Viernes, 08 Abril 2011 06:11

Jugando con el planeta

Las consecuencias del terremoto japonés –especialmente la continua crisis en la planta de energía nuclear en Fukushima– tienen resonancias sombrías para observadores del crash financiero estadounidense que precipitó la Gran Recesión. Ambos eventos proveen duras lecciones sobre riesgos, y sobre las dificultades que enfrentan mercados y sociedades para controlarlos.

Por supuesto en cierto sentido no hay comparación entre la tragedia del terremoto –que ha dejado más de 25.000 personas muertas o desaparecidas– y la crisis financiera, a la cual no se puede atribuir un sufrimiento físico tan agudo. Pero cuando se trata de la fusión nuclear accidental en Fukushima, hay un tema común en los dos sucesos.

Expertos tanto en la industria nuclear como en la financiera nos aseguraron que la nueva tecnología prácticamente había eliminado el riesgo de una catástrofe. Los sucesos han demostrado que se equivocaban: no sólo existen los riesgos, sino que sus consecuencias  son tan catastróficas que borran fácilmente todos los supuestos beneficios de los sistemas promovidos por los dirigentes de la industria.

Antes de la Gran Recesión, los gurús económicos de EE.UU. –desde el jefe de la Reserva Federal a los titanes de las finanzas– alardearon que habían aprendido a controlar el riesgo. Instrumentos financieros “innovadores” como los derivados y los seguros de riesgo de la deuda posibilitaban la distribución del riesgo a través de la economía. Ahora sabemos que no sólo engañaron al resto de la sociedad, sino también a sí mismos.

Resulta que esos magos de las finanzas no comprendían las complejidades del riesgo, y menos aún los peligros planteados por “fat-tail distributions” [distribución con grandes variaciones por valores altos en extremos] -un término estadístico para eventos raros con inmensas consecuencias-, también llamados a veces “cisnes negros”. Eventos que supuestamente ocurren sólo una vez en un siglo –o incluso una vez en la vida del universo– parecían ocurrir cada diez años. Peor aún, no sólo se subestimó ampliamente la frecuencia de esos eventos; lo mismo sucedió con el daño astronómico que causarían, como las fusiones nucleares accidentales que acosan continuamente a la industria nuclear.

La investigación en la economía y la psicología nos ayuda a comprender por qué nuestro trabajo en el control de esos riesgos es tan deficiente. Tenemos poca base empírica para juzgar eventos raros, de modo que cuesta hacer buenos cálculos. En tales circunstancias, pueden entrar más en juego ilusiones vanas: podríamos tener pocos incentivos para pensar intensamente. Al contrario, cuando otros soportan los costes de los errores, los incentivos favorecen el autoengaño. Un sistema que socializa las pérdidas y privatiza los beneficios está condenado a administrar mal el riesgo.

Por cierto, todo el sector financiero abundaba en problemas institucionales y externalidades. Las agencias de calificación crediticia tenían incentivos para dar buenas calificaciones a los valores de alto riesgo producidos por los bancos de inversión que les pagaban. Los originadores de hipotecas no soportaban consecuencias por su irresponsabilidad, e incluso los que estaban involucrados en préstamos depredadores o creaban y mercadeaban valores que estaban hechos para perder lo hacían de maneras que los aislaban del procesamiento civil y criminal.

Esto nos lleva a la pregunta siguiente: ¿podemos esperar otros “cisnes negros” que estén al acecho? Desgraciadamente, es muy probable que algunos de los riesgos verdaderamente grandes que enfrentamos actualmente ni siquiera sean eventos raros. La buena noticia es que tales riesgos pueden controlarse a poco o ningún coste. La mala noticia es que hacerlo se enfrenta a una fuert eoposición política, porque existe gente que se beneficia con el statu quo.

Hemos visto dos de los grandes riesgos en los últimos años, pero hemos hecho poco por controlarlos. Según algunos puntos de vista, la forma en que se manejó la última crisis puede haber aumentado el riesgo de una futura catástrofe financiera.

Bancos demasiado grandes para quebrar, y los mercados en los que participan, saben ahora que pueden esperar un rescate si enfrentan problemas. Como resultado de este “peligro moral”, esos bancos pueden pedir prestado en condiciones favorables, recibiendo una ventaja competitiva basada no en mayor rendimiento sino en fuerza política. Mientras algunos de los excesos en la toma de riesgos se han limitado, continúan los préstamos depredadores y el comercio no regulado en derivados tenebrosos no controlados. Las estructuras de incentivos que alientan la toma exagerada de riesgos siguen virtualmente sin cambios.

Por lo tanto, mientras Alemania cierra sus reactores nucleares más antiguos, en EE.UU. y otros sitios,incluso siguen operando plantas que tienen el mismo diseño defectuoso que Fukushima. La existencia misma de la industria nuclear depende de subsidios públicos ocultos –costes con los que corre la sociedad en el evento de desastre nuclear, así como los costes de la eliminación todavía sin solucionar de los desechos nucleares. ¡Basta de capitalismo irrestricto!

Para el planeta, existe otro riesgo más, que, como los otros dos es casi una certeza: el calentamiento global y el cambio climático. Si hubiera otros planetas a los cuales pudiéramos partir a poco coste en caso del resultado casi seguro predicho por los científicos, se podría argumentar que vale la pena tomar ese riesgo. Pero no existen, por lo tanto no existe esa posibilidad.

Los costes de reducir emisiones palidecen en comparación con los posibles riesgos que enfrenta el mundo. Y eso vale incluso si excluimos la opción nuclear (cuyos costes siempre se han subestimado). Sin duda, las compañías carboneras y petroleras sufrirían, y los grandes contaminadores –como EE.UU.– obviamente pagarían un precio mayor que los que tienen un estilo de vida menos derrochador.

