La lucha contra la pobreza necesita un origen popular del gobierno
Con un 21 por ciento de hogares bajo “Familias en Acción”, aún con la prevalencia de factores como seguridad, desempleo y pobreza, el Gobierno asume que Colombia es una economía emergente, atractiva para la inversión y el turismo, con expectativas de crecimiento en las próximas décadas. Además, yuxtapone que avance el proceso para su ingreso en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y pone el disco de “llegar a ser un país con prosperidad para todos” a partir de más seguridad, mayor empleo y menor pobreza, con la estrategia de “Familias en Acción”. Es ésta la lógica de las Transferencias Monetarias Condicionadas (TMC) con las cuales muchos países de América Latina buscan reducir el flagelo y el riesgo de los pobres.

Sin una cifra superior y permanente al 6 por ciento de crecimiento macroeconómico, más del 4,5 de los productos internos y de industrialización –guarismo de la economía capitalista, que no diferencia las cifras de desarrollo con bienestar general–, los países de América Latina, al servicio de los poderosos, no lograrán superar la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la contracción y sus estancamientos con sentido nacional. Este es un dato de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y su consultor, Claudio Loser. Con el hablar de la pobreza entre ceja y ceja, la elección del presidente Santos dejó el ambiente de ser favorecida por el voto de los beneficiarios de “Familias en Acción”, entre quienes corrió el rumor de que no continuaría el Programa si él no era elegido como el actual gobernante.

Al igual que todos los programas de TMC, “Familias en Acción” está inscrita en la lógica de subsidios a la demanda, con la cual el modelo económico, impuesto en América Latina desde mediados de los 80, atiende la política social. Luego de la crisis de deuda externa, los países de la región tuvieron que emprender grandes ajustes estructurales en la economía, con medidas como reducción de la demanda agregada, para controlar la inflación; apertura económica y comercial, flexibilización laboral, privatización y reformas fiscales. La reducción de la demanda agregada se tradujo en despidos masivos, inicialmente en el sector público, de donde trascendió a la empresa privada. Ello contribuyó grandemente al aumento del desempleo. El Programa “Familias en Acción”, en el país con el segundo lugar más desigual en el continente, con aplicación en los lugares que cumplen la selección del Sisben 1 de las familias de gran vulnerabilidad, según el Informe del Banco Mundial, tuvo un objetivo inicial que alcanzó las 400.000 familias.

Dado el aumento de las cifras de pobreza en el país, el Programa tuvo una expansión que en 2007 cubrió 1,5 millones de familias. A octubre 31 de 2002, “Familias en Acción” tuvo 407.076 unidades de éstas como elegibles y 362.403 (89 por ciento) como beneficiarias; para 2005 los beneficiarios fueron el 5 por ciento de la población total, y su atención representó un gasto del 0,09 del PIB, del cual el 90 por ciento fue financiado con crédito externo. Al cierre de 2010, según la página electrónica institucional, en su informe a la banca multilateral del segundo semestre de 2010, “Familias en Acción” estaba presente en 1.100 de los 1.102 municipios del país y registró 3.775.681 familias como elegibles, de las que beneficia a 2.327.689 (61,6 por ciento) en todos los departamentos del país.

Los programas de TMC, emprendidos por los Estados y que orienta y define el Banco Mundial, tienen como documentos orientadores básicos la Teoría del Manejo Social del Riesgo y el Informe Sobre el Desarrollo Mundial 2000-2001 “Lucha Contra la Pobreza”, vistos en su Informe de 2009 como transferencias de dinero a familias pobres, “con la condición de que éstas [cumplan con contraprestaciones]”. Del mismo modo, apuntan al objetivo doble de reducir la pobreza en el corto plazo y prevenir su incidencia en el largo plazo. En América Latina, los primeros programas comenzaron a operar desde los años 90.

En efecto, fueron los primeros el de Brasil (1995) y el de México (1997). En Brasil, en principio hubo una descentralización por municipios y sectores de la política social, y desde 2003 el gobierno federal unificó los diversos dispositivos en el programa Bolsa Familia. En México, Progresa (actualmente Oportunidades) se creó en 1997, en un comienzo con cobertura a zonas rurales, aunque desde el primer momento con carácter centralizado. Estas dos iniciativas constituyen los programas modelo para reducir la pobreza, con expansión por la región: en Argentina, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Brasil. Son programas que disminuyeron el ritmo para ejecutar las reformas, y flexibilizaron su aplicación en los casos de Colombia, Chile, Honduras, México, Panamá y Perú.

Estos programas, según una visión de capital humano, integran tres componentes: salud, nutrición y educación. Por ejemplo, el desembolso de un subsidio está sujeto al cumplimiento –casi siempre por la madre cabeza de familia– de los controles de talla y crecimiento de sus hijos. Así, transfieren dinero a sectores de población seleccionados por mecanismos de focalización. No superan ni pueden superar una concepción de política social, según la cual el Estado interviene en la población más pobre a través de subsidios en efectivo, tras identificar a la población que considera potencial beneficiaria para seleccionarla de acuerdo a criterios de elegibilidad preestablecidos –mecanismo de focalización–, en una perspectiva que evitan que el Programa llegue hasta la población que no cumple con los requerimientos y mucho menos alcance en forma efectiva a quienes igual o más debiera beneficiar. Estas reformas de ajuste precarizaron las condiciones laborales e incrementaron la pobreza.

El modelo con apertura económica indujo a la eliminación de aranceles, con lo cual los excedentes de producción de los países industrializados pudieron entrar libremente en estos mercados, a precios muy bajos. La industria nacional no estaba en condiciones de competir, y muchas pequeñas, medianas y hasta grandes empresas pasaron a liquidación, agudizándose el problema del empleo. La flexibilización laboral alentó la discrecionalidad de los empleadores para efectuar despidos y aumentar la productividad laboral. Implicó, además, el aumento de los períodos de prueba, la intermediación de la contratación, el trabajo a destajo, la eliminación del pago por horas extras, la privatización de la seguridad social, etcétera. La enajenación y la privatización de los activos estatales transcurren bajo el argumento de una mayor eficiencia de la administración privada, y con este recurso vienen más despidos y más desempleo.

Para 1980, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) reveló que el 40,5 por ciento de la población de la región está bajo la línea de pobreza. Dentro de este total, el 18,6 sobrevive en indigencia. Para 1990, la tasa de pobreza fue del 48,3 por ciento y la de indigencia del 22,5. Al comienzo del milenio, la situación no varió mucho: 42,5 y 18,1, respectivamente. Según el Plan Prosperidad para Todos, “actualmente el 46 por ciento de la población colombiana está en condición de pobreza y el 16 por ciento en condición de pobreza extrema”.

En Colombia: discurso con estrategia de bienestar y relegitimación del gobierno


El manejo de los programas desde la Presidencia, a fin de darles mayor transparencia, no ha tenido adecuada evaluación, por lo menos en Colombia, donde resulta muy conveniente para elegir gobiernos que garantizan continuidad en el modelo.

“Familias en Acción” busca promover y fomentar la acumulación del capital humano, sobre todo en municipios de menos de 100.000 habitantes y alta proporción de población rural. El componente de nutrición consiste en un subsidio monetario que entregan a las familias (núcleos familiares) beneficiarias con niños menores de 7 años de edad. En salud, contempla acciones que las familias beneficiarias deben realizar por obligación para participar en el Programa. En particular, las madres deben llevar sus hijos a controles de crecimiento y desarrollo, que incluyen vacunación y participación en algunos eventos sencillos de capacitación sobre prevención de salud. El componente más importante es el de educación.

Las transferencias monetarias llegan a las madres, conocidas como “mujeres cabeza de familia”, responsables de cumplir con las condiciones del Programa. Para educación, las transferencias tienen su ajuste a una asistencia escolar al menos de 80 por ciento y a que aprueben el año lectivo por dos veces consecutivas; en salud y nutrición, la familia debe garantizar la visita a los servicios de salud primaria para controles de crecimiento y vacunación.

Los ‘pañitos de agua tibia’ del Programa


En general, los Programas de TMC, expandidos a países de la región desde finales de los 90, materializan el concepto de políticas de lucha contra la pobreza, inherente al modelo económico neoliberal. Aunque su concepción comporta una lógica keynesiana de estímulo de la demanda; su aplicación es análoga a la de “corresponsabilidad” que orienta los subsidios al desempleo en Europa y Estados Unidos. La situación permite presumir una eficiente utilización de los recursos, en particular en el contexto del modelo.

No extraña que la evidente pauperización que conlleva el modelo haya alertado a diversos estamentos: Iglesia, académicos, organizaciones no gubernamentales, organismos multilaterales, que invocaron la necesidad de hacer algo. En tal contexto, desde comienzos de los 90, las primeras medidas para reducir la pobreza mediante “redes de seguridad social”, financiadas mediante los denominados Fondos de Emergencia Social (FES), se manejaron en directo desde la Presidencia, a fin de evitar apetitos burocráticos y manejos clientelares.

Como fin estaba el de ubicar gente en situación de pobreza, para mitigar situaciones mediante subsidio monetario. Las redes resultaron insuficientes y muy criticadas por su carácter paliativo y residual, en especial del mecanismo de focalización. En el marco de la discusión resultó el origen de las TMC, en una visión de más largo aliento. Prima la creación de capital humano y desde una perspectiva del riesgo, y busca conjurar la reproducción generacional de la pobreza.

La acogida de los Programas de TMC coincide con la reducción constante de la pobreza en la región (cerca de 13 puntos en el lapso 2004-2010), aunque su incidencia no está claramente determinada. Incluso, organismos como la Cepal, PNUD y el Banco Mundial evitan afirmaciones precisas en tal sentido. Llama la atención que algunos países que pusieron en marcha estos Programas lo hicieron mediante flexibilización de sus políticas de ajuste macroeconómico. Tales los casos de Argentina, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Uruguay y Brasil, que coinciden con los de mayor reducción de la pobreza en 2010. En contraste, otros, en los cuales prevalecen políticas de ajuste menos eclécticas, como Honduras y México, registraron aumentos en sus tasas de pobreza, en tanto que Colombia registró una reducción por debajo del promedio regional (Cepal, Panorama Social 2011).

