Crisis de migrantes centroamericanos en México

La crisis humanitaria olvidada de esta ola migratoria alimenta el oscuro panorama en México, donde los asesinatos, secuestros, desapariciones forzadas y ejecuciones sumarias carcomen al país desde hace una década.
El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios en EE.UU.

México enfrenta en su propio territorio una crisis humanitaria que nace en Honduras, El Salvador y Guatemala, países que cada año expulsan a medio millón de personas que, en su mayoría, intentan llegar a Estados Unidos. Sin embargo, cada vez es mayor el número de migrantes que pretende quedarse en México, y el número de solicitudes de asilo pasó de 1,100 en 2011 a unas nueve mil en 2016. Para este año de estima que las peticiones podrían llegar a 20 mil refugiados, de acuerdo con estimaciones de Médicos Sin Fronteras (MSF), que ayer presentó el informe “Forzados a Huir del Triángulo Norte de Centroamérica”.

MSF considera una crisis humanitaria olvidada a esta ola migratoria, motivada por la extrema violencia que se vive en Honduras, El Salvador y Guatemala, la que además alimenta la crisis humanitaria en México, donde los asesinatos, los secuestros, las desapariciones forzadas, las ejecuciones sumarias y la impunidad carcomen al país desde hace una década. A pregunta expresa, el director de operaciones de MSF para América Latina, Marc Bosch, consideró preocupante la posibilidad de que el gobierno de Enrique Peña Nieto pretenda utilizar el flujo migratorio centroamericano como moneda de cambio para negociar su relación política y comercial con la administración de Donald Trump durante la próxima cumbre sobre indocumentados, anunciada a finales de marzo pasado por John Kelly, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos. El encuentro se programa para realizarse en Miami y sería copresidido por Estados Unidos y México, con representantes del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA): Honduras, El Salvador y Guatemala. En esta reunión también participarían Canadá y Colombia en calidad de observadores.

El informe de MSF se presenta en un contexto de mayores controles migratorios, detenciones y expulsiones desde Norteamérica que podrían “empujar a más refugiados y migrantes a las redes de tráfico de personas y de organizaciones criminales”. Así, México podría convertirse no sólo en un inmenso muro de contención de migración centroamericana hacia Estados Unidos, sino un país receptor de estos flujos.

Y si bien aún existe un elevado índice de migración económica, al menos el 50 por ciento de los centroamericanos que se internan en México lo hacen huyendo de situaciones que se encuentran en cualquier país en guerra, aunque para ello deban llegar a un país donde la violencia ha alcanzado niveles sólo superados por Siria. México registró 23 mil asesinatos en 2016, superando a Iraq y Afganistán, según un reporte del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos dado a conocer el martes pasado. De hecho, un mapa de las desapariciones en México coincidiría con las rutas de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, dice Rita Robles Domínguez, del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdoba, con sede en Tapachula, Chiapas.

MSF realizó un sondeo con 467 migrantes procedentes del TNCA. Para el 39.2 por ciento, “las principales razones para abandonar su país” fueron ataques directos o amenazas a ellos o sus familias, así como episodios de extorsión y reclutamiento forzado por bandas criminales. De ellos, arriba de dos tercios fueron recibidos en México con más actos de violencia.

Nueve de cada 10 migrantes atendidos por MSF entre 2015 y 2016 sufrieron al menos un episodio de violencia en sus países de origen y/o durante su tránsito por México hacia Estados Unidos.

De por sí, “la implacable violencia y el sufrimiento emocional” padecido por estos migrantes “no es diferente a lo que experimentan las poblaciones que se encuentran en zonas de conflicto donde hemos estado trabajando durante décadas”, dice Bertrand Rossier, coordinador general de la organización en México. Los países del TNCA registran 150 mil asesinatos en los últimos 10 años.

Asesinatos, secuestros, amenazas, reclutamiento por “actores armados no estatales”, extorsiones, violencia sexual y desaparición forzada se encuentran en la lista de situaciones de violencia que padecen los migrantes centroamericanos en su paso por México. Todas ellas “son realidades propias de una guerra, pero también son situaciones que estas personas están sufriendo”.

De hecho, aún mucho antes de que iniciara la era Trump, México desató una cacería de migrantes a partir de implementación del Programa Integral Frontera Sur, anunciado por el presidente Enrique Peña Nieto en julio de 2014. “Se vendió como un plan para proteger la integridad de los migrantes y combatir a los grupos criminales que los atacan; en la práctica, se convirtió en una verdadera cacería de migrantes”, dice Alonso Hernández, director del Albergue Paso FM4 de Guadalajara, la capital del estado de Jalisco y miembro del Comité Ciudadano del Instituto Nacional de Migración.

Los migrantes saben de la violencia que les espera en México, y aun así vienen, lo cual habla de la dimensión de la violencia de la que huyen desde Honduras, El Salvador y Guatemala, subrayó Elena Estrada Cocina, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF.

MSF hizo un llamado a los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala, así como a los de México, Estados Unidos y Canadá, para que garanticen alternativas a las detenciones masivas de migrantes y para que se adhieran a los principios de no expulsión. “Estamos ante una crisis humanitaria continuada” desde los países de origen de los migrantes hasta su tránsito por México e incluso su arribo a Estados Unidos, dice Marc Bosch. Poco se puede hacer ante estas realidades, como no sea acompañarlas, reconoce, pues “la solución a las crisis humanitarias no está en la sociedad civil, se necesitan respuestas claras de los gobiernos”.

