“Conflicto constante” y la (des)información como arma de destrucción masiva: la agonía de la verdad

Hace 15 años el mayor Ralph Peters, responsable de la guerra del futuro” –en el Departamento del Vicejefe de Estado Mayor para el Espionaje de Estados Unidos (EU)– publicó un estrujante documento “Conflicto constante” (Parameters, verano 1997, del Colegio de Guerra) que anticipó el papel determinante de la “(des)información”: “entramos a la época del conflicto constante (sic). La información es ya nuestra principal materia prima y el mayor factor desestabilizador (¡supersic!) de nuestro tiempo”.
 

Si en el pasado se buscaba adquirir información, “hoy el desafío consiste en manejar (¡supersic!) la información”: aquellos que puedan “clasificar, digerir, sintetizar y aplicar el conocimiento relevante ascenderán profesional, financiera, política, militar y socialmente”.
 

Hoy, la cúpula militar/geoestratégica de EU y Rusia se (con)centra en el poder del “arma (des)informativa”, lo cual aborda desde el punto de vista “geopolítico” Igor Panarin, cercano asesor del recién relegido presidente Vlady Putin (ver Bajo la Lupa, 4/3/12). Del total de sus 14 libros, Panarin consagraó 12 a “la guerra de información” y otros dos a la “sicología” aplicada a la “seguridad nacional”.
 

Peters considera que los vencedores –entre los que se incluye– “son una minoría (sic) cuando la información es tanto el motor como el significador del cambio”. Juzga que para las “masas (sic) del mundo, devastadas por la información que no pueden manejar o interpretar (sic) efectivamente, la vida es asquerosa y salvaje”. ¿Hoy la esclavitud posmoderna es apabullantemente (des)informativa?
 

Peters apostó que en el umbral del “nuevo siglo estadunidense” –de resonancia ideológica con el “Proyecto para un Nuevo Siglo Estadunidense” (PNAC, por sus siglas en inglés), fracasado manual de guerra de los neoconservadores straussianos en alianza con Netanyahu, curiosamente publicado el mismo año– EU “sería más rico (sic), culturalmente más letal (sic) y todavía más poderoso”, lo cual “excitará odios sin precedente”.
 

Podemos afirmar categóricamente, 15 años más tarde, que EU no es más rico ni más poderoso, pero que, indudablemente, su oligopolio trasnacional multimediático lo ha hecho “más letal culturalmente”.
 

Asevera que el mundo vive “una época de verdades múltiples (¡supersic!)”, lo cual condimenta con su paradigma neohegeliano sobre el “conflicto constante” entre amos y esclavos, que “definirá las bifurcaciones del futuro” entre “los amos (sic) de la información y sus víctimas (sic)”.
 

En el pasado, la “información superior (sic) –frecuentemente encarnada por la tecnología militar– asesinó (sic) a través de la historia” cuando “sus efectos solían ser políticamente decisivos pero no intrusivos a escala personal (una vez que el pillaje y la violación habían concluido)”: la “tecnología era más apta para derrumbar los pórticos de la ciudad que para cambiar su naturaleza interior”.
 

En medio de la “información desorientadora”, ayer “la ignorancia era dicha”; hoy “la ignorancia no es posible, sólo el error”.
 

Aduce en forma ominosa que la “expansión contemporánea de la información asequible es inmensurable, incontenible y destructiva (sic) para los individuos y las culturas enteras (sic) incapaces de controlarla”. ¿Se salió de la botella el genio de la (des)información en forma de bites?
 

Arguye que la “información destruye los trabajos y culturas tradicionales; seduce, traiciona, pero permanece invulnerable” y “aquellos que no puedan reconciliar la información con sus vidas o ambiciones estarán alienados (sic)”.


Sentencia arrogantemente que “individuos o culturas que no puedan unirse o competir con el imperio de la información de EU, solamente les queda el fracaso inevitable”.
 

Fustiga con entonaciones rememorativas del pernicioso “choque de civilizaciones”, de Samuel Huntington, que las “culturas no-competitivas (sic), como el islam árabo-persa o el segmento disidente de la población” de EU “están enfurecidos”, ya que “sus culturas se encuentran sitiadas” cuando “sus apreciados valores han sido disfuncionales”: el “obrero de EU y los talibanes en Afganistán son hermanos en sufrimiento”.
 

Abundan los “ciudadanos desechables” y los sindicatos obreros irrelevantes en medio de la “ferocidad demográfica”. Juzga despectivamente que “el hermano gemelo foráneo es el islámico o el africano del subsahara o el graduado de una universidad mexicana (¡supersic!)”. Hoy “Hollywood llega donde Harvard nunca penetró”. ¡Hollywood por encima de Harvard!
 

Rechaza las críticas que los “extranjeros desechables” asestan a EU cuando “el culto de la victimización se ha vuelto un fenómeno universal y es una fuente de odios dinámicos”. Cabe señalar que todavía no aparecían en el horizonte las atrocidades de militares estadunidenses en Abu Ghraib (Irak) ni la enuresis militar sobre los cadáveres afganos.
 

En la “revolución de la información global el efecto del video es más inmediato e intenso que el de las computadoras: si la religión es el opio del pueblo, el video es su cocaína”.
 

A mi juicio, aún peor que la posesión y la difusión masiva de un video letal, es su montaje deliberado.
 

Con bastante precisión y 15 años de antelación, previó que ya “no habría más paz” en el mundo con “conflictos múltiples (sic) en formas mutantes en todo el globo” cuando el “papel de facto de las fuerzas armadas de EU será conservar al mundo seguro para nuestra economía y abierto para nuestro asalto (sic) cultural. Para estos fines realizaremos una buena cantidad de matanzas construidas por un ejército centrado en la información, manipulando los datos para la efectividad y la eficiencia, y negando las ventajas similares a nuestros oponentes”, lo cual “requiere una buena dosis de tecnología” en los “campos de batalla urbanos y multidimensionales”.
 

Las “guerras emocionales” –odio, envidia y codicia– “definirán los términos de las batallas, más que la estrategia, en las que la superioridad de la información incisivamente empleada debe ser más filosa que la bayoneta”.
 

Se mofa de las “Casandras” que suponen la decadencia de EU, y considera que la fuerza basada en la información es un derivado de la cultura de EU, “la más triunfante de la historia”. ¿No estará confundiendo oblicuamente Peters la cultura eternal (aquello que queda después de haberlo olvidado todo, como suelen enseñarlo los franceses clásicos) con el vulgar “entretenimiento” del eje Hollywood-Las Vegas?
 

