Posee cerca de la mitad de la riqueza global sólo uno por ciento de la población

Los millonarios representan solamente uno por ciento de la población mundial, pero se reparten cerca de la mitad de la riqueza privada global, según el informe anual del bufete financiero Boston Consulting Group (BCG).


En total, 18.5 millones de familias afortunadas detentan 47 por ciento de la riqueza acumulada en ingresos en el mundo, detalla el informe publicado el martes. Ese porcentaje equivale a 78.8 billones de dólares, superando el producto interno bruto (PIB) mundial.


Estados Unidos alberga por lejos el mayor batallón de hogares multimillonarios (8 millones de familias), seguido por China (2 millones), pero son Liechtenstein y Suiza los países que en proporción a su población, les siguen. La extrema concentración de riqueza es particularmente marcada en América del Norte, donde 63 por ciento de 60.4 billones de dólares acumulados en fortunas privadas pertenece a los millonarios.


Esa proporción –la mayor del planeta– debería incluso alcanzar 69 por ciento en 2020, según el Boston Consulting Group.
De acuerdo con el informe, la riqueza acumulada en inversiones offshore repartidas en el mundo, que ofrecen baja o nula fiscalización y discreción a los inversionistas no residentes, aumentó 3 por ciento en un año, alcanzando casi 10 billones de dólares actualmente. Suiza sigue siendo el destino offshore privilegiado de las grandes fortunas, seguido por Singapur y Gran Bretaña.


El informe proyecta que el sector continuará creciendo en los próximos años, pese a medidas regulatorias para combatir la evasión fiscal. Las revelaciones de los papeles de Panamá sacaron a la luz la utilización a gran escala de los paraísos fiscales para escapar al fisco, llevando a la comunidad internacional a anunciar un nuevo plan de lucha contra esas prácticas.

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Miércoles, 01 Junio 2016 07:58

Tasa de ganancia y neoliberalismo

Tasa de ganancia y neoliberalismo

En su evolución, las economías capitalistas siempre han mostrado que su necesidad de crecer es acompañada por periodos de crisis y estancamiento. Esta es la historia del capital: que las mismas fuerzas que impulsan su desarrollo son las que conllevan un ingrediente de inestabilidad y crisis. Y la era moderna no es ninguna excepción.


El surgimiento del neoliberalismo no es el resultado del triunfo del capitalismo, como siempre se le ha presentado, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética. En realidad la historia es muy diferente. El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas.


La economía estadunidense proporciona un excelente caso de estudio de laboratorio. Otras economías capitalistas siguen trayectorias similares. Los tiempos y magnitudes varían, pero en esencia estamos hablando de un proceso general. En Estados Unidos el capital comenzó a percatarse a finales de la década de 1960 que la tasa de ganancia ya no era lo que había sido en las dos décadas anteriores. Al tomar conciencia de este hecho el primer reflejo del capital fue el que siempre le acompaña: buscó por todos los medios a su alcance aumentar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. El pacto social que había mantenido mejores prestaciones salariales y sociales para la clase trabajadora y que había nacido a raíz de la Gran Depresión comenzó a ser percibido como un estorbo por la clase capitalista.


En la década de 1970 la clase capitalista comienza a desplegar una vigorosa campaña para desmantelar poco a poco ese paquete social que perduró durante la primera fase de la posguerra. El primer paso fue desencadenar una ofensiva en contra de todo lo que fuera sindicatos y oliera a organizaciones relacionadas con negociaciones salariales. El resultado es que a partir de 1973 comienza en Estados Unidos un periodo de estancamiento del salario real. Pero no tardó muchos años la clase capitalista en darse cuenta que se requería algo más.


El capital necesita expandirse constantemente. Es por así decirlo, su esencia y para lograrlo utiliza dos caminos importantes (no son los únicos). El primero consiste en eliminar las restricciones institucionales que frenan su expansión. La desregulación en todos los ámbitos, pero sobre todo en lo que concierne a la circulación del capital, fue una de las primeras prioridades en los años de 1970. El colapso del sistema de Bretton Woods abría nuevas esferas de rentabilidad, pero para aprovecharlas era necesario eliminar los obstáculos a la circulación del capital. Entre 1973 y 1995 se desencadena un gigantesco proceso para desregular la cuenta de capital de la balanza de pagos en casi todos los países del mundo.


El segundo camino consiste en ocupar los espacios de rentabilidad que anteriormente habían sido ocupados por otro tipo de arreglos institucionales. Con la privatización el capital privado irrumpió en el ámbito de todo tipo de actividades que anteriormente habían sido responsabilidad de instituciones públicas. Privatizar y desregular fueron los dos grandes arietes con los cuales el capital emprendió la ofensiva contra el antiguo pacto social heredado de la Gran Depresión.


El neoliberalismo pudo restablecer niveles más aceptables (desde la perspectiva del capital) de la tasa de ganancia. Esto es claro en las diversas mediciones sobre tasas de remuneración al capital: la caída que se registra desde 1966 se mantiene hasta los años 1980, pero se recupera entre 1984-1997. La tasa de ganancia crece 19 por ciento entre 1982 y 1997 y alcanza su punto más alto en varias décadas hacia finales del milenio. Diversos factores explican esta evolución en la tasa de ganancia, pero destacan tres: la mayor explotación de la fuerza de trabajo en Estados Unidos, la ampliación de las relaciones de explotación de otros componentes de la fuerza de trabajo a escala mundial mediante la globalización y, por supuesto, la canalización de las inversiones hacia sectores improductivos (especulación y desarrollo de bienes raíces).


Pero las fiestas no duran para siempre. A partir de 1998 la tasa de ganancia comienza a erosionarse nuevamente: en los diez años que van de 1998 a 2008 se reduce 6 por ciento. La canalización de inversiones hacia la especulación inmobiliaria y en el sector financiero puede maquillar la caída en la tasa de ganancia, pero no la puede detener. Los episodios de inflación en el precio de las acciones de las empresas de alta tecnología y después en la esfera inmobiliaria acabaron por llevar a los estallidos (y recesiones) de 2000 y ahora de 2007. La súper crisis que sufre la economía mundial el día de hoy es resultado directo de esta serie de mutaciones en las formas de acumulación de capital bajo el neoliberalismo en su afán por contrarrestar la caída en la tasa de ganancia. Desde esta perspectiva, las explicaciones de la crisis en términos de deficiencia de la demanda agregada se quedan en la superficie.


Twitter: @anadaloficial

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Vista de la ciudad de Bogotá (Colombia), tomada en enero de 2016.
El Informe Mundial de Ciudades 2016 dibuja un panorama crecientemente desigual y propone las líneas para las próximas décadas


 

Las ciudades bien planeadas pueden ser la solución a algunas de las grandes crisis que afronta la humanidad. Inequidad, cambio climático, informalidad o inseguridad son problemas que no podrán ser superados sin un planeamiento urbano adecuado, según el Informe Mundial de Ciudades 2016 (WCR2016, por sus siglas en inglés), que se presentó el pasado miércoles en Nueva York. Entre sus conclusiones, una es clara: “El modelo de urbanización actual es insostenible”.

 

El documento de 260 páginas es el resultado de 20 años de estudio, los que van desde la segunda a la tercera edición de la conferencia de ONU Hábitat sobre desarrollo urbano sostenible: Hábitat III, que se celebrará el próximo octubre en Quito (Ecuador) con el fin de marcar la agenda del crecimiento en las urbes para las próximas décadas.