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Lunes, 08 Mayo 2017 07:02

Una sociedad fracturada

Una sociedad fracturada

Cuanta más prosperidad hay en una zona, más votos cuentan para Macron. La otra Francia fue objeto de evocaciones, pero nadie se ocupa de ella.



Un espacio político divido en cuatro y una sociedad fracturada en dos: la elección del centrista liberal Emmanuel Macron es el espejo exacto que refleja mucho más que la frontera entre izquierda y derecha, o aquella que definió el electo presidente entre “progresistas y nacionalistas”. Hay cuatro fuerzas políticas en el nuevo escenario: la del centro liberal presidencial, la de la extrema derecha, la de los conservadores de tradición gaullista y la de la izquierda radical. Y hay dos Francia netas, visibles en la geografía electoral:una, urbana y capacitada, a menudo joven e implicada en el mundo globalizado, y otra rural, suburbana y poco calificada. La primera votó a Emmanuel Macron, la segunda a la extrema derecha de Marine Le Pen. La primera Francia es la de las redes y la conquista, la segunda la de la exclusión y el resentimiento. Pocos votos habrán tenido como este una lectura social tan intensa, y pocos, también, habrán remitido a la imagen de quienes componen la sociedad. Las sucesivas contaminaciones y escándalos de la campaña nunca empañaron el espejo de la “fractura social” (Jacques Chirac, ex presidente 1995-2007), ni el de la fractura digital, ni el del centro y las periferias desiertas y pauperizadas. Las elecciones francesas han tenido el mérito profundo de derrotar al populismo nacionalista y de sacar de los cuentos míticos del progreso la realidad en la que viven la mayor parte de las democracias del mundo, aisladas en zonas de prosperidad y dinámicas de ascenso y, otras, en espacios de confinamiento, de precariedad y sensación de derrota. Trump, en los Estados Unidos, puso la batuta sobre la nota racial, Francia restauró la dimensión social con una transparencia rotunda. Los datos son elocuentes:cuanto más prosperidad hay en una zona, más votos se cuentan a favor de Emmanuel Macron. La otra Francia ha sido objeto de relatos y evocaciones, pero nadie se ocupó de ella. Contrariamente a lo previsto, no fue la infección radial la que monopolizó el debate sino la desesperanza social.


La izquierda está ausente de lo que siempre ha sido su identidad histórica:reconectar, a través de la igualdad, las sociedades fracturadas. La misión le incumbe paradójicamente a un liberal profeso, que carece de partido y cuya próxima y cercana misión, el próximo 21 de junio, consiste en armar una mayoría legislativa para gobernar. ¿Con quién ? ¿Cuántos socialistas irán bajo sus afiches ? Hoy se perfilan dos sólidos ejes de oposición:la ultraderecha, y la izquierda radical de Mélenchon. Su respectivos porcentajes en estas elecciones les permiten conjeturar una traducción legislativa de sus fuerzas presidenciales. Emmanuel Macron está en el centro de ese tablero cuyas complejas realidades fueron más rebeladas por el cambio de retórica del lepenismo que pasó de la xenofobia a la denuncia social que por sus propios diagnósticos. Con esta elección, la desigualdad cifrada en estudios y trabajos sociológicos adquirió el rostro de la gente, reconquistó su identidad. Con Trump, el mundo dejó de ser lo que era y, con la elección francesa, de pronto se recupera la pregunta sobre lo que quiere ser. No sólo hay consumidores de los últimos modelos de celulares, sino, millones de personas que tienen otras preocupaciones más inestables que atender. La elección francesa sopló la cortina de humo de la tecno ilusión, la de la digitalización feliz, la de un mundo integrado y mega conectado donde basta con cliquear sobre un “like” para ser parte de él. Quienes cliquearon en la urna tangible de la extrema derecha no son todos fascistas, ni xenófobos, ni anti mundo. Tal vez sólo hayan pedido, mediante el resentimiento, que los incluyan, que les construyan rutas, sucursales bancarias, mejores escuelas, internet más rápido, mejor acceso a la educación de sus hijos, que les pinten la escabrosa tristeza en la que tantos y tantos suburbios del mundo viven sumidos. La desigualdad social y el enriquecimiento de unos pocos sobre el empobrecimiento de muchos ha sido la narrativa reflexiva de los últimos años. Nunca se había hablado tanto y visto y debatido tan poco. Francia la puso en la pantalla ampliada de la híper realidad, allí donde Trump la había ocultado con sus patrañas raciales y sus insultos a las elites intelectuales.


La apuesta de la recomposición social se la llevó Emmanuel Macron. Sus primeras medidas van en contra de la reconexión. El electo presidente se pondrá, como primera medida, manos a la obra para hacer adoptar una “reforma en profundidad” de la ley sobre el derecho laboral, la misma que, desde el año pasado, levantó un muro de protestas callejeras y terminó de hundir un poco más la tenue presidencia de François Hollande. Todo lo contrario de una política social o de atención a la Francia que está del lado menos floreciente de la fractura. Esta vez, sin embargo, toda anticipación suena a disparate. La elección presidencial, hasta el final, ha sido una sinfonía de singularidades que fueron contradiciendo a los más acertados analistas. Entramos, con Francia, en la quinta dimensión. Los esquemas de antes se quedan cortos y los nuevos habrá que inventarlos para comprender la frondosa y cambiante realidad humana. Lo que, por encima de las retóricas diseñadas por los comunicadores y propagadas por Macron, sí persiste y se ha renovado es el eje izquierda derecha. Nunca fue tan pujante, ni tan evidente la necesidad de una izquierda poderosa que mire y se comprometa cuerpo y alma allí donde siembra su futuro la ultraderecha.