Alaba la destreza informática del sistema educativo estadunidense que alcanza su summum en el ejército y sus “tecnoguerreros”.
 

Juzga que “la prioridad número 1 de los gobiernos no occidentales en las próximas décadas será buscar términos aceptables para el flujo de la información dentro de sus sociedades”. Alega que “su fracaso está programado”.
 

La tesis militarista sobre el “conflicto constante” y la (des)información de Peters no dista mucho del enfoque del británico blairiano Robert Cooper (“El nuevo orden mundial y el oligopolio multimediático global”, Bajo la Lupa, 3/8/11). ¿Asistimos impotentes a la agonía de la “verdad”?
 

http://alfredojalife.com
 

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Jueves, 08 Marzo 2012 07:32

Un presidente arrinconado

Un presidente arrinconado
Así se encuentra Obama en un año electoral: sometido a la presión de Israel, del poderoso Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (Aipac, por sus siglas en inglés) –que suele elegir diputados y senadores a su gusto financiando sus campañas– y de los precandidatos republicanos a la presidencia que lo tildan de blando porque prefiere las negociaciones diplomáticas con Irán a una intervención militar para frenar su programa nuclear.

“Un ataque a Irán no sólo podría afectar a Israel, sino a toda la región durante cien años”, opinó quien fuera director del Mossad hasta el 2002, Efraín Halevy. Meir Dagan, su sucesor al frente de estos servicios israelíes de Inteligencia y operaciones especiales hasta el 2009, también dijo lo suyo: “Un asalto militar dará a los iraníes la mejor excusa para continuar en la carrera nuclear”. Y calificó la posibilidad de un bombardeo aéreo a las instalaciones nucleares iraníes de “la cosa más estúpida que escuché en mi vida” (www.alternet.org, 6-3-12). Tal vez porque tanto los servicios de espionaje de EE.UU. como los de Israel saben que Irán está lejos de lograr una bomba nuclear.

El hecho insólito es que, quizá por primera vez, no es Washington el que decidirá la participación estadounidense en lo que seguiría al ataque a Irán que Israel viene anunciando, se vería arrastrado a hacerlo. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se jactó de haber logrado que la cuestión de Irán pasara al primer plano de las relaciones EE.UU./Israel. Tiene razón: la larga conversación que sostuvo con Obama el lunes pasado en la Casa Blanca no rozó siquiera el tema de las negociaciones de paz con los palestinos que tuvo hasta ahora precedencia en las reuniones de los dos mandatarios.

Obama insistió en el encuentro del lunes en que Netanyahu aguardara los efectos de las sanciones económicas impuestas a Irán y el resultado de posibles negociaciones con Teherán antes de emprender una acción militar. Pero en el encendido discurso que pronunció ante el Aipac luego de la reunión con Obama, el premier israelí subrayó: “Hemos esperado que la diplomacia funcionara, hemos esperado que las sanciones funcionaran; ninguno de nosotros puede esperar mucho tiempo más” (www.haaretz.com, 6-3-12). Hasta pareció burlarse del gobierno de Obama cuando manifestó su sorpresa porque algunas personas aún no creían que Irán estaba tratando de construir una bomba nuclear.

El general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas de EE.UU., provocó un duro rechazo del gobierno israelí cuando señaló que un ataque prematuro a Irán sería “desestabilizador e imprudente... no diría que lo hemos persuadido de que nuestro punto de vista es el correcto” (//articles.cnn.com, 19-2-12). Netanyahu, su ministro de Defensa, Ehud Barak, y otros altos funcionarios se enojaron: esas declaraciones –dijeron– “sólo sirven a los iraníes” (www.haaretz.com, 21-2-12). Más enojados deben estar ahora: el mismo día de la reunión Obama/Netanyahu, The Washington Post publicó una solicitada a página entera firmada por cuatro generales (R), un coronel (R) y dos ex altos funcionarios de los servicios de Inteligencia. Se titula “Sr. Presidente, diga no a la guerra con Irán” (www.niacouncil.org, 5-3-12).

La solicitada, que propulsó el Consejo Nacional Estadounidense-Iraní, afirma que no todo desafío tiene una solución militar y que es prioridad de Obama “impedir que Irán tenga armas nucleares”, pero que “afortunadamente, la vía diplomática no está agotada y las soluciones pacíficas aún son posibles. A estas alturas, la acción militar no sólo es innecesaria, es peligrosa para EE.UU e Israel. Lo exhortamos a resistir las presiones a favor de una guerra con Irán”.

Las presiones son duras. Los precandidatos presidenciales republicanos no le ahorran palos en las ruedas al candidato demócrata. Según Mitt Romney, si Obama es reelecto, Irán tendrá su arma nuclear; para Newt Gingrich, no hay evidencias de que el mandatario esté preparado para frenar a Irán; Rick Santorum sugirió que la Casa Blanca está ayudando a Teherán a tener el arma. Se especula que Israel atacaría en julio/agosto, cuando la campaña electoral entre en su etapa más caliente, una forma de obligar a Obama a apoyar una intervención militar si no quiere perder la elección. Por lo demás, un ataque israelí sería respondido por Irán, lo cual torna muy probable la participación estadounidense.

Lo más grave es que grupos interesados como el Aipac, sectores neoconservadores y los medios más importantes están creando en EE.UU. un clima semejante al que imperó antes de la guerra de Irak. Pareciera que Obama ha impulsado un contragolpe a estas presiones: Catherine Ashton, encargada de las relaciones exteriores de la Unión Europa, anunció que Gran Bretaña, China, Francia, Alemania, Rusia y EE.UU. han acordado sentarse a una mesa con Irán a fin de iniciar conversaciones en torno de su programa nuclear (www.haaretz.com, 6-3-12).