A fin de cuentas, los que juegan en Las Vegas pierden más de lo que ganan. Como sociedad estamos jugando –con nuestros grandes bancos, con nuestras instalaciones de energía nuclear– con nuestro planeta. Como en Las Vegas, los pocos afortunados –los banqueros– ponen en peligro nuestra economía y los propietarios de las compañías energéticas que ponen en peligro nuestro planeta podrán terminar con una fortuna en sus manos. Pero es casi seguro que como término medio perderemos, como sociedad, como todos los jugadores.

Es, desgraciadamente, una lección del desastre en Japón que seguimos ignorando por nuestra propia cuenta y riesgo.

Joseph E Stiglitz*
Al Jazeera

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

*Profesor universitario en la Universidad Columbia y Premio Nobel de Economía. Su último libro: Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy, [CAIDA LIBRE: EL LIBRE MERCADO Y EL HUNDIMIENTO DE LA ECONOMIA MUNDIAL] existe en francés, alemán, japonés y español.

Este artículo fue publicado primero por Project Syndicate. 
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Con promesas de combatir al capitalismo y defender al planeta, el presidente Evo Morales recibió por segunda vez los bastones de mando de los pueblos indígenas de Bolivia. Ante treinta mil personas, según cálculos del gobierno, Morales sostuvo que “hoy día tengo el orgullo de anunciarles que los tiempos de la Bolivia mendiga e indigna se han terminado, hermanas y hermanos”. Ratificó la muerte del “Estado colonial” y el nacimiento de “un Estado Plurinacional que llega con mucha esperanza para los pueblos del mundo”. Esta mañana, Morales será posesionado por la Asamblea Legislativa Plurinacional, cuyos dos tercios responden al gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS). Por la tarde, se presentará ante miles en el estadio de esta ciudad. Luego, Morales y los asambleístas comenzarán a trabajar para dar desarrollo legislativo a la Constitución aprobada hace un año.

Morales habló en quechua, aymara y castellano. “Hay un presidente y dos estados. Un Estado colonial que se va y un Estado Plurinacional que llega. El Estado colonial no trajo esperanza para los pueblos del mundo. Tuvimos que esperar 180 años para refundar Bolivia con un Estado Plurinacional donde todos los originarios tenemos los mismos derechos. El Estado Plurinacional garantiza los mismos derechos para todos, ése es el desafío profundo que debemos llevar adelante.”

Tiwanaku, a 72 kilómetros de La Paz, fue la ciudad del pueblo tiwanakota. Allí se encuentran varios templos llamativos para turistas y arqueólogos. Morales, acompañado por yatiris, amautas y chamanes, realizó cuatro ofrendas en cada lado de la pirámide de Akapana. Agradeció a la Pachamama, pidió bienestar económico para Bolivia, solicitó la unión de su territorio y rogó discernimiento para tomar decisiones. Luego, se dirigió al templo de Kalasasaya de la mano de una anciana encorvada de 88 años. En la Puerta del Sol recibió regalos de pueblos indígenas del continente. También dos bastones de mando, de manos de un niño y de una niña aymaras.

Sobre los espectadores flameaban cientos de banderas wiphalas y de la nación boliviana. Muchos tuvieron que seguir en pantalla gigante la transmisión de Bolivia TV, el canal del Estado, porque los relieves del terreno hacían imposible divisar lo que pasaba en la Puerta del Sol.

Además de bolivianos, abundaban entre la multitud argentinas y argentinos. Para tratar de mimetizarse con las masas indígenas, varios compatriotas optaron por envolverse en wiphalas y banderas bolivianas. También usaban gorros andinos y pulóveres con dibujos de llamas. Algunos grupos de campesinos se divertían remedando las palabras y la entonación rioplatense. “¿Qué hacé, boludo? ¡Somos de Boca acá!”. Los locales se caían de risa. Los “gauchos”, como les dicen, preferían hacerse los desentendidos ante el no saber cómo reaccionar.

“Aproveché que tenía vacaciones en la oficina y me vine a ver a Evo”, comentó a este diario Adrián Rhul, que blandía una bandera del Qollasuyu, uno de los cuatro lados del Tawantinsuyu, el imperio inca.

Frente al templo de Kalasasaya había dos palcos. Uno con invitados extranjeros y otro para ministros, funcionarios e integrantes de las Fuerzas Armadas. Mozos con guantes blancos se encargaban exclusivamente de proveerles infusiones, bebidas y alimentos. Tres señoras indígenas quisieron entrar, pero no los dejaron. “Sólo entran funcionarios del Estado”, les dijeron. “Pero diputadas somos.” De todos modos, las legisladoras tuvieron que quedarse bajo el sol y las nubes, como el resto.

Morales citó a Gualberto Villarroel, un presidente militar que en 1946 fue sacado del Palacio Quemado por grupos de izquierda, quienes lo ahorcaron en uno de los faroles de la plaza Murillo. “El coronel Villarroel decía ‘no soy enemigo de los ricos, pero soy más amigo de los pobres’. Por supuesto que se respeta la propiedad privada, todos tenemos derechos. Pero más tienen los pobres, para que haya igualdad entre todos. Este es el desafío profundo que debemos llevar adelante.” Los indígenas y campesinos contestaron con un “Jallalla”, que en aymara significa “viva” o “arriba”.