 

La inexorable urbanización del planeta —más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se estima que en 2030 sean dos tercios— es a la vez una oportunidad de corregir inequidades y un riesgo, ya que también puede agravarlas. Todo dependerá de cómo se afronte este crecimiento: si es como hasta ahora, probablemente la situación de millones de personas empeorará. Pero si se hacen cambios, es posible atajar muchos problemas. Una urbanización bien dirigida “propicia el avance económico y mejora la calidad de vida de todos”, según el texto.

 

El reto es enorme, especialmente en las ciudades más grandes. En las 600 mayores urbes del mundo vive una quinta parte de la población del planeta y se genera el 60% del Producto Interior Bruto (PIB) global. En 1995 había 22 grandes ciudades y 14 megaciudades en el mundo; hoy ambas categorías se han multiplicado por dos. Convertir especialmente a estas —pero también a otros asentamientos menores— en lugares sostenibles medioambientalmente, resilientes, socialmente inclusivos, seguros y económicamente productivos debe ser el objetivo para los próximos años.

 

Conseguirlo dependerá, según el informe de ONU Hábitat, de la importancia que le otorguen las autoridades locales y nacionales al planeamiento urbano. “Esto requiere un cambio de paradigma: de la construcción básica de hogares a un acercamiento más holístico que integre marcos regulatorios, planeamiento urbano y financiero, reconocimiento de los derechos humanos y la necesidad de poner a las personas en el centro del crecimiento sostenible”, reza el WCR2106. A nivel práctico, esto se traducirá en una mayor densificación urbana y periurbana, ya que el crecimiento poblacional no puede ser directamente proporcional al de ocupación de suelo: los recursos y las infraestructuras son mucho más eficientes en las zonas compactas y pobladas que en las dispersas.

 

Para ello, según Joan Clos, director ejecutivo de ONU Hábitat, hará falta un doble acercamiento que mejore las zonas ya existentes y propicie que las nuevas cumplan estándares mínimos de calidad. El informe señala que es necesario construir 1.000 millones de viviendas de aquí a 2025 para quienes no tienen una con los requisitos mínimos de habitabilidad. Esto, calcula, costará entre 9 y 11 billones de dólares (entre 8 y 10 billones de euros).

 

El documento acusa a los gobiernos de haber sido ineficientes en los últimos 20 años, en los que los asentamientos informales se han disparado sin un marco regulatorio adecuado para controlarlos. El crecimiento ha sido “caótico y disfuncional” y se ha ampliado el abismo entre la demanda y el abastecimiento de servicios básicos. En el lado positivo —aunque han crecido en términos absolutos— la proporción de chabolas se ha reducido en estas dos décadas.

 

Es sin embargo una victoria pírrica en unas urbes cada vez más desiguales. El 75% ha incrementado su inequidad y son “demasiadas” las que han fracasado a la hora de proveer a sus habitantes de un espacio sostenible para todos. “El fiasco de las políticas urbanísticas ha sido espectacular y devastador en su impacto a hombres, mujeres y niños de muchas ciudades. La urbanización pasiva (o espontánea) se ha probado como insostenible”, añade el informe.

 

La agenda que se tendrá que perfilar de aquí a octubre debe “mirar hacia adelante y estar enfocada a resolver problemas con medios claros de implementación”, según el documento, que recoge las líneas generales sobre las que se asentará:

 

• Ha de adoptar una aproximación general de las ciudades con estrategias y acciones concretas, introduciendo mecanismos de financiación claros y formas de monitorización efectivas.

 

• La implantación de las políticas tiene que estar recogida en planes bien definidos, y no puede variar en función de agendas partidistas ni oportunismos.


• Tendrá que reforzar la relación entre urbanización y desarrollo, con el objetivo de que se conviertan en instrumentos paralelos de crecimiento sostenible.


• Debería establecer enlaces a otros acuerdos globales y agendas y estar claramente conectada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


• Debe introducir cambios transformadores y promover un nuevo modelo de urbanización que sea universal y adaptable a las distintas realidades nacionales.

 

Además de esto, el WCR2016 incluye cinco principios irrenunciables: asegurar un nuevo modelo que proteja los derechos humanos y el cumplimiento de la ley; garantizar un crecimiento inclusivo; empoderar a la sociedad civil; promover la sostenibilidad medioambiental y las innovaciones que faciliten el aprendizaje y compartir el conocimiento.

 

 

 

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Obama y la otra crisis en Centroamérica

ALAI AMLATINA, 06/05/2016.- La reciente cumbre energética entre EEUU, Centroamérica y el Caribe celebrada en Washington, demostró el interés del gobierno de Obama por querer ordenar el sector energético de la región y ejercer un mayor control sobre los recursos naturales con que cuentan los países miembros, especialmente Honduras, Guatemala y el Salvador.Se busca además eliminar la dependencia del petróleo venezolano en el marco de PETROCARIBE, cuando se habla de una reducción de los envíos del crudo a los países miembros por la crisis económica y política que enfrenta el gobierno del presidente Maduro.

 

Ello es así ya que, por un lado, este sector luce fragmentado y desarticulado; no existe integración, compatibilización y coordinación de políticas, programas, proyectos e incentivos para un desarrollo conjunto con una visión de largo plazo. El sistema de interconexión eléctrica para la región centroamericana (SIEPAC) se usa como bombero para apagar demandas de urgencia sin una planificación de largo plazo ni estructuras institucionales integradas.Asimismo, todavía es fuerte la dependencia de energías térmicas frente a las crecientes oportunidades que existen para ejecutar proyectos de generación de energía renovable en la región. En Guatemala se estima que la energía renovable generada es menor del 45%, El Salvador de 43% y Honduras 51%.

 

En complemento a ello, las agencias y organismos de cooperación internacional cuentan con suficiente recursos para apoyar la ejecución de estos proyectos, y hay interés de empresas privadas gringas para invertir capital en los mismos: pero hay una falta de capacidad técnica para absorber estos recursos y darle un uso eficiente. Entre 2014 y 2015, la región centroamericana tuvo acceso oficial a cerca de 3,000 millones de dólares de fuentes privadas y cooperantes para ejecutar proyectos energéticos menos contaminantes, pero las demandas potenciales duplican ese monto.

 

El problema es que en la Cumbre Energética se habló muy poco de las causas que explican los bajos niveles de inversión efectiva en el desarrollo de proyectos energéticos a pesar del ajuste de los marcos jurídico-institucionales sufridos por los países para incentivar su desarrollo y la disponibilidad de recursos externos facilitados por los OFIs. La primera es la proliferación de un enfoque extractivista del desarrollo que privilegia la obtención de beneficios económicos y financieros en un cortísimo plazo sin considerar la opinión y participación de la población, organizaciones de sociedad civil de base e incluso de gobiernos locales. En los países de la región, especialmente Honduras y Guatemala, la ejecución de proyectos de energía renovable se liga a prácticas institucionales corruptas que induce a la protesta pública de la población afectada.

 

Lo segundo con el cubrimiento de los costos de las externalidades negativas de los proyectos con impactos no deseados en las economías locales y condiciones materiales de vida de los pobladores.

 

Sobre lo primero, organizaciones de sociedad civil y grupos ambientalistas han venido denunciado que los proyectos energéticos renovables se ejecutan sin consulta y participación previa, esto es sin el consentimiento y aprobación de los pobladores de las zonas donde construirán represas;los casos donde se ha realizado esta consulta, la mayorías de las reuniones celebradas han sido manipuladas por los alcaldes, gobierno central y ejecutores privados, por lo cual no hay el consenso requerido para ejecutar la obra.

