Arabia Saudita, región clave para entender éxodo de África

Un hueso de dedo fosilizado de un humano moderno de hace 90 mil años, hallado en el desierto de Nefud, Arabia Saudita, revela que el primer éxodo fuera de África fue más expansivo de lo pensado.

Se trata del fósil de homo sapiens fechado más antiguo fuera de África y Medio Oriente, según el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en Alemania.

Antes de este descubrimiento, se pensaba que las primeras dispersiones en Eurasia no tuvieron éxito y se limitaron a los bosques mediterráneos del Levante, a las puertas de África.

Los resultados detallan el descubrimiento realizado en el sitio de Al Wusta, un antiguo lago de agua dulce ubicado en lo que ahora es el hiperárido desierto de Nefud. Numerosos fósiles de animales, incluidos los de hipopótamo y diminutos caracoles, se encontraron ahí, así como abundantes herramientas de piedra hechas por humanos.

Entre estos hallazgos, se encontraba un fósil bien conservado y pequeño, de sólo 3.2 centímetros de largo, que fue inmediatamente reconocido como un hueso de dedo humano. Fue escaneado en tres dimensiones y su forma comparada con otros huesos de los dedos, tanto de individuos homo sapiens recientes como de otras especies de primates y otras formas de humanos primitivos, como los neandertales.

Los resultados mostraron de manera concluyente que el hueso del dedo, el primer fósil humano antiguo encontrado en Arabia, pertenecía a nuestra especie. Utilizando una técnica llamada datación por series de uranio, se usó un láser para hacer orificios microscópicos en el fósil y medir la proporción entre diminutas trazas de elementos radiactivos. Estas proporciones revelaron que tenía 88 mil años de antigüedad.

Otras fechas obtenidas de animales asociados fósiles y sedimentos convergieron a una fecha de aproximadamente 90 mil años atrás. Otros análisis ambientales también revelaron que el sitio había sido un lago de agua dulce en un antiguo entorno de pastizal muy alejado de los desiertos actuales.

Capacidad para colonizar

El autor principal del análisis, Huw Groucutt, de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, y el Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, afirma: Este descubrimiento demuestra que los primeros miembros de nuestra especie colonizaron una región del sudoeste de Asia y no sólo restringido al Levante. La capacidad de estos primeros pueblos para colonizar ampliamente esta región arroja dudas sobre los puntos de vista sostenidos de que las primeras dispersiones fuera de África fueron localizadas y no tuvieron éxito.

Los desiertos modernos de la Península Arábiga alguna vez fueron exuberantes praderas que los humanos pudieron colonizar. Se considera desde hace mucho tiempo lejos de la etapa principal de la evolución humana. Este descubrimiento coloca firmemente a Arabia en el mapa como región clave para entender nuestros orígenes y la expansión al resto del mundo. A medida que avanza el trabajo de campo, seguimos haciendo descubrimientos notables en Arabia Saudita, agregó el líder del proyecto, Michael Petraglia, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana.

El consorcio internacional de investigadores que participa en este proyecto está encabezado por ese instituto, en asociación con la Comisión Saudita para el Turismo y el Patrimonio Nacional. Otros participantes son el Servicio Geológico Saudita, la Universidad King Saud, la Universidad de Oxford y otras instituciones clave en Reino Unido y Australia.

Algunas de las herramientas de piedra halladas en la cueva de Kaldar (Irán).

 

Un equipo internacional de arqueólogos ha hallado en Irán las evidencias culturales de humanos modernos más antiguas fuera de África, según informa el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES), que ha codirigido la excavación. Se trata de herramientas de piedra asociadas a restos de animales encontradas en la cueva iraní de Kaldar y que, según la prueba del carbono 14, tienen entre 36.000 y 54.000 años de antigüedad.

Los resultados de la datación de este yacimiento, que han sido publicados en la revista Scientific Reports, sitúan a Irán entre los primeros lugares habitados por los humanos modernos que, junto a los grupos de Oriente Próximo, consiguieron por primera vez dispersarse desde Asia occidental hasta Europa. "Sabemos que el Homo sapiens surgió en África hace 150.000 o 200.000 años y solo 140.000 años después llegaron a Europa. Este hallazgo nos puede dar pistas sobre la ruta que siguieron", explica a EL PAÍS el arqueólogo Andreu Ollé, miembro del IPHES y uno de los coordinadores de la investigación, junto con el iraní Behrouz Bazgir.