Hoy, “Familias en Acción” se articula en el recién creado Departamento Administrativo para la Prosperidad, pero prevalece su funcionamiento en el marco de subsidios condicionados que establece el modelo económico. Mientras, el Plan de Desarrollo propende por la reprimarización económica, en especial con el fortalecimiento de la actividad minero-energética, de la que cabe poco esperar en cuanto a empleo y desarrollo social, lo que lleva a pensar que quizá, como lo prevé el propio Plan, el progreso económico y la eliminación de la pobreza sea solamente un sueño de prosperidad.

*Economista, Magíster en Análisis de Problemas Económicos y Políticos Internacionales.


El proceso de selección para los beneficiados


El Sistema de Identificación de Beneficiarios (Sisben) que efectúa el proceso de selección de “Familias en Acción”, que atiende zonas rurales y urbanas, exige en estas áreas cumplir con criterios básicos de elegibilidad, como la presencia de un banco y la existencia de una oferta adecuada en educación y salud. El programa selecciona a familias de Sisben 1, de gran vulnerabilidad. No se apoya en salud y nutrición a las familias Sisben 1 cuyos hijos sean menores de 6 años de edad en Hogares Comunitarios del Bienestar Familiar.

El ajuste fiscal con la reducción del gasto público produce la abolición de la oferta asistencial del Estado para pasar a un sistema de subsidios a la demanda. En este esquema, a las personas sin oportunidad para la satisfacción de sus necesidades básicas les otorgan un subsidio monetario para que las solvente mediante la adquisición del bien pertinente, ya que, de hecho, la existencia de tal población es considerada por el Banco Mundial mismo como un “fallo del mercado” y la transferencia cumple la función de incluir al individuo en su dinámica. Es en aras de la eficiencia del gasto y de la asignación de los recursos como estas personas son identificados mediante los ya descritos mecanismos de focalización.

Publicado enEdición 182
"Son pobres matándose entre pobres y los medios distorsionan la realidad"
El periodista francés Roméo Langlois, liberado ayer por las FARC tras 33 días de secuestro, ha llegado ya a Bogotá después de hablar hablado con varios medios de comunicación valorando su experiencia y el conflicto colombiano. Desde una tarima, el corresponsal del canal France 24 y el diario Le Figaro, dijo que "se impuso una vez más la política sobre las cuestiones humanitarias y eso es algo que se ha hablado muchas veces de parte de la guerrilla y también del Gobierno y la Fuerza Pública. Yo no señalo a nadie particularmente, pero esto pasa una vez más".


El periodista de 35 años, 12 ellos en Colombia y al que las FARC calificaron de "prisionero de guerra", aseguró que había sido "tratado muy bien por la guerrilla durante estos 33 días" y detalló que nunca estuvo "amarrado" y que le dieron bien de comer, e incluso le ayudaban a cargar la mochila y el colchón. De este modo, indicó que "yo acepto las disculpas y salgo sin amarguras de esto, pero yo no comparto esta decisión de guardarme 33 días".


Langlois invitó a los periodistas a seguir cubriendo el conflicto desde todos los puntos de vista, tomando en cuenta a todas las partes involucradas. "Son pobres matándose entre pobres, es supremamente trágico, lleva esto 40 años, buenos y malos no hay, a veces la prensa y el Gobierno ha logrado vender imágenes distorsionadas, pero cuando uno viene a estas zonas ve que la realidad es más compleja", afirmó. Y agregó que "no necesitaba esta experiencia para conocer el conflicto colombiano ni la guerrilla, llevaba tiempo en esto, pero tengo la convicción de que hay que seguir cubriendo el conflicto".


Y es que la población colombiana, más allá del conflicto con las FARC, lleva años sufriendo gobiernos despóticos que han dado banda ancha a paramilitares y mafias del tráfico de drogas. En el año 2011 hubo 259.146 desplazados en Colombia por efecto de la violencia, alcanzando la cifra de 5.445.406 desde 1985, según denunció hoy la ONG Codhes en su informe anual. Alrededor de un 12% de la población ha sido obligada a dejar su hogar por la violencia.


Además, entre 2002 y 2008 se produjeron 3.345 ejecuciones extrajudiciales. Son los conocidos como "falsos positivos", los asesinatos que cometen los militares contra civiles para hacerles pasar por guerrilleros y cobrar la recompensa que ofrece el gobierno.


La voz incómoda del periodista



La misión humanitaria pasó más de cinco horas en San Isidro, escuchó al guerrillero que se disculpó en nombre de las FARC por haber tratado al periodista como un "prisionero de guerra" y a varios líderes campesinos. Aprovechando la entrega, los colonos de la zona demandaron del Gobierno colombiano más atención, pues denunciaron que no tienen carreteras, tampoco servicios públicos como luz, agua, teléfono y escuelas.


Mientras esto ocurría en Colombia, el expresidente Álvaro Uribe sorprendió desde Lima con el envío de dos mensajes ofensivos contra Langlois a través de su cuenta de twitter. "Langlois: Una cosa es la curiosidad del periodista y otra la identificación con el terrorismo", dijo en el primer mensaje, para después volver trinar: "Langlois, qué hacía en Colombia, qué relación tenía con Farc? Algunos conocimos que usted sabe engañar".


"No tengo que responder nada, me parece otra falta, como mi secuestro fue una falta de mal gusto, ésta es otra de mal gusto", afirmó Langlois cuando le preguntaron por esas ofensas en delcaraciones a a Caracol TV.


Por otro lado, el periodista francés explicó que los rebeldes le entregaron, en los últimos días, una cámara de vídeo para grabar escenas de su cautiverio. Dijo también que tiene grabado el combate entre las fuerza pública y la guerrilla que dio lugar a su secuestro, el 28 de abril pasado, cuando acompañaba a un contingente de policías y militares a una operación antidrogas. "Eso sí lo tengo grabado", remarcó.


El Gobierno francés se congratuló desde París por la liberación de Langlois, al igual que la ONU y la Unión Europea, organismos defensores de la libertad de expresión y asociaciones de prensa de distintos lugares del mundo. Por su parte, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, pasó la jornada informando de sus actividades oficiales, felicitando a los palmicultores por el 50 aniversario de la creación de su asociación, pero ni una palabra sobre Langlois


PÚBLICO.ES / EFEFlorencia (Colombia)31/05/2012 09:23 Actualizado: 31/05

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Haití, entre el cólera y la parálisis política
Michel Martelly ha celebrado esta semana su primer año en la Presidencia de Haití como si se tratara del primer día. Apenas el pasado miércoles, el presidente haitiano, un antiguo músico muy popular, logró formar por segunda vez un Gobierno, tras superar un nuevo episodio de la crisis política que ha mantenido paralizada la reconstrucción de la isla, devastada en enero de 2010 por un terremoto que mató a unas 300.000 personas. A un año de su toma de posesión, medio millón de haitianos sigue viviendo en campamentos para damnificados. La epidemia de cólera, que estalló en octubre de 2010 y que ha causado la muerte de unas 7.000 personas, se sigue cobrando vidas. Y cientos de ex soldados armados han tomado los viejos cuarteles para exigir al presidente que cumpla su promesa de restablecer el Ejército, desmantelado en 2004 tras la caída del entonces mandatario Jean-Bertrand Aristide.


Michel Martelly era un cantante de kompa (música popular, mezcla de reggae, soka y merengue) cuando asumió la presidencia de Haití el 14 de mayo de 2011, bajo una carpa que hacía las veces de Parlamento, en medio de un apagón eléctrico. Era la primera vez en la agitada historia de Haití en que un presidente electo recibía el poder de manos de otro, también electo por el voto popular. Era el estreno político de Martelly y los haitianos lo llevaron hasta allí justo por el hartazgo de la política de partidos y por su carisma. Pero esa apuesta, sin embargo, no ha dado los resultados esperados


Desde que asumió el poder, Martelly se ha enfrascado en una guerra política con el Parlamento —que cuenta con una mayoría de diputados partidarios de René Preval, el anterior presidente— que ha paralizado a su Gobierno. Durante este primer año, nombró a cuatro primeros ministros y solo dos obtuvieron el visto bueno del Parlamento. El primero de ellos, el médico Garry Conille, asumió el cargo cinco meses después de la instalación del nuevo Gobierno y renunció en febrero pasado. Después de tres meses de vacío político, el miércoles tomó posesión como primer ministro Laurent Lamothe, ministro de Asuntos Exteriores, antiguo tenista y empresario de telecomunicaciones que ha hecho fortuna en África.


El presidente Martelly y su nuevo primer ministro tienen los mismos retos de hace un año. De los 650.000 haitianos que en mayo de 20011 aún vivían en campamentos para damnificados del terremoto, solo 150.000 han sido reubicados. La mayoría de ellos ha recibido dinero del Gobierno o de las alcaldías para desalojar las plazas públicas y los terrenos privados donde levantaron sus tiendas de campaña hace más de dos años.


Por otra parte, la epidemia de cólera que comenzó en octubre de 2011 y que ha matado a unas 7.000 personas, sigue cobrándose víctimas, aunque el Gobierno dice tenerlo todo bajo control. De acuerdo a cifras de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, los casos de cólera se cuadruplicaron en abril y se estima que este año podrían enfermar unas 250.000 personas más. “Se ha hecho demasiado poco para pensar que el cólera no iba a volver en 2012. Es preocupante que las autoridades sanitarias no estén mejor preparadas y que se aferren a mensajes tranquilizadores que nada tienen que ver con la realidad”, ha señalado al respecto Gaëtan Drossart, coordinador general de la misión de Médicos Sin Fronteras en Haití.