 

Esta mala práctica está afectando la construcción de los proyectos e impacta negativamente en su ejecución y sostenibilidad futura. Hay tomas de calles y ríos de grupos indígenas por la construcción de represas, pero también por los efectos que tienen en las mermas del caudal del agua de los ríos aquellos proyectos en ejecución y aprobados por decreto e impuestos a la fuerza. Un ejemplo es la construcción de la represa Agua Zarca en Honduras, que costó la vida de la líder Ambientalista Bertha Cáceresque ha implicado, entre otras cosas, el retiro de los inversionistas extranjeros y aumento de la presión de los pueblos indígenas y organizaciones sociales para que desista de los proyectos y haga justicia.

 

Sobre lo segundo, los gobiernos de la región deben exigir a las empresas una protección efectiva sobre los daños y perjuicios que puede causar la ejecución de proyectos energéticos mal formulados y sin mecanismos claros de regulación y sanción por parte de los gobiernos centroamericanos. Las acciones a tomar incluyen: a) el cubrimiento de los costos de las externalidades negativas generadas con la ejecución del proyectos, elaborándose un plan de trabajo de dichas acciones y los proyectos adicionales compensatorios a ejecutarse; b) el respeto a la legislación en cuanto a que el agua para consumo humano tiene prioridad por sobre los demás usos, ello ya que las quejas de los pobladores son que con el proyecto hidroeléctrico encuentran más difícil tener acceso a una fuente de agua segura; c) una política de incentivos económicos neutra, o sea que no favorezca a empresarios de estos proyectos pagándoles más caro el precio de la energía generada en comparación aotras fuentes aduciendo la fuerte inversión realizada.

 

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, abogó por una liberalización del mercado energético de la región, que permita a los países comprar energía donde se produce más barata, igual propuso fortalecer los marcos regulatorios. Ello se da cuando se está a las puertas de la vigencia de la Unión Aduanera entre Honduras y Guatemala, que es avalada por EEUU y será utilizada como un instrumento de presión para que se sume el Salvador en esta primera fase. La liberalización demandada implica que a lo interno del país, se eliminen también los subsidios a las empresas que distorsionan el mercado e impactan negativamente en el bolsillo de los consumidores al garantizársele un precio mayor por kilovatio de energía generado incluso superior al de las plantas térmicas, lo que vuelve a Honduras un país más caro y menos competitivo por los altos costos pagados por la energía.

 

Los presidentes de Honduras, Guatemala y Salvador, miembros y beneficiarios del Plan del Triángulo Norte de la Región, o el Patio Trasero de EEUU junto a México, expusieron también acerca de los avances habidos con dicho plan, después que corriera el rumor en Washington que la administración Obama suspendería dichos fondos por los pocos resultados obtenidos en el combate de la violencia, corrupción e impunidad. Incluso, en el caso del El Salvador se pensó que ello era posible por el aumento de la violencia en las calles, y en Honduras por la falta de castigo a los corruptos y responsables de la muerte de Bertha Cáceres (ya se dio la captura “supuestamente” de cuatro personas involucradas en el asesinato).

 

El presidente Obama se muestra complacido por los avances en los alineamientos de los fondos, por lo que los gobiernos exigen el desembolso de un 25% de los 750 millones de dólares aprobados por el Congreso pero disponibles hasta 2017.

 

No obstante estos avances, la región centroamericana presenta dos crecientes focos de inestabilidad económica y social. La primera es la llamada crisis ambiental estructural por la pérdida de los bosques que amenaza por convertir a países como Honduras en desiertos, sumado a problemas de sequía agrícola y dependencia alimentaria por el cambio climático. La segunda es la crisis de empleo, donde el grupo de jóvenes que no estudia ni trabaja (Niní) se multiplica, y las universidades ya no son una opción por los altos costos y las pocas oportunidades de trabajo y pago de salarios que se ofrecen por el mercado una vez obtenido el título. En Honduras hay más de 1 millón de Nini, sin que existan políticas claras de inserción progresiva en el mercado de trabajo.

 

La administración Obama ha destinado cinco millones de dólares para fortalecer la interconexión regional eléctrica y abaratar el costo de la energía, y también existen recursos en el marco del Plan de la Alianza del Triángulo Norte para combatir la violencia, fortalecer a las fuerzas de seguridad pública y operadores de justicia para reducir los niveles de corrupción e impunidad alarmantes. Todavía, para el caso de Honduras, no se aprueba otro compacto de la Cuenta del Milenio que permita generar fuentes de trabajo en forma rápida y mejore el acceso a los alimentos básicos por la población en situación de pobreza. Los beneficios mayores de los proyectos energéticos se focalizan en un grupo reducido de empresas nacionales y de capital extranjero, donde se involucran diputados y funcionarios de gobierno, pero los mayores efectos e impactos negativos (pérdida creciente de acceso a fuentes de agua segura para consumo humano y desplazamiento de territorios y hábitat naturales) los sufre mayormente la población de bajos recursos.

 

Hay que poner la mirada en estos problemas que presagian otra crisis de magnitudes insospechables para la región y su gente.No hay que seguir con la destrucción de las principales fuentes de valor: el trabajo humano y la naturaleza, propio de un modelo neoliberal autoritario.

 

Tegucigalpa, 6 de mayo de 2016

 

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Jueves, 28 Abril 2016 08:02

El final está cerca

El final está cerca

Las noticias que se transmiten cada día en los medios de comunicación y en las redes sociales acerca de la catástrofe ecológica que vive Nicaragua dan la idea de que estamos hablando de un país del pasado. De una naturaleza exuberante que fue y de la que sólo van quedando vestigios desolados: cauces secos de ríos de los que se alzan nubes de polvo, y son más de 30 los que se han secado; el emblemático río San Juan, caudal de nuestra historia que ahora se puede atravesar a pie en ciertos trechos; el Gran Lago de Nicaragua que se agosta, humedales que ahora son inhóspitos suelos cuarteados.

 

La desidia dice, con su irresponsable voz de siempre, que la sequía es cíclica, que apenas termine el fenómeno adverso de El Niño todo volverá a la normalidad; los ríos serán de nuevo caudalosos, se nutrirá otra vez el manto freático y rebosarán de agua los pozos ahora secos; y, como consuelo final, que esta es una anomalía meteorológica que afecta no sólo a Nicaragua, sino que trastorna al mundo entero.

 

Pero el ojo tuerto que contempla la calamidad de esta manera necesitaría del otro para ver cómo avanza la masiva destrucción de los bosques. La reserva de Bosawás, por ejemplo, declarada Reserva Mundial de la Biósfera por la Unesco, está siendo exterminada. Junto con la del río Plátano de Honduras, al otro lado de la frontera, comparte un territorio de bosque tropical húmedo y nuboso, originalmente de 50 mil kilómetros cuadrados, segundo en extensión en el continente americano después de la selva amazónica.

 

Bosawás, según el ambientalista Camilo de Castro, desde 1987 ha perdido 580 mil hectáreas, de las que 280 mil han sido depredadas en los pasados 10 años, como consecuencias de las constantes invasiones de colonos que destruyen la selva para plantar granos básicos o convertir el terreno en pastos para ganado. Anualmente se talan 42 mil hectáreas en la reserva, lo cual augura su extinción.