El presidente remarcó que “el Estado colonial permitió el saqueo de los recursos de la Madre Tierra. Era un Estado discriminador que siempre nos han visto a los pueblos indígenas como a salvajes”. Ante la aclamación popular, reflexionó que “más importante que defender los derechos humanos es defender a la Madre Tierra. Si los movimientos sociales no asumimos la responsabilidad, seremos cómplices del capitalismo”.

Los 3800 metros de Tiwanaku fueron difíciles de soportar para varios invitados y asistentes extranjeros. En varias ocasiones, los médicos corrieron con tubos de oxígeno y camillas. Un grupo de invitados oficiales que hablaba en inglés salió rápido para evacuar a una de sus integrantes, casi desmayada. “A los gringuitos no les ha gustado lo que ha dicho el Evo”, comentaron graciosos un par de campesinos.

Morales dijo que su próximo gobierno se regirá con la misma máxima que el pasado. “Rápidamente pasaron cuatro años de nuestro gobierno. Han sido años de trabajo permanente, en que nos guiamos por la ley cósmica que nos dejaron los antepasados. Es el Ama Sua (no seas ladrón), Ama Qella (no seas mentiroso) y Ama Llulla (no seas ocioso). Quiero agradecer desde este lugar sagrado a nuestros antepasado por dejar la mejor herencia a mí y a los pueblos del mundo.”

Los actos de posesión continuarán hoy, cuando los 166 asambleístas le entreguen los nuevos símbolos de la patria. La banda presidencial de la República será confinada en una bóveda del Banco Central. Le colocarán la banda del Estado Plurinacional, que mezcla los colores del estandarte nacional con la wiphala, también reconocida como bandera oficial.

Por Sebastián Ochoa
Desde La Paz
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Jueves, 31 Diciembre 2009 12:17

El quinto año más cálido de la historia

El estado del clima en 2009. El balance meteorológico del año confirma la tendencia al calentamiento del planeta. La temperatura subió 0,44º respecto a la media. En España, ha sido el segundo año más caluroso desde 1961

El planeta Tierra continúa mostrando evidentes y preocupantes señales de un progresivo e imparable calentamiento global. Los datos de temperatura recogidos a lo largo de este año situarán a 2009, muy probablemente, como el quinto año más cálido desde que se empezaron a realizar observaciones meteorológicas, alrededor de 1850. La temperatura media del planeta, desde enero hasta octubre, se ha situado 0,44ºC por encima de la media 1961-1990, con un margen de error de 0,11ºC. Por si fuera poco, los registros confirman que los diez años más cálidos se han producido en los tres últimos lustros, de los cuales mantiene la primera posición el año 1998, seguido de 2005 y 2003. El proceso de calentamiento global que está sufriendo la Tierra queda confirmado observando las temperaturas en períodos de diez años. El decenio de 2000 a 2009 ha sido más cálido que la década de los noventa, que a su vez se mostró más calurosa que la de los ochenta.

La combinación de datos de estaciones meteorológicas en tierra de los cinco continentes, más los registros obtenidos por buques y boyas en el mar, así como la información que aportan los satélites, conforman este valor medio, aunque los datos definitivos se conocerán en marzo, con la publicación de la Declaración de la Organización Meteorológica Mundial (WMO) sobre el estado del clima.

Temperaturas. Un año especialmente cálido en España


A pesar del frío y la lluvia de las últimas semanas, nuestro país también ha sufrido un año con registros por encima de lo normal; tanto es así que 2009 ha quedado clasificado como el segundo año más cálido desde 1961, sólo superado por 2006. La temperatura media del período enero-noviembre se ha situado, a nivel estatal, en los 16,5ºC. Esta cifra supone superar en 1,25ºC la media 1971-2000, de forma que la Agencia Estatal de Meteorología ha catalogado a 2009 como un año extremadamente cálido.

Del conjunto de meses del año, sólo enero mostró temperaturas por debajo de la media, mientras que febrero y abril se acercaron a la normalidad. El resto de meses dejaron valores por encima de la media, siendo especialmente destacables mayo, junio, octubre y noviembre, con diferencias superiores a los 2ºC, a los que también se acercó agosto, con una variación de 1,8ºC. De esta forma, el verano pasado fue el tercero más cálido desde 1970.

La temperatura más alta en el conjunto de capitales de provincia españolas se registró el 23 de julio en Murcia, donde se alcanzaron los 45ºC. En el otro extremo se sitúa Soria, que bajó hasta -13,4ºC el 13 de enero.

Lluvias. Precipitaciones por debajo de lo normal


El pesimismo que aportan los datos de temperatura se incrementa al observar los registros pluviométricos. La lluvia caída durante este último año hasta final de noviembre a nivel estatal ha alcanzado los 453 mm, un 20% menos que la media del período 1971-2000. De esta forma y a falta de incorporar los datos de diciembre, 2009 es el quinto año más seco desde 1971 y el segundo más seco de lo que llevamos de siglo.

Sólo durante los meses de enero y septiembre las lluvias se acercaron a la normalidad, mientras que en el resto del año han quedado por debajo de la media. Destaca el período entre mayo y julio, en el que llovió un 40% menos de lo normal. El centro de España y las islas Canarias son las regiones con una mayor sequía durante este año 2009, al registrar una precipitación anual que sólo equivale al 50% de un año normal.

Desastres. Menos huracanes por el fenómeno de El Niño

Desde enero hasta noviembre, se han producido 245 desastres naturales en el mundo, que han provocado la muerte de casi 9.000 personas y alrededor de 58 millones de afectados. De todos ellos, el 95% responden a desastres relacionados con fenómenos meteorológicos, que han afectado a 48 millones de personas en Asia. Al menos, sólo 11 millones de personas han sufrido los efectos de las inundaciones este 2009, en comparación con los 178 millones de afectados del año 2007 o los 45 millones de 2008.


