Mario Gustavo Fiorucci, de Santa Rosa, Argentina, fue el ganador de la categoría Portafolio. Todas las lechuzas parecen estar contentas mirando a la cámara, excepto una. Foto: Mario Fiorucci / CWPA.

Estas son las imágenes de la Competencia de Fotografías Cómicas de la Fauna. El concurso, que comenzó en 2015, intenta crear conciencia sobre la importancia de la conservación, con imágenes livianas y divertidas.

 

Según explicó Paul Paul Joynson-Hicks, organizador de la competencia, ésta es una forma alternativa de hablar del problema de la conservación de las especies, que en muchos casos puede ser más efectiva dado que ya estamos acostumbrados a ver imágenes terribles de la naturaleza.

 

Las bases del concurso (cómo participar, los premios, los jueces, etc.) están disponibles en el sitio web del Comedy Wildlife Photography Awards.

 

La competencia está divida en varias categorías y cada fotógrafo puede enviar hasta un total de seis imágenes y dos videos. Hay también una categoría específica para menos de 16 años.

 

El ganador se llevará como premio un trofeo y una semana de safari liderada por un fotógrafo en Kenia. La competencia no contempla una compensación económica por las imágenes.

 

Estas son las fotos ganadoras en 2016

 


Orgulloso con su rama cual guerrero con su lanza. La foto de este reptil fue tomada por Anup Deodhar. Foto: Anup Deodhar/ CPWA.

 


¿Un rinoceronte de dos cabezas? Foto: George Dian Bala/ CPWA.

 


El intento fallido de este oso por atrapar a un salmón fue captado por la cámara de Rob Kroenert en el Parque Nacional Katmai, en Alaska. Foto: Rob Kroenert/ CPWA.

 


Estas dos hormigas coloradas en Bata, Indonesia, parecen haber sido descubiertas durante una pausa en una danza. Foto: Usman Priyona/ CPWA.

 

Esta foto tomada por Angela Bohlke, de Estados Unidos, fue la que se llevó el primer premio. Fue tomada en el Parque Nacional de Yellowstone. Foto: Angela Bohike/ CPWA.

 


Con esta fotografía en la que un pez (Antennarius pictus), parece estar dándole un cachetazo a otro, Jim Chen obtuvo el primer premio en la categoría de fotos submarinas. Foto: Jim Chen/ CPWA.

Al menos no le cayó en el ojo... La imagen del búfalo y el ave fue captadas en el Parque Nacional Meru, en Kenia. Foto: Tom Stables/ CPWA.

 

Con una sonrisa envidiable esta rana parece encantada de mirar hacia el fotógrafo. La foto es de Artyom Krivosheeev. Foto: Artyom Krivosheev/ CPWA.

 

Mientras la madre duerme una siesta en Manitoba, su cría levanta la pata en lo que parece un divertido saludo a la cámara. La imagen fue tomada por Philip Marazzi en Canadá, y le valió una mención. Foto: Philip Marazzi/ CPWA.

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Hallado Zelandia, un enorme continente sumergido en el Pacífico

 

El territorio cubre un área de 4,9 millones de kilómetros y sus zonas visibles son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia

 

Hace poco más de diez años, Plutón perdió su condición de planeta y cambió lo que se había enseñado en las escuelas durante décadas. Ahora es posible que los libros de ciencia tengan que añadir un continente —casi totalmente inmerso en las aguas del sureste del Pacífico— en sus mapas. Solo sus montañas más altas, el 6% de su territorio, se asoman sobre el mar: son Nueva Zelanda y Nueva Caledonia. Científicos del centro neozelandés GNS Science han publicado el descubrimiento de Zelandia (nombrado como Zealandia en inglés), en la revista de la Sociedad Geológica de América (GSA), dos semanas después de que se encontraran restos de otro continente bajo el océano Índico. Zelandia cubre un área de 4,9 millones de kilómetros, de la que forman parte Nueva Zelanda (con una extensión de 268.680 kilómetros cuadrados) y Nueva Caledonia (con 19.000 kilómetros cuadrados).

El equipo del GNS Science empezó a investigar la posible existencia del continente hace 20 años, pero solo ahora ha logrado probar, a través de datos colectados por sensores submarinos, que Zelandia reúne las condiciones necesarias para ser clasificado como tal: elevación sobre la zona circundante, geología distintiva, un área bien definida y una corteza más gruesa que el suelo oceánico normal. Según el estudio, los bordes de la corteza continental de Australia y del "nuevo" continente llegan tan cerca como 25 kilómetros entre sí.

Los investigadores sostienen que Zelandia se formó después de la desintegración del supercontinente Gondwana, desde hace 85 millones de años hasta hace unos 30 millones de años. "A los 30 millones de años, el continente estaba en sumergimiento máximo: hay calizas por todas partes. Desde entonces, la convergencia a lo largo y cerca de la frontera de la placa del Pacífico-Australia ha levantado partes de Zelandia que formaron las islas de Nueva Zelanda", explica Nick Mortimer, líder de la investigación.

El geólogo defiende que la importancia de Zelandia va más allá de añadir un nombre a la lista de continentes. "Es el continente más fino y más pequeño que se ha encontrado, y el hecho de que esté tan sumergido pero no fragmentado lo hace útil para explorar la cohesión y desintegración de la corteza continental", afirma. Mortimer también explica que Zelandia proporciona un nuevo contexto de "una tierra que se hizo más pequeña y se hundió bajo las olas" para los estudios de biología evolutiva, que pueden explicar los orígenes de la flora y fauna endémicas de Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

Según el conjunto de datos de los satélites y buques de investigación que mapean todo el planeta, ya no hay ningún otro lugar para ocultar un continente sumergido, al menos no uno tan grande como el que han hallado los científicos neozelandeses. "Es posible que se encuentre microcontinentes, sobre todo en el océano Índico, pero no continentes", escriben los investigadores.

Que Zelandia sea reconocido por la comunidad científica no es una cuestión de apelar a ningún organismo y tampoco hay una lista oficial de qué continentes existen —de hecho, algunos geólogos afirman que hay cuatro, mientras que otros sostienen que son siete—. El trabajo de Mortimer y su equipo será validado cuando otros científicos empiecen a mencionarlo en sus investigaciones. "Nos gustaría que reconocieran que simplemente mostrar esa parte remota del Pacífico, con un continente sumergido, es más geológicamente preciso e informativo que el panorama anterior. Nos gustaría verlo en el mapamundi", dice el geólogo.

 

 

Hawking: “No creo que vivamos 1.000 años más sin que tengamos que dejar este planeta”

El físico británico hace un emotivo balance de su vida ante una audiencia entregada durante su charla en el festival Starmus que se celebra en Tenerife

Cuando era un veinteañero, Stephen Hawking tuvo la primera sensación de que estaba enfermo, sin saber de qué. Los médicos no supieron hacer mucho más. “Nunca me dijeron qué tenía, aunque yo intuía que era bastante grave. Me dijeron que no había nada que hacer”, ha explicado este físico teórico hoy en Tenerife, ante una sala abarrotada a la que ha llegado escoltado por sus asistentes médicos y dos policías, entre una cerrada ovación.