 

Extraer las maderas preciosas de Bosawás, caoba, cedro, prohibido por la ley, es el brillante negocio de mafias invisibles, así como también vender por adelantado las tierras selváticas a los colonos para que tumben los árboles, extendiéndoles títulos de propiedad falsos. Los suelos, que no son apropiados para sembrar maíz o frijol se agotan muy pronto y entonces sigue la penetración para arrasar más bosque. Lo mismo sucede con la otra gran reserva de 3 mil kilómetros cuadrados, la de río Indio-río Maíz, al sur del país, y vecina al río San Juan, ese por el que iban a transitar los barcos de uno a otro océano y que ahora puede atravesarse a pie.

 

En un diario de Managua leo una crónica acerca del puerto de montaña de El Hormiguero, surgido de la nada, y descrito como la puerta de entrada al corazón herido de Bosawás. Allí los colonos llegan en pipantes a través del río Wany, que surca la reserva, a vender sus cosechas a los comerciantes o a cambiarlas en trueque por agroquímicos, sal, azúcar, ropa, botas y demás productos de primera necesidad. Decenas de poblados seguirán surgiendo como éste mientras más selva siga siendo destruida, y lo que parecen alegres señales de pujanza económica, sólo lo son de muerte de la verdadera riqueza.

 

Las comunidades indígenas, tanto al norte como al sur del Caribe, son habitantes de esas selvas agredidas. En su cultura ancestral ven a la naturaleza de otra manera, como verdadera madre. Los árboles y las fuentes de agua son parte esencial de su propia existencia y el bosque no puede tener dueños particulares. Este choque cultural entre mestizos del Pacífico y etnias del Caribe, misquitos, mayagnas, creoles y ramas, se convierte en un choque entre lucro y conservación, y ha devenido en agresiones armadas con muertos, desaparecidos y secuestrados y quema y destrucción de poblados. Hay una llama encendida allí, que puede llegar a desatar una conflagración.


El país está siendo destruido por la irresponsabilidad y el desatino y por el apetito del enriquecimiento ilícito, y ha dejado de ser el mismo en su riqueza natural y en su equilibrio ecológico. Bastan los mapas satelitales para saberlo; del verde hemos pasado al marrón. Eso no lo ven los tuertos.

 

Pero también hay tuertos de los dos ojos. El empresario chino Wang Ying sigue empecinado en la construcción del canal interoceánico, y su demiurgo Bill Wild, que dirige por telepatía todas las operaciones desde Hong Kong, dice desde allá con cara impasible: “Estamos revisando aún más el balance de agua de nuestro canal... estamos más convencidos de que el canal sí va a tener suficiente agua para su operación”. Y agrega, con cómica sabiduría: En este proceso se están generando aún más diseños y optimizaciones nuevas que nos ayudan a reducir aún más la necesidad de agua.

 

El canal pretende atravesar el Gran Lago de Nicaragua, de por sí tan somero que su profundidad promedio es de 12 metros, y ahora el agua se ha retirado de sus costas a tal punto que las embarcaciones tienen dificultades para atracar. Nadie quita que pronto haya trechos que, igual que en el río San Juan, se podrán atravesar a pie. Quizás entonces lo que convenga a Wang Ying sea construir una carretera interoceánica y no un canal.

 

Si algo se ha ganado frente a esta debacle es que la conciencia ecológica ha avanzado, sobre todo entre los jóvenes, convencidos de que hay que hacer algo por detener la catástrofe. Un campesino explicaba con perfección didáctica en la televisión hace unos días, delante de su maizal desolado, lo que la mortandad de árboles tenía que ver con la falta de lluvia. Eso me lleva a pensar, me decía un amigo, que dentro de 30 años también otro campesino como éste hablará con la misma convicción de lo que la desigualdad económica y la falta de oportunidades tienen que ver con su pobreza.

 

Masatepe, abril 2016

 


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Lunes, 25 Abril 2016 07:20

American Curios : El gran escape

Trabajadores de la compañía de telecomunicaciones Verizon, en Brooklyn, Nueva York, pararon el parsado 13 de abril para exigir un nuevo contrato laboral. La compañía ha declarado que debe negociar porque tiene problemas para cubrir gastos de atención médica para los empleados activos y los jubilados. De acuerdo con datos oficiales, la tasa de suicidios en Estados Unidos se ha disparado a su nivel más alto en tres décadas. La pobreza y la falta de oportunidades aumentan cada vez más la desigualdad en el país

La tasa de suicidio en Estados Unidos se ha disparado a su nivel más alto en tres décadas; los más pequeños hablan de sus temores y angustias provocados por los políticos, que dicen hacer todo en nombre de los niños; las guerras siguen sin cesar, pero ya casi nadie les presta atención; la desigualdad está a niveles comparables con la época dorada de los grandes magnates justo antes de la gran depresión de 1929; los más vulnerables son culpados de casi todo (crimen, economía, terrorismo), persiste la violencia armada, se documenta abiertamente la corrupción política, se intensifica la guerra contra las mujeres, parte de la cúpula insiste en que no existe el cambio climático y hay una lucha infernal de la cúpula política y económica del país por mantener el estatus quo.

 

De eso están muy llenos los días aquí, junto con la muy sencilla conclusión de que nada de esto tiene que ser así, y que las mayorías expresan un deseo casi opuesto a todo esto. Pero no importa; se impone lo absurdo.

 

Una maestra de prescolar nos cuenta que recientemente escuchaba una conversación entre sus alumnos en una escuela pública de Nueva York: una hija de un egipcio y una puertorriqueña dijo que Trump quiere poner un muro a través de México y Egipto, y con ello no podré ver a mi abuela; otra dijo Hillary y Trump son amigos. Otro más comenta: Trump nos está espiando.

 

Por otro lado, un informe del reconocido Southern Poverty Law Center (organización dedicada a la vigilancia de grupos de odio) encontró que la retórica antimigrante y violenta de la contienda electoral presidencial de 2016 provoca un nivel alarmante de temor y ansiedad entre niños de color y eleva las tensiones raciales y étnicas en las aulas. Muchos estudiantes se preocupan por la posibilidad de ser deportados. A la vez, continúa el informe, “maestros han reportado el incremento de bullying, hostigamiento e intimidación de estudiantes cuyas razas, religiones o nacionalidades han sido los blancos verbales de los candidatos en las campañas”.

 

El mensaje que los adultos responsables de este país hacen llegar a los niños es salvaje, lleno de temor... y parece dar legitimidad a la violencia armada como respuesta a todo. A la vez se vive un momento en el cual el futuro literalmente se está anulando. Se documenta el fin del sueño americano con una concentración de riqueza en la que el 1 por ciento tiene el equivalente a lo del 90 por ciento de abajo, mientras el consenso científico es que si no hay un repliegue dramático y casi inmediato en el uso de los hidrocarburos, el planeta está al borde de destruir la existencia humana.

 

Ante ello, no sorprende que el suicidio en este país esté llegando a sus niveles más altos desde 1986, según datos oficiales, con el alza más notable entre mujeres. La tasa de suicidios se elevó 24 por ciento entre 1999 y el 2014, según el Centro Nacional de Estadísticas de Salud, para llegar a 13 de cada 100 mil (en 2014, 42 mil 773 personas murieron por suicidio). Esto es parte de un creciente patrón de evidencia que vincula la pobreza con la falta de esperanza y la salud, comentó Robert Putnam, profesor de políticas publicas en Harvard, en entrevista con el New York Times.