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Fan Yusu, la Charles Dickens china de la era internet

El relato online de la difícil situación de millones de chinos han convertido a su humilde autora en una sensación literaria de la noche a la mañana



De niña, Fan Yusu se escapaba de su vida de pobreza rural gracias a Charles Dickens. Se sumergía en las fatigas de Oliver Twist escapándose de un albergue para pobres de la época victoriana y dirigiéndose hacia la gran nube de humo —Londres—.


Pero es la historia del propio vuelo de Fan a la gran ciudad el que se ha ganado los corazones y las mentes en su China natal. Tras publicar en la red las luchas de los trabajadores migrantes, Fan se ha convertido de la noche a la mañana en una nueva sensación literaria.


Según medios chinos, más de un millón de personas ha leído el texto autobiográfico de la autora desde la semana pasada, cuando fue publicado en la red social WeChat. En el relato, Fan traza sus intentos de construir una vida en Pekín.
La historia, titulada Yo soy Fan Yusu, ha sido eliminada de la red, posiblemente como consecuencia de los temas políticos que toca, incluyendo la mala situación de los 281 millones de trabajadores migrantes de China.


Sin embargo, la fama de la autora, de 44 años, que ha sido calificada por un periódico como 'La escritora china más candente', continúa aumentando. Tanto que Fan ha abandonado su casa en un barrio pobre de inmigrantes a las afueras de Pekín para huir de las hordas de periodistas que quieren entrevistarla. “Me estoy escondiendo”, declaró a un periodista, según recoge Xinhua, la agencia de noticias oficial del país.


La historia de la última estrella literaria de China comienza en un pueblo del interior a comienzos de los setenta, llegaba a su fin la turbulenta Revolución Cultural del presidente Mao y el país se sumergía en una nueva era de agitación económica y social.


Fan, nacida en el seno de una familia de cinco hijos en una comunidad rural desfavorecida tuvo que empezar a trabajar a los 12 años y soñaba con mudarse a una de las ciudades en repentino auge de China.


Pero también era un ratón de biblioteca: Además de Oliver Twist y Grandes Esperanzas, de Dickens, devoró las obras de Daniel Defoe, Julio Verne y Maxim Gorky, así como autores chinos como Jin Jingmai. Con 20, Fan viajó a Pekín esperando encontrar trabajo y vio “el gran y amplio mundo”.


No solo no encontró trabajo, sino que cayó en un matrimonio abusivo con un hombre del noreste de China con quien tuvo dos hijas. “Se volvió un borracho y violento. No pude soportar su violencia machista y decidí coger a mis dos hijas y regresar a mi pueblo natal”, recuerda Fan en su relato, que continúa con su vuelta a la capital china, donde encontró trabajó de niñera del hijo ilegítimo de un millonario. “Mi vida es como un libro miserable y conmovedor”, explica Fan. “El destino me ha atado de una forma absolutamente desastrosa”, añade.


Zhang Huiyu, profesor de literatura que trabajó como voluntario en el curso de escritura para trabajadores inmigrantes al que asistió Fan, afirma que su exalumna era una fanática de la literatura, y que sus “palabras simples y sinceras” han tocado la fibra a la gente común. “Hoy en día la gente está atrapada en el ajetreo de la vida pero la historia de Fan Yusu nos muestra el lado bonito y romántico de la vida”.


El periódico oficial del Partido Comunista, the People's Daily, se hizo eco de estos sentimientos y afirmó que había emocionado a los lectores por su prosa “objetiva pero provocadora”.


“Es como una antropóloga que, observando a la gente y todas sus formas de vida, ofrece a los lectores una nueva perspectiva”, afirmó un crítico.


“No tengo ni idea, y ¿tú?”, respondió a un periodista que le preguntaba por qué sus palabras han resonado entre los lectores. Antes de esconderse Fan concedió varias entrevistas en las que se veía obligada a explicar su éxito repentino.
“No tengo talento”, indicó en otra ocasión, acallando así los rumores de que busca perseguir una carrera en la escritura. “Nunca he soñado en cambiar mi destino con un bolígrafo”.


Fan se describe a sí misma como “una mujer que lucha por sobrevivir en el fondo de la sociedad” y afirma que los libros le han ayudado a afrontar los retos de ser un miembro de la clase baja explotada de China. “Cuando la vida era extremadamente difícil, leía para dejar de pensar en la adversidad”.


Tras ser catapultada al estrellato literario, han emergido otros textos de Fan, incluido un poema llamado Monólogo de una madre migrante:


“Solo me atrevo a llorar en las profundidades de la noche
soy una inmigrante, y también lo son mis hijas
Si es posible, dejadme afrontar sola las adversidades
dejando a mis queridas hijas la felicidad”.

 

Tom Phillips
03/05/2017 - 20:21h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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Miércoles, 26 Abril 2017 15:06

Primero la propiedad privada, luego...

Primero la propiedad privada, luego...

De nuevo el bolillo y la amenaza. El pasado lunes 24 de abril fueron desalojados a golpes y empujones cerca de 400 familias, incluyendo menores de edad, pobladoras del barrio Bilbao de la localidad de Suba, en Bogotá. Familias que llevaban allí entre dos años y seis meses de residencia. Para ocultar el atropello, la policía, en colaboración con algunos medios de comunicación, no ocultaron su esfuerzo para que la opinión pública creyera que los desalojados eran expendedores de drogas y que ellos mismos fueron quienes incendiaron sus casas para ocultar la evidencia.