El punto de inflexión en su vida fueron aquellos días en los que los médicos no sabían qué hacer o incluso le recomendaban que dejase la cerveza para no sufrir caídas, cada vez más frecuentes por su dolencia neurodegenerativa. “No sabía si viviría lo suficiente siquiera para terminar mi tesis”, confesó con su característica voz robótica. “Al principio caí en una profunda depresión”, pero luego se dio prisa para acabar el trabajo y "cada día se convirtió en un regalo; mientras hay tiempo hay esperanza”, recalcó.


El científico ha hecho un juego de palabras con su libro más famoso para narrar “Una breve historia de mi vida”, su primera charla en el festival Starmus, que se celebra estos días en Tenerife. Este año la cita ha congregado en la isla de Tenerife a 12 premios Nobel y a siete astronautas de varias generaciones. El evento ha congregado a unos 800 asistentes de 12 países con su extraña mezcla de música, astronomía y charlas de algunas de las mentes más brillantes del planeta, que en esta ocasión se han reunido para honrar a Hawking.


El físico británico ha explicado cómo su historia ha discurrido en paralelo al nacimiento y consagración de la cosmología como disciplina para entender las cuestiones más fundamentales del universo. Uno de sus mayores logros ha sido su propuesta de que el Universo no tiene ni un principio ni un final, lo que supone que la cuestión de la creación, la posible necesidad de que haya un Dios para ella, queda descartada. Ese concepto lo recogió en su libro más popular Una Breve Historia del Tiempo, uno de los mayores best sellers de ciencia. “Nunca esperé que tuviese tanto éxito ni tampoco que nadie lo comprendiese completamente, pero sí lograr que entendieran que vivimos en un universo gobernado por leyes racionales que podemos descubrir y comprender”, ha señalado ante una sala sumida en un devoto silencio.

Otra de sus grandes contribuciones fue descubrir que “los agujeros negros no son tan negros como pensábamos”. Si todo lo que cae en uno de estos monstruos del cosmos se pierde, como pensaban muchos científicos, sería imposible conjugar la relatividad con la mecánica cuántica, las leyes “de lo infinitamente pequeño”, como las partículas en el entorno de un agujero negro. “Mi solución a este problema fue que la información no se pierde al caer en un agujero negro, pero que, al caer, no retorna en un formato utilizable”, dijo. “Es como si quemas una enciclopedia, la información no se pierde, pero es muy difícil de leer”, bromeó.


Una nueva teoría


A sus 74 años Hawking sigue investigando con sus colegas de la Universidad de Cambridge en “una nueva teoría para explicar la mecánica de cómo la información retorna de los agujeros negros”. Puede que pronto avance en la resolución de esos problemas desde su nuevo despacho en el Instituto de Astrofísica de Canarias, uno de los pocos centros de investigación del mundo del mundo cuya oferta de colaboración científica ha aceptado este físico.

También ha resaltado como futuros proyectos científicos como Planck y LISA pueden avanzar mucho más en los próximos años, por ejemplo confirmando la teoría de la inflación del universo que él defiende, al contrario que su veterano colega Roger Penrose, que estaba sentado en la fila de los invitados ilustres.


El científico también ha hecho una defensa de la exploración espacial por razones de propia supervivencia como especie. “No creo que vivamos 1.000 años más sin que tengamos que dejar este planeta para buscar otro, por eso intento que aumente el interés por la gente en el universo”, ha señalado. “Ha sido un tiempo glorioso para estar vivo” y “hemos hecho un gran progreso en los últimos 50 años en nuestra comprensión del universo”, ha resaltado Hawking.


De niño estuvo cerca de morir reventado por las bombas alemanas en su barrio cercano a Londres. Ha sobrevivido a una enfermedad que le dejó sin voz.

Su mente funciona aún a toda velocidad, pero solo puede juntar unas pocas palabras por minuto con el ordenador especial que usa. Y a todo ello se ha sobrepuesto. “Mi consejo es que recordéis mirar hacia arriba, hacia las estrellas, no a vuestros pies”. “Intentad encontrar el sentido de lo que veis, sed curiosos. No importa qué dificultades haya en vuestras vidas, siempre hay algo en lo que podéis triunfar. No os rindáis”.

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Martes, 31 Mayo 2016 07:05

El desastre del agua embotellada

El desastre del agua embotellada

El agua es fundamental para la vida. ¿Por qué no deberíamos comprar agua embotellada? La privatización del agua se convierte directamente en un crimen contra la humanidad, sin ella no se puede vivir, por lo que su privatización supone negar un derecho humano y generar gran cantidad de residuos consumiendo recursos naturales no renovables.

Ahora que se acerca el verano y comienza ya el calor propiamente dicho, oiremos ese reportaje que año tras año se repite en los medios de comunicación sobre hidratarse constantemente para evitar males mayores.


El agua es fundamental para la vida. Sin ella, las reacciones químicas de nuestro cuerpo no tendrían lugar. Es más, el agua fue la cuna de la vida, esencial para que los primeros microorganismos pudieran desarrollarse y dar lugar a toda la increíble biodiversidad de la que consta nuestro planeta en la actualidad.


Sin embargo, para el presidente de la multinacional Nestlé, conocida por su chocolate, aunque también tiene lucrativos negocios en el tema de la venta de agua embotellada, "el agua no es un derecho; debería tener un valor de mercado y ser privatizada".


Es decir, que para el presidente de Nestlé, si no tienes dinero directamente te mueres (seguramente vayas al cielo donde cada día podrás saturar tu estómago con chocolate Nestlé).


Como el propósito de privatizar el agua no lo puede conseguir, por lo menos a corto plazo, Nestlé (y otras compañías comercializadoras de agua embotellada) han iniciado una cruzada contra el agua del grifo.


Pero, ¿existe alguna diferencia entre el agua embotellada y el agua del grifo? Para responder a esta pregunta es necesario tener en cuenta dos situaciones.


La primera de ellas es la de los países con unas instalaciones de potabilización y redes de distribución adecuadas. Es el caso de la gran mayoría de municipios de España (exceptuando pequeños núcleos urbanos más o menos aislados).


En este caso, no existe ningún peligro para la salud humana al ingerir agua del grifo. En muy puntuales excepciones es posible que el agua sea bastante "dura" (alto contenido en magnesio y/o calcio, por ejemplo), y que no sea aconsejable su ingesta directa para las personas propensas a formar piedras en el riñón. Sin embargo, esto puede arreglarse con un simple filtro para la cal.