Por Maye Primera Miami 17 MAY 2012 - 19:51 CET
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Un tercio de las familias vive en viviendas precarias en Latinoamérica

Viviendas de paredes y techos de cartones ensamblados como un rompecabezas que deja alguna hendija al frío otoñal de Buenos Aires. Piso de tierra, como las calles que la rodean y que suelen embarrarse cada vez que llueve, lo que dificulta los accesos. Mucha caminata para llegar a la parada de autobús. Una bombona que sirve para cocinar o calentar el mate y leña para entibiar el ambiente. Conexión eléctrica clandestina. Una sala de estar y un dormitorio con una cama matrimonial donde también duermen algunos hijos. Afuera, a unos pocos metros, un baño hecho de plásticos con un pozo para hacer las necesidades básicas. Así son algunas de las viviendas precarias de las afueras de la capital argentina, un drama que afecta a toda Latinoamérica, pese a la última década de crecimiento económico y mejora de la equidad.
 

Más de un tercio de las familias latinoamericanas habita en una casa inadecuada o construida con materiales precarios o carente de servicios básicos, según una investigación publicada hoy por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Se trata de unas 59 millones de personas con un problema que también atañe a la salud, al desempeño escolar, la discriminación social (muchas veces los trabajadores que buscan empleo ocultan que viven en barrios chabolistas porque están asociados a la delincuencia), la seguridad personal, la calidad del transporte y el medio ambiente, según el informe. Hacia 2015, el crecimiento económico de la región habrá ayudado a solo el 36% de las familias que en la actualidad viven en viviendas precarias. Los programas de vivienda pública probablemente ayudarán a otro 5%. Con estas proyecciones, dentro de tres años cerca del 36% de las familias en las zonas urbanas y rurales seguirán habitando viviendas inadecuadas, frente al 37% en 2009. El banco advierte de que la proporción resulta mayor que en otras regiones del mundo con niveles de ingresos semejantes.

 
Casi dos millones de los tres millones de familias que se forman cada año en ciudades latinoamericanas se ven obligadas a instalarse en viviendas informales, como las de las zonas marginales, según el informe que el BID elaboró a partir de datos oficiales de 18 países de la región. La mayoría de la población que vive en las principales ciudades carece de suficientes medios económicos o no puede acceder a un crédito hipotecario para las viviendas más económicas ofrecidas por el sector privado. Más de la mitad de las familias de Caracas, La Paz, Buenos Aires, São Paulo, Río de Janeiro, Ciudad de México, Quito y Managua no pueden costearse más que una morada construida por su propia cuenta.


El BID considera que los planes de viviendas sociales de los Gobiernos latinoamericanos deberían septuplicarse para satisfacer la demanda. Además advierte de que estos programas muchas veces no favorecen a los hogares más pobres. “Estos planes empiezan a ayudar a las familias cuando ya se han instalado en tierras baldías, sin infraestructura básica ni planeamiento”, señala el coordinador del estudio, César Bouillon, en conversación telefónica desde Washington. La urbanización de terrenos antes de ser habitados cuesta 1.299 euros por familia, frente a los 3.438 que cuesta mejorar un asentamiento ya constituido. Según Bouillon, otros problemas radican en la falta de acceso a los títulos de propiedad y la tendencia a desarrollar viviendas sociales en la periferia en lugar de recuperar zonas céntricas. La población, a su vez, tiende a construir sus viviendas con ladrillo o cemento, pese a que ambos materiales se han encarecido en los últimos años.

 
La ausencia de crédito para la clase media baja constituye otro obstáculo, según Bouillon. Muchos trabajadores no pueden justificar sus ingresos ante el banco porque están empleados de manera informal. También ocurre que “muchos municipios tienen regulaciones de desarrollo de la tierra pensados para suburbios de clase media o alta”, según Bouillon. En Buenos Aires, la vivienda más barata cuesta 34.460 euros, o 45 meses de trabajo asalariado medio, lo que contrasta con Bogotá, donde por 9.575 se consigue una, es decir, con diez meses de nómina, según el BID. Por último, los Gobiernos latinoamericanos no promueven el alquiler económico como los países ricos. En la extensa Latinoamérica solo el 16,9% de la población alquila, mientras que en la densa eurozona lo hace el 28%.


Por Alejandro Rebossio Buenos Aires 15 MAY 2012 - 02:25 CET
 

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Domingo, 08 Abril 2012 07:30

"Seguiré hasta el fin. Mato o caigo"

"Seguiré hasta el fin. Mato o caigo"

Aunque sabía que el muchacho llevaba encima un revólver, y que en el barrio tenía fama de duro, el padre Juan Carlos Velásquez no sintió miedo cuando se bajó del coche al llegar a su casa parroquial y lo vio venir hacia él en medio de la noche.

 
— Qué hay, brother — le dijo el chico.

 
“Pensé que venía a pedirme dinero para drogarse o para alicorarse”, recuerda Velásquez, un cura católico de 38 años con barba y melena negra rizada y brillante que lleva ocho años dedicado a intentar comprender y ayudar a los jóvenes sicarios de los barrios pobres de Medellín.

 
“Cuando se acercó, le dije de una manera muy seca: ‘Hombre, qué necesitás’. En vez de contestarme fuerte, se reblandeció y me dijo que era su cumpleaños, y que nadie lo había felicitado”.

 
El cura pensó que el chico lo quería enredar de alguna manera. “Y yo más duro me puse, porque estos muchachos son muy tramadores. Le dije otra vez: ‘Qué necesitás”.

 
—Padre, necesito un abrazo —le respondió el chico.

 
“Y yo solté el escudo que tenía y lo abracé. Él lloró unas lágrimas, me dio las gracias y se fue”. “Esa noche”, recuerda, “no pude dormir pensando en ello”.


Aquella madrugada de diciembre de 2009, el cura captó algo que no había comprendido en seis años de relación con los jóvenes de los combos —las pandillas que sirven de comandos de barrio para los capos de la ciudad—. “Allí mismo descodifiqué el conflicto”, afirma Velásquez en el comedor de su modesta casa parroquial, en la Comuna 5 de Medellín. “Yo creía que era un problema económico, pero la solución no es solo de dinero. Tiene que ver con la falta de afectos y con distintas formas de rechazo social. Ellos son seres humanos que merecen oportunidades, y las instituciones, llámense Iglesia, Gobierno o escuela, lo único que hacemos es vetarlos. A los chicos los echan de la casa, los echan de los colegios, y entonces su único refugio es la esquina, el combo, que les da un lugar para ser personas... Entre comillas”.

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 Una tarde de octubre, en un café de Medellín, un sicario retirado se dispone a contar sus años como asesino a sueldo mientras merienda un pastel de hojaldre y un refresco. Habla en voz baja y de vez en cuando echa una ojeada a su alrededor como si no se sintiera seguro. El joven ha pasado ya de los 20 años de edad, algo que no logran muchos de ellos. Esnifó su primera raya de cocaína a los 10 años. Con 12 cogió por primera vez un arma de fuego. Con 14 ya era miembro de una banda criminal. “Nos juntamos los de mi barrio, los típicos pelaos que en preescolar íbamos cogidos de la mano para la escuela, y montamos un combo de 80 personas”, explica. “Cuando uno cumple una edad y no estudia ni hace nada, las cuchas [las madres] le ven a uno el símbolo del peso en la cara, y le piden que aporte para la casa. Le dicen que es un mantenido, y eso cala. Yo estuve en ese punto: sin trabajo, con la familia presionando, que llegaba a casa y a mí no me ponían ni un plato de arroz, y me miraban mal si abría la nevera. Y aparece un tipo y le pone delante de usted un millón, dos, tres millones de pesos”.


Por lo que cuenta, de los 14 a los 16 años fue un asesino muy solicitado, aunque los detalles que ofrece son inverosímiles. No parece que exagere para presumir, o que esté contando mentiras, sino más bien que su niñez y su primera juventud fueron tan salvajes y lo arrasaron de tal manera que difícilmente puede recordar los datos exactos de aquel caos sin medida. “Cada semana hacía unas ocho vueltas [encargos diversos; no siempre asesinatos], y con eso me ganaba como 10 millones de pesos (4.200 euros). Viajaba en avión, tenía un apartamento, a todas las niñas que quería, mi moto, revólveres, un rifle, la coca… Mire que entre cuatro consumíamos 70 gramos diarios”.

 
— ¿Quiere decir siete gramos?

 
— No señor, 70.

 
— ¿Y cómo no se murieron?

 
— Uno sí murió de sobredosis, otro se quedó ciego, y a otro un día se le cayó algo blanco de la nariz. Pensó que era una roca de coca, pero era el tabique.

 
En España, un gramo de coca cuesta 60 euros en la calle. En las barriadas de Medellín cuesta 2 euros, y, sin embargo, por allí no se ven drogadictos decrépitos como, por ejemplo, los de los poblados del extrarradio de Madrid. El testimonio de este sicario retirado indica que esto no se debe a una mayor contención en el consumo, sino a la mera pobreza. Según explica, los jóvenes de ahora no encuentran de dónde sacar dinero, ya no para drogarse, sino para comer o vestirse. Incluso asesinar por encargo, que antes podía ser bastante lucrativo, se ha convertido en un oficio ruinoso. El antiguo asesino a sueldo, que mantiene contacto diario con ejecutores en activo, pone un par de ejemplos: “El otro día, un pelao me dijo que mató a alguien y le dieron 20.000 pesos [8,4 euros] por esa cabeza, y me consta que otros matan hasta por 5.000 [2,5 euros] y que luego usan la plata para comprarle unas arepas a su mamá”.