La temporada de ciclones tropicales ha ayudado a no incrementar la cifra de afectados por desastres naturales, puesto que los últimos 12 meses se han caracterizado por una actividad igual o menor a la normal.

Aún así, una de las zonas más devastadas ha sido la zona occidental del Pacífico Norte, es decir, el sureste de Asia. En esta zona, se han formado durante el último año 22 tormentas tropicales, de las cuales 13 han llegado a categoría de tifón, frente al promedio de las últimas décadas de 27 y 14, respectivamente. En el Pacífico oriental se han registrado 20 tormentas tropicales, de las cuales 8 alcanzaron categoría de huracán y 5 de gran huracán (los promedios son 16, 9 y 4, respectivamente). En Australia y el sur del océano Índico, las 10 tormentas tropicales de este año también se acercan a la media de las últimas décadas.

En cualquier caso, en la cuenca del Atlántico norte, que engloba el Caribe, México y la costa este de EEUU, el número de ciclones tropicales ha sido el menor desde 1997, con 9 tormentas tropicales, 3 huracanes y 2 grandes huracanes (los promedios son 11, 6 y 2, respectivamente). El fenómeno de El Niño un calentamiento prolongado de las aguas del Pacífico está detrás de esta menor actividad, puesto que a partir de junio, la temperatura de la superficie del mar en la parte central y oriental del Pacífico ha sido 1ºC superior al promedio a largo plazo.

El Niño también está detrás del tercer año más caluroso jamás registrado en Australia, con tres olas de calor que asolaron el país en enero, febrero y noviembre, y que dejaron un récord histórico de calor en el estado de Victoria, con una temperatura de 48,8ºC. Las altas temperaturas provocaron más de 173 víctimas mortales, además de un gran número de devastadores incendios.
04. Hielos. El Ártico, en retroceso

El océano Glacial Ártico registró su mínimo anual de hielo en el mes de septiembre, con una extensión de 5,36 millones de kilómetros cuadrados. Esta superficie supone el tercer récord más bajo desde que se empezaron a realizar observaciones a través de satélites, en 1979. El récord de mínima superficie de hielo lo mantiene 2007, seguido de 2008, aunque la recuperación en los últimos 12 meses es de 690.000 km2. Aún así, preocupa la cantidad de hielo de reciente formación (un año o menos), el más vulnerable a la subida de temperaturas. Este año, el hielo reciente ha supuesto el 49% del total, mientras que sólo el 19% ha sobrevivido dos veranos o más, cuando la media entre los años 1981 y 2000 fue del 52%.


El agujero de ozono es algo menor, pero sigue siendo preocupante


El pasado 17 de septiembre se registró la máxima superficie anual del agujero de ozono, al alcanzar los 24 millones de km2, mientras que el día 26 del mismo mes se alcanzó el mínimo espesor, con un índice de 94 unidades Dobson (UD), la unidad que permite observar el espesor de la columna de ozono atmosférico. En comparación con años anteriores, estos valores confirman la recuperación de la capa de ozono, aunque el agujero de este año quedará como el décimo más extenso desde 1979.

Según las previsiones del Met Office, la Oficina Meteorológica de Reino Unido, la combinación entre el calentamiento global y El Niño provocarán que 2010 sea el año más cálido jamás registrado, con una temperatura media global prevista de 14,58ºC. En España, la Agencia Estatal de Meteorología anuncia, para el periodo de enero a marzo, temperaturas más altas de lo normal para todo el país, especialmente en el sur y en Canarias. En cuanto a las lluvias, quedarán por encima de lo normal en las comunidades de la mitad oeste, pero por debajo en la costa mediterránea.
Lluvias agridulces para los agricultores

Las precipitaciones de diciembre son un espejismo. Hasta el 30 de noviembre, 2009 era el quinto año más seco desde que comenzaron los registros, en 1971. La sequía en las cuencas más afectadas –Tajo, Segura, Júcar, Duero, Guadiana, Guadalquivir y Ebro– ha asfixiado durante todo el año a los agricultores, que han celebrado las precipitaciones que han marcado el final de 2009. Pero no todo son buenas noticias. La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) de Castilla-La Mancha ha manifestado que “las inclemencias climatológicas de los días pasados han provocado daños en las parcelas”. En Ciudad Real, 30.000 hectáreas de tierras agrícolas están inundadas. El agua ha arrasado viñas enteras.


JACOB PETRUS - MADRID - 31/12/2009 08:30

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En las próximas semanas se reunirá en Copenhague, Dinamarca, la Convención sobre Cambio Climático de Naciones Unidas. El ambiente está caliente, tanto entre los bloques de negociadores oficiales, como en las organizaciones y movimientos, que por primera vez acudirán en decenas de miles al lugar de reunión. No es para menos, el cambio climático es devastador y sus efectos serán cada vez peores, informan los científicos. El tema toca puntos neurálgicos de la civilización petrolera, al mostrar que el sistema industrial del último siglo ha ido destruyendo la vida de la gente y del planeta, en forma irreparable si no lo frenamos ya.

Pese a ello, la vasta mayoría de los gobiernos siguen empeñados en no atacar las causas reales del cambio climático, empujando en su lugar falsas "soluciones", basadas en enfoques de mercado y nuevas tecnologías cada vez más peligrosas, que en lugar de mejorar la situación, la empeoran. El tema de la agricultura y alimentación es un claro ejemplo de ello. Los negociadores de cambio climático lo ven como un problema (la agricultura industrial es responsable de un altísimo grado de emisiones de gases de efecto invernadero) pero sobre todo como un campo para ampliar los mercados de carbono, paradójicamente, aumentando la agricultura industrial y sus impactos. Hay propuestas y presiones empresariales para lograr apoyos nuevos a actividades altamente destructivas social y ambientalmente, como monocultivos de árboles y soya transgénica, grandes instalaciones de cría de animales confinados, proyectos masivos de "biochar" o carbón vegetal (producir masa vegetal para quemarla y enterrarla como carbón en los suelos), entre otras.