El agua potable de las ciudades pasa unos controles de calidad muy estrictos y la única razón por la que podría llegar con deficiencias de calidad a los hogares es debido a la antigüedad de las tuberías de algunos edificios. Por tanto, no existe ninguna razón objetiva para preferir el agua embotellada a la del grifo. Esto lo sabe perfectamente el presidente de Nestlé, y precisamente por ello aboga por privatizarla, para que no nos quede otra opción que comprar sí o sí agua embotellada.


Ahora bien, ¿por qué no deberíamos comprar agua embotellada? Las razones son múltiples, y en muchas ocasiones se encuentran interrelacionadas.

Solamente destacaré algunas de las más importantes.


1) El agua es un bien público y pertenece a toda la Humanidad, es vital para la vida, sin ella no se puede vivir, por lo que su privatización supone negar un derecho humano, supone un crimen contra la Humanidad.


2) El consumo de agua embotellada consume recursos naturales no renovables y genera ingentes residuos que si no son tratados adecuadamente generan gravísimos problemas ambientales.


3) El agua embotellada tiene que ser trasladada hasta los puntos de venta, generando emisiones de CO2 que, unidas a las emisiones que se producen en todos los otros puntos comentados, suponen emisiones de CO2 a la atmósfera completamente evitables.


4) En muchas ocasiones el agua proviene de acuíferos en los que se explota el agua a mayor velocidad que la tasa de recarga, produciendo numerosos problemas para la población local que depende de esos acuíferos.


La segunda situación o contexto en el que debemos analizar el consumo de agua embotellada corresponde a aquellos países que no cuentan con unas adecuadas infraestructuras de tratamiento y distribución de agua potable.


Es urgente y de vital importancia garantizar un adecuado suministro de agua potable en estos territorios. Sin embargo, nos encontramos con la paradoja de que las grandes corporaciones multinacionales dedicadas a la producción de agua embotellada tienen concesiones de explotación de acuíferos en estos países para producir agua embotellada a precios inasequibles para la población local.


Es decir, en vez de suministrar el agua potable a sus ciudadanos, los dirigentes de estos países se la otorgan a empresas extranjeras. ¿A cambio de qué? No hay que pensar demasiado para suponerlo.


Nadie quita a sus ciudadanos su agua y se la otorga a una empresa extranjera de forma gratuita. Así, nos encontramos con países en los que las precipitaciones anuales son suficientes para abastecer a la población pero sin embargo no tienen acceso al agua potable por falta de infraestructuras. Eso sí, en los comercios se puede encontrar agua embotellada a un precio mayor que el salario medio diario.


De esta forma, sólo tendrán acceso al agua potable aquellas personas con suficientes recursos como para contar con sistemas de extracción, canalización y potabilización de agua en sus casas, es decir, las personas con un alto poder adquisitivo.


Ésta es la situación que está viviendo la ciudadanía de muchos países en vías de desarrollo. Además, hay que tener en cuenta que tanto la falta de sistemas de potabilización como de depuración de aguas supone un gravísimo problema de salud pública. Determinados virus como el cólera se encuentran directamente relacionados con condiciones de insalubridad en las aguas. Si a esto se le añade la situación de escasez de medicamentos en estos lugares el problema deviene en una tormenta perfecta, donde la muerte por una simple diarrea en niños se convierte en un drama diario.


Tampoco hay que olvidar que sin un agua de calidad no son posibles ni la agricultura ni la ganadería, por lo que también se está negando la posibilidad de crear una industria agroalimentaria de calidad. Como consecuencia, tendrán que comprar aquellos alimentos provenientes de la Unión Europea tan baratos debido a los terribles resultados que supone la Política Agraria Comunitaria. Aunque este es otro tema.


Así, la privatización del agua se convierte directamente en un crimen contra la humanidad. Y como tal, las personas que niegan el derecho al libre acceso al agua potable deberían ser juzgadas. Se está condenando a muerte a millones de personas.


Tratados como el TTIP supondrían dar aún más vía libre a estos intentos de privatización de bienes públicos y a la impunidad de los dirigentes de las multinacionales. No es casual que la mayor parte de las empresas que se dedican al negocio del agua embotellada participen también en otros negocios de cierta opacidad que implican el tráfico y explotación de niños, como por ejemplo el chocolate.


Tampoco hay que olvidar que para la elaboración de las bebidas refrescantes se necesita una importantísima cantidad de agua (famosos son algunos casos como la extracción de agua en zonas con sequía extrema de la India para la elaboración de una célebre marca de cola).


Ahora bien, ¿qué podemos hacer desde nuestros privilegiados países del Primer Mundo?


En primer lugar, de forma general, evita comprar agua embotellada. El agua que sale del grifo de tu casa, muy probablemente, es tan sana (o más) que el agua embotellada. Evita también comprar refrescos de esas famosas marcas. Hay refrescos artesanales o zumos que pueden perfectamente saciar tu sed.


Investiga. Como ya hemos comentado, muchas de estas marcas que comercializan agua embotellada también se dedican a la venta de otros productos. Consumir los productos de esas marcas es contribuir al aumento de sus beneficios y, con ello, a impulsar que sigan privatizando el agua.


Lee, infórmate sobre los efectos del consumo del agua embotellada.

Publicado enMedio Ambiente
Encuentran agua líquida en Marte, confirma la NASA

Científicos hallaron agua líquida en Marte, informó este lunes la agencia espacial estadunidense NASA.


Marte no es el planeta seco y árido que pensábamos en el pasado, reveló Jim Green, director de ciencias planetarias de la agencia espacial, en una conferencia de prensa.


Bajo ciertas circunstancias, se ha hallado agua líquida en Marte, añadió.


Desde hace tiempo, los científicos han supuesto que, en algún momento de su historia, el planeta rojo contenía agua, que al fluir formaba valles y cañones.


Pero se cree que estas condiciones se modificaron hace 3 mil millones de años debido a un importante cambio climático, explicó Green. "Hoy, estamos revolucionando lo que creíamos sobre este planeta.


Nuestras sondas están descubriendo que hay mucha más humedad en el aire (de lo que se suponía), añadió.
Probablemente se podría encontrar hoy agua en Marte: así lo apuntan los nuevos datos enviados por la sonda espacial Orbitador de Reconocimiento de Marte (MRO), de la agencia espacial estadunidense NASA, que analizó el equipo de investigadores que dirige Lujendra Ojha y cuyas conclusiones se publicaron la revista Nature Geoscience.


En el verano de Marte se puede encontrar agua salada que corre por algunas pendientes, según señaló el equipo de Ojha, que trabaja en el Instituto de Tecnología de Georgia.


Estos datos son hasta la fecha la mejor prueba de que en la actualidad, al menos durante algunas épocas, hay agua en estado líquido en el planeta rojo. Esto justifica una investigación astrobiológica más profunda de las pendientes afectadas, subrayaron los científicos.


