México tendrá un lugar en la mesa junto a las superpotencias, como Estados Unidos, China, Francia, Rusia y Reino Unido, quienes con un sitio permanente en el consejo, conforman la principal fuerza de paz y seguridad en el mundo.

Apoyado por los países latinoamericanos, México se ha posicionado de golpe como un actor principalísimo dentro del concierto de Naciones Unidas, situación que, a querer o no, le confiere una moneda de cambio ante coyunturas de política internacional tan complejas como la del Covid-19.

Tanto el gobierno como los grupos económicos mexicanos deberán tocar las puertas necesarias y explorar caminos que reditúen en apoyos concretos, de la misma manera en que la diplomacia internacional tendrá que jugar su nuevo rol político en el multilateralismo, con mayor aplomo y decisión, pero al mismo tiempo con humanismo y con la sensibilidad, el tacto y la precisión de un cirujano.

México enfrenta ahora el reto de sacudir de una buena vez la anquilosada diplomacia que lo tiene sujeto de tiempo atrás, apostar al multilateralismo y pugnar por el cumplimiento de los compromisos adquiridos por los estados respecto al acceso global y equitativo a las vacunas, a las medicinas y al equipamiento médico, que permita a todos contender de manera eficaz y eficiente con la pandemia. A ricos y pobres. Sin distingos.

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