Al otro extremo, movimientos como La Vía Campesina, tienen claras las causas y las combaten día a día, pero también presentan soluciones: la agricultura campesina y la producción de pequeña escala puede enfriar el planeta –y lo está haciendo–, además de alimentar a la mayoría de la humanidad.

Un reciente informe del Grupo ETC (¿Quién nos alimentará? www.etcgroup.org/es) analiza estos aspectos y plantea una serie de preguntas claves frente a las crisis climática y alimentaria.

Por un lado, las trasnacionales nos quieren hacer creer que los sistemas alimentarios son una cadena industrial que comienza con Monsanto como dueña de las semillas en un extremo y WalMart como paradigma de los supermercados en el otro, cada vez más industrializado y centralizado. Afirman que sólo ellos podrán alimentar a la población mundial creciente y enfrentar el caos climático, con sus variedades transgénicas y producción masiva y uniformizada. Exigen que los gobiernos sigan apoyando sus patentes, sus tecnologías contaminantes y sus oligopolios de mercado, haciendo la vista gorda a los impactos climáticos y de salud que provocan –que afirman van a "absorber" con más tecnología, más patentes y más libre comercio.

Por otro lado, la realidad es que los sistemas alimentarios del mundo no son cadenas sino redes, donde muchas personas, actividades, culturas y funciones convergen e intercambian. Más de 85 por ciento de los alimentos son producidos cerca de donde se consumen, a nivel local, regional o al menos nacional, y la mayoría gracias a campesinos y productores de pequeña escala, a indígenas, pescadores artesanales, pastores nómadas y pequeños horticultores urbanos, que en conjunto son más de la mitad de la población mundial, pero alimentan a muchísimos más y llegan a quienes más lo necesitan. Por sus formas de manejo no emiten gases de efecto invernadero sino que los absorben, ahorran agua, conservan los suelos y una enorme diversidad de cultivos, animales domésticos y peces, que son la clave de las adaptaciones necesarias frente a las crisis climáticas. Además, si se toma en cuenta todos los elementos que producen, crecen y recolectan en las pequeñas fincas y no sólo el rendimiento de un determinado cultivo por hectárea, el volumen de alimentos producidos es mucho mayor, más variado y nutritivo que en cualquier monocultivo industrial.

Un artículo de Grain resalta otro aspecto fundamental, relacionado: el cuidado (o destrucción) del suelo y su relación con el cambio climático. (Cuidar el suelo, Biodiversidad 62, www.grain.org/biodiversidad/?id=459) El uso del fertilizantes químicos y otros agrotóxicos, conlleva necesariamente la destrucción de la vida microbiana del suelo y ha sido reconocido como un importante factor de emisiones de gases de efecto invernadero. Los fertilizantes sintéticos, además de lo que emiten, destruyen la capacidad del suelo de captar y almacenar carbono. El artículo presenta un cálculo cuidadoso y realista de cómo si se recupera y estimula la incorporación de materia orgánica al suelo, a partir de prácticas agrícolas, pecuarias y pastoriles de pequeña escala, con diversidad cultural, geográfica y de manejo, resultaría en una importante reducción de emisión de gases de efecto invernadero, pero además tendría el potencial de con el tiempo, absorber las dos terceras partes del exceso de gases de efecto invernadero de la atmósfera, siendo la medida más importante propuesta hasta el momento.

La Vía Campesina y otros movimientos estarán en Copenhague para presentar estas realidades y confrontar a los gobiernos y empresas que quieren que sigamos creyendo que sin sus cadenas no tenemos futuro. La verdad es que solamente sin ellas podremos enfrentar las crisis en que nos han metido.

Silvia Ribeiro*
*Investigadora del Grupo ETC
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Con el mundo sumergido en la recesión económica, existe la tentación de minimizar o ignorar el cambio climático. Sería un gran error. Por más grave que sea la recesión, los efectos del cambio climático serán aun más devastadores y perdurables.

Más de dos mil científicos se reunieron durante tres días la semana pasada en Copenhague y plantearon una lúgubre advertencia en cuanto a que la situación es mucho peor de la descrita en 2007 por el Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). El calentamiento global está aumentando más allá de las peores previsiones y amenaza con desencadenar cambios irreversibles en el ambiente del planeta y provocar conflictos sociales y guerras en gran parte del mundo.

En una declaración dirigida a los dirigentes políticos, los científicos advierten: “Las trayectorias para los peores casos considerados por el IPCC están cumpliéndose. Hay un riesgo importante de que muchas de estas tendencias se aceleren, causando un creciente riesgo de cambios climáticos abruptos o irreversibles”.

Un ejemplo. El IPCC predijo que el nivel del mar aumentaría entre dieciocho y cincuenta y nueve centímetros para fines del siglo, pero las últimas investigaciones revelaron que el aumento sería de cincuenta centímetros a un metro.

El aumento del nivel del agua es el resultado del deshielo de glaciares y capas de hielo y su efecto provocará inundaciones en zonas costeras, obligando a millones de personas a abandonar sus casas y tierras.