La cueva de Kaldar proporciona uno de los ejemplos más antiguos de la existencia del hombre moderno en esta parte del mundo y, a su vez, datos sobre cómo estas poblaciones sobrevivieron al clima y a las situaciones medioambientales paleoárticas. El hallazgo refuerza la posición de Irán dentro del mundo de la arqueología paleolítica en el ámbito mundial, según destaca el IPHES. Además, la secuencia excavada contiene niveles más antiguos con industria musteriense, asociada generalmente a los neandertales. Esto proporciona evidencias de su sustitución por la industria baradostiana, similar a la auriñaciense, exclusiva de los humanos anatómicamente modernos. Las dos últimas se caracterizan por el uso de hojas curvas de pedernal, raspadores para madera y hueso, huesos de ave con orificios (que podría ser un instrumento musical), diversos objetos de hueso y marfil, ocre utilizado como colorante, pendientes hechos con dientes de animales y conchas agujereadas (tal vez usadas como amuletos o marcadores tribales).

osé María Bermúdez de Castro, codirector del yacimiento de Atapuerca (Burgos), ya publicó en 2015 el hallazgo de fósiles de entre 80.000 años y 180.000 años de antigüedad en una cueva al sur de China como evidencia de la presencia del hombre moderno fuera del continente africano. Bermúdez considera que el descubrimiento de herramientas en Kaldar es una pieza más del puzle de la expansión del Homo sapiens. "Siempre se ha hablado de la salida [de África] a través del corredor levantino, pero el yacimiento en Irán indica que el estrecho de Bab-el-Mandeb [que separa Asia del continente africano] puede haber sido una ruta importante", afirma. En 2013, se publicó el hallazgo de herramientas de piedra talladas hace 43.500 años por humanos modernos en el yacimiento austriaco de Willendorf.

Para el equipo de Bazgir y Ollé, que ha realizado excavaciones en Irán desde 2009, el próximo paso es encontrar restos fósiles en la zona. "Ya sabíamos que se trata de una región muy rica en evidencias y el hecho de poder trabajar con expertos locales nos deja más cerca de hallar nuevos restos", opina el arqueólogo catalán.

 

 

Científicos europeos lanzan un prototipo de vivienda espacial

Es una especie de cápsula plegable, con dos camas, aseos y un sistema de reciclado de aire y agua. Los científicos europeos presentaron esta semana un prototipo de vivienda espacial, como las que podrían instalarse en el futuro en Marte o en la Luna.
El SHEE, acrónimo en inglés de hábitat autodesplegable para entornos extremos, es como una casa prefabricada de 5.5 toneladas, capaz de viajar en una lanzadera espacial para desplegarse en unos minutos nada más tocar suelo en otro planeta.
Puede albergar, en 17 a 18 metros cuadrados y 50 metros cúbicos a dos astronautas completamente autónomos durante dos semanas, explicaron sus diseñadores, que viajaron a Estrasburgo (este de Francia) para presentar su creación.


Este proyecto costó 2.1 millones de dólares, que fueron financiados en 75 por ciento por la Unión Europea (UE).
El prototipo no está pensado para instalarlo en Marte: ni sus paredes de fibra de vidrio y resina ni su impermeabilidad se ajustan a las normas de un viaje interplanetario. Tampoco está equipado con una esclusa de entrada y salida para las escafandras, algo indispensable para Marte, explica Jérémi Gancet, experto en robótica, quien trabajó en este proyecto para la compañía belga Space Applications Services.


Como consecuencia, por ahora se aspira a probar el SHEE en la Tierra, en entornos aislados y hostiles, afirma Virginie Taillebot, ingeniera de Comex, empresa francesa especializada en tecnología submarina. Su trabajo consistió en contribuir en la regulación del agua, de la temperatura y de la atmósfera.


A prueba en España


La cápsula puede resultar útil, según Taillebot, en, por ejemplo, zonas golpeadas por desastres naturales, hasta las que puede transportarse por helicóptero.


Pero por encima de todo, lo que los diseñadores tienen en mente es el espacio.


En pocos meses el prototipo se instalará varias semanas en la zona de río Tinto, en Huelva, en el sur de España, para simular una experiencia en Marte.


Los creadores del SHEE confían además en que la Agencia Espacial Europea lo use para misiones de entrenamiento de sus astronautas.


Por su lado, la NASA investiga sobre módulos habitables, con la perspectiva de misiones a la Luna o a Marte, programadas para 2030. Proyectos complementarios, más que rivales, según Gancet, ingeniero belga que esboza las eventuales condiciones para una aplicación espacial.


Habría que instalar –explica– varios módulos SHEE, conectados, para formar una especie de aldea en el planeta rojo, en el que los astronautas pasarían por lo menos unos meses. Habría que reflexionar sobre cómo colocar, a su lado, depósitos de agua y de comida, así como de energía suficientes para cubrir sus necesidades.