Datos recientes muestran que esa posible guerra es impopular tanto en EE.UU. como en Israel. Una encuesta que el catedrático Shibley Telhami de la Universidad de Maryland realizó los días 22-26 de febrero reveló que sólo el 19 por ciento de los israelíes consultados se pronuncian por atacar a Irán aunque EE.UU. se oponga, el 40 por ciento estaría de acuerdo si EE.UU. participa y el 34 por ciento se opone a cualquier ataque, con o sin EE.UU. (www.politico.com, 28-2-12). Un encuesta de CNN/ORC, que se llevó a cabo del 10 al 13 de febrero, encontró que el 17 por ciento de los estadounidense está a favor de que EE.UU. ataque ya, un 60 por ciento se inclina por las sanciones sin una intervención militar por el momento y el 22 por ciento se manifestó en contra de que EE.UU. intervenga. Claro que gobernar, lo que se dice gobernar, no siempre entraña el respeto a la voluntad de las mayorías. Una vieja costumbre.
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Jueves, 09 Febrero 2012 18:14

Terremoto mediático en América Latina

Caracterizado por la concentración en unos pocos grupos, la ausencia de medios públicos relevantes y las relaciones opacas con el poder político, el ecosistema mediático de América Latina está cambiando radicalmente. Claves para entender cómo serán la prensa y las comunicaciones en el siglo XXI.
Ministerio de Defensa chino rechaza acusaciones "infundadas"
Pekín, 9 de enero. El Ministerio de Defensa de China advirtió hoy a Estados Unidos que sea "cuidadoso en sus declaraciones y acciones", cuatro días después de que el presidente Barack Obama dio a conocer una "revisión estratégica de defensa" que declaró prioritario el reforzamiento de las bases militares estadunidenses en Corea del Sur, Japón y Australia, como fórmula para compensar el poder bélico chino en la región Asia-Pacífico.

"Hemos tomado nota de que Estados Unidos publicó esta guía para su estrategia de defensa, y observaremos atentamente el impacto que tenga en la región Asia-Pacífico y en el desarrollo de la seguridad global", dijo el vocero del ministerio, Geng Yansheng.

"Las acusaciones contra China desde Estados Unidos son totalmente infundadas", dijo Geng, y agregó que Washington debe ser "cuidadoso en sus declaraciones y acciones".

La directriz militar estadunidense planea reducir el ritmo de crecimiento de la infantería y fortalecerá la naval y la fuerza aérea. Mantendrá grandes bases en Japón y Corea del Sur y desplegará marines, buques y aviones en el norte de Australia.

El gobierno chino ha tomado medidas encaminadas a modernizar sus fuerzas militares en años recientes.

El vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Liu Weimin, aclaró hoy que esa "modernización es un factor positivo a la hora de mantener la paz y estabilidad regionales". La actualización no supondrá una amenaza para ningún país, agregó.

Los funcionarios chinos evitaron comentar la decisión estadunidense en los últimos cinco días, pero la prensa local difundió la versión de que Estados Unidos pretende rodear China.

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Martes, 10 Enero 2012 11:46

Goldman Sachs gobierna España

Goldman Sachs gobierna España
Apoco de andar el siglo XXI, las pistas son esclarecedoras. Ya nadie se llama a engaño. La crisis ha sido una buena excusa para desarticular el pobre Estado de bienestar que acompañó el llamado milagro español, que –todo hay que decirlo–, era más paternalista que afincado en políticas keynesianas de redistribución de la renta y pleno empleo. Su origen lo encontramos en los gobiernos tecnócratas, conocidos popularmente como gobiernos del Opus Dei. Fue el momento de la modernización del franquismo. No será la vieja guardia franquista quien se siente en los consejos de ministros a partir de fines de los cincuenta del siglo XX. La nueva camada del franquismo muta hasta hacer imperceptible la ideología fascista que la precedía. Muchos de sus cachorros no compartían sus aspectos más repulsivos, la tortura y represión. Con un discurso ambiguo, a la muerte del dictador, 1975, son quienes dan vida a reforma política. Ya nada se les resistía. Franquistas de corazón, crearon una realidad ficticia para impedir la ruptura democrática. Su estrategia fue señalar la existencia de un búnker político donde se agazapaba el franquismo y cuyo poder radicaba en el control sobre las fuerzas armadas creadas por la dictadura fascista. Identificado el enemigo, el resto eran aliados y compañeros de viaje en la transición. Lo inteligente, para evitar un golpe de Estado, era aislar a la oligarquía política y apoyar a la burguesía reformista. Cualquier otra opción estaba fuera de lugar. El capital financiero e industrial brindó su apoyo y financió la aventura política, en esa época agrupados en la Trilateral. Así surge el periódico El País, dirigido por Juan Luis Cebrián, franquista pragmático de última generación. Los gobiernos de Adolfo Suárez contaron con sus parabienes. Cuando ganó el PSOE, en octubre de 1982 –recuérdese, tras el golpe de Estado apoyado desde la Casa Real, conocido como la operación De Gaulle–, se ratificaron los acuerdos con el Vaticano, se renunció a la reforma agraria, tanto como a una restructuración del sistema universitario y educacional, cuestión que sigue pendiente en pleno siglo XXI y, lo más destacado, se dio el visto bueno a la OTAN y la CEE.

El mito de la derecha golpista y el búnker había cumplido su objetivo y podía ser desechado. Tras la caída de Adolfo Suárez se disolvió la Unión de Centro Democrático y se formó el Partido Popular, cuyo primer presidente, considerado hasta ese momento el más franquista de los franquistas vivos, Manuel Fraga Iribarne, se transformó en un político de centro derecha, padre de la Constitución y demócrata convencido. El nuevo partido, apellidado "popular", será la suma de socialcristianos, democristianos, liberales, conservadores, falangistas y franquistas. Su aparición busca atraer a las nuevas generaciones de la derecha española. Es el llamado peregrinaje al centro. Tras años en la oposición, el mal hacer de los últimos gobiernos de Felipe González y el PSOE, con los escándalos financieros, los GAL y la corrupción, facilitó su llegada al gobierno de la nación; corría el año 1996.

José María Aznar, político gris, se transformaría en el primer presidente de gobierno de la derecha posfranquista. Su llegada no alteró el itinerario diseñado por los grupos económicos y empresariales. Todo marchaba según lo previsto. Los cambios introducidos estaban a tono con los tiempos. Privatizaciones, desregulación y reforma del mercado laboral. La profundización de la receta neoliberal, impulsada en tiempos del PSOE, supuso un aumento de la conflictividad social y varias huelgas generales. Pero nada debutó la máquina. Haciendo oídos sordos, los políticos continuaron el itinerario marcado por el capital financiero, cuyo costo fue el recorte de derechos sociales, políticos y económicos de las clases trabajadoras.