En Medellín, la oferta de asesinos excede la demanda de víctimas. Tanto, que los chicos más jóvenes llegan a matar gratis para intentar hacerse un hueco en el saturado mercado del crimen. El padre Velásquez asegura que ahora es tan difícil prosperar como sicario que muchos le juran que lo dejarían si pudiesen encontrar otro modo de sobrevivir. “Hay infinidad de jóvenes que quieren salirse de esto”, comenta. “No hace falta ni siquiera que lo veamos desde el punto de vista humano, sino desde el mero punto de vista comercial: hay una sobrecarga de combos y de sicarios”. En la cafetería, el asesino retirado que viajaba en avión dice lo mismo: “Uno sabe que ahora hay más pelaos que nunca metidos en las vueltas”.

 
En Medellín hay más de 5.000 sicarios distribuidos en unas 300 bandas por toda la ciudad. Y, sin embargo, el número de asesinatos no llega ni a la mitad que a principios de los noventa, en la época del capo Pablo Escobar, cuando había más de 4.000 muertos anuales. En 2011 hubo 1.648, casi 400 menos que en 2010. Aunque el índice de homicidios sigue siendo uno de los más altos de las ciudades grandes de Latinoamérica, la cifra se ha estabilizado en la última década en torno a los 2.000 muertos anuales.


Lo paradójico es que mientras el crimen se reduce, parece que aumenta la disponibilidad de chicos empobrecidos y desocupados dispuestos a asesinar para ganar un poco de dinero. Igual de desconcertante es que en tiempos de menos violencia la relación que tienen ellos con la muerte se deshumanice cada vez más. “Algunos ya matan por deporte”, comenta el exsicario, que siempre que hace una afirmación general, la ilustra luego con un horror particular.
 

“La semana pasada estuve con un chico de 16 años de mi barrio. Estábamos sentados en la calle y él andaba como ansioso. Se movía, se tocaba mucho la pierna”.

 
—¿Qué le pasa a usted? —le dije.
 


— Que tengo ganas de matar —me contestó.

 
“Él mantenía el fierro [pistola] al pulmón, ahí cerquita. Entonces se levantó, se fue, oí pa-pa-pa. Volvió, se sentó y me dijo: ‘Ya me calmé’. Había matado a un pelao que no tenía nada que ver. Al primero que se encontró”.

 
Así es la vida en las comunas. Estos barrios pobres se construyeron sobre las laderas que rodean el centro de Medellín. Cuando se entra en la comuna, la carretera se empina, la calidad de las casas empeora según se sube. En las aceras, los vecinos charlan sentados en las puertas de las casas. Acabamos de traspasar la frontera de un sitio donde no suelen entrar forasteros y donde todo el mundo se conoce. A los lados de las calles principales, el tejido urbano se convierte en un laberinto de callejuelas y casuchas de ladrillo y chapa apretujadas. En ese escenario, dos sicarios hablan de esas extrañas ganas de matar. “Me picaba el dedo”, dice uno de ellos para explicar su pulsión por apretar el gatillo. Es un sicario en activo mayor de lo habitual, cercano a la treintena, y lo acompaña un adolescente callado que a veces sonríe. El chico tiene una actitud extraña, como una mezcla de timidez y suficiencia.

 
Si se les pregunta por la muerte, el menor no dice nada. El mayor se queda con cara de incomprensión, y al final responde: “Pues señor, eso es algo de lo que no se vuelve, y ya”.

 
El padre Velásquez sostiene que los chicos de las comunas entienden la vida en presente simple, sin más futuro que las próximas horas. “Tienen una idea muy simple de la existencia. Experimentan la muerte al día. Viven el hoy. Lo que se gana, se gasta en el día. Es como una expresión popular que hay por acá que dice: ‘Volador hecho [cohete lanzado], volador quemado’; o como el título de una canción de Juanes, La vida es un ratico”.

 
Eso, sin embargo, no significa que vivan a todo trapo, rodeados de las míticas riquezas del narcotráfico, sino que su vida corre rápidamente hacia una muerte inmediata, amarrados a la miseria y sin mejor camino que delinquir. El cura, que conoce sicarios de todas las edades y de todos los puntos de la ciudad, dice que por lo general son personas frustradas, perfectamente conscientes de que han nacido para morir en “la guerra”, como le llaman ellos a lo que las autoridades colombianas y los analistas definen como “el conflicto”.
 

Federico Ríos, el reportero colombiano que hizo las fotografías que ilustran este reportaje, habló durante meses con los chicos de las bandas para entender su mundo y ganarse su confianza. Le parecieron “serios, apagados, como amargados, ensimismados, sin chispa”. Según Ríos, su día a día consiste en hacer lo que les mandan mientras esperan el momento de que les den un balazo. En una de sus charlas con los sicarios, Ríos le preguntó a un pandillero de 16 años qué le gustaría ser en la vida. “Camellador de busero [ayudante de un conductor de autobús]. Ese es el sueño mío”, respondió el sicario.


Pero el chico, por lo que le dijo a Ríos, tiene claro que no llegará a eso, que su futuro es terminar su vida cumpliendo con sus obligaciones: “Hasta el fin”, dice, “hasta que me maten. O mato, o caigo”. Y lo resume con una idea vacía: “Como dice el dicho, el que muere queda así”.
 

Para los jóvenes sicarios de Medellín, matar o morir no tiene ningún significado, es un hecho sin más, algo que se hace o se padece por necesidad, una función técnica y un destino obligado. “Es la pérdida del concepto de lo humano”, reflexiona Carlos Ángel Arboleda, de 61 años, sacerdote y profesor de doctrina social de la Iglesia de la Universidad Pontificia de Medellín. Él recuerda que en los primeros tiempos del narco, en la década de los ochenta, los asesinos a sueldo eran adultos de raíz campesina y con un pensamiento católico tradicional —básico pero sólido— que les hacía sentir de otra forma lo que hacían. “El primer sicario tenía una religiosidad popular muy fuerte”, explica. “Era consciente de que matar era pecado, pero le valía para conseguir dinero para la casa y para sacar a la mamá de la pobreza”.


El padre Velásquez entiende que esa correa de transmisión de valores tradicionales se ha ido cortando por la descomposición de las familias humildes, causada en parte por la rápida incorporación de las mujeres al mercado laboral. Según Diego Herrera, miembro del Instituto Popular de Capacitación, una ONG local, en la ciudad se ha producido desde los años noventa una transformación industrial que ha convertido las fábricas tradicionales, de textiles y de alimentos, en nichos laborales de segunda clase para ciudadanos pobres y sin formación: en un 80% de los casos son mujeres, muchas de ellas madres solteras o adolescentes con hijos recién nacidos.

 
La Personería de Medellín, una oficina pública de defensa de los derechos civiles, alertó en un informe de 2011 de que las mujeres de las barriadas ganan entre uno y cinco euros a la jornada. El paro ronda el 12% en toda la ciudad, pero en algunos barrios pobres llega al 40%, y la mitad de los ciudadanos que aparecen en las estadísticas como trabajadores tiene un contrato informal, sin prestaciones sociales ni derecho a una pensión.
 

Mientras tanto, la economía formal prospera. Medellín es la ciudad colombiana mejor valorada internacionalmente como destino de negocios, según explica Max Yuri Gil, sociólogo de la Universidad de Antioquia, y tiene éxito como lugar de servicios, desde los turísticos hasta otros más singulares, como la cirugía estética. También es la ciudad colombiana en la que mayor cantidad de riqueza se concentra en un menor número de ciudadanos. Según datos de la Personería, en 2009 la ciudad tenía 2.400.000 habitantes, de los que 900.000 eran pobres, y unos 250.000, indigentes.


Un informe de 2011 de la Veeduría de Medellín, una organización civil, preguntaba por la causa de esta desigualdad social, y a continuación invitaba a la lectura de algunas frases de un manual de inversión publicado en 2006 por el propio Ayuntamiento de Medellín: “El salario mínimo en Colombia es uno de los más bajos de los países latinoamericanos (…). Colombia tiene uno de los regímenes laborales más flexibles de América Latina (…). Con una jornada laboral diurna extendida desde las 6 a. m. hasta las 10 p. m., el empleador puede contratar dos turnos sin necesidad de pagar horas extra (…). Modalidad de contratación de aprendices sin vinculación laboral con la empresa: el empleador no tiene obligación de pagar prestaciones sociales (…). Colombia presenta costes de despido sin justa causa considerablemente inferiores a países como México, Argentina, Guatemala y Brasil”.

 
Medellín evoluciona, pero no logra incorporar al desarrollo a la mayoría de sus ciudadanos. “Aquí la economía sube y la gente pasa cada vez más hambre”, dice el padre Velásquez.

 
En ese contexto, las mujeres han dejado de ser amas de casa y educadoras primarias, y sus hijos se han quedado solos, entre un hogar vacío y un ambiente callejero que los atrapa desde la infancia. “Los niños son educados por los combos”, afirma el profesor Arboleda. Es la misma idea que transmite Velásquez, que la función maternal de crianza ha sido suplantada por una socialización criminal. “Para los muchachos, pertenecer al grupo no es un trabajo, es una opción de vida”, dice el cura. “Encuentran el afecto y una identidad. Para ellos, el combo es un lugar en el mundo”.

 
En los años ochenta, durante el reinado de Pablo Escobar, por el contrario, el crimen era para los sicarios un puesto de trabajo, y su lugar en el mundo era la familia, la madre sobre todo. La religión era el esquema simbólico que amueblaba sus cabezas, un conjunto de creencias en el que la vida y la muerte adquirían un sentido trascendente. Entre el apego a la familia y la fe en el más allá, los soldados de la era de Escobar formaban parte de un mundo pobre pero estable, y esperaban de la vida algo más que un tiro en la sien. “Por entonces no tenían conciencia de vida corta”, dice el padre Velásquez. “Apenas empezaba el fenómeno del sicariato. Ellos entraban en eso con la idea de salirse luego con la plata suficiente para hacerse una casa, o comprarse una licencia de taxi, o montar cualquier otro negocio”.