 

Al mismo tiempo se reporta, con gran admiración, sobre los nuevos servicios, edificios, vacaciones, modas y más, ofrecidos exclusivamente a los más ricos. El mismo día en que se informa en los medios cómo ha aumentado el hambre entre los menores de edad, o cómo se ha envenenado a miles de niños pobres en varias ciudades del país con plomo en el agua potable, se publica una nota sobre cómo dentro de los hoteles, los grandes barcos, los grandes edificios, hasta dentro de hospitales, hay secciones súper exclusivas y casi secretas, apartadas para los clientes más ricos. Para los mismos que hacen las grandes aportaciones a las campañas políticas de candidatos a todos los puestos, y que harán que esta elección presidencial sea la más cara de la historia.

 

Mientras tanto, aunque se afirma que la libertad de prensa en este país es un derecho sagrado y garantizado por la Constitución, resulta que Estados Unidos ocupa el número 41 en la lista elaborada anualmente por Reporteros sin Fronteras, en gran parte por las medidas contra reporteros que escriben sobre los poderes secretos del gobierno (https://rsf.org/es). O sea, que descubrir por qué las cosas están como están, a veces, está prohibido.

 

Ante este panorama, seguro que muchos ven con envidia la noticia del gran escape de Inky, el pulpo que la semana pasada logró huir de su prisión en un acuario en Australia para regresar al mar sin dejar ni una notita de despedida, como contó uno de los cuidadores. Algunos tal vez ya están comprando escaleras por si Trump u otros logran construir su muro, pero para escaparse de aquí para afuera de este país.

 

Pero hay aquellos que, como Camus, contemplan que ante lo absurdo el suicidio sí es un acto racional, pero que para superar esta conclusión la respuesta necesaria es la del gran amante del mar y el sol: me rebelo, por lo tanto somos (a veces traducido como yo me rebelo, luego somos).

 

La rebelión aquí se expresa diariamente en mil actos –casi todos sin llegar a ser noticia– en rechazo a una realidad impuesta por el cinismo que impera en las cúpulas actuales. Hoy día se ve en huelgas de casi 40 mil trabajadores de la empresa de telecomunicaciones de Verizon, en los ya más de 1400 arrestados en las protestas de la primavera democrática en Washington contra la corrupción del sistema político, en las acciones de los jóvenes inmigrantes contra las deportaciones en sus comunidades, en el abrazo de la esperanza de millones que creen que otro mundo es necesario, en los actos nobles de anónimos en el metro, o los artistas y periodistas que insisten en buscar algo llamado verdad. Esas rebeliones de cada quien que nos rescatan a todos son las que, a pesar del panorama que uno tiene que describir diariamente, ofrecen una invitación a escapar de lo absurdo.

 

 

 

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Jueves, 14 Abril 2016 06:39

Una guerra del siglo veintiuno

Una guerra del siglo veintiuno

Ninguna conversación pasa de tres minutos en San Salvador sin que vaya a dar al tema de las pandillas, y nadie, al final de las múltiples vueltas y revueltas que se le dan al tema, se atreve a decir que la paz llegará a corto plazo. Porque esta es una guerra, distinta en su naturaleza a la que el país vivió en los años ochenta, pero una guerra al fin y al cabo, con miles de muertos, y que si tiene por teatro los barrios de la capital, amenaza con extenderse a las áreas rurales: una guerra singular, porque los estados mayores de las bandas en conflicto dirigen las operaciones desde las cárceles, en guerra entre ellas, y en guerra con el Estado.

 

Pero, además, hay entre ambos conflictos un mismo escenario, el de la pobreza y la desigualdad, que la guerrilla del FMLN enarboló como bandera política para reclamar un orden social y económico distinto, y que nadie deja de reconocer ahora como el caldo de cultivo permanente en que las pandillas crecen y se reproducen. Los gobiernos de Arena ensayaron la mano dura contra ellas; el FMLN, fuera de la mano dura, no parece tener otras respuestas.

 

Las pandillas, tanto en El Salvador como en Guatemala y Honduras, sustituyen a la familia como clan extendido y poderoso. La delincuencia organizada envuelta en el hálito de una causa heroica y adornada de símbolos que proveen a sus integrantes de una identidad que otorga poder y prestigio. Sustituye a la familia, y busca también sustituir al Estado al asumir el control de territorios, al cobrar impuestos, al imponer su fuerza y al asumir un lenguaje que termina siendo político y que se acerca a la fraseología revolucionaria.

 

Los ritos de iniciación incluyen el asesinato. Matar a cualquiera. Y los tatuajes, que ahora los pandilleros se cuidan de no exhibir en el rostro ni en las cabezas rapadas, pero que llegan a cubrir todo el cuerpo, son la señal de identidad por excelencia. Como en el cuento El hombre ilustrado, de Ray Bradbury, cada una de las figuras tatuadas en la piel cuenta su propia historia, tiene su propia vida.

 

En Medellín, en los años más álgidos de la violencia, andando por las calles se podían escuchar las balaceras que estallaban en los cerros, donde se libraba la lucha por el control de los barrios marginales entre pandillas juveniles, narcotraficantes y la policía. En San Salvador, como si se tratara de dos mundos diferentes, o dos ciudades superpuestas, en las áreas urbanas seguras no se oyen sonar los tiros, como si ese otro mundo de la violencia sólo existiera en las crónicas policiales y en los noticieros de televisión; pero la guerra se libra a pocos centenares de metros, en ese otro mundo donde nadie en su sano juicio entra por su propia voluntad.

 

Quienes viven en el mundo normal son advertidos de la existencia del otro, donde el año 2015 se cerró con 6 mil 640 homicidios, cuando las pandillas deciden mostrar su poder, como ocurrió en julio de ese mismo año, al ser decretado por sus jefes un paro de transporte público en la capital, que se cumplió, sobre todo por miedo de los dueños de las unidades a ser asesinados o que sus vehículos fueran destruidos. Los transportistas pagaron en 2014 unos 30 millones de dólares a los pandilleros como compra de protección.

 

Cinco años atrás, en el municipio suburbano de Mejicanos, un microbús fue incendiado con todos sus pasajeros dentro y otro ametrallado. Las pandillas obtienen sus recursos económicos de la extorsión, de la que son víctimas, además de las unidades de transporte, los pequeños y medianos negocios de los barrios, que no excluyen ni a los colegios privados que enseñan computación, ni a las salas de billar, farmacias, cantinas y restaurantes de pupusas, el más popular de los platos salvadoreños.

 

Los cálculos sobre el número de integrantes de las pandillas varían entre 30 mil y 60 mil; un experto en asuntos de seguridad con el que converso antes de regresar a Managua me dice que se acerca a 40 mil. Pero hay cerca de medio millón de personas que forman parte de sus estructuras o viven bajo su influencia directa, empezando por las familias de los pandilleros. Y es con base en el dinero recolectado a través de las redes de extorsión que se auxilia a estos familiares cuando van a dar a la cárcel. Esas formas de solidaridad efectiva crean un entramado de lealtades y adhesiones.

 

Las pandillas surgieron en las calles de Los Ángeles; la más antigua de ellas es la Pandilla 18, cuyo origen se remonta a finales de los años cuarenta del siglo pasado, mientras la Mara Salvatrucha habría surgido a mediados de los setenta. Las deportaciones de salvadoreños ordenadas por el gobierno de Estados Unidos en los noventa hicieron que sus acciones se trasplantaran al territorio nacional.

 

Pero esos comienzos son parte ya de una mitología que sirve poco para explicar lo que ocurre hoy día, un fenómeno masivo cuya metástasis empezó tras los acuerdos de paz de Chapultepec, que pusieron fin al conflicto de los ochenta. Los fundadores son abuelos de los pandilleros que libran esta guerra del siglo veintiuno.