El agua en estado líquido es de vital importancia para la vida, tal como el ser humano la conoce. En Marte ya se han encontrado diferentes reservas de ese elemento e indicios de que lo había en el pasado.


Sin embargo, hasta la fecha no se había detectado agua líquida de forma directa.


Su descubrimiento tiene importancia, sobre todo para la búsqueda de formas de vida pasadas o todavía existentes en el planeta rojo. Si en las pendientes observadas realmente fluye la salmuera líquida durante un tiempo, entonces podrían darse condiciones de humedad temporales en el suelo de Marte. Pero al parecer la actividad en la salmuera es muy pequeña como para que se desarrollen microorganismos tal como los conoce el ser humano.


Los científicos del equipo de Ojha investigaron las corrientes que se forman regularmente en verano en algunas pendientes escarpadas de Marte.


Estas corrientes, de pocos metros, suelen aparecer cuando las temperaturas en las pendientes alcanzan los 20 grados Celsius y se presentan con regularidad cuando superan los 0 grados.


Desde su descubrimiento, los investigadores especulan que pueden proceder del agua líquida tras superar el punto de congelación o de evaporación de sales.


Ese agua podría ser del deshielo y proceder del hielo que se cree que existe bajo el suelo de Marte o estar ligada a la sal del ligero aire de Marte.


La presencia de agua o sales no se había detectado en las mediciones realizadas con anterioridad.


El instrumental empleado hasta la fecha por la sonda,para investigar la composición química del suelo de Marte no era suficientemente preciso. Pero los científicos idearon un nuevo proceso para analizar los pixeles que capta el espectrómetro.
Se ha podido mostrar en pixeles seleccionados cuidadosamente, y que en gran parte contenían las corrientes, el rastro de la típica sal hidratada. Los investigadores detectaron esas corrientes en cuatro sitios de Marte.


En abril pasado, otros investigadores revelaron que la parte superior de suelo marciano, se formaba en la noche una salmuera. Con ayuda del robot Curiosity identificaron la sustancia como perclorato, que en las condiciones adecuadas absorbe la humedad del aire y forma la salmuera, que se evaporaba por la mañana. Para la existencia de vida es poca agua y, además, demasiado fría, apuntaron los científicos en Nature Geoscience.

La luna Encelado de Saturno esconde un océano global de agua líquida

Investigadores de la misión Cassini de la NASA encontraron que el ligero bamboleo de la luna a medida que orbita, solamente puede explicarse si la capa de hielo exterior es sólida pero líquida en su interior.


Un océano global se encuentra debajo de la corteza helada de la luna geológicamente activa Encelado de Saturno, según un nuevo estudio con datos de la misión Cassini de la NASA. Los investigadores encontraron que el ligero bamboleo de la luna a medida que orbita Saturno, solamente puede explicarse si la capa de hielo exterior es sólida pero líquida en su interior, lo que significa que un océano global debe estar presente.

El hallazgo implica que la pulverización fina de vapor de agua, partículas de hielo y moléculas orgánicas simples, que Cassini ha observado procedente de las fracturas cerca del polo sur de la luna está siendo alimentado por este inmenso reservorio de agua líquida. La investigación se presenta en un artículo publicado en línea esta en la revista Icarus.

Análisis previos de los datos de Cassini sugerían la presencia de un cuerpo en forma de lente de agua, o mar, que subyace en la región polar sur de la luna. Sin embargo, datos de gravedad recogidos durante varios pases cerca de la nave espacial sobre la región polar apoyaron la posibilidad de que el mar podría ser global. Los nuevos resultados -usando una línea independiente de la evidencia a partir de imágenes de la Cassini- confirman que este es el caso.

"Este fue un problema difícil que requiere años de observaciones y cálculos con una variada colección de disciplinas, pero confiamos en que finalmente conseguimos hacerlo bien", dijo en un comunicado de la NASA Peter Thomas, miembro del equipo de imágenes de Cassini en la Universidad de Cornell, Ithaca, Nueva York, y autor principal del artículo.

Los científicos de Cassini analizaron más de siete años de imágenes de Encelado tomadas por la nave espacial, que ha estado orbitando Saturno desde mediados de 2004. Observaron cuidadosamente las posiciones de características particulares de Encelado, en su mayoría cráteres, con el fin de medir los cambios en la rotación de la luna con una precisión extrema.

Como resultado, se encontró que Encelado tiene un pequeño, pero medible bamboleo en su órbita alrededor de Saturno. Debido a que la luna helada no es perfectamente esférica, --y va un poco más rápido y más lento durante las diferentes partes de su órbita alrededor de Saturno-- el planeta gigante mueve sutilmente Encelado hacia atrás y adelante a medida que gira.

El equipo aplicó su medición de la oscilación, llamada libración, en diferentes modelos de cómo Encelado podría estar dispuesta en el interior, incluyendo aquellos en las que la luna estuviera congelada desde la superficie hasta el núcleo.

"Si la superficie y el núcleo se conectan rígidamente, el núcleo proporcionaría tanto peso muerto que el bamboleo sería mucho menor", dijo Matthew Tiscareno, un científico participante Cassini en el Instituto SETI, en Mountain View, California, y co-autor del trabajo. "Esto demuestra que debe haber una capa global de líquido que separa la superficie del núcleo".

Los mecanismos que podrían haber impedido la congelación de este océano siguen siendo un misterio. Thomas y sus colegas sugieren algunas ideas para futuros estudios que podrían ayudar a resolver la cuestión, incluida la posibilidad de fuerzas de marea debido a la gravedad de Saturno que podrían estar generando mucho más calor dentro de Encelado de lo que se pensaba.

La esperanza se construye  transformando la realidad

El mensaje a la infancia y adolescencia NO puede seguir siendo “Bienvenidos pero han llegado a un barco a punto de naufragar”


 

Formamos parte de una crisis del planeta, de la civilización, del desarrollo, del país, de cada territorio local


 

Una particularidad de esta crisis es que el planeta dejó de ser un mero escenario y reclama su papel como actor


 

El planeta y cada territorio exigen ser oídos por las buenas o por las malas al tomar decisiones que los puedan afectar


 

“En peores cañadas me ha cogido la noche”, decía ARGOS (Roberto Cadavid)


 

Por peores crisis ha pasado la Vida y ha logrado sobrevivir. Gracias a eso estamos nosotros hoy aquí


 

Más allá de toda mezquindad, los seres humanos también somos expresiones de las ganas que tiene el Cosmos de vivir


 

La Vida está hecha de agua y el agua es invencible. Los seres humanos debemos aliarnos con el agua, nuestra esencia vital


 

La esperanza se construye transformando la realidad


 

Participar NO ES TENER una parte sino SER expresiones activas de los procesos de transformación


 

Niños, niñas y adolescentes deben reclamar su derecho a participar en decisiones del presente y del futuro que van a liderar


 

Alguien dirá: ¿Los niños y niñas cómo? ¿Con qué?