 
Antes de que Medellín, la ciudad más católica de Colombia, se convirtiese en una ciudad latina moderna, los asesinos creían en Dios, y hasta pedían disculpas al cielo por lo que hacían en la tierra. “La confesión se consideraba un paliativo”, dice Velásquez. “El sacramento era una catarsis”.

 
En un municipio de las afueras había un templo que todos los martes se llenaba de gente, la iglesia de Sabaneta, donde se rendía culto a la Virgen María Auxiliadora, La Virgen de los sicarios, como la definió el escritor colombiano Fernando Vallejo en el título de su famosa novela sobre los asesinos de Medellín. Vista ahora, la obra parece un parteaguas de la cultura del sicariato: antes, la Virgen y la mamá, y después, nada.

 
El libro se publicó en 1993, cuando se iniciaba la transformación social y económica de la ciudad, el mismo año en que Escobar, a quien en las comunas aún llaman Don Pablo, murió en un tejado de Medellín tiroteado por la policía. Vallejo, que atendió a este diario por teléfono, recuerda que en aquel tiempo ya estaba “bajando la devoción”. Unos años después, el escritor volvió a pasar por la iglesia de Sabaneta y la encontró en decadencia.

 
Por entonces estaban naciendo los sicarios de hoy día, que por lo general ya no van a misa, ni se confiesan. Según el padre Velásquez, su vacío simbólico y sentimental se ahonda a medida que pasan la adolescencia y se afianzan en las estructuras criminales, que es cuando pierden cualquier resto de emoción infantil por pertenecer al mundo del crimen y asumen que solo les queda morir, que, en realidad, solo se merecen morir. “Uno los invita a ir a la misa y ellos mismos no se creen merecedores de la misericordia de Dios”, cuenta el cura. “Es una cosa triste. Te dicen: ‘Padre, yo ya no tengo salvación, yo estoy muy mal, a mí ya ni siquiera Dios me perdona”.
 

Cuando mueren, las familias de los muchachos de los combos prefieren enterrarlos rápido. Es más económico. Retiran su cadáver cuanto antes de la calle y lo llevan a un crematorio. Evitan así que la policía analice la escena del crimen y que los forenses escruten el cuerpo.

 
Aquel sicario que celebró su cumpleaños en la calle, solo, esperando a medianoche al padre Velásquez para pedirle afecto, tampoco llegó a entrar nunca en su iglesia. Un año más tarde murió tiroteado. El sacerdote recuerda que nadie le hizo un funeral.


Por Pablo de Llano Medellín 8 ABR 2012 - 01:30 CET

FOTOGALERÍA: Medellín, el crimen a fuego lento, Federico Ríos
 

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Cerrar la brecha de género para acabar con el hambre y la pobreza
Cerca de mil millones de personas en todo el mundo padecen hambre crónica. Las mujeres constituyen 70 por ciento de dicha población, localizada en su mayoría, en zonas rurales. La conmemoración del Día Internacional de la Mujer ha sido dedicada este año a subrayar el papel de la mujer rural e indígena en la seguridad alimentaria y la lucha contra la pobreza.

Las mujeres en la agricultura y las áreas rurales tienen algo en común: menor acceso a los recursos productivos y menos oportunidades que los hombres. Brindar a las mujeres el mismo acceso que los hombres a los recursos productivos agrícolas, podría aumentar el rendimiento de sus explotaciones entre 10 y 30 por ciento lo que podría permitir reducir el número de personas con hambre por entre 100 y 150 millones.

Las mujeres y niñas en zonas rurales, con muy pocas excepciones, están en peores condiciones que los hombres rurales y la población urbana en cada uno de los indicadores de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para los que hay datos disponibles.

Las mujeres rurales dedican más tiempo que los hombres y sus pares urbanas a labores reproductivas y del hogar, incluyendo el tiempo necesario para la obtención de agua y leña, el cuidado de los hijos y de personas enfermas y la elaboración de alimentos. Esto se debe en parte a las escasas infraestructuras y servicios rurales, así como también a una asignación cultural de funciones.

No hay duda que ha habido una feminización del mercado del trabajo agrícola en América Latina enmarcada en una enraizada inequidad. Los empleos de las mujeres rurales suelen ser de menor duración, más precarios y menos seguros, o bien, empleos no remunerados. La falta de horarios flexibles que permitan compaginar el trabajo familiar, junto con la discriminación en materia de salario y ocupación y la escasa representación de las mujeres en las organizaciones de trabajadores son, en parte, la causa de esto.

En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres, la mayor participación de las mujeres y los hombres en el trabajo no remunerado se da en las localidades rurales con 75.4 por ciento para las mujeres y 32.5 para los hombres. Esto ilustra que la división del trabajo entre hombres y mujeres en el ámbito rural es más acentuada.

No obstante, las mujeres constituyen un promedio de 43 por ciento de la fuerza laboral agrícola en el mundo. La FAO estima que alimentar a una población mundial de más de 9 mil millones de personas para 2050 requerirá un incremento del 70 por ciento en la producción mundial. Esto necesitará que la agricultura, y en particular la pequeña agricultura en la que las mujeres son una fuerza principal, juegue un papel mucho más relevante.

El empoderamiento económico de la mujer rural puede contribuir a reducir el número de niños y niñas con bajo peso. Poner más dinero en manos de las mujeres es beneficioso para la nutrición, la salud y la educación de los hijos e hijas. En este sentido, contar con una buena educación nutricional permitirá que las mujeres sean actores clave en el combate a la desnutrición y obesidad en sus comunidades.

La FAO también promueve la adopción de huertos familiares y escolares con una participación activa de las mujeres, los niños y las niñas. Esta experiencia contribuye al bienestar medioambiental, social y físico de la comunidad y favorece una mejor comprensión de cómo la naturaleza nos sustenta, además de servir como base para la educación nutricional.

La aplicación de políticas con enfoque de género es fundamental para cerrar la brecha en la agricultura y en general en el mundo rural. Resulta urgente tomar medidas decisivas en los siguientes temas:

Eliminar la discriminación de la mujer en el acceso a los recursos agrícolas, la educación, los servicios de extensión y financieros, así como en los mercados de trabajo.

Invertir en tecnologías e infraestructura adecuadas que permitan ahorrar trabajo y mejorar la productividad.

Facilitar la participación de la mujer en mercados de trabajo rural flexibles, eficientes y justos.

Asegurar la participación de la mujer en la toma de decisiones en todos los niveles, así como en el diseño, implementación y evaluación de proyectos y programas.

Hoy más que nunca se debe resaltar la importancia de considerar las necesidades específicas de las mujeres rurales, así como de reconocer sus aportes a la economía y al desarrollo y atender sus potencialidades. Lograr la igualdad de género, particularmente en el sector rural, no solo es justo, sino también crucial para el desarrollo agrícola y la seguridad alimentaria mundial.

Nuria Urquía Fernández, representante de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
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Viernes, 02 Marzo 2012 06:40

Este desarrollo me hace pobre

Este desarrollo me hace pobre
En una breve cita, el sociólogo kuna, Juan Pérez A., resumió la esencia del diálogo entre gobierno nacional y pueblos ngobe y buglé en torno a la construcción de hidroeléctricas en la comarca del occidente panameño: “Este desarrollo me hace pobre”. Para algunos, la apropiación (robo) de tierras ajenas contribuye al “progreso” económico y al mal llamado crecimiento del producto interno bruto. Por lo tanto, si las leyes acaban con comunidades y desintegran familias es aceptable porque contribuye al “desarrollo”. Ese discurso gastado y mal concebido se sigue aplicando en Panamá. En el caso de la Comarca Ngobe-Buglé, se ha encontrado con el rechazo y la resistencia de los pueblos indígenas organizados y decididos a no ceder.

 
En todo proceso de negociaciones tienen que existir ciertas bases que son respetadas por las distintas partes. Sobre todo, el mediador – si existe – tiene que tener en sus manos estos lineamientos para asegurar la claridad del proceso y el éxito de las negociaciones. En el caso del “diálogo”, desde un principio el mediador debió haber identificado las causas del conflicto y sentado las bases sobre las cuales se  “dialogaría”.

 
La falta de transparencia quizás fue un descuido por parte de la mediación. El gobierno, por su lado, no tenía interés alguno en llegar a un arreglo que beneficiara a todas las partes. En el caso de los ngobe-buglé, llegaron a la mesa creyendo – equivocadamente – que las reglas estaban claras.

 
Para comenzar, la causa del conflicto fue el desconocimiento por parte del gobierno nacional del acuerdo suscrito en febrero de 2011 por el cual se prohibiría la construcción de hidroeléctricas en la comarca Ngobe-Bugle y sus territorios adyacentes. Las protestas y los dos muertos (producto de la represión desmedida del gobierno) causados por la introducción del proyecto de ley gubernamental en la Asamblea de Diputados en enero de 2012, condujo a un nuevo acuerdo en San Lorenzo mediante el cual se llevó el diferendo a una mesa de diálogo en la Asamblea.

 
El “diálogo” se reduce, entonces, a un solo punto: ¿Está el gobierno nacional dispuesto a cumplir con la palabra comprometida en febrero de 2011 de no permitir la realización de proyectos hidroeléctricos en la Comarca? Veamos primero cuales son las bases sobre las cuales se debió desarrollar el diálogo, antes de revisar el papel que han tenido la parte mediadora y la posición de las partes.

 
¿Cuáles son las bases sobre la cuales debió proceder la mediación para buscar una solución al conflicto entre las partes? A nuestro entender, hay cuatro elementos esenciales que deben tenerse en cuenta para que las partes juzguen la validez de la palabra dada por el gobierno en febrero de 2011 .