El Homo sapiens salió de África 70 mil años antes de lo que se creía

El Homo sapiens llegó a lo que es hoy China hace entre 80 mil y 120 mil años, según investigaciones publicadas el miércoles sobre las migraciones del hombre moderno.


El descubrimiento de dientes humanos en una gruta de la provincia china de Hunán demostró que, procedente de África oriental, este primer antepasado probablemente atravesó la península arábiga y Medio Oriente, llegando finalmente al sur de China.


El asombroso hallazgo significa que nuestro ancestro salió del continente africano unos 70 mil años antes de lo que se pensaba.


El modelo generalmente aceptado era que los humanos modernos dejaron África hace apenas 50 mil años, explicó la antropóloga gallega María Martinón-Torres, investigadora del Colegio Universitario de Londres y una de las autoras del estudio.
"En este caso constatamos que el H. sapiens salió de África mucho más temprano", dijo la experta en antropología dental a Nature, que publica el trabajo.


Los hallazgos ponen además en evidencia que los primeros humanos tal y como los conocemos –que se piensa se originaron en África oriental hace unos 200 mil años– fueron chinos antes de ser europeos.


No hay de momento pruebas de que el Homo sapiens entrara en Europa antes de 45 mil años atrás, es decir, 70 mil años después de aparecer en Extremo Oriente.


Cuarenta y siete dientes fueron exhumados de una capa de arcilla gris y arenosa en la gruta Fuyan, cerca de la ciudad china de Daoxian, muy parecidos a las piezas dentales de humanos contemporáneos, según la investigación.


La dentadura sólo puede provenir de una población llegada desde África y no de la evolución de otras especies de hombres primitivos como el extinto Homo erectus.


Restos de un panda gigante


Los científicos descubrieron además los restos de unos 38 mamíferos, entre ellos ejemplares de cinco especies extinguidas, como un panda gigante, más grande que los actuales.


No se hallaron herramientas. Dado el entorno de la gruta, puede que no haya sido un lugar donde vivían humanos, indicó Wu Liu, otra de las autoras del estudio e integrantes de la Academia China de Ciencias.


Hasta ahora, los vestigios más antiguos de H. sapiens al este de la península Arábiga provenían de la gruta de Tianyuan, cerca de Pekín, de unos 40 mil años de antigüedad como máximo.


El hallazgo plantea interrogantes acerca de por qué los H. sapiens se demoraron tanto en dirigirse a Europa.


Wu y sus colegas proponen dos teorías. Una está relacionada con las temperaturas imperantes, demasiado bajas, en un pleistoceno tardío más frío que la actual Europa. La otra es la presencia del hombre de Neandertal.


Aunque esa especie de humanos primitivos terminó desapareciendo, se diseminó por el continente europeo hasta hace unos 50 mil años.

Con ascendencia común, indios de la Amazonia y aborígenes australianos

El continente americano fue poblado por una gran ola migratoria hace menos de 23 mil años y algunos indios de la Amazonia tienen ascendencia común con los aborígenes australianos, según dos estudios.


Antropólogos y arqueólogos debaten desde hace tiempo sobre los orígenes de los primeros pobladores de América.
La tesis más aceptada es la de migrantes llegados de Asia que atravesaron la franja de tierra que unía Alaska con Siberia, hoy sumergida en el estrecho de Bering. Sin embargo, sigue abierta la pregunta de cuántas corrientes migratorias sucesivas hubo y en qué momento ocurrieron.


Basándose en estadísticas genéticas de individuos antiguos y modernos de América, Siberia, Oceanía, Europa y África, Maanasa Raghavan, de la Universidad de Copenhague, y sus colegas aseguran que los primeros amerindios llegaron de Siberia en una sola ola migratoria, hace menos de 23 mil años.


Los migrantes permanecieron inicialmente entre Alaska y Siberia oriental 8 mil años, antes de seguir su camino y repartirse a lo largo de América. Según el estudio, publicado este martes por la revista estadunidense Science, las diferencias genéticas entre las poblaciones amerindias actuales provendrían no sólo de distintas corrientes migratorias, sino de encuentros que se produjeron después de la gran migración inicial.


El equipo puso además en evidencia un vínculo genético, que aparece tras la ola migratoria inicial, entre ciertos amerindios y poblaciones de Asia del este por un lado y los australo-melanesios de Papuasia, las Islas Salomón y el sudeste asiático, por otro. Este sorprendente descubrimiento indica que la población del nuevo mundo no permaneció aislada del viejo mundo tras su migración inicial, precisa el estudio.


Por su parte, David Reich y Pontus Skoglund, de la Escuela de Medicina Harvard de Massachusetts, compararon el genoma de 309 poblaciones amerindias de América Central y del Sur con el de 197 personas alrededor del mundo.