Con la advertencia de un “cambio peligroso del clima”, la declaración dice que “no hay excusas para la inacción” y que gobiernos débiles e ineficientes deben hacer frente a grandes grupos comerciales e intereses creados.

El economista británico Nicholas Stern, autor de un célebre informe sobre la economía del cambio climático publicado en 2006, reconoció que había subestimado los riesgos del calentamiento global. “La razón es que las emisiones están creciendo más rápido de lo que creíamos, la capacidad de absorción del planeta es menor de lo que pensábamos, la probabilidad de que haya temperaturas elevadas es probablemente mayor de lo que habíamos calculado y algunos de los efectos se están produciendo más rápido de lo pensado”, afirmó.

Los efectos serán devastadores a menos que los políticos capten la gravedad de la situación, dijo Stern. El peor escenario, del que más se habla, es que la temperatura media mundial aumente de dos a cuatro grados centígrados para fines de este siglo (comparado con los niveles preindustriales), pero advirtió que un aumento de seis grados es una posibilidad creciente. Eso significaría un nivel de crecimiento del mar en gran escala, áreas enteras devastadas por huracanes y otras convertidas en desiertos, lo que obligaría a millones de personas a abandonar sus hogares.

Gran parte del sur de Europa se parecería al Sahara, muchos de los principales ríos del mundo se secarían en la estación seca o cambiarían sus cursos, añadió Stern. Miles de millones de personas tendrían que mudarse y las consecuencias serían “esencialmente conflictos, perturbación social, guerras en gran parte del mundo durante varias décadas”.

En la conferencia se señaló que gran parte de la selva amazónica podría ya estar condenada. Un estudio del Centro Hadley de Gran Bretaña reveló que incluso un aumento de sólo dos grados centígrados (por encima de los niveles preindustriales) podría causar la desaparición de entre el veinte y el cuarenta por ciento del bosque en los próximos cien años.

Pero esta historia de horror viene del mejor escenario, en el cual las emisiones globales alcanzarían su punto más alto en 2015 y luego bajarían de manera significativa. En los hechos, actualmente las emisiones aún están aumentando. Con un aumento de la temperatura de tres grados, la sequía destruiría el setenta y cinco por ciento del bosque, y con un aumento de cuatro grados, el ochenta y cinco por ciento, según un informe del diario británico The Guardian.

Otro estudio reveló que el calentamiento global podría estar convirtiendo a los bosques tropicales de sumideros netos de carbono (que absorben carbono) a emisores netos de carbono. Los crecientes niveles de dióxido de carbono en la atmósfera aumentan el crecimiento de los árboles, pero también son la causa de que mueran más jóvenes y esto reduce la capacidad de los bosques de almacenar carbono.

Según un informe de The Guardian, el científico australiano David Hilbert estimó que cada grado que aumentara la temperatura provocaría la emisión de catorce toneladas de carbono por hectárea de bosque, lo que equivale a 24,5 gigatones de carbono en todo el mundo, o dos veces y media las emisiones mundiales de carbono de 2007. Con un ritmo de calentamiento de 0,05 grados por año, los bosques producirán 1,2 gigatones anuales de carbono, más de lo que actualmente absorben como sumideros (alrededor de un gigatón por año).

En la reunión de Copenhague también se presentaron otros resultados científicos que demuestran por qué la situación del clima es peor de lo que habían descrito los informes de 2007 del IPCC.
El columnista de The Guardian George Monbiot reveló que: "En parte porque las estimaciones del IPCC no tomaron en cuenta el deshielo de los glaciares de Groenlandia, el aumento del nivel del mar este siglo podría ser el doble o el triple de lo previsto, con graves consecuencias para las ciudades costeras, las tierras agrícolas y las reservas de agua potable. "Un calentamiento de dos grados centígrados en el Ártico podría desencadenar una respuesta bacterial masiva en los suelos de ese lugar. Si el permahielo se derrite, las bacterias pueden comenzar a descomponer la materia orgánica que había estado encerrada en el hielo, produciendo miles de millones de toneladas de dióxido de carbono y metano. Esto podría catalizar uno de los círculos de retroalimentación positiva más poderosos del mundo, en el que el calentamiento provocaría más calentamiento.

Quizás el informe más agridulce de Copenhague hayan sido las “buenas noticias” de que la actual recesión mundial podría provocar que las emisiones de los gases de efecto invernadero cayeran de cuarenta a cincuenta por ciento, según estimaciones de Ferry Barrer, director del Centro para la Investigación de la Mitigación del Cambio Climático, en la Universidad de Cambridge.

El mundo debería reducir emisiones de manera considerable, pero debería hacerlo de una manera planificada que minimice el trastorno económico. Que la recesión mundial sea la que haga el trabajo es el camino equivocado, y confiemos que no resulte el único.

Por Martin Khor. Fundador de third World network (tWn), es director ejecutivo de South Centre, una organización de países en desarrollo con sede en Ginebra.
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Miércoles, 20 Abril 2011 18:58

Ante el reto de la supervivencia

En los países ricos y en los “periféricos” el modelo económico capitalista tiene poco para sonreír. Redistribución de pérdidas. Hambruna. Agua en riesgo. Desastre ecológico. Crisis atómica. Sumida en un conjunto de crisis que no le dan respiro, la humanidad da pasos en el siglo XXI. La más conocida, la económica, quebró numerosos países y de su mano sumió en la miseria a millones de personas en los países periféricos. Una variante de esta situación se presentó en los países conocidos como centrales, luego del primer quinquenio del nuevo siglo: la crisis económico-financiera con la cual se derrumbaron los mitos de una sociedad que vive al debe, afecta de manera principal a los países centrales. Ahora mismo, esta crisis se manifiesta en quiebras incluso de países (Grecia, Portugal, Irlanda).