 
Por un lado, la Constitución Política de la República. Dice casi textualmente que el gobierno respetará la propiedad colectiva de los pueblos indígenas dentro de sus comarcas.

 
En segundo lugar, las leyes de la República, especialmente las que tienen que ver con la figura de la Comarca. La ley que creó la Comarca Ngobe Buglé estipula que todo proyecto originado desde fuera debe ser objeto de consulta y aprobación por parte de las instancias representativas del pueblo indígena.

 
Tercero, los acuerdos entre el gobierno y los pueblos ngobe y buglé. En este caso habría que poner sobre la mesa los acuerdos de San Félix de febrero de 2011 donde el presidente Ricardo Martinelli dio su palabra de que no se realizarían proyectos en la Comarca.

 
Por último, cualquier otro aporte que la mediación considere pertinente y que es aceptada por las partes. El padre Lacunza, de la Iglesia católica, a nombre de la mediación considero oportuno – sin razón – plantear que los indígenas tenían que someterse a las necesidades del Estado panameño para que las negociaciones tuvieran éxito. Lacunza es un excelente teólogo pero no tiene formación en ciencias políticas y desconoce que el “diálogo” se produce a nivel de una instancia del Estado. El gobierno (Ejecutivo) y la Asamblea (Legislativo) son, según la Constitución, “órganos del Estado”. A su vez, los pueblos ngobe y buglé también son reconocidos por la Carta magna como entes políticos y deliberantes.

 
En la mesa de “diálogo” están las partes del Estado (según la definición de la Constitución) negociando a nombre de sus intereses. Obviamente, la negociación es asimétrica. El Ejecutivo (gobierno) tiene en sus manos todo el poder material (recursos financieros, militares, legales e, incluso, culturales) y no pretende ceder en sus intenciones. En cambio, los indígenas sólo tienen su voluntad y determinación de proteger su tierra, apoyado por su espíritu de lucha.

 
Debo señalar que me han hecho muchas observaciones y reclamos por los escritos que le hemos dedicado a este crucial tema del “diálogo”. Quiero destacar lo planteado por el ingeniero Oscar Sogandares, quien me corrige con relación a la identidad de los propietarios del proyecto para construir una hidroeléctrica en Barro Blanco sobre el río Tabasará (en la comarca Ngobe – Buglé). La empresa dueña de la concesión para construir una represa con capacidad para generar 28.8MW en Barro Blanco es hondureña y presidida por el empresario Luis Kafie. Este dato merece otro artículo aparte.

 
Por Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena.

http://marcoagandasegui11.blogspot.com

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Miércoles, 18 Enero 2012 06:44

Medio millón de chicos pobres

Medio millón de chicos pobres

El drástico plan de ajuste de la coalición Conservadora-Liberal Demócrata tiene un resultado claro y cuantificable. Según el estudio conjunto de dos prestigiosas fundaciones británicas, el Family and Parenting Institute (FPI) y el Fiscal Studies Institute (FSI), la reducción de beneficios sociales y el aumento del IVA, entre otras medidas, arrojará a medio millón de menores a la pobreza absoluta. La OCDE (Organización de la Cooperación y el Desarrollo) tiene otra manera de decirlo: el Reino Unido es la sociedad más desigual de las naciones ricas.
 

El estudio del FPI y el FSI señala que el ingreso promedio de las familias británicas con niños, que disminuyó en un 4,2 por ciento en 2010/2011, seguirá cayendo en picada. En 2015, último año de gobierno de la coalición, este tipo de familias experimentará un recorte en sus ingresos de unos dos mil dólares anuales. El impacto es particularmente marcado para familias con tres o más niños, menores de cinco años y para los que reciban ayuda para pagar alquileres privados. “Los recortes van a impactar mucho más a las familias con niños que a los jubilados y el resto de los trabajadores”, señaló Katherine Rake del FPI.
 

Los recortes sancionados por la coalición en octubre de 2010 y profundizados desde entonces para “lidiar con el déficit fiscal” y “dar tranquilidad y previsibilidad de cara a los mercados financieros” incluyen un congelamiento salarial para los empleados estatales y el cierre masivo de servicios sociales, entre ellos los clubes juveniles, cuya ausencia se hizo sentir en los disturbios que asolaron Inglaterra en agosto pasado. El impacto es especialmente devastador para las familias más pobres. La ley de Pobreza Infantil de 2010 define la pobreza absoluta como un 60 por ciento de ingresos por debajo del promedio nacional. En base a esta medida, el FPI y el FSI calculan que medio millón de niños caerán debajo de esta línea: unos 300 mil menores de cinco años.
 

En un comunicado, el gobierno reconoció las dificultades que están viviendo muchas familias, pero señaló que estaban tomando medidas correspondientes. “Hay medidas para ayudar a estas familias, como el congelamiento de los impuestos al alquiler estatal o la introducción del impuesto universal”, señala el comunicado. Según el FPI, la mayoría de estas medidas son apenas un parche que beneficia a algunos sectores o que recién tomarán lugar en 2018 como el impuesto universal. Peor aún, como el resto de los ajustes en la Unión Europea (UE), el británico comete el peor de los pecados: infligir un sufrimiento en vano. Lejos de disminuir, el déficit está creciendo. A fines de 2011, la deuda total británica se incrementó a casi un billón de libras o 62,8 por ciento del Producto Bruto Interno. “Como resultado de su política, el gobierno ha tenido que endeudarse más de 158 mil millones de libras que lo calculado”, señala Rachel Reeves, portavoz de temas fiscales de la oposición laborista.
 

Un informe del Centre for Economic and Business Research (CEBR) señala que el Reino Unido entrará en recesión este año y que habrá 3 millones de desempleados el año próximo. Como con la famosa frase de Shakespeare, el draconiano ajuste británico parece un “cuento contado por un idiota”: la exigencia de austeridad está condenando no sólo al Reino Unido sino a los países de la Eurozona al escaso crecimiento económico y a un mayor déficit fiscal. “Los países imponen la austeridad que les exigen los mercados financieros, que luego los castigan y critican porque la economía no crece como resultado de la austeridad”, señalaba este lunes Jenni Russell, comentarista del conservador vespertino Evening Standard.
 

En los últimos cuatro años, el nivel de vida de los británicos cayó en un 28 por ciento, la peor disminución sostenida desde la posguerra. Como es de esperar, esto no está sucediendo de manera igualitaria. Según la OCDE, el Reino Unido tiene el nivel de desigualdad más alto entre los países considerados ricos que forman parte de la organización. El 10 por ciento con más ingresos gana hoy 12 veces más que el 10 por ciento con menos ingresos: en 1985, la proporción era ocho a uno. La medición se vuelve más abismal cuando se mira a los superricos. El 1 por ciento de mayores ingresos pasó de llevarse un 7,1 por ciento de la torta en 1970 a un 14,3 por ciento en 2005.
 

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Reminiscencias del sismo del 12 de enero de 2010

 Treinta y cinco segundos de horror, de asombro y de pánico fueron suficientes para poner a Haití frente a los ojos del mundo.  Treinta y cinco segundos que muchos vivieron como una eternidad y que a decir verdad hasta hoy permanecen en la memoria de quienes los sufrieron. Todos tienen algo que contar respecto a lo vivido, en las pláticas se cruzan un abanico de historias estremecedoras y alentadoras, sin embargo la tristeza acompañará siempre a cada uno de los narradores y sus relatos de ese día.
 

Fue una pesadilla, una verdadera tragedia lo que sucedió en Haití ese martes 12 de enero de 2010. Eran poco más de las cinco de la tarde de un día común cuando la tierra rugió como un “goudou goudou”, fue un temblor que se sintió y que se escuchó con ese particular sonido con el que las personas ahora le nombran. Fue un estruendo que removió las entrañas de Haití. Desde ese día, la gente en el exterior conoce este país por las narraciones y los análisis sobre lo que suceden en él. Las noticias, los artículos y los informes se mezclan en los lugares comunes entre historias de pobreza y violencia (que incluso ya se exponían desde antes del temblor).  Mucho de lo que se escucha y se lee sobre Haití son desventuras: Haití es el país más pobre de América Latina, es el segundo país más subdesarrollado del mundo, es el país con mayor densidad de habitantes de acuerdo al espacio territorial, la mayoría de los haitianos viven con menos de un dólar al día, no hay suficiente energía eléctrica, hay una epidemia de cólera que ha cobrado la vida de más de seis mil haitianos. También, frecuentemente se mira al país desde el ángulo del exotismo e incluso hasta de la barbarie, resaltando aquellas noticias que causan morbo en los espectadores. Especialmente en lo que se refiere al culto del vudú que suele ser una de las cuestiones más relacionadas con esta tierra. Así, violencia, hambre, superstición entre otras cosas, son los temas que se muestran repetidamente en los medios de comunicación y en los análisis especializados, muchas veces presentados con un dejo de exageración y de fantasía. Son pocos los estudios y debates que mencionan las posibilidades que tiene este país para  superar el subdesarrollo.
 

La ayuda: ventajas y desventajas. Es innegable la solidaridad internacional y la voluntad de cooperar con la nación haitiana después del sismo. Poco más de ciento cincuenta gobiernos y otras organizaciones internacionales se comprometieron en 2010 a prestar ayuda para la recuperación de Haití. De igual forma, se han creado y sumado decenas de asociaciones, fundaciones y organizaciones no gubernamentales para contribuir a esta causa.
 

En el caso de las ONG’s son organismos que empezaron a surgir en Haití desde el curso de los años setenta, su emergencia coincide con la acentuación de la crisis económica de ese periodo. En adelante el número de estos organismos no gubernamentales se multiplicó. Así, más del 80% de las ONG’s que están activas en Haití vienen del exterior (Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, España, Suiza, entre otros países). Por tanto, estos organismos reciben su financiamiento del extranjero y en la mayoría de los casos sus equipos de colaboradores están conformados por personas que provienen de esos países.
 