 

Tanto los cabecillas como la tropa pertenecen a generaciones nuevas que se suceden unas a otras; desde luego que la vida útil de un pandillero pertenece a sus años juveniles, y dura hasta una edad cercana a 40 años. Los reclutas son adolescentes, a veces niños, que ingresan atraídos por el mito o porque no tienen escapatoria. Negarse a ingresar es letal.

 

¿Y qué pasa con los veteranos?, le pregunto a mi amigo el experto en seguridad. ¿Se retiran, viven a salto de mata, se dedican a otros negocios, lícitos o ilícitos? ¿Se casan, tienen hijos? No existen veteranos, me responde. O están en la cárcel o están muertos.

 

Masatepe, abril 2016

 

sergioramirez.com

 

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Lunes, 28 Marzo 2016 17:57

El desempleo golpea una vez más

El desempleo golpea una vez más

Los efectos inmediatos y medibles de la crisis económica en que se adentra el país, son cada vez más evidentes. El desempleo es uno de ellos. El ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, reconoció que “Hay que estar preparados para que el desempleo sea más alto” en 2016**. Desacreditado quedó el vaticinio de la administración Santos (2010-2018) de mantener la tasa de desempleo en un dígito y con tendencia descendente, como ocurrió durante los años 2014-2015. En enero de 2016 la tasa de desempleo nacional escaló a 11,9 por ciento, y en las 13 ciudades y áreas metropolitanas su guarismo alcanzó 14,1 por ciento, según los datos oficiales reportados por el Dane.

 

Población, pobreza y (des)empleo

 

Realidad cambiante. La tasa de crecimiento de la población colombiana en 2016 respecto a 2015 es de 1,1 por ciento; llegando a los 48,2 millones de personas. La tendencia creciente de la generación de puestos de trabajo durante la última década comenzó a invertirse hace dos años: había alcanzado una cifra cercana a 700.000 personas por año, bajó a un promedio de 500.000 y durante el último año el empleo aumentó en sólo 265 mil trabajadores, para una tasa anual de 1,3 por ciento, similar al crecimiento poblacional. En contraste, el número de desempleados creció en 13,2 por ciento, esto es, 337 mil nuevos desempleados durante el último año para sumar un total de 2,9 millones de parados (cuadro y gráfico 1).

 

 

Entre los meses de enero de 2015 y 2016 aumentó la presión de la población en edad de trabajar sobre el mercado laboral. En efecto, la tasa global de participación (TGP) que relaciona la población económicamente activa y aquella en edad de trabajar fue de 64,5 por ciento en 2016; un año atrás era 63,8.

Por la mala situación económica que atraviesan los hogares colombianos (efecto del mayor desempleo, la precarización e inestabilidad de los puestos de trabajo y la caída en los ingresos) más personas de la familia se ven obligadas a salir al mercado laboral. Durante 2015-2016 el número de inactivos (las personas en edad de trabajar que no participan en el mercado laboral porque no necesitan, no pueden o no están interesadas en tener actividad remunerada; a este grupo pertenecen estudiantes, amas de casa, pensionados, jubilados, rentistas e inválidos) se redujo en 0,7 por ciento, equivalente a 89 mil personas (el total de inactivos en 2016 es de 13,3 millones de personas).

En Colombia, según la Encuesta de Calidad de Vida 2015, aplicada por el Dane, es significativo el número de hogares que vive bajo condiciones de pobreza o en riesgo inminente de caer en ella. De acuerdo con la percepción sobre la capacidad de los ingresos del hogar para satisfacer de manera adecuada las necesidades, 61,7 por ciento de los jefes o cónyuges considera que sus ingresos sólo alcanzan para cubrir los gastos mínimos y 23,1 por ciento afirma que no le alcanzan para cubrir el valor de la canasta básica familiar.

Durante el último año no sólo el desempleo refleja la precarización del mercado laboral. Durante los meses de enero de 2015 a enero de 2016, el subempleo objetivo (comprende a quienes tienen el deseo de mejorar sus ingresos, el número de horas trabajadas o tener una labor más propia de sus competencias personales; pero además han hecho una gestión para materializar su aspiración) aumentó en 9,2 por ciento, en cifras absolutas creció en 229 mil personas; el total de subempleados objetivos es de 2,7 millones de personas.

 

Un mundo inestable e incierto

 

La causa del deterioro en el mercado laboral se explica por la tendencia recesiva de la economía; en 2013 el PIB colombiano aumentó en 4,9 por ciento, en 2015 cayó el ritmo a 3,1 y para 2016 se pronostica que no crecerá en más de 2,5 por ciento. Este descenso es ocasionado por factores externos e internos. En lo externo, la economía mundial no ha podido recuperarse de la recesión más amplia y profunda desde la posguerra, producto de la crisis financiera de 2008 (lo más evidente es el menor crecimiento de China); las secuelas de la crisis se manifiestan en: caída de precios de las materias primas, sobreendeudamiento generado por el rápido crecimiento del crédito y las turbulencias políticas, tasas de inflación más altas, bajo crecimiento de la productividad en todos los factores de producción causada por una inversión persistentemente baja, y, por último y no menos importante, baja demanda agregada. En lo interno, la caída en los precios del petróleo ha provocado una grave repercusión en las cuentas fiscales de la Nación; las exportaciones no despegan y el déficit comercial no detiene su crecimiento; el dólar se eleva y el peso decae; la producción del sector minero-energético se reduce; hay síntomas de deterioro en los sectores industrial y agro; la inflación se aviva y las familias populares y la clase media reducen su consumo; la inversión extranjera languidece; el crédito externo se encarece; y, además, los antagonismos agudizan el conflicto social y la corrupción no deja ninguna institución indemne (gráfico 2).

 

 

La parálisis del desarrollo

 

Durante la última década Colombia era la envidia del vecindario. Su economía crecía a un ritmo promedio anual superior al 4 por ciento (período 2004-2014), el desempleo se reducía a un dígito y la incidencia de la pobreza por ingresos caía de 55,2 por ciento en 2001 a 27,8 en 2015 (gráfico 3). Como no hay nada eterno en el mundo, la realidad demostró que en una economía fundamentada en la especulación financiera e inmobiliaria, el rentismo y el extractivismo de los recursos naturales y energéticos, el desarrollo es insostenible.

La insuficiente generación de empleos necesarios para absorber el aumento en la Población en Edad de Trabajar (PEA) y la elevación de la tasa global de participación ha dado origen a un incremento del desempleo abierto, sumado a cambios en la composición sectorial del empleo y a un aumento relativo del trabajo precario.

 

La tragedia del mercado laboral

 

Entre el sistema educativo, las actividades de ciencia, tecnología e innovación, el mercado laboral y la matriz económica se registran desencuentros, fisuras múltiples y poca pertinencia. A nivel nacional, en enero de 2016 hubo 21,4 millones de personas ocupadas, 265 mil ocupados más comparado con el mismo mes del año anterior. Hay que recordar que los sectores de mayor participación en la ocupación en Colombia son aquellos de baja ocupación de empleo cualificado, poco intensivos en ciencia, tecnología e innovación, informales y de baja productividad que se reflejan, a la vez, en puestos de trabajo inestables y de escasos ingresos: Comercio, hoteles y restaurantes con 28,2 por ciento; servicios comunales, sociales y personales con 19,0 por ciento; y agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca con 16,1 por ciento. Estas tres ramas captaron el 63,3 por ciento de la población ocupada. La industria manufacturera sólo genera el 11,3 por ciento de los puestos de trabajo (gráfico 4).