Bajo la última etapa expansiva del capitalismo central, las reformas neoliberales se justificaron como necesarias para no perder el tren del progreso. Aznar se vanagloriaba de ser el alumno más listo de la clase, cumplía a rajatabla los designios del G-7, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Los empresarios, contentos, y la clase política obtenía matrículas de honor. Nadie se planteó quién era el profesor y cuál el plan de estudio. Aznar, alumno modelo, no formaba parte del claustro de profesores. Ni sus deseos de figurar y sentirse protagonista durante la segunda guerra del Golfo cambiaron su estatus; siguió siendo un alumno sumiso. Al final de su etapa, la burbuja financiera e inmobiliaria que sostenía la endeble economía española campaba a sus anchas. Crecía sin oposición alguna. La banca Sachs se frotaba las manos. Con la entrada de José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004, las grandes empresas trasnacionales, clientes de Goldman Sachs, terminan por actuar bajo sus principios. En Estados Unidos Goldman Sachs ya gobernaba. La crisis la hizo más grande. En medio de la algarabía de las hipotecas basura y las primas de riesgo, pasaron a la ofensiva. Era el momento de invertir la relación entre poder económico y el político. Ahora serían ellos quienes asumieran directamente el poder formal. Sus asesores y empleados pasarían a ser secretarios de gobierno, ministros, diputados, etcétera. Los parlamentos se transforman en comparsas y bailan a ritmo de Telefónica, Repsol, Iberdrola, BBVA, Santander y su valedor Goldman Sachs. Nada más comenzar la recesión en España comenzaron a dar órdenes un gobierno débil y sin personalidad. Las reformas laboral y de pensiones, junto al despido libre y el trabajo basura se imponen sin rechistar. El triunfo del Partido Popular encumbra a un partido dependiente del Banco Central Europeo y la dupla Merkel, Sarkozy a Mariano Rajoy, otro alumno modélico, como inquilino de La Moncloa. Y para que no queden dudas de quién gobierna en España, nombrará a un asesor de Goldman Sachs como ministro de Economía. Y como señala el manual del banco, el ascenso de sus empleados "depende sólo de su capacidad del rendimiento y de la contribución al éxito de la empresa... No hay sitio entre nosotros para los que anteponen sus propios intereses a los de la firma... El lucro es importante para nuestro porvenir". Ya sabemos quién manda en España: Goldman Sachs, conocido bajo el apodo genérico de "los mercados". Corren malos tiempos para la ética política.
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Mitos fundamentales sobre la inmigración
En casi todos los países y a lo largo de diferentes épocas, las clases más conservadoras han estado siempre en los extremos de la pirámide social. En Estados Unidos la retórica conservadora ha logrado captar parte de los sectores de los extractos más bajos de la sociedad, no recurriendo a liberar a los ricos de impuestos (para esto está la ideología del “trickle down”) sino creando el demonio del inmigrante ilegal. No hay nada mejor para canalizar las frustraciones de las clases más bajas que crear enemigos tribales dentro de la misma clase.

Así se han aprobando leyes como en Arizona y en Georgia, que criminalizan a “los sin papeles”, lo que ha provocado la fuga de muchos trabajadores indocumentados de un estado a otro. Como resultado, los pequeños y medianos empresarios del área de la construcción y sobre todo de la actividad agrícola se quejan que no hay brazos para levantar las cosechas. Solo en la costa oeste los puestos de recolectores sin ocupar superan los cientos de miles. Claro, hay que trabajar sin aire acondicionado.

Innumerables estudios (ej. Damian Stanley y Peter Sokol-Hessner, NYU; Mahzarin Banaji, Harvard Univ., etc.) han demostrado que el miedo al otro es prehistórico y provoca reacciones negativas hasta en la persona más pacífica cuando se le presentan diferentes imágenes de diferentes rostros. No obstante, aquellos que entendemos que existe cierto grado de evolución humana, no defendemos un rasgo milenario por el sólo hecho de ser milenario. Podemos asumir que el amor y el odio, el temor y la solidaridad, como lo sugieren las mayores obras de arte, son emociones irreductibles, no cuantificables por principio y definición, y seguramente inmanentes a todos los seres humanos a lo largo de la historia. Pero no las formas en que los individuos y las sociedades se relacionan para desarrollarse y evolucionar. Si no hay progreso histórico en cada individuo (cualquier tibetano del siglo V puede ser social y moralmente superior a un habitante contemporáneo de Rio o Filadelfia), en cambio podemos esperar que sí lo haya en una sociedad dada que es capaz de aprovechar la experiencia histórica, propia y ajena. Si en los primates existe la mentira, la explotación y las jerarquías sociales y políticas (Frans de Waal, etc.), ello no es un indicio de que estas estructuras (culturales) sean insuperables sino, a juzgar por las diferencias entre algunos hombres y un orangután, todo lo contrario. Al menos que los conservadores propongan a los monos como pruebas, no de una posible evolución sino de la imposibilidad de evolucionar.

En la problemática de la inmigración inevitablemente juegan estos elementos primitivos, aunque maquillados con retóricas cargadas de preceptos ideológicos sin una racionalidad mínima. Por lo tanto son mitos, creencias indiscutibles (es decir, realidades) para determinados grupos, producto de repeticiones, sobre todo mediáticas.

Mito I: Con los inmigrantes aumenta la criminalidad


Falso. Diferentes estudios de diferentes universidades (Robert Sampson, Harvard University; Daniel Mears, Florida State University; Public Policy Institute of California, PPIC, etc.) han demostrado claramente que a un incremento de la inmigración sigue un descenso de la criminalidad. También se ha observado que sobre todo la primera generación de inmigrantes es menos propensa a la violencia que la tercera, muy a pesar de las mayores necesidades económica que suele sufrir la primera generación. La relación inversa entre violencia e inmigración latina, puede resultar paradójica, considerando la violencia brutal que existe en las sociedades de las que proceden estos inmigrantes. Paradoja que, como toda paradoja, es apenas una contradicción aparente con una lógica interna; obviamente, muy fácil de explicar.

Mito II: Los inmigrantes le quitan los trabajos a los nacionales


Falso. En todos los países del mundo siempre se ha buscado a alguna minoría débil para descargar todas las frustraciones de cada crisis. En Estados Unidos algunos desempleados se quejan de que los inmigrantes ilegales les quitan los trabajos, lo cual resulta una muestra de época inteligencia y probablemente de mala fe: es mejor quedare en casa o salir a comer a un restaurante con el dinero del Estado que ir a hacer trabajos duros que sólo aquellos inmigrantes pobres (los ricos no emigran) son capaces de hacer.