Pues con su condición de vida que comienza y que está dispuesta a vivir bien


 

Hay que conocer la Historia pero no sólo del país: también del planeta y de la Vida de la cual somos resultado y expresión


 

Debemos conocer y sentir esa Vida que somos y con la cual nos tenemos que aliar


 

Nuestro desafío no es “salvar el planeta”, que se salva solo, sino ganarnos el derecho a seguir siendo parte de él


 

La Constitución dice: Colombia es una República democrática, participativa y pluralista. Eso no nos lo dejamos quitar


 

 La transformación de nuestra relación con la Tierra comienza en el pedacito de planeta del cual somos parte


 

“Pensar globalmente y actuar localmente”, sí. Pero también pensar y sentir el planeta desde cada territorio local


 

La participación no se puede reducir a un trámite puntual. Participar es una manera de existir


 

El Derecho a la Participación ya está en la Constitución Nacional. Para que no sea letra muerta hay que ejercerlo de verdad


 

No podemos seguir viviendo en función de pesadillas ajenas. Tenemos que convertir nuestros sueños en realidad

Link: http://teologiadefractales.blogspot.com/2012/04/america-del-sur.html


 

“Si no nos dejan soñar, no los dejamos dormir”, grafiti en un muro de Popayán

 

El mejor mensaje de Esperanza a niños, niñas y adolescentes es apoyarlos para que ejerzan su Derecho a Participar

 

Participar no es imitar los errores de las generaciones anteriores sino construir un futuro en el que sea posible la felicidad

 

En las próximas elecciones también se decide si se fortalece la Vida o se apoya su destrucción. Toca votar con responsabilidad

 

O nos aliamos expresamente con los procesos de la Vida o nos ponemos al servicio de su destrucción

 

Verdadera democracia, verdadera participación: herramientas para el fortalecimiento de la Vida a nivel nacional y local

 

No se trata de jugarnos la vida sino de jugárnosla toda en favor de la Vida

 

Ninguna crisis es meramente coyuntural: todas son “nudos” en procesos de largo plazo que debemos comprender

 

Los enfoques de sistemas y procesos son necesarios para no dejarnos agobiar por las crisis puntuales

 

La mejor educación es la que nos da herramientas para participar en la transformación de la realidad

 

Reconocernos como eslabones de la Vida en la Tierra. No permitir que los poderes abusivos nos quiten el derecho a la felicidad

 

Para alimentar la Esperanza debemos aprender del agua, del suelo, de la gente y demás seres que encarnan la fortaleza vital

 

Hoy tenemos instrumentos que nos permiten ver el Cosmos cara a cara. Pongámoslos también al servicio de la solidaridad

 

Democracia es la posibilidad de que las partes unidas transformen el Todo en beneficio de la Vida y del interés general

 

Cuando se tienen unos propósitos éticos firmes, “se hace camino al andar”

 

Si no sabemos al servicio de qué o de quién caminamos, cada paso nos puede acercar a la fatalidad

 

Cuando la razón convencional no deja salidas, aferrémonos a la berraquera con que la Vida le imprime a la Tierra su vitalidad

 

Bienvenidos niñas, niños y adolescentes a este momento en el cual decidimos el futuro de nuestra especie en la Tierra

 

Erróneamente llamamos “malezas” a todas las especies que no se dejan imponer un orden autoritariamente convencional

 

Distingamos cuáles de esas “malezas” son en realidad “buenezas” de las cuales debemos aprender

 

Fortalezcamos en nosotros el entusiasmo vital de las especies que se niegan a dejarse exterminar

 

No soy un “falso positivo” que se niega a reconocer la gravedad de la crisis actual

 

Me aferro a la confianza en que la Vida ha enfrentado peores desafíos y ha sido capaz de triunfar

 

Padre Nuestro Sol que estás en el cielo; Madre Nuestra Tierra que estás en nosotros, dennos energía y sabiduría para seguir

 

Del helecho al pecho. Que el viento lleve estas esporas de “Esporanza” hasta que encuentren suelos fértiles para germinar

Publicado enEdición Nº200
Los neutrinos captados en la Antártida abren una nueva ventana al universo

Los neutrinos son tan invisibles que los científicos, para verlos, tienen que montar sus especiales y enormes detectores en lugares insólitos, como la Antártida. En el mismísimo Polo Sur, junto a la base científica estadounidense Amundsen Scott, está incrustado, en un kilómetro cúbico de hielo, el detector IceCube, cuya función es captar estas partículas elementales generadas fuera del Sistema Solar, los llamados neutrinos cosmológicos o astrofísicos. Los científicos de este peculiar telescopio anuncian ahora, en la revista Science, que han captado un total de 28 neutrinos de altísima energía y propiedades específicas que permiten descartar que puedan haberse producido en el Sol o en la atmósfera terrestre. "Es el amanecer de una nueva era de la astronomía", afirma el científico estadounidense Francis Halzen, científico de Universidad de Wisconsin-Madison, responsable y padre del IceCube.

 

Los científicos todavía no pueden señalar los fenómenos concretos que emitieron esos neutrinos pescados en la Antártida, dado que el flujo es pequeño todavía, pero las teorías indican que deben proceder de explosiones estelares de supernova, de agujeros negros, de galaxias activas o de otros fenómenos extremos.


Miles de millones de neutrinos pasan por cada centímetros cuadrado de la Tierra –y por el cuerpo de cada uno de nosotros- cada segundo. Como si nada. Estas partículas apenas interaccionan con la materia así que la atraviesan sin inmutarse y como son neutras, no se desvían por los campos magnéticos. Pero se generan en procesos físicos fundamentales y en cantidades ingentes. La inmensa mayoría de los neutrinos que nos atraviesan imperceptiblemente se generan en el Sol o en las interacciones de los rayos cósmicos en la atmósfera y en la radiactividad natural. También se producen en los reactores nucleares y en aceleradores de partículas, como el PS del CERN (Laboratorio Europeo de Física de Partículas).

 

Como son tan fantasmagóricas, lograr detectar estas partículas sin apenas masa y viajando casi a la velocidad de la luz exigen auténticas proezas tecnológicas y mucha imaginación por parte de los científicos.


El IceCube está formado por 86 cables en los que están montados 5.160 módulos ópticos capaces de ver minúsculos destellos de luz azul (nominada Cherenkov) emitida cuando, muy de vez en cuando, un neutrino interactúa con el hielo. Esos 86 cables están distribuidos en un kilómetro cúbico de hielo de la Antártida a una profundidad entre 1.450 y 2.450 metros de profundidad. Siete años se tardó en construir el peculiar telescopio en las condiciones extremas del Polo Sur, incluyendo la instalación de todos los dispositivos electrónicos y transmisión de datos que se envían directamente desde la Antártida a la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos, para su análisis. Costó 200 millones de euros y empezó a funcionar en 2010. Su objetivo es medir el flujo de neutrinos cósmicos así como localizar en el universo las fuentes que los emiten. IceCube es el mayor detector de ese tipo en el mundo, aunque se planifica uno más grande aún en el Mediterráneo, en agua marina en lugar de hielo.