 

El hecho de que los desalojados son recicladores facilitaría tal versión. Evidente discurso clasista. Sí, son recicladores, decenas de familias empobrecidas, excluidas, obligadas a brindarse un techo a como de lugar ya que los ingresos no les permite pagar un arriendo mensual y mucho menos abonar una deuda por veinte años para hacerse de una vivienda. Su falta de empleo seguro e ingresos fijos, no les permite proyectar gastos. Ante esta realidad, la invasión de zonas en las que corren el riesgo de sufrir enfermedades o algún tipo de desastre, al ubicarse, como en este caso, a orillas del río Bogotá, es su única alternativa.

 

Manipulación mediática más violencia oficial. Además, como prueba de la farsa entretejida alrededor del desalojo, cuyo único fin es evitar la indignación de la opinión pública, está el hecho de que la policía y los boinas verdes entraron a las casas de la gente con perros para buscar estupefacientes, pero no encontraron nada, lo que impidió judicializarlos por porte o tráfico de drogas. Los medios de comunicación oficiosos no pudieron mostrar evidencia alguna, solo palabras. Minutos después del ingreso de los uniformados y sus pesquisas dentro de las casas de muchos de los pobladores, ocurrió la conflagración de la que la población acusa a los verdes.


La comunidad afirma que el desalojo no sólo dejó heridos sino también muertos. Según relatan, una mujer de la tercera edad sufrió un ataque al corazón al momento del operativo uniformado. Otra joven embarazada perdió el bebe al ser pisada por los caballos de carabineros. Sin embargo, no hay registros que confirmen estos hechos. Se espera que las autoridades competentes aclaren esta situación.

 

 ¿Cuándo será que el problema de la tierra y de la vivienda encuentra solución efectiva en esta ciudad y en todo el país?

 

 

A continuación, presentamos imágenes de los efectos del desalojo.

 

Los desalojos se ubican en dos zonas distintas separadas por dos cuadras y sin conexión alguna. La primera se ubica entre las carreras 150 hasta la 153 con calle 143c. En esta fue donde hubo más represión y violencia por parte de la policía tras la resistencia que opusieron sus pobladores, quienes no tenían alternativa alguna de vivienda. La segunda zona afectada se encuentra al final de esta calle: en la carrera 155, ahí el camino se corta porque se atraviesa el río. Los pobladores aquí fueron engañados por la policía al decirles que nadie los sacaría de sus casas sin negociación previa. La imagen muestra a una familia de la primera zona con sus bienes personales. Unas de las pocas que pudo sacarlos antes de que las llamas consumieran todo.

 

 

La noche del 24 las familias desalojadas tuvieron que dormir en la calle. Muchos niños no pudieron asistir al colegio debido a que sus útiles escolares, junto a los uniformes, se perdieron en el incendio y no tenían dónde alistarse para salir a clase. Son sesenta las familias víctimas del conflicto armado afectadas en este hecho, proceden de los departamentos de Sucre, Chocó, Córdoba, Magdalena y Caquetá, muchas de ellas con 8 o 10 años de haber llegado a Bogotá y sin lograr resolver el tema de una vivienda digna ni el de los ingresos fijos. La gran mayoría no tiene familia cercana para reubicarse. Las madres les piden a las directivas de los colegios que no les quiten las rutas escolares. Dicen que como perdieron todo no han podido llevar a sus hijos al colegio, y que con tres fallas pierden el derecho a la ruta escolar.


Algunos vecinos se han solidarizado con los desalojados y les brindan alimentos. Las llamas también los dejaron sin ingresos al destruir lo que habían reciclado durante semanas de reciclaje.

 

 La mayor concentración de desalojados se encuentra a lo largo de la calle 143-b, desde la carrera 51.

 

 

  

Estas imágenes corresponden a las invasiones de la zona uno arriba descrita.

 

 

 

De manera pacífica, en horas de la mañana del martes 26 de abril salieron a protestar por una vivienda digna. En medios de comunicación funcionarios del Distrito afirmaron que los desalojados recibirán ayuda y que ya dieron casas a 50 personas. Sin embargo, no hay registro de dichos beneficiados y la población denuncia que la ayuda consiste en un pago de 150 mil pesos que no les alcanza ni para un mes de arriendo. Pero aún no han recibido la mínima ayuda. La colaboración ha venido de vecinos solidarios y de algunas fundaciones que operan en el sector. Los funcionarios públicos sólo hacen presencia frente a las cámaras para hablar de supuestas ayudan que no aparecen por parte alguna. Por eso la población quiere entablar un diálogo con el Alcalde mayor de la ciudad, para que les solucione el problema de vivienda.

 

Imágenes de la segunda zona desalojada.

 

  

Las personas heridas por acción de la policía o al intentar rescatar sus bienes, como un hombre que se cortó con una teja y otro que se clavó una puntilla, no han sido atendidos. Los casos más graves fueron llevados al hospital de Suba. Se desconoce su estado de salud. En imágenes se ve a un joven que fue golpeado con un bolillo en la quijada. La mujer de rosado muestra ante la cámara su brazo golpeado.

 

 

 

 

En la noche del 25 de abril la lluvia arreció y la gente, sin alternativa de techo, buscó refugio en las fachadas de las casas y en carpas improvisadas. A esa hora aún no recibían soluciones. Temían que a la madrugada llegara el Esmad a sacarlos. Si lo hacían, manifestaba la gente, no tenían otra opción que seguir invadiendo predios desocupados.