Los inmigrantes más pobres no hablan inglés (en ocasiones, los mexicanos y centroamericanos ni siquiera hablan español), no conocen las leyes, no tienen papeles para trabajar, son perseguidos o viven escondiéndose y aún así consiguen trabajos que los “pobres americanos” no pueden conseguir. ¿Cómo hacen?

Por el contrario, estudios serios demuestran que la inmigración ayuda a crear nuevos puestos de trabajo (Gianmarco Ottaviano, Università Bocconi, Italia; Giovanni Peri, University of California). Según un estudio de Pew Research Center, en los tres últimos años la inmigración ilegal latinoamericana a Estados Unidos ha caído 22 por ciento, sin que esto haya significado un descenso de la tasa de desempleo. De hecho, sólo los inmigrantes indocumentados aportan más de medio millón de consumidores al año.

Mito IV. Los inmigrantes ilegales son una carga porque usan servicios públicos que no pagan.


Falso. Cualquier ciudadano desocupado o que gane menos de 18.000 dólares anuales hace uso gratuito de cualquier servicio médico y de muchos otros servicios públicos y privados, como vivienda y pensiones. Los trabajadores sin papeles acuden a un servicio sanitario en última instancia (The American Journal of Public Health) y en muchos casos pagan por consultas y tratamientos. Muchos ni siquiera denuncian robos y abusos. Ningún camionero pretendería lucrar con su máquina sin llevarla alguna vez al mecánico, pero muchos ciudadanos que se benefician de los trabajadores indocumentados esperan que éstos nunca acudan a un hospital, a pesar de que los trabajos que hacen suelen ser los más peligrosos e insalubres.

Según la National Academy of the Sciences de Estados Unidos, los números muestran que estos inmigrantes aportan más de lo que toman de la economía nacional. Según el economista Benjamin Powell, estos trabajadores aportan 22 billones de dólares anuales y su legalización fácilmente aumentaría esa cifra.
En términos globales, el principal factor que pone en ventaja a Estados Unidos con respecto a las demás economías desarrolladas (incluida la emergente China) radica en su todavía alta tasa de trabajadores jóvenes, en gran medida debido a la alta tasa de natalidad entre la población hispana y a la inmigración misma, sin la cual programas como el Social Security serían insostenibles en un futuro cercano.

Mito V. Los indocumentados no pagan impuestos.


Falso. Los indocumentados pagan impuestos de muchas formas, directas o indirectas. Según cálculos de los últimos años, cada inmigrante ilegal paga miles de dólares en impuestos, mucho más que muchos ciudadanos inactivos. En total, el Social Security recibe más de 9 billones de dólares anuales de estos contribuyentes que probablemente nunca reclamarán ninguna devolución en forma de pensiones o beneficios. Actualmente hay cientos de billones de dólares aportados por trabajadores fantasmas (Eduardo Porter, New York Times; William Ford, Middle Tennessee State University; Marcelo Suárez-Orozco, New York University).

Mito VI: Los inmigrantes ilegales tienen poder corporativo.


Falso. Los inmigrantes no nacionalizados, sobre todo los ilegales, no votan en ninguna elección. En muchos casos ni siquiera pueden votar en las elecciones de sus países de origen, aunque sus millonarias remesas nunca han sido rechazadas ni despreciadas.

El slogan de “latinos unidos” es un buen negocio para las grandes cadenas de medios hispanos en Estados Unidos, pero esta unión es muy relativa. Aunque hay un sentimiento de “hispanidad” dentro de cualquier mundo “no hispano”, lo cierto es que las rivalidades, rencores y chauvinismos solapados surgen apenas “el otro no hispano” desaparece del horizonte tribal. También los estatus legales e ideológicos son, en casos, radicalmente inconciliables. Basta con considerar un trabajador mexicano ilegal y un balsero cubano, protegido por ley.


majfud.org
Julio 2012, Jacksonville University
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Sábado, 11 Junio 2011 08:32

El dilema político de Barack Obama

El presidente de Estados Unidos está considerado la persona que en lo individual tiene más poder en el mundo moderno. Para su pesar, lo que Barack Obama está aprendiendo es que tiene todavía un enorme poder de hacer daño. Pero que virtualmente no cuenta con poder para hacer el bien. Pienso que se da cuenta de ello, y no sabe qué hacer. El hecho es: hay muy poco que pueda hacer al respecto.

Tomemos su preocupación particular más grande en este momento –la segunda revuelta árabe. Él no la inició. Es obvio que le tomó por sorpresa cuando comenzó, y como a casi todo mundo. Su respuesta inmediata fue pensar, correctamente, que implicaba graves peligros para el ya de por sí tambaleante orden geopolítico en la región. Estados Unidos buscó todas las maneras posibles de limitar el daño, mantener su propia posición y restaurar el "orden". No se puede decir que Estados Unidos haya tenido mucho éxito. Todos los días y de todas las formas la situación se ha tornado más desordenada y ha quedado más allá del control de Estados Unidos.

Barack Obama es, por convicción y personalidad, el centrista por excelencia. Busca el diálogo y el arreglo entre los "extremos". Actúa con la debida reflexión, y realiza las decisiones importantes con prudencia. Está en favor de un cambio ordenado, lento —que no amenace el sistema básico del cual él no sólo es una mera parte sino la figura central designada y el jugador individual más poderoso.

Hoy él está constreñido desde todas partes para asumir su papel. No obstante, continúa intentando jugarlo. Obviamente se dice a sí mismo, ¿qué más podría yo hacer? Lo que ocurre como resultado de lo anterior es que los otros jugadores (incluidos aquéllos que alguna vez fueron sus aliados subordinados) lo desafían abiertamente, y sin vergüenza, y al salirse con la suya le restan aún más su poder.

Netanyahu se dirige al Congreso estadunidense, que con entusiasmo aplaude interminablemente su peligroso sinsentido en aras de sus propios intereses, cual si fuera la rencarnación de George Washington. Esto fue una bofetada directa en la cara de Barack Obama, pese a que Obama, al hablar ante la American Israel Public Affairs Commitee, ya había retirado su tímido intento de proponer como base de una solución entre israelíes y palestinos el regreso a las fronteras de 1967.