Actualmente, Haití es el país que alberga el mayor número de Organizaciones no Gubernamentales en su territorio, aunque hay poco más de quinientas con un registro oficial, las cifras varían entre 8000 y 10 000. Por otra parte, la Cruz Roja de varios países se ha hecho presente en la isla después del sismo y han arribado a Haití varios equipos. Los médicos de esta organización, los médicos de Medicina sin Fronteras, así como los médicos cubanos son los que se han encargado de gran parte de los servicios relacionados con la salud pública. Así, el territorio haitiano se ha convertido en un espacio de recepción de nuevos habitantes, cuyo número aún no se sabe con exactitud.
 

Dicho sea de paso Haití es uno de los lugares en donde se encuentra una clase privilegiada viviendo con suficiente comodidad y fortuna en contraste con las condiciones de miseria que padece la mayoría de la población. Basta ver el número de automóviles de lujo que transita por las calles u observar las suntuosas propiedades que se asoman desde las montañas. Y es que la desgracia de ese martes doce ha sido redituable para algunas empresas, para algunos particulares y para algunas ONG’s. No así para el resto de los haitianos.
 

Haití, caminando sobre la riqueza. La riqueza de Haití no ha desaparecido, la sociedad haitiana no está impávida ante la compleja situación económica y social en la que se ven inmersos. Todos los días, bajo el inmenso sol que quema la cara, que quema el cuerpo y que hace hervir la sangre, el haitiano y la haitiana buscan la manera de vivir y de llevar comida a sus casas. La gente sigue viviendo. Basta ver las calles llenas de marchantes que venden un poco de algo para comprar otro poco de algo. Más allá de toda la problemática que genera el comercio informal, ésta es una muestra del aliento de una población que suda para vivir.
 

Por otra parte, vale la pena señalar que aquellos 4 millones de haitianos que han migrado para buscar mejores condiciones de vida, la llamada diáspora, genera capital tanto para el país en el que se encuentran trabajando, como para su propia tierra y frecuentemente envían dinero a sus familias, las remesas que forman parte de la economía del país y las cuales muchas veces son el único sustento de una familia en Haití (por lo menos 50% de las familias dependen de las remesas que reciben del exterior). Estos migrados podrían jugar un papel muy importante en el desarrollo de la economía si el Estado y las ONG’s promovieran proyectos concretos a desarrollarse con su colaboración, puede ser en materia de infraestructura, en las actividades económicas locales, en la creación de escuelas y universidades, hospitales o centros turísticos.
 

Haití es uno de los países que recibe más ayuda mundial. No obstante, a nivel institucional, tanto el gobierno, como aquellas asociaciones no gubernamentales y otros grupos están ante la dificultad de realizar proyectos  duraderos y fructíferos en este sitio. Una de las razones principales es la falta de coordinación y cooperación entre ellos. No obstante que la labor de las ONG’s ha sido una de las partes más importantes dentro de la ayuda internacional, sobre todo en cuestiones de urgencia y ayuda alimentaria, su trabajo ha sido en algunos aspectos “desordenado”, en el sentido de que se han hecho muchos trabajos sin llevar a cabo un análisis profundo de las necesidades de cierto sector. Además de las múltiples consultorías y diagnósticos que se quedan en las carpetas sin que los proyectos se pongan en marcha. Es decir, que en algunos casos la labor no ha sido bien orientada o encaminada a sus finalidades específicas por falta de un programa integral, por falta de estrategia, por falta de logística y a veces por falta de interés también.
 

Claramente las ONG’s tiene un papel muy importante en la situación del devenir del país, sobre todo en cuestiones como la salud, la educación y la agricultura, entonces si se sincronizara la labor de todas las ONG’s y se acompañara el esfuerzo que hacen a través del empleo y colaboración de la sociedad haitiana, los resultados podrían ser más ventajosos para el país. De esta manera, a través de un esfuerzo conjunto, organizado, con una mejor orientación, el trabajo efectuado se reflejaría en las condiciones de vida de los haitianos. Del mismo modo es importante decir que si el Estado haitiano está rodeado de ONG’s, es preciso contribuir y promover la participación conjunta e integral entre ambos para obtener resultados concretos sin que se pierda la autonomía de dichos organismos.
 

En cuanto a los análisis y reflexiones que se hacen sobre Haití,  hasta hoy no ha habido razonamiento capaz de superar la pobreza. No se ha podido conjugar y transmitir, desde el punto de vista de las ideas, el análisis con la sociedad misma.  Sin lugar a duda, es necesario recapacitar, someter a un estudio y escribir sobre aquello que pasa en Haití. Pero lo más importante es asociar el trabajo que hacen los ingenieros, los arquitectos, los antropólogos, los sociólogos, los historiadores, los teólogos, los politólogos y todos los demás, con las políticas públicas para que el análisis no se quede en estas líneas, en los artículos y en los debates, pero aun más importante es el hecho de que las observaciones no estén disasociadas de la realidad. Dicho de otra forma, se debe eliminar la separación entre los intelectuales y profesionales con las situaciones concretas del entorno social, así como relacionar los análisis con la práctica.
 

La vergüenza. El territorio haitiano ha sido testigo de diferentes intervenciones extranjeras. Una de las más memorables es aquella que duró diecinueve años cuando en 1915 el gobierno de Estados Unidos envió a la infantería de marina para que ocuparan militarmente Haití. Esta fecha marcó una fase importante en la historia haitiana y en el funcionamiento del aparato social y político. El argumento que utilizó el gobierno de Washington para intervenir el país fue la imposibilidad de los gobernantes de mantenerse en el poder, la constante inestabilidad, la agitación social y el contexto de crisis política. Los propósitos fundamentales del desembarco eran lograr el control y la pacificación del país, “evitar la anarquía política” y establecer la democracia, además de proteger los intereses norteamericanos y extranjeros. 
 

Con esta intervención, Haití perdió los atributos de su soberanía y el gobierno de Estados Unidos implementó cambios económicos y políticos adecuados conforme a sus propios proyectos. En 1934, los solados norteamericanos se retiraron de Haití. Durante estos diecinueve años de ocupación se centralizó la política, la administración y la institución militar. Una vez que los marines salieron de la isla, “Washington seguía ejerciendo un control indiscutible sobre la vida política del país.” De igual manera legó el poder a instituciones que fueron cruciales en la manera de gobernar los años siguientes, es el caso del ejército que sirvió de base para que la dictadura se instalara en el poder por un periodo de casi 30 años.
 

Tiempo más tarde, en el periodo de 1994, la Organización de las Naciones Unidas intervino Haití con su ejército para suplantar a los soldados estadounidenses que habían desembarcado en la isla nuevamente para “restaurar la democracia” después del golpe de Estado en contra del entonces presidente Jean Bertrand Aristide. Posteriormente en 2004, cuando se celebraban dos siglos de independencia de Haití y en la destitución de Aristide de su cargo, el Consejo de Seguridad de la ONU envió a una fuerza multinacional para “estabilizar” la situación del país. Así, el 29 de febrero de este año arribó a Haití la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (MINUSTAH).
 

La presencia de los cascos azules en este país es uno de los temas que causa más controversia en la actualidad. Ya porque en su presencia “temporal” han transcurrido varios años, ya porque la epidemia de cólera que se desató en el país tiene su sepa en los solados nepaleses de la MINUSTAH (aunque a poco más de un año del cólera en Haití la ONU no ha admitido todavía su responsabilidad en el contagio de la enfermedad infecciosa más mortal en el país caribeño), ya por los conocidos casos de violaciones y vejaciones de los miembros del ejército de la ONU a hombres y mujeres, ya por las problemáticas que se han generado alrededor de su presencia (habrá que esperar a ver qué dicen los antropólogos y los sociólogos sobre los impactos socio-culturales de la MINUSTAH en Haití).
 

Para dar un ejemplo de lo dicho anteriormente, que vaya más allá del abuso y de la explotación sexual -temas ya de por sí delicados-, es preciso decir que a partir de la llegada de la MINUSTAH el precio por el alquiler de una casa o un departamento en Haití ha subido a niveles estratosféricos porque hay un grupo de propietarios que se aprovecha de la llegada de nuevos capitales para abusar con el precio de las rentas. Esta problemática se agravó a partir del sismo del 12 de enero. Así, hoy en día, Haití es uno de los países donde el costo para arrendar un bien inmueble tiene el mismo o mayor valor que en los países de primer mundo (menudo problema en un país donde hay más de 3 millones de damnificados que perdieron sus casas el día del sismo).  De igual forma, es sorprendente conocer que el costo del nivel de vida en Haití es aún más caro que en los países con mayor desarrollo. Una de las razones es que los miembros del ejército de la ONU -con salarios que van de 7 mil a 10 000 mil dólares o más por mes-, así como la presencia extranjera han generado el incremento de los precios en una cadena de productos considerados de lujo a gente que está dispuesta a pagarlos. Una realidad que se vive en Haití y que muchos ignoran: el costo de la vida es muy caro. Así, se podrían enlistar una serie de productos que representan el exceso del costo: el agua embotellada importada, la renta de un auto –entre 100 y 400 dólares por día-, el precio de la leche, el cereal, la mantequilla y la mayoría de los productos lácteos, los muebles y los artículos de cocina, todos los productos electrónicos, el boleto de avión para llegar a Haití puede ser hasta de 2000 dólares, incluso el costo de los vuelos internos o domestic flys es elevado, el precio del servicio de internet, los hoteles, el precio de la administración haitiana en los organismos públicos y privados, etc. Y es que a pesar de que la moneda oficial en Haití es el gourdes, todos los movimientos económicos pequeños y grandes, están basados sobre el dólar. Así, si se va al súper mercado es más caro pagar en gourdes que si se hace en dólares.
 