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© AFP 2017/ Paul J. Richards

 

Desde la crisis financiera de 2008, la desigualdad y la amenaza del impago de la deuda de los EEUU han sido temas recurrentes en los análisis sobre la erosión de la hegemonía global de Washington. Sin embargo, bajo la presidencia de Donald Trump ambas cuestiones van cobrando nuevas dimensiones.

El mundo comienza a desconfiar de las promesas de los gobernantes de la superpotencia porque la evidente fractura social interna se convierte, también, en amenazadora fractura política.

Una nación que tenga una sociedad integrada, donde sus miembros se relacionen de una manera medianamente horizontal y democrática, será estable ya que las aspiraciones al ascenso social que atraviesan el mundo, pueden concretarse con esfuerzo y trabajo. Algo así sucedía en EEUU hacia mediados del siglo pasado.

De hecho, las décadas de 1950 y 1970 presentan la menor desigualdad en la historia reciente del país: el 10% superior en ingresos se llevaba entre el 30 y el 35% de los ingresos nacionales. Hoy ese mismo 10% se lleva la mitad del ingreso nacional, pero el 1% ha crecido aún más rápidamente.

El panorama que presenta hoy el país es más o menos el siguiente: gobiernan los multimillonarios, sector al que pertenece la mayoría de los miembros del Congreso; la clase media está desapareciendo, los salarios están estancados y la pobreza crece exponencialmente, concentrada en ciertos barrios y regiones. En vez de trabajo estable bien remunerado, los nuevos empleos que se crean son precarios y mal pagos, sin la posibilidad de que el trabajador tenga un desempeño profesional ascendente.

Si el sistema era estable en la década de 1950 y la sociedad se mostraba optimista y confiada, ¿qué se puede esperar en este período en el que las mayorías sufren serio retroceso? Además, ya no existen espacios comunes compartidos por los diferentes sectores sociales: los más pobres, en particular negros, tienen como referente la cárcel y la exclusión; los más ricos se socializan en espacios exclusivos que los demás ni siquiera sueñan conocer. La clase media no puede referenciarse en ninguna de ellos.

Un reciente estudio divulgado por la revista médica británica The Lancet revela que la brecha entre la esperanza de vida de los más ricos respecto a los pobres se ha elevado en EEUU de cinco a trece años. Pero el informe señala que estamos apenas en el comienzo de una creciente polarización.

"Estamos presenciando a cámara lenta un desastre en la salud de los americanos de bajos ingresos que han transcurrido su vida trabajadora en un período de crecientes desigualdades de ingresos", destaca el profesor Jacob Bor, coautor del informe, consultado por el diario El País. Se refiere a los nacidos en la década de 1960, generación que ha sido carcomida por el tabaquismo, una epidemia de obesidad y el consumo de opiáceos, la respuesta que han encontrado al persistente deterioro de sus vidas laborales.

Es la llamada "trampa de pobreza y salud", relación que se retroalimenta hacia abajo, ya que el costo de la atención médica para los estadounidenses pobres "puede llevar a la bancarrota a hogares y empobrecer familias", como señala Bor. Aún luego de la reforma sanitaria del gobierno de Barack Obama, un 25% de los más pobres no tiene seguro médico, cuestión que afecta sobre todo a negros y latinos, algo que la revista The Lancet denomina como la continuidad histórica de un "racismo estructural", que se manifiesta en los problemas de vivienda y en el crecimiento de la población carcelaria, que también afectan la esperanza de vida.

Aquí se cruza, de forma alarmante, el problema de la deuda, que ha sido siempre un tema tabú en el mundo y ahora resurge, ya que supera el 100% de PIB de EEUU. De hecho, Trump ha sido el encargado de romper ese tabú al mencionar que podría renegociar la deuda pública si fuese necesario, lo que supone un verdadero sismo geopolítico, como señala el Laboratorio Europeo de Anticipación Política.

El actual presidente fue muy claro al respecto en su campaña electoral, lo que puede explicar la furia de ciertas élites hacia su persona, ya que muestra el lado menos aceptable de la dominación global del sistema financiero anclado en el chantaje del dólar y de Wall Street al resto del mundo.

En los hechos, EEUU ya no cuenta con la posibilidad de negociar algo que funcione como lo hacía el petrodólar, que en 1971 le permitió al presidente Nixon anunciar la suspensión de la convertibilidad del billete estadounidense en oro. Sin aquel apoyo de la monarquía saudí, que sostuvo la cotización y el comercio del petróleo en dólares, el billete verde no se habría mantenido casi medio siglo como referencia mundial sin competencia alguna.

Lo que anuda ambas cuestiones son dos hechos centrales y cada día menos discutibles. Por un lado, la evidente erosión de la hegemonía estadounidense. Respecto al dólar, la pregunta que todos se hacen es cuándo dejará de ser la moneda de reserva universal, porque es consenso que ese día llegará aunque nadie puede precisar cuándo.

Por otro, la crisis de confianza en los EEUU como gran potencia que no admitía contestación, por lo menos en el llamado mundo occidental, ha entrado en su fase final. En las relaciones internacionales, cada vez son más los países que se atreven a desafiarla, incluso en el terreno militar. Lo que viene sucediendo desde comienzos de la década de 2000, una serie ininterrumpida de fracasos político-diplomático-militares, es el signo de los tiempos.

Lo único novedoso que aporta la presidencia de Trump, es que la fractura interior se ha hecho visible y se ha convertido en una suerte de "fractura expuesta" que deja en evidencia la decadencia imperial y que ya no es reversible, como lo muestran los datos sobre desigualdad y deuda.