El gobierno saudita ha dejado muy claro que hará todo lo que esté en su poder para defender los regímenes existentes en el mundo árabe y está enojado ante el hecho de que Obama conceda en ocasiones hablar en el lenguaje de "derechos humanos". El gobierno de Pakistán le dice con mucha claridad a Obama que, si intenta ser rudo con ellos, cuentan con un amigo más firme en China. Los gobiernos ruso, chino y sudafricano le han dejado claro a Obama que, si Estados Unidos intenta convocar la acción del Consejo de Seguridad en contra de Siria, no tendrá su apoyo y probablemente no pueda siquiera lograr la mayoría simple de votos: ecos del fracaso de Bush en 2003 con la segunda resolución en torno a Irak. En Afganistán, Karzai está llamando a la OTAN para que le ponga un alto a los ataques con los llamados vuelos no tripulados o drones. Y el Pentágono está sintiendo presión para salir de Afganistán sobre la base de que es demasiado costoso seguir ahí.

Si alguien pensara que la debilidad estadunidense es un asunto exclusivo de Medio Oriente, echemos un vistazo a Honduras. Estados Unidos respaldó virtualmente el golpe contra el ahora ex presidente Zelaya. Debido al golpe, Honduras fue suspendido de la Organización de Estados Americanos (OEA). Estados unidos ha luchado duro por hacer que se le restaure a Honduras una plena membresía en la OEA sobre la base de que el nuevo presidente fue formalmente electo. Los gobiernos latinoamericanos resistieron esto porque a Zelaya no se le había permitido retornar pese a que se le retiraron todos los cargos falsos.

¿Qué ocurrió entonces? Colombia (supuestamente el mejor amigo de Estados Unidos en la región) y Venezuela (supuestamente la némesis de Estados Unidos en América Latina) se unieron y juntos arreglaron con el gobierno hondureño en el poder que Zelaya regresara en sus propias condiciones. La secretaria de Estado Clinton sonrió sombría ante este rechazo de facto de la diplomacia estadunidense.

Finalmente, Obama está en problemas con el Congreso en relación a la guerra con Libia. De acuerdo a la ley de Poderes en Tiempo de Guerra, Obama podría comprometer tropas en Libia (sin el respaldo explícito del Congreso) sólo durante 60 días. Ya pasaron los 60 días y no ha habido acción por parte del Congreso. Continuar con la acción en Libia es claramente ilegal, pero Obama no ha logrado conseguir el respaldo. Sin embargo, Obama continúa comprometido con las acciones en Libia. Y el involucramiento estadunidense podría crecer. Así que puede hacer el daño, pero no el bien.

Entretanto, Obama se concentra para la relección. Tiene buenas posibilidades de lograrla. Los republicanos se mueven más y más a la derecha, y políticamente no hay duda de que se están excediendo. Pero una vez que se relija, el presidente de Estados Unidos tendrá menos poder que hoy. El mundo se mueve a paso rápido. En un mundo con tantas incertidumbres y actores impredecibles, la más peligrosa "arma suelta" resulta ser Estados Unidos.

Por Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera

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Viernes, 20 Mayo 2011 06:31

La estrategia del arriba

Cualquier plan de acción de los movimientos antisistémicos debe partir de una comprensión lo más completa y abarcativa posible de los objetivos estratégicos que persiguen los grupos dominantes, o sea la tecnoburocracia que maneja los principales hilos del poder global. No se trata de erigir una estrategia alternativa en relación de simetría, sino de comprender cómo planean las clases dominantes perpetuarse en el lugar actual, para prepararnos y maniobrar en consecuencia.
 
En los últimos años va cobrando cuerpo la opción fascista. El nacimiento y expansión del Tea Party en Estados Unidos, el ascenso de la extrema derecha en Francia y la derechización hasta límites peligrosos de algunas derechas europeas como la española, son señalas de alerta. En América Latina la consolidación de la oligarquía colombiana en el poder estatal y el probable retorno de los Fujimori al gobierno son síntomas más que preocupantes.
 
Por fascismo no entiendo una ideología, sino la militarización y exterminio de los de abajo organizados en movimientos. Es evidente que esos pasos se pueden dar sin dejar de pronunciar frases democráticas y que el exterminio lo pueden realizar gobernantes salidos de las urnas, toda vez que el sistema político ha sido reducido a un ejercicio electoral que no se traduce en cambios estructurales. Haití, Colombia y México nos enseñan que militarización, exterminio y democracia son enteramente compatibles. La reciente propuesta de Douglas Fraser, jefe del Comando Sur, para abrir un nuevo frente de guerra en el sur de México y en el triángulo Guatemala-El Salvador-Honduras, que define como la zona más letal del mundo fuera de las zonas de guerras activas, enseña quiénes toman las grandes decisiones que nos afectan.
 
La tendencia más importante que vive la humanidad es la concentración de poder. Estamos ante el poder más concentrado que conoce la historia, y ese enorme poder es el que permite una brutal concentración de riqueza y la cada vez mayor concentración de pobreza en la mitad de la población mundial. Tan grande es ese poder que escapa al control de los estados. Ese enorme poder trasnacional utiliza algunos estados muy poderosos, como Estados Unidos, para perpetuarse en la cúspide. Para ese poder, la humanidad es hoy un estorbo, como ya lo han dicho los zapatistas en La cuarta guerra mundial, un texto de rigurosa actualidad que ya tiene 10 años.
 
Fernand Braudel señalaba que hasta el siglo XVIII la demografía había conocido periodos de flujo y reflujo más o menos constantes, con raras y excepcionales situaciones de equilibrio. Sólo a partir del siglo XVIII se produjo una ruptura de las fronteras de lo imposible y la población comenzó a crecer sin que se haya registrado, en casi tres siglos, retroceso alguno (La dinámica del capitalismo). Este es uno de los datos duros del mundo actual: la enorme expansión de lo que William I. Robinson denomina como población global superflua, que en su opinión ya representa un tercio de la humanidad (Al Jazeera, 8/5/2011).
 
Ese tercio excluido es uno de los objetivos del poder. Y lo es de diversas formas: es el tercio de la población de Brasil que es asistido con el programa Bolsa Familia; el mismo tercio que se alimentaba en comedores populares durante el régimen de Alberto Fujimori administrados por su clientelismo mafioso. Y así sucesivamente. La contracara, por supuesto, es la militarización de las favelas brasileñas y el asesinato de 70 mil peruanos en la misma década, además de la esterilización forzosa de 300 mil mujeres indias. En cada país y región pueden hacerse números y concluir cuántos sobran y cómo se están implementando programas para neutralizarlos/asesinarlos.
 