Estas cifras no permiten olvidar que el modelo económico hegemónico en Colombia, producto de las reformas económicas que empezaron a aplicarse desde finales de la década de 1980, tendió a reducir la intensidad laboral del crecimiento económico, induciendo un desempeño negativo en este ámbito. En general, la participación del empleo asalariado en el total poco aumenta reflejando la debilidad de la demanda laboral; el empleo público no crece debido a los procesos de privatización-desnacionalización y a las políticas fiscales restrictivas; el trabajo asalariado privado se incrementa más rápidamente en las microempresas. En promedio, dos tercios de los puestos de trabajo se generan en el sector informal. No es casual, por tanto, que durante el trimestre noviembre de 2015-enero de 2016, la mayor variación porcentual de la población ocupada según rama de actividad se registre en: actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (11,2%); minería, servicios públicos e intermediación financiera (8,4%); y comercio, hoteles, restaurantes (4,4%). En contraste, tres ramas vienen destruyendo puestos de trabajo: transporte, almacenamiento y comunicaciones (-5,6%); industria manufacturera (-4,9%); y construcción (-3,9%) (gráfico 5).

 

 

En cuanto a la distribución porcentual de la población ocupada según posición ocupacional, en el total nacional, el trabajador por cuenta propia y el obrero-empleado particular, fueron las posiciones ocupacionales que tuvieron mayor participación en la población ocupada con 81,3 por ciento en conjunto (gráfico 6).

Durante el trimestre noviembre de 2015-enero de 2016, la posición ocupacional jornalero o peón presentó una variación de 8,1 por ciento y el trabajador por cuenta propia creció 3,2 por ciento en el total nacional (gráfico 7).

Al mismo tiempo y por efectos del ajuste a la baja en los gastos de los hogares, el empleo doméstico registra una pronunciada caída (-5,4 por ciento); de igual manera, los trabajadores sin remuneración (incluye a los trabajadores familiares sin remuneración y a los trabajadores sin remuneración en empresas de otros hogares) están sufriendo mayor cantidad de despedidos o han tenido que salir a buscar ingresos para compensar la precariedad económica que enfrenta a sus familias (-4,2 por ciento).

En conclusión, en Colombia se observa tanto un grado creciente de informalidad laboral como una tendencia ascendente del desempleo, de manera particular a partir de 2015. Este conjunto de fenómenos socio-laborales repercuten negativamente en la pobreza y generan desalientos entre los jóvenes y los adultos que, queriendo ocuparse, no pueden hacerlo por falta de oportunidades. Las tasas de desempleo e informalidad son más elevadas entre los grupos de menores ingresos, en comparación con los estratos más pudientes. Las tasas de desempleo e informalidad de los hogares más pobres duplican la tasa promedio, lo que acusa una sostenida y creciente desigualdad socio-económica.

Además, con la decisión tomada por el Gobierno (decreto 378 de marzo de 2016) de recortar en seis billones de pesos del presupuesto nacional aprobado por el Congreso para el año fiscal de 2016, por cuenta del déficit fiscal que asciende a $30 billones, la situación que afrontará el país será de mayor caída en la producción y el empleo. El ajuste afectó principalmente la inversión con consecuencias contractivas para la actividad económica ($3 billones salieron de inversión, $2,5 billones de funcionamiento y $0,5 billones del servicio de la deuda nacional). Según el Ministro de Hacienda, este recorte era necesario para cumplir con la meta de déficit de 3,6 por ciento del Producto Interno Bruto en 2016, impuesta por la regla fiscal.


Dado que es a través del empleo que las personas generan la mayor proporción de sus ingresos, la coyuntura laboral tiene repercusiones fundamentales sobre la pobreza y sobre la distribución del ingreso. Existe una estrecha vinculación entre las condiciones de trabajo y el bienestar de los hogares.

Colombia requiere transformar el modelo de desarrollo dominante, por su insostenibilidad, hacia uno centrado en el ser humano, el trabajo digno, la inclusión de la ciencia, la tecnología y la innovación adecuadas a las necesidades del país, la promoción de la solidaridad y la protección integral del ambiente.

* Economista y filósofo. Integrante de los comités editoriales de los periódicos Desde abajo y Le Monde diplomatique, edición Colombia.
** El Espectador, 5 de marzo de 2016.

Publicado enEdición Nº222
Viernes, 25 Marzo 2016 08:11

En la Cepal encendieron las alarmas

En la Cepal encendieron las alarmas

Llama a potenciar el sesgo contracíclico de la política fiscal, porque una política fiscal procíclica acentúa el ciclo económico y puede afectar los derechos sociales y económicos de la población si los niveles de gasto social se reducen.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) pidió proteger los avances sociales logrados en los últimos años en la región ante un escenario de menor crecimiento económico. Según su informe Panorama Social de América Latina 2015, en 2014 la tasa de pobreza fue de 28,2 y la tasa de indigencia de 11,8 por ciento, pero el organismo estima que el año pasado la pobreza habría aumentado a 29,2 por ciento y la tasa de indigencia a 12,4 por ciento. En términos absolutos eso significa que América latina tendría 175 millones de personas en la pobreza y 75 millones en la indigencia. “Si queremos lograr el primer objetivo de Desarrollo Sostenible, que llama a poner fin a la pobreza en todas sus formas, América latina debe generar más empleos de calidad, con derechos y protección social, cautelar el salario mínimo y proteger el gasto social, que muestra una merma en su ritmo de crecimiento”, sostuvo Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Cepal.


En el informe, presentado el martes en Santiago de Chile, se expone la situación actual en términos de pobreza y distribución del ingreso, sobre la base de los datos disponibles al año 2014. De acuerdo con las estimaciones de la Cepal, las tasas medias de pobreza e indigencia no se alteraron en forma significativa en el conjunto de la región entre 2012 y 2014, lo que, a la luz del contexto económico actual, plantea dudas respecto de las posibilidades de progreso en estos ámbitos en los próximos años. Sin embargo, la desagregación de las cifras al nivel de los países da cuenta de avances logrados por varios de ellos en la disminución de los indicadores de pobreza e indigencia, así como de retrocesos en otros países.


En el promedio de los países que cuentan con información reciente, el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, pasó de 0,497 en 2013 a 0,491 en 2014. Ahora bien, al comparar las últimas cifras disponibles con las de inicios de la década de 2010, se constata una reducción más significativa. En 2010 el coeficiente regional se situaba en 0,507, por lo que hasta 2014 acumuló una caída del 3,2 por ciento a una tasa anualizada de 0,8 por ciento. En ese período se registraron variaciones estadísticamente significativas en nueve de los 16 países considerados. Las reducciones más importantes fueron en Uruguay (-2,7 por ciento anual), Argentina (-2,3) y Ecuador (-2,2 por ciento).


La Cepal advierte que los avances registrados en los últimos años corren riesgo, tal como se observa en el crecimiento de 2015. Luego agrega que en América latina se ha observado históricamente un sesgo procíclico de la política fiscal, así como del gasto público y el gasto social en particular. Por ese motivo, el organismo llama a potenciar el sesgo contracíclico de la política fiscal, principalmente porque una política fiscal procíclica acentúa el ciclo económico y puede afectar los derechos sociales y económicos de la población si los niveles de gasto social se reducen. En esta edición del Panorama Social se reafirma ese llamado, pero haciendo énfasis en que, en términos generales, el gasto social debería ser neutro respecto del ciclo económico: “los servicios de calidad para garantizar derechos sociales como la educación, la salud y la protección social no deben depender del ciclo económico. Sin embargo, considerando la magnitud de las brechas que persisten en la región en esas áreas y la necesidad de avanzar en la construcción de un sistema de protección social universal, se recomienda ampliar el gasto social en las fases de prosperidad, con el debido recaudo de proteger la estabilidad macroeconómica. Complementariamente, en situaciones de crisis económica, el gasto social debe ser contracíclico en lo que se refiere a los recursos necesarios para asegurar el financiamiento de políticas de erradicación de la pobreza y protección del empleo”, remarca el informe.