Nos guste o no nos guste el actual inquilino de la Casa Blanca, tiene la virtud de que ya no puede ocultar que el caos por el que atraviesa el sistema mundial ha anidado en la mayor potencia económica y militar del planeta. Con todos los riesgos que eso implica para la humanidad.

 

 

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La concentración de la tierra en Latinoamérica, causa de conflicto social y subdesarrollo

• 1% de los propietarios concentra más de la mitad de las tierras

• 32 millonarios igual riqueza que 300 millones de personas

• Importante reunión de la FAO en Santiago de Chile


El 1% de los propietarios de América Latina concentra más de la mitad de las tierras agrícolas. La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), retomó estos datos de un informe de la ONG OXFAM para describir la enorme desigualdad que atraviesa al continente.

El tema de la concentración de las tierras junto con la reflexión sobre el impacto de las reformas agrarias de la región, constituyó el tema central de la Reunión de alto nivel sobre “Gobernanza Responsable de la Tenencia de la Tierra, la Pesca y los Bosques en América Latina y el Caribe”, realizada en Santiago de Chile en el transcurso de la primera semana de abril.

La región de América Latina y el Caribe tiene la distribución de la tierra más desigual del mundo. La FAO destacó que esa distribución es aún más inequitativa en Sudamérica, mientras que en Centroamérica es levemente inferior.

La región tiene la distribución de tierras más desigual de todo el planeta: el coeficiente de Gini –que mide la desigualdad– aplicado a la distribución de la tierra en el continente alcanza al 0,79, superando ampliamente a Europa (0,57), África (0,56) y Asia (0,55).

El organismo de la ONU sostiene que administrar mejor los derechos de la tierra, así como el acceso a los bosques y la pesca es fundamental para reducir la pobreza en las zonas rurales y proteger los recursos naturales. E instó a mejorar el reconocimiento de los derechos de tenencia.

Mejorar el reconocimiento de los derechos de tenencia de la tierra y su distribución es un paso necesario para erradicar el hambre y avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe, subrayó la FAO en Santiago de Chile.

Otro problema significativo, según el organismo onusiano: cada vez es menor el porcentaje de la tierra en manos de pequeños propietarios. Fenómeno que conspira, en particular, contra las mujeres. En Guatemala, por ejemplo, sólo el 8% de las mujeres es propietaria. En Perú, sólo el 31%. En la mayoría los casos, estas propiedades son de menor tamaño y calidad que las que poseen los hombres.

A fines del año pasado OXFAM publicó “Desterrados: Tierra, Poder y Desigualdad en América Latina”, uno de los informes más completos realizados hasta ahora sobre la situación agraria del continente. El mismo centraliza su análisis en 17 países latinoamericanos.

“El 1% de las fincas acapara más de la mitad de la superficie productiva. Es decir, este 1% concentra más tierra que el 99% restante. Esta situación no ofrece un camino para el desarrollo sostenible, ni para los países, ni para las poblaciones ” , indica el informe de la ONG, retomado ahora por la FAO.

La desigualdad económica y social es uno de los mayores lastres que impiden a las sociedades latinoamericanas alcanzar el desarrollo sostenible y supone un obstáculo para su crecimiento económico. “En la región, 32 personas privilegiadas acumulan la misma riqueza que los 300 millones de personas más pobres. Esta desigualdad económica está íntimamente relacionada con la posesión de la tierra, pues los activos no financieros representan un 64% de la riqueza total”, subraya OXFAM.

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Más allá de Vietman”: a 50 años, el discurso de Martin Luther

 

El 4 de abril de 1967, un año antes del día de su asesinato, el Dr. Martin Luther King Jr. pronunció uno de los discursos más poderosos y polémicos de su vida: “Más allá de Vietnam: el momento de romper el silencio”. El legendario orador y referente social, además de joven ganador del Premio Nobel de la Paz, expuso una fuerte condena a la guerra estadounidense en Vietnam y alentó la colaboración entre el movimiento por los derechos civiles y el movimiento contra la guerra. Cincuenta años después, cuando el gobierno de Trump intenta aumentar drásticamente el presupuesto del Pentágono en 54.000 millones de dólares y recortar programas sociales y el presupuesto del Departamento de Estado, fundamental en cuanto a lograr soluciones diplomáticas para los conflictos, resulta escalofriante ver que el discurso de King “Más allá de Vietnam” sigue teniendo tanta vigencia.

Más de 3.000 personas se habían congregado en ese día primaveral en la Iglesia Riverside de Nueva York. En su discurso, King calificó a Estados Unidos como “el mayor generador de violencia que existe hoy en el mundo” y luego advirtió: “Por el bien de esos muchachos, por el bien de este gobierno, por el bien de los cientos de miles que padecen nuestra violencia, no puedo permanecer en silencio”.

King continuó, haciendo referencia a los “tres gigantes” contra los que había que luchar: “Los tres gigantes del racismo, del materialismo extremo y del militarismo”.

King hizo un racconto de cómo se intensificó el papel de Estados Unidos en Vietnam y luego vinculó los gastos bélicos a la pobreza local: “Hace unos años, hubo un momento brillante en esta lucha. Parecía como si hubiera una verdadera promesa de esperanza para los pobres –tanto negros como blancos– mediante el programa contra la pobreza. Luego vino la escalada de Vietnam y este programa fue desmantelado, como si fuera un juguete político ocioso de una sociedad enloquecida por la guerra. Y yo sabía que Estados Unidos nunca invertiría los fondos ni las energías necesarias en la rehabilitación de sus pobres mientras aventuras como Vietnam siguieran atrayendo hombres, capacidades y dinero, como una especie de vórtice demoníaco y destructivo. Así que me vi cada vez más obligado a ver la guerra como enemiga de los pobres y a atacarla como tal”.