En Colombia, por ejemplo, la guerra desplazó a 4 millones de campesinos de sus tierras y provocó cientos de miles de muertos. Lo más terrible es que el genocidio sigue adelante, como lo viene denunciando la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN). La guerra y la militarización al servicio de lo que Robinson denomina como acumulación militarizada se realizan desde hace algunos meses bajo los nuevos modales democráticos esbozados por el presidente Juan Manuel Santos, que siendo ministro inventó los falsos positivos (civiles asesinados por el ejército para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate) y ahora funge a la vez como amigo de la Unasur y de la Alianza del Pacífico, dos proyectos antagónicos.
 
Para los movimientos anstisistémicos, comprender que la variante genocida de los de arriba va ganando mayores espacios supone mirar la realidad de frente, no para paralizarnos sino para definir con mayor nitidez las formas de acción. Distraer fuerzas en disputas pequeñas no tiene el menor sentido. Hay quienes tienen aún la ilusión de que los de arriba pueden tolerar otra política sin antes neutralizar o dinamitar los espacios colectivos. No debemos enzarzarnos en disputas verbales sobre los caminos a seguir. Dividen y paralizan; debemos crear e inventar.
 
Los hechos muestran que es necesario crear espacios para que los de abajo nos relacionemos, podamos debatir y cuestionar, organizar y movilizar. Lo que viene sucediendo estos días en la Puerta del Sol de Madrid o en el barrio Exarxia de Atenas, siguiendo más o menos los mismos pasos que llevaron a ocupar la plaza Tahrir en El Cairo, muestran que es un camino tan necesario como posible. Un camino distinto al de la tradicional huelga seguida de manifestación para presionar al poder, que no mira arriba sino horizontalmente, que busca tejer vínculos no sistémicos para delinear el mundo otro.
 
Estos movimientos suelen ser criminalizados, perseguidos y reprimidos. Los de arriba pueden optar por la masacre como han hecho tantas veces y siguen haciendo ahora en Medio Oriente. Se impone la necesidad de defender estos espacios, una tarea en la que los movimientos van muy a la zaga del poder. Pero que deberán abordar antes de que sea demasiado tarde.

Por Raúl Zibechi
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Viernes, 15 Abril 2011 06:19

EE.UU. La gran estafa o el Inside Job

La producción cinematográfica Inside Job, ganadora del último Oscar (2011) por el mejor documental, ha sacudido muchas conciencias, sobre todo las de aquellos que confiaron en que con la llegada del presidente Barack Obama a la Casa Blanca, EEUU cumpliría con las reglas del juego, se comenzaría nuevamente a regular el sistema financiero y se pondría fin a la "avaricia de Wall Street". Sin embargo, es poco o nada lo realizado. Según el documental, las tímidas reformas de Obama no han avanzado en las comisiones del Congreso o han sido bloqueadas por los poderosos manipuladores al servicio de los intereses financistas que controlan tanto la esfera política como el mundo académico para legitimar sus mensajes falsos.
 
Inside Job, según el periodista español Ramón Muñoz, deja en evidencia que Obama no ha perseguido a los "avaros" que provocaron el colapso financiero y crisis económica. Los mismos siguen especulando con productos financieros “tóxicos” como las hipotecas “basura” (subprime) o los CDO. Además, Obama puso al mando de su equipo económico a los mismos que presidieron el inmenso fraude contra la economía mundial y ha causado tanto daño a millones de familias en el mundo entero. Los mismos que fueron reclutados por el expresidente George W. Bush, siguen en sus puestos.
 
El supuesto rescate de los bancos que costó varios millones de millones de dólares consistió en traspasar los ahorros y los impuestos de los contribuyentes a los propietarios de las instituciones financieras más grandes de EEUU. En cambio, los especuladores no han asumido responsabilidad alguna. El gran “atraco” fue orquestado por un trío de personalidades muy conocidas, con la aprobación de la Casa Blanca. Comenzando con Ben Bernanke, actual presidente de la Reserva Federal y mano derecha por muchos años del presidente anterior, Alan Greenspan. Seguido por Timothy Geithner, actual secretario del Tesoro, y presidente de la Reserva Federal de Nueva York por muchos años. Además, Lawrence Summers, entre 2009 y 2011 fue director del Consejo Nacional Económico de la Casa Blanca y por muchos años presidente de uno de los bancos más grandes de Wall Street.
 
El capitalismo reformado de rostro social que presentó el presidente Obama en las reuniones del G-20, tras al estallido de la crisis, sólo fue una máscara que logró engañar al mundo por un breve período. En EEUU los lanzamientos de familias de sus viviendas han alcanzado niveles récord en 2010 y 2011. De igual manera, siguen creciendo las bonificaciones multi-millonarias para los ejecutivos de las agencias de calificación como Moody's o Standard & Poor's, que avalaron las especulaciones más atrevidas y las hipotecas basuras, precipitando el desastre financiero. También, más allá de EEUU, sobre todo en Europa, varios países (los PIGS) se han convertido en blancos de los financistas para arrancarles hasta el último suspiro a sus habitantes.
 
En el Wall Street Journal, Paul Farrell está insistiendo en que los ricos tienen que comenzar a contribuir a la recuperación de las economías más maduras. En la actualidad, los pobres y los trabajadores son los únicos que pagan impuestos. En EEUU los ricos han logrado que los gobiernos de turno los exoneren de sus obligaciones. Incluso, como se ha visto en el caso de Wisconsin, los ricos le están secuestrando sus ahorros y fondos de pensiones a los maestros, policías y a todos los trabajadores. "Los súper ricos, agrega Farrell, no se preocupan por usted", porque viven al margen de la crisis, envueltos en una burbuja en la que "disfrutan de vacaciones en los mejores resorts, tienen el mejor masajista y los mejores cirujanos". Farrell concluye recordándole a los trabajadores – especialmente a los más jóvenes – que aún hay “tiempo para prepararse ante la revolución que se avecina, la depresión".
 