Redistribución de pérdidas La ‘superación’ de esta más que coyuntura adversa significó el financiamiento por parte de los Estados Unidos y los países europeos de numerosos bancos quebrados en medio de fraudulentas operaciones especulativas. El salvamento del sistema financiero significó, en verdad, la redistribución de las pérdidas entre millones de personas. ¡Vaya paradoja! ¿Cómo pudo suceder? Sostenidos en su inmenso poder político, los banqueros presionaron a los Estados centrales y lograron su propósito. Exonerados de robo, prosiguen como si nada hubiera pasado: continúan acumulando capital ficticio a costa del capital real.

Hambruna A la par, y ante los ojos de millones que no atinamos a saber qué hacer, se desató una crisis alimentaria por variedad de países. La hambruna –que, según las cifras de la FAO, afecta a más de mil millones de personas en todo el mundo (53 millones de ellas en Latinoamérica), en medio del derroche de las sociedades centrales– es más grave y aún no tiene solución. Contrario a lo esperado, la decisión de los grandes conglomerados, como ‘salida’ a la crisis energética que pone en cuestión el modelo productivo vigente, es sembrar inmensas extensiones de tierra con agrocombustibles. ¡Vaya otra paradoja!

Agua en riesgo Con el modelo productivo vigente, cuyo propósito es estimular el consumo desaforado e innecesario por doquier, y con el uso que deciden para la tierra, también entra en crisis la utilización que se hace del agua, recurso cada vez más escaso. Contaminada en sus inmensas fuentes, ahora, como meta estratégica, sólo falta que se le cotice en bolsa.

La manipulación de las grandes potencias por los recursos naturales se siente cada día con más fuerza. Ahora quieren que importantes zonas de países periféricos (la Amazonia, por ejemplo) sean ‘patrimonio de la humanidad’. Y mientras logran su cometido, compran inmensas extensiones de tierra por todo lugar. Sin duda, se alistan para enfrentar la crisis alimentaria y del agua que sufrirá la humanidad en las próximas décadas. Pero las crisis no paran ahí.
La energética y la climática marcan una de las características que comporta la situación en boga con las crisis que le antecedieron. El petróleo, combustible del hoy modelo productivo, además de otras fuentes energéticas fósiles, llega a su límite. El afán que desata este cuadro propicia guerras e invasiones, además de la transformación de la geopolítica en regiones como el África. Adviértase que América Latina y amplias regiones asiáticas no están exentas de esta presión.

Desastre ecológico Como evidencia del agotamiento de un sistema que tomó fuerza hace tres siglos, que ahondó al máximo la separación entre los seres humanos y la naturaleza, que estimula la explotación sin límite de la misma, tenemos la crisis ecológica, el calentamiento global y la destrucción de importantes ecosistemas (deshielo de páramos y glaciales, secamiento de ríos). Las noticias nos informan cada día de un desastre natural en algún lugar: tsunamis, cambios repentinos y extremos del tiempo, desaparición creciente de la capa de ozono, pero también desplazamiento de significativos grupos humanos por efectos del desastre climático.

Crisis atómica La más reciente de estas crisis ambientales –crisis atómica– está en curso en la central nuclear de Fukushima (Japón), y la sigue con atención y estupor la humanidad. La incontrolada fuente de energía atómica, de colapsar en su totalidad, puede desatar una gran tragedia para todas las especies y para quienes habitamos en la Tierra.

Por ahora, tras 40 días del terremoto que sacudió el norte del Japón, y que puso en cuestión la supuesta seguridad antisísmica del complejo nuclear y las emisiones no controladas que desprende, contaminan el agua y el aire del entorno nuclear, desatando un inmenso pánico entre los habitantes de aquel país, al punto de que millones de ellos, abalanzados sobre tiendas y supermercados, en pocos días acabaron con las reservas de agua embotellada.

Los devastadores efectos parecen de ficción, y seguramente en el cine ya los hemos visto proyectados. Con un sistema energético dependiente en buena medida de los generadores atómicos, se ha llegado por momentos a recomendarles a los habitantes no encender el aire acondicionado, pues la contaminación se introduciría en sus viviendas.

Pero más allá del territorio del Sol Naciente, los efectos tocan las conciencias. En regiones de Estados Unidos, China y Rusia, por ejemplo, ya hay evidencias de contaminación procedente de Fukushima, tanto en aguas saladas como en el aire. En Holanda, Alemania y otros países europeos se prohibió la importación de productos agrícolas provenientes del entorno de la central nuclear. Son medidas de precaución. Pero también, reflejo de la inseguridad ante el suceso trágico y las consecuencias que pueden desprenderse para el resto de regiones.

La crisis atómica, parte innegable de la crisis ambiental en curso, con el efecto invernadero y el cambio climático como sus principales manifestaciones, hace impostergable el debate en todos los rincones del planeta sobre el sistema productivo y el modelo de sociedad dominantes.

Los cambios y la crisis climática no sólo producen muerte y dolor sino que, además, desde hace tiempo generan marcadas modificaciones en la geopolítica mundial, y a futuro tendrán efectos desestabilizadores sobre la convivencia humana. Así permiten deducirlo las imágenes que llegan de ciudades como Tokio, donde sus millones de pobladores, asustados por los posibles efectos de la debacle de Fukushima, adoptan actitudes de acaparamiento inusuales en un medio con el equilibrio de la sociedad japonesa.

Al repasar una y otra vez todas estas crisis, comprobamos con certeza que son una sola: la crisis de un sistema de producción agotado que no repara en consecuencias ni desafueros.