La reacción de los medios hegemónicos contra el discurso del Dr. King fue inmediata. La revista Life acusó a King de “traicionar la causa por la que tanto había trabajado”, agregando que “gran parte de su discurso era una calumnia demagógica que sonaba como un guión de Radio Hanoi”. El periódico The Washington Post expresó en su editorial: “El Dr. King les ha causado una grave herida a sus aliados naturales... ha disminuido su utilidad para su causa, su país y su pueblo”.

Pero King no cedió en sus esfuerzos y continuó con lo que ahora llamamos “organización intersectorial”. Cuando fue asesinado, un año después de ese discurso, se encontraba en Memphis apoyando a los recolectores de basura que estaban en huelga en demanda de su reconocimiento sindical. El 3 de abril de 1968, en Memphis, el Dr. King dio su último discurso, al que llamó “He estado en la cima de la montaña”. Aunque convivía con amenazas de muerte y acoso constante por parte del FBI, expresó: “Como todo el mundo, a mí me gustaría vivir mucho tiempo. La longevidad es importante, pero eso es algo que ahora no me preocupa”.

Menos de un día después, el Dr. King fue asesinado. Tras conocerse la noticia de su asesinato estallaron disturbios en las principales ciudades de mayoría afroestadounidense del interior del país y la historia de Estados Unidos cambió para siempre.

El reverendo Dr. William Barber, principal referente de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP, por su sigla en inglés) de Carolina del Norte, catalogó el discurso de King “Más allá de Vietnam” como un “sermón profético”. Barber traslada la estrategia discursiva de King al siglo XXI. En una entrevista para Democracy Now!, expresó: “¿Dónde estamos realmente en relación con el racismo, cuando vemos que 22 estados del país han aprobado sistemáticamente leyes de supresión de votantes basadas en discriminación racial y tenemos menor protección del derecho al voto que en 1965 con el desmantelamiento de la Ley de Derecho al Voto? ¿Dónde estamos si apenas usamos la palabra “pobre” en nuestro debate público y político? ¿Dónde estamos, cuando hace unas semanas un ejército fuera de control mató a 200 ciudadanos inocentes en Irak, mientras unos 400.000 ciudadanos fueron asesinados a lo largo de toda la guerra de Irak, una guerra en la cual nunca deberíamos habernos metido? ¿Dónde estamos, cuando estamos hablando de ampliar un presupuesto militar ya hinchado y gastar unos 54.000 millones de dólares en la guerra, cuando si usáramos ese mismo dinero en una guerra moderna contra la pobreza y medidas modernas para la salud y la educación, podríamos hacer mucho más?”.

Si Fox News se salteara solo un episodio del programa presentado por Bill O’Reilly, acusado de cometer acoso sexual, y emitiera en su lugar el discurso “Más allá de Vietnam”, o si CNN o MSNBC transmitiera el discurso en su totalidad, existe la posibilidad de que el presidente Donald Trump, un voraz consumidor de noticias por cable, pudiera verlo. Tal vez entonces podría pensar dos veces antes de incrementar la guerra en Irak y Yemen, o de provocar otra contra Corea del Norte. Mientras el mundo se horroriza por el último ataque de gas tóxico en Siria, probablemente lanzado por el régimen de Assad contra sus propios ciudadanos, Trump podría considerar liderar al mundo, ahora unido momentáneamente por la indignación, hacia una respuesta global y diplomática que pueda conducir a una solución política en esa región.

Con un líder poderoso que se comprometiera con la paz, Estados Unidos podría lograrlo. Lo más probable, sin embargo, es que reste mucho trabajo por hacer para aquellos en quienes el Dr. Martin Luther King depositó mayor esperanza: el pueblo, organizado desde las bases para luchar por la paz.

 

© 2017 Amy Goodman

 

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

 

 

Publicado enSociedad
La desigualdad económica en Estados Unidos golpea a la esperanza de vida

La brecha de mortalidad entre los más pobres y los más ricos se ampliará de cinco a trece años, según un estudio

 

La creciente desigualdad de ingresos en Estados Unidos tiene una traslación directa en la esperanza de vida. Los más ricos siempre han tendido a vivir más años que los más pobres, pero esa brecha corre el riesgo de agrandarse: la distancia se ampliará de cinco a trece años, según un artículo publicado este jueves por la revista médica británica The Lancet.


Los autores del informe predicen que en una generación la diferencia se ampliará entre el 20% más pobre de estadounidenses y el 20% más rico. Para los nacidos en 1930, la esperanza de vida de los menos acaudalados es de 77 años, mientras que para sus opuestos es de 82 años. Sin embargo, en los nacidos en 1960, la esperanza para los primeros cae a 76 años y para los segundos crece hasta los 89 años.


“Estamos presenciando a cámara lenta un desastre en la salud de los americanos de bajos ingresos que han transcurrido su vida trabajadora en un periodo de crecientes desigualdades de ingresos”, dice uno de los autores, Jacob Bor, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston. “La creciente seguridad económica entre los estadounidenses pobres y de clase media ha llevado a la persistencia del tabaquismo y el auge de la obesidad y de la epidemia de opioáceos. Al mismo pagar por atención sanitaria en EE UU puede dejar en bancarrota a hogares y empobrecer a familias”.


El experto advierte que el “creciente vínculo” entre ingresos y salud en la primera potencia mundial puede acabar creando una “trampa de pobreza y salud”.