Según esas pruebas genéticas, publicadas por la revista británica Nature, ciertas poblaciones amerindias de la Amazonia estarían más vinculadas genéticamente a los primeros indígenas de Australia, Nueva Guinea y las Islas Andaman (India) que a los actuales pobladores de Eurasia y las Américas.


Los científicos piensan que las mezclas genéticas se produjeron antes de la población de la Amazonia.


Nuestro estudio sugiere que los amerindios no tienen una sola población de origen, sino tuvo otros aportes. Lo cual no es contradictorio con los resultados de Maanasa Raghavan, precisó Pontus Skoglund.


Esa población fundacional desciende de los siberianos y de gente relacionada con los asiáticos orientales modernos. Pero el ADN de los americanos modernos indica que otra población cruzó el puente terrestre y contribuyó a la herencia de algunos nativos actuales de la Amazonia brasileña, según los investigadores.


Este segundo grupo, llamado Población Y, tiene sus raíces en un grupo asiático que ya no existe, pero que también dejó su impronta genética en pueblos nativos modernos de Australia y Nueva Guinea, insistió Reich.


La Población Y aportó apenas una fracción del ADN actual de los pueblos amazónicos. A diferencia de migrantes reconocidos anteriormente, no está claro cuándo se apartaron del puente, precisó Reich. Pero es evidente que llegaron a la amazonia hace mucho tiempo y debe considerárseles un segundo grupo fundacional.


El trabajo incluye las primeras pruebas contundentes de que algunas poblaciones nativas de América deben su origen a una segunda fuente, dijo Deborah Bolnick, de la Universidad de Texas en Austin, quien no participó en el trabajo. Es indicio de que la historia de las poblaciones nativas es más compleja de lo que se pensaba, acotó.

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La NASA probó paracaídas supersónico con miras a posar en Marte naves habitadas

Tras varias postergaciones, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) lanzó este lunes un enorme globo que transporta una especie de platillo volador con el fin de poner a prueba el mayor paracaídas jamás desplegado, con miras a posar en Marte naves habitadas.


El globo de helio comenzó su ascenso de cerca de dos horas y media a las 17:45 GMT desde una base militar en Hawai, según la retransmisión en directo del canal de la NASA.


Se trata de la segunda prueba de esta tecnología. En el primer intento, en junio de 2014, el paracaídas se rasgó durante el descenso. La NASA entonces modificó el diseño.


Este año, la prueba se concentra en la forma en que este nuevo paracaídas supersónico funciona, había explicado anteriormente en un comunicado Mark Adler, responsable de este proyecto del Laboratorio de Propulsión de la NASA.
Como la atmósfera de Marte no es muy densa, cualquier paracaídas destinado a suavizar la caída de una nave espacial pesada y que va a gran velocidad tiene que ser particularmente sólido.


La NASA comenzó a probar esta tecnología en 1976, cuando envió su misión Viking con dos robots a Marte. Sin embargo, como el objetivo es trasladar astronautas al planeta rojo hacia 2030, la agencia espacial necesita paracaídas de nueva generación, con tecnología más avanzada, que permitan a naves más grandes posarse con suavidad.


El vehículo utilizado para esta prueba, el platillo volador, pesa poco más de tres toneladas, es decir, dos veces más de lo que pesan las naves de la NASA que de hecho son capaces de tocar suelo marciano.


El paracaídas, llamado Low-Density Supersonic Decelerator, o LDSD (Desacelerador Supersónico de Baja Densidad), es descrito por la agencia como el mayor jamás desplegado. Tiene 30 metros de diámetro y su objetivo es reducir la velocidad de entrada del vehículo de mach 2 a una velocidad subsónica.


Para la prueba, el globo transportará al platillo volador y el paracaídas a una altitud de 37 kilómetros sobre el Océano Pacífico. Entonces soltará el platillo, que subirá aún más alto –hasta 55 kilómetros– gracias a sus cohetes de refuerzo. La nave alcanzará 3.8 veces la velocidad del sonido, o 4 mil 651 kilómetros por hora.


Desacelerador


El desacelerador supersónico aerodinámico inflable, que tiene forma de rosquilla (llamado SIAD, por Supersonic Inflatable Aerodynamic Decelerator), se desplegará para frenar el descenso de la nave hasta cerca de 2.5 veces la velocidad del sonido (3 mil 60 kilómetros por hora). En ese momento el paracaídas se abrirá para ayudar al platillo a posarse en el Pacífico unos 40 minutos más tarde.


Esta nueva tecnología debe ser examinada a gran altitud, dado que las condiciones allí son similares a las de la atmósfera de Marte.