Inside Job describe como los grandes capitalistas y el gobierno de EEUU conspiraron para intentar frenar la caída de las enormes ganancias de las empresas trasnacionales norteamericanas. Mientras que las industrias emblemáticas de EEUU caían una tras otra, a partir de la década de 1970, los capitalistas comenzaron a invertir sus ganancias en actividades especulativas cada vez más arriesgadas. La banca financiera tiró por la borda todas las regulaciones y el gobierno en Washington eliminó las leyes que impedían que los especuladores se adueñaran de la economía.
 
La especulación combinada con la política de guerra y la “externalizacion” de la industria a China (donde existe una masa de fuerza de trabajo barata), colocó a la economía de EEUU sobre el precipicio. Sólo faltaba que colapsara la burbuja inmobiliaria para que se viniera abajo todo el edificio en 2008. Todavía no hay propuesta racional de recuperación. Tampoco existe – por el momento – grupo social con una alternativa capaz de movilizar al pueblo norteamericano.

Por Marco A. Gandásegui, h, docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena. http://marcoagandasegui10.blogspot.com
 
Panamá, 14 de abril de 2011.
 
 
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Martes, 15 Marzo 2011 07:19

Consorcios vs. pueblos

Cuando está uno en el Ártico, por lo menos hay que tratar bien al anfitrión. El gigantesco consorcio petrolero anglo-holandés Royal Dutch Shell recibió una dura lección al respecto cuando planeaba instalar dos pozos de perforación en el mar de Beaufort, en Alaska, hace un par de años. Había gastado 84 mdd en arrendamientos en la costa y satisfecho a las autoridades. Pero no había logrado granjearse a los inupiat, un grupo inuit (esquimal) al que le preocupaba que los rompehielos y los barcos perforadores lastimaran a las ballenas de Groenlandia, de las que ellos dependen. Sus líderes y grupos ambientalistas demandaron a las autoridades reguladoras estadunidenses por no acatar una ley de 1970 referente a impactos ambientales. Eso les permitió arrancar varias concesiones a Shell, entre ellas un compromiso de detener toda operación frente a la costa durante la temporada de migración y caza de los cetáceos en caso de que comiencen las perforaciones.

Mucho se ha dicho de los conflictos entre los estados del Ártico a causa del repliegue del casquete polar, que ha vuelto accesibles por primera vez muchos recursos naturales. Pero hasta ahora las disputas habían sido de un tipo diferente. La experiencia de Shell en Alaska se repite alrededor del Polo Norte. Y esos conflictos se volverán más comunes. Grupos indígenas consideran gran parte de la costa ártica como su territorio natural (ver mapa) y están dispuestos a defender sus derechos. A finales de febrero, representantes de los inuit se reunieron en Ottawa para definir una postura común en cuanto al desarrollo de recursos en el Alto Norte.

De hecho, los países que rodean el Ártico no tienen mucho por lo cual discutir. Los recursos en tierra yacen dentro de fronteras claramente delineadas, y los submarinos –estimados en 83 mil millones de barriles de petróleo, más de las reservas probadas actuales de Rusia– están en su mayoría en aguas poco profundas bajo jurisdicción de los estados costeros. "No hay competencia por los recursos del Ártico, ni apetito para el conflicto", señala Michael Byers, autor del libro Who owns the Arctic? (¿Quién es dueño del Ártico?). En vez de ponerse a pelear, dice, el año pasado Noruega y Rusia concluyeron el año pasado una disputa de décadas.

En contraste, el potencial de conflicto con pueblos originarios es muy alto. Los inuit en particular viven en zonas abundantes en recursos naturales, y si bien son una pequeña minoría –se estima que hay 160 mil esparcidos en el Ártico–, han logrado cierto grado de poder. Groenlandia, territorio de Dinamarca con preponderancia de población inuit, asumió autonomía en 2009, la cual le dio el control de sus recursos. Nunavut, vasto territorio del norte de Canadá, fue creado una década antes mediante un acuerdo con los inuit.

Más aún, los inuit están decididos a no dejarse hacer a un lado. Han ampliado su poder uniéndose en el Consejo Circumpolar Inuit (CCI), organismo creado en 1977. Han empleado su pertenencia a diversos órganos de Naciones Unidas para comparar notas con grupos indígenas de todo el mundo. Han hecho equipo con otros pobladores del Ártico, como los sami de Escandinavia y los dene del noroeste de Canadá, y han buscado asesoría legal experta para formular su postura común, la cual darán a conocer en mayo.

Los inuit no se oponen al desarrollo, pero quieren asegurarse de que ocurra en sus términos. Esto significa proteger el ambiente, pero también recibir la parte que les corresponde. "Durante siglos las tierras y aguas del Ártico han sido explotadas por todo mundo, excepto los inuit. Ahora es nuestro turno", expresó Kuupik Kleist, primer ministro de Groenlandia, en una reunión en Ottawa. El territorio cuenta con el petróleo y el gas que tiene frente a sus costas para acelerar su camino hacia la independencia. El año pasado permitió que continuara la exploración mientras otros se detenían luego del desastroso derrame de petróleo en el Golfo de México.

Otros delegados hablaron con desdén de compañías que hace algún tiempo indujeron a los inuit a firmar pactos leoninos. En un caso una empresa proveyó a comunidades pobres de Rusia con una caja de vodka y un poco de comida. En otro, una firma de Canadá trató de comprar acceso a un depósito de níquel en Quebec ofreciendo dinero en efectivo y dos removedores de hielo para la pista de patinaje local.

Sin embargo, fueron los relatos de éxito inuit los que más atrajeron a los delegados. Un ejemplo es la mina Red Dog, en el norte de Alaska. Creada como coinversión entre el operador, Teck Alaska, y los inupiat de la localidad, ha metido mucho dinero a las arcas de la etnia: 146 mdd tan sólo en 2010. Puede ser que tales acuerdos parezcan muy onerosos para el apetito de muchas compañías explotadoras de recursos naturales que tienen sueños árticos. Sin embargo, la creciente interconexión entre los inuit hace improbable que acepten menos en un país cuando saben lo que sus hermanos en otros lugares han recibido.

Los inuit saben que no siempre obtendrán lo que quieren, por ejemplo en Rusia, donde los derechos de los yupik, otro grupo inuit, están consagrados en la constitución, pero son erosionados por el gobierno. Por otra parte, los sucesos en Medio Oriente sólo elevarán la ambición por su petróleo y su gas. "Nos guste o no, el desarrollo va a ocurrir", señala Edward Itta, el líder inuit que arrancó las concesiones a Shell.

Fuente: EIU
Traducción de texto: Jorge Anaya

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