Hace unos meses, los científicos de IceCube anunciaron la detección, en 2012, de dos neutrinos superenergéticos, de más de 1000 teralectronvoltios (TeV), tan queridos por estos físicos que los bautizaron Epi y Blas en honor a los entrañables personajes de Barrio Sésamo. A continuación han analizado a fondo los datos tomados entre mayo de 2010 y mayo de 2012 y han descubierto otros 26 neutrinos de energía superior a los 30 TeV. Los datos preliminares fueron presentados el pasado mes de junio.


"Esta es la primera indicación de neutrinos de muy alta energía procedentes de fuera del Sistema Solar, con energías más de un millón de veces superiores a la de los neutrinos observados en 1987 relacionados con una supernova que se vio en la galaxia Gran Nube de Magallanes", explica Halzen. Los neutrinos de aquella supernova, 1987A, pasaron a la historia de la ciencia ya que fueron los primeros que se lograron asociar directamente a un fenómeno así y proporcionaron importantísima información, no solo sobre la estrella que explotó en supernova (debió acabar en agujero negro) sino también sobre los mismos neutrinos.


"Los neutrinos son mensajeros excepcionales de los fenómenos de más alta energía del universo porque, a diferencia de la luz, escapan fácilmente de entornos extremadamente densos, como el centro de una supernova", explican los investigadores del laboratorio alemán DESY participantes en IceCube. "Por ejemplo, los neutrinos de 1987A llegaron a la Tierra unas tres horas antes que los fotones de luz, que primero tuvieron que abrirse camino dentro de la supernova", añaden. Epi y Blas tienen más de mil TeV y eso es más que la energía cinética de una mosca en vuelo comprimida en una única partícula elemental, añaden los expertos alemanes.


"La era de la astronomía de neutrinos ha comenzado", afirman Gregory Sullivan, jefe del equipo de la Universidad de Maryland que trabaja en IceCube. Lo mismo considera John Learned, de la Universidad de Hawai, que, en 1973, propuso montar un detector similar en el océano. Pero el trabajo ha comenzado y con buen pie. "IceCube es un estupendo y único telescopio astrofísico, desplegado en el hielo profundo de la Antártida, pero mirando a todo el universo, detectando neutrinos que le llegan atravesando toda la Tierra desde el cielo del hemisferio Norte así como los que proceden del Sur", dice Vladimir Papitashvili, responsable de la Fundación Nacional para la Ciencia estadounidense, que ha financiado la gran instalación científica.


Forman la colaboración IceCube 250 físicos e ingenieros de 12 países, participan en el proyecto 16 universidades estadounidenses.

 

Por ALICIA RIVERA Madrid 21 NOV 2013 - 20:28 CET

Publicado enInternacional
Lunes, 18 Abril 2011 09:34

El planeta devuelve el golpe

El pasado lunes, Yukio Edano, secretario jefe del gabinete, defendió la reacción del gobierno japonés ante el desastre nuclear en Fukushima, e insistió en que el complejo de la planta está en “una situación estable, hablando relativamente”. Es como la descripción oficial de 11.500 toneladas de agua vertida intencionalmente a las aguas del océano frente a Fukushima como “de bajo nivel de radioactividad” o “ligeramente radioactivas”. Es, claro está, solo “ligeramente” en comparación con el agua aún más radioactiva acumulada en la planta. Pero así son las cosas con las palabras descriptivas: todo depende del color del cristal con las que se mire, y el gobierno japonés no se ha mostrado mucho más deseoso que Tokyo Electric Power Company (Tepco), que dirige el complejo, de ver gran cosa cuando se trata de Fukushima.

El martes, el gobierno terminó por elevar el nivel de alerta de Fukushima en la escala de Eventos Nucleares Internacionales de 5 a 7 –“un accidente mayor”– la categoría más elevada, sólo utilizada previamente para el desastre nuclear de Chernóbil en 1986 (que causó una “zona muerta” de 39.000 kilómetros cuadrados en Ucrania). Aunque los funcionarios del gobierno se apresuraron a restar importancia a la comparación con Chernóbil, un responsable de Tepco presentó un comentario en el que trata siniestramente de cubrirse ante todas las posibilidades: “Nuestra preocupación es que la cantidad de filtración podría terminar por llegar a la de Chernóbil, o excederla”.

De hecho, en nuestro atontado planeta, nunca hemos visto nada parecido a lo que está pasando en Fukushima, no uno, sino cuatro reactores nucleares adyacentes, tres de los cuales parecen haber sufrido fusiones nucleares parciales, y varias piscinas de contención para combustible “gastado” (que en términos de radioactividad, es cualquier cosa pero no gastado) en diversos estados de suma urgencia. Mientras tanto, las semanas necesarias para llegar a controlar la situación han pasado a peligrosos meses, años, décadas e incluso un siglo de limpieza y recuperación. Se especula con el hecho de que parte del núcleo de un reactor, por lo menos, ya “ha filtrado de su vasija al fondo de [su] estructura de contención”, y cada acción para poner el complejo bajo algún tipo de control sólo parece crear, o amenaza con crear, otros problemas inesperados (como esa agua “ligeramente radioactiva”).

Mientras tanto, en medio de otras gigantescas réplicas del terremoto de 9 grados del 11 de marzo (con otras que posiblemente volverán a ocurrir durante años), el gobierno japonés ha estado ampliando lentamente la “zona de evacuación” (recientemente descrita por un visitante como una escalofriante “zona de la muerte… como un episodio de Dimensión desconocida [Twilight Zone] de Rod Serling combinado con El día de mañana/El día después de mañana [The Day After], una visión apocalíptica de la vida en la era nuclear”) alrededor del complejo. Recién esta semana comenzaron a avisar a mujeres embarazadas y niños que permanezcan fuera de ciertas áreas hasta 30 kilómetros de la planta. No es sorprendente, en vista de que en una pequeña cantidad de muestras del suelo tomadas fuera de la zona de 30 kilómetros –en un caso a 40 kilómetros de Fukushima– se ha encontrado cesio-137 (con una vida media de 30 años) a niveles que exceden los que, en Chernóbil, obligaron a los residentes a irse. Es posible que muchos de los cientos de miles de japoneses que vivían en esas áreas (y si las cosas empeoran, aún más lejos) nunca puedan volver a casa.