“Urge explorar nuevas fuentes y mecanismos fiscales de financiamiento que hagan sostenible la política social y los avances alcanzados en el último decenio”, enfatizó la alta funcionaria, al recordar que entre 2002 y 2012 la pobreza se redujo 15,7 puntos porcentuales.


A comienzos de los años noventa (1991-1992), el gasto social se situaba en 12,6 por ciento del producto interno bruto (PIB) de la región como promedio ponderado, aumentando a 19,5 por ciento del PIB regional en 2013-2014.
El incremento del gasto social como porcentaje del PIB (6,8 puntos porcentuales entre 1991 y 2014) obedece en primer lugar al crecimiento del gasto en seguridad social y asistencia social (3,5 puntos porcentuales), seguido de educación (1,9 puntos porcentuales) y salud (1,5 puntos porcentuales).


El documento analiza también la evolución de la distribución del ingreso y las persistentes desigualdades que se manifiestan en el sistema educativo y en el mercado laboral. Entre 2002 y 2014, la gran mayoría de los países lograron mejoras en la distribución del ingreso según el coeficiente de Gini (donde 0 significa plena igualdad y 1 máxima desigualdad). El coeficiente pasó de 0,497 en 2013 a 0,491 en 2014, mientras que en 2010 era de 0,507. Pese a este descenso, en 2014 el ingreso per cápita de las personas del 10 por ciento de mayores ingresos fue 14 veces superior que el del 40 por ciento de menores ingresos.


En el estudio, la desigualdad también es medida según los resultados de escolaridad en los diferentes tramos de ingresos de la población. Así, a pesar de los importantes avances registrados en acceso y inclusión, en especial en la educación primaria y secundaria, persisten brechas significativas: mientras un 80 por ciento de los jóvenes de 20 a 24 años del quintil de mayores ingresos habían concluido la secundaria en 2013, sólo 34 por ciento de las personas de igual edad del quintil de menores ingresos tuvieron el mismo logro.


Las desigualdades, plantea la Cepal, se hacen más patentes al cruzar otras variables. Si se miden, por ejemplo, los ingresos laborales mensuales promedios según sexo, raza, etnia y años de escolaridad, se observa que los ingresos laborales medios de los hombres no indígenas ni afrodescendientes cuadruplican a los de las mujeres indígenas y duplican a los de las mujeres afrodescendientes.


Según la comisión, el 80 por ciento de los ingresos totales de los hogares latinoamericanos provienen del trabajo. Por ello, el empleo de calidad, con derechos y protección social, “es la llave maestra para la igualdad, eje de la integración social y económica, y mecanismo fundamental de construcción de autonomía, identidad, dignidad personal y ampliación de la ciudadanía”, señala el estudio.


En el informe se revisan 58 programas públicos de inclusión laboral y productiva de 21 países de la región, que buscan ampliar las oportunidades de trabajo para la población en situación de pobreza y vulnerabilidad. Se trata de iniciativas importantes, dice el organismo, pero su éxito depende tanto del aumento de la escala de esos programas como de su articulación con otros instrumentos de la política social, económica, productiva y de mercado de trabajo.


En toda la región, agrega la Cepal, deben persistir los esfuerzos de promoción del trabajo decente, entre ellos, los de formalización del empleo y de las empresas, de fortalecimiento de los salarios mínimos y de acceso a la protección social, en los que se incluya la igualdad de género como objetivo transversal.


Finalmente, el estudio examina la institucionalidad para el desarrollo social existente en la región. Junto con destacar sus avances en los últimos 25 años, enfatiza la necesidad de potenciarla para mejorar la calidad de las políticas en términos de impacto, eficiencia, sostenibilidad, participación y transparencia. Aboga, asimismo, por la construcción de sistemas integrales de cuidado como un pilar fundamental de la protección social en América latina.

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América Latina aumentó en 7 millones sus pobres en 2015, según CEPAL

El número de pobres en América Latina y el Caribe aumentó en siete millones en 2015, pasando desde 168 millones a 175 millones de personas, debido a la contracción económica que sufre la región, según proyecciones de la Cepal divulgadas este martes.

En 2015, “la tasa regional de pobreza habría aumentado a 29,2% de los habitantes de la región (175 millones de personas) y la tasa de indigencia a 12,4% (75 millones de personas)”, informó la Comisión Económica para América y el Caribe (Cepal), en Santiago de Chile.


La cifra se compara desfavorablemente con los resultados de 2014, cuando en la región se reportaron 168 millones de personas pobres, un incremento de dos millones en relación al año previo, de acuerdo a las nuevas cifras entregadas por el organismo técnico de Naciones Unidas con sede en Santiago.


“El aumento de la cantidad de personas pobres constatado en 2014 se produjo básicamente entre los pobres no indigentes, y fue consecuencia de dispares resultados nacionales, elevándose en algunos países y disminuyendo en un número importante de ellos”, se explicó en el documento.


La contracción de un 0,4% proyectada para la economía regional durante 2015, arrastrada por una caída en el valor de las materias primas y el descenso de la economía brasileña, habría impactado sobre las cifras de pobreza de América Latina durante el año pasado.


“Todavía el desempeño de la pobreza y la desigualdad es bastante procíclico, y como hay una desaceleración (económica) pues habrá un aumento de la pobreza”, explicó la secretaria ejecutiva de Cepal, Alicia Bárcena.


Para reducir el número de pobres “América Latina debe generar más empleo de calidad, con derechos y protección social, cautelar el salario mínimo y proteger el gasto social, que muestra una merma en su ritmo de crecimiento”, agregó.


“Nuestra recomendación es que los países cautelen el gasto público social, que es el que más han cautelado (hasta ahora). Creemos que los programas de transferencias condicionadas deben mantenerse y sobre todo el combate a la pobreza extrema”, puntualizó Bárcena.


De acuerdo a la Cepal, los países donde se espera un mayor incremento de la pobreza son Venezuela, Guatemala y Honduras. Hasta 2012, tras una década de crecimiento económico, la región había logrado reducir en 15,7 puntos porcentuales sus niveles de pobreza.


Persiste desigualdad

 

La Cepal analizó también los niveles de desigualdad social de la región, constatando que en la gran mayoría de los países se lograron mejoras en la distribución del ingreso según el coeficiente de Gini (donde 0 significa plena igualdad y 1 máxima desigualdad).


El coeficiente regional pasó de 0,497 en 2013 a 0,491 en 2014, mientras que en 2010 era de 0,507. No obstante, “pese a este descenso, en 2014 el ingreso per cápita de las personas del 10% de mayores ingresos fue 14 veces superior que el del 40% de menores ingresos”, advirtió la Cepal.


La desigualdad se evidenció también a nivel educativo. De acuerdo a la Cepal pese a los avances registrados en el acceso a la educación primaria y secundaria “persisten brechas significativas” en la región.


Si el 80% de los jóvenes de 20 a 24 años del quintil de mayores ingresos habían concluido la secundaria en 2013, solo 34% de las personas de igual edad del quintil de menores ingresos tuvieron el mismo logro, graficó Cepal.


(Con información dehttp://www.diariouno.com.ar/)

 

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