Son muchas las problemáticas formadas en torno al ejército extranjero, por esas razones y más han habido varios pronunciamientos que desde diferentes puntos han coincidido en que es el tiempo de que la MINUSTAH se retire de Haití y que esos recursos empleados por la ONU para mantener a su ejército en territorio haitiano, sean redireccionados para la ayuda humanitaria.
 

La perla del las Antillas. La región del Caribe ha sido un lugar de gran importancia histórica debido a sus rutas marítimas y comerciales, por ser un espacio de intercambio cultural, por la riqueza de sus islas, entre otras cosas. Haití, un pedazo de isla perteneciente a las denominadas Antillas mayores, fue aquella colonia nombrada “La perle des Antilles”, aquella que le produjo riquezas a los colonizadores españoles y franceses por un largo periodo, aquella también donde los esclavos se sublevaron para crear la primera República negra independiente. Es importante señalarlo una y otra vez para que no se pierda en la memoria de ninguno: Haití fue la primera nación en acabar con la colonización, emancipar a los esclavos y apropiarse del espacio. Una de las coyunturas históricas más importantes a nivel internacional tanto por la relevancia política como por su relevancia social.
 

Actualmente, a pesar de la pobreza y de la devastación ecológica del país, hay en Haití una riqueza no aprovechada. Haití es un país abierto al mundo con una gran cantidad de cosas que ofrecer: arte, historia, cultura, escultura, música y más. También tiene 1700 kilómetros de costas vírgenes lo que representa un turismo ecológico a desarrollar en las playas. Pero más allá de las cuestiones que tienen que ver con el turismo, el territorio haitiano cuenta con recursos geológicos importantes, es el caso de minerales como la bauxita, el cobre, el carbonado de calcio, así como de los yacimientos de oro y de mármol. También posee reservas de indio que es un mineral poco conocido y escaso, el cual se utiliza para la construcción de naves espaciales. Además de eso, cuenta con gas natural y según algunos especialistas afirman que existen recursos petrolíferos que no han sido utilizados. Todos estos elementos podrían ayudar a la recuperación de la economía del  país (por ejemplo, si en Haití se nacionalizara el petróleo como lo ha hecho Venezuela, se podrían generar recursos y empleos).
 

En un lugar tropical como el territorio haitiano donde la lluvia cae a caudales, en un país de montañas donde el agua baja en torrentes durante la temporada de lluvias, se podrían construir presas, recuperar el agua de lluvia o las aguas grises  y aprovechar la energía hidroeléctrica que tanto hace falta en este país.
 

Por otro lado vale la pena señalar que la Fundación Clinton, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros organismos más, han hecho donaciones de millones de dólares para construir viviendas y brindar ayuda humanitaria. En este plan de construcción de casas e infraestructura como puentes y carreteras se han contratado principalmente a especialistas extranjeros, dejando al margen a los haitianos que podrían formar parte de estos proyectos. La riqueza más grande que tiene Haití es su gente ávida de trabajar, ávida de vivir. Por lo cual es necesario incorporar a los estudiantes, a los profesionales y en general emplear a la sociedad haitiana y capacitarla en cuanto a las cuestiones especializadas para que formen parte de este proceso de recuperación.
 

Haití en la historia. Para que Haití se recupere de esta enfermedad de tantos años, para que camine a su propio paso sobre su riqueza histórica, natural y social, es necesario ofrecer a la memoria el recuerdo de lo que pasó el día del temblor, repasar las difíciles circunstancias por las que ha atravesado el país desde ese día y desde hace poco más de doscientos años, pero también es imprescindible refrescar la memoria con aquellas imágenes de este pasado medular en el curso de la historia haitiana: su independencia. Las riquezas exploradas e inexploradas de este país, son los recursos que pueden servir de plataforma para la transformación de Haití y generar una mayor libertad económica. Al respecto, es fundamental señalar la importancia del respeto a la autonomía y a la soberanía de la nación haitiana, así como la necesidad de estimular la economía, incentivar el comercio equitativo, distribuir tierras para el cultivo, impulsar la creación de pequeñas empresas, generar oportunidades de exportación y la promoción del autoempleo. La existencia de estas vías para el desarrollo son primordiales para la transformación de Haití, el primer país que se pronunció en contra de la colonización y de la explotación por allá de 1804.
 

I have a dream. Después del terremoto de 7º que sacudió Haití, después de la pérdida de miles de vidas, de los cientos de heridos, de la destrucción de centenares de viviendas en un breve lapso de tiempo. Después de ese martes 12 en que la tierra se estremeció con toda su fuerza para conmover al mundo. Hoy, después de dos años, estamos de nuevo reflexionando para tratar de entender aquello que pasa en Haití e intentar poner de nuevo en los ojos del mundo la situación de este país.
 

Los extranjeros que trabajan en las ONG’s en Haití, los cooperantes internacionales, representan sin duda alguna una ayuda fundamental en el país, pero también como ya se ha señalado hay una problemática que se ha generado alrededor de su presencia. El haitiano, la haitiana se encuentran en el exilio de su propia tierra. En el margen de la economía, en el margen de las actividades laborales y en el borde de la miseria. Pero aquello que pasa en Haití es un destino que está amarrado con nuestro destino. No podemos caminar solos y no podemos dejarlos solos. Es preciso que los ojos del mundo vuelvan a Haití y que lo que sucede en este país nos cause indignación y que se dé rumbo a esa magna solidaridad que se vivió después del sismo. Ésta es nuestra esperanza. 
 

Un año nuevo para Haití. El año que empieza huele a mañana, a un tiempo próximo, a un tiempo futuro… y cada que hay un nuevo amanecer es necesario levantarse, abrir los ojos, ponerse arriba, de pie. Un año nuevo para Haití es el alba de un nuevo mañana. Despertar del letargo del conjunto de desdichas y desazones de esta historia a veces incomprensible. Dejar de dormir en el sueño de la desesperanza, volver sobre nosotros mismo y tomar de la memoria aquello que nos hace falta, caminar sobre esta tierra que nos trajo y que nos lleva.  No es la tierra en un sentido indeterminado, es la tierra en el sentido más poético y más emocional posible que se refiere al lugar donde se ha nacido, donde se habita, la tierra en la que camina el conjunto de la sociedad, la tierra de nuestros pasos.
 

Los días que seguirán inmediatamente de hoy son el tiempo futuro que denotará las acciones que están por realizarse. Por eso es necesario hacer un compromiso con el porvenir de Haití:
 

1.- Que los días venideros sean el tiempo del nuevo despertar de la sociedad haitiana.

2.- Que logremos manifestar nuestra indignación por la situación del país y del mundo.

3.- Que logremos asumir una posición crítica y responsable ante los errores que han marcado nuestros días.

4.- Que la política no se separe de las masas, que la realidad no se disfrace con números y que los problemas no se  escondan tras la cosmética.

5.- Que la democracia no sea de uno solo o de un grupo, que en esta libertad democrática predomine la mayoría para dirigir un país. Y más aún, que esta democracia se infiltre dentro de cada grupo, dentro de cada conjunto de personas que deseen organizarse para llevar a cabo un plan para el país.

6.- Que la sociedad constituya una unidad con la finalidad de que todos exijamos y cooperemos en este cambio necesario.

7.- Que la equidad, la justicia social y los derechos humanos sean parte del comportamiento habitual y que se vuelvan costumbre, que se vuelvan realidad.

8.- Que la manera de hacer política en el país no se desvincule de las situaciones tangibles, es decir, que se construyan los puentes entre los partidos políticos y la población.

9.- Que los problemas cotidianos no sean parte del paisaje y que podamos ver todos los aspectos de la vida diaria que son necesarios modificar.

10.- Que en la sociedad predomine la conciencia de la fuerza que representamos si nos mantenemos informados, participativos, organizados y combativos en la construcción de un mañana.

11.- Que esta porción de tierra rodeada de agua no se aparte del continente, si la geografía nos separa, que no nos separen los lazos solidarios.

12.- Que recuperemos el optimismo para presentar como posible todo aquello que deseamos.

 

Recuerdos y evocaciones de aquel 12 de enero, Puerto Príncipe, Haití  2012.

• Pierre Étienne, Sauveur, L’enigme haïtiene. Échec de l’État moderne en Haïti, Canadá, Memoire d’encrier/Les Presses de l’Université de Montréal, 2007.

•           ____________, Haïti, l’invasion des ONG, Montréal/Port-au-Prince, CIDIHCA/CRESFED, 1997.

•           Pierre-Charles, Gérard, Crisis del Estado e intervención internacional en Haití, Panamá, CELA, 2003.

•           Nicholls, David, “Haití, 1930c.1990”, en Historia de América Latina, t. 13 México y el Caribe desde 1930, Leslie Bethell (ed.), Barcelona, Grijalbo/Crítica, 1998.

•           Trouillot, Michel-Rolph, Haiti, states against nation. The origins & legacy of duvalierism, New York, Monthtly Review Press, 1990.

•           Gérard Barthélémy, Le Pays en Dehors, Port-au-Prince, Editions Henri Deschamps, 1989.

•           Pierre-Charles, Gérard, Haití. La crisis ininterrumpida, 1930-1975, La Habana, Casa de las Américas, 1978.

•           Castor, Suzy, La Ocupación norteamericana de Haití y sus consecuencias (1915-1934), México, Siglo XXI, 1971.

•           Participation Locale, Jacques Ould-Aoudia, http://www.courrierdelaplanete.org/81-82/article4.php

•           Le sens et le role des acteurs externes dans la reconstruction d’Haïti, Leslie Pean http://www.alterpresse.org/spip.php?article10450

•           Marthin Luther King, I have a dream, http://english-zone.com/holidays/mlk-dreamsp.html

- Licette Gómez Sabaiz, historiadora mexicana, estudiante del doctorado en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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