Pase lo que pase en Fukushima, ¿podría haber una advertencia más impactante de que nosotros, los seres humanos, nos hemos extralimitado y que nuestro planeta tiene una manera de imponer castigos por semejante arrogancia? Y hay que recordar que no se puede decir que los japoneses estén solos en esto. Después de todo, en EE.UU., por lo menos cinco reactores nucleares están situados en “zonas sísmicas propensas a terremotos”, según un informe reciente, que ni siquiera incluye el reactor de Indian Point construido sobre una falla sísmica a solo 50 kilómetros del centro de la Ciudad de Nueva York, mi ciudad de residencia.

Tal vez, como sugiere el colaborador regular de Tom Dispatch Michael Klare, autor de Rising Powers, Shrinking Planet, es hora de revisar la forma en que tratamos al planeta Tierra, antes de que sea demasiado tarde. Tom

(Introducción del editor de Tom Dispatch)
Michael T. Klare, Tom Dispatch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El planeta devuelve el golpe


Por qué subestimamos a la Tierra y nos sobrevaloramos


En su libro de 2010: Eaarth: Making a Life on a Tough New Planet, [Tiierra, tratando de vivir en un nuevo planeta hosco] el erudito y activista ecológico Bill McKibben escribe sobre un planeta tan devastado por el calentamiento global que ya es irreconocible como la Tierra en la que solíamos vivir. Es un planeta, predice, de “polos que se derriten, de bosques que se mueren y de un mar creciente, corrosivo, barrido por vientos, acribillado por tormentas, abrasado por el calor”. Diferente del mundo en el cual nació y prosperó la civilización humana, necesita un nuevo nombre, de modo que le agregó un “a” en “Eaarth” [“i” en “Tiierra”, N. del T.]

La Tiierra descrita por McKibben es una víctima, una baja del consumo irrestricto de recursos de la humanidad y sus irresponsables emisiones de gases invernadero que modifican el clima. Es verdad, esta Tiierra causará dolor y sufrimiento a los seres humanos a medida que los mares suban y las tierras de cultivo se marchiten, pero como la retrata, es esencialmente una víctima de la rapacidad humana.

Con todo mi respeto a la visión de McKibben, quisiera ofrecer otra perspectiva sobre su (y nuestra) Tiierra: como una poderosa protagonista de pleno derecho y como una vengadora, en lugar de ser simplemente una víctima.

No basta con pensar en la Tiierra como una víctima impotente de las depredaciones de la humanidad. También es un complejo sistema orgánico con muchas y potentes defensas contra la intervención externa, defensas que ya despliega con un efecto devastador en lo que respecta a las sociedades humanas. Y hay que recordar que el proceso no hace que empezar.

Para comprender nuestra situación actual, sin embargo, hay que distinguir entre las perturbaciones que reaparecen naturalmente y las reacciones del planeta ante la intervención humana. Ambas requieren una mirada nueva, así que comencemos por lo que la Tierra siempre ha sido capaz de hacer antes de que nos volquemos a las reacciones de Tiierra, la vengadora.

Sobrevalorándonos

Nuestro planeta es un complejo sistema natural, y como todos los sistemas semejantes se desarrolla continuamente. Mientras eso sucede -continentes que se alejan, cordilleras que suben y bajan, modelos climáticos que cambian- los terremotos, erupciones, maremotos, tifones, sequías prolongadas y otras perturbaciones naturales vuelven a aparecer, aunque sea sobre una base irregular e impredecible.

Nuestros predecesores en el planeta tenían plena conciencia de esa realidad. Después de todo, las antiguas civilizaciones fueron repetidamente estremecidas, y en algunos casos desbaratadas, por semejantes perturbaciones. Por ejemplo, mucha gente cree que la antigua civilización minoica del Mediterráneo oriental se derrumbó después de una poderosa erupción volcánica en la isla Thera (también llamada Santorini) a mediados del segundo milenio a.C. La evidencia arqueológica sugiere que muchas otras antiguas civilizaciones fueron debilitadas o destruidas por la intensa actividad sísmica. En Apocalypse: Earthquakes, Archaeology, and the Wrath of God [Apocalipsis: terremotos, arqueología y la ira de Dios], el geofísico de Stanford, Amos Nur, y su coautora Dawn Burgess, argumentan que Troya, Micenas, la antigua Jericó, Tenochtitlán y el imperio hitita podrían haber terminado de esta manera.

Frente a recurrentes amenazas de terremotos y erupciones volcánicas, muchas antiguas religiones personificaron las fuerzas de la naturaleza como dioses y diosas y pedían complicados rituales humanos y sacrificios para apaciguar a esas poderosas deidades. Se pensaba que el antiguo dios del mar Poseidón (Neptuno para los romanos), también llamado “Agitador de la Tierra”, causaba terremotos cuando le provocaban o se enojaba.

En tiempos más recientes, hay pensadores que tienden a mofarse de nociones tan primitivas y de los gestos que las acompañaban, sugiriendo en su lugar que la ciencia y la tecnología –frutos de la civilización– ofrecen más que suficiente ayuda para permitir que triunfemos sobre las fuerzas destructivas de la Tierra. Este cambio en la conciencia se ha documentado de modo impresionante en el libro de Clive Ponting de 2007, A New Green History of the World [Una nueva historia verde del mundo]. Citando a influyentes pensadores del mundo post medieval, muestra cómo los europeos adquirieron una poderosa convicción de que la humanidad debía controlar la naturaleza y lo lograría, no al revés. El matemático francés del Siglo XVII René Descartes, por ejemplo, escribió sobre el empleo de la ciencia y del conocimiento humano para que podamos “…hacernos señores y dueños de la naturaleza”.

Es posible que este creciente sentido del control humano sobre la naturaleza haya sido realzado por un período de algunos cientos de años en los que puede haber habido menos cantidad de la usual de perturbaciones de la naturaleza que amenazaran a la civilización. Durante esos siglos la Europa moderna y Norteamérica, los dos centros de la Revolución Industrial, no presenciaron nada parecido a la erupción de Thera en la era minoica, o, de hecho, algo similar al doble golpe del terremoto de 9 grados y el tsunami con olas de 15 metros de altura que sufrió Japón el 11 de marzo. Esta relativa inmunidad contra semejantes peligros fue el contexto en el que creamos una civilización altamente compleja, tecnológicamente sofisticada, que en gran parte da por sentada la supremacía humana sobre la naturaleza en un planeta aparentemente quieto.

¿Pero es exacta esta evaluación? Los recientes eventos, desde las inundaciones que cubrieron un 20% de Pakistán y sumergieron inmensas zonas de Australia a los incendios inducidos por la sequía que quemaron vastas áreas de Rusia, sugieren otra cosa. En los últimos años, el planeta ha sufrido una serie de grandes perturbaciones naturales, incluido el reciente desastre del terremoto y el tsunami en Japón (y sus numerosas y fuertes réplicas), el terremoto de enero de 2010 en Haití, el terremoto de febrero de 2010 en Chile, el terremoto de febrero de 2011 en Christchurch, Nueva Zelanda, el terremoto de marzo de 2011 en Birmania, y el devastador terremoto-tsunami de 2004 en el Océano Índico que mató más de 230.000 personas en 14 países, así como una serie de terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas dentro y alrededor de Indonesia.