La tendencia se ha acentuado desde el año 2001. Según el informe, desde entonces el 5% más pobre de estadounidenses no han aumentado su esperanza de vida, mientras que los ciudadanos de ingresos medios o altos han ganado dos años de predicción de mortalidad.


Los autores destacan el impacto de la reforma sanitaria aprobada por el Gobierno de Barack Obama, que la nueva Administración de Donald Trump quiere desmantelar. En 2010, había 48,6 millones de personas sin seguro médico en EE UU. Cinco años después, eran 28,6 millones.


Sin embargo, alertan de que los elevados costes de los copagos en algunas prestaciones médicas siguen propiciando estrecheces económicas en la población. Y que se mantienen las divergencias entre los más pobres y los más ricos: un 25,2% de los primeros no tenía seguro médico en 2015 frente al 7,6% de los segundos. Las desigualdades se repiten según la raza: negros y latinos viven menos y tienen menos opción de tener seguros que ciudadanos blancos.


Entre las causas que más se invocan para tratar de explicar el apogeo de la desigualdad de ingresos en EE UU y el estancamiento del ascensor social están la política fiscal, las divergencias en las remuneraciones por trabajo o capital, la debilidad de los sindicatos o los cambios regulatorios.


El informe en The Lancet aporta un nuevo prisma al debate, poniendo énfasis en la salud y el papel que juegan el “racismo estructural”, políticas de vivienda y la criminalización por la posesión de drogas, que ha disparado la población carcelaria en el país. “Las investigaciones sugieren que si la encarcelación se hubiese mantenido en su nivel de los años 1980, la esperanza de vida en EE UU hubiese aumentado un 51,1% adicional y la mortalidad infantil hubiese caído un 39,6% adicional”.

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Mocoa: La esperanza reside en la energía de su pueblo

A cuatro días de la tragedia que lo enluta, el municipio de Mocoa, sostenido en la esperanza por obra de la energía y persistencia de sus pobladores, intenta reorganizarse. Todos, hombres y mujeres, saben que vivir como antes será dificil, pero están decididos a que así sea.


Como es conocido, los ríos Sangoyaco y Mulato, y la quebrada Taruca a la media noche del viernes 31 de marzo, por causas aún no confirmadas plenamente, salieron de su curso para inundar buena parte de la población, acabando con la vida de cientos de ellos e hiriendo a varias decenas, así como sumiendo a otros cientos en la desazón y en la angustia de haberlo perdido todo.


Desastre propiciado, seguramente, por la deforestación a la que desde hace años están sometidas sus laderas y cuencas en general, por el maltrato de la tierra, por los inefectivos Planes de Ordenamiento Territorial que no toman en cuenta el cambio climático al cual estamos sometidos como humanidad, Planes que tampoco consideran el empobrecimiento que viven muchas de las familias que componen el municipio, las que de manera obligada terminan por asentarse y construir vivienda al borde de las fuentes de agua. Regiones ricas en tierra pero a la cual la mayoría no tiene acceso. Regiones ricas en agua, pero que por su maltrato terminan siendo, en vez de una ventaja, un problema.

 

Río Sangoyaco, retomó su cauce natural. Algunas viviendas quedaron en pie gracias a los pocos árboles que tenían cerca.

 

La población está en la constante búsqueda de agua. Sin organización ni aviso previo los carrotanques se estacionan en cualquier calle y reparten el líquido, lo que impide su distribución equitativa.

 

En los albergues las comunidades cocinan para las personas que lo han perdido todo.

 

En la Galería o plaza de mercado, zona de restaurantes.

 

Lo que quedó de la plaza de mercado.

 

Más allá de las escasas retroexcavadoras movilizadas por el Gobierno, es la población la que adelanta las labores de recuperación de sus casas y negocios que quedaron en pie.

 

Tierra para todos. No. La montaña que se visualiza al fondo es propiedad de unos pocos.

 

Mocoa, de la que todos hablan y de la que todos se conduelen, pero la que en realidad depende del esfuerzo, organizadión, dedicación, imaginación, de quienes la habitan. Todos, mujeres y hombres, esforzándose por salir de los efectos del desastre, con la incertidumbre de lo que será la vida en el municipio el día de mañana, el año entrante o durante los próximos de 25 años...


Importante: Las comunidades requieren con urgencia agua, alimentos no perecederos, plantas de energía, colchones, frazadas, ropa en buen estado y apoyo voluntario.

 

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Publicado enFotorreportajes
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Como es conocido, los ríos Sangoyaco y Mulato, y la quebrada Taruca a la media noche del viernes 31 de marzo, por causas aún no confirmadas plenamente, salieron de su curso para inundar buena parte de la población, acabando con la vida de cientos de ellos e hiriendo a varias decenas, así como sumiendo a otros cientos en la desazón y en la angustia de haberlo perdido todo.


Desastre propiciado, seguramente, por la deforestación a la que desde hace años están sometidas sus laderas y cuencas en general, por el maltrato de la tierra, por los inefectivos Planes de Ordenamiento Territorial que no toman en cuenta el cambio climático al cual estamos sometidos como humanidad, Planes que tampoco consideran el empobrecimiento que viven muchas de las familias que componen el municipio, las que de manera obligada terminan por asentarse y construir vivienda al borde de las fuentes de agua. Regiones ricas en tierra pero a la cual la mayoría no tiene acceso. Regiones ricas en agua, pero que por su maltrato terminan siendo, en vez de una ventaja, un problema.

 

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En la Galería o plaza de mercado, zona de restaurantes.

 

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