Sin duda alguna, la humanidad no puede defender la lógica del desarrollo sin límites, como no puede seguir estimulando el consumo desenfrenado. Ni el uno ni el otro tienen sustento real.
Publicado enEdición 168
Miércoles, 24 Marzo 2010 17:56

La escasez mundial de agua

En los últimos años, el cambio climático ha desplazado otros temas ambientales para convertirse en el problema mundial número uno. Pero la alarmante escasez de agua es un asunto igualmente importante e incluso una amenaza más inmediata.
 
Una década atrás se anunció que para 2025 un tercio de la población mundial sufriría esta escasez. Pero ya se alcanzó ese umbral. Dos mil millones de personas sufren este problema. Para 2025, ese cálculo pudiera ser el doble (más de cuatro mil millones, tomando en consideración el aumento de la población del planeta), salvo que haya cambios en las tendencias de hoy. En este siglo, las guerras serán por el agua, como en las últimas décadas han sido –y siguen siendo– por el control del petróleo.
 
“La población mundial se triplicó en el siglo XX, pero el consumo de agua aumentó siete veces”, señaló la experta Maude Barlow, del Council of Canadians, en su libro Convenio azul. “Para 2050, cuando hayamos sumado otros tres mil millones de personas a nuestra población, sólo para cubrir nuestras necesidades requeriremos un aumento del 80 por ciento en el suministro de agua. Nadie sabe de dónde la sacaremos”.
 
La demanda de agua potable va en rápido aumento, pero su suministro es limitado, disminuye y se afecta por el deterioro de las cuencas, consecuencia de la deforestación y la erosión. También se agota el agua subterránea y se excava cada vez más hondo para hallarla. La extracción del líquido subterráneo provoca caídas en los niveles freáticos en India, China, Rusia, Estados Unidos y Asia Occidental. 
 
La agricultura usa el 70 por ciento del agua, pues el sistema agroindustrial exige grandes volúmenes. Se necesitan tres metros cúbicos para producir un kilo de cereales y 15 para un kilo de carne vacuna, por la alimentación con granos en la ganadería intensiva. Además, gran parte del agua de superficie está contaminada. Y si se la utiliza, habrá problemas de salud. Cinco millones de seres mueren al año por enfermedades relacionadas con el agua.
 
El problema se agudiza por el cambio climático. El calentamiento global provoca deshielos de los glaciares. Por ejemplo, los del Himalaya alimentan varios ríos de India, China y el sudeste asiático. Según Yao Tandong, de la Academia de Ciencias de China, la reducción de los glaciares en las regiones de meseta provocará una catástrofe ecológica.
 
El problema de agua en Yemen está descrito en The Guardian del 27 de febrero pasado. Se prevé que Sana a, la capital, quedará sin agua en 2017, ya que de la cuenca del río se extrae cuatro veces más agua que la que cae cada año. De los principales 21 acuíferos, 19 ya no se llenan luego de una sequía y la creciente demanda. El Gobierno considera trasladar la capital, desalinizar el agua costera y bombear dos mil metros montaña arriba.
 
La escasez también se ha convertido en motivo de conflicto, en especial cuando una fuente, como un gran río, sirve a más de un país. El país o los países que tienen la toma en la parte alta pueden afectar el volumen que fluye hacia los países río abajo.
 
En África, unos 50 ríos se comparten por dos o más países. Según artículo de Population Reports, el acceso de las cuencas de los ríos Nilo, Zambezi, Níger y Volta es un potencial de conflictos. También describe que la cuenca del mar Aral, en Asia Central, está asediada por conflictos internacionales por el agua, entre Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, que a su vez dependen del Amu Darya y el Syr Darya.
 
Oriente Medio sufre escasez, con aumento de situaciones conflictivas. 
 
En su reciente libro Water, Steven Solomon describe la creciente tensión por los recursos compartidos del Nilo, en especial entre Egipto y Etiopía. En la cuenca del Jordán, dice, “en uno de los lugares de tensión, israelíes, palestinos, jordanos y sirios compiten por el control y la división de los escasos recursos de una región que hace tiempo tenía suficiente agua potable para todos”.
 
Según Population Reports, en el oeste estadounidense los agricultores que quieren más agua para riego se enfrentan a las zonas urbanas, que piden más agua para uso doméstico y municipal. En India, Karnataka tenía una disputa con Andhra Pradesh a raíz de la altura de una represa sobre el río Krishna, que puede afectar el caudal disponible por ambos Estados. Otra cuestión es la lucha por la posesión y la distribución de los escasos recursos. Maude Barlow describe en su libro las políticas privatizadoras del agua, hasta hace poco bajo control directo del gobierno.
 
La privatización en Occidente se esparció a los países en desarrollo con préstamos y proyectos del Banco Mundial. Esto tiene efectos adversos para el acceso de la población al recurso, según el autor, que documenta la lucha en muchos países por hacer del agua un bien público, y para que el acceso sea un derecho humano. Todo guarda la misma gravedad que el cambio climático, porque el agua es el producto más importante para todo el mundo, y su escasez afecta la salud y la geopolítica. Dice Solomon: “Así como los conflictos petroleros fueron centrales en la historia del siglo XX, la lucha por agua potable seguramente será un nuevo punto crucial para el orden mundial y el destino de la civilización”. Por eso es necesario reconocer la situación crítica del agua, cuya solución debe ocupar el primer lugar de la agenda mundial y de los países.
 
* Fundador de Third World Network (TWN), es director ejecutivo de South Centre, organización de países en desarrollo con sede en Ginebra.
Traducción: Raquel Núñez Mutter.
 
Publicado enEdición 155