Aunque no sea para otra cosa, estos eventos nos recuerdan que la Tierra es un sistema natural en permanente desarrollo; que los últimos cientos de años no representan necesariamente predicciones de los que quedan por delante; y que podemos, especialmente en el último siglo, habernos arrullado en un sentido de complacencia sobre nuestro planeta que es poco merecido. Más importante es que sugieren que podríamos –y subrayo podríamos– estar volviendo a una época en la cual aumente la frecuencia de la incidencia de semejantes eventos.

En este contexto, la demencia y la arrogancia con la que hemos tratado a las fuerzas naturales aparece fuertemente bajo el foco. Por ejemplo lo que sucede en el complejo de energía nuclear de Fukushima Daiichi en el norte de Japón, donde por lo menos cuatro reactores nucleares y sus contiguas piscinas de contención para combustible nuclear “gastado” siguen estando peligrosamente fuera de control. Obviamente, los constructores y propietarios de la planta no causaron el terremoto y el tsunami que crearon el peligro actual. Fue el resultado de la evolución natural del planeta, en este caso, del repentino movimiento de placas continentales. Pero son responsables de no haber previsto la catástrofe, por haber construido un reactor en un lugar en el que ha habido frecuentes tsunamis y por suponer que una plataforma de hormigón hecha por humanos podría resistir lo peor que la naturaleza puede provocar. Se ha dicho mucho sobre los defectos en el diseño de la planta de Fukushima y sus inadecuados sistemas de apoyo. Todo esto, sin duda, es vital, pero en última instancia la causa del desastre no fue de ninguna manera un simple defecto de diseño. Fue la arrogancia: una sobrevaloración del poder de la inventiva humana y una subestimación del poder de la naturaleza.

¿Qué futuros desastres nos esperan como resultado de semejante arrogancia? Nadie, en este momento, puede decirlo con seguridad, pero la instalación de Fukushima no es el único reactor construido cerca de zonas sísmicas activas, o que corre peligro por otras perturbaciones naturales. Y no se trata sólo de plantas nucleares. Consideremos, por ejemplo, todas esas plataformas petroleras en el Golfo de México que corren riesgo por huracanes cada vez más poderosos o, en caso de que los ciclones aumenten su fuerza y frecuencia, las plataformas de aguas profundas y superprofundas cuya construcción se está planificando en Brasil para una distancia de hasta 290 kilómetros de su costa en el Océano Atlántico. Y pensando en los recientes eventos en Japón, ¿quién sabe cuánto daño puede infligir un gran terremoto en California? Después de todo California, también, tiene plantas nucleares ubicadas ominosamente cerca de fallas sísmicas.

Subestimando la Tiierra

Sin embargo la arrogancia de este tipo sólo es una de las maneras mediante las cuales provocamos la ira del planeta. Mucho más peligroso y provocativo es nuestro envenenamiento de la atmósfera con los residuos de nuestro consumo de recursos, especialmente combustibles fósiles. Según el Departamento de Energía de EE.UU., en 1990 las emisiones totales de carbono de todas las formas de uso de energía ya habían llegado a 21.200 millones de toneladas y se calcula que, en 2035, aumentarán ominosamente a 42.400 millones, un aumento del 100% en menos de medio siglo. Cuanto más dióxido de carbono y otros gases invernadero descarguemos en la atmósfera, más cambiaremos los sistemas climáticos naturales del planeta y dañaremos otros recursos ecológicos vitales, incluidos océanos, bosques y glaciares. Todos son componentes de la estructura integral del planeta, y al ser dañados de esta manera, provocarán mecanismos de defensa: aumento de las temperaturas, cambios en los modelos de precipitación pluviométrica y aumento de los niveles de los mares, entre otras reacciones.

La noción de la Tierra como un complejo sistema natural con múltiples ciclos de retroalimentación fue propuesta por primera vez por el científico y ecologista James Lovelock en los años sesenta y planteado en su libro de 1979: Gaia: una nueva visión de la Tierra.  (Lovelock usó el nombre de la antigua diosa griega Gaia, personificación de la Madre Tierra, para su versión de nuestro planeta). En ésta y otras obras, Lovelock y sus colaboradores argumentan que todos los organismos biológicos y sus inmediaciones inorgánicas en el planeta están estrechamente integrados para formar un sistema complejo y autorregulador, que mantiene las condiciones necesarias para la vida, un concepto que llamó “La Hipótesis Gaia”. Cuando cualquier parte de este sistema se daña o se altera, afirman, las otras reaccionan tratando de reparar, o compensar, el daño con el fin de restaurar el equilibrio esencial.

Pensemos en nuestros propios cuerpos cuando son atacados por microorganismos virulentos: nuestra temperatura aumenta; producimos más glóbulos blancos y otros fluidos, dormimos mucho y desplegamos otros mecanismos de defensa. Cuando tienen éxito, nuestras defensas corporales neutralizan primero y finalmente exterminan a los gérmenes invasores. No es un acto consciente, sino un proceso natural, que salva la vida.

La Tiierra reacciona ahora ante las depredaciones de la humanidad de manera semejante: calentando la atmósfera, sacando carbono del aire y depositándolo en el océano, aumentando las lluvias en algunas áreas y reduciéndolas en otras y compensando de otras maneras la masiva infusión atmosférica de dañinas emisiones humanas.

Pero es poco probable que lo que la Tiierra hace para protegerse contra la intervención humana sea propicio para las sociedades humanas. A medida que el planeta se calienta y los glaciares se derriten, los niveles del mar aumentarán, inundando áreas costeras, destruyendo ciudades y sumergiendo áreas agrícolas a baja altura. Las sequías serán endémicas en muchas áreas agrícolas que otrora eran productivas, reduciendo el suministro de alimentos a cientos de millones de personas. Muchas especies vegetales y animales esenciales para el sustento humano, incluyendo varias especies de árboles, cultivos de alimentos y peces, no podrán adaptarse a esos cambios climáticos y dejarán de existir. Los seres humanos podrían –y de nuevo subrayo que podrían– tener más éxito al adaptarse a la crisis de calentamiento global que semejantes especies, pero al hacerlo, multitudes probablemente morirán de hambre, enfermedad y las guerras que las acompañan.

Bill McKibben tiene razón: ya no vivimos en el planeta “acogedor, que considerábamos seguro, conocido antiguamente como Tierra. Habitamos otro sitio que ya ha cambiado drásticamente por la intervención de la humanidad. Pero no actuamos frente a una entidad pasiva, impotente, incapaz de defenderse de la trasgresión humana. Lamentablemente, conoceremos consternados los inmensos poderes de los que dispone la Tiierra, la Vengadora.

Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books).

Copyright 2011 Michael T. Klare
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Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/175379/
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